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Mensaje por Heinrich Schmeichel el Miér Oct 05, 2016 10:52 am

Mientras la noche seguía su curso, el simplemente observaba por la ventana del auto que continuaba su marcha por las calles de aquella ciudad maldita. El tiempo en donde todo era diferente había quedado atrás, las luces de los faroles o de algún que otro auto que venía en dirección contraria era lo que iluminaba su rostro que mostraba una expresión aburrida, casi carente de vida o de atención hacia algo en particular. ¿Cuánto tiempo había permanecido así? La verdad, eso era algo bastante irrelevante para él. El tiempo sólo era molesto para los seres terrenales, para él no significaba absolutamente nada. Ni allí ni en otros lugares. Tenía otras cosas mejores en las que pensar y en lo que poner su atención.

Qué asco…—murmuró mientras sus ojos se cerraban con pesadez, sintiéndose un tanto aburrido. Si bien sus actividades ya habían sido terminadas, el tiempo que había quedado le aburría y no le apetecía ir a ningún lugar para quitarse el aburrimiento o, simplemente molestar a alguna persona. — ¿Dónde estás, niño imprudente?—quien sabe que hubiese sido de él. Ese chico era su única debilidad y, al mismo tiempo, era su mercancía favorita. Por alguna razón, le hacía recordar a él mismo en el pasado.


Muchas veces donde una pequeña luz iluminaba su rostro y el agua caía sobre su cuerpo mientras caminaba por las calles. Arrebatando vidas, rodeándose con gente peligrosa pero que era capaz de enseñarle lo que necesitaba saber. En el proceso iba volviéndose más arrogante, más parecido a lo que su padre era. Y mientras estaba allí también iba perdiendo aquella calidez que su madre le había enseñado, tal vez fuese por el ligero rencor de encontrarse solo en el mundo. No confiaba en nadie, sólo se dedicaba en obtener más habilidades y poder.

Sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron algo se despertó en él. Un dolor profundo, agudo y asfixiante llenó su corazón. Pero los aires del encuentro le impedían pensar demasiado en eso, era una nueva mercancía que tenía que conseguir, a cualquier costo. No sólo se hizo de él sino que también la probó y se hizo adicto. Hacia un tiempo considerable, luego del nacimiento de su hijo, que aquello no pasaba.


Mr. Schmeischel, ¿está escuchando? Es engel, su localización se encuentra en la dirección contraria de las indicaciones dadas por usted.

Suspiró al escuchar las palabras del sujeto a su lado. Parece que por ello no había podido dar con él antes. Una misión, un encargo. Normalmente le daba ese tipo de trabajos además de estar con él. Confiaba en sus habilidades, él quien no confiaba en nadie, le dejó algo bastante importante. Bueno, no es que fuese demasiado permisivo, sabía que eso le divertiría un poco y también sería lo más adecuado. El antiguo oficio del menor tenía que seguir permaneciendo vivo o por lo menos él lo consideraba de esa manera. Tanto a su chofer como a su asistente les ordenó que se desviasen del camino. Sin prisas, unos minutos después, ya estaban cerca del sitio y él descendió del vehículo con tranquilidad, como si ese lugar fuese de su propiedad.


Así que has tenido algunos problemas con el trabajo, pero de algún modo siempre cumples mis expectativas mein engel—habían tres sujetos más en la misma escena. Uno en el suelo, el cual ya no se movía, y los otros dos estaban temblando. Uno por el miedo, otro por la ira. A ambos los miró como si fuesen poca cosa por unos leves instantes para luego concentrarse en el menor otra vez. —Pero puedes dejarlos ir a ellos, es mejor si le envían un mensaje a su dueño. Ven aquí, la misión se acabó, a menos que quieras que disfrutemos juntos del dolor que puedas llegar a causarles —Y extendió sus brazos hacia aquel ángel manchado en sangre. No, sabía bien que era un incubo pero para él era algo similar, no como los ángeles que conocía, por supuesto que no, él era un nuevo significado de la palabra pureza y le moldearía a su gusto y conveniencia.



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Mensaje por Emmith Darkwing el Mar Oct 11, 2016 5:30 pm

Una misión, un encargo tenía esa noche; armado con esa arma blanca de total aprecio se encamino con cuidado pero con prisa a su vez al sitio que el señor Schmeichel le había indicado. Una supuesta reunión de un grupo de seguidores de un sujeto que sólo producía impedimentos en el trabajo de su jefe ocurría en ese sitio ¿Su tarea? Aniquilar todos y a cada uno de ellos, la manera en la que lo haría estaba a su completa disposición, si así lo deseaba, se entretendría jugando con estos.

La noche era perfecta en ese día, el sitio se encontraba bastante alejado del centro de la ciudad por lo tanto problemas durante su trabajo no tendría o por lo menos eso creía fielmente el menor. Observaba con completa atención cada movimiento que los sujetos en el lugar realizaban a su vez que escuchaba atentamente cada palabra que estos emitían esperando el momento justo para ponerse en acción. Desenfundó su espada lentamente a su vez que, con cautela, descendía de lo más alto de un edificio asegurando que ningún rastro de luz iluminase su cuerpo y, por consecuencia, delatar su presencia en el lugar; una sonrisa traviesa se esbozó en su rostro al percatarse del hecho de que los seres inmundos delante suyo estaban tan inmiscuidos en sus conversaciones que no captaron la presencia de su persona ahí. —…Que empiece el juego.— Musitó, empleando un volumen de voz ligeramente alto lo suficiente como para el resto de los sujetos que se encontraban ahí se dieran cuenta de su figura. Demasiado tarde para uno de ellos, el cual sin mucha oportunidad de defenderse tuvo, fue atravesado por completo por el instrumento favorito del menor y caer inmediatamente al suelo. Automáticamente los demás reaccionaron y, con torpeza evidente, sacaban sus armas al aire e intentar atacar al menor en respuesta. El juego favorito de Emmith había iniciado.
Sólo quince minutos le fueron suficientes como para bajar a todo el grupo de personas que se encontraban en la zona; limpió como pudo con el puño de su mano la sangre que había en su rostro a su vez que buscaba con la mirada a los que le faltaba matar. Sí, los contó más de una vez para cerciorarse de cumplir con su deber perfectamente. Su cabeza giró inmediatamente en dirección a uno de sus costados, presenciando como los sobrevivientes se escapaban; gruñó por lo bajo antes de dar inicio a la carrera tras ellos. Debía eliminarlos sí o sí.  


Observó con furia innata a los últimos tres sujetos con vida que le quedaban, no era la primera vez en su vida que una situación similar se le planteaba. Tuvo oponentes dignos que, sin miedo alguno, le ofrecían combates de su completo agrado aunque en este momento y lugar aquel sentimiento gustoso no se encontraba; estaba obligado a aniquilarlos de alguna manera, ese era el trabajo que su dueño le había encomendado y fallarle sería una falta total de respeto hacia su persona. Ese hombre de cabellos castaños libró su ser del eterno encierro que le destinaba tener si permanecía en ese asqueroso lugar, encerrado en una jaula completamente incomoda mientras que a su lado permanecían seres en su misma situación. Nadie se encontraba ahí a voluntad absoluta. Un detalle que despreciaba por completo de esta inmunda ciudad que le tocó vivir luego de dos años yendo de un lado a otro bajo las manos de extraños sujetos.

Mantuvo su expresión completamente neutra, dejando ver poca sensibilidad en sus rasgos un detalle que alguien ajeno no sería capaz de descifrar qué es lo que está pasando en su mente. A este punto rastros de sangre habían en su rostro y grandes manchones que ni siquiera usando el mejor gel existente fuese capaz de quitarlas de su vestimenta, de todas formas, iba a deshacerse de la misma luego de concluir con su deber. Sujetó con firmeza su preciada espada que hace poco le fue otorgada, pequeñas gotas del líquido color carmín descendían de la filosa hoja del arma a su vez que los pies del menor se movían lentamente en dirección a los tres sujetos que, con evidente terror en el rostro de uno de ellos e ira en los restantes, apuntaban sus armas al moreno; detuvo sus pasos por unos momentos antes de esbozar una sonrisa que desprendía dulzura, dulzura aterradora —Eso no funcionará, si no les fue útil en un principio ahora menos… Lo siento.— Inclinó su cabeza hacia uno de sus costados por unos pocos centímetros, acercándose rápidamente hasta uno de ellos empuñando su arma en dirección al cuello de este. Sólo una tajada fue suficiente como para que el mismo cayera desplomado en el suelo sin rastro de vida alguno, los otros dos restantes atónitos y temerosos dieron varios pasos hacia atrás, queriendo alejarse del menor de edad   —¡Aún no he terminado con ustedes dos, par de escorias!— Gritó a todo pulmón esto último antes de querer acercarse a los mencionados; sin embargo, las luces de un vehículo iluminaron el sitio tomando completamente desprevenido al moreno aunque las mismas no se fijaron sobre los cuerpos de los presentes. Planeaba ocultarse de aquella presencia que apareció en el sitio pero de su rostro una sonrisa de alegría no tardó en surcar de sus labios, aquella sonrisa que sólo aparece cuando sus orbes captan la figura de ese hombre a quien tanto adoraba como si se tratase de su Dios; sus mejillas adquirieron una leve coloración tras recibir ese cumplido por parte del mayor aunque estaba totalmente preocupado por no haber logrado asesinar a los dos últimos que le quedaban. Estaba a punto de dirigirse a ellos con el fin de acabar sus vidas de una vez por todas, no obstante, la voz grave característica de un hombre le había indicado lo opuesto; asintió como si se tratase de un cachorro obediente a las órdenes de su dueño — Lo siento, Hein-sama.— Se disculpó por varios motivos, desde alejarse del sitio acordado hasta el hecho de no ser capaz de aniquilar a todos los hombres de la escena. Su cabeza se encontraba gacha, observando sus pies completamente incómodo antes de levantar la misma lo suficiente como para dirigirle la mirada sin impedimentos e mirar al contrario bastante confundido. Sus orbes de color celeste recorrían toda la extensión de las extremidades superiores ajenas que estaban dirigidas en su dirección, queriendo buscarle algún significado opuesto a la idea que su cabeza maquinó en relación a las mismas. No, no encontró otra opción; el dorso de su diestra cubrió sus labios por unos momentos antes de extender ambos brazos en dirección al más alto e acercarse rápidamente a este, abrazándolo con todas sus fuerzas a su vez que apoyaba una de sus mejillas sobre el torso ajeno — ¡Hein-sama!— Exclamó lo suficientemente alto, no siendo capaz de ocultar aquella emoción inocente que sentía cada vez que el castaño se encontraba a su lado. Ignoró por completo el hecho de que tan sólo ese contacto con el físico opuesto manchó parcialmente las vestimentas del mismo con la sangre sucia de sus enemigos.
Buscaba calidez con el contacto ajeno, calidez que lograba conseguir cada vez que la oportunidad de abrazarlo aparece; tan sólo delante de ese sujeto actuaba de esa manera tan infantil en pocas ocasiones. Su misión en ese momento había pasado a segundo plano por completo, sólo sus ojos y ser prestaban absoluta atención a su dueño.
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Mensaje por Heinrich Schmeichel el Sáb Oct 22, 2016 3:08 pm

Una escena distinta, un evento inevitable y el deseo que iba subiendo cada vez más mientras más estaban ambos cerca. O por lo menos él lo veía de esa manera. ¿Qué más podría decir? La verdad siempre resultaba ser de este modo, en donde todo aquello resultaba ser más que una simple ilusión. Su pequeño ángel estaba ahí frente a él, cubierto de sangre y mostrando su verdadera naturaleza. Ya no era un pequeño niño como lo había encontrado hace un tiempo. Con orgullo, sonriendo con una suficiencia propia de su nuevo y renacido ser, observaba como el menor se encargaba de las escorias que interrumpían su encuentro. Obviamente no puedo evitar una risa al escucharlo de esa forma. Ciertamente extrañaba bastante su voz, incluso si la hubiera oído en horas más tempranas, pero era algo que no iba a admitir tan abiertamente, o por lo menos no frente a esos hombres que nada tenían que meterse en su relación.

Te he estado buscando, mein engel—y no mentía, realmente lo había hecho. Por lo menos, antes, sabía en qué lugar estaba. Sin embargo, el que haya desviado de esa manera solo para cumplir su misión era demasiado adorable, aunque estaba un poco molesto también por ello. Por eso solo se limitaba a observar al ajeno, si le haría caso o si volvería a tentar su suerte al desviarse de sus indicaciones. Ciertamente aquel era un buen espectáculo, no es como si no hubiese hecho las mismas cosas. Y, de hecho, aquello le daba un poco de nostalgia. No estaba seguro si Emmith sería alguien solitario como él mismo lo fue cuando realizó todos aquellos trabajos. No es como si él no hubiera sido el favorito de alguien mientras crecía, tenía años en su espalda después de todo. Al final ambos pasaban por lo mismo, ambos eran y son ratas de alcantarilla que ahora ostentaban un cierto poder. Claro, él más que Emmith en ese momento, pero el pequeño estaba bajo su protección y siempre sería de esa manera, además que no le importaría el compartirlo con él. Porque, después de todo, se trataba de su amado ángel de la muerte.

Lo has hecho muy bien—no le importó como pudieron haber terminado los otros, solo el observar como aquellos sujetos detrás de ambos temblaban de miedo era suficiente como para darse una idea, y eso le llenó de satisfacción. Sus brazos rodearon el cuerpo pequeño del incubo y sus dedos acariciaron la cabellera de este. Incluso si sus prendas ahora estuvieran llenas de carmín, eso no le importaba mucho, al fin y al cabo se lo había permitido. Se encontraba casi magnetizado por su presencia, como si fuera la única luz en toda esa oscuridad. Una luz contaminada posiblemente, pero aun así su brillo no se iba. Y Heinrich quería que ese brillo fuese suyo, que nadie más descubriese esa joya que tenía en sus brazos y que se estaba encargando de pulir para que fuese la más bella de todas. Pero algo tenía que interrumpir su momento... ¿romántico? De todos modos una interrupción era más que inaceptable en esos momentos. Su mano se movió debajo de su abrigo, tomando el arma que escondía entre sus ropas para elevarla y disparar. Uno, dos, tres disparos y uno de los sujetos que habían intentado atacarlos permanecía en el suelo, poniendo más en pánico al único que quedaba.

Ahí es donde debería haber estado desde un principio—una risa burlesca escapo de sus labios al tiempo que giró el cuerpo del incubo en sus brazos para que viese la escena nueva que se había formado. El otro sujeto se arrastraba y se encogía en una esquina de aquel maloliente callejón—Arrastrándose como el gusano que es. Por lo menos eres más inteligente. Ya vete y cuéntale a tu jefe quién lo hizo—dejó salir un suspiro sin dejar de apuntarle por si intentaba pasarse de listo. Sin embargo, como había asegurado momentos antes, él era más precavido y simplemente salió de allí corriendo como la rata que era. Mientras él guardaba el arma y volvía a tener contacto con el incubo.

Emmith, nunca es bueno confiarse ni desviarse del camino. La próxima solo repórtate y ven pronto ¿de acuerdo?—una advertencia disfrazada de un dulce y pequeño regaño. Sus labios se colocaron en la frente de este mientras su mano continuaba acariciando la piel de su mejilla—. Pero has hecho bien las cosas en su mayoría. ¿Qué te gustaría de premio? Puedo ser muy generoso y lo sabes—así, su rostro bajó lo suficiente para que estuvieran cerca y que sus labios se rozaran al mínimo movimiento que el menor realizara. Sin duda era una belleza exótica que nadie más debería de observar.



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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Emmith Darkwing el Mar Dic 06, 2016 7:55 pm



La calidez que el cuerpo ajeno le proporcionaba con tan solo un ligero abrazo, siendo su cuerpo rodeado por los brazos ajenos con tal delicadeza que hasta por momentos se creía un objeto tan preciado que tan sólo un pequeño roce se podría romper en varios pedazos. Sus ojos se cerraron lentamente, durmiendo prácticamente sobre el abdomen ajeno pese a estar manchado con todo el líquido color carmín que cubría casi por completo el cuerpo del más bajo. No iba a negar el hecho de que se encontraba completamente agotado tras realizar su trabajo en un noventa por ciento, aún le faltaban dos hombres más por exterminar pero sólo bastaron las palabras provenientes de la boca ajena para controlar esa necesidad urgente de matar a cualquier ser que ostente contra su amado dueño.



Aún recordaba a la perfección el día en el cual Heinrich tuvo la consideración de comprar su libertad, su memoria no olvidaba el momento en el cual su persona pisó ese asqueroso sitio tan lleno de inmundicia y de personas que se encontraban en su situación similar. Su cuerpo manchado por completo y, además, de apenas llevar tan sólo una prenda que bastaba por cubrir aquella desnudez con la cual fue otorgado en las sucias manos del marcado negro; en esos momentos pese a pertenecer a esa raza en particular y la necesidad de recibir su alimento era tan grande que, pese al tamaño de ese menester, se negaba a recibir el mismo por parte de los empleados de ahí. Terminando completamente debilitado por ello pero manteniendo esa terquedad en su máximo esplendor.
Su mente grabó con fuego inconscientemente aquella sonrisa, aquella mirada que su comprador le dirigió una vez sus ojos se cruzaron con los ajenos; incertidumbre, temor, vergüenza y tristeza era lo único que había sentido en esos momentos. Deseaba desde lo más profundo de su corazón salir de esa despreciable jaula aunque tuviese que sacrificar ese orgullo que mezquinaba como oro para cumplir con sus anhelos.

Lo logró, y es más, disfruto de la nueva compañía que ese hombre le concedió




Esa sonrisa con un toque infantil no se retiraba de su rostro por nada en el mundo, la suave tez ajena rozando su cuero cabelludo y cabellos le ofrecían unas suaves caricias que involuntariamente lograban que el menor perdiese noción de la realidad en menos de un segundo, dejando caer sus párpados con suavidad cerrando sus ojos evidenciando de alguna forma el disfrute de aquel inocente roce. Pese a que el contrario le dirigía palabras cortas y concisas lograban perderlo por completo, ignorando el hecho cuando el hombre de cabellos castaños sacaba su arma de fuego y ejecutar tres disparos a uno de los sujetos situados detrás del ellos aunque su cuerpo inevitablemente dio un pequeño respingo en su sitio debido al gran ruido que el arma produjo al disparar, aferrándose apenas de las telas correspondientes a la vestimenta del más alto. No duró demasiado en esa cómoda posición, más aún al sentir como las manos ajenas se situaban sobre sus hombros obligándolo prácticamente a darse la vuelta y observar la nueva escena que el contrario acababa de hacer, un leve sentimiento de culpa inundó todo su ser en esos momentos, la cual se reflejó por completo en su rostro al apretar ligeramente sus labios; prácticamente por el simple hecho de no haber cumplido con su trabajo en un cien por ciento ya era una carga de culpa muy grande más aun considerando la edad que tiene actualmente. —Hein-sama… ¿No es peligroso que diga la identidad del culpable? Di-Digo, por su seguridad.— Musitó perfectamente aquellas últimas cuatro palabras.

—Lo siento, la próxima tendré en cuenta ese detalle… Lo siento, Hein-sama.— Apretó sus labios con fuerza luego de articular aquellos términos, bajando su mirada lo suficiente como para que la misma se clave por completo en el suelo; sin embargo, no hizo el mínimo esfuerzo por cortar esa dulce y agradable cercanía que tenía con el cuerpo ajeno. Estaba muy consciente de que el castaño más alto le estaba regañando pese a emplear un timbre tan suave como si fuese una reprimenda suave, tratándose de una simple travesura que debía recibir una represión por ello. Más que nada, mantuvo su visión alejada de la ajena; si debía realizar un trabajo lo tenía que hacer a la perfección y así recibir cualquier recompensa con total satisfacción.

Estaba por declinar la propuesta que el contrario le había planteado, por momentos la simple idea de no creerse digno de recibirlo se hizo presente en el interior de su mente; cerró momentáneamente sus ojos antes de levantar su mirada lo suficiente y situar ambas manos sobre el torso ajeno, ignorando el hecho de que con ese simple movimiento manchase aún más al mayor de lo que ya estaba. Sus orbes azulados se fijaron en los ajenos, quedando totalmente prendido en ellos siendo prácticamente  siendo hipnotizado por aquel dorado característico en la mirada del más alto… Inconscientemente ese sujeto en frente suyo lograba tenerlo bajo control por completo, dejando ver ese lado sumiso que muy poco suele dejar ver.
Realmente deseaba algo en específico del castaño, algo que generalmente no suele decir dejando que la mente ajena maquinara el deseo interno del azabache… un deseo que su raza en específico buscaba cada tanto satisfacer. No se atrevió tan siquiera mencionarlo, sus labios se mantuvieron sellados por varios segundos observando de vez en cuando los ojos ajenos y sus labios sucesivamente a su vez que ejercía presión en el agarre contra la camisa de su dueño. Movió su cabeza lo suficiente como para que sus propios labios fuesen capaz de rozar los ajenos, otorgándole de esa manera un beso tímido de su parte.

Tengo hambre

—Tengo hambre… de usted.— Musitó sobre los suaves labios del contrario, entrecerrando ligeramente sus ojos aunque permaneció con aquel contacto visual permitiendo a su vez que un tinte carmín en sus mejillas gradualmente comenzaba a aparecer. Aquel pensamiento de su parte decidió expresarse verbalmente y sólo fue cuestión de infinitésima de segundos en darse cuenta de ello provocando de esa manera que, automáticamente, se apartara de los cómodos brazos de Heinrich y agachar automáticamente su cabeza — Y-Yo… este… cre-creo que sería mejor que nos retiráramos ¿No?— Señaló con evidente temblor en su brazo derecho el automóvil el cuál usó el ajeno, buscando de esa manera cambiar de tema aunque estaba consciente de que eso no iba a funcionar y muchísimo menos al tratarse de Heinrich Schmeichel. Existía la posibilidad de que el mencionado arroje algún comentario al respecto o no.  

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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Heinrich Schmeichel el Vie Dic 09, 2016 5:23 pm


La manera en la que el menor se comportaba era la adecuada. Posiblemente podría ser muy sumiso, un contraste perfecto si tomaba en cuenta lo que había hecho por propia petición suya. Había averiguado de él lo más posible luego de adquirirlo. Una pieza de diamante en bruto que se había encontrado en el peor de los lugares. Pensaba que podría ser un sujeto por demás arisco, pero no fue así. Le había encantado desde la primera vez que sus ojos se fijaron en él. Antes de darle la libertad a algún esclavo, él siempre se aseguraba de tener todos los datos suficientes, para saber si era factible comprarlo o no, pero fue la primera vez que hacía algo en contra de sus propias políticas. Simplemente le sonrió a aquel que muchos temían por ser rebelde dentro de su propia celda. Para él era como tomar la mano de un ángel al cual habían querido cortar sus alas y fallaron en el intento. Le había encantado esa visión que se había formado en su mente. ¿Era eso lo que llaman a mor a primer avista? Bueno, él sabe de ese sentimiento, aunque no lo haya podido sentir hacia las mujeres, sabe bien cuando uno está enamorado y cuando sólo es una obsesión.  Pero, tal vez por un instante, no le hubiera importado si el pequeño incubo terminaba por obsesionarse de él luego de que tomó su mano y le sacó de ese pútrido lugar.

No, es mejor de hecho. Es una clara confrontación de mi parte, un mensaje que le será imposible de ignorar. Si él lo desea responderá y sino ya se quedará tranquilo sin molestarme. Aunque, normalmente, los cobardes se quedan quietos sin hacer ningún movimiento. —sus manos acariciaron los cabellos del menor, dedicándose por completo a mimarle por el buen trabajo hecho hasta ahora. Aun se preguntaba qué clase de recompensa pediría. Le gustaba cuando era completamente creativo o cuando pensaba demasiado. Sinceramente eso le hacía verse adorable, debía de contenerse de no devorarlo ahí mismo. Se sentía un verdadero viejo verde o como si hubiera retrocedido muchos años en el tiempo. Ese amor joven del que todos se vanagloriaban, ya estaba demasiado viejo como para esas cosas, pero ahí estaba, comportándose de una manera similar. Como si fuera un adolescente que se enamoraba por primera vez. Por eso, cada vez que estaba con él compartiendo el tiempo, siempre se le veía sonriente.

Muchos de sus allegados habían mencionado este detalle, pero él no lo había notado en sus inicios. Cuando se dio cuenta de ello fue cuando más llenó de atenciones a Emmith. Era la mejor muestra de cariño que podría dar, incluso si sus hijos podrían llegar a regañarlo por prestarle más atención a él que a ellos. Bueno, no se habían presentado mayores inconvenientes por eso de momento.
Sin embargo, pestañeó un poco cuando escuchó lo que Emmith quería. Pensaba que podría llegar a alimentarle cuando llegaran a su hogar, incluso si no se lo mencionaba pero, con esa expresión y esa voz que había utilizado, su poco autocontrol se vio esfumado. Negó ante lo que dijo después, no iba a dejar pasar algo como eso en ese momento. Soltó a menor con suavidad e inclinó su rostro, solo un poco para dejar un beso en sus labios. — Espera aquí—comentó mientras se alejaba unos pasos e iba con su asistente. Le comentó que se fueran sin ellos, que volverían más tarde, tenía asuntos que arreglar al fin y al cabo aun. Cuando el coche se marchó volvió dentro del callejón y fue hasta el menor, tomándole de la cintura para apegarlo a su cuerpo de pronto una vez más.

Ya que lo has pedido, no puedo ser indiferente, mein engel. Te daré lo que necesitas en este mismo momento. ¿Alguna objeción? —aunque no escuchó respuesta alguna. Incluso si se arrepentía o si se echaba para atrás, el demonio estaba dispuesto a  hacerlo suyo ene se lugar sin importar nada más. Tan lleno de vergüenza, con esas mejillas en rojo y su expresión sumisa y participativa; ese tipo de cosas le encantaban en el menor, nada como saborearlo poco a poco en ese momento. Sus labios unidos a los suyos una vez más, mientras jugueteaba un poco con la resistencia de este. Su mano se posó sin vergüenza en el trasero del menor, metiendo uno sus dedos por la separación de sus nalgas, apretándolo ligeramente mientras subía y bajaba aun sobre la tela. Podría ser algo indecente cuando era estimulado de la manera correcta. Podría muy bien culpar al hecho que el menor era un incubo y era difícil resistirse a estos, pero él era lo suficientemente maduro como para saber que lo hacía por su propio deseo hacia él.

Incluso si lloras, no voy a detenerme a estas alturas—susurró contra su oreja, sus manos apretaron más el trasero del incubo y lo levantó, obligándole a que rodeara su cintura con ambas piernas. Caminó, poco a poco hasta que la espalda ajena quedara contra una de las paredes de ese callejón—. Me disculparás que hoy no será en mi cama, tal vez cuando volvamos te dé más alimento ¿te parece eso bien?—mordió el cartílago de su oreja y pasó la lengua por el mismo. Soltó una de sus manos del cómodo lugar en el que estaba para posarla en el pecho ajeno y acariciarle con suavidad, un claro contraste de lo que había hecho anteriormente. A veces se comportaba de esa manera, brusco, suave, yendo en esos ritmos para enloquecer a quien estuviera en sus brazos. Pero, con Emmith, era especialmente atento. Sin saberlo, ese incubo lo tenía en la palma de su mano. —Si quieres que pare... tendrás que ser agresivo conmigo—sabía que no querría que parase, pero era algo curioso observar su reacción ante esa posibilidad. Aquella mano que había permanecido en el pecho de este, acarició el pezón ajeno aun sin quitar ninguna prenda. No le importaba para nada el ser manchado por la sangre o siquiera le sitio dónde lo estaban haciendo, su mente solo se concentraba en el incubo, y nada más. De momento iba a disfrutarlo lo más posible hasta que se cansara de este viejo pervertido. Se rió dentro de él al considerarse a sí mismo de esa manera.



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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Emmith Darkwing el Dom Ene 29, 2017 9:45 pm


Había ocasiones en las cuales maldecía el hecho de permitir que sus deseos más profundos se escapasen sin que su consciente estuviese muy al tanto de ello. Desde que tiene uso de razón siempre ha sido un muchacho muy reservado en todos los aspectos, hasta el punto de callar lo que realmente sentía o deseaba pero que, a veces, su semblante lo delate por completo; a pesar de que el señor Schmeichel le complaciera en lo que mayormente pedía sin imponerle demasiados impedimentos aún sentía la vergüenza, la pena de mostrar sus ambiciones. Más que nada su temor iba dirigido al rechazo por las mismas o que se viese alguien extraño al decirlas, era un miedo que cualquiera pudiera decir que fuese algo tonto pero el pequeño incubo las tenía.

Su cuerpo sufrió un leve espasmo en ese momento, como si un viento gélido hubiese golpeado su cuerpo sin piedad alguna. Bajó automáticamente su brazo derecho al ver como el demonio negaba lentamente con su cabeza, no estaba muy consciente si había dicho algo mal o que simplemente no le hubiese gustado las palabras que emitió. Sus orbes, temerosos, observaban los ajenos en espera de alguna reprimenda o un comentario bromista de su parte; sin embargo, de alguna manera la reacción que el mayor había mostrado ante su pedido momentos después lograron sorprender en cierta parte al incubo, sus labios temblaban pero no en comparación a su cuerpo segundos atrás. Siquiera el delicado roce que los labios ajenos tuvieron con los propios pudo calmar esa extraña ansiedad que poco a poco iba apoderándose de su cuerpo; sus mejillas se encontraban al rojo vivo prácticamente que a una distancia bastante considerable cualquier ser era capaz de ver esa tonalidad en su semblante. Asintió lentamente cuan joven obediente  se trataba y observar cabizbajo como este se retiraba del sitio por unos momentos.

No necesitaba que se le mencionaran más palabras para darse cuenta de las intenciones que el mayor tenía, había ocasiones en las cuales Emmith no necesitaba de muchas explicaciones para comprender la situación. Se encogió de hombros a su vez que sus ojos, con una velocidad paulatina, recorrieron todo su cuerpo que yacía cubierto por la vestimenta manchada de aquel fluido carmín que no le pertenecía; sus labios se apretaron con fuerza provocando con ello que automáticamente sus mejillas se tiñeran  de un ligero escarlata por completo. Sentía absoluta vergüenza de encontrarse en ese estado y que su dueño le tratase como si no tuviese nada malo encima, quería lucir en perfecta condiciones para su dueño y era algo del cual a veces sentía demasiada pena de comentar como si fuese otro acto impulsivo de su parte.
Tan sólo por un instante, la idea de compartir un poco más de tiempo le alegró y demasiado provocando con ello que una sonrisa sutil se dibujase en su rostro. No importaba cuantas veces se le mencione pero al incubo de cabellos azabaches le costaba demasiado dejar de reprimir todos sus deseos.

Acercó el dorso de una de sus manos hasta su propio rostro e, insistentemente, buscaba quitar con la manga de su abrigo cualquier mancha de sangre que hubiese sobre su pálida tez además de quitar cualquier rastro de suciedad que yace sobre su cuerpo. Mantuvo moviendo su palma por todo su cuerpo por varios segundos antes de recorrer vagamente con su mirada todo el sitio; definitivamente de alguna manera no deseaba estar más en ese callejón no obstante si el demonio así lo quería él le obedecería sin imponer ningún pero encima.

No estaba muy al tanto del tiempo que había pasado en ausencia del hombre de cabellos castaños que, de soslayo, observó como el sujeto se acercó nuevamente hacia él y en un rápido movimiento le aprisionó entre sus brazos. Su cuerpo se tensó por completo en respuesta ante la repentina calidez que el cuerpo ajeno le proporcionaba por cuenta nueva, situando ambas palmas sobre el torso opuesto. No dio respuesta alguna ante la interrogante que este le había planteado siquiera un ligero movimiento de cabeza de su parte, aunque no se sintiese muy a gusto en el ambiente en el que se encontraba de alguna manera no deseaba negarse ante ello, no quería otorgar una negativa como respuesta. Los labios ajenos volvieron a establecer contacto físico con los propios, entregándose por completo ante esa adictiva unión que únicamente el ajeno era capaz de proporcionarle. Sus dedos se aferraron por completo a la suave tela de la camisa ajena, cerrando con fuerza sus ojos al momento exacto en que sintió como la palma ajena se situó sin pudor alguno sobre su trasero y tocar el mismo en un ritmo que poco a poco encendía al incubo; leves gimoteos emergían de su boca siendo completamente ahogados por los labios ajenos. Ligeros escalofríos recorrían toda su columna en respuesta ante el sutil toque que el demonio le otorgaba.

— ¿P-Por qué… dice eso?— Inquirió entre suaves suspiros, sintiendo un ligero cosquilleo al sentir perfectamente como el aliento cálido del mayor chocar contra su oído, dejando que una ligera risilla casi imperceptible hiciese acto de presencia en ese momento; por unos segundos borró de su mente el simple detalle de la suciedad que había entre sus manos, se podía ver perfectamente como la yema de sus dedos se pintaban de un color escarlata sobre la tersa y delicada tela de la camisa del más alto como si con ese pequeño acto de su parte fuese a dejar una marca indirectamente de su persona.
Sus piernas rodearon casi de forma obligada la cintura ajena, envolviendo a su vez con sus brazos el cuello ajeno aferrándose al mismo por completo como si temiese que en cualquier momento iba a caer a pesar de que el contrario lo tenía firmemente entre sus brazos. Su cuerpo, a pesar de llevar aquellas vestimentas encima, sintió el frío que el paredón tenía al momento en que su espalda chocó con el mismo ocasionando que nuevamente sufriese un pequeño espasmo y que, a su vez, apretase sus labios con fuerza por ello. Asintió obediente en réplica a los términos empleados por su dueño, no por miedo sino por mero gusto y aprobación de su parte; él era capaz de satisfacer los deseos del demonio independientemente de si esté con las energías y ánimos para realizarlo.

Su boca no paraba de emitir pequeños suspiros ante el incentivo que la palma ajena le proporcionaba a su torso, disfrutando de la suave caricia que recibía sobre la tela. Sus ojos se mantenían completamente cerrados, sus mejillas a este punto se encontraban completamente  coloreadas que decir que sentía vergüenza por la ocasión no era suficiente; sin embargo, ambos ocelos azulados se abrieron de golpe ante la voz característica del alemán se hiciese presente, articulando unas palabras que tomaron por sorpresa al incubo por completo. Sus labios se entreabrieron ligeramente, temblando por unos pocos segundos antes de animarse a soltar un comentario de su parte —Hein-sama… no diga eso.—Mordió ligeramente su labio inferior, dejando que su semblante avergonzado se reemplace por uno de completa preocupación. Sus manos sujetaron con firmeza el cuello de la fina camisa ajena, atrayéndole de manera obligada hasta su propio rostro hasta el punto que los labios ajenos rozaran tenuemente los propios del menor, con ojos casi suplicantes y de completa sumisión se clavaron sobre los del castaño —… No quiero que se detenga, pu-puede hacer lo que usted desea conmigo, lo que sea pero… por favor, no se detenga.— Imploró completamente cohibido rozando con cada movimiento que sus labios ejercían sobre los ajenos, buscando incitar al mayor a que continuase y que de alguna forma hiciese caso a sus palabras.

No le importaba tirar a la basura su orgullo como incubo que era, sólo deseaba que el demonio tomase su cuerpo y alma como deseara sin imponer demasiadas objeciones de su parte.  
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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Heinrich Schmeichel el Vie Feb 03, 2017 7:51 pm


Aquel incubo era tan bello, dulce, adorable, si realmente fuese el ángel que él había pensado cuando lo vio al verle, entonces estaría corrompiéndolo por la eternidad. Heinrich sabía que tenía un particular detalle bastante reprochable, y era la edad de ambos y algo más que se había percatado cuando supo más de él. Sin embargo, aun cuando lo sabía, que estaba mal por decirlo de alguna manera, el tener a tal criatura entre sus brazos, no se detuvo nunca. Siempre le dio alimento, siempre lo mantuvo cerca de sí, era inevitable no perderse con él. Por otro lado, aquella situación en la que se encontraban era por demás diferente a la usual en dónde tenían sus encuentros. No sólo el sitio, sino el ambiente en sí. Al fin y al cabo, era un hombre como otros, pero existían circunstancias especiales en las que se encendía más de la cuenta, mientras que en otras mantenía el tipo a la perfección. Para su infinita desgracia -que en esos momentos estaba más dormida que despierta- se encontraba en el primer caso, y solamente había que escuchar el sonido de su respiración y apreciar el brillo salvaje en sus pupilas para darse cuenta de que pocas veces había experimentado algo así. A lo largo de su vida, él habría tenido amantes, diferentes en cada ocasión y había experimentado situaciones peculiares pero posiblemente, el que estuviera tan entusiasmado por esto era porque se trataba del pequeño de ojos azules. Esos ojos tan profundos y claros al mismo tiempo eran su completa perdición. Pero último destello de cordura que le quedaba chillaba como una luz fosforescente que estaba cayendo en picado sin posibilidad de salvación.

Sabes… decir eso en mi condición no augura nada bueno. Perdona si te llego a herir—abandonó los labios dulces de este antes de dejar la suavidad del beso que le había sido entregado, deslizándose por aquel cuello que era tan sensible según su propia experiencia. La piel seguía siendo suave con un ligero sabor salado debido al sudor pero que a él se le antojó terriblemente dulce, tal vez estaba de esa manera por la carrera anterior. Aunque sus labios no se sentían conformes y su lengua fue moviéndose por toda la extensión de este y sus dientes hicieron su presentación al aferrarse al lóbulo de la oreja del menor. Todo lo reprimido, todo lo que se había esforzado por no dejar salir, para ser un caballero ante la dulzura que él emanaba, todo ese anhelo por querer tocarlo de diferentes maneras y no atreverse por el miedo a que todo se perdiese, ahí se hacía notar. Mientras su mano libre abría ligeramente la boca del más bajo al presionar el mentón de este, su más grande deseo se estaba cumpliendo. Irrumpiendo en aquella cavidad con su lengua y que ambas se frotasen. Su cuerpo recibió muchos más latigazos, algo tremendamente placentero. Y en esos momentos se preguntaba el por qué no lo había hecho antes. Luego de que pudo besarle y tenerle arrinconado contra la pared, dejó de sostenerle el mentón para que sus caderas quedasen juntas de nuevo. Se estaba dejando llevar mucho más que la vez anterior y en verdad no le estaba importando nada, el disfrutar de aquello, era como si probase la ambrosía. Miel dulce en sus labios y un calor recorriéndole el cuerpo en su totalidad.

Incluso podría solo besarte, pero ya puedo sentir la excitación en tu cuerpo, mein engel, no podría dejarte así…—Entre los besos en sus labios, mordidas iban filtrándose y sus ojos se cerraban y se entrecerraban varias veces, queriendo recordar cada expresión que Emmith le regalase esa noche. Zambulléndose en el sentimiento del cual no quería salir, sintiéndose feliz, ardiente y con ese ligero efecto balsámico en su ser. El incubo le hacía sentirse bien y, posiblemente, el pequeño ni siquiera se diese cuenta de esto. Pero eso podía leerse en su mirada y en su respiración acelerada, aquellas que demostraban el placer que estaba sintiendo al, tan sólo, sentirle así de cerca.

Luego, siendo arrastrado por el placer, mientras se acomodaba un poco mejor, llevó sus dedos a sus propios labios, lamiéndolos y llenándolos de saliva frente a los ojos que adoraba. Los mismos se trasladaron debajo del pantalón del incubo, filtrándose entre la ropa interior y llegar a la entrada de este, acariciándola antes de ingresar uno de ellos. Aunque no podía moverlo mucho debido al poco espacio que tenía en ese momento, tuvo que desabrochar los pantalones del incubo para poder moverse con más libertad y, aprovechando esto, fue tan descarado como para tomar el miembro de Emmith y sacarlo de su resguardo, acariciándolo sutilmente.

¿Puedes ver cómo estás por mí?—orgulloso de lo que lograba con aquel adorable ser, no esperó a una respuesta para poder besar nuevamente sus labios y distraerlo al frotar sus lenguas con suavidad. Con esta distracción sus dedos fueron metiéndose en la cavidad ajena. Uno, dos, sus dedos iban moviéndose dentro con tranquilidad pero lo hacía con la rapidez que le otorgaba la experiencia en ese tipo de situaciones. En el fondo, él quería tomarse el tiempo para volverle loco con sus movimientos, llevarlo a un placer del cual no podría escapar y dejar una huella mucho más profunda que aquel tatuaje que él mismo le había proporcionado hacía meses atrás. Sin embargo, ¿Cuánto tiempo él podría esperar? No podía ser sutil, incluso si aún guardaba un poco de suavidad en su trato, sus acciones estaban siendo todo lo contrario. Dejándose llevar por la lujuria como en esos instantes ¿era el efecto de estar con un incubo? No, era el efecto de estar con Emmith. Su otra mano apretaba el miembro ajeno, más específicamente en la punta de este. Se había ahogado y perdido en el cuerpo ajeno. Por ello, en cuanto le hubiese dilatado lo suficiente, quitó sus dedos y tomó con fuerza las caderas del menor, levantándolo un poco, era difícil moverse, pero mientras el menor se sostuviera de su cuello entonces le hacía las cosas un poco más fáciles.

Bajó su cremallera y sacó su propio miembro, acercando la punta a la entrada ya dilatada del incubo. —Deja salir todo sonido que quieras pronunciar. —sonrió para él dejando un pequeño beso en sus labios antes de trasladarse a su cuello y hacerlo bajar sobre su propia virilidad. Chocando un gemido contra la piel ajena, la cual mordió de una manera delicada. Lo fue bajando, lentamente, pero provocando la mayor fricción posible entre ambos, aquella que sólo podía provocar vibraciones. Tuvo que mover un tanto su cadera, tan sólo por la desesperación de estar dentro suyo. Más no se movió en un primer momento, aun con todo su deseo incitándole a que se moviera de una vez, su parte racional aun observaba el cuerpo de su amado, acariciando su cintura y moviendo sus manos bajo la tela que permanecía en la parte superior del cuerpo de Emmith y pellizcar suavemente los pezones de este más directamente, acto que le debía de antes y que dejó pasar ante la ansiedad de poseerle. No importaba cuantas veces le sostuviera en sus brazos, siempre obtendría el mismo efecto, el mismo placer que le provocaba el gruñir en voz baja. Era equivalente a caer en la demencia, en un círculo vicioso de placer y ligera agonía. Era un poco hipócrita al pedirle al menor que dejase salir su voz siendo que él mismo solía ocultarla, pero por esta noche, posiblemente, dejaría que la escuchase aunque sea un poco, todo dependía de los movimientos del menor, de sus caricias y de todo lo que pudiera hacer para manipularle a su antojo. Pero, definitivamente ese sería el inicio, luego, cuando volvieran a su hogar lo tomaría una vez más, entre las telas de su cama ¿debería dejarle dormir en su habitación por esa noche? Eso lo resolvería más tarde.




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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Emmith Darkwing el Miér Mayo 31, 2017 8:54 pm


Se podía ver como con tan sólo unas pocas caricias y palabras que el demonio le otorgaba, lograba colocarlo en un estado donde su libido lograba despertar de ese letargo que el mismo incubo se colocaba, siéndole imposible el no contener las reacciones que su cuerpo dejaba ver con el pasar de los segundos. Realmente el experimentas aquellas cosas era algo tan nuevo para el menor, no sabiendo en ocasiones en cómo reaccionar ante cada movimiento que el más alto realizaba sobre su físico dejando que tan sólo su instinto fluyera sin colocar impedimento alguno de su parte en ello.
El azabache se sentía tan pequeño y un total inexperto estando en compañía de ese hombre en especial, sintiéndose completamente opacado ante el perfecto accionar que el castaño empleaba estando en su compañía; había varias ocasiones en las cuales el deseaba otorgarle el placer que el mismo experimentaba bajo las manos del alemán pero, con tan sólo un poco de este último, lograba desarmarlo por completo, dejando su mente completamente en blanco y a la merced del placer que tan sólo aquellos encuentros que tenía con el demonio lograba disfrutar.
Desde hace pocos meses, Emmith comenzaba a experimentar cambios muy extraños en su persona, siendo totalmente afectado tanto en lo físico como en lo psicológico y que, hasta el momento, no sabía cómo afrontar todo aquello por cuenta propia. Sentimientos que hasta el momento no fueron apreciados con anterioridad comenzaban a golpear sin cuidado alguno al menor de los Darkwing, no sabiendo en ocasiones como reaccionar o el qué decir estando en compañía del demonio de cabellos castaños; siquiera el mismo sabía el porqué de todo ello, sin embargo, sólo de una cosa estaba seguro y era de que estando tan sólo en compañía de quien actualmente era su dueño, experimentaba todo eso.

Negó lentamente con su cabeza en respuesta a las palabras del mayor, dejando en evidencia que estaba totalmente de acuerdo con los siguientes accionares que el alemán realice sobre su cuerpo sin importar si llegaba a salir mal parado de ello luego; después de todo, se trataba de ese demonio en especial y que sólo por él se dejaría lastimar de las tantas formas habidas y por haber. Un gemido no tardó en escapar de entre sus labios ante la sensación cálida y húmeda que la lengua del mayor le proporcionó a su cuello que de por sí ya era un sector demasiado sensible en el menor, el calor de sus mejillas tan sólo se intensificó con ello sintiendo como una fuerte oleada de calor comenzaba a azotar su físico sin piedad. Su ritmo cardíaco de por sí ya se encontraba agitado pero con aquel breve estímulo por parte del ajeno sólo logro incentivar el incremento de la velocidad del mismo; las mordidas y los besos que recibía sólo lograban que suspiros sin cansancio escaparan de su persona. Realmente se sentía un ser diminuto estando en brazos del más alto.
Sus labios fueron callados por completo por los ajenos, siendo su boca prácticamente sometida por la lengua del ajeno al irrumpir en su intrínseco sin más. Su voz fue callada con ello, siendo algunos tenues suspiros completamente ahogados por los labios del castaño opacando por completo un gemido en un timbre ligeramente alto ante la sensación exquisita que su ingle experimentó una vez que la cadera del adverso chocó con la propio, uniendo ambas nuevamente como si buscase mayor contacto por encima de las telas.
El lugar, el clima y la situación era algo nuevo para el incubo, sintiendo perfectamente como el calor de la cercanía que el cuerpo ajeno tenía con el propio y de por sí la elevada temperatura que presentaba sólo lograba quemarlo por completo pero que, a pesar de ello, disfrutaba como si fuese aquel encuentro el último que tuviese con el demonio. Sus ojos yacían completamente cerrados, dejándose llevar por el deseo que tan sólo aquel beso era capaz de reflejar con el pasar de los segundos siéndole imposible el gemir por lo bajo ante las mordidas que sus labios sufrían por parte de su pareja en ese momento, —E-Estoy así por culpa de Hein-sama...— musitó por lo bajo una vez que su boca quedó completamente de aquel beso que disfrutó, frunciendo ligeramente su ceño luego sólo porque este último se le fue “quitado”.
De sus ocelos un brillo particular no tardó en aparecer, sintiendo como una ligera y fina capa húmeda comenzaba a adornar los mismos debido a la elevada temperatura que su cuerpo presentaba, siendo aquel detalle suficiente para sobrevivir al frío que el medio presentaba. Su mirada se perdía por completo en la del contrario, sintiendo como la misma le desnudaba por completo y que ese detalle ya era algo de su entero gusto; no había mejor sensación que sentir el pico máximo del gozo en manos de Heinrich.

Abultó ligeramente su labio inferior en reproche al no ser quien humedeciera sus falanges, siendo tan sólo espectador de aquel movimiento que desde lo más profundo de su ser deseaba ser partícipe. Levantó ligeramente su cabeza en lo que trataba de calmar su ya agitada respiración a sabiendas de que se aproximaba —Q-Que malo de… su parte.— No tardó en quejarse al respecto, no siéndole posible el callar aquel pensamiento de su parte y estaba por decir más; empero, el sentir la repentina invasión de uno de los dedos en su entrada cayó cualquier palabra que estaba por salir, siendo reemplazada por un fuerte gemido de su parte además de sufrir un fuerte espasmo en todo su cuerpo, encorvando ligeramente su espalda por aquella intromisión. Cortos y tenues jadeos se hicieron presente de su parte ante la peculiar sensación que la falange del adverso ocasionaba en su interior aunque tan sólo fue cuestión de segundos para sentir como la vergüenza inundaba por completo su rostro al percibir perfectamente como la mano del mayor sujetaba su ya activo miembro, quitándole por completo de su resguardo. Cerró con fuerza sus ojos pero no pudo decir nada, siquiera un mísera palabra al ser sus labios capturados por cuenta nueva en un beso por parte del ajeno; su cuerpo temblaba ligeramente con cada movimiento que este realizaba en su interior al tan sólo emplear sus dedos, sintiendo como algunos latigazos ligeros de placer golpeaban su ser con el pasar de los segundos.
Sus brazos no tardaron en aferrarse con más fuerza de lo normal sobre el cuello del ajeno una vez que este quitó por completo sus dedos de su interior y levantar lo suficiente su cadera, la posición de por sí no era muy cómoda para el incubo pero que a pesar de ello estaba completamente expectante ante cada movimiento que el mayor realizase sobre su ser. Mordió con fuerza su labio inferior en lo que desviaba ligeramente su mirada al girar su cabeza apenas unos centímetros a un lado dejando que el mayor se apoyase prácticamente sobre su cuello y, siendo cuestión de unos pocos segundos, sentir como su cuerpo sufrió un fuerte contracción además de un ligero pero punzante dolor se hiciera presente, siendo un gemido de dolor pero mezclado con el placer del momento hiciese acto de presencia en lo que el demonio, lentamente, ingresaba en el intrínseco de su persona.

Sus dedos se aferraron con muchísima fuerza en la camisa de su pareja en lo que sus piernas se extendían ligeramente al buscar y favorecer al mayor con la penetración, aunque sus paredes no tardaron en aprisionar por completo el falo ajeno al no acostumbrarse a la repentina presencia del mismo en su interior. —He-Hein-sama...—Gimió el nombre del mayor en lo que trataba de habituarse a la nueva posición que adquirió, sus paredes tan sólo se contraían y eso sólo ocasionaba que ligeros choques de placer inundaran su ser, dejando que sutiles jadeos en esta ocasión se hicieran presentes; empero, los mismos adquirían volumen ante el estímulo que sus pezones sufrían bajo la atención de las palmas del mayor.
—¿Qu-Qué… espera?— inquirió por lo bajo en lo que, inconscientemente, movió sus caderas buscando con ello incentivar al demonio a comenzar a moverse aunque una pequeña oleada de gozo azotó su persona ligeramente por ello induciéndole a morder sutilmente uno de los hombros del adverso por encima de la tela —Mu-Mu… evase, hágalo.— Pidió, cerrando sus ojos por cuenta nueva.
Definitivamente, aquella “recompensa” que obtuvo tras realizar su trabajo era de algo que iba a disfrutar esa noche al máximo.
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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Heinrich Schmeichel el Lun Jun 12, 2017 8:11 pm


El demonio se estaba controlando y demasiado, sin embargo, estaba al tanto que ese límite autoimpuesto se esfumaría en cualquier momento. No era un idiota,  mein engel… Emmith era toda una tentación en sí mismo, y por más que ahora luchara contra sus instintos, eso era algo que nunca le había importado retener. Cualquiera que le viera se sorprendería y se preguntaría por qué hacía tal cosa si no estaba acostumbrado, al fin y al cabo siempre era mejor dejarse caer por los bajos instintos. Pero todo tenía una razón de ser para él, y por eso no podía dejar que todo fluyera de la manera habitual, tenía no solo que otorgar la recompensa pactada, sino algo más. El demonio siempre se movía de una manera en la que le convenía, incluso en una acción tan simple como la búsqueda del placer con aquel ser tan adorable. Su diestra se situó sobre una de las nalgas del menor, acariciando la misma suavemente en lo que continuaba moviendo apenas sus caderas, frotando dentro del menor, dejando a simple vista la necesidad que tenía. Una de sus cejas se vio ligeramente enarcada cuando el incubo le había formulado una pregunta en particular, viéndose ligeramente confundido pero no incómodo por ello. ¿No había explicado hace un momento que quería que dejase salir todos sus sonidos? Eso haría, incluso si tuviera que manejarse en un nuevo ritmo. No le contestó, era mejor si él solo sacaba conclusiones, además hablarle justo en ese momento sería una pérdida de tiempo.

Sin duda, si hubiera sido otra la situación, hubiera cedido a los deseos de Emmith y le hubiese comenzado a moverse sin tapujos,  disfrutando de ese espectáculo en una “falsa” tranquilidad. Por supuesto, estaba excitado, jadeaba  o gruñía por lo bajo en medio de su propia desesperación, queriendo terminar con aquello de una buena vez. Se divertía pero, al mismo tiempo tenía que llevar a cabo lo que tenía planeado en su mente, además de satisfacerse a él mismo, por supuesto.

Apenas sintió como el cuerpo ajeno se aferró al suyo de esa manera, tuvo que morderse los labios, como siempre, su mein engel jugaba bastante sucio. Al fin y al cabo parecía saber muy bien sus puntos débiles, aun así debía de mantener su semblante lo mejor posible. Heinrich no lo admitía aun a viva voz pero, si es que estaba en manos de Emmith, él no descansaría hasta que pasase lo mismo con el incubo. Eso era más bien un reto personal, que iba más allá de todo lo que hubiera experimentado a lo largo de su vida. Aquel niño que ponía en riesgo todo, estaría siempre allí para su deleite, incluso si perdiera hasta su propia cordura. Sí, podría volverse loco si seguía moviéndose tan lento, pero era mucho mejor así. Quería tenerle de esa manera, aprisionado bajo él sin la menor escapatoria, que se quejara, que rasguñara su cuerpo, que se derritiera en medio del placer y, más que nada, que sea incapaz de vivir sin él.

Sus manos se posaron sobre la cintura del más bajo, aferrándose a la misma con fuerza una vez que comenzó el placentero vaivén de caderas que tanto anhelaban ambos, provocando con ello que un suspiro se escapase de su persona. Sus manos se situaron sobre la cadera ajena, aferrándose a la misma con tal fuerza que sus uñas se clavaron sin pudor alguno sobre la suave tez del mismo. Gradualmente comenzó a mover su cadera hacia delante y hacia atrás, buscando la mejor posición posible para Emmith, más bien para que se ahogase en el placer que estaba otorgándole. Como el menor había hecho sobre sus ropas, sus dientes se clavaron sobre el cuello de este buscando con ello dejar una marca sobre la delicada y blanca piel de aquel que tenía su cordura en sus manos. Esa fricción que su cadera experimentaba contra la ajena lograba que su mente se volviera prácticamente de color blanco, borrando cada idea del interior de la misma y, además, esfumar ese límite auto impuesto que tenía a causa de las acciones anteriores de su pequeño guardaespaldas y asesino personal.

Engel, tu cuerpo es demasiado pequeño... pero encaja perfectamente en mis brazos, si me moviese mucho podría romperte… ¿eso deseas?—Sus labios se habían aproximado hasta uno de los oídos ajenos para susurrar aquellas palabras con su pesada voz. Mordió el lóbulo de su oreja a su vez que, aprovechando la cercanía, bajó una de sus manos al trasero ajeno, abriéndolo para que las penetraciones fuesen mucho más profundas que antes. Una sonrisa llena de lujuria adornó su rostro completamente, extendiendo apenas unos pocos centímetros su rostro, los suficientes como para recibir a los tentadores labios del de cabellos oscuros e iniciar con deseo un nuevo beso. Mordía insistentemente, no buscando lastimarlos sino que, de alguna manera quisiera dejar constancia y un pequeño recuerdo momentáneo en el semblante ajeno del exquisito encuentro que ambos estaban teniendo en semejante sitio. Hundiéndose en lo más profundo en el deseo, en ese deseo que sólo Emmith sabía provocarle. Nadie antes había logrado desestabilizar su mente de esa manera, pero eso permanecería en secreto, no se lo revelaría al incubo aun.

Aunque debía admitir que, incluso sabiendo la clase de peligros que corría al tener ese cuerpo entre sus manos él continuaría tentando a la suerte de una manera descarada., y es porque a él no le molestaba en sí el ensuciarse las manos. Aquel incubo que parecía tan puro, como si fuese una luz en su vida solitaria y truncada aun cuando tuviese la compañía que cualquiera hubiera querido desear. Heinrich quería convertir aquella luz en un despojo, obsesionarlo al punto de que rogase cada vez más por las noches, pero una cosa podría ser su deseo interno y otra cosa lo que ocurría una vez que sus miradas se cruzaban. En definitiva, él era quien estaba recibiendo la recompensa en lugar del incubo.

Gruñó por lo bajo ante la presión de su miembro. ¿Cómo evitar la sensación de placer que le dominaba y corroía su cordura? Quería embestir con fuerza, golpear sin restricciones, ir más y más profundo hasta ver al pequeño llorar. Por esto último, dejándose llevar más de lo que ya lo había hecho, tomó una de las piernas que se había colocado en su cintura para elevarla hasta el punto de reposarla en su hombro, forzando a una nueva pose más profunda. Su respiración era tan pesada, demasiado, y una de sus manos acarició el rostro del pequeño por unos segundos.

Ahora puedes sentirme más, ¿cierto?—murmuró en su oído para luego alejarse de este, no sin antes mordisquear el cartílago de su oreja. A esas alturas su cuerpo ya no le obedecía en lo más mínimo, simplemente se dejaba llevar y buscaba el placer propio y el de la persona a la que mantenía aprisionada contra la pared. Los gruñidos roncos, entremezclándose con algún otro gemido que escapaba desde el fondo de su garganta mientras el ritmo establecido comenzaba a aumentar conforme pasaban los segundos. Tragó saliva y ambas manos se concentraron en la cintura de este, inclinando ligeramente su cuerpo mientras ejercía más fuerza que antes. Sus labios paseándose por los hombros y parte de su cuello, asomando su lengua y moviéndola de manera circular por toda la piel que pudiera tener a su alcance, con la clara intención de robarle el aliento mientras le embestía. Oleadas de placer que recorrían su espina dorsal, y una de sus manos liberando su cintura para buscar el mentón del menor y obligarle a que le mirase nuevamente.

Volvió a acariciar el pecho ajeno, presionando uno de sus pezones sin siquiera pensar en nada más. De vez en cuando un gruñido o un gemido algo profundo se escapaba de sus labios, y cuando ese placer le recorría hasta sentir que la punta de sus dedos temblaba, se movía en medios círculos. Él sabía perfectamente que todo aquello solo era un mero acto de egoísmo suyo, simplemente se estaba dejando llevar por todo lo que estaba sintiendo en ese instante.

Tiemblas tanto… ¿si alguien más te tocase o te embistiera así? ¿Temblarías igual? Siento curiosidad, mein engel. Aunque dudo… que alguien pueda hacerte sentir así. —No era alguien completamente posesivo, pero de vez en cuando tenía ese deseo dormido dentro suyo, de aquel que fue hacía mucho tiempo. Con los cabellos pegándoseles a la frente por la fina capa de sudor que perlaba su cuerpo, él no detuvo sus embestidas, continuaría hasta que ambos llegasen juntos al orgasmo.



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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

Mensaje por Emmith Darkwing el Mar Oct 31, 2017 7:47 pm


Se podía ver como con tan sólo unas pocas caricias y palabras que el demonio le otorgaba, lograba colocarlo en un estado donde su libido lograba despertar de ese letargo que el mismo incubo se colocaba, siéndole imposible el no contener las reacciones que su cuerpo dejaba ver con el pasar de los segundos. Realmente el experimentas aquellas cosas era algo tan nuevo para el menor, no sabiendo en ocasiones en cómo reaccionar ante cada movimiento que el más alto realizaba sobre su físico dejando que tan sólo su instinto fluyera sin colocar impedimento alguno de su parte en ello.
El azabache se sentía tan pequeño y un total inexperto estando en compañía de ese hombre en especial, sintiéndose completamente opacado ante el perfecto accionar que el castaño empleaba estando en su compañía; había varias ocasiones en las cuales el deseaba otorgarle el placer que el mismo experimentaba bajo las manos del alemán pero, con tan sólo un poco de este último, lograba desarmarlo por completo, dejando su mente completamente en blanco y a la merced del placer que tan sólo aquellos encuentros que tenía con el demonio lograba disfrutar.
Desde hace pocos meses, Emmith comenzaba a experimentar cambios muy extraños en su persona, siendo totalmente afectado tanto en lo físico como en lo psicológico y que, hasta el momento, no sabía cómo afrontar todo aquello por cuenta propia. Sentimientos que hasta el momento no fueron apreciados con anterioridad comenzaban a golpear sin cuidado alguno al menor de los Darkwing, no sabiendo en ocasiones como reaccionar o el qué decir estando en compañía del demonio de cabellos castaños; siquiera el mismo sabía el porqué de todo ello, sin embargo, sólo de una cosa estaba seguro y era de que estando tan sólo en compañía de quien actualmente era su dueño, experimentaba todo eso.

Negó lentamente con su cabeza en respuesta a las palabras del mayor, dejando en evidencia que estaba totalmente de acuerdo con los siguientes accionares que el alemán realice sobre su cuerpo sin importar si llegaba a salir mal parado de ello luego; después de todo, se trataba de ese demonio en especial y que sólo por él se dejaría lastimar de las tantas formas habidas y por haber. Un gemido no tardó en escapar de entre sus labios ante la sensación cálida y húmeda que la lengua del mayor le proporcionó a su cuello que de por sí ya era un sector demasiado sensible en el menor, el calor de sus mejillas tan sólo se intensificó con ello sintiendo como una fuerte oleada de calor comenzaba a azotar su físico sin piedad. Su ritmo cardíaco de por sí ya se encontraba agitado pero con aquel breve estímulo por parte del ajeno sólo logro incentivar el incremento de la velocidad del mismo; las mordidas y los besos que recibía sólo lograban que suspiros sin cansancio escaparan de su persona. Realmente se sentía un ser diminuto estando en brazos del más alto.
Sus labios fueron callados por completo por los ajenos, siendo su boca prácticamente sometida por la lengua del ajeno al irrumpir en su intrínseco sin más. Su voz fue callada con ello, siendo algunos tenues suspiros completamente ahogados por los labios del castaño opacando por completo un gemido en un timbre ligeramente alto ante la sensación exquisita que su ingle experimentó una vez que la cadera del adverso chocó con la propio, uniendo ambas nuevamente como si buscase mayor contacto por encima de las telas.  
El lugar, el clima y la situación era algo nuevo para el incubo, sintiendo perfectamente como el calor de la cercanía que el cuerpo ajeno tenía con el propio y de por sí la elevada temperatura que presentaba sólo lograba quemarlo por completo pero que, a pesar de ello, disfrutaba como si fuese aquel encuentro el último que tuviese con el demonio. Sus ojos yacían completamente cerrados, dejándose llevar por el deseo que tan sólo aquel beso era capaz de reflejar con el pasar de los segundos siéndole imposible el gemir por lo bajo ante las mordidas que sus labios sufrían por parte de su pareja en ese momento, —E-Estoy así por culpa de Hein-sama...— musitó por lo bajo una vez que su boca quedó completamente de aquel beso que disfrutó, frunciendo ligeramente su ceño luego sólo porque este último se le fue “quitado”.
De sus ocelos un brillo particular no tardó en aparecer, sintiendo como una ligera y fina capa húmeda comenzaba a adornar los mismos debido a la elevada temperatura que su cuerpo presentaba, siendo aquel detalle suficiente para sobrevivir al frío que el medio presentaba. Su mirada se perdía por completo en la del contrario, sintiendo como la misma le desnudaba por completo y que ese detalle ya era algo de su entero gusto; no había mejor sensación que sentir el pico máximo del gozo en manos de Heinrich.

Abultó ligeramente su labio inferior en reproche al no ser quien humedeciera sus falanges, siendo tan sólo espectador de aquel movimiento que desde lo más profundo de su ser deseaba ser partícipe. Levantó ligeramente su cabeza en lo que trataba de calmar su ya agitada respiración a sabiendas de que se aproximaba —Q-Que malo de… su parte.— No tardó en quejarse al respecto, no siéndole posible el callar aquel pensamiento de su parte y estaba por decir más; empero, el sentir la repentina invasión de uno de los dedos en su entrada cayó cualquier palabra que estaba por salir, siendo reemplazada por un fuerte gemido de su parte además de sufrir un fuerte espasmo en todo su cuerpo, encorvando ligeramente su espalda por aquella intromisión. Cortos y tenues jadeos se hicieron presente de su parte ante la peculiar sensación que la falange del adverso ocasionaba en su interior aunque tan sólo fue cuestión de segundos para sentir como la vergüenza inundaba por completo su rostro al percibir perfectamente como la mano del mayor sujetaba su ya activo miembro, quitándole por completo de su resguardo. Cerró con fuerza sus ojos pero no pudo decir nada, siquiera un mísera palabra al ser sus labios capturados por cuenta nueva en un beso por parte del ajeno; su cuerpo temblaba ligeramente con cada movimiento que este realizaba en su interior al tan sólo emplear sus dedos, sintiendo como algunos latigazos ligeros de placer golpeaban su ser con el pasar de los segundos.
Sus brazos no tardaron en aferrarse con más fuerza de lo normal sobre el cuello del ajeno una vez que este quitó por completo sus dedos de su interior y levantar lo suficiente su cadera, la posición de por sí no era muy cómoda para el incubo pero que a pesar de ello estaba completamente expectante ante cada movimiento que el mayor realizase sobre su ser. Mordió con fuerza su labio inferior en lo que desviaba ligeramente su mirada al girar su cabeza apenas unos centímetros a un lado dejando que el mayor se apoyase prácticamente sobre su cuello y, siendo cuestión de unos pocos segundos, sentir como su cuerpo sufrió un fuerte contracción además de un ligero pero punzante dolor se hiciera presente, siendo un gemido de dolor pero mezclado con el placer del momento hiciese acto de presencia en lo que el demonio, lentamente, ingresaba en el intrínseco de su persona.

Sus dedos se aferraron con muchísima fuerza en la camisa de su pareja en lo que sus piernas se extendían ligeramente al buscar y favorecer al mayor con la penetración, aunque sus paredes no tardaron en aprisionar por completo el falo ajeno al no acostumbrarse a la repentina presencia del mismo en su interior. —He-Hein-sama...—Gimió el nombre del mayor en lo que trataba de habituarse a la nueva posición que adquirió, sus paredes tan sólo se contraían y eso sólo ocasionaba que ligeros choques de placer inundaran su ser, dejando que sutiles jadeos en esta ocasión se hicieran presentes; empero, los mismos adquirían volumen ante el estímulo que sus pezones sufrían bajo la atención de las palmas del mayor.
inquirió por lo bajo en lo que, inconscientemente, movió sus caderas buscando con ello incentivar al demonio a comenzar a moverse aunque una pequeña oleada de gozo azotó su persona ligeramente por ello induciéndole a morder sutilmente uno de los hombros del adverso por encima de la tela —Mu-Mu… evase, hágalo.Pidió, cerrando sus ojos por cuenta nueva.
Definitivamente, aquella “recompensa” que obtuvo tras realizar su trabajo era de algo que iba a disfrutar esa noche al máximo.  
[/quote]
Emmith Darkwing
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Re: —Schadenfreude +18. [Priv. Emmith]

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