¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

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¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Dom Jul 24, 2016 6:41 pm

Los días de esta elemental eran considerablemente aburridos al igual que llevar una ‘conversación’ con ella, después de todo no se enteraba de nada de lo que pasaba a su alrededor así como nadie se enteraba de nada de lo que a ella le pasaba. Era muy poca la gente que realmente se interesaba en ella y siquiera se enteraba de su existencia y solían olvidarla al poco tiempo.

Puede que por estos motivos la chica se haya vuelto considerablemente desconfiada, fría y desinteresada, puede que incluso alguien esté a punto de ser asesinado frente a ella que ni reaccionará… O puede que sí lo haga pero nadie se entere por lo que el resultado final siempre termina siendo el mismo, como si ella nunca hubiese estado.

Su poca presencia le ayudaba en muchos casos, caminar por la ciudad, siendo una chica, inexperta en cualquier método de defensa personal, vestida como damita inocente y delicada con un vestido simple y un par de zapatos terriblemente sencillos era prácticamente llamar la atención de todos los lujuriosos o los avaros que vivían de secuestrar personas. Podría hasta decirse que la chica tenía bonita cara y cuerpo, pero nadie parecía percatarse de ello, nadie siquiera la miraba y le pasaban a su lado constantemente a medida que iba avanzando por las calles de aquella pútrida ciudad rumbo a su lugar de trabajo, cargando consigo una especie de carrito donde llevaba un montón de macetas de distintos tamaños con plantas y hongos de todos colores.

El suyo era un trabajo algo simple, recolectar cualquier tipo de planta u hongo y venderlo, pero a ella le gustaba ir más allá y hacía mezclas de todos tipos. No tardó demasiado en encontrar que algunos hongos alucinógenos podrían ser muy útiles para defenderse a sí misma o mismo, para sedar parcialmente personas como los que pasaron cerca suyo unas manzanas atrás, pues se le había caído un poco de su invento llamado ‘la droga feliz’. Después de todo los que llegaban a respirarla terminaban riendo por horas.

De cualquier manera, la chica ignoró prácticamente a todo el mundo al igual que ellos hacen con ella hasta llegar a la reja que mantenía seguro su pequeño local en el centro de la ciudad. Un mecanismo bastante sencillo era el que mantenía aquel armazón en su lugar o lo hacía subir para permitir el paso a todo el mundo. El único problema era que estaba algo falto de mantenimiento y Czarina no lo supo hasta este día.

Al momento de sacar la pequeña compuerta atada con cadenas y candados, el resto de la reja simplemente se desprendió de su lugar y cayó, por suerte la muy cobarde llegó a acuclillarse y el espacio donde alguna vez estuvo la compuerta fue suficiente para que nada la tocase pero… Tenía que ocuparse de la dichosa reja de alguna manera.

~No creo que pueda levantarla con el aire… ~Pensaba la rusa claramente nerviosa por lo que acababa de ocurrir.

La parte superior del armazón estaba en medio de la calle y seguramente alguien vendría a quejarse por el automóvil destruido que quedó justo debajo de ella. Tampoco era muy seguro que la chica pasase desapercibida tras semejante accidente y la verdad era que ahora mismo estaba teniendo un hermoso ataque de nervios por lo que no hacía más que dar vueltas sobre si misma, mirando en un lado, al otro, un poco por allá y por ahí también, a ver si se encontraba algo que la pudiese ayudar pero… No, la vida nunca fue sencilla y ahora le tocaría afrontar las consecuencias.

El dueño del vehículo o tal vez la policía, alguno de ellos posiblemente aparezca para dedicarle las mil y unas a la desafortunada rubia. ~¿¡Qué hago!?



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Lun Ago 08, 2016 6:44 pm

Las galas se habían quedado en casa, junto a la desechable ropa para su trabajo ilegal, mientras que había decidido salir a la calle en su forma más baja: un vagabundo. Bueno, era que realmente él fuera un vagabundo, ¿verdad? Era simplemente que Blai no podía evitar parecerlo, con el cabello oscuro alborotado, los lentes que con trabajo se mantenían en una pieza, la ropa que tenía puesta desde el día anterior—porque había estado trabajando— que constaba de una camisa blanco y pantalón azul marino de vestir, con tirantes sobre los hombros, con un aroma a cigarrillo impregnado en todo el cuerpo. Era un asco, no iba a negarlo, pero tenía que seguir escribiendo para terminar ese proyecto antes de que su representante viniera a intentar joderle la existencia al demonio. Entonces, extendió su mano hasta la lata de bebida energizante, terminándose el contenido que restaba de un solo trago para apretar el recipiente y lanzarlo al suelo, a alguna parte del departamento. Así, buscó la cajetilla de cigarrillos a ciegas, encontrándola mientras sus ojos se concentraban en la pantalla mientras escribía y, aunque buscó y buscó dentro de ella, jamás encontró lo que añoraba: un cigarrillo de tabaco.

Eso era todo. Tomó el teléfono, llamó a su representante y le informó que el trabajo se quedaría parado hasta que consiguiera cigarrillos. A pesar de que la pobre mujer gritó y suplicó que no saliera, diciendo que ella iría a llevarle una dotación para el resto de la semana, él hizo caso omiso con una sonrisa llena de diversión, repitiendo una y otra vez que no podía escucharla a pesar de que esa era una obvia mentira. Pudo escuchar la desesperación al otro lado de la línea mientras tomaba su cartera y se la metía al bolsillo del pantalón antes de salir con unas descaradas pantuflas de anciano color café avellana. Se dirigió más lejos de lo necesario, a una tienda a la que no había ido antes, porque sabía que esa chica vendría a buscarlo y si lo encontraba no tendría otra oportunidad de escaparse de sus garras. Además, ¿qué demonios? Él no tenía más planes que ir a comprar bebidas, cigarrillos y alguna que otra chatarra con azúcar para comer algo… bueno, también generarle un ataque de ansiedad a la chica, pero eso era un extra.

Fue así que, saliendo de la tienda, decidió detenerse un momento para fumarse un cigarrillo antes de volver. Le quitó el empaque, sacó un cigarrillo, lo puso en sus labios, lo encendió con su encendedor y dio una calada profunda que buena falta le hacía. Entonces fue que lo vio todo, justo frente a sus ojos. No se rió a carcajadas porque estaba sorprendido de que eso hubiese llegado pero, bueno, poco a poco se rio entre dientes al ver esa cara de desesperación y la ansiedad de la rubia mirando hacia todos lados. Ese auto iba a costarle algo y, aunque usualmente lo habría dejado pasar, ¿qué tipo de hombre ignoraba a aquella lindura con cara llorica?... No, en serio. ¿Por qué carajos nadie se había acercado a ayudarle? Es como si nadie hubiese notado el estruendo y, de cualquier forma, como si no lo estuvieran viendo o no les importara. Así que tuvo que suspirar antes de cruzar la calle, poniéndose el cigarrillo en los labios mientras se acercaba. Asomó la mirada hacia la chica: sabía bien que tenía un aspecto poco agradable, pero no le importó.

Permíteme ayudarte —dijo, acercándose a la chica antes de hacerle un gesto con las manos, a modo de señalarle que se alejara.

Literalmente, Blai puso sus manos de frente e hizo un movimiento como de barrida dejando los dedos en libertad, señalándole con eso que tenía que hacerse para atrás. Hoy en día no era algo de otro mundo lo que él estaba por hacer, así que se dejó el cigarrillo en los labios, no se preocupó por el público y tomó la rejilla con firmeza. Le tomó algunos segundos acumular su fuerza, sostener bien la reja y asegurarse de que el peso no le lastimaría mucho, así que dio una calada dejando salir el humo por la nariz y miró de reojo asegurándose de que la chica no estaba en un punto donde le estorbara o pudiera lastimarla: entonces lo levantó. No fue fácil, en realidad, pero la fuerza que impuso no era algo que le generaría algún tipo de dolor después, pues él estaba formado para eso, con una fuerza descomunal natural con la que pudo apartar el pedazo roto y terminar de desprenderlo del resto, que algo atrofiado estaba ya pues eso lo logró con facilidad, acomodándolo contra la pared. Su ropa terminó más sucia de lo que estaba y, de hecho, no había notado que se había rasgado la camisa él mismo.

Phew —suspiró, tras retirarse el cigarrillo de los labios—. Eso fue más fácil de lo que pensé. Pero tú te llevas el premio de lo más divertido de mi día —dijo con una sonrisa divertida, señalando a la chica—. ¿Cómo no te diste cuenta?


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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Jue Ago 11, 2016 2:27 am

No se esperaba que la reja se rompiese de semejante manera ya que desde siempre tuvo esos manchones que parecían de óxido, para colmo no hacía más ruido del habitual cada vez que le tocaba moverla por lo que sus sospechas disminuían considerablemente por cada día que pasaba, además, si se rompía lo que menos se esperaría sería que se cayera sobre un automóvil estacionado que para colmo, nunca antes un vehículo había dejado allí, justo delante de su florería.

Lo peor era que si no se las arreglaba para sacar la reja de ahí el dueño del vehículo llegaría y claro que se iría a quejar a la florería, donde el único empleado era justamente la dueña del local, también conocida como la fulana que estaba por orinarse del pánico que tenía frente al pequeño edificio. Para rematar, a nadie parecía importarle lo que pudiera pasarle a aquella silenciosa criatura que en ningún segundo emitió sonido hasta que se dignó a intentar levantar la reja por sus propios medios cosa que le resultó totalmente inútil.

Luego de un buen rato de luchas, alguien, un hombre de aspecto más que dudoso al que el aroma no le favorecía para nada se le acercó y claro, la elemental de viento no pudo evitar resoplar un par de veces como perro al que se le cayó harina en el hocico. ~¿Y este…? ~Se preguntó a si misma, aunque no de forma despectiva ni nada del estilo, sino que ese ente no parecía capaz de mover semejante armazón de metal y… Cuando se quiso acordar esa porquería había sido removida totalmente y ubicada a un lado del edificio donde no estorbaría para nada a nadie.

Czarina sí que lo agradecía, pero no pudo evitar mirarle algo berrinchuda al escuchar esa especie de broma que el extraño le había dedicado. Pensó en responderle incluso pero cuando su atención se desvió a su bolsa donde guardaba tanto la pizarra como los marcadores pudo notar la camisa rasgada del contrario y… Sí, era lo mínimo que podía hacer para pagarle por las molestias.

La rusa cambió completamente su mirada y sacó de todas formas la pizarra con la única intención de escribir en ella.

—¿Quiere pasar? —Decía el letrero que la rubia mantenía en alto.

Claro, se refería al local, allí dentro si él accedía le daría dinero suficiente como para que pagase una camisa nueva porque siendo realistas, lo único que ella solía usar eran vestidos y dudaba mucho, pero muchísimo que a él le cayese en gracia intentar usar uno, además que seguro no le entraría.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Lun Ago 22, 2016 1:59 am

Yep, lo había movido. Tenía las manos algo manchadas por el color del óxido, pero decidió solo sacudirlas mientras le daba otra calada al cigarrillo que había dejado en sus labios. Fue entonces y solo entonces que la pizarra apareció y la chica comenzó a escribir. Se quedó viendo con atención, parpadeando un par de veces, pues eso no era algo a lo que él estuviera acostumbrado y, bueno, parecía interesante. Así que llevó la diestra a tomar el cigarrillo que pronto se terminaría, precisamente para el momento en que pudo leerlo y se mostró a sí mismo asombrado… Oh, ya se había empezado a preguntar por qué ella no había dicho nada en ningún momento y, bueno, sacudió el cigarrillo mientras le dirigía una mirada que duró un par de segundos mientras analizaba a la chica así como aquellas circunstancias.

¿Me vas a invitar un té o algo? —preguntó con descaro. Aún tenía la bolsa de las compras al alcance, así que la tomó y la levantó—. Porque soy más bien de café que de té.

“Limosnero y con garrote”, se dijo a sí mismo en la mente, aunque casi se rió con el puro pensamiento de burla que se echó a sí mismo. Pero notando que la rubia probablemente terminaría escribiendo de nuevo, su mente no pudo soltarle de inmediato lo que pudo haber sido un comentario indiscreto de haberlo dicho en voz alta: “una mujer que no habla… los ángeles existen, después de todo”. Así mismo, no pudo evitar notar que era un idiota. Y, menos de un segundo después, entendió que siendo una mujer, seguramente encontraría la forma de hacer sus escándalos de alguna manera y, seguro, ganaría las discusiones. Principalmente por el hecho de que cualquier hombre se exasperaría de esperar a que ella lo escribiera todo… wow, en serio que era un idiota. Terminó soltando una risita él mismo, le dio la última calada a su cigarrillo y le hizo un gesto de la chica, indicándole que le seguiría.

Me basta un vaso de agua, si no te molesto demasiado —le hablaba de tú, como si le conociera de toda la vida, con esa confianza que solo podía adoptar cuando estaba en sus trapos más simples—. Después me iré, no es mi intención ser de incomodidad. Por cierto, soy Blai. No te esfuerces mucho en escribir, linda. Vamos, vamos.


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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Miér Ago 24, 2016 5:33 pm

~¿Le digo que no…? Dudo que esté bien… ~Pensó la rubia por un instante mientras miraba fijamente al contrario que parecía haberse invitado por si solo un café dentro del local y lo cierto era que tenía una cafetera por ahí en funcionamiento así que el pedido no sería ningún tipo de problema.

Iba a escribir en la pizarra pero por cómo se le adelantaban a los hechos sencillamente la elemental prefirió esconderse detrás del mostrador y comenzar a hurgar entre algunos papeles hasta hallar algo de dinero, suponía suficiente para pagar una camisa nueva puesto que la que él traía se había ensuciado y de paso rasgado un poco. Y así sin más se lo ofreció con una sonrisita esperando que entendiera y aceptara, era lo mínimo que podía hacer y ya después de dejarlo sobre el mostrador se iría a buscar la cafetera.

No le tomó demasiado encontrarla y llevarla una vez más al mostrador, además, justo a un lado del mismo había un conector por lo que podría ponerla en funcionamiento en ese mismo instante por lo menos hasta que llenase una taza.

—Czarina, es un placer, Blai. —Escribió la rubia en la pizarra ignorando que le habían dicho que no lo hiciera.

Principalmente le ignoraba porque un mísero vaso con agua le parecía muy poco para pagarle las molestias que se había tomado en ayudarla, además que la había librado del dueño del auto probablemente. Lo que hizo que la elemental recordase que los restos de reja estaban aún a la vista y cualquiera podría llegar a deducir fácilmente de dónde había salido el trozo metálico que ahora descansaba en una pared entre edificios.

Con un rápido movimiento de la mano de la elemental, una corriente de aire se levantó y golpeó un botón que estaba hasta la otra esquina del local. Se trataba del mísero mecanismo que hacía subir y bajar las rejas.

Ahora, ¿qué estará pensando ese hombre…? O mejor dicho, ¿a qué se dedica para andar paseando por la calle con esas pintas…? La rusa al menos tenía ciertas delicadezas a la hora de vestirse para salir a la calle y se ve que el contrario por el contrario, salía como sea según tenga ganas. ¡Lo bueno! La cafetera ya había filtrado suficiente para una taza de café así que sin muchas vueltas la sirvió y ofreció en una taza a Blai, luego anotó en el letrero.

—¿Desea azúcar o algo para el café…? —Ni bien le respondieran saldría en busca de lo que sea que le dijeran.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Jue Ago 25, 2016 3:57 am

Tras entrar obedientemente al local, se tomó el tiempo para admirar las flores. Blai era un hombre culto y estudiado, así que reconocía características de gran parte de ellas. Cyril le habría reñido si le mandaba una flor inadecuada a algún socio en un momento importante, pues había ese tipo de formalidades que él encontraba ridículas. Las flores eran flores y no tenían por qué significar nada más que su belleza, no entendía todo ese barullo que se habían armado para darle significado a cada flor y con cada uno de sus colores. ¡Pero qué paciencia! Con lo bello que era pasear entre las flores, tanto que en sus momentos lo usó en sus novelas pero, la verdad, la información en su cerebro al menos le había servido para eso, ¿no? Para todos los libros que habría escrito hasta ahora y los que fuera a escribir después.

Pese a que lo primero que captó su interés fueron las plantas, pronto volvió su vista curiosa hacia la rubia que había directo al mostrador y, bueno, le ofreció un poco de efectivo. Blai tuvo que hacer lo posible por no reírse, ya que no entendía en serio a qué se debía que le ofreciera dinero a él. Pero luego recordó que se veía como un vagabundo y cayó en cuenta, aunque no se ofendió ni siquiera un poco. Lucir desaliñado y desgastado era una elección, aunque lo primero era por pereza a prepararse y lo segundo era por el simple hecho de que sí, había estado en vela y en continuo trabajo. Teniendo todo eso a consideración, se dio cuenta de que quizá fuera un poco intimidatorio para una dama, por más que le hubiera ayudado. Y, así, se vino dando cuenta después de que ella era muda—duh—. Es decir, lo supo desde el principio, pero estaba entendiendo lo que todo eso conllevaba: la chica no había emitido ruido alguno con lo sucedido antes y, en lugar de eso, permanecía en silencio y se había tranquilizado gracias a él. No sabía lo que haría de no poder hablar, él disfrutaba mucho diciendo estupideces.

Rusa —dijo con tranquilidad, esbozando una sonrisa y recargándose sobre el mostrador—, yo no necesito esto —señaló el dinero, entonces—. Pero gracias por la atención. Te enviaré a alguien a arreglar eso más tarde.

Blai tenía una mentalidad muy simple, por la que todos los bienes le sobraban, así que nunca se detenía a obsequiar algo o se ofrecía a actuar mientras no le generara una fatiga. La verdad, no sabía por qué había cruzado la calle para ayudarla pero… bueno, es que su cara de cachorro perdido, necesitaba verla de cerca y, una vez lo hizo, no pudo resistirse. ¿Quién dejaría desamparada a un alma tan dulce? Incluso él, siendo el idiota que era, no podría atreverse a semejante cosa. Así, sus ojos la siguieron mientras ella iba por la cafetera y venía, instalándola para preparar la bebida que el mismo demonio había descartado para ser ignorado por ella, cosa que él no habría hecho, por evitarse la fatiga. Le impresionaba el espíritu de anfitriona que tenían todas las mujeres que conocían, no podían dejar a un visitante con el estómago vacío, con una sed o con un aburrimiento, siempre tenían que esforzarse más de lo que era necesario. Las aplaudía, pues él nunca iría tan lejos y, probablemente, su hermano tampoco. Por eso ellas eran el obsequio de la existencia.

Lo tomo negro, como mi alma —le aseguró, sonriendo amplio—. Pero, ¿es que lo beberé yo solo? Qué raro. Aunque tengo curiosidad. ¿Qué tan rápido puedes escribir en eso?


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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Vie Ago 26, 2016 12:10 pm

Según ella, él se había roto la camisa por culpa de la reja de su local, de paso posiblemente la habría salvado de un problema legal de los complicados y tal vez también de algún ajuste de cuentas que podría terminar matándola, después de todo la elemental logró vislumbrar desde el mostrador a un hombre gritando a los cuatro vientos por los destrozos sobre su vehículo.

No dijo nada, ni siquiera podía si vamos al caso, pero miró ceñuda al demonio que le había negado totalmente la oferta de dinero. Hubiese escrito pero tenía que servir el café y claro, dijo negro así que así se lo dejaría y no buscaría nada cosa que le venía genial para justamente ponerse a hacer lo que quería, escribir una buena respuesta de por qué debía de aceptar ese dinero.

—Es más o menos lo que cuesta una camisa, ¿no? Te has roto la que llevas por ayudarme. —Escribió en el letrero que le dejaría sobre el mostrador para que se tomase el tiempo de leerlo. Cabe destacar que hizo cierto énfasis a la hora de hacer el punto final, casi como si fuese una indirecta.

Curiosamente luego de servir el café al contrario la rubia dejó nuevamente la cafetera funcionando para que siguiera filtrando y tal, ella también se tomaría uno pero no estaba bien que dejase a un invitado esperando de esa manera. Aunque por lo menos tenía conversación de por medio en lo que tomaba asiento y se apoyaba sobre el mostrador para estarse algo más cómoda. A estas alturas casi que parecía un bar.

Puede que el problema que pudiesen llegar a tener, ignorando el asunto del alma negra y del dinero, fuese que la elemental no podía hablar y por ende se hacían momentos de silencio rápidamente como ahora que tenía que responder a algo que, al ella desconocer totalmente, tendría que hacerlo mediante alguna demostración aunque no con ese marcador de punta gruesa que solía utilizar, no, se tomó las molestias de echarse hacia atrás y revisar en un estante debajo del tablón principal del mostrador, allí abajo rebuscó y finalmente halló un marcador considerablemente delgado. Punta ultra fina.

Y sin más, la rubia tomó la pizarra, borró lo todo lo que había escrito y estorbaba, pensó por un instante el escribir cualquier cosa pero a falta de imaginación prefirió hacerle un pedido.

—Hable lo más rápido que pueda, trataré de copiar todo. —Decía el cartel que pronto borraría para ponerse en posición.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Sáb Sep 10, 2016 2:26 am

Era adorable, lo había decidido. Y más que eso, tomó una decisión crucial: la quería de mascota. Qué descarado era el puro hecho de considerarlo, pero para él, tenía cierta lógica que aquella situación terminara en algo así… bueno, es que, para empezar, a Blai no se le facilitaba hacer amigos, por lo que no los tenía y con ello a consideración, no podía imaginarse una relación en pro de ello, por lo que era un completo idiota. Así que tomó la taza con una sonrisa, la dirigió a sus labios para darle un suave trago, y después volvió a mirarla con ese gusto que le estaba generando la decisión que había tomado por sí mismo. Parecía un completo imbécil mientras se daba conclusiones a sí mismo, mientras daba un segundo trago viéndola escribir aquellas inocentes palabras que casi le hicieron ahogarse, pero fue considerado e hizo un esfuerzo por tragarse el sorbo que tenía en la boca antes de reír bajo.

Tengo tantas camisas que no podría contarlas, Czarina —aseguró, con aquella sonrisa cínica e irritantes—. Que parezca un pordiosero no significa que lo sea. Debes aprender a no juzgar un libro por su portada.

Le regaló un guiño burlón, aunque era siempre un punto verídico. Blai no era ningún muerto de hambre—por más que lo pareciera— y, de hecho, era un hombre bastante adinerado que había aprendido que no necesitaba de demasiado para pasar bien su vida. Así que su compañera rubia no sabía sobre ello, eso era verdad, por lo que no la juzgaba de haberse confundido de buenas a primeras pero, a diferencia de como el demonio era usualmente, no le apetecía ocultar su verdadera identidad: hijo bastardo de un noble lo suficientemente orgulloso de tener dos varones como para ignorarle, por lo que había terminado por heredar algo que no pidió. Y, así, mientras la veía andar a tomar un nuevo marcador lo le hizo negar con la cabeza de inmediato, se planteó a sí mismo si era necesario llegar tan lejos como para decir aquello e, inmediatamente, decidió que no lo haría, con decir que era un escritor bastaba.

Era una pregunta retórica, preciosa —aseguró, llevando su mano a la pizarra para darle tranquilidad con eso—. Fue un mal intento de hacer plática considerando que no puedes hacerlo con la misma facilidad. Mejor haré algo en lo que soy bastante bueno: hablar hasta por los codos, si te apetece —se rió suave—. ¿Te gusta leer? Yo soy escritor. Tengo un estilo muy poco especial en un mal intento de fusionar a Edgar Allan Poe con Sir Arthur Conan Doyle. Es mi forma de decir que intenté sumar una historia con aires oscuros al aspecto de investigación, aunque también tengo mi fuerte en el drama y en el romance. Pero tampoco he sido allegado al tema por primera mano —se encogió de hombros, tranquilo—. He amasado una pequeña fortuna, lo suficiente para que no me falten las camisetas, tanto así que enviaré a alguien a ayudarte con eso más tarde. Y ahora estoy en labor de enloquecer a mi representante —aseguró, cada vez más divertido de decirlo, pues era uno de sus pasatiempos favoritos—. La pobre mujer no sabe dónde estoy y tengo que entregarle un manuscrito. Debe estar enloqueciendo. ¿Tú tienes a alguien a quien enloquecer, Czarina?


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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Lun Sep 12, 2016 12:23 am

Es cierto, la elemental le había juzgado por su apariencia de pordiosero y de ahí supuso que cualquier tipo de ayuda monetaria le serviría, incluso si solo era para que se comprase una camisa nueva y además ella sentía la necesidad de compensarle por los daños a su vestimenta causados por un fallo en la reja oxidada. Pero al final de cuentas le dejaron en claro que estaba totalmente equivocada.

La muda hizo una ligera reverencia y tomó el dinero algo decaída por haber sido ‘descubierta’ de esa manera, es decir, la habían salvado de un problema mayor del que ni siquiera podría hacerse cargo y le pagaba juzgándole, no tenía derecho. ~Supongo que la muerta de hambre soy yo. ~Pensó en absoluto silencio ya que no le quedaba de otra, hubiese pedido disculpas pero como la voz no le saldría aunque lo intentase simplemente lo dejó estar y tampoco sentía necesario el escribir en la pizarra.

Luego de ello estuvo la propuesta sobre demostrar la velocidad de escritura de la rubia, pero fue declinada totalmente y ahora había una mano de parte del demonio que tenía delante cubriendo la pizarra casi para prohibirle cualquier tipo de respuesta ‘elaborada’. En un primer momento la rusa se quedó mirando a la pizarra, con el ceño levemente fruncido mientras pensaba en si tenía alguna otra o al menos un cuaderno para reemplazar. Pero… No le parecía el dejar al contrario hablar solo y había que aceptarlo, le costaba seguirle el hilo así que ni hablar si se disponía a copiarlo.

Ahora, Czarina tenía una buena pregunta para responder pero no lo haría usando la pizarra, no, antes que nada atrapó la mano de Blai y comenzó a escribir allí aprovechando la punta fina de aquel marcador.

—No, me vuelven loca a mi y no es bonito. —Le dejó escrito en la mano, tendría que darla vuelta de una forma bastante ‘cuestionable’ si deseaba leerla y allí estaría la rubia para reírse un poco. ¿Por qué…? No había buen motivo realmente, eran métodos que usaba a veces para dar cierto ‘aporte’ de su parte a las conversaciones y demás.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Miér Dic 21, 2016 12:44 am

Naturalmente, estaba de joda. Tenía una pasión arrolladora por joder a la gente, las conociera o no, desde su hermano hasta su mánager. Cabe mencionar que existía un par de criaturas que se exentaban de sus juegos excéntricos y mentales, pues para Blai tenían un valor o un cierto grado de peligro que les sacaba del estadístico pero, de momento, Czarina estaba como un pequeño cachorro al que le pondría el juguete en el hocico e intentaría quitárselo tan solo para joderle un ratito y escucharle gruñir. Si uno se lo imaginaba, solo podía obtener una imagen adorable de alguna pequeña bola de pelos sintiéndose poderosa ante algún poder superior, ante una adversidad incontrolable, ante lo que no podría hacer nada. Dicho ello, aunque respondió en una evidente burla que él no necesitaba nada de ella, se prestó con una sonrisa infantil a mirarla realmente divertido esperando alguna mordida por aquella grosería, mordida que solo le haría reír a carcajadas, seguro. Pero venga, que él no era del tipo que pensaba que los otros fueran superficiales o no, eso ni siquiera le importaba. Hasta donde él entendía, el dicho “cada quien hace de su culo un papalote” aplicaba en todos los aspectos de la vida y no solo a lo sexual. No le importaba recibir monedas en la calle, pero disfrutaba tanto jodiendo, que prefería eso como paga por el momento.

Fue entonces cuando terminó suplantando a la mentada pizarra que fungía como el medio de comunicación más pronto que la rubia tenía para con cualquiera que supiera leer, así que la piel de su mano se volvió en lienzo para la fina punta del marcador con la que las palabras fueron velozmente escribas y, justo como ella se proponía, se las ingenió la poner la mano en una posición en la que lo leyera derecho. Pero hay que dejar en claro que no era imbécil ni poco habilidoso, pudo leer lo que eso decía mientras ella lo escribía, sin embargo entendía perfectamente la idea de joder un poco y, ¿por qué no? La risa no se le niega a nadie, así que acomodó su mano de una forma muy poco ortodoxa para leer nuevamente lo que decía y sonreír con una risilla muda sacudiéndole los hombros, porque no se sentía en necesidad de nada más. Acto seguido, la miró con sus ojos café admirando de alguna forma el rostro bonito y juvenil de aquella rubia, para acto seguido recargarse en el mostrador y mirarla ajustando la vista al apretar los ojos. Estaba usando sus gafas, así que no era para ver mejor, sino que por seguro aquello no era mucho más que mero teatro de parte del demonio algo aburrido y bastante tonto.

Si la locura es lo más hermoso que le ha pasado a este mundo, no te confundas —le guiñó un ojo en burla, mientras volvía a una posición más tradicional, desde su mano hasta el resto de su postura—. Sin embargo vamos a admitir que el placer de enloquecer a los demás es un manjar que todos debemos disfrutar. Deberías intentarlo más seguido, señorita.


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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Dom Ene 01, 2017 12:57 pm

Normalmente la gente se resistía a dejarse escribir en la piel, más cuando usaba un marcador de punta fina y peor si este era indeleble, aunque no era el caso de lo último pues con un simple lavado debería borrarse o mismo con el propio sudor, pero ya él decidiría como borrar la escritura de la rubia que le miraba con una expresión un tanto infantil, pues su capricho fue cumplido a la perfección ya que Blai ahora leía en su mano en una posición bastante usada en películas y cosas similares para dar a entender que el personaje no es completamente heterosexual.

De cualquier manera, Czarina ignoraba que esto que el contrario había hecho fue simplemente para darle el gusto y no porque realmente necesitase hacerlo para leer el escrito, por eso seguramente se mostraría bastante feliz e incluso dejase escapar una leve risilla ahogada, pues hacía lo que podía por contenerla e incluso en el caso de que no lo lograra no emitiría ningún sonido.

Lo que vendría después fácilmente borraría la expresión de la elemental y hasta cierto punto la pondría nerviosa, no acostumbraba a tener personas tan cerca y casi por reflejo alejó un poco el rostro del contrario, después de todo el demonio se había recargado en el mostrador al igual que ella y había que acepar que ese tablón no era tan largo como para que dos personas estuviesen encima. Así que tras aumentar un poco la distancia y escuchar las palabras del demonio, la rubia pasó a tener una cara que dejaba en claro el fastidio, ¿por el guiño? No, básicamente dedujo que él seguramente sería de esos que vuelve locos a los demás y pone esa excusa poética para librarse de responsabilidades.

~Menos mal que no eres mi jefe. ~Pensó en un simple instante, justo antes de que se levantase un poco por encima de la altura de Blai y arremetiera contra él. Desde al exterior del local seguramente parecía que se estaban besando, una escena bastante bonita en que una pareja comienza a besarse en el interior de una florería muy colorida y bien perfumada pero… La realidad era muy distinta y no tan bonita.

La rusa se había dado el lujo de acercarse sí, pero para morderle la nariz al contrario para dejarle en claro que no estaba tan de acuerdo con esa ideología de molestar por placer. Aunque tampoco era que le estaba clavando los dientes con saña, ni siquiera estaba usando fuerza y seguramente ni marca le dejaría a excepción de un ligero tinte rojizo y tampoco duraría demasiado así, luego de unos segundos la rubia volvió a separarse y mirarle con el ceño fruncido y las mejillas hinchadas.

Según ella, esas expresiones servían bien para transmitir ciertos mensajes y por eso lo hacía, no porque fuese una niña inmadura ni mucho menos, más bien para no tener que estar borrando y escribiendo en la pizarra todo el rato.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Blai G. Coch el Mar Feb 28, 2017 11:34 am

¿Quién sería el romántico empedernido que escribiría o cantaría o pintería o escupiría o lo que fuera aquella dulce escena? El degenerado que observaba sin pedir permiso, que confundiría un gesto hostil con un romance rosado, de esos que al demonio no le apetecían. Bueno, primero había uno que generalizar en el hecho de que a él simplemente no le apetecían los romances. Se lo pensaría burlón mientras su castigo se veía por dado, sorprendiéndose ante lo que encontró como un acto inusual, lo que le pareció mucho más dulce y encantador que cualquier otra cosa. El maltrato en las relaciones era un algo natural, desde la percepción del moreno. El maltrato era, en realidad, un nivel más elevado de amor y de confianza. El ser maltratado tan pronto por esa joven rubia de aprisionadas palabras le hizo sentir gustoso, porque en su retorcida percepción, eso era el comienza de una relación del tipo que él no podía mantener... Bueno, no podía mantener ninguna de un tipo que no fuera familiar, y eso porque esos pobres diablos estaban obligados a tenerlo en su lado ya que la sangre llama a la sangre, sin importar que él fuera un bastardo. Lo importante acá era que Czarina le agradaba, por el simple hecho de que no estaba jugando de forma convencional, así que el daño fue mínimo en contraste de la alegría que le causó todo aquell, una alegría que no se molestó siquiera un poco por ocultar y, por el contrario, una vez su agresora se alejó, él decidió reírse con una enorme sonrisa y esa voz aterciopelada masculina suya, tan elegante que podía ser a veces y casi siempre, para su desgracia. Aplaudió un par de veces en el aire, como una felicitación ante esa anormalidad que logró atraparlo.

—¡Pues lamento que no te guste, pirañita! —exclamo entre risas, volviendo a sonreír radiante, con un brillo perturbador—. Pero es la verdad. Tu existencia por sí misma es una molestia de alguna u otra forma, no puedes negarlo. Allá hiciste un desastre y seguro que molestaste a alguien con el daño que generaste —se encogió de hombros—. Así que no te emberrinches, los escritores somos amantes de poner en palabras hermosas la naturaleza más baja y asquerosa del ser viviente. Ah, ¿no te lo dije? No es que sea vagando, es solo que soy escritor. Ahora tiene sentido, ¿verdad?

Una vez más, se decidió a tomar la taza de café le había sido servida, para que no se enfriara demasiado pronto. Le ustaba el aroma fuerte y mucho más disfrutaba su sabor. Usualmente lo acompañaba con unos cigarrillos, sin embargo, entendía que no era el tipo de sitio en el que uno fumaba y con el riesgo del drama que podría generarse afuera, no llevaría a la rubia a ser expuesta, él no se atrevería. Así que en lugar de ello, levantó ligeramente la taza, le hizo un gesto cordial a la rubia, como quien dice "salud" con los ojos, para entonces beber de ella. Su mente complicada viajó en menos de un instante por un montón de referencias a la que podría remitirse en ese momento, tan solo por la idea de hacer un brindis con una bebida incorrecta y sin decir media palabra, pero se contuvo de dejar fluir toda su sabiduría basura ya que no tenía caso intentar forzar una conversación con una chica que difícilmente podría responderlo. Y, aún con todo ello, volvió a sonreír para sí mismo, apoyándose en el mostrador con esa irritante sonrisa de oreja a oreja.

—Acabas de hacer algo que me gustó —señaló, refiriéndose a la mordida y señalando entonces con su dedo su propia nariz—. Lo usaré algún día en un libro, Czarina. Podrás reconocerme si lo lees. Prometo hacer una referencia sobre enloquecer personas.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

Mensaje por Czarina & Kseniya el Lun Mar 13, 2017 9:28 pm

Recibir por respuesta ante una mordida unas risas tan estridentes eran de todo menos normal para la elemental que le miraba completamente descolocada como si estuviese presenciando un acto completamente incoherente y… Según ella no tenía ningún tipo de lógica ni coherencia que se riese así, lo mínimo hubiese sido que Blai frunciera el ceño o le insultase, la golpease o algo pero no que se pusiera a reír de esa forma y de paso se diera el lujo de responder con bromas o ironías.

~¿Y se supone que tomo eso como un halago o un insulto? ¡No te entiendo! ~Pensaba al escuchar aquellas palabras que la hacían dudar más y más del estado mental de aquel que tenía delante, aunque desearía poder hablar para preguntar algo que podría generar malos entendidos, se limitaría a pensar seriamente y por sí sola lo que debía de hacer con alguien así puesto que realmente parecía estar muy mal de la cabeza. ~Seguro que fue por eso que me ayudó, porque está loco. ~Pensó con el ceño fruncido aunque una ceja se mostraba algo más alta que la otra.

Hasta que soltó un comentario que justificaría absolutamente todo lo anterior, era un escritor.

¿Qué por qué lo justifica todo? ¡Porque seguramente iba en busca de inspiración! O eso era lo que estaría pensando la elemental a esas alturas mientras intentaba encontrar una forma de interpretar lo que le decían.

—¿En serio es escritor? Y, ¿en serio va a poner algo así en un libro…? —Escribió rápidamente en la pizarra y con buena caligrafía para mejorar el entendimiento y la dio vuelta para que el demonio pudiese observarla sin problemas.

Si bien, las palabras escritas no transmitían ningún tipo de emoción, el rostro de Czarina seguramente le terminaría resultando un libro abierto, pues se mostraba ciertamente un tanto apenada y con mejillas sonrojadas levemente y además había cierto tinte de ingenuidad, pues resultaba extraño toparse con un escritor, probablemente famoso, con semejantes pintas de vagabundo y para colmo haciendo estupideces como aquella de reírse ante una mordida. Pero claro que podía intentar provocar algo más, por lo que la rubia no dudó en tomar nuevamente la pizarra y añadir algo más, como un paréntesis.

—Por cierto, tengo rabia. —Anotó antes de dejárselo ver y comenzar a acumular saliva en su boca por si llegaba a preguntarle algo.

Obviamente era mentira y cualquiera podría notarlo, pero a saber qué tipo de reacción extraña podía llegar a tener ese hombre que tenía delante.



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Re: ¡Que ya no sirve! [Priv. Blai G. Coch]

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