Buenos presagios: De cacería [Priv.]

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Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Mar Abr 25, 2017 2:09 pm






Luna llena en las alturas, un buen presagio de una noche de aventura. El buen Ren había pasado los últimos días demasiado relajado ahí sumido en la guarida que había llamado casa, aunque únicamente fuera aun lugar dónde pasar la noche o dónde llegar a dormir. No había querido hacerse de un lugar propio por creer que solamente estaba de paso en la ciudad y que tarde que temprano se marcharía. No valía la pena entonces invertir en un inmueble que no ocuparía. Al punto de aburrición, el hombre sacó de entre sus pocas pertenecias, su equipo de cacería: la típica gabardina que colgaba más abajo de las rodillas, un par de armas de fuego a los costados y una espada inglesa que colgaba a espaldas bajo la gabardina para que no llamase demasiado la atención. Por último, el toque final de un par de guantes que le librasen de dejar huella alguna en caso de que tuviera la fortuna de toparse con un Van Helsing en el camino.

Su principal objetivo al salir a las calles a mitad de la noche cumplía dos funciones, diversión y limpieza. Si no era tan afortunado de toparse con algún licántropo o caza-vampiros, entonces aprovecharía para ejecutar algún acto de justicia en caso de que viera alguno. El propósito seguía siendo el mismo, romper la rutina, ejercitar los músculos y de paso limpiar la ciudad de la escoria que la policía no conseguía someter. Por su puesto, esto último era sólo en caso de no encontrar algo mejor que hacer. Y debía hacer algo si no quería que su obligada estancia en New London terminara destrozándole los nervios.

Saltó un par de veces sobre los edificios, fue ahí, desde uno alto casi a las afueras de la ciudad que contempló la gran circunferencia de una luna plateada alzándose majestuosa en medio de una despejada noche, iluminando aún más que aquellas luces artificiales a la gran ciudad. Tenía buenas expectativas sobre lo que haría aquella noche, y planeaba sacarle el mayor jugo posible. Animado por las perspectivas retomó el  paso saltando de edificio en edificio casi cual si volara, en busca un blanco divertido que acaparar.

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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Mar Abr 25, 2017 7:58 pm


De cacería

Lugares varios ~ Noche ~ Ren Schlierenzauer
             

Una larga caminata le esperaba por delante a la fémina de elegante forma al caminar que resaltaba su curvilínea figura con el contonear de sus caderas las cuales llevaban un grácil ritmo al andar. Aquella noche regresaba del negocio que había emprendido por cuenta propia en aquella ciudad, el dinero no le faltaba pero ganar el propio le daba una razón más para enorgullecerse de sí misma. Tanto más cuando el mismo parecía prosperar con el paso del tiempo. ¿De qué se trataba dicho negocio? No venía al caso en aquel momento que la mujer de rubios cabellos se liberaba un poco del trabajo, optando por regresar a casa caminando en lugar de usar algún transporte más convencional el cual en raras ocasiones usaba, pues, en noches como aquella prefería disfrutar del fresco que el viento arrastraba desde el mar que bañaba completamente las costas de la isla. Además de que le brindaba oportunidades insospechadas para asaltar a una damisela indefensa que caminara sola por desconocidas razones sobre las calles oscuras a tan altas horas de la noche. O bien, si la reina fortuna le sonreía, podía tratarse de algún joven buen mozo que le brindase algo más de diversión. Como fuera, era el deleite y las ocasiones que Dana aprovechaba para disfrutar de tener la dicha de haber nacido como una hija de la noche.

Más después de varios cientos de metros recorridos, nada interesante había cruzado ante sus ojos claros, nada que pudiese cautivar su atención tanto como para tomarse la molestia de emplear las energías que le restaban. De manera que, escatimó que si nada motivante aparecía, sencillamente llegaría a su residencia a descansar después de una jornada de trabajo.

Pero aquella llamada reina suerte se traía algo más entre manos, y no dejaría que la nosferatu tuviese un final del día, o principio según se le viera, tan tranquilo como ya vaticinara la fémina. Apenas como una sombra creada por un rápido parpadeo, Dana alcanzó a ver la silueta oscura de una persona que había surcado el callejón aledaño, lo curioso de aquello era que no había sido precisamente por el suelo, sino por la azotea, como si de un gato de se tratara solo que de mayores proporciones. ¿Valdría la pena echar un vistazo más de cerca? No lo creyó así la austriaca de primera instancia, pero después de que la presencia ajena se hizo más fuerte, Dana supo que era tiempo de mostrarle modales a cualquiera que fuera quién se encontraba merodeando su camino. Bastaron solo dos pares de movimientos ayudada por su levitas, uno para esconderse bajo el cobijo de las sombras, otro para rodear el edificio sobre el que había avistado aquella "sombra", un tercero para impulsarse sobre las paredes de la construcción de forma ascendente, y un último para al fin con certeza, caer de pie a espaldas de la persona que sospechaba, la venia observando hacia varios metros atrás.

Para su grata sorpresa, nuevamente la diosa fortuna le devolvia la sonrisa, pues se trataba de un joven alto bien parecido que hasta ese momento no había advertido de su presencia, pues su rostro lucia concentrado en otro lugar ¿quizá buscándola a ella? Bueno, Dana estaba a punto de averiguarlo...

Por tu bien, espero que tengas tan buen sabor como atractivo eres —dijo divertida con el tono de voz suficientemente alto para que él joven unos metros frente a ella pudiera escucharla. A su juicio, aquel hombre había cometido el peor error de su vida, cruzarse en el camino de Dana. Más, si resultaba del agrado de la rubia ese error tenía una segunda opción —. Incluso podría… dejarte vivir un día más —sonrió con malicia para en el acto arrojársele encima.




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Vie Abr 28, 2017 3:38 pm




Aquella noche parecía ir mejorando conforme avanzaban las horas, poniéndome de mucho mejor ánimo del que habría podido imaginar. Surqué el espacio ayudado por las construcciones,  estructuras y edificios. Era  bastante sencillo moverse de aquel modo en la ciudad sin tener que bajar a tierra. Les había seguido el rastro por algunos pocos metros, pero ya mi olfato me decía que nada bueno se traían entre manos. Su misma expresión corporal los delataba incluso a lo lejos y aun si aprovechaban la penumbra de las sombras, era muy fácilmente de determinar aquello. No paso mucho tiempo antes de que me diera cuenta de la razón que perseguían.

Detuve abruptamente la marcha poniéndome de pie al borde de un edificio alto, a mis ojos se les habían escapado las figuras que perseguía.  Había bastado únicamente un momento para que las cosas cambiaran drásticamente y desaparecieran casi de inmediato del panorama. Sospeche estaban a punto de llevar a cabo sus planes. Pero con su presencia fuera del radar, sólo me quedaba aguzar mis sentidos del olfato y oído para tratar de descubrir su escondite. Era precisamente aquello lo que hacía cuando percibí la llegada de una segunda persona, aun antes de que su voz llegará a mis oídos.

No hubo tiempo de una respuesta pues tan pronto estuve a punto de girarme para ver el rostro de quien osaba dirigirse a mi persona, vi su cuerpo lanzarse en mi contra con asombrosa velocidad. Una que iba más allá de la de un simple humano. Con alguna dificultad pero justo a tiempo pude desviar sus primeros ataques, inclusive un puño que se dirigía directo a mi rostro, pero que llevaba impresa la suficiente fuerza como para hacerme caer de espaldas al suelo. Para mi sorpresa, se trataba de una mujer, y a lo que veía,  era una de la cual tenerse cuidado no sólo por su fuerza sino por la determinación con la que hacía sus ataques certeros.

¿Dejarme vivir otro día?... —dije retóricamente replanteando su comentario. En tanto forcejeabamos,  yo trataba de evitar que la fémina tuviera acceso a cualquier parte vital de mi cuerpo, que parecía ser el cuello en el que se empecinada a llegar. Aquello me supuso una idea de la razón por la que no tenía la fuerza común de un humano, porque no era uno de ellos—Lo siento querida —comenté con una leve sonrisa, quizá porque me hacía gracia que está mujer pretendiera hacer de alguien como yo, su presa —, me temo que no he de darle esa satisfacción ni hoy ni nunca — al terminar de decir aquello, con la fuerza reunida concentrada en ambos brazos, conseguí arrojar el cuerpo de la fémina que yacía sobre el mio. Liberándome del peso del mismo, recuperando mi libertad y movilidad.

Y te garantizo que tengo un muy buen sabor. Hasta ahora ninguna dama se a quejado — fanfarroneé divertido una vez que me puse en pie, de frente a ella, de igual a igual. Con una ráfaga de viento que ondeo la parte baja de la gabardina, una sensación intensa pues me encontraba muy cercano al borde del edificio—. Pero si insistes. ¡Ven! Verás que a ti también te va a gustar —continue con con mi juego incitandola nuevamente a avanzar.

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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Mar Mayo 02, 2017 2:00 pm


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Lugares varios ~ Noche ~ Ren Schlierenzauer
             

Afiló los sentidos cuando se dio cuenta de que su posible presa no había resultado del todo fácil de atrapar. Hasta ahora solo en pocas ocasiones había calculado mal eligiendo una presa equivocada. Y el varón que tenia delate de sí ya había dado muestras de tener habilidades en el combate cuerpo a cuerpo, evadiendo los esfuerzos de la vampiresa por acceder a la delicada parte de su cuello, así como el impulso con el que se había deshecho de ella arrojándola hacia a tras con relativa facilidad. ¿Se trataba de un humano? No, la fémina de azulados iris dudaba que se tratará de alguien tan débil como un humano por la fuerza que había mostrado. Luego entonces debía tratarse de una raza por encima de aquellos.

Se sacudió las prendas tan pronto había sido rechazada por el hombre, mostrándose indiferente al hecho de que había fallado su primer ataque quedando solamente en el intento. Después se limito únicamente a escucharle mientras que la voz masculina rebatía los anteriores comentarios de la rubia como en forma de burla. Eso la hizo enfadar, no le era sencillo de aceptar que había fallado debido a su carácter orgulloso, caprichoso, acostumbrada a siempre obtener lo que deseaba como si fuera ley de vida. No obstante y sin perder los estribos intentó sacar provecho de lo ocurrido viéndolo como un reto el cual debía superar. La misma actitud del sujeto así se lo demandaba. La victoria es más deliciosa cuanto mayor esfuerzo se ha puesto en obtenerla. De manera que ahora ya no importaba si ese hombre delante suyo se trataba de un demonio o un mismo ángel, igual tomaría de él lo que había venido a buscar y no daría un paso atrás en su determinación topara con lo que topara, pues ahora era por determinación y capricho propio que lo haría, y lo conseguiría. Pues cuánto más difícil se pusieran las cosas, más personal se volvía el asunto para ella.

Mi satisfacción no depende de ti “querido” — pronunció aquella última palabra de forma burlesca imitando la expresión que usará el muchacho en un claro intento por fastidiarlo— . Pero recuerda que para todo hay una primera vez. Y me reservo el derecho de opinar hasta no haberlo corroborado por mi propia cuenta  —agregó clavando sus orbes azules en la figura contraria con absoluta determinación y confianza en lo que decía. Pasando el dedo pulgar de la diestra por debajo del labio inferior—. Así que, ya que tan gentilmente lo ofreces… ¡Te tomo la palabra!.

Al momento volvió a arrojarse contra aquel, esta vez con el cuidado de no perderlo de vista asi como a los movimientos de sus manos. Cuando sus cuerpos estuvieron listos a colisionar, en un último momento la nosferatu detuvo la embestida de golpe frente al joven quien, era considerablemente alto. Cruzaron miradas por un instante, instante en que la rubia le regalo una cínica sonrisa al tiempo que sus ojos de vampiro centellaron un color dorado. En un parpadeo, Dana ya se encontraba justo a espaldas del hombre, más con el pequeño detalle de hallarse suspendida en el aire fuera de la seguridad de la azotea del edificio.

Jaque Mate — dijo en tono normal sintiéndose vencedora de nueva cuenta. Atribuyéndose una victoria más en la lista de su historia.

Pegándose cual sanguijuela tras la espalda del varón, se agarró con fuerza a él por sobre los hombros mientras sus piernas lo abrazaban por la cintura limitando los movimientos del contrario. Mientras abriendo los labios dejaba salir a la luz dos pares de colmillos blancos de marfil, filosos y puntiagudos dispuestos a penetrar la suave piel de su nueva víctima. Dispuestos a comprobar por sí mismos las afirmaciones previamente hechas por el hombre. Una prueba que tendría que darse prisa en realizar pues los forcejeos amenazaban con sacar volando otras vez el cuerpo de la vampiresa que continuaba a ferrada al cuerpo varonil el cual no atinaba a descifrar su origen. Pero siendo tan fuerte como se sentía,  la oportunidad era ahora, o nunca.



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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Vie Mayo 05, 2017 2:17 pm




Era mi primera impresión sobre ella, y ya la veía como una mujer arrogante y devoradora, literalmente. Había un aire en su presencia y manera de hablar que me decía que debía tener cuidado con ella. ¿Valiente? Tal vez, pero impetuosa y no muy precavida. Por regla general me nacía tener cierta "delicadeza" con las mujeres, con algunas excepciones, pero supe que con esta debía ser más contundente ya que en sus ojos se veía una verdadera resolución por hacer conmigo aquello que sólo en su cabeza retorcida había ya planeado con antelación. Aunque si lo veía por otra parte, al mismo tiempo me pareció divertido ver a alguien que no temía medir sus fuerzas conmigo. Sobre todo tratándose de una chica linda de cabellos rubios que se alzaba con imponencia como reina sobre la noche.

Lo que pude percibir en base a mi observación, aunque era más que evidente, fue aquella velocidad con la que la silueta curvilínea se movía entre las sombras de la noche, tanto que en un momento estaba frente a mi, y al siguiente en la retaguardia. Eso me fue dando una idea de qué  clase de ser nocturno era ella. Todo quedo clarificado cuando sentí un dolor punzocortante sobre el cuello. Frunci las cejas cuando sus colmillos fueron encajados en mis carnes. ¡Un vampiro!, no había ya ninguna duda. Estaba yendo más allá de un simple juego, y aunque particularmente lo encontraba entretenido, comenzaba a parecerme más un acto demasiado atrevido para mi gusto y uno que comenzó a despertar en mi el orgullo dormitando.

Después de solo uno o dos segundos después de la mordida, doble el cuerpo hacia adelante con fuerza, más de la que acostumbraba a emplear para tratar de sacarmela de encima nuevamente arrojando su  cuerpo contra el suelo, siendo un vampiro como estaba seguro que ella lo era, aquel golpe no debía suponerle un mayor daño.
— ¿ Y bien? ¿Te gustó?  — le pregunté sosteniendo su mano derecha, aquella con la que se había sujetado a mis hombros, mientras su cuerpo quedaba tendido sobre el piso de la azotea. Quería que tuviera bien claro que aquel incidente no había sido mérito de ella, sino, más bien, que había sido yo conscientemente quien le había permitido robar un poco de mi propio líquido vital.

— No sabes quién soy, no quieras pasarte de lista conmigo, vampiro recalqué inclinandome un poco para aproximar mi rostro al dorso de su mano sujetada por la mía. Aspirando su perfume de vampiresa, deleitándome en el mismo —. Ahora soy yo, el que va probar tu sabor—la mire directo a los ojos intercambiando miradas. Si ella lo había hecho, no veía por qué no podía hacerlo yo. Además,  ya iba siendo hora de enseñarle modales a esa niña caprichosa.

Le sonreí con malicia, separando los labios a punto de morder la muñeca de su mano sujetada por la mía,  justo por donde una vena importante cruzaba su piel blanca. Pero había otro detalle que no podía dejar de lado, y un vistazo a los alrededores me lo recordó.— Vayamos a un lugar mas privado— dije jalandola por el brazo obligándole a incorporarse cuando advertí que no había tiempo para esperar ahí un minuto más —. Ahora vendrás conmigo quieras o no.

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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Lun Mayo 08, 2017 11:01 am


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Comenzaba a tener sentimientos contradictorios con respecto a la presente situación, primero, le congraciaba tener un oponente que le opusiera resistencia y “se defendiera” sin importarle que lo hiciera contra una mujer. Sin embargo, parecía que le sobrepasaba un poco más el orgullo y ese incipiente ardor que brotaba desde algún rincón entre el estómago y el corazón como una ligera punzaba que iba cobrando poco a poco más fuerza y que le desagradaba en gran manera. En otras palabras, aquel sujeto estaba consiguiendo algo que no muchos hacían, herir el orgullo de la vampiresa y eso no era en definitiva, nada bueno para él.

Apenas había conseguido drenar algunas gotas de sangre del varón, lo suficiente como encontrarle algún sabor el cual no encontró diferente al resto de de la sangre que había bebido en otras víctimas. Lo único en sí que había adquirido en información gracias a esa ínfima prueba era comprobar que se trataba de un hombre completamente sano y fuerte, más nada sobresaliente digno de mencionar. No fue posible que su paladar se permitiera degustar un poco más puesto que su cuerpo liviano fue arrojado con facilidad al suelo causándole un moderado dolor debido al impacto sacudiendo con ello también sus ideas. Permaneció así, tendida sobre el suelo mientras el dolor de a poco se desvanecía, frunciendo el entrecejo durante el proceso. Lentamente fue abriendo los ojos con la visión desenfocada que poco a poco fue distinguiendo nítidamente la imagen del rubio de pie justo a un lado de la cabeza de la vampiresa, con la mano de la misma sujetada por él. Le miró con desprecio y rencor no solo por el golpe sino también por sus palabras, no concebía que un ser inferior se dirigiera a ella en términos tan coloquiales y sin la deferencia que le debía. Con la posición en que se encontraba frente a su ahora oponente, poco a poco la diversión iba tornándose en una auténtica competencia por demostrar quién era el mejor. Y Dana como siempre, no estaba dispuesta a perder. La idea ni siquiera cruzaba por su cabeza pero sabía que debía hacerse de un buen plan y de inmediato.

Debo decir que no está mal —respondió desde su posición mirándole hacia arriba, tratando de contener la indignación albergada con estoicismo. Todavía aún después de escucharle llamarla “vampiro” con aquel tono despectivo que tanto detestaba.

Más no fue capaz de decir nada porque sus ojos se centraron en los labios de aquel aproximándose lentamente a la fina piel de porcelana de su mano delgada. Perturbada ante las preguntas sobre el origen de aquel ser con el cual Dana se había ido a meter. ¿Un licántropo? ¿Un ghoul? ¿Otro… vampiro? ¿En verdad planeaba devorarla?. No sabía fiarse de su olfato como tratar de identificar al desconocido, pero no esperaría a averiguarlo. A punto estuvo de sacar las dagas en sus uñas para clavarlas en el rostro del hombre, cuando fue aquel mismo quien le concedió una libertad aunque breve.

¡¿Q-Qué?!... —tartamudeó ante la nueva “sugerencia” del otro— ¡¿De qué demonios hablas?!... Por supuesto que no iré a ningún lado contigo —vociferó mientras trataba de liberar su mano que el otro aprisionaba con fuerza— Soy una dama y usted caballero, está siendo demasiado descortés —era un comentario irónico, pues seguía en su empeño por no evidenciar la ira que comenzaba a inundar su persona al tiempo que buscaba conservar la tranquilidad, pues ella misma sabia que perder la calma conllevaba a reaccionar con imprudencia., lo cual no era nada conveniente especialmente ante un total y peligroso desconocido

Pero ninguna queja era válida pues el rubio tirando de su mano realmente parecía querer obligarla a seguirle a donde quiera que hubiera ideado.  Estaba cometiendo un error aun peor que el primero. Para la rubia el juego acababa de terminar y era hora de poner las cosas serias. Intentó una última vez liberar su mano aprisionada y al notar que “por las buenas” sería prácticamente imposible, utilizó la mano libre para tirar un golpe directo al cuerpo del varón, a la altura del  pecho, empleando las dagas naturales de su mano para conseguir rasgarle las prendas pero sin estar segura de haberle causado un daño a su cuerpo. Aquel solo acto fue el suficiente para lograr que su otra mano fuera liberada brindándole la oportunidad a la vampiresa de alejarse para buscar una zona de seguridad poniendo tierra de por medio. Pero estaba sobre la azotea de un edificio, fácilmente y con ayuda de su levitas podía saltar de un edificio a otro, pero no era lo que la fémina tenía planeado en esos momentos por lo que su última elección, al borde del vació, fue arrojarse abajo a tierra aun si la altura era mayor a los quince metros de altura. No se trataba de una huida, no, no era así. Solo buscaba una nueva táctica y posición desde la cual contra-atacar y terminar de una buena vez aquel asalto que ella misma había iniciado. Y no estaría conforme hasta liquidar el asunto.

Sígueme, si crees que puedes hacerlo —dijo antes de saltar al espacio regalándole una sonrisa altanera, con aquellos cabellos dorados agitados por el viendo proveniente del vació bajo sus pies.




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Miér Mayo 10, 2017 2:39 pm




Era una muchacha demasiado testaruda y no me sorprendió la reacción tras mis palabras, previendo aquello era el motivo por el que precisamente le había hablado en tono imperativo. Pero ni con eso parecía entrar en razón y ni siquiera darse cuenta de la verdadera situación en la que ambos nos encontrábamos.  Ella por 'poco inteligente', y yo por asomar las narices donde no debía. No quedaba más remedio que seguir el juego, ya no podía seguir mi camino como si no me importará aquello que iba tras la femenina.

—  ¡Espera! ¡No saltes por ahí!— llamé con fuerza, pero debía adivinar que poco le importaría a la rubia, quien con sonrisa socarrona parecía más bien divertirse con mi advertencia.

Corrí prontamente hasta la orilla del edificio para contemplar cómo su cuerpo esbelto y liviando caía varios metros hacia abajo. Chasque los dientes maldiciendo la hora en que creí que algo bueno podía hacer por esa impertinente. Estaba claro ahora que no siempre se escogen bien las  batallas y no toda alma ingenua que camina por ahí con acechadores tras de sí, vale la pena ayudar— !Maldita sea! —esta vez si estaba molesto, pero conmigo mismo por imbécil — Espero que con esto aprendas la lección, Ren —dije para mí a modo de censura, debía grabar muy bien la ocasión así como los presentes sentimientos para recordarlos cada vez que quisiera hacer mi obra de caridad en futuras ocasiones.

— Mil veces habría preferido tener que lidiar con un Van Helsing — me queje incorporándome al borde del edificio aun con la mirada puesta en la figura de la fémina —. Bueno, ni qué  remedio. Aquí vamos — suspiré con resignación.

Dando un paso hacia adelante deje caer el peso de mi cuerpo en pos de la vampiresa que ya me adelantaba algunos metros. Pero como mi cuerpo era más pesado sólo necesite una ayuda extra para aproximarme con velocidad. Al caer a tierra corrí siguiendo las huellas de la muchacha quien hacía gala de su velocidad de vampiro incrementada,  sólo mis sentidos afilados pudieron seguir a detalle sus movimientos veloces mientras su figura se perdía a segundos cubierta bajo la protección de las sombras causadas por la noche. Sabía que no habría poder para hacerla recapacitar, lo que me llevaba a necesariamente tener que utilizar la fuerza bruta para ayudarla, con su consentimiento o sin él. En ese preciso momento la vi dirigirse a lo que parecía una fábrica abandonada, el peor sitio para hacerlo su "patio de juegos".
— ¡Abajo!—volví a exclamar con la total indiferencia de ella ante mi llamado.
A fuerza de voluntad conseguí impulsarme contra una pared para cobrar velocidad y poder darle alcance, colisionando el peso de mi cuerpo contra el suyo, por detrás de su espalda y llevándola a tierra con la propia inercia de la fuerza, dando algunas pocas vueltas sobre el suelo antes de detenernos. Tan pronto sentí que volvía a forcejear, la sujete con más fuerza, con el brazo izquierdo y ayudándome incluso de las piernas con el fin de someterla debido a la fuerza que ella misma imprimía en sus movimientos, mientras mi mano derecha fue empleada en cubrir su boca para evitar que sus lloriqueos delataran nuestra posición.

— Guarda silencio — le musité fijando las orbes verdes sobre las celestes de ella, con las cejas fruncidas para darle fuerza a mis palabras. Ya era suficiente de juegos y tenía que obligarla a entender lo precario de su situación  de una buena vez.

Cuando creí haber captado su atención, sintiendo que su mirada aun sin decir nada, ya me fulminaba, hice un movimiento con la cabeza señalando una de las ventanas superiores sobre la cual algunos rayos de luz de luna dejaron ver la sombra a contra luz de un ser que no tenía exactamente forma humana. Se movía con sigilo y aunque su torso era como de hombre, la forma de su cabeza lo delataba como un ser sobrenatural, un licántropo.  Y no estaba solo.

— ¿Qué? ¿Acaso no te habías dado  cuenta? —pregunté algo burlesco, pues al parecer la chica jamás se percató de que todo este tiempo lo único que había estado tratando de hacer,  era de protegerla — No habrás creído que todo era por tu linda cara, ¿o sí?— aproveche mi posición para fastidiar.

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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Dom Mayo 14, 2017 2:10 pm


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Todo parecía suceder con demasiada brevedad a los ojos claros de la vampiresa, hacia tantas noches que no ocurría una situación tan inusual  como la presente. Era caótica y fuera de sí,  casi como si en esos mismos momentos se encontrará corriendo sobre la nada justo en medio de un sueño, sumida en un letargo sin poder diferencialo de la realidad. Había creído que podía exceder la diversión volviendo las cosas contra el hombre que se empeñaba en perseguirla sin reconocer cuán crucial era su condición en manos de una joven, inexperta y osada nosferatu quien no conocía la palabra "límites', ni nada relacionada con ellos, al menos no fuera del propio significado que ella misma le daba en su diccionario personalizado. En la oscuridad de la noche solo atisbada por los los rayos de luna cuyo punto más alto iluminaba aun mas los oscuros rincones de la ciudad, la fémina creyó divertido usar la amplia galería de edificios y construcciones como instrumentos con los cuales hacerle pasar un rato poco agradable al varón quien,  aun se empeñaba en correr tras ella. Dibujo una sonrisa satisfactoria en sus labios carmesí al notar como el hombre le seguía los pasos no muy por detrás, segura estaba que no tardaría en perder el ritmo al ser ella más veloz y resistente. Pero el esfuerzo que el rubio ponía era suficiente para permitirle jugar un poco más con él, en inclusive, darle algún  crédito al menos por intentar. El plan era sencillo, perder al sujeto en la fabrica abandonada y de nuevo conseguir un punto alto desde el cual ella pudiera seguir libremente sus movimientos sin que aquel se percatase. Después... bueno, ya vería que se le ocurriría después.

Pero como se estaba haciendo un mal hábito aquellas últimas horas, el plan no salio como lo ideado pues nada mas mirar por sobre su hombro, vio la figura del hombre de gabardina lanzándose contra su propio cuerpo, «¿Pero qué  demonios cree que hace?» mascullo sintiendo que ni velocidad y agilidad de pies serían suficientes para evitar el contacto. Tenía razón. El joven era kilo por kilo más pesado que el cuerpo de ella quien a pesar de sus dotes propios del linaje linaje puro que la naturaleza le había dado como criatura sobrenatural, aun seguía teniendo las formas delicadas de una mujer. Así ambos  cuerpos fueron a rodar sobre el suelo unos cuantos metros hasta que unos contenedores de basura terminaron por detener el trayecto.

¿Tienes muchas agallas o solamente eres estúpido? — reclamó sumamente descontenta por la carencia de modales por parte del varón. Aquel juego era toda una serie de altibajos donde no todo estaba resultando en diversión. Si bien había estado midiendo su fuerza para prolongar el jugueteo, comenzaba a cansarse y a perder los estribos, y no precisamente por los actos toscos del rubio, más bien era por sentir que las acciones se le escapaban de las manos a ella, acostumbrada a hacer las cosas a su antojo. Buscó librarse usando manos y piernas, no sería difícil si aquel hombre se tratará de un simple humano, pero era obvio que debía de tratarse de alguien más pues no con mucha dificultad logro poner a la dama bajo control empleando únicamente la fuerza de sus extremidades al grado inclusive de taparle la boca con la grande palma de su mano, incapacitandola para hablar. Pero había aun último recurso que bien podía utilizar en una situación de emergencia, no lo usaria por tratarse de un truco de vampiresa sino por ser la táctica preferida de cualquier mujer en "peligro"; golpear la zona baja justo en su entrepierna. Pero hasta en eso fallo la desgraciada Dana quien con indignación vio truncadas todas sus posibilidades de  liberarse. Su ceño fruncido y los ojos cambiantes a otra tonalidad debían decirle al hombre que estaba en serios problemas tan pronto la fémina consiguiese soltarse de su amague. Pero fue un único movimiento de cabeza que hizo a la rubia cambiar completamente el semblante, los ojos verdes del contrario guiaron los azules de ella hacia uno de los pisos altos de la fábrica a oscuras donde una figura tosca se traslucia a través vez de una de las ventanas rotas y sucias...

De pronto sintió como toda aquella adrenalina disparada a mil, descendía drásticamente hasta cero, tal como su temperatura corporal de por sí baja.

¡Lycans! —susurró una vez que sintió que la mano del rubio disminuía la presión sobre sus labios. No lo esperaba, estaba un tanto sorprendida al no haber sido capaz de percibir su presencia al enfocar sus sentidos en su desavenencia con el varón del cual hasta el momento no sabia siquiera el nombre. Una vez actualizada respecto a las presentes situaciones, volvió la serenidad a su jovial rostro al tiempo que poco a poco sentía como el amarre del rubio la liberaba regresando el torrente sanguíneo a su ritmo normal de circulación. Le basto solo un par de empujones para deshacerse de él y terminar de liberar su cuerpo poniéndose en pie.

¿ Y acaso es que he pedido tu ayuda? —cuestionó en forma de reproche, orgullosa como nadie mientras se sacudía las ropas y acomodaba los bucles de sus dorados cabellos — Deja que arregle mis asuntos y no te metas en ellos... ¡sangre impura!— dijo con desdén pensando que sus propias habilidades bastaban para enfrentarse a ese licántropo inmundo y grotesco sin tener que depender de un desconocido hombre que seguramente no sería más que un pobre diablo —. Soy un vampiro varacolaci —decía orgullosa alzándose erguida—. Mira y observa a tu señora limpiar el piso con ese lycan. Solo quítate y no estorbes, que ya volveré a terminar nuestro asunto —sentenció con firmeza y con absoluta determinación en sus palabras, disponiéndose a lanzarse a la ofensiva pues consideraba una auténtica vergüenza haber estado siendo obligada a esconderse por culpa de aquel hombre quien de repente parecía haber creído que le hacía un favor. ¡Reverenda osadía!

Con su levitas cruzó de un golpe el cristal que salió volando en pequeños trozos hacia todas partes, llevándose por inercia también el cuerpo del mitad lobo y arrastrandolo con ella hacia algunos metros abajo donde al contacto con el suelo, Dana se aseguró de caer sobre el cuerpo del licántropo que fungió como amortiguador. Con la mano en su garganta y las "garras" a punto de ensartarse en el mismo, la mujer le miró triunfante. Nunca una victoria había resultado tan sencilla.

Cazador, cazado —sonrió con ironía—. Hoy no es tu día —los ojos le brillaron con ese tono llamativo mientras sus labios esbozaban una sonrisa siniestra. Solamente ella misma habría sabido con exactitud las ideas que tenia planeado llevar a cabo para con esa pobre alma que había tenido la desgracia de caer en sus manos.

Más nuevamente, el destino se empeñaba en hacer de la vampiresa un objeto de entretenimiento, y antes de que pudiera clavar las uñas en el cuello peludo del licántropo,  de entre la oscuridad del lugar varios pares de ojos rojos centellaron para después dar paso a varias figuras de licántropos que se acercaban amenazantes, rodeando las figuras de su compañero caído, y a la vampiresa.




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Vie Mayo 19, 2017 4:45 pm

"¡Joder! Y pensar que tengo que proteger a esta mocosa irreverente", las maldiciones no terminaban y mucho menos los sentimientos de remordimiento. Pero la fiesta se ponía aun mejor y yo mismo no me imaginaba en otro sitio que no fuera el presente... noche romántica de luna llena, una hermosa pero arrogante rubia, yo... y los licantropos. La escena perfecta de cualquier escena épica.  Aspire profundamente cuando una ráfaga de viento trajo a mi olfato el suave perfume de la rubia, y junto con su aroma, el de las bestias transmutadas a flor de piel y que como sabuesos hambrientos estaban por hacer de la vampiresa un delicioso hueso que roer.

El primer impulso fue saltar en medio de aquel círculo que habían formado las criaturas en derredor de la rubia y soltar golpes en cualquier dirección, pero supe bien contenerme, ella había dicho que no me entrometiera porque  me mostraría cómo barrer el piso con ellos. Bueno pues, ahí permanecí semi oculto apoyándome de costado contra una de las columnas que sostenían el edificio, cruzado de brazos y a decir verdad, con una sonrisa maliciosa muy dispuesto a observar qué hacia ahora la altanera vampiresa rodeada de uno de sus peores enemigos. Grabaría la escena en mi memoria para recordarle detalle a detalle la tragedia de su naufragio. Eran a lo sumo unos ocho lobos quienes crujían los dientes soltando unos gruñidos. Los ojos rojos brillaban en la oscuridad haciéndolos parecer todavía más fieros. Incluso para mí que me encontraba especialmente equipado con el equipo de cacería que lo conformaba una espada inglesa y dos armas de fuego ocultas entre mi ropaje, me resultaría difícil hacer frente a ocho licantropos a la vez cuidando de no recibir una mordida fatal. Me preguntaba ¿qué haría ella solo con sus manos y dientes?. Resultaba imposible creer que pudiera salir ilesa de la situación, con todo no me importaría y esperaría a ver cómo transcurrían las cosas.

Debía estar sorprendida pero su rostro no dejaba ver esa faceta, parecía que su orgullo iba aun mas allá de lo que previamente yo había imaginado. — Varacolaci—dije en voz muy baja recordando lo que ella había dicho. Aquel era un clan bien conocido por cualquier vampiro de estirpe antigua, de las familias más antiguas del pasado remoto de nuestra raza, que al pasar del tiempo, había visto declinar sus miembros debido a él casi exterminio al que fuimos sometidos los pasados siglos; además del mestizaje que se produjo después de las persecuciones y la apertura de las fronteras. Tal vez después de todo, ella, de quien no podía referirme de otra forma ya que ni siquiera habíamos tenido el tiempo de "presentarnos", no fanfarroneaba como había pensado.

Usaba muy bien su levitación  la cual le ayudó a escapar de ocho pares de garras que tiraban para destrozarla  pero no le valió mucho porque una vez vista su forma de escape, los licantropos comenzaron a prever sus movimientos anticipándose a los mismos.  Juro haberla visto abrir los ojos de par en par, sorprendida ante el ataque de un sabueso quien parecía ser el líder del grupo y que lucía más feroz que el resto, un tipo con el que seguramente la fémina no podría jugar como lo había hecho conmigo. Cuando aquel intervino, el resto retrocedió en el acto, un instinto natural en todos los cánidos del que los licantropos no eran la excepción. El "líder" soltó un golpe con el revés del brazo izquierdo sobre el rostro de la vampiresa sin el menor reparo de que se tratara de una mujer haciendo volar por los aires el cuerpo estético de la dama cuyo peso fue a azotar contra una de las paredes de lugar estrellando inclusive el concreto.

—¡Levantante!—decía yo entre dientes, apretandolos al igual que el puño de mi mano derecha sobre el mango de la espada tras mi espalda,  ignorando el hecho de que ella no podría escuchar. ¿Por qué de repente me ponía del lado de la mujer que momentos atrás había osado llamarme despectivamente "sangre impura"?...  solo existía una simple y poderosa razón. Ella era una hermana, un vampiro como yo. Y era lo único que necesitaba saber para interponerme entre el cuerpo tendido y sin reaccionar de ella, y el corpulento del licántropo.

— ¡Un momento muchachos! — dije ladino saliendo de entre las sombras que hasta ese momento habían ocultado mi presencia — Para bailar se necesitan dos — avancé unos pocos pasos acercándome a donde ella y el líder, cuya atención estaba puesta en mi—. Y esta dama tiene en mi a su pareja de esta noche — de un solo movimiento saqué a relucir el reflejo plateado de mi espada la cual sostuve frente a mi —. Ahora sí, podemos continuar al ritmo que dispongan —le dije a ellos —. Señorita — ahora hablándole a ella pero sin volver el rostro que vigilaba los movimientos de licántropo — usted no sabe nada de limpiar. Ahora soy yo quien te enseñará un par de trucos.

"Upir' Likhyi" - vampiro perverso.

El solo gruñido del líder licántropo resonó en las paredes del viejo edificio causando el eco de un ruido ensordecedor. El clímax de la noche acababa de comenzar.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Lun Mayo 29, 2017 1:37 pm


De cacería

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Se sentía mancillada cuando se dio cuenta que la superaban en número, esta vez por más que maldijera y crujiera los dientes nada la sacaría del aprieto, y suplicar piedad no eran palabras que existieran en su diccionario, no las conocía y mucho menos las empleaba. No estaba bien subestimar a una raza tan fuerte como la de los licántropos. Aunque la fémina aun en su condición era incapaz de aceptar tal hecho culpándolos de viles oportunistas encontrando únicamente fuerza para vencer a un nosferatu atacando en muchedumbre como una orda de perros salvajes. Sintió como un fuerte golpe sacudía sus sentidos en inclusive las ideas con el revés propinado por el dorso de la mano del hombre mitad lobo. Una sensación escalofriante al entrar en contacto con el pelaje grueso y desagradable tocándole la tersa piel del rostro del cual la fémina se envanecia. Después,  otra colisión,  una más fuerte y aturdidora que las anteriores frente al rubio de gabardina. Creyó perder el conocimiento debido al impacto, todo era borroso a su alrededor, las imágenes fuera de foco y los sonidos como en un eco distorsionado y lento. ¡Imposible! Increíble que un "monstruo" despreciable como aquel se atreviera a alzarse sobre la joven e inexperta vampiresa. «Por todos los cielos que Dana Meredith Vamplew no sucumbirá ante una criatura de estirpe inferior como un licántropo» repitió en su mente una y otra vez con insistencia, quizá esa fue la razón por la que no terminó inconsciente sobre el piso teniendo mas bien un fuerte motivo al cual aferrarse para ponerse otra vez en pie.
¡Levántate! —escuchó una voz ajena alentarla,  una voz distintiva que se diferenciaba con facilidad a los gruñidos del resto.

No supo por qué una casi inaudible voz había conseguido llegar hasta sus oídos aturdidos a través de la algarabía circundante, pero lo había hecho de manera clara y entendible. ¿Quién era? ¿Por qué la alentaba de esa manera? Trato de ubicar a la persona dueña de la voz entre tanto licántropo, pero un poco por la visión borrosa y otro tanto por aquellos lobos cercandola,  parecía imposible. Solo hasta que aquel decidió salir de entre la penumbra, revelándose así mismo y tomar parte en la escena. No había nada espectacular que contar, se trataba del mismo rubio de la gabardina que se interponía entre el licántropo alfa y ella... Sosteniendo un arma arcaica frente así mismo.

Dana se preguntaba qué  diablos estaba haciendo ese hombre, por qué seguía en ese lugar y si era verdad que pretendía protegerla. Parecía demasiado inverosímil, tanto que ya no sabia si seguía consciente o más bien ya había perdido dicha capacidad y todo era el producto de su agitada y perturbada imaginación mientras ella yacía inconsciente sobre el suelo probablemente camino a la muerte.

Tuvo un ligero rubor en la mejillas normalmente pálidas al escuchar como ni en momentos tan precarios, el joven dejaba de lado su lenguaje burlesco con aquel comentario que había salido de sus labios hacia la chica tendida tras de él. Ni valor ni deseos de cerrarle la boca le faltaron a la rubia ante sus palabras irónicas en alusión al rotuno fallo de la vampiresa. Pero la cabeza aun le daba vueltas y con dificultad conseguía enfocar algún objeto con sus ojos, y aunque trato de reincorporarse no lo consiguió.
¡Maldición! —exclamó exacerbada dando un golpe con el puño al suelo al no ser capaz de recuperar el dominio total de sus sentidos.

A esos momentos si es que en verdad el rubio tenía interés, aunque todavia desconocido para ella, de protegerla, la vampiresa se vería en la desagradable posición de atenerse a ello para después deberle un favor. Pero, ¿en verdad su orgullo les permitiría hacer aquello?... Se antojaba poco creíble.




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Vie Jun 02, 2017 7:09 pm


Bueno, la música acababa de comenzar conmigo expuesto ante los licántropos como otro blanco al cual atacar. La desventaja aun seguía siendo cuatro a uno, no era difícil adivinar hacia qué lado se inclinaba la balanza. El licántropo soltó un zarpazo con aquellas manos más grandes de lo normal por no mencionar la fuerza de la misma, pero conseguí rechazar el ataque con un simple golpe rebotado del mango de mi preciada espada "Nikkel".

-—Ya veo por dónde comenzaremos la limpieza —dije con esfuerzo mientras trataba de cubrir mi cuerpo del resto de las extremidades de los lobos voraces que se habían arrojado contra mí cuerpo una vez su líder soltó el primer alarido—. Tu boca, amigo, si que necesita algo más que agua y limpiador —y no me refería exactamente al aroma fétido que desprendía, sino por aquella frase en lenguaje ininteligible que había dicho justo antes de desatar sus ataques y que, sospechaba no hablaba muy bien de mí o de mi progenitora.

Era un poco difícil tener a tantos licántropos sobre mí y además tener que vigilar que no saltaran sobre la muchacha que no conseguía ponerse de pie. No era más que una fanfarrona debilucha si era incapaz de sobreponerse a un ataque tan débil con el que había sido golpeada. La miraba de cuando en cuando por la periferia del ojo en solo una fracción de segundo por verme en la penosa necesidad de emplear ambas manos en protegernos a ambos de la embestida de la horda. Pero no solo lo sentía, era evidente que estaba siendo ampliamente superado por los lobos que se turnaban para atacar y de repente se dejaban venir en grupo. Debíamos salir de ahí a un espacio abierto si es que queríamos tener alguna oportunidad de sobrevivencia. Pero la rubia parecía no tener prisa mientras fuera resguardada por su guardaespaldas.

— ¿Es verdad que eres un vampiro varacolaci? —pregunté a la caída sin que mis brazos y piernas dejaran de moverse, a veces deteniendo golpes y otras propinándolos —. No lo pareces —continué sabiendo que de ser cierto, con mis palabras la provocaría, pero si era la única forma de hacer que su furia la pusiese en pie sería una táctica que utilizaría hasta ponernos fuera de peligro. Ya después terminaríamos nuestro asunto ella y yo a solas, como debía de ser—. Tenía entendido que los varacolaci eran una de las estirpes más poderosas entre los vampiros... y tú no luces así ahí en el suelo —al final un tono burlón se dejo ver en mis palabras. Sí ella de verdad era quien decía ser, era algo que quería comprobar con mis propios ojos. Pues sí existía algo que me sacara de quicio eran las personas que parloteaban mucho pero hacían poco. Y el factor de tratarse de una visualmente encantadora dama, apenas atenuaba tal concepto que ya comenzaba a formarme de ella.

Usando la levitación salté a la parte más alta que conseguí alcanzar dentro del edificio para ponerme a salvo cuando creí que comenzaban a dominarme. Debía ser muy cuidadoso en no recibir una mordedura de sus filosos colmillos o sí que estaría en graves aprietos. Quedé suspendido de cabeza hacia abajo teniendo una visión  al revés del panorama. El truco solo me valdría unos pocos segundos antes de que los lobos fraguaran un nuevo ataque. Hubiera sido sencillo para mí salir de esa situación, de hecho, lo había hecho ya anteriormente y de peores circunstancias. Lo haría si no fuese por ella. Debía mantenerlos alejados de ella también pues al no alcanzarme vi como el alfa giró el rostro hacia el cuerpo de la muchacha quien aunque consciente aun no se ponía en pie. El lobo líder gigantesco y corpulento volvió a mirarme como si supiera ahora cuál era mi talón de Aquiles...

—¡Bastardo! —mascullé apretando los dientes temiendo lo peor. Debía planear algo y de inmediato, pues ya el alfa caminaba a paso lento hacia donde la rubia. Supe entonces que debía arriesgarme y jugármela todo o nada. No había tiempo de meditar ni mucho menos de dudar. Guardando la espada en su vaina saque del interior del muslo un arma de fuego que había estado oculta, sujeta precisamente en esa parte estratégica para situaciones de emergencia, y esta era claramente una situación de emergencia.

—¡Oye, tú! ¡Bola de pelos! —llamé en voz alta atrayendo su atención y la del resto del grupo— Dicen que los lobos le temen a la plata, ¿será verdad? —complemente accionando el gatillo del arma que soltó una detonación donde una bala blanquecina salió disparada revotando en las partes metálicas de la estructura del edificio viejo, una y otra vez de forma cruzada para fortuna del equipo vampiro, pues después de mi comentario, el color de la bala y el sonido que esta causaba cada vez que revotaba en las partes metálicas, consiguieron lo que yo precisamente quería, una distracción que aproveché para saltar bajando a tierra, tomar a la fémina entre los brazos y buscar un rápida salida hacia un espacio abierto.

— Si te resistes tan solo un poco te arrojaré como carnada a los lobos —y lo decía muy en serio, con su actitud y fanfarronería comenzaba a dudar de que valiera la pena salvar a un no vampiro —. Por ahora más vale que seas una niña buena y dejes que los mayores se encarguen de la situación —le dije antes de sujetarla con fuerza para atravesar una ventana que todavía conservaba los vidrios, destrozándola con el contacto.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Miér Jun 07, 2017 5:25 pm


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«¡Maldición y mil veces más maldición, maldición!» iracunda la joven orgullosa, vanidosa, altiva y arrogante tuvo que morderse el labio inferior hasta hacerse sangrar así misma, tan solo por contener el caudal de sentimientos negativos que al momento le embargaban: odio, rencor, vergüenza, impotencia; todas esas emociones juntas y otras más le llenaban las entrañas, revolviéndose en su interior como una bestia enjaulada e iracunda que buscaba salir y desatar la tempestad arrasando con cuanto se le pusiera enfrente... comenzando por ese desdichado rubio que no había cejado en herir el orgullo dolido de la vampiresa jactanciosa, haciéndole tragar sus propias palabras. No había nada que detestara más en el mundo, que ese horrible sentimiento de inutilidad, de incompetencia. Y esa noche lo había experimentado todo a la vez, habiendo caído ante uno de los acérrimos enemigos ancestrales de los vampiros, teniendo que ser salvada de último minuto por un absoluto desconocido quien había osado divertirse con la debilidad de una sangre pura como lo era ella. ¿Podría ponerse la noche mucho peor?

La rubia que a esos momentos era patéticamente llevada a cuestas en brazos del varón, se sumió en un incómodo silencio mientras su rostro lo delataba todo, aquel infierno que llevaba dentro en una batalla entre su orgullo y la culpabilidad de su propia ineptitud, aumentada al ser vista por los ojos claro de aquel hombre a quien encima de todo, ahora le debía casi la vida. No respondió nada mientras salían literalmente huyendo de aquel sitio infestado de lycans. Ni siquiera ante las provocaciones del varón que le quemaban el alma como fuego ardiente. Al fin y después de varios minutos, el dominio sobre sus sentidos iba predominando de modo que los efectos de aquel golpe aturdidor estaban prácticamente desapareciendo. Justo a tiempo para descender después de varias cuadras dejando atrás el anterior escenario, llegando ahora a lo que parecía ser una estación del subterráneo en remodelación.
¡Bájame! —ordenó en mala actitud aun sintiendo que la sangre le hervia por dentro— No estarás secuestrándome, ¿o sí? —probablemente no estaba en posición de seguir aparentando una voluntad férrea que claramente había visto quebrarse momentos atrás, pero lo cierto era que no aparentaba, así era Dana Vamplew, podía venírsele el mundo encima y jamás doblaría su orgullo pidiendo una súplica.

Ni siquiera esperó a que el muchacho siguiera la orden, mientras aun la llevaba en brazos a cierta velocidad la rubia ayudada por sus manos y piernas consiguió liberarse de su agarre descendiendo a tierra gracias a su levitas, poniendo una rodilla en tierra sobre el andén del mencionado subterráneo. Con la cabeza baja, apoyando una mano sobre el suelo y sorpresivamente silenciosa guardo unos minutos sin decir palabra. Solo escuchando los pasos del rubio al descender sobre el concreto y caminar por el andén. La fémina necesitaba respirar profusamente para mantener un poco la serenidad. Ese hombre le había salvado la vida aun sí la idea le pesaba admitir, pero por otro lado, era esa la principal causa de que la rubia deseara fervorosamente en esos momentos saltarle encima y arrancarle la cabeza de un solo golpe, pero... ya se había equivocado tremendamente aquella noche por dejarse llevar por sus propios impulsos. Dana debía aprender a dejar de reaccionar sin antes meditar. Y eso era precisamente lo que intentaba hacer en aquellos instantes. De haber recibido otro agravio de labios del varón, seguramente habría sido la gota que derramara el vaso en el temperamento de la vampiresa, afortunadamente no fue así, pues el joven permaneció en silencio el tiempo que ella lo hizo.
¿Por qué? —murmuró cuestionando al contrario aun en aquella postura, con una rodilla a tierra y la cabeza baja— ¿Por qué me... sacaste de ahí? —titubeó para al final evitar decir aquella palabra odiada: "salvar"— ¿Qué podía importarte a ti, que esos lobos me destrozaran?

Su tono de voz era inusual, no solía expresarse de aquella forma. Era como la voz de una niña que ha sido reprendida por no aprobar el examen. Y así se sentía, impotente al haber tenido que guardar silencio y soportar que las manos sucias de un completo desconocido la sacaran de aquel grave aprieto del cual nunca se percató. Y estaba enfadada especialmente consigo misma por haber caído en tan terrible error. Quizá después de aquello buscaría la forma de pagarle el favor al sujeto, pero inmediatamente después deseaba verlo retorcerse del sufrimiento entre sus manos. Maldiciendo el momento en que se había cruzado en su camino.

El aura de ira que la impregnaba podía sentirse alrededor, con todo, la fémina fue capaz de auto dominarse, no podía hacer nada hasta que no saldara antes la deuda que tenía con él. De manera que se puso en pie, y dando media vuelta se giró sobre su eje hacia donde el joven permanecía en pie. Intercambiando miradas, las azules de ella con las verdes de aquel. Así, con la tenue luz de los faros de la ciudad que alcanzaban a iluminar las figuras de ambos personajes, Dana fue capaz de apreciar un poco más, con relativa tranquilidad, la verdadera forma de ese hombre en gabardina oscura que acababa de salvarle la vida.
Ahora confiesa, ¿por qué estas siguiéndome? —nuevamente preguntó en tono imperativo, demandante, ordenando con fuerza una respuesta.

Antes el hombre había dicho una frase que, en su momento no tuvo tanto impacto en la vampiresa, más ahora con el dominio total de sus cinco sentidos cobraba realce, inquietándola y obligándola a exigir una aclaración— ¿Qué sabes tú... —volvió a cuestionar clavando la mirada azulina en los ojos de él, al tiempo que sus pasos avanzaban acortando la distancia entre ambos, con un gesto facial casi asesino pero a la vez impregnado de extrañez— de los varacolaci? —no era información que se manejara públicamente, a menos que se tratara de... ¿otro vampiro?

«¡Imposible! ¡No puede ser!» pensó para sí la rubia mientras daba un par de pasos lentamente.

¡¿Quién demonios eres?!... ¡Responde! —exigió demandante con todo un raudal de preguntas y dudas revolviéndole la cabeza.





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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Dom Jun 11, 2017 1:52 pm

Era una mujer extraña, al menos esa era mi primera impresión que tampoco estaba basada en muchos hechos pues solo tendría cerca de una hora desde haber cruzado nuestros caminos. Ella se había sumido en un profundo silencio una vez que afortunadamente pudimos escapar de la manada de lobos que se habían quedado atrás entreteniéndose con aquella bala que en realidad no había sido de plata pero cuyo color me había valido bastante bien para despistarlos mientras escapaba con la rubia entre los brazos. Pude notar que su mirada ya no estaba desorbitada ni sus pupilas dilatadas, claro signo de que el efecto del golpe en la cabeza iba cediendo. Con todo no abrió la boca para nada en algunos minutos, ni siquiera se resistió a que la llevara a lugar desconocido sobre mis brazos. Sencillamente se quedó muda e inmovible, con una expresión de pocos amigos en el rostro pero al menos no atentó contra mi persona ni volvió a hacer algo estúpido. Probablemente fuera su orgullo herido el que la ataba a permanecer en silencio después de su demostración fallida de dominancia. Preferí no insistir en mis comentarios que en ese momento no solo resultarían inoportunos sino inclusive hasta de pésimo gusto. Una vanidosa fanfarrona es lo que era, pero seguía siendo una dama. Una vampiresa, según me lo recordaba aquella mordida que había, y la cual yo le permití, dejar sobre mi cuello.

Solo hasta cuando ella así lo hubo solicitado, destensé los músculos de los brazos liberando la presión que ejercía sobre su cuerpo para que esta continuara el camino por cuenta propia. Y fue así como fuimos a parar al subterráneo de la ciudad. Podía verse que estaba en reparaciones con aquellos conos color naranja y las cintas amarillas de restricción. Más a esas horas no había rastros de los trabajadores. Era lo mejor, con las bestias sueltas por la ciudad, y no solo lo decía por los licántropos sino incluso por vampiros como aquella rubia, mantenerse resguardados aquella noche les libraba bien de un ataque seguro.

Ella continuó en silencio, era como si transpirara mucho rencor aunque no estaba seguro si era un sentimiento hacia los licántropos que la habían atacado, o hacía mi y los comentarios filosos que le había lanzado. Imitando su ejemplo yo también preferí callar, y me mantuve a una corta pero prudente distancia de su figura, dándole la libertad de hacer lo que mejor le pareciera. Ella podía marcharse a casa si eso le placía, pero por absurdo que se escuchará, yo no podía hacer lo mismo. Ahora que sabía hasta dónde podían llegar esa manada de lobos no podía sencillamente volverme a mis propios negocios consciente de que tal vez aquellos correrían tras de ella. Y tampoco podía confiar en que sus habilidades la mantendrían a salvo, después de ver su primer encuentro. La llevaría hasta un lugar seguro o la vigilaría entre las sombras hasta que ella por sí sola lo hiciera. Pero no podía renunciar a ello. ¿Patética caballerosidad? No lo sé, quizá. Más me era imposible no sentir esa obligación moral de terminar la noche con la conciencia tranquila.

Me quedé helado cuando al fin habló solo para interrogarme de forma acusatoria, ¿qué podía importarme que los lobos la mataran?... buena pregunta, para la que tenía dos medias respuestas. Una que no podía revelar por el momento, y otra bastante absurda según el criterio de los demás—  ¿Salir huyendo y perderme la fiesta? —una respuesta en forma de pregunta fue lo que salió de mis labios, una que ni siquiera tuve tiempo de meditar pero que había sido espontánea y me daba una salida fácil sin complicar mi imagen de tipo creído. No le daba la importancia a ella ni a mi absurda ética de prestar ayuda a quien consideraba la necesitaba... con todo y terminaran siendo unos malagradecidos.

— Discúlpame señorita, siento mucho decirte que las cosas no son tan sencillas como según las planteas —comenté dejando soltar un suspiro, destensandome y relajándome una vez la acción había pasado y la calma regresaba. Habría preferido que la mujer sencillamente optara por marcharse pero en lugar de eso ahora me atosigaba con una lluvia de preguntas hasta cierto punto, complicadas. Busqué visualmente un lugar donde descansar, divisando a un par de metros un muro pequeño en construcción. Me dirigí hacia este dando una palmada a la gabardina echándola hacia atrás para que no me estorbase a la hora de ocupar mi lugar. Ya un poco más cómodo continúe con mi respuesta—. Mi nombre es Ren —evité decir mi apellido para no descubrirme en caso de que ella en verdad lo conociera. Sentía que no era el momento para revelarme con un vampiro de estirpe al igual que ella —. Soy un comerciante de día... y cazador de noche —le decía sin mirarla, más bien centrándome en aflojar el amarre de las cintas de la funda del arma de fuego que llevaba escondida sobre el muslo. Y después sacando de entre mis ropas por la parte de la espalda, aquella espada inglesa que me acompañaba a todos lados. Era algo así como una demostración de que lo que decía era la verdad —. Solo que mis presas caminan en dos piernas —sin especificar, ya que supondría responder por qué solo perseguía a licántropos y cazavampiros, la respuesta era más que obvia—. Llámame una especie de justiciero si eso te place. Haberme encontrado contigo esta noche, no fue más que cosas de la fortuna —o el infortunio tal vez.

Suponía que aquella vaga respuesta valdría para solventar su curiosidad sin exponerme a más interrogatorios. Más todavía quedaba una pregunta muy importante que responder, pero haría lo mismo que ella, rebatirla con otra pregunta. ¿Quién fue el imbécil que dijo que solo un tonto responde a una pregunta con otra? —. Ahora bien, señorita rubia, o mejor dicho, vampiresa —arrastré la última palabra mientras apoyaba el codo del brazo izquierdo sobre el mango de la espada que a ese momento tenia de punta al piso—, si realmente quieres que te diga lo que sé sobre el clan varacolaci... primero haz de responderme, ¿cuál es tu nombre? ¿y por qué no fuiste capaz de mantenerte en pie allá atrás? —la última era una pregunta que, por lo poco que conocía a la fémina, la ponía en jaque debido a su orgullo. Pero me servía a mí para ponerle un límite y que sus propias preguntas no se sobrepasaran bajo la pena de que irremediablemente me vería en la necesidad de formular a su vez, preguntas que la incomodaran.

Debía estar primero seguro de con quién estaba tratando antes de revelar información confidencial. Quizá ella fuera una mestiza, quizá estuviera incluso en contra de los propios vampiros de raza pura, una situación que no era ni sorpresiva ni a la que estuviera ajeno pues en los recientes años habían proliferado aquellos mestizos que renegaban de los puros. Así que, para pisar en terreno seguro primero obtendría información de ella para saber hasta dónde valía la pena satisfacer su sed de curiosidad, protegerla, o si se diera el caso inclusive muy por el contrario... asesinarla.

— ¿Tenemos un trato? —insté una vez que noté tardaba en responder— De hecho puedo ayudarte con esa sangre que corre por tu labio si quieres — dije señalando el hilo rojo que asomaba por debajo de sus labios en forma de corazón,  a modo de broma solo para destensar el ambiente.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Miér Jun 14, 2017 10:37 pm


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No se suponía que fueran así como funcionaban las cosas, habitualmente era ella quien hacia las preguntas y los demás quienes respondían a sus demandas. Pero este, Ren, como había dicho llamarse, no solo rompía los esquemas bajo los que la vampiresa se regía y en su mundo de fantasía también imponía a los demás. ¡Pobre ilusa! Aquella noche había quedado patente que todo escapaba a su control y que su dominio podía escapársele de entre los dedos de las manos.

Seguía todavía alterada por los últimos acontecimientos, pero de alguna forma la actitud relajada del rubio apaciguó en gran medida la ira que había estado acumulando. Aspiró profundamente y trato de decantar sus sentimientos negativos allá a donde los licántropos habían quedado, pues ahora quería saber qué clase de ser ordinario era capaz de conocer si quiera un poco de la familia a la que ella pertenecía. Y si quería sacarle la información, violentarse solo lo retrasaría.
 ¡Hump!... espero que sea de la tuya —dijo despectivamente pasando el pulgar por debajo de su carnoso labio rosado limpiando el rastro de sangre, aludiendo a la que previamente había bebido del cuello de él.

Llevó ambas manos hacia sus rubios y largos cabellos peinándolos un poco hacia un lado y hacia otro, una forma peculiar de relajarse después del ejercicio que había tenido aquella noche. Llevaba puesto un vestido corto de seda y tul, con un corte superior de strapless, y sobre el mismo un blazer corto que dejara resaltar la estrechez de su cintura. Buscó con la mirada un lugar apropiado donde ella misma pudiera hallar asiento imitando a su acompañante, más al no encontrarlo prefirió recargarse contra el barandal de la estación del subterráneo. Todo había sucedido tan repentinamente desde su salido del centro nocturno hasta esa estación del metro, que tan solo repasar los hechos en su memoria le resultó agotador.
 De manera que eres un "justiciero" —comentó cruzada de brazos mirándolo por la periferia del ojo—. Supongo que viste a las bestias y pensaste que harías tu obra del día salvándome de las mismas —definitivamente no estaba en posición de burlarse de las probables intenciones de Ren, pero era tan orgullosa que simplemente le era técnicamente imposible decir: gracias.

Frunció el entrecejo volviendo el rostro definitivamente hacia donde el varón, con semblante serio y determinado, había algo en toda aquella historia de súper héroes que no le cuadraba del todo y al menos para ellos era lo bastante inteligente como para darse cuenta del "pequeño detalle".
 En caso de que sea cierto lo que dices... —añadió con la misma actitud, pero dando unos pasos hacia donde el muchacho permanecía sentado apoyado en su espada— ¿Cómo sabías que podías ayudarme? ¿salvarme de un puñado de seres sobrenaturales como los licántropos?... —una sorpresiva sonrisa en los labios dio un giro a su interrogatorio, pues para ella, la respuesta se vaticinaba de más interesante— A menos que tú mismo seas un ser más poderoso que ellos, ¿no es verdad?

La sola idea de cruzarse con alguien más que no fuese un vampiro o un licántropo elevo las expectativas de la noche. Y despertó en la juvenil nosferatu una mórbida curiosidad por saber más del hombre que la había salvado de una muerte casi segura.
¡Confiesa! — exigió con la poca paciencia que le restaba. Era impetuosa y testaruda como una chiquilla, y en muchas ocasiones le resultaba casi imposible dominarse—¿Eres un demonio? ¿Un shinigami? ¿ángel?...¡¿Qué eres?! ¿Y por qué cargas un artefacto prehistórico como eso? —cuestionó señalando la espada al lado del muchacho.

Pronto se dio cuenta de que estaba excediéndose y que con ello poco o nada conseguiría de su interrogatorio. A tiempo cambio la táctica y trató de suavizar las cosas. Era además de una vampiresa de sangre noble, una dama, y debía actuar como tal aun si con frecuencia por su temperamento lo olvidara.
Rectifiquemos las cosas, querido Ren —el cambio fue más que obvio tanto en su tono de voz y gesticulaciones, así como en su lenguaje corporal—. Responderé a tus preguntas y tú a las mías como has dicho —regreso sobre sus pasos y volver a recargarse sobre el barandal, ya con actitud relajada y serena, aun si en su rostro prevalecía ese aire de superioridad—. Soy Dana Meredith de la casa de los Vamplew —decía con orgullo— y lo que paso allá atrás... —un ligero ardor en el pecho reavivo la herida a su orgullo dañado— fue solo un error de cálculo —admitió con un leve rubor en las mejillas—. Aunque también pudo ser que quería observar tus reacciones y habilidades —una patética excusa barata para disfrazar su inexperiencia. Pero que le atrajo a la mente un pequeño detalle que antes se le había escapado. Su expresión curiosa pero escéptica se centro nuevamente en el rubio de nombre Ren, sin apellido—. Tu... te alzaste por sobre el suelo —dijo pausadamente al tiempo que sus ojos azules se iban abriendo lentamente de par en par—, y quedaste suspendido del techo —y esa no era una habilidad que se viera todos los días. De hecho, pocos seres sabía de oídas eran capaces de dominar dicha habilidad.

Quedo enmudecida unos instantes circulando un aire de silencio, fijando las orbes azuladas en el rostro jovial y sereno de Ren, quien si parpadear la miraba igualmente con fijeza, como leyéndose mutuamente.
¿Acaso tu eres un...?— por su mente la palabra vampiro hizo eco, pero sin que sus labios se atrevieran a proferir dicha palabra por lo increíble que le resultaba.  




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Miér Jun 28, 2017 10:30 am

— Eres una mujer demasiado curiosa, ¿no te parece? —pregunté de la única forma que sabía hacerlo, pues resultaba difícil molestarme por sus cuestionamientos los cuales eran lanzados con tal fuerza cual disparos a quema ropa. Cargado con alguna malicia, según lo interpretaba. Pero lo cierto es que apenas y conocía a esa mujer, así que tampoco podía asegurar que no fuera esa su muy particular forma de ser. En cualquier caso, lejos de molestarme, comenzaba a parecerme interesante escuchar lo que ella tenia que decir.

— Bueno, ¿qué  podría decirte al respecto? —interrogué para mí mismo poniéndome en pie, dando un par de pasos hacia el frente un poco dubitativo sobre la respuesta más apropiada para darle, pues había temas delicados que no pensaba abordar a la primera instancia hasta no estar seguro de con quién trataba. Por ello debía cuidar que la conversación no tomará un curso que no me convenia—. Llevo mucho tiempo enfrentado a criaturas de todo tipo, digamos que tengo bastante experiencia al respecto —y ninguna de esas experiencias volvía a repetirse, cada situación, aunque parecida siempre tenía sus elementos que la convertía en única. Hale la espada con la mano derecha, estaba acostumbrado a ella pero aun así resultaba todavía un poco pesada. Con la mano izquierda sostuve su hoja sobre la palma de la mano, con aquel reflejo plateado dibujandose en mi rostro mientras podía contemplar un poco de mis facciones sobre su espejo—. Tengo mis motivos personales para intervenir cuando así lo creo necesario —aun si no era bienvenido—, y tu jovencita, no me dirás ahora que no te sirvió de algo mi ayuda esta noche  —dirigí una mirada furtiva a la imagen de la rubia que lucía un semblante de incredulidad, sobre todo después de referirse a mi querida Nikkel con aquel tono despectivo—. Y este artefacto históricocomo lo había llamdo— nos protegió esta noche a ti y a mi. No tienes una idea de lo conveniente que resulta tener uno estos cerca, sólo por si acaso— y no sólo esa noche, le debía haber salvado mi vida en más de una ocasión—. De modo que no tiene importancia la raza a la que perteneces, si no sabes proteger lo que es importante para ti, las habilidades que poseas no te servirán de nada...—y juro que no había sido mi intensión echarle en cara lo ocurrido con los Lycans, sencillamente la experiencia me había enseñado los caminos que llevan a los errores. Y el de la chica, el de Dana, ya la había puesto en un serio peligro. Además esperaba que esa respuesta la disuadira de seguir investigando sobre mi, pues deseaba guardar mi identidad en el anonimato un poco más.

Antes que la muchacha concluyera la pregunta, supe que debía intervenir antes de ser obligado a descubrirme. Había usado una de mis habilidades de vampiro para hacer frente al grupo de licantropos, creyendo que ella, casi inconsciente,  no se había percatado, pero ahora venía a enterarme que la chica lo había visto todo. Uno de esos errores de cálculo de los que se había hablado antes,  pues muy pocas criaturas poseían el dominio de la habilidad de levitar. Ahora... ¿qué podría responder?

— Soy un viajero mercader —interrumpí abruptamente retomando el paso acercándome a las vías del subterráneo para evitar que ella pudiera leer e interpretar la reacción en mi rostro— quien probablemente ha vivido lo suficiente para aprender diferentes tácticas y habilidades que me permitan continuar en el negocio —¿bastaría con eso para disuadirla? Bueno, yo esperaba que sí, o no podría mantener mi identidad secreta por mucho más tiempo.

Y para asegurarme de que así fuera, ahora fui yo quien comenzaría a cuestionarla una vez hube escuchado su procedencia, pues definitivamente ella era un vampiro procedente de un linaje antiguo. "Vamplew"... si, alguna vez había escuchado hablar de ellos cuando recibía lecciones particulares en casa, se suponía que era la familia que había sido fundada por aquella mujer que bousco la fuente de la eterna juventud bebiendo y bañándose en la sangre de centenares de jóvenes mujeres. Elizabeth, la vampiro que cometió el perjurio de pasar de humanas, a hacer víctimas a otras de su propia raza y con ello se ganó el peor de los castigos, el que se atribuia a los traidores de peor calaña. Entonces... Dana era una de sus descendientes. Efectivamente, una varacolaci.

— Muy bien Dana, si lo que querías ver eran mis habilidades... —no podía decir que fueran de excelencia, porque seguro ella me saldría con algún argumento contrario solo para molestarme, más los resultados eran irrefutables— bueno, pues aun estamos aquí, vivos y a salvo —¿necesitaba una mejor respuesta?—. Pero si en realidad fue un error de cálculo—lo más viable—, entonces tienes serios problemas qué corregir —le dije en tono más serio.

Según tenía entendido, la familia Vamplew había visto mermados sus números en miembros, así como la mayoría de familias de estirpe, y ella había estado a punto de convertirse en una baja más. Esa era la razón por la que me atreviera a hablarle en aquel tono más severo.

— No puedes tomarte las cosas tan a la ligera, aun si tienes habilidades superiores. No te van a servir de nada si antes de actuar, no calculas y preves tanto tus movimientos como los de tus enemigos —afirmé seriamente mirándola fijamente perdiendo cualquier rastro afable en el rostro. Quería que supiera que hablaba totalmente en serio, y aunque no debiera importarme en realidad si lo hacía. Después de todo era deber de todo vampiro proteger a un hermano, aunque dudaba mucho que ella fuera a aceptar mi consejo, pues más que por su carácter vanidoso y orgulloso, comenzaba a darme cuenta que era su propia inexperiencia la que la llevaba a actuar impetuosamente y por ende, a equivocarse. Pero si quería sobrevivir en un mundo de monstruos, debía comenzar por dominar sus propios impulsos.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Miér Jul 05, 2017 3:55 pm


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Se encontraba recargada contra los barandales del andén, de brazos cruzados mirando fijamente al hombre que explayándose le hablaba de la misma forma que lo haría un superior como un profesor. De repente la orgullosa vampiresa había quedado sorprendentemente muda, tal vez por lo que el otro le decía, tal vez porque con su error anterior no poseía los argumentos para debatir aquello de lo que Ren la censuraba, o incluso quizá, fuera más bien producto de aquella sensación que el muchacho le había transmitido con la sobriedad y severidad de sus palabras. Pocas veces había alguien que se dirigiera a ella de aquella manera, pues era fácil identificar los motivos que había detrás, lo cual era mayormente sorprendente puesto que hasta hacia solo un par de horas atrás, ni siquiera sabía de la existencia de ese hombre, y ahora este parecía demasiado interesado en ella, cosa que resultaba bastante extraña viniendo de un prácticamente desconocido que deambulaba por azares del destino en aquella decadente ciudad.
¿Acaso eres un esclavizador o algo así? —espetó rompiendo el cruce de sus brazos y frunciendo el entre cejo con desconfianza.

En un súbito cambio de actitud, como se caracterizaba la nosferatu, ahora se atrevía a cuestionar que el reverendo desconocido mostrara algún desconocido interés en ella. Para la fémina no podía atribuírsele tal actitud repentina a menos que buscara algo a cambio. Y teniendo en cuenta que los del Mercado Negro merodeaban cada rincón de la ciudad buscando presas nuevas que esclavizar, parecía ser lo más probable. Con excepción de un pequeño detalle... sus aguzados sentidos no la alertaban con respecto a él. Un endemoniado sentimiento interno parecía decirle a gritos que lo que Ren decía era sincero, que no había nada que temer pero, bien sabía que los incautos eran los primeros en caer.
No me explico cómo puede importarte lo que me pase —agregó con la misma actitud, pero de una forma más serena y perdiendo el tono altivo. Era más bien su propia incertidumbre la que la llevaba a decir en voz alta su pensar y sentir— A menos que busques una ventaja en ello. Así que... por qué no nos dejamos de teatros y me dices de una buena vez qué es lo que quieres a cambio.

La rubia no se caracterizaba precisamente por dominar el arte de la paciencia, y Ren con toda su palabrería había dicho generalidades que no terminaban por convencer la sed de duda que tenía Dana, de manera que esta, mucho más directa, no tenía reparos en dejar las cosas claras lo más pronto posible.
Si es dinero lo que quieres, recompensare tus servicios por haberme sacado del nido de las bestias —se jactó, el dinero no le faltaba y tampoco le importaba pregonarlo—. Aunque quizá... —súbitamente tanto sus facciones faciales como el tono de su voz cambiaros nuevamente drásticamente. Con una de sus manos echó un mechón de sus cabellos dorados hacia un lado del rostro, se mojo los labios y deslizando los dedos de la misma mano los dejo correr descendentemente por sobre el borde del sacó que ajustado a su figura lucia, acentuando con los mismo las formas abultadas por donde sus pechos se asomaban ligeramente entre el saco y el corset que llevaba de bajo. Con paso lento y cadencioso, se acercó a dónde la figura del varón yacía en pie, extendiendo la mano derecha a medida que se acortaban las distancias y pudo ser capaz de alcanzar con la punta de los dedos la camisa bajo la gabardina, tomándola con sutileza jalando ligeramente de ella para acercar al muchacho donde ella—, sea otra la clase de interés que tienes en mí —susurró mordiéndose el labio inferior, buscando el contacto visual entre sus gemas azuladas y las esmeralda de él.

Con ahora la oportunidad de observarlo en un primer plano, y ya sin las prisas de correr para librarse de los licántropos, tenía el tiempo y la paciencia de apreciar las atractivas facciones que poseía el varón. Era alto, de buen porte, con aquellas facciones masculinas enarcadas por los cabellos claros que decoraban su frente. Y con un delicioso aroma a virilidad impregnada en sus ropas, Pensándolo mejor, era una noche en la que ambos podrían sacar algo de provecho para cada uno, y Dana podía incluso darse ese capricho. Después de todo, ya había obtenido de él su sangre, qué más daba tener de él un poco más.
Aun no me has dicho quién eres —dijo sin romper la postura y en el mismo tono sugerente, incluso podía decir que hasta divertido, pero sensual—, y no me refiero a tu nombre, Ren —clavó sus orbes en las verdes de él como si le acorralara de modo que no pudiera escapar—. Nadie es tan estúpido como para lanzarse al fuego si no tiene un extinguidor.

En unos pocos instantes, la sonrisa seductora en su rostro se desvaneció dando paso a una oscura y penetrante, lo mismo que la mano con la que jugueteaba con las telas de su camisa, retrocediendo un par de pasos como si al pronunciar aquellas últimas palabras hubiera extinguido ella misma el interese sexual que por un instante se había permitido tener hacia él hombre.
Si eres un mercader —dijo ya en su tono usual, el característico en ella—, debes estar buscando algo que vender, ¿no es cierto? —espetaba sacando conclusiones por sí misma—. Y si tienes bastante experiencia., debe ser porque tienes más años de los que tu linda cara dice tener.

Era dura, era clara, pero las ideas habían comenzado a fluir y no había forma de detenerlas. Después de todo, era su vida y para sobrevivir además de buena pelea  era esencial, como bien había dicho Ren, usar más el cerebro e investigar antes de actuar.
Te he dicho cosas personales sobre mí —comentó muy seriamente. Sin sarcasmos, sin ironías, con madures. Alejándose un par de pasos más se cruzó nuevamente de brazos con una postura imponente, transmitiendo al joven una sensación demandante—, pero no estás cumpliendo con el trato. Porque no eres un simple e inútil humano. De eso ya me di cuenta. Pero tu aroma no me dice nada sobre quién eres. Habla claro si es que quieres retenerme un poco más.

Sentenció como si realmente fuera eso lo que él buscara. Asumiendo que de una forma que ella desconocía, la vampiresa fuera un objetivo importante para él. No podía dejar de lado su orgullo y vanidad aun si trataba de actuar con toda madurez. Aguardó la respuesta de Ren en la misma postura, con los brazos cruzados a la altura del pecho y una mirada fija y penetrante sobre su persona.    





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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Mar Jul 18, 2017 1:32 pm

— Tienes una manera muy particular de decir la cosas, ¿sabes? —le dije divertido por las ocurrentes ideas que proponía la fémina que de hecho jamás se me hubieran pasado por las cabeza. ¿Yo, un esclavizador? ¿No se suponía que era lo contrario? Sin poder contenerme deje escapar una risotada bastante sonora, era la idea más descabellada que alguien alguna vez me había dicho. Probablemente aquello terminaría molestando a la rubia, y es que aunque no la conocía mucho me daba la impresión de que no hacía falta adivinar su carácter con lo poco que había visto. Y no es que demeritara su personalidad, al contrario, aun entre su arrogancia, soberbia y orgullo, veía en ella en realidad a una persona transparente y que se mostraba tal cual era, sin mentiras ni pantallas.

Después de dominar mis emociones caí en la cuenta de que lo cierto era que la chica estaba siendo precavida. Si me ponía en su lugar, un desconocido ayudándome a escapar de enemigos mientras me conduce a terrenos desconocidos... entonces la idea de una trampa no sonaba  del todo descabellada. Siendo honesto era verdad aquello de que actualmente nadie hacia nada por nadie a menos que hubiera alguna recompensa. El interés era el motor de la mayoría de las personas de ahora, sí, "ahora", porque no siempre había sido así. Y podía atestiguarlo puesto que con mis años encima, que no eran muchos para un vampiro, había tenido la fortuna de nacer en una época donde las personas aún solían conservar valores morales solo por el mero hecho de conseguir la satisfacción de saber que habían hecho lo correcto. Aunque también me había tocado ver la transición y decadencia hasta llegar a la época actual. ¡En fin! Demasiada historia como para repasarla ahora que me encontraba frente a la señorita inquisitiva Dana, quien no cejaba en mantenerme en expectación de ella, de sus palabras y de sus actos.

Sus palabras repentinamente se volvieron melosas y atrayentes, así como sus movimientos corporales de por sí femeninos y delicados que adquirieron un contoneo aun más acentuado cuando comenzó a llevar sus pasos hacia donde me encontraba. Ella era en sí una mujer hermosa y de provocativas curvas resaltadas por aquel atuendo que solo era un diminuto complemente ante la propia e inmensurable obra de la naturaleza. Había que admitir que me sentí incluso incitado por tal escena y sus insinuaciones hacia mí. Tanto que por un instante quede sumido en el hechizo de su encanto femenino dejándome llevar por aquel tirón sobre el cuello de mi camisa. "¡Una vampiresa genuina!", pensé mirando de cerca el labial que lucía humedecido ligeramente. Una autentica tentación aun para otro vampiro como lo era yo, acostumbrado a realizar tal "ataques" de igual forma. Una raza bastante pasional a la que gustaba tal juego de sensualidad y seducción. Inconscientemente lleve una de mis manos, la que no sostenía la espada y la deslicé suavemente por sobre la forma de su cintura estrecha que se sentía tan bien al tacto, mientras llenaba mi olfato con el perfume de su feminidad. Era verdad que la mente de la vampiresa trabajaba a mil por hora, pero esa última idea, que tampoco había pasado antes por mi cabeza, me pareció mucho más apetecible que la anterior. ¿Sería que comenzábamos a entendernos?... No, lamentablemente no. Porque tan pronto empecé a "inspirarme", Dana rompió el hechizo tan rápido como lo había creado. Aunque había sido suficiente como para dejarme una nueva idea en la mente.

Aquella abrupta separación no fue nada agradable, pero... era Dana, y debía entender que cualquier cosa podía esperarme de un temperamento tan voluble como el suyo.

— Ya que lo mencionas —añadí resignado ante su rechazo—, tienes razón. Tal vez sí demande algo a cambio de mis servicios prestados —admití con una media sonrisa en los labios, con actitud indescifrable, entre divertido y pero hablando en serio—. Pero ya en su momento debido lo sabrás. No hay necesidad de apresurarse demasiado —entrecerrando los ojos ahora le regale una sonrisa más afable. Quizá mis palabras ahora le daría un verdadero motivo para sospechar pero, a final de cuentas yo era un negociador y si existía algo que me conviniera en el proceso, bueno, ¿por qué no negociar?

— Efectivamente, querida —agregué en respuesta al múltiple de preguntas que me había hecho
— soy un mercader que compra y vende "objetos" recalqué la última palabra para que le quedara claro que no traficaba con persona ni tenía nada que ver con las ratas del mercado negro—. Así es, soy un coleccionista y vendedor de antigüedades como, esta — levantando la espada con la mano diestra a la altura de mi rostro, coloqué la izquierda sobre el mango blandiéndola ligeramente de un lado hacia otro haciendo relucir su esplendoroso brillo, aunque dudaba de la apreciación que la rubia pudiera percibir en ella—. Data de la edad Media, ¿sabes? —le comentaba entusiasmado por lo que significaba para mí—. Se dice que fue forjada por un dios y que se llamaba originalmente "Curtana" —miré con admiración el filo de su hoja, pero pronto me di cuenta que no parecían tener mis palabras efecto alguno en la mujer y que por el contrario probablemente la estaba aburriendo. Así que pronto dejé de lado los comentarios sobre la preciada espada—. Pero son solo mitos —finalicé ya menos entusiasta solo para terminar con el tema.

— Y puesto que tienes tanta impaciencia por saber de mí... sí, debo decir que tengo algunos pocos más años de los que mi apariencia representa. Dos centurias nada más —le dije esbozando una sonrisa como si se tratara en realidad de pocos años. Tal vez con ese simple detalle sería suficiente para que ella por sí sola se diera cuenta de la verdadera razón por la que me había inmiscuido en su situación aquella noche. Pero no era como si se lo fuera a poner del todo fácil—.  Ahora, ¿qué te hace pensar que quiero retenerte? —sí que se daba demasiada importancia la vampiresa como para creer que aquello— ¿No será más bien que tú eres la que está aquí en busca de algo más? —aproveché su anterior insinuación para sacarlo a flote y divertirme con su reacción. Otra vez una sonora risa escapó de mis labios mientras guardaba a Nikkel en su vaina. A sabiendas de que se podía ofender, pero mi intensión era desestimar un poco sus preguntas inquisitivas, pues quería enseñarle un par de cosas más antes de develarme por completo ante ella—. Tú en cambio debes ser muy joven —y no lo afirmaba precisamente por su aspecto fisico —. Estoy seguro que debes tener un buen maestro —y también estaba seguro de que dicho maestro no estaba haciendo del todo bien su trabajo—, aunque quizá necesites un par de clases reales de combate, además de alguna que otra enseñanza. ¡Esta ciudad esta llena de gente realmente mala!

Un poco de sarcasmo no venía mal, y no es que pensara que ella fuera mala, pero, vampira al final de día. La clásica versión de la vampiresa seductora, altiva y vanidosa que asecha a sus víctimas al cobijo de la oscuridad de la noche, buscando un rato de diversión. Y no me molestaba en absoluto ser yo.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Dom Jul 23, 2017 3:07 pm


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Te conservas bastante bien para tener la edad que dices poseer—soltó desconsideradamente la rubia cruzándose de brazos y no muy sorprendida por descubrir ese hecho.

Los vampiros como ella de hecho, eran una de las pocas y privilegiadas razas que podían tener una vida longeva gozando de juventud y belleza hasta por cientos de años. Por supuesto, siempre y cuando se tratará de alguien de sangre pura como afortunadamente era el caso de Dana. Eso le traía a la memoria que Ren debía tratarse de un ser sobrenatural cuyas habilidades antes mostradas estaban justificadas por la experiencia que le daban los años. Pero la muchacha era suspicaz, y bien se daba cuenta de que el rubio había estado evadiendo su verdadera personalidad. Pero ya lo había dicho él  mismo,  por ahora no había prisa de saberlo, porque tal vez la respuesta no sería de su agrado. Siempre y cuando no se tratará de un sucio licántropo,  no tenía inconveniente en quedarse un poco más a "jugar" con él.

Tampoco insistió sobre el pago de su rescate, honestamente no le interesaba en ese momento pues su confianza en sí misma le era suficiente como para preocuparse por lo que a sus ojos era una insignificancia. Inclusive aquella aclaración que hizo sobre su profesión no le sorprendió mucho, para ella el sujeto seguía siendo técnicamente un desconocido y a decir verdad, las antigüedades nunca habían sido precisamente su tema de conversación, por lo que saltándose esos asuntos abordo uno que le resultó más divertido para la ocasión.
Sí, lo más probable es que haya sido yo misma la que te permitió llegar hasta este punto —dijo seriamente, cruzándose de brazos y andando de un lado a otro mientras rodeaba al varón—. De otra forma habría sido imposible que después de un par de horas continuáramos aquí,  los dos —dibujo una sonrisa altanera, aquellas que se le daban muy bien y con naturalidad—. Tienes buen ojo, por lo que me doy cuenta —dijo al tiempo que se mordía el labio inferior y extendiendo una de sus manos posaba la punta del dedo índice sobre el estómago del rubio, dibujando una línea imaginaria que prosiguió hasta la altura de sus pectorales cuyas formas muy bien podían apreciarse al tacto por sobre encima de su camisa—. Probablemente lo que sucede es que me estoy entreteniendo demasiado contigo como para dejarte escapar tan fácilmente —remarcó dichas palabras con una sonrisa.

Pocas cosas podían causarle un verdadero pudor a la rubia vampiresa, y aun si sus insinuaciones fueran ciertas, estas no eran consideradas algo de qué avergonzarse como para declararlas con tal livianidad.  Por el contrario,  Dana siempre había encontrado divertido juguetear con las personas sin evidenciar realmente los planes que fabricaba en mente para las mismas.

Pero al parecer, Ren siempre terminaba por decir algo que echaba todas sus probables intensiones a tierra, y el simple hecho de llamarla "joven", fue suficiente para que Dana recuperará un semblante de disgusto en el rostro. Si bien en realidad se trababa generalmente de un halago y don bien recibido por la féminas en general. No lo era para la orgullosa Dana para quien, tanto ser vampiro como ser mujer eran igualmente importantes. Y la juventud en los vampiros no era precisamente una virtud, pues se dejaba ver como una persona inexperta y poco interesante. Por ello omitió revelar dicha información sobre sí misma, pues solo contaba con lo que catalogaba apenas míseros veintitrés años.
¡No existe ningún maestro! —admitió de forma golpeada retrocediendo en sus pasos y desvíando la mirada. Ella sabía perfectamente a lo que hacía alusión el hombre, y aunque no lo reconociera su falta de táctica contra los licántropos ya la había puesto en evidencia— Los tuve, en mi país. Pero... —se detuvo antes de proseguir, seguramente era mala idea hacerle saber que se encontraba técnicamente sola en ese país,  sin un mentor ni guía que la instruyese, quedando a merced de falsos maestros e inclusive, de sus propios errores—. La edad resulta irrelevante cuando las ambiciones son más grandes. Eso es lo verdaderamente importante  —aseveró convencida de sus palabras, pues era a lo único que podía aferrarse en esos momentos. Sus grandes ansias de poder, de control, de dominancia.

Después de unos instantes fijo la mirada en el rubio quien ya guardaba su arma medieval, algo que en algún otro momento habría sido motivo de burlas por parte de la austriaca, pero que sin encargo no dejaba de parecerle inútil.
¡Vaya, vaya! —exclamó con media sonrisa en el rostro— ¿No me digas que ahora, tú quieres ser quien me enseñe todas esas cosas? —le miró de reojo con una sonrisa divertida—. Estás muy sospechoso,  Ren. Comienzo a creer que es algo muy grande lo que ocultan tus "buenas y desinteresadas" intenciones.  ¿Acaso te has enamorado de mi? —dicha aquella última pregunta, fue imposible que la vampiresa rompiera en una estruendosa risa que fue incapaz de contener.

Evidentemente aquellas palabras no eran más que parte del juego en el que había envuelto a Ren, pues la fémina gozaba demasiado de divertirse a costa de los demás.  Y vaya que si lo estaba pasando de maravilla en compañía del rubio.
¡Vamos, buen hombre! Di de una vez cuál es tu interés conmigo. Quizá pueda concedértelo de una forma más sencilla de lo que piensas. ¿Sabes? No me desagradas del todo —añadió justo antes de volver a romper en risas.





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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Mar Ago 15, 2017 12:09 am

Sus acciones, no así su palabras, resultaron bienvenidas y a decir verdad me tomaron por sorpresa ya que no esperaba un cambio aquel en el “ataque” de la vampiresa, al parecer le gustaba hacer de mi su presa en más de un sentido. Y es que ella era demasiado atractiva y avasallante, ¿ cómo  podría un hombre que se bastará de serlo, resistirse a sus proposiciones?. Más a la fémina de atractivas formas se le escapaba un hecho de entre las manos, o mejor dicho, lo ignoraba. Yo también era un vampiro, y uno por mucho ,as experimentado que ella. Y ese sólo hecho me aventajada por mucho. Nada más hacia falta recordar el hecho de que hasta el momento, Daña había sido incapaz de descubrir por sí misma mi identidad.

Poco disfruté de sus femeninas atenciones sobre mí. Dejé escapar una sonrisa en señal de resignación, nuevamente, pues la rubia había vuelto a apagar por sí misma las llamas que le gustaba encender. No podía yo hacer nada al respecto como buen caballero que era, pero algo si era seguro… no me lo volvería a hacer.

Le escuché aceptar que actualmente se encontraba sin un mentor, lo cual tampoco me habia sido difícil adivinar. Se trataba de un hecho realmente complicado puesto que era indispensable la guía de un mayor para cualquier vampiro inexperto. Las tradiciones y códigos nuestros eran imprescindibles, debía haber una constancia tanto en el aprendizaje como en la práctica para afinar habilidades. Era por ellos que la élite vampiresa, a la que también pertenecía Dana, se mantenía en constante comunicación al grado de haber creado un concilio y ministerio que supervisaba a cada miembro que lo integraba. Sin embargo, tal información poco a poco debía ser considerada con la rubia, antes, esperaba descubriera por sí misma  mi verdadera identidad.

— Efectivamente, mi querida vampiresa —le dije tranquilamente para demostrar la decepción ante el cese de sus avances—, la edad resulta irrelevante. Más si no eres lo suficientemente inteligente para alcanzar tales ambiciones, te quedarás solamente con un puñado de decepciones. Y eso debe ser un golpe terrible en el ego de una vampiro sangre pura como tu, ¿no es verdad? —no estaba siendo sarcástico, simplemente que la dama en cuestión me resultaba bastante fácil de predecir. Con todo traté de sonar lo menos molesto posible, pues ella ya había amenazado con marcharse y en realidad ella tenía razón, deseaba retener la un poco más de tiempo. Después de todo, era la primera vampiro con quien me tocaba en aquella variada ciudad.

Más su siguiente. Comentario si que me resultó un golpe bajo. Era soberbia y bien supo herir un poco mi orgullo de hombre con sus palabras y tono de su risa que podía ser infinitamente socarrona,  sospechaba. Igualmente trate de dominar mis propias emociones por los motivos anteriores.

—¿Acaso no podría serlo? —pregunté forzando una sonrisa al tiempo que elevaba un poco los brazos y los hombros— Has sido testigo de algunas pocas de mis habilidades, insignificantes debo admitir. Pero que fueron de más utilidad que las… —¿era necesario repetir con palabras lo que la vampiresa de sobra sabía?

Me reí un poco junto con ella cuando está más bien estalló en risa ante la burlesca idea de que yo pudiera haberme enamorado de ella. No tenía más remedio, en cuestiones como esas tenía mi propia forma de pensar, y distaba mucho de su actitud burlona. Sin perder la sonrisa de los labios, ahora fui yo quien dio algunos pocos pasos acercándose a ella, peligrosamente acercando mi rostros al de ella aún cuando debí inclinarse ligeramente para conseguirlo. La punta de mi nariz apenas todo con la de ella pudiendo inclusive percibir su aliento mezclándose con el mío, mientras mis ojos se clavaban en los profundos azules de ella.
— ¿ Y qué si así fuera? —susurre a escaso centímetro de sus labios pulposos, intercambiando miradas de sobre sus ojos a sus labios de forma tentadora— Soy un hombre después de todo —acentué una sonrisa en tanto enarcaba una ceja—. Pero me temo… que a mi también me gustan las presas —frote sutilmente mis labios sobre los cuellos mientras susurraba tales palabras—. Y tú eres demasiado dominante para mi. Una auténtica depredadora.

— Aunque el tiempo lo cambia todo, y quizá un buen día suceda el milagro… si ese día decides ser buena y sumisa —agregué cerrándose un ojo, sin descartar la remota posibilidad de que algo así sucediera, una idea demasiado improbable conociéndola como la conocía. Tratando de dejar el tema de lado, me apresure a retomar el tema principal—. Debo admitir mi querida Dana, que me siento un poco decepcionado de que aún no hayas podido comprender cuál es mi interés en ti —era la verdad, no esperaba que fuera realmente yo quien me revelará ante ella. Podía ser una sangre pura pero, sin duda con escasa preparación. Necesitaba ayuda urgente y pronto, si no quería terminar como trofeo de los cazadores de vampiros, o como alimento de los licántropos.

Aspire hondamente con resignación,  con ambas manos a la cintura después de echar un poco hacia atrás la gabardina que caía cuán larga era. Dispuesto a admitir delante de ella mi esencia de vampiro…

— Más  no habiendo más remedio… Yo soy, si acaso no te diste cuenta, un...

Una extraña vibración proveniente de los rieles del subterráneo comenzó a hacer un sonido que poco a poco se volvía más y más estruendoso, y al cabo de sólo un par de segundos, se sumó el sonido de fuertes pisadas que se aproximaban a velocidad.

— ¡Joder!... —exclamé  mirando en la dirección del sonido sin que aún mis ojos alcanzarán a distinguir algo— Son ellos. ¡Nos encontraron! —me habia sumido tanto en la conversación con la fémina, que había olvidado por completo a los licántropos, sin sospechar que ellos no nos habían olvidado. Sabiendo que nuestra única oportunidad era adentrarnos a los túneles del subterráneo al tener la salida bloqueada por el enemigo, inicie de nueva cuenta la carrera.

— Si quieres puedes seguirme… solo no vuelvas a echarlo a perder —si dejaba de lado su soberbia y acataba mis instrucciones, teníamos muchas probabilidades de salir bien librados está vez.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Vie Ago 18, 2017 11:38 am


De cacería

Lugares varios ~ Noche ~ Ren Schlierenzauer
             


Por unos momentos, Dana contempló al hombre con una nueva visión, desde una renovada impresión que no había hecho otra cosa más que demeritar sus logros, su persona y habilidades. Aquella era su forma habitual de interactuar con los que consideraba eran inferiores a ella y su venerada estirpe. Pero este hombre que tenía delante y el cual siempre tenía una respuesta de vuelta ante el “veneno” que continuamente lanzaba la fémina en la forma de comentarios sarcásticos, de pronto le comenzaba a despertar un cierto respecto hacia su persona.

Él tenía razón, las ambiciones siempre debían ir tomadas de la mano de los logros, de otra forma no servían de nada. Y una ambición fallida… ¡Cómo dolía a un ser orgulloso y altivo como un vampiro!. Tanto más con una persona de la casta de ella.

No había está vez motivos para burlarse o responder a la defensiva puesto que Ren tenía toda la razón. Probablemente fuera uno de los secretos mejor guardados de la vampiresa, el inconfesable. El temor oculto a fallar, a regresar a su vieja Austria con la cabeza baja y las manos vacías. Quizá era por eso que hasta el momento, la casi nula comunicación que mantenía con su familia en su país natal no se había echado de menos, porque aún tenía demasiado en manos con lo cual trabajar para poder así regresar con toda pompa y elogios ante sus logros que esperaba obtener.
Sabes…

Irrumpió con el tono delicado de su voz que algunos minutos se había sumido en un silencio mientras prestaba atención a las palabras del varón.
Es la primera vez que nos encontramos, pero hablas como si realmente me conocieras —como si el rubio realmente comprendiera el lenguaje que hablaba la vampiresa en  términos de personalidad. Una situación que ya picaba la desconfianza de Dana.

Y mientras él le reiteraba la oferta de fingir como una especie de maestro, ayuda que la vampiresa no había solicitado, la austriaca se cuestionaba si realmente podía confiar en ese sujeto salido de la nada,  como para otorgarle un puesto tan importante como aquel. Ella misma conocía bien sus flaquezas como joven inexperta y no deseaba cometer un grave error. Realmente Ren era un hombre demasiado misterioso que lo mismo le inspiraba algo de familiaridad como de desconfianza en la misma medida.

No respondió de inmediato, ni siquiera ante la alusión a su patética actuación frente a los licántropos. Además de descubrir prontamente que el rubio podía jugar el mismo juego de seducción en que le ha la hecho caer la vampiresa. Ni siquiera fue capaz de disimular el agradado con el que había recibido aquel sutil roce de labios del varón, ni lo bien que se sentía el suave toque de su aliento golpeando la sensible piel de la fémina cuando él acercó su rostro amenazando con un mayor avance. Y aún si no lo admitiera, escucharle decir que Dana era demasiado dominante para un hombre acostumbrado a dominar, resultó bastante decepcionante para la mujer.
¡Hump!... ¡Ni lo sueñes! —desdeño retrocediendo con indiferencia después de aquel breve contacto—. Yo no soy la clase de damisela que espera a que llegue su príncipe azul —dijo firme pero con relativa calma en un intento de disimular el efecto del anterior desdén de Ren, un poco ofendida a decir verdad—. Yo soy quien elije lo que le gusta y tomo lo que quiero… así  de simple.

Finalizó aquel tema puntualiza su actitud decidida y autoritaria que, según  ella, no daba cabida siquiera a la idea de una sumisión como había mencionado el muchacho.

Este hombre realmente estaba poniendo a prueba la paciencia de Dana que no comprendía  por qué, y tras tantas irreverencia, aún se encontraba ahí de pie, escuchando su palabrería. Tal vez inconscientemente sabía que algo productivo podía sacar de toda esa situación.
¿Qué tendré yo a cambio, en caso de que fallarás como instructor? Ya que tan interesado estas en el puesto —preguntó tajante como era, cruzada de brazos y con actitud seria.

Guardó silencio unos minutos como esperando su respuesta.
¡Mi presa! — exclamó repentinamente— Serás mi presa indefinidamente en caso de que seas incapaz de  contenerme… ¿Estarías dispuesto a ello? —pauso nuevamente— De otra forma, será mejor que lo olvides. No me interesa tu oferta.

Y mientras esperaba a que respondiera el joven, él detectó algo inusual de la que pronto Dana también se percató. Eran los licántropos que aún seguían en su persecución y ahora los habían encontrado posiblemente por su olor, interrumpiendo con ello  su interesante conversación.

Ni tarda ni persona, Dana con un deje de molestia en el rostro por el último comentario de Ren, pero más apremiada por las circunstancias, corrió siguiendo de cerca al rubio quien se interno en las entrañas de la tierra siguiendo los rieles del tren.
Me estoy cansando de esto de correr y huir —admitió con franqueza—. Ahora, “maestro” —remarcó aquella última palabra—  ¿Qué se supone que haremos para librarnos de la jauría? —preguntó a su compañero mientras sus piernas corrían sin parar, probando con dicha pregunta, las habilidades estratégicas de Ren. ¿De verdad sería un buen mentor?




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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Miér Sep 13, 2017 10:48 pm

Intentaba contener algunas de mis propias reacciones ante las de ella, sabiendo perfectamente que el ego de la fémina era sensible y fácilmente irritable. Así que sólo para mis adentros deje escapar una risita. ¿Conocerla a pesar de ser este nuestro primer encuentro?... ¡Eso no era un misterio! Dana podía ser leída tan fácilmente como un libro abierto. No estaba seguro si sus palabras eran sólo fanfarronerías o qué  tan capaz era de llevarlas acabo, pero sólo evidenciaba su inexperiencia fácilmente justificada por su juventud. Sería por eso que me interesaba tanto descubrir sus capacidades. Era una varacolaci, y honestamente esperaba de ella grandes cosas, como vampiro que yo también era. Hubiese sido tan sencillo para alguien de sentidos más agudos descubrir esa verdad, que mi decepción ante las nulas sospechas de Dana sólo eran atenuada y adjudicadas al hecho de que, aún como vampiro no solía alimentarme con frecuencia de sangre. Prefiriendo postergar el momento al mayor grado posible, por razones muy personales.

Sólo la falta de olor a sangre humana en mí ser, podía ser la excusa de que a esas alturas la rubia no se hubiera percatado de que estaba frente a otro vampiro y de ahí se derivaba mi interés en ella. Podía sonar estúpido y sentimental. Pero encontrar algo de familiaridad en la joven me reconfortaba inexplicablemente.

Inclusive sus afirmaciones de tomar con sus propias manos todo aquello que fuera de su interés, con o sin permiso, no fue algo que me sorprendiera. Por su carácter era muy predecible adivinar tal hecho. Otra risita tuvo que ser contenida. No era falta de respeto hacia ella, pero en mí cabeza me repetía una y otra vez que la muchacha debía ser aleccionada para corregir errores de personalidad y pulir sus habilidades natas. ¡¿Quién diría que el incorregible y desobligado Ren, se convertiría de pronto en un hombre responsable?! Y todo gracias a un vampiro aún más incorregible que él. No dejaba de pensar en lo orgulloso que estaría mi padre si me viera.

Una carcajada que fue imposible de contener por más tiempo se hizo escuchar. “¡Vaya tía!” , pensé para mi después de dejar claro que quería algo así como una especie de recompensa a cambio de la calidad de los servicios que yo le ofrecía. No dejaba de pensar altivamente, como si fuera a mí a quien le hiciera el favor de permitirme enseñarle. ¡Qué idea más arrogante! “Vamos Ren, aún estás a tiempo de retirarte sano y salvo de esta locura”, decía una pequeña voz en mí interior. Una voz a la que mi propio orgullo se negaba escuchar, comenzando a creer que efectivamente era cosa de vampiros aquello de no dejarse vencer. Tal vez muy en el fondo quería verla doblegada arrancándole aquella soberbia que la inundaba. Mas nuevamente y para no perder la costumbre, antes que yo pudiera decir nada, la chica ya estaba exigiendo su propio pagó. Una idea aún más descabellada que no hizo más que acrecentar la risa con la que ya me divertía.

— Muy bien, Dana Meredith Vamplew —lo había pronunciado bien, ¿verdad? —. Estoy dispuesto a pagar tu precio sólo si… en caso de que sea yo quien lo consiga, entonces serás  tú quien se convierta en mi presa… —le dije acercándome a pocos centímetros de ella. Desapareciendo la distancia que ella habia puesto de por medio. Tomando con la punta de los dedos un rizo de los que caían por el marco de su rostro, acariciándolo suavemente como una insinuación de mis intenciones al pronunciar aquellas palabras—. Si aceptas entonces tenemos un trato, ¿eh?

Pero como toda buena historia, cuando las cosas más interesantes se ponen, siempre hay algo que lo echa todo a perder. Cuando menos lo pensamos ya ambos corriamos internándonos en las entrañas de la tierra en aquel subterráneo que yacía parado desde hacia mucho tiempo según podía apreciarse. A diferencia de la persecución sobre tierra, el subterráneo no nos ofrecía demasiadas alternativas, solamente más túneles con poco espacio para maniobrar.

— Bueno señorita vampiresa, si está lista para su primera lección podemos pasar directamente a la práctica —respondí sin detener el pasó. De mi parte no había inconveniente alguno de dar media vuelta y enfrentarme a los lobos, pero con una novata como Dana, era como cargar con un peso extra. ¿Sería posible confiar un mínimo en que tendría la capacidad para repeler los ataques de un enfrentamiento directo? —. Si quieres recobrar el respeto de los lobos que se quedó en el suelo de la fábrica abandonada, esta es tu oportunidad. Pero deberás seguir mis instrucciones al pie de la letra, o juro que te dejaré atrás como carnada para caninos.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Lun Sep 18, 2017 1:22 pm


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El sujeto debía ser bastante ingenuo o demasiado ambicioso si creía por un instante que la vampiresa podía llegar a ser presa de nadie. Su sangre de varacolaci y su apellido eran más grandes que la fortuna que alguna vez llegaría a ser suya. Como hija única era la encargada de devolver a su raza la gloria de la que alguna vez gozaron, pero cuyo esplendor había sido demolido debido a los vampiros híbridos y sus aliados quienes habían conseguido casi exterminar a los vampiros puros, entre ellos, los mismísimos de su clan. Dana había sido criada desde el mismo momento de su concepción, para ser una reina y una diosa que devolviera la vida a su gente. ¡Por ninguna razón llegaría hacer alguna vez la presa de nadie! Y mucho menos de un perfecto desconocido del que no sabía más que su nombre.

Todo aquello lo pensó la rubia mientras corría lado al lado con el hombre que inesperadamente aquella noche había aparecido en su camino e inclusive había tomado el atrevimiento de suponerse su héroe al sacarla de las fauces de los lobos. La súbita aparición de la jauría no dio tiempo a que hombre y mujer afinaran los detalles de aquella competencia, más que trato, que ya se estaba fraguando. Más al correr ambos lado a lado sin que nadie negara la propuesta del otro, debió suponer más que una respuesta. Pues ya lo dice el viejo adagio, que quien calla otorga. Luego entonces, en lo que correspondía a la vampiresa el trato estaba hecho... Y ya se relamía los labios mientras de reojo contemplaba la figura del varón corriendo sólo unos pasos por delante suyo. Ella no podía ser presa de nadie, pero el joven se apetecía en sobremanera si se le miraba desde la óptica apropiada.
 ¡Ja! —exclamó con desdén, pues la vieja historia de los licántropos sacudiendo a la vampiresa ya le estaba fastidiando debido a su continua mención. Todos alguna vez tenían un mal día, ¿o no?—  Vamos poniendo las cosas claras, sangre sucia —agregó sin disimular ni un poco su molestia—. Me encargaré de una buena vez de callar a los perros y de paso hacerte comer tus palabras. No voy a permitir que continúes molestándome sólo por un pequeño error de cálculo. Y ahora mismo te lo voy a demostrar.

Habia determinación en sus facciones, detuvo el paso abruptamente dibujando una sonrisa en los labios, fulminando con la mirada a su acompañante y futuro maestro, sólo en caso de que no terminará siendo a la inversa y fuera ella quien le enseñará algunas buenas lecciones.
Observa bien y no pierdas detalle alguno… para que te lo grabes —agregó antes de dar media vuelta dándole la cara a los licántropos cuyos aullidos ya sonaban como eco a lo largo de los túneles del subterráneo.

Se tenía mucha más confianza, sentía como si volviera a ser ella misma, la de siempre, la que no teme no duda y mucho menos huye de una pelea. La segura, la indomable, la vampiresa dominante que sometía bajo sus pies a esos seres espantosos y despreciables, enemigos a muerte desde el inicio de los tiempos. Además, el sentimiento que alentaba aún más su determinación era saberse observada por aquel hombre, quería demostrarle quién era en realidad Dana Vamplew y de qué estaba hecha. Era además, una premisa de lo que Ren podía esperar una vez que la fémina de sensual porte se adueñase de él en cuerpo y alma. Probablemente fuera esto último lo que la motivaba a saldar esta cuenta a su favor.

Aspiró hondamente, apretó los puños y corrió de frente al encuentro con sus archienemigos por naturaleza. Con ambos brazos a los costados extendió las palmas de las manos desencajando aquellas uñas retractiles largas, filosas y puntiagudas, listas a probar sangre de nueva cuenta. Una sensación de adrenalina recorrió el cuerpo de la vampiresa que ya percibía el olor a sabueso. El túnel era oscuro y con el eco resonando por todos lados era difícil vaticinar de dónde saldrían aquellos mitad hombre mitad lobo. Pero su aguada visión no tardó en vislumbrar la figura de uno de ellos que venía hacia ella con la misma velocidad. La sonrisa en labios de la fémina se acentuó con malicia, y de un gran salto se abalanzó sobre su enemigo provocando un inevitable choque cuerpo a cuerpo donde la punta de sus dagas consiguió rasgar la piel superior de la bestia llevando en las mismas un pequeño rastro de sangre y de piel. Cayendo con elegante porte en tierra firme unos metros más adelante, Dana se giró para confrontar nuevamente al enemigo. La sonrisa persistía en su rostro de finas formas, tan diferente del tosco y deformado de aquel.
No te preocupes. Todavía no he comenzado .

Dijo la muchacha al mismo tiempo que acercaba los dedos de la mano hasta sus labios, apenas degustando con la punta de la lengua un poco de la sangre del cánido. Un fruncimiento de las cejas delineadas con una consecuente expulsión de la sangre probada debieron dar a entender que su sabor no había sido de su agrado.
¡No sirves como alimento! —recrimino molesta en un segundo, más retomando la sonrisa altanera al siguiente— No tengo más opción que liquidarte. ¿Estás listo a morir?

Un aullido agudo y sonoro hizo retumbar aquel túnel, y el lobo comenzó a respirar con fuerza exhalando vapor por la cavidad bucal y con fiera expresión en los ojos que se clavababan en la vampiresa.
Ni siquiera importa que llames a todos los que quieras… pues sólo los estas trayendo al matadero.

Y una vez que hubo dicho aquellas palabras, por segunda ocasión, vampiro y licántropo arrojaron sus cuerpos uno en contra del otro en una pelea que se antojaba de igual a igual, pero sobretodo… salvajemente sangrienta.





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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Lun Oct 09, 2017 12:10 pm

El cuento repetitivo de: "Soy la reina, besa el suelo que piso" de la vampiresa comenzaba a fastidiarme mas de la cuenta. Debía aceptarlo, no era un tipo que soliera irritarse con facilidad, antes bien, había desarrollado bastante el arte de la paciencia pues parte del negocio era lidiar y negociar con tipos pesados e intransigentes que podían ser tan pesados como la vampiresa. Por supuesto, de ellos buscaba un beneficio, pero de Dana era más un sentido del deber que una compensación lo que buscaba. Aún si poco a poco ese sentido de camaradería iba extinguiéndose ya que la actitud arrogante de la rubia estaba poniendo al límite mi infinita paciencia.

Podía soltarle de golpe que había sido bastante despistada si a esas alturas no había descubierto que se encontraba frente a otro vampiro de estirpe tan honorable como la suya, pero algo dentro de mi me decía que no había llegado el momento para hacer la revelación, ¿qué  esperaba? Honestamente ni yo mismo lo sabia.

Después de su apelativo que había conseguido irritarme, decidí que si realmente estaba planeando arrojarse a las fauces de los lobos no sería yo quien la detuviera. Si su actuación iba a ser como la anterior,  esta vez no intervendría, dejaría que los acontecimientos siguieran su curso y pusieran a la vampiresa en el lugar que le correspondiera. De igual forma había detenido el paso y sin decir nada sólo. Contemple los movimientos de la joven quien decidida se volvió dispuesta a encontrarse con la horda de lobos, había determinación en sus ojos, ¿de verdad esta ocasión mostraría los colmillos? Pronto me di cuenta que aquel licántropo no estaba recibiendo un trato mejor que el que solía dispensarme a mi. Lo había herido y el can se encontraba visiblemente molesto, iracundo diría yo, era el preludio de una batalla que tendría serias consecuencias sin duda. Yo mismo me lo habría pensado para enfrentarme contra una decena de lobos, pero la mujer era reacia y sin entender razones resuelta a limpiar su honra, no podía simplemente marcharme desentendiéndome de ella. Por más pedante que fuera no podía hacerlo, era ese el motivo principal para plantar mis pies como plomo en ese lugar, dispuesto a correr el mismo destino que ella, era mi deber como miembros de la misma raza.

Cuando la mujer reanudó su pelea con el licántropo, me di cuenta del arribo de otros dos quienes llegaban desde otro punto de los túneles que conectaban el subterráneo. Era una especie de letra "y" la que se formaba en ese punto, me interpuse en la intersección cortándoles el paso a los otros dos. Firme, cruzado de brazos, impidiéndoles el paso.

— No estarán pensando unirse a la fiesta, ¿verdad? — les dije amistosamente— Dejen a los tortolos tener su idilio —refiriéndome a la pelea de Dana y el licántropo—. De lo contrario me veré en la penosa necesidad de ensuciarme las manos con ustedes, y no creo que ni a ustedes ni a mi nos agrade la idea — les dije tronándome los dedos de las manos indicándoles que no bromeaba, estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias—. Manténganse quietos y nada malo les pasará —sabia que era inútil tratar de disuadirlos, pero debía agotar todos los recursos antes de desatar lo inevitable. Sin embargo, un gruñido fue la respuesta que obtuve a mis consideraciones. No había salida, la pelea era inminente.

— No digas que no te lo advertí —adopte la postura de lucha y me lancé a la pelea con los puños por delante consiguiendo impactar a la primera en el mentón del licántropo. Aún si tenían una forma semi humanoide, la forma de su rostro se sentía a las claras más tosca y deforme, de manera que inclusive con la fuerza aumentada que poseiamos los vampiros, el impacto dejó mella en mí puño— ¡Joder! Sí que eres cara dura —literalmente, reconocí abriendo y cerrando la palma de la mano.

Y mientras el licántropo se sobreponía al golpe, el segundo me sorprendío por la espalda cologándose de mis ropas intentando morderme la cabeza, fue el instinto el que consiguió librarme de una mordida fatal seguramente, cuando arrojándose contra el muro de concreto intenté azotar la cabeza del segundo licántropo la cual se hizo sonar una vez que fue sacudida dos, y  hasta tres veces haciendo que el lobo cesará momentáneamente sus intentos cayendo de sobre mi espalda. Yo por mi parte me asegure de que no hubiera dejado una herida grave en mi cuello, afortunadamente había actuado con prontitud no dándole tiempo de nada.

— Los tipos como tu le dan mala fama a los de tu raza —desdeñar a decir verdad, un poco molesto por su ataque a traición. Rápidamente recordé que la chica rubia seguía enzarzada en su propia pelea, de modo que mis ojos buscaron a los combatientes quienes continuaban luchando uno contra otro un poco más al fondo del túnel— ¡Date prisa y deshazte de él! — el tono usado era autoritario sin que me hubiera dado cuenta, mala idea teniendo en cuenta a quién se lo decía, pero era por buenas razones que lo hacia— Ya vienen  los refuerzos y no saben atacar uno a uno. ¡Acabalo de una buena vez! —reitere con fuerza antes de volver a atender mis propios asuntos.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Miér Oct 18, 2017 1:14 pm


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  — No me presiones, hombre —respondió al escuchar como a través de la acústica del túnel su maestro le exigía terminar el trabajo—. Toda mujer sabe tomarse su tiempo para todo —una verdad universal.

  Sonrió a medias mientras su mirada grande y azulada se clavaba en el licántropo que de pie se encontraba frente a ella, ya habían tenido alguna interacción y la fémina sentía como la adrenalina iba aumentando poco a poco transfiriendo una especie de corriente eléctrica a cada fibra de su ser. La sensación le gustaba, es mas, la estimulaba al grado de acrecentar sus palpitaciones cardiacas, algo que no era usual en seres como los vampiros quienes en ocasiones solía llamárseles "muertos vivientes" por sus casi nulos signos vitales. Sus ojos grandes de por sí comenzaban a chispear. Hacia tiempo que no se veía en una situación similar, y aún si no lo aceptará, saber que contaba con el respaldo del rubio a sus espaldas le infundía una confianza como no la había sentido antes, al menos no fesde que arribo a la ciudad. Era por ello que está vez, a diferencia de la interior, se le veía confiada y segura como nunca. No tenía duda alguna, sabía lo que quería, lo tenía mentalizado y esa noche haría de las suyas con el único fin de saciar su hambre de poder y supremacía.
  — Acércate sabueso —llamó con una de las manos en forma retadora— ¿O estas esperando a que lleguen tus amigos? Eso sería muy cobarde de tu parte, ¿no lo crees?
  La criatura hasta ese momento sólo profería sonidos y gruñidos de su garganta, algo que Dana había interpretado como carencia de inteligencia. Pero aquel comentario obtuvo una respuesta hostil y violenta, estaba claro que aún en su transformación los mitad humanos mitad lobos eran perfectamente conscientes de lo que ocurría a su alrededor, además de que comprendían aquellas palabras que no tenían otro fin que el de avivar la rivalidad.
  — Que bien, no eres tan tonto como creí —añadió para incentivado más a volver al ataque.
  Lista estaba para recibir de nuevo el ataque del licántropo, cuando de repente pie atacada por la espalda con un golpe que casi consigue arrancar el oxígeno de sus pulmones. Habiendo caído rodillas en tierra, la vampiresa volvió el rostro para ver la identidad de quien la había atacado a traición. Era un segundo licántropo, uno femenino y si bien no se equivocaba, debía ser la pareja del primero quien seguramente había venido en auxilio de su compañero,
  — Que tierna relación... ¿permiten que me ría? —se burló descaradamente —. Pero te has metido con la chica equivocada. Y esto no te lo voy a perdonar .
  Sentenció incorporándose sobre sus piernas lentamente. Estaba furiosa, si, pero a la vez sobre emocionada, como si fuera lo que hubiera estado esperando toda la noche. No había excusas, ni dudas. Aquel túnel sería la tumba de los licántropos y se vería a ella misma bañada en su sangre como trofeo a su grandeza.
Se lanzó rápidamente arrojando su cuerpo contra la licántropo impactando el puño de su mano contra el rostro de la loba quien resistió el golpe sin caer a tierra. En un movimiento tan rápido como las habilidades de un felino Dana se inclinó hasta el suelo doblando las rodillas desde donde propinó un trememdo puntapié sobre las piernas de su contrincante quien inevitablemente fue a caer de espaldas sobre el suelo. Una vez en aquella posición, y gracias a que por su peso se le dificultaba a la loba ponerse en pie tan rápido como la vampiresa, esta última sacó a relucir las uñas de su mano en forma de dagas largas y punzo cortantes. Su mirada estaba descolocada pero fija en el cuerpo tendido de la licántropo, había decisión y un brillo inusual en ellos.  Una sed de sangre... Más no de alimento. Las vibraciones terrestres así como su agudo oído le advirtieron que de nuevo un peligro se acercaba a velocidad tras sus espaldas, pero ni siquiera tuvo a bien girarse sobre su eje para contrarrestarlo. Simplemente empleó aquellas "dagas" para encajarlas en las entrañas del lobo masculino con un leve movimiento en la dirección de su mano. El único momento en que volvió su atención sobre el licántropo fue sólo para contemplar la expresión de su rostro doliente y moribundo que se quejaba ante la profundidad de la herida. Con sonrisa en los labios, la vampiresa revolvió un poco la mano en el interior del lobo para causarle más daño y dolor, pues le deleitaba en demasía contemplar aquel rostro cuya vida se le escapaba del cuerpo. De un movimiento, Dana sacó la mano del fondo del cuerpo del licántropo quien cayó sobre el suelo con todo el peso de su cuerpo causando un ruido estruendoso. Luego de ello, regresó la atención sobre la loba que aún no conseguía incorporarse, menos ahora que estupefacta contemplaba el cuerpo de su pareja tendido sobre el suelo.
  — Tsk... ¡Por todos los cielos! ¡No me mires así! ¡Fue culpa tuya! Si no hubieras intervenido, no lo hubieras distraído, luego entonces él aún seguiría con vida.
 Dijo con expresión sentida en el rostro, hipócrita, y un tono de voz triste mientras culpaba a la otra de lo sucedido deslindándose de responsabilidades.
  — Lección número uno y última para ti: Si inicias una pelea... Asegúrate de terminarla.
  Una vez terminada la frase, Dana perforó con las dagas de su mano el corazón de la licántropo que a esas alturas había  perdido toda motivación para defenderse si quiera, dejando correr la sangre que comenzó a bañar el subsuelo junto con la del lobo varón. Mientras la rubia, con cierto asco impregnado en las facciones buscó donde limpiarse los rastros de la sangre sucia que los licántropos habían dejado sobre su mano.
  — Querías que terminará pronto con ellos y ya lo he hecho. ¿Alguna otra orden, maestro? —en tono altivo se dirigió al rubio quien tenía ante si, sus propia batalla…






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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Ren Schlierenzauer el Lun Nov 06, 2017 11:16 am

No era el final que prefería para mi encuentro con los licaones, pero ellos no estaban jugando y seguramente nos arrancarán la cabeza a la rubia y a mi si no lo hacíamos primero nosotros a ellos. Como quiera que fuera, no fue sencillo contemplar como la vampiresa segaba la vida de esos dos licántropos. De hecho, era escalofriante ver como con total sangre fría mataba a ambos sin una chispa de remordimiento en los ojos. Aún si en el fondo yo mismo sabía bien que no teníamos otra salida. O vivían ellos o vivíamos nosotros, por su puesto, yo estaría para ver otro amanecer.

Lo peor del caso no era haber presenciado la muerte de dos licántropos, sino que tras mi espalda se encontraban otros dos que también lo habían visto todo provocando una auténtica conmoción. Sonidos ensordecedores comenzaron a retumbar por los túneles del subterráneo inundando todo el conjunto de canales de modo que inclusive los rieles de acero vibraban debido a la intensidad de las ondas sonoras. El propósito, poner al tanto al resto del clan y llamarlos como refuerzos.

— Lo que nos faltaba. Como si cuatro no fueran suficientes, ahora vendrán el doble de ellos —maldije por lo bajo volviendo a concentrar mi atención en mis propios rivales mientras me preguntaba si debía hacer lo que Dana, matarlos. Detestaba encontrarme en esa situación donde terceras opciones no existían, sólo eran matar o morir.

Retomando nuestra pelea, ahora los licántropos se lanzaban sobre mi directamente con mordidas. Sabían que sus mordidas eran venenosas para cualquier vampiro, y utilizaban ese recurso para asegurarse de terminar conmigo. Había odio, un verdadero odio en sus ojos que brillantes en la noche sobresalían de entre las penumbras. Ambos atacaron al mismo tiempo viéndome obligado a desenfundar a Curtana, mi fiel aliada. Con ella a penas conseguí repeler los ataques imposibilitando a los lobos y su fatal mordida. Pero estaba retrocediendo, mientras las dudas se apoderaban de mi sobre la divergencia entre matarlos y dejarlos vivir. La respuesta era obvia pero...

— Siento mucho no quedarme a jugar más tiempo con ustedes, pero ya tengo que irme — les dije primeramente esquivando una mordida directa de un primer lobo, saltando sobre él gracias a levitas empleando la empuñadura de la espada para golpearlo fuertemente en la nuca lo que causó la pérdida de la conciencia por parte del can. Al segundo, después de verme deshacerme de su compañero, no me sería tan fácil vencerlo. Una patada sobre el pecho que lo hizo volar varios metros hacia atrás. De un salto caí sobre él dejándole caer además de mi peso, una lluvia de puñetazos que estaba seguro me habían dolido más a mi que a él, pero que me dieron el tiempo necesario para azotar su cabeza contra el suelo y repetidas veces antes de que perdiera el conocimiento. De esa forma quedaron fuera de combate ambos licántropos desmayados, más los muertos de los que se había deshecho la vampiresa.

— Si, tengo otra orden para ti primor.... salgamos de aquí ahora mismo —dije jadeando un poco después del ejercicio mientras me aseguraba que los lobos estuvieran totalmente inconscientes. Ya a lo lejos se escuchaban las vibraciones de la jauría aproximándose a gran velocidad. Y no quería ver sus caras una vez comprobarán con sus propios ojos a los caído ahí. No estaba seguro cuántos encuentros habría tenido Dana antes con aquellos archi-enemigos, pero yo había tenido muchos, y no había nada más peligroso que una mujer despechada... que un licántropo enardecido de cólera. No tendríamos escapatoria si los lobos nos encontraban ahí. De momento teníamos dos túneles despejados después de deshacernos de dos pares de lobos. Un túnel conducía hacia el puerto y el otro hacia las ruinas de la ciudad, dos magníficas opciones que no debíamos desperdiciar.

— Vampiresa, esta es nuestra oportunidad. ¡Andando! —intenté prontamente retomar el paso cuando un nuevo gruñido fuerte y ensordecedor detuvo mi paso. Eran los licántropos, habían llegado más rápido de lo que había pensado, eran un grupo de al menos diez lobos que nos observaban fijamente con sus pequeños ojos rojos encendidos y brillantes. Guardando silencio, contemplaron a los dos inconscientes y sobre todo a los dos caídos, lo cual debió haberles causado una gran impresión pues comenzaron a respirar profundamente y resoplar con fuerza a tal grado que el vapor de su hocico comenzaba a inundar aquella intersección donde nos encontrábamos. Después, un tremendo gruñido, aun mas intenso que los anteriores, sacudió el lugar al grado de obligarme a cubrirme los oídos debido a la intensidad.

¡Vampiro! —exclamó iracundo. Dirigiéndose a mi, me di cuenta que era él mismo licántropo líder que habíamos visto en la fabrica abandonada y que en aquella ocasión había exclamado la misma palabra pero en idioma rumano, ahora lo hacia en el idioma local dirigiéndose específicamente a mi e ignorando completamente a la chica. Comencé a sospechar que el líder licaón pensaba que era yo quien habría asesinado a sus hermanos, de ser ciertas dichas sospechas, entonces me encontraba en graves aprietos.
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

Mensaje por Dana M. Vamplew el Dom Nov 12, 2017 9:14 pm


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Resulta muy cobarde salir corriendo como ratas abandonando el barco a punto de naufragar, ¿no te parece?

Para Dana resultaba casi insultante siquiera sugerir tal idea. ¿Una persona de su rango, abandonar el campo de batalla y traer tal deshonra a la familia? ¡Ni en sueños!

Huye tú si quieres, nadie te culpará. Pero yo me quedo un rato más a atender a los invitados —altiva como ella sola, se alistaba para proseguir la pelea una vez los pasos retumbantes de los licántropos al fin terminaron por traerlos al lugar. Habiendo probado sangre, Dana estaba ansiosa por continuar la pelea hasta hacer añicos a todos y cada uno de los lobos. Romper cabezas le sentaba tan bien que eran como una lluvia de rosas rojas a su ego. Nada se comparaba a esa sensación de superioridad y dominancia que le embriagaba aun más que el licor. Ni siquiera una buena noche de sexo resultaba equiparable al deseo de aplastar y destrozar, especialmente si se trataba de uno de sus archienemigos como lo eran los licántropos. ¿Qué de mal le habían hecho aquellos dos que yacían sobre el suelo inerte con sus cuerpos tornándose rígidos? En realidad nada. Su pecado había sido simplemente ser licántropos y haberse metido en la noche equivocada, con la chica equivocada.

Un estrepitoso alarido llenó con su eco el lugar, las fieras habían arribado a la escena del crimen mucho antes de lo que Dana y compañía esperaban, seguramente guiados por el olor a sangre que ya bañaba el suelo del subterráneo. La rubia lejos de impresionarse o sorprenderse, esbozó una amplia sonrisa, para ella el número de cinco a uno... o mejor dicho, diez —porque el rubio había expresado su deseo de salir del lugar— más que intimidatorio era una nueva oportunidad de terminar con más de aquella jauría de lobos que infestaba cual plaga a New London. Le haría un favor a la sociedad limpiándola de la escoria de los licántropos. Con su anterior victoria sobre los lobos, la confianza de la vampiresa estaba por la nubes, no pensaba en el riesgo ni el peligro, sólo en continuar eliminando enemigos.

Muy bien Ren, escapa mientras puedas. Esto se pondrá un poco feo —aseguró adoptando una posición ofensiva lista para saltarle encima a los licántropos, salvo por un detalle...

La sola palabra vampiro  consiguió hacer más eco que todos los gruñidos juntos de los lobos perturbando en el acto a la fémina,  quien en un principio supuso que por obvias razones debía estar refiriéndose a ella el licántropo que había pronunciado tal palabra. Pero algo no cuadraba: para el lycan era como si Dana no existiera, pues sus ojos rojos estaban clavados en la figura del rubio.

«¿Por qué se refiere a él de esa manera?». Se cuestionaba la vampiresa creyendo que el olor a vampiro, su aroma impregnaba el túnel y que seguramente el licántropo se había confundido atribuyendoselo al varón en un acto estúpidamente machista..

Como quiera que fuere, Dana poco paciente como era se tomó como afrenta el hecho de sentirse ignorada por el enemigo como si minimizara lo que ella era capaz de hacer. Sin embargo, la fémina estaba dispuesta a hacerle rectificar pronto su error.

¡Es de pésima educación no saludar a las damas! —exclamó ofendida arrojándose al instante sobre el grupo de licántropos— ¡Ya te enseñaré yo buenos modales!

Añadió desenfundando las dagas de sus dedos filosas y puntiagudas asestando un primer y certero golpe que fue a incrustarse en la garganta de uno de los lobos que no consiguió esquivar el golpe. Con la fuerza impresa en el rápido movimiento con el que la vampiresa se había arrojado sobre el grupo, la mano firme de la rubia arrastró un metro más sus dagas hacia el frente encajandose contra la pared junto con su víctima a quien las dagas habían atravesado la garganta y el cuello por completo. Fue el inicio que desató el caos bajo tierra, cuando sintió un golpe casi fracturar su espalda debido a la intensidad. Apenas mirando por sobre su hombro se percató de que el licántropo que suponían era el líder, había arrojado su corpulento cuerpo sobre la vampiresa en rescate de su compañero herido.

¿Ahora si tengo tu atención?... No te gustó, ¿verdad? —inquirió apenas audible debido a la falta de aire producto del golpe sobre su espalda, una vez que retrajó sus uñas liberando a su víctima quien se desplomó sobre el piso—. No te preocupes, tienes otros ocho compañeros y te prometo que todos ellos probarán mis garras... Como lo hicieron antes los otros dos que ves ahí sobre el suelo.

Amenazó con una sonrisa socarrona y altanera en el rostro mientras observaba por debajo de un mechón de rubios cabellos que caían sobre sus ojos, el iracundo rostro del líder licántropo que exhalaba vapor.





He venido en respuesta a tus plegarias...:


Dana M. Vamplew
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Re: Buenos presagios: De cacería [Priv.]

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