[+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

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[+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Feb 02, 2017 10:48 pm

Days before:
Tenía memoria fotográfica, le prestó mucha atención a cada rincón el cual recorría, no solamente lo que Nebiri le mostraba, expandió su rango de visión para tomar puntos de referencia más precisos que le servirían definitivamente para orientarse. Ella aprendía rápido. Y ahora que él le comentaba su 'pequeño' problema para la escritura y lectura, no pudo evitar pensar que ella aprendió a leer sola cerca de los tres años, también comenzó a hablar muy pronto, a tener un vocabulario amplio, desarrollo psicomotor precoz y gran sensibilidad y sentido de las cosas. Pero por supuesto, ella fue una niña prodigio, y en el fondo de su pecho ocultaba esa maldad innata que le hizo gracia cuando el otro le pidió su ayuda: ella aprendió a los tres, y él tenía veinticinco y no sabía hacerlo bien. Holtzmann tomó en cuenta que él provenía de otra civilización, y que el aprender Inglés en poco tiempo ya era bastante, obviamente aceptó enseñarle más adelante, concluyó que sería horrible caminar por las calles y entender la mitad de lo que decían los carteles. Es más, la imagen de un hombre totalmente adulto, corpulento y con vello facial, sin saber escribir ni leer muy bien, siendo el típico estereotipo de campesino, le hizo gracia al imaginárselo —Bueno, tienes de aquí a diez años para decidirte.— con o sin barba ella lo seguiría viendo de la misma manera, no se impresionaba con esas cosas como algunas chicas. Ventaja de ser mujer difícil y fría. El ruido de los motores llegó a sus oídos, lo soltó y caminó más rápido para ver finalmente un camino de asfalto. Rápidamente consiguieron un taxi, el conductor le extrañó tener que llevar gente desde ese lugar, pero no dudó en parar al ver principalmente a ella. El viaje no fue largo aunque el tránsito estaba un poco congestionado ya que a esa temprana hora la gente trabajaba, en todo el viaje se quedó pegada a la ventana mirando afuera, tal como siempre hacía desde pequeña por curiosidad —Cómprala. Compra todo.— ordenó, natural en ella —Y claro que me gustaría. Ahora podré apostar mejor ya que te conozco en el ring. Solo recuerda que si es en Canvas Palace yo no podré entrar.— remarcó apuntándole con un dedo como si estuviera explicándole a un niño. Al llegar agarró bien su bolso y abrió la puerta, la dejó justo enfrente de su casa, antes de cerrar la puerta se agachó y le depositó un beso en la frente, lo cual estaba segura que no era lo que él quería, pero así de manipuladora era.

Llegó bien, las puertas se abrieron y entró tomando una gran bocanada de aire, ahora estaba en su lugar, se sentía más cómoda, tiró su bolso en una mesa y comenzó a tocar su cabello percibiendo un extraño aroma para nada desagradable, olía a naturaleza, al aire, a las hojas mojadas… se quedó pensando en ello hasta que escuchó una voz detrás de ella —Así que ya llegaste.— se heló, ni siquiera volteó, conocía esa voz y sabía quién era perfectamente, pero no sabía por qué había ido —No te asustes, solo venía a corroborar si ya terminaste el armamento que pidió la familia Springwoods.— cada una de esas palabras eran una estaca en su pecho, tragó saliva y volteó lentamente, ¿qué diablos iba a decirle? no podía decirle la verdad, no podía decirle que se le olvidó por estar toda la semana esperando... a él. Entró al lugar sencillamente, pues obligatoriamente tuvo que darle libertad a que cualquiera de ellos entre y salga de su laboratorio como les plazca. Después de todo eran sus jefes. Cruzó mirada con el hombre, alto, de traje, algo pasado de peso pero lo llevaba muy bien al ser corpulento —Aún tengo que ampliar la longitud de la recámara y un par de detalles para hacerlo polivalente. Debo cambiar el cerrojo para arrastrar los cartuchos hasta la recámara y obturarla hasta el momento de la extracción.— hablaba rápido, nerviosa, buscando que le creyera y la dejara en paz. El hombre asintió a cada caso, los términos de su habla lo convencieron, pero no dudó en plantearle una pregunta al verla más de cerca —¿Cómo te hiciste ese chupón?... ¿de dónde sacaste este ridículo collar?— Holtzmann abrió más los ojos, pero sabía ingeniárselas rápido —Estaba con una amiga.— el hombre se acercó a ella y la tomó del mentón, le levantó la cabeza para mirar mejor el punto rojo —¿Y ella te hizo y te regaló eso?— ésta vez la castaña tragó más saliva, pero no se dejó amedrentar —Estábamos muy ebrias.— era claro que no quería involucrar al tigre en ese ambiente, y como sus superiores conocían su singular lazo semi amistoso con la alienígena no dudó en usarla como excusa. Una vez más logró convencerlo, la soltó y solo se encaminó a la salida —Tienes tres días más. Hoy es un aviso, si me haces volver de nuevo ya no lo será. Ponte a trabajar, Holtzmann.— la inventora asintió, soltó un pesado suspiro al verlo irse.

¿Cómo diablos se le pasó el pedido de los Springwoods?
Inmediatamente se fue a cambiar, más le valía comenzar su trabajo ahora y terminarlo en menos de tres días.


11:30 hs . wednesday . laboratory

Ese era el momento que habían arreglado. Pasaron cinco días, en todo ese tiempo ella no hizo otra cosa más que empeñarse a terminar todos los trabajos que tenía pendientes, se sorprendió de la lista de cosas que envió una adinerada familia ¿para qué rayos querían modernizar todo eso? comprendía el armamento, pero también incluían artefactos que no servían para otra cosa que no fuera decoración, ellos eran demasiado ostentosos, malditamente ricos, y nefastamente avariciosos.

Pero para esa mañana había dejado todo a medias la noche anterior, solo se levantó más temprano de lo habitual para terminar todo estando más tranquila y con tiempo, de paso mandó a sacar todos los artefactos que ocupaban la zona de pruebas. Una habitación grande, fría, azuléjelos metálicos de un ligero tono grisáceo, iluminado por varias largos tubos de luces led, la única ventana allí era un reforzado ancho vidrio espejado: desde afuera podía verse todo lo que había en ese cuarto, pero desde adentro no. Ese vidrio polarizado lo forjó, diseñó y fortificó ella misma. Aquel era el único lugar en el que podían moverse de la forma que lo harían, donde nada podía romperse ni tampoco electrocutarse con algún cable suelto que inevitablemente abundaban en peligrosas partes del laboratorio. Cerca de la hora Holtzmann ya estaba vestida: un short básico de lycra color negro, un sujetador deportivo del mismo tono, y finalmente un par de deportivos converse con plataforma color blanco en sus pies. No importaba la ocasión, Jessica nunca perdía esa esencia atractiva, y jamás escucharía alguna protesta en contra acerca de su manía con los tacos altos. Ajustaba el calibre del modelo lanzacohetes AT4 de los Springwoods cuando uno de los androides fue a avisarle que él había llegado —Vaya, hasta que me hacen caso. ¿Cuántos circuitos de tu cerebro artificial tuve que quemar, eh?— le golpeaba con el dedo en la zona donde estaría la sien —Sigue así y quizás entre hoy y mañana te devuelva la posibilidad del habla.— el droide comprendía sus palabras, sin emoción simplemente asintió, aunque Holtzmann sabía eso era lo que más quería desde hace más un año. Últimamente ha estado siendo muy condescendiente con sus artificiales allegados. Lo apartó para dirigirse al centro del laboratorio, donde siempre se encontraban, sus pasos no se oían por el modelo del calzado, ligero y de suela esponjosa, mientras se ataba el cabello dejándolo a modo de coleta alta, solo un mechón ondulado se quedó afuera rozando su hombro derecho a medida que andaba.  

Ya desde lejos, al visualizar su figura, comenzó sus bufonadas —No tuviste problemas para entrar ¿cierto?, ¿o de nuevo tuviste que pelearte con las máquinas y mi reja?— sonrió tranquilamente endulzando su voz, le encantaba atacar a la gente y eso dejó de ser una novedad desde hace años.

Lo encontró de espaldas, no dudó en acercarse y apoyar delicadamente una mano en él para llamar su atención —Tener dos relojes encima te hacen un individuo impecablemente puntual ¿verdad?— ni un minuto más ni un minuto menos, Nebiri era la persona con más precisión horaria que hasta ahora ha conocido —Tengo este conjunto desde hace tiempo, no recuerdo para qué lo compré, la cosa es que jamás lo usé hasta ahora.— se inspeccionaba a sí misma, acomodándose el short y levantarse más el escote, al menos en esa parte se notaba que sí había crecido —… Te advierto que no sé mucho sobre esto, siempre odié la actividad física.— con un gesto de mano le indicó que la siguiera, iba a llevarlo a la zona de pruebas por medio de un estrecho pasillo más allá de las áreas que él conocía, definitivamente su laboratorio era mucho más grande de lo que aparentaba —¿Tenemos que comer algo antes? carbohidratos, glucosa, zumos, snacks naturales, aquel tipo de cosas para evitar que me muera en el intento.— Jessica tenía los conocimientos, como siempre, pero no la maldita práctica. Ella podía decir todo lo que el cuerpo necesita para el adecuado rendimiento y energía que se debe tener a lo largo de una actividad deportiva, pero no era capaz de hacer ni un solo abdominal. Como estaba ligera de ropa el tigre nuevamente podía ver que, aunque Holtzmann no tenía músculos marcados, éste era tonificado, hermoso y natural, sumado a su estilizada imagen tenía la presencia de una modelo. Cómo no, con sus largas extremidades.

Una vez que llegaron al fondo del pasillo una puerta automática se abrió al detectarla, y allí estaba el lugar. A medida que entraban a su lado salieron un par de androides que arrastraban un pesado artefacto cubierto de sábanas blancas, ella había ordenado despejar el sitio, y al salir cruzaron desinteresadas miradas con el híbrido —… Ellos son Workbot y Autolabour, robots de trabajo.— comentó naturalmente. Una cosa particular en ella es que cada uno de los autómatas que creaba tenía nombre, sin acrónimos, tenía sus métodos para nombrarlos. Algo inusual, quizás así es como burlaba a su soledad diaria. Cuando se fueron la puerta se cerró quedando dentro únicamente ellos dos, Jessica se sentó en una silla neumática estilo oficina que estaba en el rincón —Bien, profesor, ¿cuál es el paso uno?— se cruzó de piernas apoyando las manos en su rodilla, esperando sus palabras. Sí, estaba muy cómoda ahí sentada, Nebiri no tenía idea de lo difícil que sería moverla.


Última edición por Holtzmann el Jue Feb 09, 2017 2:43 pm, editado 1 vez
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Vie Feb 03, 2017 4:58 am



11:30AM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON:HOLTZMANN
MAKE HER SWEAT, TIGER!
Habían pasado algunos días desde entonces, cinco si no le fallaba la memoria, en esos días tuvo una pelea relámpago en uno de los bares de la ciudad, al parecer la pelea en el Grand Palace no había pasado desapercibida, de alguna manera la voz se había corrido y un sujeto que por falta de dinero no pudo inscribirse, contactó con Tony para retar personalmente al campeón. Todo debía ser por medio de Tony, desde luego, Nebiri si salía de casa era solo para pelear, ir de compras, quizá pasear y a partir de esa temporada para visitar a Jessica Holtzmann. Tony arregló el duelo y por supuesto que la pelea ganó una decente cantidad de espectadores, podrían ser una ganancia mucho menor a la que sacó en el hotel-casino, pero dinero era dinero y Tony, pese a ser avaricioso, sabía que pequeñas o enormes, todas las ganancias eran bienvenidas. Además necesitaba poner al tigre a pelear, el chico siempre parecía estar enojado por algo. Nebiri había quedado con la furia marcada en su pecho desde que fue sacado de su hogar, siempre estaría enojado, siempre tendría ira qué sacar, siempre tendría esa rabia en su pecho. El enojo era el mejor escape para el tigre de todo lo que lo rodeaba, era eso, deprimirse, volverse loco o dejarse devorar por la ciudad. Enojarse estaba bien para él y motivos para enfadarse no le faltaron una ves llegó al bar en cuestión, era en los barrios bajos, el enemigo en turno fue un alto demonio de oscura piel que ni bien vio al tigre se echó a reír. No, Nebiri simplemente no lucía como el rudo peleador que era, en una ciudad tan grande hacía falta mucho para tener fama, sobretodo en los barrios bajos, Pero mantener un perfil relativamente bajo era perfecto para un solitario como Nebiri, excesiva atención lo enojaría pero no a manera de escape, si no de muy malas formas. Nadie quería un tigre rabioso suelto por la ciudad.

Tony Blair sabía mover bien sus cartas, le bastaban peleas pequeñas por lo general y una grande cada tanto. Que tildaran de "campesino con suerte" al tigre era la mejor estrategia que tenía... Además acababa de perder a uno de sus peleadores, el muy idiota compró drogas duras con la ganancia de la semana y el imbécil quedó tendido en el piso de su apartamento con las ventanas abiertas. La mezcla del veneno de la ciudad con la que ya tenía en el sistema fue fatal. Amaneció muerto. Por razones como esa el francés cuidaba de Nebiri y adoraba a ese animal por solo tener un vicio que era capaz de controlar y no caer en el alcoholismo. La pelea fue breve pero el demonio de piel oscura probó las garras del Tigre y salió con los brazos enteros solamente porque al tigre le daba asco morder la carne de demonio, tenía un sabor francamente asqueroso. Luego de la pelea fueron a beber y comer un poco en un comedor decente cercano. Tony tenía cierta curiosidad aun y no dudó en preguntarle al tigre.

Oye, campeón, ¿cómo conociste a Mlle Holtzmann? —preguntó el curioso francés.

En un bar —fue la cortante respuesta del tigre y siguió devorando lo suyo.

¿Solo así?

Sí. En un bar —a decir verdad no tenía muchas ganas de contarle a ese entrometido que se encontraron y tuvieron sexo porque ella quería tener sexo y él aceptó sin más. Y al pensar en ello volvió a enfadarse. Desde el primer día ella lo tuvo a sus deseos y voluntad. Esa mujer... Siguió comiendo con graciosa rabia.

De acuerdo, no quieres hablar —el francés sabía leer a ese animal—. Las siguientes peleas serán en los sitios de costumbre, si se hace una pelea en un sitio lujoso te lo haré saber, así podrás llevar a tu dama —y ante esas palabras vio al tigre sonreír. Pagó todo lo que llevaba comiendo y dejó aun más para lo demás que pudiera comer, el tigre tenía buena barriga para la comida—. Saluda a Mlle Holtzmann de mi parte, tigre. Nos vemos.

El tigre se despidió con un gesto y el demonio se retiró. Pensaba ir a ver a Jessica en un par de días más, tenía que seguir con algo en su territorio que le había causado mucha curiosidad, pero se lo contaría a la inventora apenas la viera. A ella le gustaría escuchar algo así, el metal era lo suyo y lo que encontró era de metal.

Pasaron ese par de días y un acicalado tigre cargado con licor, más carne para ella y unos enormes ánimos, se dirigió a la casa de Jessica. Seguro que seguiría trabajando, ella trabajaba mucho, estaba hecha para crear cosas y eso era algo que el tigre admiraba de buena manera. Seguía sorprendido por el laboratorio y eso que el felino no era precisamente fanático de la tecnología. Tenía su propia manada de robots, un perro, y todo en ese sitio era un arma mortal incluida ella misma. Solo le faltaba una cosa y era saber defenderse y para eso estaba el tigre ahí. Para enseñarle a ser prácticamente letal. Ella bien le había advertido que quizá no sería sencillo, y él sabía que ella aun necesitaba más resistencia, el que aun resintiera en su cuerpo que tuvieran sexo era una señal de ello y eso que Nebiri no era extremadamente rudo, mucho menos violento, solo intenso en buena medida y tampoco que castigara tanto el cuerpo de la inventora. No la volvería una masa de músculos, pero sí intentaría que ella pudiera usar su propio cuerpo como arma.

Se fue caminando hasta la casa de la inventora. Revisó su reloj y era temprano aun, no era mediodía y podrían estar al menos un par de horas con la lección. Tampoco debía excederse, lo primero era medir qué tan mal estaba su condición. No que tuviera toda una rutina planeada, Nebiri solo había aprendido de una manera y era viendo e imitando a su madre. Sin explicaciones extensas, sin detalles demasiados complicados. Además, ya hacía un tiempo que había enseñado a pelear a una despistada policía con alas blancas, si pudo con ese torpe y tímido ser, entonces Jessica Holtzmann no sería complicada... ¿Verdad? Bueno, ella era lista, al menos a eso podía aferrarse. Tocó el timbre y no fue mucha espera como de costumbre. Llevaba la carne protegida en papel en el hombro, era una pierna entera de un jabalí. No llevaba nada extra más que la comida, si por alguna razón llegaban a la parte de las armas blancas sería sencillo improvisar con lo que hubiera en el laboratorio, sería lo mejor dado que ese era su territorio y, si alguna arma iba a tener cerca, sería algo de su laboratorio.

Pasó a la casa y ella de momento no le recibió, solo las máquinas. Ésta vez no la llamó, por primera vez se dio el tiempo de estudiar mejor el territorio de la inventora. Enormes máquinas, cables que corrían por el suelo y que no se atrevía a tocar. Había algunas cosas apiladas pero no por eso lucía desordenado. Todo era una potencial arma ahí ahora que lo pensaba y sin duda serviría enseñarle a usar armas a la inventora. Sí, Nebiri podía defenderse de cuchillos, bates, garrotes y demás armas contundentes. Si podía usar un arma le bastaba un palo de realmente requerirlo, pero prefería usar sus garras y colmillos en todo momento. De pronto escuchó la voz de la inventora y sintió ese toque en su espalda. Volteó de inmediato. El veneno de la mujer no se hizo esperar y como era normal él comenzó a gruñirle.

¡Demonios, mujer! ¡Sé llegar a tiempo! —reclamó el birmano y su atención pronto se la llevó la indumentaria de la inventora. Puso un gesto idiota y la sonrisa le regresó de inmediato—. Con eso puesto podrás moverte bien. Iré a dejar esto a la cocina —admirar su cuerpo era obligatorio, en serio le encantaba admirar a esa cruel diosa que le daba miel y veneno. Era imposible aburrirse de esa visión. Volvió con ella tan pronto pudo luego de dejar la carne—. Pues tendrás mucha de esa actividad. Y no sé si debamos beber algo, supongo que con tener agua cerca servirá. Vas a sudar mucho —advirtió con una sonrisa mientras la seguía de cerca y cuidando en todo momento de no patear algo sin fijarse o de pisar algo que soltara chispas. Los nombres de los robots le parecieron graciosos pero no dijo nada, esos seres eran su manada después de todo. Pasaron por un estrecho pasillo hasta finalmente llegar a una zona amplia y despejada. Dio un veloz vistazo, era perfecta—, Te enseñaré como yo aprendí, no conozco otro modo —pero antes los preparativos. Se quitó el calzado y la parte superior de su túnica para quedar solamente en su pantalón. Dejó sus cosas dobladas en una esquina y se colocó en el centro del cuarto, con un gesto indicó a Jessica que se colocara a su lado—. Primero tienes que calentar el cuerpo —indicó—. Solo tendrás que imitar mis movimientos. No te pondré a hacer lagartijas, vas a lastimarte.

Excesivo ejercicio quizá serviría, pero no estaba ahí para fortalecer ese cuerpo, si no para enseñarle a usarlo tal cuál estaba. Se haría más fuerte con el tiempo. Además se dolería mucho el cuerpo de hacer ejercicios muy pesados. Tomó una posición con las piernas ligeramente abiertas, flexionadas hasta lograr una posición estable. Animó a Jessica a imitar su posición y siendo ella un tanto más alta acomodó su cuerpo para que pudiera tener una posición firme. Nebiri no lo sabía pero estaba usando mucha ciencia en ese momento, en aquella posición su centro de masa estaba más abajo y por tanto también el centro de gravedad que permitiría movimientos firmes y quitaría la posibilidad de que ella cayera en algún movimiento inesperado.

Cierra los ojos, respira conmigo —él mismo lo hizo y las respiraciones eran profundas—. Infla tu estómago y no tu pecho cuando respires, como lo hacen los cachorros —y los bebés. Una vez sintió que era suficiente, le miró—. Puedes abrir los ojos, ahora sigue mis movimientos —comenzó lento, mirando al frente, ella solo tendría que imitarle. Ver y aprender, ver e imitar. Giraba su torso conforme sus brazos hacían suaves y lentos movimientos. Podría parecer una especie de danza estilizada y lenta, pero lo cierto era que todos esos movimientos tenía su razón de ser. En más de una ocasión tuvo que corregir la postura de la inventora para que mantuviera los brazos rectos y los hombros firmes. Sus piernas comenzaban a moverse también y con un medio giro cambiaba la dirección pero la postura baja debía mantenerse. Eso era el calentamiento de momento y a su vez el ejemplo de todos los movimientos básicos que ella debía aprender. Pero no solamente era aprenderlos, sino repetirlos tanto que estos simplemente salieran sin siquiera pensarlos, sin razonar, solo dejando que su cuerpo se moviera solo—. No dejes de respirar como hace rato.

La respiración era muy importante, desde luego. Siguieron con ese ejercicio al menos hasta que la piel de la castaña comenzó a cubrirse de una fina capa de sudor, clara señal de que sus músculos ya estaban calientes y podrían un poco más rápido. Se colocó frente a ella y tomó la misma posición que al principio.

Ahora repite a rutina, debes verme la cara en todo momento, deja que tu cuerpo se mueva solo —repitió los movimientos un poco más rápido, eran los mismos pero con más velocidad y básicamente esos eran golpes de ataque y movimientos de defensa. Simples movimientos que bloqueaban los golpes sin mucho lío y los desviaban, dejando al oponente libre para un golpe, pero aun no debía enseñarle golpes, debía enseñarle a mover su cuerpo y con ello aprender a evadir y a mejorar sus reflejos. Tomaría tiempo, sí, y muchas lecciones. La verdad tenía un poco de prisa en que aprendiera, considerando lo que ya sabía sobre su oficio y la clase de clientes que podría tener, tendría que mostrarle a Jessica cómo defenderse de manera rápida y efectiva—. Si te equivocas no pasa nada, sigue moviéndote —a momentos le corregía de nuevo la postura, tenía que mantener el cuerpo abajo, ser alta podía ser un problema—. No te levantes tanto —al decir eso le dio un pequeño empujón en el hombro par sacarla de balance ligeramente—. Debes mantener el cuerpo bajo o será fácil tomarte por el frente y tumbarte —básicamente le decía que con un centro de masa lejos del suelo, que un centro de gravedad alto sería muy fácil desestabilizar todo su cuerpo, pero eso él no lo sabía, era muy empírico en su aprendizaje y modo de enseñanza.

Subía de velocidad a momentos, a otros la bajaba y permitía que ella retomara el ritmo. Él ya estaba acostumbrado, pero ella era una mujer de laboratorio de hermoso y fuerte cuerpo pero que necesitaba condición y resistencia.

¿Ves? Así evades golpes —mostró con el ejemplo, dejó que ella alejara su golpe y sus cuerpos quedaron juntos—. Aquí es donde me tienes, pero nunca ataques el pecho o los brazos de un hombre, son partes fuertes. Si puedes ataca directo a las bolas, la garganta, las orejas o la quijada desde abajo —los golpes vendrían después, solo era un ejemplo para que viera que no eran simples movimientos sin aparente importancia—. Pero primero debes dominar esto o podrías lastimarte si no lo haces bien. Si eres lenta —en ese momento le tomó del brazo—, te atraparán y te tendrán a su merced —le soltó—. Si vas muy rápido y sin control —fue él quien hizo ese hipotético golpe usando el fluido movimiento que llevaban—, entonces lograrás fallar y lastimarte el brazo.

Lo básico, tenía que aprender los movimientos básicos. No eran ejercicios pesados, solo movimientos repetitivos que permitían a la inventora darse cuenta de cómo funcionaba su cuerpo entero con esa posición de combate. Estuvieron así un rato y en un momento bajó los brazos.

Toma un descanso y bebe agua, estás sudando —y sudando esa mujer era endemoniadamente sensual, por cierto, pero no era el momento para pensar en eso, tampoco era pervertido y no tendría una salvaje erección por verla así. Su cuerpo reaccionaba cuando ella estaba con deseos, solo así, en ese momento estaba para hacerla sudar pero de esa otra manera. Tenían mucha tarde por delante aun.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Vie Feb 03, 2017 2:01 pm

¿Enserio? ya se había arrepentido y ni siquiera comenzó. El tan solo ver la preparación de Nebiri le hizo dar un profundo suspiro cansador, se quedó sentada unos segundos más hasta por fin levantarse, holgazaneó bastante. Se puso al lado del híbrido, abrió las piernas creando un espacio muy poco entre ambas, estiró de mala gana los brazos y comenzó a imitarle los movimientos. No se perdía ni una palabra, respiró tal como él lo hacía, siempre lo miraba de costado antes de hacer algún movimiento.

Una vez planteado, giró su cuerpo, los brazos manejaban el movimiento, lo hacía con delicadeza, bastante floja —Esto se parece a los movimientos de una bailarina de ballet.— no dudó en comentar. Sabía que en varias ocasiones lo hacía mal y el tigre debía corregirla, acomodar su postura. Ella respiraba bien, sí, pero a medida que sus músculos se calentaba le costaba mantener el ritmo, de a poco su piel se iba cubriendo de brillo, en el fondo de sí quería parar y lo hizo, pero justo el birmano se puso enfrente de ella. Holtzmann le seguía el ritmo como podía, pero a medida que avanzaba la lección comprendió que le estaba enseñando defensa y bloqueos. Ambos no se basaban en la fuerza, sino en la velocidad y la audacia ante situaciones de peligro como asaltos e intentos de agresiones. Algo sumamente útil para ella, pero eso no disminuía sus ganas de tener un receso.

Sí, Holtzmann era torpe. Un par de piernas largas son una ventaja en muchos deportes, al igual que los brazos. La gente de menos estatura tiene una mayor "aceleración rotatoria". Pensando al cuerpo en términos mecánicos, cuanto más grande es, más difícil es detenerse para evitar un choque. Los altos tienen muchas más probabilidades de sufrir heridas a lo largo de su vida. Tenía problemas para ubicar bien sus pies, en más de una ocasión casi se tropieza con éstos, ¿ahora Nebiri comprendía por qué odiaba esas actividades? la dejaban en evidencia. Cuando sintió el empujón del birmano, aunque fue apenas un toque, desestabilizó a la castaña haciendo que caminara dos pasos hacia el costado. Ella no concentraba su masa en el suelo, tenía más energía de la cintura hacia arriba, y eso es un gran error porque pequeños roces tontos como el impulso que el tigre le dio la podía haber tirado.

Golpes, ¿cómo esquivaría los golpes? la habilidad de esquivar golpes no proviene de reflejos innatos, esta se gana con la práctica, cosa que consideró injusto porque él era mitad animal y tenía mejor marcado los reflejos que ella, y eso la hizo enfadar. Ella apenas lo tocó y de sorpresa quedaron pegados, su corazón estaba acelerado por la pequeña dosis de adrenalina y su pecho subía y bajaba más rápido de lo normal —Estoy cansada.— apenas murmuró, pero él no había acabado. Siguió el desplazamiento, cada palabra que él le decía quedaba grabada en su cerebro, prestó su brazo, lo miró, entendió que no debía ser lenta aunque hasta el momento demostró que lo era.

—¡Por fin!— exclamó. No sabe cuánto tiempo pasó pero sintió que fue mucho, típico de una persona fuera de forma. Se encaminaba a la silla para sentarse pesadamente recogiéndose la coleta de su cabello para que le diera aire a su nuca. Se sentía muy acalorada, agotada, sudada y todo eso la ponía de un extraño humor —Esto es horrible.— la ponía de un humor muy malo. Soltó un bufido histérico mientras se tomaba el puente de la nariz, ella no estaba hecha para la actividad física, se tomó unos minutos para retomar el control —… Yo siempre fingía que me dolía el estómago cuando tenía que hacer esto en la escuela, ¿supongo que ahora no servirá esa excusa, no?— sonrió de medio lado, aun buscando tranquilizar su respiración, pronto se levantó para irse del sitio directamente a la cocina. No iba a tardar nada, solo llenó una jarra transparente con agua y dos vasos del mismo material, se aseguró que Nebiri guardó el pedazo de carne correctamente en el freezer, y nuevamente se encaminó a la zona —No sé en qué maldito momento acepté hacer ésta tortura con él… ah, claro.— refunfuñaba, más al recordar que lo había prometido estando los dos en la cama. Ella era un peligro para su propio ser en esas situaciones, pues en esa posición estaba a la merced de aceptar cualquier cosa por lo que estaba recapacitado. Nuevamente las puertas se abrieron, dejó los vasos en una mesa del rincón y sirvió agua hasta el borde de ambos. Bebió con gula bajándose el contenido enseguida, tenía mucha práctica con beber cualquier líquido, de paso miró de reojo al tigre y no pudo evitar darse cuenta que entre los dos él lucía mejor —¿Por qué diablos no estás sudando?— y si lo hacía no era muy visible, y el poco sudor que tenía pegado a su piel era el de ella cuando sus cuerpos se juntaron en el último movimiento —Ah, tú me haces sentir una inútil.— soltó de un suspiró, sinceramente eso pensaba, volvió a servirse un poco más de agua mientras tanto.

Sabía que no tenía que sentirse así, miró el trabajado torso de Nebiri, sus brazos fornidos y con gran fuerza, era obvio que no podía compararse con él jamás, pero aun así uno tenía el derecho de sentirse decepcionado de sí mismo alguna vez, o muchas veces, en la vida. Una vez que terminó se sentó otra vez, jugando con el vaso golpeando la base contra la mesa sin mucha fuerza, no quería romperlo, solo se oía un suave tintineo —¿Podemos comenzar con la parte de los golpes?— realmente ella estaba más interesada en eso que otra cosa —Sé que hay tres golpes espantosos: golpe a la garganta, golpe a los ojos, y golpe a los oídos.— enumeraba de a uno con sus dedos —No importa si eres un Markus Rühl o Ronnie Coleman, estos tres puntos causan un dolor insoportablemente espantoso, no importando lo fuerte que sea el agresor.— es muy, muy peligroso. Hasta el punto de que se puede matar al agresor, sobre todo un golpe seco en la garganta. Con el golpe a los ojos la principal ventaja es que el agresor deja de ver por unos instantes, lo que da margen de maniobra o bien para huir, o bien para atacar otra parte del cuerpo. El ataque a los oídos solamente es terriblemente doloroso. Da mucha ventaja. Jessica sabía todo esto, solo que nunca lo practicó.

Estando hidratada se levantó, se sentía bastante recuperada, en algún momento sintió una pequeña inyección de adrenalina que le aceleró el pulso —¡Me siento mejor! bueno… en menor medida. Ahora que estoy en esto recordé algo, te apuesto a que no puedes hacer esto.— se puso en posición, balanceó su pierna derecha hacia adelante y atrás, y de lado a lado. Una vez lista levantó la pierna hacia su cabeza y agarró el pie flexionado con una mano, teniendo cuidado de no forzar el músculo. Ahora que tenía ampliado el rango de movimiento de su cuerpo por el ejercicio anterior tenían fortalecido el centro y estirado los músculos de las piernas —Solo dos años de danza hacen cosas increíble ¿sabes?— aunque fue hace mucho tiempo sus músculos recordaron cómo hacerlo, levantó la pierna sobre su cabeza perfectamente y con una gracia digna de una bailarina, después de todo era eso lo que había estudiado en ese corto lapso de tiempo. Satisfecha con haberle mostrado eso lentamente bajó su pierna, pero ahí no terminó, pues cuando la bajó comenzó a descender todo su cuerpo abriéndose perfectamente de piernas, sus caderas estaban en ángulo recto, resbalando pacientemente en el suelo con sencillez hasta quedar sentada en éste. Claramente su cuerpo no se olvidó como hacerlo, aunque sentía un pequeño dolor era normal, siempre tenía que pasar.

Levantó la cabeza mirando a Nebiri con una suave sonrisa —¿Crees que ésta elasticidad me sirva de algo, tigre?— presumía nuevamente, pronto estiró la mano pidiéndole ayuda para que la levante.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Sáb Feb 04, 2017 5:48 am



CASI LA 1PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
SHOW HER THE STRENGTH IN HER BODY, TIGER!
Se echó a reír al escuchar lo del dolor de estómago y le hizo saber un "Si te doliera el estómago yo lo sabría" y todo con presuntuoso tono. Siendo un animal con esos sentidos agudizados, podría percibir si ella estaba herida, si se sentía mal, incluso un dolor de cabeza daba aromas que el tigre percibía. Todos los cambios en el cuerpo de alguien provocaba reacciones químicas en el cuerpo que incluso animales como perros y gatos domésticos podían percibir. Y si eso podían hacer esos consentidos, entonces un tigre como él podría percibir eso y más. Mientras ella salía del cuarto, por algo de beber, eso era obvio. Beber alcohol estando ellos haciendo ejercicios no era buena idea, así que le quedaba esperar a que ella volviera. Mientras regresaba olfateó un poco para volver a llenarse del aroma del aroma de la inventora y su territorio. Estaba aquel aroma metálico, el aceite, el plástico, lo quemado y demás cosas que no conocía pero que tenía sus aromas propios. Sentía el shampoo, el sudor y cada aroma de Jessica. Había algunos aromas más que se colaban hasta el cuarto, eran aromas de otros seres, pero no le sorprendió a sabiendas que clientes de ella iban a verla y podían entrar al laboratorio. Muchos aromas, pocas pistas, no tenía derecho a preguntarle quiénes asistían a su laboratorio. De momento solo debía concentrarse en ponerla en forma. Era lenta, sí, era torpe en ciertos modos, pero era normal, era alta, era delgada, era una persona que trabajaba en una caja de metal sin salir. Tan solo tener sexo con ella le dejaba adoloridos los músculos de la cintura hacia abajo. Tenía mucho trabajo, pero el tigre no estaba acostumbrado a rendirse. Así tuviera que obligarla, haría que Jessica Holtzmann aprendiera a defenderse de cualquier idiota que quisiera dañarla.

Ella llegó con el agua y bebió de buena gana. No se hicieron esperar los reproches.

No estoy sudando porque estoy acostumbrado a esto —respondió con gruñidos y se acabó toda el agua de su vaso. Y al siguiente reproche se enojó más—. Pues ahora sabes lo que se siente cuando me haces sentir como idiota, mujer, deja de quejarte —gruñó y también tomó un poco más de agua—. Tú has ejercitado tu cabeza y yo el cuerpo, es más que justo que al menos en esto tenga la ventaja —y mientras pudiera, conociéndola, a sabiendas de lo terca que podía ser, y lo lista que ya era, aprendería. Nebiri ni siquiera lo dudaba, ya daba por hecho que ella aprendería a defenderse y a poner a cualquier imbécil a sus pies si se atrevía a tocarla sin su permiso. Así debía ser, Jessica debía ser una fiera completa y para ello le faltaba la fuerza. De repente ella mencionó sobre esos golpes y refunfuñó, pero de igual manera se colocó cerca de ella—. No sé quienes son esos tipos, pero golpes así hacen que caigas. Te los enseñaré, pero también debemos seguir con los otros ejercicios, de nada sirve que sepas dónde pegar si no tienes la fuerza o la habilidad para hacerlo —tomó una de las delgadas manos de la inventora y la movió como si le fuera a pegar en la garganta, pero con su propia mano libre desvió el golpe con uno de los movimientos básicos—. Solo lograrías que te atrapen las manos y te dañen. Lo mismo con el piquete a los ojos, debes estar lo suficientemente cerca para hacer daño y no solo arañar —ésta vez él hizo el ademán que atacar los ojos de ella con una mano, todo en cámara lenta, tomó la mano libre de Jessica y con otro movimiento evitó el ataque. Hizo lo mismo con el golpe a las orejas—. Vamos a practicar los movimientos de esos golpes —asintió—, te servirán bien, pero debo enseñarte a hacerlo bien o vas a lastimarte.

Y Nebiri no quería que a ella le pasara nada, la quería viva y la quería bien, pero eso no lo dijo. Estaba en ello pero su gesto primer se tornó curioso al ver los movimientos que ella hacía, sonrió al ver cómo podía levantar las piernas por encima de su cabeza. Sonrió con visible emoción.

Oh —le miró desde varios lados, la posición era firme, podía notarlo—. Danzar es bailar, ¿verdad? No sabía que había bailes así —y de pronto ella se se fue hasta abajo con las piernas totalmente abiertas. Quedó asombrado—. ¡Es fantástico! —le miró de nuevo—. ¿Bromeas? ¡Si llegas abajo tan rápido los tendrás justo en las bolas y podrás darles un buen golpe! —ya se lo había imaginado, ella bajando de esa manera y soltando un golpe al idiota en turno—. Yo no puedo abrirme así de piernas, pero patadas sí —hizo las patadas básicas levantando la pierna en un ángulo de 45° hasta casi 60°, todo mientras tenía el cuerpo levemente inclinado para mantener el equilibrio. Luego dio una patada con giro, pero no podía ir más allá. Le ayudó a levantarse y luego lo intentó, primero lo de la pierna, pero no tenía las piernas entrenadas para ello—. Con eso que haces se me ocurren varias cosas, pero también quiere decir que debes hacer más ejercicio —rió y lo siguiente era mostrarle, primero, el golpe al cuello, todo en combinación con los movimientos básicos—. Puedes pegar directo en la garganta —hizo el ademán del golpe, apenas rozando su piel—. Pero para éste movimiento necesitas estar cerca, así —quedó casi frente a frente a ella—. Así no importará si no eres muy fuerte, podrás pegarle rápido. También puedes golpear en su cuello a los lados —hizo los movimientos también—, pero solo puedes desmayar a tu enemigo si lo haces con fuerza, eso, o golpear precisamente aquí —directo sobre la yugular, la arteria que llevaba una buena cantidad de sangre a la cabeza—. Puedes pegar también acá abajo —le señaló, era justo bajo el centro de lo que era propiamente la garganta, eso era una zona muy blanca—. En todos los golpes debes ser rápida y fuerte, pero no "fuerte" fuerte sino... Ah —buscaba cómo explicarse—. Así —lanzó un golpe a un costado, un golpe corto pero con potencia, preciso. El tigre intentaba darle a entender que debía ser precisa. De hecho debía medir la fuerza de su puñetazo. Sí, eso debía hacer. Colocó sus manos abiertas frente a ella y tomó una posición baja y firme—. Golpea con tu puño cerrado, pero no sueltes el brazo nada más, el golpe debe ir con todo tu cuerpo. Y tú tienes mucho cuerpo para dar con fuerza —hablaba de la fuerza cinética, masa y velocidad, si ella usaba toda su masa con velocidad, el golpe sería increíble—. Hazlo así —le mostró como dar un golpe apropiado y el movimiento comenzó desde sus pies—. ¿Ves? Hazlo así o vas a lastimarte.

De inmediato se colocó para recibir los golpes de Jessica, detenerlos con sus manos y mostrarle a su vez cómo los desviaba, solo así la haría aprender a mantener su cuerpo bajo para no irse de frente con su propio golpe. Conforme los golpes llegaban. Nebiri comenzó a moverse por el cuarto con cortos pasos, después de todo, en una situación real el enemigo no estaría quieto. Para ponerla más alerta a veces evadía el golpe retrocediendo, agachándose, todo mientras mantenía su respiración. Ya a esas alturas comenzaba a sudar un poco más.

Tienes manos fuertes, muy fuertes —comentó con fiero gesto—. Me alegra no haber recibido una bofetada con toda tu fuerza —rió—. Si golpeas a los oídos con esa potencia harás que no se puedan parar —hablar un poco mientras entrenaban era bueno para que ella aprendiera mejor a mantener un buen ritmo de respiración—. Por cierto, cuando vayas a visitarme quiero mostrarte algo, encontré una cosa en el bosque, estaba vigilando los alrededores y —en una de esas se agachó—... Encontré una roca que no era una roca —una roca falsa—, cuando la levanté vi una puerta de metal, pero no pude abrirle, excavé un poco, pero choqué con metal. La puerta se parece como a las que tienes aquí, pero más vieja, algo oxidada —estuvo horas tirando y empujando la puerta, pero no logró nada—. Cuando vayas te enseñaré dónde es —tampoco podía llevarla en ese justo momento, ella debía trabajar y mucho. El saber sus circunstancias lo hizo ser más consciente de la presión que debía tener encima. Luego de un rato paró el ejercicio y la dejó tomar un respiro y más agua si quería.

El siguiente ejercicio era él lanzado golpes, No podía ir a verla diario, pero algo se le ocurrió.

Oye, necesitas un muñeco de madera o paja para golpearlo, así podrás practicar sola cuando puedas —sonrió como si se le hubiera ocurrido la idea del siglo—. Ahora me toca soltar los golpes, si sigues los movimientos básicos y mantienes el cuerpo abajo, podrás hacerlo, ¿lista? —un emocionado tigre en serio quería enseñarle a la castaña, deseaba verla fuerte, poderoso en su totalidad—. Recuerda, usa todo tu cuerpo para los golpes, has los movimientos que quieras —confiado, tomó su posición para comenzar a atacar.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Feb 04, 2017 3:33 pm

Comprendía lo que el tigre sentía cuando era denigrado por ella, por supuesto que lo sabía, al igual que todos a quienes les daba ese trato. Pero aún a sabiendas de eso Holtzmann era despreciable, porque no le importaba, a veces simplemente le salía de sus entrañas comportarse así, y a veces lo hacía a propósito porque lo quería de esa manera. Le gruñó más fuerte imitando al animal que él era, le hizo frente de esa manera para demostrarle que no se amedrentaba ante sus palabras ni mucho menos hacia sus demostraciones de enfado. Al verlo de nuevo en movimiento ella se levantó, dejó el vaso en la mesa, prestó su brazo con naturalidad dejando que él la guiara. Memorizaba todos los movimientos que le hacía hacer. Parecía muy lenta para aprenderlo, simplemente su cuerpo estaba adaptado a otro tipo de trato, en ese casi se puede afirmar que el músculo más desarrollado que tenía era su cerebro. Por otro lado se sintió orgullosa ante la sorpresa del tigre por las posiciones que adoptaba, sonrió al verlo demostrar lo que él sabía hacer: las patadas, golpes y bloqueos no son efectivos si no se tiene una buena posición, y Nebiri tenía un equilibrio perfecto, definitivamente era sumamente consiente de su centro de gravedad. Y Jessica… hacía lo que podía. Era su primera vez, por supuesto. Lo agarró firme para levantarse, pero al verlo intentarlo se apresuró en detenerlo haciendo gestos con las manos —¡Wow! ¡no lo hagas! te vas a desgarrar algo. No muchas personas pueden hacerlo, tú eres un luchador y yo solo tengo algunas prácticas de gimnasia.— quería decir que, aunque no sea fuerte, su flexibilidad estaba en un rango más amplio que la del híbrido.

Ahora las lecciones del tigre se enfocaban en el ataque al cuello, se quedó quieta mirando los rápidos movimientos que empleaba. Ella no se movía para nada solo observaba, era evidente que estaba estudiando y aprendiendo, parecía una estatua a su lado y por eso escuchaba cada palabra que decía, pensando… en esa área, el birmano no era para nada tonto. Sabía de las partes blandas de la garganta, sabía del sistema circulatorio, sobre el drenaje venoso de cabeza y cuello y las venas yugulares ¡sabía mucho sobre eso! y lo que le hizo gracia a Holtzmann era que él seguramente no tenía la más pálida idea de los nombres y funciones de todo eso, solo a lo bruto, que si los golpeas te hace un daño extremo. A veces irreparable. Y en decidió acotar algo cuando el tigre se detuvo para adoptar una pose baja —¿Sabes? la prominencia laríngea, o la nuez de adán, como seguramente la conoces, dependiendo de la intensidad del golpe que le apliques a esa protuberancia puedes desmayarte o morir.— básicamente, lo que pasa es que si uno golpea fuertemente esa zona es muy probable que cause la muerte ya que no solamente el atacado no podrá respirar, dado que por el cuello pasan funciones que van directamente al cuerpo ese lazo se rompería y el cerebro ya no va a poder mandar funciones al resto del organismo —Solo te lo comento, porque es más sencillo que todo lo que me estás enseñando.— no lo decía de mala manera, solo lo analizó mejor de ese modo y las probabilidades de éxito con hacer solamente eso eran más altas. Luego lo miró extrañada, la explicación ajena no la convencieron del todo, así que su primer golpe fue uno que daba lástima. Ni siquiera usó fuerza ni tampoco tenía bien cerrado el puño. El segundo fue un poco más vivo, lo hizo contra la otra mano. Luego simplemente todo se dio por impulso, de apoco lo iba haciendo mejor, posicionó bien sus puños aunque le costaba pararse adecuadamente, de vez en cuando sentía que se caía hacia atrás, y luego hacia los costado cuando él comenzó a moverse en todo el cuarto.

Sus ojos solamente estaban enfocados en las manos ajenas, y sin embargo aunque tuviera intenciones lanzaba malos puñetazos, directos, sin control, que no tienen mucha fuerza. Todo contrastaba a lo que le dijo el tigre ¡claro que no tenía fuerza! no sabía si se estaba burlando de ella o lo decía enserio, aunque estaba consciente de que implementaba más fuerza con cada golpe. Por alguna razón se enojó, vaya uno a saber por qué, quizás porque se sintió una inútil… así que siguió sin parar, adoptando una pose más agresiva, no se dio cuenta que estaba comenzando a sudar por demás pero sí percibía que su cuerpo estaba muy caliente —¿Roca que no era roca?— preguntó dando un paso hacia atrás para tomar impulso y dar uno de los pocos duros puñetazos que ha demostrado —Bueno… este lugar tuvo conflictos bélicos. Quizás encontraste un búnker.— y si era eso probablemente esté abandonado, Holtzmann podía sacar muchas cosas de ahí y darles uso, de echo había elaborado dardos con el veneno del ghoul, y en proceso de reparar el brazo mecánico que Nebiri le consiguió. Todo lo que él le daba ella aprovechaba hasta la última gota que pudiera.

Estuvieron unos minutos más así, la castaña tampoco controlaba bien su respiración, aunque el híbrido hacía las cosas bien era la alumna la que no rendía frutos. Al terminar se limpió la frente con el brazo, en verdad transpiraba mucho, fue a servirse otro vaso con agua mientras intentaba recuperar el aliento —… Veo qué haré con eso entonces.— no, no iba a comprarse un muñeco ni una bolsa de boxeo ¡nada! estaba segura de que no volvería a ejercitarse luego de ese día. Nuevamente dejó el vaso, éste transpiraba líquido al igual que ella, el calor en ese sitio cerrado le hacía efecto, ahora sus mejillas se encontraban ligeramente sonrosadas. No confesaría que no se sentía lista para recibir los golpes, solo adoptó la misma posición que Nebiri antes, abrió las manos con cierta desconfianza y allí comenzaron otra vez. Bien, había aprendido a hacerlo, pero le costaba mucho emplearlo en esos momentos, además su fuerza estaba muy reducida delatando en carne pura lo que siempre le dijo al híbrido desde el primer día: ella tiene un cuerpo inútil. Adoptaba posturas defensivas, en un momento tuvo el impulso de esquivar el puño, se movía lento en la habitación notándose perfectamente quién era el novato. Lo que también se pudo notar es que le tenía miedo, sí, le tenía miedo al puño demasiado cerca de su cara, es más cada vez que éste chocaba contra su mano no podía evitar cerrar fuertemente los ojos y luego los volvía a abrir intentando fingir que no pasaba nada. La inventora tuvo muy malas experiencias, la golpearon de muchas maneras, lo suficiente para demostrar pavor cuando una mano se acercaba a su rostro o su estómago. No estuvieron así mucho tiempo, pero algo dentro de ella se volcó y de inmediato quiso parar, de la nada, no solo estaba cansada sino que sintió un leve ataque de pánico —Para.— susurró, no quería gritarlo, no quería demostrarle que se estaba sobresaltando —Para...— pero no podía controlarse, estar practicando golpes le traía muy malos recuerdos, y por primera vez el tigre podía verle el rostro de cobardía.

Se desequilibró, perdió el control sobre sí misma y bajó los brazos de repente, justo cuando el birmano tiraba un golpe… y pasó. La golpeó debajo del ojo izquierdo. Jessica soltó un alarido, sus piernas perdieron la fuerza y cayó sentada ocultando su rostro entre sus manos. Ah, esa sensación otra vez, aquella que le hacía temblar las entrañas y sentirse endeble, en su ojo corría fuego, veía todo negro y no quiso volver a abrir ni un poco los párpados. Tardó en darse cuenta que podía abrirlo del todo.

Sabía que Nebiri no lo hizo a propósito, fue solo un maldito accidente, pero el golpe emocional que eso le causaba era más fuerte que el dolor físico en sí. No hablaba, no se quejaba, solo permanecía en silencio. No sabe en qué momento ese fuego entró a su corriente sanguínea, diseminándose en sus piernas y brazos, su estómago estaba lleno de una sensación adversa. Pronto su respiración se agitaba de a poco, parecía refunfuñar, no escuchaba nada y solo se apretaba el rostro. No tardó demasiado en abandonar esa posición, por fin levantó la cabeza en cámara lenta, cualquiera esperaría a una mujer lagrimeando o mareada por el golpe, pero Holtzmann no tenía ese rostro sino más bien uno más… feroz —… Te voy a matar.— murmuró con un tenue tono de voz grave. No había otras palabras en su cabeza. Subió la mirada encontrándose con la ajena, sus ojos eran fieros, pupilas contraídas, apretaba los dientes y cada rasgo facial en ella era salvaje. Se balanceaba lentamente hacia él, en un momento sintió un pinchazo en su ojo herido y tuvo que cerrarlo, aunque se no había hecho mucho daño quedó marcado por debajo del glóbulo ocular una mancha oscura, un moretón.

Y, sin medir más palabras, se le tiró encima tumbándolo duramente contra el suelo —¡TE VOY A MATAR!— su grito histérico retumbó las paredes, quiso darle un puñetazo pero falló, su puño chocó contra el suelo pero no sintió ninguna clase de dolor, estaba ciega de la ira, estaba con la adrenalina a tope. Tenía sus piernas aferradas a él, ella estaba sentada sobre su vientre y en un momento por fin logró atinarle un golpe en el rostro, uno bruto con fuerzas que parecían nulas en Holtzmann. Lo golpeó en la mejilla de forma tan violenta que se escuchó ese golpe seco. Estuvo varios segundos allí, luchando por atacarlo, Jessica se transformó en un animal fuera de control, rabiosa, también encontró el momento justo para darle varios largos arañazos en el pecho, pero al cabo de un tiempo su adrenalina bajó y pronto notó la marca que le había hecho a Nebiri —¡Qué!— se echó hacia atrás, lo dejó, se arrastró lejos de él totalmente en shock por lo que acababa de hacer. No tenía palabras.

Seguramente ella estaba casi o más sorprendida que él —¡Mira lo que me hiciste hacer!— no sabía qué decir, pero lo natural en ella era echarle la culpa al otro. Tragó saliva, se levantó suavemente sintiendo su cuerpo un poco pesado, sin dudarlo se dirigió hacia él y lo ayudó a levantarse —Ven, vamos al baño. Allí tengo el maldito botiquín.— su voz volvió a ser la misma, suave, tersa, pero hablaba bajo como si temiera lastimarle los oídos al birmano. Se apoyó en él en el camino enredando su brazo, ese ataque de ira le arrebató mucha energía. Nebiri acababa de presenciar la rabia de Holtzmann materializada, todo lo que acumulaba y lo que aún quedaba. Al llegar al baño enseguida abrió el espejo sacando la caja con materiales médicos dentro. Primero se mojó las manos y las pasó contra el pecho del tigre, mojando las heridas. Sus uñas llegaron muy profundo. Luego simplemente mojó alcohol en cintas de algodón médico hidrófilo y se las pasó al tigre en el torax, pero se los dio a él para que se encargara mientras ella veía su ojo en el espejo —... No es nada. No es grave, va a desaparecer.— se lavó con agua bien fría sintiendo así dolor y alivio a la vez —He tenido heridas peores.— comentó con gracia, intentando alivianar el momento. No, no estaba enojada con el tigre.

Ni tampoco lo quería matar. Por ahora.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Dom Feb 05, 2017 1:20 am



ALREDEDOR DE LAS 2:30PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
TAKE ALL FROM HER, TIGER
Mientras estaba en su turno de lanzarle los golpes a ella la sintió titubear, alentarse, aquella mirada en ella decía mucho más que su boca en ese momento. Por supuesto que podía escuchar ese murmuro que pedía que parara, pero no lo hizo. Ella estaba asustada, lo estaba y eso no era bueno. No podría defenderse de un golpe de verdad si cerraba los ojos como lo estaba haciendo en ese momento. Gruñó un poco, la fiera mujer en ese momento estaba con la cola entre las patas y no podía permitir que Jessica Holtzmann pidiera algo así. Pensaba en ello y de pronto sucedió. Ella bajó los brazos y no pudo detener su puño por sí mismo, éste chocó con el rostro de Jessica y sintió de inmediato las alarmas sonando en todo su cuerpo. No fue un golpe fuerte, pero la zona donde golpeó era delicada de por sí. ¡Por supuesto que no quería lastimarla! Pero... Debía aprender, debía aprender a no cerrar los ojos, a arrojarse de frente sin miedo, con la confianza de que podía detener, evadir, esquivar o resistir. Debía ir sin miedo pero ella de pronto se sintió nerviosa. Se agachó de inmediato para ver que estuviera bien, pero ella volvió a murmurar y ese gesto y esos ojos... Toda ella. Estaba enfurecida y esa amenaza lo tomó un poco fuera de lugar. De pronto ella se le lanzó encima como fiera, intentaba detenerla sin lastimarla de nuevo, pero era complicado, la castaña estaba cegada por la rabia y, para su sorpresa, esos golpes que le soltó y ese ataque fue sin miedo, con esa fuerza que él sabía ella tenía. Escuchó el ruido seco en el suelo a su lado y luego ese mismo puño le golpeó la cara. Sintió su pecho arder por esos zarpazos y de pronto ella se alejó, agitada. Pudo haberla detenido con una llave, pero no quiso, eso era lo que ella necesitaba, sacar el miedo aunque fuera de esa violenta manera.

¡Maldita sea, mujer! ¡Es tu culpa por bajar los brazos, mira tú lo que me hiciste hacer! —por supuesto reclamó, refiriéndose al golpe en su ojo. Se dejó ayudar por ella y fueron hasta el baño. En el camino la sintió debilitada de momento y dejó que se sujetara, no le molestaba ser su soporte en ese momento—... —ella comenzó curándole primero, al menos hasta dejarle hacerlo por sí mismo. Se limpió con esa cosa que ardía, por suerte tenía sus propios remedios para cosas así, no sería la primera vez que alguien le deja zarpazos en el pecho, se curaría pronto. De momento era ella la que necesitaba algo más de atención. Le miró de reojo mientras ella se revisaba en el espejo. Suspiró un poco y fue a revisarla por sí mismo. La tomó por el mentón y vio de cerca el golpe. Por suerte no fue con mucha potencia o hubiera abierto la piel, pero no fue el caso—. ¿Si has recibido peores porqué demonios te me lanzaste, eh? —reclamó con tono de reproche, eso y que por otro lado no quería saber con exactitud quién le había dado a ella esos golpes antes. Seguro esa gente con la que trabajaba—. Además hace falta mucho para matarme, Jessica —rió un poco y de su pantalón sacó su pomo de medicina, lo abrió rápido y usando dos dedos le colocó la medicina—. No te muevas —dio un pequeño masaje para ayudar a que el golpe no se inflamara como sabía que iba a hacerlo de no recibir atención. Luego de eso tomó su mano, con la que golpeó el suelo y luego su cara, sus nudillos estaban rojos y esos sí estaban abiertos en algunas partes. La limpió a ella con las cosas del botiquín y también le puso la medicina. Luego tomó una venda y se la colocó con firmeza—. Tienes suerte, no se rompió, solo te molestará un poco —apenas terminó, miró aquellos claros ojos que en ese momento estaban calmados pero que previamente se mostraron llenos de rabia. Toda la que estaba dentro de ella y que encontró un pequeño escape cuando la golpeó sin quererlo—. Dejaremos los golpes para después, seguiremos con los ejercicios normales y se irán haciendo más rápidos, con ellos dejarás de cerrar los ojos con los golpes que vayan hacia a ti.

No le gustaba verla así de debilitada, así que solo atinó a abrazarla contra su cuerpo mientras pega su frente a la de ella. Miraba esos ojos que podían humillar, volverse fieros, orgullosos y que también podían mostrar miedo. Sonrió con fiereza y pegó su nariz a la ajena, aplastándola un poco.

¿Ves esto? —le mostró la mejilla que le golpeó—. Realmente me pegaste duro, quedará moretón también, así que estaremos a mano. Te dije que tenías la fuerza, no me jodas con esas tonterías de cerrar los ojos, eres mejor que eso, maldición —acarició un poco su espalda, estaba sudada aun y su prenda lo estaba por igual. Solo tomarían un descanso, claro que tenía planeado que ese entrenamiento durara un poco más. Si algo había aprendido era que no debían dejar algo así a medias o ella se quedaría con la mala experiencia en su pecho. Tenían que seguir—. Si seguimos con buen ritmo, en poco tiempo te estaré mostrando las llaves, pero hasta entonces... Haremos que tu cuerpo sea adecuado para defenderse. Va a ser difícil, va a doler, te vas a enfadar y me vas a hacer rabiar, pero ni la aves nacen aprendiendo a volar, la Jessica que yo conozco no se dejaría derrotar por un animal —el sabía que siempre debía fallar uno antes de mejorar. No solo le sucedió en su vida aprendiendo a cazar imitando a su madre, donde un pequeño Nebiri más de una vez había ahuyentado a la presa en turno por cometer un error, en alguna parte de él sabía que Jessica en su trabajo también debía tener errores antes de lograr que esas máquinas hicieran lo que ella quisiera. No había nadie a quien las cosas le salieran bien a la primera. Cuando aprendió carpintería recordó haberse martillado el dedo más de una vez, cuando aprendió a curtir pieles se cortó más de una vez y en más de una ocasión había echado a perder el material, incluso con la carne y la medicina, muchas veces no le salió bien y le tomó tiempo ganar experiencia. Sí, eso necesitaba Jessica, más experiencia. Lo siguiente lo habló directo a la oreja ésta vez, quizá buscando picar su orgullo, quizá buscando molestarla para que dejara de sentirse mal—. ¿La diosa se dejará molestar por la bestia? ¿No es casado la diosa la debe tener al animal durmiendo a sus pies? —cerró los ojos y aspiró hondo, hasta el sudor de la inventora olía bien y ese aroma le gustaba en serio. Además, si en algo era especialista el tigre, era en subirle los humor a esa mujer del demonio—. ¿Acaso Jessica Holtzmann se rinde tan pronto? ¿En serio me dejarás ganar?

Sus brazos la sostuvieron con firmeza, podía sentir el corazón de la inventora latir, su propio corazón hacía lo mismo y el sonido de ambos llenó las orejas del tigre. Sonriente, olfateó un poco su cabello y luego lamió con cariño su mejilla a manera de caricia. Al menos Nebiri no pensaba rendirse con ella, la quería viva, la quería bien, quería verla por muchos, muchos años más. Había llegado a un punto donde se imaginaba un futuro con ella aun cerca. Quizá era esa parte inocente de él que pensaba en que las cosas saldrían bien, no podía culparse al chico por pensar así, a veces la realidad le pegaba muy fuerte y había cosas que no podía hacer, no podía cambiar esa ciudad, no podía volver a casa, no podía ser mucho más listo y tampoco podía proteger a Jessica en todo momento. Jessica debía hacer sus propias cosas, Nebiri las suyas. simplemente pegarse a ella no era opción, porque ambas eran fieras independientes, si algo así iba a suceder lo diría el tiempo. Si algo sabía el tigre era pelear, y si podía enseñarle a pelear a Jessica, mejor. No pensaba rendirse.

Ya te lo dije, maldición, te quiero viva más tiempo —le susurró al oído y solo buscó sus labios en un suave beso, todo en claro afán no solo de saborear esos labios, sino de devolverle la energía al cálido cuerpo entre sus labios. Solo un beso y nada más, además sería un tonto si dejase pasar una oportunidad así, El beso duró hasta que ella lo permitió—. Volvamos. Debemos terminar el ejercicio, solo lo que te enseñé primero, hasta que dejes de cerrar los malditos ojos te enseñaré los golpes y las llaves. ¿Sabes? Apuesto a que si pones a uno de tus robots se dejará pegar para que practiques —asintió—. Aunque tienes la mano lastimada, supongo que hay que esperar a que me enseñes a usar armas de fuego —y solo recordar eso lo hizo sentir escalofríos—. ¡Maldita sea, si yo estoy dispuesto a tener una cosa de esas en las manos entonces tú puedes con unos golpes! ¡Al menos los golpes no te taladran los oídos! —ahora estaba enojado, claro, le tomó de la mano para volver al cuarto donde estaban entrenando—. ¡Ya tendrás tu turno de gritarme, mujer! ¡No voy a rendirme contigo, carajo!—a mencionar que no estaba preocupado ni enfadado porque ella le atacara así, simplemente le había tocado presenciar una cara nueva de Jessica, esas cosas pasaban cuando uno ponía atención a la gente que le importaba. Ya la había visto apasionada, perversa, burlona, cruel, furiosa, apenada, enloquecida por su poder, venenosa, orgullosa... Ahora la había visto asustada de alguna forma. ¿Qué otras caras tenía Jessica Holtzmann? ¿Qué otras sorpresas le tenía reservadas al tigre? Quería descubrirlas todas y cada una de ellas. Solo una vez la escuchó llorar pero esa ocasión no contaba.

Cuando llegara su turno de aprender entonces sería ella quien le gritara, quien le dijera que no se asustara, que no se dejara ganar por el arma, eso y muchas cosas más. No estaba no un poco emocionado por aprender a usar armas, pero no solo había dado su palabra, si no que en serio le iba a servir de algo aprender sobre armas de fuego. Quizá no pronto, quizá a futuro, quizá una tarde de esas, no estaba seguro, pero iba a aprender e iba a tratar de no acobardarse tanto. Tenía que predicar con el ejemplo. Apenas volvieron al cuarto, la animó a tomar la primera postura de entrenamiento. Sus músculos seguían calientes y luego de ataque de ira debía sentirlos más sueltos, más flojos, eso ayudaría. Luego de pasar un determinado estado de cansancio, el cuerpo llegaba a ese punto donde sentía y no sentía la debilidad, donde sacaba fuerzas de pura flaqueza y voluntad.

No olvides respirar. Solo un rato más y pararemos por hoy —había sido una primera sesión algo... Accidentada. Ella tenía un ojo morado, él el pecho arañado por las garras de una fiera y un moretón en pómulo que en ese momento ya estaba enrojecido. Aprovechando el estado físico de la inventora, hizo los ejercicios con ella un poco más rápido, solo velocidad, no intensidad, esa se agregaría con el tiempo—. ¿Sabes? No estoy muy seguro de querer que las marcas de tus uñas se vayan de mi piel —rió—. No sé si aun tenga las que me has dejado en la espalda, no me he visto, pero éste recuerdo me gusta —no se le podía acusar de masoquista precisamente, era un animal acostumbrado a que las hembras de su especie fueran unas fieras. Jessica sería una magnífica tigresa, solo le faltaba quitarse ese temor a los golpes. Pasó no mucho y dio el final al entrenamiento. Pero no era de terminar así como así—. Has la posición que yo —se sentó en el piso y cruzó las piernas, apenas ella se acomodó, tomó sus manos con las propias, enredando sus dedos en firme agarre—, cierra los ojos, respira conmigo —tenía que calmar su respiración, regresarle la calma al cuerpo. Por eso no quiso terminar antes, cosas así debían finalizar bien pese al incidente pasado. Comenzó un juego con sus manos donde sus dedos reconocían los de ella. Tenía el vendaje en la mano aun, pero tenía confianza en la medicina que le había colocado, estaría bien pronto. Las manos de Jessica eran largas, delgadas, suaves y cálidas, El contacto con cada dedo suyo se hacía sentir hasta los huesos del tigre. Era toda una experiencia en serio y ojalá pudiera expresa en palabras cómo se sentía en ese momento.

Todo terminó cuando la pequeña ceremonia, la soltó y se puso de pie primero para ayudarle a ponerse de pie.

Terminados por hoy, seguimos vivos —rió de animosa manera y al momento sintió su estómago pedir comida, se echó a reír y la miró con aquella sonrisa de niño—. ¿Comemos algo? ¿Me enseñarás de armas de una vez o me enseñarás a leer? También puedo irme si quieres, pero antes me gustaría ducharme —se estiró un poco para relajar sus músculos, había sido una buena y memorable sesión.

Definitivamente no había manera de aburrirse con ella.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Dom Feb 05, 2017 11:01 pm

Por fortuna los ojos morados no suelen ser graves y desaparecen sin la necesidad de un tratamiento largo. Además Holtzmann sabía usar maquillaje, pero no lo iba a necesitar ya que no tenía pensando salir pronto del laboratorio, no tenía por qué ocultarlo en su hogar porque al menos los androides no son morbosos y curiosos, jamás la agobiarían con estúpidas preguntas acerca de qué le sucedió. Se dejó inspeccionar, levantó levemente el mentón y lo miró sin forzar la mirada, de por sí su ojo herido estaba un poco hinchado así que solamente podía abrirlo un poco menos que el otro. A su pregunta, a su ataque, no contestó para nada. Solo lo miró con un claro gesto de enojo —… No lo sé.— bajó la mirada entonces, en verdad no lo sabía. La ira sin control es un indicador de problemas subyacentes, tales como los problemas relacionados con el control de la ira o un trastorno mental.  La ira a menudo oculta otras emociones recluidas, tales como dolor, tristeza, pena, depresión o miedo. Quizás no sepa por qué explotó de esa manera con él, pero sí sabe el por qué explotó. Precisamente se quedó quieta, intentando pensar lo sucedido, el pomo sobre esa zona que se comenzaba a hinchar dolía como los mil diablos, pero soportó todo, nunca era de chillar por cosas así, solamente hizo fuerza interna y su rostro se tensó ante el ardor. Pero sus nudillos no estaban mejor, ahora que el tigre lo inspeccionaba recordó que le dolía, sentía punzadas, y con un simple vistazo se dio cuenta que estaban rojos, en la zona donde tendrían que estar los tendones se encontraban algo rasgados, no a profundidad, pero se asomaban pequeñas gotas de sangre. Soltó un bufido enojada consigo misma, se había hecho daño por nada —Sí…— asintió respecto a seguir los ejercicios mientras la terminaba por vendar. Su voz era más baja de la normal, fría, distanciada, estaba más allá del enfado, ahora estaba frustrada. Ese estado de ánimo la hacía ver enfermiza, frágil, desganada. Pero el repentino abrazo del tigre la tomó por sorpresa, se quedó petrificada cuando la envolvió por completo no sabiendo qué hacer, en verdad no se lo esperaba. La presión contra su nariz la avivó, sus ojos entonces se posaron en la herida que le hizo en la mejilla, sí… los dos estaban a mano, pero no por eso se sintió mejor Se llama reflejo de Descartes. Es una reacción espontánea e involuntaria para proteger la vista... susurró intentando justificarse, escondiendo detrás de un natural y científicamente comprobado mecanismo de defensa humano lo que en verdad padecía, miedo. Eso la enfurecía. Luego lo abrazó por inercia, cerró los ojos sintiendo las caricias en su espalda y quedaron así varios segundos en completo silencio. Llegó al punto de sentirse mejor, no tan preparada para seguir con el mismo ritmo que antes, pero sorprendentemente los tratos del híbrido le hicieron bien a Jessica.

—Tú me hiciste rabiar a mí.— contestó rápido —Me hiciste doler, y me hiciste enfadar.— atacaba como era natural en ella, aunque le estaba diciendo las cosas bien aún tenía algo de picante en el estómago. Y no fueron hasta las siguientes palabras del birmano cuando el cuerpo de Holtzmann hizo un poco de ebullición —¿Qué…?— ese animal se estaba pasando de lista con ella —¿Dejar ganar a alguien?, ¿qué rayos es eso?— habló con inmodestia, con orgullo, con soberbia —A mí no me vengas con eso. Si algún día tienes el más ligero presentimiento de que me has ganado es porque ya no tengo espacio para todos mis premios. Y también porque no tengo ganas de oírte llorar.— ella era la que mandaba, ella era la jefa y la altanera, en ese instante sintió que su ser se llenaba nuevamente con esa malévola esencia que la hacía ser ella por completo, es más, sonrió fieramente al retomar el control de sí. Con gusto se dejó mimar entonces, sintiendo la áspera lengua sobre su mejilla sin borrar la perfecta sonrisa de sus rojizos labios. Pronto consintió el beso, se inclinó más para ser ella quien lo devorara. Al principio tuvo los labios relajados siendo un tacto suave y lento, pero como era de esperar en ella perdió toda delicadeza enseguida aumentando gradualmente el ritmo, duró varios segundos hasta que se separó emitiendo sus bocas un fuerte sonido de chupón al hacerlo —… Está bien. Pero no voy a golpear tan fuerte como antes.— accedió soltándose para guardar las cosas nuevamente detrás del espejo. Caminó de nuevo hasta el lugar entreteniéndose con sus comentarios —Creo que puedo construir robots de prácticas, o programar algunos de estos para que lo tengan como segunda función.— abrió los brazos señalando en general a todos los autómatas que seguían haciendo lo suyo, moviendo, fabricando, moldeando y reparando —¡HAHA! y no te creas que vas a zafarse tan fácil. Mi mano estará perfecta para cuando deba enseñarte a cómo usar un arma, ¿entendido?— claro, se iba a hacer lo de él pero no lo de ella, su risa irónica lo decía todo. El tigre no se le iba a ir de las manos así porque sí. Al llegar al cuarto caminó hasta el centro para retomar su antigua posición, y se la veía diferente. Parecía segura, ya tenía los puños cerrados, y apenas el híbrido le dio la señal ella comenzó a golpear con una intensidad más alta que las otras veces.

A medida que golpeaba caminaba sin darse cuenta por el cuarto intentando seguir las manos ajenas y golpearlas con toda la energía que tenía en su cuerpo. Estaba más rápida, se notaba, ese ataque de ira le vino bastante bien —Oh, cállate Nebiri.— sus burlas la hicieron reír, no lo ocultó —Si sigues jodiéndome la próxima vez rasguñaré tu sistema reproductor, ¿eso te gustaría también?— luego de su risa le atinó un duro puñetazo con la derecha. ¿Acaso había que golpearla para que reaccionara? sonaba bastante crudo incluido para Holtzmann, pero todo indicaba que la fiera reaccionaba no cuando la acercaban al fuego, sino cuando la quemaban. Al menos así se despertaba su violencia física —O quizás prefieras que te lo muerda.— sonrió con una ceja enarcada, ella sí jugaba sucio.

Luego de varios golpes más se detuvo en seco cuando todo terminó, sudaba pero no de manera excesiva, logró controlar bastante su respiración aunque era obvio que aún le faltaba mucho camino por recorrer. Enseguida le hizo caso, algo extrañada por esa posición, se sentó enfrente de él y cedió sus manos —…— cerró sus ojos, y pronto el silencio reinó en todo la habitación. No entendía que quería lograr con eso, respiraba tranquilamente, los dedos del otro recorrieron sus palma, cada falange hasta la punta, ella movía su mano suavemente permitiendo que explorara esa zona, y como no estaba familiarizada para nada con ese pequeño ritual del tigre abrió uno de sus ojos para mirar lo que hacía. Era raro, pero de alguna manera agradable. A verlo finalizar cerró el ojo rápido fingiendo así que lo tenía cerrado todo ese tiempo, se levantó con su ayuda y aprovechó para tantear con la yema de los dedos el ojo herido, la hinchazón había bajado y no le dolía casi nada, aunque aún sentía un poco de presión al intentar abrirlo del todo. Al oír todas las dudas del tigre, ella estaba agarrando las jarra y los vasos para abandonar la zona —Date una ducha. Yo iré a ver esa carne que trajiste y… mostrarte algo.— salió del cuarto finalmente, no sin antes esperarlo para que la siguiera en el camino a la cocina. De paso le dio órdenes a los androides para que volvieron a poner todo en su lugar allí dentro, nuevamente sería la zona de pruebas. Al llegar a la cocina abrió la puerta y se quedó en el umbral, señalándole donde se encontraba el baño —Ve. Ya sabes a dónde está todo. Te esperaré aquí… ¡y recuerda no tocar nada que se mueva o tenga luces!— le gritó ante de cerrar. Nebiri ya tenía que tener aprendido que cualquier cosa que vibre lo podía electrocutar a modo de defensa. Ella sola en la cocina y se encargó de la carne, era una pedazo de aproximadamente cuatro kilos, sabía que era jabalí. Como ya estaba preparada le dio un golpe de horno, mientras tanto fue a su cuarto para buscar el libro que le compró a Nebiri. Sí, le compró un maldito libro. No estaba muy segura, así que escogió un libro sobre la naturaleza, los cambios climáticos y el mundo animal, tanto los que existen como quienes ya se extinguieron. Era un libro de lenguaje sencillo y coloquial con algunas notas al pie científicas, estaba hecho para gente normal, y obviamente le pareció perfecto.

Sabía que Nebiri no era tonto y sabía lo básico, no iba a darle un material de lectura para niños, con los adultos eso solo haría que uno se sintiera estúpido como si no pudiera entender un nivel bajo de material. Nebiri estaba mucho más allá de eso. En verdad Holtzmann se tomó enserio ese trabajo.

Volvió con el libro bajo el brazo, viendo que él aún no volvió se tomó la libertad de cortar en rebanadas la carne, la puso en una bandeja en el centro de la mesa, acomodó los cubiertos y platos, terminó por servir dos vasos con licor de frutas y puso la botella sobre la mesa. Listo. Era toda una maldita ama de casa. Se sentó con el libro entre las piernas sirviéndose ella primero y lo esperó. No tuvo que esperar mucho en realidad, con todo lo que ella hizo mientras él se duchaba ambos terminaron casi al mismo tiempo, se soltó el cabello mientras lo vio entrar, recién se estaba poniendo cómoda —El almuerzo está listo.— sonrió ¡como si lo hubiera echo ella! bueno, al menos el alcohol es suyo. Cuando se sentó ella comenzó cortarse primero un pequeño trozo, no tenía mucha hambre en realidad —... Te tengo un regalo.— comentó dándole un mordisco a la carne, se tomó su tiempo para tragar y luego puso el libro sobre la mesa —Sé que te va a gustar. Son cosas con las que estás familiarizado. Voy a enseñarte que tengas mayor fluidez, pero primero quiero dejar en claro una cuestión.— tomándoselo enserio, dejó por un momento en reposo el tenedor e hizo profundo contacto visual con él —No eres estúpido. No quiero que sientas vergüenza. Yo siempre estaré al lado tuyo para esto, no importando cuántas veces te equivoques.— tomó un rol significativo, su cambio de voz y tono era el de una profesora. Solo quería dejarle claro que no tenía la necesidad de sentirse cohibido delante de ella por su bajo nivel de lectura. Era sincera, y endulzó su voz para que él vea que le hablaba enserio. Era increíble que Jessica se tomara esa molestia, y encima que esté siendo 'buena' buscando animar a Nebiri, son facetas que nadie ha podido ver en años. Tomó el vaso y bebió, no tenía hambre pero sí mucha sed, deslizó el libro hasta ubicarlo frente a él —... Léeme un poco. Quiero oírte.— quería ver cómo era, nunca lo había escuchado leer. Agarró nuevamente los cubiertos para cortar la carne y comer tranquila, enfocándose en su plato y no en el tigre, no quería ponerlo nervioso así que trataba todo con neutralidad. Eso es lo que hacía una buena profesora.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Lun Feb 06, 2017 8:48 pm



PASADAS LAS 3PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
IT'S YOUR TURN, TIGER, SHOW HER YOUR ABILITY
El resto del entrenamiento fue sorpresivamente bien, hacía falta una buena sacudida para liberar la fiereza de cualquiera. Jessica simplemente no iba a dejarse sobrepasar y provocarla no había sido una mala estrategia. Esos golpes fueron más rápidos, más potentes, ella no parecía cansada, estaba más suelta, sin duda había alcanzado aquel estado más allá del cansancio, solo debía llevarla al límite que ella misma se había impuesto. Pasado ese muro, cualquier nuevo límite estaba muy, muy lejos. La Jessica orgullosa había regresado y aquello lo puso contento... Y luego furioso...

¡Carajo, mujer! ¡Tú no me vas a morder nada! —le rugió el tigre, el solo imaginarse que ella de verdad le arañara o lo mordiera lo hicieron poner un gesto de desagrado por adelantado. Siguieron con lo suyo y luego de finalizado el ejercicio, ella le permitió quedarse más. Tomaría una ducha, la necesitaba. Podrían comer y el resto del día ya verían qué hacer. Tomó toda su ropa para vestirse bien apenas se aseara. El tigre, siendo lo que era, le gustaba estar limpio, ya sabía cómo usar la ducha de Jessica, pero no se metería a la tina, con estar debajo de la regadera bastaría para quitarse el sudor y la sangre del cuerpo. Su propia sangre, claro, los profundos arañazos habían sacado algo de sangre, por suerte no sería la primera vez que recibía los zarpazos de una fiera. Con la medicina bastaría para no dejar ni cicatriz, en cuestión de unos días su piel no mostraría ni rastros de que algo le hubiera pasado. Ventajas de sanar un poco más rápido que los demás. El agua fresca cayó sobre su cuerpo y sintió un gran alivio general. Usó solamente el agua, los jabones de Jessica tenían un aroma floran muy marcado, de hecho se dio tiempo de olfatear un poco cada botella y todas olían a ella. Le encantaban esos aromas, pero en ella, no en su propio cuerpo. Nebiri estaba bien con sus propios aromas y, si necesitaba lavarse con jabón, usaba el neutro que tenía en casa, esos los compraba en el mercadillo. Quizá algún día debería aprender a fabricar sus propios jabones, no que fuera muy fijado en el dinero, era más que nada sobre no estar mucho tiempo en el concurrido mercado donde iba a comprar sus cosas una vez a la semana. Ahí compraba las especias, huevos cada tanto, licores caseros, quizá una o dos prendas más para el baúl de ropa para los perdidos y los invitados.

No le tomó demasiado asearse, se secó rápido, se colocó la medicina en el pecho y ese golpe en la cara y se vistió adecuadamente. Lo bueno de tener el pelo corto era que bastaba con pasarse los dedos por el cabello para acomodarlo. Una vez quedó listo, salió de ahí camino a donde sentía el aroma de ella, estaba en la cocina. Grande fue su sorpresa al ver que estaba servida la mesa y hasta le puso cubiertos para comer. Además había licor. Contento, tomó asiento frente a ella apenas hizo el anuncio de que el almuerzo estaba listo. Se frotó las manos y ésta vez no tomó la comida como normalmente lo haría: a manos llenas, lo que sí hizo fue tomar el tenedor y clavar una rebanada completa. Eso sí podía hacerlo. Mantener aunque fuera el mínimo de modales ante Jessica era algo que Nebiri podía hacer sin forzarse demasiado. Ella ya había hecho bastante adecuándose el modo del tigre, lo justo era compensar una cosa por otra. Escuchó lo de regalo y puso la debida atención. Los regalos eran buenos, los regalos a los que se acostumbró en su momento durante su vida en la selva birmana fue pequeños tributos de comida y licor que los lugareños le ofrendaban mientras oraban al espíritu del tigre de los ojos azules que cuidara de su camino. El tigre siempre cuidó su camino por el paso de la selva. A veces la gente iba a las zonas más altas a recoger hojas frescas de distintos árboles para té, él les vigilaba, los cubría de patrullas policíacas del gobierno que solo iban a joder gente, a robar muchachas o a quitarles lo poco o lo mucho que tenían de valor, como podían ser las hojas de té o parte de sus cosechas. Siempre detestó a esos idiotas. Las patrullas nunca se internaron demasiado en los bosques, además Nebiri los perdía con suma facilidad. Ya en New London Kurt le regaló su reloj de bolsillo, la casa más que regalo era una herencia. Lo que Jessica Holtzmann le regaló fue un libro con una imagen en la portada de animales y plantas de muchos tipos.

Estaba por decir algo de regalo, pero ella habló primero. A sus palabras de dulce apoyo, con ese tono con el que raramente era hablaba. Sabía que Jessica no mentía, que cuando decía algo era en serio y ese apoyo no le dio pie a poder siquiera rezongar algo. No pudo. Sintió el rostro arderle, pero no sabía si de vergüenza, pena. Pudo haber dicho algo en su tono brusco pero no pudo, no tuvo palabras en ese momento. Gruñó un poco y miró a un lado, pero tomando el libro en sus manos, sobre su regazo, sin pensarlo mucho en realidad.

Demonios, mujer —murmuró entre dientes, sintiendo que toda la cara y las orejas le ardían, bebió todo de su vaso de golpe y la miró un poco—... Gracias —fue lo que dijo en suficiente volumen y luego de ello, Jessica le pidió que leyera. Hacía tiempo que no leía nada de corrido, a lo más los letreros de importancia, como los nombres de los bares o los letreros de las calles, los precios en el mercadillo o bien las etiquetas en los frascos de las especias que compraba, pero era todo. Ni siquiera leía los menús en los bares de "más clase" a los que solía acudir cada tanto por alcohol. Se aclaró la garganta, nervioso y abrió el libro para hojearlo un poco. Las letras no eran ni muy pequeñas ni muy grandes, tenía brillantes fotos de animales, fotos y paisajes. Las hojas relucían, incluso tenía un aroma que simplemente no podía describir, pero era un aroma muy agradable el que le llenó las fosas nasales. No lo sabía, pero era el delicioso aroma de un libro nuevo. Le gustó. Aclaró su garganta y dejó de hojear las páginas hasta llegar a una que tenía una foto de la selva. Ese paisaje tan familiar. Comenzaría a leer desde ahí—. La... La selva tropical es una clase de bioma típica de las zonas... Ecua...toria...les —no entendía ni la palabra "bioma" ni "ecuatorial", pero eso ya lo preguntaría. Leía lento pero con buena voz, no trastabillaba mucho y solo las palabras largas le daban problemas—... Y tropicales, con gran afluencia de lluvias. Se caracteriza por temperaturas anuales de veinticinco —se quedó mirando un poco, en el texto decía 25°C, pero no sabía cómo decirlo—. Veinticinco... Ce —se aclaró la garganta y siguió leyendo—, abundantes pre...ci...pi...ta...ciones de hasta —miró varias veces el número—... dos mil... Quinientos... eme... ele —leyó como entendió "ml" que era la abreviatura de mililitros—... Y su factor limitante de luz —apenas llevaba medio párrafo. Iba lento, pero sin duda, de haber aprendido a leer desde pequeño, o si hubiera sido más constante en sus clases de lectura, estaría más fluido y entendería más. No era tonto como bien decía Jessica, pero le faltó constancia y más capacitación. Con eso creyó suficiente, de hecho se paró de su sitio y fue hasta quedar junto a ella, con su dedo señaló las palabras que no había entendido—. No sé qué quieren decir éstas palabras —señaló lo de "ecuatoriales", "bioma", "tropicales", "afluencia", "25°C" y "precipitaciones".

Quedó en cuclillas junto a ella y le puso el libro sobre el regazo. Tenía el gesto de un niño en ese momento, quería aprender, que no entendía pero que quería aprender. De momento se olvidó de la comida y cuando ella le explicó qué querían decir esas palabras fue que entendió todo lo que había leído. Sonriente, volvió a leer ese trozo una vez más con más soltura. Quedó sentado en el suelo con las piernas cruzadas y de hecho se leyó la página entera y una más mientras Jessica terminaba de comer y le explicaba al tigre las palabras que no entendía. El texto completo de la página hablaba de las características de esa selva y parte de la flora y los árboles, los animales y demás venían en las siguientes páginas, pero de momento solo leyó esa. Quedó contento con lo que leyó y apenas ambos acordaron de que era suficiente por ese día, volvió a su sitio para comer la carne que había dejado de lado. Guardó el libro dentro de su túnica y se dispuso a comer, no quería dejarlo sobre la mesa para no ensuciarlo ni por accidente. Estaba tan emocionado que no podía contenerse y comía con una enorme sonrisa y bebía a grandes tragos. Seguía usando el tenedor de la manera que podía y de hecho pidió un par de cortes más de carne.

Lo seguiré leyendo en casa —comentó con una sonrisa que no podía ocultar, y con un orgullo que su cola erguida y sus orejas en alto expresaban también—. Cuando venga de nuevo te preguntaré por lo que no entienda —básicamente lo que necesitaba el tigre era esa guía y esa paciencia que al parecer solo Jessica le tenía. Ser constante. Hasta ese momento no había tenido algo que lo alentara a poner más atención a sus lecturas, se enojaba cuando no entendía pero era todo, y así estuvo desde que escapó de la mansión de su captora. Ahora estaba con Jessica Holtzmann y ella le estaba alentando a ser mejor de lo que era en ese momento—. ¡Cuando veas leeré aun mejor! —y de hecho podría escribir mejor también, pero eso con tiempo y práctica y Nebiri siempre tenía tiempo luego de volver a casa por las tardes/noches. Definitivamente le demostraría a Holtzmann que así como ella podría aprender a pelear, él aprendería a leer y a disparar esas endemoniadas armas. Y justo recordando lo de las armas... Puso mala cara—. ¿Ya no te duele la mano, verdad? —solo había sido un golpe seco pero no se había dañado nada, le había puesto medicamento y seguramente sentiría mejor la mano, y si no era así, si ella tenía intenciones de ponerlo a disparar en ese momento, lo haría. Soltó un pesado suspiro y se recargó todo en la mesa para verla con mala cara—. Supongo que me toca ver eso de las armas —levantó las orejas al recordar algo—. Dijiste que lo que encontré fue un bunker, ¿verdad? De hecho está a un par de minutos de mi casa, no es lejos. Cuando quitas la roca hay escalones, unos cinco hacia abajo y está esa puerta de metal, tiene una rueda al frente, pude girarla pero luego se abría una especie de... Tapa. Y dentro vienen muchos botones como los de tus máquinas. no moví nada, dices que si brilla o saca chispas es mejor no tocarlo. Cuando vayas a mi casa de nuevo, te lo mostraré, estuve cavando alrededor de la zona y al parecer es enorme —sonrió—. Creo que del mismo largo de tu casa. Volví a cubrir los hoyos.

Así nadie más lo encontraría. Le gustaba darle sorpresas a Jessica Holtzmann. Ya le había dado el brazo de un androide, el veneno de un ghoul, ahora le daba un viejo bunker en el que ella pareció muy interesada. Pensaba llevarla, sí, y quería ver qué había bajo tierra, sonaba emocionante. Claro, ella aun no le decía qué iban a hacer ahora, quizá lo de las armas, quizá lo mandaría a casa, no estaba seguro, pero mientras ella le dijera qué hacer.

¿Ahora qué hacemos? —preguntó, sonriente.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Feb 07, 2017 2:00 am

Comía lento, enfocando toda su atención en el modo de modular de Nebiri. Enseguida se percató de varios errores a la hora de procesar la información, le era difícil leer las palabras que no entendía, lógicamente. Leía algo lento, problemas de fluidez, la habilidad de leer con precisión y rápidamente. Pero fuera de eso él no estaba tan mal como uno podría imaginarse, de hecho enseguida pensó que de haber sido instruido mejor de niño sin duda ahora leería a la velocidad y capacidad de un adulto normal, tal como ella. En realidad, al verlo tartamudear un poco al comienzo dejó de masticar para enfocarse en sus vocablos, por un instante creyó que el tigre podría ser disléxico, pero pronto descartó esa teoría … Bien. Muy bien. susurró, todo el cuarto estaba en silencio, solo la voz del híbrido hacía eco y luego los de ella animándolo en voz baja. Ese momento pasó a ser íntimo de alguna manera, una esfera que compartían en el que no había nadie más que ellos. Una circunstancia profunda compartida de manera muy restringida. Quizás, si Holtzmann no fuera desequilibrada, se le hubiera dado bien enseñar. Pero lo cierto es que en esa situación estaba siendo así de afable solo por él, porque lo conocía y, además, era una compañía que aprendió a introducir en su vida.

Saber el significado de una palabra es una parte crítica para superar las dificultades al leer. Dejó de cortar cuando él se acercó y se fijó las palabras que le señalaba —Las zonas ecuatoriales son sitios donde llueve mucho y las temperaturas son elevadas. Se sitúan sobre el ecuador, entre los 20° de latitudes norte y sur. La línea del ecuador divide la superficie del planeta en dos partes: el hemisferio norte y el hemisferio sur.— con su dedo hizo la división en el aire para mostrarle —¿Sabes? Birmania se encuentra entre las grandes selvas ecuatoriales. — acotó buscando que su interés siga vivo —… Los biomas son… zonas que el hombre identifica acuerdo a sus características con respecto al clima, relieve, composición del suelo… vegetación, y fauna.— intentaba no complicarlo, ella podía explicar eso perfectamente con lujo detalle pero rebuscaba palabras más simples a sabiendas que ni el tigre ni otra persona normal podría comprender —Los trópicos son, líneas paralelas que atraviesan la esfera de la Tierra... son dos, y las zonas que se hallan entre ambos trópicos se conocen como tropicales. Dichas regiones presentan características en común en cuanto a su clima, su vegetación, etc.— se le hacía muy difícil bajar su nivel a uno más básico, por eso tardaba en responder —Afluencia significa abundancia de algo. En este caso, de lluvia. Igual que las precipitaciones, esto se refiere a la caída de agua en forma sólida o liquida, tal como las lluvias, granizo, aguanieve, etc.— se tomó un momento para beber, sentía seca la boca y no por hablar demasiado, sino porque en el fondo estaba un poco nerviosa al estar esforzándose en explicar todo lo que le señalaba —Y ese pequeño círculo que ves más la Ce que está al lado del número significa grados Celsius. Y ese símbolo se utiliza específicamente como unidad de temperatura.  Veinticinco grados Celsius. — señaló con el dedo ese punto en el libro. Corrió la silla hacia atrás, abandonó todo lo que hacía enfocándose únicamente en el libro ahora sobre sus piernas, escuchó nuevamente cómo leía, mejor que antes, le cambió la página por una que tenía un argumento más sencillo y sin palabras complicadas. Mientras tanto le daba un pinchazo de vez en cuando a la carne, esa imagen de ella enseñándole y él sentado tal como si fuese un niño jamás se le borraría de la cabeza. Pronto consideró que era suficiente para esa vez, no iba a torturarlo tal como él hizo con ella en el entrenamiento, pensó, solo lo quería torturar cuando comience a usar armas. No se dio cuenta que sonrió por esa maldad que tenía pensada.

Holtzmann soltó un suspiro al oírlo, formó una sonrisa —Subráyalas en el libro. Quizás no te venga mal tener un diccionario.— claramente iba a ayudarlo con los términos complicados, y quizás eso sea mejor que un diccionario ahora que lo pensaba mejor pues muchas veces en lugar de aclarar el significado oscurecen. Era mejor que él esté con alguien que sabe. En verdad él estaba emocionado, sus típicas reacciones exageradas en positivismo la hacían sonreír en el fondo, no importaba cuánto tiempo tiene encima, hay una delgada línea entre un niño y un adulto en el que el birmano se refugiaba. Y eso era lo que atraía a Jessica. Al terminar el contenido del vaso sin dudar volvió a servirse hasta el borde, de paso escuchó la pregunta del tigre —¿Cuál mano?, ¿con la que estoy agarrando firme y equilibradamente ésta botella?— se rió, por supuesto que estaba bien. Y sabía por qué se lo preguntaba —Nebiri deja de refunfuñar como un niño al que van a llevar al dentista.— tuvo que cambiar su tono de voz a uno más severo, en verdad estaba comenzando a odiar que se quejara tanto por algo insignificante, al menos para Holtzmann. El búnker. Era un búnker, según lo que le describía. Una construcción hecha seguramente de hierro, si tenía suerte, muchas instalaciones de artillería han sido protegidas por amplios sistemas de búnkeres. Podría tener infinidad de armamento. Evidentemente le emocionaba esa idea, pero en el fondo sentía un pinchazo en el estómago, aquel que usualmente significaba un mal presentimiento… ¿y si no estaba abandonado?... Jessica tragó saliva, ¿y si Nebiri encontró algo que no tenía que encontrar? —Está bien. Pero no quiero que te vuelvas a acercar a eso hasta que yo vaya.— fue un alivio saber que ha cubierto los hoyos nuevamente —Ni tampoco le digas a nadie lo que encontraste. No lo hagas.— advirtió, sonó seria, fría, seca, pero no era por él, sino porque ahora que lo pensaba mejor quizás todo eso pertenezca al equipo del alto mando del país, después de todo ella sabía que tenían instalaciones escondidas en varias zonas del país alejadas de la ciudad, y la gran mayoría de éstas era para fabricar el veneno.

Decidió dejar el tema ahí, terminó de comer la carne pero tenía otro rostro, estaba pensativa pues no podía quitarse de la cabeza el tema del búnker. No tardó en terminar y no se sirvió más, solo tres vasos más de alcohol, finalmente guardó nuevamente la carne, la botella, y dejó todo lo demás en la mesa así como estaba, sabía que los androides más pequeños se encargarían de la limpieza. Salió de la cocina caminando lentamente, esperando que Nebiri la siguiera —Enserio. No lo toques.— reiteró, no lo trataba de estúpido esa vez, solo quería asegurarse de que comprendiera que no estaba jugando y creyó ser bastante clara al respecto —Podría enseñarse ahora a usar un arma…— se paró en seco dándose la vuelta, le enseñó cómo cerraba el puño, extienda el dedo índice y el pulgar lo más recto que podía, haciendo con su mano vendada la forma de un arma —Pero te dije que sería en el bosque, es más amplio y tendría muchos puntos donde se puede ubicar el blanco.— con suavidad le apoyó el índice en la frente formándosele una sonrisa —Además aquí los disparos harían eco, y no quiero que te asustes y comiences a arañar mis muebles… bang.— lo impulsó hacia atrás con el dedo, no mucho, fingiendo un disparo. Lo estaba molestando, le estaba tirando de la cola con un tema que odiaba y en el fondo sabía que le tenía un poco de pavor, es un animal después de todo —No te asustes, mi arma no disparó en realidad. Tenía puesto el seguro.— provocó endulzando esa maldad con su tersa voz. Sin meditarlo mucho acercó más su rostro, inclinó ligeramente la cabeza hacia un costado y lo besó. Cerró los ojos. Comenzó despacio, con besos suaves y tranquilos. Elevó la intimidad acercándolo más a ella y posó sus manos sobre los hombros. Holtzmann tenía el ritmo, demostrando una vez más que era una alimaña, una orgullosa, una mujer prepotente. Pronto deslizó la punta de su lengua adentro de la boca ajena y suavemente la movía contra la punta de la homónima, utilizando movimientos ligeros y la mantenía en movimiento marcando un compás suave. Ese beso húmedo y cálido era diferente, la primera vez que lo hacía, siendo profundo y prolongado se trataba nada más que de un beso francés. Encontró un momento para alejar su rostro de él, pero no demasiado, lo suficiente para llegar a su oído y susurrar ¿Sabes? a mí se me ocurrieron cosas más divertidas para hacer con mi elasticidad. su sonrisa lasciva lo delataba todo, le mordió tiernamente el lóbulo, pasó su lengua en la mejilla y nuevamente volvió a su boca para seguir besándolo con fogosidad, con ese ímpetu característico en ella, sin darse cuenta sus manos bajaron más para abrazarlo por completo y subió una de sus piernas para rodeársela en la cintura. Todos sus movimientos eran suaves y precisos.

Estaba metida en ese mundo, en esa atmósfera que ambos conocían ya, pero un llamado desde lejos le heló la sangre —¿Holtzmann?...— su piel se erizó, abandonó el beso de golpe y se bajó de Nebiri, sí, se estaba colgando lentamente de él, pero ahora se quedó dura como una estatua dándole la espalda a la voz detrás suyo —... Ah, con que esto es lo que ocultabas.— el sujeto se acercó dando pasos ligeros, con las manos en los bolsillos, miraba desinteresadamente ambos lados dándole una rápida inspección al lugar. Al llegar donde estaba ella obviamente tuvo que voltear, allí vio la marca que tenía en el ojo, no pudo evitar mirar eso y luego al tigre, como tampoco pudo evitar reírse —¡Haha!, vaya Holtzmann, en verdad eres una mujer escurridiza.— ese sujeto era un verdadero bastardo, es el ser que Jessica más odiaba, sobre todo por actos como el que hizo luego: la tomó del mentón y la inspeccionó con una sádica sonrisa, deleitándose de la herida ajena imaginándose el dolor que habrá sentido. Era su maldita naturaleza demoniaca después de todo. Por su parte Jessica no emitió ninguna palabra, se dejó pero luego inclinó la cabeza hacia un costado para zafarse, no ocultaba su desagrado, ninguno de los dos en realidad, aunque el otro sabía ocultarlo mejor —Oh, hoy estás de mal humor ¿cierto?. No quiero interrumpir tus "actividades" así que solo dame el pedido de los Springwoods y te dejaré sola con... ese campesino. Mueve las asentaderas Holtzmann que me tienes impaciente.— miró al tigre de soslayo con una sonrisa de oreja a oreja, sin ningún tapujo en denigrar ni intimidar a nadie. La castaña soltó un bufido, cerró fuerte los ojos buscando aire y paciencia, volteó mirándo a Nebiri negando suavemente, indicándole de forma silenciosa que no hiciera nada en su ausencia. Enseguida se fue al fondo del laboratorio para buscar el arma, no quería, en verdad no quería dejar al híbrido solo con su jefe, por eso al desaparecer de la vista apresuró el paso y trotó hasta la sala donde reposaba el lanzacohetes. Necesitaría ayuda de sus creaciones para moverlo. Mientras tanto al sujeto se le fueron los ojos al físico de la inventora, nunca la había visto vestida de esa manera y no escondió su gusto ante esto. Sus pupilas se afilaron.

Aquel hombre, de porte elegante, rondaba los cuarenta años aparentes, cabello oscuro peinado hacia atrás y filosa mirada color ámbar, se quedó callado fingiendo que estaba solo. Ignoraba la presencia tigre por completo, recorría el lugar con la mirada, pero pronto sacó a relucir su repulsiva personalidad —... ¿Te la estás follando, verdad?— sin ninguna clase de rodeo, rió ante su propia pregunta —Increíble. Es una mujer complicada pero la bruja tiene buen trasero. A veces me digo a mí mismo, menos mal que sus pechos no son cerebros porque estaríamos ante una criatura peligrosa.— su machismo innato hacia las mujeres era su característica, pero él siempre difamó a Jessica desde que ella pisó ese lugar —Vamos, di algo, ¿cómo es ella en la cama? o por lo que acabé de ver, quizás la zorra te comió la lengua.— miró al tigre con una fiera sonrisa —... ¿No hablas?, bueno, al demonio. Es tu puta de turno.— sacó un cigarro de su bolsillo y lo retuvo con los labios —Después de todo no es mi tipo. Es una frívola del carajo.— sentenció intentando prenderlo con el encendedor.
Jessica Holtzmann
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Mar Feb 07, 2017 2:36 pm



CASI LAS 4PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
MAYBE THE NEXT TIME, TIGER
Haría caso a la advertencia de Jessica sobre no acercarse de nuevo a ese susodicho búnker. Ella siempre sabía lo que decía y si lo había repetido con tanta seriedad, entonces el tigre tomaría a pecho la indicación. Seguramente era un sitio con cosas peligrosas. Ahora que hacía memoria, ni siquiera Kurt había mencionado el sitio, por lo que debía llevar muchos años ahí enterrado lejos de la vista de todos. No estaba seguro de cuánto tiempo vivió el viejo Kurt en ese bosque, solo sabía que se trataba de un hombre de gran edad, la única conclusión a la que podía llegar era que ese búnker estuvo ahí mucho antes de que Kurt llegase a vivir al sitio. Seguro que cuando entraran sabrían más, sentía curiosidad como buen felino que era, pero luego de aquella advertencia no volvería a meterse a la zona siquiera, tampoco que fuese un camino por el que necesitase transitar en realidad, si pasó por ahí fue para marcar territorio en forma de tigre y, al olfatear la roca falsa, fue cuando percibió que esa roca no olía a una, así fue como descubrió el sitio. Por supuesto no entró en esos detalles, no necesitaba decirle a Jessica que estaba marcando territorio. Al seguirla ella le apuntó con el dedo y lo hizo gruir con su bromita de dispararle. Pero por supuesto que esa condenada mujer no dejaba pasar una sola oportunidad para molestarlo, Siendo justos le tocaba, el saldo de su primer entrenamiento fue ella con el ojo morado y él con el pecho arañado y un pómulo golpeado. Con Jessica nunca había manera de aburrirse ni siquiera en una actividad tan común. Solo le gruñó ante la broma y él mismo se imaginó, sí, arañando los muebles, no estaba muy entusiasmado pero estaba dispuesto a hacerlo, no pensaba acobardarse, no ante ella. Y si ella pudo con un entrenamiento físico de defensa personal entonces el tigre podía con una maldita. No iba a darle el gusto a Jessica de burlarse más de él, le iba a demostrar quién era quién.

¡Maldita sea! —le gruñó luego de que ella le dijera que su arma no estaba cargada—. ¡Voy a aprender y vas a ver que esas cosas no me dan miedo! —claro que les tenía miedo, pero se sentía seguro si era ella quien iba a enseñarle, porque Jessica sabía lo que hacía... Salvo esos momentos donde enloquecía como lo acababa de ver, pero aquello, al parecer, fue como derrumbar un muro, uno que permitió sacar la fuerza que ella tenía y vaya que era bastante. Aun le dolía la cara de recordarlo. Por suerte el pecho no le ardía y en unos días no quedaría ni marca. Estaba enojado y pensando en lo otro cuando Jessica se acercó a besarlo. Al igual que la otra vez, no se lo había esperado, ella le tomó de sorpresa y le dio la bienvenida al beso con un gesto de contento. La suave y húmeda lengua de Jessica buscó la suya y sus manos de inmediato se aferraron a la cintura ajena. Su tono suave lo hizo sonreír ampliamente, ese beso casi salvaje volvió a emocionarlo, lo recibió con una sonrisa. Cuando ella se ponía así, cuando la diosa demandaba una ofrenda entonces el tigre sería su humilde servidor. Ante ella no le importaba bajar la cabeza, podía gruñirle, reclamarle, gritarle de ser necesario, pero cuando ella lo pedía, cuando ella lo demandaba así el tigre no dudaba siquiera en entregársele por completo. Apenas estaba entrando en calor cuando una voz acompañado de unos pasos que no pudo percibir los interrumpieron. Jessica se le quitó de encima y un tipo apareció.

Era un sujeto grande, maduro y con una presencia que hizo que el tigre gruñera por lo bajo. No solo fue la interrupción, fue esa pesada presencia. Conocía a los tipos así, muchos con esa facha se presentaban a la casa de su ex-ama, incluso esa misma mujer tenía esa horrenda presencia. Eran el tipo de criaturas que hacían que los perros ladraran y los animales se pusieran agresivos. Olía bien y sabía que ese aroma era solamente para ocultar el montón de mierda que era por dentro. Le bastó verlo para sentir muchas ganas de rugirle en ese momento. Además la actitud de Jessica ante ese sujeto le dijo lo demás. Ese tipo era uno de sus jefes, eran los que tenían el dedo en el gatillo, era uno de los que tenían el arma en la nuca de Jessica. Por eso ella se contuvo, no habría nadie más ante quien ella tomara esa actitud pasiva, estaba furiosa, claro, podía sentirla; pero resistía, aguantaba sus palabras afiladas, esas miradas que hasta a él le daban ganas de atravesarle un buen golpe por media cara.. Lo escuchó hablar y pedirle a Jessica sobre un encargo y ésta fue por lo que sea que le había pedido. No le importaba que lo llamaran campesino, lo que le molestó fue ese tono de puro veneno. Es decir, ese maldito no era como Jessica, Jessica tenía mucho fuego y un gran corazón dentro de sí, era apasionada en lo que hacía, presuntuosa con mucha razón y poderosa por mérito propio... Pero ese tipo no tenía nada de lo que hacía humana a Jessica. Era un bastardo escupido desde las sombras y que no tenía nada de bueno dentro de su ser.

Antes de retirarse, Jessica le indicó en silencio lo que NO debía hacer. Ella siempre sabía lo que hacía.

Se quedaron a solas y ya ahí tuvo que apretar la quijada y los puños para no lanzarse sobre del sujeto y directo al cuello. Podía derrotarlo, podía destrozarlo de quererlo, pero no debía. Era como cuando Tony le prohibía hacer desastres en determinados sitios y con determinada gente. No porque esa gente tuviera poder físico o incluso mágico para derrotarlo, su poder era más grande que eso, acabar con personas así podía ser sencillo pero podría traer consecuencias muchísimo más grandes como para lidiar con todos. Ese tipo era así... Todo estuvo bien hasta que el tipo abrió sus venenosas fauces. Preguntaba cosas estúpidas, tenía un tono no venenoso si no ácido. Lo que lo colmó fueron sus despectivas palabras hacia ella. ¿Acaso la estaba llamando puta? ¿Le acababa de decir bruja y zorra? ¿Cómo se atrevía a insultarla de esa manera? Sintió la rabia subir en su pecho, gruñó bajo pero conteniéndose tanto como le era posible. Mantuvo apretados sus puños y de enojo sus garras crecieron y se clavaron en su propia piel, aquello le ayudó a concentrarse en algo que no fuera el desagradable sujeto cerca. Sus colmillos crecieron y no levantó la cara, sabía que si veía esos ojos, si veía esa estúpida sonrisa que sabía tenía no iba a poder contenerse. Tenía que aguantar sin importar qué le dijera ni tampoco lo que le hiciera.

Sintió el horrible aroma de su cigarrillo. Era desagradable. No dijo una sola palabra al tipo, no le respondió nada. Una vez que el tigre abriera el hocico, rugidos e insultos serían el menor problema de ese sujeto. Nebiri estaba listo para morder, de arrancarle la lengua con sus propias garras por faltarle al respeto a Jessica, por llamarla puta y decirle demás insultos que no le agradaron al tigre. Se contenía, lo estaba haciendo, tenía que hacerlo. Se decía a sí mismo que no abriera la boca, que no abriera el hocico aunque aquel tipo no supiera cerrar el suyo. Si Jessica era capaz de mantenerse "calmada" ante aquel idiota, entonces Nebiri no podía hacerla quedar mal. Si la diosa podía soportar la tormenta, entonces el tigre podía resistir bajo su cobijo. Sus puños goteaban su propia sangre y ese dolor lo ayudaba a mantenerse quieto como estatua. Solo debía resistir un poco más, hasta que Jessica volviera, debía aguantar hasta que ella volviera. Lo que no pudo controlar fue que su cola y orejas aparecieran, era la más clara señal del ojo de Nebiri. Solo un poco más, solo debía resistir un poco más, pero se le hacía eterna la espera, Tomó aire por la nariz de manera silenciosa, cerró los ojos y se concentró en su propia respiración, era complicado, seguía furioso. Se sentía eterna la espera al menos hasta que se escucharon pasos metálicos, eran los pasos de las máquinas de Jessica. Ya estaba de regreso. Pudo relajar sus manos y mientras Jessica terminaba su negocio con aquel bastardo, aprovechó para lamerse las heridas de las palmas, por suerte no fue tan profundo, con algo de medicina bastaría.

Los escuchaba hablar y terminó por colocarse un poco detrás de Jessica, no tan cerca para no estorbar, no tan lejos para no perderse la acción. No perdía de vista a tipo, tenía el ceño fruncido, el gesto serio, la boca cerrada. No iba a permitir que volviera a tocarla, esas asquerosas manos no tenían derecho a tocarla. No lo golpearía, no lo mordería, ni siquiera le iba a rugir, solo no iba a permitir que él volviera a tocarla de esa manera, tratándola como a un objeto. Su corazón latía fuerte, su cuerpo estaba a punto de explotar de ira, pero estaba aguantando, si ella estaba resistiendo, él podía hacerlo. Podía hacerlo. Lo que se le entregó al sujeto era un armatoste enorme con esos cables y luces que claramente daban a entender que se trataba de un aparato peligroso. Pareció una eternidad, en serio sintió que esos minutos se convertían en horas y las palabras que escupía ese sujeto lo encendían más y más. Apenas acabó todo, apenas el tipo abandonó por completo la casa de Jessica, hizo ebullición.

¡Argh! ¡Estaba a punto de matarlo! —gruñó el tigre—. ¡Es un completo imbécil! ¡Ese sujeto es uno de esos idiotas, verdad! —lanzó un rugido de rabia y comenzó a caminar de un lado a otro para no golpear un muro o algo así, en serio quería romper algo, de preferencia el cuello de ese idiota—. Dijo esas cosas de ti y quería arrancarle la lengua y hacer que se tragara ese cigarro —estaba rojo de pura rabia, tenía los puños apretados de nuevo—. ¡Y se atrevió a tocarte y a verte como si fueras una cosa! ¡¿Quién se cree para tratarte de esa manera!? ¡¿Cómo no puede ver que eres mejor que todos ellos?! ¡Ellos no son listos, no hay nadie más lista que tú, sin ti no encontrarían a nadie que les armara esas cosas! ¡Es un hijo de puta! —y recordar esos insultos lo puso más iracundo—. ¡La puta es su madre, no tu! ¡Tú eres mejor que esos bastardos! Eres... ¡Carajo! —Siguió dando caminando de un lado a otro con los puños apretados, las orejas y la cola en alto y los colmillos de fuera. Sacaba en ese momento todo el enojo que no pudo estando el sujeto presente. Tipos como ese eran peligrosos, eran poderosos pero no por mérito propio si no por usar a los demás para conseguir lo que querían. Tenían a Jessica Holtzmann en su poder y volver a imaginarse que ese fantoche con sonrisa de tarado amenazaba una vez más a Jessica lo ponía aun más iracundo, como si eso fuera posible. Y lo era. Si no hacía algo iba a golpear un muro y no quería dañar nada de ahí, lo único que atinó a hacer fue a agarrar su propia cola y morderla. Respingó y se guardó su quejido, pero no hizo más. El dolor que se provocó solo fue suficiente para hacer que se detuviera al fin.

El no era el único furioso, sabía que Jessica debía estar aun más furiosa por tener que soportar un trato como ese. Ya menos enfurecido, fue con ella y buscó una de sus manos. Él había tenido que resistir no atacarlo, pero Jessica tuvo que ceder a esos tratos y hablar con él y no irse encima de él con uñas y dientes, con esa fiereza que sabía ella tenía. Jessica era una mujer que no permitía ser pisoteada por nada ni por nadie, pero tuvo que permitir a ese imbécil pasarle por encima sin que ella pudiera decir o hacer más que decir lo que el otro quería escuchar. Esos eran loe enemigos permanentes de Jessica Holtzmann. Nebiri fue el que no resistió y tomó aire, solo atinó a abrazarla con fuerza de nuevo, Si ella quería gritar, si quería pegar a algo, si quería maldecir él escucharía y se quedaría a su lado mientras ella lo permitiera. En ese eterno momento que acaba de irse, la más fuerte fue Jessica. No ese imbécil, ni el tigre resistiendo su deseo de matar, si no la inventora que había aguantado como verdadera campeona la situación. Ahora entendía el porqué del ataque en el entrenamiento, ese enojo, esa ira era producto de todo lo que esa gente le provocaba y ella no podía sacar porque simplemente se desharían de ella. Personas como esas podían permitirse conseguir más inventores con su asqueroso dinero, pero Nebiri sabía que nadie sería mejor que Jessica.

No quería que esos sujetos le hicieran algo a Jessica. Podían entrar y salir de su casa como si fuera propia, tenía que enseñarle a defenderse, a encontrar la oportunidad de escapar si ella lo necesitaba. Se quedó pegado de ella hasta que finalmente se calmaron los ánimos de ambos. Nebiri podía golpear cosas llegando a casa o bien desquitarse con el primer pendenciero que se topara en el camino, lo importante en ese momento era Jessica.

Oye —acomodó su cabello—... ¿quieres que te dé una ducha? —sonrió—. Traigo brandy en mi calabaza si quieres —algo de beber, algo de calma, lo que fuera por que ella fuera la inventora presuntuosa de siempre—. No encontrarán a nadie mejor que tú, lo sé, si te pierden nadie les hará lo que tú haces, no hay nadie mejor que tú, mujer... Y cuando realmente lo necesites, puedes pegarles donde más duele, pero no en las bolas —tomó un poco de distancia y tomó una de sus manos para cerrarla en puño y manipularla—. No pegues entre las piernas, si puedes, pega desde arriba, y hacia abajo. Hunde tu puño tanto como puedas —le indicó como, el golpe debía ser en la parte baja del vientre sin llegar a los genitales y dejar que el golpe siguiera hasta llegar abajo. Era un golpe más amplio y que sabía dañaba algo por dentro y daba malos ratos. Nunca se había dejado golpear así, pero sí había dado golpes así y le constaba que los tipos se retorcían de dolor.

Haría lo que fuera por ella. Jessica Holztmann no era ninguna puta en turno, era su maldita diosa y no iba a permitir que ninguna rata sucia le faltara al respeto.



ကျား

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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Feb 07, 2017 11:38 pm

Rápidamente le indicó al mismo par de androides de antes que llevaran el lanzacohetes totalmente modernizado, equipado de sobremanera con una potencia de propulsión y de explosión extrema. No había dos, ese era único. Pesaba treinta kilos y lazaba munición desde hasta veinticinco metros de ancho. Como era muy pesado, incluso para esos seres artificiales, su paso fue lento pero firme, la castaña siempre iba adelante asegurándose de despejar el camino para que no hubiera ningún maldito accidente, pero se notaba que estaba apurada e inquieta, ya habían pasado muchos minutos a su parecer y ella conocía bien la actitud de esos dos hombres. Por fortuna al acercarse vio que ambos estaban de la misma manera que los dejó, soltó un suspiro aliviada por aquello, sin embargo enseguida interpretó en el rostro de Nebiri que su jefe no se tomó la molestia de fingir que no era un malnacido delante de un invitado. No sabía lo que le había dicho, pero tenía ideas sólidas.

El hombre al ver el equipo sonrió, se acercó dándole una última calada a su cigarrillo y lo arrojó al suelo, pisándolo con la suela de su zapato. El artefacto era exactamente como lo querían, la espera para esa familia habrá valido la pena apenas lo vean —Bien, Holtzmann. Ya te estabas tardando bastante. Últimamente hemos notado que estás siendo algo lenta…— recorrió con sus dedos el arma, inspeccionando los botones y, de paso, observar con gracia lo inerte de esos robots, para él ambos eran un chiste, simples juguetes —Quizás te estás haciendo vieja.— rió sabiendo que eso le molestaba a la inventora. Ella cerró los ojos fuertemente y los volvió a abrir enseguida, se tragó un insulto, solo lo observaba con el ceño fruncido, en verdad deseaba que se fuera de una maldita vez, apretaba los puños tanto que las heridas del nudillo herido se abrieron un poco, manchando ligeramente las vendas que lo rodeaban —Tic toc tic toc tic toc, Holtzmann.— siguió fastidiándola. El demonio ya tuvo suficiente con eso, le gustaba denigrarla pero no pasar tanto tiempo a su lado, la despreciaba más o igual que ella a él, sin más tomó el arma con sus brazos y se la colocó en el hombro, como si no pesara nada, eso solo era una pequeña muestra de la fuerza que en verdad poseía —Te dejaré sola en tu nido de ratas.— pero antes de voltear no pudo evitar posar nuevamente su atención en el tigre —¿Quién es él, eh? jamás imaginé que te gustaran los hombres de aspecto rústico, siempre creí que yo era de tu tipo.— se inclinó para acercarse a su rostro, molestándola con esa fiera sonrisa y mirada provocativa que tanto detestaba —Ya tienes lo que querías. Vete, Zhukovski.— le enseñó la salida inclinando la cabeza, echándolo, haciéndole frente como siempre pero sin faltarle el respeto. El hombre se reía en el camino, ya había fanfarroneado bastante. Al oír la puerta cerrarse la castaña tomó una gran bocanada de aire y exhaló, se acarició la sien suavemente con los ojos cerrados, no quería explotar, pero pronto se percató que el tigre ya lo estaba haciendo por ella. Había estallado.

Volteó sorprendida, no se esperaba ese show de su parte, se acercó para intentar que se calmara pero caminaba de un lado a otro con pasos pesados y no podía meterse en el medio —¡Esto es por lo que paso todos los días, más te vale que te tranquilices!— de alguna manera su alteración la ponía nerviosa a ella, le hacía efecto, de apoco se contagiaba de su rabia aunque ya de por sí tenía la suya, y cuando pronunció los insultos que le había dicho sobre ella eso hizo un tic en su cabeza —¡YA SÉ QUE DIJO ESO!— de repente ese lugar se convirtió en una atmósfera de gritos, violencia y rabia, eran dos personas fuera de sí gritando desaforadamente. Encontró el lugar para ponerse frente a él, ella aún apretaba los puños y se esforzó por levantar aún más la voz que él —¡Yo soy una cosa para ellos! ¿¡por qué no lo entiendes!? ¡¡deja de gritar porque haces que yo también grite!!— chilló escondiendo la cabeza entre sus manos soltando un rugido de rabia. El tigre tenía razón, ella era mejor que ellos y ellos sin ella no eran nada. Podían traer a otra persona tal como siempre hicieron, por la única razón por la que Jessica duró más tiempo y estaba saturada de trabajo es porque era única, al menos no encontraron a alguien parecido, en consecuencia se aprovechaban hasta la más diminuta gota de la mujer. Y todo por su culpa. Recodar eso la hacía sentir peor. Alcanzó a levantar la cabeza para ver justo el momento que el tigre mordía su propia cola —¿¡Qué estás haciendo!?— le gritó acercándose a él y quitarle la cola de las manos —¡Estás loco! ¿¡acaso quieres abrirte una herida y que se te infecte!? ¡perderías la cola o podrías morir!— se acercó más haciéndole frente —¿Quieres morir? ¿quieres morir?, ¿por qué no me lo dices de una maldita vez?— sí, Holtzmann estaba descolocada, estaba tan alterada que nuevamente apareció su tic en el ojo. Peor fue cuando la abrazó, era intentar retener a una fiera, ella quiso apartarse e hizo todos los esfuerzos posibles, pero estaba cansada y el tigre siempre la doblegaba en esa área, pronto dejó de moverse, acoplándose al abrazo. Su corazón latía rápido, aunque de a poco recuperaba su ritmo estando pegada.

La calma la envolvió, no se sentía del todo bien pero si algo aliviada, suspiró al oír su voz en ese momento una vez que el mal trago pasó —No. No lo hacen.— finalmente su voz volvió a ser la misma —Jamás van a encontrar a alguien como yo en sus malditas vidas.— nuevamente la soberbia hablaba por ella, el birmano le estaba dando pie a eso y aparentemente funcionaba. Se alejó un poco y prestó su mano, no la manipulaba sino que dejó que él llevara el ritmo viendo esos movimientos —… Mm, lo intentaré. Y también intentaré que en ese momento lleve puesto guantes con púas y pinches.— escupió mirando su mano, en verdad tenía pensado hacerlo de esa manera para ampliar el rango de dolor. Holtzmann estaba hasta la médula, cansada de todo, y lo que más la cansaba era que siempre era ella la que tenía que ceder. Ahora esperaba que el tigre comprendiera la razón de por qué lo atacó de esa manera, no fue por él, fue por toda la ira que tenía acumulada. Su temperatura aún estaba alta, suspiró mirando a su alrededor, todo volvió a la normalidad, o a la normalidad que estaba acostumbrada, ahora solo quería relajarse y la propuesta del híbrido no le vino mal —Bien, necesito una ducha, y alguien que me enjabone la espalda.— le dio una palmada en el hombro y lo animó a seguirla, ya en el camino se quitó la prenda de arriba tirándola en el suelo.

En el baño movió los grifos para llenar la tina, mientras tanto se desnudó por completo delante de él, totalmente acostumbrada a sentir sus ojos sobre su físico. Se sentó en el borde de la bañera mirando cómo se llenaba rápido, con su mano revolvía el agua lentamente —… Te preguntó si yo me acostaba contigo, ¿verdad?— arqueó una ceja pensando en las demás cosas —Usó muchos despectivos para describirme. Siendo "puta" su palabra preferida. Al igual que zorra.— con eso daba a entender que sí, precisamente conocía muy bien a ese sujeto y estaba al tanto de todo lo que le decía. En pocos minutos se metió, estiró las piernas y hundió su cuerpo, dejando que su cabello cubriera todo sus hombros y tapara sus senos. Se tomó un respiro, cerró los ojos enfocándose en no pensar en absolutamente nada, de a poco su cuerpo comenzó a aflojarse y, al darse cuenta, se quitó las vendas. Con su mano llamó a Nebiri para que se acercara a su lado, le sonrió y lo tomó de la cola, hacía mucho que no la tocaba, naranja-rojiza con rayas negras, sumamente suave, la recorría con sus dedos acariciándola delicadamente. Al tenerlo ahí, una pregunta se le cruzó en la mente, una que hacía mucho quería sacarse la duda de encima —¿Puedo hacerte una pregunta?— con ambas manos metió la cola en el agua, al sacarla la peinó con sus uñas, evidentemente le gustaba jugar con esa extremidad del tigre —¿Cómo se siente matar a alguien?— ya tenía constatado que el híbrido habrá matado a muchas personas, no solo en su ámbito natural, sino arriba del ring. Eso era lo único que le faltaba para graduarse de psicópata, aunque sabía usar armas y tenía a su disposición muchas cosas para quitar la vida de cientos de personas, Holtzmann aún mantenía lúcida esa pequeña pizca que la convertía en humana. Por suerte. Pero estaba hastiada. —¿Alguna vez mataste a alguien por algún conflicto fuera de tu trabajo o naturaleza?...— sencillamente le estaba preguntando si alguna vez en su vida tuvo la mente de un asesino. Pronto se percató de lo que estaba haciendo, en dónde se estaba metiendo y la imagen que le estaba dando. Él ya sabía que esa mujer tenía problemas para mantener su mente equilibrada. Lentamente le soltó la cola, se hizo un rodete en el cabello dejando su espalda libre para que pudiera proceder ¿Me vas a enjabonar, Nebiri? murmuró de manera coqueta, mirándolo por arriba de su hombro con una linda sonrisa.

—La próxima vez que pierdas el control voy a abofetearte. No me gusta que la gente grite.— bajo ninguna circunstancia, la volvía loca, pero no podía mentir respecto a que hacía una pequeñísima excepción con él —Pero por alguna razón, me gusta que tú me grites.— y darse cuenta de eso le revolvió el estómago pero no de mala manera, fue un momento de revelación para ella —Me gusta... ser el foco de tu rabia.— y si seguía pensando se le ocurrirían más cosas, tuvo que detenerse, no comprendía muy bien por qué confesaba ese sadismo. Ni en qué momento se desarrolló.
Solo sabía que en ese momento, al tener contacto, hacía que se le erizara la piel.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Miér Feb 08, 2017 4:39 am



4:10PM APROX.
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
BREATH THE PEACE WITH HER, TIGER
La siguió hasta el baño y la vio desnudarse con una sonrisa más calmada, ya había explotado, ya ambos habían gritado y lo de morder su cola no solo funcionó para él si no para ella y luego del abrazo todo fue paz. Aceptó lo de lavar su espalda y ya en la tina, ella terminó de desnudarse y se metió al agua, Nebiri se sentó solamente en la orilla de la tina. Verla presuntuosa de nuevo, sonriente de malvada pero cálida manera fue un verdadero alivio para el tigre. La vio jugar con su cola y sintió un escalofrío de cuerpo completo recorrerlo. La dejó jugar con ella, después de todo Jessica no era brusca a menos que uno le obligase, pero solía tratarlo hasta con amabilidad  eso era algo que tigre agradecía y pagaba como mejor podía. Una cosa por otra, era lo justo. Ella comentó sobre lo que dijo el tipo y suspiró, frunció el ceño y gruñó un poco, pero no volvió a rabiar como lo había hecho apenas el demonio se fue. Era un perfecto imbécil. Nebiri estaba acostumbrado a respetar a las hembras en general, reconocía su poder y estatus, había sido educado así y que un demonio idiota llegase a decir eso de la mujer a la que más respetaba luego de su madre había sido una verdadera patada en los huevos que no tuvo oportunidad de desquitar. Detestaba a esos tipos y no faltaba oportunidad que en los bares le diera un buen puñetazo a un hablador que insultara a alguna chica, poco importaba si la conocía o no, un buen puñetazo callaba a cualquiera. Luego de eso simplemente se iba a seguir con sus asuntos, le daba las gracias escuchar las gracias, era su deber a su parecer y no necesitaba aplausos ni reconocimientos.

Sí, dijo todas esa idioteces, y te dijo "bruja" también y que no eres su tipo, pero no sabía si enojarme por eso no, ¡es obvio que eres el tipo de cualquiera! pero no me gustó como lo dijo —refunfuñó—. Además no cualquier idiota puede ser tu tipo. Y me preguntó que como eras en la cama —pensó un poco—. No le dije nada ni le respondí ni lo miré, me porté bien —la punta de su cola se movió entre las manos de Jessica por mero instinto en señal de alegría—. Además ese idiota no necesita saber que tú eres lo mejor que alguien podría pedir en su cama —dijo con una sonrisa aun más inmensa y, con los ánimos ya calmados, ella hizo una pregunta que nada tenía que ver lo que habían estado conversando. Le preguntó esas cosas sobre matar. Se cruzó de brazos y pensó un poco—. Solo protegiendo algo o peleando contra alguien. Cazar no es matar, cazo jabalíes y ciervos pero solo lo que necesito. A los cazadores que han entrado a los bosques solo los asusto, los ataco y quizá salgan de ahí sin un brazo, pero salen respirando. Y en las peleas algunos mueren por una mala caída o que todo hizo que llegara el golpe que mata —se encogió de hombros—. Pero los que pelean saben que pueden morir, no te puedes preocupar por matar cuando sabes que el otro va a matarte si bajas los brazos o le das la espalda —se quedó pensando un poco más—. Me gusta pelear, no busco matar, pero si sucede.... Pues así pasa —realmente no lo había pensado hasta ese momento, para el tigre la muerte era lo natural de varias maneras. el que no se adaptaba, moría, el que jugaba mucho con su suerte, moría. Pero buscarlo activamente... No, definitivamente no. No podía explicarse adecuadamente—. No me siento culpable ni siento dolor, el otro simplemente no fue fuerte. Solo mato cuando no tengo otro camino, es el otro o soy yo —sonrió—. Pero no daño chicas, nunca lo he hecho —se rascó una mejilla—. El golpe que te di fue accidente. Ah... Los machos deben ser fuertes, solo así pueden ser dignos de una mujer, y si un hombre no puede darle a una mujer lo que necesita, entonces no debería buscar una —concluyó, saliéndose totalmente de tema.

En resumen: encontraba la vida y la muerte, el matar y el morir como la naturaleza se lo había enseñado. Nebiri no era el pensador del siglo, solo un animal en su corazón y un buen muchacho en general que no le veía lío a ensuciarse garras y fauces con sangre ajena. Podía ser una selva más salvaje aquella ciudad, pero los principios eran los mismos: el más fuerte era el que sobrevivía y Nebiri hasta el momento había sido fuerte. Jessica era fuerte a su modo y adaptable, aunque ambos eran ermitaños por excelencia y solo los dioses por ser grandes les habían permitido la casualidad de conocerse y ser ermitaños juntos.

Y qué mejor para ser ermitaños juntos que bañarse juntos, ¿verdad? O al menos lavarla a ella del sudor que aun tenía en el cuerpo. Nebiri ya había quedado limpio, pero al felino no le molestaba volver a mojarse y menos si era con ella. Se quitó la ropa también, debía asearla correcta y adecuadamente y estando fuera de la tina no podría, sería incómodo. Dejó su ropa doblada sobre uno de los muebles y se acomodó con ella en la tina, haciendo caso del llamado de Jessica. Se colocó a su espalda, con una pierna a cada lado del delgado cuerpo de la inventora y tomó algo de ese jabón que ella usaba y que solo en piel olía tan bien. Adoraba todos esos aromas de ella, imposible no sentirse embriagado con solo percibir su perfume y cada olor que brotaba de su piel. Con ambas manos se dedicó a lavar su espalda desde los hombros y hasta la parte baja, sin descuidar su cuello y nuca, todo mientras presionaba con intensidad suficiente para dar un masaje a esa piel. Suspiró hondo y, como era ya costumbre, pasó su lengua tras sus orejas y en su cuello para acicalar. Le gustaba la tersa sensación de su piel contra las yemas de sus dedos. Si en alguna imaginaria situación le hubiera dicho a ese idiota que Jessica simplemente no tenía par alguno en la cama, que haría sonrojar de pena a cualquier súcubo por la forma en la que ella se entregaba, que su pasión y su placer y cada gesto de ella era exquisito, imperdible; si le hubiera dicho que Jessica se entregaba con todo, sin guardarse nada, quizá no le hubiera creído y tampoco lo hubiera culpado. Jessica era venenosa, fría, orgullosa hasta el hartazgo, tan presuntuosa que moría, tan soberbia que te pisoteaba sin piedad y con la paciencia apenas suficiente para tolerar a otros seres... Y detrás de todo eso había un ardiente corazón que se encendía como pocos, que se entregaba como nadie. Y el tigre había podido verlo, podía ver el milagro de aquella diosa en más de una ocasión y solo pocos creían en milagros. No todos eran merecedores de ellos.

No quiero una bofetada tuya, la primera que me diste me dolió pero no en la cara —refunfuñó, pero quizá sí recibiría una a futuro, si encuentros como el que acababa de pasar iban a repetirse entonces el tigre iba a explotar en todas esas futuras ocasiones, no podía atacarlos porque definitivamente no era una buena idea. Siendo tan temperamental era normal para él gritar y rugir, oh, y maldecir mucho. Sí, era seguro que fuera a recibir una bofetada de Jessica a Futuro. De pronto ella dijo sobre eso que le gustaba que le gritara a ella y escuchar eso le hizo sentir algo en el pecho que no supo explicar, algo que lo hizo sonreír... Y casi de inmediato fruncir el ceño de manera graciosa. Seguía acicalándola y no tuvo empacho en responderle cuando hizo contacto visual con él. Se le pegó un poco más entre suaves gruñidos—. Haces que te grite porque me vuelves loco, mujer, siempre me miras de ese modo que me pone tonto, y me insultas, también me pisoteas —metafóricamente hablando, claro—, me provocas y sé cuando me humillas a propósito —gruñó un poco más y soltó un pequeño suspiro, alejando su mirada para volver a lo que hacía con el jabón y la piel de la inventora—. Pero no importa que me hagas eso, me siento completo cuando lo haces —se encogió de hombros—... Eres lo mejor que me ha pasado hasta el momento, mujer —sus propias palabras lo sorprendieron y sacudió un poco la cabeza—. ¡Además siempre te estás quedando con todo de mi, hasta con mis gritos! ¡Carajo, mujer, no dejas de tocarme los huevos en ningún momento! —sí, una graciosa escapada del tema.

Apenas terminó con su espalda, cuello y hombros, alejó la tentación de lavar su cabello, era demasiado largo y le daba algo de temor enredar y jalar esas castañas hebras, se conformó con lavar ahora sus brazos hasta sus dedos. No manoseó de más, al menos de momento, estaba concentrado en acicalar su cuerpo y darle un masaje completo de paso. Lo merecía, había entrenado con él y el saldo fue caras amoratadas para ambos y un ataque de rabia de parte de Jessica. Y luego llegaba aquel idiota de nombre raro a darles un mal momento a ambos. Ese había sido el peor sin duda. Se estaba formando un extraño patrón en sus encuentros, había de todo, desde gritos, golpes y peleas hasta la intromisión no deseada de alguien. Lo dicho, nunca iba a aburrirse al lado de Jessica Holtzmann. Y por eso los momentos de calma como ese valían mucho. Apenas acabó donde estaba, se movió de su sitio y se colocó frente a ella. Sonriente, tomó una de sus piernas y con el mismo jabón se dedicó a seguir lavando. Había partes que podría pero de momento no iba a tocar, si se le ocurría tocar sus pechos le daría otro manotazo o quizá otra cosa y no podría hacer lo que buscaba en ese momento, que era simplemente recibir su recompensa por alabar a la diosa, y esa recompensa era tocarla como lo estaba haciendo en ese momento. Levantó su pierna y lamió con cariño su tobillo, acomodó el pie de Jessica sobre su hombro para tener todo el espacio disponible y usando solo sus manos lavó hasta llegar a su muslo, no más allá de eso. Repitió la actividad con la otra pierna y a momentos lamía, acariciaba, y daba un masaje a los músculos de esas piernas.

Su corazón a esas alturas estaba acelerado. Miraba sus gestos a ratos y de alguna manera sabía lo que intentaban darle a entender, sin palabras, solo gestos, solo lenguaje corporal como en los animales. Ella le decía todo y nada. Un suspiro abandonó su cuerpo y acortó algo más la distancia. Le regaló una enorme sonrisa y pasó sus dedos por sus mejillas en suave roce. Su cara era tan suave... Sus pulgares se pasearon por su frente que a veces se fruncía cuando se enfadaba, por sus sienes, por sus suaves mejillas. Tragó saliva. Pasó sus dedos por su ojo y aunque en un par de días se quitaría la marca eso no evitó que fuera delicado en esa zona en especial. Luego su mentón, la parte frontal de su cuello. Con el pulgar de su mano derecha recorrió sus labios y se lamió los propios, tentado por la dulce fruta prohibida que significaba esa boca. ¿Estaría mal besar a la mujer frente a él?

No, nunca estaría mal besar a Jessica Holtzmann.

Ese idiota interrumpió algo —dijo en suave ronroneo y, sin más, acortó la distancia hasta esos labios mientras sus brazos rodeaban su cintura y sentía su par de generosos pechos contra el propio. Ese imbécil mencionó algo de los pechos de la inventora... El demonio no sabía ni lo que decía y nunca sería digno de sentir algo tan suave como el cuerpo de Jessica de esa manera, tan cálido, tan suave, tan letal, de percibir sus latidos y sentir sus aromas. Ésta vez él dio ese paso inicial, quería un beso como el de hacía un rato, así que introdujo su lengua, suave, y buscó la de ella en delicado gesto, húmedo, lento y constante. Una de sus manos fue a su mejilla, la otra se había quedado aferrada a la cintura de la mujer. De hecho la invitó con un movimiento a acomodarse contra su cuerpo. Solo quería eso de momento, un beso, su pecho, su corazón en sus melódicos latidos. Ya se habían bañado juntos varias veces, pero hasta el momento solo habían sido jugueteos, en ese momento el deseo crecía en su pecho y cada parte de su cuerpo se lo dio a saber a Jessica.

Terminó el beso y le sonrió de aquella amplia manera, apenas poniendo distancia entre sus bocas.

Podemos salir de aquí o quedarnos, pero nos arrugaremos como pasas si estamos mucho tiempo en la tina —comentó y luego se restregó contra ella con cariño como el enorme felino que era—. Vamos a tu cama, Jessica... Quiero saber lo que puedes hacer con tu —recordó la palabra que ella dijo—... Elasticidad.

El tigre quería otro milagro de la diosa, ¿habrían sido sus plegarias y tributos suficientes? ¿La caprichosa diosa le pediría algo más? Estaba a punto de averiguarlo.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Miér Feb 08, 2017 4:14 pm

Con que se había portado bien, un gran avance pensó, porque recuerda que no se comportó de la misma manera cuando aquel hombre en el hotel-casino la sentó de golpe. Su reacción fue rabia pura recuerda, no lo podía detener ni siquiera su representante ni ella misma con sus gritos, incluso recuerda que por un momento sintió algo de inseguridad cuando se le cruzó por la mente tocarlo por la espalda, ¿qué hubiera sucedido entonces? estaba segura que, cegado por la ira, quizás le hubiera dado un zarpazo. Era mejor no tocar al animal cuando estaba furioso. Rió con sarcasmo al enterarse que precisamente la había llamado puta además de preguntar cómo era en la intimidad, ese hombre era el perfecto modelo de vigoroso miserable e infeliz para la castaña. Y, aunque la opinión del tigre sobre aquel asunto íntimo no fue oída por su jefe, el que se lo confiese a ella le hizo tragar más saliva con el pecho encendido de la pena. Obviamente ocultaba que se sintió un poco vergonzosa. Respecto a su pregunta, la simple respuesta del híbrido la dejó en una posición infame, pues ella claramente hablaba de asesinar, matar gente por instintos más bajos, venganza, odio, aquel tipo de cuestiones. Y él contestó simple, casi inocente a su parecer: él era un animal después de todo, no importaba dónde se encontrase, en la naturaleza o arriba de un ring, su instinto siempre será guiado por la ley del más fuerte. Soltó un suspiro al final, genial, se dijo a sí misma, quizás ahora le implantó en la mente que era una maldita sociópata Es el otro, o soy yo. repitió por lo bajo, esas palabras quedaron grabados en su inconsciente. Tuvo la necesidad de sonreír, no sabe por qué.

La intromisión del tigre en la bañera provocó que el agua desbordara, ella se corrió para que entrara pero la contextura física masculina era prominente. Sí, los dos entraban ajustados estando algo incómodos, sobre todo Jessica al tener que flexionar las piernas. Pronto ambos encontraron la posición adecuada, ella permitió obviamente que él hiciera exactamente lo que le dijo, una sensación que la satisfacía por completo, la espuma resbalaba suavemente por su tersa piel hasta mezclarse con el agua. Luego de su ataque de furia, sentir esa atención sobre su piel y músculos la relajaban mucho, de hecho cerró los ojos mientras se soltaba el cabello hacia adelante, si el híbrido era atento podría percibir que casi ronroneaba, emitiendo ligeros "mmm" desde su pecho delatando que le encantaba esa atención. Holtzmann no veía posible que en ese momento él se metiera con ella, sabía que era capaz, pero luego de estar tan alterado y sumándole el hecho de que ya se duchó, bueno, aún se estaba acostumbrando a que le dé ese tipo de sorpresas. Estaba ida por el gusto que sentía, las palabras del tigre le entraban por un oído y le salían por otro, pero eso no significaba que no las tomara en cuenta —Oh, ¿y en dónde te dolió? ¿en el corazón? pobrecito.— respecto a la primera y única vez que lo abofeteó, se burló de él, obviamente nunca se hartaría de provocarlo. Pero al clavar sus ojos en él, siendo algo que no planeó exactamente, hizo absoluto silencio al oír lo que le estaba admitiendo, que ella lo ponía bobo, que ella lo tenía entre sus garras, eso alimentó a su ego de manera que no podría explicarse. Se sintió llena, satisfecha, sonreía inclusive, pero ese gesto cambió cuando literalmente le confesó que ella es lo mejor que le sucedió en la vida. No supo qué dicir, ni qué rostro o reacción facial poner, simplemente su mente se quedó en blanco porque estaba de más decir que nadie en su maldita existencia le había dicho algo igual —… Ah…— desvió la mirada hacia un costado, bajándola, entrecerrando los párpados intentando pensar en qué más decirle. Simplemente el tigre la agarró de sorpresa una vez más, pero en definitiva esas palabras fueron más fuertes. En medio de ese incómodo silencio fue él quien rompió la tensión, Holtzmann agradeció eso, le siguió el juego riéndose falsamente. El maldito la dejó entre la espada y la pared.

Los siguientes movimientos fueron en puro silencio, solo se oían sus movimientos dentro del agua, cuando terminó con sus brazos ella misma se puso crema en las manos para lavarse el cabello, solo ella sabía cómo hacerlo bien, tenía muchos bucles y rizos que necesitaban desenredarse bien. Estuvo así poco tiempo cuando de repente él se cambiaba de lugar, entre movimientos torpes ella se corrió para que él se pasara del otro lado, no se guardó para lanzarle algunos pequeños insultos por lo brusco que era, derramó un poco más de agua en el suelo. Sentado frente a ella se encargaba de sus extremidades, al levantarle la pierna le hizo un favor porque ahora que había menos espacio le costaba entrar, la puso sobre su hombro y con ello permitió que él siguiera, pasó a mirarlo con una sonrisa lasciva mientras jugaba con un mechón de su cabello, enredándolo y desenredándolo con su dedo. Se prestaba a hacer todo lo que él quería, en gran parte porque era lo que ella quería también, ser atendida de esa manera tal como si fuese un ser superior la regodeaba bastante. En un momento se inclinó hacia atrás, viéndolo encimarse sobre de ella no tuvo otra reacción más que esa, dejó que la tocara, que recorra con sus dedos su fisionomía, ella lo observaba desde esa baja posición, se sostenía apoyando ambas manos en los bordes de la tina, su corazón enseguida latió más rápido. La adrenalina escalaba por sus huesos desde su estómago. Estando más cerca, rozando sus labios, su respiración se aceleró y tragó saliva, claro que sabía a qué se refería con eso de interrupción. Pero por supuesto, Holtzmann solía tomar las riendas, la pronta proximidad del tigre la asombró. Aunque no por eso iba a negarse. Abrió los labios para devorar los ajenos, lentamente, se soltó de los bordes para rodearle el cuello con ambos brazos dejando espacio nulo entre ambos cuerpos. No pudo evitar reír desde dentro, un ligero murmullo, al sentir cómo la lengua del tigre intentaba invadir su cavidad bucal, pronto buscando su homónima, supo entender que quería seguir con el tipo de beso de antes. Correspondió a eso. Cerró los ojos y acarició la lengua ajena con la punta de la suya suavemente moviéndola a paso lento, acariciándola, inclinó un poco la cabeza hacia un costado para que el beso fuese más profundo. No se oía otra cosa más que el relajante sonido del agua por sus sutiles movimientos, y el sonido de chupones que particularmente Jessica ejercía apretando su boca contra la de Nebiri.

Abrió los ojos lentamente cuando el beso era abandonado —Es increíble…— fue interrumpida por la fricción de él contra su cuerpo —La manera en la que entras en celo tan rápido.— rió apretando más su cuerpo contra él, enredándole las piernas en la cintura —Lo peor de ser un hombre es no poder ocultar cuando tienes una erección, ¿verdad?— en ese momento se encontraba colgada de él, dependiendo de su fuerza por completo, todo sin borrar su actitud coqueta ni su sonrisa —Siempre estás al acecho.— ¿a quién iba a engañar? era claro que entre ambos había una atracción física demasiado fuerte. Besó la comisura de sus labios descendiendo hasta el mentón donde le dio un pequeño mordisco, lentamente se fue bajando quedando nuevamente en el agua pero no por mucho, se inclinó para levantarse y salir de la bañera de una vez. Buscó la toalla arriba del lavamanos y se secó apenas, principalmente se enfocó en quitarle la humedad a su cabello, luego simplemente agarró una bata de seda blanca que le llegaba hasta los muslos, envolviéndose con la misma. Se quedó en silencio un rato con los brazos cruzados mirando un punto fijo en la puerta —… Eres un hombre muy demandante, ¿alguna vez te lo dijeron?— lo miró de perfil con una ceja enarcada —Y quizás en parte es mi culpa. Tal vez te estoy malcriando.— luego de su sonora risilla se fue a su cuarto, todo a paso lento esperando que él la siguiera.

Al abrir su habitación enseguida notó que todo estaba gris, se podía ver con dificultad, miró por la única ventana que tenía al costado de la cabecera de su cama y allí noto que el cielo estaba grisáceo, nubes oscuras, y no tardó en caer diminutas gotas en el vidrio. Se acercaba una tormenta. Holtzmann se acercó y rozó el vidrio con sus dedos, al asomarse mejor vio cómo el viento sacudía la copa de los árboles y movía ferozmente el pasto —… Y decían que iba a ser un día soleado.— pronunció con ironía mientras se encaminaba hacia donde estaba su mueble con el gran espejo, una vez allí tomó asiento delante de éste y revolvió uno de sus cajones buscando algo —¿Sabes una cosa, Nebiri? no tenía pensado verte nunca más luego de esa noche en el bar.— por fin encontró lo que buscaba, ahora se enfocaba en adornar su cuello con el collar de perlas que ganó gracias a esa apuesta de hace días —No quería tener contacto contigo. No quería que nadie supiese lo que sucedió. No quería, que seas un problema para mí.— sus palabras eran cortantes, serias, pero con sentido después de todo. Sí, Jessica incluso se había ido primero del hotel sin decir absolutamente nada. Aún sentada le daba la espalda pensando en sus próximas palabras pero que al fin y al cabo le salían solas —No estaba en mis planes que me encontraras luego, ¿no te das cuenta? desequilibraste todo.— en aquel punto se levantó con cierta prepotencia, lentamente dejó resbalar la bata de su cuerpo hasta caer en el suelo quedando completamente desnuda ahora, portando solamente aquel brilloso y hermoso collar de perlas. Su figura, aún en la penumbra era remarcadamente apreciable. Volteó. Caminó lentamente hasta quedar cerca del tigre, se tomó un momento para jugar con sus perlas mirando hacia un costado —Hiciste que algo que no tenía que pasar, pase.— sonrió de manera coqueta, ahora mirándolo fijamente a los ojos. Los ruidos de una tormenta eléctrica se hacían más fuerte. Jessica no se hizo esperar más, delante de él levantó una pierna con cuidado, lento, ayudándose con las manos, hasta poder colocarla en el hombro de Nebiri, soltó un pequeño quejido pero no le sucedió nada, casi ni se esforzó, encontró equilibrio rodeándole el cuello con sus manos. Él quería flexibilidad, ella la tenía. —Ahora vas a hacerte cargo de lo que hiciste. Por tener el atrevimiento de cruzar la barrera de Jessica Holtzmann.— su sonrisa pasó a ser fiera, relamió sus pulposos labios rojizos, la inventora lo estaba acaparando a propósito y con orgullo.

Y en medio de eso se escuchó un trueno que hizo explotar el cielo y oscurecer más la ciudad, pero ella no despegaba su sensual mirada del tigre. Su altanería la convertía en una mujer majestuosa.
Jessica Holtzmann
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Jue Feb 09, 2017 4:29 am



4:30PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
ADORE HER, TIGER, JUST BE HERS
Cuando Jessica salió de la tina le miró sin seguirla de momento, recargado en la orilla de la tina y contemplando cómo secaba su cabello, si alguna vez quería ofrecerse a secarlo o a lavarlo, debía ver cómo era que ella lo trataba. Era delicada, apenas si presionaba con la toalla y aun después de que terminó éste seguía brillante por la humedad que aun tenía. Era todo un espectáculo en serio. Se puso aquella bata y le reclamó el ser demandante, ¡claro que lo era! Esa mujer lo traía loco, y lo provocaba, ella lo besó primero en el pasillo, de hecho todas las ocasiones que tuvieron sexo fue por iniciativa de ella y al menos el tigre estaba acostumbrado así en general. Si la inventora quería, el tigre felizmente le seguiría. Si ella lo besaba así, lo miraba así, incluso si lo enfadaba así era una provocación directa al menos en la cabeza del tigre. Así era como funcionaban al menos hasta el momento, si el Tigre se imponía era en algunos otros detalles que quizá podían pasar desapercibidos a primera vista, pero que daba un balance a su inusual relación. ¿Porqué inusual? Un tigre pendenciero y una científica arrogante, ambos con un carácter del demonio y una mecha muy corta en cuanto a paciencia, dos seres que chocaban mucho pero que a su vez había encontrado cierta armonía en esos mismos detalles que los hacían chocar. Y de paso se sacaban detalles y factores que no sabían que tenían. Sumado a todo eso la fuerte atracción física que tenían, sin duda hacían una dúo por demás curioso por lo improbable que se veía el siquiera funcionar uno al lado del otro, pero ahí estaban, el tigre sonriendo como idiota ante la castaña de largas piernas y cabello que caía por sus hombros y espalda como miel derramada. Suspiró hondo y salió casi detrás de ella. Tomó una de las toallas y solo se secó lo suficiente, ni siquiera se había salpicado el cabello. Tomó su ropa entre sus brazos incluso abrazándola, ahí llevaba el libro y también su reloj de bolsillo. A mencionar que seguía con el reloj puesto, desde que ella le dijo que ese reloj era contra agua, solo se lo quitaba para luchar, podría ser contra agua pero no contra puñetazos sobrenaturales.

No tuvo empacho en caminar desnudo tras ella cual obediente cachorro... Y a decir verdad verla de espaldas era una visión que definitivamente era parte del más hermoso sueño que cualquiera pudiera ver, y eso que estaba cubierta y solo dejaba a la vista sus piernas. Ya fuera del baño y en la habitación de Jessica sintió el aroma que lograba colarse desde la ventana. El húmedo viento que soplaba, estaba a nada de llover, estaba oscuro como sabía podía ponerse New London. Una ciudad muy lluviosa, pero a diferencia de la lluvia y el calor de su país natal, la lluvia de esa ciudad era fría y calaba hasta los huesos. Le costó estar acostumbrado y ya podía andar bajo esa lluvia. Dejó sus cosas en uno de los muebles del cuarto mientras Jessica comentaba del clima e iba a uno de sus muebles. El tigre aprovechó para cerrar apenas la puerta del cuarto. Seguro que Bulleye estaba en lo suyo en el resto del laboratorio, pero una vez escuchó a un tipo en un bar que contó que estaba con una chica y que su perro ¿chihuahua?... le había mordido el trasero. El solo imaginarse en esa situación no era nada gracioso considerando que Bulleye tenía fauces metálicas. Se quedó contra uno de los muros viéndola, al menos hasta que habló de nuevo y dijo aquellas palabras que lo hicieron poner la debida atención aunque no lo estuviera viendo en ese momento.

Yo tampoco imaginé que nos volveríamos a ver —miró un poco la ventana ésta vez—. Pensé que serías una más como otras mujeres —no que presumiera ser un casanova, de galán tenía más bien poco y tenía el encanto de un felino rabioso. Era simplemente que muchas vieron aquel encanto animal como imposible de dejar pasar al menos por esa ocasión—. Y desde el principio fuiste diferente a las demás, pero creí que no te iba a ver de nuevo... Que serías solo un buen recuerdo —confesó encogiéndose de hombros—. Y esa noche mientras escapaba lo que sentí fue tu aroma, me llegaste a la mente y simplemente fui contigo. Estaba muriendo y tú me llegaste a la mente, no pensé en que fueras a recibirme o a ayudarme, simplemente corrí siguiendo tu aroma —comprendía lo que decía de dejarlo guardado, mantener en secreto lo que había pasado entre ambos. Lo comprendió cuando amaneció solo en el hotel y en ese momento lo reafirmaba, así era ella, una mujer tan complicada que el tigre simplemente la aceptó desde el principio como era, entenderla era una tarea que podría parecer complicada, pero el tigre se iba a lo sencillo y esa había sido su mejor estrategia. Ver su centro, su lenguaje corporal, percibir su voz y aromas, así funcionaba el tigre—. No era que quisiera encontrarte, fue tu aroma el que me llamó y llegué a tu casa. Creo que el encontrarnos era algo que iba a pasar. No sabía dónde vivías, supe todo y nada de ti esa noche —sonrió al verla ponerse de pie con esa mirada orgullosa, desafiante, arrogante, Jessica Holtzmann en su máximo esplendor. El collar en su cuello le hizo sentir un escalofrío en el cuerpo, ella se le acercaba como fiera al acecho, con esa endemoniada seguridad que era habitual en ella. Sonrió con fiereza ante sus reclamos—. Ya pasó, no podemos hacer más —solo seguir adelante, así como ella despojándose de la prenda y mostrarse en toda su gloria ante la bestia. Cada curva, sus pechos, sus largas piernas, ese aroma que de inmediato le llenó las fosas nasales y lo hizo respirar hondo hasta inflar su pecho entero. Esa pierna hizo lo que prometió y se colocó sobre su hombro, tragó saliva cuando se le sujetó. En esa posición tan cerrada podía sentirla por completo, su hombría aun erecta se rozó contra el centro de Jessica, haciéndolo temblar por completo. Su respiración se agitó, sus palabras, ese fuerte sonido del trueno, ese gesto... Era el milagro que había pedido a la diosa. Solo pudo responder una cosa, la misma que ella le hizo responder aquella vez que le preguntó si le gustaban los regalos que le hacía—. Sí, Jessica...

Suspiró hondo y como pudo atrapó sus labios en un demandante beso, ardiente, profundo y con una pasión que se sentía a flor de piel. Con una mano rodeó su cintura para cerrar mejor el contacto, la mano libre, que estaba del lado donde Jessica había subido su pierna, la usó para acariciar ésta desde su tobillo, se tomó un momento de sus labios para lamer su pantorrilla un poco. Era tan suave. La caricia bajó hasta la rodilla, luego hasta llegar a su muslo, pasó su mano hasta el suave glúteo, mismo que acarició con firmeza camino a la húmeda flor de la inventora. El aroma que despedía lo llamaba, hizo caso al llamado y usó solamente sus dedos para darle un masaje, masturbarla lo suficiente para humedecer aquella entrada que era capaz de llevarlo directo al Nirvana. Con sus dedos acarició a lo largo, presionó el clítoris a propósito, a sabiendas que ese era uno de sus puntos débiles. No había manera en que no aprovechara el momento. Su lengua jugueteaba con la de ella, sus dedos se entretenían dentro y fuera del centro de Jessica y se contentaba con esa posición, con sentirla así de pegada a su cuerpo. Una vez sus dedos podían entrar y salir con facilidad, no esperó demasiado a hacer lo que quería hacer: entrar en ella. Con un poco de ayuda de su mano entró en ella de un solo movimiento, enfilando su cadera hacia la inventora. Decidió poner a la castaña contra el muro para estar ambos más firmes. Su cuerpo comenzó un intenso vaivén mientras besaba a aquella diosa de venenosa lengua. Miró esos ojos al momento de hacer una pausa en el beso para respirar, pero apenas si podía no verse agitado por lo que estaban haciendo. El pecho le retumbaba por completo, su nariz estaba completamente saturada del aroma de Jessica, totalmente embriagado de ella, entraba tan adentro de ella como le era posible,

Jessica... Ah —se mordió un labio y pegó su frente a la de ella—... Maldición, puedo... Puedo sentirte completa —gruñó un poco al momento que clavaba un poco más fuerte su cadera en ella—. Estás tan... Tan apretada como la primera vez... Se... Se siente mejor aun —besó sus labios un poco más, mordiendo sus labios también—. Jessica... Tampoco creí verte de nuevo, pero me alegra casi haber muerto ese día, pude verte de... ¡Ngh!... Pude verte de nuevo... Yo —no podía hablar, sus ideas no se concretaban en palabras y era su cuerpo quien hablaba por él con intensos movimientos, con profundas estocadas al caliente cuerpo de la inventora. Estaba ardiendo, se sentía demasiado bien, con ella todo se sentía mejor. No, desde que se reencontró con ella no había estado con nadie más, en serio no quería, apenas si hablaba con mujeres y terminaba yéndose si alguna de ellas intentaba coquetear con el tigre, al parecer le estaba naciendo alguna especie de fidelidad que naturalmente no tenía, y no porque fuera un mujeriego, sino que instintivamente no tenía apego por un solo ser en especial, ni siquiera con su madre. Y aparecía esa endemoniada castaña y le rompía los esquemas. Estaban a manos entonces, ella dijo que le desequilibró algo, bueno, el tigre estaba adoptando comportamientos que no le eran normales y ahora estaba ahí, en medio de esa jungla de metal y concreto, adorando a una diosa que se hallaba escondida bajo las narices de todos, que le daba miel, que le daba veneno, que lo castigaba y luego lo llevaba al Nirvana con un beso. Se había vuelto su humilde creyente, su seguidor, se ofrendaba en cada momento y ella le daba sus dones. No estaban juntos todo el tiempo, pero al verse se entregaban con todo, creando milagros en aquella asquerosa ciudad. De momento solo el choque de pieles era lo que hacía eco por el cuarto, choque acompañado por los gemidos y demás sonidos que escapaban de sus bocas a punta de placer.

Nebiri decidió llevarla a la cama. Salió de ella y con mucho cuidado bajó esa pierna de su hombro, no quería lastimarla. La abrazó y entre besos y pasos lentos llegaron a la cama y cayeron de costado. Una vez ahí, el tigre se despegó de su boca, sintiendo sus labios mojados de la saliva de ella y la propia. Le miró con una fiera sonrisa y entre besos y mordidas bajó desde su cuello y hacía abajo. Quería sentirla a gusto, con calma, escucharla gemir, pedir más, maldecirlo, provocarlo... Bajó con sus labios hasta el vientre y jugueteó en su ombligo con su lengua. Un poco más al sur llegó a su dulce centro para saborearlo como era debido.

Nada ni nadie se siente como tu, Jessica —comentó sin descuidar lo que hacía—. Te lo dije y lo repetiré —rojo pero seguro, sonriente y con la cola en alto, tomó aire y miró su par de ojos que brillaban en la oscuridad y la lluvia en la que se había sumido la ciudad—. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo... Quiero seguir adorando a la maldita diosa que ésta ciudad no conoce —pidió, rogó más bien mientras rezaba entre sus piernas. No captó de momento la magnitud de sus palabras, era lo que quería decirle, lo que deseaba hacer. Quería seguir adorándola, viéndola—. No me importa que seas violenta, que estés loca, que me humilles ni que me trates como quieres —no le molestaba nada de eso, porque la inventora le daba dulzura a su modo y en la misma cantidad, si no es que más. Además le daba su tiempo y su atención, que era mucho a sabiendas el tipo de persona que era ella, tan alejada de la gente, alérgica a que la tocaran, con muy poca paciencia y con mucha ira contenida. Conocía todo eso de ella, le faltaba más, pero no le molestaba, al contrario, se las arreglaba. Estar a su lado era un reto constante, una pelea continua de voluntades, pero todo eso, incluso la calma que eventualmente los abrazaba, lo hacían sentir más vivo que nunca.

Volvió a acomodarse entre sus piernas y entró de un movimiento sin siquiera mirar, a ese nivel su cuerpo estaba conociendo al de ella. se le sujetó con firmeza y buscó sus labios una vez más.

Dime algo que no me haga quedar como tonto —le pidió entre labios, ya había dicho mucho y se sentía raro en serio, pero no de mala manera. Solamente no comprendía que estaba siendo domesticado por ella en todos los sentidos posibles y él mismo se entregaba gustoso a sus brazos y a su voluntad. Ambos sobre la cama, sus cuerpos se fundían bajo la lluvia, se daban calor en ese frío y no había manera de mejorar esa tarde más de lo perfecta que ya era en ese momento.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Feb 09, 2017 3:05 pm

Ensanchó más su sonrisa al oírlo decir esas palabras. El tigre tenía muchas cosas que lo hacían especial, pero en definitiva lo que más atraía a Holtzmann era que él alimentaba su ego sin problema, es más, parecía disfrutar hacerlo. También le gustaba denigrarlo claramente, y las respuestas furiosas del animal hasta el grado de incluso minimizarla le provocaba una clase de orgasmo diferente al que todos conocen. Era uno más profundo, se diseminaba por su cerebro, y emocional. Sin más abrió su boca dándole la bienvenida a ese beso, ésta vez más intenso, profundo, salvaje. Jessica lo acercó más atrayéndolo con ligera fuerza, era delicada en el tacto de su nuca, allí sentía los músculos tensos del otro, sin problema lo acarició mientras se entretenía con su boca. Era la primera vez que hacía esa posición, se mantuvo bien para eso, además para su sorpresa estaba bastante cómoda. Se separó del beso ahora observando cómo la acicalaba, se relamió los labios y no se contuvo una pequeña risa, su lengua áspera en sus pantorrillas le hacía cosquillas. La mano férvida de aquel felino erizaba cada zona de su piel con que la hacía contacto, al estar llegando a su centro involuntariamente se tensionó un poco expectante por eso, sabía qué es lo que atacaría, por esa razón soltó un quejido al sentir esa presión en su clítoris. Se aferró más a él clavándole los dedos, esa masturbación hizo que temblara e incluso sentía que su pierna perdía la fuerza de apoco a medida que introducía y sacaba sus dedos de su interior. En esa posición estaba bastante apretada, lentamente resbalaba su líquido espeso y blanco recorriendo su muslo, pierna, en incluso cayeron gotas del mismo en el suelo.

A Jessica no le quedaba otra opción más que gemir con genuino placer, ella ya no podía ser orgullosa, demostraba a flor de piel esa exquisita sensación delatando así lo mucho que necesitaba aquel tipo de contacto. Su pierna sobre el hombro vibraba, al igual que el resto de su cuerpo, era evidente que no estaba acostumbrada aún a tener sexo estando parada. Y cuando la penetró de una sola estocada, como siempre, como el maldito animal que era, gritó tensionando sus rasgos faciales —¡MMNG! ¡maldición!— sintió una fuerte estimulación gracias a la compresión del vientre y de la vagina dada su peculiar posición, él podía llegar más profundo y con un poco de paciencia hasta el fondo de su matriz si el híbrido lo quería así. La hizo gruñir al pensar esto, él lo quería todo, era demandante, cada vez la exploraba más en profundidad, no importaba cuánto se quejara de ella y sus constantes ataques, no tenía por qué, después de todo Jessica siempre le daba lo que quería.

Mordisqueó sus labios cuando se alejó, al mismo tiempo sintió un subidón que automáticamente hizo que apretara aún más la virilidad dentro suyo, lo sintió agradable, y se repitió tres veces más. Estaba emocionada, era como si estuviera teniendo su primera vez nuevamente, y por supuesto que el tigre se estaba dando cuenta de eso también. Su espalda estaba apretada por completo en la pared, la tenía encerrada, más jugo derramaba deslizándose sutilmente en su pierna, las embestidas lentas pero profundas que le daba Nebiri la volvían loca, su mente se nublaba no pensando en otra cosa más que el placer con el que atacaba su cuerpo. Minutos después de comenzar a conocerse otra vez bajó su pierna con ayuda del tigre, se sentía tan caliente, jugosa, su botón rosado se contraía ligeramente y estaba hinchado al igual que sus labios vaginales. Se atrevió a acariciarse en esa zona con la yema de los dedos mientras lo besaba, emitiendo lascivos sonidos con su lengua chocando y chupando la ajena. Torpemente caminó, como pudo, siendo guiada por él hasta caer en la cama, allí lo soltó y se arrastró de espaldas apretando las sábanas, finalmente se detuvo al entregarse a esos besos que comenzaban en su cuello hasta su centro, Holtzmann tomó un gran suspiro y se dejó manipular en la cama —¿N-no te cansas de-de alimentarme?...— cada una de sus palabras aumentaban su "Yo", su arrogancia, su inmodestia. Sonrió al instante que el oral comenzó, eso era lo que más le gustaba, hacía que temblara y retorciera de placer, se aferró fuerte a las sábanas sacándolas de lugar —¡Aaah!~ aaaaah… ¡ah!— la lluvia azotaba fuerte el vidrio, hacía coro con los incesantes gemidos de la inventora, quien no tenía ni una pizca de pudor encima abriéndose de par en par de piernas para que el tigre tuviera mayor acceso, no lo sabía en ese momento, pero ella había pasado a ser exclusivamente de él  No, no e-estoy loca… soy… inteligente… hablaba entrecortado —Soy… soy una maldita genio.— llevó las manos a cada uno de sus senos para estimularse ella también, apretaba y estiraba un poco sus duros pezones. Si aquel idiota, Zhukovski, la hubiera visto así, entregada, con un hombre entre sus piernas bien abiertas y masajeándose los senos en su cama… el hecho de que él la odie lo hubiera dejado de lado instantáneamente.

Era una imagen suculenta, bella, y que él por imbécil jamás en la vida vería.

—¡HA! ¿Por qué eres tan bruto?— no importaba cuántas veces lo hiciera, cuando la penetraba de una sola embestida siempre se tensaba y su interior temblaba, su carne acariciaba a su manera la virilidad del híbrido, apretándolo y permitiéndole ir más allá gracias a su buena lubricación —…— el nivel de las embestidas aumentaban, el choque de pieles eran los sonidos por excelencia del lugar, agregando los sonidos provenientes desde lo más profundo del pecho de Jessica Mmm… sí que tenías muchas ganas ¿verdad? todo ella pulsaba con fervor, al igual que él ¿Alcanza, si te digo que estoy comenzando a masturbarme pensando en ti? forzados susurros, le costaba hablar pero no tenía pensando mentirle, lo que le había dicho era verdad y la última vez fue hace dos noches, aunque fuese vulgar era de lo más romántico que había dicho en su vida Tengo la imaginación muy sexy, nmmmm~… ¿quería oír más cosas que no lo hagan sentir un tonto? —Me encantas. Incluso cada cosa estúpida de ti. No sé cómo, no sé qué diablos hiciste para que dependiera de ti, maldito animal.— y en fondo eso la enfurecía, decir esa verdad le movía el estómago acompañado de una extraña sensación. Dado la intensidad de las estocadas ella se iba cada vez más hacia atrás, tuvo el impulso de levantar ambas piernas y descansarlas en los hombros de Nebiri, entonces así el punto dulce de la castaña era alcanzado acompañado de gritos más sonoros, justo en ese momento un rayo hizo temblar al cielo nuevamente ahogando el escándalo de su goce, bajó una de sus manos para masajear de manera casi violenta su clítoris —Ahí Nebiri, ahí… dame más fuerte ¡dame más fuerte!— estaba fuera de sí, comenzaron a aparecer las contracciones rítmicas de sus músculos pélvicos, los cuales produjeron una secreción que no podía contener, iba a eyacular por segunda vez en su vida, así que no dudó dejar de apretar su seno para agarrar fuertemente la mano del birmano —¡NEBIRI! ¡AAH!— estaba a casi nada, solo quería que la embistiera con más fuerza. El calor la abrazó evidentemente, gotas de sudor resbalaron de su frente, todo su cuerpo ardía y en la zona del hueco entre sus clavículas se acumulaban pequeñas gotas, mojando su hermoso collar de perlas el cual se agitaba a la par de la intensidad que Nebiri le aplicaba al cuerpo de Jessica, al igual que sus senos.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Vie Feb 10, 2017 4:10 am



CASI LAS 6PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
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Escuchar esa confesión, el que ella se diera placer pensando en él hizo estallar algo en el pecho del tigre, su propia imaginación se encendió y no pudo evitar imaginarse a Jessica sobre su cama, quizá en la ducha, puede que en ambos escenarios, tocándose a sí misma como lo hacía en ese momento... Seguro que jugaba con sus pechos, eran tan sensibles; puede que jalase sus propios pezones antes de que sus manos bajaran más por su propio torso... Aquella divina revelación lo hizo acelerar las estocadas mientras seguía fuera de sí y perdido en la imagen mental que ella le había facilitado. Quizá sus largos dedos acariciaban primero por encima, tocando ese hermoso botón apenas para calentar motores, luego más abajo hasta quedar húmeda y luego frotar a capricho donde su cuerpo lo pidiese. ¿Diría su nombre cuando se tocaba o cuando alcanzaba el orgasmo? ¿Solo lo tendría en mente? Cualquier opción era maravillosa. Mentiría si dijera que no había hecho lo mismo más de una vez en días pasados, aunque sus fantasías eran algo más simples pero no por ello menos intensas, solo la imaginaba y su cuerpo hacía el resto solo. No era lo mismo atenderse solo pero ya no quería estar con ninguna otra mujer, Jessica le puso sin que Nebiri pudiera evitarlo un collar y una cadena a punta de besos y no había poder en ese mundo, más que ella misma, quien pudiera romper esa cadena, pero hasta entonces la tomaría en cada mínima oportunidad, como ella lo dejara, cuando ambos lo desearan. Esa endemoniada mujer también lo había vuelto dependiente de su presuntuosa presencia y su genio de mecha corta.

Deja de... Deja de quejarte, mujer —reclamó el tigre entre gemidos y gruñidos de puro placer, todo mientras su cuerpo se movía al unísono con el de Jessica y permitía que su hombría llegase tan adentro de ella que experimentaba sensaciones que nunca había percibido antes, ni siquiera con otras mujeres de razas que estaban hechas para el sexo. Nada se comparaba a ese endemoniada mujer, humana, loca, genio, hermosa como una diosa caprichosa y salvaje como cualquier depredador que se preciara de serlo—... Tú... Tú también me tienes, me tienes aquí, contigo, sonriendo cuando imagino tu cara, o cuando pienso en tu voz... Y cuando... Es de noche —estaba por confesarlo y una placentera descarga que sintió cuando tocó el fondo del interior de Jessica, lo hizo cantar más fácil que un preso siendo torturado—... Pienso en ti y me... Me masturbo también... Pero no es lo mismo... Te necesito a... ¡Ah!... Te necesito a ti —buscó sus labios brevemente—. ¡Ni en mis pensamientos me dejas en paz, carajo!

Aquel pensamiento, sus palabras, los gestos preciosos de Jessica y todas las sensaciones que sus cuerpos producían en esa intensa danza lo tenían perdido, fuera de sí, tocando el cielo con ella pero aun pegado a la tierra para no perderse. De pronto, una presión en ella le hizo saber lo que estaba por pasar, Jessica se estaba perdiendo más y más, verla tocarse de nuevo, retorcerse de placer y luego buscar su mano se lo dijo todo. Ella pedía más. Él le daría todo. Con su mano libre se aferró a una de las piernas de Jessica que descansaban sobre sus hombres y aceleró el movimiento de sus caderas, atacando salvaje, intenso como el animal que era, tan adentro que su hombría se perdía por completo dentro de ella, tan fuerte que la presión con que Jessica lo recibía lo hacía gruñir cada vez más fuerte. Los gritos de Jessica terminaron por provocar un furioso ataque de parte del tigre directo a su centro, ella gritó su nombre... Nebiri gritó el de Jessica en un rugido... Y terminaron juntos de violenta y explosiva manera. Sintió un cálido líquido salpicar su piel, abrió los ojos aun en medio de su orgasmo y vio que ella había hecho lo mismo que aquella vez, volvió a suceder, se había corrido de esa manera tan especial y eso lo puso contento. Se sintió llenar a Jessica tan adentro que de momento no escurría su semilla fuera de ella, seguía dentro del cuerpo de Jessica y aun no quería salir. Tenía la espalda arqueada y apenas se sintió con los pies en la tierra, cayó suavemente sobre ella, pero sin quedar del todo sobre su cuerpo. Respiraba hondo, fuerte, agitado, su pecho subía y bajaba y sentía el cuerpo sin fuerzas. Ni siquiera salió de su cuerpo, esos pequeños espasmos remanentes le daban sensaciones extras que lo hacían gruñir.

Pasó un momento, quizá un rato más largo que en ocasiones anteriores, para que ambos pudieran reaccionar. Un enorme suspiro marcó el regreso total del tigre a sus sentidos y buscó torpemente los labios de Jessica para besarla. Rodeó su cuerpo con sus brazos y se giró para dejarla encima de su cuerpo. Era tan ligera. La lluvia afuera seguía bañando la ciudad y las gotas de lluvia eran las únicas testigos de las bestias en pleno cortejo y apareamiento. Afuera hacía frío, así era el clima en New London, pero dentro del cuarto el calor de ambos cuerpos habían empañado los cristales de las ventanas. Podía seguir si ella quería, su cuerpo simplemente era esclavo de esa mujer, pero antes de eso debían tomar un respiro. Buscó sus labios en dulce beso mientras sus manos acariciaban la sudada piel de la inventora. Aun escurría un poco, su sudor se mezclaba con el del tigre, el calor era intenso en sus cuerpos, casi asfixiante, pero se sentía tan bien... Repitió lo que era propiamente un beso francés, dulce, lo justo después de hacerse de ese cuerpo como el animal salvaje que era. Sus manos bajaron por su espalda hasta sus firmes glúteos y, travieso, los presionó un poco. Nunca le había dado una palmada, la había sujetado fuerte, sí, pero no había hecho un gesto como ese. Se preguntó si a Jessica le gustaría. Le iba a preguntar después.

Si la lluvia no para, ¿puedo quedarme? —preguntó contra sus labios, haciendo una pausa en el beso—. Si tienes que trabajar, no te molestaré —ahora más que nunca sabía lo ocupada que la tenían, lo presionada que estaba, que esos sujetos le respiraban encima casi literalmente. No quería ser él quién le quitase mucho tiempo—. Puedo jugar mientras con Bulleye —dijo, sonriente. Besó su mentón, su cuello, lamió un poco su oreja y se dedicó a acomodar su hermoso cabello para que no se enredase tanto. Podía sentir las húmedas perlas contra su piel. Se veía tan bien con ellas. Ya tranquilo, ya con la respiración en control, le daba dulces besos y mordidas donde ella lo dejaba, sus manos acariciaban su espalda una y otra vez, sus brazos por lo igual, sus glúteos, que era hasta donde llegaba. Los aromas eran tan intensos que seguramente Jessica podría sentir el aroma a sexo que ambos destilaban. Dibujó con sus dedos sobre su espalda y, con una sonrisa, la volvió a encarar—. Luego tienes qué decirme qué te imaginas cuando te tocas, puedo contarte lo que yo imagino, pero no sé tenga tanta imaginación como tú —la mente de Jessica era un mundo en sí mismo, Nebiri era más simple, quizá sus fantasías tendrían un abismo de distancia, pero ahora estaba curioso y quería escucharlo. Si ella quería compartirlo, desde luego.

Mientras, no resistió besarla de nuevo y hacer más intensas las caricias. De hecho, nada le negaba ser él quien le contara primero. Se colocó de costado sin soltarla del todo y miró sus hermosos ojos. Pasó sus dedos por la húmeda mejilla de la inventora, había algunos mechones de su cabello pegados a su piel, así que las movió con cuidado detrás de su oreja.

La otra noche imaginé que estabas en mi casa, por alguna razón te imaginé con mi túnica puesta, solo con la parte de arriba. Llevabas eso y nada más —comenzó a hablar contra sus labios mientras buscaba enredar sus piernas con las de Jessica—. Me empujabas a la cama y me dabas besos desde la boca y hacia abajo. Y cuando usabas tu boca me hacías rugir, no podía moverme, y tú me mirabas de esa manera que siempre haces para enfadarme —burlona, presuntuosa, altiva—. Antes de que me hicieras acabar te llevaba contra uno de los muros, te abrazaba por la cintura y te tomaba desde atrás —sonrió ampliamente. Contar la fantasía podría no ser una buena idea para su propio cuerpo, pero quería hacerlo, quería contarle. Si seguía así su cuerpo volvería a despertar, pero si Jessica quería descansar él buscaría cómo calmarse, era un salvaje, sí, pero entendía cuando la hembra ya no quería—. Nos quedábamos así por largo rato...

Hasta suspiró, miró sus ojos y le dio un beso en los labios. Estar así con ella y la lluvia afuera protegiéndolos era casi irreal. Era el cielo en ese infierno.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Vie Feb 10, 2017 3:29 pm

Cerró los ojos, se dejó ser, estiró la cabeza hacia atrás y simplemente abandonó su cuerpo dejando que actuara como lo necesitaba, Holtzmann estaba extasiada hasta su punto más alto, y ya no era del todo consiente de su alrededor, sus palabras entraban en su mente pero no era capaz de responderle, pero el saber que él tenía fantasías con ella aceleró más lo inevitable. Que tocara el fondo de su ser, martillando y acariciando sus paredes internas fue su punto culmine. Apretó su mano con tanta fuerza que temblaba, todo ella se oprimió con una potencia impetuosa y lanzó un melodioso alarido luego de gemir constantemente su nombre. Los dos explotaron y ésta vez ella podía sentir muy bien cómo la llenaba con su cálida esencia, lo sentía y se deleitaba por completo sin abrir los ojos, le soltó la mano dejándole marcado los dedos y pasó a agarrar con dureza la sábana creando grande bultos. Su orgasmo fue fuerte, tan así que las réplicas que sentía luego del mismo bajaban tan solo un poco de intensidad, y también le daba las últimas atenciones a la virilidad aún dentro suyo apretándola con cada respingo que ella daba. Las sábanas eran lo de menos, pero su manera de correrse hizo que la humedeciera bastante. El pecho de la castaña subía y bajaba rápido, estaba recuperando de apoco el ritmo normal de su corazón cuando él caía lentamente, tragó saliva y abrió sus labios buscando más aire pero enseguida fueron sellados por los ajenos, ella lo correspondió y lo besó como podía, respirando fuertemente por la nariz, tuvo el impulso de rodearlo con los brazos también cuando él lo hizo y entonces así se pudo encimar sobre su cuerpo con facilidad. Mechones de su cabello se pegaron a ese cuerpo por el sudor tanto ajeno como propio, la atmosfera en ese cuarto cerrado era calurosa, tensa, solo había aquel característico aroma a sexo y al ladear un poco la cabeza mientras lo besaba pudo ver que el grisáceo paisaje de afuera estaba distorsionado, el vidrio estaba un poco empañado e incluso transpiraba pequeñas gotas. Había rayos pero desde lejos, ahora solo eran puros relámpagos. Al separarle del beso estiró la mano para alcanzar a encender la lámpara de su mesa de noche, no alumbraba mucho, solo una tenue luz anaranjada suficiente para alumbrar la cama pues los rincones lejanos del cuarto estaban oscuros.

La lluvia no paraba tal como él dijo, Jessica lo observó en silencio acariciándole la mejilla con sus nudillos heridos, dándole esa tersa atención. El cortejo siguió con fineza, ella era lenta en sus movimientos, le corrió un mechón que tenía en la frente antes de seguir besándolo suavemente con una afectuosidad encantadora, sus rojizos labios húmedos rozaban los ajenos cada vez que se separaban por milímetros Quédate. susurró, volvió a besarlo profundamente para separarse casi nada nuevamente Sé que a los felinos no les gusta el agua, vas a enfermarte si sales afuera. sonrió, entrecerró los ojos subiendo hasta depositarle un beso en la nariz arrugándola por su insignificante fuerza Ahora él está "dormido"… hibernando, Bulleye estaba en modo de ahorrar energías, no hace ruido, ni consume electricidad, ni agota batería Menos mal. No quería que escuchara a su mamá hacer esto. le dio un beso en la mejilla luego de ese juego de palabras, sin borrar su erótica sonrisa bajó hasta apoyar la cabeza en su hombro, posó su mano en su pecho acariciándolo con las uñas pero teniendo cuidado de no tocar donde le había dado zarpazos. Estaba tranquila, relajada, se restregaba suavemente apoyando ésta vez la mano entera en su pecho, hasta volver a oírlo, buscando saber de qué se trataban sus fantasías —Mm, ¿por qué no comienzas tú? quiero saber qué tan vivaz es tu mente.— en verdad quería saberlo, deseaba saber hasta qué nivel él usaba su físico como entretenimiento para darse placer a sí mismo, qué recorría por la mente del tigre siendo ella protagonista de esas eróticas ilusiones. Tragó saliva ansiosa por oírlo, entre pausados y suaves besos se recostó a su lado sin despegar sus ojos de él, ahora más que nunca apreciaba el intenso color zafiro de ambos, brillaban en la oscuridad como si fuesen fuente de luz.

Obviamente se enfocó en su relato, oírlo en silencio y sonreír a medida que avanzaba, la metió en esa situación, podía imaginárselo también. Buscó con su mano la ajena, la acarició sin despegar su mirada ni su atención de él, pasaba sus finos dedos en medio y lo acariciaba, ya de por sí teniendo clara la idea de lo que hacía con esa mano mientras tanto. Cuando terminó sonrió más, riéndose con esa dulce campanilla característica de ella —Sonó como una muy buena noche.— finalizó en un largo beso, Jessica se separó suavemente mientras bajaba su mano recorriendo cálidamente la anatomía ajena —¿Gemías mi nombre?, ¿lo gritabas?... yo sí.— confesó a la par que le acariciaba su estómago y vientre. En gran medida eso alimentó aún más la llama, no estaba apagada y pudo haberlo hecho, pero el híbrido había dicho cosas que calentaron a Holtzmann, y ahora era su turno.

Se reincorporó apoyando el brazo en el colchón, levantando ligeramente el torso mientas lo miraba —¿Te acuerdas el conjunto que te regalé?, bueno, tengo un par más aquí.— empezó, se mordió el labio inferior mientras pensaba —Uso uno. Luego me siento delante del espejo de mi cuarto me abro de piernas delante de él… y comienzo…— se refería a ese mismo el que usó para ponerse su collar, lo usaba para verse completamente mientras se tocaba —Estábamos cerca de tu casa, en ese maldito bosque. Íbamos a entrar, pero teníamos tantas ganas que no llegamos, así que me tomaste en las escaleras.— acercó su cabeza para robarle un profundo beso, estirándole el labio al separarse tan solo centímetros —Usabas tu lungui y yo un lindo vestido pardo.— le dio una juguetona lamida a sus labios antes de apartarse, paulatinamente se sentaba sobre él dándole la espalda, recostándose con las piernas de lado a lado del cuerpo del tigre, aprovechando para masturbarlo con su mano lentamente —Me levantas el vestido, pasas tu lengua entre mis glúteos para luego correr mi prenda íntima y… me penetras como el brutal y maldito animal que eres. Sin compasión.— su mano subía y bajaba cada vez más rápido, ya estaba muy excitada y no lo podía ocultar. No se contuvo más y despacio se levantó para, con ayuda de su mano, meter otra vez el miembro de Nebiri en su interior —Ngm… y… y… yo me aferraba a las escaleras, tenías mucha fuerza… me-me lastimaba las rodillas pero no me importaba.— lo estaba sometiendo, apoyó las manos en las piernas del tigre para aferrarse y comenzar a cabalgarlo a paso lento, suave, todo con tal de desesperarlo —Me dabas tan duro que no gemía, gritaba, chillaba, no quería que te detuvieras. Y no lo hiciste.— a ese paso aumentó el ritmo, dejandose llevar por completo dándole riendas sueltas a su cadera para que marcara el ritmo. Encontró la oportunidad para agachar un poco su espalda y aferrarse a las sábanas, necesitaba ese espacio para comenzar a subir y bajar su trasero de manera más activa, devorándose el miembro del tigre en su totalidad, hacer círculos y menear su cadera buscando incentivarlo más agregándole la visión directa que tenía de sus curvilíneos glúteos.

Pero allí no había terminado —Aaah, ahhh… ¡mgn! y… y sabes ¿sabes lo que hiciste? te-te detuviste u-un momento para… darme bofetones… en mi glúteos. Hasta ponerlos rojos… — se imaginaba ese placentero dolor, eso la hacía apretar más y dar respingos cada vez que tenía un subidón. No paró ni un solo momento, seguía lubricando por completo la hombría del birmano con los ojos cerrados suavemente, deleitándose con esos dulces espasmos que atacaban su vientre y vagina —Y me tirabas del cabello, hasta que eyaculaste fuerte… ahí es cuando grito tu nombre, y me co-corro delante del espejo.— ahí estaba su esplendorosa fantasía, condimentada como solo una vigorosa mente podía hacer. Siguió cabalgándolo por varios segundos más hasta detenerse lentamente sin sacarlo, respiraba fuerte, su corazón comprimía su pecho, entonces volteó para observarlo de perfil mostrándole que sus mejillas estaban sonrosadas por el calor, su mirada brillosa al igual que su piel infestada de lujuria —¿Me vas a montar?... tírame del cabello cuando lo hagas.— tragó saliva, se le estaba haciendo agua la boca. Si no podía hacer su fantasía realidad, recrearía de ésta las mejores partes posibles. No sabe en qué condenado momento se convirtió en la reina de la pornografía.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Sáb Feb 11, 2017 3:57 am



PASADAS LAS 6PM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
BITE HER, TIGER, SHE LIKES IT
Contar su fantasía había sido una buena manera de encender nuevamente la llama, pero cuando Jessica comenzó a contar la suya, el tigre quedó perdido en esa fantasía también. Había olvidado agregar detalles a lo que hizo aquella vez, pero se lo contaría apenas tuviera oportunidad de acotar algo a la conversación, en ese momento estaba muy ocupado escuchando a Jessica e imaginándose haciendo eso que ella describía de tan exacta y precisa manera. Cada detalle encendía más al tigre, escuchar que lo hacían en la escalera, que la tomaba como una bestia e incluso le palmeaba el trasero era una visión demasiado buena. Acababa de comprobar que Jessica quería probar de primera mano una buena mano marcada en su más suave piel. Si eso quería, el tigre le cumpliría, era su maldito macho después de todo... Por supuesto, haría todo eso apenas Jessica lo soltara de sus garras. Ya estaba bastante encendido por culpa de su fantasía, luego lo masturbaba y ahora la muy abusiva se servía sola y él solo estaba ahí como estúpido dejándose llevar por aquella mujer que lo llevaba al cielo sin abandonar la tierra. El tigre no tenía razones para quejarse pero nada le quitaba el derecho a hacerlo. Gruñía, gemía y decía entre jadeos el nombre de Jessica. Su precioso trasero estaba ahí, lo tenía a la mano pero lo único que atinaba a hacer era apretar las sábanas en clara señal de enojo por una muy buena razón: iba tan lento aquel movimiento de cadera que sentía que le servían el placer a cuentagotas. Era una tortura tan deliciosa que no sabía si pedirle que parara o rogar que siguiera. Aquellos pequeñas pulsaciones de placer lo volvían loco porque quería sentir más, sentirla más y la cruel diosa solo lo ponía a prueba. Subía y bajaba devorando su hombría entera, de pronto ella se detuvo y le miró, lo retó, lo provocó tan directamente que el tigre solo pudo rugir, estaba desesperado por sentirla de nuevo como era debido, esas sensaciones tan suaves lo habían llevado al límite. ¡Era como beber cerveza con una maldita pajilla! Así no debía ser. A esa mujer había que tomarla con todo. Le sonrió de fiera manera y con un movimiento se sentó y la colocó en cuatro, tuvo que salir de ella para ponerse encima de ella, la sujetó por los pechos con un brazo, su mano quedó perfecta para acariciar uno de ellos y pellizcar su pezón endurecido. Se lamió los labios y gruñó un poco, mordió su hombro y le habló al oído mientras su mano libre acariciaba ese suave trasero.

También grité tu nombre —dijo en ronco y sensual tono, aquel toque animal que indicaba que estaba listo para atacar—. Aquella vez estaba por dormir, pero el aroma en mi cama y en la prenda que me dejaste hicieron que me pusiera duro de solo recordar porqué estaban esos aromas en mi casa —en ese momento acarició uno de sus glúteos con firmeza y sin aviso, le dio una firme palmada que hizo eco en la habitación. No le pegó duro, desde luego, apenas lo suficiente para hacerse sentir, nunca había hecho algo así con ella y debía medir bien su tolerancia al dolor, pues había una linea bien marcada entre el placentero dolor que avivaba los sentidos y aquel que dejaba de ser divertido. Debía encontrar esa linea y dejar que el cuerpo y la voz de Jessica le enseñaran cuál era su límite. De momento fue una firme nalgada de baja intensidad—. Me puse a oler tu ropa e imaginé lo que te conté... Sí, fue muy, muy divertido... Me corrí dos veces —le gruñó un poco más y le dio una segunda palmada en el otro glúteo, un poco más fuerte ésta vez. Acarició su sexo frotando con firmeza y luego se acomodó para montarla como ella tanto lo quería y el tigre lo deseaba, no entró en ella aun, si no que la tomó del cabello sujetando un grueso mechón de éste, eso sabía cómo hacerlo también sin lastimar. Su agarraba poco cabello el jaloneo podía ser molesto, pero si tomaba mucho y con firmeza entonces solo sería un firme tirón en cada ocasión sin darle ninguna molestia más allá que una que otra sacudida. Podía sentirse con la furia a tope, totalmente rabioso y deseoso por tomarla, pero eso no quería decir que no cuidara del bienestar de Jessica—. Cuando vayamos a mi casa, si llevas un vestido pardo, te haré realidad esa fantasía... Y luego haremos la mía, tienes mi palabra —mordió su hombro y se enfiló contra su trasero para entrar en ella de golpe, de una sola estocada como ya se había hecho costumbre, firme y al fondo y lanzando un rugido de placer al sentir esa deliciosa presión del interior de Jessica—. ¡Maldición, mujer! —sonrió con lascivia y comenzó un intenso vaivén de cadera mientras sujetaba su cabello y jalaba hacia él para poder hablarle al oído mientras lamía y mordía su oreja—. Grita mi nombre...

La separaba apenas de sí mientras embestía con furia a la castaña, como ella quería, como ambos tanto lo deseaban, si hacía una pausa era estando dentro de ella aun, completamente dentro para volver a azotar aquel suave y redondo trasero, la piel comenzaba a ponerse roja. Solo los gritos de Jessica le marcaban la intensidad que debía usar, pese a estar perdido haciendo suya a Jessica Holtzmann, seguía conectado de esa manera a ella, de esa forma donde sabía hasta dónde y cómo llegar, y llegó ese momento donde sus manos habían dejado roja la piel de su trasero. La azotaba a ratos mientras, permanentemente, seguía atacando a la inventora directo en su centro. Le gustaba quedarse dentro de ella y gruñirle palabras al oído. A mencionar que Nebiri no hablaba sucio durante el sexo, podía maldecir, sí, y mucho; quejarse, gritar, reclamar, gruñir y rugir, pero de eso a insultar a su amante en turno era algo a lo que no estaba acostumbrado. Y si no había hecho eso con las demás, tampoco lo haría con Jessica. A menos, claro, que ella se lo ordenara... Seguían en proceso de seguir conociendo cosas el uno del otro, Jessica tenía muchos demonios aun, Nebiri tenía mucho que aprender y descubrir de ese mundo aun... Con mencionar que no tenía mucho de haber conocido a un ángel. Se escuchaba el sucio, húmedo y fuerte choque de su vientre con el trasero de Jessica, todo un concierto de sonidos donde los gruñidos del tigre se mezclaban con los gritos de Jessica.

Apuesto a que —hizo la pausa en turno para darle un par de azotes en el trasero—... A que esto te... —con la misma mano que la palmeó viajó a sus pechos y jaló a turnos sus pezones con suficiente intensidad para hacerse sentir, luego de ello amasó sus pechos rozando con sus palmas para rozar sus duros botones—... Te gusta, ¿verdad? —sonriente, lamió su mejilla y la hizo voltear manipulándola por el cabello para besar sus labios con fiereza, de una manera húmeda, tosca, salvaje. Le encantaba el sabor de su saliva y no podía cansarse de beberla, cada líquido que salía de ella era el más dulce de los néctares que la diosa le ofrecía. Apenas se sació de ese beso, volvió a lo que estaba haciendo. Embestía cada vez con más fiereza y las palmadas era algo más frecuentes, en algún momento de esos fue que encontró el límite de Jessica y ya ahí podía jugar sin cruzarlo—. Voy a llenarte toda, mujer —le gruñó al oído soltando un momento su cabello justo antes de volver a tomarla, ésta vez acortando un poco más la distancia—, pero antes...

Salió brevemente de ella, solo lo suficiente para acercarse su hombría a su boca y hacer que le diera un oral, solo uno breve y suficiente para hacerlo gruñir de placer y hacerla probar su propia miel. No fue mucho en realidad y volvió a montarla con la misma intensidad, gruñía cada vez más fuerte, atacando con fiereza y con la cara desfigurada de placer, sus orejas animales estaban bien en alto deleitándose con los gritos de esa condenada diosa. La tuvo ahí por lo que pareció una eternidad, sí fue un largo rato, pero no tanto como podrían percibirlo ellos en ese momento. La lluvia afuera caía incesante como solo en New London podría pasar. Estando a solas en su casa solo veía la lluvia caer mientras se envolvía a sí mismo en las pieles de la cama, o bien en su forma de tigre para guardar mejor el calor. Era una lluvia fría, casi cruel, era como el llanto de la ciudad en desgracia y pecado... Pero luego de ese día le llevaría un mejor recuerdo a la cabeza, le haría recordar a Jessica y a él teniendo sexo salvaje uniendo no solo sus cuerpos, si no sus pensamientos más profundos, afianzando su confianza mutua y develando cada vez mas cosas el uno del otro. Podría revivir ese placer y seguramente volvería a masturbarse pensando en ella mientras viera la lluvia. Esa maldita mujer le estaba dando vida a todo y a cada uno de los momentos que los acompañaban...

De...Demonios... Jessica... Voy a —se sentía a punto, se sentía a nada de terminar y el placer le golpeaba los sentidos y lo cegaba, le dio un jalón a su cabello para poder girar su rostro y besarla torpemente, sus caderas iban a una velocidad intensa, incesante, duro y sin piedad como ella lo había pedido. Sentía cómo Jessica lo presionaba, estaban por terminar igualmente, sus gritos y su cuerpo se lo decían—. ¡JESSICA...! —una fuerte embestida final fue suficiente para terminar y llenarla de nuevo con cada gota de su ser. Estaba bañado en sudor al igual que ella, nunca había tenido un sexo tan intenso y eso que era una humana, una maldita humana. La mejor de todos. Esa mujer en serio era una maldita maravilla. Cayó rendido junto a ella, de costado y solo atinó a abrazarla contra su pecho, tenía la húmeda espalda de Jessica contra su cuerpo, la abrazó por el pecho y le echó una pierna encima para cerrar el abrazo lo más posible y seguir disfrutando de las réplicas de esos orgasmos. Seguía ido, seguía en el mundo de Jessica, aquel cielo que debía ganar con cada gramo de fuerza de su cuerpo—. Jessica —repitió con un suspiro mientras besaba su cabeza—. Se... Se sintió mejor que en tu... Fantasía, ¿verdad?

Rió un poco y suspiró hondo. Jessica Holtzmann era una maravilla de ese horrible mundo y la tenía en sus brazos. Apenas recuperó el control de su cuerpo, la giró para poder encararla y darle dulces besos en sus labios.

Si tienes otra fantasía, cuéntame —él pensaba hacer lo mismo, al menos por esa tarde tenían mucho por compartir aun, quizá una tercera ronda, quizá solo descansar, lo que fuera, iba a quedarse con ella esa noche—. Haré que todas se hagan realidad...

Un beso más, porque nunca estaba de más besar a Jessica Holtzmann.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Feb 11, 2017 7:50 pm

Aquel fuerte impulso en donde la dejó en cuatro abusando de su fuerza le indicó que precisamente había logrado enfadar al excitado tigre, se mordisqueó los labios deleitándose de las caricias que le proporcionaba a sus senos y glúteos, hasta que sintió el firme manotazo castigando su blanda carne ¡¡AH!! abrió los ojos de par en par, el repentino golpe hizo que su cuerpo se estremeciera. Sintió en aquel instante cómo una pizca de adrenalina trepó por su pecho, apretó las sábanas con las manos y sonrió de la nada, solo así, en verdad le había agradado. Más cuando le volvió a dar un nuevo azote, sintió que fue con mucha más fuerza y eso la hizo chillar más alto. Por supuesto que le dolió, pero Jessica disfrutaba de ese placentero dolor, simplemente no podía creer lo bien que se sentía que él la golpeara de esa manera. Se emocionó cuando la agarró firmemente del cabello, todo su cuerpo sucumbía de a poco a los tratos violentos del birmano, le entregaba el poder, le daba con gusto una visión sumisa de sí misma. Estaba extasiada, ya se encontraba bastante apretada cuando la penetró, gimió largamente mostrándole el nivel de placer con la que la llenaba. Apretaba los dientes y cerró sus ojos fuertemente en el vaivén, se aferraba como podía, el que jalara de su cabello era el plus que ella deseaba y no se guardaba ni un solo gemido. Ella ya era completamente de él —… ¡Nebiri!— gritó su nombre entre quejidos, le daba lo que quería haciéndole ver al tigre que la tenía entre sus garras —Nebiri, Nebiri, Nebiri, ¡NEBIRI!— repetía con cada estocada, solo se detenía para gritar cuando golpeaba su trasero —¡MMN! ¡hijo de perra, s-se siente muy bien!— era la verdad, sentía que sus glúteos ardían, no iba a ser una sorpresa que terminaran rojos, tuvo la necesidad de recostarse pero la tenía a su merced tirándole de su cabello, así la controlaba. Todo su cuerpo hervía, en cada movimiento brusco caían pequeñas gotas de su sudor, de vez en cuando la cama se corría porque las patas no soportaban aquella fuerza que Nebiri le aplicaba a Jessica a nivel de embestidas. Sus pezones estaban muy duros, sobresalían más que antes, pasando a ser botones de placer extremo.

No contestó a su comentario, por supuesto que le gustaba, simplemente echó su cabeza hacia atrás al ser jalada para besarlo. No se daba cuenta que un hilo de saliva se derramaba por su comisura hasta el mentón, el beso fue profundo y salvaje, escuchándose los morbosos sonidos aguados de sus salivas y lenguas chocarse entre sí. Jessica ya no estaba precisamente con los pies sobre la tierra, no le importaba nada, quería todo del híbrido y nada más, no era ella, su cuerpo actuaba solo tal como le complacía, a ese punto donde al ser guiada a la hombría ajena no dudó en engullirla de un bocado para luego darle una rápida felación, hilos babosos caían desde su boca por ese acto.

Holtzmann estaba en su punto, solo hizo falta un jalón más de su cabello y la última profunda embestida para que explotara en un nuevo orgasmo. Gritó el nombre del birmano con la voz quebrada, todo su cuerpo tembló mientras era llenado nuevamente de esperma, se quedó quieta, tanto su cuerpo como su alma se fueron, entonces cayó pesadamente en la cama gimiendo por lo bajo y dando suaves respingos mientras los restos de su orgasmo desaparecían. De repente se sintió muy, muy cansada, su respiración de a poco se normalizaba y se quedó quieta, con los ojos cerrados, siendo rodeada por los brazos del tigre Mng… sí… nm, Nebiri… claramente lo escuchaba pero no podía modular bien, se estaba yendo, alcanzó un alto nivel de relajación. Incluso cuando la giró él podía ver su rostro tranquilo, a punto de cerrar los párpados apenas dibujando una suave sonrisa en los labios Te… diré… todo… fue lo último que pronunció antes de caer dormida. La castaña se fue, se quedó dormida de costado quedando en posición fetal. Dormir profundamente luego de tener relaciones demostraba empatía, satisfacción, y confianza hacia la pareja, y en ese caso singular también le hacía recordar al animal que Jessica era humana. Que el esfuerzo que hacía era increíble para aguantar algo que no todos podrían al estar con esa clase de animal, siendo humano o tal vez no, ella tenía mucha pasión que la convertía en una mujer ególatra, firme, demandante. Y cálida.

Por supuesto, Holtzmann roncaba, pero era un ronquido suave que provenía desde lo profundo de su pecho, casi un ronroneo apenas audible con ese timbre femenino típico. No soñó nada, no hubo paso del tiempo solo descansaba como no lo hacía desde hace mucho. Era un ambiente perfecto, sin ruidos molestos y en plena oscuridad apenas iluminados por la tenue luz de su lámpara. En efecto no sabe cuánto tiempo estuvo dormida, solo que cuando despertó la oscuridad era aún más predominante, lentamente sus ojos se acostumbraron a esa anaranjada luz que le molestaba, miró por la ventana y a pesar de que la tormenta aún permanecía pudo darse cuenta que era de noche. Sus ojos enseguida reposaron sobre el cuerpo del tigre, no se contuvo de estirar su mano y correrle un mechón que tenía atravesado en su frente, allí aprovechó para acariciarlo desde allí hasta su mejilla con la punta de sus dedos sin querer despertarlo. Suspiró suave, cautelosa, se sentó en la cama dándole la espalda, antes de levantarse se aseguró de que no lo ha despertado, apagó la luz y buscó su bata para dejarlo solo en el cuarto. No se dio cuenta que dejó la puerta entreabierta.

Tenía mucho sueño aún, bostezaba cada tres pasos, pero más que nada tenía hambre, su estómago gruñía, pero antes quiso darse un baño. Estaba pegajosa, sudada, incluso su collar se pegó a su piel dejándole pequeñas marcas. Se bañó rápido, tenía pensando comer y ver algo de televisión antes de volver a la cama, mientras se secaba se percató que sus glúteos estaban ligeramente sonrosados, no rojos, pero si ponía más atención se podían ver los dedos del birmano fieramente marcados allí.

En ese pequeño lapso de tiempo, su perro, Bulleye había terminado de cargarse. Lo primero que siempre hacía era buscar a su dueña para mostrarle felizmente que había terminado. La buscó en cada rincón, si tuviera cola la hubiera estado agitando con su lengua metálica afuera pensando que era un juego de escondidas, jamás se percató que aún estaba en el baño, pero al ver la puerta de su cuarto entreabierto no dudó en ir hasta allí, cerrarla detrás suyo y subirse a la cama. Claramente él se percató de un bulto, a paso lento se acercó a éste olfateándolo y analizándolo, por supuesto que el tigre tenía el aroma de Jessica, su saliva, su sudor, y sus jugos. Nebiri tenía grandes muestras de su ADN. ¿Quién más iba a estar en su cama si no era ella? Bulleye lo olfateó una vez más y, sin dudarlo, le dio una suave lamida en la mejilla. Esa lengua artificial era fría, dura, lisa, no tenía otra función más que ser un simple hidrostato muscular. No se detuvo allí, quería despertar a ese bulto creyendo que era Jessica, así que le daba suaves lamidas en el rostro, cuello, frente, incluso en la nariz y boca desesperado y feliz por despertarla. Menos mal que no poseía glándulas, no tenía secreción salival.

Mientras tanto Holtzmann había salido del baño, usaba nuevamente su bata, llevaba puesto un par de tacones blancos que siempre estaban a su disposición detrás de la puerta y dejó el collar guardado en un cajón. Prendió el televisor que ocupaba casi una pared a un volumen bajo, dejó el control en el sofá para ir a la cocina a prepararse lo que tenía en mente, un simple sándwich con un par de rebanadas de la carne que trajo el híbrido y que sobró. Nuevamente fue a la sala, todo estaba penumbroso, solo había unas cuantas luces en las áreas donde algunos androides seguían trabajando, pero de por sí estaba más silencioso de noche que de día. Realmente no siempre obligaba a trabajar de noche a sus robots, solo cuando tenía poco tiempo de entrega porque en el fondo no quería saturarlos ni quemarlos, era más trabajo para ella arreglarlos si se descomponían. Se quedó parada mirando las noticias, nada que le llamase la atención, hasta que apareció en rojo un anuncio de último momento. Tampoco le iba a llamar la atención de no ser que la primera imagen que mostraron era la del casino que ella y Nebiri fueron antes, donde él peleó hace unos días.

Dejó de masticar viendo asombrada que estaba prendido fuego, cuerpos de bomberos intentaban apagarlo pero las llamas no parecían ceder, aquella zona estaba hecha un caos, gente corría intentando alejarse y otros queriendo entrometerse siendo ahuyentados por las incontables fuerzas policiales —NEBIRI.— lo llamó sin despegar sus ojos del televisor, mordió el sándwich —¡NEBIRI!— lo esperó, su voz hacía eco y podía ser percibida. Ventaja de tener un lugar tan espacioso con huecos y paredes que aumentaban la acústica. Mientras ya iba por la mitad de su comida, no volteó, pero al sentir alguien detrás suyo habló al instante —Mira, parece que a alguien no le gustó perder.— los reporteros decían que el posible foco de incendio se haya dado en instalaciones subterráneas del terreno, la castaña comprendió que esa sería el área donde se daban esas luchas clandestinas —Las personas se están quemando y muriendo.— caminó hacia él sin despegar los ojos de la pantalla —Mira, le tiran agua, está lloviznando, y aun así el fuego no cesa. Creo que ese fuego no es natural ¿no crees?— seguramente alguna criatura perdió y bueno, todos lidiaban con la rabia de diferentes maneras. Se puso detrás de su espalda y lentamente lo abrazó, sin presionarlo, solo para apoyarse en él mientras veían esas escenas, no dudó en descansar el mentón en su hombro —… ¿Crees que Anthony estará bien?— lo recordó inevitablemente, después de todo allí habían ido los tres. Le dio otro bocado a su comida, desgarrando la carne con sus colmillos agarrando firmemente el pan.

Grand Palace era un desastre —Creo que no pelearás más ahí por un laaaargo tiempo.— comentó lo más obvio, escapándosele una sonrisa. Las imágenes eran crudas, pero a ella no se le movía un pelo.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Dom Feb 12, 2017 5:08 pm



2AM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
THE PEACE IS ON BOTH OF YOU, TIGER, ENJOY IT
Verla dormir así de golpe, sin mayor ceremonia que una sonrisa en los labios y un susurro que logró escuchar gracias a su oído animal, lo hizo sentir de manera extraña. Extraña, pero feliz. Era otra forma de entregarse, ella le estaba confiando por completo su seguridad al caer en ese estado tan vulnerable como lo era un sueño profundo producido por el cansancio. No pudo evitar sonreír con inmensa alegría al verla así, la estrechó bien entre sus brazos al menos mientras sus cuerpos comenzaban a enfriarse. La paz en aquella cara era casi tan pura uno podría olvidar que aquel rostro casi angelical y de divinos rasgos eran los de una fiera de mujer con poca paciencia, mucha soberbia y una contada cantidad de dulzura que uno debía esforzarse mucho por conseguir. Nebiri se había esforzado por entrar en el territorio de Jessica Holtzmann y en ese momento disfrutaba de lo mejor que la inventora podía dar, pero no se refería a sus increíbles máquinas, ni siquiera a tener sexo con ella, sino a poder verla así, en paz, calmada, totalmente entregada. En paz. Tenía la confianza de Jessica Holtzmann, tenía el derecho de estar a su lado y velar por su sueño de la misma manera en que ella lo hacía a su modo con él. Tenerla en sus brazos, verla así, desarreglada luego de sacar sus más profundos deseos, durmiendo como cachorro luego de jugar todo el día. La imagen de Jessica en ese momento era una delicia a los sentidos, sus aromas seguían llenando la nariz y el cuerpo del tigre y el contacto con su tibia y suave piel aun lo hacían temblar. Jessica era una mujer como pocas, como nadie. Ambos lo sabían. Nebiri se sentía como un tigre con suerte, encontró el santuario escondido de la diosa que nadie en esa ciudad se ha tomado la molestia de conocer. Una diosa caprichosa, exigente, dura, cruel en muchas ocasiones, violenta, malhablada, venenosa... Pero pasando sus pruebas, luchando contra ella uno podía disfrutar su miel y su paz y tener en las manos su confianza y su bienestar total.

Buenas noches, Jessica, descansa —besó su frente.

Nebiri nunca había sentido algo así antes, esa emoción, esa tranquilidad, esa calidez en su pecho que subía cuando la veía o pensaba en ella. Es más, nunca se había masturbado pensando en alguien, ni siquiera buscaba el sexo activamente pero tenía buena suerte de encontrar unas dos o tres chicas por mes que gustaban de sus modos animales y que le daban una noche de placentero sexo. Luego de eso cada uno iba por su lado y ni él las extrañaba ni ellas le buscaban de nuevo. Tenía libido, sí, pero estaba apenas por debajo de lo normal... Hasta que la reencontró. Es más, desde la primera noche juntos le había dejado huella en el pecho, y al reencontrarla sellaron un camino que los juntaría constantemente. Logró llegar hasta ella paso a paso, y ahora estaban ahí, en su cama, con Jessica dormida en sus brazos y en paz como a nadie que hubiera visto antes. Era preciosa. Esa mujer era hermosa. Un suspiro abandonó su cuerpo. La luz de la lámpara no le molestaba, se movió lo suficiente para tapar a Jessica con la manta en su lado más seco, él podía dormir así, con quedarse a su lado bastaría para poder mantener el calor. Soltó un largo bostezo y se quedó pegada de ella, solo pasando un brazo por su cintura para mantener un contacto. Se conocía y sabía que tomaría otra posición entre sueños y acabaría con ambos brazos abiertos. Durmió escuchando los sonidos que Jessica dejaba salir. Él mismo respiraba hondo, calmado, tranquilo. La paz en ese momento era tan grande que era como seguir en el nirvana pero de la mano de ella. Silencio dentro, solo la lluvia afuera arrullaba a la pareja y el resto de esa tarde y noche prometía ser tranquila.

¿O no?

No supo cuánto tiempo pasó, solo que sentía que algo frío le tocaba la cara y el cuello. Gruñó un poco y aun dormido intentó alejar lo que lo tocaba. Lo que fuera que lo tocara, insistía en no dejarlo en paz. Gruñó un poco más y al tocar mejor sintió algo frío y metálico. Aun adormilado, abrió los ojos al momento en que algo le pegaba una fría lamida en la boca. Respingó y al abrir bien los ojos a quien vio fue a Bulleye empecinado en despertarlo. Nebiri tardó dos segundos en reaccionar antes de quedar sentado en la cama con el perro metálico encima. Le gruñó pero el ser lo olfateaba con visible alegría, o al menos así lo interpretaba Nebiri por el lenguaje corporal del perro robot. Era extraño ver a esa cosa con el comportamiento de una mascota de verdad. Lo que al principio lo ponía de los nervios ahora le daba cierta curiosidad. Jessica había dotado de vida a aquella cosa y el perro correspondía con fidelidad. Al ver nuevamente que el ser lo olfateaba, hizo lo mismo y se olió a sí mismo. Entonces entendió. Tenía encima toda el aroma de Jessica. Habían compartido tantos fluidos que el tigre estaba empapado de su esencia de manera casi literal. Estaba sorprendido. Al momento de mirar a un lado, preguntándose qué hacía el perro con él y no con ella, no vio a Jessica. La puerta estaba cerrada. ¿Qué hora era? Aun sentía mucho sueño y por mero instinto puso su mano encima de la cabeza de Bulleye para tratar de detener sus "cariños". Estaba muy oscuro, como pudo enfocó la hora en su reloj, era lo bueno de ser un animal nocturno, veía muy bien en la oscuridad incluso en su forma humana. Las dos de la mañana. Eran las dos de la madrugada. El lugar a su lado estaba ligeramente tibio, lo que quería decir que ella tenía poco de haberse levantado.

No tenías que despertarme así —le reclamó al perro y casi juraría que éste pareció reaccionar a su voz. Era normal, Bulleye buscaba a Jessica, y Nebiri podía oler a ella pero no sonaba como ella en lo absoluto. Esa máquina era asombrosa, en serio parecía viva y eso solamente reafirmaba la idea de que la inventora daba de su vida a sus máquinas y éstas tenían su esencia y espíritu. Sí, era como una maldita diosa, como la alfa de una manada metálica siendo ella el corazón y el cerebro de todo. No le gustó pensar en aquella posibilidad, porque ello implicaba a Jessica fuera de ese mundo, pero si terminaba cuidando de Bulleye entonces tenía que aprender a comprenderlo. Ya no le desagradaba tanto en realidad, solo que le ponía defensivo su instinto animal en mezcla con el metal, Nebiri no era fanático de la tecnología pero por Jessica estaba aprendiendo a tolerarla. Suspiró hondo y solo acarició, primero con cierto recelo, la cabeza de la mascota de la inventora—. Vamos a buscar a Jessica —lo dejó en la cama y se puso solamente los pantalones encima. Estaba apenas atando el cinto de la prenda cuando la escuchó llamarlo—. ¿Uh? —sonrió—. Mira, está afuera, vamos, Bulleye —salió del cuarto dejando la puerta abierta y siguió la voz de la inventora. Estaba en la sala viendo la televisión y comiendo algo. No la culpaba, justo al momento de verla comer a él también se le despertó el apetito. Habían hecho mucho "ejercicio" y era plena madrugada. Lo único que cenaron fue un banquete de besos y esos no llenaban precisamente el estómago—. ¿Porqué el escándalo, mujer? —claro que estaba tan contento como el perro de verla, pero ya era costumbre gritarse así el uno al otro. Y de pronto miró el televisor en su inmensidad y con esos vivos y brillantes colores, como hallarse justo en la escena en ese momento. Tuvo que recargarse con los brazos en el sofá justo detrás de Jessica mientras contemplaba la noticia junto con ella.

Gruñó un poco, era el Gran Palace en llamas. Ver el fuego con esa gran fidelidad lo puso tenso pero procuró controlarse. Por un momento llegó a su mente el incendio en la selva, el mismo fuego que lo sacó de su hogar, un fuego distinto, uno mágico que se apagaba solo cuando el hechicero o el elemental se iba o lo apagaba. Era ese tipo de fuego. Tomó aire hondamente. No era la destrucción en sí no los quemados que morbosamente pasaban en pantalla constantemente mientras el reportero decía que al parecer había más personas atrapadas en los sótanos del hotel-casino. Eran las llamas, las malditas llamas. Solo algo de calma lo atrapó cuando Jessica se le recargó, verla y sentirla tranquila lo tranquilizó a él, al menos lo suficiente para poder hablar. Volvió a tomar aire aun con la piel erizada en señal de alerta, y eso que sabía que ese fuego que veía no podía dañarlo.

Fue provocado, eso es fuego mágico, lo conozco, es parecido al de ella —su ex-ama, aquella bruja de fuego—. No se apaga con agua ni con tierra, siempre está vivo —comentó sin dejar de mirar la pantalla—. Quien provocó el incendio sigue cerca avivando las llamas, por eso no puede apagarse, tendría que llover muy fuerte para debilitar las llamas —comentó y al escucharla mencionar a "Anthony", rió. A veces se olvidaba del nombre de pila de su representante—. Tony es como una rata —abrió la boca pidiendo un bocado de su emparedado—. Pero no lo digo yo, lo dijo él. Una vez me dijo que uno siempre debe ver las señales que manda la ciudad, dijo que ésta ciudad estaba llena de ratas y uno siempre debía ponerles atención, dijo un dicho gracioso, que "las ratas siempre abandonan primero el barco". Y le creo, porque ellas pueden sentir cosas como el peligro, son temerosas —se concentró un poco más en Jessica que en la televisión—. Me dijo que si sabes que hay un sitio donde viven las ratas, y de pronto las ves correr del sitio que era su hogar, entonces debes correr junto con ellas porque ese sitio ya no es seguro ni para ellas —y eso era mucho decir para una de las especies más adaptables que ofrecía la naturaleza—. Si Tony llegó a estar ahí entonces salió corriendo con las ratas antes del fuego —rió—. Seguro que construyen ese sitio de nuevo en poco tiempo —se olvidó por completo de la tele y se incorporó, aunque eso significara que ella se le quitara de encima—. Quiero uno de esos también, muero de hambre y necesito un baño, Bulleye me confundió contigo y me despertó antes que tu grito —gruñó—. Y antes de que me regañes, me encanta tu aroma en mi cuerpo, pero no que tu perro me despierte —fue a la cocina tanto por hambre como por dejar de ver el fuego en la televisión—. Hay gente que no sabe perder —aseguró con marcado orgullo—. O a lo mejor alguien perdió mucho dinero en esas máquinas —pensó, quizá ahí abajo había otro tipo de show, no siempre eran peleas o Tony le habría avisado—. ¿Sabes? No creo que pelearan, debió ser otra cosa, de haber pelea Tony me hubiera dicho.

Considerando la ciudad donde vivían y sobrevivían, raro no sería que tuvieran macabros espectáculos de todo tipo, incluso alguna subasta de esclavos como ya le ha tocado muchas veces ver en otros sitios. Él fue capturado por encargo, pero había estaba la otra modalidad de capturar "buenos especímenes" y venderlos al mejor postor. Todo podía pasar en los escondidos rincones de la ciudad del pecado. Bebió agua ésta vez y cenó carne solamente, no le gustaba del todo el pan y para qué comerlo si ese era de Jessica, ella era humana, no podía vivir solo de carne, necesitaba pan, verduras y todo eso. Y al pensar en la dieta más variada de los humanos se le ocurrió algo que de momento no era necesario comentar. Apenas tuvo su plato con varias rebanadas de carne, se sentó en la mesa y comió con las manos de nuevo, de todos modos se iba a duchar luego de eso.

Vendré la semana que viene y podemos ir a mi casa a que veas ese bunker —comentó recordando el sitio—. Kurt nunca me contó de un sitio así y creo recordar que me dijo que él vivió en esa casa mas o menos desde —hizo memoria—... Hace más de unos cincuenta años, entonces ese bunker es de mucho, mucho antes —comentó entre bocados. Nebiri no sabía nada de historia, pero quizá ese búnker pudo haberse construido durante la segunda guerra mundial o bien durante la Guerra Fría. Podrían ser muchas cosas y seguro que había muchos tesoros interesantes ahí abajo—. Ah, por cierto —Nebiri podía cambiar de tema de un momento a otro—. Tengo una pelea programada contra otro androide en un par de días, si tiene piezas bonitas, te las guardo —rió—. Hace unas noches peleé contra un demonio que no creía que yo gané la pelea en el Grand Palace y lo hice tragarse sus palabras y sus dientes también —rió más fuerte, orgulloso—. Te traeré más cosas que consiga por ahí, a veces les tumbo los dientes a esos tipos o les rompo los brazos y apenas me doy cuenta que son valiosos —frunció el ceño, por suerte estaba Jessica para guiarlo por el buen camino, o al menos por uno menos destructivo—. Creo que debo conseguirme algo para hablar contigo que no se rompa como hoja seca —se quejó—, pero esas cosas son frágiles, parecen cristales solamente —gruñó más—, no es mi culpa que se rompan con poco —hizo berrinche—. Además, creo que así venir corriendo a tu casa si... Bueno, necesitas algo —sobretodo cuando pudiera correr peligro, que no pudiera estar encima de Jessica todo el tiempo no quería decir que no pudiera estar atento.

Terminó su cena con sumo contento, se tomó la molestia de poner su plano en el lavaplatos, bostezó un poco y le sonrió a la inventora con gesto tonto, besó sus labios brevemente antes de separársele un poco.

Me daré una ducha, vamos a dormir de nuevo, ¿sí? Son las dos de la mañana, hay que levantarnos con el sol —besó sus labios de nuevo y fue a darse una ducha—. Hay que enseñarle a Bulleye que no soy tu, no quiero que a la siguiente me desconozca por no oler a ti y me muerda algo —y por supuesto que no iba a aplastarlo por ello, era el perro de Jessica, ya con la promesa encima de cuidarlo automáticamente el tigre lo veía como algo a lo qué proteger y no soltarle un manotazo por morderlo.

No tardó ni cinco minutos en la ducha antes de volver con Jessica. Aun tenían unas horas de sueño para disfrutar y al menos el tigre quería aprovecharlas al lado de la inventora.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Feb 13, 2017 12:40 am

Por supuesto, había tenido infinitas oportunidades de ver esa clase de llama artificialmente "mágica". No se apaga, no cede, no deja de arruinar todo a su paso al menos que sea la voluntad del individuo que lo controla. El tigre se lo confirmó, Holtzmann pudo percibir cierta vibración de su parte —¿Tu ex-perra opresora?— por supuesto que se refería a la mujer que Nebiri le describió, una elemental de fuego, pero él ya sabía que Jessica la llamaba por medio de todos los insultos que se le ocurrieran. Sonrió luego de esto, y no dudó en ponerle en la boca su sándwich para que le diera un ligero mordisco. Pequeño, por supuesto, después de todo ella fue la primera en tener hambre. Nuevamente fue ella quien mordisqueó el pan estando a punto de terminárselo, escuchándolo hablar respecto a su representante y no pudo evitar reír —Anthony no es una rata. Pero tiene la cabeza llena de ellas.— era verdad para la castaña, con lo poco que lo conocía supo sacarle algunas fichas —… Criaturas inteligentes y sorprendentemente adorables que tienen uno de los olfatos más sensibles del reino animal.— sí, en sus años más jóvenes experimentaba con esos animales, y de cierto modo les cogió un mínimo de cariño, incluso tuvo uno como mascota hasta que fue obligada a sacrificarlo… pero esa era una historia aparte —Es casi un insulto que los comparen con seres humanos, o con criaturas como tu representante. Pero bueno, seguramente él se zafó antes como la alimaña que es ¿verdad?... gallo de pelea.— susurró lo último a su oído sabiendo que no le agradaba que lo llamase así, solo para divertirse. Agarró el pequeño pedazo de su comida que quedaba con sus labios mientras se agachaba para levantar cariñosamente a Bulleye una vez que se separó de Nebiri —Él no tiene la culpa. En este caso el culpable eres tú, por estar  empapado de mi ADN salival, glándulas sudoríparas… y vaginal.— remarcó lo último con un tono lascivo, dibujando una pequeña sonrisa —Y yo no sé perder.— remarcó, se tomó su tiempo para devorarse toda la carne —… Pero sí sé sobre la ira que te despierta esas máquinas. De haber podido, cuando fui vetada de Canvas Palace, hubiera hecho exactamente lo mismo.— le dio un último vistazo a la pantalla antes de apagarla con el control. Recuerda ese día con furia, ella era la representación de la misma, le había dicho al tigre que fue porque estaba haciendo trampa, pero nunca le mencionó que estaba sumamente ebria en ese momento y de ahí explotó de la rabia cuando los sujetos de seguridad la agarraron.

En resumidas cuentas la mayor parte de los escándalos de su vida se debieron que estaba pasada de alcohol, por desgracia era de ese tipo de personas que no piensan ni tampoco controlan sus movimientos en aquel estado, ella iba al límite, todo con tal de borrar los pensamientos de su mente aunque sea por un par de horas. Y sus problemas, olvidárselos un rato. Instintivamente lo siguió hasta su cocina, no se sentó solo reposó su espalda en la pared escuchándolo mientras acariciaba la cabeza de su perro lentamente, lo tenía bien aferrado y éste no dudaba en lamerle la mano cada vez que pasaba cerca de sus metálicas fauces —¿Sabes? el que seas un animal no significa que te comportes como uno.— obviamente se refería a la manera salvaje que tenía para comer —Eres mitad humano, sería bueno que te recordaras eso de vez en cuando.— su reto provino de su duda, ¿alguna vez habrá considerado el hecho de que era humano con esencia animal?, ¿alguna vez se planteó que, de no ser por el capricho divino, él hubiera sido un humano común y corriente tal como ella?, pero pronto consideró que él jamás se ha cuestionado ese tipo de cosas, supone, provenía de un ambiente diferente donde las cosas eran así porque sí y sin discusión. Eran… de civilizaciones diferentes al fin y al cabo. Escuchándolo comenzó a caminar en la cocina lentamente, asimilando sus palabras y dándose ideas —De la manera que me lo describes no parece un búnker típico de 1930 o 1950— refiriéndose a fechas aproximadas que duró  el partido nacionalsocialista, o mejor conocido como el Alemania nazi —Ni en años posteriores se contó con esa tecnología, ¿dices que hay botones similares a los de aquí, no?— y eso le daba una pequeña intuición —Nebiri, posiblemente hayas encontrado algo que le pertenece a la monarquía de New London. Cuando vaya lo revisaré, pero no prometo nada.— en teoría era una muy mala idea intentar abrirlo, porque en el peor de los casos podría no estar abandonado, sería un dolor de cabeza que no lo esté y ellos husmeando por allí.

Había que ser cautelosos al respecto. Bajó a su perro abriéndole la puerta de la cocina, ya estaba satisfecho e iba a revolcarse en algunos cables que era lo que le gustaba hacer, las chispas le hacían cosquillas, no dándole menos importancia a las siguientes palabras del tigre —Mm, no creo que me sirva de mucho extremidades ajenas, ni dientes, ni falanges, ni lenguas u otro tipo de mutilación.—  pensaba apoyando un dedo en el mentón, aunque le dio gracia imaginarse a él golpeando al sujeto que no creyó en su victoria, ¿tan difícil era aceptar que ese birmano era muy fuerte?, bueno, tampoco podía decir mucho, porque al principio ella no se lo creía tampoco —Pero sí partes de androides o cyborgs. Sí lo haces intenta sacarle partes de cuajo.— de raíz, tal como lo había hecho con el brazo del último que casi asesinó en el ring —Así me será más sencillo reparar las conexiones y darle una utilidad aquí.— era muy conveniente, las partes que le podía conseguir eran difíciles, costosas o trabajosas para conseguir por su cuenta, ya de por sí del brazo robótico que le regaló pudo aprovechar muchas piezas. Eso la satisfacía, el tigre le traía cosas tal como un gato que deja ratones muertos en la puerta de sus dueños, pero a ella le daba cosas que realmente quería. Le estaba comenzando a ser difícil encontrar fallas en el trato del animal hacia ella, no tenía por qué quejarse mucho. Aunque era una experta en encontrarle defecto a todo.

Y uno de esos insignificantes defectos era que no podía comunicarse con él, no es que le molestara que apareciera en su casa de repente, pero le sería más llevadero que le envíe aunque sea un maldito mensaje, una corta llamada aunque sea una hora antes, después de todo no siempre estaba presentable, a veces estaba cubierta de mugre, grasa y aceites, después de todo ella era una dama de trabajo sucio —Bueno, podemos hacer un trato.— algo justo —Si me traes piezas voy a construirte un teléfono móvil simple, resistente y efectivo. Podrás escribir y hablar, pero no tendrás señal a Internet, después de todo no creo que lo necesites.— esa idea en el fondo la emocionaba un poco, el hecho de construir algo nuevo en vez de restaurar o fabricar cosas que no quería, algo que estaba por fuera de los intereses de 'ellos'. Ella era una inventora después de todo, era lo que hacía. Era lo que amaba. Salió junto a él de la cocina para recostarse nuevamente, le dio un último beso antes de perderlo de vista —Ya bastante le enseñé que no te mordiera las bolas. Deja que se adapte a la idea de que él ya no es el único animal al que mimo.— soltó antes de que él entrara en el baño. Antes de entrar a su cuarto escuchó un timbrazo, luego una sucesión de los mismos, precisamente era su celular que descansaba arriba de su laptop en medio de la sala, corrió hasta allí antes de que se cortara la llamada porque ahí solo recibía notificaciones importantes. No podía perder ninguna. Ni tampoco sabe por qué dejó abandonando ese pequeño pero indispensable aparato, últimamente ha estado bastante distraída. Y el cobro por sus distracciones no eran baratas. Por suerte fue una llamada corta, sencilla, sin muchas palabras solo simples órdenes que debía acatar sin hacer preguntas. Cortó sin decir ninguna palabra, no hacía falta, esas órdenes eran para escuchar y no contestar.

Fue a su cama, cerró la puerta pero antes entró nuevamente su robot mascota con una llave francesa entre sus fauces, su juguete, se puso a juguetear mordiéndola en el suelo justo al lado de la cama. Jessica se recostó aplastando el estómago en el colchón, prendió la tenue luz de la lámpara al lado de su almohada. Pensando en esa llamada, por impulso agarró la llave y comenzó a jugar con Bulleye en un juego simple de fuerza, ambos jalaban por los lados para ver quién cedía primero.

Estuvieron varios minutos así hasta que escuchó volver al híbrido, Holtzmann soltó la herramienta de golpe. Se acomodó en la cama levantando ambas piernas y cruzándolas en el aire, aún tenía sus tacones puestos —Era verdad que no eres un animal sucio, no conozco a otro felino que le guste tanto darse duchas como tú.— sonrió apoyando una palma en su mejilla, recostándose en ésta —¿Tu madre te daba constantes duchas cuando eras cachorro?,  ¿o aprendiste a quitarte la mugre tu solito?— lo molestaba a propósito, así era ella. Su sonrisa de a poco se iba borrando —Escucha.— bajó la mirada, hacía pequeños círculos en las sábanas con la punta de su dedo —Tengo que irme al otro extremo de la ciudad, debo reunirme con gente con quienes comparto un proyecto. Debemos sincronizar nuestros esquemas, el diseño, la percepción y demás cuestiones. Me necesitan allí.— y eso no la enorgullecía mucho, no se llevaba muy bien con los demás empleados de sus jefes —Bueno, tú sabes lo que dicen: las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.— rió con cierto desgano, poniéndole esa pizca altiva que solo era suya, obviamente ella se creía mejor que todos ellos juntos —El caso es que no estaré aquí… por dos semanas.— sí, era eso lo que no quería decir. Dos semanas era mucho tiempo —Y partiré en la mañana.— apenas se asomara el sol ella ya tenía que estar preparada, y para eso tendría que madrugar un poco.

No le hacía gracia, no quería irse, por primera vez por una razón que no era capricho. Bufó enfadada por esa idea, dejó descansar su cabeza entre sus brazos por un momento, luego se reincorporó para arrastrarse hasta su lugar en la cama, se sacó los tacones friccionado las piernas —Va a ser una maldita porquería.— no le valía de nada quejarse, pero le daba igual. Una vez que apoyó la cabeza en la almohada estiró la mano para darle suaves palmadas al colchón, incentivándolo para que se recostara a su lado Ven. susurró, dibujando una sonrisa con sus pulposos labios ¿Puedo ver tu forma animal? no importa que dejes pelo. Todo se va a lavar… iba a ser su última visión del tigre por ese largo lapso de tiempo Supongo que cada vez que vea el moretón bajo mi ojo pensaré en ti. bromeó mientras se levantaba un poco la bata, se acomodó lo suficiente para que pudiera ver aunque sea un poco de su glúteo en esa posición Si no es que se me borran estas marcas.— recorrió con su mano esa zona sonrosada, apretó su carne suavemente, los bofetones del tigre aunque no fueron realmente muy violentos la piel de Jessica era tan suave que seguían marcadas las manos del birmano. Se lo mostró con una sonrisa, era algo que disfrutó y de ser posible lo repetiría.
Lo iba a obligar.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Nebiri el Lun Feb 13, 2017 5:20 am



CASI LAS 2:30AM
CASA DE JESSICA HOLTZMANN
CON: HOLTZMANN
YOU GONNA MISS HER, TIGER, BE STRONG FOR HER
La idea de tener una manera de comunicarse con ella lo emocionó. Nunca había considerado usar un móvil o algo similar, la vez que Tony le dio uno de esos fue a los pocos días de tenerlo como peleador permanente, luego de conseguirle su primer antídoto y con ello sellar un pacto de conveniencia mutua. Nebiri rompería caras y le haría ganas dinero a Tony, y Tony le daría una parte de ese dinero y al menos una vacuna asegurada cada mes. Nebiri necesitaba varias, a veces un perdido llegaba enfermo y el tigre debía inyectarle el antídoto lo más pronto posible. Aquella vez un contento Tony le mostró un teléfono negro, uno de los últimos modelos que tenían mil y un funciones que el representante pensó haría más sencillo al simplista tigre manejar... Pero no fue así. No pasaron ni cinco minutos cuando el animal rompió el aparato. Nebiri estaba rojo de enojo y de vergüenza, lo había hecho pedazos y estaba nuevo. Estalló diciendo que esas cosas no servían para nada, así que acordaron verse el mismo día, a la misma hora, cada semana a partir de ese momento. Tony no lo culpó, simplemente no consideró que la aversión que el birmano tenía a la tecnología era en serio, y que no estaba acostumbrado a esas cosas, tomaba todo con brusquedad, hasta los vasos, supo por el barman que tuvieron que darle al chico un tarro grueso porque los vasos normales y las copas las rompía al tomarlas con las manos enteras. El tigre le tomó semanas aprender a medir su fuerza, Kurt tendía platos y vasos de madera y esos no sucumbían a la fuerza del tigre, pero el vidrio era más frágil. No la pasó muy bien en aquel entonces, tuvo que aprender muchos modales básicos y a mejorar un poco más su inglés.

Jessica le haría algo a su medida, y ella,que ya había probado de primera mano la fuerza de Nebiri, y que había visto de qué era capaz con sus manos y toda esa fuerza que tenía contra oponentes incluso más grandes, seguro que crearía algo fuerte para él, algo que no se rompiera a la primera y que pudiera usar. Hablar con ella algo más seguido sonaba bien, podría estar atento a cómo estaba y, si llegase a pasar lo peor, al menos podría ir en su ayuda y tratar de hacer algo. Por supuesto, no le seguía gustando la idea de que a ella le pasara algo de buenas a primeras, pero su situación no era mejor, se jugaba la vida en cada pelea y seguro que ella podría sentirse más segura de escucharlo al menos cuando no podían verse. El pensar en ello lo hizo sonreír mientras se duchaba tan rápido como podía, solo usó agua, no necesitaba jabones, no necesitaba perfumarse y mucho menos quitarse por completo la esencia de Jessica, solo necesitaba quitarse el sudor y demás fluidos. Además ya olía a ella, no había manera de que uno o más baños quitaran esos aromas de su cuerpo. Se secó lo suficiente, se colocó los pantalones y la alcanzó en el cuarto, ella estaba tumbada en la cama jugando con Bulleye. Estaba ahí muy cómoda y solo se quedó escuchándola.

Oye, siempre he sido limpio, los tigres somos limpios, mi madre siempre me ha acicalado y luego aprendí a ducharme solo, aprendí a nadar desde cachorro —por la forma que se expresaba daba a saber que se consideraba más animal que humano, era normal dado que era lo único que conocía, así había crecido e intentar demostrarle que podía ser más humano que animal quizá no lo entendería, no cuando así funcionaba bien y así estaba forjada su mentalidad. No era malo, solo curioso para los seres más civilizados—. Y también a pescar, ¡y no se te ocurra decir gallo de nuevo! ¡No soy una sucia ave de granja! —con todo y que fuera una expresión, seguía sin gustarle. A Tony podría amenazarlo con romperle la nariz si se le volvía a decir así, pero a Jessica solo podría gritarle... Y ya. Jamás la dañaría de ninguna manera y amenazarla era mala idea, no cuando podía mandar a Bulleye a morderle las bolas. Y de pronto ella habló y le cambió la cara por completo al tigre. Ella no iba a estar en casa por dos semanas. Eso lo puso de malhumor y refunfuñó un poco, pero solo eso, era su trabajo y eso lo entendía, ella debía hacer lo que esos bastardos le ordenaran o se desharían de ella. Comprendía eso, no le gustaba y tampoco a ella, pero no había mucho por hacer más que seguir con sus respectivos trabajos—. Sí, va a ser una porquería, aunque... ¿Sabes? Me dará tiempo de conseguir cosas para que armes el móvil que me dijiste, tendré al menos dos peleas y una de ellas es con un androide, eso es seguro, y quizá pueda encontrar algo en el mercado negro, ahí tienen muchas cosas extrañas.

No solo había esclavos en venta y prostitutas tras los muros, sino drogas, armas, peleas, sitios de mala muerte y otros que rozaban la ilegalidad. Había una calle en especial donde llegaban cosas de todo tipo de dios sabrá dónde. Cosas robadas seguramente. Nunca había puesto atención en realidad, a veces para llegar a algunos sitios de pelea tenía que atravesar el mercado negro. La primera vez fue rara, por suerte Tony lo guió y aprendió de él a moverse como si el sitio fuera suyo, y con el tiempo así fue, Nebiri aprendió a moverse en esa nueva selva y, aunque aun le causaba sorpresa lo que podía encontrarse ahí, al menos podía mantenerse más ecuánime. Había muchas máquinas raras y, sí, piezas para mejoras de los androides y demás seres a los que Jessica llamó ciborgs. Nebiri no veía la diferencia, para él todos eran máquinas. Ya vería cómo conseguir cosas así sin necesidad de arrancarla de un pobre idiota que se parara en el mismo ring que él. Estaba pensando en ello cuando Jessica le pidió ver su forma animal de nuevo.

Oye, el moretón se irá pronto al igual que estos arañazos en mi pecho —vio con cierto encanto sus glúteos marcados por sus manos y en solo recordar cómo había hecho eso lo hizo sonreír como idiota. ¿Quién iba a imaginar que Jessica Holtzmann gustaba de esos tratos rudos? Al tigre le encantaba la idea, además, de seguir así, ella conseguiría una condición física envidiable en poco tiempo. Quería volver a repetirlo en la siguiente oportunidad, pero hasta entonces le quedaba esperar y ser un buen chico, y conseguir aquellas cosas que ella pedía—. Pero algo podré hacer para que me recuerdes sin que tenga que ser por medio de golpes. Si alguien pregunta, dile que le pateaste los huevos al idiota que te tocó —rió—. No tienen que saber que estás aprendiendo defensa personal, eso acabará con la sorpresa —divertido, antes de ir a la cama con ella fue a donde estaban sus cosas y se puso a rebuscar entre ellas, pronto llegó a una decisión y tomó el trozo de piel que el pañuelo rojo que solía usar en el cuello, aunque éste era cubierto por la piel de tigre. Sí, usaba mucha ropa, por eso en casa usaba el lungi, solo que su ropa normal le ayudaba a mantener mejor la temperatura en ese frío lugar y dentro de la túnica cabía todo lo que necesitaba para su día a día. Fue hasta ella y con cuidado le acomodó el trozo de tela en el cuello. Era resistente tela de ramio, una fibra natural que se fabricaba al menos donde vivía y le ayudaba a absorber mejor el sudor de esa parte de su cuerpo, por supuesto, estaba limpia en ese momento—. Ten, puedes usarla de paño, se lava fácil y no pica, espero no seas alérgica a esto —rió y antes de tomar su forma de tigre, dio un beso en el glúteo más inmediato de Jessica y al momento tomó forma de tigre, hundiendo un poco el colchón.

Gruñó un poco y se tumbó de costado primero viendo a Jessica, luego se recostó de panza y por último se hizo bolita, su cola se movía un poco y hacia la inventora. Con su hocico buscaba la mano de Jessica en busca de cariños, sus intensos ojos azules la veían y reflejaban la suave luz del cuarto dando ese fantasmal efecto que solían adoptar las fieras cuando se les alumbraba directo a la cara por la noche. Con sus enormes zarpas y las garras contraídas buscaba las manos de Jessica, estaba juguetón como el enorme felino que era. La ventaja de esa forma era que tenía más calor almacenado gracias a su piel y su pelaje suave, apenas cabía en la cama, era gracioso. No podía hablar, quería que pasaran esos diez años pronto, en esa forma solo podía gruñirle y rugir, pero no dar a entender muchas cosas, además, siendo tigre debía medir más su fuerza. Su zarpa era enorme, tanto o más grande que la cara de Jessica. Sus garras podían crear profundas marcas donde atacaba, sus colmillos eran largos y afilados, sus cuerpo inmenso y pesado y, estando recién duchado tal como aquella primera vez, su pelaje naranja brillaba gracias a la suave luz del cuarto.

Bostezó de pronto, mostrando sus enormes colmillos y su larga lengua. Tenían que descansar, Jessica saldría temprano y claro que la iba a echar de menos, demonios. Tendría que postergar sus planes con ella, pero al menos pensaba aprovechar el tiempo consiguiendo cosas para ella y... Bueno, siempre podría fantasear un poco para extrañarla menos, aunque planeaba no masturbarse días antes para poder estar con ella apenas regresara y tuviera oportunidad de visitarla. Podría ser que regresara cansada, tensa y molesta de aquel trabajo, y el trabajo del tigre era que ella se relajara. Ronroneaba un poco, al menos a su modo, pues eran gruñidos en tono bajo en realidad. Bostezó de nuevo y sus ojos comenzaron a cerrarse, quizá no la vería al despertar, quizá podría verla irse si lograba despertar, quizá podría despedirla. Entre más pronto durmiera, más pronto despertaría. Comenzó a lamer un poco sus manos y luego su rostro en la mejilla, era lo que podía hacer. Con la mirada le dedicó un "descansa". Era todo lo que podía hacer en ese momento.

¿En qué momento esa endemoniada mujer se hizo de los pensamientos del tigre? ¿Cuándo comenzó a pensar tanto en ella como para terminar masturbándose con su ropa interior? Ella no era precisamente la persona más simpática de la ciudad, era brusca, grosera, presumida, dura como roca y con ese genio del demonio. Pero ella... Ella era divina, maravillosa, apasionada, una mujer única, como ninguna. ¿Qué era exactamente lo que sentía por ella? Confianza, sí; deseo, mucho; cariño sin duda, le preocupada también, la admiraba de muchas formas, la adoraba como a una maldita diosa, incluso sus puntos malos con los que alejaba a los demás le atraían, cualquiera diría que el tigre era un masoquista, pero era algo más profundo. No tenía nombre para ello, pero tampoco que pensara mucho en ello. Ya todo se pondría en su lugar a su tiempo, como animal, sabía dejarse llevar, adaptarse y encontrar los buenos momentos. Cualquier cosa que surgiera con Jessica lo recibiría de buena gana, solo quería verla, compartir momentos con ella y saberla viva más tiempo. Quizá encontraría el nombre de aquello que realmente sentía por ella, quizá no, no importaba, lo que importaba era el ahora, el momento que vivía a cada instante, y en ese momento, en ese lugar, Jessica estaba acostada a su lado sin temerle, confiándole su seguridad. Tendrían dos semanas para seguir con sus asuntos el uno sin el otro, quizá así sería por más de una ocasión, debía aprender a sobrellevar asuntos como ese.

Esperó a que ella durmiera primero para él seguirle poco después. Verla dormir era maravilloso. Jessica era maravillosa.



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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Feb 13, 2017 3:08 pm

En esas dos semanas iba a conseguirle piezas, seguiría con su vida naturalmente —Yo que tú tendría cuidado al meter la pata en el Mercado Negro.— advirtió —Sé de algunos magnates que desean una mascota exótica en estos momentos.— rió suavemente utilizando su tono burlesco, aun sabiendo que el tigre no la pasó bien cuando fue secuestrado. Lamentablemente su humor siempre iba a ser ácido, pero no por eso, al menos con él, iba a pasarse de la raya. Holtzmann ya sabía cómo iba a ir, cómo la pasaría, y cómo iba a volver: no sería sorpresa para nadie que no descansara bien, ni que tenga tenues ojeras, y que lo primero que haga al volver sea tirarse en la cama para dormir cuarenta y ocho horas seguidas. Iba a ser monótono, puras palabras y hastiosas reuniones, trabajos hasta tarde, pero estaba segura de que alguno de ellos iba a preguntarle por qué tenía esa marca bajo su glóbulo ocular en algún momento —Imaginarse a mí peleando es como soñar contigo usando adecuadamente los cubiertos en la mesa.— rió, porque era algo casi imposible —No me van a creer, así que mejor les digo que se me cayó algún artefacto encim…— se desconcentró enseguida al ver que se acercaba con ese pañuelo, no se esperaba que se lo pusiera, pero ayudó levantándose el cabello para que pudiera hacer un nudo —… Es lindo.— atinó a decir, en verdad estaba sorprendida, lo inspeccionaba con los dedos encontrándose con la sedosidad de la tela, sintió la calidez de sus labios pegarse a la piel de sus glúteos y de repente un gran peso. Se sobresaltó, incluso se aferró con ambas manos en la cama, al voltear vio que ahora era un tigre en todos los aspectos. Pesaba mucho, la cama se hundía bajo él haciendo un bulto en la parte baja del colchón. Jessica se acomodó como pudo, ese animal era enorme, pronto encontró su pequeño espacio —…— sabía que no podía hablar, sus gruñidos eran los únicos ruidos que se oían en el cuarto. Bulleye estaba recostado pero al oír los suaves rugidos volteó al ver la escena, claramente se alteró, no entendía cómo esa cosa llegó hasta la cama de su dueña de un segundo a otro. Ladró descontroladamente, iba a atacarlo, se subió a los pies de la cama listo para atacar la cola del tigre… pero al ver que la castaña juntaba su mano con una de las garras del animal, metiendo delicadamente sus dedos en cada uno de los peludos dedos, explorando y viendo la diferencia de tamaño de su mano con la enorme zarpa del felino, bajó la guardia. Y de la cama. Si ella no le tenía miedo entonces no significaba una amenaza.

Estuvieron así un corto tiempo, habrán pasado cinco o seis minutos, hasta que el sueño se apoderaba de ella lentamente, la áspera lengua del animal la raspaba más fuerte —Estuve pensando, si te dejas la barba ¿también pelo en pecho?— murmuró llevando su mano a la boca del tigre, acariciándolo hasta tomar su mentón —Siendo un hombre maduro, te verías muy atractivo.— confesó, sí, se lo había imaginado pero la otra vez ella fingió que no —Más que ahora.— le infló una vez más el ego, dándole a saber que, precisamente, para ella, él era una persona atractiva. No era difícil de imaginárselo de hecho, pero el que lo diga ya era bastante para alguien como Holtzmann. Bostezó cuando él lo hizo una vez más, bajó su mano apoyándola en el colchón muy cerca del animal y finalmente se durmió.

Eran casi las tres de la mañana, tenía pocas horas de sueño, quizás duerma un poco más en el viaje. Solo le restaba dormir hasta donde podía en la compañía del gran felino, él era una buena compañía de hecho, se sentía extraño tener que compartir la cama con otra persona, y en esa forma no había necesidad de que él hable, su sola presencia bastaba para darle una tranquilidad emocional a la inventora que le aseguraba un largo e ininterrumpido descanso. Holtzmann lo sabía todo, presumía, aprendía rápido y no era fácil descolocarla respecto a sus conocimientos, pero ese híbrido ¡qué diablos! no sabía qué tipo de relación tenían, no sabía cómo nombrarla, uno ni siquiera podía decir que eran amigos porque los amigos no tienen esa clase de relación íntima a menudo, cada vez que se ven. Eso le carcomía la cabeza cuando se lo ponía a pensar, pero llegaba a un punto donde dejó de planteárselo, se dio cuenta que no era de importancia que eso tuviera un nombre, el estarlo viviendo era suficiente para ella. Obviamente las tres horas que restaban para que el sol saliera pasaron rápido, la tormenta se disipó hacía bastante y solo quedaba la humedad. Ella se levantó lentamente, bostezó, carajo en verdad no quería moverse, esperó unos segundos para terminar de despertarse y en silencio comenzó a hacer sus cosas. Cerró la puerta de su cuarto para no despertar al animal con todos los ruidos, solo empacó lo que necesitaba, fue al baño, comió, miró cinco segundos las noticias… el incendio de Grand Palace fue apagado, ahora solo quedaron escombros.

Suspiró agarrando su bolso y colocándoselo en el hombro, de allí sacó una lapicera y escribió en su agenda, luego arrancó el papel y fue directo a su cuarto. El tigre seguía ahí, inerte, solo movía ocasionalmente las orejas y la punta de su cola. Se inclinó levemente hacia él y le acarició la cabeza con cuidado. Se le estaba haciendo tarde. Caminó hasta donde estaba su perro recostado, él estaba apagado, igualmente le dio un mimo rápido en su cabeza y le pegó la nota en el cuerpo, asegurándose de que estuviera visible para el birmano cuando se despertara. Le dio un último vistazo al lugar, casi se olvida de llevar el pañuelo rojo, lo guardó en lo profundo de su bolso. Cerró suavemente la puerta y se fue, sin hacer ninguna clase de ruido, era muy silenciosa y meticulosa para eso. El tigre lo sabía, después de todo la primera vez que estuvieron juntos en aquel hotel fue ella quien se fue antes y él ni siquiera la sintió. La nota era simple, con su clara y perfecta caligrafía.

Él tendría que leer nuevamente:

Quédate el tiempo que necesites. Hay comida en la heladera. Cuando salgas no cierres ninguna puerta, ellas lo hacen solas. No te lo dije pero te deseo suerte en tus peleas, más que nada porque en verdad quiero esas partes. Párteles la cara, tigre. Te veré en dos semanas, hasta entonces intenta no fantasear demasiado, quizás tu cerebro se atrofie por pensar tanto.


Jessica.


Quizás ese pequeño golpe bajo le sirva para recordarla mientras, aunque no negaba que se divirtió atacándolo por el lado de su inteligencia nuevamente. Así era ella, pero por supuesto, en el fondo era una nota sumamente afable. Tal como ella, era una maldita, pero en el fondo era bastante cálida.

Aparentemente.
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Re: [+18] « every calorie is not a war. » [priv. Nebiri]

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