♚ Bon Appetit Adorable Ange || Priv

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Mensaje por Zylar Xellent el Vie Oct 06, 2017 11:29 am

-Soberana delicia entra las notas musicales de la discordia de un una hermosa ruina, Westminster. Toda estructura de la bella morada estaba siendo amenizada ante las fieras letras de Mozart.- algún día seré yo quien corte tus alas –Tales palabras hacían un acorde bélico hacia la arte más arremetedora de la pieza; de su mano funcionaba como el abrigo esplendoroso a una copa de vino cual proclamaba los labios del azabache para ser degustada- Haz venido a a este mundo… a mi mundo a destruir lo que yo he formado para hacerme caer, he de lamentar tu desdicha para que esta se convierta en basura, nunca más podrás agobiar mi sombra, ya que desde lo más bajo se veré caer hasta mis pies, serás de mi propiedad como lo es todo, tu cabeza servirá de referencia a todo aquel inverosímil ser que se atreva a proclamarse Dios –Voces de un hombre dirigidas trajeado hacia el supuesto marfil esculpido en arcángeles de la cual se encontraba en un elegante salón, como el mayor de los museos inclusive con una ofrenda en sangre de todas aquellas plumas blancas manchadas de carmesí fresco gracias al poder absoluto del Lich, pero el papel principal se sometía al que parecía ser el verdadero material de tal obra de arte.

Lloraras a mi nombre tal y como lo han hecho tus hijos, cada uno de ellos viene a mí para ser devorados a mi presencia, pero tengo que admitir algo, sus cuerpos son los mejores para este tipo de cosas, lástima que sean desechables. Pero no te preocupes, he de premiar siempre a quienes su mirada está en el suelo –Lentamente se aproximaba sin disimulo hasta el pie del monumento dejando dichosa copa justo por debajo, para acto seguido dar media vuelta y dar la espalda-

Dicen que antes dabas tu sangre a todos aquellos que creían en ti, ahora es momento de que te regresen el favor –el goteo, un escandaloso goteo perturbante justo en el líquido del cristal, observándose como de cada poro de la estatua salían pequeñas lágrimas de sangre y un carcomido hueso molido- Bon appetit –Pronunciaba antes de salir de la habitación, no sin antes comenzar a invocar tales infantes tras de él los cuales se lanzaban en un cierre de escena sobre la estatua para comenzar a devorarla en la mayor plenitud del sadismo mientras el hombre se dirigía hasta el salón principal con la música Requiem Mass in D minor adornando sus pasos-
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Re: ♚ Bon Appetit Adorable Ange || Priv

Mensaje por Justinne O'Harcley el Sáb Oct 07, 2017 9:59 pm

El retrato del Rey Ricardo III colgaba de la pared. Como escudillándole con sus ojos azules.

 Los acordes de aquella dulce balada penetraban por sus oídos hasta Lo más profundo de su ser, calándole el alma, haciéndole sentir nostálgica. Los recuerdos de esos días crueles volvían a su cabeza. Como ráfagas de balas perpetuando un dolor tan grande que ardía en el pecho. Recordaba el olor a muerte, el humo saliente de casas derrumbadas y a las personas corriendo de un lado a otro buscando un lugar seguro. Como si lo hubiese en medio del caos. Tantas guerras pasaron frente a ella que se sentía un poco decepcionada de como las criaturas terrenales destruían la gran creación del primer Dios, esa, de la cual se sentía tan orgulloso. Las acciones de las personas únicamente servían para demostrárle cuán bajo podrían llegar a caer una vez se entregan a las garras de los placeres y pecados. Los audífonos en sus oídos le hacían olvidarse de todo lo que ocurría a su alrededor. Sufría al ver la forma en la que todo se corrompía. Similar a la reacción que tienen los objetos cuando son tocados por el ácido. Ese ácido que corroe el alma y se lleva las virtudes y cualidades que podrían salvarte del castigo eterno. Como si la humanidad tuviese alguna esperanza. Las esperanzas murieron hace mucho. Junto a un Dios que no fue lo suficientemente poderoso como para cuidarse sus propias espaldas.

El nuevo Dios era demasiado permisivo para su gusto. Los pecados ya no eran castigados como antes, se ignoraba, dejaban pasar por alto, ya nada era como fue. Aquello le dejaba mucho tiempo libre que no sabia como invertir. Los días pasaban uno tras uno sin dejar demasiado para contar. Últimamente todo se tornaba aburrido. La eternidad podría llegar a ser aburrida. Sobre todo cuando no se tiene personas con las cuales compartir todo ese tiempo que se posee. No le interesaba eso. Siempre se dijo que no vino a la tierra para hacer amigos, sino para cumplir su misión. Esa que le fue otorgada sin que ella quisiese. Sin embargo, entendía que eso le estaba volviendo un ser solitario. De esos que vagan por las noches y días sin rumbo alguno, con la idea de encontrar trae algo cuando ni ellos saben sobre lo que se trata. En aquella ciudad existían tantas cosas que ver, pocas cosas que hacer sin que la moral o el sentido de lo correcto se pongan en peligro. Suspiro.

Sus pisadas eran seguras y severas. Las baldosas del lugar lloraban cada que la suela de su zapato se encontraba con ellas. Dejando escuchar por todo el salón su lamento. La mera casualidad y una pequeña lluvia ocasional le llevaron aquel día Hasta ese lugar. Había escuchado Muchas veces que gran parte de la historia de la ciudad se encontraba plasmada entre aquellas paredes. Ese gran edificio tuvo muchos funciones a lo largo y ancho del tiempo, fue la residencia de incontables reyes, el parlamento se ubicó ahí luego de que los reyes se aburrieron de sus rústicas paredes y diseño “anticuado”. Le entretenía, ver como las utilidades de los objetos podrían cambiar de un momento a otro. Pasaba lo mismo con las personas, no obstante, todos trataban de ignorar ese detalle. Nadie es indispensable, decían, todos pueden ser reemplazados,  hasta aquellos que se creen omnipotentes.

Sus ojos se fijaron en un retrato. El retrato de la actual Rey. Le vio con cierto desprecio. Ciertamente las cosas estaban mejor antes  de su aparición. Londres había decaído,  gracias a él. Y aunque ella no fuese nativa de la ciudad sentía mucho cariño, debido a los más de cien años que tenia de vivir entre sus calles y edificios. No se sentía para nada culpable por ese sentimiento que el retrato despertaba en su ser. Todos en el cielo sentían  un poco de rencor por todo lo ocurrido en el pasado. Algo de lo que seguramente él estaba muy enterado, no le sorprendía que no le inmutara, estaba bastante segura del tipo de persona que era. También de lo que ocurría si alguien se enteraba sobre su presencia en el lugar. El trato hostil hacia los de su especie era palpable. Tenías que ser un ciego para no darte cuenta del odio que tenia el actual gobierno hacia ellos. Escucho a uno de los guardias acercarse. Camino con el mismo paso que había mantenido desde que llegó. Intentando no levantar ningún tipo de sospecha. No quería se le tomase como una espía o algo por el estilo.

En su camino se encontró con el baño de chicas, no dudo ni un segundo antes de meterse en el. Mirando su reloj de muñeca pensó en las posibilidades que tenia de salir del lugar. Se quitó los audífonos guardándolos en su cartera. Afuera la lluvia cesaba, al menos ya no llovía a cántaros,  suspiro. Espero alrededor de quince minutos antes de salir en busca de alguna salida. Llevándose la desagradable sorpresa,  todo estaba cerrado. ¿Seria alguna forma de acorralarla? No sería algo extraño.  Aunque no tenían porque poner tanto empeño en alguien tan irrelevante como ella. Camino buscando alguna otra salida. Sabía que no tardarían mucho en darse cuenta, las cámaras de seguridad no tardarían mucho en delatar su presencia. Tomó un pasillo que se abría hacia la derecha. Estatuas, armaduras, una que otra pintura de antaño y armas colgadas de la pared adornaban el lugar. Parecían costosas y antiguas. Sus pasos bajaron la intensidad, trataba de ser sigilosa, como lo seria un gato que asechaba a su presa, aun cuando era ella quien se sentía como tal.

Vio de nuevo su reloj de muñeca. Como un tip que despierta cuando se siente nerviosa. Una manía difícil de dejar. Hasta que sus oídos captaron algo que llamo su atención. Música. La música sirve para alegrar el alma de los vivos. ¿Por qué una melodía como aquella llenaría un lugar tan sombrío? Sonrió levemente al ver su alrededor. No existía una melodía más acorde al lugar. Le había escuchado tanta veces en conciertos sinfónicos y óperas que no logro evitar sentir el escalofrío que le invadió en aquel momento. Seria una de esas que esperaría oír en medio de una tragedia. En obras donde el protagonista se encontraba invadido por odio y dolor. ¿Quién? ¿Quién tendría un gusto musical considera excéntrico en aquellos días? Pensaba que las personas que disfrutaban de ello murieron hace mucho. Los nuevos estilos musicales eran tan distintos a ese.

Cualquiera con sentido común se alejaría del lugar proveniente, al parecer aquella tarde lo dejo guardado entre algunos de sus cajones en su apartamento. Término siendo atrapada por el sonido. La curiosidad se apoderó de su cuerpo. Sin dejar los pasos sigilosos se dirigió hacia el lugar. Una ancha puerta de madera. Acercando su oído intento escuchar que había dentro, sin embargo, las notas musicales fueron Lo único que logró percibir. Abrió levemente la puerta. Mordisqueando su labio inferior, esperando encontrar alguna forma de ayuda. Sin embargo, fue todo lo contrario. Existían muy copas cosas en el mundo que le estremecieron de miedo. Aquella escena era, sin duda alguna, una de las más grandes. ¿Cuán mal tendría que estar su suerte aquel día? La puerta, comportándose como una enemiga, se abrió sin que se diese cuenta. Dejándome ver aquella ala del museo, no se explicaba como habría llegado hacia ahí. Tras una puerta que se comportaba traicionera. Exponiéndola al instante. Sus ojos se abrieron como platos ante la atrocidad de aquel acto, la sensibilidad de su ser había sido tocada. Pequeñas lágrimas se dibujaron en sus ojos. ¿Era lo que parecía? Claro que si. Sus hermanos, eran sus hermanos lo que se encontraban decorando el marfil de la estatua, dando un tono diferente al pálido blanco. Sangre celestial derramada ante el capricho de un ser maligno. Se estremeció mientras buscaba alguna excusa que le ayudase a escapar. Necesitaba elegir con cuidado sus palabras. Y por más que sus sentimientos afloraran en ese instante tenía que comportarse, controlarlos. Un paso en falso significaría el fin. Ella terminaría de la misma manera. No se podía dar ese lujo. ¿Quién sabe qué más abría adelante?

Intento pasar desapercibida. Los pequeñines rechonchos se afanaban más por el olor de la sangre y muerte que de alguna manera logró pasar sin ser vista. Hasta el sol de estos días continúa preguntándose como fue aquello posible. Sus pasos le guiaron, sin saberlo, hasta la boca del lobo. Los pequeños espectros no sería nada comparado con lo que se encontraría minutos después. ¿Seria aquel el día de su perdición? Suspiro en silencio. Hasta que sus ojos encontraron la espalda de un hombre relativamente elegante.

-Lo siento.- Se oyó decir. -Me he perdido. ¿Existirá alguna forma de salir?

No quería involucrarse en fuese lo que fuese que ocurría en aquel lugar. También intentaba ocultar ese miedo que le invadía. Su piel se erizo de nuevo. Tragando grueso su mirada se agacho. ¿Qué le estaba ocurriendo? Podía batirse en duelo mortal buscando la venganza que saciaría la sed creciente en su interior. ¿Valdría la pena? ¿Era correcto dirigirse hacia semejante criatura sin permiso?
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