[+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

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[+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Dom Oct 01, 2017 6:42 pm



PASADAS LAS 7PM
BOSQUE
JESSICA HOLTZMANN
DON'T BE GRUMPY, TIGER
Los días luego del entierro de Sveta pasaron increíblemente rápido. En un momento estaban enterrando a la mujer a los pies del pequeño cedro y al siguiente ya tenían un montón de botes de pintura para pintar la casa y la cuna. Nebiri ya estaba comenzando con la ampliación de la casa del árbol y la normalidad regresaba poco a poco a sus vidas. Ya no era raro ver a Jessica regañar y dirigir a su equipo por medio de Bulleye, dejó que ella hiciera lo que debía hacer, el birmano le dio espacio a su esposa para terminar de salir del duelo inicial de la pérdida de su amiga. Quizá aun le lloraría, seguramente aun la pensaría y no habrían qué o quién la reemplazara, pero Jessica tenía que seguir viviendo. Al final de aquella semana parecían haber salido de un largo sueño, en el cuerpo de birmano solo habían quedado unas marcas de garras en un costado que poco a poco desaparecerían, no estaba seguro de si quedarían huellas en su piel que le recordaran ese enfrentamiento de manera más directa, no sería una mala medalla al valor por defender la integridad física y mental de su esposa, además se enteró por Jessica que ese demonio incubo fue el causante de que Sveta decidiera abandonar ese mundo, no con todos los detalles, pero sí que él fue el detonante de la redical decisión. De haberlo sabido antes sí le habría arrancado los huevos a ese desgraciado... Quizá se enfrentarían de nuevo, era probable considerando que la debilidad del incubo quedó al descubierto frente al personal de la empresa y el jefe en turno, no estaría nada contento. Si en su camino estaba enfrentar una vez más al incubo, entonces cumpliría con su palabra de arrancarle los huevos en honor a Svetlana Petrova... Nebiri era un hombre de palabra después de todo.

Y hablando de promesas, Nebiri logró que su esposa subiera a un auto con él tras el volante y en el asiento del conductor... Sí, logró subirla al auto solo con él y el orgulloso birmano condujo hasta el hospital para su revisión de la semana. La sorprendió consiguiendo un automóvil familiar, pero lo suficientemente compacto como para pasar por los caminos del bosque. Un automóvil negro muy elegante que el birmano terminaría de pagar en tres años... Por suerte, sus días de peleador callejero le dejarían tener las ganancias que tenía antes. Hizo demasiados gastos durante el tiempo que dejó de pelear y ahora podía recuperar su pequeña fortuna semanal. A mencionar que fueron y regresaron del hospital sin ningún accidente qué reportar... Aun así fue muy divertido compartir el auto y que ella aun le lanzara sus mejores embistes verbales. Sí, fue divertido en serio. Que se gritaran era sano, pero solo para ellos dos, claro. Y aprovechando la salida, la llevó a la tienda que ella quería ir el mismo día que recibió la noticia de la muerte de Sveta. Y ahora sabía lo que era un tirador de leche... Claro, decir que era como ordeñarse le ganó un coco en plena cabeza que le quitó la sonrisa boba de la cara...

El miércoles finalmente llegó. Saldrían esa noche y, de hecho, Tony ya se había adelantado al Red Ribbon para hacer algo más de alboroto con el regreso del Tigre a las peleas. De hecho, ya era básicamente un socio de Jessica, pues al ser ella dueña del tigre que él manejaba, las ganancias se compartían con ella y además podía tomar su apuesta para la noche y básicamente explotar al esclavo... Hacerle saber a Nebiri eso último siempre lo hacía gruñir y era gracioso verlo enfadado. Hacerlo enfadar era siempre la mejor preparación para el tigre, sobretodo cuando muchos creían que quizá el campesino estaría oxidado luego de estar lejos por varios meses. Tony sabía que esa noche sería una pelea dos rounds. Cuatro peleadores, dos contra dos, solo un ganador al final. Lo normal, nada mal para retomar su vida como peleador callejero. El birmano pensaba en sacar con sus oponentes toda esa energía que tenía atorada en el cuerpo desde hacía largas semanas.

Luego de ver la fuerza que podía alcanzar, se había fijado como meta el aprender a controlarlo poco a poco. Si fue capaz de moler a golpes a un demonio con al menos mil años encima, entonces podía volver a sacar y controlar esa fuerza. Para ello, se dio el tiempo de entrenar y ejercitarse mientras su esposa lanzaba latigazos a distancia a su equipo de trabajo, o bien cuando dormía alguna siesta para reponer energías. Nebiri dedicaba un rato considerable meditando y repitiendo el mismo mantra de aquella vez, pero no buscaba volver a sacar la fuerza en esos momentos, solo concentrarse y tratar de tener nuevamente el estado mental de aquella ocasión. No podría volver a repetirlo a la primera, la situación con su esposa y el incubo fue mucho más grave, no era una jodida broma, fue algo muy serio. Y por si volvía a necesitar esa fuerza para defenderla, tenía que aprender a controlarla a como diera lugar. Iba lograrlo, y al ser un hombre muy terco, necio y cabeza dura, trabajaría en ello... Al menos así no estaría molestando tanto a su esposa con su frustración sexual. Al menos ya tenía en qué entretenerse y las dulces noches de besos y caricias era todo lo que tendría por algunas semanas más hasta que Jessica diera a luz y se recuperara del parto. Hacía falta un par de meses más, al menos, para eso. Y hasta entonces, sus oponentes tendrían que sufrir del excedente de energía que tenía el birmano.

No fue mala idea mandarlo a pelear de nuevo.

Y no, no pensaba acostarse con nadie, ni mujeres ni monos. Aun no estaba contento con la idea de salir con Alik Diatlov, pero al fin había llegado el día y ama y esclavo saldrían a la ciudad a pretender que solo eran eso y nada más, para que nadie sospechara que el birmano era el padre de los hijos que la californiana esperaba, y mucho menos el esposo, amante y mejor amigo de ésta.

El birmano había despertado de buen humor, besaba y mimaba a su esposa, emocionado más que nada por volver a pelear. Si se paraba a pensar en que ambos saldrían con otra persona entonces se pondría muy malhumorado, y al menos ese estado mental enojado tenía que reservarlo para la hora de pelear. Le preparó el desayuno a su esposa y era primordial consentirla mucho, sobretodo porque ese par de bribones parecían tener na fiesta ahí dentro, era posible ver los pequeños bultos que hacían sus pequeñas manos y diminutos pies, Jessica les reñía a los pequeños y solo podía imaginarse qué pensaban esos dos ahí dentro. Quería verlos ya, la espera de esas últimas semanas se estaba haciendo tan larga que sentía que las hojas del calendario no se iban tan rápido como debían. En una buena ocasión descubrió que se quedaban quietos cuando su padre les cantaba con esa grave voz de camionero. Así, desentonado y todo parecía gustarles al igual que a Jessica, aunque eso era un remedio temporal, ayudaba un poco más a su esposa.

Haré el desayuno, y dejaré un estofado preparado para la madrugada cuando te de hambre —pues era normal que ella, siendo de pasos ligeros como decía el tigre, se escabullía de la cama en plena madrugada para comer. No podía comer solo dulce aunque era lo que más se le antojaba, así que le hacía estofados bien cargados de nutrientes gracias a ingredientes frescos que ya podía tomar de sus huertos y animales. Aun iba al mercadillo por cosas, sobretodo para los postres y dulces de su esposa—. Oye, Jessica... Ah —no quería pero debía tomar el tema—. ¿Dónde debo encontrarme con el mono? ¿Quieres que te lleve en auto al restaurante? —aunque ésta última pregunta era obvia... ¡Él era el esclavo, quien debía llevar a su ama en el auto a donde ella lo deseara! Ahora estaría en calidad de conductor ahora que había demostrado que era capaz de conducir sin irse de frente contra un poste de luz o llevarse a peatones por medio camino—. ¡Argh! ¡¿En serio tengo que salir con el mono?! —refunfuñó, claro, nunca fallaba en enojarse a la mínima oportunidad—. ¡No es justo! ¡Y no quiero que se enamore más de mi! —suspiró con fastidio mientras iba a la cocina vestido solo con un ajustado bóxer que "su ama" le había conseguido en esos días que salieron. Entre más le realzara el trasero al birmano, mejor, lo bueno que éste no lo percataba. Así era como cocinaba, en poca ropa para deleite de su esposa. Le había conseguido una piedra nueva a Bulleye, una linda roca de río con forma de patata y con buen tamaño para tenerlo entretenido por un largo tiempo; el perro mecánico estaba por ahí cerca jugando precisamente con su roca.

Le estaba preparando un típico desayuno americano que consistía en huevos fritos, pan tostado, un par de rebanadas de tocino y aparte un plato de fruta picada y jugo fresco de frutas. Seguía sin ser demasiado prolijo en la presentación, pero era parte de su encanto como cocinero, que podía darle ese toque casero a lo que preparaba con tanto amor a su esposa. Siempre tenía presente que ella comía por tres, así que el repetir platos era habitual. Él se preparó casi lo mismo, salvo el plato de fruta y el jugo, en lugar de eso último se sirvió leche, lo demás lo podía comer bien.

Si intenta besarme le romperé la nariz —refunfuñó el tigre entre bocados. No era la primera vez que un hombre mostraba interés sexual por el birmano, pero ahora estaba obligado a prestarle atención a su fan en turno—. ¿Sabes? El luchador, Beowulf prefiere a los hombres. Quizá pueda presentarle a Alik luego y me lo quito de encima —se echó a reír de solo imaginarlo. Le daba bocados a su esposa cada tanto mientras desayunaban juntos—. Por cierto, ya se secó bien a cuna y ya tengo despejado el cuarto de arriba, moví las carnes y dejé abiertas las ventanas para que se ventilara todo. Luego podemos pintar y preparar el cuarto con muebles nuevos. Podemos comprarlos o puedo construirlos, como tú quieras, amor —dijo un contento tigre. Sí, cambia de humor de maneras increíbles—. Revisaré que el techo no tenga goteras y voy a reforzar toda la estructura para cuando comiencen las nevadas —el tigre tenía planeada esa parte, y todo eso más los planes que su esposa armaba junto a los planos los hacían, sorpresivamente, un buen equipo de trabajo en ese aspecto. Ya el birmano tenía las medidas de las tablas para la extensión de la casa del árbol. Cerebro y músculo controlado trabajando juntos. Nada mal para la pareja más dispareja de todo New London—. No sé si para el siguiente mes ya las ramas estén de buen tamaño, pero siempre puedo poner unas bases para sostener el balcón que quieres —sonrió—. Puedo hacerlas fijas al árbol o poner columnas de troncos de árbol —lo que el tigre construía solía hacerlo bien, y ese trabajo no iba a ser la excepción.

Planearon esas y algunas cosas más. Su día se fue entre algunos trabajos, besos que el birmano iba a robarle a su esposa aunque al principio la enfadara y también se tomaron su momento para que Jessica recibiera el servicio de masajes de su esclavo para ayudar a su cuerpo a relajarse un poco antes de salir por la tarde-noche. Y entre más pasaba el tiempo, más divertidamente enfadado se notaba el birmano. Vería al mono y su esposa saldría con otro hombre del que no sabía la identidad, la malvada solo le dijo que ya tenía todo preparado para esa noche. Nebiri sabía que era solo para jalarle la cola al tigre, nada nuevo. Nebiri debía llegar enfadado a su pelea, y vaya que iba a llegar así al Red Ribbon.

Ya cerca de las siete de la noche, el birmano estaba vestido, equipado y preparado para ir a romper algunas caras. Tony ya estaba allá, eso lo sabía, y sabía que el demonio ya hasta llevaba la apuesta de Jessica. Era un hombre de negocios, sí, y la ama del esclavo número treinta y siete tenía que sacar las ganancias que por ley le correspondían.

Jessica, amor, vamos —el tigre llevaba la ropa de costumbre, solo esperaba a que su esposa terminara de arreglarse para su cita. Ya estaba enojado por anticipado, cabe mencionar.


Última edición por Nebiri el Sáb Oct 07, 2017 4:17 am, editado 1 vez



ကျား

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Oct 02, 2017 4:39 pm

… No entendía cómo era posible que Chiara llorara tanto en el entierro de Svetlana, incluso más que ella. Había llegado al punto de dejarla apoyar sobre su hombro mientras el tigre le echaba tierra encima al féretro. En ese momento Jessica no lloró, solo un par de lágrimas se derramaron de sus mejillas pero nada más que delatara el dolor que pinchaba su pecho, estaba destrozada pero aparentaba tranquilidad bastante bien delante de sus amigos. Le fue interesante la actitud de Bulleye en el momento que depositó sobre la tierra una rosa que la misma Holtzmann le dio, éste obedeció sin más, por lo que participó a su manera de aquel horrible momento. Interesante por el hecho de que jamás había visualizado mentalmente a su 'asistente' realizando un acto similar… pero apenas volvió a su lado lo acarició tal como se lo merecía. Realmente lo amaba. Una vez finalizado el entierro ella volvió al búnker, se sentía tan triste que no quiso hacer nada lo que restaba de la tarde, pero apenas apoyó el trasero en la cama y vio a su esposo acercarse a ella, comenzó a llorar. Un llanto desconsolado que le erizaría la piel a cualquiera, se levantó solo para abrazarlo fuertemente mientras mojaba su hombro con sus lágrimas y fluidos de la nariz, Jessica no podía hablar, solo balbucear cosas como 'la extraño mucho' o '¿por qué?', no había mucho que pudiera hacer el tigre por ella. Y al parecer Holtzmann tampoco podía hacer mucho por cambiar esa lastimera manera con la que lloraba pues siempre lo hacía como si tuviera ocho o diez años, lloraba como una pobre niña perdida en algún parque. Más tarde, esa noche, se animó a contactar con los hijos de Sveta estando un poco más calmada y menos dolida, sus hijos eran la única familia por línea de sangre que ella tenía ya que su ex marido no solo no contaba, sino que no se merecía saber nada por la manera en la que abandonó a su ex mujer. O al menos eso pensó la inventora. Pero al llamar al hijo mayor se llevó una sorpresa: no le interesó. Simplemente manifestó que su madre no era de su círculo, que no tuvo contacto con ella por más de diez años, y que ninguno de sus hermanos se conmovería ni un poco. Sin embargo al final agradeció la llamada, pero Jessica le dedicó un sinfín de insultos antes de cortar abruptamente. Es verdad, Svetlana vivió y murió sola, y eso le daba escalofríos a la castaña… pues, Sveta es el reflejo de lo que pudo haber sido ella si su vida no hubiera cambiado, moriría en el anonimato y bajo el velo de la soledad absoluta. Pensar así fue otro motivo para que volviera a llorar al principio de la noche, no por cómo hubiera sido su futuro, sino porque se sintió terriblemente mal de nuevo por su amiga. Y reapareció su esposo, asustado porque no sabía la razón del repentino llanto.

El duelo de la inventora duró algunos días, pero de apoco su mente volvía a volcarse en su trabajo, éste la ayudó mucho a despabilarse y concentrar su mente en otra cosa que no sea dolor: mediante comunicaciones por Bulleye podía corroborar el estado de su equipo, ayudarlos, sugerir y acotar ideas tal como lo haría si estuviera allí parada. Repentinamente comenzó a tener un poco más de familiaridad con Torres, llegando a bromear juntas e incluso salieron una vez para reunirse en un café con tal de examinar algunas ideas de la española. Claro que había mucho respeto entre las dos soberbias mujeres, pero a la vez se formó una conexión que nunca antes había tenido una con la otra. Al parecer tenían más cosas en común de lo que supuso, no lo solo coincidían en edad, sino también mes y año pero no en día… de hecho ella cumplía once días después. También ambas perdieron a sus respectivas madres siendo niñas, la relación de ambas con sus padres era trágica, ninguna tenía hermano o hermana y las dos fueron engañadas por la empresa bajo el mismo cuento para que abordaran el barco hacia New London. Iba paso a paso tal como le sugirió el birmano, era pronto, pero hasta el momento se sentía cómoda con Torres aunque se pelearan recurrentemente debido a portar personalidades similares. No es bueno que dos orgullosas personas estén juntas, ninguna quería perder y las dos buscaban tener la razón, quizás por eso aquella relación se volvió atractiva. Con la vampira podía ser más abierta por supuesto, ya se conocían mucho, por lo que a pesar de haberse mudado ella seguía visitando a Jessica y jugaban juegos de mesa, mayormente le gustaban jugar a las cartas y apostado por supuesto. De hecho la italiana apostó un reloj de bolsillo el cual le aseguró a la castaña que perteneció al mismísimo Luis XI de Francia, ante eso claro que ambas fueron por todo ya que era un objeto invaluable pero lo que más le interesaba a cada una era ganarle a la otra, pero la rubia no tuvo en cuenta que su amiga era adicta a esa clase de juegos, que la habían echado de varios casinos por contar cartas y que tenía la entrada prohibida de por vida a uno… Jessica Holtzmann era ingeniosa con las barajas inglesas por lo que, luego de una peculiar lucha, ganó. Ganar el reloj pasó a segundo plano como razón de su placer al enterarse de que en realidad éste le pertenecía a Anthony y la italiana lo apostó creyendo que no perdería. Se divertía mucho con Chiara. Fue ella quien la convenció de subirse al vehículo con Nebiri al volante, nunca mintió ni jamás ocultó su disgusto cuando el tigre se metió en la autopista. No recuerda haber estado tan nerviosa de esa manera alguna vez en su vida, le sudaban las manos, le gritaba cuando debía girar en una curva o intentaba pasar al automóvil de adelante. Era inevitable, pensó, que el 'macho' quisiera ser más rápido que los demás, por lo que peleaban gracias a sus nervios y poca confianza hacia Nebiri… pero tendría que acostumbrarse. Era un problema muy de ella: nunca le gustó que su seguridad dependiera de los demás por lo que consideró aprender a manejar.

Al primer lugar que ambos viajaron aquel día fue a su cita médica semanal, y luego a aquella tienda a la que no pudieron ir antes. Claro, ante el desafortunado comentario de Nebiri, Jessica tuvo que comprar dos bombas extractoras de leche materna porque la que agarró primero se la reventó al tigre en la cabeza: le dejó bien en claro que no volviera decir que era como ordeñarse porque sentía que la comparaba con una asquerosa, aburrida y pesada vaca. Le dejó el claro también, y por último, que iba a patearle los huevos debajo de la sábana cuando estén durmiendo si volvía a hacer un comentario tan odioso como ese. Sí, últimamente se ha vuelto un poco más violenta, y más fuerte.

[ . . . ]

Tenía todo planeado para esa noche de miércoles, así se lo manifestó a Nebiri los últimos días. Despertarse con el tigre encima no era novedad pero había días que le parecía cargoso por lo que lo empujaba para seguir durmiendo, por suerte para el birmano esa no fue la ocasión, Jessica sabía muy bien que él estaba excitado y contento por volver a pelear por lo que no lo empujó sino más bien aceptó sus caricias hasta cierto punto. No le estaba gustando que la toquen demasiado, se volvió más gruñona de lo normal y era porque ahora pesaba noventa y siete kilos debido a su embarazo. Era interesante para Holtzmann por otro lado, a veces se admiraba estando en ropa interior delante del espejo de cuerpo entero de la habitación, ver la manera en la que su cuerpo lucía casi como antes de saber que estaba embarazada y que esos kilos de más eran por su vientre era para admirar mucho a su parecer. Estaba segura que cuando nacieran, cuando le quitaran esos casi veinte kilos de más que tenía encima, volvería a su peso correcto. Por lo que debía conformarse de momento con aquella figura suya, esbelta, pero con un hinchado estómago. Muchas personas le confesaron que tenía un vientre hermoso, redondo y suave, ella no lo contradecía pero acotaba que los 'huéspedes' eran molestos porque la comenzaban a patear duro. A veces no soportaba el dolor por lo que se tumbaba de costado en la cama para aliviase, y mientras más dolor sintiera más posibilidad de tener fiebre significaba. Ha tenido fiebre hace dos días pero la bajó rápido con un paño húmedo y frío.

En fin, ese miércoles se levantó con mala cara, fue a aseare con mala cara y se sentó a desayunar con mala cara, incluso tenía ojeras, apenas le sirvió la comida tomó los cubiertos pero se le resbalaban, frustrada quiso agarrarlos mejor, la cuchara cayó en el plato de frutas —Ah…— su habla estaba entorpecida, tenía mucho sueño por lo que no contestó enseguida a todos los comentarios del birmano —… Anoche vomité dos veces, patearon una hora entera y dormí cinco horas…— y su rostro era prueba fehaciente de que tuvo una noche horrible. Parecía que mientras más se acercaba la fecha del parto menos posibilidad de dormir tenía. Y con razón. Comió la mitad del plato de frutas picadas y se concentró en el otro platillo comenzando por cortar el tocino y mojarlo con la yema de los huevos —Ahm… bueno… hablé con Diatlov… él va a esperarte casi en la entrada… de Red Ribbons…— se estaba quedando dormida, pero tenía hambre también por lo que resistió, hablar entrecortado en ese estado era entendible —Llévame al restaurante. Yo… am… hey, deja de gritar… diablos…— le estaba agarrando jaqueca por la falta de sueño, se oprimió la cien con sus dedos mientras hablaba —Ya hablamos sobre eso, salir con él no arruinará tu reputación de casanova.— refregó su rostro antes de comer —Es decir, ¿no se te va a caer el pene… por salir con un hombre?, ¿verdad?...— el desayuno era delicioso cuando lo probó, por lo que comió con más ganas apenas puso el primer bocado en su boca —Y no está enamorado… solo le gustas mucho. Es tu problema si llega a amarte, te sales solo de eso. A mí ni me mires…— finalizó esa advertencia bebiendo el dulce jugo de frutas. Lo que pasara por la mente de Alik con Nebiri era algo que Jessica no manejaba.

A la par que el híbrido se levantó de la mesa ella también lo hizo, fue a su cuarto para buscar pastillas contra el dolor de cabeza, y al volver a la cocina se encontró con que la conversación sobre Diatlov no terminó. Cansada ya de eso tomó la pastilla con el jugo, pero oír sobre Beowulf y Alik hizo que se detuviera para mirarlo fijamente con claro gesto de enojo, aún no se sentaba —Oh, claro. Entonces me buscaré a otro híbrido de tigre ya que un clavo saca a otro ¿cierto?— Alik no escogió a Beowulf sino a Nebiri, por lo que no aceptó esa idea proveniente de su esposo. La consideró ridícula y molesta. Sin más volvió a sentarse para volver a la cama y tratar de descansar antes de su salida de noche. Por suerte la conversación se desvió a un tema que le interesaba más a la castaña, le prestó la atención necesaria ya sintiéndose un poco mejor —Y yo ya empaqué el bolso que llevaré al hospital. Pero no quiero que lo toques…— advirtió señalándolo a la vez con el tenedor —No quiero que saques nada de lugar, yo ya tengo todo organizado y eres bruto por lo que no confío de tus garras. Mantente lejos de ese bolso.— no estaba de más sonar amenazante para dejárselo en claro —Puedes poner a secar tu carne cerca del establo… o puedes construir un cobertizo para colgar allí todo, creo que suena mejor, podría estar aledaño a la casa.— por supuesto que esa mujer siempre le daba trabajo, al tigre, de la nada salía con algo nuevo para mantenerlo ocupado, él nunca protestó por aquello así que no tenía pena de pedirle lo que fuera, además era carpintero innato, demonios ¿qué tanto podía protestar? —Esa carne ¿no atraerá a depredadores?, ¿nunca tuviste accidentes con eso?— osos, lobos, zorros, lo que fuera, no siempre se mantenían en el límite que el birmano les marcaba, a veces merodeaban osos por las zonas donde el birmano era el guardabosques y espantaban a la gente, nunca hubo accidentes mayores por lo que sabe ya que el tigre era muy atento y más que nada los fines de semana cuando el bosque se llenaba de campistas. Al terminar de comer fue Holtzmann quien lavó los platos, lo demás se lo dejó a su pareja ya que optó por acostarse para componer fuerzas. Se durmió enseguida. Estaba tranquila por varias razones, primero porque Nebiri estaba en la casa, segundo porque no debía contactarse con sus compañeros aquel día, y tercero, por Barkley.

Sí, volvió a ver a Barkley alegando que le debía un favor, por lo que al final el androide terminó aceptando. Él ahora le pertenecía a una mujer fundadora del segundo banco más importante del país, una anciana de setenta y tres años que se ha descuidado mucho. La presión, las exigencias y el estrés hicieron estragos en su aspecto físico: cada pliegue era angustia, cada arruga tensión, su rostro se mantenía duro aunque con rasgos de agobio. Y por obras del destino para Barkley, la anciana se llamaba Elizabeth. Las influencias del androide lograron conseguir dos camiones para transportar a sus robots de nuevo al laboratorio pues la mansión estaba lista, solo debía llevarlos allí para que comenzaran a arreglar el sitio para cuando Jessica volviera a ser activa. Con aquellos fuera el búnker se volvió mucho más grande. No fue una despedida conmovedora, Holtzmann los apreciaba pero tampoco exageraba, solo le dio un poco de pena Autolabour… este era un completo inútil sin su unidad hermana y Jessica prometió construir un nuevo robot que reemplazase al destruido Workbot.

Se habrá acostado cerca de la ocho de la mañana, aproximadamente descansó siete horas por lo que despertó a las tres de la tarde. El resto del día se ocupó de arreglar la casa del árbol, mudar algunas cosas sencillas y de paso ver cómo quedaba el cuarto de arriba, pensó pintar las paredes de un color crema para que tuviera más iluminación. A las seis de la tarde decidió darse una ducha en la tina que duró una hora, sí, aprovechó para dormir un poco allí dentro ya que el agua tibia y la espuma la relajaban de sobremanera. Sabía lo que iba a vestir considerando el elegante restaurante al que iría, un vestido que ella misma hizo, uno que le tapaba los pies y además no la hacía parecer tan 'gorda' respecto al tamaño de su tripa. Ésta pasaba un poco desapercibida tanto por el diseño del vestido como por la ancha tela oscura que adornaba su estómago hasta terminar en un enorme moño negro en la parte de atrás. Pero ¿por qué los guantes de seda?, pues si iba a tener la fortuna de conocer a un persona esa noche no quería tener tanto contacto físico con la misma, le daba repelús las personas lanzadas como seguramente habría en aquel sitio por lo que se aseguró de no tener tanto contacto piel con piel con esa clase de gente. Jessica no los quería tocar. Su cabello lo arregló con un estilo atractivo y esponjoso el cual resaltaba su mirada celeste, caía como cascada en sus hombros, y como era de esperar pintó sus labios para que fueran un poco más rojos que de costumbre. Cambió su bolso por uno más grande de la misma tonalidad pardo del anterior, y luego de guardar varias cosas allí caminó hasta la sala para encontrarse un con hombre disgustado por cómo pasaría la noche y con quién —No me llames amor.— esperó que él se diera la vuelta, en aquel preciso momento le otorgó una sonora cachetada —Hoy solo soy tu dueña y nada más. Y no quiero que digas ninguna idiotez ¿comprendes?— sin compasión volvió a abofetearlo, pero con menos fuerza —Vámonos.— eso lo pondrá más furioso y en parte lo hacía apropósito para que el tigre rindiera mejor ante sus oponentes. Ya le tocó los huevos al animal y ni siquiera su noche comenzó.

Lo esperó dentro del vehículo sentada en el lado del acompañante, por supuesto que se colocó el cinturón de seguridad y le ordenó al birmano que lo hiciera ya que a veces se olvidaba de hacerlo.

En el camino no hubo mucha charla, seguramente porque ambos por igual estaban nerviosos ya que Jessica no estaba contenta tampoco con eso de conocer gente, ella odiaba eso, siempre lo hizo… no se le daba para nada bien, y de hecho le mintió a Nebiri al decirle que consiguió a una persona con la que saldría: no era verdad, nunca lo fue ni tampoco se esmeró en salir a buscar, y para no hacer rabiar al birmano debido a que él solo debía soportar a su cita, Holtzmann fingió tener una cita también. Una pequeña mentira blanca. El tráfico estaba horrendo para ser un maldito miércoles, de apoco la castaña confiaba en las habilidades de su esposo así que lentamente aflojaba el agarre del asiento ya que se aferraba a éste como si fuese a salvarle la vida si Nebiri chocaba —Escucha, voy a verte. Pero no asistiré al evento. Le pedí a Diatlov que grabara la pelea y yo podré verla en directo mediante mi televisor portátil.— uno que tenía guardado en su bolso, no pesaba casi nada, era plano y grande como una tableta común —Le dije que aposté por ti, por eso quería ver cómo te iba. Recuerda esa historia.— más adelante la autopista se despejaba, quizás llegarían unos minutos tarde —Muchas personas han apostado por ti, por el regreso del campeón ¿sabes?— claro que sí, el tigre estuvo lejos de aquel mundo por mucho tiempo y oír que volvería emocionó a muchos que usualmente solían llenarse los bolsillos cuando apostaban por él —Sería una decepción que pierdas. Ya te lo dije, quieren saber si aún tienes huevos, y ahora que sabrán que tú eres mi esclavo no deseo que me pongas en vergüenza.— nadie quería eso, mucho menos una orgullosa mujer como Holtzmann. Se cruzó de brazos al decir eso y miró el paisaje por la ventanilla de su asiento —Svetlana les comentó a un par de colegas que yo estaba casada pero nadie le creyó… en ocasiones he escuchado a mis conocidos decir que soy una mujer fría o emocionalmente indispuesta. La gente suele dramatizar en exceso sus problemas y su vida, eso me saca de quicio. Y claro, al pasar demasiado tiempo sin decir una sola palabra, la gente que me rodea piensa que estoy enojada, aunque no sea así.— ha sido una incomprendida por muchos años, y claro que sigue siéndolo —Tú eres la única persona que me ama a pesar de todo…— terminó encogiéndose de hombros al final mientras jugaba con los dedos de sus manos, enredándolos nerviosamente y mirando su regazo.

Saber que eso era verdad eran tan deprimente que haría llorar a cualquiera, pero no a Holtzmann.
Al menos con Nebiri consideraba tener suficiente para sobrevivir los años que les restaba de vida.

Primero llegaron al restaurante, Jessica se bajó sin despedirse, pero antes de cerrar la puerta se agachó un poco para mirar seriamente al birmano —Diatlov es huérfano. Perdió a sus padres en un incendio. Dese ese día ha ido a siete orfanatos, a veintiséis escuelas diferentes y adoptado por veintitrés familias, debido a su hiperactiva personalidad fue abandonado muchas veces. ElectriX lo reclutó de las calles cuando cumplió dieciocho, sus promedios eran excelentes pese a tener aquel trastorno, TDAH. No puede quedarse quieto.— y con eso quería llegar a una cosa que no sabía cómo expresarlo, suspiró hondamente, con eso se le aclaró más la mente —Apenas tiene veintitrés años, Nebiri. No le rompas el corazón como todo el mundo ha hecho con él.— y luego de unos segundos en silencio cerró la puerta. Dejó en claro que no quería que lastimara a su colega porque en el fondo sentía lástima por él, era sencillo para Jessica identificarse con Alik. Con muchos de sus compañeros de hecho, pues nadie en la empresa tenía una vida decente ni tampoco tuvieron un pasado bueno, ElectriX se convirtió en un depósito de genios con almas destrozadas. No miró atrás, solo siguió su camino hasta entrar y hacerse espacio entre la multitud, el sitio parecía lleno pero no la barra por lo que decidió sentarse en un taburete. Pediría algún postre para pasar el rato, sabía que la pelea comenzaría pronto, en parte estaba ansiosa por ver cómo Nebiri se movería de nuevo dentro de un cuadrilátero. La presencia de Jessica pasaba desapercibida, menos para un sujeto que la observaba desde que la vio atravesar por las puertas de vidrio. Era irremediablemente hermosa, eso pensaba.



Alik se encontraba en donde le indicó Holtzmann, casi en la entrada de Red Ribbons. Llegó con su patineta deslizadora vistiendo unos jeans rasgados en la parte de las rodillas, zapatos deportivos blancos, una mochila y una sudadera oscura con capucha en la que estaba la ilustración de Mario Bros. Estaba demás decir que se encontraba muy emocionado, miraba hacia todas partes buscando al birmano pero pronto aprendió a esperarlo sentado sobre su patineta mientras bebía una gaseosa.
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Mar Oct 03, 2017 3:06 am



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JESSICA HOLTZMANN
TIME TO FIGHT, TIGER!
Su esposa estaba preciosa con ese vestido, tenía que admitirlo. Así se colocara dos trapos encima seguiría viéndose jodidamente bien. Que tuviera su gesto de enfado en ese momento no quería decir que no pensara en lo hermosa que se veía Jessica. Sabía que tras su cuerpo esculpido y su hermoso vientre ocupado había una mujer adolorida. Las fiebres aunque breves eran constantes y el tigre estaba atento a ella tanto como le era posible sin hostigarla demasiado. Ese día al menos pudo descansar lo que en la noche no. Los cachorros se movían más por la noche y eso claramente era culpa de su padre por ser un animal nocturno. Haberse vuelto diurno fue un cambio complicado para el birmano, pero el instinto estaba bien marcado en sus genética y esos pequeños dentro de Jessica eran parte tigre, eso explicaría porqué torturaban tanto a su madre precisamente por las noches y en las mañanas estaban relativamente quietos. Jugaba con las llaves al momento que Jessica le dio un bofetón, seguido de otro, para recordarle que no le llamara de amorosa manera a partir de ese momento. El juego de ama y esclavo oficialmente había comenzado. Gruñó de manera audible luego de la segunda bofetada y el tigre estaba consciente de que esos maltratos eran a propósito. Podía tener meses sin pelear, pero eso no quería decir que olvidara que era el modo en que Jessica le daba "ánimos" para su pelea. El tigre debía entrar furioso al ring y salir vencedor, así que no tomó a mal que ella lo abofeteara y lo dejara con las mejillas calientes por el golpe. No le dolió del todo, al menos no más que cuando le dio con el extractor de leche. Jessica estaba algo violenta pero realmente no la culpaba, no podía no dormir bien noches enteras gracias a esos pequeños bribones que tenían prisa por salir al mundo y lo daban a saber de vigorosa manera.

Yo no digo idioteces, mujer —gruñó el tigre mientras salía tras ella para abordar el automóvil... La verdad sí decía idioteces pero el punto era responder algo para hacerle saber a su "ama" que el trato funcionó, que le tocó los huevos como era debido y que el birmano ahora estaba enojado. Su cuerpo estaba a punto y podía sentir la adrenalina por la emoción correr por sus venas. Se dedicó a manejar solamente, iban en relativo silencio, Nebiri atento al camino. No fue como la primera vez que se subió con él y le gritó de todo sintiendo que iba demasiado rápido. Lo bueno que ella no fue el sujeto de pruebas cuando apenas estaba aprendiendo a conducir, ese "honor" le tocó a Anthony, que también le gritó mucho al birmano por ser un bruto al volante. Sus otros profesores de conducir también fueron sacados de quicio y era una suerte que Jessica pudiera disfrutar de un tranquilo Nebiri al volante. Había tráfico, pero se mantenía concentrado y logró pasar por las congestionadas calles para llegar primero al restaurante que Jessica le indicó. Ella vería la pelea desde sus aparatos y eso lo puso contento y aun más animado, por supuesto que no podía perder cuando su esposa y ama lo estaba mirando aunque fuera a distancia, ahora tenía muchas más razones para romper caras, sobretodo para callarle la boca a su cruel esposa y llevarle a casa no solo ganancias sino la victoria de la noche. No pensaba volver a perder, no, señor. Las palabras de Jessica sobre sí misma era duras, pero nadie podía culparla de ser así cuando su madre se fue demasiado pronto y su padre no fue el mejor ejemplo a seguir, lo poco que el hombre le heredó fueron cosas malas—. Podría decir lo mismo de ti, Jessica —dijo el birmano con una media sonrisa.

Primero llegaron al restaurante y ella bajó sin más, era la ama en ese momento y la ama no le debía explicaciones a su conductor, ¿verdad? Aunque ella sí le dijo muchas cosas que le dejaron pensando acerca del mono. Tuvo una vida dura y para cuando Jessica le advirtió sobre no hacerlo sentir mal, fue él mismo quien se sintió como idiota por detestarlo sin siquiera conocerlo bien. ¿Acaso la gente de ElectriX buscaba a los más solitarios y heridos para llenar sus laboratorios? Bueno, sí, cuando morían, como pasó con Sveta, no importaba para sus familias, habían dejado de existir para éstas o simplemente no las tenían. Aun recordaba cómo fue que su esposa gritó a la familia de Sveta por ser tan fría respecto a su fallecimiento. Nebiri no tenía intenciones de que su esposa quedara en el olvido, Sveta, por suerte, tuvo alguien que llorara en su tumba y le pusiera flores, y le dejara descansar en un sitio hermoso al lado de alguien que podía ser un buen amigo en el más allá. Y estaba Alik Diatlov, que era simplemente un muchacho con mucha energía. Se sintió como idiota en serio, solo tenía que pasarla bien con él, podía insultarlo si quería, pero no lastimarlo. Diablos, podían simplemente ser amigos, no lo había pensado por sus estúpidos prejuicios. Por suerte, tenía a Jessica para acomodarle las ideas aunque fuera de la más cruda manera. Uno estaba para el otro y viceversa y por eso amaba a esa condenada mujer. Sonrió al verla entrar al restaurante y arrancó el vehículo apenas ella se perdió de vista. El Red Ribbon se encontraba a unos quince minutos de ahí, casi treinta con tráfico pero estaba la calle libre en ese momento.

El paisaje a su alrededor poco a poco cambio, y si bien no era lo horrendo del Mercado Negro o los Barrios Bajos, se notaba ligeramente el cambio de ambiente. Aun así era más seguro que estar en las horrendas zonas del mercado negro. Gracias a conocidos sabía dónde dejar su auto sin peligro a que se dañara, tenía que pagar para que lo resguardaran, pero prefería eso a que alguien se lo robara y lo maltratara. Caminó el resto del camino hasta llegar al bar, cuyo letrero de neón podía verse aun de lejos. Había una fila de gente queriendo entrar, al ser noche de pelea la entrada estaba algo restringida y muchos querían entrar. Mandó un mensaje a Tony, quien ya se encontraba dentro y le indicó también por mensaje que entrara por la parte trasera al igual que la última vez que estuvo ahí. Pero antes de ir tenía que encontrarse con Alik. Lo vio ahí vistiendo ropa llamativa, bebiendo algo y con una patineta. Al verlo levantó un brazo y se acercó a él con su gesto rudo, como era de esperarse, pero no se comportaría como idiota ésta vez, simplemente se comportaría como siempre, como siempre hacía con nuevos conocidos.

Hey —saludó a su modo y con un gesto no muy amplio, pero su sonrisa era fiera en cierto modo y lo animó a levantarse para que lo siquiera—. Ven, entraremos por acá, no hay que hacer la fila como los demás —dijo con confianza y claro que el muchacho reaccionó de la manera en que ya se esperaba. Escandaloso pero se notaba emocionado, tan sonriente que su blanca dentadura parecía alumbrar la apenas iluminada calle. Optó por dejarlo ser, aunque no por ello dejaría de gruñir si el muchacho le jalaba mucho la cola... Como solía pasar con sus otras amistades masculinas, claro. No tenía porqué ser distinto—. Iremos con mi representante, ah, el socio de mi ama quien es el que me consigue las peleas. Se llama Tony —dijo mientras caminaba un poco por delante para que el rubio le siguiera. Estaba bastante emocionado y apenas si le daba tiempo para hablar. Jessica tenía razón, no se estaba quieto, tenía demasiada energía—. Ven, por aquí —le dieron la vuelta al establecimiento hasta la entrada que era exclusiva para el personal del bar. El guardia de la entrada reconoció rápido al tigre, de hecho muchos en la fila que esperaba fuera del bar también lo reconoció, pero Nebiri no lo percató a decir verdad. Como era de esperarse, sitios demasiado poblados y ruidosos lo ponían tenso, pero al menos tenía alguien en quién concentrarse. Alik resultó ser una buena distracción, con su propio ruido opacó el de los demás y le fue sencillo al birmano ignorar al ruidoso público. El guardia estuvo a punto de negarle el paso al rubio, pero Nebiri se adelantó—. Es un amigo, viene conmigo, ¿escuchaste? —gruñó el tigre al inmenso hombre y éste les cedió el paso.

Tony se encontraba al final del pasillo fumando un cigarrillo mientras hacía algunas llamadas. Chiara no estaba, seguramente haciendo algunas otras cosas en otro lado. No siempre estaban pegados el uno al otro, ella también tenía cosas por hacer y, si llegaba a asistir de nuevo a otra pelea, quizá sería cuando Jessica tuviera la oportunidad de ir también. Era divertido salir con ella. A mencionar que el gesto de Anthony al saber que Chiara perdió su antiquísimo reloj en juego de cartas fue imperdible... Pero no se enfadó, ya había perdido su dignidad ante Jessica Holtzmann de muchas maneras y más de una vez, que ahora tuviera su reloj era lo de menos. El francés lo vio llegar y estaba al tanto de que iba a venir acompañado por un colega de Holtzmann, así que recibió al muchacho con un saludo más formal y un buen apretón de manos.

Soy Anthony Blair, mucho gusto —se presentó el sonriente y elegante demonio, y apenas el muchacho se presentó, se las arregló para retomar el control de la conversación con un tono firme y una sonrisa agradable—. Soy socio de negocios de Jessica Holtzmann, y seguro que ya te dijeron que soy el encargado de poner al tigre a pelear —el francés era listo y prudente, así que él era más natural en el asunto de la ama, el esclavo y los socios... Y era más sencillo que fingir en el hospital que era el insensible y horrendo esposo de la pobre castaña, jefe de una disfuncional familia—. Estamos a tiempo, tú ya sabes lo que debes hacer tigre.

Lo sé, maldición —gruñó el birmano, ya estaba enojado y eso era bueno.

Vamos, por aquí —rió el francés y se acabó su cigarrillo de una última calada. Tiró la colilla en un bote a su lado y guió al par fuera de esa zona solo para empleados y salían a lo que era propiamente el bar. Las luces, la gente, los aromas y la movida música sonaban desde antes de salir, así que Tony tuvo que hablar un poco más fuerte, pero dirigiéndose exclusivamente al invitado de esa noche como el buen anfitrión que podía ser. Miró al rubio—. Puedes pedir lo que quieras, tienen comida frita y muy salada, cervezas y también algunas bebidas más suaves si no bebes. Pide lo que quieras, ya está pagado por anticipado, solo muéstrales esto —le puso una pulsera de "invitado especial" alrededor de la muñeca derecha—. La pelea comenzará en minutos, prepárate, tigre —la pista de baila estaba despejada y acordonada como si fuese un ring, con postes cuerdas elásticas y todo el número, claro solo alrededor, el piso era un duro y resistente revestimiento cerámico, perfecto para que decenas de personas bailaran encima sin que se desgastara. Cada peleador ocuparía una esquina, ya tenían sus respectivos banquillos, además de agua para beber o lavarse si lo requerían, y una toalla no muy grande. Todo estaba por detrás de los postes, el cuadrilátero estaba totalmente libre y listo para recibir a los peleadores—. Tú puedes quedarte aquí, justo en primera fila —dijo el demonio al otro híbrido—, si quieres algo de beber o de comer solo levanta la mano, pide sin pena —le animó el francés, aunque el chico estaba más que animado y no se quedaba quieto. A Tony no le causó mayor problema su incansable y ruidosa personalidad, de hecho, le agradó bastante—. Yo estaré arriba con unos socios, pero si me necesitan para algo, estaré por aquella zona —dijo, señalando el piso superior que funcionaba como la zona VIP. Sin más, dejó al par a solas—. ¡Rómpeles la cara, tigre!

¡Eso haré, no tienes qué decírmelo! —bufó el tigre como era su buena costumbre, miró a Alik, que estaba bastante emocionado, y lo siguiente sin duda lo emocionaría más. Se quitó la piel de encima y la parte superior de su túnica, quedando solamente en sus pantalones y botas. Su tostada piel tomaba una llamativa coloración por la iluminación del sitio, sus músculos se mostraban duros y a vista se notaban suaves al tacto. Jessica podía constatar esto último. Dobló bien sus prendas y entre éstas dejó guardado su móvil—. Necesito que cuides esto —le dijo al rubio con su fiero gesto, comenzó a hacer unos movimientos de calentamiento. Ni siquiera miró a sus otros oponentes en las esquinas restantes, de momento le ponía atención al chico. Le encargó su calabaza también, pero no tenía licor, si no una especie de malteada que se preparó con leche de cabra y que le daría suficiente energía en caso de necesitarlo. No volvería a faltar a su promesa de no beber sino hasta que Jessica pudiera hacerlo—. Voy a partirles la cara a esos malnacidos, ya verás —dijo con su mismo gesto fiero y una sonrisa donde mostraba sus colmillos ya. Su cola, prejas y garras hicieron acto de aparición por igual. Sin que lo esperara, un pequeño séquito de fanáticos comenzaron a animarlo y a vitorear al tigre. El birmano simplemente les saludó con cierta discreción, aunque eso bastó para que hicieran bastante escándalo. Estaba llamando la atención demasiado, incluso de los oponentes, a quienes al fin miró. Olfateó un poco y gruñó. Miró al mono y le habló señalando a la esquina que les quedaba de frente—. Ese maldito es un puto wendigo, reconozco su aroma —refunfuñó. Uno de esos le hizo saborear una dolorosa derrota, la primera de hecho hacía ya bastante tiempo. No era el mismo sujeto, claro, pero era su oportunidad de saldar esa derrota. Señaló luego a su izquierda—. El de ahí, ¿puedes olerlo? Es un tritón, huelen como si estuvieras en un mercado de pescado —bufó—, pero los malditos muerden duro —luego miró a su derecha—. Y ese de ahí apesta a ghoul —gruñó por lo bajo—. Esto se va a poner muy sangriento —enseguida le sonrió con toda la maldita confianza del mundo—. Pero voy a ganarles a todos, ya verás, mono —era de esperarse, a sus amigos les llamaba por apodos y no por nombres.

La música bajó de volumen y un sujeto bien vestido entró al centro del improvisado cuadrilátero. Saludó a todos, provocando aplausos y gritos, y anunció el evento de la noche. Una pelea entre los mejores peleadores callejeros de New London, el favorito y quien actualmente ostentaba el título de campeón era el wendigo, que de momento estaba en su forma humana. Los retadores, los otros dos peleadores que se habían hecho de buen renombre durante las últimas semanas, y se anunció el regreso desde las sombras del Tigre, quien anteriormente fuera reconocido como el campeón. Aquellas palabras, los gritos e incluso los insultos y las provocaciones provocaron que la mecha del tigre se encendiera.

Su pecho se sentía arder, sus brazos vibrar con inusitada fuerza por culpa de la adrenalina... Aquella sensación le había hecho tanta falta y apenas era consciente de ello. Se anunció la primera pelea, Nebiri el Tigre contra Raynard el Tritón. El tigre se levantó de su sitio y miró a Alik.

Graba bien todo, mono, voy a darle una lección a ese idiota —gruñó el tigre, y al saber que el rubio ya estaba grabando y que Jessica observaba desde su pantalla, miró a la cámara y chocó sus puños con fuerza. Le regaló una fiera sonrisa a la cámara, una fiera sonrisa a su mujer. El tritón entró primero, era un tipo que pasaba de los dos metros, un cuerpo delgado pero musculado, ligero y con sus garras y afilados dientes ya de fuera. El público, en su mayoría chicas, lanzaron un grito de emoción cuando el tritón hizo una caravana hacia ellas. Sabía ganarse el público. Nebiri le dio una palmada en la espalda al rubio antes de saltar al escenario y, sin más, soltar un rugido tan fuerte que más de uno se tapó las orejas. Esa era su presentación, y sus fieles seguidores y algunos nuevos que no le conocían, gritaron de emoción al escucharlo.

Su pelea estaba por comenzar y Nebiri estaba preparado para demostrar que seguía siendo un maldito campeón.



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Oct 03, 2017 4:22 pm

Era increíble como lograba aburrirse en menos de tres minutos, Alik ya había bebido toda la gaseosa para jugar con la bombilla mientras esperaba la presencia del birmano. Y claro, apenas lo vio se levantó de un salto para abrazarlo con fuerza —¡De acuerdo! ¡de acuerdo!— exclamó con ansias al observar el sitio que le señaló el tigre. Pisó su deslizadora para tomarla y transportarla bajo su brazo mientras caminaba al lado del campeón —Será genial, pocas veces he presenciado peleas tan importantes como ésta, ¿tú estuviste cuando pelearon 'Big S' y 'Dan Exterminador'? fue hace dos años, Dan le partió el cuello a Big S y desde entonces anda en silla de ruedas. — el shinigami le arruinó la vida a ese extraterrestre al dejarlo parapléjico —Oh, claro, ¡eso no va a pasarte a ti!... espero.— incomodado ante esa idea miró hacia un costado. Le costaba callarse, decía comentarios tontos pero de cierta manera Diatlov siempre era entretenido, al menos para Holtzmann. El híbrido de mono escuchaba atentamente las palabras del tigre y por supuesto que hacía caso a todo, lo seguía como si fuese su sombra y meneaba dulcemente su larga cola que delataba a qué raza pertenecía. Estaba concentrada más que nada en los ojos ajenos, de noche lucía tan luminosos como aquellos carteles de casinos, aquel azul zafiro captó por completo la atención del menor hasta que se chocó por no ver al frente con uno de los hombres de seguridad. Por un momento intercambiaron miradas, se sintió intimidado por supuesto y bajó su cola, pero agradeció que Nebiri se metiera en el medio antes de que sucediese una situación bastante fea. Y al entrar, como siempre, el muy curioso miraba todo lo que adornaba su alrededor: las baldosas, el techo, cada cuadro o mueble, adornos, olores y colores.

Pero la voz del francés lo sacó de sus pensamientos, no lo pensó dos veces para estrecharle la mano y sacudirla con una energía similar a la de un niño que comió un tazón de solo azúcar —Sé quién eres. Sé qué eres y lo que haces. Holtzmann me dijo acerca de ti, sobre todo el detalle de que eres insoportable cuando Nebiri se sube a un ring y todos cerca de ti fingen tolerarte para que no te sientas mal.— hablaba muy rápido pero se hacía entender, y al darse cuenta de lo que dijo se encogió un poco de hombros y retiró su mano —… Es lo que ella dijo.— se excusó echándole la culpa a la científica, pero era verdad que ella le comentó eso —No le digas lo que te dije… es mi jefa.— y por eso la respetaba a pesar de ser un boca floja. En ese simple momento se notó el poder que tenía Jessica sobre todo en aquel híbrido, cierto ápice de miedo, pero en comparación a cómo los trataba Zhukovski ella era una prima para el primate. La apreciaba como si fuese un familiar... muy lejano.

Con eso aclarado comenzó a seguir a Anthony con cuidado, le gente lo empujaba y ya habría gritos de gente que se puso ebria antes de tiempo —¿¡Enserio está todo pagado!? ¡BIEN! pediré hamburguesas con patatas fritas, pizza de pepperoni y alas de pollo frito. ¿Tendrán helado de banana por aquí? ¡¡estoy taaan emocionado!!— no pudo evitar dar un grito provocando que algunas personas voltearan a mirarlo con rareza, otras simplemente sonrieron y le dieron una palmada en el hombro. Alik era un buen chico. Se arremangó y estiró su brazo para que le pusiera la pulsera, de la cual admiró cada detalle mientras caminaba a la primera fila. Asintió a las palabras del demonio con emoción, y ante ese grito de ánimo para el birmano no lo pudo resistir —¡¡Rómpeles el maldito cráneo Nebiri!!— gritó una vez más con una exaltación admirable. Estaba muy feliz de verdad. Enseguida se quitó la mochila para sacar una cámara del tamaño de una pelota de ping pong la cual se movía por sí sola en el aire y captaba vídeo, imágenes y sonido a través de un círculo amarillo que enfocaba todo. Ésta ya estaba programada para solo filmar lo que sucedía en el cuadrilátero. Apenas la soltó enseguida se activó, pero la vista el híbrido se fue al cuerpo ajeno que comenzaba a desvestirse.

Carajo, no podía evitar que el pulso se le acelerara ¡él lo había visto casi desnudo!, aunque teniendo sexo con Holtzmann, aun así eso no le quitaba ningún punto de interés. Admiraba con lascivia cada detalle del cuerpo del birmano hasta que tuvo que disimular un poco cuando le pasó sus prendas para que las cuidara, claro que las guardó en su mochila y ésta la dejó en su asiento. Allí estaba el tigre, feroz y atractivo, pero no estaba solo… Diatlov pasó a mirar a los oponentes y, de repente, se le erizó cada bello de su cuerpo al reconocer al ghoul. Los otros oponentes no los reconocía pero sí supo qué eran al igual que el tigre, como mitad animal también podía guiarse por los aromas, pero le seguía preocupando aquel ghoul el cual señaló con cierto temblequeo en su mano —Ah… ¿pelearás con él?— el señalado lucía tranquilo, pero esa fachada era su engaño —Sé que estuviste mucho tiempo lejos del ámbito de las luchas, Holtzmann me lo comentó, por eso creo que no sabes que ese mató ya a cinco luchadores…— y a uno de ellos lo decapitó por accidente, eso declaró supuestamente… —Agramon es un monstruo con todas las letras. Creo que le tendrías que haber dicho a tu ama que querías suicidarte.— y no exageraba, los demás en las esquinas del cuadrilátero miraban a ese ghoul con temor que se esforzaban en ocultar. Hasta su nombre daba miedo. Pero el tigre estaba muy seguro de sí, eso puso un poco inquieto al menor, por lo que pegó un respingo cuando las luces se apagaron de repente y la música bajó de volumen. La oleada de gritos comezó.

Jessica ya había activado su aparato, lo dejó parado mediante un soporte para ver todo tal como si estuviese sentada en su casa delante del televisor. Su postre de chocolate bañado en dulce y adornando con nueces y cerezas llegó bastante rápido, también esa malteada de fresas servida en una fina copa alargada con una pajilla de colores. La transmisión se inició ya cuando las luces de allí se apagaron, el presentador anunció los nombres de los peleadores e hizo un apartado especial para darle la bienvenida al tigre que pisaba de nuevo el ámbito. Los gritos eran ensordecedores, Holtzmann tuvo que bajar el volumen. Una vez terminada la presentación todo se acomodó para el primer round, no le sorprendió que quisieran probar al birmano luego de tanto tiempo en las sombras, así que solo suspiró al verlo chocar los puños y sabía que era para ella así que besó su mano y la sopló hacia la pantalla, dedicándole un beso al aire. La pelea estaba a punto de comenzar, ella tenía la boca llena de chocolate cuando sintió que alguien se sentó a su lado, tragó todo enseguida por lo repentino de eso y giró —¿Qué?— un hombre alto, mediría cerca de dos metros, con saco y pantalones blancos y corbata, zapatos elegantes y reloj de oro, sin duda alguna era un hombre muy acaudalado y de distinción lujosa —Hace tres noches perdí una pequeña apuesta en ese lugar. Confié mucho en un elemental que me dio buena espina, pero fue el último en perder. Creo que mis sentidos no son del todo fallidos.— entonces corrió un mechón de su larga cabellera blanca detrás de su oreja mientras le sonreía a Holtzmann. La inventora por su parte estaba concentrada en aquellas orejas animales, y a la vez en esas marcas que cubrían parte de su frente, cerca de sus ojos y las manos también —… ¿Cheetah?— preguntó con la ceja enarcada, a lo que el hombre asintió sin dejar de sonreír —Ustedes son los únicos sobrevivientes del género Acinonyx. No es raro que tu instinto esté un poco atrofiado entonces.— dejó de prestarle atención para enfocarse en la pantalla mientras bebía la malteada, pero el sujeto arrimó más el asiento hacia ella —Mi instinto es perfecto, señorita. Tan así que puedo apostarle que usted está esperando que gane aquel híbrido de tigre.— sin más marcó, sin tocar la pantalla, a Nebiri, cosa que sorprendió a Holtzmann —¿Cómo supo eso?— ¿cómo diablos pudo deducirlo? —Pues, no quiero parecer un acosador. Pero la he estado viendo desde que entró a este sitio, y cuando me acerqué a usted vi que le dedicó un sutil beso cuando la pantalla se enfocó en ese hombre.— … la castaña abrió más los ojos, no sabe si estaba apenada o enfadada, pero el hombre volvió a reír dulcemente y negó suave con la cabeza —No se preocupe, yo también tengo rituales para apostar. Siempre choco los puños con los luchadores que escogí tres minutos antes de las peleas. Comparto con ellos una buena copa de vino también, el más caro del lugar, así es como yo llamo a la suerte. Usted, por otro lado, su ritual es más femenino. Es atractivo.— claro que la inventora lo miraba con cierto desconfío, pero la charla era afable, por lo que siguió ese intento de ligue sin oponer resistencia —Tengo que apoyarlo porque es mi esclavo, y su vuelta al mundo de las peleas clandestinas lo mantiene contento y a mí tranquila. Al menos dejará de molestar tanto en la casa…— en todos los sentidos, claro, al fin derramará toda esa energía que tenía encapsulada —Yo sé que podrá ganar, pero le tengo desconfianza a ese wendigo de ahí. Él… no tiene buenas experiencias con esa raza.— por supuesto que recordaba aquella derrota de su esposo a manos de un wendigo, había llegado muy lastimado y apenas manteniéndose en pie. Ella tuvo que curarlo toda la noche y hacerse cargo de sus heridas tanto físicas como emocionales, pues había sido la primera derrota luego de mucho, mucho tiempo. Todo el orgullo de su marido quedó roto y minimizado.

En todo ese tiempo el sujeto miraba la pelea en la pantalla, claro que la castaña no se interpuso para no compartir esas imágenes —No sé si ganará o no, pero le deseo suerte. Hay que tenerlos bien puestos para luchar contra esos oponentes denominados casi campeones del bajo mundo.— y fuera de ese tema, se acomodó mejor los lentes para volver su atención en la hermosa castaña —¿Puedo saber su nombre?— preguntó con cierto tono coqueto, a lo que Jessica respondió quizás no como lo esperaba —Holtzmann.— sí, para relaciones rápidas siempre se presentaba por su apellido. Como siempre, casi nadie la llamaba Jessica. Entonces se sintió con el derecho de rematar —¿Y el suyo es…?— y el hombre respondió con orgullo, sentándose mejor en el asiento —Martin.— por supuesto que contestó de la misma manera, solo dando su apellido. Pero pronto se echó a reír para estirar su mano buscando que la dama la estrechara —Franklin Gavin Martin. Soy un pasante por aquí, provengo de Canadá.— con un gesto pidió a la joven de la barra otra copa de lo que estaba bebiendo antes —Soy médico forense, y me contrataron de la corona para discutir los análisis que salieron a la luz luego de realizarle la autopsia a la fallecida reina.— se tomó un largo trago para hacer una pausa, y Holtzmann en verdad estaba impresionado. Debía ser muy importante como para que esa gente lo llamara, además de tener un talento excepcional. Es decir, su madre era médica también. Pero no le estrechó la mano, solo se lo quedó viendo mientras pensaba —Tú… ¿puedes volver a tu país?— sabía cuál era la respuesta, pero quería comprobarlo. Martin se dio cuenta de ello y asintió levemente, estaba al tanto de que los habitantes de New London no podían salir, pero en cambio él tenía privilegio y se iría en dos meses ya que prefirió tomare unas pequeñas vacaciones allí antes de irse. Todo eso le comentó a la inventora y le causó un poco de envidia, pero ¿qué podía hacer? eran cosas del destino —Me alegro por ti.— soltó sin ánimos realmente, pues algo debía decir y no se le ocurrió otra cosa. Solo lo dijo para no quedar como tonta. Pero entonces el hombre se la quedó mirando con una boba sonrisa —Eres hermosa.— y el pecho de la castaña se comprimió.

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Oct 04, 2017 1:02 am



PASADAS LAS 8PM
BAR "RED RIBBON"
JESSICA HOLTZMANN
SHOW THEM THAT YOU'RE BACK, TIGER!
La pelea comenzó de manera veloz, el tritón de rojiza cabellera y ajustados pantalones de mezclilla se movía con ligereza como era de esperarse dada su raza, era jodidamente fuerte y ágil y no había perdido la oportunidad de comenzar a medir las habilidades del tigre. Ese sujeto no era un bruto de callejón cualquiera, no, señor, por algo estaba ahí, porque no se lanzaba a lo bestia a lanzar golpes y mucho menos sin dar oportunidad a que su oponente lo tomase por sorpresa. Era un sujeto relativamente nuevo en los círculos de pelea callejera, así que del Tigre que tenía enfrente solo había escuchado anécdotas tanto de la gente que lo representaba como de algunos conocidos. Y ahora que lo tenía enfrente, a aquel hombre que de alguna manera se transformó en leyenda loca, vio que no distaba mucho de lo que decían las lenguas. No muy alto, fornido, limpio, a primera vista parecía un campesino de montaña, pero todos los que han caído derrotados bajo sus garras cometieron el error de no ver más allá de su fachada. Raynard no pensaba cometer el mismo error, plantó bien sus pies en el suelo, sus zapatillas deportivas eran perfectas para moverse en ese tipo de piso. Estaba confiado y los primeros golpes de garras no tardaron en darse. Por su lado, Nebiri se mantenía con el ceño fruncido, como era su buena costumbre, no sacaba todo al principio, también medía a su oponente y por cómo se movía y la ligereza de sus movimientos sabía que estaba frente a un tipo serio y peligroso... Pero acababa de pelear contra un maldito incubo milenario... ¡Ese pescado con patas no se comparaba en horror a Ivan Zhukovski! Sí, el haber experimentado algo demasiado intenso por culpa de ese demonio hizo un gran cambio en el tigre, se le recalcó que cualquiera podía ser más fuerte que él y dejarlo en el suelo sin que pudiera meter ni las manos... Pero también le dio a saber que era capaz de ponerse de pie una vez más para seguir peleando.

Una lección que simplemente no iba a desperdiciar. Podría haber estado lejos de las calles por meses, pero eso no quería decir que estuviera oxidado, para nada, y tampoco le faltaban los huevos para demostrar quién era el campeón... Nebiri era un maldito campeón desde siempre. Fue el depredador supremo de su selva, el campeón guardián que protegía a todos en su territorio de los horribles soldados y maleantes. Fue un campeón en las calles más por necesidad que por ganas, pero eso no le restaba méritos a sus aplastantes victorias y contadas derrotas... Fue el campeón de su esposa y lo sigue siendo, y planeaba seguir siéndolo por mucho, mucho tiempo. Sí, era tiempo de que el campeón regresara. Nebiri luego agradecería a su esposa por mandarlo de nuevo a pelear, había olvidado lo que era y ahora que estaba ahí de nuevo sentía que podía lograr todo. Tenía demasiada energía acumulada, sobretodo por frustración sexual acumulada durante ya varias semanas. Oh, sí, ese pobre tritón sería el primero en recibir parte de esas energías que tenían al birmano a punto de explotar.

Aunque comenzaron midiendo fuerzas solamente, eso no le restaba emoción a los golpes que intercambiaron al principio. Los otros dos peleadores miraban al par, quizá adivinando quién sería el ganador de la contienda. Tanto el Ghoul como el Wendigo daban por hecho que ganarían la siguiente pelea y llegarían a la final contra el ganador del encuentro que estaban viendo justo ahora.

Nebiri finalmente se sintió satisfecho con lo que midió de su oponente y se puso serio, señal de ello fue que comenzó a gruñir desde el fondo de su pecho y algunos gruñidos comenzaron a ir a la par de sus siguientes golpes. Lo siguiente que pasó, fue que el birmano se lanzó de frente contra el tritón con una larga zancada y golpe listo con su zarpa izquierda. Soltó el golpe y el tritón lo detuvo a casi nada de recibirlo, luego siguió otro golpe, mismo que detuvo por igual y cuando pensó que el tigre retrocedería para hacerse espacio y alejarse de los afilados dientes, el castaño le dio un potente cabezazo desde abajo en la quijada, claramente abusando de la diferencia de estaturas entre ambos. El golpe fue suficiente para atontar al tritón y lo siguiente fueron una serie de tres puñetazos del birmano, uno en un costado, el otro en el estómago y el tercero directo a la cara. El público aplaudió aquello con estruendosos gritos y aplausos. Nebiri aprovechó el momento para fanfarronear un poco y lanzar otro rugido mientras daba tiempo a su oponente de componerse. El tritón se tomó solo un par de segundos antes de irse directo contra el tigre con sus garras y con puñetazos que se hundieron en las costillas ajenas, pero el tigre se las arregló para minimizar el daño en su cuerpo dejándose llevar por el mismo impulso de los golpes. El tigre y el ser acuático comenzaron un veloz intercambio de golpes que se intercalaban con patadas y algunas mordidas traicioneras que buscaban tomar desprevenido al otro. A veces el tritón quedaba desorientado por los golpes, pero se recuperaba pronto, mientras que Nebiri no daba oportunidad a quedar descubierto ante golpes peligrosos. Aun estaba al tanto de sus limitaciones por raza y no pensaba tentar su suerte en la primera pelea.

Los minutos pasaban rápido y los golpes no se detenían, Nebiri sabía que debía terminar pronto con él antes de que algún descuido lo hiciera caer en las afiladas fauces de esa piraña con patas. Tomó un hondo respiro y se lanzó una vez más contra el tritón, fue directo, de frente y el tritón estaba listo para sorprenderlo con un buen golpe cuando, de repente, su oponente pareció desaparecer, pero no fue eso... En un instante, Nebiri se transformó en tigre y le dio un fuerte empellón al tritón usando sus casi doscientos kilogramos de músculo. Suficiente para sacarle el aire al pelirrojo y darle tiempo al tigre de volver a su forma humana. Los fuerte puños del tigre se clavaron más de tres veces en el estómago ajeno, y para rematar, un golpe en plena cara con la zurda que hizo que el tritón se fuera de espaldas al piso con la boca y la nariz rota, además de un par de costillas fracturadas. Ni siquiera hubo necesidad de contar, quien hacía de presentador declaró ganador el tigre y éste levantó sus puños al aire para lanzar su rugido de victoria. Se ganó aplausos, gritos y abucheos (de los fans del tritón) en igual medida. El mensaje estaba claro, el Tigre estaba de regreso en el juego y lo hizo de aplastante manera. Solo tenía algunos arañazos de las garras ajenas además de unos golpes que dejaron moretones de poco cuidado. Quedó sudado y le sangraba la boca, pero el birmano se sentía con la adrenalina y la energía a flor de piel. Su cola se movía y sus orejas igualmente estaban en alto. Miró hacia el aparato que grababa la pelea y con una sonrisa, levantó su puño derecho hacia la cámara, como dedicándole aquella victoria a su mujer. Regresó a su esquina para ser recibido por un emocionado Alik.

Te dije que le iba a partir la cara, mono, te lo dije —dijo un contento tigre entre risas mientras tomaba algo de agua mientras mojaba la toalla un poco para limpiarse la sangre del cuerpo... Aunque en algún momento el rubio se ofreció a asearlo y fue tan insistente que lo dejó hacer lo que quisiera, solo prestó su cuerpo y levantó los brazos cuando era necesario. Había sudado bastante y se manchó de sangre que había que limpiar ya que tenía la oportunidad—. Veo que ya pediste bastante —rió el birmano al ver que tenía ahí justo lo que prometió pedir, que era su hamburguesa, alas de pollo y pizza, además de algunas bebidas. Lo que no hubo fue helado de ningún tipo, pero al menos la comida sí la consiguió. Sin resistirse, robó un par de sus alas de pollo para devorarlas con todo y hueso—. El tritón era fuerte, pero ya sabes, los tigres saben pescar —dijo el birmano con clara diversión ante su mala broma. Mientras, algunos empleados limpiaron rápidamente el improvisado ring de la sangre y el sudor que quedaron en el suelo. Debían evitar que os siguientes competidores resbalaran por accidente. Los que habían apostado por el tritón lamentaban la derrota, pero muchos de ellos aun tenían dinero para hacer pequeñas apuestas por los siguientes peleadores. Por un lado tenían al Wendigo, mejor conocido como "The Crusher", el campeón del momento y con una larga serie de victorias consecutivas, y por el otro lado estaba Agramon el Ghoul, un verdadero salvaje. Quienes los conocían, sabían que esos dos iban a tener una pelea bastante brutal, empezando porque Agramon quería el puesto de The Crusher, solo que no habían tenido oportunidad de enfrentarse. Hasta ese momento—. Esos dos huelen a sangre, acaban de comer, ¿y sabes qué comen? Humanos, y los que somos híbridos también entramos en su dieta —claro que notaba nervioso al otro híbrido, no lo culpaba, el ghoul no tenía una apariencia que causara tranquilidad y todos sabían que una vez que comenzara la pelea, The Crusher haría honor a su nombre transformándose en el hijo de puta mas grande del lugar. Cuatro metros de altura y casi cuatrocientos kilos de carne parecida a cuero y una apariencia raquítica pero peligrosa por donde se viera. Nebiri conocía el poder de los wendigos, y de los ghouls también. Ya sabía lo que le esperaba sin importar quién de los dos ganara el siguiente encuentro—. Ya van a comenzar —murmuró el tigre al momento que los otros dos peleadores fueron llamados al centro del cuadrilátero.

El ghoul poco tenía para mostrar más allá de su modo cazador, así que tomó esa forma de inmediato a sabiendas de ante quién se encontraba; garras con peligroso veneno, afilados colmillos y sus ojos rojos se mostraron en cuestión de segundos. Cuando el wendigo se colocó en su sitio, su transformación no se hizo esperar. La bestia de más de cuatro metros y con una apariencia que haría a los más débiles hacerse encima de puro miedo se hizo presente. El ghoul no parecía asustado, más bien concentrado. Ambos tenían casi una cuenta pendiente, sobretodo el retador. Al dar el inicio a la pelea, ninguno de los dos esperó ni un solo segundo para sacar a relucir sus letales habilidades como oscuros cazadores. Nebiri los miraba mientras comía su carne seca y un poco de lo que Alik pidió, incluso le compartió de su carne mientras miraba la pelea el tiempo que creyó suficiente. Era una costumbre que tenía, solo ver suficiente para medir a vista la velocidad y habilidades oponentes antes de entrar en un perezoso estado de relajación.

Los gritos de emoción comenzaron a la vez que los golpes entre los contrincantes. El wendigo, aunque enorme, tenía una velocidad y una agilidad absurda, se movía sin problemas en un cuadrilátero que aunque amplio le quedaba ajustado, por lo que el público a veces retrocedía de golpe cuando el gigante estaba demasiado cerca de las cuerdas. Aun así, el ghoul demostraba ser un digno oponente al moverse casi a la par del gigante. Eran veloces, fuertes y letales y los zarpazos no se hicieron esperar. Aunque el ghoul logró clavar sus envenenadas garras en la dura piel del wendigo, éste no pareció sufrir demasiado por el veneno en su sistema. El espectáculo comenzó a tornarse sangriento y más violento a cada segundo que pasaba. Eran veloces, grandes y fuertes... Eso era todo lo que el tigre necesitaba saber. Su vieja costumbre regresó y se cruzó de brazos mientras cerraba los ojos con la clara intención de holgazanear un momento. Todo se trataba de adaptarse, esa era la regla del tigre, adaptarse. Y ahora que ya había medido sus velocidades y percibido la fuerza de esos golpes, sabría enfrentarlos. Ésta vez ningún wendigo lo tomaría desprevenido. Aquella pasada derrota fue en gran parte por la sorpresa, el birmano nunca había visto nada tan grande y peligroso hasta que se topó con aquel wendigo. No supo qué hacer en ese momento más que resistir los golpes todo lo que pudo. Ahora ya sabía qué y cómo hacerlo, y con eso en la cabeza, se recargó donde pudo antes de lanzar un bostezo.

El wendigo va a ganar —le dijo a Alik con voz perezosa—, por algo es el campeón del momento —agregó con marcado desinterés—. Sus garras son más filosas y sus brazos largos le dan más alcance, y solo tiene que mover un poco un maldito pie para llegar al otro lado del ring, es un verdadero hijo de puta —bufó el birmano—... Pero voy a derrotarlo, ya lo verás, mono —sonrió y robó otra ala de pollo.

La pelea entre el ghoul y el wendigo duró entre cinco y ocho minutos, cada minuto más intenso que el anterior y, como bien anticipó el tigre al rubio, el wendigo se alzó con la victoria al casi rebanarle una pierna a Agramon y romperle un brazo, dejándolo imposibilitado a pelear más. La ovación en mezcla con horror del público no se hizo esperar, muchos habían apostado por Agramon, pero antes era de agradecer que estuviera con vida...

La final de esa noche estaba decidida.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Miér Oct 04, 2017 4:12 pm

El marido de Jessica la abandonó cuando se enteró lo de su embarazo. Se divorciaron dos semanas después, ella estaba sola y más que predispuesta a criar a sus hijos sola. Aquella fantasía le comentó al híbrido, quien escuchaba atentamente cada palabra proveniente de aquellos rojizos labios que lo tenían hipnotizado… pero no por eso le restaba menos atención a lo que le decía. Él sintió pena por aquella mujer, la veía tan fuerte y orgullosa de sí sin embargo, no era como las demás mujeres que ha conocido en aquella ciudad. Deseaba que esa castaña se percatara de lo admirado que se sentía por ella, pero ésta se enfocaba más en la pelea que pasaban por la pantalla. Claro que Holtzmann respingó cuando vio que aquella criatura lastimó a Nebiri, pero por suerte no fue tan profundo ni tampoco tan fiero como para detenerlo. Estaba muy orgullosa de su esposo. No importaba cuánto tiempo haya pasado, la experiencia no se olvida, todo lo que aprendió seguía fresco en su mente e incluso recordó muchos movimientos que antes aplicaba con tan solo verlo. También Diatlov se encontraba asombrado y feliz, por supuesto, ver peleas elevaba su adrenalina y también lo hacían olvidar un poco la realidad en la que sobrevivía. Animaba al tigre, quizás, pegando gritos de un volumen más alto que del resto. Martin también estaba encantado por la fuerza y habilidad del birmano, incluso sonrió cuando éste se tomó su tiempo para rugirle a su público —Tu esclavo es un fanfarrón.— se encontraba casi pegado a la inventora, por supuesto, para acercarse a la pantalla como también al cálido cuerpo de la mujer —¡Shh!— ¡por supuesto que lo acalló! la pelea seguía en curso y la compradora de ese híbrido de tigre estaba muy centrada. Esto hizo reír al hombre pero al final aceptó obedecerla, después de todo sabía que estaba preocupada por el estado físico de su adquisición. Entendió que todos en ese país buscaban esclavos que estén bien cuidados y alimentados, pues débiles y con defectos era difícil que les sirviera a quienes deseaban comprarlos ya que muchos eran usados para trabajos tal como vio que la castaña le aplicaba al tigre. Jessica sonrió tenuemente cuando la lucha terminó, Nebiri logró pasar la primera ronda y dejó abatido a aquella asquerosa criatura. Mordió el polvo, casi literalmente. Como esperó, cuando el birmano le dedicó la victoria mediante gestos ella sonrió como si tuviera quince años y su novio le acababa de llevar flores a la casa. Siempre se lo ha dicho y nunca pararía de hacerlo: él la hacía sentir muy joven de nuevo.

El híbrido de cheetah también sonrió más amplio y apoyó afectuosamente su mano en el hombro de la castaña —Felicidades.— pero a Holtzmann no le importó, estaba muy feliz como para que le importase —Aún no ha terminado. Debe derribar a uno más.— y pensar en cuál de los dos sería, el wendigo o el ghoul, la ponía tan nerviosa que comenzó a morder sus uñas que estaban tapadas por el guante. Martin admiraba esos dulces gestos, era increíble la manera en la que cada movimiento de la castaña lo atrapaba —… No sé si será un buen momento, pero me gustaría saber si quisiera salir conmigo alguna vez.— … la invitación hizo que Holtzmann se detuviera, observó al sujeto de reojo y luego volvió a mirar la pantalla —Ah… no lo sé. Siempre estoy ocupada, quizás pueda pero no te aseguro nada.— la frialdad de su tono no es lo que esperó precisamente Martin, pero aun así le sonreía cálidamente, feliz de al menos recibir un 'tal vez' en vez de un 'no'. Pero había algo que inquietaba a Jessica, no… que la hacía dudar, que no comprendía —¿No te sientes incómodo al estar intentado seducir a una mujer embarazada de casi ocho meses? tendrías que estar en otro lugar y con alguien más. Los cambios hormonales hacen que la mujer esté muy sensible y que a causa de esto la mayoría de las veces siente cierto rechazo hacia la pareja o la posibilidad de una relación. Yo no soy la excepción. ¿No te sientes tonto por estar perdiendo tu tiempo?— como siempre cada palabra proveniente de esa venenosa mujer era un puñal, un fino puñal, dejaba las cosas en claro sin necesidad de insultos o golpes bajos, tenía cierta elegancia para rechazar a las personas —No me siento tonto. Eres muy interesante y no me importaría que estuvieras llena de niños. Haré lo que pueda para caerte bien ¿de acuerdo?.— pero claro, esa contestación era ingeniosa para la castaña, no se la esperaba, por lo que sonrió de medio lado y observó de nuevo el aparato para ver un poco de la pelea que proseguía. Era un hombre muy astuto e inteligente, de eso no le cabía ninguna duda.

Apenas Nebiri regresó, Diatlov lo aplaudió mientras se acercaba totalmente emocionado —¡No puedo creerlo! ¡de verdad le partiste la casa! ¡¡ni siquiera su madre lo reconocerá si lo vuelve a ver!!— el efusivo primate observó entonces que el seguramente futuro campeón de esa noche se limpiaba la sangre de su torso, a lo que se acercó más mientras daba pequeños saltos y agitaba felizmente la cola —¿¡Puedo hacerlo yo!?— y claro que se esperó la negativo del tigre, pero era exasperantemente insistente —¡¡Vamos, solo será un poco!! por favor por favor por favor por favor por favor por favor por favor por favor por favor…— surtió efecto ser tan insoportable. Un arma que usaba siempre pero no a consciencia, Alik siempre ha sido así. Tomó la toalla húmeda y comenzó a tallar el cuerpo ajeno con cuidado, tan así que se mordía la lengua por lo concentrado que estaba, pícaro como lo fue toda la vida se enfocaba en tocarle los músculos sin que éste se diera cuenta. Estaba encaprichado con hacerlo así que se tomó el gusto mientras el tigre estaba distraído. Por supuesto que sonrió cuando mencionó la cantidad de comida que pidió, justamente estaba terminando de limpiar cuando vio que tomó un par de sus alas de pollo —¿DEBERÍAS PEDIR PERMISO, NO CREES?— … sí, la voz del joven se tornó ronca, grave y con un ápice de amenaza, incluso una sombra se le formó bajo los ojos. Pero no, no podía ser así, inmediatamente se controló como sabía hacerlo y volvió a sonreír —Es decir, ¡toma lo que quieras! todo ya está pagado ¿verdad?— un claro intento de ser nuevamente simpático. A Diatlov lo dominaba la gula, y cuando tenía hambre se ponía violento. Lo ponía violento no querer compartir algo y que lo obliguen, lo violentaba que tomaran sus cosas sin pedir permiso. Nebiri no sabía realmente cómo era aquel muchacho pero Jessica sí: tanto ha padecido de niño que a medida que crecía formó una carcasa invisible para mostrar lo que quería a las personas y ocultar lo que verdaderamente sentía. Por eso ante la broma se rió, realmente le hizo gracia, pero a la vez lo ayudó a olvidarse del pequeño ataque que casi lo domina. Tomó un pedazo de pizza y observaba a los siguientes peleadores mientras el tigre le explicaba la situación —Todo aquí huele a sangre. Tú también.— hablar con la boca llena era de mala educación, pero no para un adolescente de apenas veintitrés años —Sé que los individuos como nosotros entran en su dieta.— finalmente tragó el trozo que tenía en la boca —Pero luego los vomitan. Solo devoran seres humanos y les parece apetitoso un híbrido de animal, aunque al final los regurgitan porque hacen estragos en su estómago. He estudiado sobre eso, simplemente resulta que los ácidos del estómago no los pueden digerir debido a que tenemos otra composición que la de los humanos comunes. Una buena para nosotros ¿cierto?, se ve que ese ghoul sí tiene mucha hambre.— y enseguida calló cuando la pelea estaba a punto de comenzar. El ghoul y el wendigo,  malditos monstruos que erizaban la piel.

Ver la manera en la que intentaban desgarrarse a una fuerza envidiable, la fiereza por querer comer un bocado del ajeno, la violencia con la que se tiraban al suelo y gruñían… nadie podía comer: Diatlov rechazó la carne seca del tigre y Jessica dejó a un lado su postre de chocolate a medio comer, todo cuando la sangre comenzó a hacerse presente y salpicar a las personas. No… ¡no! Nebirí no podía luchar contra esa criatura ¡era un monstruo de verdad! y si antes la inquietaba un poco ahora mucho más al ser su maldita esposa y estar portando en su vientre a sus bebés. Las piernas de Jessica comenzaron a temblar, claro que el cheetah la consolaba pero no era suficiente ni eficiente, sabía que no era la primera vez que se ponía nerviosa por algo así pero hacía tanto que no lo veía pelear que todas las inseguridades la atacaron de golpe una vez más. Por su parte Alik asentía a todo lo que el birmano le indicada, claro que de un paso y se encontraba del otro lado, por supuesto que sus brazos acaparaban mucho espacio, y no había duda de que con sus garras podía cortar hasta el metal más duro —Pues te deseo mucha suerte, The Crusher no permitirá que nadie le arrebate su puesto. Estoy seguro de que tu ama tampoco querrá que te maten.— ni tampoco el público del tigre, pues quienes apostaron por él ya se encontraban un poco preocupados. Los minutos pasaron y finalmente el wendigo casi destrozó a Agramon, por lo que salió victorioso. Entonces la final ya estaba arreglada. Por supuesto que los luchadores tenían un descanso de cinco minutos para recomponer energías, comer, sentarse y despabilarse, concentrarse en el último round. El rubio se encontraba con el tigre mirando la esquina donde se encontraba el wendigo siendo animado por su representante, pero de la nada, entonces, una pregunta se le cruzó por la cabeza —¿A ti te gusta Holtzmann?— preguntó con cierto aire inocente —Es una mujer bonita ¿verdad?, sé que aunque lo niegues te gusta aunque sea 'un poco'…— e hizo el gesto con sus dedos —Y como su esclavo creo que sabrás acerca del hombre que la dejó embarazada. Vamos, puedes contármelo, ¡soy una tumba! te lo prometo.— ya había dicho que lo averiguaría de una alguna u otra forma, era muy metiche y manipulador.

Holtzmann estaba preocupada. Sus piernas se movían sin parar, se sentía ansiosa y un calor en su pecho la incomodaba. Era un mal presentimiento… Jessica tenía un muy mal presentimiento. Cuando pasaron los cinco minutos de descanso por fin los últimos luchadores caminaron al centro del cuadrilátero, y apenas se dio inició a la pelea el wendigo no dejó pensar al tigre ya que enseguida le dio un zarpazo con su extenso brazo y afiladas garras. Para rematar, se rió de él como le hubiera hecho la mejor broma del mundo. Se escucharon los gritos de asombro de los presentes, aquel monstruo jugaba con el birmano, lo esquivaba bien, bloqueaba sus ataques, por algo aquella bestia inmensa tenía el título de campeón. La castaña miraba con miedo esa pelea, sí, su corazón latía rápido, y no fue hasta que el wendigo estampó al birmano contra una esquina que se levantó de golpe —¡¡NEBIRI!!— su grito llamó la atención de absolutamente todos allí, todo estaba tan silencioso y calmado que observaron con mal rostro a la escandalosa mujer. The Crusher pasó a acercarse para tomarlo de los pies y arrastrarlo a la vez que le clavaba las garras al híbrido, en ese punto Jessica no lo soportó más. Con su mano temblorosa apagó la pantalla y torpemente la guardó en su bolso —Tengo que ir, tengo que ir.— quería verlo, debía estar presente. Su esposo estaba perdiendo de nuevo contra un wendigo. Dispuesta a correr se hizo paso entre la gente para salir, pero una vez fuera se cansó tan rápido que tuvo que aferrarse a un muro mientras se agarraba el vientre —Yo te llevo.— la voz atrás suyo era de Martin que la siguió casi pisándole los talones. Estaba apresurada así que aceptó rápido, el vehículo de ese hombre era de última gama e importado, enorme y potente a simple vista y por dentro también, el asiento era esponjoso por lo que se acomodó bastante bien.

Alik, por su lado, se apretaba fuerte las manos viendo como ambos luchaban hasta sacarse sangre, quizás trozos de carne, no lo sabe, solo se imaginaba lo peor al ver tanta violencia y locura tanto en el ring como el público —¡HEY!— gritó ya con enojo —¡ERES UNA BESTIA HORRIBLE, CRUSHER!— pero apenas terminó de insultarlo éste mismo se volteó un segundo para clavarle los ojos muertos al primate —Yo solo decía.— quien enseguida se acobardó. Pero aun así alentaba al birmano peleándose también con varias personas alrededor suyo que apoyaban la victoria del wendigo.

Holtzmann llegó en cinco minutos, Martin tomó un atajo y no había tantos vehículos por esa zona. Además el automóvil iba a una velocidad que parecía flotar. Claro que cuando llegaron sabía a dónde ir, pero un sujeto de seguridad le prohibió el paso —¡MUÉVETE, MALDITA SEA! ¡ESTÁ PELEANDO MI ESCLAVO Y DEBO VERLO!— y por supuesto que el sujeto no le creía, no sería la primera vez que escuchaba aquel truco. Además Holtzmann no tenía encima el certificado que avalaba esa verdad. Entonces Martin decidió meterse en el medio, con suma elegancia se sacudió el saco mientras le hablaba al hombre —Disculpe, la señorita es dueña del híbrido de tigre y creo que está siendo grosero respecto a su actitud con ella. Sobre todo en el sensible estado en que se encuentra.— pero el de seguridad escuchó suficiente, estaba harto de esas historias, así que intentó posar la mano sobre el hombro del cheetah sin esperar que éste lo mordiera con sus filosos colmillos hasta atravesarle la piel, lo hizo chillar de dolor. Esa fue la señal para que ambos se metieran. Jessica se hizo espacio entre la gente para llegar al cuadrilátero, era difícil, muchos la empujaban y otros la insultaban por estarse colando, pero ella solo se concentraba en una sola cosa —¡NEBIRI!— gritó estando cerca de la primera fila —¡NEBIRI! ¡NEBIRI!— sin embargo el bullicio oscurecían sus gritos. Martin llegó con ella cuando ya entró en la primera fila, Diatlov estaba del otro lado así que no lo veía —¡Nebiri si no puedes déjalo! ¡no pasará nada!— aunque sabía que estaría insoportable por perder el primer encuentro luego de tanto tiempo estar ausente. Martin le acercó una silla para que se sentara pero ella no quiso, tenía la mirada en las lastimaduras de su esposo… y entonces el wendigo le dio un potente zarpazo en medio del pecho —¡No puede ser!— gimió tapándose el rostro con ambas manos a la vez que escondía la cabeza en el pecho del cheetah. Gesto que encantó al mismo y sin dudarlo la abrazó un poco, protegiéndola de esas sangrientas escenas que el público apoyaba con fervor.
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Oct 04, 2017 8:14 pm



CERCA DE LAS 9PM
BAR "RED RIBBON"
JESSICA HOLTZMANN
ROAR, CHAMPION! ROAR, MIGHTY TIGER!
El mono había dejado en claro que no le gustaban que tocaran su comida, por como se puso lo entendió de inmediato y no necesito indagar más al respecto para saber que él era como aquella mujer que conoció una vez, una chica que comía todo lo que podía, tragaba sin engullir y si la conoció y pudo hablar con ella fue porque le ofrecía alimento constantemente... ¿Cómo dijo Jessica que se llamaba eso? Gula, sí, era gula. La chica que conoció podía comer y comer hasta tener la barriga realmente hinchada al grado de parecer embarazada, para muchos sería grotesco pero en aquel entonces el tigre prestaba más atención a sus consejos culinarios que a la manera en que devoraba todo con todo y el duro hueso, fue antes de la primera salida con Jessica a la playa, cuando le hizo aquel asado de carne de pescado con una salsa especial que logró hacer con ayuda de aquella chica. Sí, aun le estaba muy agradecido por ello porque seguía preparando ese asado para Jessica cada tanto, pero desconocía si la muchacha había sobrevivido siquiera al incendio meses atrás, nunca volvió a verla, pero esperaba que siguiera viva. Una de las cosas que recordó de aquel encuentro fue que ella le contó que una vez su pareja literalmente la estaba follando mientras ella comía todo lo que pudiera entrar a su boca. El hambre constante atacaba a los que eran como ella... Y Alik era como ellos. Entendió el mudo mensaje en el aire, no debía volver a tocar su comida, podía respetar eso.

Se puso se pie de nueva cuenta un par de minutos después de que terminara la pelea entre Agramon y The Crusher, volvía a hacer algunos estiramientos cuando escuchó a Alik hablar de nuevo, ¡claro que ese monstruo no permitiría que alguien le arrebatara el título! Aun así, el birmano se hallaba tranquilo ante la pelea que le esperaba. Mientras movía los brazos un poco, el rubio soltó esas preguntas que de inmediato activaron en su cabeza que debía portarse como el esclavo de Jessica Holtzmann, no como su esposo. Podía hacer eso, solo debía cuidar sus palabras ante el curioso mono. Sabía que era inteligente, por algo lo tenían en ElectriX e incluso Jessica cuidaba mucho de él, a su manera, claro. Miró un poco el techo pensando sus palabras, aunque puso un claro gesto de fastidio. Alik dijo que lo averiguaría y ya se había puesto a trabajar en ello.

Claro que es una mujer linda. Me gusta un poco, como a muchos —dijo con aparente desinterés mientras movía hombros y cabeza—. Y no, no te diré nada, si ella no les ha dicho nada es por algo, no puedo soltar un secreto de mi ama —continuó—. Le debo mucho, ¿sabes? Ella me sacó de las malditas rejas y me ha dado un trato decente, no me tiene en una maldita jaula y me deja pelear —le miró antes de bufar—. Así que no te diré nada, tendrás que intentar por otro lado —refunfuñó ahora y se dio unas palmadas en la cara antes de dar un sorbo a la bebida de leche de su calabaza. Bebió casi la mitad. Iba a necesitar esa energía. Le dejó a Alik el resto de la bebida, quizá le gustaría—. Puedes terminártela, te la debo por tu comida. Pide unas alas para mi también, no tardo —le dio un brusco gesto amistoso despeinando su cabello y enseguida saltó al ring. Ya era hora de la siguiente pelea. El monstruo seguía en su forma gigante y aun goteaba sangre tanto propia como del desgraciado de Agramon. Pobre diablo. Se repitieron las reglas una vez más, sin armas ajenas a sus propios cuerpos, no se podía atacar al oponente si salía del ring y solo ganaba el que dejara al otro inconsciente o sin posibilidades de seguir peleando. Atacar al público estaba prohibido, desde luego.

Ni bien se dio inicio a la pelea, lo siguiente que sintió fue un potente e inesperado golpe del wendigo. Su largo brazo lo alcanzó y las zarpas dejaron un rojo camino en la piel de su brazo izquierdo. Sí, era jodidamente rápido, tan rápido que apenas si le daba oportunidad de esquivar los siguientes golpes. Su agilidad lograba que ninguno de los zarpazos del tigre impactara en su piel, y en cambio, los golpes de The Crusher sí llegaban al cuerpo del birmano y dañaba piel y músculo por igual. Dolía, sus golpes dolían y trataban de quitarle el aliento cada tanto, pero nada podía hacer en ese momento para quitárselo de encima. Incluso lo arrastró por un pie y lo azotó contra uno de los postes tan fuerte que lo hizo tambalear. Nebiri apenas si pudo recuperarse solo para seguir siendo castigado por el gigante, que literalmente estaba jugando con él.

¿Tú eras el campeón, Tigre? —preguntó wl wendigo en tono burlón y voz cavernosa—. Te hubieras quedado en las sombras, Tigre. Ríndete y quizá te dije vivo como a Agramon —enseguida soltó una horrenda carcajada antes de lanzarlo contra el poste de la siguiente esquina—. ¿Qué dices, campesino? —preguntó, atrapando al birmano con relativa facilidad entre sus enormes manos—. ¿Te rindes y me quedo con tu piel para vestirla así como haces tu con esa ridícula ropa? —sonrió de manera malévola—. ¿Ya tienes una respuesta, campesino? —vio que el tigre asintió y puso atención.

¿Qué te parece si te vas hasta donde no pueda oler tu apestoso aliento a alcantarilla? —sonrió, burlón. Al parecer, Jessica le pegó algunas malas mañas, como mofarse de su poderoso oponente. La burla le salió cara, pues el wendigo le dio un buen golpe que lo mandó al otro lado del ring. Luego de eso, los siguientes minutos fue una sucesión de golpes que el híbrido evadía por un pelo, pero no siempre. The Crusher lo castigaba en un intento de mostrar que el tigre no era más que un débil gatito de casa. Aun así, Nebiri se seguía poniendo de pie. Le costaba un poco hacerse al ritmo y velocidad del wendigo, tenía que hallar su propio paso y sabía que debía acceder a esa fuerza que sabía estaba en su cuerpo, pero que no quería salir aun. Los golpes del wendigo dolían, pero no se comparaban a la fuerza de Zhukovski en lo absoluto. De hecho, estaba seguro de que aquel jodido incubo podía vencer al apestoso wendigo sin ensuciarse siquiera. Y siguiendo esa lógica, si pudo con Zhukovski, podía con The Crusher. Al parecer, ese idiota necesitaba cuatro metros de humildad y un poco más para poner los pies en la tierra. El tigre estaba dispuesto a hacerlo. Solo necesitaba aquella fuerza...

¡Pero no quería salir, demonios! Al parecer su cuerpo no estaba tan al límite como para requerir esa fuerza, aun podía ponerse de pie, y cuando peleó con el incubo éste lo dejó en el suelo con el cuerpo sin una pizca de fuerza. Tenía que mentalizarse solamente. No estaba recibiendo la paliza porque realmente quisiera, sino porque necesitaba encontrar el momento exacto en que pudiera llamar a esa fuerza. Si pudiera decir el mantra en alguna oportunidad... Pero el desgraciado no le dejaba mucho tiempo entre golpe y golpe. Pasaban los minutos tan lentos y a la vez tan rápido. En un momento que logró tomar distancia, tomó aire de manera profunda, inflando todo su pecho para recuperarse. Los gritos eran intensos, el calor sofocante ahí dentro, su cuerpo dolía y sangraba pero aun era capaz de ponerse de pie por cuenta propia. No podía escuchar más allá de su propia respiración y latidos, tendía a bloquearse de los demás sonidos para no sentirse desorientado, pero, de pronto, un aroma le hizo voltear un poco... Era Jessica. Su esposa estaba ahí.

No tuvo tiempo de contemplarla ni un segundo, lo siguiente que sintió fue un zarpazo en el pecho que lo lanzó contra las cuerdas al otro lado del ring. El golpe le hizo apretar los dientes y quedar de rodillas mientras finos hilos de sangre caían al piso desde su pecho. Gruñó con fuerza. Ya había sido suficiente. El wendigo se jactaba ante todos de estarle dando una lección al "ex campeón" y a decir que solo era un debilucho. Pero esas burlas no fueron lo que hizo explotar al birmano, no, fue ver a su esposa tan asustada que terminó abrazada del pecho de un extraño. Un vistazo bastó, era otro felino. ¿Quizá su cita de esa noche? No tuvo tiempo de pensar mucho, un pinchazo de celos le hizo arder más el pecho que las heridas sangrantes. El wendigo se lanzó de nuevo contra el tigre y lo atrapó en un aplastante abrazo de oso que prometía hacerle pedazos costillas y el tórax entero. Nebiri se negó a gritar, pero se notaba que la pasaba mal.

Te dije que te rindieras, campesino —dijo el wendigo, apretando más el abrazo y a punto de quebrar las costillas del híbrido—. ¿Ahora sí te rindes? Te lo mereces por haber aguantado más que los otros debiluchos —vio que el birmano escupía sangre y luego trataba de murmurar algo que no sus afinados sentidos lograron escuchar—. No te escucho, gatito, ¿puedes decirlo más fuerte? —y el confiado wendigo incluso acercó su oreja un poco más a su víctima.

Craso error.

Al momento, Nebiri sonrió mostrando los colmillos, tomó el aire que aun le quedaba en el cuerpo y le rugió con fuerza justo en la oreja, haciendo que la cabeza del wendigo quedara zumbando mientras se sujetaba por las orejas. Nebiri ya se había enfrentado a uno de esos, sabía que tenían una audición muy, muy sensible... Cayó al piso de pie, como buen felino, y miró a Jessica de reojo. Apenas logró contacto visual con ésta, sonrió y asintió para calmarla. No podía hacer o decirle más, el enojado wendigo se fue contra él. Bastó la presencia de Jessica Holtzmann para que el tigre encontrara ese estado mental que estuvo buscando por tan doloroso rato. Escupió la sangre y sacó las garras. Comenzó a recitar el mantra budista para sus adentros mientras mantenía una pausada respiración y su postura de batalla. El tiempo que le tomó al wendigo recuperarse, fue justo el tiempo que Nebiri aprovechó para sentir su cuerpo con recuperadas energías. No sería tan desgastante como cuando peleó con Zhukovski, pero al menos estaba aprendiendo a controlarlo, ¿porqué? Porque se lo debía a su mujer y se lo debía a sí mismo. Ella le dio la salida libre para volver a ser lo que era, un maldito campeón, el máximo cazador, y él no estaba dispuesto a fallarle a su esposa. Monstruos como el wendigo abundaban en la ciudad, y cada uno de ellos podía ser una amenaza para su familia y seres más cercanos, por eso debía ser fuerte... E iba a demostrar quién era el maldito campeón.

The Crusher se le fue encima usando sus inmensos brazos y el tigre saltó y corrió a una gran velocidad por sobre estos, como si esos horribles brazos fueran ramas de árbol. Nebiri recordó que ser más pequeño que sus oponentes era una gran ventaja, tenía que ser el ratón que cavaba en la montaña, la ardilla que morsiqueaba el árbol, tenía que sacar ventaja de sí mismo. Con una recuperada confianza y una sonrisa que mostraba sus colmillos, comenzó a atacar al wendigo aprovechando cada hueco que éste permitía gracias a su enormidad. Nebiri aun recibía golpes, pero no parecían perturbarle más allá de solo hacerlo retroceder unos pasos. Ahora que su esposa estaba en primera fila no pensaba fallarle... Además, tenía que demostrarle al otro felino quién era más fuerte, el macho celoso y protector estaba a flote y tenía mucho que demostrar y demostrarse.

Los golpes del birmano sonaban como si alguien golpeara rocas con un enorme mazo al momento de impactar en el cuerpo del wendigo. No le daba tiempo de hacer mucho al enorme monstruo, volvía a rugirle a la oreja a la mínima oportunidad. Él mismo sabía lo terrible que podía ser tener un oído sensible, además, sabía que la vista solía ser algo pobre en esa forma, fue de las lecciones que cosechó de aquella dolorosa derrota delante de su primer wendigo... Ya había pasado por mucha mierda como para que un wendigo hijo de perro sarnoso llegara a barrer el piso con él. No, señor, el tigre estaba ahí para entregarle una victoria a su amada dueña. Sabía que, si Jessica no hubiera aparecido, sin duda estaría perdido y ya derrotado por el wendigo. Jessica era su debilidad y su fortaleza, acababa de quedarle más que claro. Siguió castigando al wendigo con poderosos golpes que zonaban como mazos y logró alejarlo hasta el otro lado del ring. Se tomó un momento para respirar, esa fuerza que recorría su cuerpo necesitaba control, necesitaba que él se acostumbrara para no terminar con los músculos molidos como la vez anterior. Iba por buen camino, aunque sin duda estaría dolorido por la mañana.

En ese breve instante en que el wendigo recuperaba el aliento por igual, miró a Alik mostrándole su pulgar. Sabía que Tony se mantenía tranquilo desde donde fuera que lo viera, y por último miró a su mujer, que al menos ya le miraba. Se acercó a ella, y justo a tiempo, pues un guardia de la entraba iba hacia Jessica y su acompañante. Las palabras de Nebiri hicieron que los guardias se fueran al comprobar que las palabras de la mujer eran ciertas, que la castaña era la dueña del luchador.

¿Mi ama quiere un recuerdo de ese apestoso Wendigo? —preguntó Nebiri en firme voz y con una sonrisa. Justo así como estaba daba esa visión salvaje de su propio ser, además esa sonrisa mostraba toda la fuerza que recorría su cuerpo. Sus ojos zafiro se clavaron en los celestes de su esposa—... Dame una orden, mi ama. ¿Qué quieres que le haga a ese grandísimo hijo de perros pulgosos?... Dame la orden, ama...

Un íntimo momento entre los dos, Nebiri decía todo con esa sonrisa y con esa intensa mirada.



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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Miér Oct 04, 2017 11:39 pm

La castaña escondía más la cabeza en el pecho ajeno al oír los gritos de dolor de su esposo, su corazón latía tan rápido que podía escucharlo pese a todo el bullicio —Tranquila. Si es tan fuerte como me comentaste, seguramente sabrá cómo salir de esta.— intentó calmar a la hermosa mujer con un atractivo tono que cualquier muchacha quedaría enamorada del sujeto dueño de aquella aterciopelada voz. Cualquiera, menos la mujer que él quería, pues Jessica se separó enseguida al escuchar que el wendigo le estaba hablando al birmano mientras lo estrujaba. Quería que se rinda. Quería que tirara la toalla. Jessica estaba en medio de un dilema interno: ella ya manifestó que quería que se rindiera al verlo tan lastimado, pero a la vez no deseaba eso… ese no sería el tigre, ese no sería el fanfarrón hombre del que se enamoró. Nebiri nunca abandonaba una pelea, nunca lo ha hecho, y sabía que no lo haría ni siquiera en ese momento. Y lo comprobó al ver que aturdió a The Crusher usando su vieja táctica de rugir en los tímpanos de los contrincantes —Ese hombre y su estúpido orgullo.— gruñó negando suavemente por lo cabeza dura que era ese híbrido. Holtzmann se acercó un poco más para clavar su mirada celeste en los orbes zafiros ajenos, fue solo un instante, al otro nuevamente el wendigo lo atacaba. Fuera de todo era una función espectacular, la gente no podía parar de gritar por la excitación, incluso hacían llamados rápidos para que conocidos de los mismos entraran a ver la pelea. ¿Cómo no iba a ser exitosa? el campeón vs. el ex campeón, sonaba imperdible y la verdad lo era. Del otro lado Diatlov visualizó a Holtzmann por lo que corrió hacia ella con la misma característica sonrisa —¡Jefa! ¡tu esclavo es una bestia!— comentó entre gritos mientras levantaba los puños —No sé de dónde demonios saca fuerzas pero créeme que antes estaba peor ¡creí que perdería! ¡pero de la nada se levantó!— y por supuesto que para Jessica eso no era raro, Nebiri era una criatura extraordinaria. Un campeón innato. Pero eso a veces le nublaba el jodido juicio. Alik volvió su atención en la pelea y entonces el cheetah posó una mano en el hombro de la inventora para llamar su atención —¡Obsérvalo!— comentó con cierta emoción apuntando hacia el ring, allí el tigre le daba fieros zarpazos, empujones y golpes que dejaban desorientado al wendigo.

Lo estaba logrando, pero faltaba un poco más. Nada estaba asegurado.

El monstruo se tomaba un rápido respiro para contraatacar, el birmano aprovechó eso para acercarse a ella y justo a tiempo ya que estaban a dos segundos de sacar a ella y a su cita, solo el luchador podía avalar que en verdad era su ama y lo hizo, por lo que dejaron a la pareja en paz. Pero ¿una orden? por supuesto que la californiana sabía sobre eso —Pues…— acercó más su rostro a él, sonriendo y mordiéndose el labio inferior dibujando así un sensual gesto que le dedicaba solo al esclavo —Si a Agramon casi le corta una pierna, creo que es justo que termines el trabajo que no realizó. Pero aplicado a sí mismo.— sí, le ordenó que le cortaba una pierna. Demasiado sádico para provenir de la dulce boca de una futura madre, pero aquel desgraciado dañó a su marido y al padre de sus bebés, por lo que se merecía aquello por estar fanfarroneando tanto también. Aquel momento solo de ellos duró segundos pues The Crusher ya se había mejorado, o eso pensó, por lo que estaba listo para arrancarle la cabeza a Nebiri. La castaña se alejó para terminar de ver cómo su esposo se hacía cargo de ese monstruo, sabía que lo lograría ya que tenía aquella afilada y brillosa mirada —Su bolso explotará de dinero ¿cierto?— bromeó el hombre de su cita, siempre tratándola cortésmente de 'usted' dejando claro que poseía una educación muy estricta —Dalo por hecho.— se notaba que estaba más tranquila, el hombre lo notó también y no por su instinto animal sino porque ella lo miró con un brillo especial en sus orbes acuosos y una resplandeciente sonrisa. Sí, Frank se estaba enamorando. La pelea duró seis minutos más a reloj, había salpicaduras de sangre por todos lados tanto dentro del cuadrilátero como los alrededores del mismo, el wendigo daba manotazos de ahogado al darse cuenta que estaba perdiendo… y finalmente una buena embestida del birmano lo dejó knock out. The Cruser, el campeón, estaba tendido en el suelo con el rostro aplastando las baldosas, al parecer Nebiri le rompió la nariz, y por supuesto que todos quedaron impresionados al ver que a  éste le faltaba una de las extremidades inferiores. El campeón había perdido, nadie lo creía, otros estaban impresionados, nadie reaccionaba debidamente hasta que Diatlov alzó los brazos.

—¡EL NUEVO CAMPEÓN! ¡NEBIRI, EL TIGREEEEEE!—

Y seguido de eso, olas y olas de gritos y aplausos, murmullos e insultos, pero más que nada ovaciones. El silencio lo rompió orgullosamente aquel simio. Entonces el anfitrión entró al cuadrilátero para levantarle el brazo al birmano dándolo finalmente como ganador. Jessica no resistió en ir también, tampoco Alik, y de manera cómica ambos abrazaron a Nebiri por los costados aunque aplicaron demasiada fuerza para alguien que seguramente tenía un par de costillas rotas. Tanto Alik como Jessica lo querían mucho, y era realmente gracioso que la gente pensara que esas dos personas eran los trofeos del campeón. Incluso hablaban sobre un posible trío, y eso es lo menos que merecía esa leyenda que volvía a reaparecer luego de estar sumergida tanto tiempo en las sombras. Un equipo médico entraba siendo apurado por Jessica mediante gestos —¡Rápido! ¡se está desangrando!— y claro que el rubio ayudaba también, con otro hombre sirvió de apoyo para llevarlo a una habitación donde le darían los tratos necesarios para su curación. Abrirse paso entre la gente no fue sencillo pero los sujetos de seguridad hicieron lo suyo abriendo camino. Holtzmann los siguió hasta que una mujer la detuvo ya que no podía pasar a la habitación donde curarían las heridas de su esclavo. Literalmente le cerraron la puerta en el rostro. Por supuesto que no iba a hacer un escándalo por algo tan anodino, por lo que decidió esperar sentada en la barra que estaba a pocos metros de dicho cuarto —Está vivo ¿no es así? ya puede respirar en paz.— acotó Martin sentándose al lado de ella —Supongo. Pero aun así creo que le quebraron la columna vertebral o algo así.— ironizó entonces respecto a las heridas que afrontó el tigre. Él giró para pedir un vaso de whisky con hielo y una malteada de fresa para su acompañante, cosa que Jessica no rechazó. Los minutos pasaban y ambos se entretenían bastante uno con el otro, Jessica descubrió que él era muy conocedor de diferentes áreas de la ciencia, también ejercía como profesor de historia mundial, tenía treinta y nueve años y nunca se había casado. Solo había tenido relaciones esporádicas. Y, al igual que ella, cuando era niño también fue víctima de burlas por su intelecto superior. El que tengan mucho en común fascinaba al hombre, pero para Holtzmann no era tan importante ya que realmente estaba pasando un buen rato con Franklin pese a saber las verdaderas intenciones. Por un momento recordó lo que le advirtió Nebiri: 'no los enamores', algo imposible de cumplir con o sin tener la intención de hacerlo siendo ella.

La charla pronto se desvió al lado animal de Martin, un cheetah era interesante para la castaña, eran los animales terrestres más rápidos y ágiles. Debía admitir que también tenían un rostro pequeño pero ciertamente adorable. A medida que hablaban el hombre comenzó a sacarse el saco para dejarlo bien doblado sobre la mesa, justo sus bebidas habían llegado, pero primero le mostraría su forma animal a la inventora —No estoy muy conectado con mi lado animal ¿sabe?, para serle franco, aprendí a transformarme a los quince años.— se sacó los lentes también, colocándolos con delicadeza sobre el saco —¿Por qué tienes la necesidad de sacarlo?, no entiendo por qué los híbridos deben transformarse en su lado animal. Algunos se desesperan por eso. Yo no entiendo del todo las razones de mi esclavo, pero a él lo arrancaron de la selva y puedo comprender que necesite ser el tigre que realmente es sobre el asfalto. Pero como tú, criados en la civilización… sí, puede ser que no lo entienda ni nunca lo haga, porque solo soy humana.— pero el hombre no dijo más nada. Una tenue luz blanquecina encegueció a Jessica unos instantes, cuando ésta iluminación desapareció parpadeó varias veces para adaptarse y… —…— Martin ya no estaba, no, en su lugar apareció un cheetah con las características manchas pero el pelaje totalmente blanco. Como pasaba de los treinta y cinco años podía hablar, pero no lo hizo… optó por gruñir un poco y estirar su patas mostrando así sus afiliadas garras. Un animal elegante, pensó Holtzmann, entonces el animal se pegó a ella para frotarse contra su cuerpo, aprovechó eso para poner su cabeza en el vientre de la castaña y ronronear. Allí oyó los latidos y refregó dulcemente la cabeza contra el estómago de la inventora —Son dos ¿cierto?— por supuesto que se sorprendió ante ese gesto, pero de alguna manera le recordó la forma en la que Nebiri se le refregaba —Sí. Lo son.— ¿y qué le tocó al tigre por primera vez? su cola. Eso mismo hizo con el cheetah, manoseando e inspeccionando la suavidad del pelaje. Inconsciente completamente del cómo su esposo reaccionaría si viera lo que ambos hacían.

—Nebiri es el félido más grande del mundo.—

—Pero yo soy el más rápido...—

Estaba adentrandola a un juego de seducción sin que la mujer lo sepa, aquel lujurioso sujeto.
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Jue Oct 05, 2017 3:55 am



ALREDEDOR DE LAS 9:30PM
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La orden estaba dada, su ama quería al monstruo sin pierna, pues se la arrancaría a mordiscos. Por supuesto, el orgulloso wendigo no daba crédito a estar siendo vencido por alguien que apenas le llegaba al ombligo. Por algo el dicho reza "entre más grande más fuerte es su caída"... Bien, más cierto no podía ser. El tigre regresó al cuadrilátero a darle más puñetazos y zarpazos a aquel idiota de tamaño colosal. Una anciana de la aldea que quedaba en su territorio siempre decía una frase muy graciosa que lo hacía sonreír cada que la recordaba al estar con gigantescos oponentes: "entre más grandes son, más golpes les caben"... Bueno, los ancianos siempre tienen la razón, pues Nebiri ya con la claridad en su mente y su rabia e ira concentrada en sus puños, era capaz de encontrar nuevas zonas para golpear. Y hasta donde sabía, sin importar la raza que fuera, los machos tenían una zona particularmente sensible entre el ombligo y los genitales que es, donde Jessica le enseñó, donde se podía golpear la vejiga. Y como los wendigos también orinaban, entonces también le iba a doler ahí. Y eso hizo, un golpe directo en esa zona hizo que el tipo se doblara y chillara de dolor. Nebiri aprovecho el momento para transformarse en tigre, pasar por debajo de él entre el enorme espacio entre sus piernas y comenzar a cercenar su pierna derecha a punta de mordidas y zarpazos. Su cuerpo raquítico tenía poco músculo en realidad para proteger ciertas zonas, era más fuerte por raza que por esfuerzo propio en realidad, así que estaba siendo relativamente sencillo mutilar su pierna. Jessica quería que lo dejara saltando en una sola pierna por toda la ciudad, así que el leal y obediente esclavo No. 37 iba a obedecer. Con una pierna lastimada, The Crusher era incapaz de alcanzar la misma alta velocidad de antes, con trabajos se movía y ya no podía escapar del violento ataque del Tigre, de hecho, ahora sus largos brazos se sentía pesados y torpes. Nebiri aprovechaba eso y atacaba con demoledores golpes y zarpazos que dejaban solo daño y sangre a su paso.

No tardó mucho en que la pierna de más de dos metros cayera al suelo cual tronco de árbol recién talado. Lo siguiente fue una mera carnicería donde el birmano dio un gran final haciendo que el wendigo besara el maldito suelo con verdadera pasión... Sí, con un empellón y un empujón lo estampó de cara al suelo... Y el maldito finalmente dejó de moverse. No tardó en recuperar su forma humana, sin una pierna y hecho un desastre de sangre y huesos rotos. Solo la pierna cercenada se quedó permanentemente con la misma forma... La verdad no quería llevarse esa cosa a casa, qué bueno que Jessica no lo pidió como recuerdo. Lástima que no fue el Ghoul, le hubiera arrancado las garras para dárselas a ella, las otras se las dejo clavadas a Zhukovski, por cierto. Todo fue silencio cuando el wendigo dejó de moverse. Estaba vivo, podía notarse su respiración, pero el silencio era casi sepulcral... Hasta que el ruidoso mono alborotó a todo mundo con vitoreos, gritos, abucheos y aplausos que parecían no tener fin. Nebiri se sintió tan bien en ese momento...

Sí, estaba cansado, adolorido, le dolían las costillas aunque podía decir que no estaban rotas, quizá solo astilladas. El presentador lo declaró como ganador, como el nuevo campeón y se sintió tan grande en ese momento, tan fuerte que solo pudo sonreír y mostrar un poco los colmillos. Lo siguiente que sintió fue un abrazo por ambos lados. Su esposa y su amigo el mono lo tenían abrazados y los dejó, aunque en ese momento su cuerpo sí se quejaba por el dolor y el esfuerzo. No sentía el desgaste como cuando enfrentó al jefe de su esposa, pero sin duda eso dolería al día siguiente. En algún momento de la celebración escuchó a algunos decir algo sobre un trío con quienes tenía pegados a su cuerpo y solo la mitad de esa fantasía lo hizo sonreír porque Jessica estaba ahí, pero al sumar a Alik a la imagen la cosa dejó de gustarle. Los hombres no le iban en verdad por mucho que le agradaran. Se olvidó de ello ni bien llegó un equipo médico a revisarle, Alik le ayudó a andar junto con otro sujeto que era personal del bar, lo llevaban a un cuarto aparte donde su esposa ya no pudo entrar, solo vio por encima de su hombro cómo ella se quedaba atrás con su cita. Otro felino, un jodido felino, tenía manchas, conocía a los de su tipo y no sabía si agradecer o no que no fuese un león. No pudo verlo mucho, pero se trataba de un tipo elegante hasta donde pudo ver,  ¡hasta gafas usaba el bastardo! Eso lo puso malhumorado, pero no podía hacer nada en ese momento, tenía la ropa rota y estaban por desnudarlo y deshacerse de su ropa para revisarlo completo, de pies a cabeza, pero se negó un momento.

Esperen un momento, solo un momento —les detuvo lo suficiente para transformarse en tigre un par de veces y hacer que sus prendas se repararan gracias a la transformación y a la magia impregnada en éstas, pidió una toalla para enredársela en la cintura y le dio su faja, su pantalón y sus botas al rubio—. Guárdalo con lo demás, mono —le pidió a Alik antes de sentarse en una mesa que de momento servía de camilla y dejar que los médicos le revisaran de pies a cabeza. Tenía amoratado y herido el pie que le tomó para arrastrarlo por el suelo, también tenía golpes en la espalda, heridas de garras en todo el cuerpo y de hecho seguía sangrando en varias heridas. Con razón sentía un poco de mareo, había perdido bastante sangre y no se había percatado de ello. Le dieron a beber un suero especial para esos casos que al tigre le sabía como si estuviera mordiendo metal como lo hacía Bulleye con sus juguetes. Puso cara de asco pero igual la bebió, imaginando que Jessica lo regañaba por portarse como crío y no beber la medicina. Se bebió el suero mientras limpiaban y atendían sus heridas tanto con medicina convencional como con ayuda de un poco de magia, uno de los médicos era un mago especializado en pociones curativas. De hecho le ponía un líquido viscoso en las heridas que ayudaba a que dejasen de sangrar. No había necesidad de coser las heridas, incluso los médicos presentes podían saber que el birmano era sano como toro y que sanaría pronto, así que solo debían cuidar de esas costillas que podrían estar fracturadas. Al momento en que el médico palpó sus costados, el birmano respingó—. ¡Diablos! ¡Eso dolió! —bufó, pero igualmente aguanto cuando lo revisaron. Refunfuñaba, comenzaba a dolerle el cuerpo conforme sus músculos se enfriaban y la adrenalina se iba de su sistema. Fue una suerte que sus músculos no se forzaran demasiado o eso sería más doloroso. Estaba contento porque estaba aprendiendo a dominar esa fuerza interior de su cuerpo.

El campeón estaba de regreso, maldición, ¡el Tigre había vuelto! Su sonrisa volvió a su boca mientras los médicos le ponían un medicamento que ayudaría a relajar su cuerpo. Era una especie de anestesia, después de todo, las costillas astilladas se curaban solas con reposo y buena alimentación. Y considerando el rápido metabolismo del tigre, para el fin de semana estaría como nuevo, solo le recomendaron no hacer demasiada fuerza en los siguientes dos días y tratar de no dormir en una mala posición. Podía tomar medicamento si había mucho dolor, pero Nebiri estaría bien, aun así, le aplicaron bien la fría medicina y luego lo vendaron para presionar la zona del costillar. Tenía que estar con la venda un par de días también y aplicarse hielo en casa. Le dieron una hoja de tratamiento para seguir en casa y le recomendaron descansar un rato más en lo que recuperaba los líquidos en su cuerpo con ayuda del suero.

Ya con las heridas curadas y limpias y su torso en apretado vendaje se sentía algo más cómodo, pero un poco mareado. El personal médico se retiró dejándolo a solas con Alik, claro que el mono no se iría de su lado aunque se lo hubiesen pedido. Por supuesto, estando con el rubio el silencio no duraba ni un segundo. Éste soltó su boca hablando de muchas cosas, sobretodo de cómo fue que hizo pedazos al enorme wendigo luego de dar la impresión de que iba a perder contra la enorme bestia, Nebiri rió y luego se arrepintió de ello, le dolían los costados al reír, pero eso no lo detuvo del todo.

Te dije que iba a partirle la cara al maldito, Alik, te lo dije —dijo el tigre con la misma sonrisa. Se tomó a pecho el consejo de descansar un poco más, se sentía mareado pero esa cosa que sabía a óxido le devolvía las fuerzas al cuerpo y ayudaba a que el cuarto dejara de moverse tanto. Cerró un poco los ojos mientras escuchaba al mono decir cosas, seguro que movía los brazos como loco, ese chico simplemente no se quedaba quieto. Por un momento su mente se perdió y volvió a la imagen de ese otro felino acompañando a su esposa... ¿En serio tenía que ser otro maldito felino? ¿Acaso era una broma? Además, ¿de dónde conoció a ese tarado? Estaba algo enfadado pero nada podía hacer, no en ese momento. Los celos le quemaban las entrañas y tenía unas ganas enormes de salir en ese momento y alejar a ese otro felino de su esposa, pero no podía, no en esas condiciones. Y aunque estuviera sano, no era bueno para su actuación de ama-esclavo que le armara una escena de celos. Además, solo era una salida con un sujeto, nada pasaba, confiaba en el amor que Jessica tenía por él, confiaba en ella, diablos, pero en quienes no confiaba era en los demás... Jessica era tan jodidamente maravillosa que era imposible no fijarse en ella, no quedar encantando hasta por el más mínimo de sus gestos, y esos ojos, ¡diablos! Mirar sus ojos era perderse en un profundo lago, en un infinito cielo despejado. Jessica era un maldito sueño hecho realidad a primera vista... Claro, al conocerla uno chocaba con un muro, pero eso la hacía atractiva también. Imposible no enamorarse de ella si uno era observador, y sabía bien que los felinos grandes eran observadores. Se imaginaba mucho y odiaba eso, estaba tan perdido en sus pensamientos que por largos minutos no escuchó nada de lo que Alik decía hasta que éste le reprochó no hacerle caso como si fuera un niño de ocho años. Le miró al fin, aunque su rostro aun lucía cansado—. No te escuché, estoy algo mareado —fue lo único que dijo, aunque ésta vez sí puso atención a sus próximas palabras—. Hey, cuando salgamos pidamos una enorme canasta de alas y muchas papas, ¿qué dices? —hablar de comida no estaba mal—. Además, está todo pagado, ¿o no? —rió, pero de nuevo se quejó—. Diablos, ese bastardo pegó duro —pero aun así lo venció. Claro, eso no le quitaba el derecho de quejarse todo lo que quisiera, ganó—. ¿Sabes? Puedes venir a mis otras peleas si quieres, pelearé todos los miércoles, así que puedes venir a ver las peleas si quieres... Ah, y si tienes tiempo —sabía que eran bastante esclavistas en ElectriX si el empleado se descuidaba, le constaba luego de ver a Jessica trabajar tanto cuando recién la conoció.

Quizá era demasiada tentación para el rubio tener al tigre así de cerca y solo en toalla, pero a Nebiri no parecía importarle aquello, solo quería recuperarse pronto de ese jodido mareo para salir de ese lugar e ir a ver que ese otro felino hijo de gato sarnoso no le pusiera las manos encima a Jessica.

Mientras, afuera, el personal médico con quien se topó fue con Anthony, a quien reconocieron como representante del tigre. El francés se puso un nuevo título, como socio de Jessica Holtzmann, la ama del Tigre. A él por mientras le dieron la hoja de salud del campeón con el tratamiento a seguir y lo que no debía hacer al menos en los próximos dos días. Tony agradeció el servicio y les dio una buena propina. Se despidió del personal médico, ya había terminado de pasar los fondos de los demás socios que siempre apostaban por el tigre, todos se pusieron contentos con su regreso, y aun mas luego de escuchar que acabó con el reinado del legendario y brutal The Crusher. Las ganancias fueron jugosas, de hecho, llevaba dinero de Chiara también y le pasó su parte a ella haciendo la transferencia desde su móvil. Ya solo le faltaba la que desde hace tiempo se convirtió en su socia mayoritaria, así que fue a buscarla. No estaba tan lejos en realidad, se encontraba en la barra bebiendo una malteada, se encontraba al lado de... ¿Un cheetah? Vaya, hacía mucho que no veía a uno de esos. Vio un saco y unas gafas en la barra, adivinó que pertenecían al híbrido al lado de Jessica... Sin duda, Holtzmann era un imán para animales, comenzando por su esposo.

Mlle Holtzmann, buenas noches —la saludó a ella primero, luego vio al híbrido y se presentó—. Buenas noches. Anthony Blair a su servicio. Soy socio de la Señorita Holtzmann —como el prudente hombre que era, por mucho que supiera el nombre de pila de la castaña, nunca lo revelaba ante nadie. Enseguida miró a la californiana—. Los médicos djaron descansando al Tigre, estará recuperado en unos diez minutos, lo tienen con líquidos para recuperar la sangre que perdió. No se le rompió un solo hueso pero tiene las costillas astilladas —le entregó el reporte médico—. Acabo de hacer la transferencia a su cuenta de la ganancia de la noche, considerando que el tigre estaba abajo en las apuestas, las ganancias al final subieron mucho —sonrió y le pasó su móvil para que ella pudiera ver la cantidad que le había transferido... Era casi absurda, pero las apuestas fueron fuertes más que nada por culpa, y gracias, a The Crusher—. Al Tigre le corresponde esto —le extendió un sobre lleno de billetes a la californiana, era el pago del tigre, pero por cortesía profesional era Jessica quien debía recibir ese pago primero para dárselo luego a su esclavo. Sí, Anthony era un hombre de negocios—. Con su permiso, Mlle Holtzmann —sin más, hizo un gesto de despedida primero a la dama, luego a su cita de esa noche y se retiró sin más.

Chiara se iba a enojar tanto por no haber asistido a la pelea y ver todo lo que sucedía...



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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 05, 2017 5:04 pm

Luego de que entrara el tigre, Diatlov salió un momento para tomar su mochila y la patineta que dejó olvidada. Más le valía que nadie se la robe… pero allí estaban. Con todo en mano volvió rápido pero se percató de la escena en donde su jefa estaba envuelta con un mimoso felino frotándosele, esto lo hizo sonreír al traspasar la puerta. Le era increíble que nunca lo viera, lo realmente seductora que podría ser Jessica Holtzmann. Apoyó todo en una banca para sentarse con las piernas cruzadas en el suelo mientras observaba al birmano —¡Eres genial! ¡saltas de aquí y allá! llegó un momento donde solo eras una bola naranja dándole su merecido a ese maldito campeón que… oh, claro, ¡ex campeón! oye ¿te dan un cinturón o algo así? o una medalla tal vez, no sé si te lo dijeron alguna vez pero te quedaría muy bien el oro y…— Alik, era exasperante. No paraba de hablar, de decir sus ideas y manifestar sus opiniones, todo a pesar de que el tigre no lo estaba oyendo y de eso no se percató hasta que el mismo le comentó que no lo estaba oyendo. El rubio solo lo miró, no lo insultó aunque tuvo ganas de hacerlo ¡había estado hablándole como cinco minutos! —Vaya, al parecer te dieron buenos golpes en la cabeza porque te estoy hablando hace dos horas.— pero estaba frustrado, claro, se cruzó de brazos para mirarlo con el ceño fruncido —¡Pareces un niño de ocho años!, ¿puedes mirarme cuando te hablo?— … pero, observándolo mejor, diablos… lucía cansado. Sí, lo molieron a golpes, sangró mucho, tenía moretones y las costillas astilladas. Se reprochó a sí mismo por ser intolerante, ya bastante de hecho aquel tigre lo toleró, debía pagarle con la misma moneda. Solo se quedó quieto para oír lo que tenía para decirle, sonreía por supuesto —No te preocupes, disfruta estar mareado hoy. Mañana te sentirás mil veces peor.— lógicamente, se sentirá como si le hubieran tirado una enorme roca encima. En esos instante, y recapitulando las actitudes del felino con él, dejó a un lado la atracción física que sentía por el mismo para hacer paso a un sentimiento más enternecedor a decir verdad: estaba viendo a Nebiri como un amigo. Claro que admiraba el contorneado cuerpo ajeno, sobre todo en ese momento que tenía puesto solo una toalla, y hubiera deseado que se desnudara antes de pasarle la faja y las botas… pero igualmente, Nebiri había sido tan bueno con él y había tenido tanta paciencia como pocas veces la gente le tenía, que irremediablemente comenzó a tratarlo más como un amigo que como presa a la que ansiaba cazar.

Se rió ante el dolor del otro, sí, era gracioso que ni siquiera pudiera reírse —Claro. En un momento saldré a hacer ese pedido.— dejó de lado las prendas del híbrido para ponerse su mochila, pocas veces se separaba de esta —Los miércoles es cuando tengo más trabajo. De hecho hoy pude venir porque un colega aceptó cubrirme. Pero… veré qué puedo hacer, en verdad me gusta salir contigo y con mi jefa. Ella no es la bruja que la mayoría opina, yo nunca la vi así… solo es un poco, bastante, muy seria ¿no?, pero es la que me tiene más paciencia aunque casi siempre termine castigándole o dándome algún golpe.— ambas cosas que se merecía muy bien y lo sabía, alguien debía controlarlo para que se quedara quieto o se concentrara en lo que estaba haciendo. Era una mente brillante, pero divagaba bastante. Y en ese instante recordó lo que había visto en la barra —¡Ah! ¿piensas que deba pedir una mesa grande?, es que vi a mi jefa con un hombre y no sé, tal vez quiera acompañarnos.— su inocencia era envidiable —Me contó que fue él quien la trajo para verte, se ve que es un hombre acaudalado e interesante. No lo sé, si las cosas van por buen camino quizás puedan terminar siendo una linda pareja ¿no crees?, así no tendrá que cuidar a esos bebés sola.— y eso lo ponía feliz, ignorando por completo la situación sentimental del birmano. Se levantó para acomodar sus prendas, la mochila, y tomar la patineta —Le avisaré que ya puede verte.— y de paso haría el pedido. Salió para buscar primero a Holtzmann, quien aún charlaba con el otro felino.

Por otro lado, Jessica sabía muy bien lo que el cheetah intentaba. Claro que no caía, pero aquellos gestos le recordaban demasiado a los que hacía su esposo cuando se transformaba en tigre, era cálido, suave y cariñoso, lo mismo que estaba haciendo Martin, no supo qué decir cuando se refregó contra su vientre pero intentó apartarlo, y justamente Anthony hizo presencia para salvarla de alguna manera —Hola…— fue suficiente para que el híbrido dejara de hacer lo que hacía, vio al demonio y saludó cortésmente bajando la cabeza —Buenas noches. Mi nombre es Franklin Gavin Martin. Un gusto conocerlo.— siempre amable y refinado, las palabras parecían que se mezclaban con algunos gruñidos de entre sus fauces. Jessica pasó a tomar el informe que le entregó, le dio una ojeada rápido y frunció dulcemente los labios —Tks, todo esto le dolerá mucho mañana. Apenas podrá hablar ¿cierto?— y hasta respirar le molestaría —Tendré que vigilarlo cuando duerma…— pensó más para sí que para transmitírselo a los demás. Una vez que leyó más o menos todo el estado médico de su esclavo guardó los papeles mientras miraba el número de la ganancia total en el teléfono del francés —Entonces, ¿sí ha explotado de dinero su bolso?— agregó el cheetah con gracia, buscando la cómplice mirada de la castaña ya que también pudo ver el desorbitante número —Por supuesto. Es un campeón.— alardeaba de alguna manera sobre eso —Gracias.— finalizó orgullosa mientras agarraba el sobre para guardarlo. Cuando el demonio se retiró vio de reojo que Diatlov se acercaba, saludó a ambos e indicó a Jessica que ya podía pasar para verle la mareada cara de su esclavo…

La acompañó su cita. Aún transformado en cheetah. Martin le explicó que no le era tan sencillo volver a su forma humana, debía concentrarse y en un ambiente así le costaba más de la cuenta. Holtzmann abrió de apoco la puerta, y allí lo vio, sentado y cubierto de vendas —Hey, treinta y siete.— pasó sin más, con el otro felino entre sus piernas tal como si fuese una mascota —¿Cómo te sientes, campeón? tu informe médico indica que no muy bien.— bromeó para sentarse a su lado. No muy cerca. En el sitio aún había personal médico que acomodaban sus cosas para retirarse, no terminaban aún ya que había un wendigo que necesitaba ayuda para respirar —Hiciste una gran ganancia hoy... dejaste en claro que nunca dejaste de ser el campeón. Que solo usurparon tu lugar aprovechándose de tu descanso. Estoy orgullosa de ti.— hubiera querido besarlo allí mismo, pero no podía. Martin, en medio de eso, se subió a la banca para sentarse al lado de la castaña, apoyó la cabeza encima de su vientre sin ejercer mucho peso, descansaba su cabeza en el hueco de su estómago y sus senos… intentando calmar la situación decidió tomar la palabra ya algo nerviosa por ese gesto —Oh, Nebiri. Él es Frank. Estamos siendo amigos.— allí fue cuando el felino abrió sus ojos para saludar cordialmente al tigre, claro, sin moverse de ese cómodo sitio —Ya nos ha presentado su ama. Fue una lucha espectacular, usted posee una fuerza envidiable y bien merecido alza el título. Bien hecho, muchacho.— 'muchacho' porque era visiblemente más joven que él, Martin estimaba que debía poseer entre veinticinco a treinta, no más. Mientas que él estaba a meses de cumplir cuarenta años. Todo era perfecto, había tantos testigos de su presunta atracción hacia ese hombre y, por demás, de que el tigre estaba solo, que no hacía ya falta seguir con dicha farsa. Sin embargo aún la noche no terminaba, y Frank había sido tan entretenido y educado que tampoco sentía deseos de sacarlo a patadas —Nos cruzamos con Diatlov allí atrás. Comentamos sobre lo que pediste y creo que estaría bien que compartamos una mesa, los cuatro…— con eso le dejaba en claro que sí o sí aquel cheetah iba a estar, Alik ya lo vio e interactuó libremente con él, y no le caía para nada mal —¿Quieres eso, o prefieres estar solo? después de todo eres el campeón de la noche, no dudo de que habrá muchas mujeres que te estarán buscando ahora mismo.— le envió un golpe bajo, quizás jalándole la cola demasiado. Y al destino le gusta echar leña al fuego, pues cuando finalizó esas palabras se notaba unos pequeños bultos que sobaban desde adentro el vientre materno, y a Martin no se le ocurrió mejor idea que refregarse dulcemente contra éstos. Diablos, le encantaba esa sensación: si se estaba enamorando de esa mujer ¿qué le impedía enamorarse también de los pequeños dentro de la misma?, y aquellos bultos parecían acariciar suavemente su cabeza.

No se podría saber con precisión, pero tal vez pensaban que esa gran cabeza pertenecía a su padre y por esa razón hacían contacto. El cheetah se refregaba como si esos niños ya le pertenecieran.

Todo tenía un límite para Holtzmann, y eso sobrepasó uno. Ignoraba lo cálido que se sentía su estómago. Con disimulo se levantó para quitarse al animal de encima, acarició su vientre mientras se dirigía a la puerta no queriendo realmente ver el rostro del birmano. Ya podía imaginárselo y no era bueno que Martin tampoco lo viera. Iba a darle su tiempo para que las drogas surtieran efecto, acompañaría a Alik mientras tanto —Lo que escojas estará bien. Apartaré una silla para ti si quieres venir. Vámonos.— indicó al canadiense mientras atravesaba la puerta. Pero éste se tomó un segundo para voltear, el gesto del tigre le extrañó así que como el hombre con mucho respeto encima, elegancia y buen educado que era decidió acercarse un segundo antes de seguir a la bella dueña —No debe sentir nada malo hacia mí. Tengo muy buenas intenciones con ella. Su dueña, es hermosa, bella, e inteligente… haré lo que sea para complacerla. Créame. Ella estará a salvo conmigo.— iba a cumplirlo. Ya le había pedido una cita más adelante y solo esperaba la respuesta final de la californiana. No era para provocarlo, para nada, solo quería dejarle en claro que no iba a lastimar a su ama de ninguna manera y que sus intenciones eran puras porque se estaba enamorando. Sin decir otra cosa giró para volver a la barra y agarrar sus cosas. Se transformaría en humano nuevamente.
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Jue Oct 05, 2017 9:21 pm



ALREDEDOR DE LAS 10:30PM
BAR "RED RIBBON"
JESSICA HOLTZMANN
RELAX, TIGER, JUST RELAX
No le sorprendía que el muchacho trabajara tanto, sin duda un genio con mucho potencial pero demasiado distraído. Además, ese extraño berrinche de hace rato de alguna manera no le sorprendió, la vida en esa ciudad le había enseñado que incluso detrás de la más dulce sonrisa podía esconderse una criatura totalmente distinta. Nadie era totalmente inocente ahí, ni siquiera los ángeles. Y sus cachorros perderían la inocencia también apenas tuvieran noción de sí mismos y de lo que les rodeaba... Su más guajiro sueño lo hacía fantasear sobre irse alguna vez de ese maldito sitio, irse a California con su esposa, o irse a la selva birmana en medio de la nada, quizá tener una granja como la que tuvo el abuelo de Jessica, o ponerle un templo a su esposa desde donde pudiera ver el cielo despejado en medio del verdor de la selva. Incluso estaba dispuesto a soportar el rechazo del padre de Jessica, sentía que lidiar con él era mejor que seguir en ese jodido lugar. Alik comenzó a contarle que Jessica lo regañaba y cuidaba de él al tenerle enorme paciencia. Sí, el mono necesitaba una montaña completa de paciencia, y el birmano se había convertido en un templo zen completo gracias a Jessica. Si era capaz de tener paciencia con los arranques e ideas de su esposa, de soportar que le toque los huevos y le jale la cola entonces el rubio no era demasiado problema para el birmano. Conociéndolo mejor era menos molesto, y también aprendió qué cosas podían molestarlo, en primera: que tocaran su comida. Y una nueva, que no le prestaran atención. Bueno, a nadie le gustaba que lo ignoraran, pero ese muchacho reaccionaba con más fuerza a la indiferencia... Y tampoco le sorprendía luego de lo que Jessica le contó sobre él. Lo quería para amigo, y los amigos aprenden a tolerarse entre sí, así que estaba dispuesto a trabajar en esa relación también. Ya con las cosas como estaban, entonces iba a conocer a más gente de ElectriX.

La plática iba bien hasta que el rubio mencionó que Jessica la estaba pasando bien con el otro híbrido y que incluso podrían hacer una linda pareja... ¡Maldición, Jessica era la perfecta pareja de cualquiera, claro que se veía bien con él! Su esposa misma se lo dijo, que sería fácil encontrar quién se interesara en ella, no era complicado cuando Jessica tenía esa magnética personalidad. Escuchar que podría ser una buena pareja para Jessica lo hizo enfurecer por dentro, el fuego en sus entrañas, el fuego de los celos seguía encendido y escuchar esas palabras avivó las llamas, pero pudo controlarse al menos frente a Alik. Ni él ni nadie más debían saber que Nebiri era el padre de los mellizos que Jessica estaba esperando, y tenía que ser así para que el birmano no se pusiera en más peligro, para que no lo tomasen mucho en cuenta en ElectriX. El único documento que oficialmente los unía era el certificado de compra del Mercado Negro, nada más, los anillos y sus juramentos tenían valor solo para ellos dos y nadie más, pero eso era solo de la pareja, de Nebiri y de Jessica y de nadie más. Que Alik sinceramente creyera que Jessica y su acompañante harían linda pareja quería decir que la estrategia funcionaba, y siendo el mono hablador de costumbre, la voz se correría rápido en la empresa, tomarían a Jessica como una seductora dama y al birmano como un fiel y protector esclavo que solo estaba agradecido con su ama por haberlo sacado del mercado negro. Solo eso y nada más. El plan no le gustaba pero estaba funcionando, Jessica es una maldita genio después de todo.

Gracias, mono —agradeció el birmano con una sonrisa y se despidió con un gesto de él. Estaba enfadado aun, así que apenas el rubio abandonó el cuarto, apretó los dientes y soltó un gruñido de descontento. Se sentó de golpe y eso solo logró marearlo más, necesitaba recuperar la sangre perdida y bebió más de esas asquerosa bebida con sabor a metal que, a pesar del sabor, le estaba devolviendo los sentidos. Volvió a recostarse y se ajustó mejor la toalla. No estaba en condiciones para vestirse aun sin el riesgo a irse de cara al piso por culpa del mareo. Además, la medicina lo estaba relajando cada vez más hasta dejarle el cuerpo más adormecido a cada instante. Tenia que recuperarse lo suficiente para al menos conducir a casa. Suficiente fue saber que el otro felino trajó a su esposa hasta el Red Ribbon. Cerró los ojos para tratar de calmarse, pasó realmente poco antes de que Jessica entrara al cuarto acompañada del otro híbrido... Y justamente en forma de felino, maldición. Conocía a los suyos, eran de los tipos rápidos, pequeños pero ligeros. Pensó para sí mismo que era más grande que ese tipo, pero solo lo pensó, escuchó a Jessica hablarle con ese tono bromista de costumbre. Su sonrisa se iluminó al momento de escuchar que estaba orgullosa de él, ganas no le faltaron de besarla hasta que ambos necesitaran respirar, pero no podía, el otro híbrido estaba ahí y se presentó con aquella voz propia de un híbrido maduro. Ese tipo ya era alguien mayor, mayor que él y mayor que Jessica incluso. Un cheetah de nombre Frank, olfateó el aire para aprenderse el aroma de sujeto, todo mientras él hablaba y le felicitaba por la pelea. En respuesta, solo le miró y movió la cabeza en agradecimiento, fue todo lo que pudo hacer sin sentir la necesidad de gruñirle o lanzarle algún improperio. Volvió a mirar a su ama mientras ésta decía sobre compartir mesa, los cuatro, Alik incluido. Y Alik había dejado de ser un problema en la mente del birmano, el que le incomodaba era el otro sujeto.

Ante la mención de que quizá algunas chicas lo buscaría tensó la quijada, pero pudo pasar desapercibido... Al menos hasta el momento en que el cheetah comenzó a frotarse contra el vientre de SU esposa y tentaba las pequeñas manos de SUS cachorros. El fuego en sus entrañas se avivó como si alguien le hubiera lanzado un balde lleno de gasolina. Conocía ese lenguaje corporal, conocía lo que esos movimientos querían decir, el bastardo los estaba reclamando como propios. Comenzó a respirar con demasiada profundidad, tenía ganas de lanzarse encima del maldito y alejarlo de sus cachorros, alejarlo de su mujer. Tenía la mirada afilada, tenía los colmillos de fuera y miraba a Frank con furia. Jessica se retiró pronto dándole a saber que lo esperarían en la mesa si quería acompañarlos, para ese momento el tigre tenía los puños apretados sobre la manta que cubría la mesa. La adrenalina volvía y su cuerpo se estaba preparando de nuevo para pelear, aunque era algo que no debía hacer. Pero Frank no se quedó callado, cada palabra que le salía del hocico era más leña al fuego de los celos del tigre. Quizá el cheetah lo interpretaba como la reacción de un esclavo protector de su ama, quizá no, al tigre le daba igual, quería darle una paliza a ese sujeto también. Incluso el cuerpo le dejó de doler, listo para la acción. Apenas lo dejaron a solas, el birmano se paró de golpe. De nuevo ese jodido mareo, se sujetó de la mesa con una mano mientras la otra se la llevaba a la frente. Estaba gruñendo con fuerza, su pecho retumbaba y todos sus rasgos animales salieron a la luz en respuesta a su estado mental. Ese bastardo quería a su esposa, lo sabía, ¡lo sabía, maldición! ¡¿Quién demonios no iba a caer perdido por su Jessica, eh?!

Apenas se pasó el mareo, lanzó la toalla a la mesa y comenzó a vestirse, aunque cada tanto sacudía la cabeza para recuperar la visión, estaba enfadado, estaba enfurecido, aun más enfurecido que en su pelea. Tanto que incluso clavaba sus garras en cada cosa que tocó, en la mesa, en una silla, incluso en la pared que nada debía. Parecía estar a punto de tener un ataque de rabia, aquellos ya no eran celos, iban más allá porque Jessica solo estaba siguiendo el plan, sabía que ella nunca coquetearía con alguien a propósito, además la notó incómoda cuando aquel se refregó contra su vientre al momento que los bebés se movieron. Se terminó de grandes tragos toda la bebida con hierro y demás elementos para recuperarse. Quería rugir, quería romper el maldito muro a golpes y luego hacer que el tal Frank besara el piso también como hizo con The Crusher. Quería hacer tantas cosas que solo atinó a golpear el muro más cercano con ambas manos cual si fueran mazas. Se puso a mascullar entre dientes.

Maldición, maldición, maldita sea —sentía su cuerpo cosquillear de manera incómoda, incluso comenzó a dolerle la cabeza. Estresarse así luego de un importante desgaste físico no fue buena idea, así que debía calmarse, no podía salir a hacer un drama con Alik ahí, porque entonces todos sabrían que eran marido y mujer, todos sabrían que los cachorros eran de él y todo podía irse al maldito demonio. No podía hacer eso, no podía hacerle eso a su mujer—. ¡CARAJO! —volvió a golpear el muro un par de veces más y luego decidió sentarse en el piso con las piernas cruzadas, puso sus manos sobre sus propias rodillas y cerró los ojos—. Cálmate, maldición, cálmate... No debes echar todo a perder, no puedes hacerle esto a Jessica —se regañaba a sí mismo y finalmente decidió cerrar los ojos y comenzar a recitar el mantra para relajarse, para centrarse. Tenía que hacerlo o la cosa saldría muy mal—. Om... Mani... Padme... Hum —recitó en baja voz, para sí mismo aislándose de todos los ruidos que entraban al cuarto. Luchó por normalizar su respiración mientras recitaba una y otra vez aquellas palabras. Terminó juntando sus manos como lo hacían los monjes—. Om Mani Padme Hum... Om Mani Padme Hum —con el paso de los minutos, controlando su respiración y concentrándose en su propio canto, finalmente se calmó, aunque tardó cerca de quince minutos así.

Ya se sentía un poco mejor, al menos ya no quería matar al cheetah, además el mareo y las desagradables sensaciones de su cuerpo se fueron. La ira que lo embargó lo hizo olvidar por completo que había recuperado su puesto de campeón. Se puso lentamente de pie, sus rasgos animales seguían afuera, pero al menos las garras las había guardado y sus colmillos no se mostraban tan amenazadores como hacía un momento. Tomó una gran bocanada de aire, se terminó de acomodar la ropa, incluso Alik le dejó ahí su calabaza y su móvil, así que los metió a su ropa y finalmente salió de ahí... Solo para ser recibido por una ola de aplausos, felicitaciones y alabanzas a su gran fuerza. Nebiri se sintió algo sorprendido de principio, así que solo atinó a sonreír y a recibir con relativa calma las muestras de afecto de sus fanáticos. Como buen tigre, no le gustaba sentirse tan rodeado, y al menos sus fans más antiguos sabían que el felino era un tipo solitario que gustaba presumir pero no tener a todos encima. Un tigre después de todo.

Llegó a la mesa donde ya había una montaña de alas de pollo y una enorme canasta de patatas fritas, además de cervezas y gaseosas, cortesía de la casa. Desde antes Alik le llamaba haciendo amplios movimiento con su brazo. Se sentó al lado del mono, mientras que Jessica y Frank estaban frente a ellos, éste último ya en su forma humana. Las ganas de partirle la cara habían quedado de lado, aunque las ganas de beber una cerveza hasta el fondo aparecieron, pero tuvo que reprimirlas, iba a conducir, así que se conformó con una gaseosa sabor uva. Por suerte, el ruidoso Alik y su boca floja eran suficientes para tener al tigre entretenido y no mirar a cada momento cómo el cheetah seguía cortejando a su mujer de descarada manera... ¿Y porqué habría de detenerse si Jessica era una sensual madre soltera, eh? El único hombre junto a ella era su leal esclavo y nada más, ¿verdad? Estaba el campo libre para cortejarla. Pensar en eso le hizo apretar la quijada y tuvo que centrar su atención en la comida, que la verdad le cayó bien luego del gasto de energía, y en la infinita conversación de Alik... ¿De dónde demonios sacaba tantos temas de conversación ese muchacho? Hablaba de una cosa, luego de otra y cerca de media hora después había cambiado unas diez veces de tema. En más de una ocasión logró sacarle una risa al birmano, una dolorosa risa, por cierto, pero la medicina y la calma que se obligó a tener lo tenían relajado. Le dijo al mesero que no podía beber alcohol porque debía conducir el auto con su ama ahí y no quería ningún accidente para ella ni para sus hijos. Un leal esclavo sin duda, o al menos eso pensaban quienes veían aquellos cuidados del campeón para con su ama.

Se seguía llenando la barriga con alas y patatas cuando un par de muchachas se acercaron a la mesa, justo como Jessica predijo. Odiaba cuando tenía la razón así. Las muchachas se veían tímidas pero emocionadas por estar cerca del campeón.

¡Hola, tigre! Fue una gran pelea, apenas te vimos supimos que debimos apostar por ti —dijo una pelinegra de gran sonrisa. Era una fan nueva—. Tu victoria la mereces, eres tan fuerte —y luego lanzó un gritito de emoción junto a su amiga.

¿Te gustaría comer en nuestra mesa? Nos gustaría conocerte un poco más —dijo la otra muchacha, una chica vivaracha de pelo rizado con un gracioso tinte azulado.

Entre las dos comenzaron a insistir, pero Nebiri tenía más de una razón para no irse de esa mesa, y les hizo saber al menos una de ellas, la que podía decir que en realidad era importante para el tigre.

Ya tengo una cita, con él —señaló al mono con su pulgar... Claro, hablaba de una salida normal de amigos, aunque las muchachas rápidamente confirmaron que al campeón también le iban los chicos. Más por aquella escena de su ama y el lindo chico mono abrazándolo luego de su victoria—. Y a él no le van mucho las chicas, así que no, lo siento —fue la respuesta del tigre, aunque solo logró que la imaginación de esas muchachas se fuera muy, muy lejos. Rápidamente se disculparon y volvieron a su mesa mientras compartían sus fantasías y lo que creían que haría el campeón con el lindo chico mono. Nebiri dejó que se fueran con eso, solo miró a Alik—. Tú me pediste salir, sería grosero dejarte e irme con alguien más, y sé que las chicas no te van, no quiero que estés incómodo —dijo con un tono casi fraternal, el mono ya era su amigo y solo os amigos del tigre tenían la dicha de conocer a un Nebiri detallista y protector.

Y luego de eso siguió comiendo.

Claro, su otra razón para no irse era para no dejar a Jessica a solas con ese encimoso felino... Era como verse en un jodido espejo.



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

Cronología ± Relaciones


Nebiri
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ira

Always with my woman
Always lovin' her
I'm a frickin' Tiger!

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 05, 2017 11:50 pm

¿Quién podía enojarse con él? Martin era un hombre con buenas intenciones. Mientras esperaban al birmano, y a la vez el pedido, los tres se sentaron en la mesa para platicar un poco aunque Alik era el más activo obviamente, Frank le seguía el hilo mientras estaba cómodamente sentado al lado de la bella castaña. Ya se había transformado en humano, se colocó su abrigo y lentes, comentándole a Holtzmann que pensaba en comenzar a usar de contacto para cuando cumpliera cuarenta años. Diez minutos después fue el rubio quien vio a Nebiri de lejos y le hizo gestos para que se acercara, él no había parado de hablar ni un segundo, Holtzmann acotaba cosas de vez en cuando pero no era muy habladora a decir verdad. Con el campeón llegó el pedido, ¡era exorbitante! una montaña de alas de pollo, patatas fritas, gaseosas y alcohol. Diatlov miró a su compañero mientras tomaba un puñado de patatas con su mano y se las llevaba a la boca, realmente tragaba rápido —¿Cómo te sientes, tigre? seguramente te duele hasta el alma.— no esperó para llevar a su boca otra guarnición de lo mismo —Acabamos de ver cómo llevaban al ghoul en una camilla. Mira, su pierna sigue allí.— señaló el cuadrilátero, lo estaban limpiando para que la gente pudiera bailar en la pista pero aún luchaban para sacar el pesado tronco que ejercía como pierna del luchador derrotado —Podrías darles una mano ¿no?, después de todo tú lo descuartizaste.— como siempre su risa era encantadora, inocente y dulce tal como él —O tú Frank. Después de todo eres grande, estoy seguro que debajo de aquel traje hay mucho músculo. ¿A qué te dedicas?— pregunta que fue recibida por el cheetah con una afable sonrisa —Bueno, soy médico forense. Pero créeme que no soy más fuerte que este campeón.— señaló al tigre mediante un gesto con la cabeza. En ese momento Jessica retomó el habla —Él perdió con un wendigo la última vez.— … hubo un silencio casi cómplice luego de ese comentario, Holtzmann pasó a mirar a su esclavo con egocentrismo mientras dibujaba una atractiva sonrisa en sus rojos labios —No sé si la suerte está de tu lado o superaste tu miedo… recuerdo que era la primera vez que veías a un monstruo de cuatros metros y metiste el rabo entre las patas. De repente pasaste a ser un gatito que rasguñaba el tronco de un árbol. Pero al menos no caíste dos veces ante la misma cosa.— eran puñaladas que le dedicaba la inventora al ya celoso tigre.

En medio de eso un mesero trajo una bandeja con un plato de tarta de manzana con dos bochas de helado de vainilla encima, Martin escogió qué comer al parecer, y ante la protesta de Alik por no haberle aceptado el pedido de helado el mesero le explicó con exaspero que no servían helado de esa manera y que si tanto lo deseaba se fuera a una heladería. Por supuesto que hubo un par de insultos por parte del menor, pero rápido se le pasó al concentrarse en las alas de pollo. Jessica no era fina así que iba a comer un par de patatas condimentadas y algo de pollo, por lo que se sacó uno solo de sus guantes para no mancharlo, y ante el comentario de Nebiri sobre no beber porque debía conducir hizo reír a Holtzmann —Oh, treinta y siente por favor, bebe todo lo que quieras. Después de todo te ganaste la noche, quizás consigamos un taxi y volverás por el vehículo a la mañana.— pero antes de que probara algo, el cheetah le ofreció de su tenedor un poco del postre que pidió.

Las chicas que habían estado mirando al campeón de lejos tomaron suficiente valor para acercarse, pero la castaña las ignoraba ya que estaba hablando con Frank conociendo un poco más el uno del otro. Por supuesto, no le había dicho su nombre, eso era pasar a otra frase. Sin embargo espiaba el accionar del tigre con esas chicas, rió por dentro al comprobar que tenía razón cuando le dijo que muchas mujeres lo estaban buscando. La insistencia de las jóvenes no iban a desistir, se parecían a Diatlov de cierta manera… quien dio un respingo de la silla cuando lo señaló ¡lo había agarrado con la boca llena! —¿¡Mn!?— por supuesto que lo tomó por desprevenido, pero tragó rápido para mirar a las chicas —¡Ah! ¡sí!, él es mi cita.— remarcó felizmente, pero se dio cuenta de que tal vez no usó las palabras adecuadas —¡Cita de amigos! es decir, él no es mi novio o algo así, solo un amigo.— pero las muchachas no creyeron eso, pues cuando se retiraron murmuraban cosas que una mente ágil como la del simio podía imaginar. Quizás metió la pata, pero las palabras de Nebiri lo tranquilizaron y de paso lo emocionaron ya que eso le comprobaba que eran amigos —Gracias… ¿sabes? hace tiempo que no hago un amigo. Aunque no lo parezca no estoy rodeado de estos. Sé que te caí mal la primera vez pero es porque no me sé controlar muy bien. No doy una buena primera impresión ¿verdad?— para nada, a todo el mundo le caía pesado a la primera. Entonces se arremangó para ver la hora, eran pasadas las once de la noche, frunció el ceño y miró al birmano —Tks, creo que debo irme ya. Mañana debo hacer doble turno por este favor que pedí. No me quejo, ¡la pasé muy bien! em… no tengo mi teléfono encima, supongo que iré a otras de tus luchas cuando tenga libre otro miércoles o arregle algo, después de todo le puedo hablar a mi jefa.— se había terminado todas las patatas y contribuyó en hacer bajar esa montaña de alas de pollo —Bien, gracias por todo. Ah, envíale un saludo a mi jefa cuando la veas, al parecer ahora está ocupada.— agregó antes de desaparecer entre la multitud saludando de buena gana. El birmano justo se había incorporado para comer, y allí vería que ni el felino ni su ama se encontraban en la mesa, y con un vistazo en la pista de baile podría visualizar que el cheetah le rodeaba la cintura a Jessica mientras bailaban un tema antiguo que iba muy, muy lento… una balada romántica. Y a pesar de que él se esmeraba en acercarse más se notaba que la castaña no lo permitía —Tengo un primo que vive en Canadá. Dicen que es uno de los mejores lugares del mundo para vivir.— quizás por eso una vez le propuso al tigre irse a vivir a ese país si lograban escapar de New London, una fantasía absurda pero que fue hermosa en su momento —Lo es. He viajado mucho y la verdad nada se compara con mi lugar de origen. Todo es tranquilo, la gente es amigable, no hay tantos problemas como nuestro país hermano… ¿dijo que venía de california, cierto? no tiene mucha pinta de californiana.— una joven de bikini y playas, un look atrapante y salvaje, alocado por supuesto, pero Holtzmann nunca fue parte de aquel molde.

Escogió ignorar eso. El ritmo seguía y Jessica no se aferraba demasiado fuerte a los hombros de ese sujeto, tampoco quería estar tan cerca —Mi ex esposo y yo queríamos ir a vivir a Canadá. Pero luego escogí California porque… extraño un poco mi hogar.— comentó casi de manera casual, fue lo que atravesó su mente en aquel instante —Aún puede hacerlo… no quiero incomodarla, pero yo podría llevarla si aceptara.— … no supo qué decir, detuvo aquella danza de repente y miró los ojos de ese hombre —¿Cómo?...— el aire se le escapaba de los pulmones, sí… ¡una oportunidad!, ¡una en tres billones!, ¿cuántos tuvieron la suerte toparse con una suerte así? —Puedo mover algunos contactos, falsificar ciertos papeles y hacer que vuelva conmigo a Vancouver.— sencillo. Jessica no lo creía.

Enseguida se soltó para volver a la mesa —¿Qué estupideces dices?— la cabeza le daba vueltas, chocaba con gente sin intención de pedir permiso o hacerles saber que quería pasar —¡Aguarde!, ¡por favor!— había llegado con el tigre para cuando la alcanzó, Holtzmann se dio la vuelta y el cheetah la agarró de los hombros —¡Estoy hablando enserio!, ¡yo puedo llevarla! puedo hacer que se vaya de este lugar, usted… comenzará una nueva vida en Estados Unidos si quiere, por favor. Sé que es arriesgado, pero siento la necesidad de ayudarla…— el birmano era testigo de todo eso ¡le estaban ofreciendo una oportunidad de abandonar New London!, la inventora tragó saliva y miró el suelo —Y… ¿qué pasará con mi esclavo?...— cosa que le preocupaba, pero Martin cambió su rostro e intentó bajar la voz —Yo no puedo hacer mucho por él. No puedo sacar a  los dos.— y aunque sonara cruel Jessica comprendió eso, el felino vio la tristeza en el rostro cabizbajo de esa mujer —Por favor, él estará bien. Me has dicho que él vino directamente de la selva, no hay mucha diferencia con este sitio y la terrible naturaleza, se adaptará a otra persona, se trata de un animal después de todo.— y lejos de confortarla, eso la hizo enojar —¿Qué demonios quieres decir?— bruscamente le apartó las manos de encima para mirarlo con rabia —¡Vamos! con todas las cosas que mencionas sobre su persona haces notar que es pesado de soportar, solo oigo muchas quejas de su parte hacia él.— tenía razón, sin embargo Jessica le pegó un empujón tal como si no la tuviera —¡SÍ, LO HAGO! pero también lo quiero mucho… y yo no voy a hacerle eso. Lo siento.— sin más corrió hasta perderse entre la multitud. Entró al baño de mujeres, se sentó en la tapa del wc en uno de los cubículos vacíos y su cabeza comenzó a dar vueltas, ¿qué acababa de pasar?, ¿qué demonios…? —¡Diablos!— Frank le removió la mente… pero no, no podía, no iba a hacerle eso a Nebiri. Ella era su esposa, estaba embarazada de sus hijos y lo amaba ¿cómo podía escoger irse con Martin? no… no podía ¿cierto?.
Jessica Holtzmann
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Oct 06, 2017 3:23 am



PASADAS LAS 11PM
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Su nuevo amigo en parte le aliviaba el estrés, así que se concentraba en él y en comer todo lo que su barriga pudiera aguantar. La comida normalmente lo ponía de buen humor, pero en ésta ocasión parecía estar más en guardia que otra cosa, sobretodo por culpa de lo cómodo que se estaba poniendo el otro felino con su mujer. Platicaban fluido, hablaban de todo un poco y aquel era todo sonrisas ante una mujer que muchos calificarían como un maldito sueño hecho realidad. Nebiri estaba lleno de unos celos que su esposa no ayudaba a amainar, más bien le dedicaba más golpes cada tanto para hacerlo rabiar, así era ella. Y estaba seguro de que ella sabía los celos por los que el tigre estaba pasando, sobretodo luego del show en aquel cuarto del felino restregándose a la castaña. Odiaba sentir el aroma de ese idiota en su esposa, él maldito la marcó de algún modo y eso tenía enfurecido al depredador de la selva. Desquitaba su enojo con las pobres alas de pollo devorándolas con todo y hueso. Y a mencionar que cuando ella comentó sobre su primera derrota con un wendigo fue la lata de gaseosa la que quedó como papel arrugado entre las grandes manos del birmano, a eso solo gruñó con fiereza mirándola como a ella tanto le gustaba, de manera retadora, enfadado en serio. Y a comentar que igualmente decidió no beber, los ánimos se le esfumaron por mucho que supiera muy bien beber una cerveza fría con saladas alas de pollo. Para sorpresa suya, el apetito del mono era mucho para tener un cuerpo tan delgado, él solo bajó más de la mitad de la montaña de alas! Y ni mencionar el pobre cesto de patatas. Nebiri hizo lo propio y entre ambos, y con ayuda de Jessica, vaciaron por completo la bandeja de alas. Percató de reojo cuando Jessica se fue a bailar con Frank, era graciosa la manera en que se vigilaban mutuamente.

No, no das buena impresión al principio, mono —dijo Nebiri entre risas y luego de ello se dolió un poco, le dolían las costillas aun pero era capaz de reír varios segundos antes de ceder al dolor. Su cuerpo estaba ya frío luego de la pelea y el medicamento lo tenía más cómodo, pero respirar le dolía, y no hablar de reírse. Estaría mejor en un par de días, ese dolor no era nuevo para su cuerpo y, la verdad, la pasó mucho peor con el jefe de su esposa. Si comparaba todo a su experiencia con Zhukovski, cada pelea parecería en serio como un paseo por el bosque—. Ya sabes qué días peleo, puedes verme cuando puedas —se encogió de hombros—, casi siempre es en las noches y no suelo quedarme mucho tiempo, la verdad siempre regreso a casa luego de la pelea —ésta ocasión era especial por muchas cosas, algunas desagradables cosas, por cierto—. Cuídate, mono, yo la saludo de tu parte —se despidió del chico con un gesto no tan amplio como el de él, pero al menos podía decir que ya eran amigos y que era capaz de soportarlo, podía ser sincero con el rubio cuando no era capaz de seguirle la conversación, faltaba mucho para conocerlo, eso era seguro, pero ya sabía qué podía y qué no podía hacer con él, no por nada era un tigre muy observador y no solo en los detalles. Ya se volverían a ver, después de todo, los monos eran demasiado astutos, ese chico lo era. Ser su amigo no era malo. Se quedó solo en la mesa y aprovechó ese momento para recostarse un poco en la mesa, aunque la posición le costó porque tenía que lidiar con el dolor de sus costillas y la apretada venda que le daba algo más de alivio a su malestar.

Miraba de reojo cómo bailaban y podía adivinar que él quería avanzar y ella no lo dejaba. Esa era su Jessica, una mujer que no permitía familiaridades tan pronto, que no gustaba del contacto físico de parte de extraños y, que de ser por ella, no se habría quedado tanto en ese lugar y ya estaría en su casa haciendo "cosas de provecho". O simplemente descansando, diablos, su esposa ya llevaba mucho tiempo ahí y sabía que se cansaba y a esas horas. De estar en casa le habría dado su masaje en las piernas para que ella pudiera relajarse luego de cargar todo ese peso extra, sin duda ese sujeto era soltero porque no había parado en que una mujer con casi ocho meses de embarazo cargaba el peso de mellizos y sus pies se hinchaban con facilidad. Podía olerlo, era un jodido cazador después de todo, buscaba a la hembra, intentaba acercarse pero ella le soltaba zarpazos. Que fuera amable y bien hablado no quería decir que pudiera ser una molestia ante tanta insistencia. Lanzó un bostezo profundo que de inmediato lo hizo respingar, quejarse y luego soltar una maldición. Ya quería largarse de ahí, pero tenía que aguantar un poco más. De pronto vio que Jessica salía con prisa de la pista de baile, se le notaba alterada y eso lo puso en guardia al momento. Frank iba tras ella y le retuvo, Jessica parecía agitada. Algo tuvo qué decir o hacer ese idiota para ponerla así... Y no tardó en enterarse de qué trataba el asunto... Él podía sacarla de New London, se lo estaba ofreciendo.

Al escuchar eso abrió más los ojos... Una oportunidad de salir, era esa la oportunidad de salir. Frank le insistía, pero cuando dejó en claro que solo podía sacarla a ella, el tigre sintió un hueco en el estómago. Su Jessica tenía la oportunidad de salir, pero él no... ¿Acaso era una jodida broma? ¡Claro que pudo escuchar lo que el cheetah le murmuró a la inventora! Sus sentidos estaban más afinados que los del otro híbrido. Acaba de decirle animal, el maldito híbrido de cheetah le decía "animal" al híbrido de tigre, ¿acaso era una jodida broma? Gruñó por lo bajo, ese idiota era peor que un casanova de segunda, no podía adivinar que en el tono de Jessica había dulzura incluso al quejarse de su esclavo, y si lo mencionaba tanto no era porque le molestara, si no que así era como Jessica hablaba de él. Jessica no era la que mandaba flores y felicitaciones a cada momento, uno sabía que era importante para Jessica Holtzmann cuando hablaba constantemente de esa persona, así fueran solo quejas y todo lo que le molestaba. Jessica era así y ese jodido cheetah no lo percibió. ¡El bastardo solo quería aparearse! Y aun si eso último no era cierto, el birmano estaba seguro de ello.

Ella se negó y se fue al baño a gran velocidad, dejando al idiota ahí parado. Nebiri de inmediato se puso de pie y fue a encarar al sujeto, o al menos lo mejor que pudo, era más alto que él, pero el birmano estaba acostumbrado a tratar con seres más grandes y altos. Le miró con sus ojos zafiro afilados, con los colmillos de fuera.

Escúchame bien, idiota, acabas de decir algo que no sabes si vas a cumplir, no sabes nada de ella y sueltas tu lengua a lo estúpido, si fuera tan fácil como mover papeles mi ama ya habría encontrado la manera de salir por su cuenta —porque Jessica era una genio, por eso, tenía contactos poderosos y ni ellos podían asegurarle una salida, ¿qué le hacía creer a ese idiota que podría hacerlo? ¿Qué le hacía pensar que los de ElectriX dejarían que una de sus mejores mentes se escapara de New London? Claro, él no sabía nada de la gente de ElectriX, pero era fácil hablar para alguien como él que buscaba otra cosa de las mujeres. Podía olerlo, demonios, ¡tenía el aroma de mujeres encima! ¡Pero el bastardo no percibió el aroma de Nebiri encima de Jessica...! No era más que otro maldito gato de ciudad—... Si la estresaste por culpa de tus idioteces y se siente mal y algo le pasa a ella y a sus bebés, a ti te arrancaré las dos piernas —le gruñó una vez más, fuerte, pero lo siguiente se lo dijo en baja voz—... Y yo que tú no estaría diciendo sobre sacar a alguien de New London en un sitio tan lleno de gente, si alguna autoridad se entera que andas diciendo eso, entonces ni tú serás capaz de volver a tu casa, imbécil —de inmediato corrió a buscar a su esposa, siguió su aroma hasta el baño de mujeres y poco le importó meterse, había un par de muchachas lavándose las manos en ese momento y se sorprendieron a ver al tigre, éste rápidamente las calmó—... Vine a ver que mi ama esté bien, tiene casi ocho meses de embarazo —una de ellas le señaló uno de los cubículos, era el único ocupado de momento. Las muchachas se fueron pues el campeón tenía permitido hacer lo que quisiera esa noche, estaban solos en el baño, al menos de momento, y se acercó a la puerta, pegó su frente en ésta—. Jessica...

Tomó aire de nuevo, dolió pero no le hizo caso a la molestia, tenía algo más importante qué hacer.

A bhaalshoet ngar lo k denayrarmhar htellk s ngya s nyya a r nhaint lonehkyuanmhu, maat aytar r nongya saw hcaitmhaantae hkae lhoetpell —(Qué diera yo porque fuera cierto que puede sacarte de aquí y ponerte a salvo, amor) le habló en birmano, así si entraba alguien, nadie entendería lo que estaban diciendo, hablar así era muy íntimo para ambos—. Saint rae aakyeeaakelltway k sain htwatpyaylwatmyawwat int ko si sai mhaan shin, s ngya s nyya kw nyya shu, sain shin, hto luu htone s ngya s nyya karkwalpayynine lim mai mahote, ko aain t aain kyaung rae s ngya s nyya ko saat lain maal —(Tus jefes te matarán si sabes que has escapado, te buscarán, y si te encuentran, ese idiota no será capaz de protegerte, solo es un gato casero) dijo enseguida, le soltaba todo lo que tenía en la mente—. K bhayy kainn lonehkyuan hkae kya shin, sain nhaint ngar sarrsamee thoetsai bhayy kainn lonehkyuan shin ngarsai i ng rell taeehko hcatehtellmharmahotebhuu... darpaymae... sain k si? Ngar kyawwat maat bhwalsaw luu ko pot,  ngar k taitko kaungg saan suu tait u ko sain hkyinn mashibhell hpyithkyin mhar mahotebhuupot. Suu sai sainthoet ko m hkanr bhell say nhangya ngar hkway pout hcamaallhoet... Ngar ngarko aasaatshinlyet hkanhcarrr hcaysai taithkutaeesaw a rar m soneshone hkyin kya bhuu, meinm,  s ngya s nyya soneshone hkyin kyabhuu... —(Si fuera algo seguro, entonces no me importaría quedarme en éste infierno si tú y mis hijos están a salvo... Pero... ¿Sabes? Soy un horrible hombre, soy una persona egoísta, no querría estar sin ti. Me moriría sin ti y sin mis cachorros... No quiero perderte, mujer, no quiero perder lo único que me hace sentir vivo...) confesó mientras caía de rodillas ante la puerta del baño, se sintió cansado de repente—. Dark aantararalmyarr lwann sai kyee,  mha lwatmyawwatraan a hkwin a lam mahoteparbhuu. Ngarsai sainthoet ko saat pait ninesai, suuthoetsai sang ko htote rahphoet kyaoehcarrnay bhhoet shuko saat pait ninesai, ngarsai sain nhaint hkway pout hcanhaint  paatsaat. Pomo si raan m pyanninepartaal...  Sain k taithkuhkuko saint raeaakyeeaakelltway... Ngar... Ngareat hkyithkyinnmayttar, ko sain nhang aatuu aainpyan hkyin kya bhuu nongya s nyya, ngar ngyee ngwaepot degaim... —(Ésta no es una oportunidad de escapar, es un riesgo demasiado grande. Pueden matarte, pueden matarlo por intentar sacarte, puedo no volver a saber más de ti y de los cachorros... Pueden hacer algo tus jefes... Yo... Mi amor, solo quiero ir a casa contigo, ya me cansé de éste juego...) Del juego de fingir que no eran nada más que ama y esclavo, de no poder besarla o tomar su mano siquiera—. Ngarsai sainthoet ko nam hkyin, a myaoe samee t —(Quiero besarte, mujer) finalizó en baja voz, casi un murmuro, cansado aun, ser el campeón era algo vacío sin ella.

Solo la quería a ella, se sentía una basura por dejar ir una oportunidad así, pero no había nada seguro en ese intrépido escape, ¿qué tal si ya le había dicho eso a otras mujeres? ¿Qué tal si se lo decía a la siguiente que capturara su atención? El idiota no sabía que la mitad de lo que Jessica le contó era una mentira. Peor aun si lo sabía, porque entonces solo decía lo que Jessica quería escuchar. Quería pero ya no tenía ánimos de partirle la cara, solo quería volver a casa.



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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Oct 07, 2017 12:15 am

Quería estar sola. Necesitaba estar sola. Se refregaba el rostro con fuerza, deseaba gritar, patear la puerta, hacer un berrinche en aquel cubículo pero no lo concretó. Su mente estaba paralizada pensando solamente en aquello que le fue propuesto tan de repente, era un sueño hecho realidad… una fantasía, una maldita respuesta a lo que siempre ha deseado —¡AARHG!— pero ¿por qué justo en ese momento?, esto la desesperaba. La volvía loca. Sí, Frank logró desestabilizarla, se sentía atrapada en un gran dilema y a pesar de saber que la segunda opción estaba mal le era inevitable tentarse. Era humana después de todo. New London es lo que finalmente hizo que perdiera los estribos por lo que desde el comienzo de su historia allí quiso irse. Pero no podía, todos allí estaban atrapados tal como un cardumen de peces en una red de pesca. ¡Diablos, ese podría ser el último tren de su vida!.
Martin era su boleto.

Y el cheetah no comprendió la reacción de Holtzmann. Bueno, en parte sí ya que sabía con anticipación que proponerle algo así haría que perdiera el aliento o se desorientaría, que lo bombardearía de preguntas, pero no sucedió. Lo que no comprendió realmente es que lo tratara con enojo y desprecio, todo lo contrario a lo que se imaginó, pero más que nada le llamó la atención que se preocupara tanto por el híbrido de tigre: él podía conseguir otro interesado que lo comprara fácilmente, incluso tendría una comodidad mayor de la que ya poseía y muchos gustos, después de todo era un luchador admirado. En una noche ganaba sumas envidiosas, ¿quién no quisiera tener a alguien así bajo su dominio?. Martin pensaba más frío al respecto, ser también un felino no lo confundía ya que él no fue criado de la misma manera que el tigre, claro que no, él era de ciudad, de gustos finos y personas refinadas. Creció en la civilización de Jessica, pero en un ambiente más lujoso que el de la mayoría del mundo. Sin embargo la actitud del birmano sí se la esperó. Él era una especie de protector después de todo, su esclavo, tenía derecho a hacerle frente si pensaba que le estaba haciendo algún mal a su dueña —Yo sé perfectamente de lo que estoy hablando.—  odiaba los insultos, el que lo llamara 'idiota' lo amargó bastante —Señor, no tiene idea de quién soy, ¿por qué no le pregunta a ella por qué estoy aquí y quiénes me convocaron?— … pero el esclavo enseguida volteó para desaparecer tal como la esbelta castaña. Frank no sabía precisamente qué hacer, por lo que se sentó para pedir un vaso de agua mientras pensaba en cómo arreglar aquello. No quería meter la pata, pero lo hizo, se encargaría de enmendarlo para no perder a esa interesante mujer.

Por su parte, la inventora estuvo varios minutos observando la nada misma. El blanco de la puerta, pintura fresca… podía olerlo. Oyó a un par de jóvenes entrar, hablar, maquillarse y lavarse las manos, pero el sonido brusco de la puerta abrirse hizo que pegara un pequeño salto de las sorpresa al igual que las otras. Reconoció la voz al instante, pero ella no le contestó. Ni siquiera cuando la llamó. Decidió cerrar los ojos y relajarse, no sabía qué iba a decirle así que decidió sellar sus labios mientras tenía apoyada la cabeza en una de las mamparas. El lugar era pequeño a decir verdad, solo entraba apenas una persona. Y a lo primero que le dijo frunció los labios… era cierto, él podía sacarla pero Nebiri desconfiaba de esto, Jessica incluso había visto la carta que le enviaron para convocarlo a una junta con tal de dar por cerrado los cabos sueltos que quedaron luego de aquel desastroso día para la ciudad. El sello venía directamente de más arriba, de sectores privados a los que el rey manejaba. Holtzmann pronto se percató que el tono de voz ajeno iba a bajando de decibel, temblaba, lo percibía cansado pero ansioso, sabía que estaba muy preocupado al respecto, ¿quién podría asegurarle que no le pasaría nada a su mujer ni a sus cachorros a dicho tosco tigre?, pero oír cómo sus rodillas chocaron contra el suelo provocó que esos pensamientos se fueran de momento.

Se sentó bien, iba a levantarse para ayudarlo pensando que tuvo una repentina perdida de energía, pero siguió hablando… sí, él era egoísta, pero la castaña comprendió que él tenía derecho de ser egoísta. Además no era el único que quería irse a casa, pero no se sentía capaz de tomar una decisión en ese momento porque sentía un vacío en el estómago. ¿Cuánto habrá durado el tigre, por cierto? cerca de cuatros horas estimó Jessica, solo eso duró sin admitir que quería tocarla. Cosa que verificó con el reloj que le ganó a Chiara, éste estaba guardado en su bolso y era algo que llevaba a todas partes desde ese día. Hubo un rato de silencio absoluto, nadie entraba al baño: afuera el volumen de la música hacía vibrar hasta los espejos, los gritos ensordecedores, los colores vibrantes de las luces y la revoltosa fiesta, el ambiente de sábado por la noche azotó el sitio de repente.

Relamió sus labios mientras miraba el suelo, tragó saliva nerviosamente y cerró pasivamente los párpados —Suu k demhar htellk ngarko r ninesai.— (él sí puede sacarme de aquí.), por supuesto que supo por qué Nebiri le hablaba en birmano, aquel idioma era demasiado complicado y casi estaba segura de que solamente ellos dos en toda la ciudad manejaban esa lengua —Paann u rait sarahpuuko saint hkaw . suu k yarye k demhar hpw int kyount nhaitl aatwat mhaan sai baan kuu barr, kanaydar mha pyanlar par lain maal . aasopar hcartammyarr, sain mhaattammyarr shi htarrpartaal, dar kyount muupine, Nebiri eat tansiuthkaungg shipartaal.— (la corona lo convocó. Él está aquí temporalmente y es verdad, en dos meses volverá a Vancouver, Canadá. Tiene los papeles, tiene los registros, tiene el sello de la realeza, Nebiri.), él lo tenía todo. Pasó a jugar con sus manos, refregándolas entre sí mientras pensaba en sus palabras —Aasopar kumpane bharmha lotepayy lhoet maraparbhuu. Irksome soneshone hkaer paymaae sainthoet ko ngarthoetsai aashisone a mein twayhar htain tae suu aathakya manyyalaw suuhtayyk hkaat sawlaeem Idiots myarrmhar k bhurainhcanait nhang aatuu a bhaalsuu suuthoet k kyawantawthoet ko kinetwal hcain k suuthoetko hceman hkaant hkwal sai.— (la empresa no podrá hacer nada. Será fastidioso perderme, pero ¿para quienes crees que son la mayoría de los pedidos que tenemos? mis jefes son duros pero no idiotas, es la monarquía quienes los manejan y a la vez ellos nos manejan a nosotros.), y nadie se atrevía a levantar un dedo en manera de protesta ante la realeza o sus organizaciones. A lo que la castaña quería llegar era demasiado simple —A bhaalaarar ko myaha ngar htanshoet hpyitpyet par lain maal. nae Martin hotetaal ngarko denayrarmhar htellk ninepartaal.— (no me pasará nada. Y Martin sí puede sacarme de aquí.)… eso debía ser un golpe duro para el birmano. Jessica decía lo que opinaba al respecto. Era sencillo, sí, sí podía irse. Sí, podía dejar al tigre e incluso sus pertenencias, podía dejar todo atrás para rehacer su vida nuevamente, recuperar un poco de los años que perdió, olvidarse de dónde estuvo todo ese condenado tiempo. Ser otra mujer. Vivir otra maldita vida nuevamente.

Sintió un nudo en su pecho, no lo soportó, escondió su rostro entre sus manos para ahogar sus tristes gritos —Ngar m swarr hkyin swarr hkyin!— (¡quiero irme, quiero irme!), ¿quién no? pasó a mirar con furia la puerta, dirigiéndose al tigre —S ngya s nyya a kyahanyaupyaeat a r pya ko tonepyan bharlell? taithcone tait u ko s ngya s nyya myanmarninenganshoet pyanlar kamlham sai mhaan shin, sainsai a bhaalaarar ko hpyay so malell.— (¿qué responderías tú en mi lugar?, ¿qué contestarías si alguien te ofrece volver a Birmania?) una pregunta capciosa, con mucha frustración encima —¡¡Yo quiero irme desde que tengo veintitrés años, Nebiri!!— desde que llegó han pasado exactamente ocho años.

Se sentía tan exasperada que… tuvo que tranquilizarse, su corazón latía rápido, sus manos temblaban, los cachorros se movían intensamente presintiendo el malestar de su madre por lo que Jessica se aferró a su vientre intentando que ese dolor se le pasara —¡Nebiri sácame de aquí!, ¡sácame de aquí…! por favor… por favor…— no soportaba más estar en ese sitio, tuvo el impulso de golpear y abrir violentamente la puerta, sin más para demostrar corrió hacia el birmano para abrazarlo como podía —Llévame a casa, Nebiri. Llévame a la casa del árbol… quiero ir allí…— se aferraba a él con fuerza, parecía clavarle las uñas aun con los guantes puestos ¿Qué harías tú sin mí?, ¿cómo me reemplazarías?, ¿qué camino tomarías? susurró en su oído ya que apoyó el mentón en su hombro derecho Convénceme de que me quede contigo… ya había decidido no ir, lo quería demasiado como para ponerle fin a su relación. No le haría eso ni a él ni a sus hijos, pero igualmente quería escucharlo, quería escuchar sus razones para no dejarla ir ¿Me necesitas tanto como yo te necesito a ti?... háblame. se separó un poco para mimar con su mano el pecho cubierto de vendas, suavemente fue subiendo hasta acariciarle los labios con su dedo índice ¿Me llevarías en tu corazón?, y si me fuera ¿llorarías?... ni siquiera ella sabía por qué hacía esas preguntas, pero cada vez se acercaba más sin apartar la vista de los labios del tigre Nebiri…querido… un dulce beso, casto, suave y húmedo le depositó en los labios para separarse enseguida, miró sus ojos con un brillo especial en los suyos. Era un momento íntimo y raro para Holtzmann, pero le nacía estar así y ser así.

Jessica ya había tomado su decisión. Le importaba nada que alguien entrara y los viera así. Nebiri era el maldito campeón, podía reclamar lo que quisiera, incluso a su ama... además era un momento particular y privado donde la castaña le estaba ofreciendo de nuevo su corazón a ese hombre.
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Sáb Oct 07, 2017 4:16 am



ALREDEDOR DE LAS 11:30PM
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Jessica no tardó demasiado en responderle igualmente en birmano, pero lo que escuchó fue algo que no esperaba. Al parecer el idiota tenía más que solo esa apariecia elegante, tenía el poder y la oportunidad de sacarla de manera segura, de tener la oportunidad de estar en Canadá y de ahí volver a California... Ella sería capaz de cuidar de los cachorros, de comenzar de nuevo, de hacer lo que quisiera ya que seguía en plena flor de su vida, cualquiera querría desposar a tan hermosa mujer que debía criar sola a dos pequeños, cualquiera se prestaría a ser el nuevo esposo y nuevo padre de los cachorros... Jessica tenía tanta oportunidad, era una salida segura y no podía más que sentir un enorme hueco en la barriga por saber que ella sí podría irse... ¿Acaso dijo en dos meses? ¡Demonios! Para entonces los cachorros ya habrían nacido, tendrían alrededor de un mes para entonces y Jessica estaría en condiciones de viajar... Eso quería decir que el destino sería tan cruel como para dejarle conocer a sus cachorros por breve tiempo antes de perderlos. Jessica podría irse, ella y los niños podrían irse lejos de ese infierno, y si Jessica le aseguraba que era un escape seguro, entonces había una opción sensata: dejarla ir, dejarla escapar de ese infierno... Cuando Jessica empezó a gritar que quería irse no resistió asi clavar sus garras en el suelo, su esposa quería irse de ahí, el birmano también, pero solo había boleto para uno. Sentía que la cabeza le punzaba, apretó los dientes y los párpados, sentía que estaba a punto de explotar. Comenzó a gruñir por lo bajo. Jessica preguntó qué haría él ante tal oferta y la visceral respuesta no se hizo esperar.

Ngar sailaee hcw ant hkwar hkyin! Ngarthoetsai laee aain, a myaoe samee t swarrkya hphoet shayy hk yyaya! —(¡También querría irme! ¡También elegiría irme a casa, mujer!) gritó el tigre a la puerta, hablaba como si ese obstáculo de madera comprimida no existiera, como si pudiera ver ese par de ojos furiosos clavados en los propios—. Shoetsaw m payy s ngya s nyya hkyinn mashibhell, a myaoe samee t! Ngarsai sainthoet ko i aaraut nayhtine kyaungg si kya mhar mahotebhuu! —(¡Pero no sin ti, mujer! ¡No me iría sabiendo que tú te quedas aquí!) agregó casi de inmediato. Nunca había hecho eso ahora que lo pensaba. Cuando Jessica se fue con Elizabeth, aun así la siguió, a pesar de saber que era por su bienestar que Jessica se había entregado a su captora. La ha seguido todo ese tiempo, ha estado tras sus pasos, ha procurado estar a su lado sin importar el momento. ¡Demonios! Se sentía mareado, se sentía sobrepasado, le estaban dando un boleto de ida de New London a Jessica y el birmano quería y no quería que se fuera. Pasaron largos minutos en silencio, o al menos el posible considerando que ambos respiraban fuerte, hondo, demasiado profundo y delatando lo alterados que estaban los dos.

Y nuevamente Jessica se hizo escuchar, pero ahora en el perfecto idioma local. Le estaba rogando que la llevara a casa, que la sacara de ahí. La puerta se abrió de golpe y vio a su esposa con ese gesto que era incapaz de ignorar. Apenas si pudo ponerse de pie antes de que ella se le lanzara encima. Oía su preciosa voz rogar por ir a casa, le hablaba al oído, hacía esas preguntas que lo hacían vibrar desde dentro, sentir escalofríos y recordar, una vez más, que Jessica Holtzmann era la mujer de su vida. No necesitaba escuchar sus pensamientos de manera directa, Jessica eligió quedarse, lo decía con sus preguntas, con su tono de voz. Apretó los dientes y correspondío el abrazo como pudo.

No hay nadie en éste mundo que pueda reemplazarte, Jessica —respondió el tigre entre caricias y abrazos, en un tono totalmente entregado a su ama, mujer y esposa—. Nadie tomaría tu lugar, me sentiría muerto sin ti, perdería el sol de cada mañana, y la luna por las noches, perdería el calor y las ganas de sonreír... Perdería todo sin ti —respondía el tono quebrado, cualquiera diría que estaba a punto de llorar, pero algo retenía las lágrimas y las reemplazaba con una quijada tensa y una voz profunda—. Lloraría por ti, mujer, lloraría por no tenerte, por no poder oir tu voz una vez más... Tú tienes mi corazón, mujer, ya lo sabes, si te vas te llevas todo de mi. Soy todo tuyo, solo soy tuyo —agregó con voz quebrada, un beso dulce y breve lo dejó callado. Aquel inocente beso hizo que de pronto todo volviera a su lugar, que sus pensamientos encontraran el sitio adecuado en su mente y que incluso su corazón latiera sin parecer caballo desbocado. No resistió, decidió entrar al cubículo con ella y cerrar la puerta, estaban algo apretados, así que se sentó sobre el retrete que tenía la tapa abajo, sentó a Jessica en sus piernas pero no de frente, si no de lado para no presionar su precioso vientre. Un largo y dulce beso no se hizo esperar, miraba sus ojos y parecía perderse en ellos—. Lo siento, Jesica, perdóname... No soy tan fuerte como tú —se lo decía entre besos que de alguna manera eran calmados, se notaba alterado por eso, se notaba culpable por retenerla—... No soy tan fuerte, Jessica. No soy como tú que te has sacrificado tanto por mi, lo siento, lo siento tanto, Jessica —pegó sus labios a los de ella, besó su cuello, sus mejillas, su nariz, sus ojos, cada parte que podía y que tenía a disposición—. Quería... Quería romperle la cara a ese idiota por... Por frotarse contra ti... Y por tocar a los cachorros —sentía que si no lo decía iba a explorar, aunque seguramente su astuta mujer ya se imaginaba eso—. Estaba furioso, tenía ganas de partirle la cara en ese momento... ¡Diablos! —volvio a besarla, a acariciar su cálido rostro—... Te amo, mujer, no me dejes —¿ella quería que la convenciera? ¿Quería oír sus palabras? ¿Quería que se arrastrara por ella? ¡Diablos, sí, iba a hacerlo por su mujer que le ha dado tanto!—. Eres... Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, mujer. Tú haces que éste infierno parezca el paraíso, haces que todas mis mañanas tengan más luz, haces que todo sea mejor, sin ti no sería nada, mujer, sin tí nada tendría sentido... ¡Tienes todo de mi, demonios! ¡Te... Te pertenezco, mujer! ¡Eres mía! —el posesivo macho no le daba descanso a su mente—. Quiero que salgas de aquí, pero tampoco quiero perderte... Soy una horrible persona por pedirte que te quedes en el infierno conmigo... Perdón, Jessica... Perdóname...

Apretó los dientes y el siguiente beso fue más profundo, más visceral y desesperado. Quería tomar a su mujer ahí mismo y por Dios que iba a hacerlo. Se levantó ayudándola a ponerse de pie, aunque estaban apretados, pudo ponerla contra el retrete y él quedar a su espalda. Sus manos comenzaron a acariciar donde sabía que ella no estaba dolorida, sus férvidas manos recorrían las piernas de su esposa bajo el vestido, besaba y mordía su cuello y orejas y lamía la suave piel de Jessica con su áspera lengua. Gruñía en todo momento mientras acariciaba sus muslos para luego llegar a la cálida zona entre sus piernas. Sin perder tiempo, comenzó a masturbarla por encima de su ropa interior, presionaba el dulce botón que sobresalía por la tela, sabía cómo y dónde tocarla, sabía que no podría vivir sin hacer eso, sin sentirla temblar entre sus brazos.

Jessica... Jessica, amor —murmuraba contra su oreja, se refregaba contra ella e inconscientemente buscaba deshacerse del aroma que cheetah había impregnado en su mujer aunque fuera de leve manera. No soportaba que alguien más tocara a su esposa y se lo demostraba justo con sus acciones. Nebiri era un macho celoso y demandante, pero que admitía su fragilidad ante la mujer que amaba—. Te amo, mujer, no me dejes, no te vayas a donde no pueda alcanzarte —rogó a su oído—. No... No soy tan fuerte como para seguir sin ti... Nada sabría igual, no podría volver a casa donde están tus aromas y tus recuerdos, no podría volver a dormir en la misma cama, no podría ver ningún sitio donde hemos estado sin sentir que me parto en dos por saber que solo serás un recuerdo... Cuidaría de Bulleye, de Oliver —porque no esyaba seguro de si el tal Frank sería capaz de sacar un caballo también—. Pero te vería a ti en ellos —bajó su ropa interior apenas sintió que se había humedecido, y bastante, por cierto. Le levantó el vestido torpemente, culpa de la excitación—. ¿Tú me extrañarías? ¿Llorarías por mi? —ahora era él quien quería escucharla, quería saber qué podría ser Jessica sin él, quería saber qué podría llegar a sentir si no estuvieran nunca más juntos.

Se bajó los pantalones lo suficiente. Estaba tan alterado, tan excitado y a la vez tan lleno de ella que su erección fue inevitable. Enfilando su cuerpo contra el de ella, la penetró suavemente. Soltó un suave rugido de placer, en esa posición estaba tan apretada que se sentía derretir en cada suave embiste. Iba suave, no podía ser brusco con la mujer que tenía en sus brazos, con la hermosa mujer que esperaba a sus hijos. Se movía lento, profundo, suave y amoroso como solía ser últimanente cuando ella estaba de ánimos para tener intimidad con su esposa con algo más que solo masturbarse el uno al otro. Respiraba contra su oreja, la tenía sujeta y segura con sus brazos. ¿Cuándo fue la última vez que lo hicieron en un baño público? Lo recordaba, siempre recordaba esos momentos. Fue hace un par de meses antes de que ella aumentara súbitamente de peso y de talla en su barriga, y fue precisamente en el dinners americano que se había convertido en su favorito. Iban seguido, y aunque ya habían tenido sexo una vez en esos baños, nada los detuvo de repetir la experiencia. Fue culpa de Elvis, claro, alguien se sintió nostálgico y vació todo su cambio en el jukebox pondiendo canciones de Elvis una tras otra, y justo cuando sonó una que solía cantarle mucho a Jessica, no resistió y cantó a su oído. Una cosa llevó a la otra y de pronto ambos estaban de nuevo en el baño de mujeres dándose caricias y besos en el mismo cubículo de la vez anterior, por cierto.

La escuchaba, embelesado, solo sus respiraciones y gemidos eran el ruido dominante en el baño, pues sus cuerpos en contacto y choque constante apenas si se dejaban escuchar. Su preciosa Jessica sin duda era maravillosa. Sí, sabía que era un egoista, un caprichoso, un inmaduro felino que no podía vivir sin ella, Jessica se lo podría reprochar y a Nebiri no le importaría del todo, sobretodo porque era cierto, el amor había convertido al tigre en ese ser que daba todo por ella y que la necesitaba a ella. Cuando Jessica terminó de hablarle, de decirle lo que debía decir, de hacerle saber lo que sería de ella sin su malcriado y salvaje tigre, tuvo que buscar sus labios como mejor pudo, siendo él quien se moviera y no ella para no lastimarla. La besó duro, la besó fuerte, la besó con esas desesperación que solo ella podía despertarle. Mientras estaban en eso se escuchó la puerta abrirse, eran mujeres que querían usar el baño y quedaron francamente sorprendidas por lo que escuchaban, los cubículos estaban totalmente cerrados, las mamparas pegaban hasta el suelo pero los sonidos sin duda decían mucho. Nebiri sonrió ampliamente entre el beso.

Inayrartwin aanaeesone kyanawthoet aamyarrpyisuu sangya lyayayar, mi nya meat hcwuthcwal hkyinnko hkanr lim maimahotepay... —(Al menos aquí no nos van a acusar de indecencia pública, mujer...) dijo el tigre con una brillante sonrisa, sin dejar de moverse, claro, se lo dijo en baja voz. Pudieron escuchar a las mujeres soltar unas risillas, pues esos gruñidos que se escuchaban no eran de nadie más que del Tigre, el gran campeón de la noche disfrutando lo que merecía por retomar su trono luego de una larga ausencia—. Rae ai mya, a myaoe samee t swarrkya kone aan. Ngarsai sainthoet nhang aatuu a pawngya thoet s nyya ngareat raatpaungg aasaatshin nayhtinehkyin... Ngar nhaawinnpine twin aiut get rayhkyoe nhaint tainhtarr taw muu mai, aainpyan lar kya ngarsai sainthoet ko saint hkandharko aapaw tait u a nhaiut payypar lain maal, ngar se hk ngyaya sopar manyya hpwhcyasanyya. Tait u taitko kaungg saan hpyithkyinn sai ngarko hkwin m lwhaat, hkwin lwhaat hkyinn, hkyithkyinn. Sain takaal hkyit kya shin, sain lwatmyawwatraan par hcay saint taal htainhkyinpartaal... —(Volvamos a casa, mujer. Vamos a casa, te daré un masaje en tu cuerpo, te cantaré, te bañaré y pondremos música para dormir hasta tarde... Quiero vivir todos mis días contigo. Perdóname por ser un egoista, perdóname, amor. Cualquiera diría que si realmente te amo, entonces debería dejarte escapar...) no paraba de disculparse por eso, claro, se lo decía bajo en todo momento, y nadie entendía lo que decía el tigre, lo cuál era realmente una suerte. Seguía moviéndose con suave ritmo, estaba tan apretada que gruñía, bufaba y le regalaba suaves mordidas. El cuerpo no le dolió en ningún momento mientras hacían el amor—. shoetsawlaee ngarsai sainthoet kohkyit sakaeshoet ngarsai sainthoet mashibhell bhawako hcatekuu lhoet maraparbhuu. Bhaaltotmha ngar tait luu htone nhaint tait u hpwit pot ko si, ngar sain i ng rell htellk lo hk ngyaya ko si, ngar kyanawthoet aahkyarr hkwng a lam shisai hpyithcay m sir parbhuu, darpaymaae... Ngar tayouttaee sain hcw ant hkwar hphoet bhaaltotmha k ti htarr taw, ngar gyethcekar ko hkyoe hpyet mai mahotekyaungg gati htarr taw muu lyet, ngar —(Pero te amo tanto que no imagino una vida sin ti. Sé que soy un idiota y un egoista, y sé que quieres salir de éste infierno, y no sé si tengamos o no otra oportunidad, pero... Te hice una promesa que no pienso romper, Jessica, prometí nunca dejarte sola, y nunca lo haré) y quizá era por esa razón que no quería separarse de ella, porque su Jessica podría tener a sus hijos, podría llegar a conocer a otro hombre, quizá algún día se reconciliaría con su padre, podría tener todo lo que quisiera fuera de New London... Pero Nebiri sabía que Jessica aun lloraría por él, que se sentiría culpable por haberse ido sin el padre de sus hijos, que volvería a tener pesadillas, su mente imaginaría tantas cosas que por la noche no podría dormir en paz.

Porque así era su Jessica, una mujer que amaba mucho, una mujer de gran corazón. Nebiri no quería que ella llorara por él, no quería hacerla sufrir... Sí, el birmano era un idiota cabeza dura, pero ama a esa mujer como nadie. Y se lo demostraba en cada dulce embestida y beso. Estaba tan repleto de placer y lleno de su mujer que sentía que estaba a punto de terminar.

Mi ama, ¿qué quieres que haga? —le preguntó bajo apenas las muchachas se fueron del baño entre murmuros y risas apenas discretas.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Oct 07, 2017 10:28 pm



WEDNESDAY FREE NIGHT


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Aquel beso fue el sello de sus palabras. Confesó de manera implícita: 'sí, me quedo contigo.', cosa que el birmano comprendió muy bien. Pero también ese beso fue para tranquilizar sus nervios, todo el cuerpo ajeno parecía un volcán en erupción, lo sentía temblar, la mano con la que acariciaba su pecho percibía las fuertes palpitaciones, no quería que se alterara tanto por temor a que le sucediese algo a su cuerpo ya que al fin y al cabo estaba en proceso de recuperación. Lo último que quería Jessica es que tuviera un ataque. A ella iba a darle uno pero no tal cual, pues su seno fue apuñalado varias veces por las palabras del híbrido cuando le declaraba básicamente que se moriría sin ella. Sí, si ella se iba estaba totalmente segura de que la pasaría peor que antes, peor incluso antes de que ambos se conocieran.

La inventora sabía que ella era el amor de su vida y no por todas las veces que se lo remarcaba, sino que en ese momento se lo demostraba con un dulce vocablo y temblorosos abrazos de pánico ante la posibilidad de perderla para siempre. El nudo en su garganta casi le daba náuseas, su vientre estaba lleno pero lo sentía vacío, su corazón estaba marchito pero aceleraba cada vez más el ritmo, ¿cómo podía ser tan malvada?, ¿cómo si quiera pensó en irse?, era la posibilidad de su maldita vida, la última oportunidad, ¡la respuesta a sus malditas plegaria con un demonio!... pero, al carajo, Jessica Holtzmann estaba enamorada —Neb-…— iba a disculparse con él por haberle gritado de esa forma, por haberse expresado mal en ciertos momentos de su discusión y sobre todo por haber tenido en cuenta aunque sea por cinco minutos irse, pero el luchador abusó de su fuerza para empujarla hasta encerrarlos a ambos dentro del mismo cubículo —¡Ouch!— el sitio era pequeño, Holtzmann se golpeó el brazo con una de las mamparas, se refregó un poco para amenguar el dolor pero el tigre de rápidos movimientos la manejó tal como una muñeca de porcelana para sentarla de costado sobre su regazo. Mirarlo a los ojos fue espontáneo, él estaba rojo pues  esa clase de  emociones eran muy fuertes para su esposo y lo sabía, y los catastróficos besos que le siguieron a eso apenas la dejaban respirar. Parecía hambre que ambos tenían, hambre del otro. Eso fue algo que calmó a los dos, sobre todo al birmano, la castaña se preguntaba si en verdad él era incapaz de estar sin tener contacto con ella por mucho tiempo… no sabía realmente cuánto ha tenido que soportar toda la noche, más viéndola con otro hombre. Puede que Jessica sea un poco celosa, pero Nebiri era un animal, por lo tanto se trataba de un individuo territorial y posesivo, entonces solo podía estimar cuánto le costó controlarse cuando Martin se refregaba contra ella y su vientre, que la siguiera a todas partes.

¿Perdón?, ¿por qué diablos le pedía perdón?, toda esa situación era un desastre. Él la besaba desaforadamente y ella se dejaba, a la vez le rodeaba el cuello y le daba pequeños besos espontáneos en las mejillas y en la comisura de los labios, ambos se daban mutuamente pequeños piquetes con los labios —El amor es una forma de egoísmo. No es la culpa de nadie.— acotó apenas añadió que la amaba. Ese instante ambos se detuvieron a la par, Jessica comenzó a oír las razones de por qué quería que ella se quede, a decir verdad le movió el estómago ya cuando le pidió no dejarlo, nunca le rogó algo igual. Él… se estaba arrastrando por ella, se había despojado momentáneamente de la dignidad que tenía como macho para rogarle que se quedara con él, la castaña no podía hacer otra cosa que mirarlo con embeleso, mientras le acariciaba la cabeza a ese posesivo hombre retirándole así un mechón que cubría su frente —Nebiri, no estás respirando bien…— pero él seguía calificándose como mala persona, pidiéndole perdón reiteradas veces ¡diablos, quería que dejara de decir todo eso! —Basta Nebiri, basta.— tuvo que levantar la voz para que la oyera, demonios, con ambas manos lo aferró de las mejillas con tal de mirarse a los ojos, y allí, casi de manera cómplice, ambos comenzaron a besarse como si esa fuese la última oportunidad que tenían para hacerlo.

Jessica abría su boca como podía pero el híbrido fue demasiado demándate, la estaba devorando, el morboso ruido que hacían sus bocas al chuparse podía oírse perfectamente. Tomó un gran respiro cuando se separaron, sinceramente la mareó… por lo que dependió de él para levantarse y acomodarla a su gusto pues su cabeza aún daba vueltas Querido no estoy segura de esto… suspiraba fuerte cuando las manos ajenas recorrían el largo de sus piernas Ah… no me estás oyendo… no. No lo hacía. Pero Holtzmann hacía poco para resistirse. Ni siquiera sabía por qué hablaba entre susurros, pero era excitante. Usaba ropa interior de satén, neutra, ésta se moldeaba a su cuerpo y no fue raro que su clítoris se marcara en la fina tela, hinchado por el dulce y bruto trato del otro.

El calor interno de a poco le daba un color rosado a sus mejillas ¿o en ese baño la temperatura era más alta?... el deseo la sobrepasaba, esa masturbación la mojaba aún más y como podía se estremecía moviendo las caderas y gimiendo por lo bajo, con tan poco ya su sentía que su vagina se expandía queriendo sentir a su amado dentro. Su erecto botón de carne no mentía, éste ya estaba tan lleno de sangre y duro —Ah… Nebiri… Nebiri, tú sí eres fuerte, pe-pero eres un malcriado… mmmmm…— la adrenalina le trepaba el pecho hasta llegarle a la cabeza, sentía las piernas débiles pero aún podía quedarse de pie, se daba soporte apoyando las manos en la pared que tenía frente —No quiero que te mates… eso me dijiste una vez, que te matarías si me pasaba algo… no quiero que te mueras, no quiero que te pase nada…— en ese preciso punto sintió amarga su garganta, era las lágrimas que se esforzaba en tragar —Quiero irme contigo. Q-quiero ir a cualquier sitio, pero si tú no vienes conmigo yo no iré… te extrañaría mucho, ¡carajo!, si no me controlas yo… yo… yo…— buscar las palabras era difícil, sobre todo cuando el placer le nublaba los sentidos de apoco —Caería, de nuevo… a ese maldito pozo depresivo… del que estaré segura que, qué no podré salir de nuevo… jamás…— Nebiri la mantenía cuerda, Nebiri la controlaba, Nebiri se aseguraba de que no volviera a cometer estupideces tal como tomar cien pastillas por día, alcoholizarse hasta desmayarse o intentar quitarse la jodida vida —Te he buscado toda mi vida… no podré volver a encontrarte si me voy…— eran demasiadas palabras, demasiadas confesiones por esa noche, pero la lengua de la californiana estaba suelta. La ropa interior se la bajó solo lo suficiente y de manera torpe, el vestido apenas lo subió mostrándole lo húmedo que estaba su palpitante centro —Me diste la oportunidad de ser madre… los quiero mucho Nebiri, los amo… y-y s-son un complemento de lo nuestro, pero-pero yo ya tenía una familia…— la voz le temblaba, pero se negaba a llorar —Porque mi familia comenzó cuando te conocí ¡tú ya lo sabes!— sin más se mordió el labio inferior para callarse, demonios, había dicho mucho. Todo ella temblaba como un blando y dulce postre sucumbiéndose ante ese desesperado hombre.

La penetración fue  cariñosa, tierna y amable, como siempre él lo hacía cada vez que la hembra no le daba zarpazos cuando el macho quería tener relaciones —A-aaaahhhh…— pero en esos casi ocho meses las relaciones de ambos fue tan escasa que le era dulcemente escalofriante tener a su esposo de nuevo dentro de ella —Nebiiiiriiii… nadie es taaaan atento conmigo que tú… te aaaamo tanto tigre de felpaaa…— las palabras se le escurrían, estaba ebria, borracha de placer —Eres la única familia… que tengo. Recuerda esto para siempre birmano, ah… pase l-lo que pase… Nebiri… siempre vas a ser el amor de mi vida… estés o no estés en mi vida…— entonces volteó penas, mirándolo sobre su hombro con los párpados entrecerrados dándole un aspecto sensualmente lujurioso —Sí… soy tuya. Soy de tu propiedad. ¿Querías oírlo? pues ya lo tienes… ammmng Nebiri, amor…— su boca fue sellada por un beso que amenazaba de nuevo cuenta dejarla sin aire, justamente en ese momento la puerta se abrió dejando expuesto lo que ambos estaban haciendo ante un par de chicas que solo querían darle un retoque a sus maquillajes —Ah… ah… mmm… tks… ¡oh!— era obvio lo que pasaba en ese cubículo, los gruñidos del campeón eran inconfundibles, al igual de las expresiones de placer de una mujer que estaba teniendo relaciones sexuales —Ngarsai sainthoet nhang aatuu mahcain kyaal saw hpyithkyinn mha aasonepot ...— (estoy acostumbrada a ser indecente contigo...), el peso de su vientre le molestaba por el ligero dolor que tenía en la espalda así que subió su pierna y apoyó la rodilla en la tapa, sus brazos terminaron apoyados en el tanque del retrete ya que éste era de los modelos que tenían el tanque unido. Una pierna flexionada y la otra en el suelo, elevó más el trasero como podían y ambos podrían sentir lo apretada que Jessica estaba en esa posición —¡AHH! ¡AAAAAHHHH! ¡DIABLOS! ¡MMMN!— aquel gemido fue suficiente para las jóvenes, entre risas decidieron irse de allí. El interior de Jessica apretaba tanto la virilidad del birmano que sentía absolutamente todo, las fuertes palpitaciones, los estremecimientos y juraría que hasta la sangre correr por sus venas —C-cuando volvamos a casa, ¿seguirás siendo m-mi esclavo?...— mencionó entre risas, eso hasta que sintió un pequeño dolor que la hizo respingar. Era aquel dolor placentero.

—M-me hiciste una promesa, y si… y si me deja ir la romperías… siempre me has dicho… mn, que eres hombre de palabra…— las respuestas sexuales vocales de Holtzmann eran agradables, excitantes, morbosas, gemía con fiereza y a veces con ternura, todo demostraba el deleite que sentía en ese momento —Tú, yo… las… las espinas…— tragó salivo, le estaba comenzando a costar hablar —Las espinas, saca las espinas, Nebiri…— pero antes de eso lo animó a separarse, volteó apenas para ver el pene erecto de su esposo. Tenía un poco de sangre en la punta, su sangre —…Estoy muy apretada ¿verdad?— el grado de fricción, la manera en que la penetraba hasta fondo en esa área donde se mezclaba dolor y placer provocaba ese desliz de sangrado, pero no era peligroso —Sigue, no es nada. Solo quería verlo.— y que él viera que, a pesar de los años, aún podía romperla y hacerla sangrar tal como la primera vez que compartieron una cama. Pronto ambos comenzaron de nuevo el acto que dejaba constatado a quién había escogido la californiana. En un momento tuvo que bajar su escote hasta relucir sus grandes senos, usaba sostén pero se lo subió con tal de tener sus pechos libres y que se balanceen según el grado de embiste que el birmano le regalaba a su frágil y delicado cuerpo.

Qué iban a saber ellos que Martin abrió la puerta. Había preguntado el paradero de la castaña, y siendo la única embarazada del lugar rápidamente consiguió la información de que se encontraba en el baño, algunas chicas que habían estado antes aseguraron que estaba llorando… y esto alertó al felino. Pero con tan solo abrir la puerta sintió aquel aroma que alteró sus sentidos, lo volvió loco, y solo dio un paso hacia dentro intentando no hacer ruido. El ruido que escuchaba allí era suficiente, y los gemidos de la mujer no eran para nada discretos —Sí… sí ¡sí! birmano… vamos… saca las espinas, tú puedes… tigre…— … ¿cómo no sorprenderse?, ¿cómo no fastidiarse?, ¿¡cómo no se lo imaginó ni siquiera!? —C-cuidado con mi vientre, ammm, así… ahhh…— y el esclavo realizó un buen movimiento que activó el punto dulce de la inventora —¡¡AAAHG!!, ¡demonios!— Martin no podía escuchar más, tenía el corazón arrugado, y estaba molesto a decir verdad… no sabía que esa mujer tenía un amorío con su esclavo, bueno, seguramente se habrá formado luego de que su esposo la abandonara, pensó, no sería raro que ese híbrido sea su forma de desahogarse hasta que consiga una nueva pareja.

Pero aun así el cheetah volvió a cerrar la puerta e irse, se sentía un idiota.

—¡Ahí, tigre!, ¡no te detengas!, ¡dame más duro!— exigía la hermosa californiana —Que rico Nebiri… me estás… ya no puedo más…— se estaba agotando pero sus caderas no se detenían, resistía bastante bien. Su cuerpo quizás no estaba perlado como las veces que tenían sexo pero sí varias gotas escurrieron sobre todo de sus senos al ser éstos más grandes que antes y el calor allí era abrazador —Pon las manos donde puedas tocarme.— ni siquiera lo dejó pensar, ante esa orden, como pudo, le agarró las manos para prenderlas en cada uno de sus senos. A esa altura ya se estaba apretando, las embestidas eran más dificultosas porque su vagina se estaba cerrando, contrayéndose a cada segundo —Azúcar…— su mente ya no pensaba, solo actuaba —Eres azúcar…— tenía la lengua floja, y no era la única.

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Lun Oct 09, 2017 12:38 am



PASADA LA MEDIANOCHE
CALLES DE LA CIUDAD
JESSICA HOLTZMANN
JUST KEEP GOING, TIGER
Las dulces palabras de Jessica eran suficientes para sentir que su corazón regresaba a su sitio. No la culpaba por haber caído en la tentación de una salida de la ciudad del pecado, pero eso de irse solo uno afectaría mucho al otro, independientemente de dónde estuvieran. Si existieran las almas gemelas, ellos dos serían la representación perfecta de ello. No necesitaba que ella le dijera lo que sería de su vida si no estuviera a su lado, Nebiri lo sabía, volvería a ser como cuando la conoció. Casi no comía, bebía más, trabajaba hasta desfallecer frente a la computadora, tenía pesadillas y dormía mal en general. Su Jessica era un desastre y entre ambos comenzaron a quitar esos malos modos el uno del otro. Durmiendo juntos se quitaron los malos sueños, a él le fue más fácil dormir a pesar de ser un animal nocturno, a ella poco a poco se le fueron las pesadillas. Volvían cada tanto, pero no eran recurrentes como antes. Las decenas pastillas de Jessica y los riesgos innecesarios de Nebiri poco a poco quedaron atrás. Los besos comenzaron a ser no solo muestras de cariño, si no la medicina para el estrés, para la tensión, para el enojo y para esos ataques ocasionales de ansiedad de parte de ambos. La vida los dejó con un daño que solo el otro podía sanar, que solo el otro podía sopesar y comprender sin reprochar, sin juzgar, sin hacer nada más que quererse como nadie más lo ha hecho. Esa era su relación, una que muchos no podrían comprender ni comparar ni tan siquiera tratar de entender. Así era Jessica Holtzmann de California, así era Nebiri el tigre de Birmania.

Lo mismo te digo, Jessica... Tú —el tigre estaba perdido en ella, en las sensaciones, en su humedad, sus aromas y su dulce voz—... Tú eres y siempre serás el amor de mi vida... Mujer, nunca olvides mi promesa... No dejaré que duermas ni amanezcas sola, mientras viva, mientras tenga fuerza y aliento, dormiré a tu lado y despertaré a tu lado, te besaré cada mañana, te diré que te amo y sé que aunque no respondas sientes lo mismo —el tigre la conocía así, sabía incluso cuando su aparente indiferencia era su forma de demostrar amor y cariño hacia él. La conocía y le gustaba justo como era. Nebiri echó a reír un poco mientras ella le preguntaba si seguiría siendo su esclavo en casa—. Tu esclavo te dará un masaje, y un baño, y si tienes hambre te hará tu postre favorito con bayas, aun tenemos helado... Y también... ¡Ah! —se sentía tan jodidamente bien estar dentro de ella, se sentía caliente de alguna manera—... Yo... Nunca faltaré a mi promesa, nunca... Soy... Soy un maldito hombre de palabra —así tuviera que regresar a rastras a casa, así tuviera que buscarla hasta en el último y oscuro lugar de la ciudad, la buscaría. El asunto estaba así, eran los dos o ninguno. Su esposa pidió las espinas y justo comenzaba a concentrarse, pero ella se le separó un poco.

Lo que vio fue un poco de sangre, y hasta ese momento pudo olerla, era sangre de su esposa, pero era poca. No pudo ni alarmarse, Jessica lo calmó a tiempo diciendo que no era grave... Pero es que estaba tan apretada que sin remedio alguno se acordó cuando estuvo con ella por primera vez. Asintió a sus palabras y se enfiló de nuevo contra su cuerpo. Apretando los dientes un poco por culpa del placer, entró de un solo movimiento y conforme los suaves embistes se sucedían uno tras otro, y poco a poco las suaves espinas comenzaron a crecer, haciendo que el placer de ambos diera la impresión de multiplicarse. Iba lento aun, tan suave que sus movimientos solo se escuchaban cuando chocaba con la piel de su esposa. El birmano gruñía, salivaba casi y bufaba por culpa de las dulces palabras de su esposa y esa sensación apretada de su dulce interior.

Tendré... Tendré cuidado... ¡Ah! —la tenía bien sujeta tratando de lo lastimar, solo dándole el apoyo que el cuerpo de Jessica necesitaba. Escuchó que se abrió la puerta, pero no que alguien entrara, y estaba tan lleno de los aromas de su esposa y ahí dentro estaban algo encerrados, que no percibió más aromas en ese momento. No le importaba, solo la quería ella. Tocó ese punto que a su esposa le encantaba y a su grito respondió bufando, pues eso la ponía algo más apretada y lo hacía sentir jodidamente bien. En un momento ella quiso que tocara sus pechos, y eso hizo, pero a sabiendas que ella estaba sensible en sus senos, las caricias eran suaves, sus dedos se posaban suavemente en su cálida piel. Se sienten pesados sus pechos, es normal, siente que en sus dedos escurre un líquido que sabe es su leche. Traga saliva y solo acaricia sus pezones casi con ternura, no la lastimaría a propósito—. Y a... A ti te gusta lo dulce —murmura ante el comentario del azúcar, se lame los labios, se siente caliente y comienza a sudar un poco. Claro, no se quitó la ropa, por eso está acalorado—. Vamos a casa, vamos a la casa del árbol como quieres, salgamos de éste sitio —cariñoso, juguetón, mordió su oreja entre gemidos que le regalaba y que salían por culpa de ese placer que ni siquiera podía describir—... Ya cobraste tus ganancias —rió y luego mordió suavemente su cuello, sus caderas se movían solas contra el cuerpo de su esposa, y tenía que ser suave en todo momento, las espinas están presentes y siente cómo araña con dulzura el interior de Jessica—. Y sí, llegando a casa seguiré siendo tu esclavo si lo deseas... Soy tu esclavo desde siempre, mujer, solo que el papel lo hizo legal —dijo entre divertidos gestos. ¡Diablos, eso se sentía tan bien! Le hacía olvidar que hacía solo un rato discutían por el único boleto de salida de New London que se presentó sin esperarlo—. Jessica... Mi Jessica...

Su mujer, su esposa, su mejor amiga, su dulce amante... Su ama, su condenada diosa... No podría vivir plenamente sin ella, se sentiría vacío, se sentiría muerto por dentro si ella le faltaba. La culpa por "retenerla" se le fue, le importaba poco lo demás que pudiera decir el cheetah, no pensaba en nada más a decir verdad, solo quería sentir el clímax de su esposa a la par del propio. Podía sentirlo, iban a terminar a la par y dedicaba cada movimiento a hacerlo posible, porque se sentía tan bien... Sus gruñidos eran la prueba fehaciente de que estaba a nada de correrse, bufaba a la oreja de su esposa y sus caricias se detuvieron para quedarse sujeto del cuerpo de Jessica. Y aunque sus manos eran suaves, sus caderas dejaron de serlo. Sus movimientos fuero algo más intensos a la par que su esposa se apretaba, temblaba y lanzaba esos lindos gritos que retumbaban en el fondo de su cabeza al escucharlos. Ni siquiera pudo avisar, solo rugir mientras levantaba el rostro hacía el techo al momento que su cuerpo cedió al orgasmo. El clímax de su esposa es un plus que disfruta bastante y tiene que quedarse quieto un momento más para recuperar el aliento y el control de su cuerpo. ¿Dolor de cuerpo? ¿Costillas astilladas? ¡Para nada! ¡Al tigre nunca le dolía nada cuando le hacía el amor a su mujer!

De a poco se separó de ella y para entonces las espinas había regresado a su sitio, dejando solo la visión del miembro de Nebiri que comenzaba a caer en reposo de a poco. Se sentó de nuevo en el retrete para sentar a su esposa encima y dejar que recuperara el aliento por igual. La abrazó, la mimó a besos y caricias de nuevo el silencio reinó en el baño por varios segundos. Al momento en que sus miradas se cruzaron, solo pudo sonreír.

Vamos a casa, mi ama —dijo con cariño. Le dio un beso juguetón en los labios y la ayudó a acomodarse la ropa y ponerse de pie. Tenían que asearse un poco. Aunque fue poco, fueron lo suficientemente intensos como para que el aroma a sexo se les quedara en el cuerpo e incluso un humano normal pudiera sentir ese aroma en ellos. Nebiri se lavó la cara y el cuello mientras su esposa se acicalaba por igual y le daba un retoque a su maquillaje—. Oye, ¿me vas a dar mi dinero o lo tomarás a cuenta por tooooodo lo que te debo? —bromeó el birmano y, apenas quedaron bien vestidos, lavados y presentables, Nebiri se portó nuevamente como el esclavo No. 37 al caminar detrás de su ama. Aunque recibieron varias miradas poco discretas al salir del baño, a ninguno de los dos les importó. Después de todo, una mujer de despampanante belleza era la ama del campeón, y era conocido que muchas veces los esclavos servían de juguetes sexuales para sus amos, así que nadie criticaba a la hermosa mujer, al contrario. A sabiendas de que Jessica tenía que hablar con Frank del asunto que disparó todo el asunto en el baño, decidió darle algo de privacidad mientras iba por el auto a donde lo dejó encargado, tampoco quería tardarse por si a ese idiota le salía hacer algo inesperado, pero de reojo vio que Tony estaba atento desde la parte de arriba mientras aparentaba total normalidad mientras bebía una copa y mandaba mensajes con su móvil. Le mandaba mensajes a Chiara, por cierto, resumiendo todo lo que le contaría con detalles apenas llegara a casa. Sí, incluso desde el móvil la rubia hacía berrinche por haberse quedado en casa en lugar de ir a ver la pelea de Nebiri.

El Tigre se apresuró a salir y correr por el auto para poder volver a casa y terminar con esa noche de una buena vez. Tardó poco en realidad, regresó en menos de cinco minutos, dejó encargado el vehículo con el portero y volvió al poblado interior del bar a buscar a su esposa. La vio terminando la conversación con Frank y se acercó hasta quedar a unos metros de ella, ya su esposa le diría a su modo lo poco o mucho que haya platicado con él, mientras, era hora de volver a casa, al fin. Encendió la radio en volumen bajo, en una estación que a ambos les gustaba porque tocaban música vieja.

Puedes golpearme de nuevo si quieres por preguntar y prometo que no voy a chocar por eso, pero —le miró de reojo apenas se pusieron en camino—. ¿Lo volverás a ver? —porque ya a esas alturas daba por hecho que Alik soltaría su boca en ElectriX y les diría a todos que su jefa salió con un elegante sujeto. Nebiri no sabía que Alik lo vio tener sexo con Jessica por medio de la cámara de Bulleye, pero aun si se enteraban en la empresa que se acostaba con su esclavo, eso sería todo, el juguete sexual de Jessica y nada más. La ama usando a su esclavo con todo el derecho que la ley de New London le confería. Lamentablemente, la única persona a la que le constaba que esos dos eran pareja sentimental era Sveta, y ya no estaba. Escuchó lo que Jessica tenía qué decir. Aun así, sabía que dejar ir una oportunidad así de escapar de ese infierno era una locura, solo un loco la rechazaría y, bueno, había quedado en claro que esos dos estaban locos el uno por el otro, así que el boleto tenía que ser para dos o para ninguno—. ¿Sabes? El mono me agradó —dijo para cambiar brevemente de tema—. Es un buen chico, ¿crees que pueda quedar algo más liberado los miércoles? —¿El birmano aprovechándose del poder que tenía su esposa? Era lo justo, como cuando Jessica usaba la fama de pendenciero de su esposo para intimidar a idiotas que la molestaran o que le cayeran mal al momento. Nebiri tampoco ayudaba cuando gruñía al pobre diablo en turno, siguiendo el juego de su mujer.

Quizá habría otra oportunidad, quizá no, pero si había una lección que todos en New London aprendían, era que siempre debían esperar lo inesperado.



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Oct 10, 2017 11:15 pm



WEDNESDAY FREE NIGHT


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En aquel ínterin entraron varias mujeres más las cuales abandonaron el sitio al oír los sonidos que emitía la apasionada pareja en un frenesí de pura pasión. Era casi envidioso a decir verdad, al menos algunas así lo tomaron y no solo porque la afortunada de esa noche estaba teniendo sexo con el campeón, sino que los gritos y gemidos de Holtzmann casi parecían refregarles en el rostro a las demás lo bien que la estaba pasando. Era incómodo ciertamente querer ir al baño pero tener vergüenza porque una pareja estaba montando un acto indecente, más frustrante al saber que los sujetos que ponían orden en el sitio no podía hacer nada ya que ese no era precisamente un bar decente. De hecho que dos personas tengan relaciones sexuales en el baño es lo más decente que ocurra allí comparado a lo demás.

Si Jessica estuviera en una cama seguramente se encontraría mordiendo la almohada mientras creaba grandes bultos en sus manos con las sábanas. Podía sentir las semi rígidas espinas de su esposo arañar sin lastimar su interior, ocupaban más espacio por lo que se sentía completamente invadida, básicamente su vagina estaba llena por lo que el calor de la fricción la hacía gemir a un volumen más alto. Pero sin duda lo que la ponía a punto, además del birmano martillando su zona dulce, es que la llame como 'su Jessica' por alguna razón le excitaba la idea de ser plenamente suya, de no poder tocar a nadie más, de estar siempre a disposición de él. Ella era muy dominante, sí, pero que otro la domine de una manera especial le hacía hervir la sangre de placer. Por eso le agradaba tanto en parte aquel hombre, él sabía cómo hacerle frente por supuesto, de alguna forma y por más que lo abofeteara y denigre casi siempre terminaba abajo de él para hacerla callar de la mejor manera que sabía ese animal. No le gustaba admitirlo estando sobria, su ego le decía que no pusiera a ese hombre en un pedestal confesándole que le encantaba que la haga morder la almohada, que torturara con paciencia sus zonas erógenas, que terminara siendo él quien tome el control en la cama para ponerla en una posición casi sumisa. El ego le decía que no le tirara flores al birmano, tratarlo con dulzura a cada rato, besarlo, tomarlo de la mano, ser pegajosa con él… esa tampoco sería ella y no le nacía ser así. Nunca lo fue. Lo de ella siempre ha sido ser fría de una dulce manera, Nebiri aprendió a comprenderlo, decía las cosas necesarias, se soltaba teniendo el corazón caliente cuando la pasión la desbordaba, le demostraba amor en momentos especiales y no siempre que él se lo pedía. Se hacía desear, pero nunca ha sido malvada con él, después de todo el tigre terminaba teniendo lo que buscaba en la californiana. El vínculo de ambos era demasiado complicado para que, al menos la inventora, lograra formarlo con otro individuo, y por esa razón decidió quedarse con él. Además… se casó con él, ¿cuánto tiempo pasaría para que volviera a aceptar a otra persona en su vida y llegar al punto donde se encontraba con Nebiri?, ¿otros treinta años quizás… o tal vez nunca?, Jessica nunca fue creyente del concepto de almas gemelas, para nada, pero ha aceptado hace tiempo que el tigre era su media naranja ya que ambos encajan a la perfección aún con toda sus diferencias.

Quizás algún día aquel cítrico se pudra como suele pasar… pero de momento, estaba fresco y lleno de color. Jessica en verdad amaba mucho a ese tigre.

El tacto en sus senos la hizo resoplar primero, se encontraba ya sobrepasada por ese clímax que aún no llegaba, pero cuando las caderas del birmano golpearon con más brusquedad su trasero tuvo que morderse los labios para no chillar. No lo podía aplazar más, las piernas le temblaban, su cuerpo se sentía libre, ligero, sereno… —¡Ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah!— el orgasmo se estaba apoderando de ella, cada grito la apretaba más y más hasta por fin sentir que la virilidad ajena explotó dentro suyo —A-a-aaahhhhhh… mmmmmmmmmm…— fue delicioso para la castaña, se deleitó cada segundo que duró esa sensación que ambos compartieron, incluso las réplicas de su orgasmo hacía que su interior apretara rítmicamente un poco más el pene de su esposo. Algo que la dejó tranquila es que no se quedaron pegados como algunas veces sucedía cuando la atacaba con las espinas, y no es porque no le gustara sino porque se encontraba tan endeble que no podía quedarse mucho tiempo más parada por lo que le hubiera sido complicado quedarse en esa posición hasta que el nudo se desinfle. Su esposo tuvo que ayudarla para que se sentara, aún temblaba un poco, apoyó su rostro en el hombro del birmano dejando que la envolviera en abrazos mientras le besaba la cabeza. Su pecho subía y bajaba rápido, su corazón aún galopaba con fiereza, le habían echado demasiado sentimiento y emoción por lo que ambos vaciaron el tanque en una sola ronda. Apenas pudo tranquilizar su pecho levantó un poco la cabeza para cruzar miradas, el sonrojo de sus mejillas hacía un poco más visibles sus pecas. Irse a casa era lo mejor que podían hacer en ese momento, había sido una noche larga. Solo asintió, las fuerzas le volvían de apoco. El tigre tuvo que ayudarla con su ropa interior, no podía agacharse en ese momento y además él le bajó las bragas tan torpemente que debía acomodarse. Lo demás pudo hacerlo sola. Al ver su reflejo en el espejo notó que el nuevo maquillaje que compró no era del todo bueno, no el pintalabios, sino el delineador: se percató que un par de lágrimas se derramaron por más que se esforzó en no hacerlo por lo que se sacó sus guantes para mojarse bajo los ojos y con su dedo limpiar el camino oscuro que dejó al correrse por sus lágrimas. Parecía viuda en un velatorio.

Ante el reclamo del dinero negó suavemente mientras se volvía a poner los guantes —Comenzaré a cobrarte desde ahora. Tu precio era de treinta y cinco mil libras, Nebiri. Eras uno de los especímenes más costosos del mercado.— nunca le había dicho cuál fue su precio, y ahora lo sabía. Su esposa gastó treinta y cinco mil libras en él, compró su libertad y a la vez se la devolvió. Ella no quería apoderarse de la libertad del tigre, ella solo quería a su esposo —Quizás si eres un buen gatito y me haces unos lindos masajes antes de dormir te regale la mitad…— claro que había graciosa provocación en su labia, y apenas terminó de arreglarse el cabello volteó para darle un beso en la mejilla —Vámonos, treinta y siete.— de nuevo volvían al rol legal que ambos le mostraban a la ciudad. Sí, el oído de Jessica pudo sacar en limpio algunos comentarios discretos: comentaban que esa era la mujer con la que el campeón tuvo sexo. Otras se sorprendían al enterarse que el tigre tenía ama ¡de haber sabido que lo había capturado el mercado negro hubieran hipotecado sus hogares!, esos y más rumores se comentaban. De paso comenzaba a creerse que estuvo tanto tiempo ausente de las luchas porque precisamente fue esclavizado por ese negocio ilegal, se decía tantas cosas sin sentido o incorrectas que Holtzmann dejó de prestarles atención.

Mejor, pensó, le gustaba que se dijeran muchas cosas para tener miles de versiones sobre Nebiri, así nadie sabría cuál era la verdad. Una vez él había declarado que ella era su esposa, y las personas creyeron que la ignorancia del birmano era tan adorable que confundió el término 'ama' con 'esposa', ¿quién creería que El Tigre estaba casado? ¡por favor!. Ambos visualizaron a Frank, con tan solo mirarse la pareja se separó para ir cada uno por su lado. Nebiri estacionaría el automóvil cerca mientras ella terminaba con Martin. A diferencia de cómo lo vio toda la noche, el rostro del cheetah se dibujaba más… deprimente —… ¿Te sientes enfermo?— preguntó sin mucho interés. Oír la voz de la castaña hizo que levantara la cabeza, bebía un vaso de whisky con tres hielos y, por lo que Jessica vio, ya iba por la mitad de la botella… aparentemente pidió que se le dejaran en la mesa —Para nada. Solo me siento un poco… tonto, por haberla abordado de esa brusca manera. Yo solo quería que usted s-…— pero Jessica le cortó el rostro antes —No voy a ir.— … resignado, Martin respiró profundo bajando la vista —Ya lo sé.— y bebió otro sorbo. Claro que la castaña no sentía nada por él, pero algo en el fondo le indicó que no se comportara como una bruja con ese inteligente e interesante hombre —¿Sabes?, me agradas un poco. No quiero que esto termine así, estás en contacto con muchas cosas de las cuales yo me desligué desde que llegué a este país. ¿No quieres que salgamos un par de veces para charlar?, y de paso me puedes comentar por qué diablos escogiste una profesión en la que debes manosear cadáveres.— ¿cómo decir que no?, Frank rió ante las ocurrencias de la californiana, pero al final decidió aceptar. Sería bueno verla un par de veces más antes de marcharse. Holtzmann pensaba en adquirir un celular pronto, por ahora solo se manejaba con el de Nebiri… así que le pidió un bolígrafo al mesero que estaba retirando las sobras de la mesa para escribirle en una servilleta el número telefónico de su esposo —Tú solo di que quieres hablar con Holtzmann y que yo te di este número.— y con una sonrisa terminó de extenderle la servilleta. Ya vería ella el rostro de su esposo cuando Martin lo llamara para hablar con su mujer.

Frank guardó ese papel con recelo en algún bolsillo dentro de su abrigo.
Escuchó los pasos del tigre quedarse quieto tras ella, se despidió del otro híbrido con la mano moviendo elegantemente los dedos. El lugar parecía más poblado que antes, debía ser cerca de la una… desde que el reloj dejó de esparcir veneno la vida nocturna se tornó más activa y alocada. Ya no había nada por lo que temer. Incluso había más vagabundos que antes… justamente el tipo de clase social que la corona quería deshacerse. Ese placer no lo tendrían por siempre, aprovechaban ahora que podían por que quién sabrá lo que vendrá después. Si arreglaran el Big Ben o los azotará algo peor.

Cuando se subió al vehículo le dio un último vistazo al sitio —¿El hombre de negocios va a quedarse?— preguntó mientras se colocaba debidamente el cinturón —Cuando uno tiene dinero tiene la certeza de que el mundo es suyo. Esa gente es tan pobre en realidad… pues lo único que tienen en el mundo es dinero.— Anthony era avaricioso y más incluso que Chiara, la vampira ya le había contado sobre sus problemas… y la razón del por qué se 'desenamoraba' con el demonio por siglos enteros antes de decidir volverlo a ver. Con el vehículo en marcha decidió descansar su espalda en el respaldo, cerró los ojos para meterse en el afable ambiente de la música, el hermético sitio, la paz y el confort de volver a casa —¿Quieres que tus hijos sepan que chocaste el vehículo porque su padre se puso celoso?— su regaño no era duro, sí firme, pero tranquilo —Lo veré un par de veces más antes de que se vaya. No lo sé, quizás pueda presentarle a Torres. Tal vez ella si acepte irse con él.— pero no apostaba a eso. Martin estaba encaprichado con Jessica, no le sorprendería que en sus encuentros le volviera a insistir. No quería hablar más sobre Frank sin embargo, se hastió. Suspiró profundo para luego girar su cabeza hacia la ventanilla, poco a poco se alejaban del paisaje con luces enceguecedoras y carteles luminosos —Qué sorpresa.— no pensó que Alik le terminara de caer bien, después de todo casi lo OBLIGÓ a que lo tratará bien, pero sabía que el birmano era fácil de hacer amigos —¿No intentó besarte, por casualidad?— porque por lo que vio, ya lo abrazó varias veces —Ten cuidado entonces si eres su amigo… yo que tú no le daría la espalda. Puede que te trate con amistad pero sigue enamorado de ti, no lo sé, tal vez intente algo muy sexy contigo, birmano…— solo volteó a verlo para deleitarse con su expresión de enojo, aún lo seguía molestando con el tema de Diatlov —Si no quieres. Pero si quieres, adelante. Quizás pueda ponerme celosa de una mujer, pero no sé si de un hombre…— lo pensó un poco, miró a un costado acariciándose el mentón tratando de encontrar respuesta a esa extraña duda —No. No lo sé. En fin, es solo Alik… ¿no quisieras tenerlo a él y a mí en tu cama? ¿mm?— finalizó con una sonrisa, y luego se desabrochó el cinturón.

—¿Sabes? ahora que mencionaste lo de los miércoles, olvidé mencionarte algo.— animó al tigre a que frenara, a pesar de los insultos de los vehículos de atrás Holtzmann con cuidado se le encimó para sentare de costado sobre él, buscando no molestarlo demasiado. Debían arrancar rápido si no querían que alguien se bajara para buscar pelear con el conductor. Le rodeó el cuello con las manos para sostenerse, ignoraba su seguridad, quería estar sentada en el regazo de su esclavo en ese momento —Están considerando que sea supervisora. Quizás ese sea el puesto que adopte cuando vuelva a servicio activo en la empresa.— no tan elevado, pero muy importante —Lo planteé y fue bien recibido, tendré horarios más flexibles y no estaré trabajando las veinticuatro horas todos los días como antes.— eso la emocionaba y se lo podía ver en su rostro ¡al fin podrá dormir bien y comer a horario! —Realmente nunca creí que subiría de posición en la escala. Es tan… agradable, saber que por una vez en la vida me están tomando enserio.— porque antes la hubieran sacado a patadas de haber exigido algo así, pero viendo lo importante que se volvió Holtzmann para la empresa no podían arriesgarse a que renunciara y que la asesinen. Por el momento la necesitaban y estaban dispuestos a darle ciertos gustos. En el camino hablaron poco a decir verdad, la castaña no se quedó abrazada al híbrido hasta entrar en el bosque, sus párpados ya se estaban cerrando solos cuando sintió que el vehículo se detuvo —¿Llegamos?— preguntó en medio de un bostezo. Fue la primera en bajarse al abrir la puerta, estiró un poco sus extremidades y miró la casa de árbol —Me daré una ducha rápida. Nos vemos arriba. Y apaga la luz de carretera que siempre la dejas prendida, cabeza de gallina.— reprochó antes de subir. Sí, como todo hombre sabía que a veces se olvidaba de apagar las luces del vehículo, y como su esposa le avisaba aunque sea de manera agresiva. Él odiaba que lo compararan con animales de corral, y así lo insultó.

Necesitaba una ducha rápido. Quería quitarse de encima el aroma a alcohol y cigarros, aquel bar no estaba prohibido nada por lo que no era raro que fuera la única embarazada de allí. Mientras subía las escaleras se iba quitando una prenda distinta: dejó sus tacones en los primeros escalones, abandonó su vestido en el suelo al llegar, dejó colgado su sostén en una silla ya que lo tiró al azar. Quedando solo con su prenda íntima inferior se metió en el baño para encender la regadera. No quería estar tanto tiempo, ya era demasiado tarde pero… al parecer, para los cachorros dentro de ella debía ser cerca del mediodía. Siempre, siempre se movían frenéticamente por las noches, pateaban las costillas de la castaña e incluso a veces eran tan fieros que la obligaban a vomitar debido a que en verdad no eran para nada considerados con su estómago. Sí, esos bebés eran un poco más fuertes de lo normal, ya podía sentirlo y no cabía duda de que era culpa el birmano. Los médicos ya le habían advertido, eso era una de las razones por las que era un embarazo de riesgo: Jessica debía soportar todas esas molestias e inconvenientes dos veces más que una madre normal porque en su vientre no llevaba bebés genéticamente compatibles al cien por ciento con su gen humano, claro que no, eran bebés con un toque 'salvaje' que le sería difícil sobrellevar. Pero ya estaba casi al final de su gestación, pese a todo Holtzmann soportó ese calvario… pudo superar incluso ese miedo que le tenía a la palabra 'aborto'. Sin embargo le costaba acostumbrarse a ese instinto de ser nocturnos que poseían ambos, ser revoltosos por las noches. En la regadera pasó quince minutos, daba repetitivos bostezos y se aferraba a la pared cuando los tenía, estaba muy cansada y Nebiri colaboró para que su cuerpo termine más agotado. Le dolía un poco la espalda y las piernas, solo… necesitaba dormir, diablos. Pero estaba ese pensamiento que no se iba de su cabeza desde que entró al automóvil, pensando aún en lo que Martin le ofreció, le abrió la mente a otro tema. Uno que tendría que tratar con su esposo sí o sí.

Nebiri no iba a verla en la ducha, ni en la cama ni en la cocina, pues no estaba en ese piso. Jessica subió al segundo piso donde se encontraba la habitación lista para… el par de nuevos integrantes. La cuna estaba allí, una mesa de luz, un gran armario, una enorme alfombra circular que casi abarcaba todo el suelo, y un cómodo sillón en el que ya se veía a sí misma dormir allí intentando que los dos cerraran sus párpados. Claro, había peluches en forma de animales de tamaño grande, un estante con cuentos infantiles y su toque personal: el techo estaba infestado de estrellas. Estrellas adhesivas, fluorescentes, de color blanco. Pero las constelaciones eran de un color amarillento y debajo de cada una estaba escrito el nombre. La habitación era hermosa en todas sus formas, dulce, serena y luminosa en tonos neutros. La castaña se había sentado en medio de la sala a oscuras, abrigada con solo su traslucida bata, mirando en dirección a la única ventana del lugar. Ésta estaba cerrada, las cortinas atadas en los costados. Solo la luz de la luna alumbraba tenuemente el sitio. Apenas sintió la presencia del tigre en la puerta, comenzó a hablar —Ya estoy cerca de la fecha límite.— hojeaba un pequeño libro de no más de siete páginas, una versión infantil de Moby Dick —¿Estás nervioso?— claro, hablaba de su embarazo, el término de la germinación. El parto. El nacimiento. Jessica se limitó a oír solo un poco de lo que tenía para decirle antes de interrumpirlo bruscamente —¿Recuerdas la promesa que me hiciste?— de golpe, cerró el libro —No. No la recuerdas.— asumió eso sin ni siquiera esperar una respuesta —… Yo ya no seré tu prioridad, birmano. ¿Te suena "tú solo agarrarás al cachorro, lo llevarás contigo y te harás cargo de él"?... bueno, la única diferencia es que son dos y no uno. No cambié de pensamiento.— observaba el dibujo de la portada, acariciaba la tapa con la yema de sus dedos, pensando en las palabras que iba a utilizar —Si cae otra desgracia aquí, si el infierno vuelve a pasar por New London, si las barreras vuelven a quebrantarse… y si yo no estoy cerca, estás obligado a irte con ellos dos. Te lo ordeno como tu ama. Tomarlos e intentar escapar… agarra todos nuestros ahorros, seguramente habrá muchos aprovechadores que cobrarán fortuna para sacar a los pocos que logran llegar a las costas, habrá improvisados botes o balsas, pero no por mucho… quizás veinte minutos antes que el personal que vigila las fronteras envíen alarmas.— estaba absolutamente segura de eso. Ya lo había planeado todo —Lo intentaré también. Debo hacerlo… pero si no llego o me quedo atrás eres tú quien debe irse. Y NO VUELVAS POR MÍ.— advirtió levantando una mano, que pronto convirtió en puño —No vuelvas nunca. Solo sigue adelante. Birmania está más cerca así que allí pueden dirigirse. Yo…— … le dolía el pecho con solo saber lo que iba a decir, tragó saliva y se tomó su tiempo, debía hacerlo —No sé si me quedaré por ti si eres tú quien no está. Solo son veinte minutos… veinte minutos.— los ojos se le humedecieron un poco pero no llegó a lagrimear, alcanzó a limpiarse con su brazo y volvió a tomar el libro con sus manos pero miraba el paisaje de árboles que alcanzaba a visualizarse desde la ventana desde su posición. Cruzarse piernas era difícil.

—Tendré que irme. Y como será de repente y no habrá oportunidad de despedirse, solo quiero que sepas que lo siento.— quizás mañana o pasado, dentro de un año o en cinco minutos, nadie puede asegurar cuándo se repetirá un sucedo igual —Y si vas a molestarte con alguien, que sea solo conmigo. Ran y Aaron no tendrán nada que ver con la decisión que yo tomaré.— entonces el silencio se apoderó del cuarto por segundos que parecían eternos. El híbrido debía digerir el plan que tejió Holtzmann ya que ella siempre pensaba en todo, ya lo sabía —¿Me oíste, amor?...— aquel dulce término para su esposo fue el sello para esas últimas difíciles palabras.

—... Hace frío ¿verdad?, ¿por qué no enciendes la chimenea?— una de piedra rústica. Cambió de tema para aminorar la tensión en el ambiente, y de paso colocarse su anillo que reposaba en el alfombrado suelo. Se lo había quitado para esa noche, y extrañamente se sintió desnuda sin su alianza.

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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Oct 11, 2017 5:31 pm



ALREDEDOR DE LA 1AM
CASA DEL ÁRBOL
JESSICA HOLTZMANN
IT'S A PROMISE, TIGER
Su esposa siempre lograba sacarlo de sus casillas con tan sencillas palabras, como insinuar que podría estar en cama con el mono y la verdad esa idea no era de su total agrado. Alik era un buen chico, agradable, ruidoso y muy activo, tenía sus demonios internos pero era como todos en la ciudad, pero no le "gustaba" a ese grado. Sí, sintió los abrazos del rubio, supo bien que quiso limpiarle el sudor del cuerpo por que realmente quería tocarlo y a saber lo que pasó por su mente cuando se tuvo que desnudar para su revisión médica. No buscaba provocarlo, pero tampoco quería dejar de hablarle... Aun así, la imagen mental de tenerlo en su cama, ya fuera con o sin Jessica agregada a la imagen, era algo que le provocaba escalofríos. Prefería a las mujeres, así es. De pronto su esposa se le coló en las piernas, aunque para ello tuviera que detener el auto un momento. Se pudo acomodar bien con ella y no le estorbó en lo absoluto para conducir hasta finalmente llegar a casa. Ya estaban en casa y hasta se sintió respirar mejor. Había sido una noche jodidamente larga. Haber recuperado el título de campeón pasó a segundo plano completamente por culpa de lo sucedido con el cheetah. Tener a su esposa aun a su lado y la oportunidad de criar a sus hijos era el premio más que suficiente para el birmano. Aun así, le zumbaba aun en la cabeza el que ese sujeto tenía el único boleto seguro de salida de ese infierno. Un boleto que su esposa rechazó en buena parte por culpa del birmano. Se sentía culpable aun por eso, pero no quería perderla, no quería estar lejos de ella y de sus hijos en un sitio donde de verdad no podía alcanzarlos. Esos pensamientos seguían en su cabeza, seguro seguirían por un tiempo más hasta que finalmente Frank se fuera de New London.

Le deseaba suerte al tipo, porque salir de ahí con muchos secretos de una monarquía corrupta era algo peligroso. Esperaba realmente que no le pasara nada por culpa de los caprichos de ese loco rey.

Su esposa salió primero del auto y se adelantó a la casa del árbol, sabía que estaba agotada. Estacionó el auto mientras refunfuñaba y se quejaba por el nuevo insulto.

¡No soy una jodida ave de corral, demonios! —gritó ante lo de "cabeza de gallina". Entre gruñidos se aseguró de que todo estuviera bien, luces apagadas, puertas cerradas y se dio tiempo de ir a revisar los alrededores de la casa. Oliver estaba bien, Romi la cabra por igual, de hecho se había colado al establo de Oliver y dormía a su lado. Las gallinas estaban dentro de su gallinero mientras el gallo descansaba en el techo de éste. Dio un pequeño recorrido en lo que era propiamente su cada, incluido hasta donde abarcaba el búnker y todo estaba en orden. Bulleye entraba y salía del búnker a capricho, así que seguramente estaba recargando baterias dentro del búnker... Mejor, así no salía a joder a las gallinas como tanto le gustaba. Olfateó un poco el bosque y, sí, se dio un momento para marcar nuevamente su zona y evitar que se acercaran demasiado los animales. Apenas terminó con los preparativos, fue a la casa del árbol. La ropa de su esposa le dio un camino a seguir por las escaleras. De hecho recogió todo para doblarlo y ponerlo sobre una silla. La casa estaba cálida, por los aromas podía decir que Jessica acababa de darse una ducha, pero fue rápida, porque ya no sonaba la regadera. No estaba en la cama, tampoco en la cocina y menos en el baño. Ya sabía dónde estaba. Se quitó la ropa para colocarse el lungi y una camiseta limpia. No podía tomar una ducha porque tenía medicina encima, pero tampoco estaba tan sucio, lo habían aseado durante la curación. No se sentía tan incómodo en ese momento. Tomó una gruesa manta y subió a ver a su esposa, estaba ahí con uno de los tantos libros que eligió para los niños. La vio tan preciosa ahí que no evitó sentarse frente a ella, dejó la manta sobre uno de los muebles. A su pregunta, sonrió—. Sí, estoy nervioso y eso que no seré yo quien los tendrá —agregó, apenado por eso, pero sí estaba muy nervioso al respecto, y emocionado—. Pero quien estará más nervioso será Tony, en el hospital le tienen mala voluntad —¿y cómo no tenerle mala voluntad a un mal esposo, mal amo y mal cuñado? Mención aparte por lo delicado o peligroso que podría ser el proceso de parto para Jessica, el drama que se armó solo el personal médico del hospital era digno de un drama de televisión—. Ya quiero verlos —agregó, aunque no hablaba fuerte o algo en ese momento, se le notaba emocionado.

De pronto, Jessica mencionó algo sobre una promesa que lo tomó fuera de lugar. Se le quedó viendo con confusión, le ha hecho muchas promesas ha Jessica que hasta el momento ha cumplido... Salvo ese pequeño desliz alcohólico de la vez pasada, pero tampoco se emborrachó, solo bebió en un momento de debilidad emocional. No sabía de cuál de todas hablaba y estaba por decir algo, pero ella no lo dejó, tomó la palabra de nuevo y repitió unas palabras que desde hace mucho resonaban en su cabeza y porqué. Esas palabras que le pedían que tomara al cachorro y se fuera... Fue Jessica todo ese tiempo, fue ella. Escuchaba palabra de ella, entendía lo que decía y porqué lo decía, después de todo, Jessica siempre decía las cosas por una poderosa razón que no necesariamente explicaba, pero que era lógica para ella. Cualquier cosa podía pasar en cualquier momento en esa ciudad. Podía suceder otro infierno u otra cosa peor que hiciera que se abrieran los muros de nueva cuenta. El asunto no estaba en sí iba o no a suceder algo igual de destructivo, sino cuándo. Todos estaban en espera constante a que otra cosa sucediese, Jessica ya tenía todo planeado en su cabeza para cuando sucediera lo inevitable. Miraba a los azules ojos de su esposa mientras hablaba, mientras le decía lo que debía hacer y le dejaba en claro que en un caso así no había tiempo de esperar, y no la culpaba. Le dio la orden como Ama, pero sus ojos le decían que se lo pedía como madre de esos niños y como su esposa con todo el maldito derecho que eso conllevaba. Eran palabras duras, fuertes y que auguraban que podían separarse por un poder que ellos eran incapaces de controlar. La entendía bien. Incluso se disculpó por adelantado por cualquier cosa que fuera a suceder en ese futuro.

Solo pudo asentir cuando ella finalizó con esa pregunta. Claro que escuchó todo, el birmano era bueno escuchando, sobretodo a su mujer. Jessica pidió algo de calor y el tigre se puso a trabajar. Fue a encender la chimenea, tardó un par de minutos solamente en lo que lograba una flama de buen tamaño. Luego volvió al cuarto con un par de almohadas en las manos, mismas que colocó contra el muro. Iba a preparar la manta para cubrirse con ella, pero antes tenía que decirle algo muy importante, y qué mejor que usar las mismas palabras que Jessica.

Cuando algo vuelva a pasar en la ciudad y soy yo quien no estoy cerca y tú estás con los cachorros —hablaba serio, firme y mirando sus ojos, de hecho la tomó dulcemente por las mejillas—... Entonces tómalos y sal, vete tan rápido como puedas porque yo haré lo mismo. Te doy mi palabra de que yo saldré tan pronto pueda, y si soy yo quien está con los niños, los tomaré y saldré, pero a cambio dame tu palabra de que saldrás también. No nos esperaremos, no nos buscaremos dentro de la ciudad ni correremos hacia el otro. Solo saldremos con lo que podamos. Saldremos de estos malditos muros —se lamió un poco los labios. Nebiri también tenía planes en su cabeza, y podía compartirlas con ella—. Nos alejaremos tan pronto podamos, tomaremos la ventaja que podamos en esos veinte minutos —la miró a los ojos—. Cuando salgas, ve hacia el Norte, muchos irán a la costa o al sur, pero tú ve al norte y ahí te veré. Deja una prenda tuya donde le de el viento y escóndete donde puedas, sabes que yo seré capaz de encontrarte —besó la punta de su nariz, y con eso claramente se refería a su olfato—. Espérame por un día solamente en el escondite, es lo máximo que me tomará rodear la ciudad si me atrapa al otro extremo. Y también puede que ya las patrullas estén controlando dentro de la ciudad que nadie más salga. Es tiempo suficiente. Cuando nos encontremos, nos iremos hacia el oeste y tomaremos el primer barco que se vaya a América —sonrió ampliamente—. Nos iremos a California, mujer —besó su frente—. Pero si no llego contigo luego de un día, entonces ve tú al Oeste y vuelve a casa, Jessica... Vuelve a casa y no se te ocurra regresar, no me esperes más —tomó aire de profunda manera y su cuerpo le recordó que seguía dañado, pues se dolió un poco por el movimiento—. Y si eso sucede, si no logramos estar juntos de nuevo, quiero que siempre tengas en mente que te amo, mujer, que te amo más que a nada en mi jodida vida, que nada ni nadie tomará tu lugar, que nadie tomará mi corazón porque tú lo tienes... Y si yo me llevo a los niños, te juro cuidar de ellos y decirles de la gran mujer que es su madre... Y si tú te los llevas, promete que les dirás que... Que —era un tema delicado, era una promesa seria para su más incierto futuro—... Diles que su padre era el tigre más guapo de todo el mundo —rió y tomó la manta para acomodarse sobre la suave alfombra con su esposa, se metió con ella bajo la manta y comenzó a besar su rostro—... Diles que los quiero mucho, diles que me siento orgulloso de ellos y diles que sean fuertes, que nunca se rindan —besó sus labios—... Dame tu palabra y te doy la mía, mujer —besó el anillo sobre su mano y le mostró el propio que recogió de la mesa luego de prender la chimenea. Desde que no podía usar su anillo de casado en la mano y menos en público para no acabar con su fachada, lo usaba en el cuello con ayuda de una delgada cadena de resistente metal. Así le era más fácil cargarlo pero ese día lo dejó en casa para no perderlo durante su pelea. Fuera de ello, lo usaba todos los días así. Para sellar su promesa le extendió su meñique, que es como ella le enseñó a cerrar una promesa.

La obvia respuesta de Jessica a todas sus palabras lo hizo sonreír. Nebiri era un hombre de palabra, pero Jessica por igual cumplía sus promesas.

Entre besos se dedicó a masajear su cuerpo como ella quería, como lo necesitaba por culpa del cansancio que le provocaban ese par de bribones. Dio un suave y apretado masaje a sus caderas, a toda su espalda desde el cuello, de hecho la desnudó y se contentaba con sentir el roce de sus pieles porque, sí, se quitó el lungi por igual. Solo las vendas le estorbaban, pero tampoco eran tan molestas. Podría haber sido peor y habría acabado con las costillas rotas, pero no fue así. El campeón de los barrios bajos ahora era el devoto marido que mimaba a su esposa y el leal siervo que adoraba a su diosa, también el fiel esclavo que agradecía a su ama todas esas libertades. El birmano seguía dando dulces palabras a su esposa mientras mimaba su cuerpo sin pedir más que ese contacto de piel a piel. Su breve sesión de sexo en el baño del "Red Ribbon" fue suficiente para calmar al tigre y, sin duda relajar a su mujer. Antes de darse cuenta, Jessica se durmió en sus brazos. Estaba agotada la pobre. Con una sonrisa, el tigre la abrazó y veló su sueño hasta entrada la madrugada.

Y mientras sucedía la siguiente desgracia en la ciudad, se dedicaría a amar a esa mujer cada día como si fuera el último.



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

Cronología ± Relaciones


Nebiri
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Re: [+18] Wednesday Free Night [Priv. Jessica Holtzmann]

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