For the love that I hate [privado Claus]

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For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Miér Sep 21, 2016 8:54 pm

Vestimentas normales, bueno, eran más bien informales, incluso si parecen de buena calidad, era lo más “humilde” con lo que contaba. Una ligera chaqueta de cuero y la bufanda roja que siempre portaba, además de unos pantalones de color negro y un cinturón de un color rojo vino. Los zapatos eran algo común, pero que eran bastante cómodos así que no le preocupaba mucho. Pero, pese a que las ropas no fuesen algo de mucha calidad como a lo que aspiraba siempre debido a sus peculiares gustos, aun así continuaban siendo de buen ver. No sólo eso, aun cuando había buscado el parecer un poco “desapercibido” por hoy, la verdad resultó todo muy diferente. De verdad, llamaba mucho la atención. Y eso le encantaba, era una sensación completamente de su gusto tan particular. Que las personas le miraran y le desearan pero que, aun así, no pudiesen obtener nada de él. Pobre gente ilusa, no saben lo que significa el poder siquiera rozarle. Si eso pasara sería lo último que contarían. Ya sea porque los haya eliminado o porque la vergüenza hubiese sido tanta que no soportan el siquiera decirlo en voz alta. ¿Qué? Ah sí, a él le encantaba tener amantes y jugar con ellos.

Sin embargo, últimamente, había algo que había mantenido esa soberbia suya por debajo del promedio. Su mano se apretó ligeramente contra la bufanda roja y sonrió en medio de su frustración. Terminaba por pensar demasiado en él, todo el tiempo y eso era algo bastante inaceptable. Por esta ocasión, decidió perderse, caminar sin tener ningún lugar fijo en la ciudad, aún escuchando los murmullos. Paseaba y entraba en alguna que otra discoteca, con el único propósito de esa noche divertirse un poco entre las multitudes de la gente vacía que aborrecía con el alma. Porque, después de todo, no había nadie que valiera la pena en esa tierra. Sólo muy pocas habían sido capaces de llamar su atención de alguna forma. Incluso, si fuera por él nadie merecía tener la felicidad de seguir respirando. Un ser egoísta al final. Pero quería divertirse, dejar de pensar en ese maldito Alfraude que lo hacía temblar. Y esa noche, oh esta noche ¿iba a tenerle alguna sorpresa? Quién sabe, dejaría que el azar le dominara.

Pero. al entrar allí, sólo dejó salir un suspiro, no había nadie que llamara su atención. O tal vez su mente había estado nublada por los hechos acontecidos últimamente. ¡No! No podía estar pensando en ello. Sólo debía de buscar bien, debía de ser más cuidadoso.

Nada, hasta sintió algo de asco, muchas personas felices ahí, que estupidez más grande. Prácticamente era insoportable, sólo tomó un trago y salió, era tan decepcionante. Buscó entre sus bolsillos y encendió un cigarrillo. Ah, la nicotina recorriendo su cuerpo, un pequeño placer fortuito. Sus ojos se mantenían viendo hacia la nada, mientas aquel sutil veneno entraba en su sistema. Suspiró, era inevitable el pensar en él incluso estando en ese sitio solitario cerca de la discoteca. No es como si no pudiera aceptarlo. Sabía bien los niveles de seducción con los que contaba, no sólo él sino también aquel tipo. Estaría mal el no reconocerlo, pero de ahí a decirlo a viva voz estaba muy lejos. Además, por los egos que ambos contaban, lo más probable es que terminaran peleando una y otra vez. Era divertido, pero también frustrante y lo dejaba con hambre. Lo curioso es que era bastante autentico con él, dejando de lado los arranques de mitomanía que le tomaban por sorpresa cuando él intentaba pisotear su ego. No era tonto, por supuesto que eso era demasiado invaluable, pero estaba mal.

Siempre será así, sólo soy el de paso—no es como si se quejara realmente. En realidad el sexo con él había sido bueno, quería repetirlo sin embargo eran cosas que sólo ocurrían una vez y nada más. Por ello los límites, por eso tenían que estar así con él, no debía de bajar la guardia nunca ni permitir que entrara en su corazón más de lo que ya lo había hecho. Porque sería repetir la misma historia que en el pasado y ya tenía suficiente de Eso. Con respecto a él no se veía a sí mismo en otro sitio que no fuese el de un amante fortuito. Quería seguir disfrutando de esos días, de esas noches, perdiéndose entre todo lo que ese fétido mundo podría ofrecerle y Claus estaba en ese mundo. Sonrió, terminó pensando en él otra vez y todo porque ese tipo quería hacer las cosas a su modo y no hacerle caso. Había jugado muy bien y por ello, le tenía loco.

Ese callejón era tan sucio que hasta le daba náuseas, tal vez solo debería salir de ahí, pero mientras el cigarro en su boca iba a la mitad de consumirse, una figura a lo lejos se hizo presente, deteniéndose al completo. ¿Podría ser…?
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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Claus A. Voulgaris el Miér Oct 26, 2016 1:29 pm

Una copa más le bastó para marearlo un poco, ya iba por la tercera y no podría creer que esa noche su cuerpo se encontraba bajo efectos leve de ese líquido amargo que la mayoría gustaba de beber. Apoyó su frente sobre su diestra buscando algún soporte seguro y así evitarse dar un fuerte golpe contra la madera de la mesa que se situaba en frente suyo, frunciendo el ceño completamente molesto al escuchar las voces en volúmenes altos de sus compañeros de trabajo a su vez que dejaban soltar risotadas por alguno que otro chiste contado por uno de ellos; su cabeza dolía y demasiado, sentía que en cualquier momento explotaría.
A pesar de encontrarse en una ciudad con una cultura diferente a la acostumbrada agradecía el hecho de que cerca de los barrios bajos del lugar se encontrase un local donde la cultura japonesa se respetaba tanto en su diseño como en los alimentos y bebidas que ofrecían. Pese a no ser nipón gustaba de disfrutar todo lo que su cultura ofrecía. Sin embargo, desde que llegó a Sin City no fue capaz de visitar ese país por varios motivos que compartía prácticamente con la mayoría de los ciudadanos.

Apenas eran las once de la noche y la necesidad de ir a dormir se le presentó siendo un detalle bastante extraño considerando que es de esas personas que gusta de dormir bastante tarde pero madrugar de todas formas,  estaba completamente consciente de su mal hábito de dormir; sin embargo, no hacía nada al respecto y tampoco se encontraba en la necesidad de hacerlo. Mantuvo esa posición considerablemente incomoda por varios segundos casi llegando al minuto, el cuello comenzaba a dar muestras de esa posición incómoda sintiendo como de a poco los músculos del mismo comenzaban a dolerle siendo una mala compañía para esa tortura que sentía en el interior de su cabeza. Cogió con pesar el móvil de su propiedad que se encontraba a un lado suyo observando la pantalla de soslayo antes de levantarse con total pereza de su sitio percatándose del hecho que sus compañeros se encontraban completamente entretenidos en sus tonterías que no notaron su movimiento, esbozó apenas una sonrisa ladina a su vez que lentamente se retiraba del sitio, de alguna manera el despedirse de ellos fue un detalle gratificante para su persona.
Se encaminó a la entrada del lugar, con su abrigo negro colgando de uno de sus brazos; llevaba puesto encima una camisa blanca bastante sencilla además de unos jeans negros y calzado del mismo color, una vestimenta que muy rara vez suele llevar tiene preferencias por vestimentas sencillas entre blusas, pantalones y calzados de la misma índole pero en esta ocasión decidió variar un poco con sus ropas.
—Vaya suerte la mía.— Musitó apenas logró divisar la puerta de entrada y salida del local repleta de gente, desconociendo el motivo real del porque la muchedumbre en la misma. Ignorando ese detalle y con evidente malestar en su ser que no se reflejó en ningún momento en su rostro se dirigió hasta la otra puerta del negocio que dirigía a la salida del mismo pero por el callejón; frunció nuevamente su ceño pero ya con la cabeza gacha por el dolor, no deseaba cruzar palabra con nadie más por el momento.

Empujó con evidente pesar la puerta de metal logrando así que el viento fresco golpease su persona débil con fuerza, el frío comenzaba a sentirse de a poco considerando el hecho de que el invierno venía en camino. Sacó el móvil del bolsillo usando el mismo como linterna y así guiarse por el oscuro callejón hasta la calle, su consciencia le decía a cada tanto que aquel movimiento de su parte con el objeto material en mano en un sitio desconocido y peligroso era el peor error que pudo haber cometido pero a este punto ya todo le daba igual.

Sintió como el móvil vibró en su mano dando señal de la recepción de un mensaje, movió su mano lo suficiente como para poder observar la pantalla sin problema alguno y contestar el mismo con cuidado. Ya no se preocupaba por la oscuridad del lugar, se encontraba ya en un sector bastante iluminado por lo que no se dignó en levantar su mirada en ningún momento; en su cabeza pese al dolor desagradable tenía la idea de que era el único ser en ese lugar que gustaba de andar caminando por ahí despreocupado; sin embargo, aquella idea se disipó por completo al ser capaz de observar apenas unos calzados a pocos centímetros suyos deteniendo por completo su marcha y levantar su cabeza lo suficiente como para encontrarse con un ser que jamás pensó volver a toparse en su vida. Una sonrisa con un toque de diversión, levemente ladeada se dibujó en su rostro antes de dar una palabra de su parte — Oh~ ¿Quién creería que en un sitio así nos volveríamos a ver… Eriol?—Recordaba perfectamente el último encuentro que tuvo con el más joven, ¿Quién hubiera creído que terminaría revolcándose bajo las sábanas con un muchacho que apenas había conocido? Él no era de esas personas que disfrutaban del sexo con gente desconocida, empero, aquella vez era una excepción del montón, una excepción que a pesar de todo disfrutó completamente.
Arrugó apenas su nariz cuando fue capaz de percibir aquel olor característico del cigarro dando un paso atrás inmediatamente, el calvario que sentía en su cabeza era tanta que percibir ese “aroma” no le ayudaba en lo más mínimo; cerró con fuerza uno de sus ojos por unos segundos antes de volver a tomar la palabra — Vaya sorpresa, no pensé que al pequeño Eriol le gustase la nicotina.— Otra excepción más en la noche; gustaba de fastidiarlo y desaprovechar esta ocasión sería algo del cual se arrepentiría luego.


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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Mar Nov 01, 2016 4:10 pm

Como si sus pensamientos le hubiesen llamado, estaba frente aquel sujeto que le había hecho vibrar anteriormente. No podía más que aceptarlo en su mente que ese hombre provocaba muchas cosas dentro de sí. Incluso si no hacía ninguna mención al respecto. De hecho sus labios permanecieron cerrados, como si aún se mantuviera escéptico de encontrárselo en ese sitio en particular. Aunque ya no debería de sorprenderse, ese sitio era en particular pequeño y los encuentros siempre se darían incluso si alguno de los dos no lo quisieran.

Aquellos ojos bonitos, como le gustaba decir, le miraban directamente. Siempre tendría ese porte dominante que a él le irritaba incluso si no hablaba, pero así como le irritaba le llamaba la atención. Como si fuera un trago, como si fuera miel. Una calada más a su cigarro y dejó salir el humo al inclinar su cabeza hacia atrás, para que el humo fuese hacia arriba y no molestara al ajeno. Incluso tenía la delicadeza de ser atento con ese sujeto. Le gustaría patearse de ser posible. El cigarro cayó al suelo y él lo pisó con punta de su calzado.

Parece que es inevitable que nos encontremos, Claus—llevó su mano hasta el bolsillo de su pantalón, tomando un chicle y llevárselo a la boca. No a muchos les gustaba el olor a la nicotina y, si bien hubiera sido una buena excusa para molestar al Alfraude, no quiso caer en su juego tan rápido. Era como una batalla de egos. La última vez habían terminado en la cama, disfrutando de la unión de sus cuerpos y, el mismo, había dejado al descubierto más de lo que debió, por eso tenía que andarse con cuidado por si llegaba a mencionar algo. No es como si tuviera la mayor paciencia de todos modos. —Pues el pequeño Eriol disfruta de los placeres de la vida, anciano—jugó con un mechón de su cabello mientras le miraba con suficiencia y una sonrisa sarcástica hacia aparición. De todos modos siempre terminaba cayendo en cada una de las provocaciones que ese sujeto ponía sobre la mesa. Le agradaba la atención y recibirla de ese hombre, así fuera de esa manera, le gustaba. Su mirada bajó un poco dándose cuenta de lo masoquista que eso sentía. Bueno, lo era después de todo, y su orgullo era una verdadera molestia cuando quería divertirse. Algo que le llamaba la atención de Claus era precisamente por ser tan dominante, le impulsaba a desafiarle en todo momento si fuera posible. Él era un ser libre y le gustaba hacer las cosas a su manera y, posiblemente por ello, se había sentido tan bien en sus brazos. No, no debería estar recordando ese tipo de cosas justamente ahora.

Buscaba un poco de diversión, ojitos bonitos. Pero no hay nada interesante, te comento por si te preguntabas que hacía aquí—se encogió de hombros, incluso si no le importaba o no, por lo menos se ahorraba el dar explicaciones. Aunque eso mismo también le irritó ¿por qué le estaba explicando su razón para estar por esos sitios? Ni que fuera alguien con ese derecho. Por eso se sentía tan extraño con este sujeto, su sola presencia le perturbaba más que cualquier otra persona. —¿Qué hay de ti? ¿Te has perdido? ¿Necesita que lo ayude a cruzar la senda?—y el burlarse era lo que sabía hacer casi por instinto. Lo utilizaba como un escudo, incluso si no era su intención en lo más profundo de su ser. Era un ser complejo, él quería ser comprendido pero en lugar de ser un poco más abierto le nacía el atacar a los demás con sus palabras. Pero, suponiendo que era Claus de quien estaba hablando, ese tipo de cosas no le afectarían ¿no es así? Su mirada se volvió entre melancólica y triste, notando su propia desgracia, él quería cosas que no obtendría, porque él mismo se cerraba a esas posibilidades ante el temor de ser traicionado de nuevo. Pero, de todos modos, no es como si aquel sujeto frente a él le tuviese en buena estima. ¿Por qué entonces buscaba algún cariño? ¿Por qué se frustraba al no tenerlo si ya sabía que eran así las cosas? En verdad se sentía un estúpido.

Bueno, Darling... ¿quieres pasar el rato? No es necesario que sea como la otra vez, pero este sitio es bastante complicado a estas horas y si de verdad estás perdido, podríamos caminar por ahí. Quiero salir de este sitio maloliente además, no lo soporto—podría estar en medio de la mugre pero a veces no al soportaba para nada. Era un poco misofóbico si lo pensaba. Pero, luego de analizar sus palabras dichas como si nada, no había pensado en la posibilidad remota en la que el Alfraude usara esa nueva información en su contra. Aunque dudaba de eso, no creía que Claus fuese tan descarado como para recurrir a un recurso tan bajo para molestarlo ¿no? De todos modos, había otros modos mucho más fáciles para eso. Su cabeza estaba maquinando demasiado por nada, tenía que tranquilizarse o todo eso iría en su contra. —Entonces ¿nos vamos? Podría invitarte algo que quieras—sus pies volvieron a moverse, el sonido del taco de sus botas resonaron suavemente, se movía con elegancia pero no se mostraba tanta arrogancia como al principio, tal vez solo para intentar relajarse y bromear con él. Al fin y al cabo no eran la primera vez que se encontraban, ¿quién le aseguraba que ese encuentro podría ser agradable también? Bueno, eso se vería según como la noche transcurriera entre ellos.
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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Claus A. Voulgaris el Mar Dic 13, 2016 8:49 am



Aquella risa de su parte, tan característica de su persona que ya parecía una marca registrada de su parte no tardó en aparecer. Le gustaba y demasiado el hecho de que el castaño le siguiera sus chistes de mal gusto como si nada, pero no decía nada al respecto de ello aunque su rostro, que evidenciaba diversión pese al desagradable dolor que su cabeza llevaba, reflejaba aquel gusto suyo a la perfección. Cerró momentáneamente sus ojos, sintiendo completo alivio al hacerlo pero que se vio obligado a dirigir su mirada luego de varios segundos, esbozando a su vez una sonrisa sutil — Vaya, vaya, no pensé que tener este aspecto me dejaba ver como un completo anciano ¿Será que debo cambiar mi vestuario por completo?.— Sin embargo, sus palabras fueron dichas al aire como si el más bajo no estuviese presente en ese momento, un pensamiento en un timbre alto de su parte.


Como adoraba a ese muchacho, pero no en el sentido romántico o algo por el estilo, aquella adoración iba hacia un camino que ni siquiera el alfraude era capaz de entenderlo. Sentía molestia cada vez que lo veía, una necesidad irremediable de regalarle un golpe de su parte y bajar de una vez por todas al incubo de las nubes pero a su vez lo veía como un pequeño animal que sólo necesitaba un poco de atención y ¿Por qué no? Recibir mimos de alguien más; tan sólo tener esos simples y sencillos pensamientos lo dejaban ver a tal punto como un padre que tan sólo deseaba cuidar de un hijo que requería con urgencia de su ayuda. A pesar de haber mantenido una sola vez sexo con el más bajo, aquellas ideas con respecto a su persona no se iban en lo más mínimo. Sonrió internamente por ello, siendo imposible no considerar su situación mental como un detalle bastante divertido.

— Gracias por ahorrarme el tiempo de formular la pregunta, pequeño Eriol.— Cruzó con sutileza sus brazos sobre su torso, comenzando poco a poco a sentir el doloroso frío de la noche chocar con su cálido cuerpo, tranquilamente podía colocarse el abrigo en ese momento apenas fue capaz de percibir el cambio de temperatura en el ambiente pero sólo permaneció desabrigado; claro está, cuando vea completamente necesario se abrigaría como corresponde, aunque negaba la posibilidad de coger un resfriado por ello. Nuevamente aquella suave risa de su persona no tardó en aparecer, realmente ese muchacho de ojos color carmín intenso sabía cómo levantar sus ánimos con tan pocas palabras a pesar de que las mismas eran dirigidas como dagas hacia él — ¿Me ayudarás? Que amable de tu parte, este viejo debido a la edad ya no sabe cuál camino tomar en este momento; me alegra saber que aún hay niños gustosos en ofrecer su ayuda a los mayores.— Estaba muy al tanto del simple hecho de que entre Eriol y él había una diferencia de edad muy corta pero que veía una actividad interesante dirigirse de vez en cuando hacia él como si se tratase de un niño, más que nada parodiando de alguna forma la estatura que este tenía. Hasta el momento no se divertía de esa manera con alguien con tan sólo un detalle físico sencillo como el tamaño de este. En su rostro se dibujó una sutil sonrisa apenas fue capaz de ver aquella mirada melancólica del más bajo, desconociendo por completo el motivo de la misma; una mínima idea al respecto tenía pero no quería asegurar lo anterior así como si nada. Tampoco quiso indagar sobre ello, sólo se mantendría alerta ante cualquier cambio repentino en el joven y hacer algo si lo veía necesario.

— Tranquilo, dudo muchísimo que el encuentro anterior se vuelva a repetir. ‘Tropezar’ con la misma piedra dos veces no sería algo agradable para ambos ¿No lo crees?— Apenas terminó de articular aquellas palabras, se colocó el abrigo de una vez por todas al no ser capaz de soportar por más tiempo el frío asqueroso de la noche; acomodó con cuidado su camisa, sintiéndose ligeramente incómodo tan sólo llevarla encima aún no conseguía acostumbrarse a vestimenta de esa índole pero que solía llevarla encima de vez en cuando sólo por el simple hecho de que dejaba ver una apariencia diferente a la usual, una apariencia que le gustaba.
Desde un punto de vista distinto, los términos empleados por el alfraude pudieron aparentar ser indebidos visto y considerando la situación en la cual el más bajo y el moreno llegaron a inmiscuirse; pero, para Claus, sólo fue un encuentro ‘casual’ que él mismo busco entrar y repetirlo no estaba dentro de sus planes. Esa suavidad que utilizó con el menor sólo fue con el único fin de fastidiarlo de alguna forma… a veces, el hombre de “ojos bonitos” –según Eriol- podría ser alguien que actuaba por mero gusto y conveniencia, ignorando por completo como el ajeno podría sentirse ante una situación compartida con este. Actuaba de manera egoísta casi la mayor parte del tiempo. Aunque estaba seguro del hecho de que el joven pensaba de la misma manera que él, o por lo menos eso es lo él pensaba al respecto.

— Concuerdo contigo, este sitio no es el más indicado como para compartir una conversación amena.— Arrugó ligeramente su nariz al contemplar mejor el ambiente del lugar, sintiéndose ligeramente incómodo por la suciedad que el mismo presentaba ¿Qué podría esperar de un callejón? Nada bueno, seguramente. Bajó su cabeza apenas unos centímetros antes de dirigirle la mirada y comenzar a seguir al castaño, tardando unos pocos segundos antes de situarse a un lado de él y tomar la marcha que este llevaba — Si no me equivoco, por aquí cerca hay un local que está abierto las veinticuatro horas del día y sé que venden un delicioso café. Deseo tomar aunque sea una taza ¿Y tú? ¿Te gusta la cafeína o preferirías beber zumo de naranja?— Bromeó irremediablemente con el ajeno, no siendo capaz de controlar aquel impulso tonto de fastidiarlo a su manera. Era Eriol de quien se trataba y molestarlo con cosas tan triviales era algo que poco a poco se volvía en un hobbie que ingresaría a su rutina si tan sólo tuviese la oportunidad de verlo todos los días.

Observó con cierta curiosidad el calzado que el contrario llevaba puesto, resultando un detalle bastante extraño considerando el hecho de que era la primera vez que veía a un hombre portando algo tan peculiar cubriendo sus pies; una sonrisa con un toque de diversión surcó de sus labios antes de dirigir su mirada hacia el camino — Generalmente suelo ver a travestis e inclusive transexuales portar calzado con tacones pero es la primera vez que veo a un hombre llevarlos y caminar como si fuese lo más normal del mundo ¿Acaso los usas para añadir centímetros a tu estatura o sólo por mera elegancia?— A pesar de que con su pregunta aparentó burlarse de su tamaño, era totalmente todo lo opuesto; realmente le resultaba una característica muy interesante y eso llamaba totalmente su curiosidad la cual de alguna manera buscaba ser satisfecha.


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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Dom Ene 01, 2017 1:35 pm

Había algo extraño cada vez que se cruzaba con Claus. Era una extraña mezcla de sentimientos, por un lado quería sentir de nuevo aquel dulce dolor que había experimentado, la suavidad torturante que le hacía rabiar, por otro lado, siempre se irritaba de alguna manera con él y, por el otro, lado había algo en él que le hacía reírse. ¿A qué se debía todo eso? Ese sujeto sacaba lo peor de sí pero le hacía sentir bastante bien por ello. Una persona demasiado rara según su propia visión, y si bien no se separaban demasiado de la edad que tenían, también era un hecho que gustaba de molestarlo. Como él mismo lo hacía incontables veces.

No me hagas reír, anciano del mal…—pero no lo hacía en modo despectivo, sus brazos se habían cruzado y estaba riendo, como si lo hubiera tomado de modo de broma que solo los que eran amigos de antaño podrían hacerse. Pero ellos dos no eran amigos, apenas y podían decir que eran conocidos. Por supuesto, se habían cruzado muy pocas veces y esas habían sido completa electricidad. La fricción había sido demasiada y eso no podría negarse. Aun así, pese a esos roces o diferencias en sus modos de pensar, Eriol se sentía cómodo a su lado. Quería encontrarle una explicación lógica a ello pero no la hallaba. Tal vez porque era demasiado joven aun e impulsivo, o porque, en el fondo, no quería tener una respuesta equivocada. No sería capaz de soportar una desilusión a esas alturas, las cosas eran mejor así como estaban.

Hey, hieres mi corazón, que tengo uno y es bastante sensible—dramatizó por unos segundos y luego dejó salir una ligera risita—. Sí, yo también dudaba que lo tuviera, pero ahí está, bombeando como el de cualquiera—Aunque lo dijera medio en broma, medio en serio, tampoco es como si fuese una tragedia. Lo deseaba, ciertamente, peor no se moriría, estuvieron juntos una vez y él lo recordaría, eso era suficiente. Era mejor pararlo en ese momento antes de volverse adicto y sufrir en medio de una obsesión. No, ya estaba bastante hasta el tope de ese tipo de relaciones. Aunque no le pareciera a él le dolía cada vez que estas terminaban de alguna manera. Y si con Claus aun pudieran verse, con eso estaba bien. Era lo malo de ser lo que era, se aferraba demasiado a las cosas, en extremos demasiado alejados uno del otro. Pero tampoco iba a molestar al mayor con su salud mental y anímica, era obvio que no le interesaría ¿o sí? Ya estaba pensando de más.

¡¿Café?! ¡Por supuesto! ¡Me encanta!—se comportó como un niño pequeño a punto de ir al parque de diversiones de un momento a otro. Cuando se dio cuenta de esto se detuvo en seco y tosió para ocultar su vergüenza. Miró hacia un lado y torció un mechón de su cabello, tratando de volver a su actitud de siempre. Maldito Claus que siempre provocaba cambios en su humor de alguna manera. ¿Quién se creía que era? Chasqueó la lengua se había puesto de mal humor de repente. Caminó por delante de él para tratar de olvidar lo que había hecho hace un momento. Se angustió un poco, había mostrado una parte de su verdadero ser pero, dada las circunstancias en las cuales se desarrolló su relación con el alfraude, más que enternecerse por esto seguramente se burlaría. Aunque eso estaba en el juicio de Eriol, no tenía una base solidad, solo estaba en su imaginación. Bien podría equivocarse y, en esos momentos, deseaba que eso ocurriera.

Sin embargo, ante la interrogante del mayor, volvió a detenerse en seco. Estaba peguntando por algo bastante importante, pues eso no era algo meramente estético, tenía que ver con muchas cosas en su vida y en su forma de ser habitual y su yo del pasado. Apretó los labios, le hubiera gustado tomarlo como una broma a su baja estatura peor ni siquiera puedo pensar esto u ofenderse, al contrario, se puso delante de él, sonriendo de una manera sincera. Una maravillosa sonrisa que muy pocos tenían el privilegio de ver.

Es elegancia, es por la estatura, es por la historia del mundo. ¿Sabes? Hace mucho tiempo los miembros de la realeza usaban tacones, más bien, ellos usaban suecos si no estoy mal. Esto no es algo que muchos conozcan pero... mis padres son nobles. No reniego de la cuna en la que he nacido, me ha maravillado la historia de mi familia y de la realeza y nobleza en general. Incluso si estoy alejado de ellos ahora mismo, esto es algo que siempre me ha encantado. Desde que era un poco más joven, cuando cruzaba la adolescencia, comencé a usarlos luego de qué…—en ese momento detuvo su charla, su mirada se ensombreció y apretó sus labios. Su rostro se había vuelto triste, melancólico más bien. Se giró de nuevo y movió su mano de un lado a otro, queriendo restarles importancia a ellos—. De hecho, tengo muchas prendas de la época de maría Antonieta, me gustan los trajes de época. Son una pieza de arte. Seguramente… si no fuera lo que soy, podría haber sido un diseñador o algo por el estilo. Modelo no creo, no me da la estatura—queriendo deshacerse de esos malos pensamientos o, más bien, de aquellos malos recuerdos, se burló de ello, tratando de recuperarse de aquel amargo trago. La pérdida de su inocencia, la cruda realidad, y unos años después la pérdida del amor de su vida. Ponerse aquello significó un cambio muy importante que estaba transitando. Claus había tocado una herida que aún no había cicatrizado del todo, la razón por la cual él quería desechar el amor.

Entonces, ¿a cual cafetería iremos? ¿Qué tipos de café te apetecen? Ya sabes, los hay fríos, también está el capucchino, personalmente me gustan varios, aunque también hay varios que no he probado. ¿Eres más tradicional anciano? ¿o te gustan probar cosas nuevas?—sonrió de lado mientras recuperaba un poco su actitud de siempre, Divertida, ligeramente seductora, pero más bien él era como un niño jugando a ser un adulto. Mientras caminaba al lado de Claus, el tiempo se detenía dolorosamente, y muchas veces su mente le traicionó devolviéndole a esos tiempos, queriendo derramar lágrimas pero tragándolas como eran su costumbre. A él le encantaba hacer esas osas pero en soledad así podría dormirse tranquilamente luego y no preocuparía nadie. Odiaba cuando se ponía en ese plan, prefería más divertirse, esperaba que, por lo menos, todo fuese cambiando con el correr de la noche.
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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Claus A. Voulgaris el Mar Feb 28, 2017 2:08 pm


Otra risa de su parte apareció ante la reacción que el menor dejó ver ante su idea aunque su risotada aumentó al ver como intentaba retractarse ante la misma; un detalle que a pesar de que no le guste admitir verbalmente le pareció algo adorable en el incubo a pesar de que este no intentaba en lo más mínimo aparentarla como tal, más bien la evitaba si es que el alfraude se tomaba el tiempo de meditar al respecto pero no quiso ahondar demasiado en el tema aunque gustoso le arrojaría otro comentario de su parte buscando incomodarlo nuevamente.
El menor tras ello se adelantó demasiado, dándole la espalda por completo, en cambio Claus, mantenía aquella sonrisa carnavalada adornando por completo su semblante, dejando en segundo plano aquel dolor de cabeza que tanto le agobiaba todo por haberse atrevido a tomar algunas copas de alcohol; de algo que el azabache se regocijaba era de esa resistencia casi indestructible que tenía con esa clase de bebida, aunque puede que en ocasiones – y si su suerte decide dejarlo de lado- puede llegar a estar completamente ebrio, empero, hasta el momento sólo una vez estuvo en ese estado y digamos que comentarlo con sus más cercanos actuales no era una anécdota digna de ser narrada por su parte.

Empero, al ver como el incubo se detuvo en seco ante la interrogante que le había impuesto con respecto a su apariencia provocó que esa sonrisa se esfumase de su semblante y enarcar una de sus cejas ante aquel repentino movimiento por parte de este, comenzando a pensar el hecho de que aquello realmente le haya ofendido y eso que su persona no busco hacerlo; sin embargo tampoco iba a disculparse por ello, a pesar de todo tenía su orgullo frente a más bajo. Al momento de divisar aquella sonrisa dibujarse en el semblante ajeno, su sorpresa fue demasiado a tal punto de que se reflejase por completo en su rostro al verlo. No dijo nada, sólo le otorgó el tiempo suficiente como para que este dijera lo que tenía que decir, después de todo, su curiosidad referida al incubo era demasiada en ese momento —Entiendo...—, hizo una breve pausa al percatarse de otro cambio repentino en el menor del cual cierta preocupación en su interior surgió; algo realmente nuevo en el alfraude, — No es por nada pero, evidentemente no he sido parte de la nobleza en algún momento y tampoco estoy interesado en ello. Me gusta mi vida tal cual es y por ende temo decirte que desconozco todo lo referido a la indumentaria de ese sector social en particular además de que mi interés no esté evocado en ello… Sin embargo, no te queda nada mal que lleves esa clase de vestimenta, digamos que logras con tu objetivo de captar la atención de los demás.— una sonrisa ligeramente ladeada se dibujó en su semblante, siendo esta levemente seductora — Considéralo un… halago de mi parte.—


Sus ojos de un peculiar color observaron en silencio al castaño por varios segundos, siguiéndole el paso una vez que este retomó su andar siendo el mismo lento y silencioso. Las calles en esa noche estaban completamente vacías logrando con ello que la suela de los zapatos suyos y el tacón ajeno golpeasen contra el suelo y que esto produzca un sonido característico a pesar de que el primero se esforzaba en no hacer el más mínimo ruido. Por unos momentos, y siendo esto un acto inconsciente de su parte, rodeó con ambos brazos la cintura del incubo por detrás, aprisionándolo por completo con los mimos a su vez que inclinaba su cuerpo lo suficiente como para susurrar cerca de uno de los oídos de este — ¿Acaso no lo he dicho ya?—, inquirió haciendo una breve pausa antes de retomar la palabra, — Una vez estemos en ese sitio se verá lo que ofrecen y de ahí escoger lo que nos interese ¿Bien?— Observó de soslayo al joven por unos segundos antes de atreverse a dejar un fugaz beso sobre uno de los pómulos y apartarse de él automáticamente, como si con ello evitase alguna reacción ‘violenta’ en este.
— Prefiero siempre consumir el mismo café en distintos días, no me gusta andar probando cosas nuevas… no soy alguien muy aficionado sobre ello.— apretó suavemente sus labios a su vez que giraba por una esquina, yendo en el camino directo a la cafetería a la cual concurría cuando salía tarde del trabajo — ¿Conoces el café Amaretto? Bueno, si esta noche lo sirven pues sin duda lo escogería— comentó por lo bajo, cuidando el no levantar demasiado la voz; en verdad, el silencio del sitio le hacía sentir medianamente inseguro.


Sólo fue cuestión de segundos para que ambos llegasen a un pequeño local que yacía sobre la calle principal, no era muy conocido en la ciudad pero que en una noche merodeando por ahí se percató del mismo. No llamaba demasiado la atención pero que ese olor característico de café se podía percibir a unos pocos metros del sitio.
Ingresó al mismo antes que su compañero, sosteniendo por unos pocos segundos la puerta para que el mismo ingresara tras él y mover su cabeza indicándole el sector donde yacían mesas cerca de la ventana — Escoge una de ellas en lo que hago el pedido por ambos— levantó ligeramente su diestra, señalando con su índice la gran cartelera que había en la entrada del mismo con los distintos tipos de café que ofrecían — ¿Y bien… cuál escogerás, pequeño Eriol? A no ser a que te inclines por el mismo sabor que yo— Esbozó una nueva sonrisa al ver en el listado que su preferido estaba ahí, aunque se sorprendió demasiado al percatarse que ofrecían la mayoría de las distintas tazas de café que existían; siempre modificaban de acuerdo a la temporada.


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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Vie Mar 03, 2017 7:23 pm

La sensación que dominaría sus sentidos al completo sería la incertidumbre. No sabía cómo podría reaccionar, o cómo podría sentirse, mucho menos que cosas diría. Pero, pensándolo bien ¿algo como eso importaba con Claus? No podía jugar al juego de la seducción ya, pero tampoco es como si se esforzara por evitarlo. Estaba siendo más suelto de lo habitual, como si no tuviese miedo de mostrarse como era el mismo. A excepción de cuando tenía algún breve lapso como hacía momentos antes, donde se había dejado entrever parte de su infantil personalidad. Al fin y al cabo, él era un niño aun. Un niño inmaduro, demasiado. Se había mantenido muchos años intentando ser un “adulto” para tropezarse con la pared que Claus había colocado sin notarlo siquiera. Pero no es como si quisiera romper dicha pared, también podía escalarla o ir por debajo de ella ¿no? Bueno, ya se estaba poniendo demasiado metafórico y no era algo que deseara en realidad.

Mn, no te pierdes de mucho en lo que a nobleza se refiere. En estas épocas, para mantener algún beneficio, siempre debes dar algo a cambio. —como si se tratase de un mero proceso alquímico, él tuvo que pasar por ello también. Siendo un incubo tal vez a muchos no les importaría, y él debería de tomarlo de la misma forma pero fue un hecho que marcó demasiado su vida. Aunque esto último trató que no se evidenciara demasiado en el tono de su voz, por lo que usó un tono neutro. Aunque eran sus ojos aquellos que nunca mentían, aquellos que dejarían entrever todo lo que Eriol sentía. Al fin y al cabo, él solía ser bastante deshonesto con la mera intención de protegerse a sí mismo. Como si fuese un gato arisco en un nuevo hogar que ese mundo había representado durante todos esos años.

Mientras trataba de llevar sus pensamientos hacia otros horizontes, los brazos de Claus rodearon su cuerpo, provocando un ligero espasmo ante esta sensación. Los recuerdos podrían viajar mucho más rápido de lo que se deseaba. Incluso si el incubo no lo deseara así, sus mejillas adquirieron un ligero color carmesí que intentó, inútilmente, de cubrir con sus cabellos. Incluso si no le estaba diciendo nada extraño, tal vez era el susurro que el alfraude proporcionaba. Esa mezcla entre los recuerdos y el anhelo vacío por algo que nunca iba a ocurrir. Pero lo que culminó por alterar sus demás sentidos fue el beso en su mejilla. En otros casos podría haberlo tomado como una burla o como un trato hostil realmente directo. Con Claus la situación fue algo diferente. Era como si hubiese podido reaccionar al principio, como si todo eso hubiera sido tan irreal que aún tenía que procesarlo para darse cuenta que había sucedido. Giró solo un poco su cuerpo para mirar al mayor, cubriendo su mejilla que había sido besada. Su cabeza se inclinó hasta mirar un punto en diagonal y el ligero sonrojo que había tenido antes se hizo un poco más fuerte, que se  podría notar incluso en medio de la oscuridad.

¿Y eso?—susurró, confuso. Dejó que el alfraude comentara acerca del café que iba a consumir y él, en lugar de estar delante de él como había estado hasta ese momento, decidió seguirle simplemente. Colocándose detrás, mientras volvía a retomar el paso y no sabía bien cómo reaccionar por lo ocurrido. Lo normal hubiera sido o seducir o empujarlo por intentar burlarse de él. Era lo más lógico dentro de su personalidad y sus propios pensamientos que insistieron en pensar en ello. Pero Eriol no hizo tal cosa y su propia mente quedó un poco confundida ante este hecho. Los pasos continuaban resonando entre las calles, mientras el silencio se volvía tan incómodo que hubiese querido huir con cualquier excusa. Sin embargo, agradecía a su propio orgullo que le impidió el hacer tal estupidez. Ellos iban a disfrutar de un café ¿por qué arruinarlo por un hecho aislado como ese? Tonterías, él no era tan débil como para ello.

No he probado el amaretto que mencionaste, ojitos bonitos. Así que pide dos del mismo. Sí que hay bastante variedad cuando el frio domina las calles ¿no?—volvió a su actitud normal, manteniéndose aun curioso por todo lo que servían en la cafetería. Una porción de cheese cake con frutos del bosque le hicieron abrir los ojos y asomarse un poco más a la estantería. Señaló la porción del mismo, pidiendo uno para sí para acompañar dicho café. Aunque el chocolate fuera una debilidad en su persona, también lo eran los pasteles en general.  Había llegado a probar varios, pero tal vez fuera por la salsa que se veía tan vivido entre tonos rojos y violetas lo que tanto llamó su atención.

Hay una mesa al fondo, con vista a la calle y otro sitio un poco más apartado con sillones ¿Cuál prefieres?—preguntó mientras esperaba a que los cafés fueran entregados. No sabía si el mayor pediría algo para acompañar. Al fin y al cabo, había visto algún que otro muffin que se veía delicioso. Ahora sabía que al alfraude le gustaba el café amaretto, el color blanco y el tratar suavemente a las personas. No solía dar muchos halagos y no le interesaba la nobleza. También era un romántico a su manera y este sujeto creía en el amor que Eriol odiaba. Aquel amor puro, aquel que te hace elegir a una persona y mantenerte con ella pase lo que pase, sin mentiras, sin nada que ocultar. Su cabeza bajó, pensativo. Pero el incubo… ¿realmente odiaba ese tipo de amor? Parecía más un ideal que otra cosa. Uno siempre miente, y no hablaba de sí mismo, sino de las personas en general, Claus seguía una utopía pero por lo menos, era más sano y más claro que su realidad de todos los días. Mientras miraba de soslayo al alfraude, por un segundo, deseó saber más de él, absolutamente más.

Dulce salsa roja~—comentó con un ligero toque cantarín mientras recibía el café y la porción de pastel. Caminando alegre, aunque siendo un poco más cuidadoso en sus pasos para no era tan ruidoso. En la calle era una cuestión diferente, pero en la cafetería las formas debían mantenerse. No quería arruinar el espacio íntimo y bohemio que se ofrecía en dicho sitio. —Dicen que lo que consumes revela parte de tu forma de ser oculta. Aunque puedan ser supersticiones, creo que debe haber un poco de verdad en ello ¿tú qué opinas?—preguntó mientras tomaba el café entre sus manos y los llevaba a sus labios para probarlo.

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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Claus A. Voulgaris el Miér Mayo 31, 2017 4:52 pm


Claus era de esas personas que, con todo el descaro del mundo, era capaz de hacer cualquier cosa con tal de ver la reacción deseada en su acompañante no importándole en lo más mínimo en si se veía como un completo tonto o un pesado intolerante, después de todo, aún mantenía esa llama viva dentro de su pecho, esa llama que había hecho hasta lo imposible de ocultar quien sólo dejaba ver esa actitud tan particular que tuvo durante su adolescencia y joven adultez induciéndole a meterse en varios problemas al punto de obligarlo a abandonar todo lo que le pertenecía y comenzar de cero en otra ciudad, en otro país.
Y ese episodio no distaba del resto.

Se podía ver en la sonrisa triunfante que adornaba el semblante del alfraude tras ver perfectamente la reacción tan graciosa e inclusive adorable que el menor dejó ver tras haberse tomado el atrevimiento de rozar con sus labios una de las mejillas del adverso, entregándole una pequeña pero suficiente muestra de cariño que comenzaba a sentir hacia ese castaño con el cual no tuvo uno de los mejores comienzos y con el único hasta el momento con el cual fue capaz de mantener contacto después de todo lo acontecido; después de todo, no era normal en el alfraude el mantener la comunicación con quien ha empezado con el pie izquierdo.
Gustaba de jugar con Eriol y ponerlo en prueba con accionas tan sencillas como un abrazo hasta llegar al límite de hacer cosas que al más bajo le disgustan, desde que cruzó mirada con este niño el mismo se había vuelto su centro de absoluta atención en lo que a molestar se refiere. — ¿Cómo que “¿Y eso?”? Por supuesto que un se trata de un beso.— Respondió a la interrogante que el castaño le había dirigido, aunque sabía perfectamente que la misma no requería de respuesta alguna, — ¿Acaso el pequeño Eriol antes no tuvo la oportunidad de recibir uno de esa índole, eh?— Aquel timbre jocoso en su voz se mantenía a viva llama, como si fuese una esencia de su persona pero que la misma únicamente salía a flote cuando del incubo se trataba.


— ¿No lo has probado antes?— Cuestionó por lo bajo, sorprendiéndose ligeramente al respecto, — No es nada de otro mundo ¿Sabes? Es un café con la única particularidad que lleva amaretto en su preparación.— Comentaba un poco de lo que consistía el pedido que iba a realizar, mientras solicitaba para ambas partes tras la autorización que el más bajo le había otorgado, observando completamente pasmado la reacción que su acompañante dejó ver al captar un postre en especial que el lugar ofrecía para acompañar las bebidas. No dijo nada sobre ello, y mucho menos iba a hacerlo visto y considerando que aquello era algo bastante común de ver pero era la primera vez que lo divisaba en el semblante del incubo; fue cuestión de segundos para que una sonrisa adornase su rostro en lo que recibía su correspondiente copa con el amaretto que había solicitado antes de mover su cabeza ligeramente, indicando con la misma el sitio en el cual deseaba disfrutar del mismo el cual se encontraba cerca de uno de los grandes ventanales que daba a la calle — Disfrutar del café mientras veo a la calle por más que no ocurra nada interesante es lo que más deseo en este momento.— Musitó antes de encaminarse hacia el sitio señalado por su parte, no pidiendo nada más para acompañar la bebida; después de todo, ya había cenado y comer algo más ya iba a ser demasiado para el alfraude.

Sus pasos fueron al mismo ritmo que el menor, a pesar de que eran prácticamente los únicos ahí en ese momento debido a las altas horas de la noche aún conservaba esa conducta reservada en lo que encontrarse en lugares “públicos” refería y eso procuraba mantener por más que estuviese en compañía de esa criatura en especial. Tomó asiento en una de las sillas, dejando reposar su café por unos segundos sobre la tabla de la mesa antes de recoger la taza y comenzar a beber de su contenido con suma calma, previniendo el quemarse con el mismo — Realmente ha pasado un tiempo que no bebía esto.— Sus ojos se cerraron por unos breves momentos en lo que disfrutaba del sabor único que el café en mezcla con ese licor de su preferencia le entregaba; era la única bebida con cafeína y alcohol que le gustaba por demás y que no tenía problemas de degustar más de una vez seguida.
Una de sus cejas se enarcó ante las palabras que su compañía expresó, encontrándose medianamente confuso ante los términos que este empleó y negar lentamente con su cabeza segundos después — Son sólo meras supersticiones.— Respondió algo cortante, empero, no se encontraba molesto — Soy bastante escéptico en lo que a esos temas se refiere y a muchos otros más. Lo que uno consume es tan sólo una necesidad que nuestro cuerpo presenta cuando carecemos de algo importante. — Observó por unos momentos la copa que contenía su pedido, como si viese en la misma algo que captara su absoluto interés aunque realmente era lo opuesto — Aunque… tal vez el sabor que el mismo te ofrezca sea suficiente motivo para consumirlo sin más.—, musitó tras meditarlo un poco, tomándose prácticamente en serio las palabras del menor — … Tal vez lo que has visto en ese postre fue el color rojo que el mismo presenta, visto y considerando como te vistes me tomaré la libertad de considerar que ese es tu color preferido ¿O me equivoco?— Una sonrisa sutil pero ligeramente ladeada no tardó en esbozarse en su semblante, como si estuviese seguro de sus palabras.

— Eriol.— Hizo mención de su nombre por lo bajo, buscando captar la atención de este, — Cuando te vi por primera vez y contemplar esa conducta que demostrabas de buenas a primeras he considerado el hecho de que eras una persona difícil de comprender.— Dejó ya la copa sobre la mesa, encontrándose la misma prácticamente vacía tras haber consumido todo el contenido de la misma, — Pero ahora considero que todo aquello fue algo erróneo de mi parte… realmente eres fácil de leer.— Se atrevió a decir aquellos términos en lo que jugaba ligeramente con aquella pieza de vidrio que se le fue concedido en su pedido, sus ocelos de un color particular no tardaron en posarse sobre el rostro del castaño, manteniendo en ese momento su expresión prácticamente neutra para que este no considerase sus palaras como un juego o una provocación.
— Apuesto todo lo que tengo a que, tanto tú como yo, cometimos tantos errores en nuestro pasado que nos obligó a forjar nuestras personalidades de hoy en día.—


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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Vie Jun 09, 2017 6:09 pm

La sensación de irritabilidad que dominaba su ser en esos momentos pero que se vio prácticamente bloqueada por el calor inundando su rostro y el leve aumento de su pulso. ¿Qué tenía este sujeto que podía alterarlo con tal facilidad? Con algunos podría llegar a coquetear, con otros podía simplemente ignorarlos, pero con este sujeto era prácticamente imposible hacer cualquiera de estas. No mencionó nada al respecto, no iba a permitir que supiera sobre eso, sobre el anhelo de su propio corazón. Los brazos alrededor de su cuerpo, una sensación cálida y una acción dulce como esa, que llenaba su cuerpo de un sentimiento positivo que no se merecía. No recordaba si hubieran hecho algo como eso, de hecho, en una ocasión una persona llegó a besarle el cuello y decirle palabras bonitas luego de hacerlo, se había enfadado tanto que las sábanas quedaron en un delicado color carmín. Pero este sujeto estaba jugando bastante con su propia paciencia. Tal vez, y solo tal vez, por haberle tomado cariño es que no se comportaba agresivo. Eriol quería creer que se trataba de eso.

Luego, estando en el café y poder probar de este nuevo líquido le sorprendió gratamente. La sensación del amaretto en el mismo, el aroma que desprendía y el gusto que pasaba a través de su garganta, como si estuviera disfrutando de un tiramisú, eso provocó que una sonrisa apareciera en sus facciones, siempre disfrutaba de ese tipo de cosas incluso si era de una manera inconsciente. No conocer sobre este le hizo sentir un poco mal, por lo que trató de tomarlo con calma para disfrutar de este el mayor tiempo posible. Al parecer era un café que no se servía en muchos lugares o que no estaba en todas las temporadas por lo que quien sabía en que otro momento podría ser capaz de volver a degustarlo. Mientras él decidía este tipo de cosas triviales, escuchó las palabras ajenas con atención, manteniéndose unos momentos en silencio, observando el color en sus uñas y parte de su vestimenta con una expresión alicaída. Unos segundos después, una risita sincera abandonó sus labios y volvió a mirar al alfraude con suma atención e interés.

Claus, estas hecho todo un profesor universitario de psicología social—más bien fue una especie de halago, Eriol admiraba ese tipo de personas, le había agradado el tipo de respuesta que le había dado. Fue sincera y desde le punto de vista que este tenía, sin intentar apegarse a lo que él pudiera pensar, y eso era algo que apreciaba más de lo que podía decir con simples palabras—. Sí, el rojo es mi color favorito, digamos que aprecio el color con el que he nacido—más que nada se refería a la tonalidad de sus ojos que era diferente en toda la familia, ni siquiera su madre contaba con estos y eso era algo que siempre iba a resultarle curioso, nunca preguntó al respecto y tampoco se puso a analizarlo, le gustaba ser diferente de esa mujer pero aun así mantener la belleza que sus padres le otorgaron, incluso si esta misma no le fuera de gran utilidad en el mundo real o en sus propios intereses actuales.

Pero ¿sabes? Hay otro color que me encanta y ese es el cyan, lo cual es bastante curioso si piensas que son colores completamente opuestos. Por otro lado, incluso si tengo esa preferencia, eso no significa que no me guste ver otro tipo de colores. La combinación extraña de tus ojos es un claro ejemplo de ello. Tus ojos realmente son preciosos, son de mi entero gusto—era bastante sincero con ello, ya estando con un poco de confianza estaba bien decir ese tipo de cosas y, aun cuando no debería, pensó que no estaba mal el adularlo un poco, el alfraude, incluso cuando podía llegar a irritarle, también le otorgaba una extraña diversión que comenzaba a gustarle. Eso era un poco peligroso si se ponía a pensar a detalle pero no quiso hacerlo, no quería arruinarlo.

Hm…—debía admitir que lo que había dicho le había sorprendido por demás. Era una de las pocas personas que notaba algo como esto y, pasada esa situación, se sintió un poco incómodo. La mayoría se quedaba con aquello, que era complicado de entender, que podría salir con cualquier cosa en cualquier momento, algo impredecible, pero este sujeto estaba descubriendo que era algo muy diferente a lo que la mayoría pensaba cuando le conocía. Tomó lo poco que había quedado del café, despidiéndose de ese sabor tan particular y que le calmó así sea un poco para poder contestar.—Así que el alfraude descubrió lo que hay detrás del incubo. No te equivocas, lamentablemente somos como cuencos, Claus, nuestras vivencias, sentimientos, todo lo que experimentamos a lo largo de nuestras vidas van transformándonos, convirtiéndonos en personas que no hubiéramos imaginado que seriamos. —sus dedos jugaron suavemente con la superficie de la taza, como si aquello fuese lo más interesante del mundo, lo hacía para mantener su concentración y no salir huyendo de ese sitio como siempre hacía, o par ano herir a esta persona que estaba comenzando a querer.

No sé qué es lo que te llevó a ser lo que eres hoye n día, tampoco conozco a tu yo anterior pero… en mi caso, podrías apostar que era alguien completamente diferente. Fuerte, segura, feliz inocente… demasiado inocente. Jeh, seguramente no lo creerías, soy un incubo aun así, por lo que esa palabra no pega mucho con mi raza. Entonces podría decir que era… ingenuo y luego me volví en una especie de cobarde—le costaba decir esa última palabra, peor en esas circunstancias no podía mentir. Sus ojos se cerraron levemente, manteniendo su mirada baja y sus pestañas interrumpiendo su visión para no observar la expresión que el mayor estaría haciendo ahora. Incluso si no lo decía, su opinión, lo que pensaba, lo que llegara a decir, podría llegar a herirle peor que una espada de doble filo. En esos momentos, la pared que le costaba mantener volvía a tener una nueva grieta y eso no le gustaba para nada ¿Cómo pararlo? Lo estaba pensando seriamente en esos momentos, pero no tenía demasiadas opciones, tendría que manejarse todo con pinzas. Su grado de sensibilidad, incluso si no lo demostraba, era bastante alto, podría llegar a hacer cualquier tontería.

Cuando pierdes todo lo que consideras importante, todo aquello que amas… pueden ocurrir dos cosas; te vuelves insensible o te vuelves temeroso. Estoy en un punto medio, más tirando para el segundo caso. Inseguro, ocultando todo con palabras irónicas o riendo de manera falsa. Soy una persona que le gusta recibir lo que se merece y cosas bonitas... no, eso no me lo merezco, no soy una buena persona. Mi cabeza lo entiende perfectamente, y por ello siempre reacciono con violencia ante algún contacto de esa índole, pero en el fondo… quiero recibirla. Soy un masoquista emocional, pero no es algo que me agrade o que disfrute, Claus, para nada. —apretó sus propios labios, su tono de voz había sonado suave, como si estuviera contando una historia, más viene estaba contando una parte de sí mismo. Ser una persona limítrofe complicaba en sí las cosas, pero no quería ir hasta ese punto, no quería mencionar algo como eso, o de la ligera sensación de ser observado todo el tiempo, eran hechos que podía manejar dentro de todo. Pero eso era muy diferente a haber contado aquello y Eriol lo sabía muy bien.

No sé porque me puse tan hablador de pronto, mis disculpas por ello~—colocó un mechón de cabello detrás de su oreja, dejando salir una ligera risita ocultando su propia tristeza o la melancolía que había experimentado en esos momentos—. Aunque ahora... estoy algo más curioso por saber un poco más de ti, eres incluso mucho más reservado que yo, llama bastante la atención—ya había contado un poco de él, tal vez si el mayor deseaba contarle algo de sí mismo podría ser capaz de sentirse un poco mejor consigo mismo. Prácticamente, había desnudado parte de su alma, de aquello que mantenía lo más protegido posible para no ser herido. Había sido bastante imprudente con ello, peor todo dependería de lo que sucediera a continuación si aquello había sido una buena idea o no. Por otro lado también se debatía si pedir una nueva taza de café o algo más, aun cuando quería huir, tampoco quería despedirse de la compañía del alfraude tan pronto. Era una decisión complicada, esperaría un poco más para decidir qué haría.
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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Claus A. Voulgaris el Jue Ago 31, 2017 7:06 pm


El alfraude en ese preciso momento no sabía si tomar con seriedad las palabras del incubo o no, sorprendiéndose en cierta parte por los términos que este arrojaba con absoluta libertad hacia su persona, halagándole no una, sino dos veces ya en un corto lapso de tiempo. De por sí Claus estaba un poco acostumbrado a recibir adulaciones tanto por su mirada peculiar y el color que la misma presentaba como por su manera tranquila de actuar y decir las cosas; no obstante, recibir palabras de esa índole con el muchacho con el cual empezó con el pie izquierdo y que, con el pasar de los días, su relación de esa forma lo único que hacía era intensificarse le había tomado completamente desprevenido. Gustaba de fastidiarlo la mayor parte del tiempo posible, no por mera maldad, sino por las reacciones que este dejaba ver en respuesta ante tales provocaciones y que, por culpa de ello y por otros motivos más, era la piedra suficiente como para no crear un lazo ameno con el incubo. El azabache ya se había hecho la idea de acostumbrarse a la conducta un tanto tosca del menor e inclusive juguetona que a veces dejaba ver.
No obstante, a pesar de todo ello, una sonrisa con un deje de arrogancia no tardó en dibujarse en su semblante ante tal habla que el principal tópico en ese entonces era su persona, después de todo, era un adulto que poseía una soberbia completamente camuflada en ese semblante pacífico que siempre procuraba mantener firme bajo la mirada de cualquier tercero. Debía pasar desapercibido en una ciudad en la cual, cualquier ser inocente o carente de información sobre los movimientos de la misma, era capaz de sufrir un atroz final y ser protagonista de un mal cuento más dentro de esa metrópoli bajo el mando de un monarca.


Aunque a veces llegaba a ser excesivamente hilarante con el pobre muchacho de cabellos castaños, siempre procuró ser alguien completamente sincero en sus palabras, camuflando las mismas con alguna broma o un dicho de mal gusto sólo para molestar al joven. Si él te decía que tus vestimentas te hacían ver como un payaso, pues ya podrías ir colocándote otra prenda si es que realmente no deseabas fumar una tarde entera de comentarios burlescos por parte del alfraude. Ante cada dicho, siempre había un grado de verdad en estos. Y cuando comentó con respecto al pasado que posiblemente marcó y definió sus personalidades y conductas actuales, no mentía. Tanto el incubo como él pasaron por hechos que forjaron esas actitudes que de por sí distaban y demasiado, llegando a ser dos polos completamente distintos y que por azares de la vida llegaron a conectar caminos aunque no de la manera más pacífica posible.
Sus peculiares ocelos se movían en son de la falange impropia que, en un juego ‘interesante’, trazaba formas circulares sobre el borde del recipiente que entregaban para servir el pedido que en esta ocasión fue una bebida amarga acompañada de un toque dulce para suavizar el sabor. Aquella conducta no pasó desapercibida para la atención del azabache.
De todas las personas con las cuales llegó a cruzar camino durante su corta estadía en el planeta Tierra, Eriol era de esas pocas personas en las cuales despertó dentro de su persona un interés por saber más de él. Su vida, sus relaciones, sus gustos y disgustos e inclusive detalles menores sobre su vida cotidiana. Todo, absolutamente todo quería saber a tal punto de no dejar ningún hecho pequeño fuera de su conocimiento.  El incubo mantenía un montón de secretos escondidos bajo esa máscara arrogante que mostraba a los demás sin reparo, no necesitaba indagar demasiado para percatarse de ello y mucho menos preguntar demasiado para que el impropio escupiese todas sus verdades. No obstante, ante aquel comentario de su parte que tocaba una llaga aguda del pasado tanto suyo como el impropio, fue suficiente para que el castaño comenzara a hablar sin siquiera insistir con ello.

Una sonrisa pequeña no tardó en esbozarse en su semblante en lo que escuchaba al adverso hablar, siendo tan sólo un diminuto gesto de diversión aunque realmente no consideraba un chiste los términos que el incubo empleaba. “Inocencia”, una palabra que, ante el juzgar de los seres terrenales, no concordaba en lo más mínimo con la raza que ostentaba el muchacho que le acompañaba durante esa noche; no obstante, para su persona no era un detalle bastante sorprendente de escucharlo. En algún momento, independientemente del origen y la raza del cual uno formaba parte, ese término venía impregnado en todo ser vivo apenas respira por primera vez.

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Ante la disculpa del joven de ojos color carmín, una risa de su parte no pasó por alto al punto de que se vio obligado a cubrir sus propios labios con el dorso de su mano con la intención de menguar aquel ligero ataque que sufrió, sorprendiéndose en cierta parte por los dichos del chico, — Oye, oye, oye ¿Eriol Darkwing? ¿Eres tú?— Interrogó con un deje jocoso, inclinando un poco su cuerpo con la intención de apoyar el mismo parcialmente sobre el borde de la pequeña mesa, buscando cruzar su mirada con la que no era suya. — ¿Desde cuando tienes ese lado modesto? Cada día me llevo una sorpresa de tu parte— Farfulló, cerrando por unos breves momentos sus ojos antes de tomarse la valentía de seguir hablando aunque fue cuestión de segundos para que una sonrisa melancólica adornase su calmado rostro, meditando bien lo que iba a responder.

Jamás se caracterizó de hablar sobre su persona con los demás, siempre prefirió callar cualquier anécdota o hecho relacionado a su pasado o simplemente de sus gustos y cuando la situación se aproximaba a ello, el mismo, descaradamente, cambiaba de tópico inmediatamente y siendo capaz de iniciar uno nuevo sin sentido. Hasta el momento, nadie sabía exactamente del pasado de Claus y, por más que se intentaba indagar sobre el mismo, el alfraude procuraba que ningún dato relacionado a aquello saliese a la luz, siquiera mediante un acto fallido de su persona al hablar.
No obstante, por primera vez en su vida, quiso hacer a voluntad una excepción con aquel incubo; lo más peculiar que, de todos sus conocidos, prefirió abrirse con aquella persona con la cual mantenía una relación tensa que, de alguna forma, logró despertar en él cierta confianza. Una confianza de la cual desconocía algún motivo lógico.

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— Hice cosas que normalmente una persona no debe hacer si es que realmente quiere tener una vida tranquila, sin personas que te odien por ello ¿Sabes?— Dio inicio al tema, farfullando aquellas palabras como le era posible aunque elevaba su timbre de voz para que su acompañante fuese capaz de escucharle aunque sea las partes más importantes, partes que sólo se limitaría a mencionar en ese día. — A tal punto que dañé por ello a una persona muy, pero muy, importante para mí… Si tuviese una palabra que describirme en ese momento sería: “Un reverendo hijo de puta”— Al decir esto último, elevó ambas manos y las movió como si estuviese extendiendo un cartel con el título calificativo hacia su persona; siempre tuvo la costumbre de hacer gestos mientras hablaba, era algo que ya venía integrado en su ser y que no se tomó el tiempo de eliminarlo, tampoco recibió quejas al respecto.

No obstante, tras ello, señaló su propio rostro con uno de sus índices en lo que esbozaba una sonrisa con un evidente deje de soberbia, altanería, de esas sonrisas de las cuales la mayoría de personas no se siente a gusto de verlas o sentir empatía hacia aquel ser que decide dibujar la mismas en su semblante — Yo era consciente que, en el país en que vivo, mi rostro es considerado un aspecto importante en la belleza de una persona y daba provecho a ello… A tal punto que estaba a un pequeño pelo para convertirme en un gigolo ¿Acaso eso no es raro?— Otra risa de su parte hizo acto de presencia, evidenciando esa conducta alegre y amena que tanto le caracterizaba en la actualidad, — Me movía en base a mis propios intereses y los sentimientos de los demás me importaban en lo más mínimo. Si veía algo en ti del cual podía sacar provecho, te usaba hasta que me cansaba y te desechaba en ese momento, como si fueses un objeto inservible a la basura… Pero no siento deseos de adentrarme demasiado en ello… —Estas últimas palabras lo dijo por lo bajo, desviando su mirada nuevamente hasta el vaso en el cual había bebido su café momentos antes y, con cuidado levantar el mismo apenas unos centímetros de la mesa y observarlo como si fuese una pieza nueva para él, — Creo que será mejor que pida otra ronda, me gustó demasiado este café...— Comentó en un suave timbre de voz, actuando como si no hubiese dicho aquellas palabras anteriormente, cortando totalmente con aquel tema sobre su persona.

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— No creas que pienso soltarte esta noche, princesa. Hace mucho que no te veía que casi me olvido de tu rostro, por lo menos déjame pasar más tiempo contigo así no cometo el error de olvidar tus facciones— Aunque aquellas palabras eran muy extrañas y más aun proviniendo de las cuerdas vocales del moreno, él fue muy sincero al respecto pero colocando ese toque burlón que empleaba con el menor. — ¿Y bien? ¿Quieres que vaya a pedir por ti?— Inquirió por segunda vez.


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Re: For the love that I hate [privado Claus]

Mensaje por Eriol Darkwing el Sáb Sep 30, 2017 12:41 pm

Sí había algo que Eriol había aprendido con el paso del tiempo es que las personas pueden tener más de una verdad escondida. Que lo que muestran hacia el público podría no ser la realidad. No sólo en su familia o él mismo, también con sus amistades o los clientes que hubiese llegado a tener. Y si bien él también había tenido que convertirse en un hipócrita con el paso del tiempo para poder sobrevivir, eso no significaba que le gustasen este tipo de cosas. Habían hechos que herían profundamente al incubo, el ser engañado y la soledad eran algunas de esas cosas. Su antiguo mejor amigo había hecho ambas y nunca se lo pudo perdonar, y si bien le hubiese gustado matarle con sus propias manos, este hecho nunca se concretó porque tenía otro tipo de prioridades. Prioridades que no pudieron cumplirse.

Algo que le ocurría, precisamente con Claus, era la manera tan particular en las que se llevaban. Tenía plena consciencia que ellos habían empezado con el pie izquierdo, también que sus personalidades siempre iban a chocar, y aun así, nunca se había interesado tanto por saber de alguien. Generalmente él vivía su vida como mejor le parecía, no se involucraba demasiado con los demás, y si se daba la oportunidad de volver a hablar con alguien sólo hablaban de trivialidades, no algo tan profundo como aquello. Tampoco es como si hubiera sido demasiado específico en su relato, aun cuando hubiese sido completamente honesto. Por un segundo se preguntó que hubiera pensado si le contaba su historia a detalle, por ahora solo era un repaso por encima. También no decía mucho más por lo doloroso que podría producirle el recordar su pasado de buenas a primeras. Tal vez no hubiera querido ahondar mucho, pero su ánimo incluso había llegado a cambiar debido a esto. Tal vez debió de medirse más. No, si lo hacía no hubiera podido expresarse, y él no era de ese tipo de personas, pese a ser bastante reservadas. Es ahí donde él dejaba entrever que la frivolidad que mostraba no era más que una fachada, un escudo frágil para defenderse del mundo a su alrededor. Y aun cuando tuviera consciencia que no era un ser puro ni mucho menos inocente, tampoco podía evitar el querer desear que todo fuera diferente. Envidiaba a los que podrían lograr cambiar su destino o su vida para mejor, él no se sentía capaz de lograr tal hazaña. No se creía capaz de alcanzar la verdadera felicidad.

Hahaha ¿tan sorpresivo es? Pero sí, siempre he tenido esta modestia, solo que tú no la has podido observar~—no recordaba ya si se hubiese terminado el café o lo hubiese dejado enfriarse. Pero si recordaba el sabor tan diferente que hubiese degustado y que le hubiera agrado. Algo parecido a lo experimentado con el alfraude cuando terminaron juntos en aquella habitación de hotel. Si se repetía o no, eso no era en sí un problema, no le importaba tanto, pero le había dejado una extraña sensación en los labios. Una dulce y extraña adicción. Pero debía de tener cuidado, podría llegar a destruirle por completo.

Tener un privilegio como este… harás que me sonroje—jugó un poco con un mechón de su propio cabello, mientras una sonrisa ligeramente ladeada. Aunque lo fijo de aquella manera casi rayando lo irónico, realmente apreciaba la confianza que este le estaba entregando. Él valoraba este tipo de cosas. Por ese mismo motivo fue que le escuchó con atención a su charla. No podía decir que no le sorprendía lo que oía, porque pese a que podría haber considerado molesto durante un tiempo el cómo parecían tener una electricidad explosiva cada vez que cruzaban palabra, la imagen que se generaba en su mente con lo que le comentaba no coincidía con lo que observaba actualmente.

¿Una persona importante?—su expresión había cambiado, era una mirada que se encontraba confundida, como si no hubiese escuchado bien. Aun así, también había algo de comprensión en la misma. Él… había hecho lo mismo, él también había lastimado lo más preciado y eso era lo que siempre iba a culparse, algo que le perseguiría por la eternidad sin importar que ocurriese. Era algo que nunca podría perdonarse. Pero escuchar que Claus había hecho algo parecido fue… mínimamente, sorprendente.

Pero, cuanto más escuchó, sintió un vacío en el estómago. ¿Realmente había hecho algo como eso? Parecían más similares de lo que hubiera creído o, más bien Claus era una mezcla de aquellas personas que más le hubiesen hecho daño en su vida. Por lo menos en lo que a su yo pasado respecta. Ladeó ligeramente el rostro. No podía sentir empatía porque había aborrecido con el alma a aquellos, y él también había sido así de alguna manera. Apretó el vaso con un más fuerza y dejó salir un suspiro bastante pesado. Eso de manipular era algo que debió de aprender con el tiempo, y tenía que hacerlo, muchas veces, para cumplir un trabajo, pero jamás le hubiera gustado hacerlo, por más que demostrase lo contrario.

¿Lo disfrutaste? ¿Has cambiado? ¿O aun deseas hacer ese tipo de cosas? A veces, muchas de nuestras acciones del pasado se vuelven un patrón o una adicción que no podemos dejar por más que intentemos cambiar.—jugó un poco con el vaso que tenía en sus manos, mirando hacia la nada. Aún estaba procesando la información que le había venido de pronto. Sin duda aquello no era algo que hubiese esperado. Sí sentía una creciente soberbia dentro del ajeno, una soberbia real, no fingida como la suya –excepto por muy contadas ocasiones-. Levantó su vista y sonrió mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba más en el asiento donde se encontraba en ese momento.

Claro, me gustaría repetir. La bebida, la charla y a ti—en eso último una ligera risita salió de sus labios y dejó que se marchase a buscar el nuevo pedido. Aunque sí tuvo un ligero tic al escuchar el termino princesa. ¿Por qué mencionó un mote así? En lo que quedaba del líquido frio del vaso que él tenía observó sus propias facciones. Sí, tenía un  rostro delicado, tenía una belleza que él creyó en muchas ocasiones una completa maldición. No solo por lo que hubiese tenido que hacer, sino porque nunca obtuvo lo que más quería con ello. Las cosas no siempre salen bien sin importar lo que hagas, él se repetía eso. Y ahora con lo que Claus le contó más aún se apegaba a esto. Utilizar lo que los demás tiene de bueno en beneficio propio ¿uh?, un poco de nostalgia vino a él. ¿Sería un patrón? Siempre se sentía ligado de alguna manera a este tipo de personas, aun cuando les destruyeran por completo.

¿Por qué princesa? ¿Es algún método de ponerme irritado de nuevo?—cuando volvió fue lo primero que mencionó. Aun cuando le molestase y se le notase demasiado en el rostro, también era cierto que estaba demasiado intrigado por lo que pudiera haber detrás de ese mote. O, tal vez sólo era para fastidiarle o algo así y era el único que estaba buscándole un sentido oculto a semejante tontería.

Con el nuevo café en sus manos, notándolo humeante, pudo degustarlo tranquilamente, mientras  reordenaba un poco todo lo que sabía hasta ahora de este hombre. Ahora tenía la certeza que era mejor sólo mantenerse como unos conocidos, no forzar a algo más como una amistad o lo que fuese, pero… no podía, sabía bien –porque se conocía- que inevitablemente querría saber más, cada vez más. Era un idiota, simplemente eso.

No sé si sea conveniente que me quede solo con esta información a cambio de lo que yo he mencionado, ojitos bonitos. Lo mío ha sido muy por encima y tú has sido más explicativo ¿era necesario?—se sintió bastante culpable, debía de admitir eso. Unos momentos después de meditarlo y de haber tomado la mitad del nuevo café, dejó el vaso en la mesa y volvió a mirar hacia el alfraude. No debería pero quería hablar un poco más al respecto.

Nadie sabe de esto. Mi familia fue parte de una nobleza en decadencia. A cambio de mantener el estatus y el dinero uno de sus miembros tenía que entregar servicios a cambio. Siendo íncubos sería algo fácil ¿no? Digo estamos teniendo alimento y también dinero, lo mejor de la vida… —su dedo se enredaba en uno de los mechones largos de su cabello y, en un momento, tiró del mismo mientras su expresión se volvía más vacía—. Fui elegido, era yo o mi hermano pequeño. Deje todo, lo que había soñado hacer con mi vida hasta ese momento. Hasta ese momento, si bien tenía hambre no había tenido relaciones a esa escala… —una sonrisa apareció en sus labios en ese momento mientras su mirada se conectaba con la ajena—. Fui roto frente a los ojos de mi madre. Y ella parecía disfrutarlo. ¿Por qué me odiaba tanto? Eso… nunca lo supe a ciencia cierta—miró su reflejo en el nuevo vaso y su sonrisa se había vuelto casi imperceptible ahora—. Eres tan hermoso… siempre repetían lo mismo, una y otra vez. Seremos gentiles... seremos cuidadosos. Odio lo gentil… odio la suavidad… tan asqueroso—se encogió de hombros y volvió a tomar un sorbo del café y su mirada se concentró en cualquier punto en específico, sin querer mirar al ajeno en ese momento.

No es como si yo considerase que lo mío sea lo peor de la vida y que todos deben tenerme lastima. Y tampoco eso justifica mis acciones, sé muy bien que no soy alguien del cual sentir pena. He asesinado perdonas y le hice mucho daño a la única persona que quise proteger, tal vez por no comprender mis propios sentimientos. Al fin y al cabo, cuando tienes este tipo de… “actividades” cosas como el cariño de verdad, o la vida misma, tienen un precio, no hay lugar para lo verdadero o lo valioso. Cuando lo vi perdido… eso se convirtió en una de mis leyes fundamentales—un silencio se formó después de eso. Incluso parecía que solo disfrutaba de la bebida que tenía en sus manos hasta agotarla por completo.

Como tú mismo dijiste, no ibas a dejar que me escapase en toda la noche, ojitos bonitos. Si quieres que charlemos más sobre esto... tal vez deberíamos de ir a un sitio más... apropiado ¿no? Aun cuando no haya muchas personas y la mayoría no las vaya a volver nunca más en la vida, no quiero ventilar así las cosas. ¿Quieres saber más? Aunque si tienes otro plan, estoy dispuesto a escucharlo—se encogió de hombros. No había dicho mucho más, pero se había sacado un ligero peso de encima. Nadie sabía sobre esto, absolutamente nadie, y había soportado ese secreto por demasiados años, tal vez hubiese llegado a un límite. Aunque, en el fondo, se sentía un poco débil por haber dejado al descubierto algo sensible en él, algo que había sido el inicio de su completa transformación que le convirtiese en la clase de persona que era actualmente.
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Re: For the love that I hate [privado Claus]

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