—Raison d'être of love [Priv. Mei]

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—Raison d'être of love [Priv. Mei]

Mensaje por Anette Lorentzen el Vie 3 Mar - 0:02

Las palabras calaban hondo dentro de sí. Si hubieran sido de cualquier otra persona, si hubiesen sido de un desconocido más, entonces no le hubiesen importado. Incluso, podría jactarse de haberse reído y de ignorar tal crueldad. Pero no, Anette tenía una debilidad y esa era sus hermanos menores. Tal vez porque ella quería que su hermana no siguiera sus pasos, que buscara un lugar más grande, que aspirara a más o que intentara anhelar algo más sano que lo que tenía delante. Sabía que la menor siempre había querido estar en su situación, el obtener todas las miradas y la atención. ¿Acaso su atención no era suficiente? Era un poco doloroso el pensarlo de esa manera, pero la realidad era esa: Su hermana le despreciaba. Las palabras que había soltado, el reproche, el golpe en su mejilla. Todo eso no salía de su mente.

La pelirroja se miraba en el espejo, observando su reflejo con una notable tristeza. Llevó su mano hasta su propio reflejo y se vio a si misma cuando era más niña. No podía dejar que tal sentimiento la inundase, el dolor era palpable pero ella había jurado que cuidaría de su hermana, que siempre contaría con ella. Era difícil, esperaba que, aun con todo lo que le había dicho, solo fuese una pequeña etapa, algo que se arreglaría charlando una vez el clima hubiese aplacado.

¿Tal vez no debió elegir ese camino? Anette se culpó, pensando que ella era la causa de la envidia de la menor. ¿Cómo evitar sentir todo eso? Era algo imposible y, estando en ese sitio, solo le recordaba a todo lo transcurrido.

No quería estar más allí.

En su camarín, preparándose para irse del lugar, cambiándose las ropas que había utilizado por unas más casuales y que le permitirían salir más desapercibida. Tomó su móvil un momento, cuestionándose por varios minutos si era lo correcto o no el mandar un mensaje a alguien con quien pasar el rato. Y con alguien la figura de una mujer en particular llegó a su mente. Apretó los labios y sus dedos fueron moviéndose a prisa citándola en las cercanías de una cafetería que ya habían visitado antes. Una pequeña cafetería cerca de un parque que servirían la mejor selva negra y el mejor té Oolong. Ella misma la había descubierto unos meses atrás en búsqueda de desligarse de la presión de su trabajo. La esperaría el tiempo que fuera, por si tenía problemas en llegar o algo similar.

En cuanto las nuevas ropas estuvieron sobre su cuerpo, tomó una pequeña cámara que había adquirido hace poco tiempo. A ella le gustaba tomar fotografías, grabar algún paisaje, ese tipo de cosas. Además le ayudaría a pasar el tiempo mientras esperaba a la mujer en cuestión, además de distraerse un poco. Quería pasar tiempo con la fémina, no agobiarla con sus problemas. ¿Estaba pensando demasiado en todo el asunto? Anette no lo tenía muy en claro.

El cabello recogido levemente, su aliento saliendo por sus labios mientras frotaba sus manos una contra la otra, dándose calor a sí misma. El clima para ella no era ni bueno ni malo, pero le hubiera gustado tener un café en ese instante. Pero, al final, decidió sacar su cámara y mirar a su alrededor.  Cerca del parque, había tomado un par de imágenes: unos chicos jugando con la nieve, un cachorro siendo mimados por su madre, y el cielo que parecía despejarse casi contra su voluntad. Observó las fotografías en la memoria de la cámara y fue pasándolas para verlas mejor.
Mientras pasaba los dedos por sobre la pantalla, levantó su cabeza, encontrándose por fin con quien estaba esperando.

Hola—fue lo único que dijo mientras le sonreía. Frente a ella estaba beauty –el apodo que le había puesto-, le causaba demasiada curiosidad su inexpresividad, o su forma de hablar, era una necesidad el saber más de ella. ¿En donde se había esfumado su confianza? Bueno, Mei no era alguien con quien jugar, ella lo sabía perfectamente. Tal vez por eso, se sentía como si hubiese retrocedido en el tiempo y tomarlo todo con más calma posible, se había vuelto muy precavida en ese aspecto. Sus relaciones se rompían demasiado rápido –ya fuera amor o amistad- por eso quería que esta perdurase, incluso si tenía un ligero temor a ilusionarse por algo.

¿Te hice pasar alguna dificultad? Me han dado mi paga hoy, así que disfrutemos comiendo lo que podamos—de una manera más alegre ahora, en comparación de hacía unos minutos, ofreció su mano a Shimizu, como siempre hacía, para ir juntas a la cafetería.




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Re: —Raison d'être of love [Priv. Mei]

Mensaje por Shimizu Mei el Jue 30 Mar - 2:52

Fue cuestión de dos semanas que Mei no vio prácticamente la luz del día, siquiera se animaba a pisar el gran jardín trasero que la mansión en la que actualmente residía, no quería, se negaba por completo a que los rayos de sol rozaran un pequeño centímetro de su piel. Desde aquella gran golpiza que sufrió al haber visitado por última vez el mercado negro, de su cuerpo no se fue ninguna ‘mancha’ que había conseguido a causa de ello y apenas en los primeros días era capaz de caminar. Su físico pesaba demasiado y lamentaba muchísimo el hecho de no haber sido capaz de defenderse por cuenta propia, el no haber estado más atenta de lo normal y, sinceramente, de no ser por la ayuda de aquel hombre de cabellos turquesas, actualmente estaría muerta.
De por sí, ella no era dueña de una piel casi pálida pero se podía ver con facilidad aquellos moretones que gradualmente se difuminaban, el corte en su labio inferior ya había cicatrizado pero que a simple vista se podía ver que tenía una herida en ese sitio. Sus piernas y brazos aún le dolían pero no a comparación a su estado anterior, eso sí, las manchas de un tinte morado muy suave aún ‘adornaban’ su tez.
Sentía vergüenza, demasiada se podría decir. Ella que tanto alardeaba y se jactaba de ser una mujer fuerte no pudo defenderse en ese episodio, tanto así que no se atrevía a mirar a los demás a los ojos y con ello una ligera depresión le azotaba últimamente; aunque es un detalle de poco creer, la japonesa poseía un autoestima muy baja y por ende, es muy fácil derrumbarla a tal punto de ser necesario el uso de una mísera palabra para colocarla dentro de una gran tristeza de la cual le es un poco difícil de salir sin la ayuda de alguien más.

Ese día no se diferenciaba de los anteriores, su cuerpo yacía recostado sobre su cama de espaldas a la puerta. Otro día más del cual no se animaba a salir de su cuarto, su móvil se encontraba tranquilo y silencioso sobre una pequeña mesita de luz que se encontraba, ahora, a espaldas suyas. Por su cuenta se martirizaba al recordar aquel día en pequeños flashes mentales provocando con ello que sus dedos se aferraran con fuerza a la almohada a su vez que mordía su labio inferior, era la primera vez en mucho tiempo que se encontraba en ese estado y no se atrevía a pedir ayuda a alguien más como para descansar de todo ello. Desde hace mucho tiempo que se manejaba por cuenta propia, que la soledad a este punto ya se consideraba su amiga más fiel; eso le afectaba pero que no hacía nada al respecto, un castigo que se había impuesto por haber confiado en personas que no debía en su pasado.
Un bufido escapó de entre sus labios antes de asestar un golpe contra el colchón de su cama y hundir por completo su rostro en las comodidades que su almohada le entregaba ¿Por qué seguía recordando? ¿Por qué seguía pensando en lo muy tonta que fue en ese día? Siquiera ella misma se podía responder a esas preguntas y dudaba demasiado que alguien más lo hiciera; sin embargo, sólo fue cuestión de segundos como para sentir su móvil vibrar y por consiguiente producir aquel sonido predeterminado que tenía para los mensajes. Su cabeza se levantó de golpe al escucharlo y coger el mismo rápidamente, sintió una extraña ansiedad y expectativa ante el destinatario del mismo. Sus ojos reflejaron sorpresa luego de haber leído el contenido del mensaje y del contacto del cual provenía, aquello realmente le había tomado desprevenida ¿Quién se lo hubiera imaginado? Aquello le alegró, tanto así que siquiera se dio la oportunidad de entregarle una respuesta que ya, de un salto, se levantó de su cama y fue en dirección a su armario a buscar alguna prenda que llevar. Cogió unos pantalones negros, un suéter de lana gris y una camisa de color celeste además de agarrar sus zapatos del mismo color que el jean y, en una velocidad casi fugaz, salió de la gran mansión con destino al lugar del encuentro con la dragona.

En ese instante, se olvidó por completo de las pequeñas cicatrices que su rostro portaba, en lo único que pensaba era en lo que realmente haría estando en compañía de la mujer de cabellos rojos; era la única persona con la cual interactuaba sin necesidad de tocar el tema de los negocios y trabajo en sus conversaciones.

Sólo fue cuestión de unos veinte minutos en lo que sus pies arribaron al parque que había indicado la más baja que visitara, encontrándose con ella a unos pocos metros observando atentamente a posiblemente una cámara fotográfica que tenía entre sus manos. Peinó un poco sus cabellos tras la pequeña carrera que había dado, siendo que los llevaba sueltos en esa ocasión, antes de encaminarse con tranquilidad hacia donde la contraria se encontraba —Anette-san.— Hizo mención de su nombre en un timbre bajo y calmo como si fuese una manera típica de saludar para la dragona de cristal, manteniendo su rostro completamente neutro en esta ocasión aunque no podía disimular su respiración ligeramente agitada por haber corrido sin necesidad hasta su encuentro; en ese momento el actuar aquello le costaba un poco.
Negó lentamente con su cabeza en respuesta a la pregunta que la pelirroja le había dirigido antes de observar con evidente duda la mano que esta le ofrecía, como si cuestionase el motivo real del por qué se la enseñaba, —Oh, ya veo.—, se dijo a sí misma al percatarse del hecho de que esperaba que la tomara y asir con cuidado la misma con su zurda; no era la primera vez que la mayor hacia eso pero la nipona tendía a dudar siempre independientemente con quien se encontrase, a veces solía ser un poco tonta en al respecto.

—¿A dónde iremos, Anette-san?— inquirió, teniendo aquella mala costumbre de preguntar por todo en lo que ejercía un poco más de presión sobre la mano ajena. El frío del ambiente se podía sentir por más que llevase cómodos y cálidos abrigos encima y temía que ese detalle les incomodara a ambas en ese momento.



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Re: —Raison d'être of love [Priv. Mei]

Mensaje por Anette Lorentzen el Jue 6 Abr - 22:49

Era una sensación diferente a todo, era la percepción que se mantiene cuando se observa una pintura frente a sí. Siempre ocasionaría una reacción pero, más allá de eso, tendría muchas interpretaciones. Cuando eres una chica como ella, los días terminaban siendo un reto tras otro, eran complicados y siempre terminaba por esforzarse más de lo que debería. Pero no eran tan malos después de todo. Poder ser tan independiente le permitía el poder moverse por las calles con libertad. El dinero de su  trabajo le dejaba muy bien. Podía estar tranquilamente, sin que nadie se preocupara por ella realmente. Su situación podría no ser la mejor, eso si se mencionaba a que se dedicaba, podría ser juzgada muchas veces, podría haber sido lo peor para obtener aquello que se necesitaba. Y, aun así, aun cuando se vio obligada a comportarse de aquella manera, siempre estaba escondida esa mujer dulce y de buen corazón que había sido en algún pasado. No se arrepentía, ella tenía que hacer aquello o ese mundo terminaría por tragárselos, como si fueran pequeños conejos en la boca del lobo. Pero aun así, aun sentía el dolor de la persona que más amaba al quebrar su corazón. Para otras personas podría no ser nada, pero su hermana era tan importante que era imposible el que no le afectara tanto.

Cualquiera que viera a Anette en su vida normal, ya sea en el cabaret o en cualquier rotor aspecto, no la consideraría una persona dulce. Firme en su caminar, en sus expresiones, en absolutamente todo. Un carácter tan intenso, jocosa y hasta algo cínica, con una sonrisa siempre en su rostro, todo tan apasionado que era perfectamente capaz de quemar a cualquiera. Una mujer fuerte, le habían definido muchos. Una zorra despiadada, otros con los que se negó a hacer tratos. Pero ¿dulce? nadie vería la forma en que recogía delicadamente la mano de la japonesa, o cómo la miraría con ternura. Tampoco su voz, grave pero suave, la cual utilizaba para dirigirse a la joven en cuestión que era un poco más alta que ella. Cuando fue capaz de visualizar el cómo se encontraba –las heridas que parecía haber tenido- notó que una lágrima le resbalaba tez abajo; la recogió con dos dedos, observándola como si fuese una bola de cristal. Finalmente, negó suavemente con sus dedos, deteniéndose en lo que iba a hacer. Si preguntaba ¿Cómo lo tomaría? Tal vez sería algo muy imprudente de su parte. Esperaría un poco más antes de hacerlo.

Lamento si te asusté con lo que acabo de hacer—dejó salir una suave risita, para luego tomar aire hondo y llenarse los pulmones de ese ambiente etéreo una última vez.

¿Por qué llamo a Beauty en primer lugar? Podría haber buscado por algún cliente, podría haber desfallecido en medio de los Martini que gustaba de probar pero, al final la llamó a ella. Esa mujer era… diferente. Anette se consideraba una mujer que podría destruir todo lo que tocaba y no exactamente porque fuese maliciosa en sí, sino por su manera de ser siempre terminaba lastimando a los demás. Había sucedido con aquel que había sido su pareja, había pasado con su madre biológica, había ocurrido con su hermana. En el fondo, ella no deseaba que sucediera lo mismo con la japonesa. Tal vez fuera mero egoísmo de su parte pero era un caso completamente diferente. Si tan solo pudiera estar a su lado y que su relación fuera creciendo de una manera donde ninguna saliese herida sería lo mejor. La belleza que ella quería mantener por sobre todas las cosas, algo tan impresionante que no cree merecer y, aun así, trata de acercarse.

Comer pasteles, eso haremos. La cafetería a la que fuimos la otra vez está haciendo nuevas recetas y el primer pedido es gratis. Además de ello podríamos hacer la degustación que quieras. En verdad me alegro que hayas venido—Y se le notaba esto, no solo en sus palabras, sino más bien en todas sus acciones. El hecho que apretase su mano también fue un gesto muy importante para la pelirroja. Caminar junto a ella, con las manos tomadas… parecía un gesto bastante inocente, y eso era lo que más le gustaba, le llenaba de calma el corazón como si se tratase de un bálsamo.

Hoy quiero que nos mimemos—canturreó suavemente mientras la guiaba hasta el sitio que ya ambas habían visitado alguna vez. El café de siempre cerca de la plaza, aquel que era su preferido por sobre los demás. Observaba de vez en cuando a las personas que asistían allí; médicos de la localidad, estudiantes de medicina, muchos universitarios de distintas áreas. Precisamente por el secreto a voces, el arte y la música relajante que era tan de su gusto. Era un sitio tranquilo, rodeado de plantas que otorgaban una suave armonía. Demasiado para ser real, y que ahora estuviera nuevamente con ella le provocaba una sensación extraña. Cuando ocurrían ese tipo de cosas estaba en una especie de trance, en el punto medio justo entre la preocupación y la relajación. No, debía de quitarse las ganas de preguntar, ya se lo había dicho a si misma varias veces.

¿Con qué te gustaría acompañarlo? ¿Algo frío? ¿Algo caliente? Ampliaron las opciones también y no hay mucha gente. Es un día perfecto para aprovechar. —la animaba que eligiese algo para ella, en su caso pidió un caffe latte más una porción de pastel de chocolate y tía marina. Mientras esperaba por el pedido que haría la japonesa, ella fue mirando a su alrededor por algún buen lugar en el cual se sentarían. Lo bueno de aquel sitio es que, pese estar algo escondido a la vista exterior, por dentro era bastante amplio y podían bien elegirse entre los asientos cercanos a las ventanas, como los grandes sofás del fondo. Aunque no sabía si prefería estar apartada de todos o más cercana a la multitud. Si fuese por ella se quedaría en el fondo para apreciarla más.

¿Está bien al fondo o prefieres mirar a las personas pasar por la ventana?—mejor era sacarse la duda en ese aspecto. Al fin y al cabo, cualquier lugar también estaría bien, lo más importante para ella en ese momento era estar con Shimizu, nada más importaba en ese momento.




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Re: —Raison d'être of love [Priv. Mei]

Mensaje por Shimizu Mei el Lun 19 Jun - 1:51


Si había un detalle que destacase por completo en la joven japonesa era esa curiosidad innata que crecía dentro suyo y no tardaba en fluir como caudal cada vez que se topaba con algún conocido y muy rara vez cuando se encontraba en compañía de alguien con quien cruzó mirada por primera vez en su vida. Mei siempre buscaba alguna respuesta, sin importar si la misma fuese coherente o algo ajeno a la realidad, ante cada situación que llamase totalmente su atención y que sea algo que viese por vez primera en alguien o algo que tiene cerca; a diferencia de la mayoría de las personas de su edad, ella no fue capaz de disfrutar de una adolescencia amena, incapaz de interactuar con el resto de seres vivos con los cuales comparte un sitio en común donde habitaba. Vivir en peligro y en constante alerta era algo que desde cumplido los quince años de edad era algo ya considerado una rutina.

Por ello, cada vez que alguna duda surgía, no temía en preguntar y mucho menos el quedar como alguien completamente tonto o similar delante de quien estuviese a su lado en ese instante.

Sus dorados ocelos, raudos, observaron como aquella lágrima pequeña escapaba de uno de los ojos de la pelirroja luego de que esta hubiese dirigido su mirada hacia su persona y entregarle aquel dulce contacto a una de sus manos. Aquello realmente llegó a sorprenderla y demasiado; empero, su semblante se mantenía tan quieto, tan carente de sentimientos que cualquier podría pensar que se tratase de una persona que no le importa en lo más mínimo lo que los demás sienten ante cada situación que experimentan. Su cabeza se ladeó ligeramente ante las palabras de la mayor, encontrándose confundida ante las mismas —¿Por qué te disculpas por una pequeña muestra de tu tristeza?— Interrogó sin tapujos, negándose a librar de su agarre a la ajena hasta que la misma le contestase a su pregunta; ante su desconocimiento, no era alguien muy tonta y –armada con los pocos conocimientos sobre los sentimientos de las personas- sabía que aquella señal no indicaba nada bueno, jamás lo hizo. Al igual que la ajena, ella también lloró en su momento; empero, con la única diferencia –en ese momento- de la cantidad de lágrimas que llegaba a derramar. Sabía que la tristeza era un sentimiento muy peligroso y dañino.
Aunque, después de meditarlo unos breves segundos, decidió no entrar demasiado al tema. Después de todo, ante el peligro del mismo, existía la posibilidad de que aquello arruine el encuentro por completo. Empero, eso no significaba que le dejaría libre rienda luego de que el mismo acabase, le atacaría hasta obtener una respuesta.

Keeki...— Musitó, haciendo una pausa en lo que, dentro de su mente, divagaba en las mil y una imágenes de dulces que conocía antes de finalizar por entregarle una respuesta silenciosa, asintiendo ligeramente con su cabeza y, tras ello, iniciar su marcha calmada hacia el sitio que la dragona de fuego le había mencionado. Hace mucho que no lo visitaba y prácticamente tenía recuerdos nulos del mismo.
—¿Mimarnos? ¿A qué clase de mimos se refiere?— Volvió a preguntar; empero, encaminándose a otro tema un poco llamativo pero que, estando completamente segura, no llegaría a dañar a ninguna de las dos. —Entonces existen varias formas de mimar ¿Cierto?— Encontrándose a unos escasos metros del local, otra interrogante le entregó, observándole ahora ya sorprendida y sin ningún problema en expresarla facialmente hacia la muchacha.
Aunque, esperaba ansiosa la respuesta fue imposible el contener la ansiedad que experimentó al estar una vez frente a la puerta del local e ingresar al mismo rápidamente, jalando consigo a la pelirroja.

Observaba la gran lista que había en el sitio que mostraba todo lo que ofrecía, buscando insistentemente algún dulce que tuviese aquello que tanto le gustaba en un porcentaje mayúsculo, esbozando una sonrisa enorme al encontrar uno idóneo y luego dirigirse al empleado del sitio —Quiero un Mousse de Chocolate y una taza de té.— Tras decir aquello, asintió lentamente con su cabeza demostrando total seguridad en sus palabras, dirigiendo su mirada por cuenta nueva su acompañante y luego levantar una de sus manos indicando uno de los sitios que esta mencionó —Quiero ver a la gente, es entretenido. Quiero verlas mientras como— Respondió por lo bajo antes de acercar una de sus manos hasta sus propios cabellos y peinar los mismos lentamente en espera de recibir su orden.
Fue sólo cuestión de unos pocos minutos en el cual el empleado quien les atendió les entregó el pedido a ambas en bandejas distintas, siendo la japonesa quien tomó apresuradamente el suyo y automáticamente encaminarse al sitio que deseaba; siendo caprichosa por primera vez estando en presencia de la pelirroja. A pesar de la ansiedad que sentía, situó con cuidado la bandeja sobre la mesa al tratarse de utensilios de porcelana los que contenían el postre de ese día —No vaya a romper nada, Anette-san.— Prácticamente ordenó, siéndole imposible el tener aquella conducta cuidadosa que no dudaba en demostrar al experimentar la inseguridad sobre determinada situación.

Una vez sentada en su asiento, cogió con cuidado la cuchara pequeña con su diestra y, sin más, comenzó a degustar del chocolate que hace muchísimo tiempo no consumía. Sus mejillas se tiñeron ligeramente de un sutil carmín ante la alegría que sintió luego de haber saboreado ese dulce que tanto le fascinaba; no sería el último pedido que haría durante su salida.



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Re: —Raison d'être of love [Priv. Mei]

Mensaje por Anette Lorentzen el Sáb 24 Jun - 0:41

Se mantuvo en silencio, solo con una suave y encantadora sonrisa. Las preguntas que la japonesa hacía era algo que ella no solía preguntar. No, mejor dicho, era algo que no le solían preguntar. Ya que todos tenían una visión de su persona –la que ella se había esforzado por crear-, así que nadie preguntaba sobre el porqué de sus acciones, solo se tomaban una idea y nada más. Incluso si ella no demostrara emociones por fuera, Anette había sentido una calidez que se había negado por demasiado tiempo. Sus ojos se cerraron y continuaron el camino, no podía responder a eso, aun no. En parte era algo bastante obvio, hacer pensar a Mei no estaba bien, esperar porque lo adivinara tampoco. Sí, debía de dejar de lado ese deseo imposible. “Nadie te entenderá si no hablas."

Por eso te invito a esto. Efectivamente hay muchas maneras de mimarnos. Esta es una. Es superficial pero mientras sea algo que nos gusta y nos hace bien entonces eso pasa a un segundo plano. Hay muchas más maneras de mimarse, un día me gustaría cumplir alguna que tú quieras—Observó los distintos pasteles, aun luego de haber hecho su pedido, tan solo para asegurarse que pediría después. Estaba bien, contaba con el dinero de momento, ya que ahora debía de despreocuparse, o eso era lo que planearía por ahora.

Momentos después, estaban ambas sentadas observando a las personas pasar, debía admitir que Mei había sido sumamente adorable, demasiado. Si hubiera podido, la hubiera abrazado con fuerza y hubiera frotado su mejilla contra la de ella millones de veces hasta el cansancio. ¿Eso era lo que llamaban el poder del moe? Ah, quería preguntar. Apretó los labios y dejó salir una suave risita momentos después, en verdad esa mujer era completamente impredecible, nunca se sentiría triste cerca de ella, o por lo menos no lo lograba en ese momento. Prácticamente todo se había disipado de un momento a otro. ¿Cómo podía ser tan linda a su manera?

No romperé nada, tranquila—llevó a sus labios la taza, bebiendo del Latte mientras observaba el como la japonesa comía en silencio. Le gustaba verle de ese modo, siempre mostraba muchas más emociones en esos instantes, era algo que, simplemente, no podía evitar desear. Gustaba de observarla el mayor tiempo posible, quería saber hasta en que momento podría ser capaz de sonreírle y guardar como un tesoro cada buena reacción que dejase entrever hacia ella. Era… bastante egoísta y posesiva, aunque no lo pareciera. Se estaba ilusionando de nuevo sobre el aire, eso no estaba bien, para nada. Pero quería quedarse un momento así, incluso si luego la caída era fuerte y dolorosa, quería seguir compartiendo momentos como esos con ella.

En verdad eres tan linda~—salió de sus labios sin poder reprimirlo e, incluso, sus mejillas también se colorearon con un carmín sutil, mirando hacia la ventana queriendo rehuirle por un momento a su mirada. Incluso si pudiera ser algo contradictorio con su deseo principal, no soportaría sentir un rechazo, por lo menos no de momento, además también se trataba de su vergüenza, la que recordaba cada vez que permanecía cerca. Se sentía tan torpe, y siendo el tipo de persona que era le hacía sentirse una adolescente. Ya había pasado por esto, así que reconocía bien que le ocurría. Solo un poco más…  y luego sería capaz de pararlo, quería saborear un poco más de esa dulce ilusión.

¿Sabes por qué me disculpé? Fue porque…—volvió a mirarla, dejando la taza sobre el pequeño plato de porcelana que le acompañaba, manteniendo su mirada de color magenta sobre los dorados de la ajena, para sonreír sólo un poco—sentía que te involucraba en algo que solo te daría problemas. Por eso me disculpé. Soy un dragón, soy orgullosa, no solo de lo que soy, sino de lo que he llegado a conseguir hasta ahora. Incluso si no es la mejor vida, es mía y me esfuerzo cada día más. Llorar… es algo que no me tengo permitido, mi tristeza… hace años que no la he mostrado, porque eras tú, creo que dejé caer mi fortaleza, así sea un segundo. —cortó un poco del pastel y lo llevó a su boca. Sabía tan dulce, lo cual le hacía sentir mejor luego de haber revelado algo como eso. Sí, era una mujer fuerte y cínica ara con los demás, seductora y maliciosa con quienes intentaban derrumbarla. Mei era diferente a las personas que había conocido antes, y eso en parte le asustaba. Porque estaba mostrándole una parte de sí oculta: su verdadero yo.

Pero no te llamé para contarte cosas tristes, sino para que nos distrajéramos ¿verdad? Solo te lo respondí porque preguntaste antes y… tenía la sensación que no pararías hasta saber el motivo de mis palabras antes. ¿Esta respuesta te satisface?—las personas pasaban cerca de la cafetería, modificando de vez en cuando la iluminación de los rostros de ambas féminas.

Entre nosotras… me gusta disfrutar de esto cerca de ti y… olvidarme por unos segundos de todo. Mientras sea Mei, siento que todo podría estar bien. Incluso si suena un poco ilógico o raro.“Me gusta ver, cuando sonríes luego de comer un dulce pastel, o cuando te sorprendes de pronto ante algo completamente inesperado. Me gusta el toque de tus manos, son tan cálidos… mucho más que los míos.” Quería decir eso, peor no lo dijo, no era el momento. Vio su mano aun enguantada y volvió a tomar un poco de su pedido, observando con atención a la ajena. Aunque no lo pareciera, quería saber su opinión o escuchar las preguntas que tuviera.





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