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Mensaje por Eriol Darkwing el Vie Mayo 05, 2017 6:52 am

El pesado y largo camino de vuelta a casa.  Si bien podría haber terminado por pasar el resto del día caminando de un lado a otro, también gustaba de estar relajado por un tiempo en su hogar. Cerrar los ojos, recostarse en el sofá mientras música random proveniente de su ordenador sonaba  hasta que lograra dormirse. O por lo menos así lo planeaba. Luego su caprichoso ser le haría degustar cualquier comida chatarra o algún pedido expresó para escuchar metal o alguna otro estilo nuevo al cual aventurarse. La música sin duda era magnífica y a veces le resultaba gracioso como algunos estilos los ligaban a ellos, a lo que él era. Pero tampoco es como si le molestaran en si las etiquetas. No, de hecho, no le importaban en lo más mínimo. Pero tampoco podía ponerse a analizarlo mucho, él no analizaba lo que hablaban las personas de cara al público, no a él le interesaban en su quehacer diario o, más bien, lo que había en el interior, las personas de verdad.

Muchos, como él, ocultan su verdadera naturaleza y no se refería a su modo de pecar o en lo que a su raza se refería. Por eso mismo también le gustaba la lectura, le gustaban los libros donde sus protagonistas fuesen psicópatas. No, él no era uno pero era bastante encantador, como para decirlo de alguna manera.
Mientras caminaba, entonces, leía aquel libro. También porque le gustaba el compartir el espacio a su alrededor, observar como esas personas caminaban y parecían poderosas pero no eran nada en comparación a sí mismo. Después de todo... hasta el más santo tiene su propio deseo oculto. Al igual que el protagonista de la novela que disfrutaba.
En un principio le había llamado terriblemente la atención y este libro que mantenía abierto en ese momento le llenaba de sensaciones que no solía experimentar. Era un mero personaje de ficción pero, un sujeto así, le hubiese gustado conocer en la vida real. Debía de ser bastante poético su encuentro. Porque, aun cuando ese tipo en la realidad frente a los demás era un ser de lo más normal, en la oscuridad reflejaba la libertad de su oscuro ser. Era un demonio atrapado en el cuerpo de un humano que debía de permanecer limpio. No había leído antes un personaje tan bello, claro, si había leído otros espeluznantes, pero este tenía un encanto particular. Aunque seguía encadenado a la sociedad en la que vivía, eso era una autentica lastima. Si lo dejaran libre, si hubiera podido moverse como él tanto ansiaba, entonces Dexter Morgan hubiese sido el mesías que liberara a Miami de su sufrimiento. Pero al final sólo terminó siendo un demonio domado dentro de un cuerpo humano. No había nada para hacerse, así había sido escrito. No toda obra es perfecta, o tal vez fue ese fallo o ese detalle que a él le disgustaba lo que le hiciese tan perfecto.

Pero aun así seguía leyendo su historia, mientras se mantenía parado entre los pasillos de aquel tren. Siempre cedía su asiento, no pensaba que hubiese algo más descortés que permitir que una persona que lo necesitara estuviera de pie. Él no lo necesitaba por ahora, y, aunque lo mereciera, cedía su lugar, porque así su madre le había criado. Su madre… como la odiaba. Mantén a los que podrían ser tuyos en una zona de confort. Sí, eso lo sabía perfectamente bien.
Pero hubo un movimiento, la persona frente a él se había detenido bruscamente y, por el movimiento, el libro cayó en el suelo mientras él hacía el equilibrio para no quedar en un sitio similar. Claro es así, en situaciones normales eso no pasaría, pero se había distraído con la lectura tanto que fue hasta inevitable. Pequeños accidentes que suelen pasar, aunque sus manos se movieron inquietas por unos breves segundos. No haber tenido el control de su cuerpo había sido algo desagradable.

Darling ¿puedo saber que le ocurre?—con una voz en un tono de ligera molestia, se agachó para tomar su libro y chasqueó la lengua, aunque era algo que podía pasar esperaba que, por lo menos se disculpara o algo.



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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Viktor & Ragnar el Dom Mayo 28, 2017 3:48 pm


Un suspiro pesado de su parte no tardó en aparecer tras estar varias horas en su consultorio dentro del gran hospital que formaba parte de Londres cumpliendo con su deber como médico al realizar más de diez horas de consulta, se podía percibir el cansancio que llevaba sobre su espalda y encima de su cabeza con tan sólo ver su forma de mirar y hablar cada vez que sus colegas se acercaban a él con el único fin de intercambiar varios tópicos en común y mantener una breve pero amena conversación con este.
Si bien no se arrepentía de haber cogido ese trabajo desde que se fue de su país natal y tras haber finalizado los estudios correspondientes, había momentos en los cuales no deseaba ver a ningún enfermo durante su día a día laboral y eso era por demás un deseo que no podía ser satisfecho o por lo menos no en su totalidad como lo deseaba el lycan. Su mirada yacía prácticamente perdida en la puerta de su consultorio luego de que el último paciente se retiró del mismo hace ya quince minutos, buscando en lo más recóndito de su cuerpo un poco de energía, la suficiente como para levantarse de su sitio, coger sus cosas y retirarse del nosocomio de una vez por todas. Una de sus manos yacía sobre la mesa, usando sus propias falanges para “tamborilear” la tabla de madera que conformaba ese objeto y sobre la otra, se encontraba apoyada una de sus mejillas como si con ello evitase en lo posible dormirse en su asiento y compartir la noche dentro de ese gran sitio en compañía de los enfermeros y colegas que les correspondían las horas de guardia —Que asco...— Musitó de forma pesada, quejándose por lo bajo de esa pesada fecha antes de coger la energía suficiente como para levantar su cuerpo del asiento y comenzar a ordenar sus cosas de forma perezosa con el fin de dejar limpio su escritorio para el día siguiente.

A pesar del cansancio, dentro de su cabeza retumbaban voces y aparecían pequeñas películas de lo que fue su vida antes de llegar a la gran ciudad de Londres, donde actualmente era “prisionero” como el resto de sus habitantes ¿Hace cuánto que no veía a su familia? Siquiera el mismo quería contar el tiempo para responderse a esa pregunta, desde que cumplió los dieciocho años de edad por el único pecado de haberse enamorado de quien no debía, tuvo que alejarse de todos con el fin de evitar más problemas un detalle que sorprendía a cualquiera quien lo conociera; un muchacho que gustaba de bromear y actuar como si nada le importara en el mundo pero que, ante múltiples episodios, tuvo que modificar aquellos defectos por más que así no lo deseaba.
Ver con otros ojos con quien compartas tu sangre era un pecado del que pocos caían y no sabían cómo salir de ello, siendo él uno de los que forman parte de ese pequeño porcentaje. Olvidar era algo que no podía y eso tan sólo obligaba a cerrar su “corazón” para la llegada de nuevos seres, pero, después de todo, no había amado tanto a alguien como su hermano menor y el único que tenía.

—¿Por qué tengo que recordar eso ahora?— Volvió a quejarse por lo bajo, cubriendo parte de su rostro con una de sus manos en lo que fruncía ligeramente su ceño tras un breve recuerdo que tuvo de su infancia, un recuerdo en donde la figura de ese niño a quien tanto adoraba formaba parte del mismo. A veces se detestaba por semejantes cosas, pero cuando el cansancio golpeaba su cuerpo, su mente se movía por cuenta propia al recordarle aquellos momentos sin realmente desearlo. Bufó con total molestia en lo que cogía su maletín ya con todos sus papeles dentro del mismo antes de encaminarse hacia la puerta de la habitación y retirarse del mismo como debía.
Aunque no tenía energía para hacer algo más que caminar, no dudó en esbozar una sonrisa sutil en lo que sus ojos se topaban con algunos compañeros de trabajo y colegas en los pasillos en lo que apresuraba ligeramente sus pasos con tal de salir de una vez por todas de ahí con tal de poder coger el tren a “tempranas” horas el cual se movía activamente cada cinco minutos, recogiendo a pasajeros en cada parada. Después de todo, sólo deseaba estar en la comodidad de su hogar a solas y obtener su merecido descanso. Su agotamiento era tal que siquiera se quitó la chaqueta que usaba para el trabajo, evidenciando a simple vista a que se desempeñaba realmente y más aún al tener esa pequeña placa que revelaba su lugar dentro del hospital además de su nombre completo.


Tan sólo fue cuestión de veinte minutos en lo que su persona ya se encontraba en la parada del tren, esperando apenas unos breves segundos para que el mismo apareciera en el lugar y poder subir al mismo aunque con ligera dificultad ante la gran cantidad de personas que subían.
Con rapidez pero siendo cuidadoso, caminó por el estrecho pasillo como le fue posible en lo que sujetaba con firmeza su maletín en lo que buscaba evitar chocar con alguien y ocasionar un problema con ello; sin embargo, no fue capaz de prever el tropezar con otro y lograr con ello que a este se le cayera algo de las manos —Ah, lo siento mucho, señorita.— Automáticamente se disculpó, sacando la conjetura del sexo de este al tan sólo dedicarle una breve mirada de soslayo y no prestarle demasiada atención a lo que realmente era, tal vez el juzgar la apariencia del adverso fue un error que su agotamiento no le permitió ver. Se sujetó de la baranda que yacía frente de la persona con la cual chocó, cerrando sus ojos, sintiendo como estos ardían ligeramente antes de volver a abrirlos y toparse con el más bajo, siendo sólo cuestión de unos pocos segundos para que de su semblante perezoso una mueca de sorpresa se dibujase. Apretó sus labios ligeramente antes de desviar su mirada de este, sintiendo ligera incomodidad ante semejante confusión que presentó además de negarse el disculparse por segunda vez con esta aunque de todas formas tuvo que hacerlo empero no pudo contener una ligera risa por ello —Lo siento, lo siento por ello.— Levantó ligeramente su mano libre y mover la misma de un lado a otro como si le restara importancia a ello; sin embargo, no iba a negar que la apariencia delicada que el ajeno presentaba de buenas a primeras fue suficiente motivo para llegar a esa errada conclusión.




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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Eriol Darkwing el Lun Mayo 29, 2017 5:21 pm

Tal vez no hubiera sido una buena opción el haber tomado aquel transporte, debió haber caminado o algo similar. Sin embargo, tampoco es como si pudiera hacer algo al respecto, sólo debía de esperar a llegar a destino y nada más. Por otro lado, incluso si tuviera ganas de seguir leyendo aquel libro, dada las condiciones de la situación, lo mejor que podía hacer era guardarlo de momento pero, por alguna razón, no lo hizo.  Sinceramente estaba un poco exhausto así que no vio bien a la persona que le había empujado, ya con la disculpa era suficiente, tampoco era necesidad de estar pensando demasiado en ello, pero eso cambió cuando escuchó aquella palabra que había pronunciado, aquel error que la otra persona había cometido.

¿Ah?—sorprendido por aquella palabra que había usado, esta vez sí concentró su mirada en el hombre que le había tropezar. Aun cuando el incubo pudiera tener el ceño ligeramente fruncido, al ver la expresión algo cansada del ajeno no pudo ser especialmente agresivo con él, mucho menos cuando le vio con sorpresa. Ante la risa que escuchó y notando que se había equivocado, él miró hacia el reflejo de las ventanillas del tren, observando su rostro un momento. Señorita... huh… le molestaba algo como eso, pero ahora que se veía con más detenimiento, era algo que podía ser. Por algo ya había sido llamado princesa por cierta persona antes, sus facciones delicadas y la hermosura que podía llegar a poseer. Soy mucho mejor que una chica, eso hubiera querido decir, o si es que era el Eriol de antes lo hubiera dicho sin dudar, ocultándose en esa falsa seguridad, pero no pudo hacerlo ahora. Aunque, eso no significaba que no hubiese tenido un ligero tic al tener que admitir, incluso si era internamente, que la confusión del desconocido era bastante aceptable.

¿En serio parezco una chica?—Aun así, una leve risa se le escapó también, tal vez contagiado por la situación o porque no podía hacer mucho más al respecto. Al fin y al cabo, entre más mirase su reflejo más podría darle la razón, pero eso no significaba que lo hiciera abiertamente. Se arregló los cabellos que habían quedado ligeramente desordenados por el empujón, bueno, no era algo que fuera demasiado grave de todos modos. Muchas otras personas lo hacían deliberadamente y, al no ser el caso, fue que pudo medirse, así fuera en su tono. Aunque él hubiera notado su propia voz más suave que lo habitual, no podía tener la certeza de que lo fuera para la persona que le había hablado.

Muchos nos arreglamos hoy en día,  y es parte de mi imagen personal actual. No es tan raro ¿o sí?—se encogió de hombros, seguramente ni siquiera habría pedido una razón por la cual se vestía de esa manera o se arreglaba o algo por el estilo, pero ya lo había soltado con tanta naturalidad como si hablara del tiempo ese día. Aun cuando estaba en una ligera sensación de alerta como si pudiera llegar a ser molestado con cualquier otra frase al respecto. Pese a todo y era lo malo de su propia personalidad, era bastante orgulloso y no por arreglarse  o pintarse las uñas o llevar aretes tendría que ser visto como tal. Bueno, eso estaba en cada quién, por lo menos su arreglo era bastante suave en comparación a otras personas que había llegado a ver por encima en el tren. Muchas de ellas deberían tomar un curso o algo similar, y no era por ser malo –que pudiera ser bastante cruel en ese tipo de cuestiones era algo que él pondría la firma sin dudar-, simplemente era ser realista. Simplemente que algunos exageraban demasiado y él… bueno, a él no le importaba, siempre había sabido que, incluso si era bello o podría ser confundido con una mujer eso no le había ayudado en nada.

¿Por qué estaba pensando de una manera tan pesimista en ese momento, de todos modos? Oh, si su mejor amigo escuchaba sus pensamientos ahora, seguramente se enfadaría con él. Bueno, era inevitable, iba demasiado de la mano con su falta de amor propio. Por otro lado, olvidándose un poco de sí mismo o de observar su propio reflejo, él comprendería que ese solo podía ser un encuentro fortuito sin mucho más, el viaje podría continuar y él se mantuvo sin estar pensando en absolutamente nada, solo observando el exterior que se borraba por la velocidad del tren.

El transporte volvió a detenerse, esta vez de manera suave, y muchas más personas descendieron del mismo, sin embargo otras más volvieron a subirse y, en ese intercambio de gente, un asiento se desocupó, planeaba sentarse y nada más pero lo que había notado antes en el rostro de aquel sujeto fue lo que le motivó a tocar el hombro de este, palmeándolo para que le prestase atención por unos momentos.

Está cansado ¿no? Siéntese, yo estoy bien así. Quién sabe, tal vez y aun le falte un poco para llegar—ceder, eso es lo que siempre había arraigado y, pese a todo, continuaba haciéndolo incluso si era de manera inconsciente. Tampoco era tan egoísta como para pasar la vista por encima de lo que estaba ocurriendo. O, quizás, luego de tanto tiempo, se había vuelto un poco blando ¿quizás? De todos modos, si aceptaba o no el sentarse, volvió a abrir el libro para leerlo con tranquilidad. Incluso si ese hombre no aceptaba su propuesta, alguien que necesitar el asiento lo ocuparía, por supuesto, él también estaba cansado pero no tanto, podría seguir aguantando un poco más, no es como si usara ese tipo de calzado con altura recientemente, él ya estaba acostumbrado a estar bastante tiempo con ellos, incluso con sus piernas cansada o su expresión que podría llegar a delatarlo, dentro de su ser testarudo no era absolutamente nada.



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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Viktor & Ragnar el Jue Jul 27, 2017 2:28 am



Había ocasiones en la que maldecía el hecho de que se dejaba llevar y por demasiado de las primeras apariencias que veía en los demás, no consideran la posibilidad de cometer desastroso error y que el mismo se le cruzase en la mente como lo anterior acontecido. El incubo no tenía la culpa de que el licántropo lo haya confundido de semejante manera cuando se podía evidenciar que, físicamente, portaba algún rasgo que definía a cualquier hombre aunque realmente estos eran muy pocos.
La reacción que el castaño más bajo dejó ver ante su error fue algo que le causó muchísima gracia que, a pesar de su agotamiento, no pudo evitar reír más de la cuenta como si tuviese las energías para eso; semejante error de su parte fue algo que logró subir sus ánimos que de por sí yacían muy bajos. La situación no le ameritaba en lo más mínimo para reaccionar de esa manera ya que con ello podía ocasionar alguna posible pelea en medio del transporte público y así manchar su reputación como médico; sin embargo, el ajeno en lugar de reaccionar de manera hostil y desquitarse por ello, inquirió al respecto como si dudase de sí mismo y por consiguiente reír por ello. Ambas cejas se enarcaron en sorpresa ante ello, obligándose a echarle una segunda mirada y en esta ocasión bien atenta sobre su físico para cerciorarse de aquel detalle que originó aquel encuentro casual y finalizar por asentir ligeramente con su cabeza —De hecho sí, tu apariencia delicada de buenas a primera podrían confundir a cualquier despistado.— Respondió, elevando ligeramente el timbre de su voz ante el bullicio del lugar al tratarse de un medio público.

Su mano se aferró con la suficiente fuerza sobre uno de los barrotes que se encontraba disponible para poder mantener el equilibrio en el tren aunque el mismo no generaba demasiado movimiento al moverse por las vías pero prefería prevenir cualquier posible accidente por segunda vez y generar un problema mayúsculo a comparación de lo acontecido segundos atrás. Aunque su mirada ahora no iba dirigida hacia el más bajo, le prestaba atención a lo que decía, aunque no era mucho —Bueno… no voy a negar que hoy en día uno puede hacer lo que desea con su apariencia física, pero eso no significa que no vaya a recibir comentarios al respecto.— Aunque no lo decía con la intención de lastimar al adverso, sólo decía la verdad al respecto. A las personas no le importa en lo más mínimo el cómo se sentiría la otra parte con respecto a sus comentarios, si veían algo raro lo dicen y de la forma más despectiva posible. —De hecho, no te queda nada mal pero por desgracia, existen personas como yo que pueden confundir las cosas en ese aspecto.— Dijo esto, empleando un ligero timbre jocoso. Aún no superaba esa confusión por más que se trate de un chiste viejo. —Pero, seamos sinceros ¿Has visto a algún hombre que se pinte las uñas y porte aretes? Por lo menos tu eres el primero con el cual me cruzo.— Y no mentía al respecto, era la primera vez con el cual se topaba con alguien de esas características aunque sabía que habían algunos masculinos que llevaban esa clase de “imagen” todo el tiempo y los respetaba; sin embargo, tenía su propia opinión al respecto.

Un suspiro pesado de su parte no tardó en aparecer, el cansancio que cargaba encima era demasiado que podía existir la posibilidad en la que tratase de forma tosca a alguien que no tiene la intención de pelear con él o similares; a veces se planteaba el hecho de el por qué había escogido aquel camino apenas tuvo la oportunidad de hacerlo. Se arrepentía en ocasiones de llevar la profesión que tenía actualmente, pero había otras en las cuales se sentía completamente a gusto y no dudaba en  expresar esa emoción cuando la situación así la requiere y sus ánimos de por sí están por encima de las nubes. No iba a negar que había ocasiones en las cuales extrañaba aquellos días en los cuales uno sólo se preocupaba al no saber qué actividad realizaría al día siguiente con sus amigos o que el uniforme estuviese listo para otro día escolar; sin embargo, el ser adulto tiene sus ventajas, unas ventajas de las cuales Viktor las aprovechaba al máximo.

El trasporte se detuvo una vez que llegó a una de las tantas paradas que había. Aún faltaba y demasiado para llegar a su destino deseado, siempre demoraba aproximadamente media hora o más para llegar a la estación que quedaba más próxima a su hogar, tarde o temprano debía mudarse para así estar cerca de su lugar laboral.
Se acomodó como le fue posible para que los restantes pasajeros descendieran del transporte y a su vez que los nuevos lo hicieran sin demasiada dificultad. Aferró su maletín a su cuerpo, cerciorándose que el mismo no se le fuese arrebatado, últimamente ocurrían demasiados robos y el contenido que traía en el mismo era tan importante que podría perder su trabajo por ello. Su mirada se pegó básicamente a sus pertenencias, velando por que las mismas se mantuviesen bajo sus manos; empero, la misma se desvió ligeramente hacia el incubo, sorprendiéndose ligeramente al ver que este le ofreció su asiento. En un principio se iba a negar, pero al percatarse luego de que faltaba demasiado tiempo para el destino deseado, terminó accediendo —Oh, bueno… Gracias. — Musitó, esbozando una sutil sonrisa antes de tomar asiento cerca del más bajo.

Aprovechando que ahora se encontraba cómodo en su sitio, colocó su maletín sobre su propio regazo para así poder sacar algunos papeles que tenía pendiente por revisar y comenzar a leer los mismos, ya calmado. De por sí tenía demasiado trabajo prorrogado y ahora que tenía la oportunidad reduciría el mismo. Del bolsillo superior de su chaqueta, cogió el bolígrafo para así firmar algunas partes que el documento le solicitaba. El silencio en el tren se hizo presente ahora que la cantidad de pasajeros que había en el mismo ya había disminuido y más aún ante las casi altas horas del día; al lycan no le incomodaba en lo más mínimo encontrarse en silencio en ocasiones, pero en ese día, le estaba resultando algo pesado e inclusive incómodo a causa del agotamiento tanto mental como físico que llevaba.
Vagó con su mirada por unos momentos a su alrededor antes de tomarse el atrevimiento de dirigirse hacia la persona que fue víctima de su torpeza en ese día —Veo que tienes una lectura interesante en manos… ¿De qué trata?— Inquirió calmo e inclusive casi por lo bajo al ver que algunos pasajeros a su lado dormían por el mismo motivo que cargaba encima el doctor y era algo comprensible. —Pero ante todo, me gustaría saber cómo te llamas. Después de todo y como dije en un principio, es la primera vez que te veo por este medio— Aunque su agotamiento era tal, no era suficiente motivo para apagar aquella amabilidad que mostraba a todo el mundo.




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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Eriol Darkwing el Vie Ago 11, 2017 6:34 pm

Este hombre tenía un buen punto. Y sí, a excepción de artistas o similares, no había mucha gente, casi nula que se vistiese como él, sólo las mujeres. Por eso mismo hizo una expresión de resignación, debía admitir que sería algo normal, pero también no era muy difícil el marcar la diferencia entre un género y otro. Pero, pese a eso, le había levantado un poco el humor toda dicha situación, el hombre no parecía intentar enfadarlo o algo, cosa que solía ocurrirle recurrentemente.

Sí, eso lo sé de primera mano—a excepción de aquel amigo de quien ya estaba acostumbrado a que le dijese cosas referente a lo mismo y ya tenerlo como un juego, hubieron varios desconocidos que intentaron hacerle lo mismo –más que nada clientes de la boutique-. Sujetos molestos que luego se iban sin tener nada pese a probarse todo lo que hubiese en la tienda. Ese tipo de sujetos siempre serían un problema, y él que no solía tener mucha paciencia con los otros le trajo una que otra discusión que aún estaba trabajando para arreglar su genio. En el trabajo era algo serio, así que tenía que mejorar su actitud. Pero eso sería lo más reciente, de por sí, desde que había comenzado a vestirse de esa manera ya había recibido todo tipo de comentarios, lo que le habían llevado a aborrecer la comparación, a menos que lo tomara como un justificativo de arreglar un ego ficticio. Era, en sí, una oleada de aire fresco que este no fuera el caso.

Estaba enfocado en la lectura, de vez en cuando sonreía por la misma ante lo atrapante del caso en medio de las letras. Tanto así que le sorprendió un poco que el hombre le hubiese hablado nuevamente luego de un rato. Bajó el libro al igual que su mirada pues al estar sentado y su persona parada, pues había una diferencia clara. Le sorprendió aún más que le preguntase su nombre, eso no solía pasar. Dudó por unos instantes, hasta que sonrió solo un poco y conectó su mirada carmesí a la dorada ajena.

Eriol, ese es mi nombre ¿con quién tengo el gusto? Esto es algo que se sale de lo regular en mi rutina, no suele preguntarme el nombre así—pero tampoco era algo que le molestase, y eso se evidenciaba en sus acciones que estaba tranquilo por ello. No había en si algo malo con su nombre, era algo maravilloso, tanto que a veces era un poco receloso con el mismo. Cuando estaba por seguir hablando, una pequeña parada, en donde el acompañante del hombre en cuestión se despertó de una siesta evidentemente inoportuna para sí, Eriol lo notó pues se levantó apurado y casi tropezó con él para poder salir antes que las puertas volvieran a cerrarse.

Es un peligro dormirse...—aprovechando esto, también fue capaz de sentarse, lo cual era lo mejor. Si bien estaba acostumbrado a ir cansado por su propia manera de ser descuidada, también necesitaba un poco de alivio—No nos hemos visto antes… ¿te refieres a este medio de transporte? Bueno, no suelo tomarlos, soy de caminar, pero tenía un poco de… ¿pereza? Quería regresar pronto a casa y dormir un poco, el trabajo está algo agitado estos días—No veía nada de malo el iniciar una conversación casual, y eso le ayudaría también a concentrarse un poco. Si bien la lectura estaba muy interesante, también era en un hecho, que en su condición actual, podría llegar a dormirse igual que el sujeto que se había bajado antes. Los asientos eran increíblemente cómodos.

Sobre el libro... trata de un analista forense de la policía, especialista en patrones de sangre. Trabaja para el departamento de homicidios y es hijo adoptivo de un antiguo policía y su hermanastra trabaja para la policía de Miami. El protagonista, es un psicópata, te lo dice desde el minuto cero, es interesante leer sus pensamientos, el por qué asesina a criminales que no pueden ser atrapados por alguna razón y el cómo se relaciona con los demásEl oscuro pasajero era un libro interesante, era el primero de una serie y había sido utilizado como una base para una serie de televisión, la cual Eriol ahora estaba buscando, para poder mirarla en sus ratos libres.—Es ligera, atrapa mucho y no tiene muchas páginas en sí—le extendió el libro por si gustaba de hojearlo, así fuera por encima. Debía admitir que él mismo había juzgado mal el contexto de aquel libro, pero cuando leyó la primera página sin darle muchas esperanzas, fue que quedó atrapado sin posibilidad de escape. Bueno, él también tenía en consideración que era diferente el gusto de cada persona, podría llegar a ser aburrido para otras personas o, directamente, ni siquiera podría ser interesante. No juzgaba, aun así.

Por lo que me comenta usted si viaja por este medio ¿no? ¿Siempre es así de concurrido?—observó la ventana de nuevo, para ver el paisaje que se presentaba a esas horas, sin embargo, él estaba atento para escuchar lo que tuviese que decir. Era extraño estar charlando con un desconocido que quisiera saber un poco más de sí, así fuera por mera cortesía o para pasar el rato, muy pocas veces le había ocurrido antes. Algunas de esas personas también se volvieron importantes para sí, como otras, simplemente, desaparecieron y  nunca más las vio. Tampoco iba a lamentarse ni nada de eso.

Cuando puedes sentarte, no sabes si es un viaje pesado o tranquilo, podrías realmente dormirte—mencionó en un tono que se acercaba al de estar adormilado, pero Eriol se rehusaba a dormirse, él quería saber un poco más de este sujeto tan particular, además que estaba el peligro de pasarse de estación si es que se dormía, mejor estar lo más lúcido posible, aun si le estaban comenzando a pesar los ojos.



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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Viktor & Ragnar el Jue Ene 11, 2018 10:11 pm


Una sonrisa con un deje de diversión y una risa vaga de su parte no tardó en aparecer ante la respuesta que obtuvo del castaño más bajo, desconocía si el chico de por sí en su hablar demostraba cierta manera de adulación hacia lo demás o de por sí ya tenía naturaleza coqueta —aunque realmente no era su intención ligar con la otra parte— la cual iba muy bien acompañada por sus vestiduras bastantes llamativas y un tanto confusas que fue el motivo principal por el cual su persona se encontraba interactuando con él, dejando totalmente de lado aquel pequeño incidente ocurrido momentos antes de tomar asiento.
Hizo un ligero movimiento de cabeza, dando a entender de que había escuchado la respuesta de su parte luego de haberle arrojado una pregunta con referencia al nombre del muchacho; no obstante, antes de poder presentarse, el tren hizo un ligero movimiento brusco dando indicios de que estaba aproximándose a una parada y, siendo cuestión de unos segundos, el tren se detuvo totalmente y abrió sus puertas, dejando salir a la gente y permitir el ingreso de nuevos. Un hombre que se encontraba plácidamente dormido a su lado, se levantó de golpe y salió lo más rápido posible logrando con ello asustarle por unos momentos; era un peligro el quedarse dormido en un transporte público y más aún a altas horas del día ya cuando el servicio deja de funcionar.

Sus dorados ocelos recorrieron el camino que su anterior compañero de asiento tomó per a su vez, gracias a su visión periférica, pudo divisar que el incubo de cabellos castaños decidió tomar asiento a su lado tomando por sorpresa al médico en ese momento pero fue cuestión de segundos para que una de las comisuras de sus labios se ladeara ligeramente en lo que bufaba por lo bajo, conteniendo una risa de su parte. Mantuvo su boca cerrada en lo que, con cuidado, revisaba su bolsillo que se encontraba cerca de la esquina superior izquierda de su bata, buscando con sus manos una pequeña plaqueta que tenía grabado su nombre completo concediéndole de esa manera la palabra al menor hasta que decidió tomar el turno de la conversación.
—Mi nombre es Viktor, Viktor Borchgrevink. —se presentó, enseñando la pequeña placa dorada que tenía escrito su nombre en mayúsculas y de color negro en lo que movía ligeramente la misma para que la luz del tren no incomode la vista impropia— Te la enseño por el hecho de mi apellido, uno no lo entiende de buenas a primeras hasta que lo lee —comentó, soltando una ligera risa luego.

Tras haber dicho su nombre, guardó aquella plaqueta en el interior de su bolsillo; no podía perderla de nuevo, su despiste a veces era tan grande que ya era la quinta vez que perdía su identificador y ya le daba un cierto deje de vergüenza el ir a solicitar de nuevo a la secretaría del hospital.
—No voy a negar que el trabajo está pesado últimamente. Por mi parte, cada día vienen más pacientes con severos traumatismos, realmente no saben cuándo vivir en paz con sus semejantes —bufó en lo que dejaba caer su cabeza hacia adelante y cerraba sus ojos por unos momentos. Se encontraba agotado y sus ojos ya le ardían ligeramente, rellenar los historiales cuando las enfermeras se encontraban atendiendo a los pacientes no era algo de su agrado—. Pero a juzgar el cómo has descrito el contenido del libro, suena interesante. Por lo menos puedes distraer tu mente por unas horas… aunque por mi parte no tenga tiempo para leer una novela ligera; debo actualizar siempre mis conocimientos ante la aparición de enfermedades raras o las mismas vienen muy difíciles de combatir —una sonrisa sutil se dibujó en sus facciones en lo que cogía con cuidado el libro que le extendió el menor.

A juzgar por las palabras del incubo, aquel ejemplar era bastante liviano de leer y era dueño de una trama bastante llamativa y entretenida. Hace mucho tiempo que su persona no disfrutaba de leer algo de esa índole u otro género, desde que empezó sus estudios y se alejó de su hogar, tuvo que sacrificar varios pasatiempos para re diseñar su vida y así poder vivir con casi todas las comodidades actualmente.
Sus dedos tocaban con cuidado las hojas del objeto, siendo precavido al no ser algo de su propiedad; romperlo ya sería el colmo de los colmos para él en ese día. La portada era de su gusto y, además, no le incomodaba a la vista su contenido a tal punto de que, de no ser porque el muchacho retomó la palabra, hubiera comenzado a leer el mismo en ese instante. Apartó su mirada de la obra, encontrándose con la mirada carmín del chico de nívea piel y verse obligado a devolverle el tomo.
—Casi siempre, mejor dicho —corrigió—: según las horas que suelo tomarlo, hay mucha gente en su interior. Después de todo, la mayoría compartimos casi el mismo horario de entrada y salida aunque con la única diferencia de que hay días en que no lo tomo por el simple hecho de que me toca hacer guardia en compañía de los enfermeros… siempre hay que estar preparado ante cualquier emergencia.
Por más que a veces se agotaba totalmente por culpa de su trabajo, hasta el momento, no se arrepintió de haber tomado aquella ruta para su vida. Al menos consideraba su oficio como una salida para despejar su mente de aquellos recuerdos que lo único que le producían era dolor a su cuerpo y alma.
—Tienes razón, los asientos son tan cómodos que tranquilamente podría dormirme en este momento… —soltó en un suspiro aquellas palabras, evidenciando la pereza que sentía en ese momento; sin embargo, su cansancio era tal que no tomó en consideración la voz adormilada que había empleado el chico.

Para mayor comodidad, se levantó de su lugar por unos momentos sólo para poder sacarse aquella incómoda bata de encima, no obstante, se tomó la precaución de dejar su maletín sobre el asiento para que ningún “inteligente” le robase el mismo. Aunque fuese una persona amable, para ese día, requería del mismo para poder tomar un descanso parcial antes de llegar a la comodidad de su hogar.
Se apresuró en quitarse el uniforme, quedando así con tan sólo una camisa blanca y ligera que yacía arremangada hasta los codos además de unos pantalones negros y unos zapatos de vestir del mismo color; en el nosocomio en el que trabaja actualmente, era exigente cuando de vestimentas se trataba. Guardó el sobretodo perfectamente doblado dentro de su maletín y así tomar su asiento de nuevo, el silencio en ese momento reinaba entre ambos seres logrando así llamar su atención. Estaba a punto de hablar pero tras observar de soslayo al adverso, prefirió sellar sus labios totalmente; al parecer el muchacho se había dormido.

—Que hermosa la juventud de hoy en día… —soltó por lo bajo para sí mismo, empleando un timbre burlón antes de observar el llamativo reloj de color plata que tenía en su muñeca derecha.
A juzgar por las horas, aún faltaban treinta minutos para llegar a su parada por lo que, aprovechando su tiempo extenso disponible, sacó el móvil del interior de su bolso y colocar el despertador. Iba a dormir, quería dormir y, a sabiendas de que sería un tanto peligroso hacerlo en aquel transporte público, decidió caer en la pereza y agotamiento que su cuerpo tenía.
Sus ojos se cerraron lentamente en lo que cruzaba ambos brazos sobre su torso, abrazando de forma recelosa su maletín y entregándose al sueño de manera casi inmediata.




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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Eriol Darkwing el Dom Ene 14, 2018 7:41 pm

Debía de admitir que el apellido ajeno podía ser difícil de pronunciar a menos que se viera escrito por lo menos una vez. Era algo curioso ¿de dónde vendría? Era obvio que no era de su país, o bien podría ser sólo un apellido heredado y algún ancestro suyo venir de otras tierras. A él le solían resultar curiosas estas cuestiones, ya que siempre había vivido en Inglaterra algo como viajar por el mundo siempre había sido una deuda pendiente. Quería observar que tipo de belleza habrían en otros lugares, que comida servirían, que espectáculos ofrecerían, que tipo de clima habría. A él le gustaba donde vivía pese a todo pero seguía estando ese deseo dentro de sí, aunque lo más probable es que era algo que no cumpliría pronto, tal vez nunca.

Pensó en que este hombre era mucho más interesante de lo que hubiese creído. No se había dado cuenta el momento en el que se quedó observándolo como un niño con su primer profesor. Ni siquiera se percató en que momento tomó el libro, sólo se había quedado viendo el cómo hablaba, el cómo movía sus labios o sus dedos. No había hecho algo como eso en mucho tiempo, observar tanto a alguien que hasta parecía un stalker, pero no había podido evitarlo, fue entonces que se sintió avergonzado, esperando que no notase lo que hubiera hecho antes. ¿Le interesaría un libro como ese de verdad? Podría dárselo si se lo encontraba en otra ocasión. Dado a que las casualidades podrían ser más poderosas de lo que cualquiera pensaría, no lo veía como algo descabellado a futuro. También podría ir al consultorio, no estaría de más ir a revisarse de vez en cuando, dado a que siempre terminaba yendo a esos sitios cuando llegaba a los límites y no tenía a quien le abasteciera de alimento cerca. Ni siquiera sabía por qué estaba pensando en esas posibilidades.

Se había dormido al final. No sabía si era por la presencia ajena que le producía algo de calma, pero no podía negar que estaba demasiado cansado y aun le faltaba un poco para recorrer. Le hubiera gustado hablar de más cosas con este hombre pero ¿dé que hablarían? Ciertamente no había nada de lo que pudiesen hablar realmente dadas las circunstancias, pero tampoco quería sólo quedarse con esta extraña sensación. Realmente era algo muy extraño, no había experimentado algo similar desde que conoció a Claus. Esto no podía augurar algo bueno, incluso hasta estando en esa situación ese alfraude lograba colarse en su inconsciencia.

No soñó con nada realmente, o si lo había hecho él no era capaz de recordarlo, simplemente se había dejado llevar por el inminente deseo de descanso y, cuando su cuerpo se hubiera sentido ligeramente satisfecho, abrió sus ojos poco a poco. ¿En qué momento se había dormido? Más importante… ¿en dónde estaba? Se sentía bastante desorientado ahora que estaba despierto, y se llevó una mano hacia su propio rostro, su propia ubicación estaba algo extraña, como si se hubiera quedado dormido sobre algo sumamente cómodo. Cuando levantó la vista se dio cuenta que, en algún momento del viaje, había quedado con su cuerpo semi recostado sobre uno de los hombros del doctor, llevando una mano hacia sus propios labios y sonrojándose de inmediato por esto. No podía hacer ningún ruido, el mayor estaba dormido y no sería algo bueno despertarlo sólo por su reacción histérica que logró frenar a tiempo.

Ahora que podía verlo así, sin que se diera cuenta de la manera minuciosa en la que solía observar a las personas, pudo percatarse que era un hombre sumamente atractivo. ¿Cuántas personas estarían tras él? ¿A cuántas habría sostenido en esos brazos? Tragó saliva, de alguna manera estaba sintiendo algo bastante contradictorio, como si pudiera ser despedazado por este hombre ante el mínimo paso en falso y, por el otro, poder llegar a ser sumamente protegido. Se llevó de nuevo a su rostro y se frotó las sienes ¿en que estaba pensando? Incluso si podía asumir esto, aquello sólo era un mero encuentro casual, nada más que eso.

Llegó su estación e iba a confirmar sus propias palabras que todo terminaría ahí dado que el doctor seguía descansando, sin embargo, Eriol no pudo moverse. No porque no pudiese, sino porque al hacerlo podría llegar a despertarlo, y Viktor se veía lindo durmiendo, como si fuese un niño… no quería despertarlo. Tomó, entonces, la decisión de bajarse cuando el ajeno lo hiciera. No podían ser muchas estaciones más lejos, ¿cierto? De todos modos, luego vería como se las arreglaría para llegar a su hogar. Abrazó el morral que tenía con él y dejó salir un suspiro resignado. Era una sensación muy rara pero no quiso pensar mucho en ella, cerró sus ojos por unos segundos, aun sentía su cuerpo algo pesado, vería si en esos días se alimentaba, había estado con las energías algo bajas por tanto que había tenido que hacer.


Cuando el tiempo fue pasando, él iba poniéndose más nervioso. No sabía que tan lejos estaría, y el hecho de que ese parecía ser el último transporte, le revolvía un poco el estómago. Estaba rogando que el hombre despertase pronto, de verdad no quería despertarlo. Pero se escuchó una alarma que le hizo saltar ligeramente del asiento pues no se había esperado algo como eso. En cuanto el doctor despertó, él aún estaba pestañeando un poco por la sorpresa, y fue cuando comenzó a arreglar sus cosas para bajarse. ¿No estaban llegando ya casi a la última estación? Si realmente estaba tan lejos, tendría que ver si conseguir un taxi o, de última, conseguir un lugar donde dormir. Esperaba poder orientarse rápido, era un sitio completamente desconocido, una parte que no había llegado a visualizar antes con sus propios ojos.

Eriol no había dicho ninguna palabra hasta ese momento, pero podía percatarse la tensión que estaba experimentando. Por eso cuando todos se bajaron y él también lo hizo, comenzó a caminar hacia la salida. Tal vez debió de preguntarle a Viktor si conocía algo que le ayudase, sin embargo... se había sentido avergonzado de haberlo estado observando mientras dormía, hasta se sintió enfermo por haber hecho tal cosa. Pero, al final, entre más observaba a su alrededor más perdido se sentía. ¿Qué podía hacer? Volvió sobre sus pasos, tal vez si hablaba con alguien, algún comerciante o algo similar, podría encontrar algún tipo de ayuda.

Sin embargo, unos momentos después, fue capaz de visualizar al doctor. No supo cómo, pero fueron sus propios pies los que le llevaron hasta su encuentro, como si fuera contra su voluntad. Por unos segundos se quedó sin poder decir nada, sin embargo, tosió ligeramente y levantó su mirada.

Yo... me pasé de estación. No quería despertarle y… bueno, el caso es que no hay transporte de vuelta. ¿Conoce algún taxi o... un lugar donde pueda quedarme por hoy? No conozco el lugar—torció un mechón de cabello. No le gustaba pedir favores pero, dado el caso, era lo único que podía hacer de momento.



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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Viktor & Ragnar el Miér Mayo 30, 2018 4:06 pm


No era muy común en él el tomar semejante decisión como la de dormir en un medio público como ese, siendo que el mismo estaba repleto de personas y al optar por tomar aquel descanso de emergencia, estaba expuesto a cualquier peligro latente por más que estuviera con alguien de su entera confianza. Últimamente las cosas dentro de la ciudad de Londres estaban muy peliagudas y exponerse a cualquier peligro ya era una condena de muerte asegurada para su corta vida —más allá de que haya superado los treinta años de vida—.
Pero, a pesar de todo ello, abusaba de buena manera de sus buenos sentidos que tan sólo su raza era capaz de otorgarle por lo que, aunque no se lo crea, él era de despertarse fácilmente ante el más mínimo ruido y por eso, confiaba plenamente en despertarse sin mayores problemas con la alarma que acababa de colocar con el fin de despertarlo al momento justo. No era la primera vez que viajaba por ese medio, así que sabía a qué horas paraba el tren en determinado sitio de la ciudad, aunque a veces desconfiaba de ello y siempre que si deseara dormir —aunque no muy común— colocaba unos minutos antes de la hora estipulada.

Siempre fue alguien de tener, de alguna forma, el sueño pesado y eso que era a su vez fácil de levantarlo con un simple empujón o tan sólo hablar por lo bajo dentro de la habitación en la que estaba. Viktor buscaba estar atento en lo posible de vez en cuando a su alrededor cuando sentía ciertos aires de desconfianza; sin embargo, había momentos en los cuales era fácil romper esa barrera de alerta en su persona cuando sus energías estaban totalmente agotadas, siquiera una minúscula pieza de la misma estuviera dentro de su anatomía. Los últimos acontecimientos que dieron en su vida lejos de la capital inglesa fueron los suficientes para forjar ese lado suyo que tanto detestaba.
Empero, por esta vez, existía la posibilidad de que bajase sus defensas teniendo a semejante ser al lado suyo; Eriol no le generaba incertidumbre y mucho menos un mal sabor en la boca, es más, era un chico que prácticamente se encontraba en su misma situación: agotados. Además, no negaría que el joven en cuestión le llamó y le sigue llamando todavía la atención ante su peculiar forma de actuar y, a su vez, de vestir. Podía ser exagerado pero, para él, era la primera vez que se topaba con alguien así —aunque no se descarta la posibilidad de que se le haya escapado semejante detalle de alguien más—. Pero no quiso quedar atrapado más en esa clase pensamientos, más bien se abrazó bien fuerte a Morfeo y se entregó al sueño.

◈◈◈◈◈

Un fuerte sonido ciertamente ensordecedor y una vibración bastante fuerte fue lo que sintió de un momento a otro, ocasionado que su cuerpo diera un ligero salto en su sitio luego de haber estado perfectamente dormido en una posición en la cual normalmente no dormía. Su ceño se frunció con sutileza a su vez que entrecerraba su mirada por unos momentos ante el brillo de luz que sus ocelos recibieron de manera repentina. Realmente se había quedado dormido dentro del tren y eso no le sorprendió ya que fue por voluntad propia que decidió tomar esa opción.
Llevó su mano hábil hasta su propio rostro con el fin de masajear un poco sus facciones con tal de despertar definitivamente todos los músculos presentes en ese sitio. Aún sentía la mirada medianamente pesada a su vez que la misma ardía un poco; había tenido el mejor sueño de su vida y eso que no recordaba ningún fragmento del mismo, sólo se había despertado, de alguna manera, feliz —aunque no se evidenciaba mucho en su semblante—.

Inhaló con fuerza antes de soltar todo el aire acumulado en un fuerte suspiro pero en un volumen demasiado bajo, si bien estaba plenamente consciente de que estaba rodeado de muchas personas, temía en parte el incomodar a su compañero de asiento el cual aún se encontraba a su lado. Esto último le sorprendió y bastante ya que la última parada del tren correspondía exclusivamente a la zona de residencias a la cual el actualmente vivía; su agraciada memoria en ningún momento le proyectó la imagen del incubo en cuestión rondando por su vecindario y eso que él habitualmente, casi como rutina, daba una carrera de varios minutos para mantener su cuerpo en forma.
Sin embargo, no preguntó o mucho menos tocó el asunto de manera tangencial, podía darse la situación de que este tenía las intenciones de visitar a algún vecino suyo y del cual, tal información, no se vio obligado en comunicarle además que tampoco buscaba presionarlo para que suelte la verdad. Tan sólo se limitó a coger su bolso con cuidado una vez el tren detuvo su marcha para así poder bajarse entre la muchedumbre que, si bien no eran demasiados, el riesgo de sufrir alguna sustracción se mantenía latente y en una probabilidad demasiado alta.

En absoluta soledad, se acomodó su abrigó y de dispuso a iniciar su marcha. Pasaría otra noche más en completo silencio y en ausencia de su compañero de piso; jamás preguntó a donde este iba y mucho menos aconteció esto de manera viceversa, cuando se dijeron sobre el asunto de la «privacidad» ambas partes se la tomaron muy enserio.
No obstante, antes de pasar por la puerta de entrada y salida de la estación, el peculiar sonido de una tos tras suyo hizo acto de presencia, obligándole a voltear su cuerpo por encima de sus talones y deformar totalmente su rostro en una expresión de sorpresa, la cual aún más se intensificó apenas escucho la voz que tan bien conocía —y eso que apenas la escuchó dentro del transporte—. Sonrió con cierta picardía luego
—Así que… ¿Te pasaste de estación, eh? Vaya juventud de hoy en día —comentó de manera jocosa, siquiera podía verse serio en este momento de total incomodidad por parte del menor, quien evidentemente estaba nervioso ante su error y despiste.
—Pero no te aflijas, pequeño Zafiro, te ayudaré ya que entiendo en parte ese miedo de perderse en un sitio desconocido —aseguró—: Ven conmigo, te llevaré a mi departamento y de ahí puedes usar mi teléfono para llamar a un conocido o un taxi, supongo que aún deben quedar algunos en circulación. De última, te puedes quedar a dormir, no me molesta… además, estoy solo esta noche
Sus últimas palabras fueron con una intención distinta a la de cortesía, aunque las mismas fueron totalmente camufladas con su amable pronunciación y cuasi cordial forma de hablar. Sabía perfectamente que el menor era un incubo y tranquilamente podía sacar provecho de ello; empero, había algo muy dentro suyo que evitaba que se precipitara al respecto. Las cosas se debían hacer en su marcha, sin presiones.

Levantó su diestra en señal silenciosa para que el castaño más bajo le siguiera antes de empezar su caminata. Agradecía enormemente el tener el complejo departamental muy cerca de la estación, siendo un detalle demasiado favorable para él el caminar a altas horas de la noche por aquel sitio, aunque eso no significara que tuviera la precaución correspondiente.
—Espero y no te incomode el hecho de pasar el rato en la casa de un desconocido —soltó al aire conforme avanzaba y se aproximaba a su hogar—: sin embargo, te puedo asegurar que nada malo va a pasarte. No soy un depredador sexual ni nada por el estilo; sólo un simple médico cirujano.
Tras finalizar su discurso, giró su cabeza lo suficiente como para poder observar al menor de soslayo y sonreír, ahora, con sutileza y siendo lo más amable posible; tampoco deseaba quedar muy mal con un chico atractivo como él.

Una vez estuvieron en el edificio y en el correspondiente piso (quinto piso), sacó del resguardo de uno de los bolsillos de su abrigo la llave que permitía su ingreso y adentrarse primero a la calidez de su departamento, aunque no avanzó demasiado con el fin de sujetar aún la puerta y darle el total acceso al mismo a su acompañante breve o duradero de esa noche.
—Bienvenido a mi dulce hogar, espero y no te sea incómodo —anunció con cierto tono de voz jocoso.
Si bien, vivía en un departamento en compañía de alguien más, el mismo estaba perfectamente decorado y tenía los muebles y detalles característicos de alguien con buena posición económica; el tener a su primo y ambos con excelentes trabajos, podían darse semejantes lujos de vez en cuando.
Sus pies avanzaron hasta detenerse en el living, más precisamente frente al sofá y señalar el mismo de manera breve para así darle incentivo al incubo de tomar asiento.
—¿Quieres algo para tomar? Así voy a la cocina y te preparo algo, además de comer un poco. Una larga jornada te incita a recuperar las energías de alguna forma —comentó—. También puedes usar el teléfono si lo necesitas, es de línea así que puedes llamar el tiempo que necesites.




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Re: —Borderline [Priv. Viktor]

Mensaje por Eriol Darkwing el Miér Jun 06, 2018 4:45 pm

Para esas alturas, él ya ni siquiera sabía en donde esconder su vergüenza, o su frustración. Trataba de no demostrarla por culpa de su maldito orgullo, pero la verdad era que hubiera preferido no estar allí ahí mismo. Esa situación era de la más inesperada, y no le hubiera gustado continuar con las cosas de esa manera. ¿No era una impresión muy mala? Y no es como si tuviera una buena desde que se encontraron en aquel medio de transporte público. Además de eso, podía sentir la mirada de los demás cada vez más fuerte, o tal vez sólo era su enfermedad actuando o algo así, tampoco quería pensar en ello pues hasta era demasiado aterrador.

Cuando lo escuchó, se tensó un poco. Tal vez por el hecho de ser regañado es que se sintió aún más pequeño que por la mención de su juventud. Miró hacia un lado y el otro algo incómodo por la situación. Aun así, esto cambió de repente en cuanto escuchó un apodo hacia su persona. ¿Zafiro? ¿Cómo? Se había quedado demasiado sorprendido ante esto. Al punto que ni siquiera sabía como sentirse al respecto. ¿Por qué un apodo como ese? Su mente había hecho un ligero cortocircuito, incluso sintió un fuerte golpe en le pecho que le hizo sonrojarse por razones muy diferentes a las de antes. Al instante chasqueó la lengua por haberse sentido de esa manera. ¿Qué significaba eso? Luego le preguntaría, sin ninguna duda.

Solo esta noche… así que el doctor es de estar acompañado ¿umm?—había recuperado la compostura, se había acomodado de la forma de siempre, y ahora que no estaba en medio de un transporte público, su mirada se centró por completo en el doctor, adquiriendo una manera de moverse más adecuada a su persona. Algo que a muchos les hubiera asustado, a él no le sucedió de esta manera. ¿Por qué tener miedo por algo como esto? Con suerte y hasta obtendría un buen alimento, y con alguien bastante atractivo, demasiado, eso era capaz de admitirlo. Era un hombre grande, y eso le llamaba por demás le atención, el doctor le había atraído desde el primer momento.

Por eso mismo, comenzó a seguirle luego de su señal. Aunque por fuera no lo pareciera, estaba algo emocionado por ello. Mientras tanto, él miraba a su alrededor. Aquel lugar era completamente nuevo, y para su persona que gustaba de observar lo bello, los paisajes estaban dentro de ello, además trataba de irse memorizando el camino. Quién sabe, podría serle útil en algún momento.  Cuando volvió a hablar, su visión se concentró en la espalda del Lycan, por ese momento, había estado caminando detrás suyo por el simple hecho de poder observar mejor a su alrededor. Si hubiera estado a su lado, se hubiese distraído mucho más fácil. Aun así, ante tal caso él soltó una ligera risa por lo que decía.

Es un cirujano, usted lo ha dicho. Creo que hasta podría deshacerse de un cadáver mucho más fácil que un ciudadano común, ¿no?—su tono de voz era jocoso, como si se estuviera divirtiendo. Casi como si fuera un niño en un parque de diversiones, aunque a ojos de Eriol, más podría compararlo con la visita a una dulcería. —Creo que yo entro más en esa posibilidad. Digo... creo que se ha dado cuenta muy fácilmente de lo que soy. ¿No es así, doctor?—fue en ese momento donde el incubo se acercó a él, colocándose a su lado y rozar uno de los brazos ajenos con la yema de sus dedos. Había dejado de reír, siquiera estaba sonriendo, sus ojos se habían afilado, y lo estaba mirando fijamente. Por lo menos esa era su intención, pero todo se derrumbó cuando vió  su rostro fijamente y fue lo más parecido a sentir que sus piernas temblaban. Nuevamente recordó el apodo, el momento en el que lo dijo y en ese momento sus ojos se desviaron y sintió de nuevo el calor en su rostro. Miró hacia sus pies pues no tenía manera de huir de ello –y tampoco deseaba hacerlo en realidad.

No solía estar demasiado en departamentos, ya que siempre había sido más de vivir en casas, ya fueran grandes como donde vivía con sus padres, como pequeñas en donde vivió con su hermano y su amigo un tiempo y una... normal por así decirlo como lo era la suya. Por esos, cada vez que visitaba un departamento, se sentía un poco raro, algo fuera de lugar, no se sentía parte del ambiente, aunque a su edad podría estar más acostumbrado. Pero la verdad sea dicha, él era alguien bastante particular con sus cosas. Eso no significaba que no le gustase, pues al instante, en cuanto escuchó la voz del doctor, él sonrió de manera sincera.

Para nada, está perfecto. —fue el haberlo observado, prácticamente era como estar en casa con aquella decoración tan exquisita. Él conocía de muebles caros, también los tenía en su casa y si bien la decoración era diferente, seguía siendo completamente de su gusto. Tal vez por eso se movía de manera segura, aunque seguía siendo bastante respetuoso al respecto, eso iba más con su crianza que otra cosa, siempre era de los que pedía permiso. Más ahora que su anterior… profesión, había quedado atrás. —Algo para tomar estaría bien. Umm… intentaré usar el teléfono, gracias—dejó un momento sus cosas a un costado del sofá, esperando no incomodar de esa manera.

Primero decidió llamar a los números que él recordaba, más bien a los de taxis que él conocía, sin embargo ninguno atendió. ¿De verdad era tan tarde? Las únicas opciones que le quedaban en ese caso eran; o pedirle el número de un taxi que él conociera y fuera de la zona, además, o directamente quedarse allí y pasar la noche. Siendo sincero, le llamaba más la atención lo segundo. Aunque seguramente a cualquier otra persona le parecería una locura, él no tenía por qué temer.

Después de todo… él era un asesino a sueldo antes. Incluso si hubiera una situación peligrosa, podría encontrar una manera de la cual escapar. SI bien él hubiese tenido sus momentos en los cuales sus trabajos no salían bien y él salía herido, muchas otras él había salido muy bien airoso así que sabía bien como tenía que actuar. No estaba tan hambriento por esos días. Así que escapar sería fácil y, por otro lado, si sucediese otra cosa… un bocadillo no haría nada mal. Aunque, estaba seguro que no se trataba de eso, sino de un verdadero plato fuerte con postre incluido.

Se llevó una mano hacia el rostro, ¿en qué estaba pensando? Debía ser por el tono que usó, por el apodo, por su mirada, por su cuerpo… ya estaba desviándose de nuevo del asunto. Para su propia fortuna, había memorizado el camino, en cualquier caso podría volver a la terminal en cualquier momento. Sólo... esperaba que no se diera el caso, sería algo lamentable.

Ninguno de los taxis que conozca contestaron, así que creo que estoy en un aprieto, doctor—comentó una vez que este volvió. Ciertamente ahora estaba un poco nervioso por lo que había estado pensando anteriormente, por lo que en esas circunstancias, actuar se le estaba dando un poco de pena. Torcía su cabello en ese momento, y las palabras salieron de su boca sin más—. Disculpa, pero me quedé penando en algo que dijiste hoy. Zafiro… ese apodo ¿por qué fue? ¿Le recuerdo a un mineral precioso?—por como él era, conocía de esta, también del hecho que era una de las cuatro gemas más importantes y hermosas del mundo. ¿Realmente él podría tener un valor similar a esta gema? Eso le había afectado más de lo que sería capaz de admitir, pero eran sus gestos los que le delataban: se notaba feliz, incluso apenado, pero sin llegar al nerviosismo. ¿qué era esto? Una emoción completamente nueva, pero de la cual había oído varias veces. ¿Esto era sentirse como una colegiala? Quiso pegarse de nuevo por esta suposición absurda.

Así que, Viktor, decidí que me quedaré esta noche. Además seré algo sincero contigo; me llamas la atención. Simplemente es eso, quisiera conocerte un poco más. ¿Qué mejor que charlar y cenar juntos? Si todo hubiese terminado en el tren, quien sabe cómo nos hubiésemos encontrado de nuevo. —volvió a sonreír y jugó nuevamente con su cabello, sin embargo, en esta ocasión no fue por vergüenza o algo similar, sino al contrario. En verdad estaba siendo más agradable del usual, casi como si estuviera coqueteando. Bueno, no lo estaba haciendo deliberadamente, pero si quería llamar más la atención de aquel hombre—. Creo que deberíamos aprovechar el momento.—aun así, dejó de habla runos segundos para beber lo que le había traído el mayor, y en ese momento comentó algo que había notado—. Antes dijo que esta noche estaba solo. ¿Vive con alguien? ¿Un amigo? ¿Un familiar? Lamento mi indiscreción, solo quiero conocerlo, ya se lo comenté—él había vivido mucho tiempo compartiendo espacio, así que era fácil para él darse cuenta de esas cosas, además de las palabras que hubiera mencionado antes. Esperaba no estar dando una mala impresión, y en ese momento hasta le resultó un poco extraño, normalmente no le interesaba esto último.



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