The Beggining [Priv. Sloan Verne Kaiser]

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The Beggining [Priv. Sloan Verne Kaiser]

Mensaje por J.D el Dom Jun 26, 2016 11:32 pm

Un nuevo día sin mucho que hacer más que buscar pelea y trabajar. Era un problema no tener muchos motivos por los cuales considerar que la vida era risueña o feliz, tal vez solo lo consideraba cuando veía sonreír a su pequeño hermanito pero fuera de ello no tenía intenciones de considerar que era una “bendición” el seguir respirando aquel denso aire londinense. Con una mirada vacía que se dirigía a la pared en todo marfil de su “hogar” mientras tomaba de una botella de bourbon, un simple departamento lo suficientemente grande para que cupieran dos habitaciones, una cocina, un salón comedor (además de dos sofás y un televisor) y por ultimo –pero no menos importante- un cuarto de baño con tina (un lujo que deseaba darse), se puso a planear el día fuera de su apartamento. El sitio estaba en el centro de la ciudad pero no era oneroso si se ponía a pensar que realmente tenía buena pasta en lo que a peleas callejeras se refería y tratos en el mercado negro. Sacaba su tajada de una forma u otra para mantener una vida socialmente aceptable. Aunque casi nunca utilizaba ese sitio, pues, por lo general, perdía su vida siempre en su sitio de trabajo o en los barrios problemáticos a los que llegaba para saciar su temperamento infame y errático.

Particularmente esa tarde no era diferente, tras beber casi una botella de bourbon se fue en dirección a las calles de la zona más impertinente del país: Las Ruinas. Allí tenía la posibilidad o de buscar drogas o de simplemente buscar problemas y no le fue nada difícil encontrar lo segundo. Aun vestido con ropas sencillas, camisa blanca y un jean oscuro junto a calzado urbano para mayor comodidad, se dio paso lento cargando, su botella de bourbon en una mano y al hombro un bate bien decorado por su propia persona con clavos lo suficientemente daniños (así como algunos oxidados para mayor daño y producción de enfermedades) en la zona del casquillo mientras un grupo de seis personas se volteaban a ver al imbécil que tenía ese aire soberbio, y que tenía dos posibilidades: o era un lunático o simplemente un idiota. Y siendo considerados, éste jovenzuelo era un poco de ambas a decir verdad.
-Los mocosos no deberían venir por aquí, lárgate imbécil…-
Error número uno, no hay que hablar con un desquiciado mental y ahora, éste psicópata, tenía la excusa perfecta para poder iniciar lo que de lejos llegarían a ver como una simple masacre que ni a polis ni al gobierno y mucho menos a su majestad le importaría.
-¿Sabes lo que les ocurre a quienes insultan a un desconocido que bebe y tiene un “arma”?-
Habló con una voz lo suficientemente rasposa como para percibir no era un hombre sano pero solo era el frenesí, su demonio interno ebrio de alcohol y ansias casi imposibles de detener, haciendo alarde de su condición. Luego de ello, de otro sorbo de dulce bourbon, se quedó en silencio ante los improperios lanzados hacia su persona mientras tres de aquellos seis se avecinaban al cuerpo de J.D. El mestizo se quedó en su sitio y sin mucha prisa dejó la bebida en el suelo, en un sitio especifico donde había imaginado la sangre no llegaría a tocar la botella. Luego casi todo se volvió un poco borroso, y no era efecto de su ebriedad pues aun no llegaba siquiera a encontrarse “alegre” con la bebida, sino que era esa fiera interna que se manejaba como un simple animal incontrolable, indómito, y que comenzaba a atacar todo lo que tenía en frente. Esa vez no era una excepción y con unos movimientos rápidos, gracias a su mestizaje, terminó por iniciar una riña con el primer rufián de cabello rubio a quien simplemente dio un golpe con el objeto contundente directo en su sien. Su rostro quedó destrozado de un lado aunque aún respiraba, acto seguido caminó encima buscando romper al menos una costilla y siguió con otro de cabello ocre y orbes asimétricos, con heterocromia, que tomó una navaja de su bolsillo –llevaba una chaqueta de cuero algo desgastada- e intentó clavar en el bajo vientre del moreno quien, por su parte, simplemente se dejó hacer, buscando encontrar en aquella mirada peculiar un ápice de asombro y nervios, miedo, para luego tomar aquel filo con sus manos y clavarlo en uno de esos ocelos. El de tono marrón fue su elección pues imaginaba que al ser un alelo dominante no le haría mucha falta al mundo. Siguió entonces dándole un puñetazo en el vientre con tal fuerza que hizo al chico mearse en los pantalones por el dolor y caer rendido.
Tras dos caídas los cuatro restantes decidieron que era hora de hacer honor a sus hombres heridos y destrozar al imbécil de ese chiquillo pero no contaban –suponemos- en que ese maleante de poca monta, algo tomado, tenía la fuerza y destreza de un ser oscuro y sin control, un ser furioso que disfrutaba de impartir el infierno por donde pisaba. Cuatro a uno no se veía bien pero que importaba, si moría tenía todo preparado para que su hermano no sufriera miserias ni estuviera mal, por lo que se lanzó hacia ellos con total impunidad y salvajismo. Golpes, sangre, heridas de arma blanca y un disparo en uno de sus brazos. Si, J.D no la había sacado gratis pero así mismo los otros cuatro habían terminado con sus rostros totalmente desfigurados, al menos un brazo roto y fracturas expuestas en las piernas, y siendo honestos la mitad de ellos no llegaría a recibir ayuda médica pues el pequeño mestizo estaba cabreado y seguía golpeando los cuerpos de quienes estaban tirados, inconscientes hasta comenzar a hacer severos huecos en la carne que emanaba ese bello tinte rojizo. Un color carmín igual al que ahora portaba en los ojos por haber perdido total control de sus actos.
A ese punto, Jack no se detendría en absoluto hasta dejar trozos de cuerpo esparcidos por todos lados pero alguien se hizo eco de aquella riña y se dispuso a detener al mocoso impúdico que ahora estaba bañado en sangre ajena y con una botella a medio beber que al final termino por ensuciarse por completo. Un desperdicio a su ver pues debería de comprar una nueva.
-¿Qué demonios…?-
Murmuró con la voz gruesa, gruñendo por lo bajo a decir verdad, cuando la presencia se coló frente suyo.
-¿Quién eres y que quieres? Estoy ocupado y realmente odio no terminar con lo que empiezo antes de ir a trabajar.-
Agregó al olisquear en el ambiente que aquella persona no era un ser típico, algo común y simple de derrotar. No, era algo más escondido en un empaque de aspecto sobrio y educado.
J.D
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Re: The Beggining [Priv. Sloan Verne Kaiser]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 19, 2016 8:59 pm

▪ ▪ ▪

La idea inicial era rastrear a los objetivos e inmovilizarlos, no era la primera vez que el soldado se veía formando parte de esos pequeños grupos dedicados de forma individual en la búsqueda de organizaciones y pandillas, todo para mermar el constante crecimiento de las organizaciones y así evitar no solo ataques considerables a la ciudadanía, el oficial se encargaba de seguir con calma a uno de esos pequeños grupos de pandilleros, ya habían sido anteriormente conocidos como un grupo de jóvenes revoltosos que para el demonio no tenían otro motivo en su vida que ser sencillamente estorbos de la sociedad aun cuando pudieran buscar un mejor futuro y tuvieran la capacidad de cambiar de sendero….no le gustaba verse a si misma como algún tipo de persona en exceso correcta, sabía que si era moral pero cada ser viviente tenia sus propios términos de lo bueno y lo malo, quizás los suyos estaban completamente erróneos. Era la tercera vez que se topaba con el pequeño grupo de insurgente, y su historial delictivo iba ascendiendo en actos que podían acercarse a lo depravado de continuar de esa manera. Tenía la idea de otorgarles una lección muy digna para los jóvenes. El vaso desechable emanaba un pequeño calor que entraba a través de sus guantes, el vaho que se emanaba de la pequeña boquilla soltaba un delicioso olor especias, dio un trago y en cuanto el líquido se deslizo por su paladar percibió el ron y un toque picante, los audífonos oscuros se perdían entre la cabellera negra y avanzaba al ritmo hueco de sus botas militares, se tomó su tiempo para llegar hacia donde varios habitantes señalaron como el punto que solían reunirse cotidianamente, si sus hábitos eran tan predecibles no existía la necesidad de apresurarse para llegar al sitio en cuestión.

Los ojos rojos recorrieron el trayecto que se dirigía por debajo del puente, significaba (según las especificaciones) que muy pronto se toparía con el grupo pequeño de revoltosos, fue ahí donde al terminar su bebía la lanzo con una puntería envidiable, el vaso desechable cayo dentro del contenedor de basura y no tuvo la necesidad de detener su camino, supuso que estos no se daría a voluntad, pero ya había creado una buena rutina para evitar el uso desmedido de su fuerza, sus guantes contaban con un pequeño generador de energía que le ayudaba a neutralizar a los atacantes de menor rango, eso evitaba no solo un daño innecesario del objetivo, si no también no la hacía gastar ni una pisca de energía, solo le bastaba con tocarlos y activar el generador para paralizarlos de forma definitiva.

¡Ja! Alguien se te ha adelantado cariño —el repentino corte abrupto de silencio la obligo a detenerse varios metros— creo que podrás llevártelos pero en pedazos… —él pérfido empezó a reírse, ondeado la masa de su cuerpo alrededor, pero era algo que solo ella podía ver y oír, eso provoco que el oficial emprendiera una caminata más ligera, no desesperada ni inquieta, solo se dio un mayor impulso para llegar a ver la situación que tanto le había provocado risa a su compañero, fue ahí cuando finalmente encontró al primero, estaba tirado en el suelo aunque no parecía que su cuerpo le diera para más, avanzo por sobre su cuerpo y no le llevo mucho encontrar al causante del enfrentamiento. Su apariencia era aún más joven que la de los frustrados atacantes. Lo único que esos ojos reconocieron fue el rojo de la sangre, el rojo que se deslizaba a través de esos cuerpos, empapando sus ropas y el suelo donde estaba postrados, pronto sus ojos se encontraron con los de él— ¿Te consideras victorioso al ganarles a personas con un menor poder de pelea que tú? —cuestiono de inmediato, al parecer el karma había alcanzado a lo sujetos, paso a su lado y puso un pie sobre el cuerpo de uno, no recibió queja alguna a pesar de la presión. Había muerto finalmente por las heridas causadas, quizás por hemorragias internas y varias contusiones en la cabeza… era un claro ejemplo de: La ley de las calles.

Eran seis, aún quedaban cinco su cabeza hizo un leve movimiento y su pérfido se elevó hacia los otros dos, la criatura solo soltó un carcajada, era una señal que los pobres malnacidos ya estaban conociendo a su creador, en un gesto por la criatura le dio a entender todavía mejor que el round había finalizado. Tres muertos, aún quedaban tres que al parecer no iban a tener mucho tiempo, se acercó, sin miedo a la naturaleza explosiva del pequeño (era inevitable no verlo como un niño) se acercó, observándole  con cuidado, no le sorprendían esos actos de violencia y no sería la última vez que seguramente sería testigos de los mismos— ¿Ahora que hare contigo?  —se cuestionó el oficial con calma, su voz carecía de algunos toque femeninos era inusualmente pastosa y profunda pero lo suficiente prolija para no sonar altisonante o molesta a los oídos pues aun así mantenía el toque sereno  y flexible. El demonio pronto se cruzó de brazos, mientras pensaba seriamente al respecto, su pérfido rondaba alrededor del pequeño, viéndolo con escrutinio, Sloan dudaba mucho que el otro viera a su acompañante pues no era algo que otras criaturas sobrenaturales fueran capaces de percibir, Infrared carecía de una materia física al menos que ella lo necesitara, ahora intentaba mantener su atención lejos de este, luego de un momento volvió a ver al azabache.

Que desperdicio  —soltó el demonio casi en un extraño modo de reproche a ese uso innecesario de energía y el obvio desastre que había creado en ese espacio estrecho, no había nada que salvar, morirían de forma inevitable por las heridas y las pérdidas de sangre.

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Re: The Beggining [Priv. Sloan Verne Kaiser]

Mensaje por J.D el Sáb Ago 13, 2016 5:38 am

Su cuerpo se mantuvo actuando cual maquina ensamblada ante el cadáver debajo de él. El impulso –así como el deseo- no había desaparecido bajo ningún punto pero tenía que pasar a otro ente fresco, digno de ser destrozado por su profundo descontrol así como su gula intensa. Era lo importante ya que al final de cuentas J.D no tenía más opción que acabar con lo que comenzaba cuando la ira –ígnea- se apoderaba de todos sus sentidos así como las emociones de su alma…si es que tenía alguna.
Purificación... quizás esa era la sensación más reconocible por el mestizo a medida que con sus zarpas arrancaba carne y grasa de esos lánguidos ya sin aliento alguno ¿Por qué tanto veneno? ¿Por qué tanta maldad? Pues aun si quisiera no podría evitarlo porque –como el mismo siempre se decía- estaba en su naturaleza hacer el mal (sin contar que no tenía una respuesta única...Tenía una suma de factores que a nadie interesaba).
Beth estaba cubierta de sangre (la renombrada fémina claro que era su bate de béisbol) al igual que sus ropas y todo lo referente a su anatomía. Era un vil demonio –o la mitad de ello- que se alimentaba de la sangre espesa y fluyente de esos entes. Era tan perfecto; sublime momento entre comida y desquicio que solo se vio malhumorado, e interrumpido, cuando lo que parecía un caballero detuvo su momento de gloria, de frenesí compulsivo que le hacía parecer un simple monstruo indómito, un cachorro repugnante que no conoce modales y…no estaba lejos de la realidad.
-Hmmmgg…-
Carraspeó mientras terminaba de ponerse de pie, lamiendo su mano diestra mientras observaba con curiosidad aquel peculiar ser que encandilaba por orbes rojizos como la misma sangre que ahora degustaba. Era de estatura superior a la propia y una musculatura que dejaría a varios vándalos con las piernas flaqueando del terror y más allá de la crudeza de su rostro era perteneciente a una excelsa belleza que pocos eran capaces de poseer.
Con un fuerte movimiento de su siniestra dio un golpe al aire, como un latigazo, para así despegar los retazos de tripas y ciertos trozos sanguinolentos del bienaventurado bate. Jack era un estúpido, un simple mar bravío que no tenía más que una furia inexplicable y poco útil cuando se trataba fuera de los parámetros del mercado negro, que sabía cumplimentar su labor como un gran perro rabioso.
-Realmente no sé a qué se refiere, abuelo, pero no tiene sentido buscar algo que salvar…Hace tiempo todo está perdido.-
Habló ronco ante sus primeras palabras para entonces observar con mayor detenimiento a aquella dama, que confundía con un caballero, y notar un extraño dejo en su presencia. Era algo magnánimo y al mismo tiempo igual de terrorífico. No era que se espantara fácil, luego de conocer lo peor ya nada parecía asustarle, sin embargo la mujer era imponente y tenía que admitir cierto recelo de su propia persona. Por su mente supuso la diferencia de edad o el hecho de que sus ropas la hacían ver como un gran militar experimentado y él pues... simplemente llevaba unas zapatillas de estilo urbano sucias y con manchas rojas, tanto nuevas como secas de otros extraños del pasado.
-Por otro lado, el desperdicio es para mí que no puedo comérmelos como hacen esos que mastican carne. Para mi desgracia debo de conformarme con la sangre…-
Habló sereno entonces, mientras estiraba su mano pálida pero sucia hacia aquel adulto “responsable” en un intento de no ir contra su persona; era consciente de que no podría ganarle aun si lo intentaba.
-Soy J.D ¿acaso piensa arrestarme por asesinar a esos imbéciles?-
Preguntó directo, sabedor de que si la respuesta era positiva no dudaría en huir de escena a como diera lugar. La verdad era que no le importaba en absoluto cual fuera su “castigo” por tanta atrocidad pero el problema quizás radicaba en que no se detendría aun si alguien le investigaba, le sermoneaba, le detenía e incluso le torturara; haría lo mismo una vez tras otra. Su sangre era sucia, putrefacta hasta el punto de no poseer un ápice de empatía para con aquellos alejados del mundo en donde vivía su hermano, y no resultaba como si no hubiera intentado “dejar” sus malos hábitos. No, todo lo opuesto. Cuando se hizo cargo de su único familiar se las arregló para pasar un tiempo libre de era rabia incontrolable más no duró mucho pues el fuego y el deseo estaban instalados en la mente del mestizo.
-Te diré que en realidad no voy a disculparme, no voy a remediarlo y no pienso intentar sobornarte. Me importa muy poco si me llevas contigo porque en unas horas estaré de vuelta en las calles así que si tu plan era sacarte a estos idiotas de encima solo deberías de darme las gracias pues lo único que queda hacer es un poco de papeleo-
¿Arrogante? Tal vez pero no decía mentiras, saldría de la cárcel –con o sin ayuda- y volvería a su trabajo cual “inocente” e impune escorpión, malvado por naturaleza, que solo puede salirse con la suya por ser de temer.


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