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❝Unforgettable [Privado +18]

Mensaje por Duncan el Dom Sep 03, 2017 2:22 pm

Cuando supo que ella seguía viva tras una intensa pelea en la que ambos resultaron mal heridos, distanciados incluso por las circunstancias de ese encuentro, Duncan decidió que no tenía intenciones de dejarla ir de nuevo. Si bien no tenían un pasado precisamente agradable, sí que se podían rescatar momentos donde tanto él como Amélie disfrutaron bastante uno del otro, no sólo por el hecho de ser razas altamente compatibles, sino también por su forma de ser, como un bálsamo el uno con el otro. El encuentro fue casual, no hubo ningún tipo de objeción, y tras unas cuantas horas y unas cuantas copas de más, el pelirrojo no dudó ni un segundo en revivir todos aquellos encuentros con mayor intensidad de lo que pudiese recordar.

Se sabía a sí mismo capaz de dejarla fuera de la jugada en cuestión de segundos, de hacerla gritar desesperada por más, que le pidiese adueñarse de su cuerpo en todo sentido posible.

En ese momento, Dundan se hallaba a sí mismo besando con vehemencia aquel agraciado cuerpo, curvas cuyo peligro era ineludible, sus labios recorriendo la suave piel como si adorase ese terreno, no recorrido hace ya años desde la última vez que tuvieron un encuentro de esa índole. Sus manos la sujetaban con firmeza de las caderas mientras recostados ambos en la cama de esa habitación de hotel, enredados entre las sábanas, Duncan embestía contra ella. Aquella perfecta espalda arqueándose para él, músculos que se tensaban a cada estocada, penetraciones profundas, intensas, potentes, que no daban espacio siquiera a permitirle replicar al respecto, el sudor cubriendo ambos cuerpos celosamente tras ya varias horas de sexo desenfrenado que todavía no llegaba a agotar sus reservas de energía.

Esa mujer era peligro, era sublime, perfecta, maravillosa, y le pertenecía sólo a él. Duncan se inclinó hacia el frente, sin soltarla, mordió su hombro, y continuó embistiendo con firmeza, gruñendo de agrado contra su oído después. En verdad, hacía tanto tiempo que no tenía un encuentro de ese tipo, y no tenía pensado por ningún motivo detenerse sólo ahí. La haría suya de nuevo, reclamaría su cuerpo y su alma como hizo en el pasado, y ésta vez actuaría como la bestia territorial que era para quedarse con ella de ahora en adelante.
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Mensaje por O. Amélie Lacroix el Sáb Sep 09, 2017 12:49 am

Ella siempre fue una mujer difícil de tratar por lo que después de Duncan no hubo nadie más, no quiso caer tan bajo y enredarse con el primer idiota que tenía enfrente para hacerle ver lo que se perdió, Odile no es una mujerzuela ni una necesitada de atención, ella sabe a la perfección lo que vale por lo que se puede decir que el distanciamiento ayudó bastante, por un lado le hizo recordar que ella es una mujer independiente que no le hace falta un hombre para ser feliz o sentirse realizada, pero por otro lado se dio cuenta que Duncan era distinto, es cierto, no todo fue peleas y peleas, hubo momentos memorables, entre ellos su primera vez, en efecto, Odile lo eligió a él y nunca se sintió arrepentida por entregarle su virginidad.

Por ello tras volver a saber de él no había necesidad de portarse como una niña berrinchuda y hacerle imposible la oportunidad de volver a verla, vamos que ella misma lo extrañó como nunca antes lo ha hecho con otra persona, echaba de menos ese peculiar estilo de peinado o las marcas que simulaban ojeras pero que le sentaba tan sexy y vaya que no perdió el toque, posiblemente ella es la que estaba más ebria por lo que en determinado momento no dudó en portarse un poco más coqueta como lo hacía en el pasado, incluso le practicó sexo oral una vez que el pelirrojo deja una clara apertura, misma que Odile supo aprovechar.

Al fin de cuentas ese hombre no dejaba de pertenecer, siempre fue suyo y eso no debió cambiar en ningún momento, había incluso olvidado lo bien que se sentía tener sexo, naturalmente ella se notaba más estrecha y por lo bien dispuesta que estaba, Odile se veía sumida entre su propio placer, lo reitera, ese hombre no perdió su toque en ningún momento, seguía teniendo facilidad de hacerle retorcerse ante cada embestida perfectamente dada en el punto preciso, de los labios de la francesa no se oían más que gemidos e incluso gritos que bajo ningún concepto podría acallar, lo quería tan a fondo como pudiera, tan fuerte y rápido que incluso él quede completamente exhausto, así luego tenerlo en sus brazos solo para ella.

La unión de sus sexos era una maravilla, pero sus besos no quedaban atrás, ni hablar de esa firmeza con la que estaba siendo sometida, mordió sus labios con tal fuerza cuando el pelirrojo golpeó su punto más vulnerable, se sintió tan bien que ella pidió encarecidamente que lo repitiera, su cuerpo perlado en sudor le daba una imagen más erótica, más exótica, vamos que hasta algunos mechones de cabello se pegaban a su frente, volvía a sentirse esa diosa que tanto tanto oída de los labios del pelirrojo en un pasado que ella veía distinta, la sensación era vigorizante y la sensibilidad se estaba volviendo cada vez más intensa, no dudaba que en cualquier momento alcanzaría un orgasmo aplastante.  
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Mensaje por Duncan el Sáb Sep 09, 2017 10:12 pm

Cada embestida, cada pequeño movimiento, cada gemido, grito y jadeo que él causaba a Amélie eran por demás exquisitos, causantes también de los escalofríos en su piel, mismos que le obligaban a ir más rápido, más a fondo. Con nada más que las sábanas a su alrededor, Duncan se inclinó hacia el frente, acorralando a la más baja tras soltar un momento sus caderas, apoyando así las palmas de sus manos a cada lado de la cabeza de la francesa. Aunque mantenía los ojos cerrados, en ningún momento dejó de embestir, una danza apasionada en la que dejaba entrever todo su deseo por volver a reclamarla como hace tiempo no hacía.

Sus manos se cerraron en torno a las telas que alcanzó, mas no era eso en lo que estaba concentrado, sino en el constante bamboleo de aquellos firmes senos, sus pezones endurecidos, erguidos, como si le llamaran a reclamarlos con sus labios, cosa que no tardó en hacer. Sus movimientos eran certeros, las succiones intensas sobre aquel par de rosados botones, y una de sus manos sosteniendo a Amélie por la cintura mientras la otra rodeaba sin pudor alguno el pecho izquierdo, donde concentró la mayor parte de sus atenciones. Y así, en esa misma posición, repitió el golpe a aquel punto delicado dentro de ella, una, dos, tres veces, cada una más potente que la anterior, un ritmo constante, pero irónicamente errático, y pequeñas gotas de sudor que resbalaban traviesas desde su frente hasta su barbilla, uniéndose a aquellas que ya cubrían el cuerpo de su amante como las mismas gotas de lluvia que golpeaban el enorme ventanal de ese hotel. Las luces de la ciudad eran la única iluminación, no hacía falta siquiera que ahí encendieran las luces, pues sus manos, que antes recorrieron ese cuerpo a consciencia lo sabían todo de memoria, cada rincón, cada camino a recorrer, cada punto débil que se cernía sobre tan admirable suavidad.

Un gruñido, y otro más, sonidos que serían dignos de una bestia, un catalizador de su ira que en ese momento sólo demostraba cuánto disfrutaba de tan improbable encuentro. Maniobró, la sujetó, y tras rodear con ambos brazos aquel cuerpo, sentándose sobre la cama con ella fuertemente abrazada a su cuerpo, sus senos rozando constantemente con su torso desnudo, embistió con firmeza, movimientos de su pelvis que de nuevo buscaban quebrar ese punto de placer hasta hacerle rogar por más de sí. Sus labios robaron un largo y apasionado beso, húmedo sobre todo a los de Odile con claras intenciones de beber de ella mientras una de sus manos ascendía por su espalda y la otra descendía hasta cerrarse en torno a uno de sus glúteos, apretarlo con firmeza, y al mismo tiempo dar una mordida traviesa al labio inferior contrario.

La unión de sus sexos era sublime, la sola sensación de roces intensos entre su pene y las paredes vaginales de su amante era incomparable, sonidos húmedos que desde luego inundaron la habitación fusionándose con el cántico interminable de gemidos, peticiones desesperadas que alcanzaba a arrancar de esa mujer cuya existencia se había vuelto su única droga. Duncan descendió, liberó sus labios, y ahora su lengua recorría con parsimonia el cuello de la fémina, mordía, besaba, succionaba hasta dejar marcas, mismas que después él mismo vería como muestras de que ella ahora era de su propiedad. Y bajó más, más lento, torturando, reconociendo el terreno que por años permaneció inexplorado, llegó a su clavícula, donde una mordida fue el anuncio, y luego su lengua alcanzó el espacio entre aquel par de pequeñas montañas, lamiendo y succionando por igual.

Espero q-que... que nadie te haya tocado —masculló entrecortado, sus manos elevándose de nueva cuenta por su espalda, una de ellas llegando hasta su cabello donde enredó sus dedos, y sus labios de nuevo reclamaron los de su compañera cual si deseara arrebatarle el aliento.
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Mensaje por O. Amélie Lacroix el Vie Sep 22, 2017 9:21 pm

Si Duncan llegó con toda la intención de quebrarla, lo está logrando, no obstante, no es un quiebre que sea mal visto, por el contrario, era uno donde ella misma quería alejarse de esa cordura, esa misma cortina de orgullo que la obligó a distanciarse para al final aceptar lo mucho que extrañó la compañía tanto sentimental como afectiva, pese a estar gimiendo por más, lo que la hacía sentir plena era dejarse llevar con la única persona capaz de despertar en ella lo impensable, desde que él se fue su vida no tenía mucho sentido, a veces incluso maldecía la forma tan poco viril que tenía los demás hombres al momento de abordarla, como si la estuvieran tratando tal y como a una necesitada de sexo, ella mucho más que una mujerzuela barata, por ello su abstinencia autoimpuesta porque al final nadie estaba en su altura.

Y no es que ella se considerase perfecta, ella ES perfecta por lo que tenía el derecho y el privilegio de rechazar a cuanto idiota con testiculos que aparecían en su radar, por ello quizás se la note mucho más estrecha de lo que Duncan esperaría, es que ha sido bastante tiempo sin tener sexo absolutamente con nadie y el masturbarse en cada determinado tiempo recordando al pelirrojo tampoco es que fuera gran cosa, no era lo mismo y eso era posiblemente lo más fastidioso de ese distanciamiento; la impotencia y la falta de recursos junto al valor para confesarle lo mucho que le hizo falta.

Estaba extasiada, sentirlo recorrer su fisonomía con tal devoción era todo un deleite, además no parecía querer perder el tiempo, a veces hasta parecía leer sus pensamientos pues cuando pensaba estimularse sus senos al jalar sus pezones con sus finos dedos, los labios de Duncan se adelantaron y la obligaron nuevamente a recitar su nombre reiteradas veces entre gemidos llenos de fervor, entonando una melodía erótica pero que a su fungía como una súplica para prolongar ese placer, el mismo placer que se niego explorar con otro hombre al no encontrar nadie digno de su persona.

Todo hay que decirlo, él no era perfecto, está muy distante a su concepto de la perfección pero su rudeza hacia un perfecto contraste con esa manía suya de tenerlo todo bajo su control para que cada uno de sus pasos sean fríamente calculados, algo propio de quien profesa sobre lo siguiente; la perfección existe, ella es perfecta, la prueba de ello. Por más que Duncan no lo fuera, sí que sabía darle una perfecta sesión de sexo salvaje, a su vez con ese toque apasionado que tanto lo caracterizaba, es que también no pudo entregarse a otro hombre porque temía que nadie más fuera capaz de llenar los zapatos de su compañero de techo.

Y ella no quería terminar odiando el sexo por mala suerte, quién sabe si se terminaba decepcionado, además que nunca dijo que iba caer tan bajo de fijar su vista en un hombre solo para que la folle, ella jamás admitiría una necesidad de esas y si pasaba por ello, podía saciar su antojo ella misma, sin la necesidad de nadie más. Dejó de indagar en sus complejos y tan solo brincó solo él por cuenta propia, sus pezones rozandose constantemente con el torso bien trabajado de su amante, además de esa forma tan intensa de besarla, ella misma correspondiendo con la misma entrega, se atrevió incluso a estrechar aún más su interior para hacerle ver que ella no iba dejarlo ir con facilidad—. Nadie después de t-ti, nadie, ¿e-entiendes?
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Mensaje por Duncan el Sáb Oct 07, 2017 10:28 pm

La respuesta le satisfizo, suficiente para que Duncan continuase con golpes certeros, potentes hacia el punto dulce de la francesa, y es que en ese preciso instante no había otra cosa que pudiese captar su atención con tanta fuerza. Los movimientos de sus caderas eran potentes, la sostenía con firmeza de la cintura mientras sus labios continuaban reclamando los ajenos en un beso que en verdad buscaba arrebatarle el aliento, como si él mismo deseara imbuirla en su fuego, sofocarla al punto de no permitirle siquiera pensar con claridad.

Mordió su cuello, su clavícula, las marcas que previamente dejó en su piel fueron repasadas de nueva cuenta, y Duncan se ensañó con todas sus fuerzas buscando hacer que el cuerpo de Amélie llegase a un punto de no retorno en que superaba las barreras propias de cualquier cuerpo. El placer que podía ofrecerle ella ya lo conocía de sobra, pero en el tiempo que estuvieron alejados era de esperarse que él buscase consuelo en otras mujeres, ninguna llenando sus exigencias como ella lo hizo en su tiempo.

Se separó de ella, salió de su interior sólo para ponerla ésta vez dándole a él la espalda, recostada sobre la cama, y preparando el escenario para lo que se venía. Duncan fue un poco más osado ésta vez, y para aumentar las sensaciones al brindar una curvatura adicionar a las caderas de la francesa, colocó una almohada justo bajo su cuerpo en la zona de su vientre, sujetándole con firmeza de la cintura a medida que volvía a penetrarla, utilizando sus manos contra el colchón para no dejar caer su peso por completo.

Debido a la fuerza en sus brazos, le era increíblemente sencillo soportar su propio peso y además acercar sus labios a los hombros y espalda de su amante, repartiendo besos mientras su pelvis iniciaba con un movimiento certero contra ella. Desde su posición podía observar claramente las vibraciones propias de las embestidas en los bien formados y firmes glúteos de la más baja, dejando así que por el esfuerzo que implicaba esa posición unas cuantas gotas de sudor resbalasen por su rostro hasta caer de manera indiscriminada sobre la piel por igual cubierta de sudor de la más baja.

Disfrutaba, se deleitaba con las sensaciones, con la presión natural en el interior de esa mujer, cálido y acogedor, húmedo y delicioso, generando en el pelirrojo gemidos y gruñidos intensos, todos propios de una bestia de su clase. Parecía que el fuego realmente deseaba escapar de su cuerpo, la temperatura iba en aumento, y él no hacía más que aumentar la fuerza y velocidad de las embestidas, así como también la profundidad de las mismas. En determinado momento, colocó a Amélie sobre uno de sus costados, levantando una de las piernas ajenas para colocarla por encima de uno de sus hombros, embistiendo en la nueva posición con una rudeza tal que el sonido seco de ambas pieles chocando quedaba por encima de sus propios gruñidos. Era obvio que Duncan deseaba liberar esa bestia interior que por tanto tiempo mantuvo encerrada.
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Mensaje por O. Amélie Lacroix el Vie Oct 20, 2017 3:25 pm

En ese instante no tenía realmente chances a considerar mejor sus palabras, aunque honestamente, hablaba con esa sinceridad que ningún otro hombre será capaz de despertar en ella, era extraño porque tampoco es que tuviera tantas oportunidades para sentirse en plenitud, ese viaje a sí misma y gozar de lo grato que significar ser una mujer, de explorar esa sexualidad con la persona indicada, irónico cuando más de uno la señaló como una posible lesbiana solo por no acceder tan sencillo como lo haría cualquier otra mujer.

Ella correspondía a los besos y debido a la intensidad con la que sentía cómo impacta era natural que las mordidas certeras se escaparan de ella, mordió en más de una ocasión los labios de su amante, ella misma sosteniendo sus mejillas con tal firmeza, tal y como si estuviera negando dejar que que aleje, aún lo quiere para ella y ha pasado tanto tiempo desde la última vez que duda dejarlo ir tan pronto, al menos la consecuencias la hacían sentirse aún más estrecha y eso que no se habla de lo que hace por voluntad propia, a cada golpe una succión tan hambrienta que demostraba lo que ya se repitió, no quiere dejarlo ir.

Amélie se dejaba manipular sin ningún tipo de contratiempo, en su mente no podía hilar pensamientos más allá relamerse los labios una y otra vez al sentir claramente esos roces intensos, esa forma de salir y entrar de ella con una fuerza bruta que se le antojaba deliciosa, es cierto que lleva tiempo sin tener sexo pero eso no quiere decir que la vuelva una virgen e inocente, si bien no es vulgar, nada quita la locura en la que se ve inmersa, esas sensaciones entre el regocijo y el gozo, el deleite en toda regla.

Si eso era sentirse una mujer plena, ella quería más.

Aunque por momentos parecía que Duncan elegía posiciones en las que la francesa no tendría otra opción que gemir a viva voz, ni hablar que las únicas palabras que salían de sus labios eran las peticiones continuas sin importarle en lo más mínimo el oírse repetitiva ni tampoco que eso sea motivo para elevarle el ego al pelirrojo, solo quería prolongar lo más que podía el encuentro que la va llenando de un gozo que llevaba tiempo alejado de su conocimiento, era incluso palpable, tanta era la habilidad del dragón para generarle tal sensación.

En cuanto llegó la última posición, tan solo al estirar su pierna sintió un cosquilleo electrizante, un escalofríos que recorrió la totalidad de su fisonomía, un síntoma en que no tardaría mucho en llegar al clímax, algo que ignoraba y desde luego no lo iba decir abiertamente, pues sabía que de todos modos, Duncan sabría interpretar las reacciones de su cuerpo y quien sabe si no era justamente eso lo que anda persiguiendo con vehemencia, con golpes tan certeros a su punto dulce, tan perfectamente dados era imposible retenerlo por mucho más tiempo, en determinado momento, ella se tensó más de lo que ya estaba apretando y pudo decir nada claro sino que oyó un gemido en un tono alto que anunciaba un orgasmo aplastante que la dejó incluso temblando pero aún deseoso de más.
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Última edición por O. Amélie Lacroix el Jue Nov 16, 2017 12:33 am, editado 1 vez


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Mensaje por Duncan el Jue Oct 26, 2017 5:14 pm

Su aroma, su sabor, el sonido de su voz, todo de ella era perfecto para Duncan, que se concentraba únicamente en brindarle el placer que merecía a esa mujer. Cada pequeña reacción de ella le impulsaba a ser más rudo, golpear con mayor fuerza aquel punto dulce del que gozaba, y que a él le encantaba explotar a su gusto. Sentía ya los estragos propios del orgasmo acercándose, pequeños espasmos en su espalda baja que le impulsaban a aumentar la velocidad, y gemidos guturales, roncos que soltaba al oído de la más baja como una manera de hacerle partícipe de su delirio. Duncan la sujetó firmemente, y al sentir cómo ese cálido interior se estrechaba en torno a su virilidad,no pudo evitar él mismo alcanzar el más potente orgasmo que pudo haber tenido ya en mucho tiempo. Descargó completamente su esencia dentro de su amante, y al hacerlo dejó una potente mordida en su cuello para hacerle ver que no sería esa la única vez que la haría disfrutar de esa manera.

El pelirrojo se detuvo unos momentos, admirando las reacciones de Amélie tras aquel orgasmo, y al notar los temblores inclusive Duncan tuvo la osadía de mover sus caderas suavemente, en círculos, sólo para prolongar un poco más aquella explosión de placer, hacerle sentir completamente desarmada ante todo. Y así, tras unos momentos, salió al fin de ella para dejar que se recostase en la cama mientras él hacía lo propio al dejarse caer sobre el lecho, y con ello intentar recuperar un poco el aliento. Si bien no era eso todo lo que podía dar, necesitaba recobrar el aliento. Dado que hacía mucho tiempo no había tenido una sesión de sexo tan intensa como esa, Duncan se sentía un poco fuera de práctica. No obstante, pasaron apenas un par de minutos antes de que fuese él quien se acercase a su acompañante, y besara uno de sus hombros con la delicadeza propia de un enamorado, cual si deseara darle ahora calma en lugar de la euforia vivida hace unos momentos.

Te extrañé —y fue sincero, algo que muy pocas veces dejaba salir a la luz. Era extraño el día en que Duncan mostraba con tanta naturalidad sus emociones, extraño el día en que él por cuenta propia decidiera exteriorizar lo que sentía con alguien con quien especialmente no tenía contacto alguno hace buen tiempo. Y suspiró con suavidad, osado, abrazando a Amélie por la espalda mientras una de sus manos serpenteaba por su cuerpo, desde su hombro, su brazo, pasando por sus caderas, una de sus piernas, y adentrándose poco a poco hasta brindarle una suave caricia en el vientre, descendiendo hasta colarse entre sus piernas, sus labios entretanto ocupados brindando pequeños besos en su cuello, su mejilla y su nuca.

Ella era la única mujer que podría ver la faceta tranquila de Duncan, aquella donde sus movimientos decían más que las expresiones en su rostro, la única que podría vivir de primera mano el calor propio de una criatura como él sin terminar herida, sin ver su vida en peligro. La única que podía controlar el fuego que significaba el escocés sin quemarse antes de lograr domarle.

El pelirrojo volvió a ser un poco osado, y en esa posición, manteniendo las piernas de la francesa juntas, guió su virilidad a su sexo, penetrándole con lentitud y empujando su pelvis de manera contundente hasta saberse completamente dentro de ella. Tras ésto, su mano volvió a la parte frontal, acarició su vientre y volvió a descender para tomar entre sus dedos aquel delicado botón de nervios y estimularlo al ritmo de sus estocadas, sólo buscando el orgasmo de Amélie con movimientos suaves contrapuestos a los salvajes de hace unos minutos.  
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Re: ❝Unforgettable [Privado +18]

Mensaje por O. Amélie Lacroix el Miér Nov 15, 2017 7:46 pm

Ningún otro hombre podría presumir de un logro similar con ella, porque de entrada siempre se ha caracterizado por ser una mujer independiente en toda regla, una que no precisaba de la aprobación de los hombres para destacar y que ahora esa misma mujer se viera completamente sumida en una locura erótica que le generaba ese registro de voz tan bestial, tan varonil, él sabía ser rudo en el momento exacto y tratarla con el toque idóneo de brusquedad sin cometer un error en el proceso, jamás sintió dolor o al menos, no algo que le desagrade y le asuste con solo pensar repetirlo, al contrario, Amélie se sentía adicta a esa forma de dominarla.

Da batalla, una mujer como ella no se puede doblegar con facilidad pero eso no quiere decir que tampoco acepte las necesidades básicas de su cuerpo, ella misma extendiendo la diestra de su mano hacia el vientre bien trabajado de Duncan y rasguño cuanto pudo cada que él golpeaba con tanta precisión aquel punto dulce que la hacía gritar del placer, de gemir su nombre en un tono cada vez más alto que el anterior.

Una gota de sudor nació en su nuca y descendió con cierta lentitud por su figura que cualquier que lo siguiera de cerca caería en cuenta de lo bien proporcionado que estaba, su piel es suave, bien cuidada, se notaba que a ella le gustaba verse bien y es cierto, siempre luce atuendos bastantes recatados que por ese lado, el pelirrojo debe hasta sentirse afortunado al ser el único con un privilegio de esa magnitud, nadie más vio su cuerpo desnudo.

Ella temblaba de placer pero lejos de ser una señal que estaba cercana al orgasmo fue más bien una muestra más de lo mucho que disfrutaba estar con Duncan, de inhalar su aroma, de oír su voz, de que su afán por estrechar su interior de la forma más adrede provoque en Duncan esa oleada de voces guturales que le erizaban la piel, lo veía hambriento de ella y Amélie se veía más que dispuesta en dejarse devorar en su totalidad, eso sí, también se encargará de hacer lo propio, de marcar al escocés como suyo, de nadie más y así tuvo que ser todo el tiempo, ésta vez no va cometer el mismo error.

Aún cuando se mordió el labio inferior con cierta fuerza que poco más y ella quedaba con una herida, aún así se le escapó un gemido bastante alto cuando lo sintió llegar al orgasmo,  le generó una sensación tan gratificante que a pesar de que él decidiera alejarse sin dejar que ella alcanzara uno propio, no se mostró reacia a sus muestras de afecto—. Yo igual —respondió en un susurro, pero sí le dejó hacer todo eso ya debería decir bastante de ella. A esas alturas ya debería ser obvio lo adicta que está a sus besos.

No le negó la cercanía hasta le pareció agradable tanto que no pudo evitar morder el labio ajeno con cizaña instante a seguir, por eso no se puso de malhumor, ella estaba más que segura que Duncan sería incapaz de dejarla a medias y vaya que esa posición le está gustando más de lo que se imaginaba mientras se tocaba por las noches porque en efecto, ella también se masturbaba, al estar cercana al orgasmo los espasmos se hicieron notar y la propia Amélie alojó el miembro de Duncan con todas sus fuerzas anunciando con ello un orgasmo aplastante—. Dime que te quedarás conmigo —susurró con la voz algo entrecortada por la respiración errática, su simple respuesta le estaba generando cierta expectación, quería saber si para Duncan eso fue más que sexo casual porque al menos ella se entregó en su totalidad.

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