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Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

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Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Trémulo Artorias el Jue Mar 02, 2017 11:22 am

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

”Cordero de dios que quitas el pecado del mundo…”

Callaste. Te limitaste a escuchar, a mantener tu pensamiento absorto y alejado de todo lo que podría llegar a confundir a tu hermano, por un momento, por un instante sabías que él tenía razón, no eras capaz si quiera de igualar sus dudas, eras menos humano, eras menos de cada una de las cosas engendradas. El jinete que nació debido a la causa de muchos fue por un milagro hipócrita, el deseo de la muerte, el deseo de la paz engendro una destrucción masiva así que lo reconocías, eras incapaz de saber de prescindir lo mismo que el hombre que se postraba ante la victoria. Al escuchar su propuesta del combate en la arena te limitaste a caminar hacía el, no podías negarle ese tipo de oportunidad debido a que eras bastante partidario de ese tipo de encuentros, te atraía en todos los sentidos cual cámara lenta y delicioso elixir en paladar, avanzaste con él, nuevamente en silencio, no te hacía falta aclarar la garganta, no habían necesidad de perforar el cerebro que ha caído en una taciturna noche envuelta en llanto dudoso.

”¿Podrás soportar todo el dolor?”

Este juego aún no había terminado, solo daba pie a un nuevo comienzo, tendrías que bajar más rápido de lo que hubieras querido a la tierra para empezar a moverte, te encomendarían conocer todo, saber, volverte imprescindible ante una sociedad mermada, al punto donde no podrías escapar. Nadie podría tomar tu camino, nadie podría endulzar los pasos que ejecutas en la tierra es por ello que tu trabajo solía ser más pesado de lo que deseabas, solía ser más cansado que hasta la misma Hambre había logrado vislumbrar. Mientras más avanzabas muchos ángeles de menor rango y uno que otro con un título mayor pasaban, no eras ignorado, las presencias más grandes eran las de tus hermanos después de todo, cuando llegaste a dicho campo de entrenamiento militar observaste a uno que otro compañero entrenando, su estructura pareciera al antiguo Roma, con esencia de una Grecia olvidada – Si quieres aprender a pelear tendrás que forjarte de todo conocimiento de armamento – Por fin, a través de tanto silencio tu boca abrió aquello que necesitaba, el ronco sonido surco el aire que era llevado junto con el polvo, una vez tus suelas rozaron dicha arena está se levantó, te adentraste a unos pasos más al fondo para alejarte de la entrada principal – Será a espada. – Tu mismo decidiste el arma que usarías, siempre te había gustado la espada, un arma grande, larga e imponente. Al chasquear los dedos el ángel encargado del armamento trajo consigo varias espadas, después de colocarlas frente a Valhalla hablaste – Elige la que desees, toma en cuenta que el tamaño, la forma, el filo e inclusive el mango influyen mucho en los movimientos - Dejaste por un segundo a tu hermano solo mientras caminabas en busca de tu propia arma, era sostenida por un ángel que era partidario a tu verdad, en ocasiones tenías pupilos, jóvenes deseoso de pelear a tu lado así que este era uno de muchos – Gracias, Samael – Empuñaste dicha espada larga, de filo ancho, empuñadora gruesa, pesada a la vista - ¿Has elegido tu arma? – Preguntaste, mientras sostenías aquella belleza – Dime, ¿Por qué la has elegido? – Preguntaste, la tuya te la habían dado, muchas de las cosas que poseías fueron otorgadas por el señor en tu nacimiento, otras, muchas otras como armaduras, y entre otros detalles eran provenientes de la tierra.

”Oh, dulce terror. La guerra jamás dejará pasar una pelea, le emociona, le encanta, le apasiona…”

Si dios los ha abandonado entonces…nosotros lo abandonaremos a él, una frase muy conocida en el mundo humano que hace tantos años causo revuelo en tu cuerpo, provoco que fallarás una misión, provoco que obstaculizará todo método de salvación – Valhalla, cuando te encuentras en una pelea con espada es necesario que observes el arma del enemigo, usualmente estas espadas están hechas a la medida, debes fijarte en sus movimientos, en cada una de sus articulaciones crujir porque todo posee un patrón, una danza única, cuando la encuentres querrá decir que podrás atestar a su cuerpo un nuevo golpe – Susurraste levantando tu arma la cual era grande, debido a tu tamaño, a tu fuerza - ¿Quieres intentar sostenerla? – La extendiste, el yelmo precioso, el acero de Caronte.

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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Valhalla el Miér Jul 05, 2017 11:30 am


Fue un silencioso camino el que recorrieron a la arena, la previa tranquilidad palpable en el aire antes de que una tormenta amenazara con destruirlo todo. ¿Sería acaso su existencia la que estaba amenazando? Alzando nubes oscuras sobre sus pensamientos, sobre todo lo que representaba su aliento vivo en su garganta. Sin embargo, los malos augurios existían solo dentro de su mente, solo en ese plano efímero de sus pensamientos que constantemente luchaba con controlar y mitigar con un optimismo ante el resto, por lo que su camino fue una sonrisa suave la que dibujó en sus labios, el lenguaje corporal que representaba que no tenía miedo alguno, que iría tranquilo caminando hacia el valle de la muerte si era necesario, siempre con pasos gráciles, siempre con el carisma que  hacían vibrar sus ojos.

Descubrió a su compañero igual de silencioso y decidió que el ambiente debía seguir así, por lo que continuó su camino hasta las arenas de entrenamiento, donde algunos ángeles se apartaron de su camino cuando los vieron llegar. Imponían una presencia increíble sin quererlo, una presencia que marcaría la diferencia en caso de ser invocados en algún momento, por lo que continuó su paso, pero ahora su vestimenta era la que había cambiado. Siempre había querido los atuendos formales, los que dejaban ver que se tomaba en serio su trabajo. A lo largo de los siglos y los años, había cambiado a ciertos estilos más modernos, un saco sencillo que ocultaba una camisa impecable y limpia, una corbata que se anudaba alrededor de su cuello y unos pantalones con el corte preciso para hacer resaltar su musculatura y para permitir un caminar más cómodo, siempre presentable y siempre demostrando formalidad. Pero en ese ambiente donde aquel atuendo no era apto para la pelea, toda su vestimenta se reemplazó por una ropa más ligera pero cómoda para el combate, apta para los actos que ahí se cometerían. Una simple camiseta cubría su pecho, resguardada por la armadura que cargaría en el momento del fin del mundo. Sus pantalones eran de lino fino, pero resistente, y sus muñecas estaban protegidas por el acero de los ángeles.

- Que sea a espada entonces. – Sonrió cuando el silencio fue roto por sus labios, esbozando una sutil mueca torcida que desapareció al instante, y entonces el arma sería escogida primero por la atracción de su mirada y luego por sus manos, que se deslizaron por el arsenal ahí presente antes de escoger el arma correcta. La espada forzada por las legiones de ángeles, la que había pertenecido a héroes caídos en batalla. Ahí estaba la empuñadura tallada a fuego con el acero, con figuras celestiales de protección y de fuerza. Estaba el mando que permitía un movimiento fluido sin impedimentos en la batalla, y el largo filo que centellante a la luz del sol. Su peso era incomprensiblemente liviano, por lo que la tomó finalmente en sus manos, girando su cuerpo en dirección a su oponente.  – La he elegido porque me ha llamado a la batalla. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ha sido utilizada en batalla, que ha decido por mí.
Conocía a la persona que la había usado antes. Lo había visto blandir aquella espada muchas veces, lo había visto vencer un centenar de batallas libradas contra el mal, y finalmente, lo vio perecer bajo el filo de un arma cuyo único objetivo había sido el engañar y el asesinar por placer. Aquella persona había sido conducida al descanso de los héroes convertidos en leyendas, pero su arma había sido abandonada, restaurada y olvidada en el rincón de la arena. La había escogido porque sabía de su poder, y eso se transmitió en la forma en que su mano y todo su cuerpo se moldeó para recibir su peso, para sostenerla, para pelear con ella. Sonrió una vez más. – Tal vez creas que no puedo combatir con espadas, pero no te dejes engañar. No me subestimes, Guerra. Tu mejor que nadie debería saberlo, entre todos los jinetes, quién soy yo realmente. - ¿Quién era él?

“¿Quién soy yo?... Cuando la pelea va a comenzar, quién seré yo.”

Aceptó el arma que le era tendida, la recibió en su mano que inmediatamente fue capaz de transmitirle el poder que se ocultaba en esa arma. Por supuesto que no iba a ser llamado por aquella espada, jamás sería convocado ni elegido para usarla. Aquella arma conocía bien a su dueño y exigía ser usada por él, por lo que no tardó en devolverla a su dueño original, observándole directo a los ojos. – Tiene un gran poder aquella arma, Trémulo. Un poder que solo puede ser desatado por ti, así que úsalo con sabiduría. No dudaré en ningún momento de que puedes ser capaz de matarme con tu espada, aunque sea solo un entrenamiento, por lo que daré lo mejor de mí.
Tampoco iba a subestimarlo, pensando que aquello solo era una práctica. No, era mucho más que eso, era una forma de entrenamiento superior para preparar el momento que ya debía estar cerca, cuando fueran convocados por Dios.

"Y cumpliré tu palabra, porque he nacido para obedecerte."
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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Trémulo Artorias el Jue Jul 06, 2017 11:15 am

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

”Entre las promesas que se han realizado jamás habrá la posibilidad de cumplirlas”

Inclusive las bellas flores de loto que alguna vez descansaron en los lagos terminan siendo tragadas por el fango. Las almas de los humanos son frágiles, demasiado obtusas para comprender lo que pasa a su alrededor y es por ello que se sacrifican, es por esa misma razón que sus pensamientos brotan uno tras otro deseaban la guerra, la victoria, el hambre, la muerte, sin saberlo estos mismos claman uno tras otro los nombres de tus hermanos, te alimentan así como a su vez lo hicieron con los demás. Protegías a esos hombres, veías los caminos que escogían y si estaba en tu mando no alzar el filo detendrías dicha pelea pero ¿Siempre podrás detenerte?

Nunca subestimaste a tu contrincante, sabías que Victoria tenía fuertes habilidades en esgrima pero aun así considerabas que se tenía que fijar más en los instrumentos, eras quien se regía por ellos, el lazo que convergía con tus materiales para la misma destrucción de paz era esplendido. Notaste la mirada de más de un ángel posarse en tu figura que lentamente avanzo hasta quedar en medio de la arena, levantaste la espada blandiéndola de lado a lado para cortar el viento y es que tu hermano tenía toda la razón, nadie podría sacar el completo potencial de tan bella arma, la llevaste en medio de tus cuencos para fijar con la iris el filo perfecto que había sido conservado – No te subestimo. Solo quiero que seas más conocedor de las armas de tus enemigos tanto como las tuyas – Soltaste con total ligereza al aire mientras avanzabas de nueva cuenta calmado, lo suficientemente pasivo en carácter como para atribuir que estabas en una lejanía perdido en pensamiento.

"Entre sueños el niño gritará, esta realidad no es la que ha deseado"

– Comencemos, Valhalla – Sonreíste, estar dentro de una batalla sería la única forma en la cual la curva de tu labio se elevaría y el único iris existente se podría tornar un tanto brilloso, fuiste el primero en atacar, te acercaste sin vacilar  usando la pierna derecha como primer toque, un paso, dos pasos y la derecha que sostenía la espada  dio el primer golpe de manera horizontal con cierta velocidad, buscabas impactar el filo contra el filo, aun no estabas lo suficientemente ferviente para buscar herirle, después del primer golpe lanzaste el segundo pero de manera vertical golpeando su lado contrario.

"Sueña. Siempre has de soñar"

Mantenías tu equilibrio, era importante siempre estar erguido así como manejar los pies de manera correcta por eso es que la fuerza que empleabas en dichos ataques era fluidos pero no por ello simples, estaban cargados de más de una estrategia, buscabas que entrara en alarma. Una parte del arte de la guerra es principalmente conocer a tu enemigo, divagar en sus habilidades aun si debes arriesgar las tuyas y después regocijarte en su información – Vamos, te toca a ti intentar atestarme unos golpes – Retrocediste un poco llevando la espada hacía el frente, la usabas como un escudo que descansaba justamente en medio de tu pecho a distancia considerable, cuando no se tenía yelmo esta era la mejor posición de ofensiva.

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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Valhalla el Vie Jul 07, 2017 10:55 pm


Había pasado siglos observando a su hermano. En todas las batallas que tenía la oportunidad de presenciar a su lado, había estado observando cada uno de sus movimientos, la manera en que parecía fundirse con su arma y así atacar de manera correcta a cada enemigo que se le presentaba por delante, por lo que cuando mencionó que ya comenzarían, no dudó en colocarse en una posición defensiva con su persona, presionando la empuñadura de su espada entre sus dedos y colocando la misma en una posición de defensa ante cualquier ataque, aunque el primer golpe lo resistieron sus brazos y la fuerza que empleaba en ellos, pudiendo evadirlo al dar un paso hacia atrás y mantener firme la pierna que todavía tenía delante, por lo que no podría vacilar fácilmente ante cualquier eventualidad. Sin embargo, el segundo golpe logró desestabilizarlo de su eje de posición, por lo que se retorció hacia el lado del impacto, dejando indefenso el lado opuesto de su cuerpo.

Abrió sus ojos con impresión cuando se retiró hacia atrás su hermano, dando un paso hacia él y blandiendo la espada en contra de la luz antes de acercarse a él para atacarle. No iba a ser indulgente, porque claramente estaba en desventaja, por lo que el primer golpe fue totalmente un engaño para intentar llegar a su armadura, deslizando el filo de su espada para que chocara contra la ajena, pero inmediatamente cambiando el rumbo del golpe hacia el lado contrario. Aunque lograra herirle – que seguramente no iba a ser el caso – apenas si podría llegar a tocarle, por lo que retiró su cuerpo hacia atrás, y levantó su espada de manera amenazante hacia un costado del cuello de Trémulo cuando menos lo esperaba, rozando su filo en su cuello para que sintiera el áspero y dulce acero tan cerca de su piel. -  Creí que habías dicho que no serías indulgente, que no me subestimarías. Esto no es solo un entrenamiento, Trémulo. Piensa que es como una pelea justa, porque…Ya sabes, somos hermanos, tenemos las mismas condiciones. – Descendió su espada y se alejó un paso de él, volviendo a adoptar una posición defensiva, y esperó a que el otro también lo hiciera.

Cuando por fin estuvieron ambos preparados, fue él quien inició ese nuevo encuentro, ahora chocando su espada directamente con el contrario, haciendo fuerza para doblegar la ajena, empujándole con su cuerpo para que retrocediera, y entonces el movimiento de sus espadas dictó el siguiente movimiento, cuando el impacto del filo de ambos aceros las empujaron hacia la derecha y las hicieron caer hacia un lado, por lo que empujó al ajeno por el hombro mientras esquivaba aquel peligro de su persona, volviendo a dar un paso hacia atrás, aunque sonreía. La adrenalina se había apoderado de su cuerpo, y cada golpe de espadas que daban, era una nueva forma de revitalizar su ánimo, como lo había pensado. Luchar contra Guerra siempre había sido un privilegio, y concederle la Victoria no había sido una obligación, sino que había sido un regalo hacia su hermano, uno que merecía siempre.


- Atácame con tu mejor golpe, Guerra. Estoy esperando.
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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Trémulo Artorias el Mar Jul 11, 2017 8:30 pm

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

”Las gaviotas volaron sobre las olas indicando el pasado que irán de recoger.”

Nacidos de los mismos pensamientos, corriendo entre el umbral de armas eran los seres conocidos como Guerra y Victoria, conocías las habilidades de tu hermano y siendo el único capaz de llegar a tu cabeza, podría decirse que entre todos los jinetes era el que no se mantendría débil para padecer es por ello que ante sus movimientos mantuviste altiva tu arma, inclusive cuando el filo paso por tu cuello te acercaste con determinación para colocar tu espada de forma horizontal justamente en medio de tu cintura para elevarlo hacia arriba con toda fuerza, no existía forma de herirte. Finalmente después de tanto tiempo podías saborear una batalla energética, lo sentías en la sangre corriendo, la adrenalina, se veía en el brillo de tus ojos. Es raro que la desesperación y la confianza sean aliadas, en el mundo pasaba exactamente lo mismo como en la pelea entre jinetes, te mantuviste alejado, visualizando, analizando, Victoria tenía una forma de pelea muy distintiva, siempre a la defensiva dedicando poco tiempo a la ofensiva o eso es lo que notabas, te atraía con puntos débiles para tu ataque y después contraatacaba.

”No había ninguna señal, la guerra simplemente llego sin previo aviso es por eso que los desesperados buscaron sobrevivir.”

– Iré con todo lo que tengo, Victoria. – Hablaste con voz segura, la presencia de varios ángeles fue lo que rodeo la arena, querían ser los primeros en ver el conflicto que surgía entre ambos seres y no los culpabas. Era raro que deslizaras o desenvainaras tu arma contra alguien de tu mismo legado, pero en medio de la oscuridad existía luz así como en la duda permanece la fe – Hermano, no tendré misericordia. – Inhalaste aire para después exhalarlo, alejándote con cuidado comenzaste a girar el mango del arma, blandías y rompías el aire – Probaré que tal esta tu defensiva. – Diciendo esto colocaste la espada de forma diagonal a tu postura, te acercaste dando el primer paso impactando el filo con el contrario, rozándolo y obligándolo a bajar, después un segundo golpe pero que partió desde la punta hasta abajo donde empuñaba el arma, cuando lo viste necesario diste dos pasos hacia la derecha para acercar el arma lo suficiente para empujarlo con tu peso, un empujo que obligaría a victoria a trastabillar, no vacilabas, siempre eras cuidadoso, no atacarías directamente primero probarías que tanto era capaz de pulsar su filo en tu carne.

”No abandonabas nunca los sentimientos y emociones de tus soldados, siempre los recogías, los devorabas, ellos vivían en ti. Se purificaban y su alma permanecería”

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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Valhalla el Mar Jul 25, 2017 11:15 am


- No espero que tengas misericordia, Hermano.

Una sonrisa se dibujaba en tus facciones, una sola mueca de adrenalina pura que hacía resaltar el dorado de tus ojos combinado con un azul profundo de los cielos. Esa misma mueca que devolvía parte de la vitalidad a su rostro, una energía renovada y presta para la pelea que estaban llevando a cabo. Su espada, frente a su rostro como una medida de protección, parecía moverse de acuerdo al movimiento propio de su cuerpo, a la manera en que sus músculos se tensaban, retrocedían y atacaban a su oponente, así que el primer golpe que recibió fue recibido por el acero de su espada antes de ser enviado hacia atrás por la fuerza de su cuerpo. La segunda estocada fue evitada con un poco de dificultad, obligándole a tensar su mandíbula mientras todo su cuerpo se concentraba en evitar que siguiera avanzando, o en ese caso, evitar que su cuerpo retrocediera trastabillando en la batalla. Cerró sus ojos una fracción de segundos que fue suficiente para que su cuerpo reaccionara, empujando al ajeno y, una vez que las espadas se separaron, acertar un golpe en su costado, aunque no con demasiada fuerza, y estando seguro de que lo bloquearía antes de llegar a herirle.

Retrocedió luego de aquel golpe, aunque esta vez sostenía la espada con una sola mano, mientras que la que seguía libre parecía temblar ligeramente. Una vez que calmó un poco su ritmo cardiaco volvió a atacar a Guerra, pero esta vez con embestidas de su espada mucho más rápidas y ansiosas, quizás hasta un poco erráticas cuando intentaba darle a su objetivo, pero su principal preocupación ahora era debilitar y cansar a su oponente hasta encontrar uno de sus puntos débiles. Valhalla no había nacido para luchar, como lo habían pensado algunos, pero había aprendido con el paso del tiempo, entre las batallas… A la guía de Trémulo quien le había enseñado todo, por eso atacarlo de ese modo era una forma de hacerle entender que había aprendido lo que más pudo de él, y que estaba determinado a demostrarle todo lo que había aprendido, que todo lo que le había enseñado ya lo dominaba bien.

La tercera estocada de su espada resbaló por el costado del Jinete al momento en que se inclinaba para atacarle. Resbaló al igual que su cuerpo que se dejó llevar hacia adelante y estuvo a punto de caer a merced de cualquier golpe que Trémulo pudo haberle dado, y sin embargo, alcanzó a hacerse a un lado y retroceder rápidamente, sin embargo, solo pudo alejarse un metro antes de caer con una rodilla apoyada en el suelo, aún sosteniendo su espada a un lado, pero sin poder moverse de su posición. – Aún me falta aprender mucho, Guerra… ¿Cómo podré ayudarte a pelear si no puedo sostenerme en pie? – Sonrió torcido, con vergüenza apagando la luz de sus ojos al decir aquellas palabras, al igual que la rabia en su cuerpo tenso o la manera en que chasqueó la lengua, pero volvió a levantarse, notando en ese momento la agitación de su cuerpo y el sudor que perlaba su frente. – Debemos seguir.

"Soy tu hermano. Estaré a tu altura sin importar qué."

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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Trémulo Artorias el Miér Jul 26, 2017 11:53 am

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

”Aun si la frontera entre maldiciones y bendiciones sigue siendo efectuada habrá una voz que nunca será escuchada”

Oh, si las espaldas pudieran cantar lo que tanto han tenido que ver en las represalias este sería un gran momento, es por ello que sosteniendo el mango que abraza perfectamente tu mano le pides implorante con tu voz gruesa y con el pensamiento iracundo que eleve su voz, que demuestre la razón por la cual ha estado dormitando tanto tiempo pero que anhela con ansia indistinta romper con la calamidad. Los constantes golpes te daban a entender que todo este tiempo que compartiste con tu hermano había dado sus frutos, aprendía conforme te observaba y es que nunca dudaste de su capacidad por lo tanto ahora tenías el honor de enfrentarte a su tan poderosa agilidad, mientras más se movía más entendías que eran movimientos tuyos los que emprendían vuelo a diestra y siniestra, se menean, se hacen cada vez más amplios hasta el instante del trastabille donde su propia fuerza lo llevo a perder el equilibrio, diste dos pasos para atrás bajando el filo dejándolo reposar en el área, exhalabas debido a los movimientos y es que aunque retuvieras la respiración en medio de la pelea seguías necesitando el preciado oxígeno en cada movimiento, sus palabras dichas a lo último no te causaron un buen estimo así que aprovechaste para esbozar – Si has llegado a enfrentarme cara a cara quiere decir que estás haciendo uso de tus habilidades aprendidas en el campo de batalla, no deshonres lo que has aprendido ya que lo que ha ocurrido es simplemente una equivocación en tu estrategia, pronto volverás a mejorarla. – La liga del destino era tejido simplemente por dos hilos conocidos como Bios la llama horizontal y Cronos el creador de todo, ambos unificados, ambos se vuelven los tejedores de cuerdas hasta que la razón se convierte en destino; siempre había sido una de las mejores metáforas escuchadas y que claramente le daban énfasis a lo que representaban – Sígueme enfrentando. Ven hacía mi con todo lo que tienes, eres la victoria así que cumple tu objetivo, hermano. – Alzaste la espada con ansia.

”Los ángeles cantarán de forma dulce para dar una entrada eventual a quien sería el consejero de la muerte”

Los vivos siempre se encerraban aterrorizados de tu poder, se dice que la guerra trae únicamente muerte pero se han equivocado, aquel que aprecia a los humanos no simplemente blande su espalda. Frente a ti descansaba el porte de Valhalla dispuesto a atacarte por igual, el no iría con vacilaciones así es como vuelves a encararte hacía el usando como base un ataque similar al suyo, impactas la punta del filo directo, buscas estocar, no vacilas y es que cada uno de tus movimientos son llevados con dos pasos hacia delante y usando como soporte el trasero o – Cuando peles de forma rápida con punta esquivando ataques es necesario que la pierna de atrás sirva como soporte de respaldo y la de adelante debe ser la que permita tus movimientos o desplazamientos – Explicabas, no te molestaba el hecho de enseñar al contrarió el orgullo que te otorgaba era mayor - ¿Vas comprendiendo? – Golpeabas una y otra vez su filo para esquivar cualquier estocada pero ayudándote con los movimientos gráciles que te hacen girar el cuerpo de vez en cuando calculas que un nuevo pulso sería otorgado.

”Y el destino traicionará a más de uno…”


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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Valhalla el Lun Ago 28, 2017 2:33 pm


-No voy a rendirme ahora.

Sus palabras parecían alentarle a continuar la pelea, a no rendirse todavía, y tampoco era una de sus opciones tomar el camino de los cobardes y temerosos de sus propias vidas y bajar el filo de su espada. Cuando recuperó el aire necesario luego del primer enfrentamiento, volvió a levantar su arma en contra de su hermano, para que el choque de ambos filos tuviera lugar, y luego los movimientos fueran dándole dinamismo a aquella pelea. Existía un silencio pulcro alrededor de ellos en donde apenas si se podía escuchar el jadeo de sus respiraciones o la manera en que el acero cortaba el aire para un nuevo impacto, en que sus pies chocaban con la arena del coliseo….El apenas audible murmullo de la espada impactando la contraria para defender a su portador.

Con los golpes de espadas tuvo que apoyar su cuerpo en su pierna que se mantenía hacia atrás, y la pierna delantera era la que le brindaba el impulso hacia adelante que le ayudaba a acertar golpes ofensivos contra su oponente, olvidando por un momento la defensiva. Y entonces su espada retrocedía para bloquear ese ataque e impulsaba hacia atrás a Guerra, acorralándole con impulsos y movimientos que cada vez eran mejores, más coordinados y acertados. – Estoy entendiendo, Trémulo. – Fue uno de los golpes ajenos el que le hizo trastabillar nuevamente sobre la arena, aunque logró bloquear cruzando su espada en la trayectoria del arma ajena, y obligando a ambos jinetes a mirarse a los ojos, deslizando una sonrisa sutil en sus labios, feroz si alguien le veía acentuar ese brillo en su mirada junto con el ceño fruncido y el sudor en su frente, hasta que se impulsó con todo su cuerpo para derribar a su adversario, impulsando el filo hacia su cuello, pero deteniéndose apenas unos centímetros antes, los suficientes para que su manzana de Adán tuviera movimiento acelerado, pero no lo necesario para que no se sintiera amenazado. – No recuerdo todas nuestras peleas y batallas, pero creo que es la primera vez que te logro derribarte, hermano. ¿Habrá sido solo suerte?

“He sido advertido por Zadquiel. No más derrotas, no mancharé de nuevo mi nombre… Debo permanecer pulcro y santo para recibir su llamado.”

No recordaba todas las batallas, pero si el aliento de vida que le obligaba a emerger y pelear, a volverse el sanguinario hombre que nadie quería conocer. Recordaba los regresos de sus peleas, recordaba la sangre derramada y los guerreros aclamados que ahora descansaban en Valhalla… Pero no podía recordar cómo eran aquellos siglos sin ser llamado, cómo podía pasar las noches dentro de su habitación y sentir la soledad que rodeaba su cuerpo. Su única compañera, la única que jamás le abandonaría… Y entonces, antes de que Trémulo pudiera levantarse del suelo, apoyó el filo de su espada en su cuello de manera amenazante, deslizando la hoja de la espada hacia un lado y apoyándola en el suelo, cerca de su cabeza. - ¿Quién soy, Guerra? ¿Por qué no puedo recordar mi existencia? – Había fruncido el ceño al decir aquello, y tan pronto como sus palabras fueron pronunciadas se apartó del cuerpo de su hermano, dejándole paso libre para que se levantara y la pelea continuara. Había una determinación diferente en sus ojos esta vez, cuando alzó la mirada hacia su hermano. Ya no eran las ansias de aprender y prácticas las que estaban presentes en su rostro, sino una incertidumbre extraña y pretenciosa de querer saber la verdad que había oculta detrás de su preocupación… Así que cuando blandió la espada nuevamente, fue con agresividad en contra de su estirpe, de su propia sangre, al arremeter con furia  y golpear el filo de su hermano con la misma intensidad que el fuego del infierno.

-Dime la verdad, hermano. ¿Quién soy yo?

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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

Mensaje por Trémulo Artorias el Jue Ago 31, 2017 12:08 pm

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

Le habías enseñado bien. No importa cuánto tiempo ha transcurrido o si sus memorias han sido desprolijas, sabes que recuerda, sus movimientos parecen exactos y certeros, fue por eso mismo que en tu capricho de analizar cada una de sus facetas de su evolución terminas doblegando la espada al punto en que la pierna trasera se ve en la obligación de bajar su apoyo, caíste, no como un perdedor, al contrarió fuiste venerado con una espada cerca de tu garganta, una posición que harías tu si tuvieras al contrarió derribado, escuchaste sus palabras como quien escucha a su hermano menor confesarse y de alguna forma es claro que tuvo suerte, es claro que él es la victoria.

En un movimiento rápido te levantaste para volver alzar la espada con el filo en su contra, no vas a dudar nuevamente, no vas a expresar tu completa tranquilidad al saber que tu hermano ha sido capaz de dominar el filo, esta vez eras la guerra encarnada, se observaba en tus cuencos apacibles al igual que en la ligera curvatura de tu sonrisa, eras ese hombre que se dedicaba grandes horas a su profundo letargo para conciliar la estrategia perfecta que permitiera una batalla, eres “él” ser que conllevaba la destrucción para otorgar la paz, pero en el instante en que alzaste el filo dispuesto a dar un corte en diagonal fue su pregunta la que te obligo a detenerte cerca de donde atestarías el primer corte a la cara del que viene glorificando su estandarte, el arma se detuvo y bajo cuidadosamente a tu lado, la envainaste, alzaste el único cuenco azulino que chocaba con las luces, los otros ángeles que se encontraban practicando no cesaron, continuaron sus movimientos fuertemente escuchando uno que otro alarido de guerra - ¿Sigues preocupado por tu existencia? – Contestaste con otra pregunta, no tenías el derecho de mencionarle lo sucedido, en su tiempo él había llegado a ti moribundo, deshecho, pidiéndote e implorándote desaparecer, que quería unir su vida a un ángel, a uno que yace en las tierras, a uno que había conocido ¿Cómo podrías ignorar el llanto de tu tan amado Sello? , nunca fuiste compasivo, en toda la historia jamás se te conoció por ese hombre pero cuando la victoria cedía significaba un término único.

Una destrucción.

La luna fue la única capaz de verificar las cicatriz que este poseía, si no eliminabas sus recuerdos terminaría siendo destruido por completo, era más fácil borrar todo y mantener el recipiente intacto - ¿Por qué preguntas eso? – Te acercaste siendo cuidadoso posando tu gran mano en sus cabellos – Si te preguntas si has vuelto a nacer la respuesta es no, en ningún momento fuiste deshecho ni creado de nuevo, no ha sucedido tal atrocidad – Tu quien has perdido a tantos ángeles como tus discípulos sabías lo que significaba ser destruido, no querías el mismo suceso para Valhalla – No existe razón para que esas memorias estén dentro de ti, fueron tiempos en los cuales dormitaste, no hace mucho que abriste los ojos - Sentenciaste, no tenía caso que recordará, no había forma además ese ángel de tanto renombre que le hizo perder la cabeza pidió únicamente una cosa y es la protección de Valhalla.

Él te lo pidió. Ambos lo pidieron, Valhalla quería proteger a alguien así como “ese” alguien quería protegerle a él - ¿Realmente quieres saber que ha sucedido? – Preguntaste sin vacile alguno, quizás era una equivocación alejarlo. Pero no permitirías que se perdiera, así tuvieras que volver a borrar sus memorias lo harías, no permitirías su perdición, lo habías prometido, especialmente a uno que en su tiempo fue tu discípulo.


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Re: Sanguinem Canticum [ Privado: Valhalla]

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