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Mensaje por Invitado el Sáb Nov 26, 2016 9:03 am


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Elise & Jägger — Tarde-noche — Salón de masajes  



Apenas llevaba unas semanas y media en Viborg, se podría decir que deje todo y nada a la vez, nunca fui comprendida ni respetada en mi clan, quienes debían amarme sin condición me odiaban y despreciaban por no ser como ellos. Llegaron a intentar matarme, pero para mi suerte o desgracia logre escapar. Fue y será duro, aunque la libertad que me ha sido regalada es lo mejor que podido saborear desde que nací. He vivido atada de pies y manos durante 648 años, no iba a desperdiciar más tiempo de mi existencia, lucharía por tener una vida digna y respetable sin depender de nadie.

Los primeros días fueron los más duros y complicados, no era sencillo empezar de cero en una ciudad en la cual no conocía a nadie, y peor aún, con los bolsillos vacíos. Me confundieron con un vagabundo repetidas veces, llegando a tener problemas con la policía, pero era fácil librarse de ellos con cuatro caricias, habían hombres tan fáciles que me resultaba aburrido jugar con ellos... 

Hace apenas un par de días logre encontrar un trabajo como masajista. Al no tener estudios logre convencerles de hacerme una prueba para valorar si era digna de aquel puesto de trabajo.

Me hicieron una prueba, fue muy sencilla, consistía en hacer un masaje a mi actual jefe, según pude oír era muy difícil de complacer ya que había sufrido un accidente de automóvil, fracturándose el hombro izquierdo, esto le conllevo a sufrir omoplagía. Al finalizar el masaje salí de la cabina para recibir una valoración, si soy sincera, jamás había sentido mayor placer que siendo halagada por mi buen trabajo, fue reconfortante y agradable oír buenas palabras por primera vez en años. Llegamos a un acuerdo, trabajaría ocho horas diarias siendo la encargada de abrir y cerrar el centro. Tenía el ojo echado a un pequeño apartamento en pleno centro de la ciudad, no estaba nada mal. Mi único problema es que hasta el primer suelo no podría pagar, por lo que decidí dormir en el centro a escondidas, sabía que si era descubierta podría perder el puesto pero era un riesgo que debía sufrir si no quería dormir en la calle, otra vez.

* * * * * * *



- Jägger... ¿Jägger me estas escuchando? — Pregunto Amanda mientras permanecía hipnotizada por el tambor de la lavadora. — ¿Hu...? Si, si... ¿Dime? — Musite en medio un susurro casi inaudible. — Nada déjalo, estas en otro mundo. — Reprocho marchándose de mi lado. No comprendía aquel carácter tan susceptible de los humanos.¿Qué le había hecho?

Pase toda la mañana trabajando, llegando hacer masajes a 7 personas, lavando toallas y batas para los próximos clientes. Mi brazo empezaba a resentirse de tanto trabajo,  pero debía hacer todo y más por destacar mi trabajo y seguir ahí por mucho tiempo.

Quedabas apenas una hora para que finalizase mi jornada y no había más clientes anotados en la lista por lo que me senté en la salita de descanso. Escuche pasos que se acercaban y solté un suave suspiro. —  Dime. — Pregunte sin dar tiempo a que Amanda dijese una palabra. — Llego un cliente, es el último… prometido. — Asentí inclinando mi cuello hacia atrás rotándolo. — Ahora mismo voy. — Dije con una falsa sonrisa en mi rostro, estaba cansada, solo esperaba que no fuese un anciano baboso.
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Mensaje por Invitado el Miér Dic 28, 2016 11:39 am


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Saki & Jägger — Tarde-noche — Salón de masajes  



A pesar de las horas que llevaba trabajando sin parar aún me tocaba atender a un ultimo cliente. Había llegado a la hora justa: justo para joderme y justo para que no le pudiéramos negar la entrada. Un fastidio si cabía decir. Por su maldita culpa me tocaría permanecer allí hasta terminar, tristemente el quedarme no era problema, ya que dormía en el salón de masaje, pero las listas de mis compañeras tenían la escusa perfecta para irse y que me tocara recoger todo a mi sola. Maldita seas... ¿Por qué tengo tan mala suerte? Con lo fácil que seria engatusar algún rico de esta maldita ciudad y mandarlo todo a la mierda, pero no, soy tan inteligente que quiero ser auto-suficiente y dejar de lado esa faceta para poder mantenerme por mí misma.

Me dirigí a la salita de espera con el uniforme habitual: unos pantalones ajustados y una camisa en color blanco a conjunto, pero por culpa de mis exuberantes senos debía llevarla medio abierta con una camiseta de tirantes debajo de esta. Todo por “educación” ya que por lo visto, esta mal visto llevar media teta fuera. Cuando por fin entre intente cambiar la pesada expresión de mi rostro por una tenue sonrisa amigable. Mi cliente era una joven alto y atractivo, pero el punto que se llevo toda mi atención fueron sus ojos, eran preciosos. Escuche su comentario, para bien o para mal tengo un odio la mar de fino. No me enfades que te daré un puñetazo que te dejare durmiendo por dos días. Pensé mientras me mordía el labio inferior y decía lo que debía decir. — Disculpe la tardanza caballero, mi nombre es Rouse y seré su masajista. Espero sea de su agrado. — Dije en un tono suave, casi dulce mientras inclinaba mi dorso en una sutil reverencia. Todo por el dinero... Cerré la puerta con cuidado y me adentre a la habitación cogiendo una toalla blanca del armario de mi derecha.

¿Masaje con final feliz? ¿A caso este idiota cree que entro en una casa de putas? Mi labio se frunció levemente mientras soltaba una suave risa, tan corta como falsa. — Siento decir que acá no ofrecemos ese tipo de servicios. — Dije cortante mientras daba a mala gana la toalla contra el pecho de este. Quizá tenia suerte y se iba, pero seamos sinceros, el chico era directo y eso me gustaba. Me gustaba mucho a pesar de ser la reían de la falsedad. — Desvistete y colócate la toalla en la cintura. — Indique eliminando el “usted”, después de todo aquel hombre no parecía ser el más educado del mundo.  — Cuando termines túmbate boca a bajo en la camilla. Puedes hacerlo allí, aunque quizá no tengas pudor en hacerlo delante de mí. — Bromee apuntando al frente, donde había otra puerta que daba a un vestidor con cajones en los que podría dejar sus pertenencias. Mientras tanto, y sin prestar mucha atención fui encendiendo las velas aromáticas junto la música relajante, apagando la luz por completo.

Ahora no podía atacar ya que estaba en hora de trabajo, pero cuando esta acabase... ¿quien me lo impedía? Aquel salón tenia desde jacuzzis a saunas. Mire al reloj y a penas quedaban diez minutos para que terminara mi jornada.

Podría ser divertido...
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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 08, 2017 11:36 am


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Saki & Jägger — Tarde-noche — Salón de masajes  





Mi mirada permanecían fija en el contrario. Por tú puta culpa sigo aquí encerrada, así que vamos hacer las cosas lo antes posible y todos felices. Realmente no tenía mucho humor, estaba realmente cansada y tenia el brazo adolorido, pero pensándolo bien... Es tarde y este estúpido tiene pinta de no tener dos dedos de frente, ¿por qué no usarlo a él? Aquella idea paso por mi mente como un relámpago, pero rápidamente negué con mi cabeza respondiéndome a mí misma. Debo empezar a controlarme.... Ademas, estoy trabajando si mi jefe se entera de que hice algo raro acabare en la calle y necesito este trabajo... Pero si lo pienso fríamente él anda de vacaciones, así que es imposible y punto numero dos... Si termino mi jornada de trabajo no debería influir en nada, ¿no? Mm...

Mientras me intentaba convencer a mi misma mostré una mueca ante su halago. ¿En serio? Madre mía. — ¿No se te ocurre nada más ingenioso para llamar mi atención? — Cuestione riendo de forma irónica, las cosas simples me aburrían y ese muchacho lo único que tenia de interesante era su bonita cara. Imite el puchero del chico y lleve ambos puños a mis ojos fingiendo que lloraba. — Que pena, que pena ~ — Dije burlona tirando la toalla contra su pecho. Estaba cansada y por eso no lo trataba como a todos mis clientes, acompañando su actitud se me era imposible tomarme aquello con seriedad. A veces puedo ser demasiado tosca.

— ¿De verdad que no la necesitas? Que mayor... — Reí dándole la espalda para colocar velas aromáticas y poner las cremas necesarias a mi alcance para no tener que moverme mucho a la hora de hacerle el masaje. Espere mientras se quitaba camiseta y pantalones, total eso era poco morboso, pero cuando solo le quedaban los bóxer me lo mire fijamente. ¿Qué hacia donde miraba? Esta claro, ¿no? A sus ojos. Siento que eso es más intimidarte que si me dedicara a mirar fijamente su miembro, después de todos todos son iguales la diferencia esta en los que lo saben y no saben usarlo. Mire como se tumbaba en la camilla y de nuevo soltaba una gilipollez... Te vas a enterar. Cogí un bote de crema que al contacto con la piel es como si fuera un cubito de hielo y le eche un par de gotas sobre la espalda para molestarlo. — Claro que sí mi amor, te haré sentir muy... — Dije acercándome a su oreja. — Muy, pero que muy bien. — Susurre riendo.

Me incorpore y me desabotone los botones de la camisa ya que me era difícil trabajar con ella; mis pechos me limitaban los movimientos. Quede con una camiseta de tirantes oscura, con un escote bastante pronunciado. Mis manos empezaron a esparcir las gotas de crema por su piel para que se penetrara y la dejara bien humectada para evitar tirones a la hora del masaje. Manche mis manos con un gel de efecto calor y tras frotar mis manos un par de veces empece a masajear al contrario, empezando por la zona de los omóplatos, hincando con suavidad los dedos por ellos para buscar posibles contracturas y quitárselas una vez haya masajeado todo un poco, ya que hacerlo en frío puede ser peor el remedio que la enfermedad. — Y dime, ¿te duele alguna zona en concreto? ¿Quieres que me centre más en alguna parte? Pide por esa boquita... — Dije esperando una respuesta.
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Mensaje por Invitado el Vie Mayo 05, 2017 9:10 am


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¿De donde carajo se ha escapado este idiota? ¿Esto es una cámara oculta? De ser así, no tiene ninguna gracia... Parecía el típico adolescente con las hormonas revolucionadas que en vez de tener dos dedos de frente en modo lateral los tiene en horizontal. ¿Por qué siempre acabo rodeada de gente tan rara? Que entiendo que soy la mujer más bonita que ha visto en su miserable vida, pero por favor... Trátame como tal y no como a un pedazo de carne, me gusta sentirme apreciada y aún me gusta más sentir que tengo a los hombres comiendo de mi mano...  Aunque bueno, me ando quejando cuando soy la primera que cuando algo me gusta, me vendo como si fuera una puta barata... Desde luego necesito un par de clases de coherencia, porque ando muy perdida. — Dime algo que no sepa, lo típico aburre. — Musite tranquila, enarcando una ceja. Evidentemente quería que el chico continuara con aquel juego, me divertía aunque no lo aparente a simple viste. Después de todo soy una mujer de lo más bipolar.

En la sala empezaba a impregnarse de aquel dulce aroma que desprendían las velas, pero era un olor tan sutil que no llegaba a ser empalagoso. En aquel local no escatimaban a la hora de comprar tonterías de ese tipo, después de todo somos uno de los centros más caros de la ciudad ,y aún así me pagan una misera. Desde luego se aprovechan de que no tenga papeles, ojala por fin tenga un poco de dinero ahorrado y pueda dejar esta basura de empleo. No me quejo por quejar, y se que hay peores lugares en los que podría estar, pero creedme que cuando debes aceptar todo y cada uno de los favores que se te piden por el mero echo de vivir con miedo de que te puedan echar... Es un asco. Aunque esto es otra historia. Ignore por completo sus palabras, después de todo odiaba responder idioteces, gastar saliva de forma inútil no entra en mi acuerdo.

Di una ligera llamada de atención al muchacho, dejando caer aquella helada crema sobre su piel. Es duro de pelar. Aquel pensamiento voló por mi mente al ver que no movía un solo musculo, nada mal... Una ladina sonrisa se dibujo en mi rostro, pero evite que se diera cuenta, después de todo debía mantener un poco mi rol. Mis manos empezaron a masajear cada rincón de su espalda, viajando las falanges hasta la zona baja de su espalda como bien me había indicado. Apretaba con suavidad aquella zona, estaba lleno de nudos y se encontraba muy cargado. ¿A que se dedicara? O quizás es un simplemente por malas posturas o caminar mal, pero con lo joven que aparenta ser ya este así es de lo más gracioso.

Apreté con los nudillos ligeramente en los nudos que encontraba, alguno que otro fueron desapareciendo rápidamente, pero otros tantos eran de lo más insistentes...  — No menosprecies mi trabajo. — Susurre acariciando sus costados para encender la placa de piedras. ¿Qué? Sentí como un tic nervioso aparecía en mi ojo izquierdo, este chico es tonto de los pies a la cabeza. — Desde luego, la seducción no es tu punto fuerte chico. — Dije riendo a carcajada limpia, ¿como podría tomarme en serio aquella clase de comentarios? Justo en ese momento las agujas del reloj macaron las en punto, ahí terminaba mi horario. Mis ojos se tornaron un tono más claro, semejantes a la sangre. Sin que las piedras llegaran a quemar al contacto con la piel las saque y deje en sus lumbares, una a una. — Sabes, eres como un chiquillo intentando lograr lo que se propone, lastima que en este juego las riendas las llevo yo. — Añadí acariciando su costados con mis uñas, muy suavemente para crearle escalofríos. — Quizá... — Pause llevando la diestra a su melena, acariciando su nuca. — Quizás es tu día de suerte. — Susurre dando una lamida en el contorno de esta. — O quizá no. — Dije en un tono mucho más seco, obligando al muchacho a levantar la cabeza de la almohada de la camilla. Lo hice de forma brusca, agarrándole de la melena, pero en ningún momento para hacerle daño.

Sin lugar a duda no era como las demás mujeres, no me agradaban las delicadezas y mucho menos las cosas rebuscadas. Era quizá demasiado simple, pero me gustaba jugar. No niego que me encontraba algo excitada, pero vamos... Necesito algo más que un par de insinuaciones. — ¿Por qué debería jugar contigo? ¿Qué puedes ofrecerme para que me quede contigo esta noche? — Cuestione agachándome ligeramente, dejando el rostro a escasos centímetros del suyo mientras mordía ligeramente mi propio labio inferior. — ¿Crees que podrías lograr satisfacer a un demonio del sexo? — Desde luego quería oír las ocurrencias que seria capaz de decir. La noche empezaba a tomar forma, y aunque me joda aceptarlo, estaba jugando bien sus cartas, las personas directas me gustan.
Invitado



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