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Mensaje por Sanesue & Seiryû el Lun Jul 03, 2017 12:55 am

La tranquilidad de aquel día era la ocasión perfecta, incluso si era bastante inusual. Las personas a su alrededor no estaban con sus típicos murmullos, o sus rostros preocupados luego de todo lo acontecido. Cada uno de los miembros de aquel lugar, absolutamente todos parecían concentrados en su trabajo, por lo que él pudo moverse con más fluidez que la habitual. No eran exactamente una florería por así decirlo, pero sus arreglos eran uno de los mejores en el área, cada una de las personas que estaban ahí hacían hasta lo imposible por hacerse uno con el silencio y plasmar la belleza de las flores. Cada uno podría llegar a representar lo que sentía en el momento en el que tomó la primera flor y, por ello, había que tener una máxima concentración en ese estado.

El que Sanesue se hubiese internalizado con el arte de la meditación hacía las cosas más fáciles para él, pero muchas veces el ruido exterior era un enemigo al cual vencer demasiado fuerte. Más aun luego de no tener a su guía espiritual a su lado, aquella mujer que había representado mucho en su vida. Le hubiese gustado tenerla un poco más. Apenas le había reconocido y la había perdido. Pero, no podía seguir deprimiéndose, había demasiado trabajo que hacer, preparar los pedidos, mantener en cuenta la contabilidad y preparar el arreglo que era su responsabilidad, ¿por qué tenía una cierta sensación de incertidumbre? Como si su abuela estuviese mirándole la nuca o algo similar, como si no hubiese fallecido y estuviera viéndole con desaprobación por estar pensando demasiado las cosas. Tal vez sólo estaba pensando demasiado, debería dejar de lado esos pensamientos tan paranoicos, no iban con él después de todo. Sus ojos se mantenían cerrados, más bien, ligeramente entre abiertos para que estos no sean demasiado perturbados.

En un cuenco con agua, donde aún faltaban unos centímetros para rozar la superficie, él colocó unas ramas blancas, queriendo representar el invierno pero el próximo llegar de la primavera al tener uno que otro brote en las puntas. El verde de las hojas para mostrar la vida y la fortaleza misma. Los dedos del joven iban moviéndose con cuidado, queriendo colocar ambos elementos en perfecta armonía, para terminar con una Rosa roja tan intensa que parecía negra. Si bien el arreglo había quedado bien, a él algo no le convencía del todo y su ceño se frunció sin querer. No era el problema el arreglo en sí, sino la flor que se le había pedido ¿por qué a todo el mundo le gustaban las rosas? Por supuesto, estas flores eran bellísimas, pero eran presuntuosas, lastimaban apenas quieres tocarlas, no hay una suavidad propia digna de mostrar. Deberían continuar en un campo y no en un arreglo, él en cambio usaría camelias, sí, eso sería mucho más gratificante. Pero antes de realizar esa rebeldía, las palabras de su abuela sobre la perfección, sobre la armonía y sobre lo que él mismo representaba resonaban una y otra vez en su mente, poniéndole un poco incómodo. Dejó la rosa donde estaba No debía de agregar nada de más pero estaba bastante confuso a esas altura, ¿o podría ser adecuado solo un brote de la misma flor para que demuestre algo de inocencia?

Una inocencia fugaz...—murmuró para sí mientras intentaba colocar el nuevo elemento, pero su cabeza se elevó al escuchar una voz diferente –la cual él conocía muy bien- en el recinto. Sus manos se alejaron del arreglo, y él dejó de estar de rodillas para mirar a su alrededor. Aún tenía los papeles para ordenar, pero… por lo menos el pedido estaba ya terminado y solo debía de entregarlo. Fue hasta la puerta y la deslizó suavemente.

Lauridsen-sama…—salió de sus labios sin poder evitarlo, dejando que una sonrisa asomara en su rostro, se apartó de la puerta y le dejó pasar, no sin antes ofrecerle el tomar asiento.—Chris, hace tiempo que no te llamaba de esa manera. ¿Recuerdas? Desde que trabajas para mí… nuestra relación se ha hecho más estrecha. Aunque no te he dado mucha atención últimamente… Me... disculpo por eso—se habían conocido en las calles. No sabía si este estaba haciendo un patrullaje o no, pero la mirada de aquel hombre en aquel momento se le había antojado tan melancólica que su pecho le había dolido. Por ello mismo, se acercó a él y le había regalado una flor que había comprado. Sanesue no era muy gustoso de las rosas, pero esta había sido blanca y, por alguna razón, pensó que podría ser un buen presente hacia alguien que no conocía. Así comenzaron a hablarse, a tratarse. Muchas veces fue visitado por esta persona y, lentamente, él comenzó a sentir algo diferente, comenzó a  querer ser visto solo por este. Sin embargo, cuando  la tragedia le azotó, lo contrató para su cuidado personal. Aun así, su tristeza y luto le había impedido el dejarse arrastrar por el sentimiento que tenía hacia este hombre, sentía que no se lo merecía.

¿Hubieron problemas con la seguridad? Sentí mucho movimiento en la noche—una vez que estuvo listo, sirvió el té en el cuenco de cerámica y se sentó a su lado, apoyando su cabeza en el hombro de su guardaespaldas, buscando su mano para tomarla suavemente—. Todo... ha sido muy difícil últimamente—sus ojos se mantuvieron cerrados, se notaba que estaba un poco agotado.


Última edición por Sanesue & Seiryû el Dom Mar 25, 2018 9:00 pm, editado 2 veces



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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Christoffer Lauridsen el Vie Jul 28, 2017 5:14 pm



Un pesado suspiro escapó de entre los labios de licántropo ya por quinta vez consecutiva a su vez que caminaba sin rumbo alguno por todos los alrededores de aquel enorme sitio en el cual actualmente vivía quien era su jefe y principal protegido. Jamás pensó que, después de haberle conocido en medio de las calles cuando su día de por sí era una enorme piedra sobre su espalda, terminaría por trabajar para él.
De por sí no era un detalle desagradable por parte del Danés el convivir bajo el mismo techo que él como así dictaba su empleo actual, además de pasar algunas tardes en su compañía y seguirlo la mayor parte del tiempo cuando este salía fuera de los recintos de su hogar. El licántropo sólo se dedicaba ahora a observarle en silencio y procurar que Sanesue se encuentre completamente seguro y tranquilo luego de todo lo acontecido. Perder a un familiar no era nada fácil de digerir, independientemente del tipo de relación que llevase con el fallecido.
Sí algo le ocurría al japonés, Christoffer no se lo perdonaría por nada en el mundo, a tal punto de tomarse el sacrificio de renunciar a su trabajo y dejar que alguien más capacitado lo haga y no cruzarse más con su persona; con tal de verlo con vida, libre y sin ningún rasguño el licántropo era feliz.


El clima en el ambiente era demasiado cálido, tanto así que era del total agrado para el pelirrojo, que a pesar de su agotamiento tras haber pasado la noche en vela en busca de un supuesto sospechoso que merodeaba los alrededores, se sentía relajado al estar en contacto parcialmente con la naturaleza. Al sentir que nadie se encontraba cerca suyo, se quitó el enorme abrigo de color negro con detalles en rojo, quedándose sólo con una camisa blanca, sintiéndose más ‘libre’; detestaba y demasiado portar demasiadas prendas encima, llegando en ocasiones dificultándole el trabajo pero sólo por esta ocasión se quiso dar ese lujo.
Mantuvo su caminata por todo el enorme jardín del sitio, cerciorándose que el mismo se encontrase limpio y seguro de cualquier posible amenaza externa para así encaminarse nuevamente hacia el interior de la enorme residencia y dar conocimiento a su superior de todo lo acontecido en la noche aunque realmente el motivo por el cual se dirigía a él era sólo para verle aunque sea unos pocos segundos, usando como excusa su trabajo para justificar su repentina visita hacia los demás empleados que trabajaban para el alfraude.

A pesar del tiempo trascurrido desde que abandonó su hogar en busca de libertad, aún llevaba sobre su espalda aquella culpa que a veces le atormentaba durante las noches e inclusive durante su horario laboral; aún se arrepiente de haber dejado en la deriva a quienes consideró miembros de su familia, sus hermanos que a pesar de que no compartían en lo más mínimo ningún lazo de sangre, llegó a encariñarse por completo con ellos y cuidarlos como si fuese su propio hermano mayor y padre. Había momentos en los cuales le daba ese ataque de locura para dejar todo lo que había construido apenas cumplió la mayoría de edad para regresar con ellos; sin embargo, también cargaría con el peso de dejar al alfraude como si nada y sin ningún motivo de fuerza mayor. Podía sentir como el hilo le ahorcaba o estaba en ello cuando se trataba de ese tema.


Colocó su abrigo sobre uno de sus hombros en lo que aseguraba su agarre sobre su propia espada en lo que caminaba a paso calmado y casi silencioso por el interior del edificio, esperando con ello no incomodar a los restantes empleados en su trabajo y arrebatarles así su concentración en el mismo. A pesar de la ida de aquella mujer con la cual el licántropo sentía cierta incomodidad y temor, aún podía percibir la “presencia” de la misma, aunque buscaba en lo posible prestarle demasiada atención a la misma puesto que no compartió demasiado tiempo con ella pero podía recordar en ocasiones la intensidad de la mirada que esta le entregaba cada vez que se la cruzaba, siendo lo suficientemente fuerte como para que el pelirrojo grabase la misma en su memoria.
Sacudió su cabeza en un intento de quitar esa pesada sensación, deteniendo sus pasos frente a la puerta que permitía el acceso al cuarto en donde Sanesue trabajaba. «Quita esa clase de pensamientos, Christoffer, que si no terminarás loco» Pensó, tomando el suficiente aire para así calmar un poco la tensión que cargaba además del cansancio independientemente de si el mismo se reflejaba en sus ojos y así otorgarle unos suaves toques a la madera de la puerta corrediza de la habitación —¿Sane-san?— Llamó, esperando encontrarle ahí; a pesar de su nueva posición dentro del recinto, aún mantenía su trato casi informal con el japonés y eso que ya varios empleados le pidieron que modificara su conducta, o por lo menos cuando estaba delante de varias personas.

Una sonrisa no tardó en dibujarse en su semblante apenas sus ojos se cruzaron con el delicado semblante del menor frente suyo; sin embargo, la misma se desvaneció de manera inconsciente al escuchar aquel “apodo” que este empleaba hace unos años atrás cuando apenas eran unos conocidos. No se molestó en lo absoluto, sólo se sorprendió por ello más aun considerando su posición actual —Sane-san, buenas.— Musitó un poco incómodo al no saber que decir al respecto, aunque no iba a negar que después de unos segundos sintió una extraña alegría golpear su cuerpo por ello. Aquella sonrisa con un dejo de arrogancia que tan sólo caracterizaba al licántropo no tardó en aparecer, asintiendo ligeramente con su cabeza una vez que su superior le indicó que tomase asiento una vez dentro. Sus ojos se cerraron por unos momentos, dejando que dentro de su mente surgieran algunos breves recuerdos a su vez que, aquella sonrisa inicial, se viera reemplazada por una con un toque de nostalgia —Ah, sí… Ha pasado bastante tiempo.— Tomó asiento en el lugar indicado, recargando ligeramente su cuerpo sobre la pequeña mesa al apoyar sus antebrazos sobre la misma —Aunque no voy a negar que me gustó el escucharlo...— Confesó por lo bajo, desviando ligeramente su mirada de la ajena por unos segundos —De todas formas, no es necesario que te disculpes por eso, yo soy quien debe prestarte atención y no viceversa. Después de todo, es mi deber velar por tu seguridad.— Y no mentía al decir aquello, por desgracia –tal vez más para el lycan- sólo se encontraba en ese sitio por su trabajo y nada más.

Observaba atento el cómo Sanesue servía en unos pequeños cuencos de cerámica un poco de té apartando segundos después sus brazos del mueble para no incomodar al japonés, esbozando una sonrisa sutil al sentir como el más bajo apoyó su cabeza sobre uno de sus hombros y luego tomar su mano delicadamente, tan delicado como siempre logrando con ello que la calma viniese a su cuerpo como si fuese por arte de magia. A diferencia de antes, en lugar de sentirse nervioso o similares, sólo lograba obtener absoluta tranquilidad cuando del alfraude se trataba. Una ligera risa de su parte no tardó en aparecer ante la interrogante del adverso, asintiendo ligeramente con su cabeza entregando así una respuesta inicial —De hecho sí, algunos empleados sospechaban que andaba alguien por los alrededores y tuve que patrullar toda la noche… ¿No pudiste dormir por los ruidos?— Interrogó, evidenciando en su timbre de voz preocupación por el azabache al percatarse de que este yacía más cansado que su persona.
—¿Por qué no descansas un poco y te despierto de aquí a un rato? Estar agotado nunca es bueno.— Propuso, levantando ligeramente la mano que se encontraba entrelazada con la propia para así entregarle un fugaz pero sutil beso de su parte, ya pasando a este punto su agotamiento a segundo plano y centrando su atención al más bajo. —Si gustas… no tengo drama de dejar que duermas sobre mi regazo.— Se pudo evidenciar el timbre jocoso en su voz al decir esto último, no conteniendo la necesidad de bromear un poco con él aunque si se prestaba la atención suficiente, se podía evidenciar un dejo de coquetería en sus palabras.
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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Sanesue & Seiryû el Jue Ago 10, 2017 11:49 pm

Christoffer era tan atento con su persona. ¿Cómo pudo poner esa barrera invisible entre ambos? ¿En qué estaba pensando? Porque, incluso si parecían totalmente unidos ahí, había algo que lo separaba. Tal vez fuera el peso que cada uno tenía que soportar de manera personal. Pero, yendo en contra de lo pensado anteriormente, él ver ese rostro rozando la felicidad, fue suficiente para que la entereza del alfraude tambaleara. Su pecho latió, tan rápido, incontrolable, estaba en un momento que parecía irreal. Esa habitación, siempre se había destacado por ser aislada hacia el exterior, por eso él podía sentirse mucho más libre de esa manera. Era su lugar en el mundo, le ponía bien que aun quedase en pie en su forma original, a diferencia del resto del lugar.

De cualquier manera en la que te llame, siempre conlleva un sentimiento sobre mis palabras. La manera en la que te habló... es diferente de cualquier otra persona—su mano acarició el rostro del Licántropo, sumiéndose en ese hechizo que tanto le había eclipsado en el pasado. Sanesue tuvo que volverse fuerte e inaccesible de la noche a la mañana y, a pesar de ello, no dudó en traer a su lado al pelirrojo, tan sólo como un acto egoísta, su última acción como joven maestro para volverse en el dueño de todo el recinto. La responsabilidad que pesaba en sus hombros ahora era completamente grande y, su cuerpo frágil, apenas era capaz de resistirla. Si Christoffer no estuviera a su lado, sin duda se hubiera derrumbado hacía mucho tiempo.

¿Cómo deseas que te llame, entonces? Chris, Lauridsen-sama… la manera que desees puedes decirla libremente. Todo tu nombre para mí es maravilloso y acelera mi corazón—hace tanto tiempo que no podía hablar de es amanera con él, pudiendo describir sus sentimientos tan nítidamente. A diferencia de antes que el nerviosismo le detenía, que la inexperiencia ante algo real y no fingido se presentaba de esa forma, ahora podía sujetar su mano y entrelazar sus dedos con seguridad. —Tú velas por mi seguridad, pero yo… quiero velar por tu felicidad. Como tú me haces feliz, quiero hacer lo mismo—y eso era algo que ni el mismo Christoffer podría quitarle de la cabeza. Cuando era un ave enjaulada, él le había dado esa pizca de libertad sin saberlo. Cuando estaba solo, él vino y le hizo compañía, cuando todo el mundo se había alejado, él siguió estando ahí. Sanesue siempre esperaba ansioso por su llegada, cualquier cosa que pudieran compartir le hacía inmensamente feliz.

¿Podría decirle algún día a Christoffer que, antes que toda la tragedia sucediera, él pensaba fugarse? ¿Podría decirle que deseaba con todo su corazón ser aceptado por él? En el fondo, era algo cobarde y lo sabía, debía de haberlo dicho, ahora las cosas eran un poco más difíciles que antes. Pero la esperanza que él de cabellos oscuros mantenía no se iría fácilmente, él sabía que tenía una ligera ventaja.

Más o menos, sólo estaba algo preocupado. —Y eso era cierto, no había descansado bien, peor más que nada era por los suyos y, por encima de ello, porque Christoffer estuviera bien. Pero, ante el acto de los labios ajenos sobre los propios, provocaron un hormigueo en su estómago. Sus mejillas se tiñeron de un suave carmín y un suspiro abandonó su cuerpo para chocar contra los labios ajenos. Era una tentación en la que quería caer. Por eso, sus dedos que habían permanecido en el rostro ajeno, se movieron de manera delicada hasta la nuca de este, acariciando la misma y sus cabellos con cuidado.

Tomar mis labios de esa manera tan suave, como si fuese a desaparecer… Lauridsen-sama debería saber que eso no ocurrirá. Mis labios, tratándose de ti, deben ser tomado con la intensidad del sentimiento que guarda aquí—apoyó su mano en el pecho ajeno con cuidado, acariciándolo con el cuidado que sólo a él le dedicaría. Era su comportamiento completamente diferente tratándose del licántropo. Todos sabían del cambio drástico que tuvo que ejercer para no ser tumbado, pero él no había cambiado demasiado su conducta original para con el dueño de sus más puros anhelos.

Sus ojos se abrieron un poco más, para que su mirada amatista y la plateada ajena hicieran conexión. De nuevo, su corazón acelerado le suplicaba que lo hiciera, que ya no fuera en contra de lo que le había estado sucediendo por tanto tiempo. Y, por primera vez en mucho tiempo, le hizo caso. Sus labios hicieron contacto, lo besó con ímpetu, pero con la suavidad y dulzura que le caracterizaba. Sus ojos volvieron a cerrarse pero su cuerpo tembló delicadamente. ¿Hacía cuanto tiempo que no se besaban así? Él le había dado carta blanca tantas veces, para que avanzase y, al final, llegaron a ese punto dónde todo parecía haberse congelado. Había sido una persona despreciable por haber forzado al ajeno a algo que, seguramente, no se esperaba. Pero, pese a eso, no se arrepentía, lo había necesitado, por mucho tiempo. Se separó de sus labios un tiempo después pero, en contra posición, se apoyó por completo en él, sentándose sobre su regazo y llevando ambas manos hacia la espalda ancha de su guardaespaldas.

Podría dormir en tus brazos todas las noches… ¿sabes?—sonrió, olvidándose por un momento de todo lo malo que pudieran rodear a ambos. Incluso si estaba ligeramente cansado, él necesitaba estar cerca de Christoffer, era quien le daba las fuerzas suficientes para continuar por ese destino que tanto había terminado con ensañarse.

Dormiré unos momentos, aquí sobre tu pecho. Sólo debo entregar el arreglo que he hecho y, habré terminado los pendientes… hay unos cuantos papeles más pero ya los leí, sólo debo firmarlos—murmuró con un tono pesado, evidenciando que el sueño querría arrastrarle sin piedad. Cosa que sucedió unos momentos después, la seguridad y calidez que desprendían de él eran suficientes para bajar sus defensas al completo y dormirse cómodamente, acurrucado contra él. Incluso cuando estaba algo emocionado por haber estrechado un poco más su lazo y, además, poder comunicarle cosas que no se había permitido antes por todo el ajetreo que hubiera tenido.

En medio de su sueño se aferró a él, como si, inconscientemente, quisiera asegurarse que estaba allí. Muchas veces tuvo el miedo, aquel sentimiento desgarrador que Christoffer le dejase. Sanesue se había vuelto adicto a su presencia, a sus caricias, a sus besos ocasionales, a su sonrisa o a su coquetería, a su ligera vergüenza en algunas situaciones, a su trato dulce y dedicado. Sanesue no quería perderlo, de ninguna manera. Sabía que no le veía meramente como su guardaespaldas, sabía que había dejado de ser solamente su amigo hacía mucho tiempo.

Y soñó. Soñó con un plano diferente, en donde ambos no estaban atados a nada, en donde ambos eran libres de cualquier piedra pesada que pudiera estar sobre sus hombros. Y allí, chocando sus espadas, ellos sonreían. Practicando nuevos movimientos, para luego reírse y dejar sus armas a un lado, y besarse como si fueran un par de adolescentes. Por lo menos, en ese momento era completamente feliz, y su rostro completamente sereno, con una ligera expresión de felicidad lo evidenciaban completamente. Y eso era algo que solo Christoffer podría lograr, sólo él.



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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Christoffer Lauridsen el Jue Ago 31, 2017 9:04 pm


El pelirrojo podía sentir tenuemente como la figura del alfraude reaccionaba a cada una de sus palabras e inclusive tactos que le entregaba con el pasar de los segundos estando dentro de esas cuatro paredes, paredes que les aislaban totalmente del exterior concediéndoles de esa forma oportunidad para compartir por un tiempo limitado la intimidad en compañía del azabache, aunque realmente no pasara nada que desde lo más profundo de su ser así lo deseaba.
Se medía, sí, a tal punto a veces era agonizante para su persona el contenerse demasiado al exponerse a ese aroma tan dulce que fácilmente se podía comparar con una flor pero que a su vez le daba un toque tan característico que definía a Sanesue a la perfección. La pureza, la inocencia y la paz que emanaba el ajeno era suficiente medicina para el licántropo para poder calmarse aunque sea un poco, pero que la misma no duraba demasiado tiempo, dejándose sucumbir en sus deseos más profundos los cuales jugaban totalmente con el límite auto impuesto por el más alto.  Lo último que deseaba era lastimar al más bajo por culpa de sus instintos naturales.

️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️No obstante, aunque buscaba calmarse en lo posible al tomar bocanadas de aire sutiles con el pasar de los segundos, su acompañante actuaba de una manera tal que parecía como si buscase intencionalmente romper esas barreras de acero que había colocado para no cometer una locura sobre la persona a la cual sus más profundos sentimientos recaían totalmente. Las palabras, acciones e inclusive esas pequeñas y efímeras sonrisas que le dedicaba le revolvía por completo su sistema, provocando con ello que su mente imaginara situaciones impropias de un adulto decente. El adverso manipulaba por completo su ser sin saberlo… o tal vez su conocimiento al respecto era cierto y, usando su encanto natural, sabía cómo manejarlo a su manera. Christoffer ya no sabía cómo actuar naturalmente delante de esas amatistas que poseía el alfraude como ojos; él poseía más experiencia sobre aquellos sentimientos pero que, a pesar de ello, no sabía aún el cómo responder debidamente a ello sin quedar en total ridículo.
️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️Siquiera sabía cómo obtener el coraje suficiente para poder confesar de una vez por todas sus sentimientos hacia esa persona a la cual, el tocarle antes, era el mayor pecado. Quería hacerlo suyo, marcarlo y tenerlo a su lado hasta que sus días finalizaran.


I can't help but love you
Even though I try not to
I can't help but want you
I know that I'd die without you


️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️Era cierto le hecho de que su agotamiento mental en ese momento era de un porcentaje considerable y que se podía evidenciar en su deje pequeño de pereza en su hablar, siendo todo ello resultado de la noche en vela que tuvo que pasar a causa de una falsa alarma de los habitantes de aquella mansión; empero, no fue el suficiente impedimento para que detuviese aquel movimiento atrevido de su parte sobre aquel ser al cual deseaba fervorosamente para tomar de una vez los labios de este, fue sutil y demasiado cuidadoso en su trato, acariciando los labios impropios con los propios con cada movimiento tenue de su parte, temiendo enormemente el dañarlo con su toque, como si se tratase de un par de piezas de cristal que merecían recibir el mejor de los tratos. Aunque aquello tan sólo duro apenas unos pocos segundos, siendo el lycan el ocasionante de la ruptura, —Sane-san debería saber que, si le trato en base a la intensidad de los sentimientos que albergan en mi interior por él, podría romperlo fácilmente.— Musitó de forma pesada en lo que su mirada se perdía en la adversa, percibiendo perfectamente como la palma del mencionado se situaba en su torso. Su ritmo cardíaco en ese preciso instante aumentaba su ritmo con el pasar del tiempo estando cerca del hombre de cabellera larga y azabache, sintiendo ese típico temor de que el mismo se percatase de su ya acelerado compás de su corazón.


Tal vez era sólo idea del sujeto de mayor porte o no, pero podía sentir perfectamente como en el interior de aquel cuarto, en el ambiente mismo, se formaba una tensión demasiado densa, de esas que necesitaban con urgencia el ser rotas con el causante de la misma. Ambas miradas de los seres presentes ahí se conectaban prácticamente a la perfección, denotando en las mismas como ambas partes de observaban con anhelo, esperando ansiosos que una de los lados rompiese con esa tensión y diera el primer paso. Y, para mayor sorpresa pero satisfacción para el hombre de cabellos rojos, fue el azabache quien se tomó tal atrevimiento.
Sus labios no tardaron en establecer contacto físico con los ajenos, retomando aquel beso que ambos seres deseaban desde un principio, tomando el ritmo e intensidad que sus corazones dictaban de la forma más sincera y pura posible. Los labios del licántropo se movían con afán sobre los del alfraude, aunque trataba en lo posible de mantener ese contacto suave sobre estos. Los saboreaba, los rozaba de una manera tal que realmente tenían la intensión de extraer hasta la última gota de dulzura que estos poseían. Quería todo, absolutamente todo de Sanesue. Su mano no tardó en situarse tras la cabeza del menor, enredando sus falanges totalmente con las hebras azabaches de las cuales el contrario era dueño, aferrando totalmente su agarre sobre este para no se le cruzara la idea de cortar con aquella unión.
️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️No obstante, fue cuestión de un breve tiempo para que el enlace entre sus labios se rompiese a manos del alfraude, viéndose obligado a apartar con cuidado su mano de la suave y bien cuidada cabellera impropia y deslizar su palma sobe la extensión de la misma hasta finalizar sobre su cintura para así rodear con uno de sus brazos aquel sector y pegar por completo el físico opuesto sobre el propio, recibiéndole con gusto sobre su regazo así tal cual le había propuesto en un principio.


Era increíble la manera en la que, su acompañante en ese momento, con tan solo unas pocas palabras era capaz de lograr que una sonrisa sincera se dibujase perfectamente en el semblante de la persona de mayor altura entre ambos. Por lo que, apenas mencionar aquellas palabras relacionadas a compartir las noches en su compañía entre sus brazos, una sonrisa surcó de sus labios en lo que le dirigía nuevamente su mirada y entregaba pequeñas caricias a la cintura del adverso, —Puedes hacerlo, tan sólo pídelo y te concedo el permiso.— Ante la cercanía, tuvo que susurrar su respuesta para no aturdir con su elevado timbre de voz, —No digas más nada, tan sólo descansa que te lo mereces. Yo me encargaré de levantarte aquí dentro de una hora u hora y media… Duerme, ahora estás bajo mi absoluto cuidado.— Volvió a musitar, pero se percató que, apenas este finalizó de hablar, había cerrado sus ojos y entregado a los brazos de Morfeo, los cuales le estaban esperando hace un tiempo ya. Por ello, una ligera risa por lo bajo de su parte no tardó en aparecer y, siendo cuidadoso para no despertarlo, rozó con sutileza la sien del ajeno con sus labios, concediéndole un fugaz beso de su parte, deseándole de manera silenciosa un buen sueño y descanso.


Stay with me a little longer
I will wait for you. . .



No sabía cuánto tiempo había pasado exactamente, tan sólo sus pensamientos se perdieron totalmente ante el dulce aroma que desprendían los suaves cabellos impropios, tomándose inclusive la ocasión para olfatearlos con cuidado. Adoraba el perfume natural que poseía el alfraude, tanto así que, de ser posible y en cualquier momento, se volvería más adicto a él de lo que ya estaba, pudiendo llegar a caer en lo más profundo del hoyo que formaba de por sí su ya enorme obsesión por el ajeno. Siquiera se tomaba el atrevimiento de pensar en pasar demasiado tiempo lejos de Sanesue, si eso llegase a ocurrirle, tan sólo le abrirían una enorme herida de la cual tardaría años en recuperarse.
Sus brazos ejercían presión en su agarre sobre el cuerpo de su jefe y enamorado en respuesta a la presión que este le ocasionaba de vez en cuando en lo que descansaba. Chris no sabía exactamente qué era lo que estaba pasando en el interior de la cabeza ajena,  pero podía percatarse fácilmente que nada malo le estaba ocurriendo al percatarse de esa pequeña sonrisa que se dibujó en su semblante delicado; el adverso la estaba pasando muy bien en sus sueños.
️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️—No sé realmente que haría sin ti, Sanesue...— Farfulló, siendo totalmente sincero en sus palabras a su vez que retomaba las pequeñas y sutiles caricias de sus dedos contra la piel por encima de las telas de las vestiduras que no eran suyas sobre su cintura. Había creado un vínculo especial con el mencionado hace mucho tiempo, desconociendo por completo en un principio si el mismo era algo recíproco, algo correspondido pero que, con el pasar de los días y compartiendo más tiempo con este pudo darse cuenta que aquello era cierto. Christoffer desde el primer momento que había cruzado mirada con Sanesue había quedado completamente hipnotizado por la belleza y el encanto natural que este poseía, llegando a enamorarse totalmente de su persona en cuestión de unos días. El alfraude lo tenía totalmente en la palma de su mano.

El silencio del ambiente tan sólo le incitaba a seguir con ello, a mimarle en lo posible en lo que este descansaba de una jornada laboral demasiado pesada. Sus manos dejaron de ser las únicas partícipes en ello al momento en que los labios del licántropo decidieron establecer contacto nuevamente con la sien del azabache, concediéndole algunos pequeños y breves besos en aquel sector antes de atreverse a pasarse por la mejilla de este y repetir la misma acción. Verlo plácidamente dormido le incentivaba a realizar cosas que, estando en plena consciencia, no sabía realmente como el ajeno iba a reaccionar independientemente de si el sentimiento era mutuo o no.
️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️️ ️ ️️ ️️️ ️️️️ ️️ ️️️ ️️—Eres mi todo...— Confesó en un timbre de voz tan bajo que siquiera el mismo fue capaz de percibir sus propias palabras. Su ser, por primera vez en mucho tiempo, se dejó llevar sus bajos instintos en lo que, a sabiendas de que estaba mal aquello, aprovechaba el profundo descanso que se estaba concediendo su superior para mimar más allá de lo permitido.

Y así fue, su mano, la cual se encontraba tranquilamente acariciando la cintura por encima de las telas ajenas, no dudó un segundo más en introducir parcialmente sus falanges por debajo de la prenda superior que portaba el alfraude con la intención de rozar aquella pálida tez de la cual este era dueño, percibiendo de buenas a primeras aquella temperatura cálida y de suave roce que la misma era capaz de concederle de buenas a primeras. Sus yemas trazaban dibujos sin forma lógica por encima de su piel, tomándose el tiempo inclusive de grabarse en su memoria aquella agradable sensación que la misma le entregaba con su roce; no sabía cuando sería capaz de tocarle de semejante manera.
Empero, siendo casi un movimiento involuntario de su parte, aproximó con cuidado sus labios hasta el cartílago de la oreja adversa y así concederle un fugaces y pequeños besos de su parte en aquel sector, conteniendo enormemente la necesidad de morder su oreja y buscar que la misma se tiñera de rojo por ello, —Si te digo que despiertes ahora… ¿Lo harías?— Inquirió por lo bajo, susurrando cerca de su oído. Realmente no esperaba recibir respuesta alguna, y tampoco esperaba que este se despertara con ello. Sólo quería tener la posibilidad de poder rozar más allá de lo que normalmente tenía la facultad de tocar.

Nichiren Sanesue es suyo, totalmente suyo; no obstante, quería dejar su marca para dejar constancia verídica de ello ante cualquier ojo atrevido que deseaba tocarle.
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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Sanesue & Seiryû el Vie Oct 06, 2017 11:05 pm

Él había nacido con el peso de su apellido, él había nacido con el peso de alcanzar la perfección. Aun cuando todo se le hubiera sido negado, él intentó llegar a aquello que su familia anhelaba, aquello que al fin le daría la gloria eterna a su clan. Oh, tan ambiciosos, ellos serían de esa manera, siempre queriendo alcanzar lo absoluto pese a todo. Y así, por esas razones la miseria siempre le azotaría con fuerza, siempre terminaría por arrasar lo verdaderamente importante mientras se persigue aquel sueño que podría llegar a ser imposible.

Muchas veces Sanesue vio ese sueño lejano, muchas veces creyó que su abuela jamás le reconocería y, posiblemente, ella hubiera muerto aun queriendo enseñarle muchas cosas. Eso él nunca lo sabría, jamás comprendería al cien por ciento los conceptos que ella seguía de manera tan estricta o el por qué todo debía de ser tratado de esa manera. Esa mujer siempre le había reclamado que era igual a su madre, pese a haber heredado los ojos de su padre, siempre tendría la apariencia de esa mujer que trajo la desdicha a la familia. Él sería un imán para los hombres, y eso ya le volvía impuro de por sí, sin importar si se hubiese acostado con alguien o no. Siempre habían sido pesadas esas palabras, y por eso, cuando debía de acompañar a alguien o charlar con alguna persona, siempre era bastante doloroso, sentía como si pudiera contaminar con tan solo su presencia.

Y eso cambió el día que le conoció. Incluso si hubiera sido por sucesos aleatorios, o por simple coincidencia, él se sintió salvado. Cuando entregó aquella rosa blanca en las manos de este hombre que ahora aguardaba su sueño, supo que no quería que nadie más le mirase. Cada arreglo que realizaba tenía más vida, estaba llena de dulzura. El nacimiento del primero amor, de un sentimiento puro y superior a todo lo que hubiese imaginado. Recuerda muy bien la sorpresa de la mujer cuando observaba los nuevos trabajos de Sanesue, recuerda muy bien como le aisló de todo el mundo hasta que descubriese la causa y, aun así, tal vez sin saberlo aún, había dejado entrar a quien tanto le había inspirado.

Poco a poco, el alfraude ansiaba y necesitaba de la cercanía del licántropo. Necesitaba como si se tratase del mismo aire, el tenerle cerca de él, que sus miradas se cruzaran y sus dedos se rozaran con suavidad. Había caído por completo en el amor inocente, algo que creyó que se le sería negado eternamente. Y ahí había estado sintiéndolo con todas sus fuerzas. Poesía pura, sentía una calidez llenarle cuando podía estar a su lado. Poco a poco esa cercanía fue haciéndose más grande, y la soledad que había sido su más fiel compañera, había desaparecido. Se permitió sonreír, se permitió reír, y se permitió poder abrir sus ojos a un mundo completamente desconocido. Y así, lentamente, su corazón comenzaba a experimentar cosas completamente distintas. Sus labios habían rozado por primera vez otros labios, y su corazón se había agitado con tanta fuerza en aquel momento que podría jurar que se detendría de un momento a otro.

Sanesue era completamente egoísta. No pudo huir junto a Christoffer, pero sí pudo mantenerlo a su lado para siempre. Porque no se creía en las facultades de dejarle marchar. Preferiría la muerte antes que esta persona se alejase de su lado y eso era algo de lo que estaba plenamente consciente. Por eso, aun estando en medio de aquel pesado sueño, sus brazos se aferraron aún más al cuerpo ajeno. Su descanso era completo, mientras que pudiera sentir aquella calidez y aquel aroma que este le proporcionaba.

Había algo en este hombre que le permitía el descansar tranquilamente, sin el temor al mañana, obteniendo una verdadera fortaleza. Él podría continuar con sus tareas de cada día siempre y cuando pudiera cruzar sus miradas y obtener una sonrisa o una mirada avergonzada. Cierto, muchas veces le había podido observar un poco de color rojo en sus mejillas, siempre ele había encantado esa reacción, algo dulce que le enamoraba aún más de lo que ya se encontraba, si es que algo como eso era posible. Realmente nunca se había cuestionado demasiado el cómo se había enamorado y el por qué, él solamente se dedicaba a sentir aquel sentimiento que, en un principio, le había desgarrado el alma al no poder estar cerca de él.

No podía seguir permitiendo que su relación se enfriara por sus responsabilidades, tenía que lograr algo más, podía percibir el cómo se estaba conteniendo, y si las cosas continuaban de esa manera, lo más probable es que todo se esfumase. No, eso era desgarrador, no soportaría tales ideas, ¿Por qué estaba pensando en tales cosas en medio de sus sueños? No, eso no debía de ser.

Sus ojos apenas se habían abierto, pero como él estaba acostumbrado a mantener su expresión serena la mayoría del tiempo, parecía más como si aún estuviera durmiendo. Y fue ahí donde sintió las manos ajenas, fue en ese momento donde escuchó su voz, susurrante en medio de aquella habitación jaula, que provocaba que toda su piel se erizara. Apretó ligeramente sus labios, cuidándose de no ser descubierto por el licántropo, se dejaría hacer de momento, necesitaba saber hasta qué punto podría ser capaz de llegar. Aunque, en esos momentos su corazón estaba latiendo de una manera escandalosa.

Se sentía tan tonto, todas sus preocupaciones eran infundadas, era hermoso el saberse correspondido, para él también el licántropo lo era todo. Realmente estaba dispuesto a dar todo por él, con tal que nunca soltara su mano y sus miradas siempre pudieran conectarse. Un amante ingenuo, eso era, pero se sentía tan inmensamente feliz de esa manera pese a todo. La verdad fuera dicha, amaba completamente a Christoffer, quería que le perteneciera a él solamente, que esas palabras que estaba dedicándole mientras pretendía dormir solo se las dijera a él. No quería que las mencionase a otra persona, sin importar en que circunstancia se encontrara.

Si me dirige tales palabras… me es imposible el permanecer en el mundo de los sueños—sus labios mostraron una suave sonrisa, sus mejillas ardían suavemente y su cabeza se elevó suavemente, observando directamente a los ojos ajenos. Sus manos se elevaron y tomaron el rostro ajeno con cuidado, casi como si tratase con la pieza de arte más valiosa. No, para él Chris era mucho más valioso que eso. Sus latidos eran mucho más fuertes, casi y podía sentirlos en su oído y el calor en su propio rostro era aún más intenso de lo que hubiera esperado.

¿Sabes? Ellos mencionaban... que para alcanzar la perfección debía de mantenerme puro en más de un sentido—sus manos se iban deslizando por el cuello del licántropo, siendo especialmente cuidadoso en su trato, al mismo tiempo no despegaba su mirada amatista de la plateada y sus labios, poco a poco, se iban acercando a los ajenos—. Pero… todo de mí ya ha sido tomado. Todo de mi le pertenece a una sola persona… y es la que me está sosteniendo en estos instantes—sonrió antes que sus labios volvieran a hacer conexión en un beso sumamente tranquilo en un inicio, pero eso solo fue los primeros instantes. A esas alturas él ya no se conformaba con un ligero roce, ya no se conformaba con lo sutil. Sus dedos jugaron en la nuca ajena y mordió el labio inferior ajeno, invitándole a que iniciaran un beso más profundo, uno que le dejase las piernas y todo su ser como si fuese de gelatina.

Su mano libre, mientras tanto, iba paseándose, presionando sus yemas por arriba de las telas, dejando entrever la ansiedad que había acumulado con los años. Sanesue sintió que su corazón se fundía. Que se deshacía como si estuviese hecho del material más endeble, para construirse y secarse en una forma completamente nueva. Lo sintió hermoso, perfecto y real. Se quedó quieto, respirando con lentitud por unos minutos que parecieron eternos contra los labios ajenos. Él había encontrado otro tipo de perfección y era en los brazos del licántropo.

“Extraes la belleza de un objeto como si se tratara de tirar de un hilo suelto en una prenda.” Me dijeron que yo era de esa manera… y tú, Christoffer… Desarmas al objeto por completo y lo reconstruyes con tu mirada.—abrió la parte de arriba de su yukata y dejó que esta se deslizara por sus hombros y dejara su pecho al descubierto. Tomó en ese momento una de las manos ajenas y apoyó esa palma en su pectoral; quería que lo sintiera, a su corazón golpeando furioso contra su pecho. El pezón de Sanesue había quedado bajo esa mano, se endureció casi al instante.

He dejado de ser puro en muchas ocasiones… profané mi cuerpo por mí mismo mientras pensaba en ti… ¿No hemos esperado lo suficiente? ¿O es que te parezco impuro o indigno de ti?—le miraba a los ojos, buscando alguna respuesta. Sus manos intentaban quitar, lentamente las prendas ajenas. ¿Cuánto más podría esperar? Ciertamente estaba olvidándose de todo, de su integridad, incluso de mantener en secreto las necesidades de su cuerpo que no había sido capaz de reprimir. —Ahora siento mucha vergüenza por lo que acabo de revelar…—su rostro se ocultó en el hueco del cuello ajeno mientras buscaba el mantenerse lo más cercano posible a él. Sin embargo sus labios, sintiendo el deseo creciendo en su ser, le llevaron a repartir besos por ese lugar, probando la piel con cuidado. Sus manos volvieron a moverse, queriendo conseguir finalmente el contacto entre sus pieles. Fue cuando logró tener el pecho ajeno al descubierto que un suspiro salió de sus labios, era una completa satisfacción que no quería que alguien más disfrutase.

Toma todo lo que queda de mí, en verdad es lo que más deseo, ser tuyo completamente… Mi hermoso escudo, no te contengas conmigo, no es necesario—pidió en medio de un suave suspiro. Sin anunciarlo, sacó la lengua y acarició el mentón del licántropo con ella, liberándolo en un beso muy tibio. Sus manos se movían ahora un poco más y su propia piel iba calentándose poco a poco. Era una sensación que siempre había deseado experimentar desde que fue consciente de su propio deseo. Había sido el día en el que le había ido a visitar y pudieron charlar con tranquilidad. Ya él había pensado en Christoffer como un hombre atractivo, pero en ese momento, mientras charlaban y era animado por este, fue  que comenzó a quererlo más, a desearlo para sí de una manera completamente egoísta. Era posesivo, se había dado cuenta de ello en ese tiempo y se había sentido muy culpable por demasiado tiempo.

Te adoro con el alma… no podría vivir sin ti—su pecho chocó con el ajeno y sus labios volvieron a buscarlo, necesitado de los mismos. Se sentía sediento, hambriento, no sabía bien la palabra correcta y tampoco deseaba averiguarla. Para esos momentos, en lo único en lo que podía pensar era en estar lo más cercano a él. Christoffer Lauridsen era su motivo de seguir existiendo, incluso más que su propia familia, y le pertenecía completamente.

En medio de aquella habitación ellos podrían hacer un desastre si así lo deseaban, nadie del exterior les escucharía gracias a la estructura de la misma, y lo que él más anhelaba era precisamente poder cumplir con ese deseo de estar unidos al fin. Anhelaba que esos fuera lo que el Licántropo también deseara. No era alguien experimentado, por obvias razones, pero se dejaría llevar, buscaría la manera de conectarse a él cada vez más y se entregaría de la forma más devota posible. Estaba tan enamorado, y sonreía en medio de ese sentimiento que tenía que ocultar para no lastimar pero que ahora podía dejar salir.

Ya no hay nada que temer… no huiré a ningún lugar—aunque era algo obvio, tenía una extraña sensación, como si algo en lo profundo de sí le indicara que debía de mencionar algo como eso para dejar tranquilo y que también se dejase llevar. De cualquier manera, él le había dado carta blanca. El tiempo de espera ya había llegado a su fin.



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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Christoffer Lauridsen el Mar Mar 20, 2018 11:07 pm


Su mente se encontraba perdida en el hermoso y delicioso aroma que la anatomía del alfraude desprendía de manera natural, quedando totalmente embelesado por la misma como si fuese un elixir en el aire que le incentivaba y calmaba todo su ser, pero a su vez le descontrolaba por completo. Sanesue realmente era su mayor debilidad y eso lo sabía al igual que sus seres más cercanos y a los cuales no dudó un segundo en hacer mención de esa «ave enjaulada» de la cual terminó perdidamente enamorado. Sí, estaba enamorado de esa persona que en su momento fue geisha y ahora era su superior; jefe o no, eso no mataría siquiera el porcentaje mínimo de atracción tanto físico como psicológica que tenía con su persona.
Sus besos no cesaron, al igual que sus caricias. Saboreaba el cartílago de la oreja más próxima y principal víctima de esa noche pero mediante besos sutiles que escondían esa verdadera intención; sin embargo, sus falanges no eran precavidas y mucho menos sigilosas por lo que, casi descaradamente, acariciaban parte de la tez del abdomen impropio como si fuese un terreno no explorado y del cual tarde o temprano tenía que hacerse dueño de cada centímetro que tenía. Quería marcarlo como suyo de una vez por todas a pesar de que ya lo proclamaba como su propiedad sin siquiera atreverse a haber dejado una pequeña marca para reflejar aquello a cualquier ser descarado que deseara arrebatarlo de sus brazos.
Y, de hecho, planeaba hacerlo en ese momento, animarse a rasguñar ligeramente la tersa y cálida tez del azabache en lo que este, supuestamente, dormía en su regazo, entre sus brazos; no obstante, la voz de este le despertó de su ensoñación y casi locura, tomándole totalmente desprevenido y ocasionar que su rostro se coloreara tal cual su cabellera, no pudiendo disimular la vergüenza que sintió en ese momento por lo que estaba haciendo y las posibles reacciones del más bajo a ello.
—Sa-Sanesue, y-yo… —estaba por excusarse y disculparse pero las manos del mencionado tomando su rostro y observarle de esa manera con una sonrisa callaron cualquier palabra suya, introduciéndole en un trance que siquiera el mismo era capaz de explicar. Definitivamente era su debilidad.

Sus plateados ocelos observaban con absoluta atención y devoción el rostro de su amado, dejándose tratar por este como realmente se le complaciera. Su respiración lentamente se volvía pesada pero tranquila, ocasionando que sutiles suspiros decidieran escapar de entre sus labios apenas sentir el dulce tacto de las yemas impropias sobre su cuello, colocándole aún más profundo en aquella ensoñación pero que, a su vez, se encontraba en la misma realidad porque podía percibir a la perfección las palabras, la dulce y relajada voz del ex-geisha hablarle. No decía nada, siquiera las palabras le podían salir, tener semejante belleza cerca suyo se lo impedía, más no lo limitaba en sus acciones, siendo capaz de corresponder al dulce tacto de los pequeños y finos labios del adverso.
La mano impropia tocando su nuca de esa forma sólo logró erizar su piel con tan sólo un mero toque, siéndole imposible el contener su lengua más dentro de su cavidad bucal y rozar con la misma los deliciosos labios de su superior luego de que este mordiera el inferior de los propios; era un hombre dulce y que sabía de la misma forma, haciendo honor a ese adjetivo como anillo al dedo. Al igual que el pelilargo, su diestra no quiso quedarse quieta y decidió acariciar la espalda de este con calma y por encima de sus telas, acariciándole como si fuese una porcelana, un objeto demasiado frágil y del cual, si se rompía, lamentaría su vida entera por ello.

Un suspiro nuevo abandonó sus labios y se atrevió a chocar contra los del más bajo cuando sus ojos presenciaron la belleza natural que tenía frente suyo; el pecho y abdomen del alfraude estaban expuestos y a entera disposición suya. Tanto así que, a voluntad del adverso, una de sus manos se situó sobre uno de sus pectorales, sintiendo luego como el pezón del mismo se endurecía con tan sólo un simple roce. Se podía reflejar en su mirada el cómo, gradualmente, un brillo particular se adueñaba de sus ojos, delatando totalmente el disfrute que estaba teniendo y el despertar de su libido que hace un tiempo yacía dormido y todo por gracias al sujeto que tenía en su cuidado ahora.
—Quién debería decir esas palabras sería mi persona, no tú, Sanesue… —farfulló, concediéndole el permiso y la libertad a las delicadas manos del mencionado para así despojar lo que sería su camisa que portaba sólo por el trabajo, trabajo del cual dependía totalmente del pelilargo y actual dueño de sus sentimientos— Creo que no seré capaz de aguantar demasiado tiempo. —aseguró.
Su cuerpo se estremeció ante los besos que estaba recibiendo en su cuello, siéndole imposible el contener la presión de sus dedos contra la piel del torso ajeno y hacer que su mano lentamente descendiera por el mismo; si el alfraude seguía con ello, él no sería capaz de contenerse más pero con su actuar, sólo revelaba sus deseos de ser tomado así como el oculto anhelo del licántropo de tomarlo como suyo oficialmente.
No, no podía aguantar más y menos con los juegos provocativos de su jefe y pieza de oro la cual protegía con su vida.

Sus palabras, sus toques y besos fueron suficiente incentivo para romper ese límite impuesto que tenía desde el primer día que lo conoció. Ambas manos suyas se situaron sobre la cintura del hombre de ojos color amatista para así comenzar a empujarlo lentamente con la intención de hacerlo recostar contra el suelo de aquella silenciosa y protegida habitación de los restantes habitantes de la mansión, quedando ahora él sobre el cuerpo de ser que tanto anhelo por este tiempo.
—No, no pienso detenerme y menos permitir que huyas de mis brazos… Eres mío, Sanesue —aseguró—: Te adoro tanto, eres el dueño de todos mis sueños y pensamientos desde el primer día que te conocí… tenerte así, ahora y de esa forma, me es imposible el medirme como corresponde. Lo lamento si llego a herirte con mi trato en algún momento —finalizó, besando con mucho mimo y cariño el mentón de su superior, no dudando luego en morder el mismo con autoridad.
Lentamente, y en un pequeño camino, sus labios fueron rozando el poco trecho de tez que había desde el último sitio que besó y mordió hasta los labiales delicados del hombre que tanto adoraba, llegando a los mismos en cuestión de poquísimos segundos y volver a tomarlos con deseo pero delicadeza. No obstante, no quedó con eso únicamente; sus manos tocaban cada centímetro de piel que tenía expuesta, descendiendo de manera gradual por todo el cuerpo del de menor estatura hasta llegar al nudo que mantenía unida la única prenda que traía este y desatarlo, dejándole sólo con sus prendas íntimas cubriéndole.

Jamás pensó que un día como este llegaría, pero del cual, a pesar de la sorpresa, se encontraba totalmente dichoso de ser capaz de tocarlo de esa forma y tenerlo a su disposición para extraer hasta la última gota de pureza que quedaba en su anatomía.
Su lengua por cuenta nueva se atrevió a rozar los labios del menor, pidiendo permiso para poder ingresar al interior de su boca y así profundizar lo que una vez fueron cariñosos e inocentes ósculos a su vez que, sus palmas que estaban ahora en la delgada cintura impropia, retomaron su camino, bajando con la intención de tocar la cara interna de los muslos de las piernas de su dueño y, cuidadosamente, separar las mismas hasta ser capaz de ubicarse entre ellas; su corazón iba a un ritmo que no podía medir manualmente y su respiración le acompañaba como fiel compañera, delatando sólo la ansiedad que el posible encuentro y entrega entre ellos le ocasionaba.
Observaba con los ojos entrecerrados al ser que yacía debajo suyo, prestando atención a cualquier reacción que el mismo mostrase por su accionar; quería saber si lo estaba haciendo bien o no.

Sólo rogaba que, en ese instante, nada ni nadie les interrumpieran. Pensaba que una oportunidad como esta no se presentaría por segunda vez y arruinar el ambiente era lo último que deseaba.


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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Sanesue & Seiryû el Dom Mar 25, 2018 8:58 pm

En momentos como ese, Sanesue trataba de mantener la calma. Había sido entrenado para estar de es amanera bajo cualquier circunstancia y, podía decir con toda la seguridad, que había fallado terriblemente en su intención. No podía mantener demasiado esa fachada de siempre con el licántropo, tan sólo observar su sonrojo, o el cómo era correspondido por sus avances, eso le había desarmado por completo. Sería la primera vez que lo haría, y aunque no lo pareciera, estaba demasiado nervioso. Aun recordaba el encuentro íntimo que había tenido con él antes que todo se fuera  a pique y el cómo sus cuerpos se habían acercado tanto en las aguas termales. Ahora lo tenía sólo para él en su propia habitación, sabiéndose completamente correspondido y deseado. Aquello era un sueño cumplido.

Ahora que ya no debían quería hacer tantas cosas que le era complicado pensar cómo empezar. Por lo menos, el Lycan estaba tocando y estimulando su pecho  y eso fue un aspecto bastante positivo. Se sentía un poco avergonzado pero, por otro lado, su corazón latía a mil por el momento, pues era algo que había ansiado desde hacía bastante tiempo. Estar en el suelo le hizo suspirar y las palabras que su amado pronunció sólo potenció todo lo que había estado sintiendo hasta ese momento.

No es necesario que te midas… ya no debemos hacerlo…—murmuró mientras una suave sonrisa afloraba y sus manos volvieron en su trabajo de acariciar la piel que ahora estaba expuesta. De verdad, aquello era algo que pensó que debería de seguir reprimiéndose. Sus labios se apretaron con fuerza y, unos segundos después, salió un suspiro de los mismos. Sus manos se habían colocado en los hombros ajenos y los había apretado ante la mordida recibida en su piel. Pero luego las atenciones siguieron por su piel y cuando lo besó lo correspondió comenzando a dejar salir todo ese deseo contenido. Su mano se deslizó por entre sus cuerpos y tiró de los pantalones ajenos, teniendo que romper un momento el beso y dedicarse a desabrochar los mismos con atención. Una vez logró desabrocharlos los deslizó lo suficiente para que el pelirrojo, con algún movimiento simple, simplemente se lo quitase. Por su parte, él movió sus propios brazos, quedando su yukata debajo de él, como un evidente tope entre la tela y el suelo, resguardando su fisionomía del frío del mismo, aunque esto mucho no le importaba, ya que su cuerpo comenzaba a calentarse tanto que el frío del parqué poco le afectaba.

Sus labios se abrieron, dejando que explorara su boca todo lo que desease pues era lo mismo que él quería. No pudo creer cuanto tiempo tuvieron que soportar el estar de esa manera. Esa noche terminaría todo el sacrificio que ambos habían hecho luego de la tragedia, le dirían adiós a la melancolía y escribirían una nueva página en su vida. Por lo menos eso pensaba el alfraude que se entregaba al completo. Como si un amante devoto se tratase, los suspiros morían entre sus labios y sus manos se movían queriendo acariciar lo más posible el cuerpo sobre él.

Chris…—la parte interna de sus muslos era un área algo sensible para él, por lo que cuando la rozó, su cuerpo se estremeció demasiado y sus mejillas adquirieron un carmín muy intenso. Teniéndolo de esa manera tan cerca ya le daba la certeza que no se trataba de un sueño más o una cruel fantasía. Una de sus piernas se colocó sobre la cintura ajena, ejerciendo presión con la planta de sus pies para que ambas caderas se frotasen con el movimiento que realizaran a partir de ahora. Sus brazos rodearon el cuello del licántropo por unos segundos y sus caderas fueron moviéndose en pequeños círculos siendo que su máxima intención era el estimularle lo más posible.

Podría ser cierto que era un inexperto completamente a la hora de amar o del arte de la unión de dos cuerpos en sí mismo, pero su corazón, sus palabras y su cuerpo por entero se esmeraban al completo, siéndole imposible el reprimirse o ya dejar marchar al ajeno. Sanesue siempre supo que tendría que haber evitado el buscarle, pero tenía la seguridad de que vendría a él, apostaba por ello, más por una necesidad interna que porque de verdad lo creyera. Christoffer nunca le ha fallado. Por esto mismo, si ya era dueño de su corazón, en aquel momento ya hasta lo había entregado en charola de plata.

Los besos continuaron, deslizándose por el cuello de este, asomando su lengua para probar la piel del mismo y sus manos tentaban a ciegas, rasguñando sutilmente la piel bajo ellas, hasta llegar en medio de ambas intimidades. Fue capaz de percibir la humedad de las mismas o, por lo menos, la propia, y fue bajando  estas, tratando de no cortar con ese encuentro bajo ningún concepto. Sus ojos amatistas se concentraron en los plateados ajenos, escapándosele un jadeo por la dominante mirada que tenía sobre sí mismo.

Eres mío… mi amado Christoffer, perdón por haberte hecho esperar tanto tiempo…—unió sus labios de nueva cuenta, sólo que en esta ocasión iba cargado con la desesperación que había sentido ante la culpa de tener a la espera al Lycan. Siempre temió que, durante ese tiempo, alguien más se lo arrebatase y ya no pudiera tenerlo a su lado. Incluso si podría haberse resignado a ello cuando era una geisha, ahora las cosas eran muy diferentes y el miedo se hacía más fuerte cada día que pasaba. Chris era tan hermoso y tan perfecto, era imposible que alguien no se fijase en él como su persona lo hacía.

Aunque no lo parezca… soy un hombre... con un hambre muy voraz… así que ve con todo… me harás muy feliz—una de sus manos fue hasta el medio de sus labios y los acarició con suavidad. Para esos instantes, ambos miembros se estaban frotando directamente y eso provocaba que su respiración se le agitase cada vez más. Era palpable la temperatura que se elevaba cada vez más en la habitación. El hecho de que fuese una habitación jaula evidenciaba el recelo que tenía hacia otras personas. No porque pudieran escucharle o porque pudieran llegar a interrumpir si era una habitación común, era el hecho de no querer que los otros miembros de ese sitio viesen a su amado en tal situación con él. Pero, incluso si algo así pasara, cosa que no ocurría por lo aislado de la misma, mostraría aquel acto como un máximo orgullo.

Estaba entrando en un nuevo plano, uno lleno de sentimientos dulces y, al mismo tiempo, lujuria mezclándose de una manera armoniosa, casi perfecta. La verdad, eso no era algo malo, e incluso si podría llegar a ser pecaminoso por sus historias o por sus posiciones, nada más importaba sino la unión y la consumación del sentimiento que habían tenido durante todo ese tiempo. Su clan ya no podía interponerse, él no lo iba a permitir, nunca más.

Fue en ese momento donde se le ocurrió una cosa y tomó una de las manos ajenas, besándola con especial atención, frotando ligeramente su mejilla, como un pequeño animal que busca de dar mimos a su dueño luego de un día ajetreado. Pero no se limitó a esto. Su lengua fue participe como todo hasta ese momento y lamió los dedos del más alto, siendo especialmente cuidadoso a la hora de meterlos dentro de su boca e irlos chupando cada uno de ellos. Su respiración había estado agitada hasta ahora, pero cuando hizo esto último parecía haberse agravado su situación. No sólo esto, sino que propio miembro estaba aún más duro y podía sentir su entrada palpitar adelantándose a lo que sabría que vendría a continuación. Pero, antes de continuar con lo que estaba haciendo, miró al licántropo a los ojos.

También tengo lubricantes en el cajón de allí… he estado por este momento—estiró una de sus manos, queriendo acercarse a la misma, sin embargo,  sólo pudo señalarla. Su rostro se escondió un momento tras sus cabellos debido a la vergüenza de aceptar tal hecho, pero no era más que una verdad demasiado evidente. De todos modos, irían del modo que más como terminara pareciéndole a Chris, él ya era dichoso con este encuentro, lo demás sólo eran leves detalles. Cuando se hubiese clamado volvió con sus movimientos, buscando los labios ajenos para besarlos una vez más, dejándose llevar por la intensidad de sus sentimientos.



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Re: —Say Hello Melancholia. [Priv. +18 Christoffer]

Mensaje por Christoffer Lauridsen el Lun Abr 30, 2018 10:11 pm


Su mente se encontraba perdida en el hermoso y delicioso aroma que la anatomía del alfraude desprendía de manera natural, quedando totalmente embelesado por la misma como si fuese un elixir en el aire que le incentivaba y calmaba todo su ser, pero a su vez le descontrolaba por completo. Sanesue realmente era su mayor debilidad y eso lo sabía al igual que sus seres más cercanos y a los cuales no dudó un segundo en hacer mención de esa «ave enjaulada» de la cual terminó perdidamente enamorado. Sí, estaba enamorado de esa persona que en su momento fue geisha y ahora era su superior; jefe o no, eso no mataría siquiera el porcentaje mínimo de atracción tanto físico como psicológica que tenía con su persona.
Sus besos no cesaron, al igual que sus caricias. Saboreaba el cartílago de la oreja más próxima y principal víctima de esa noche pero mediante besos sutiles que escondían esa verdadera intención; sin embargo, sus falanges no eran precavidas y mucho menos sigilosas por lo que, casi descaradamente, acariciaban parte de la tez del abdomen impropio como si fuese un terreno no explorado y del cual tarde o temprano tenía que hacerse dueño de cada centímetro que tenía. Quería marcarlo como suyo de una vez por todas a pesar de que ya lo proclamaba como su propiedad sin siquiera atreverse a haber dejado una pequeña marca para reflejar aquello a cualquier ser descarado que deseara arrebatarlo de sus brazos.
Y, de hecho, planeaba hacerlo en ese momento, animarse a rasguñar ligeramente la tersa y cálida tez del azabache en lo que este, supuestamente, dormía en su regazo, entre sus brazos; no obstante, la voz de este le despertó de su ensoñación y casi locura, tomándole totalmente desprevenido y ocasionar que su rostro se coloreara tal cual su cabellera, no pudiendo disimular la vergüenza que sintió en ese momento por lo que estaba haciendo y las posibles reacciones del más bajo a ello.
—Sa-Sanesue, y-yo… —estaba por excusarse y disculparse pero las manos del mencionado tomando su rostro y observarle de esa manera con una sonrisa callaron cualquier palabra suya, introduciéndole en un trance que siquiera el mismo era capaz de explicar. Definitivamente era su debilidad.

Sus plateados ocelos observaban con absoluta atención y devoción el rostro de su amado, dejándose tratar por este como realmente se le complaciera. Su respiración lentamente se volvía pesada pero tranquila, ocasionando que sutiles suspiros decidieran escapar de entre sus labios apenas sentir el dulce tacto de las yemas impropias sobre su cuello, colocándole aún más profundo en aquella ensoñación pero que, a su vez, se encontraba en la misma realidad porque podía percibir a la perfección las palabras, la dulce y relajada voz del ex-geisha hablarle. No decía nada, siquiera las palabras le podían salir, tener semejante belleza cerca suyo se lo impedía, más no lo limitaba en sus acciones, siendo capaz de corresponder al dulce tacto de los pequeños y finos labios del adverso.
La mano impropia tocando su nuca de esa forma sólo logró erizar su piel con tan sólo un mero toque, siéndole imposible el contener su lengua más dentro de su cavidad bucal y rozar con la misma los deliciosos labios de su superior luego de que este mordiera el inferior de los propios; era un hombre dulce y que sabía de la misma forma, haciendo honor a ese adjetivo como anillo al dedo. Al igual que el pelilargo, su diestra no quiso quedarse quieta y decidió acariciar la espalda de este con calma y por encima de sus telas, acariciándole como si fuese una porcelana, un objeto demasiado frágil y del cual, si se rompía, lamentaría su vida entera por ello.

Un suspiro nuevo abandonó sus labios y se atrevió a chocar contra los del más bajo cuando sus ojos presenciaron la belleza natural que tenía frente suyo; el pecho y abdomen del alfraude estaban expuestos  y a entera disposición suya. Tanto así que, a voluntad del adverso, una de sus manos se situó sobre uno de sus pectorales, sintiendo luego como el pezón del mismo se endurecía con tan sólo un simple roce. Se podía reflejar en su mirada el cómo, gradualmente, un brillo particular se adueñaba de sus ojos, delatando totalmente el disfrute que estaba teniendo y el despertar de su libido que hace un tiempo yacía dormido y todo por gracias al sujeto que tenía en su cuidado ahora.
—Quién debería decir esas palabras sería mi persona, no tú, Sanesue… —farfulló, concediéndole el permiso y la libertad a las delicadas manos del mencionado para así despojar lo que sería su camisa que portaba sólo por el trabajo, trabajo del cual dependía totalmente del pelilargo y actual dueño de sus sentimientos— Creo que no seré capaz de aguantar demasiado tiempo. —aseguró.
Su cuerpo se estremeció ante los besos que estaba recibiendo en su cuello, siéndole imposible el contener la presión de sus dedos contra la piel del torso ajeno y hacer que su mano lentamente descendiera por el mismo; si el alfraude seguía con ello, él no sería capaz de contenerse más pero con su actuar, sólo revelaba sus deseos de ser tomado así como el oculto anhelo del licántropo de tomarlo como suyo oficialmente.
No, no podía aguantar más y menos con los juegos provocativos de su jefe y pieza de oro la cual protegía con su vida.

Sus palabras, sus toques y besos fueron suficiente incentivo para romper ese límite impuesto que tenía desde el primer día que lo conoció. Ambas manos suyas se situaron sobre la cintura del hombre de ojos color amatista para así comenzar a empujarlo lentamente con la intención de hacerlo recostar contra el suelo de aquella silenciosa y protegida habitación de los restantes habitantes de la mansión, quedando ahora él sobre el cuerpo de ser que tanto anhelo por este tiempo.
—No, no pienso detenerme y menos permitir que huyas de mis brazos… Eres mío, Sanesue —aseguró—: Te adoro tanto, eres el dueño de todos mis sueños y pensamientos desde el primer día que te conocí… tenerte así, ahora y de esa forma, me es imposible el medirme como corresponde. Lo lamento si llego a herirte con mi trato en algún momento —finalizó, besando con mucho mimo y cariño el mentón de su superior, no dudando luego en morder el mismo con autoridad.
Lentamente, y en un pequeño camino, sus labios fueron rozando el poco trecho de tez que había desde el último sitio que besó y mordió hasta los labiales delicados del hombre que tanto adoraba, llegando a los mismos en cuestión de poquísimos segundos y volver a tomarlos con deseo pero delicadeza. No obstante, no quedó con eso únicamente; sus manos  tocaban cada centímetro de piel que tenía expuesta, descendiendo de manera gradual por todo el cuerpo del de menor estatura hasta llegar al nudo que mantenía unida la única prenda que traía este y desatarlo, dejándole sólo con sus prendas íntimas cubriéndole.

Jamás pensó que un día como este llegaría, pero del cual, a pesar de la sorpresa, se encontraba totalmente dichoso de ser capaz de tocarlo de esa forma y tenerlo a su disposición para extraer hasta la última gota de pureza que quedaba en su anatomía.
Su lengua por cuenta nueva se atrevió a rozar los labios del menor, pidiendo permiso para poder ingresar al interior de su boca y así profundizar lo que una vez fueron cariñosos e inocentes ósculos a su vez que, sus palmas que estaban ahora en la delgada cintura impropia, retomaron su camino, bajando con la intención de tocar la cara interna de los muslos de las piernas de su dueño y, cuidadosamente, separar las mismas hasta ser capaz de ubicarse entre ellas; su corazón iba a un ritmo que no podía medir manualmente y su respiración le acompañaba como fiel compañera, delatando sólo la ansiedad que el posible encuentro y entrega entre ellos le ocasionaba.
Observaba con los ojos entrecerrados al ser que yacía debajo suyo, prestando atención a cualquier reacción que el mismo mostrase por su accionar; quería saber si lo estaba haciendo bien o no.

Sólo rogaba que, en ese instante, nada ni nadie les interrumpieran. Pensaba que una oportunidad como esta no se presentaría por segunda vez y arruinar el ambiente era lo último que deseaba.


Christoffer Lauridsen
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