Dancing without you - Privado-

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Dancing without you - Privado-

Mensaje por Invitado el Jue Abr 20, 2017 11:15 pm

¿Cuándo había sido la última vez que había hablado con su Charlie?

Recordaba a la perfección el ritmo de las últimas dos semanas, desde el último día en que se había dignado a observar fijamente el rostro de su hermano, desde la última vez en que había acariciado su rostro o la manera en que sus ojos se deslizaban por su piel, como si fuese capaz de tocarle simplemente por el hecho de quedarse mirando su piel, su cuello, sus hombros… Cerró sus ojos, dando un suspiro largo que le trajo de nuevo a la realidad. Estaba en el trabajo, si… el trabajo borraría el recuerdo de esa noche, borraría de su piel el contacto de la ajena, la sensación que aún permanecía en él como si estuviese quemándole por dentro y por fuera, que podría llegar a dejarle agónico si no conseguía olvidarlo, o si no conseguía volver a repetirlo, aunque ni una ni la otra opción contaban como reales ante la necesidad que se había albergado en su estómago desde ese día, en el nudo en su garganta o en la penumbra en la que se había sumido sus pensamientos y su mente, dejándole completamente expuesto y vulnerable ante los factores externos, ante cualquier detalle que lograra alterarle.

Volvió a respirar, abriendo sus ojos lentamente para enfocarse en las páginas que tenía delante de el, en la pantalla de la computadora y en los libros a su espalda. Se encontraba en la pequeña oficina de la editorial, en un horario de trabajo, se encontraba rodeado de sus compañeros,  se encontraba con la fotografía de Claudia en su pequeño escritorio, una pequeña foto en un marco de plata que había recibido como regalo en su último cumpleaños, y que por mero capricho de su novia la había colocado en ese lugar, porque de ninguna manera lo dejaría en su departamento ni en su cuarto, no en el espacio que compartía con su hermano. Entrecerró sus ojos levemente, ladeando su cabeza cuando observó fijo el rostro de su novia, quien sería su prometida y su futura esposa si es que las cosas no terminaban mal, pero cómo podría suceder algo así si ella no había hecho nada malo? El único que había cometido un error había sido él y lo sabía.

Volvió a soltar un suspiro cuando cogió el móvil de su escritorio, dejando de lado el proyecto en el que estaba trabajando durante los últimos días para marcar el número que ya se había memorizado, que ya ni siquiera tenía que esforzarse por recordar. Al primero tono de marcado, y cuando sintió que contestaban desde el otro lado de la línea, su cuerpo se tensó por completo, incluso llegó a apretar los dientes y la mandíbula, apretando el teléfono. – Charlie. – pronunciar su nombre incluso le parecía algo doloroso de hacer, pero a pesar de eso, volvió a contener la respiración y sostuvo el teléfono con más fuerza, hasta que sus nudillos se pusieron blancos  por la presión, aunque soltó todo en un suspiro contenido cuando escuchó su voz al otro lado de la línea, esbozando una sonrisa quebrada, ligera en un extremo. – Charlie, ¿me escuchas? Hoy es la fiesta de la empresa. ¿Recuerdas? – Le dio el tiempo para contestar, el suficiente para que sus ojos volvieran a la fotografía de su novia, y ese nudo en su garganta le hiciera imposible hablar por unos segundos. – Llegaré tarde a casa, a menos que quieras venir conmigo, como lo hicimos hace dos años… Me gustaría que me acompañaras.

Sabía que podría ser un error, que quizás el menor podría decirle que no. ¿Cómo no dudarlo? Charlie sabría que también estaría Claudia con ellos, que no la dejaría a ella de lado solo porque prefería que también estuviese su hermano acompañándole. Podría aceptar que Charlie se negara a estar con el esa noche, y el resto de las noches de su vida si era el precio que tenía que pagar por lo que había sucedido entre ellos, pero no le costaba nada internarlo, por lo que tosió por lo bajo, chasqueando suave la lengua. – Entiendo que no quieras, pero me gustaría que estuvieses aquí. Sería… una gran oportunidad… Ya sabes, para estar juntos.  
No, en realidad no era una gran oportunidad para hacerlo, no era una buena idea para nada intentar “estar junto” con su hermano menor una reunión con su empresa,  y sin embargo había soltado esas palabras sin poder controlarlas, cerrando los ojos cuando se dio cuenta, apoyando su rostro en su mano. – Sólo avísame  si quieres, y puedes. – Y no esperó a que respondiera mientras colgó la llamada, mirando el teléfono en su mano y la fotografía de su novia en el escritorio. Chaqueó la lengua, alejando la silla de su escritorio para levantarse mientras recogía sus cosas, guardando algunos documentos en su bolso, cerrando su portátil y dejando bajo llave los proyectos en que estaba trabajando, además de unos documentos importantes, saliendo de su oficina luego de unos minutos, encontrándose con algunos compañeros de su trabajo fuera que ya se preparaban para terminar su turno, más temprano de lo habitual por la festividad que iban a celebrar más tarde, un aniversario más de la editorial y un año más en que los negocios iban de maravilla para la empresa. Sonrió con cortesía para algunos de ellos, pero su mente estaba en otro lado, se encontraba perdido en los ojos avellana de cierta persona, en su cabello rebelde, en su cuerpo… Debía detenerse, dejar de hundir sus pensamientos en esos caminos si quería volver a su relación anterior con su hermano, cuando nada había sucedido.
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Re: Dancing without you - Privado-

Mensaje por Charles Bradley el Vie Abr 21, 2017 12:16 am

Con el delantal puesto, no había dejado de mirar el interior del horno en varios minutos. Su jefa no estaba, solo él con su compañera de trabajo. No era un día de mucho trabajo, así que podían bobear un poco mientras trabajan y, en pro de ello, Charlie se daba el momento de perderse en el recuerdo, pero mantenía cierto control… si se iba hasta esa noche, no había forma en que pudiera contener la erección, pues seguía siendo muy joven para saber de eso. Pero junto a ese subidón de calor en su cuerpo, atraía una vergüenza y una tristeza que le destrozaba, poniéndolo a llorar. Así que se había vuelto bueno para pensar en otras cosas, aunque a final del día volvía a la conclusión de que su hermano estaba raro. El menor de los hermanos había hecho un esfuerzo por fingir que nada de eso había pasado, como si se hubiera tratado de un sueño. Pero era obvio que, inclusive en esas circunstancias, era una incomodidad para Cristian, al grado de que fuera incapaz de sostenerle la mirada. Sí, él se avergonzaba. Pero había sido hábil para fingir, para sonreírle como si no fuera real, como si aquella noche jamás hubiese sucedido. Podía intentar tocarlo, bromear como un hermano. Cristian parecía haber perdido por completo esa habilidad. Y Charles se sentía culpable, se creía el único responsable. Después de todo, era él quien lo había deseado con tantas fuerzas que sucedió, ¿no? Era lo único que tenía sentido. Que él lo había atraído. Que él lo había obligado porque… él se lo pidió, que le hiciera el amor. ¿No?

Pegó un salto al punto de casi caer del bando cuando su teléfono en el delantal comenzó a sonar con su canción, “Crazy Stupid Love” de Cheryl. Su celular voló fuera del bolsillo, lo atrapó y lo contestó en el mismo instante, al punto de que apenas sonaría su “¿Diga?” en el que tuvo que fingir total tranquilidad y nada de su alteración. No tuvo la oportunidad de revisar el número en su premura, simplemente lo contestó y fue la voz de su hermano que lo obligó a quedarse quieto como piedra. No quería hablar, eso era cierto. Le parecía que se le rompería la voz, así que se redujo a monosílabos: “Mhm”. Lo hizo dos o tres veces, como un acto reflejo a sus palabras, hasta que hizo su propuesta… Cristian lo invitaba a la fiesta de su oficina y, de alguna forma, eso le alegró mucho. Tanto que le dolió el pecho, mientras la vista se le debilitaba y se sentaba mejor, para escuchar esa voz tan masculina al otro lado de la línea. Tuvo que llevarse la mano libre a los labios, pues sentía que se le saldría el corazón por la boca. En especial cuando dijo “estar juntos”, que sonó tan dulce como caramelo. Y boom, de la nada, su hermano colgó la llamada demostrándole que el único que vivía en esa fantasía era él. Sin embargo, era el primer avistamiento de su hermano en semanas como… venga, su hermano. Así que de alguna forma, decidió que era el momento de solucionarlo todo.

Se presentaría, saludaría con gusto a Claudia y charlaría sobre sus postres con ella, dejaría que su hermano se fuera con sus compañeros mientras él ponía el tema de su relación por delante, iba a dañarse con tal de que Cris pudiera estar tranquilo, iba a hacerse pedazos por dentro. Lo tenía todo visto, todo decidido. Hasta que un mensaje de Alaric saltó en la pantalla de su teléfono y, se dio cuenta, irían a la fiesta de trabajo de su hermano… parpadeó mirando las letras, el guiño anexado al coqueto mensaje, la emoción que eso podría generarle, lo fácilmente que el pelirrojo podría meterse en su corazón y en su cama ahora que el menor de los Bradley estaba resignándose a convertirse en polvo a causa del dolor que causaría con el fin de que Cristian pudiera dejarlo ir, para que pudieran separarse sin remordimientos, para que se hicieran independientes lo más pronto posible. Iba a mencionar la boda, inclusive, con tal de ofrecerle paz y tranquilidad a Cris. Pero el mensaje de Alaric le recordó algo muy importante, la principal razón por la que su hermano no podía irse aun, por la que había decidido quedarse a darle un buen ejemplo que se había deformado aquella noche. La homosexualidad de Charles era un problema tan grande para el mayor, que ni siquiera se había convencido a sí mismo de separarse de su hermano que pronto podría ser una persona autosustentable. Así que abrió el mensaje de ese hermoso espécimen de hombre y le respondió: “Desaparece, por favor”.

Joanna —llamó a su compañera, guardando el teléfono mientras volvía su atención a las galletas que sacaría del horno—. Tú, que estudias y trabajas tanto que no tienes novio… ¿Tienes planes para esta noche? —su amiga, sin dudarlo dos veces, se precipitó a la cocina para mirarlo con incredulidad, a lo que él se centró en no quemarse.

Tú y yo sabemos que eres gay, en especial porque nos gusta derretirnos juntos cuando aparece el “señor bombón”, ¿por qué metes mi soltería en esto? —cuestionó a la defensiva, a lo que el castaño se rió bajo.

Eres muy bonita cuando te arreglas.

Charles Bradley, estás asustándome —declaró la castaña de cabello rizado, de esos alborotados e incontrolables, que tenía que sostener todo su cabello en un moño para sobrevivir y poder trabajar ahí.

¿Crees que podrías hacerme un favor especial? Te ayudaré a escoger qué ponerte y cómo arreglarte, solo tienes que venir a una fiesta conmigo. Puedo prepararte un postre para una fecha especial, el que quieras —los ojos verdes de la chica, cuyo rostro era surcado por unas pecas coquetas, analizaron la veracidad de estas palabras—. Es cosa de mi hermano.

Vale, olvida el postre, esto se vuelve personal cuando se trata del hermano homofóbico. La buena noticia es que no me conoce. Sí se va a creer que me gustas, saliendo nos vamos directo a mi casa —decidió, volviendo al mostrador tras ello.

En ese momento, Joanna no tenía idea, pero estaba siendo más que un salvavidas para Charlie.
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Re: Dancing without you - Privado-

Mensaje por Invitado el Lun Abr 24, 2017 8:41 pm


Su mente comenzaba a no ser ese espacio confiable en el que solía sumergirse cuando los estímulos externos eran molestos. Incluso le sucedía mucho cuando Claudia comenzaba a actuar de manera extraña en algunas de sus conversaciones, que le era necesario recurrir a su mente y a la divagación de sus propias ideas hasta que comenzaba a entender lo que sucedía en la realidad. Ah, Claudia. No había pensado en ella durante todo el día, ni en los últimos días, y ahora sentía que era necesario incluso recordar su nombre, incluso evocar recuerdos sobre ella, la manera en que su cuerpo se sentía junto al suyo, la forma en que encajaban a la perfección, él tan fuerte y ella tan pequeña y frágil. Incluso la manera en que el movimiento de ambos cuerpos cuando tenían sexo parecía ir acorde a lo que ambos sentían por el otro. Se removió incómodo en el ascensor mientras que su mano comenzaba a marcar el número de su novia en el celular. Si, debía llamarla. Desde que se emparejaron y el tiempo que llevaban juntos fue el tiempo en que solía invitarla a esa festividad en particular, y siempre se veían como la pareja formal y espléndida que eran en realidad, todos preguntaban sobre la futura boda que se llevaría a cabo o incluso el tiempo en que planearían tener hijos.

Hijos. Dios maldito, ni siquiera planeaba tener una familia, incluso cuando la relación con Claudia había sido seria en los últimos años. Atendió el teléfono cuando el tono de llamada dio paso a la contestación por el otro lado de la línea, y enseguida ese tono jovial chocó con su propio ánimo, y el típico “Amor, hola” le sacudió como si estuviese enfermo. Tuvo que cerrar su mano alrededor de su propio bolso antes de reaccionar, conteniendo la respiración cuando saludó de vuelta, y se entretuvo en una conversación sin sentido acerca de lo que Claudia había hecho durante el día. – Claudia, sé que sabes la fecha que es hoy. ¿Estás disponible esta noche, verdad? Todos esperan que vayas. – “Todos menos yo”, pero aquellas palabras se las guardó cuando escuchó el entusiasmo en su respuesta, la manera en que ella había accedido enseguida y ya comenzaba a planear la hora en que debía recogerle. Sonrió leve, después de todo ella seguía siendo su novia, seguía siendo importante…Solo que aquella noche no planeaba pasarla con ella en su cama, como había sido el resto de la última semana en que no se habían visto. – Está bien, pasaré por ti a esa hora… Además, Charles irá con nosotros también. Te veré entonces. Te… quiero.

El sabor amargo que sus palabras habían dejado en su boca le sacudió por completo una vez más, pero logró recuperarse a tiempo para salir del reducido espacio a la recepción del edificio y de eso a la calle concurrida de la tarde. London mantenía esa vitalidad después de todo, la misma que le había llamado la atención desde pequeño y que hasta ahora podía seguir valorando. Todavía tenía algo de tiempo muerto antes de matar hasta que fuese la hora para la fiesta, así que planeaba detenerse en casa, saber como estaba Charlie… Hablar con él, quizás. Desde la última vez que lo había hecho, más de los días que realmente quería contar, no había sido precisamente alguien agradable. Se podía decir que la conversación más prolongada que tuvo fue por teléfono cuando le había invitado ese mismo día a la festividad de la editorial… Soltó un suspiro leve cuando dejó sus cosas en el asiento del copiloto y encendió el motor, tomando la vía principal y la más rápida hacia el edificio donde ambos vivían.

Sabía que Charlie no estaría en casa, que estaría en el trabajo a medio tiempo que insistía en mantener, a pesar de su insistencia para que lo dejara y centrara toda su energía en sus estudios. También sabía que faltarían solo un par de horas para que saliera de su turno, y entonces podría pasar a buscarle y llevarle a casa, como pocas veces lo había hecho… Pero eso no quitaba el hecho de que pudiera hacerlo en ese mismo instante, hacerle una visita. Quería verlo. Tomó el desvío más cercano en dirección al lugar de su trabajo, deteniendo el auto en frente del gran ventanal antes de salir del auto, caminar en dirección a la entrada y hacer que aquella campanilla que tanto le molestaba anunciara que había entrado. Se arregló incluso el cabello hacia atrás en esa coleta que solía llevar, y se acomodó los lentes de descanso en el puente de su nariz. – Disculpa que haya aparecido de este modo, Charlie. – Mencionó despacio, amable, incluso cordial y cercano, apoyándose en el mostrador. – Pero quería verte. Hablar contigo. ¿Puedes permitirme unos minutos?  
 
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Re: Dancing without you - Privado-

Mensaje por Charles Bradley el Lun Abr 24, 2017 11:13 pm

Joanna pudo entender de inmediato la situación de su amigo. Sabía que era una cita fingida, así que tendría que poner ojitos con corazones en ellos. No sería difícil de creer si consideraban lo guapo que Charles era, así como el hecho de que ella estudiaba artes y no gastronomía, a diferencia de su amigo. Así que sí, podría actuar a la perfección, era algo que había decidido. Sería la enamorada número uno del castaño. Inclusive, cuando se dio cuenta, estaba frente al espejo intentando acomodarse el cabello para comenzar a planear cómo personificar a la pobre tonta que estaría enamorada de un homosexual. Se levantó el cabello, se lo hizo para atrás, se lo recogió, pero ninguno de los resultados parecía satisfacer su gusto mientras se miraba en el espejo del baño de servicio y, finalmente, suspiró para volver a meter su explosiva cabellera dentro de la malla para alcanzar a Charlie en el mostrador.

Te tardaste —aquejó él, sonriendo con esa dulzura que hace un tiempo había dejado de tener efecto en la chica.

¿Sabes que tengo un cabello rebelde? No sé cómo haré para la fiesta. ¿Es formal?

Te ves linda cuando le pones un poco de crema y lo dejas suelto —respondió él, encogiéndose de hombros—. Tienes un vestido celeste, el del cinturón café. Hace que tus ojos se adapten al color y te ves genial, eso te vendría bien. Tendrás unas zapatillas del mismo color, creo.

¡Oh, buena idea! —exclamó ella, con gusto—. Pero del cabello… ¿En serio luzco linda?

La risa del chico inundó la recepción con una carcajada melodiosa, que atrajo la atención de algunos transeúntes—un par de chicas, en realidad—, que no dudaron para entrar a consumir en el lugar. Siempre era lo mismo, si Charles se parara en la puerta tendrían la repostería llena. Él no parecía homosexual, ni siquiera actuaba como uno. La gente pasaba tiempo antes de comprender que a él no le gustaban las chicas y, aun así, se quedaban incrédulos. Se quedaron aún unos minutos, charlando sobre cómo se iría arreglado cada uno. Él se pondría un pantalón negro, con una camisa azul celeste y un suéter café, tan solo para a juego con su cita porque… sí, era gay. Se rieron un poco por la broma mientras atendían a sus clientes y, cuando el local se quedó vacío, se sentaron a charlar detrás del mostrador. Inclusive comieron un par de galletas que Charles había horneado, mientras la poca delicadeza de su amiga le ayudaba a husmear más sobre el hermano mayor del castaño. Fue entonces cuando la campana de la puerta sonó y ambos giraron, encontrándose sorprendidos. Joanna no lo conocía, pero sí que se encontró a un hombre apuesto, alto y de aspecto varonil. El menor de los Bradley parpadeó sorprendido, con el trozo de galleta en la boca, mientras su compañera se giraba a mirarlo y, bueno, Charles se tragó todo lo que tenía de una sola vez.

Cristian —dijo casi ahogándose, para beber un poco de agua de su vaso y pasar mejor el bocado mal pasado—. Ah, sí… emh, ella es Joanna —ella siempre había estado en la cocina, por eso no la conocía—. Joanna, él es mi hermano, Cristian.

Oh —dijo ella, sorprendida mientras se limpiaba la mano en el delantal, para extenderle la diestra en un saludo—. Mucho gusto, soy Joanna.

He salido un par de veces con Joanna, como amigos —continuó el chico, a lo que su amiga lo miró tranquila, aunque un poco ruborizada por el mayor de los hermanos—. Espero que no te moleste, pero le pedí que me acompañara a la fiesta de hoy. Sé que es un asunto de tu oficina, pero la última vez estaba que me moría del aburrimiento y, bueno, la buena noticia es que tendré a alguien para hacerme compañía, ¿no lo crees? Además, es una chica guapa, solo que nos encontraste medio ocultos bajo harina y gorros de red y delantal y… —estaba nervioso, era obvio.

Y es nuestra primera cita —rompió la chica, con una sonrisa radiante—. ¿Verdad, Charlie? Pero no importa, ve con tu hermano. ¿Por qué no aprovechas el baño de caballeros? Así, si llega la dueña no se molestará de que tengas visitas.

Cierto —dijo él. Joanna le sonrió amplio, antes de tocarle el brazo sutilmente, en un gesto coqueto que impresionó algo al menor de los hermanos—. Disculpa, Cristian. Sígueme, está por acá —señaló, mientras se quitaba el gorro y el delantal, dejándolos detrás del mostrador para pasar a guiar a su hermano mayor—. Perdona lo repentino de esto, ya tenía la cita programada y no quise cancelarla —mencionó mientras pasaban al baño—, espero que no sea un problema. Si lo es, entonces mejor la llevo a cenar —le sonrió amplio, mientras entraba y se recargaba contra el lavamanos—. Ah, ¿qué era tan importante?
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