La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

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La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Ganimides el Sáb Mayo 06, 2017 2:27 pm

El día comenzó con la lluvia como nunca había sido vista años atrás en New London, parecía que el mismo cielo estuviera por caer a causa de las gotas cayendo con violencia en todo rincón de la capital, jugar con el clima no era cosa de demonios o eso bien había oído, mucho menos a manos de ángeles por lo que simplemente fue tomado como mal augurio entre los conocimientos de muchos antiguos seres en la zona…alguien iba a morir a manos de obra y gracia de los Dioses.
Los sentimientos y emociones son pequeños fragmentos que los humanos y todo ser sobrenatural, luz y oscuridad comparten en cada célula .Ningún animal vivo o muerto está libre de oírlos golpear firmemente en todo lo que se toca:
“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
Corintios 13:4-5.”
Pasos cuidadosos sobre la hierba mojada y el lodo cuando el cielo dio tregua a los terrestres habitantes de la ciudad se percibían en medio de la nada, no había mayor problema para alguien como el elfo visitar a solas los lugares más recónditos de lo que antes fue la real civilización Londinense y entre las enormes edificaciones hechas pedazos con sus muros, torres antes habilitadas para tiendas o incluso viviendas eran ahora nada…polvo.
A su mente entonces llegaron las imágenes de viejas culturas arrasadas por la ambición de seres más poderosos, guerras sin un sentido claro aclamado por el egoísmo a su juicio y de las cuales jamás fue un participante o víctima. Todo conocimiento de Ganimides respecto a ello se basaba en las imágenes y visiones que lograba tener de las criaturas que el permitían compartir su visión como mero testigo bajo la tierra.

-Así que esto es.

Mascullo por lo bajo, cerro su sombrilla tomando una buna bocanada de aire profunda sintiendo incluso el húmedo ambiente dentro del pecho como si algo de roció entrara a este cansado cuerpo que acoge dos almas; levantó la mirada y la torre del campanario aun estaba de pie, apuntaba el cielo haciendo que incluso las oscuras nubes dieran paso a tímidos rayos de luz, quizás fuese el sol o solo una señal de perdón momentáneo para un pecador de atreverse a aventurarse en mitad de la nada a estos recónditos sitios.
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Rom 12:2 : 2.”
Ahora tenía la compañía del altar con el su mandil blanco sin ni una sola manchas más que hojas y cera de algunas viejas velas ,nada se comparaba a lo que podía haber sido una enorme iglesia con sus muros de concreto y cielo decorado con imágenes de la biblia hechas solo fragmentos de una época dorada como en todas partes del mundo en que el cristianismo reinaba; nada malo rodeaba la fe de los seres humanos antes de la llegada…no, antes de que la verdad abriera los ojos del mundo entero que no estaban solos.
Ya los humanos no eran vistos como la creación de Dios–ellos y los sobrenaturales- sino que eran una plaga hundiendo a la tierra en pecado, guiados por las fuerzas de la oscuridad ahora con poder en dominios de su Creador donde también integrarían con total impunidad altos mandos de Gobiernos enteros ,reinos ,naciones e incluso continentes.

-El poder de la fe incluso ahora es poco efectivo.

Dijo con un tono melancólico, dibujando el perfil de una estatua que en el pasado representaría al Arcángel Miguel. Incluso los pómulos y labios estaban en perfecto equilibrio, suponía que tras los ataques a la ciudad termino partido en dos –aun la parte inferior de la estatua permanecía erguida en el pedestal de la entrada-.Bancas en madera intactas y otras hechas pedazos, baldosas oscuras aun permanecían en perfecto estado bajo las pisadas del mestizo y solo el agua en sectores cortaba el silencio pisándolas sin cuidado alguno.
“Por tanto, os ruego, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
Rom 12:1.”
No estaba solo eso percibió cuando la luz tenue que antes había dejado su rastro en el pasillo de la destartalada construcción se esfumo, nubes oscuras volvían a cubrir el azul cielo amenazando con llorar una vez más con el escenario desolador a la vista del elfo.

-No estamos solos… ¿lo sientes?, como si el mismo Ares abriera la tierra para desenvainar la espada contra los herejes.
-Es eso o…Hera se olvido de nosotros una vez más Perseo.


Susurraba para sí mismo en respuesta a la esencia de la fuente.
Se abrazo a sí mismo y una fría angustia le heló la sangre, tragó con dificultad y volteo ligeramente hacia lo que las descolocadas puertas de roble –o al menos la que permanecía en su lugar- permitían visualizar. La espera en segundos se hacía eterna y el silencio solo música para las almas…




La soledad me habia tratado bien.¡Y no eres quien para exigir derechos!.
Me hiciste daño pero sigo vivo.Contigo ya me acostumbre a perder,mi corazon funciona sin latidos.

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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Nicolaus Ackerman el Miér Mayo 31, 2017 9:20 pm


Su fe, su paciencia y su misericordia se esfumaron desde el primer momento en que vio a los seres humanos pecar sin remordimiento alguno, perdiéndole el total respeto de quien es su momento fue su Dios, su creador. Vaya raza de ignorantes había creado el superior y a quienes les profesaba un profundo amor a pesar de todo ello; Remiel sólo se dedicaba a observar como todos y cada uno de ellos realizaban sus actos en contra de las leyes que el máximo había entregado y que, con el pasar del tiempo, estos últimos perdieron su absoluto valor.
Qué creación más patética había hecho el rey de los cielos.

Su mirada, de completa desaprobación, sólo se dedicaba a observar a los seres terrenales en lo que en el interior de su mente fraguaba una forma que fuese totalmente efectiva como para erradicar todas esas ratas que se hacían llamar a sí mismas “seres humanos”; el único arcángel que hasta el momento había dejado de lado a la humanidad ante atroces actos que estos realizaban como si fuese un hecho tan simple como el respirar aquel oxígeno que los mantenía únicamente con vida. Realmente un castigo merecían recibir y de eso su persona se iba a encargar de darles.

Entonces vino el diluvio sobre la tierra por cuarenta días, y las aguas crecieron y alzaron el arca, y ésta se elevó sobre la tierra. 18 Y las aguas aumentaron y crecieron mucho sobre la tierra; y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos. 20 Quince codos por encima subieron las aguas después que los montes habían sido cubiertos. 21 Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra: aves, ganados, bestias, y todo lo que pulula sobre la tierra, y todo ser humano; 22 todo aquello en cuya nariz había aliento de espíritu de vida, todo lo que había sobre la tierra firme, murió.

Fue  tan sólo cuestión de un breve tiempo de que aquel diluvio inundase por completo la tierra, dejando que una lluvia imparable más de cuarenta días azotara a todos los seres vivientes del planeta buscando con la misma limpiar todas esas manchas que sus habitantes habían colocado con el pasar de los años, manchas imposibles de borrar de la mente de todos los seres celestiales. El arcángel Remiel nunca se sintió tan satisfecho como aquellos días en donde el agua llenaba por completo los suelos, destruyendo toda creación que los terrenales habían hecho; empero, a pesar de todo ello, realmente era el único que gozaba de todo eso, sus compañeros e inclusive mismísimo rey del paraíso juraron tras finalizar aquel diluvio que el mismo no se volvería a repetir, confiando nuevamente en la palabra de esos seres que prometían no volver a manchar y desobedecer la imagen de su Dios. Vaya incrédulos y compasivos que fueron

▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬

Por primera vez en muchísimos siglos, el arcángel decidió volver a pisar aquellos suelos que procuró limpiar en su momento. No era alguien asiduo a alejarse del único sitio en el cual se sentía cómodo pero solitario, negándose de sobremanera en establecer comunicación verbal con sus semejantes a sabiendas de la terrible conducta y su forma tosca de hablar y explicar sus ideales delante de estos; Realmente era alguien que, a pesar de que no lo aparenta en lo más mínimo, era alguien completamente pacífico y que buscaba de sobremanera entrar en conflicto con los demás aunque a veces le resultase un trabajo algo dificultoso de cumplir.

La lluvia en ese día en especial era algo que realmente le resultó algo gratificante para su celestial ser, siéndole imposible en lo disimular aquella sonrisa de completa satisfacción en su semblante en lo que dejaba que las gotas de aquel fenómeno climático golpeasen de forma suave su pálida tez, como si las mismas le estuviesen otorgando una suave caricia con el pasar de los segundos. Las ruinas se mantenían tal cual estaban desde la última vez que las visitó, tomándole aquel detalle por sorpresa en lo que, con cada paso que daba, indagaba por todo el sitio en busca de algo nuevo por el cual captar su total interés, después de todo, su visita además de ser una en donde controlase el estado de todo el sitio, buscaba algo con lo cual distraerse en solitario; Remiel era de aquellos hombres que disfrutaba sin duda alguna de la diversión que tan sólo la soledad y curiosidad de uno eran capaces de regalar.
—Con el pasar de los años sabes mantenerte...— Musitó hacia el ambiente en sí, como si el mismo le entregase una respuesta con ello. Su persona a pesar de encontrarse bastante relajada, prestaba demasiada atención a sus alrededores evitándose en lo posible toparse con la presencia de un ser indeseable y más aun tratándose del mundo donde los terrenales disfrutaban lo más profundo que el pecado podía regalarles.

Pasaron los segundos, minutos e inclusive horas con cada paso que realizaba, perdiéndose por completo en la belleza que el mismo paisaje le entregaba siendo el único lugar que consideró como algo digno de visitar a pesar de todos los puntos negativos que le encontró a aquel mundo del cual desde lo más profundo de su ser deseaba exterminar de una vez por todas. Iglesias, santuarios y todo sitio que simbolizaba aquellas figuras angelicales que con anterioridad pocas personas veneraban yacían completamente destruidas después de todas las guerras que aquella ciudad sufrió en su momento.
Su persona básicamente se detuvo a unos pocos metros tras toparse con lo que fue en su momento una figura que representaba al arcángel Miguel, siéndole imposible de ocultar una sonrisa de absoluta diversión en su rostro —Y aún siguen creyendo en eso.— Musitó por lo bajo, haciendo hincapié en aquella confusión sobre aquella confusión que algunos terrenales tenían al respecto de Michaela; encontraba por demás entretenido el escuchar a la fémina quejarse con cada reunión que tenían en el Paraíso sobre aquel tema en especial, manteniendo con ella actualmente una terrible relación de la cual era imposible de mejorar visto y considerando ambas actitudes que los seres del alto mando celestial tenían.

Bajó ligeramente su mirada antes de desviar su camino por completo, ingresando al interior de lo que fue en su momento una de las tantas Iglesias que había en ese sitio, topándose con las ruinas prácticamente intactas después de aquella devastadora destrucción. Realmente se entretenía con los dibujos que las personas creyentes dibujaban confiando con seguridad que hacían un trabajo perfecto, siendo completamente devotos a unos simples dibujos que en ocasiones eran muy errados con respecto a su figura como a los de sus compañeros. Inclusive planeaba pasar a través de aquella enorme puerta de madera que permitía el ingreso al enorme sitio; sin embargo, detuvo por completo sus pasos al sentir perfectamente la presencia de alguien más en el lugar, alguien completamente indeseado para quien deseaba destruirlo por completo.
Su mirada se afiló por completo, manteniendo sellados sus labios por varios segundos en lo que, siéndole posible, controlaba de por sí su instinto para no atacarlo sin más. Podía percibir como aquel desconocido emanaba un “aroma” que tan sólo reflejaba enorme tristeza, desolación, tantos sentimientos negativos de buenas a primeras. Se mantuvo estático en su sitio en lo que cruzaba ambos brazos sobre su torso antes de atreverse a siquiera hablar —¿Qué hace aquí un ser tan sucio en un sitio tan sagrado como este?— Inquirió con evidente molestia; aquel encuentro marcaría un nuevo comienzo para aquel pobre ser que tan sólo buscaba refugio en la soledad para aliviar su dolor.

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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Ganimides el Jue Jun 08, 2017 9:55 pm

“Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.
Corintios 4:18”
Cuando expulsas el alma del dolor pero este te arrastra de regreso cuando el recuerdo o las palabras exactas que te llevaron a hundirte aún más hacen un ideal volver atrás: jamás haber salido de la fuente subterránea, jamás haber entrado en contacto con el dueño del Bar, jamás haberle conocido, jamás haber apostado todo en un sentimiento hasta entonces desconocido…que creía extinto.
Por favor concéntrate piensa sensatamente en lo que acabas de hacer, lo que dijiste antes de marchar del Bar…antes de  soltar las cadenas invisibles. Absurdo cuento que te niegas a creer aun con los ojos cerrados en búsqueda de un culpable inconscientemente culpándose a sí mismo: ¿Qué me falto? ¿Que hice mal? ¿Porque nunca soy suficiente para esto?, un “un buen hombre” decían…perdido en algo irreal, no queriendo ver la verdad con una lealtad que volvería a jurar si Perseo no le atase las manos.
La voz del hombre ahora en las  puertas golpeo otra vez en su mente, recordar por qué o como llego aquí. Después de todo esto ya no habrá más, nada queda.
Quisiera morir de amor que. Seguir agonizando en los brazos de la incertidumbre; palabras que se llevaron al infierno a esta alma pero atada a un cuerpo inmortal con tantos años encima.

-Yo no quiero…lo siento.

Pudo responder a esas palabras, preferiría hundirse que continuar carcomiendo las razones  o los porqué de todo esto. Si había alguien que puede juzgar las decisiones o dudas del mestizo esa es su Diosa, no tiene fe en la religión cristiana actual; si cerrara los ojos y tuviera que orar entonces ¿a quién lo haría?.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.
Juan 3:36”

Levanto la vista, no tenía por qué disculparse con un desconocido. Ignoraba la naturaleza del contrario, todo en sus primordiales sentidos estaban alterados al punto de que incluso había creado alrededor de Perseo en su mente una barrera donde las palabras y gritos de advertencia no salían; una mirada tan gélida como la que el peliplateado le dirigía a una muy amplia distancia dolía de la misma manera con la que…”Esta soy yo, no tengo otras palabras que decir para hacerte sentir mejor. No siento haber errado en mis acciones”, ven a explicármelo…quiero escuchar la negativa con esa cara de simplemente –ya está hecho-.Pues no, no lo está.

-No lo somos, nadie lo es ¿Quién te crees que eres?

Mantenía la mirada hacia él con molestia, no podía sentir ira. No arrastraría a un rostro nuevo el oscuro sentimiento que lo estaba comenzando a consumir: Desdicha y un corazón hecho añicos.
Verlo era sumergirse en el abismo de su silencio que no tenía palabras de aliento para nadie, no podía extender la amabilidad y la simpatía por otros si ni siquiera el mismo odia soportar la oscuridad que lo consumía ;Perseo lo sabía, sabía que era peligroso dejarla crecer y salía mucho más seguido cuando la pena se desbordaba…ni siquiera la entidad de la fuente  conseguía ahogar las lágrimas y se había descubierto muchas veces en el suelo llorando  como jamás imagino que las criaturas pudieran.
Las lágrimas se habían secado, no habían ahora mismo para dejarlas salir, y allí ahora otro ser con los ojos afilados dirigidos al peliverde, sentía que  veían a través de él…y eso dolía otra vez.




La soledad me habia tratado bien.¡Y no eres quien para exigir derechos!.
Me hiciste daño pero sigo vivo.Contigo ya me acostumbre a perder,mi corazon funciona sin latidos.

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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Nicolaus Ackerman el Lun Jul 31, 2017 12:28 am


Su fe, su paciencia y su misericordia se esfumaron desde el primer momento en que vio a los seres humanos pecar sin remordimiento alguno, perdiéndole el total respeto de quien es su momento fue su Dios, su creador. Vaya raza de ignorantes había creado el superior y a quienes les profesaba un profundo amor a pesar de todo ello; Remiel sólo se dedicaba a observar como todos y cada uno de ellos realizaban sus actos en contra de las leyes que el máximo había entregado y que, con el pasar del tiempo, estos últimos perdieron su absoluto valor.
Qué creación más patética había hecho el rey de los cielos.

Su mirada, de completa desaprobación, sólo se dedicaba a observar a los seres terrenales en lo que en el interior de su mente fraguaba una forma que fuese totalmente efectiva como para erradicar todas esas ratas que se hacían llamar a sí mismas “seres humanos”; el único arcángel que hasta el momento había dejado de lado a la humanidad ante atroces actos que estos realizaban como si fuese un hecho tan simple como el respirar aquel oxígeno que los mantenía únicamente con vida. Realmente un castigo merecían recibir y de eso su persona se iba a encargar de darles.

Entonces vino el diluvio sobre la tierra por cuarenta días, y las aguas crecieron y alzaron el arca, y ésta se elevó sobre la tierra. 18 Y las aguas aumentaron y crecieron mucho sobre la tierra; y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos. 20 Quince codos por encima subieron las aguas después que los montes habían sido cubiertos. 21 Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra: aves, ganados, bestias, y todo lo que pulula sobre la tierra, y todo ser humano; 22 todo aquello en cuya nariz había aliento de espíritu de vida, todo lo que había sobre la tierra firme, murió.

Fue  tan sólo cuestión de un breve tiempo de que aquel diluvio inundase por completo la tierra, dejando que una lluvia imparable más de cuarenta días azotara a todos los seres vivientes del planeta buscando con la misma limpiar todas esas manchas que sus habitantes habían colocado con el pasar de los años, manchas imposibles de borrar de la mente de todos los seres celestiales. El arcángel Remiel nunca se sintió tan satisfecho como aquellos días en donde el agua llenaba por completo los suelos, destruyendo toda creación que los terrenales habían hecho; empero, a pesar de todo ello, realmente era el único que gozaba de todo eso, sus compañeros e inclusive mismísimo rey del paraíso juraron tras finalizar aquel diluvio que el mismo no se volvería a repetir, confiando nuevamente en la palabra de esos seres que prometían no volver a manchar y desobedecer la imagen de su Dios. [i]Vaya incrédulos y compasivos que fueron



Por primera vez en muchísimos siglos, el arcángel decidió volver a pisar aquellos suelos que procuró limpiar en su momento. No era alguien asiduo a alejarse del único sitio en el cual se sentía cómodo pero solitario, negándose de sobremanera en establecer comunicación verbal con sus semejantes a sabiendas de la terrible conducta y su forma tosca de hablar y explicar sus ideales delante de estos; Realmente era alguien que, a pesar de que no lo aparenta en lo más mínimo, era alguien completamente pacífico y que buscaba de sobremanera entrar en conflicto con los demás aunque a veces le resultase un trabajo algo dificultoso de cumplir.

La lluvia en ese día en especial era algo que realmente le resultó algo gratificante para su celestial ser, siéndole imposible en lo disimular aquella sonrisa de completa satisfacción en su semblante en lo que dejaba que las gotas de aquel fenómeno climático golpeasen de forma suave su pálida tez, como si las mismas le estuviesen otorgando una suave caricia con el pasar de los segundos. Las ruinas se mantenían tal cual estaban desde la última vez que las visitó, tomándole aquel detalle por sorpresa en lo que, con cada paso que daba, indagaba por todo el sitio en busca de algo nuevo por el cual captar su total interés, después de todo, su visita además de ser una en donde controlase el estado de todo el sitio, buscaba algo con lo cual distraerse en solitario; Remiel era de aquellos hombres que disfrutaba sin duda alguna de la diversión que tan sólo la soledad y curiosidad de uno eran capaces de regalar.
—Con el pasar de los años sabes mantenerte...— Musitó hacia el ambiente en sí, como si el mismo le entregase una respuesta con ello. Su persona a pesar de encontrarse bastante relajada, prestaba demasiada atención a sus alrededores evitándose en lo posible toparse con la presencia de un ser indeseable y más aun tratándose del mundo donde los terrenales disfrutaban lo más profundo que el pecado podía regalarles.

Pasaron los segundos, minutos e inclusive horas con cada paso que realizaba, perdiéndose por completo en la belleza que el mismo paisaje le entregaba siendo el único lugar que consideró como algo digno de visitar a pesar de todos los puntos negativos que le encontró a aquel mundo del cual desde lo más profundo de su ser deseaba exterminar de una vez por todas. Iglesias, santuarios y todo sitio que simbolizaba aquellas figuras angelicales que con anterioridad pocas personas veneraban yacían completamente destruidas después de todas las guerras que aquella ciudad sufrió en su momento.
Su persona básicamente se detuvo a unos pocos metros tras toparse con lo que fue en su momento una figura que representaba al arcángel Miguel, siéndole imposible de ocultar una sonrisa de absoluta diversión en su rostro —Y aún siguen creyendo en eso.— Musitó por lo bajo, haciendo hincapié en aquella confusión sobre aquella confusión que algunos terrenales tenían al respecto de Michaela; encontraba por demás entretenido el escuchar a la fémina quejarse con cada reunión que tenían en el Paraíso sobre aquel tema en especial, manteniendo con ella actualmente una terrible relación de la cual era imposible de mejorar visto y considerando ambas actitudes que los seres del alto mando celestial tenían.

Bajó ligeramente su mirada antes de desviar su camino por completo, ingresando al interior de lo que fue en su momento una de las tantas Iglesias que había en ese sitio, topándose con las ruinas prácticamente intactas después de aquella devastadora destrucción. Realmente se entretenía con los dibujos que las personas creyentes dibujaban confiando con seguridad que hacían un trabajo perfecto, siendo completamente devotos a unos simples dibujos que en ocasiones eran muy errados con respecto a su figura como a los de sus compañeros. Inclusive planeaba pasar a través de aquella enorme puerta de madera que permitía el ingreso al enorme sitio; sin embargo, detuvo por completo sus pasos al sentir perfectamente la presencia de alguien más en el lugar, alguien completamente indeseado para quien deseaba destruirlo por completo.
Su mirada se afiló por completo, manteniendo sellados sus labios por varios segundos en lo que, siéndole posible, controlaba de por sí su instinto para no atacarlo sin más. Podía percibir como aquel desconocido emanaba un “aroma” que tan sólo reflejaba enorme tristeza, desolación, tantos sentimientos negativos de buenas a primeras. Se mantuvo estático en su sitio en lo que cruzaba ambos brazos sobre su torso antes de atreverse a siquiera hablar —¿Qué hace aquí un ser tan sucio en un sitio tan sagrado como este?— Inquirió con evidente molestia; aquel encuentro marcaría un nuevo comienzo para aquel pobre ser que tan sólo buscaba refugio en la soledad para aliviar su dolor.

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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Ganimides el Vie Ago 18, 2017 3:18 pm

“Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.
Corintios 4:18”

Cuando expulsas el alma del dolor pero este te arrastra de regreso cuando el recuerdo o las palabras exactas que te llevaron a hundirte aún más hacen un ideal volver atrás: jamás haber salido de la fuente subterránea, jamás haber entrado en contacto con el dueño del Bar, jamás haberle conocido, jamás haber apostado todo en un sentimiento hasta entonces desconocido…que creía extinto.
Por favor concéntrate piensa sensatamente en lo que acabas de hacer, lo que dijiste antes de marchar del Bar…antes de  soltar las cadenas invisibles. Absurdo cuento que te niegas a creer aun con los ojos cerrados en búsqueda de un culpable inconscientemente culpándose a sí mismo: ¿Qué me falto? ¿Que hice mal? ¿Porque nunca soy suficiente para esto?, un “un buen hombre” decían…perdido en algo irreal, no queriendo ver la verdad con una lealtad que volvería a jurar si Perseo no le atase las manos.
La voz del hombre ahora en las  puertas golpeo otra vez en su mente, recordar por qué o como llego aquí. Después de todo esto ya no habrá más, nada queda.
Quisiera morir de amor que. Seguir agonizando en los brazos de la incertidumbre; palabras que se llevaron al infierno a esta alma pero atada a un cuerpo inmortal con tantos años encima.

-Yo no quiero…lo siento.

Pudo responder a esas palabras, preferiría hundirse que continuar carcomiendo las razones  o los porqué de todo esto. Si había alguien que puede juzgar las decisiones o dudas del mestizo esa es su Diosa, no tiene fe en la religión cristiana actual; si cerrara los ojos y tuviera que orar entonces ¿a quién lo haría?.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.
Juan 3:36”

Levanto la vista, no tenía por qué disculparse con un desconocido. Ignoraba la naturaleza del contrario, todo en sus primordiales sentidos estaban alterados al punto de que incluso había creado alrededor de Perseo en su mente una barrera donde las palabras y gritos de advertencia no salían; una mirada tan gélida como la que el peliplateado le dirigía a una muy amplia distancia dolía de la misma manera con la que…”Esta soy yo, no tengo otras palabras que decir para hacerte sentir mejor. No siento haber errado en mis acciones”, ven a explicármelo…quiero escuchar la negativa con esa cara de simplemente –ya está hecho-.Pues no, no lo está.

-No lo somos, nadie lo es ¿Quién te crees que eres?

Mantenía la mirada hacia él con molestia, no podía sentir ira. No arrastraría a un rostro nuevo el oscuro sentimiento que lo estaba comenzando a consumir: Desdicha y un corazón hecho añicos.
Verlo era sumergirse en el abismo de su silencio que no tenía palabras de aliento para nadie, no podía extender la amabilidad y la simpatía por otros si ni siquiera el mismo odia soportar la oscuridad que lo consumía ;Perseo lo sabía, sabía que era peligroso dejarla crecer y salía mucho más seguido cuando la pena se desbordaba…ni siquiera la entidad de la fuente  conseguía ahogar las lágrimas y se había descubierto muchas veces en el suelo llorando  como jamás imagino que las criaturas pudieran.
Las lágrimas se habían secado, no habían ahora mismo para dejarlas salir, y allí ahora otro ser con los ojos afilados dirigidos al peliverde, sentía que  veían a través de él…y eso dolía otra vez.




La soledad me habia tratado bien.¡Y no eres quien para exigir derechos!.
Me hiciste daño pero sigo vivo.Contigo ya me acostumbre a perder,mi corazon funciona sin latidos.

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Que el hambre que tienes se olvida De las mordidas que ya le dio a mi vida
De tu corazón con mi corazón...de mis manos temblorosas arañando el colchón.
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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

Mensaje por Nicolaus Ackerman el Jue Nov 30, 2017 7:06 pm


Su fe, su paciencia y su misericordia se esfumaron desde el primer momento en que vio a los seres humanos pecar sin remordimiento alguno, perdiéndole el total respeto de quien es su momento fue su Dios, su creador. Vaya raza de ignorantes había creado el superior y a quienes les profesaba un profundo amor a pesar de todo ello; Remiel sólo se dedicaba a observar como todos y cada uno de ellos realizaban sus actos en contra de las leyes que el máximo había entregado y que, con el pasar del tiempo, estos últimos perdieron su absoluto valor.
Qué creación más patética había hecho el rey de los cielos.

Su mirada, de completa desaprobación, sólo se dedicaba a observar a los seres terrenales en lo que en el interior de su mente fraguaba una forma que fuese totalmente efectiva como para erradicar todas esas ratas que se hacían llamar a sí mismas “seres humanos”; el único arcángel que hasta el momento había dejado de lado a la humanidad ante atroces actos que estos realizaban como si fuese un hecho tan simple como el respirar aquel oxígeno que los mantenía únicamente con vida. Realmente un castigo merecían recibir y de eso su persona se iba a encargar de darles.

Entonces vino el diluvio sobre la tierra por cuarenta días, y las aguas crecieron y alzaron el arca, y ésta se elevó sobre la tierra. 18 Y las aguas aumentaron y crecieron mucho sobre la tierra; y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos. 20 Quince codos por encima subieron las aguas después que los montes habían sido cubiertos. 21 Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra: aves, ganados, bestias, y todo lo que pulula sobre la tierra, y todo ser humano; 22 todo aquello en cuya nariz había aliento de espíritu de vida, todo lo que había sobre la tierra firme, murió.

Fue  tan sólo cuestión de un breve tiempo de que aquel diluvio inundase por completo la tierra, dejando que una lluvia imparable más de cuarenta días azotara a todos los seres vivientes del planeta buscando con la misma limpiar todas esas manchas que sus habitantes habían colocado con el pasar de los años, manchas imposibles de borrar de la mente de todos los seres celestiales. El arcángel Remiel nunca se sintió tan satisfecho como aquellos días en donde el agua llenaba por completo los suelos, destruyendo toda creación que los terrenales habían hecho; empero, a pesar de todo ello, realmente era el único que gozaba de todo eso, sus compañeros e inclusive mismísimo rey del paraíso juraron tras finalizar aquel diluvio que el mismo no se volvería a repetir, confiando nuevamente en la palabra de esos seres que prometían no volver a manchar y desobedecer la imagen de su Dios. [i]Vaya incrédulos y compasivos que fueron



Por primera vez en muchísimos siglos, el arcángel decidió volver a pisar aquellos suelos que procuró limpiar en su momento. No era alguien asiduo a alejarse del único sitio en el cual se sentía cómodo pero solitario, negándose de sobremanera en establecer comunicación verbal con sus semejantes a sabiendas de la terrible conducta y su forma tosca de hablar y explicar sus ideales delante de estos; Realmente era alguien que, a pesar de que no lo aparenta en lo más mínimo, era alguien completamente pacífico y que buscaba de sobremanera entrar en conflicto con los demás aunque a veces le resultase un trabajo algo dificultoso de cumplir.

La lluvia en ese día en especial era algo que realmente le resultó algo gratificante para su celestial ser, siéndole imposible en lo disimular aquella sonrisa de completa satisfacción en su semblante en lo que dejaba que las gotas de aquel fenómeno climático golpeasen de forma suave su pálida tez, como si las mismas le estuviesen otorgando una suave caricia con el pasar de los segundos. Las ruinas se mantenían tal cual estaban desde la última vez que las visitó, tomándole aquel detalle por sorpresa en lo que, con cada paso que daba, indagaba por todo el sitio en busca de algo nuevo por el cual captar su total interés, después de todo, su visita además de ser una en donde controlase el estado de todo el sitio, buscaba algo con lo cual distraerse en solitario; Remiel era de aquellos hombres que disfrutaba sin duda alguna de la diversión que tan sólo la soledad y curiosidad de uno eran capaces de regalar.
—Con el pasar de los años sabes mantenerte...— Musitó hacia el ambiente en sí, como si el mismo le entregase una respuesta con ello. Su persona a pesar de encontrarse bastante relajada, prestaba demasiada atención a sus alrededores evitándose en lo posible toparse con la presencia de un ser indeseable y más aun tratándose del mundo donde los terrenales disfrutaban lo más profundo que el pecado podía regalarles.

Pasaron los segundos, minutos e inclusive horas con cada paso que realizaba, perdiéndose por completo en la belleza que el mismo paisaje le entregaba siendo el único lugar que consideró como algo digno de visitar a pesar de todos los puntos negativos que le encontró a aquel mundo del cual desde lo más profundo de su ser deseaba exterminar de una vez por todas. Iglesias, santuarios y todo sitio que simbolizaba aquellas figuras angelicales que con anterioridad pocas personas veneraban yacían completamente destruidas después de todas las guerras que aquella ciudad sufrió en su momento.
Su persona básicamente se detuvo a unos pocos metros tras toparse con lo que fue en su momento una figura que representaba al arcángel Miguel, siéndole imposible de ocultar una sonrisa de absoluta diversión en su rostro —Y aún siguen creyendo en eso.— Musitó por lo bajo, haciendo hincapié en aquella confusión sobre aquella confusión que algunos terrenales tenían al respecto de Michaela; encontraba por demás entretenido el escuchar a la fémina quejarse con cada reunión que tenían en el Paraíso sobre aquel tema en especial, manteniendo con ella actualmente una terrible relación de la cual era imposible de mejorar visto y considerando ambas actitudes que los seres del alto mando celestial tenían.

Bajó ligeramente su mirada antes de desviar su camino por completo, ingresando al interior de lo que fue en su momento una de las tantas Iglesias que había en ese sitio, topándose con las ruinas prácticamente intactas después de aquella devastadora destrucción. Realmente se entretenía con los dibujos que las personas creyentes dibujaban confiando con seguridad que hacían un trabajo perfecto, siendo completamente devotos a unos simples dibujos que en ocasiones eran muy errados con respecto a su figura como a los de sus compañeros. Inclusive planeaba pasar a través de aquella enorme puerta de madera que permitía el ingreso al enorme sitio; sin embargo, detuvo por completo sus pasos al sentir perfectamente la presencia de alguien más en el lugar, alguien completamente indeseado para quien deseaba destruirlo por completo.
Su mirada se afiló por completo, manteniendo sellados sus labios por varios segundos en lo que, siéndole posible, controlaba de por sí su instinto para no atacarlo sin más. Podía percibir como aquel desconocido emanaba un “aroma” que tan sólo reflejaba enorme tristeza, desolación, tantos sentimientos negativos de buenas a primeras. Se mantuvo estático en su sitio en lo que cruzaba ambos brazos sobre su torso antes de atreverse a siquiera hablar —¿Qué hace aquí un ser tan sucio en un sitio tan sagrado como este?— Inquirió con evidente molestia; aquel encuentro marcaría un nuevo comienzo para aquel pobre ser que tan sólo buscaba refugio en la soledad para aliviar su dolor.

Nicolaus Ackerman
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Re: La muerte...es apenas el comienzo -Priv Remiel-

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