NOCHE SALVAJE|PRIV. NYAOKU|

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NOCHE SALVAJE|PRIV. NYAOKU|

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 19, 2017 8:40 pm

En su mayoría las mañanas no se diferenciaban en nada especial, cada una tenían sus rayos de sol, sus lluvias, todo siempre era particularmente así, nada emocionante hasta la llegada de la noche.

Koriand'r siempre se definió como un hombre de noche, no muy fanático del día por motivos fáciles y razonables : No sacaba dinero, y el dinero es lo más importante en esta vida, así es como nuestro joven era un monstruo de noche.

Las estrellas no se divisaban entre el espesor de las nubes azul oscuro del cielo, apenas había algo de bueno en la ciudad a esas horas de la noche – por no decir nada – por las calles paseaban haraganes y los lujuria salían de sus escondites para gozar de total libertad tanto como los ira y demás pecados que deseaban hacerse notar, cada noche la dama del caos salía para bendecir a todos aquellos que le eran fieles, entre uno de ellos, Koriand'r.


En la sala de estar con un aire sombrío y fúnebre se encontraba el hombre de cabellos azulados y gafas de sol, una taza de té en sus manos pero no precisamente con té si no con Vodka, de mejor calidad, nada podía molestar su pacifica noche más que su hora exacta. Había acordado un pequeño encuentro entre el prostíbulo de los Holandeses y el suyo para poder ver quien se dividía la calle, nada muy importante.
Una suave voz de mujer mayor casi maternal sonó tras la puerta.
-Señorito el coche está aquí, le he traído galletas y lo necesario para su cita.
-Muchas gracias abuela, esperame en el coche – Dijo con la misma suavidad, amable solo con ella. Sus piernas bajaron de la mesa oscura hecha de ébano tocando la alfombra roja. Se colocó la chaqueta por encima colgando de ambos hombros, una vez listo empujó la puerta y cerró tras él tirándole las llaves a la cara a uno de sus subordinados.-Cuídalo- ordenó echándole un pequeño vistazo.

En la entrada estaba aparcado la enorme limusina negra con la puerta abierta solamente para él, subió sin problemas. El recinto no estaba tan lejos, solo unos quince minutos tardaron en ir a ese vulgar local donde desde fuera ya se podría apreciar el barullo que montaban dentro, suspiró tedioso contemplando por encima todo lo que rodeaba, mujeres, hombres, toda la lujuria en un solo lugar donde cerdos yacían a gusto en su butaca con una cara de depravados.
-Me dan asco …-Se colocó los guantes que la abuela le había traído guiando a sus cinco hombres con él hacía el piso superior donde ya esperaban los holandeses degustando a cada bailarina con la mirada, el joven dueño subió por las escaleras sentándose en el sofá mirando las copas pagadas por el ajeno- No beberé -sentenció apoyando el brazo en el cómodo mueble con una mueca de disgusto.- De qué deseas hablar...
Invitado



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