[+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

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[+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Jue Oct 12, 2017 12:34 am



ALREDEDOR DE MEDIODÍA
CASA DEL ÁRBOL
JESSICA HOLTZMANN
THE WAIT IS OVER, TIGER
Había pasado poco más de un mes desde que retomó su vida como peleador callejero y le había estado yendo bastante bien desde entonces. Aun hacía sparring pero solo con un par de luchadores con los que podía sacar algo más de fuerza y que no eran principitos enclenques y delicados como algunos que se echaban atrás luego de un par de potentes golpes del tigre. Llegó a hacer sparring los lunes y los viernes por la mañana, mientras que los miércoles en la noche eran para proteger y mantener su puesto como campeón de las peleas callejeras de los barrios bajos... Y de hecho una de sus peleas fue literalmente en la calle, en una zona del mercado negro donde cerraron una pequeña calle completa para que pudiera pelear contra un jodido elemental que controlaba la electricidad. Le dio un par de buenos choques eléctricos, pero el haber pisado por accidente los cables de alta tensión en el laboratorio de Jessica lo había preparado física y mentalmente para ese tipo de impactos, así que fue relativamente sencillo dormir a ese tipo de un buen puñetazo en la cara, directo en la nariz. Luego del wendigo, ningún otro oponente le había dado demasiados líos al birmano y mantener su posición como campeón no era demasiado complicado. Lo que sí cambió desde entonces es que había dejado de ser el último en la lista de apuestas y ya las encabezaba, cosa que era igualmente buena para el negocio, pues no faltaban quienes apostaban fuerte por un oponente cuya raza era naturalmente más fuerte que un simple híbrido de animal. Y ahí radicaba el poder del tigre, en su propia simpleza, en saber usar cada parte de su cuerpo y en esa fuerza que solo aquellos con alma humana eran capaces de alcanzar. El entrenamiento, trabajo y meditación constante le estaban ayudando a sacar esa fuerza máxima de su cuerpo a voluntad, y sin que doliera tanto luego de usarla. Aun resentía el sobre esfuerzo de sus músculos, pero era el mismo dolor que alguien que se había excedido de ejercicio sufría, ese dolor que con el tiempo iba desapareciendo, y eso mismo pasaba con el tigre. Y aunque sus garras podían dañar piel y músculo hasta llegar a hueso, y sus fauces como tigre literalmente podía romper huesos, el tigre birmano era un cuidadoso felino alrededor de su ama.

El rumor se esparció rápidamente y, por lo que supo de Alik, el muy ladino corrió la voz en su trabajo de que ese par sí eran ama y esclavo, que Jessica salía con elegantes hombres y el birmano podía salir con quien quisiera porque Jessica era una ama muy consecuente con su esclavo, le daba muchas libertades y éste le era fiel. Cosa aparte era el drama que tenían armado en el hospital. Debido a que ya la oscura pareja no vivía de vecinos con Jessica y Nebiri, ya solo el tigre aparecía con la castaña en el hospital, y ocasionalmente la rubia hermana adoptiva de la castaña. Del demonio no sabían demasiado y eso tenía muy indignado al personal del hospital, y que Jessica inventara dramas y la vampiresa le apoyara bastante no era de mucha ayuda a la imagen del demonio. De hecho, en uno de sus andanzas por la ciudad al lado de Chiara, se encontraron con una enfermera que trataba con excesivo cuidado a Jessica cada que iba al hospital a sus revisiones y terminó por gritarle muchas cosas ofensivas al demonio. Tony aguantó como un campeón y Chiara no falló en contarle todo a Jessica ni bien volvieron a casa y le dio una visita a la pareja. Poco faltó para que abofeteran al demonio.

A mencionar que el birmano notaba que su esposa cada vez dormía menos por las noches, los cachorros daban mucha guerra ahí dentro y decidió ayudar a Jessica a dormir durante el día para que pudiera resistir mejor la noche sin que los desvelos le hicieran tanto daño. Pocos días eran los que podía estar relativamente cómoda, cosa que aprovechaba su esposa para salir y despejarse. Procuraba darle su alimento y medicinas a la hora que era, y por la noche comenzó a despertar con ella para darle masajes, mimarla y dejarse maltratar sin oponer resistencia para que su esposa sacara toda la tensión de su cuerpo. Sus bofetadas últimamente eran más fuertes, pero aguantaba bien, Nebiri estaba al tanto de que era Jessica quien peor la sacaba. Ya no aceptaba tantos besos y caricias, y era normal considerando que estaba en el último tramo de su larga espera. Según su médico de cabecera, estaban a poco tiempo, solo era cuestión de esperar a que los pequeños decidieran salir y a mencionar que más de una vez tuvo que llevar a Jessica al hospital en medio de la madrugada pensando que ya era hora, pero no, era falsa alarma. Tomó por costumbre llegar a casa temprano ni bien terminara la pelea, así que a lo mucho estaba dos horas fuera de casa cada que le tocaba salir a hacer sparring o a pelear en los barrios bajos. Tenía que estar en casa, sobretodo por esas fiebres repentinas que le daban a Jessica. No le gustaba verla así de mal, por lo que se tomó el trabajo y el tiempo de tratar de calmar a ese par con su voz y con caricias en el vientre. Funcionaba como remedio temporal para al menos ayudarla a dormir un poco más. No se podía imaginar cómo fue que la madre de Jessica se las arregló para llevar su embarazo considerando que su marido no es precisamente el hombre más cariñoso del mundo. Peor aun, luego de haber perdido a su primera hija desde antes de nacer uno supondría que su esposo sería más atento con ella, pero Jessica le hizo saber que no fue el caso. Y con su propia madre, la poderosa tigresa de la selva, ella llevó su embarazo en forma animal, lo que era más cómodo tanto para andar como para reposar, además, Nebiri le dejó una parte del territorio donde ella podía fácilmente conseguir alimento, así que en la selva era más sencillo. Nebiri nació como un pequeño tigre, no como humano, así que fue más simple para su propia madre.

Ésta no era el caso, su mujer se cansaba más, se enojaba más, le gritaba más a sus compañeros de trabajo, se dolía y la pasaba mal y el birmano se desvivía para tratar de hacerla pasar más cómoda esos últimos días de espera. Incluso Chiara estaba más atenta e iba a verlos seguido, sobretodo cuando Nebiri tenía que salir a trabajar. Le hacía compañía a Jessica y ya fuera que vieran televisión, jugaran cartas y apostaran o simplemente platicaran hasta que el birmano llegara a casa. Para pasar el tiempo, la italiana le contaba cosas de sus viajes, de otros amantes que tuvo, de los Di Santis que aun vivían y de quienes aun cuidaba y también de cómo podía ser tan larga la eternidad, y eso que sus años se contaban aun en siglos, no en milenios. Anthony cada tanto iba a verla, pero por cuestiones de negocios y en parte para saber si estaba bien. Incluso el demonio se ofreció a darle clases de manejo a Jessica cuando estuviera en condiciones, no estaba seguro de si Nebiri sería capaz de darle clases de manejo a su esposa con ambos gritándose cosas a la mínima oportunidad.

Ese mes pasó tan lento pero tan rápido a la vez, que ya solo miraban el calendario y animaban a los pequeños a salir de una buena vez antes de que terminaran de destrozar el interior de su madre. Ambos eran fuertes, tenían buen tamaño, reaccionaban activamente a las voces de sus padres y era imposible saber lo que querían dar a entender con todos esos bruscos movimientos. Según el médico, los niños ya se estaban acomodando para salir, pero al ser dos, uno buscaba salir antes que el otro, por lo que tenían que estar atentos.

Ya eran finales de año. Oficialmente no era invierno aun, faltaban un par de semanas aun, pero llovía aunque fuera de breve manera todos los días. El agua-nieve hacía que Nebiri temblara hasta los huesos y se apresurara a llegar a casa. Se aseguró de tener a sus animales bien resguardados y de asegurarse de que el establo de Oliver estuviera protegido del frío y la lluvia. De donde el corcel venía no había nieve en invierno y Jessica se lo advirtió bien, así que invirtió tiempo y mucho trabajo y materiales en hacer que su establo estuviera seco y cálido. Solo salía a caminar cada tanto cuando la lluvia amainaba un poco, le gustaba la hierba húmeda con esos trocitos de hielo. El birmano tuvo que conseguirle al corcel una manta invernal para que pudiera sopesar bien el frío, y como Jessica no estaba en condiciones de lidiar con el caballo, tuvo que ser Nebiri quien se lo colocara... Se lo compró a mediados de Otoño y le tomó tres semanas poder abrigarlo. El caballo se alejaba, relinchaba, reparaba y amenazaba con darle con las patas ni bien se acercara demasiado. Tuvo que ir poco a poco y seguir las instrucciones de su mujer al pie de la letra, como estar cada vez más cerca de él con el abrigo en manos sin hacer nada, solo quedarse ahí quieto hasta que Oliver terminara por ignorarle. Tenía que irse luego de ello para hacerle saber al caballo que no era una amenaza y repetir el ejercicio un par de horas después. Lo hizo a diario y luego de mucha, mucha paciencia y constancia, al fin el corcel toleraba que el birmano le tocara la cabeza. Pudo colocarle el abrigo justo a tiempo para las tormentas más fuertes.

El sol salía alrededor de las siete de la mañana y se metía más o menos a las cuatro de la tarde, así que el birmano tenía que terminar todo antes de que oscureciera para poder estar en casa ocupándose de su esposa y de todo en la casa. Bulleye era un buen ayudante, por cierto, estaba atento a Jessica y gracias a él podía incluso dar instrucciones a su equipo desde la comodidad de la cama. Tuvo que dejarle su móvil a Jessica por un tiempo más antes de que ella se consiguiera uno nuevo, pero...

Sí, el birmano se había enfadado más de una vez porque el tal Frank marcó a su número para hablar con ella y quedar en una cita para platicar, beber un té, café y un postre. El birmano tuvo que soportar ir a llevarla a su citas ocasionales con el cheetah. Él mismo salía un poco más con Alik, sobretodo en sus peleas donde al menos podían comer en la misma mesa y pasar un poco de tiempo antes de que Nebiri volviera a casa. Incluso lo invitó a sus sparrings y en un par de ocasiones pudo acompañarlo, luego de ir a comer algo se despedían. Claro, el rubio aun aprovechaba la cercanía que el birmano permitía y se le abrazaba. En una ocasión logró verlo desnudo, sin que Nebiri lo planeara, cuando le permitieron usar las duchas del gimnasio para asearse un poco y el rubio le llevó su móvil porque estaba sonando. La llamada era de Tony, por cierto, pero eso permitió la entrada del mono a las regaderas y lo vio. No pasó nada más, pero la sonrisa del chico era imposible de ignorar. A saber lo que pasó por su mente en ese momento, el birmano no le tomó importancia, solo hacía lo suyo y procuraba tratar bien al chico. Era agradable, jodidamente listo y ya había aprendido a seguir el acelerado ritmo de sus conversaciones, además de esos inadvertidos cambios de tema que las primeras veces lo tomaron por sorpresa. En más de una ocasión lo llevó a sus sitios favoritos para comer y ambos comían además de pedir para llevar. La amistad iba bien según el híbrido, pero procuraba no provocar o permitir algo que pudiera poner triste a Alik a futuro.

Había sido un mes muy ocupado a decir verdad y éste se pasó volando.

Era jueves y amaneció con una ligera lluvia que obligó a los habitantes de la ciudad a ponerse sus mejores abrigos. Nebiri usaba una segunda capa de ropa debajo de su túnica, desde que estaba con Jessica usaba ropa interior cálida que la californiana le consigió con la excusa de que se le podrían "encoger los huevos" si no mantenía el calor... Y como todo lo que tenía que ver con sus genitales lo ponía defensivo, cada prenda que ella le conseguía, el birmano la usaba de todo corazón. Era mediodía cuando su móvil sonó, estaba en la mesa de la cocina, así que dejó de lado el chocolate caliente que estaba preparando para su esposa y tomó la llamada. Gruñó al ver qué número era. Ya lo conocía, era el número de Frank.

Jessica, es el gato pulgoso de nuevo —bufó el birmano procurando tapar el micrófono del móvil y fue a llevarle el teléfono a la cama a su esposa, quien trabajaba en su portátil mientras Bulleye mordía sus juguetes bajo la cama.

El birmano enfadado de manera casi gratuita, su esposa lanzando sus mejores estocadas a su esposo, ambos en su cálida casa. Una mañana normal para la pareja.


Última edición por Nebiri el Sáb Nov 04, 2017 4:52 pm, editado 1 vez



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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 12, 2017 11:04 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Ha notado que le cuesta respirar debido a que los huéspedes dentro de ella ya han crecido mucho durante el último trimestre; esto es normal según los médicos. Iba a orinar con mayor frecuencia, además en la última semana comenzó a sentir una fuerte presión en el área de la vejiga. Y lo que estaba pensando pudo comprobarlo cuando fue a una cita médica no prevista solamente acompañada por Chiara, allí le confirmaron que ambos niños estaban acomodando las cabeza en el canal de parto… uno luchaba contra el otro para eso. Jessica había soportado demasiado, cada vez se sentía peor, le dolía tanto el cuerpo que en ocasiones se quedaba en cama todo el día, frecuentemente levantaba temperatura, no estaba de ánimos para nada por lo que se volvió lejana a su esposo en el último mes. No solo no quería que nadie la tocara sino también que le hablen cuando tenía jaqueca o un mal estomacal, males los cuales no eran por otra cosa más que esos cachorros que la pateaban tan fuerte hasta provocarle falsas contracciones. ¡Por ellos más de tres veces fueron al hospital pensando que era la hora!, al principio no se tomó como totalmente verídico la advertencia de que el último mes sentiría dolores a un grado más alto que 'intenso', la castaña admite que fue error suyo: eran híbridos de tigre, diablos, por supuesto que era más fuertes, más inquietos y, según comprobaron las ecografías, un poco más grandes que un bebé promedio. Jessica ha contado sobre aquella sensación de quemadura en su vientre que siempre la hacía lagrimear, sentía leves raspaduras internas que la hacían doblarse de dolor, y por supuesto que no fue consuelo saber que eso se debía a que los pequeños desarrollaron pequeñas garras. Preocupados por esto, aunque intentaran disimularlo delante de la inventora, le han sugerido adelantar la fecha del parto para evitar que la siguieran haciendo daño: durante su estancia en el útero materno han provocado demasiado en la madre, le aseguraron que si seguía adelante probablemente la lastimarían de alguna forma grave de lo que estaba soportando en esos momentos. Sí, esos cachorros consumían a Holtzmann. Pero esa recomendación no fue aceptada por ella, pues sabía que si nacían prematuramente no iba a poder verlos ni tocarlos durante su primera semana de vida. Ni ella ni Nebiri. Por lo que decidió seguir adelante por más que ya no dormía bien, comía poco y sin duda si fuera una especie de felino su pelaje permanecería siempre erizado porque se encontraba alerta y molesta por todo. Aquel mes comprendió por qué muchas razas evitaban procrear con otras, no solo porque ser 'híbrido' es visto como sinónimo de debilidad ya que no era de una raza ni de la otra, sino que si alguna de las dos razas involucradas era 'débil' entonces un proceso de gestación podría terminar catastrófico tanto para la madre como el bebé… y en casos extremos, para los dos. La humana y el tigre arriesgaron mucho.

Holtzmann lo experimentaba a flor de piel, diablos, siempre le gritaba a Nebiri que la dejara en paz porque él no sabía cómo rayos se sentía, prefería quedarse en la cama o en el sillón aferrada a su vientre en posición fetal intentando canalizar el dolor. Los hijos de Nebiri, El Tigre, estaban desgastando a Jessica Holtzmann. Cuando su esposo no estaba se hacía cargo de la casa pero cosas básicas, sencillas y sin mucho esfuerzo, podía lavar platos pero no barrer, por ejemplo. Estar mucho tiempo parada fue dejado de lado. Bulleye le pasaba los objetos que no alcanzaba y siempre estaba a disposición de su creadora, más cuando el birmano no se encontraba en la casa. Pero a pesar de lo complicado de su situación, ha salido un par de veces con Frank para encontrarse en algún bar con tal de pasar el rato. Martin se convirtió en poco tiempo en una especie de amistad, no profunda, pero podía hablar de diferentes temas que les interesaban mutuamente, Holtzmann supo que él era conocedor de astrología e incluso llegó a estudiarla. Que su novia de la universidad lo dejó por otro, que sus padres fallecieron en un accidente automovilístico un año después, que vive en un departamento  junto a perro llamado Bernard, y obviamente siempre recalcó aquel deseo de que lo acompañara. Claro que Jessica evitaba el tema, incluso rechazaba todas las ofertas de manera 'amable' hasta que se ponía pesado, allí simplemente agarraba su bolso y se iba. Martin no entendía la verdadera razón del por qué era tan brusca y el por qué se negaba tanto, no podía ser por el tigre… esa relación era platónica, creyó, y sacándolo a él no había otra razón lógica para vivir en New London. El hombre quedaba a la deriva siempre que se despedía de la californiana pues le quedaba poco en ese país.

Algo muy bueno que le sucedió es que desde la empresa le enviaron los formularios necesarios para ponerla a prueba ante su pedido de ser supervisora. Tuvo que llenar bastante papeleo, aunque la mayoría fueron trámites por correo en verdad no le fue para nada sencillo ajustarse a todo lo que le exigían allí. Al parecer sus horarios no eran tan flexibles como creyó que serían, debía presentarse más temprano, usar uniforme y a su vez no tendría los días libres que contaba siendo un trabajador normal. Sí, iba a estar un poco más presionada, pero en comparación a el cómo trabajaba antes era mucho mejor. Al menos no se llevaría tanto trabajo a la casa ni tampoco volvería demasiado tarde. El puesto era casi suyo, solo era cuestión de esperar la respuesta definitiva de la junta. Claro que influía el hecho de que su esclavo noqueó a su jefe, eso le bajó unos puntos a su conducta pero… al final no lo tomaron tanto en cuenta, verificando las cámaras comprobaron que en verdad el idiota se le encimó a la castaña. No es que ElectriX fuera un sitio moralista a decir verdad, todo sus dueños y los de alto mando eran demonios al fin y al cabo, pero Holtzmann era un pilar fundamental al ser la empleada más calificada y, pese a sus arranques de locura, la más eficiente. Siempre lo ha sido. Por esa razón decidieron votar a favor de ella aquella vez. No ha tenido contacto con Zhukovski desde aquella vez, solo lo ha visto ocasionalmente cuando iba al establecimiento a entregar los papeles… y aunque su nombre ya no era sinónimo de miedo para la inventora, aun poseía ese algo que cada vez que cruzaba miradas con él le hacía sentir escalofríos. Es más, la primera vez que lo vio después de tanto tiempo quedó paralizada, sus piernas no respondían, con gran esfuerzo interno se puso en marcha de nuevo mientras bajaba la cabeza buscando así ignorarlo. De haber sido una pequeña e inocente criatura, sin duda alguna se hubiera orinado de miedo. No se animaba a contarle a Nebiri que aún sentía cierto pánico cuando se lo cruzaba, y no por lo que intentó hacer con ella aquella última vez sino por todo lo que le ha hecho toda su vida en ElectriX.

Esa última etapa fue dura para Holtzmann. Pero el mes estaba terminando. Para entonces el frío penetraba hasta los huesos, sabía que su esposo debía cambiar la jodida costumbre de andar como él quería por la casa, lo amenazó para que se abrigara más porque de alguna u otra forma perdería los testículos y se lo tendrían que amputar. Más de una vez bromeó con que se le caería el pene. Últimamente recuperó bastante de la vida que dejó de lado técnicamente cuando se casó con ella, Jessica sentía más su ausencia y de hecho no le molestaba, le gustaba estar sola a veces, y con los días que hacía sparring junto a sus luchas había un gran hueco que se tomaba para hacer lo que quería. Sin embargo no estaba tan a gusto desde que tuvo esas fuertes contracciones que ambos pensaron que iba a dar a luz en el suelo de la casa, claro que no, desde ese momento le exigió volver enseguida ya que no quería estar sola mucho tiempo. Aquella mañana era particularmente fría, tan así que su esposo tuvo que usar dos capas de ropa para  retener calor, sin embargo al encender la chimenea todo el ambiente se tornó más cálido y soportable, sí, incluso Holtzmann usó un simple vestido con un par de calzas negras ya que no hacía falta abrigarse demasiado allí dentro. Había tenido otra mala noche de mal sueño, por supuesto, no quiso despertar al híbrido porque sabía perfectamente que él llegó agotado de su pelea por lo que no buscó molestarlo en toda la noche. Aguantó sola todos sus dolores, lo soportó a la vez buscando también calor en los brazos del tigre bajo la manta. Pese a todo… los bebés dejaron de moverse a las tres de la mañana.

Pudo dormir un poco, no lo deseado pero sí lo suficiente. Luego de dar varias vueltas a la casa volvió a recostarse en la cama, acaparó todas las almohadas para usarlas de respaldo y su enorme vientre resultó una buena mesa para su laptop. Terminaba el informe del último proyecto que su equipo trabajó, estaban retrasados, y aunque legalmente Holtzmann estaba de licencia ella se involucraba de todos modos. Ella misma se ofreció después de todo, no le gustaba estar tan lejos de su profesión. Exactamente en el momento que presionó el teclado para enviarlo escuchó el teléfono del birmano sonar, y no hizo falta que le dijera mucho para saber quién estaba del otro lado del aparato —Ni siquiera hace falta que me lo dijeras. Tu rostro lo dice todo.— sabía que era Martin porque todos los vellos del tigre se erizaban, claramente se tensionaban los músculos de su cuerpo y del rostro, y claro que también se veía que su mirada se afilaba —Pásame con mi amor prohibido.— jugar malas bromas a su pareja es algo que nunca dejó de lado. Extendió el brazo para agarrar el teléfono y enseguida lo pegó a su oreja —Frank. ¿Cómo te fue en la autopsia?— se refería a una presunta víctima de asesinato de la que hablaron hace tres días, una mujer joven. Martin fue escogido para auxiliar a un juez con tal de resolver dudas derivadas en el cuerpo del individuo en el presunto hecho delictivo —Pues, ¿cuál es el tóxico potencialmente letal que puedes conseguir en cualquier farmacia?— Jessica lo pensó en menos de un segundo —Cianuro.— respuesta a la que el cheetah asintió —Le dieron de beber cianuro. Aunque los ematom…-— fue interrumpido por una voz que lo llamaba desde lejos, aquel tono rebotaba por las paredes y además se oía demasiado ruido de fondo por lo que Jessica se tapó el otro oído para concentrarse en la voz de Frank —¿Estás en un tribunal?— tuvo que levantar la voz, pero el eco era demasiado alto —Sí. Debo ir a declarar. Te llamaré en un rato.— usó su poco tiempo para llamarla a ella, considerado… pensó Holtzmann, pero inútil. No sabía por qué diablos aún no le apartó la vista de encima luego de tantas veces que lo rechazó.

Dejó el teléfono en la mesa, justo arriba de su laptop cuando la cerró. Se puso de pie para dirigirse a la cocina donde el tigre tenía listo dos grandes tazas con chocolate caliente, algo que agradeció la castaña porque tenía mucho antojo de eso los últimos días —Gracias.— se sentó en la mesa agarrando la taza con ambas manos, sintiendo así el agradable calor que invadía su cuerpo de apoco. Soltó un suspiro, estaba cansada pero… relajada, miró un rato el chocolate hasta que por fin decidió hablar —… ¿Alguna vez peleaste con una mujer?— ante esa repentina pregunta lo miró a los ojos, su gesto era afable, neutro, no transmitía nada más que serenidad, era mejor que estar nerviosa o malhumorada y con dolores de cabeza por su mala actitud, iba a darle un descanso de sus zarpazos al tigre aquel día —Contra una luchadora me refiero. Sé que no es lo común, pero he estado hablando con Anthony ayer y al parecer hay una mujer que está amenazando con robarte el puesto.— justamente el francés la llamó para hablarle respecto a eso, pues sabía que Nebiri tenía cierto conflicto con enfrentar a las hembras por la forma en la que fue criado, así que prefirió que primero la inventora le hablara al respecto —Pero… no es una mujer normal. Ni tampoco creo que te hayas enfrentado con una alguna vez.— sin desperdiciar un segundo decidió levantarse para buscar entre sus cosas del cajón una fotografía que el demonio le envió para mostrársela —Viene de un planeta que ni siquiera está ubicado en nuestra vía láctea: Acathar.— la fotografía era clara. Se la estampó a Nebiri al lado de su taza —Su nombre es incapaz de pronunciarse con vocablos humanos. Pero la apodaron Abgal.— Anthony le dio todos los detalles sobre ella, pero a la vez averiguó por su cuenta sobre la futura oponente de su esposo —Sí, Nebiri. Es una alienígena. Una guerrera en su planeta pero fue exiliada, así que no vas a enfrentarte con alguien que solo presume ser grande muy fuerte, ella de verdad belicosa y tiene experiencia en combate.— algo que la gran mayoría de los luchadores con los que se enfrentaba el tigre no poseían, tal como él le decía, solo fanfarroneaban para aparentar algo que no son —Solo posee tres dedos en cada mano, pero no son dedos… son garras que pueden cortar metal tal como un cuchillo manteca. Su dentadura es un desfile de filosos colmillos y posee una cola similar a la de un tiburón zorro. Por supuesto, también es filosa.— pero lo realmente importante es que tenía una habilidad que la ha puesto casi en la cima —…Y, escupe veneno. Un ácido que crea laceraciones en la piel según la cantidad que te alcance. A algunos aquel tóxico les ha consumido el brazo consumiéndolo de apoco tal como si tuvieran lepra. Otros terminaron con quemaduras de tercer grado y hospitalizados, y otro pequeño grupo los dejó permanentemente ciegos al escupirles en el maldito rostro.— no le cabía ninguna duda de que era una oponente por demás peligrosa, hasta a Jessica le daba repelús el solo leer lo que le ha hecho a todos sus contrincantes.

Dejó que el birmano asimilara la situación, y cuando le dio los segundos suficientes tomó un poco de chocolate —Entonces… ¿qué dices?, ¿tienes algún problema con eso?— ni siquiera esperó su respuesta para dar su opinión —Porque francamente a mí no me agrada la idea de que pelees con ella. No me confió mucho respecto a esa lucha… la tendrás pronto, quizás el otro miércoles pero no te jugarás el titulo por supuesto, es solo para probarlos a ambos.— le dio un sorbo más cargado a la taza mientras se levantaba para dirigirse al cuarto y abrir el armario —No es desconfianza respecto a que posiblemente no ganes, al contrario, tienes muchas probabilidades de ganarle… pero no tengo confianza de que eso te salga gratis.— sacó un selecto abrigo gris con tres botones grandes —Pero es tu decisión al fin y al cabo. Claro que yo no estaré contenta de visitarte en el hospital luego de eso… ah, pero soy tu esposa, supongo que al casarme contigo acepté esa parte de tu vida. Solo trata de no hacerme viuda tan pronto ¿entendiste?— nunca ocultaba su disgusto cuando Nebiri debía enfrentarse a criaturas físicamente más corpulentas o peligrosas que él, las veces que llegaba tarde ella no podía dormir porque pensaba que algo malo le sucedió. La profesión de su esposo le quitó el sueño varias noches, era casi como estar casada con un policía: nunca sabes si él volverá a casa. Si cada muestro de afecto antes de dirigirse a trabajar sean las últimas que se den, Jessica se preocupara por Nebiri quizás más que nadie en su vida. Y claro que le molestaba ser la esposa que lo esperaba en vela para verificar que no se haya muerto, pero lo hacía de todos modos. Todos los jodidos miércoles tenía miedo de perderlo, y más cuando sabía que uno de sus oponentes era un wendigo. Sabía cuánto le costaba al tigre bloquear y noquear a esos inmensos monstruos. Una vez que se abrochó su abrigo tomó el celular y lo guardó en el bolsillo, volvió para tomar la taza de chocolate y beber un poco más —Estaré en el establo con Oliver. Hoy hace más frío que ayer así que veré si le pusiste bien la manta.— sabía que le había llevado semanas ganarse la confianza del caballo para que pudiera acercarse y colocársela, pero aun así Holtzmann dudaba de que lo haya hecho del todo bien —Piensa en lo que te dije. Tú eres un animal pero Abgal es una bestia. Tienes mucho ego, birmano, que eso no te nuble la posibilidad de diferenciar lo que puedes hacer con lo que crees que puedes hacer.— no iba a decirle lo que podía hacer, solo le advertía, hasta ahí se metía en las cosas de Nebiri.

Decidió bajar finalmente para salir. El suelo estaba algo resbaloso, en la puerta podía verse algo de agua nieve pegada, Holtzmann caminó con cuidado buscando pisar con sus botas la tierra evitando piedras u otros obstáculos que posiblemente la hagan resbalar. Al llegar al establo vio a Oliver sentado mascando heno, al ver a la castaña ni se inmutó, pero dejó que se acercara sin hacer el escándalo que le montaba diariamente al tigre.
Una vez allí, el teléfono volvió a sonar.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Oct 13, 2017 7:49 pm



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Nebiri no entendía porqué el cheetah hablaba hasta por la más mínima tontería, pero quizá era porque estaba a punto de volver a su país de origen y estar en contacto luego de eso sería jodidamente complicado. No le agradaba del todo el tipo pero no porque fuera una mala persona, si no porque estaba tras Jessica Holtzmann que casualmente era la esposa del tigre aunque nadie más en la ciudad lo sabía más que Tony, Chiara y el jefe de Jessica. No estaba seguro de si el demonio soltaría la lengua, aunque daba igual en esos momentos porque ya todos sabían que eran ama y esclavo, no una pareja romántica y bien establecida con más de dos años de relación estable, y que además estaban tan enamorados el uno con el otro que era imposible no notarlo cuando se miraban directo a los ojos. Notó que la llamada de Frank duró segundos solamente antes de que Jessica colgara la llamada, incluso la castaña era capaz de sorprenderse por lo inesperado que podía ser el cheetah. Pronto ella le alcanzó en la mesa para beber el chocolate que acababa de servir en dos grandes tazas lindamente decoradas que habían comprado hacía no mucho, en la tienda nueva de variedades y regalos donde acudían de manera regular y ya hasta los tenderos les conocían y les mostraban las cosas nuevas que les llegaban cada tanto, y de hecho fue ahí donde Jessica consiguió casi todos adornos para el cuarto de los niños, desde los peluches hasta las pegatinas de estrellas que colocaron en el techo. A mencionar que cuando Jessica estaba de peor humor dormían ahí y más o menos ayudaba a que pudiera descansar. Nebiri sopló a su chocolate y lo bebía a pequeños tragos. Lo suyo no era lo dulce precisamente, pero tampoco se negaba el gusto a darle azúcar a su cuerpo cada tanto, después de todo era parte animal y parte humano y su organismo podía con lo dulce por igual aunque no los comiera demasiado. De pronto la conversación se fue a otra cosa, preguntó sobre si había peleado con mujeres antes y la razón era por su oponente de la semana entrante.

—Pues no, no me gusta golpear chicas aunque de repente alguna mujer ebria se ha acercado a agredirme por perder su apuesta y —pero ella aclaró rápidamente que en un ámbito más del mundo de las luchas. Al parecer una mujer quería cruzar sus puños con él y escuchó a su esposa sobre la oponente que le tocaba. Sabía que había chicas luchadoras, y muy buenas, pero no solían tocarle a él y tampoco las buscaba porque para él enfrentarse a una mujer era algo muy, muy especial a su modo. Todo eso era por culpa de su crianza, al ser enseñado desde cachorro a respetar a las hembras, con ellas no podía ser fanfarrón, no podía presumir ni ser un completo idiota con ellas, así de simple, era más respetuoso. Eso su esposa lo sabía, pero había una historia que aun no le contaba a su esposa y la había pasado totalmente. No pudo contársela porque Jessica comenzó a platicarle sobre su oponente. Una extraterrestre de más lejos de lo que podía imaginar siquiera. Durante sus sesiones de astronomía con Jessica, ésta comenzó a enseñarle sobre la enormidad del universo, y tan sorprendido quedó de lo enorme que era el espacio que el pobre casi sufre un calambre cerebral cuando Jessica le explicó de maneras simples y a escala de las distancias entre planetas, sistemas solares y galaxias enteras. Siendo el tigre un ser más bien simple y básico, descubrir que su presencia en el universo no se igualaba siquiera a un grano de arena en comparación al tamaño de su propio planeta, lo dejó con una nueva lección de humildad. No solo la lejanía del origen de esa tal Abgal lo sorprendió, si no saber de sus habilidades como guerrera. Su esposa le dio suficiente información y, más la foto, fue capaz de hacerse una imagen completa de ella en su mente. La extraterrestre no era simplemente una chica ruda si no una guerrera de verdad, una como no había conocido en sus oponentes hasta la fecha. Esos idiotas eran simples bravucones, machos huevos tibios con hombrías tan frágiles que hacía falta el rechazo de una mujer para destrozarlos. Nebiri en general sentía asco por muchos hombres que eran así y que se enfrentaron a él desde el inicio de su vida de luchador callejero. Guerreros de verdad le sobraban los dedos de una mano para contar a los que se había enfrentado y que eran guerreros de verdad, no simples buscapleitos.

Ahora tenía mucha curiosidad y quería conocerla, enfrentarla. Entendía la preocupación de Jessica con respecto a las habilidades de esa oponente, pero el tigre no estaban tan preocupado en realidad. En habilidades no difería mucho de otros oponentes, las garras afiladas las tenía al menos la mitad de las razas sobrenaturales que habitan en New London, los peores eran los ghouls con sus garras envenenadas que auguraban una muerte lenta y segura a menos que uno consiguiera el antídoto. Fauces peligrosas las contaba también, ya lo han mordido tritones y antes no le han arrancado trozos enteros de piel y músculo. Lo de la cola tampoco le era nuevo, una vez enfrentó un maldito dragón que al transformarse no era tan grande pero le dio un buen latigazo con la cola que lo mandó al otro lado de la maldita arena. Lo del ácido sonaba peligroso, pero no lo sabría hasta conocerla. Estaba curioso, pero si ella estaba preocupada entonces Nebiri no debería comenzar a jugar al valiente macho y hacerla enfadar. Solo le quedaba hacer una cosa al birmano. No pensaba echarse atrás en esa pelea, y la única manera de faltar a esa pelea era que los niños tuvieran la gran idea de nacer en un día miércoles.

Tendré cuidado, mujer —dijo el birmano mientras ella se colocaba su abrigo para ir a ver a Oliver—. Ya te dije que no pienso morirme tan pronto —bufó—. No vas a deshacerte tan pronto de mi —rió enseguida y se acabó su chocolate. Se colocó as botas para salir también, pero revisaría a las gallinas y luego iría al búnker a sacar algunas frutas y verduras para la cena de esa noche—. Tendré cuidado con ella, te lo prometo —Jessica salió primero, Nebiri salió tras ella con una canasta en manos pero fue directo abajo al túnel que daba al búnker. Habían dejado de usar el búnker para vivir y sacaron solo lo necesario, aun así, iban ahí dentro constantemente ya fuera por trastos, también a lavar la ropa porque ahí estaban la lavadora y la secadora, la biblioteca más grande estaba ahí y a la casa del árbol se llevaban los libros que estaban leyendo solamente. Y también serviría para cuando Jessica se enfadara en serio con él y no quisiera verlo por la noche, podría ir a dormir ahí. Aunque nunca habían tenido una pelea a ese grado como para no dormir juntos, al parecer esas cosas solo pasaban en la tele, ¿verdad? Todo ahí abajo estaba bien, aun tenía los aromas de ambos en el ambiente, aunque estaba más frío porque no estaban encendida la calefacción. Recogió algunos tomates, patatas y mucha fruta para dejarla en la mesa y que Jessica podía tomar y comer cuando quisiera. Tardó unos minutos en volver arriba y fue a ver a su esposa, que de momento llamaba por teléfono, posiblemente era Frank de nuevo, o quizá uno de sus compañeros de trabajo, no solía molestarla demasiado cuando ella estaba en llamadas o trabajaba. Oliver estaba bien y su abrigo en su lugar, claro que se lo había colocado bien.

Luego de acomodar las cosas volvió abajo y esperó a que Jessica terminara su llamada telefónica.

¿Sabes? Nunca te lo conté, pero sí peleé con una mujer una vez hace tiempo —no se metió al establo, solo se recargó en el cerco con una sonrisa. No pensaba quedarse mucho, solo hasta contarle esa pequeña anécdota—. ¿Recuerdas nuestra primer salida a la playa? Cuando te preparé el asado de pescado y esas cervezas que te gustaron —por supuesto que su esposa tenía una gran memoria y lo recordó—. Y que las cervezas eran de una taberna de una familia de vikingos —rió—. Bueno, no te conté que me puse a pelear ahí porque estaba ya algo ebrio y le tiré los dientes a unos tipos, pero entonces ésta chica, que es la dueña, una lycan, de pronto me dio un golpe diciendo que para pelear en su bar tenía que tener aprobación y pelear contra un "padrino", y que ganara o perdiera tenía que pelear... Y resultó que ella fue la "madrina" y peleé con la lycan. Era fuerte, ¿sabes? Cuando peleo con mujeres fuertes lo hago porque respeto su poder. Con ellas no me porto como idiota... Ah, ¿cómo podría explicarlo? Es más... Ah... Respetuoso el asunto, creo... Solo sabrías a qué me refiero si me ves peleando con una. Con las tigresas de mi territorio sí peleé —las madres de sus otros hijos—. Peleé con muchas tigresas en realidad y las primeras me dieron una paliza porque yo era muy joven para compararme en fuerza. No me porto como idiota cuando peleó con ellas ni tampoco insulto. Aunque... No sé si quieras ver la pelea con video como aquella vez con ese aparato que llevó Alik. Podría pedirle que grabe con el teléfono y me veas —sonrió—. Quizá esa pelea te gustaría con todo y que esa chica escupa ácido. Cuando peleo con un guerrero me porto como guerrero —afirmó con orgullo, pero eso ya lo vería en su momento.

Los guerreros eran como una clase aparte según el birmano, pero los de verdad, claro, no los habladores ni los presumidos.

Apenas le contó esa pequeña anécdota y platicaron un poco más, Nebiri la dejó en paz con Oliver mientras iba arriba a terminar de detallar el balcón que había estado construyendo. Tenía que acabar antes de que llegase el invierno o la nieve humedecería tanto la madera que no podría trabajar con ella. Ya solo faltaba asegurar todo, lijar y pintar si era posible, pero con toda la humedad y la lluvia constante no podía salir a barnizar siquiera. Tenía que esperar a que el sol saliera aunque fuera unas horas para poder barnizar la madera. Haría un par de sillas para el balcón pero esas las podría armar durante el invierno, además de una mesa pequeña para que su esposa pudiera poner ahí su libro, su té, su portátil o lo que ella quisiera. Además tendría que hacer las barras del barandal más estrechas por si los niños llegaban a estar por ahí ya gateando o caminando, debía evitar que se fueran entre las barras y cayeran por mucho que los felinos pudieran caer de pie. Tenía trabajo aun, además tenía que poner a ahumar un nuevo trozo de carne y hacer más queso para la semana. En esos días terminó el nuevo cobertizo para dejar sus carnes secando. Estaba haciendo tantas cosas a Jessica que en esas semanas ni siquiera podía pensar en tener intimidad con su esposa. A lo más los besos que ella se dejara dar, por suerte su esposa lo ha puesto a trabajar bastante. Cuando llegaba a necesitar algo de alivio considerando su condición de macho y toda esa testosterona que lo recorría a diario, bastaba masturbarse en el baño para estar a gusto.

No lo sabía, pero el aroma de Jessica y de la leche que escurría de sus pechos y que la enfadaba por mojarle la ropa, habían dejado en relativa calma al animal, atento, defensivo desde luego y protector, más celoso que de costumbre y se notaba sobretodo gracias a Frank, pues solo con él era con quien salía y que era ajeno a su círculo de trabajo y amistades. Salía con Chiara y no tenía lío con ello, salía con esa mujer Torres, la de su trabajo, y nada pasaba ahí; incluso podría platicar con Tony por horas y no le pasaba nada, pero solo se acercaba el otro felino macho y al tigre ganas no le faltaban de revolcarlo en el suelo a punta de zarpazos. Los deseos sexuales del tigre de a poco se convertían en sobreprotección, algo de celos y la energía restante las usaba con sus oponentes de cada miércoles.

A pesar de que le faltaba algo de trabajo, se asomó por el balcón.

¡Jessica, amor! ¿Qué quieres de comer? —le llamó el birmano a su esposa, que seguía en el establo.



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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Vie Oct 13, 2017 11:32 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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¿Sobre qué hablaban Jessica y Frank? sobre cosas triviales. Nada intimo a decir verdad. Claro que a la castaña le costó toda su vida socializar, aún sigue con aquel minúsculo problema, conocer gente nueva nunca ha sido lo suyo. Francamente no le es fácil ser encantadora durante una plática pues poseía una actitud agria que incentivaba a pocas personas seguir con ella. Algo diferente sucedía cuando el sujeto pasaba a ser de interés, pues Martin era alguien inteligente por lo que Holtzmann no podía evitar pasar buenos ratos con él puesto que ambos poseían demasiadas similitudes en aquel aspecto, cosa que no sucedía con el birmano: claramente Nebiri era más básico que Frank, pero si tuviera que escoger entre los dos, por supuesto que una mente sin muchos conocimientos era un desafío que entretendría a cualquiera. Llenar espacios. Jessica escogería al tigre sin lugar a duda, y no solo porque se casó con él… o tal vez eso influye mucho. La cuestión era que Martin era un entretenimiento, quizás no un amigo sino más bien un conocido con el que podía pasar algunas horas si el día se prestaba a eso, y hasta allí llegaba su afecto. Sabía que Nebiri comprendía que no era más allá que eso, sin embargo a veces soportaba de mala gana sus pequeñas rabietas y la posesividad extrema que tenía con ella desde hace semanas, más de una vez en ese tiempo pelearon por aquel tema, le ha gritado muchas veces que a ella no le gustaba Frank cerrándole la boca al tigre. Ella bajaba al búnker para estar sola cuando se enojaba con él. Los celos se hicieron de gran espacio en su relación, y aunque Jessica disfrutaba de esa berrinche últimamente no estaba en posición de aguantar los embistes del híbrido. Claro que no. Se sentía gorda, pesada, adolorida, destruida y cansada como para contestarle con calma. Daba sus mejores zarpazos para que la dejara en paz, ni siquiera permitía que la tocara mucho en la cama, cualquiera diría que esa relación se estaba yendo al tacho. Pero así era el comportamiento normal, la hembra premiada necesitaba descansar y protección, y el macho debía brindarle aquello si esperaba que los cachorros nacieras sanos. Por lo que aquella distancia íntima en la que los dos estaban envueltos solo era algo temporal.

La llamada de Frank solamente fue para darle los detalles de aquel caso, era interesante para la inventora ya que de cierta manera alimentaba su morbo el saber cómo fallecieron las personas y el por qué. Le daba curiosidad, no sabía si estaba bien o mal pero tampoco le importaba. Se sentó en una silla de madera al lado de Oliver, éste recibía las caricias de su dueña mientras seguía masticando, Holtzmann tenía el teléfono pegado entre su oreja y su hombro ya que se había agachado un poco para acomodar el heno en un costado así ordenaría un poco el lugar donde el caballo se recostaba. La presencia del tigre se hizo sentir, Jessica sintió escalofríos en la nuca y giró solo para verlo apoyado en el cerco. No estaba hablando de nada indiscreto, pero se sentía algo incómoda hablando con el cheetah cuando el tigre la acechaba de lejos. Decidió despedirse con una actitud cortante ya que de alguna manera la mirada del birmano la penetraba… ¿acaso la estaba haciendo sentir mal por hablar con otro hombre?, ¿puede ser que esté sugestionada?, negó suavemente para guardar el teléfono en el bolsillo.

Con ayuda del equino, apoyándose en su lomo claramente, se levantó para caminar hasta su esposo y apoyar las mano en la cerca también —¿Acaso me estás vigilando?— increpó enarcando una ceja, pero comprobó que no era así ya que aparentemente solo la buscaba para comentarle sobre una experiencia pasada que ha tenido con una mujer. Una mujer de pelea. Claro que recordaba la primera vez que fueron a la playa, ¿cómo olvidar que al día siguiente le propuso casamiento?, escuchó atentamente cada palabra ajena mientras lo miraba al rostro, sabía que no le era sencillo la decisión de pelear con una mujer. Aún recuerda lo mucho que se asustó cuando él casi le rompió la nariz al estarle enseñándole a pelear… pero claro, ella se le fue encima enseguida terminando en una rápida riña con ambos en el suelo. Lo comprendía, sí, pero al parecer él no la comprendía del todo a ella cuando mencionó las últimas palabras —¿Qué parte no entiendes de que no me gustaría verte cubierto de ácido?— hastiada de que no entendiera su indirecta de 'te amo, no quiero que te pase nada malo', resopló y cargó un poco su peso en la cerca —Escucha, Nebiri. En primer lugar yo no iré a esa pelea. Diatlov estará feliz de hacerlo en mi lugar, lo sé, el habla maravillas de ti. Te hiciste de una pequeña fama en ElectriX.— no lo miraba, desviaba su vista al otro lado observando la espesura del pasto y el como el aguanieve lo cubría ligeramente de un blanco transparente —Y en segundo lugar, quiero que tomes a pecho la pelea y no te hagas al imbécil porque es una mujer guerrera. Insúltala, golpéala fuerte, dislócale una pierna si quieres pero ella va a ir con todo y ante la mínima oportunidad de destrozarte, lo hará.— y eso es lo que le preocupaba a Holtzmann, aquel dato que no le mencionó arriba.

¿Cómo iba a decírselo? —… Nebiri, Abgal es una asesina en potencia. Ha llegado a donde está casi aniquilando a sus enemigos, y los que no asesinó, tienen heridas graves, secuelas de por vida y algunos siguen internados.— no por nada le especificó que era un monstruo. Aquella alienígena no dejó a ningún oponente entero y por eso se estaba haciendo famosa, es más, muchos proponían que se enfrentara con El Tigre antes de que su fama alcanzara gran escala —Yo… no sé cómo vas a terminar. No sé qué te hará, ni siquiera sé si saldrás con todas las partes de tu cuerpo. ¡Tu maldita autoestima me hace explotar!— y para demostrar eso se agarró la cabeza con ambas manos, diablos, sentía un pequeño pinchazo en la sien —Pero está bien… está bien. Solo te advierto que ella no es como nadie que te enfrentaste en la vida. De eso doy fe, birmano.— más calmada al respecto suspiró profundo, se apartó de la ceca y por fin lo miró al rostro —Solo recuerda, diablos, sé más considerado con tu bienestar porque vas a ser padre…— sin embargo un dato le llegó a la mente —Bueno… tú ya eres padre… pero sabes a lo que me refiero.— cansada de dar tantas explicaciones decidió alejarse de él, volver al fondo del establo para estar sola de nueva cuenta. No estaba enojada con Nebiri, tan solo tenía un poco de miedo como de costumbre a que algo muy malo le sucediese, y sobre todo en esa etapa que lo necesitaba entero más que nunca. Ni siquiera volteó para verlo marcharse, era una escena bastante triste a decir verdad ya que parecía que vivían eternamente peleados. Que estaban juntos a la fuerza. Jessica sabe que la arisca es ella y también la que repelía el afecto.

Algo que la entretenía era cepillar a Oliver. Podía concentrarse en otra cosa, dejar vagar su mente como pocas veces lo lograba, decidió abandonar su preocupación por aquella pelea y tomar el cepillo para acariciar de esa forma el pelaje de equino. Le gustaba pasarlo por su cuello ya que Oliver reaccionaba con placer, incluso la animaba con el hocico a que siguiera, estaba en eso cuando de nuevo el teléfono vibró. Lo alcanzó con una mano y respondió de manera tranquila —¿Hola?— y la voz del otro lado era la misma —Soy yo de nuevo, ¿te sucede algo?— por supuesto que todo ese tiempo en el que se veían aquel cheetah dejó de tratarla como 'usted' siendo algo más cómodo para la californiana —Ah, No. Solo estaba pensando.— no hablaban siempre tan seguido, pero Frank tenía algo importante para decirle a Holtzmann y no sabía exactamente cómo abordar el tema, por lo que daba vueltas en diferentes charlas —Entonces… quería decirte algo hace unos días, pero nunca se presentó la oportunidad.— … iba a preguntarle de qué se trataba, pero una molestia en su vientre la hizo respingar de dolor —¿Estás bien?— su pequeño grito lo había escuchado Martin, pero más preocupado lo ponía que la castaña no contestaba —¿Estás ahí?— apenas Jessica podía agarrar el teléfono —Sí… e-es que, yo… ¡AAH!— sintió que se le escapaba líquido y se escurría en sus piernas, grandes chorros que mojaron rápido sus calzas. Tenía contracciones ¡fuertes contracciones! su tripa estaba endurecida, si presionaba su abdomen este estaba tan tenso que ni siquiera podía hundir los dedos —Rompí bolsa… ROMPÍ BOLSA, ROMPÍ BOLSA ¡¡NEBIRI!!— el dolor era tan intenso que no podía gritar demasiado fuerte, y claro que Martin escuchó todo eso antes de que la castaña soltara el teléfono y la llamada se cortara —¡Nebiri!, Nebiri… Nebiri, mi amor…— ¿cómo no llorar?, ¡estaba sumamente asustada!, casi entrando en pánico. Tuvo que sentarse apoyando la espalda en uno de los postes de madera ya que sus piernas dejaron de responderle —¡¡AAAAAAAAAAAAHHHH!!— se aferraba a su vientre, las contracciones se detuvieron pero le dolía mucho, las patadas se hacían sentir duro y Holtzmann no podía hacer más que chillar esperando que su esposo la haya oído al menos. Quería ir al hospital ¡quería ir ya!.

Estaba sentada en el heno mojado con su líquido amniótico, líquido que el caballo comenzó a olfatear luego de que Jessica gritara y, como si ese fuera su disparador, comenzó a relinchar golpeando el suelo con las patas delanteras. ¿Quién más oyó los gritos de Holtzmann? pues Bulleye se alteró desde la casa del árbol al percibir el terror en la vibración del tono de voz de su creadora, más al escuchar al caballo, rápidamente corrió hasta Nebiri y le dio una dura embestida para que lo siguiera. Bajó casi atropellándose a sí mismo las escaleras y salió por la puerta para perro con marco de aluminio.

Por su parte, Jessica tenía el rostro mojado de lágrimas, respiraba con dificultad porque perdía el control de su miedo. Los segundos se le hacían horas, nunca había experimentado un dolor y miedo tan intensos como lo que estaba viviendo en ese instante. No podía gritar o hablar, solo llorar.
Jessica estaba en proceso de parto.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Sáb Oct 14, 2017 1:21 am



CERCA DE LAS 2PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
TRY TO RELAX, TIGER, IT'S TIME
Su Jessica estaba preocupada, malhumorada y el birmano no podía hacer más que soportar sus modos, era lo único que podía hacer por su esposa ya que no había manera de que él le ayudase a cargar con el peso en su vientre, no podía quitarle los dolores ni hacer nada más que asistirla cuando ella lo requería, mimarla cuando estaba de humor y soportar sus embistes porque ella no tenía la culpa de sentirse así, eran las hormonas como ella le explicó, eran los dolores y el malhumor por no poder dormir bien, ni agacharse, ni trabajar ensuciándose las manos o cargando cosas sin sentir que la espalda se le partía, le enfadaba cansarse rápido ya sea caminando o de pie y Nebiri sabía que a ella le hacía falta el sexo por igual, pero en esas condiciones no era posible, y tampoco luego de dar a luz por varias semanas, pero era parte del proceso. Ayudaba como podía, hacía lo que podía y trataba de ser el compañero que tanta falta le había hecho por tanto tiempo. Preparaba un estofado simple pero bien condimentado y con las verduras favoritas de su esposa, tampoco podía estarle dando dulce tanto tiempo. Aun tenía en mente su gesto de preocupación, sus palabras al advertirle que tuviera cuidado con esa oponente, que no quería que le pasara nada. Comprendía su preocupación, esa alien era peligrosa, tendría cuidado. Su exceso de confianza siempre la hacía enfadar, pero era algo propio del birmano estar tranquilo antes de las peleas. Tendría cuidado con la alien, iba a llegar entero con su esposa pasara lo que pasara, pero ya vería qué hacer apenas conociera a la chica. La foto decía poco y mucho a la vez. Gesto sereno, esos eran los peores... Mejor dicho, mejores oponentes, porque no perdían el tiempo fanfarroneando, iban a lo suyo. Lo único que le quedaba era alegar a ese espíritu guerrero que Jessica le aseguró que tenía por crianza. Estaba emocionado en cierta manera por enfrentarla y si debía dislocarle algo entonces sería por causa de la pelea y nada más. Lo vería en su momento, lo que debía hacer era terminar el estofado y seguir con sus trabajos pendientes mientras Jessica tenía tiempo de calidad con Oliver, eso siempre la relajaba mucho y regresaba a casa más tranquila.

La espera era tan larga en ese momento que no sabía si iba a suceder otra falsa alarma en cualquier momento. Luego de la última, Jessica le dijo que dejara la bolsa que preparó para el hospital en el automóvil, así no tendrían que estarla buscando en el momento de la verdad. La bolsa estaba en el cofre del coche, bien asegurada, cerrada y lista para la acción. El birmano estaba en lo suyo cuando, de pronto, escuchó los gritos desesperados de Jessica... ¡Acababa de romper la bolsa, estaba soltando líquidos! ¡Claro que sabía lo que eso significaba, Jessica se lo explicó más de una vez desde la primer falsa alarma! Le dijo lo que iba a pasar, sus síntomas y que debía apresurarse apenas sucediera... ¡Y estaba sucediendo!

Rápido como rayo, apagó el fuego de la estufa y corrió a por las llaves del automóvil y luego correr por algo en uno de los cajones que se metió entre la ropa. Bulleye llegó también a darle un buen empellón para apresurar al birmano. Nebiri estaba vestido, por suerte, y sus botas de piel que servían para no resbalar con la humedad tropical de Birmania eran perfectas para no resbalar en el aguanieve de New London. Salió de la casa a toda prisa y a grandes zancadas llegó al establo donde Jessica apenas si se sostenía, Oliver estaba nervioso también y Nebiri vio por un instante el gesto de dolor de Jessica. Pero reaccionó rápido, la tomó en brazos, de paso recogió el móvil y corrió con su mujer en brazos a meterla al auto.

¡Bulleye, cuida la casa, la llevaré al hospital! —exclamó el birmano mientras abría el coche con ayuda de la llave electrónica y metía a Jessica en el asiento trasero para recostarla. Seguía escurriendo algo de ese líquido, tenían minutos para llegar al hospital. Cerró la puertas y mientras corría al asiento del piloto llamó a Tony. Puso el altavoz de hecho. El demonio respondió la llamada al segundo timbre y el birmano ni tiempo le dio de decir algo—. ¡Tony, es Jessica! —dio vuelta al vehículo y a una velocidad alta pero no tan arriesgada como para patinarse en el asfalto, tomó rumbo al hospital por la autopista que servía de división entre la ciudad y el espeso bosque londinense—. ¡Rompió la fuente, vamos al hospital! —claro que Nebiri estaba alterado, pero mantenía la calma como mejor podía—. ¡Voy camino al hospital!

Corta por la zona de parques, si tomas la ruta normal encontrarás tráfico —le advirtió el demonio—. Chiara y yo vamos para allá —dijo el demonio y la llamada se cortó.

Ya vamos a llegar, amor, aguanta, respira como te dijeron, mantén tu respiración como te dijeron, respira conmigo, anda —sabía de esos ejercicios de respiración para hacer las contracciones y dolores más llevaderos, o al menos eso le explicó ella. Trataba de animarla a respirar junto con él, veía el camino y detestaba los semáforos en rojo que no duraban demasiado en realidad porque siempre llegaba cuando estaban por cambiar a verde. Sentía que cada minuto duraba una eternidad y su esposa no la estaba pasando bien, se dolía mucho, lloraba y lo único que el birmano podía hacer era apresurarse al hospital y manejar con cuidado para no estamparse contra un poste o chocar con otro auto—. Amor, aguanta, por favor. Ahora sí es de verdad, ya van a nacer, ya vamos a verlos, respira con calma, por favor, ya vamos a llegar —tenía que calmarla, tenía que calmarse, ¡tenían que conservar la calma los dos! Pero era complicado porque podía ver por el espejo retrovisor que de verdad le dolía, que gruesas lágrimas corrían por su rostro mientras apretaba los dientes y se sostenía el vientre. Él mismo tensaba la quijada y veía el camino y se le hacía jodidamente largo, no fue como en las falsas alarmas, esto era de verdad—. Ya estamos llegando, Jessica, ya estamos llegando, amor...

Les tomó como diez minutos llegar al hospital y cada minuto se hizo demasiado eterno para la pareja. Nebiri aparcó en frente de la zona de emergencias y dejando puertas abiertas y todo, salió corriendo del auto para sacar a su mujer en brazos con demasiado cuidado.

¡Un médico, mi esp---! ¡Mi ama está dando a luz! —ni bien entró a la sala de emergencias, quienes ya conocían a Jessica y a sus acompañantes se apresuraron por una camilla para poder acomodar a la futura madre—. Por favor, cuiden de ella, ah —el birmano no pudo decir más, solo tuvo oportunidad de estrechar las manos de su amada antes de que se la llevaran a revisar. Ni él ni nadie más que el personal médico podía estar ahí mientras revisaban sus signos y qué tanto estaba dilatada ya, además de eso harían un ultrasonido a ver si los mellizos ya estaban acomodados o si necesitarían ayuda para nacer. Ésta era la de verdad, esos niños iban a nacer ese jueves—. Jessica —murmuró el birmano mientras se llevaba las manos a la cabeza y se frotaba el cabello con desesperación. De pronto recordó el auto y salió a acomodarlo bien y a sacar el bolso que Jessica había preparado con tanta antelación. Le tomó minutos regresar a la sala de espera y solo podía ver a otros pacientes así como al personal médico ir y venir haciendo sus labores. El birmano caminaba de un lado a otro por la sala de espera con el enorme bolso en la mano. Sentía un nudo en el estómago y el pecho oprimido. No podía hacer más, no podía entrar, no podía ayudarla, solo los médicos tenían ese poder y no le quedaba más que confiar en ellos y en la fortaleza de su esposa—. Tú puedes, amor, tú puedes —murmuró en baja voz, bufaba y se notaba frustrado por no poder hacer más que esperar. Una enfermera que ya le conocía y se acercó para intentar calmarle, ya conocía al esclavo de la dulce mujer de cabellos castaños y sabía que él se preocupaba mucho por ella, pero Nebiri se movía de manera pesada y no daba oportunidad de tocarlo. Atravesarse en su camino sería peligroso y prometía arrollar a quien se le cruzara por el frente.

Por suerte para la enfermera, quien se acercó a detener al birmano con firme mano fue la vampiresa. Nebiri sintió esa fuerza y levantó la mirada al fin, solo para encontrarse con la mirada de la italiana y recibir un fuerte abrazo que al fin lo hizo reaccionar.

¿Cómo está Jessica? —preguntó la italiana ni bien lo obligó a sentarse. Anthony estaba estacionando el auto, por suerte no estaban demasiado lejos y pudieron llegar unos diez minutos después de ellos.

Rompió bolsa mientras estaba con Oliver, me gritó y la traje de inmediato —explicó el birmano casi tropezándose con sus propias palabras—. Le dolía mucho, no podía ni caminar.

Calma, ¿de acuerdo? Es normal, así es cuando al fin es la hora de parir —la italiana intentaba calmarle, podría jurar que el híbrido incluso estaba pálido. Además, la italiana podría no hablar por experiencia propia, pero sí por muchas ajenas—. Estará bien, los médicos aquí nunca han fallado, se harán cargo de Jessica, ahora calma, ¿sí? Ella no necesita a un tigre nervioso, ¿verdad? —y al comentario, el birmano rió—. Bien, así me gusta, ahora calma. No sabemos si esto tomará mucho tiempo o si serán un par de horas solamente. Jessica tiene a dos bebés consigo.

Nebiri suspiró tan hondo que se hizo escuchar en toda la sala de espera, tenía que calmarse, era Jessica quien estaba en su propia batalla, solo ella con ayuda de los médicos era quien debía finalizar al fin con la espera. Tony no tardó en entrar y, cómo era de esperarse siendo él el "esposo" de la castaña, fue a pedir que le dieran el informe del estado de Jessica. El demonio se mantenía calmo, cualquiera diría que demasiado serio, pero así era él, además podía notarse también la emoción por que la espera había acabado al fin. Tenía mucho aprecio por la pareja y el francés daba ya por hecho que en un futuro tendría que ver también por los hijos de sus amigos, también podría verlos crecer y tendrían que velar por el bienestar de ellos cuando sus padres dejaran el mundo de los vivos. Eso sonaba bien para el demonio. Aquella era una inversión a largo plazo, una que le agradaba mucho... Ver la vida de ese nuevo árbol familiar. Dejando de lado la broma de la familia disfuncional, Tony podía considerarse también como tío de esos pequeños, con todos los derechos y obligaciones que eso le confería.

De momento seguían revisándole y les darían el informe completo en un momento más, mientras todos se movilizaban para revisarla... Y por lo que alcanzaban a escuchar, al parecer sería algo complicado el nacimiento de los pequeños.



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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Oct 14, 2017 11:26 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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El dolor persistía aunque se moviera o cambiara de posición. Las manos le sudaban frío, tenía la cabeza congelada, el cuerpo temblando y el corazón exaltada hasta hacerse sentir golpeando con fuerza el pecho. Y el calvario era cada vez era más y más insoportable, las punzadas subían de intensidad tan rápido que le era inevitable gritar cada vez más alto. Allí, aún sentada como podía, solo se apartó un poco del caballo para que no la pisara, arrastrándose con las manos en aquel suelo de madera. Sus nervios los pasó al equino, y no ayudaba para nada que gritara. De lejos oyó los ladridos de Bulleye, eso de alguna manera la tranquilizó ya que sabía que detrás de él estaría Nebiri. O al menos eso esperaba. El dolor de cada contracción empezaba en la espalda y se movía hacia delante, para ese entonces sus lágrimas eran gruesas y abundantes —¡Nebiri!— su llanto tuvo un alto momentáneo cuando divisó la figura de su esposo abrir la cerca —¡NEBIRI! Nebiri…— su voz estaba quebrada, sentía seca la garganta y le dolía el pecho. Estaba tremendamente asustada. Lo único que alcanzó a hacer fue elevar los brazos para que el tigre pudiera alzarla. Oliver siguió a ambos hasta que la cerca se cerró, aun visiblemente nervioso, no paraba de rechinar. Jessica estaba en un estado en el que podía oír todo y sentir todo, pero no ver muy bien… los colores se distorsionaban, las imágenes se tornaban borrosas y la voz de su esposo se oía lejana. No, no iba a permitir un desmayo, debía ser fuerte aunque en ese momento sus fuerzas estaban disminuidas —Nebiri… amor…— logró alcanzarle el rostro, acariciarlo suavemente antes de llegar al vehículo. El camino fue muy, muy largo para Holtzmann. El birmano solo podía oírla llorar, ni siquiera quejarse, solo chillar por aquel inmenso dolor. Se retorcía en el asiento trasero, alcanzó a quitarse el abrigo y desnudar su estómago… las contracciones iban cada cuatro minutos, duraban treinta segundos. Anthony oyó perfectamente los gritos lastimeros de la inventora. Los ejercicios que le enseñaron fueron olvidados ¿cómo podía pensar con el pánico en su pecho? pero aun así hizo un gran esfuerzo para respirar con calma en vez de ajetreado —No puedo Nebiri, no puedo ¡NO PUEDO! no puedo… ¡AAAH! ¡NEBIRI!— los dos estaban nerviosos, alterados y exaltados, de eso no había duda, los esfuerzos del híbrido valían muy poco pero al menos eso la animaba a aguantar un poco más. El hablarle le servía para entretenerla, poniendo lo mejor de su voluntad para concentrarse en la voz del birmano en vez del intenso dolor que la azotaba No sabes… lo mucho que duele… murmuró con un fino hilo de voz. Precisamente pequeños bultos se asomaban del vientre de Holtzmann fundamentando sus quejidos, y cada vez se desplazaban más abajo. Si no llegaban rápido al hospital Jessica estaba segura de que su esposo sufriría peor el frío de esa época ya que se la pasaría limpiando el asiento trasero del automóvil porque iba a dar a luz allí.

No tenía consciencia del tiempo, todo era muy lento, llegó un momento que pensó que estaba delirando porque miraba el techo y veía todo negro y algunos orbes borrosos nublar su vista. Llegó a un punto donde simplemente abandonó su escandaloso llanto, las lágrimas escurrían solas de sus mejillas y el dolor ya estaba más allá de lo humanamente soportable, pero al parecer la castaña entró en una especie de nirvana en el que sentía todo pero nada a la vez, parecía estar en un sueño, se sentía liviana y con mucho, mucho sueño. Pero aun así, en aquel estado de desconexión, su mente se rescató a sí misma y encendió las alarmas para indicarle que estaba a punto de desmayarse —… Nebiri…— balbuceó intentando llamar su atención, indicarle que se estaba yendo… por suerte llegaron dos minutos más tarde al hospital, y del apuro el tigre estacionó donde lo hacían las ambulancias por lo que recibió un par de insultos, desconsiderados por parte de supuestos profesionales de la salud viéndolo con una mujer casi inerte en sus brazos y visiblemente en proceso de dar a luz. Jessica apenas le rodeó el cuello para sostenerse, y cuando entraron varios miembros del personal se alteraron al verla un poco pálida y con la mirada perdida. Un enfermero llevó una camilla en la que fue recostada la castaña con mucho cuidado, pero tuvieron un diminuto retraso ya que la futura madre se negaba a soltarle la mano a su esclavo —Ngarsai sainthoet kohkyit kyataal.— (te amo.), y fueron las enfermeras quienes la hicieron soltar los dedos del híbrido de tigre para que pudieran llevarla. Sabía que ahora estaba sola, eso pensó. Miraba las luces del techo pasar, escuchaba el ruido de las ruedas de su camilla rodar con rapidez, la llevaron a una sala completamente blanca y asilada. No lejos de donde estaba Nebiri. Le colocaron una bata blanca y le ataron el cabello, solo pudieron hacerle una cola de caballo improvisada ya que este era demasiado ondulado y extenso, solo ella sabía atárselo bien. En total había dos enfermeras que le daban ánimos, le hablaban lento y dulce, una de ellas al ver el anillo se lo quitó para que estuviera cómoda. La otra le colocó un paño húmedo en la frente. Veían mediante monitorización externa la frecuencia cardiaca fetal y vigilaban la actividad uterina, uno de los médicos señaló algo en el monitor que la castaña no logró ver. Pero por sus gestos de preocupación la alteraron —¿Qué? ¿¡QUÉ!?— ninguno le contestó, solo le palmaron el hombro para tranquilizarla y uno desapareció de la habitación para correr por los pasillos. No sabía qué diablos estaba sucediendo ¡no podía creer que estaba en esa situación! en verdad, en verdad estaba viendo las estrellas sin telescopio. Que nadie le contestara, y el que las molestas enfermeras estuvieran dándole ánimos la irritaba ¡odiaba todo eso!, bufó por ese intolerante trato, pero luego lo hizo tres veces más porque de nuevo la atacó una contracción más fuerte que las primeras. ¿Cuándo se iría el dolor?.

Pasaron cerca de veinte minutos. En la sala de espera no había nadie más que el esposo, el esclavo y la hermana de Holtzmann. El silencio era casi sepulcral, las habitaciones estaban bien cerradas, herméticas, no podía oírse ninguno de los movimientos de adentro más que las corridas de algunas enfermeras por los pasillos. Se vio claramente que una de ellas llamó a un médico que estaba ocupado atendiendo a otra paciente en la habitación continua. Por lo que el sonido de pasos apresurados podían oírse de lejos, la figura era de un hombre alto, esbelto, bien parecido y cualquier diría que era bastante guapo. Era Martin. Él sabía la ubicación del hospital donde ella se atendía ya que Jessica se lo mencionó en alguna de sus charlas —Ah, buenas tardes.— al llegar se tomó su tiempo para dar grandes bocanadas de aire ya que estaba cansado de tanto correr, había estacionado tres cuadras antes por falta de espacio —¿Cómo está ella?— en su mano traía un enorme ramo de diferentes flores silvestres… pero una de estas eran jazmines, la flor que le despertaba alergia a la californiana. Apenas sus dudas fueron contestadas, de la sala donde se encontraba Jessica abrieron la puerta con cierta violencia y trasladaron a la castaña al salón del fondo donde le harían una cirugía. Tenía una mascarilla puesta, y ella estaba dormida. Un médico se separó del grupo para ir hacia la zona de los familiares con la ficha de Holtzmann, miró directamente al demonio por obvias razones —El cuello del útero dejó de dilatarse y los bebés dejaron de descender por el canal del parto. Los intentos de estimular las contracciones y reanudar el proceso no han dado resultado.— hablaba firme, rápido, no había tiempo para perder —La epidural no ejerce efecto, por lo que le colocamos anestesia general. Vamos a realizarle una cesárea.— bajó la vista para revistar rápido los papeles, leyendo párrafos concretos y cambiando de hoja aleatoriamente —Ella ha sufrido un grave accidente en la zona pélvica. Aquí está registrado un fuerte golpe no justificado. La secuela de esta es que su suelo pélvico es débil para que soporte las pujas, pensamos que podríamos llevar de todas maneras un parto normal pero vemos que no es así. Necesitamos que firme aquí, señor, para dar su consentimiento a todo esto y además nos dé permiso para que le apliquemos las medicinas necesarias.— le pasó un bolígrafo a Anthony y le señaló con el dedo dónde firmar. Si Holtzmann estuviera consciente se hubiera preguntado por qué demonios no le advirtieron eso antes, por qué no le comentaron que aquel daño que su jefe le provocó la imposibilitó de dar a luz por vía vaginal. Él la destrozó. Él arruinó esa posibilidad de concebir un hijo como las demás mujeres. Él rompió su cuerpo. Diablos, de cierto modo fue bueno que no lo supiera antes porque se hubiera molestado de manera más fiera y probablemente en su estado de mal humor hubiera sido capaz de volver a enfrentarlo. Pero claro, el efecto de la anestesia hizo que la inventora abandonara el mundo consciente rápido: se quedó dormida en poco tiempo, no soñaba, no sentía nada ni frío, ni calor, ni dolor. Estaba muerta, pero viva. Su mente estaba vacía. Y en la sala ya la estaban preparando para la cesárea. De momento marcaron la zona de su vientre.

Solo restaba esperar. Frank lo sabía. Se sentó pesadamente en uno de los asientos dejando en otro el ramo, eran tan grande que apenas entraba —Oh, señorita, lamento no haberme presentado.— claro que él nunca vio a Chiara —Mi nombre es Franklin Gavin Martin. Soy… un amigo.— no dudó en levantarse para presentarse como le enseñaron delante de una fina dama.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Dom Oct 15, 2017 1:46 am



ALREDEDOR DE LAS 4PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
THEY'RE HERE, TIGER, SMILE
El "te amo" de Jessica aun resonaba en la cabeza del birmano, y gracias a la asistencia de Chiara y la llegada de Tony a cumplir su papel en la mascarada que todos ellos permitieron que se armara se sentía más tranquilo. Chiara le daba cariños en el cabello y la espalda como si se tratara de un niño, Jessica se lo había dicho a Chiara un par de ocasiones, que para la californiana, a veces Nebiri era como un niño por culpa de muchas de sus actitudes, sus reacciones, su capacidad de sorprenderse aun y esa inocencia inesperada respecto a muchas cosas lo hacían ver como un niño a ojos de la castaña. Mención aparte que se llevaban unos cuatro años de edad siendo Holtzmann la mayor, pero no era tanta en realidad y menos en un sitio donde un oscuro ser de más de quinientos años podía estar al lado de alguien con un prospecto de vida no más larga que la humana. La diferencia de edades carecía de mucha importancia en New London, pero para Jessica era importante, le caía en gracia cada que ella comentaba que Nebiri apenas estaba naciendo cuando Jessica estaba entrando justo al jardín de niños, si lo ponía en esa perspectiva sí era una diferencia importante, pero ambos ya como adultos y juntos, la diferencia de sus edades hacía menos mella en comparación a sus distintas naturalezas. Tal para cuál a su parecer. Vio de reojo que el demonio recibía una noticia del médico que le hizo poner un gesto demasiado serio incluso para ser él, la francesa notó un gesto con la mano de su pareja que claramente indicaba que Nebiri debía escuchar eso que le explicaban a él. Chiara animó al Tigre a acercarse un poco más a escuchar. Los tres eran completo silencio mientras el médico explicaba en términos que Anthony podía entender pero que el birmano en su pánico no, lo que iba a suceder con Jessica a partir de ese momento. Apenas notó que el tigre estaba atento, el francés tomó la palabra.

¿Me está diciendo que ella no puede dar a luz normalmente por un daño en los huesos de su cadera? —lo repetía a propósito y con palabras que el birmano sí entendía—. ¿Y que deben asistirla en su parto por medio una operación para que ella y los bebés estén fuera de peligro? —el médico asintió aunque le pareció extraño que el demonio hablara así—. Entonces solo debo dar mi aprobación —el demonio miró de reojo al tigre y éste asintió con discreción, Anthony hizo un breve movimiento de cabeza y firmó el permiso—. La dejamos en sus manos, doctor, hagan por ella todo lo que sea posible para que esté a salvo y los niños nazcan bien —palmeó amigablemente el hombro del médico y éste asintió, dirigiéndose a toda prisa a donde tenían a Jessica y ordenando a todo mundo que prepararan a la paciente y la sala de operaciones, que procederían con la cesárea. Sus médicos asistentes y un pequeño pelotón de enfermeras pusieron manos a la obra. Tony volvió con Chiara y con Nebiri, pero solo miró al birmano—. Dijo de un daño en sus huesos, ¿sabes qué pasó ahí, Tigre?

Su jefe, Zhukovski, hace años le pateó en la —hizo memoria rápidamente—... La pelvis y se la rompió, él mismo la llevó al hospital para que no muriera y ahí le arreglaron los huesos —explicó Nebiri, y a cada palabra se enfadaba más, ¿qué tal si por eso los dolores de Jessica eran tan intensos? Ese desgraciado... ¡Ese malparido! ¡Se arrepentía de no haberle arrancado los huevos en ese momento, hubieran quedado casi a mano! ¡Diablos!—. Por eso se complicó, ¿verdad? ¿Qué van a hacerle? —preguntó, mirando a ambos.

No es nada grave, créeme —dijo Chiara con tranquilo tono para que no se asustara más—. Harán un pequeño corte, solo eso, y serán ellos los que saquen a los cachorros de su vientre, Jessica no hará nada, no sentirá nada, la tendrán anestesiada en lo que dura la operación. Tendrá que quedarse en el hospital un par de días, pero podrá estar con sus bebés, y podrás venir a verla. Tardará unas semanas más en recuperarse de eso, pero te prometo que no será mucho tiempo. Ella estará bien.

Y si la italiana lo decía con esa tranquilidad, entonces Nebiri podía respirar con calma. De pronto vieron cómo sacaban a Jessica en una camilla, ya con la anestesia en su sistema y lista para la operación. Por mero instinto, sin que su cuerpo lo pensase un solo momento, Nebiri corrió hasta donde se lo permitieron para verla irse entre los blancos pasillos del hospital. Una de las enfermeras le dio la ropa y el anillo de Jessica a su esclavo, y de paso le aseguró que harían todo por que ella y los niños estuvieran bien. A mencionar que el personal le tenía cierto cariño al pobre y sufrido híbrido de tigre por ser un esclavo tan leal y atento con la castaña, no como ese mal hombre de su esposo, que además era un mal amo por descuidarlo a él también. Nebiri abrazó las prendas de su esposa y el anillo lo puso junto al suyo en la cadena de su cuello. Regresó con la oscura pareja, pero no pasó mucho antes de que Anthony fuera requerido para ver lo del pago del tratamiento, la operación y el subsecuente tiempo de recuperación de la paciente... Era un hospital privado después de todo, aquel donde Chiara les consiguió espacio y la oscura pareja pagaba por ser el contacto, y que se cobraban con conocimiento de Jessica de manera muy discreta de todas las ganancias que consiguió el tigre en esos meses aunque fuera con sparring... Y de hecho podía pagarse todo lo que faltaba muy bien con la ganancia de la pelea pasada.

Mientras Tony arreglaba los asuntos financieros, Nebiri fue a dejar la ropa sucia de su esposa al auto, no la necesitaría en ese momento. En el breve momento que él salió, alguien más entró preguntando por Jessica Holtzmann. En recepción del hospital le indicaron al cheetah que estaba a punto de ser operada pero que sus familiares ya tenían información, por lo que le invitó a esperar en la sala de espera. Chiara notó a un hombre alto sentarse a un par de asientos de distancia y dejar un enorme ramo de flores. Algo sorprendida al principio, se le quedó viendo un poco antes de que éste se presentara con una educación casi exquisita. La sonrisa de Chiara fue automática al momento de escuchar el nombre del híbrido. Era Frank, el sujeto que Jessica conoció en la pelea de regreso de Nebiri y el mismo que ha estado saliendo con ella. Al fin podía conocerlo.

Chiara Di Santis, a su servicio. Es un honor conocerle, Martin —se presentó la italiana con la misma fina educación—. Me han platicado un poco de usted —si él no dijo directamente el nombre de "Jessica" entonces no sería ella quien le revelara el secreto al cheetah—. Gracias por venir a verla, aunque creo que se quedará esperando como todos nosotros. Le harán una cesárea y eso la dejará en cama más tiempo del normal —miró las flores en la silla a su lado—. Por cierto, yo evitaría éstas a menos que quiera que se las lance en la cara —quitó los jazmines del enorme ramo, procurando no desarmar el hermoso arreglo—. Es alérgica a éstas, así que de los jazmines me encargo yo —dijo con una sonrisa amplia y con esa facilidad de palabra tan propia. Al momento Tony llegó y la francesa le señaló al amigo de Jessica—. Mira, un amigo de nuestra querida amiga.

Lo recuerdo, lo vi en el Red Ribbon hace semanas, aunque creo que no nos presentamos —dijo Tony con un gesto agradable, aquel que daba a sus recién conocidos, aunque de Frank ya tenía suficientes detalles, bastó con verlo de lejos y luego investigar un poco por su parte—. Anthony Blair a su servicio —hizo una inclinación y luego el automático movimiento de ofrecerle una de sus tarjetas de trabajo—. Soy socio de Mlle Holtzmann y quien le ayuda a manejar a su esclavo, el Tigre, en las peleas como la que vio aquella vez —claro que esos datos los dijo en baja voz para que el personal médico no le escuchara. Y aun si le escucharan y les fuera develada la verdad sobre la relación de esos cuatro, Tony tenía más derecho que el esclavo de firmar los documentos del hospital por ser asociado de la paciente.

La oscura pareja platicaba en baja voz con el cheetah. Lo encontraron encantador de muchas maneras, y era un tipo listo, pues bastó que Tony diera dos detalles del estado de Holtzmann para que el híbrido rápidamente comprendiera la situación y dijera casi las mismas palabras que el médico que en ese momento llevaba a cabo la operación de Jessica. Justo en ese momento el tigre regresaba, pues se tomó un par de minutos para tomar aire antes de entrar, tenía que sosegarse un poco más, pero toda la calma que había conseguido afuera se fue al caño cuando vio al cheetah ahí con sus amigos. Nebiri comenzó a gruñir de manera profunda y fue a pasos pesados a encarar al tipo, pero no pudo hacer nada, Chiara le retuvo con un gesto demasiado suave como para que el birmano se liberara de éste de golpe. Bufó para calmarse y miró a Frank. Tenía que portarse bien y lo botarían del hospital... Además, estaba preocupado por Jessica, ese era un punto a favor que el birmano no podía ignorar del todo, incluso le llevó flores y sabía que su esposa alabaría las flores de Frank para tocarle un poco los huevos. Eso lo hizo sonreír por lo bajo. Saludó solo con un gesto al cheetah, no muy amigable pero no se le fue encima como cualquiera esperaría, en cambio, tomó la bolsa que su mujer preparó y fue a pararse más allá, cerca de donde salían los médicos pero sin estorbar, estaba atento a cualquier sonido, cualquier aroma, estaba ensimismado y concentrado en sus propios sentidos, pareció quedarse como estatua ahí, sin moverse y mirando el blanco piso. Orejas y cola estaban de fuera, incluso quedó en cuclillas mientras esperaba fielmente como perro a su amo.

No escuchaba la plática de los otros tres, pero sabía que Chiara y Tony podían hablar de muchas cosas con gente lista como el cheetah, como Jessica. No los escuchaba pero hablaban de sus viajes, de anécdotas de hace muchos años, escuchaban a Frank sobre sus viajes de igual manera y al menos ellos cumplían en ser buenos compañeros de espera. De vez en cuando miraban a Nebiri pero éste ni se movía y lo mejor era no forzarlo a estar cerca de Frank.

¿Cuánto tiempo pasó? ¿Una hora? No, un poco más, cerca de dos o al menos eso calculó el tigre, se sentía tan jodidamente larga la espera... Y fue cuando algo le hizo levantarse de golpe. Algo pinchó su pecho y lo hizo sentirse ansioso, pero no de mala manera, más bien expectante. Tragó saliva y de pronto escuchó un llanto infantil, lejano pero lo suficientemente potente como para ser escuchado por el fino oído de su padre y eso lo hizo sonreír en automático, y a ese llanto se sumó un segundo un par de minutos después... Eran sus hijos, eran sus cachorros los que lloraban con esa energía, habían nacido, ¡sus hijos al fin habían nacido! ¡Quería entrar, quería verlos, quería verla a ella y saber que estaba bien! ¡Deseaba verla, besarla, abrazarla y mimarla por haber aguantado tanto! Quería pasar esas condenadas puertas y correr hacia su esposa pero no podía o lo echarían a patadas. Las piernas le flaquearon un poco y quedó en cuclillas nuevamente mientras miraba el suelo con una sonrisa idiota y unas lágrimas escapaban de sus ojos y caían al piso.

Gracias... Gracias, amor... Gracias —murmuró apenas entre labios, incapaz de dejar de llorar en ese momento.

Aun tenían que terminar de limpiar a Jessica, coser su herida, asear y revisar a los bebés para confirmar a su madre que nacieran sanos y sin alguna enfermedad congénita que no hubiera sido detectada por los estudios previos. Eso tomaría un rato más, pero al fin había terminado la espera de la pareja y todos los que habían estado atentos a ese embarazo..

Jessica Holtzmann de California y Nebiri del Tigre de Birmania oficialmente eran padres de dos saludables mellizos.



ကျား

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Dom Oct 15, 2017 10:45 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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El embarazo debilitó algunas estructuras que sirven de soporte para la pelvis. El diagnóstico infalible era que fue precisamente por aquella razón que a Jessica se le complicaba más de lo previsto llevar a cabo la gestación. Explicaba incluso por qué los dolores eran más intentos y obviamente por qué sangraba más que una mujer normal. Sin embargo jamás sabrán la verdad, la verdad de que fue Ivan Zhukovski  quien la rompió. Dado a ese accidente provocado que ha tenido hace varios años Jessica quedó imposibilitada para dar a luz como naturalmente lo hacían las mujeres. Los médicos sabían que el parto en sí puede lesionar los nervios, lo que ocasiona debilidad muscular. El riesgo de empeorar aquel trastorno del suelo pélvico puede ser menor en un parto por cesárea que en un parto vaginal, por esa razón no vieron otra salida más que anestesiarla para proceder con la cirugía. No era el tiempo adecuado, pero en algún momento debían platicarle a la castaña sobre su futuro como madre: explicarle que solamente podrá dar a luz por cesárea, terminar de confesarle que dado a la complejidad de ese método solamente podrá quedar embarazada dos veces. Y ya solo contaba con otra posibilidad más. Si quedaba embarazada por tercera vez los profesionales no daban fe a que la madre sobreviviría, pues no podían platicarle cesárea en el mismo sitio tantas veces, ya ficharon que el cuerpo de Holtzmann era uno particularmente especial. Por más fuerza de voluntad que tuviera seguía teniendo un cuerpo delicado en contraste a la fiera mujer que realmente era. La tercera vez tendría que ser por vía vaginal y estaban totalmente seguros de que sería un desastre. Le tendrían que explicar eso a su esposo primero, después de todo aquel demonio se veía muy atento.

A Holtzmann le realizaron un corte transversal. Eso le dejará una marca de por vida en el estómago. La cirugía era larga, cuando era más de un feto siempre se complicaban las cosas. Sobre todo en alguien con un cuerpo tal fino como la castaña. Ella no estaba consiente para nada, el dormirla fue exitoso, ni siquiera movía los ojos bajo los párpados y claro, cada tanto revisaban su pulso para verificar que todo iba en orden. Los médicos, envueltos en sus batas azules, realizaban todo con una envidiable exactitud, lento, sentían tanta tensión que las frentes comenzaron a humedecerse. Jessica estaba bajo una enorme luz con el estómago abierto, con personas extrañas separándole la grasa y músculos abdominales, cortando también la capa que sujeta los músculos abdominales y los intestinos. Era la segunda vez en su vida que estaba bajo un cuchillo, pero nunca la manipularon así

En medio del procedimiento Frank hablaba activamente con Chiara, aquel felino claramente se llevaba mejor con las hembras que con los machos. Por supuesto. Sin embargo Anthony le caía bien, aquel trío podía hablar de cualquier cosa ya que poseían conocimientos de muchas áreas, no importaba que dos de ellos fueran seres centenarios, el cheetah demostró tener bastante sesos y espacio para seguir aprendiendo. No había duda de que era un buen partido para cualquier mujer, un hombre buscado y no solo por el dinero que relucía tener, sino que también poseía una personalidad atractiva para cualquiera. Pero era casi irónico que la única persona que a este hombre le interesaba no le prestara atención, sí, Holtzmann veía toda aquella faceta de galán, pero no le interesaba. Jamás se sabrá si es porque el canadiense llegó tarde a su vida o porque realmente su pareja sentimental estaba destinada que sea el birmano, pero la castaña no le veía el 'glamour' que observaba en el híbrido de tigre. Claro... ella siempre fue fría igualmente.

En algún momento de esa tarde la charla comenzó a morir. Ya había pasado más de una hora, todo estuvo bien hasta que el reloj comenzó a arrastrar apenas las manijas. Se movía muy lento, parecía que hubieran estado sentados por horas. Frank se había levantado tres veces para beber café de las máquinas. Solo dos mujeres que habían roto bolsa llegaron atrás de Jessica e increíblemente sus bebés nacieron rápido. Eso era motivo para poner nerviosos a quienes esperaban a la inventora, ¿por qué tardaba tanto?, ¿algo había salido mal?. Casi dos horas esperando para finalmente escuchar un llanto que hizo eco en todo lo largo del pasillo.



Un niño. El primero que alcanzaron fue al varón. Pero… todos allí conocían a la pareja, por esa razón se quedaron estupefactos un par de segundos al visualizar que, lo que se veía como cuernos en la ecografía en realidad eran orejas. Pequeñas orejas… de tigre. Aquel bebé tenía bastante cabello, castaño al igual que la californiana, no habría los ojos pero lloraba como un bebé humano y en momentos como un cachorro de tigre. ¿Acaso el esclavo de aquella mujer no era un híbrido de tigre? no, ¿acaso aquel pequeño no se parecía físicamente un poco al birmano?, claro, el morbo comenzó a interesar a las enfermeras. Pero aún faltaba un bebé más. No fue complicado sacarlo, de todas maneras ya estaba casi afuera pegada a su hermano.



Una niña. A diferencia de su hermano ella no contaba con ningún apéndice de animal. Tenía el pelo crecido también, era de un rubio dorado que uno no sabría de dónde provenía si no supiese que la madre de Holtzmann era rubia. Tampoco tenía los ojos abiertos, pero al igual que el otro ella lloraba como bebé y como cachorra, también parecía ser un híbrido de tigre. Claro que el personal allí realizó su trabajo, un grupo terminó encargándose de los pequeños y los otros en suturar a Jessica. La herida de la piel la cerraron con grapas. A los niños los limpiaron y claro que allí se percataron que eran más bonitos de lo que lucían, la niña parecía una muñeca, el niño lucía adorable, ya le dirían a la madre que eran los bebés más bonitos del hospital. Pero mientras llevaban eso a cabo, uno de quienes efectuaron la cesárea a la inventora tenía que salir para informar que los cuatro que se encontraban en perfectas condiciones. Aunque no sabía precisamente cómo iba a desarrollarse eso, no le diría el detalle de que al parecer el demonio no era el padre de esos mellizos, solo iba a darles la buena noticia y que desde ahí ambos resolvieran sus problemas. Claro que no faltaba el comentario de una de las mujeres en contra del francés, justificando la infidelidad de Jessica porque aquel no la trataba como lo merecía. El esclavo ha estado siempre con ella, atento y presente cuando la llevaba al hospital, no le era raro que haya tenido una aventura con él al ser el único hombre que parecía interesarse en ella. Sí, justificaba la aparente aventura, tal como una novela.

Mientras en una habitación evaluaban el latido del corazón, respiración, tono muscular, respuesta de reflejos y color del par, en el cuarto continuo comenzaron a trasladar a Jessica para que despertara en una habitación completamente blanca, llena de luz y tranquila. Estimaban que abriría los ojos en veinte minutos. En ese proceso un médico se separó para acercarse con calma hacia los familiares —Todo salió perfecto. Estamos terminando las pruebas pero nacieron en buenas condiciones. Felicidades.— quizás al birmano le caería pesado que estrechara la mano de Anthony en vez de a él, pero seguían pensando que el francés y la californiana estaban casados —En unos minutos les avisarán que pueden entrar en la sala con la madre. Despertará en veinte o quince minutos, cuando lo haga verá al padre sosteniendo a ambos bebés.— le dio un amigable palmada en el hombro al supuesto esposo y siguió su camino para terminar su trabajo en el quirófano.

Frank sabía que los otros estaban emocionados, en parte él estaba feliz por la castaña, pero hubo un extraño en las palabras del médico que lo desequilibró —¿Padre?...— ¿acaso la inventora no le dijo que estaba divorciada?, ¿cómo… aquel hombre que le entregó su tarjeta era su ex esposo?, ¿su socio en las peleas del esclavo? —Ah…— no entendía nada de lo que sucedía, ¿acaso ella lo engañó?, ¿realmente estaba divorciada? —Lo siento… felicidades.— solo pudo acotar eso, no sabía qué decir o qué pensar. Quizás luego pueda interrogar a la mujer que le interesaba, preguntarle en caso de que sea así por qué le había mentido. Era casi increíble la manera en la que eso perturbó a Martin, se sentía un poco traicionada por indiferencia de la castaña.

En menos de diez minutos una enfermera caminó hasta el grupo con los dos brazos ocupados. El niño estaba envuelto en una manta azul. La niña en una manta rosada. Ambos habían abierto los ojos y la joven enfermera tenía agradables noticias para el seno familiar —Son mellizos muy saludables. Hermosos. Todo el hospital dice que son de los bebés más lindos que hemos tenido por aquí. Oh, y sorpresa, la niña tiene un par de bellos ojos zafiro, grandes y dulces como el mismo mineral.— con una sana sonrisa le pasaba al francés a ambos pequeños —Y el niño no se queda atrás. Es igualmente hermoso, sus ojos celestes creo que son herencia de su madre.— pero no iba a decir nada sobre las orejas de tigre. Es más ella misma se las cubrió al varón con la manta queriendo así esquivar el posible problema que se desataría cuando el demonio vea eso en vez de cuernos —Solo el padre puede pasar ahora. No es cosa de protocolo pero es mejor que la mujer vea a su pareja con los niños. Los demás pueden entrar luego. Por aquí.— caminó hasta la habitación donde yacía aun dormida Jessica. No esperó más, hizo su deber y se despidió amablemente para desaparecer adentrándose a otro cuarto. Los pequeños emitían ciertos sonidos, pequeños gritos y ruidos con la garganta que se asemejaban a suaves gruñidos. Es más, por más que sus encías no tuvieran dientes si uno les abría la boca se podrían ver dos diminutos puntos arriba y abajo, claramente desarrollarían colmillos primero. Justamente lo que Nebiri le dijo que no harían, claro que al tigre le esperaba un fuerte regaño. En sus pequeñas muñecas llevaban una cinta de identificación con el apellido "Holtzmann" seguido de un código numérico. El mismo que le colocaron a Jessica para identificar a quiénes les pertenecía.

Increíblemente en un momento la niña intentó girar su cabeza, el niño la siguió, ambos reaccionaron cuando oyeron la voz de Nebiri. Uno hizo una mueca queriendo mover sus brazos, mientras que la otra sonrió y pudo liberar un brazo de la manta para apuntar hacia el tigre con sus pequeños dedos extendidos. Efectivamente reconocieron aquella potente voz ajena.







Aaron



Ran







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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Lun Oct 16, 2017 6:57 pm



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SEE THEIR BRIGHT EYES, TIGER
El tigre se compuso casi de inmediato y se puso de pie luego de que los llantos de sus cachorros se hicieran escuchar con fuerza. Tenían buenos pulmones, de eso podía darse cuenta el birmano. Sus manos jugaban con la correa del bolso mientras sus orejas seguían con atención los sonidos que seguían saliendo tras la puerta. Ya solo era cuestión de que terminaran de prepararlos, o eso pensaba el tigre, Jessica le explicó lo que iba a suceder luego de dar a luz, a ella terminarían de tratarla y de limpiarla por dentro, a los bebés los revisarían y asearían luego de nacer. Los iban a medir, pesar, chequear desde sus pequeños pies hasta la cabeza. El tigre no se lo podía imaginar del todo porque nunca pudo estar cuando sus otros cachorros nacieron, nunca le dieron la oportunidad de estar cerca de ellos o participar en su crianza... De hecho, esos primeros niños no eran sus cachorros del todo, eran de ellas y de la selva, no era la primera vez que lo pensaba, el birmano solo puso su semilla, pero eran más de sus madres que de él. A esas alturas y luego de varios años, seguramente ya lo habrían olvidado en su selva y otro macho ya debía tener control del territorio que antes pertenecía al birmano. Recordó aquella promesa de Jessica, que si tenía oportunidad de escapar a Birmania entonces sus hijos serían espíritus guardianes de la selva al igual que él, serían fuertes, tendrían su trozo de selva para proteger y pelear por todo lo que ahí viviera, serían vistos como guerreros y recibirían ofrendas de la gente agradecida. Los verían como algo más que humanos o animales y eso es algo que el birmano extrañaba en cierta manera cada que daba rondas por su bosque, aunque le bastaba con saber que no había más en su zona que animales locales, un hermoso paisaje, hadas, ninfas, un estanque y muchas más criaturas que iban a pasarla bien como mejor podían. Todo era mejor a comparación de estar en una jaula.

Se preguntó si alguna vez tendría oportunidad de mostrar eso a sus cachorros, pero antes que nada quería verlos, moría por verlos. Chiara y Anthony, seguidos de su nuevo amigo, se acercaron con el tigre en espera de que alguien saliera a darles los pormenores o, mejor, permitirles ir a ver a la californiana y a sus bebés. Uno de los médicos no tardó en salir y claro que le dio las buenas nuevas a Tony, quien con toda tranquilidad recibió las noticias. Claro que estaba contento por sus amigos, pero era un buen actor como para mantener la fachada de marido sin corazón de Holtzmann. De reojo notó que el cheetah parecía algo perturbado por escuchar que era Tony quien recibía todos los reportes y las felicitaciones con respecto al alumbramiento de la inventora. Chiara lo notó por igual y no tenía ni idea de qué tipo de cuento le habría contado Jessica a Frank, pero sin duda el otro felino parecía algo confundido por todo ese asunto. Nebiri estaba tanto o más atento que Tony a todo, claro que quería ser él quien recibiera las palmadas y fuera reconocido como pareja de Jessica y padre de esos niños de manera más formal, pero le bastaba de momento con saber que tanto su mujer como sus cachorros se encontraban bien, sanos y salvos. El médico se retiró rápido y pronto podrían verla, Nebiri no podía dejar de sonreír por lo bajo mientras balanceaba el bolso entre sus piernas a falta de otro gesto que pudiera hacer, bueno, sus oreja y cola estaban inquietas por la emoción y la espera que lo estaba matando. ¡Quería verla ya, demonios!

Las felicitaciones son para ella —dijo el francés con una sonrisa, estaba cruzados de brazos y no pensaba echar a perder su mascarada ante el personal del hospital, esa era la diversión de los cuatro (por mucho que Nebiri se quejara por ser el esclavo) y les daba tardes enteras de risas sobre lo que el personal del hospital se inventaba. Incluso era divertido para el demonio, al menos lo hacía ver más malo—. Se las daremos apenas tengamos permitido verla.

Oh, yo quiero verlos ya, sus llantos se escucharon hasta acá, tienen pulmones fuertes —y todo gracias a su madre, Nebiri en su forma humanapodía hacer que sus rugidos silenciaran el más ruidoso lugar de New London, y no qué mencionar sobre su forma animal—. Y quiero ver si ella está bien —la italiana estaba preocupada por Jessica. Por lo que les dijeron su pelvis no estaba en condiciones de abrirse para poder parir a los niños de manera normal, debieron pasar por mucho los médicos para sacar a ese pequeño par.

Nebiri seguía en silencio y con el paso de los minutos la espera al fin terminó. Una enfermera llegó cargando a dos pequeños envueltos en mantas y, como era de esperarse, a quien se los extendió fue a Anthony, aunque el demonio no pensaba arrebatarle al birmano su derecho de conocer primero a los cachorros. No, señor, Anthony Blair no era así, y aunque terminara con la peor reputación de New London, sería el peor marido del universo y dejaría que Nebiri tomara su derecho como padre. No miró a los bebés pero escuchaba sus pequeños sonidos, eran bebés grandes, al menos más que los bebés promedios y eran algo pesados. Pasaban de tres kilos seguramente. Asentía a la enfermera y dirigió el paso mientras seguían a la enfermera hasta llegar al cuarto donde Jessica descansaba. La enfermera se retiró dejando a la disfuncional familia.

¿Creen que ella siga dormida? —preguntó el tigre con un tono apurado, ya harto de estarse guardando las ganas de correr con su mujer y de cargar a esos pequeños.

Y al notar que los bebés reaccionaron a la voz del birmano, no cabía duda de que esos niños sabían muy bien quién era su padre. Tony sonrió, se giró hacia el Tigre y le dejó a los bebés en brazos. Los pequeños en sus torpes movimientos buscaban tocar a su padre, querían tocarlo y parecían contentos de sentir su calor y su aroma, pues hacían dulces sonidos de balbuceos y lindos gruñidos que delataban su naturaleza. Chiara casi lloraba de la emoción y solo resistió no ver a esos pequeños porque también quería dejarle ese gusto a Nebiri.

Esclavo, te encargo lo demás, tengo que terminar de atender mis asuntos aquí antes de ir a una junta urgente que tengo más tarde —el demonio se dejó oír por el personal médico y Chiara negó suavemente con la cabeza, fingiendo decepción aunque por dentro sonriente. Su dulce Anthony no tenía miedo de mancharse cuando algo realmente le importaba—. Si pasa algo, me avisan. Iré a hablar con el médico —miró a Frank y a él le dedicó un elegante gesto de despedida más un apretón de manos—. Un gusto conocerlo, Frank, si necesita algo, sabe que puede llamarme cuando lo desee —y sin más se alejó a hablar con el médico de cabecera de Jessica a que le dieran el informe del estado de salud de Jessica Holtzmann.

Por su parte, Nebiri temblaba y sin esperar entró directo al cuarto donde su esposa descansaba. Cerró la puerta tras de sí y por un momento su corazón se aceleró como nunca antes. Podía oler a los pequeños, sentía su calor, escuchaba los sonidos que podían sacar y al fin bajó la mirada a lo que tenía en sus brazos... Sus hijos. Sus pequeños hijos estaban ahí. Usando la boca bajó la manta de cada uno, la que les cubría la cabeza, y vio sus hermosos cabellos. Ran tenía el cabello rubio de la madre de Jessica, Aaron tenía el cabello color de miel de Jessica. ¡Aaron tenía orejas! ¡Su Ran era preciosa y ambos olían a tigre! Las piernas las sintió débiles y terminó en el suelo sentado contra la puerta con las piernas cruzadas. No podía dejar de sonreír y de hecho volvió a llorar.

Mis hijos... Mi Ran... Mi Aaron... Mis pequeños niños —murmuró un feliz y lloroso tigre mientras apretaba un poco los ojos. Las torpes manitas de sus bebés le buscaban, sabía que ellos podían olerlo y por ese sentido era que se guiaban. Nebiri los olfateó también y lamió sus pequeñas narices, primero a Ran, luego a Aaron y ambos soltaron lindos gruñidos que hicieron que su propio estómago se hiciera un ovillo de la emoción. Sus niños, al fin podía ver a sus hermosos niños. Eran preciosos como Jessica—. Le dieron mucha guerra a su madre —rió, les hablaba el baja voz y las pequeñas le tocaban las mejillas y le manoteaban incluso. Eran preciosos, solo eso podía pensar Nebiri. Los llenó de besos y miró a la cama un momento. Su esposa seguía dormida, el médico dijo que en unos diez o veinte minutos despertaría, ¿verdad? Bien. Podía esperar a que ella despertarse. Recostó a los bebés en la cama un momento para dejar el bolso de Jessica en una silla al lado de su camilla. No sabía qué tenía dentro, solo sabía que eran cosas que ella había elegido con mucho tiempo de anticipación—. Ahora está descansando, así que no se les ocurra llorar, ¿entendieron? —y por respuesta recibía la ciega atención de sus pequeños. No pudo resistirlo, se quitó las botas y subió a la cama aunque sin mover a Jessica y se quedó cruzado de piernas con ambos acomodados en sus brazos. Eran tan pequeños en comparación con el tamaño de su padre, pero éste sabía que crecerían mucho y serían muy fuertes. Y para que no comenzaran a llorar, comenzó a cantarles canciones que recordaba de las aldeas. Hablaban sobre ríos, montañas y la madre naturaleza, a veces solo eran suaves sonidos sin significado más que el de arrullarlos. Se quedaron pronto dormidos y se quedó ahí, quieto. Seguramente tendrían hambre al despertar, pero darían tiempo a que Jessica despertara—. Jessica, gracias por esto —murmuró el tigre con una enorme sonrisa que no podía quitarse del rostro. Se pondría contenta al verlos así, eso había dicho el doctor, le haría bien ver a sus hijos y al padre de estos.

Y hablando de padres, el supuesto padre de los niños, Anthony, se encontraba en pláticas con el médico. Se corrió rápido la voz que se negó a ver a su "esposa" y que la dejó ahí con su hermana, el esclavo y el amigo que llegó. Comenzaron a hablar mucho de él, desde que era estéril y usó al esclavo para darle hijos a su mujer, hasta el grado de pensar que él tenía un fetiche con ver a su mujer con otro hombre. Chiara se encargaba de recopilar todo para contarlo mientras bebían algo de café. El médico comenzó a darle a Anthony los detalles del alumbramiento de Jessica, así como el hecho de que tendría solo una oportunidad más de tener hijos, una tercera tendría que ser por vía vaginal y ella podría no resistirlo debido al antiguo daño de su pelvis. El médico recomendó tratamientos con calcio para fortalecer sus huesos durante los próximos años y evitar que en su vejez sufriera de problemas de cadera. Tony tuvo la prudencia de grabar toda la explicación con su móvil y sin que el médico lo percatara. Sería más sencillo que Jessica lo comprendiera en esas palabras, además de que no quería olvidar un dato importante.

Y mientras Tony se encargaba de esos asuntos y Nebiri disfrutaba de su derecho como padre el estar con sus hijos y esperar a que su mujer despertara, Chiara miraba al cheetah y su graciosa cara de confusión y un casi enfado imposible de ignorar.

Es una larga historia todo éste asunto, pero si Jessica quiere quizá te lo cuente —dijo una divertida Chiara—. No te tomes a pecho lo de Anthony, él tiene sus motivos —agregó, no quería que el elegante cheetah se llevase una mala impresión del demonio por el teatro que todos montaron con mucha ayuda del personal médico—. Entraremos hasta que ella quiera de todos modos, así que sentémonos un poco más, ya esperamos dos horas, veinte minutos no serán mayor problema. Lo grave ya pasó —y eso tenía tranquila a la vampiresa. Jessica había salido de ese compromiso al fin y podía ver el fruto de su espera: dos sanos bebés que eran la copia al carbón de sus padres. Por lo que la enfermera dijo, la niña tenía los ojos de Nebiri, y el niño los de Jessica. Moría por verlos y cargarlos, pero sabía esperar... Aunque no sabía si Frank también tenía esa paciencia luego de tanto lío que le ha tocado presenciar y sin que nadie le explique nada.



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Oct 17, 2017 10:18 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Ellos no hacían más que observar con asombro todo lo que los rodeaba. A diferencia de su hermano, Ran dibujaba en su dulce rostro una sonrisa que parecía hacer nacido con ésta. Una mueca permanente. Fue la primera que tocó las mejillas de su verdadero padre cuando el demonio los depositó en los brazos del mismo. Gorgoteaba sacando su pegajosa lengua, baboseaba un poco cada vez que soltaba un gritillo, se le formó una burbuja de baba la cual observaba con curiosidad causándole cierta gracia. No cabía duda alguna que era una niña dichosa, feliz. Aaron, en comparación, parecía más callado: se enfocaba en observar todo luego de ver el rostro de aquel individuo que oía desde que formó consciencia, no sonreía pero tampoco lloraba, de hecho cualquiera aseguraría que estudiaba el mundo que veía. De todas maneras por igual balbuceaba y producía sonidos desarticulados, sus orejas estaban tiesas pues no las reconocía ni tampoco sabría cómo darles movimientos. Era demasiado temprano, apenas llevaban siete minutos de nacidos. Por supuesto, eran híbridos de tigre, ambos olfateaba a la par sorprendiéndose por los aromas que captaban, pero no todos eran agradables a su parecer… ponían diferentes gestos en sus rostros y más de una vez estuvieron a punto de llorar, pero las lamidas del birmano en sus narices los sorprendieron aunque no les disgustó, desde ese instante los dos enfocaron sus narices en el tigre. Era casi cómico, pero adorable, la manera en la que arrugaban sus narices para olfatear de lejos el aroma de quien sus inocentes mentes en proceso de formación ya asimilaron como figura paterna. Obviamente las palabras de ese nombre no las comprendía, no sabían qué quería decir ni tampoco lo que era ni siquiera hablar, aún con esa dificultad de por medio apreciaban las tersas caricias que esas grandes manos les otorgaba, por igual los dos buscaron agarrarlo y fue Aaron quien lo consiguió, sosteniendo unos segundos el pulgar del birmano haciendo notar que sus dedos eran como los de un pequeño muñeco en comparación.

Habrá pasado cerca de diez minutos cuando de apoco Holtzmann recuperaba la consciencia. No se movía, claro, los recuerdos de lo último que vivió despertaron su mente, luego sintió que podía mover los dedos de su mano, y lentamente abría los párpados. Estaba… desorientada, se sentía extraña, ligera, con mucho dolor que estaba siendo calmado a su paso por medicamentos, lo primero que vio fue el techo y se quedó inerte por varios minutos. Solo cuando tuvo conciencia de su cuerpo giró lentamente la cabeza para ver el peso extra que sentía en la camilla, un pesado bulto cerca de sus caderas, y allí vio al birmano, abstraído con lo que tenía entre sus brazos… como acto reflejo llevó una mano a su estómago, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza pronto conectó todo y volvió a la realidad. Un baldazo de agua fría. La etapa del embarazo era muy diferente, había sido un poco más fría, pero ahora lo que tenía dentro estaban a su lado, dos bultos con diferentes mantas catalogando sus sexos, los ojos de la inventora se abrieron como platos por los nervios y la adrenalina, ¿ahora qué haría?, ¿ya podía ser legalmente considerada 'madre'?, ¿cómo seguiría todo eso?... no, quería verlos. Primero quería verlos. Sintió de repente un pinchazo en el pecho que no era nada más que emoción, una montaña de emociones la atacaron y solo pudo suspirar fuerte antes de dar a conocer que estaba despierta. Sabía que todo lo que iba a decir a partir de ese momento iba a cambiar su vida para siempre —… Hola…— no tenía tanta fuerza en su voz, su cuerpo estaba cansado pero no se sentía mal —Me duele todo de la cintura hacia abajo, un poco el estómago…— pero era normal, claro, no por eso era más tolerable. Con cuidado se fue sentando, era un trabajo horrible, pero logró pegar la espalda en la pared y estirar los brazos —Dámelos.— y aunque estuviese agotada y no levantaba la voz, aún tenía ese 'algo' que obligaba a los demás a obedecer sus órdenes. Nunca se podrá anestesiar su actitud dominante. Primero tuvo el confort de recibir a Aaron, pero no tuvo tanto tiempo de mirarlo ya que Ran le siguió rápido. Con los dos sosteniéndolos en cada brazo tuvo la oportunidad de admirar lo que su cuerpo creó: le ha dado 'vida' a tantos trastos en su vida, a chatarra, a piezas metálicas, a instrumentos y objetos animados que uno no es capaz de imaginar… y ahora creó una manera diferente de vida, dos que eran humanos y reales, que poseían órganos, tejidos, huesos y… sangre, su sangre —Ah…— estaban dormidos, pero aun así se admiraba sus largas pestañas, rostros suaves, pequeñas manos, narices perfectas y cabello sedoso.

Por supuesto que quedó sorprendida al ver que la niña era rubia. Evelyn era rubia. Eran demasiado pequeños aún, pero al echarle un vistazo al niño enseguida pensó que se parecía a Nebiri. De hecho, era un calco de él. Se decía que los hijos son los calcos de sus padres, bien, Holtzmann pensó que Aaron iba a parecerse mucho al birmano. Y su soberbia le dictaba que Ran iba a poseer una belleza tal como le atribuían a ella. No sabía que decir, estaba atónita, encantada pero sin palabras… —Nebiri…— abrazo un poco más a los bebés, pegándolos a su pecho —Te presento a tu familia.— eran una familia ¡Jessica tenía una familia! luego de tanto tiempo…  Jessica logró tener lo que jamás en su existencia creyó conseguir. Nunca pensó que sería tan feliz junto a alguien y menos procrear vida, jamás se vio en una situación así, pero pasó. Estaba pasando. Los ojos se le humedecieron, no quería llorar, en aquel aspecto era un poco más dura que el tigre… pero algo la obligaba demostrar su alegría mediante lágrimas —Mi cuerpo es increíble ¿no crees? porque tuvo dos cabezas, cuatro manos, cuatro piernas y dos corazones diferentes latiendo dentro.— arrugó su nariz, sus párpados se enrojecieron un poco, todo eso el birmano sabía lo que significaba —Soy madre. Soy su madre.— nunca antes había sentido ese candor en su pecho. Nunca antes se sintió tan… majestuosa, e increíble, como en aquel instante donde tenía a sus bebés entre sus brazos. Luego de un hondo suspiro miró a Nebiri, casi de manera seria, una diminuta lágrima logró escabullirse de su ojo al fin —… Me quitaste mi vida y me diste una nueva. Jamás le he hablado a alguien así y creo que jamás lo volveré a hacer, así que escúchame: te estoy eternamente agradecida, birmano. — el silencio que había en la sala colaboraba en aquel momento, solo la fina voz de la castaña se percibía y nada más —Me transformaste en otra persona. Me devolviste casi todo lo que he perdido y lo que creí irrecuperable. Jamás amaré a otra persona como te amo a ti, pase lo que pase, estaré en deuda contigo eternamente hasta el final de los tiempos. Velaré siempre por el hombre que me dio motivos para seguir viviendo. Velaré por ti para siempre, Nebiri. Eres el amor de mi vida, así fuiste, eres y serás, hasta que la muerte nos separe.— ese fue el juramento de la diosa hacia aquel híbrido de tigre. Con su dulce y pequeña sonrisa proveniente de aquellos rojizos labios, juró eterna lealtad. Nada más se le podía pedir a una persona como ella, fue clara  y concisa, al confesar sus más puros sentimientos se le erizó la piel por darse cuenta que hablaba con el corazón. Siempre se sentía extraño cuando lo hacía, no se acostumbraba.

Hubo un instante donde simplemente se miraban el uno al otro, absortos con los orbes ajenos, un momento donde nada se decía pero se hacían entender. Entonces un llanto hizo respingar a la californiana, el niño se había despertado y era obvio qué era lo que quería. Por supuesto que segundos después la niña imitó a su hermano al despertarse de repente también, eran un coro insoportable para cualquiera pero increíblemente para Holtzmann no era nada, es más, no gritaban tan fuerte… o eso pensaba, ¿será aquel instinto de madre, el que nada te molesta cuando se trata de tu hijo? quizás… tanto Nebiri como Jessica eran nuevos en el tema. No perdió tiempo, le pasó los niños al tigre para que ella pudiera bajarse la bata hasta liberar sus senos, ahí volvió a pedirlos y un segundo le tomó a cada uno prenderse a sus pezones. No era la primera vez que amamantaba, claro que nunca le contó a su esposo lo que hizo aquella vez en el hospital donde solo Chiara la descubrió, pero hubo una gran diferencia: aquel bebé no bebió leche, solo la castaña le dio el gusto para que se quedara dormido. No estaba lista para dar el pecho así que solo chupó su botón hasta quedarse tranquilo. Pero ahora, con sus hijos… —¡Ah!— dolía. Le dolían los pezones y sentía los senos muy pesados, cosa que con los días se le pasaría y de momento tendría que soportarlo. Nunca se imaginó que ser madre era tan tormentoso, no estaba al tanto de todo los dolores que una sufría, solo algunos —Son como… pequeñas sanguijuelas… es una sensación muy rara.— claro que más de uno no estaría de acuerdo con que una madre llamara a sus hijos 'sanguijuelas' pero ella se refería a la manera en la que se prendían a su seno siendo precisos, casi ningún bebé sabe dónde y cómo agarrar el pezón pero ellos fueron directamente y sin problemas. ¿instinto animal tal vez? sabía que debía pensar por dos razas desde ese momento, algo que no era lógico lo explicaba la raza del padre, y algo que no iba con los tigres podía ser explicado con la raza de la madre, los humanos. Será un dolor de cabeza.
Iba a ser una crianza bastante ajetreada y difícil.

En algún momento de su placer y dolor pudo ver los ojos de cada niño, y solo pudo pensar en una cosa —Tu legado sigue ¿cierto?, Ran tiene tus ojos. Creo que la genética de tu familia es demasiado fuerte.— y eso lo comprobó al darle un vistazo al niño —Oh… al menos con esto comprobarás que tú eres el padre, ¿o deseas hacer un examen de paternidad?— sus ataques no tenían tanto peso ya que su voz estaba debilitada, pero aun así seguía provocándolo. Ese era su deber todos los días. Por supuesto que se dio cuenta que los mellizos tenían ojos grandes y deslumbrantes, eso la hizo sonreír y acordarse de una discusión que tuvieron una vez hace bastante tiempo —Al parecer nacieron con mi belleza. Solo resta esperar para ver si portan tu inteligencia entonces. Tendrán muchos problemas en la escuela.— por más que le doliera el cuerpo se atrevió a carcajear suavemente —Pero no te preocupes. La inteligencia se hereda de las madres, es la madre la que transmite los genes relacionados con el cociente intelectual. La ciencia  lo afirma, Nebiri. Tienes suerte de haberme escogido como compañera entonces, al menos de este lado de tu descendencia alguno de tus hijos será un genio.— lo afirmaba con orgullo, arrojándose flores a sí misma, claro.

La sala de espera pronto se vio invadida por cuatro familias con todos sus miembros, algunos esperando información mientras que otros festejaban a su modo la llegada de otro integrante. El cheetah observaba aquellas escenas a la vez que intentaba comprender qué diablos pasaba, por qué de repente todos actuaron de manera incomprensible para él. Tomaba sus manos y jugaba con estas, y solo la voz de Chiara perturbó sus pensamientos —Ah, no sé si tengo derecho a saber ni siquiera. Busco decir… soy un amigo, pero no cercano. Quizás temporal. De todos modos me encuentro contento de que al menos su estado sea bueno.— aunque sus gestos decían lo contrario, en el fondo Martin era un individuo íntegro y decente. Tal vez de los pocos que no han tenido malas intenciones con Holtzmann, pues enamorarse ni siquiera Jessica lo considera mala intención. Ella mismo lo hizo con Nebiri y ni siquiera lo planeó, lo buscó ni lo quiso. ¡Buscó ahuyentarlo! pero igual sucedió.

Por supuesto que dentro de la habitación los bebés ya se habían llenado con la cantidad que bebieron, mientras la castaña se volvía a poner la bata los dejó en reposo sobre sus espaldas en la camilla —Esto es muy diferente a lo que uno lee en libros ¿verdad?— por supuesto que no era lo mismo saber del tema que practicarlo, eso sucedía en las Ciencias, eso sucedía en la vida real —Tú… nunca pudiste ver a ninguno de tus hijos. Aquí tienes a dos. Entre los cambios físicos y emocionales por los que estás pasando y la nueva responsabilidad, no es de sorprender que te sientas abrumado.— sobre todo por el deseo de hacer todo 'bien' también pone mucha presión —Te lo comento ahora para que sepas más adelante el por qué metes el rabo entre las patas cuando estás con alguno o con los dos. — buscaba darle a entender que posiblemente se vea cabizbajo con el correr de los días, pero que era normal. Sin embargo… ella, diablos, eran sus primeros bebés y tenía 31 años, una mujer muy independiente y siempre sumida en el trabajo. De repente se vería envuelta en una rutina de pañales, amamantar, formula, llanto… sentir que esos pequeños individuos dependen especialmente de ella la va afligir bastante —¿Tienes miedo?— animó a plantear eso mientras levantaba a Aaron y lo acunaba entre sus brazos, ofreciéndole a él hacerle lo mismo a Ran —Ellos… ¿podrán transformarse como tú lo haces?, probablemente no puedan porque son híbridos pero no puros. Quizás debamos esperar…— ...

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Oct 18, 2017 8:52 pm



ALREDEDOR DE LAS 6PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU'RE THEIR FATHER, TIGER, BE PROUD
Nebiri estaba absorto viendo a los pequeños, cada facción suya, sus aromas ya estaban dentro de la memoria sensorial del birmano. Esos eran sus cachorros, eran sus hijos, unos a los que verdaderamente podía llamar como propios. Eran pequeños en sus brazos, tan frágiles y a la vez tan fuertes a su modo. Ran sin duda era una pequeña muy risueña, pues estaba con una sonrisa en su pequeña boca mientras estaba apenas sujeta de las ropas de su padre, como si quisiera tener el aroma del tigre contra su pequeña nariz. Aaron al parecer sería algo más serio, pero era tan activo como su hermana y no le soltó el pulgar apenas lo atrapó en su pequeña mano derecha. Las orejas del niño eran lindas, sabía que eran sensibles y aunque Ran no tenía orejas de tigre, su audición debía ser igualmente buena. De Jessica escuchó que si los niños oían el latido del corazón de su padre o madre mientras uno los abrazaba entonces se "sintonizaban" y se relajaban, incluso podían respirar al mismo ritmo de sus padres. Esos eran detalles que estaba dispuesto a comprobar, quería aprender cada detalle de sus niños, lo que les iba a gustar y los que no, incluso qué música podría llegar a gustarle. Había tantos planes en su mente que no paró de mirar a sus pequeños por lo que pareció largo rato, sonreía tanto que cualquier podría ver su gesto alegre aun de lejos. Sus pequeños daban tanto calor... De hecho no percató que Jessica ya había despertado y miraba el techo mientras terminaba de recuperarse de su operación. Notó que ella despertó hasta que se tocó el estómago de golpe, levantó la mirada y vio que seguía adolorida. No le sorprendía, acababa de salir de una operación y, por los aromas que ella aun tenía encima, podía oler la sangre y demás medicamentos que usaron en ella para ayudarla a dar a luz a los mellizos. Sonrió mucho al verla pero no pudo hacer mucho por ayudarla a levantarse, tenía los brazos ocupados con un pequeño par.

Hola —saludó el tigre a su cansada mujer. Debía decirlo, se veía agotada pero a la vez tan absurdamente bella, la veía más hermosa aun y no sabía cómo eso era posible. No tenía respuesta por mucho que se lo preguntara repetidas veces, solo le quedaba aceptar que esa mujer no conocía límites y hacía lo que le daba la jodida gana—. Los doctores te pusieron medicina, te sentirás mejor en un rato más. Y parece que te quedarás aquí un par de días, o eso escuché que dijo el doctor —pensó un poco—. Tony debe estar viendo esos detalles ahora, ya sabes —el francés era su esposo ahí y la verdad Nebiri vio que era el demonio quien peor la llevaba en la mascarada, ser "el esclavo" le daba una posición privilegiada ante los ojos del personal médico. Su mujer pidió, ordenó, ver a sus hijos y Nebiri se los depositó en los brazos, primero a Aaron y luego a Ran, se alejó tres pasos para admirar el gesto de su esposa al conocer a sus hijos. Su gesto de encanto era inigualable, se veía sorprendida, emocionada, quizá nerviosa pero lo que más destacaba era una alegría que se sentía más de lo que se dejaba ver por ese dulce rostro. Sonrió al verla así y volvió a sentarse donde había estado momentos antes. Podía verla aun mejor desde ahí. Jessica cargando a los pequeños era una imagen que el tigre nunca podría borrar de su memoria. Aunque fueron minutos solamente, Nebiri disfrutó cada segundo de la visión de su esposa conociendo a los mellizos, a sus hijos. De pronto ella le llamó y sus siguientes palabras hicieron que se le acelerara el corazón y sintiera algo en su estómago, era un cosquilleo no incómodo, pero sí emocionado—... Mi familia...

Su familia. Su mujer y sus hijos. Ver los ojos húmedos de Jessica lo hicieron apretar las mantas bajo sus manos, la emoción parecía querer embargarle, pero haber dejado salir todo lo que sentía por medio de lágrimas hacía ya un rato ayudó a que el tigre se mantuviera sereno en ese instante. Claro, se le notaba la mirada brillante y su semblante totalmente lleno de todo lo que sucedía en ese momento, la magia del nacimiento, el subir a un nuevo escalón como hombre. Jessica no perdió la oportunidad de presumir y eso era tan propio de ella que el tigre no resistió reír un poco. Claro que toda ella era increíble, pero esa mujer no necesitaba ayuda para inflarse el ego, menos en ese momento donde dio a luz a los dos bebés más hermosos de todo ese maldito mundo. Las siguientes palabras de la californiana le obligaron a prestarle toda su atención. Pocas veces Jessica dejaba salir sus sentimientos a flor de piel, contadas veces le ofrecía su corazón con sus más sinceras palabras y todo aquello que solía guardarse dentro de sí. Y así era ella, así era Jessica Holtzmann y el tigre se sentía privilegiado como nadie de ser a quien ella le dedicaba verdaderos discursos de amor en los menos donde ambos lo necesitaban, no cuando el tigre quería, sino cuando ella y él necesitaban afianzar sus votos matrimoniales de todas las maneras posibles. A cada palabra, un golpe certero a su corazón lo hacía encogerse en sí mismo de felicidad. No se lo creía aun, pero el calor que aun le quedaba en los brazos y el aroma y visión de los bebés le decían que no era un sueño. Sonrió mucho y dio un suspiro tan grande que se hizo escuchar.

Hasta que la muerte nos separe, Jessica, tienes mi palabra —era todo lo que podía decir el embelesado birmano en ese momento. Se quedó mirando los ojos de su esposa y no pudo decirlo en ese momento, la emoción lo había embargado, pero ella también le quitó la vida que tenía antes y lo volvió alguien nuevo, Jessica le abrió muchas puertas, le permitió crecer como humano y darle una razón al tigre de ser más fuerte, de desafiar la naturaleza de su ser pero sin perder su esencia. De ser más que un animal, de ser un hombre en su totalidad. Le dio la oportunidad de amar de verdad, de probar lo maravillosa que era la entrega total a una sola persona, de estar con alguien que no lo necesitaba para nada, pero que lo quería a su lado para todo. Ambos podían seguir sin el otro de darse el caso, pero se querían juntos por que así lo dictaba el sentimiento que ambos seguían forjando día a día y con cada vivencia y detalle. Pasaron largos minutos, no lo percató, estaba perdido en sus ojos celestes, sonreía como idiota. No necesitaban tocarse las manos ni besarse en ese momento, Jessica lo dijo con sus palabras y ambos reafirmaban el sentimiento mutuo con esa mirada que se antojaba como un clavado en un profundo lago de agua fresca. Incluso suspiró un par de veces más sin percatarse. El hechizo se rompió cuando los niños despertaron con un fuerte llanto que sonaba dulce a los oídos del tigre. Sin duda sus cachorros tenían fuertes pulmones. La escuchó compararlos con sanguijuelas y se echó a reír antes de ir a sentarse a su lado mientras los niños comían por primera vez de su madre. Tenía el instinto de moverse por sí mismos al pecho de su madre, algo propio de los tigres—. Bueno, ellos no te roban sangre, solo piden leche —rió un poco más y ya ahí pudo darle un beso en la mejilla—. Ran tiene mis ojos y Aaron los tuyos... Y el cabello de ella se parece al de tu madre, se ve como en la foto —sonrió el tigre—. Aunque yo creo que son tan lindos como tú, mujer —dijo con una sonrisa, y ante la dulce embestida sobre la prueba de paternidad, volvió a besar su mejilla—. Y serán listos como tú, y son grandes como yo, apuesto a que serán fuertes —agregó con marcado orgullo—. Apuesto a que estos niños no van a enfermarse —aseguró con mucha confianza. Y al menos la enfermera y los médicos daban fe de ello diciendo que eran pequeños muy saludables. No pasó mucho antes de que los niños se llenaran. Jessica aprovechó para acomodarse la ropa y cada uno cargó a uno de los mellizos. Ambos tendrían las manos ocupadas por los próximos años. Esa era una idea que le gustaba.

Las palabras de Jessica eran más que ciertas, el birmano podría sentirse abrumado en cualquier momento y que ella le asegurara que eso sería completamente normal considerando que ambos eran primerizos en eso de ser padres, le calmó un poco más. Ran quedó en sus brazos y copió el movimiento de Jessica de hacer eructar a los pequeños. Se lo explicó desde antes, era para sacar el aire de sus barriguitas y evitar que sintieran cólicos luego de comer. Ambos estaban adormilados de nuevo luego de comer y parecían bastante cómodos en los brazos de sus padres.

Tengo un poco de miedo, pero... Si hacemos esto juntos podremos hacerlo bien, o al menos a nuestro modo —sonrió—. Siempre hemos hecho las cosas a nuestro modo, criaremos a estos niños como mejor lo creamos... Um... No sé si puedan transformarse. Una vez conocí a un mestizo de tigre, un mocoso mestizado con un demonio que se ha visto como de diecisiete por más de cien años y cuando se transforma parece cachorro... Aunque tú y yo no somos muy distintos. No sé si puedan transformarse, pero les enseñaré a intentarlo, y veremos quién de los dos puede o no. Y no sé si Aaron pueda guardar sus orejas, pero trataré de enseñarles todo lo que yo sé —sonrió—. ¿Puedes ver cómo Aaron te olfatea? —mencionó con una sonrisa, el pequeño estaba aferrado a la bata de su madre mientras su pequeña nariz se movía cada tanto—. Ya veremos qué sorpresas nos dan, pero como son hijos tuyos, entonces serán muy listos y aprenderán rápido, lo sé —el birmano le echaba flores a su esposa, bastantes, aunque no estaba de más mencionar que el instinto animal del birmano era uno que permitía adaptarse y aprender también, Nebiri había demostrado ser así y sus hijos no tenían porqué ser demasiado distintos de eso. Besó los labios de su esposa, estaba cariñoso y al menos ella parecía haberse recuperado de golpe de todo el cansancio que soportó por meses debido al embarazo—. ¿Sabes? Creo que Chiara muere por entrar, Tony vendrá luego, está hablando con el médico, y vino tu amigo el gato pulgoso —aunque al decir eso estaba bastante tranquilo, el aura, aroma y calor de los bebés lo tenían relajado. Y las palabras de Jessica fueron el sello de la paz mental que experimentaba el tigre en ese momento... Aunque sí frunció un poco el ceño, aunque no con enfado, más bien como anticipando un regaño—... Te trajo flores... Yo... Tengo tu sorpresa en casa, te la daré cuando volvamos... Aunque... Tengo un regalo para los niños —le dejó a Ran un momento para sacar de entre su ropa la capucha que era la cabeza de su piel de tigre, aquella que siempre cargó consigo pero que dejó de usar después de niño. Aparte, de la cintura se quitó la otra piel, y al desdoblar completamente la pieza se veía la cola colgando—. Eso me lo dio mi madre, y me toca dárselos a ellos, es su derecho por ser mis hijos... Portar la fuerza del Rey de la Montaña de ésta manera —dijo con su profunda voz, con respeto y visible emoción. Para ayudar a disimular las orejas de Aaron, le quitó la manta azul que lo envolvía y a él le puso la capucha, y ésta era lo suficientemente grande y el tan pequeño en comparación que le quedó de manta con la cabeza cubierta. Se lo devolvió a su madre y luego tomó a Ran, a quien le quitó también la manta del hospital y la envolvió con la piel que él siempre cargaba. Eso dejó al tigre libre de sus pieles para dárselas a ellos, a sus hijos por derecho propio—. Ngar taungpaw mhar lamshout kyarr eatsarr, ngar tawtwin swarrlar suu kyarr eatsarr hpw hcya pareat, ngarsai a htwt eat shinbhurain eat myayhpyitsuu hpyitkyaunggko ngar laraung aoutmhar lamshout tae suu hpyitkyaunggko hpyiteat —(Soy hijo del tigre que anda en la montaña, ngar tawtwin htellmhar kyarr lamshout eatsarr hpw hcya pareat, soy nieto del rey de las alturas y soy quien anda bajo la luz de la luna) recitó mientras cubría a sus pequeños, y lo mejor era que Jessica podía entenderle. Investía a sus hijos no solo con sus pieles, si no con el legado de la selva que vio a Nebiri nacer—. S ngya s nyya nha hcya hku ngar sarrsamee thoetsai hpyitkya pyee suuthoetko ngar aahcwm satti, ngar panyar a taat ko payy, suuthoetko naysell ngarko thangya n htayo ngya saw saittaw aaut s hpyang, suuthoet loaautsaw aararko suuthoetko payypar. Ngarsai sain thoeteat hpahkain, naeenaee kyarr hpyiteat, suu k shu mihkain hpyitpartaal —(Ustedes dos son mis hijos y les doy mi fuerza y mi saber, les doy la selva que aun vive en mi, y les daré lo que necesiten. Soy su padre, pequeños tigres, y ella es su madre) finalizó entregando ambos pequeños cubiertos en pieles a su madre.

Esa fue su ceremonia, su manera de reconocer a esos pequeños como propios y de entregarle el regalo que a él una vez le dieron. Estaba emocionado y de notoria manera. Le sonrió a Jessica y por fin atinó a tomarla de las mejillas y besar sus rojos labios. A pesar de haber pasado por tanto tenía ese color encendido en su boca, ese color y ese calor que siempre invitaba a besar. Fue un beso dulce, suave y suficiente para darle a saber todo lo que no podía decir por culpa de la intensa emoción que se revolvía a sus entrañas. En una oportunidad le devolvió su anillo a Jessica. Pasaron un rato más así antes de que Jessica diera su aprobación de dejar pasar a sus acompañantes. Ya los habían dejado esperando por suficiente tiempo.

La primera que entró disparada como bala fue Chiara, quien corrió a la cama y le dio un suave pero emocionado abrazo a Jessica. Le besó ambas mejillas y por fin pudo ver a los pequeños que antes no pido por mero respeto al birmano. Tras ella entró Frank, desde luego, con aquel inmenso ramo de flores, ya sin jazmines gracias a Chiara.

Oh, cariño, ¡son hermosos! —exclamaba la italiana tan solo de verlos y no resistió pedirlos en sus brazos, aunque por turnos, admiró primero a Ran a quien alabó hasta cansarse, con Aaron fue lo mismo y a su parecer se veían preciosos envueltos en las prendas de Nebiri... Y ayudaba a disimular las pequeñas orejas que alcanzó a ver cuando acarició la frente del niño—. Hola, pequeño Aaron, hola, Ran... Son tan lindos —claro que los despertó, pero los pequeños estaban ocupados estudiando a la italiana con los pocos sentidos que les funcionaban en esos momentos, eso dejó a Frank campo libre para acercarse a Jessica. Nebiri, como leal siervo, mantuvo una posición a los pies de la cama mientras miraba todo. Era momento de ser el esclavo de Jessica Holtzmann.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 19, 2017 8:51 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por un lado le sería más cómodo que los pequeños no pudieran transformarse como su padre. Francamente no sabría qué hacer si adoptando forma de tigre se treparan en árboles, corrieran lejos de la casa, se perdieran en el bosque o algún animal natural los encuentre como presas. Tal como los osos pardos que abundaban bastante. No sabía qué hacer si un día encuentra la cuna vacía, vé que treparon por las ramas para escabullirse y… —No les enseñes nada.— protestó mientras le golpeaba con exquisita delicadeza la espalda a Aaron, intentando hacer que eructe limpiamente en su hombro —Yo te quiero, Nebiri, pero escojo criar a un ser humano tal como yo en vez de individuos que pueden transformarse en animal en cualquier momento.— y en aquel preciso momento logró que lo buscaba en el niño. Obviamente la acción de eructar del menor fue sumamente dulce, apenas fue sonoro. Más bien se asimilaba a un bostezo invertido. De paso también baboseó un poco la bata de manga corta que vestía a Jessica —Mis hijos no serán salvajes como tú. Ellos van a ser genios.— ¡por supuesto! cada uno tenía una visión diferente de lo que buscaba en los mellizos, una típica discusión que podría llegar a ser costumbre. Se tomó su tiempo para oírlo mientras el pequeño olfateaba su cuello, también pegaba los labios en su piel animándose a chuparla como si intentara degustarla. Realmente no quería que aprendieran a transformarse en tigres, pero si estaba en su naturaleza… bien, su esposo tendría que soportar la ola de regaños si alguno de los miedos de la castaña se hacía realidad. No convencida recibió el beso del birmano con cierto gusto pero estaba encaprichada, sin embargo se dio cuenta que era demasiado temprano para pelearse con él por quienes nacieron apenas hace casi media hora. Además le dolía el cuerpo y se sentía un poco mareada, sencillamente no estaba en condiciones para atacar a su pareja en aquel momento. Acunó de nuevo a Aaron en uno de sus brazos, con la mano libre comenzó a limpiarle la saliva teniendo cuidado en pasar su pulgar alrededor de su boca, concentrada en eso oyó sobre su supuesto amigo y la pareja, el solo pensar en la reacción de Chiara ya sentía que las tripas se le oprimían porque estaba totalmente segura que la abrazaría fuerte —Oh, flores. Siempre ha sido tan detallista.— se animó a bromear cuando finalizó de limpiar a su hijo, entonces pasó a acariciarle el rostro conectándose mutuamente en ese instante al mirarse a los ojos uno al otro —¿Por qué tú no me trajiste flores, ser padre te convierte en tacaño?— su cerebro no pudo evitar hacer rápido sinapsis y que el rostro de su padre le llegara a la mente, provocando que cambiara su rostro a uno serio y con ápices de cómica decepción —Ah, ¿sabes qué? no me contestes.— no buscaba comenzar una conversación incómoda. Era un momento feliz para la californiana como para arruinarlo con su pasado familiar. Ya tenía otra nueva.

En ningún momento dejó de mirar los ojos de Aaron, este parecía querer decirle algo, o eso interpretaba la castaña, pues balbuceaba sonidos incomprensibles mientras le clavaba ese par de orbes celestes haciendo obvio que estaba concentrado a ella. Si hay una cosa que la pseudocientífica, ingeniera, inventora y mente brillante jamás se preguntó en su vida es qué diablos pasaba por la cabeza de un recién nacido. Entonces su instinto le indicó que le sellara los labios, lo hizo con su dedo índice, se relamió agachando un poco la cabeza sin despegar su sosegada mirada de él —… Ma-.— susurró fuerte cada sílaba, y por increíble que parezca el pequeño miraba aquel fuerte color en los labios de su madre, situación que Jessica aprovechó para volver a repetir lo mismo. Y al retirarle el dedo el bebé volvió a balbucear pero en un tono más bajo y emitir gruñidos que parecían provenir dentro de su pecho. Holtzmann… tenía una corazonada con el varón. Pero el encanto lo rompió ella al oír la palabra 'regalo', claro que se sorprendió ya que muy pocas veces el birmano lograba ocultarle cosas o guardar secretos —¿Un regalo para mí?— volcó entonces su atención en Nebiri —Querido, espero que sea un botella de whisky de Bourbon.— ya los bebés no estaban dentro de su cuerpo, ya podría brindar tal como él se lo prometió. No le importaba que estuviera drogada con diferentes tipos de calmantes para sus dolores, de poder pediría un vaso de vino en ese hospital. La abstinencia fue buena para su salud a decir verdad, Jessica lo sabía bien… pero también sabía bien que era alcohólica y simplemente no iba a dejar de beber. Bastante creyó haber hecho al abandonar la nicotina. Aparentemente no esposo tendría que volver a controlarla tal como ha hecho hasta ese momento pues salió de una dificultad, que era el embarazo, y se metió en otra: amamantar. Podía beber un poco solamente pero no ponerse ebria.

Estaba pensando cómo decirle al tigre que le diera una mano con eso sin perder su orgullo, pero se desconcentró al ver que dejó a la niña sobre la camilla para sacarse trazos de pieles que rodeaban su vestimenta. Claro que no sabía qué estaba haciendo hasta que se lo fue explicando de apoco. No se animó a interrumpirlo, solo fue espectadora de ese momento que le pertenecía solo al birmano y a sus descendientes. Le entregó al varón para que lo envolviera, cosa que repitió en la mujer. Aunque no estuviera de acuerdo con muchas cosas en las que Nebiri creía principalmente porque le parecían ridículas o sin sentido, aprendió a respetar lo que verdaderamente a él le importaba porque no quería herirlo o pelear por esa clase de temas. Además lo que estaba haciendo era una especie de ritual bastante sano, atrayente para la castaña, sabía la importancia que tenía eso para su esposo y más al comprender las palabras en su idioma madre. Cuando finalizó sus palabras recibió con los brazos abiertos a los mellizos cubiertos de pieles cálidas y suaves, los acurrucó más en ella quedando los tres bastante pegados y allí admiró un momento a los dos dibujando una fina sonrisa antes de buscar los ojos del campeón —Aainsai ngarko kyaungg kyarr aasarraaray tait hpae ko rahkyinn payyeatbhaaltotmha...— (tú nunca me regalaste un trozo de aquella piel de tigre...), se animó a protestar con pícara sonrisa y una ceja enarcada —S ngya s nyya a kyahanyaupya ko aanaeengaal payy shin sainsai ngarko sainthoet a bhhoet kaunggtae a rar taithkuhkuko lotenine maihpyitsai.— (si me das un poco quizás pueda hacerme algo bonito, para ti.), y ambos cómplices de mirada pronto terminaron esa extraña ceremonia con un húmedo y apasionado beso el cual fue bien dado por la inventora.

Ya no se sentía ahogada, creer que invadía su espacio, no daba zarpazos o esquivaba las muestras de afecto del birmano, lentamente volvía a retomar aquella calidez que solo tenía para ese hombre. Tan solo tres segundos se separaron para que le volviera a poner su anillo, y apenas lo hizo ella se apoyó en el pecho de Nebiri. Era una imagen agradable, los dos… cuatro, estaban fundidos en una pequeña atmósfera de calidez, silencio y contención. Los bebés volvieron a dormirse luego de saciar su hambre de leche, ella sabía que tenderían a ser un poco perezosos sin embargo, eran mininos después de todo —Contrólame.— acotó de la nada pero sin romper el acogedor ambiente —No dejes que beba más de dos copas nunca.— por supuesto, ese era el momento para pedirle que la ayude con ese tema.

Ellos tuvieron su momento, y creyeron que ahora era el momento de dejar pasar a los otros. Apenas Jessica supo qué rostro poner ante el tigre con esos pequeños en brazos, no sabe cómo reaccionaría con la otra pareja. Menos con el cheetah. De cierto modo el golpe de emoción de la italiana la ayudó bastante: la abrazó de golpe casi ahogándola entre sus senos, claro que Holtzmann se quejó y la otra se disculpó rápido para pasar a observar a los bebés —Ya sé que son hermosos. Son míos ¿cierto?— comentó con soberbia como si fuese algo obvio, y luego de pasarle a Ran hizo lo mismo con Aaron, ahora era la rubia quien los tenía en brazos —¿Dónde está Anthony?, quería enrostrarle a los bellos niños que él jamás tendrá.— claro su buen humor volvía cuando estaba Chiara presente, después de todo la vampira siempre ha sido cómplice de Holtzmann para esas cosas. En medio de la charla que ambas compartían Jessica pudo ver a Frank sentado en una silla pegada a la pared, cerca de la puerta. Tenía el ramo de flores en las manos y esperaba pacientemente su turno, de reojo observó a Nebiri que parecía una estatua al estar parado firmemente en los pies de la cama. Oh, claro. El esclavo. Guió la conversación para que sea breve y le indicó al tigre que buscara sus papeles de identidad en el bolso que ella había armado y que se los entregara a Chiara —Hazme un favor. Ve a la recepción y averigua dónde se los debe inscribir.— ya que Chiara se hacía pasar por su hermanastra no había problemas con que fuera ella a escribir los nombres de los mellizos. Seguramente el parte médico del alumbramiento ya estaba listo y solo se necesitaba los papeles de los padres. En ese caso especial, solo la madre.

Chiara comprendió eso, la castaña luego le indicó que dejara con cuidado a los niños en la cuna apta para gemelos/mellizos que estaba a su lado —Ran Salomea y Aaron Issac. Recuérdalos.— la vampira italiana no era tonta, pero igualmente quería asegurarse de que no cometiera ningún error porque no podría ser corregido luego. Claro, ambas sabían que el apellido sería 'Holtzmann'. Aquel pedido no solo fue para agilizar los trámites, sino que también para que Martin pudiera hablar al fin. Esperó que la rubia se fuera para luego llamar al canadiense mediante un cansado y forzado gesto con su brazo —¿Llegaste recién?...— preguntó con una fina sonrisa en sus labios mientras estiraba los brazos para agarrar las flores —No… llegué casi al mismo tiempo que todos.— ese hombre no pensaba en ese momento que esa mujer le había mentido, claro que no, se lo veía sosegado y contento mientras le daba una mirada a los bebés de la castaña —Son muy bellos. Te felicito.— sin embargo había percibido algo desde que entró a la habitación: sintió su aroma, su mirada se afiló y su cuerpo vibró: él era un felino después de todo, ya sea criado en la selva o en la ciudad, ¿cómo no darse cuenta de la presencia de otro?, y no era el esclavo. Martin observaba con detenimiento a los menores quienes estaban más callados que antes mirando el techo, estudiando sus manos y chupándoselas —¿Sabes? siempre te dije que mis sentidos están atrofiados, pero no del todo. Puedo percibir muchas cosas.— añadió mientras Jessica ponía las flores en la mesa a su lado, y ese comentario llamó su atención —¿Y?...— no sabía a qué quería llegar con eso, pero presintió cierta inquietud en Frank cuando la miró a los ojos, y más cuando posó la mirada en el birmano —¿Puedo hablar con tu esclavo unos minutos, por favor?— … la tomó de sorpresa. Holtzmann dudó un segundo, pero su respuesta fue rápido —Sí.— ¿por qué le diría que no?, ¿cuál sería la excusa?. Pero la excusa por la cual quería hablar con Nebiri era la que llamaba enormemente su atención. Frank cruzó el umbral de la puerta esperándolo, Jessica no dijo más nada y solo atinó a despedirlos con la mano.

—Sígueme.— le indicó al birmano aquel cheetah mientras adentraba las manos en sus bolsillos —No sé con exactitud qué es lo que sucede, quizás solo esté interpretando una parte, pero te diré esto: ¿alguna vez oíste el dicho "si la amas déjala ir"?— con eso dejaba en claro el tema de la conversación que quería tener con él. Recorrieron el pasillo para salir del hospital, allí el cheetah pudo sacar un cigarrillo y un encendedor mientras acomodaba la espalda en la pared junto a la puerta —… Nebiri ¿verdad?— preguntó solo para asegurarse, después de todo oyó tantas veces que lo llamaban 'esclavo' que se le fue esfumando el verdadero nombre del tigre con el correr del tiempo —Como te dije, no sé exactamente qué está pasando. Pero sé que esos bebés son tuyos.— por supuesto que le dejó al otro un espacio de minutos para que asimilara la idea de que fueron descubierto, todo mientras le daba algunas largas caladas al pequeño cilindro de nicotina —Eres padre, y llegará un momento donde debes preguntarse seriamente: ¿qué es lo mejor para ellos?. ¿Qué le conviene a tus hijos?, ¿qué le conviene a tu ama?.— chasqueó la lengua mirando hacia el suelo, intentando encontrar las palabras exactas —Yo… sé que ambos tienen una relación un poco… distorsionada, pero esos niños no fueron traídos por obra de magia. Y por lo poco que vi, ella te aprecia mucho y tú a ella. Y como hombre, ¿no quieres que esa mujer y sus hijos sean felices?— … no supo más cómo abordarlo, solo suspiró y lo miró de frente —Tengo dos boletos para una embarcación que zarpará en dos días. Una que anclará en América. Un boleto es mío, y el otro me costó conseguirlo. Creo… que sabes a lo que quiero llegar.— porque ese híbrido no era estúpido, Martin nunca lo juzgó así —Ahora comprendo por qué ella no aceptó en ninguna de las oportunidades para partir. Para irse de este infierno. Ah… el… el problema eres tú.— se arriesgaba a que el campeón le dé un buen golpe, pero era lo que sinceramente pensaba —¿De qué servirá tenerlos aquí encerrados?, ¿de qué sirve tener pájaros en una jaula si ninguno podrá volar nunca?— apagó el cigarro con la suela del zapato al arrojarlo en el suelo, y nuevamente clavó sus orbes en los del tigre con aires de franqueza y sensatez —Piénsalo. Ella será libre, tus niños serán libres, ¿qué vale más que eso?...— de cierta manera aquel hombre jugaba sucio, era de buena labia tal como Anthony cuando quería convencer a alguien —Creo que… en la situación que está ahora el mundo, hay situaciones que uno debe dejar de lado el egoísmo.— se encontraba entre la espada y la pared, el birmano tenía la palabra final.

Mientras tanto Jessica se encontraba acostada, descansando dado a que los mellizos no eran escandalosos como los otros recién nacidos que se oían chillar. Pero no dejaba de pensar para qué Frank quería hablar con Nebiri. Estaba preocupada al respecto.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Oct 20, 2017 1:24 am



ALREDEDOR DE LAS 6:30PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
THERE'S ONLY A LAST CHANCE, TIGER
Mientras Chiara se comía a besos a los pequeños y Frank esperaba a que Jessica terminara de platicar detalles importantes con la rubia, Nebiri pensaba en lo que su mujer le dijo sobre darle una piel a ella. A Nebiri aun le quedaba una prenda de piel y era la que se ponía en el cuello, pues a Aaron le dio la capucha y a Ran la que usaba en la cintura, tenía una aun. A Jessica ya le había dado una prenda suya, un pañuelo rojo de tela de ramio, lo recordaba bien, se lo regaló durante sus primeras citas, concretamente cuando ella tuvo que ir a su empresa por dos semanas enteras para trabajar en un proyecto. Recordaba bien que ella volvió totalmente ebria a casa cuando él le recibió, y de hecho esa misma noche ella probó de su comida por primera vez. Desde ese entonces ella usó ese pañuelo rojo, si no era como accesorio de su ropa del día, lo llevaba en su bolso siempre que salía o cuando tenía que ir a la empresa a trabajar. Lamentablemente el pañuelo se perdió junto con el laboratorio el día del incendio, ese día el pañuelo se había quedado en el canasto de la ropa sucia y quedó incinerado por el posterior incendio de la zona junto con casi todo el laboratorio de Jessica. Pocas cosas se salvaron además de los robots. Sí, ahora que lo pensaba, tenía que reponer esa prenda con otra que fuera igual de importante. Sí, le daría su última prenda de piel de tigre, ya ella idearía algo, como siempre, para hacer de esa prenda algo memorable. Sonrió para sí mismo por lo bajo mientras pensaba en aquello. Salió de sus pensamientos cuando "su ama" le pidió los documentos del bolso.

Al abrir el misterioso bolso vio que había documentos que Jessica organizó en una elegante carpeta plástica, había ropa y suaves pañales de tela para los niños, también una muda elegante para ella, un par de tacones altos y algunos de sus shampoos, quizá adelantándose a la posibilidad de que tuviera que quedarse más de un día en el hospital y ahí pudiera ducharse. Cuando no usaba sus jabones y marca de shampoo en especial su cabello se volvía un pequeño desastre y las ondulaciones de su cabello no tomaban su mejor forma. Muy listo de su parte, como siempre. No pudo ver más, le extendió la documentación a Chiara a apenas los bebés quedaron en la cuna junto a la cama de Jessica. Era normal que los bebés fueran tranquilos, también tenían la sangre del birmano corriendo en sus pequeñas venas, el instinto felino. Los cachorros de tigre no lloraban, solo eran curiosos y perezosos, ya más grandes podrían ser inquietos pero de la pareja dependería qué tan bien se portaran los cachorros. No estaban dormidos, solo curiosos, se miraban las manos, miraban el pecho y sus deditos sentían la suavidad y la calidez de las pieles que las que su padre los envistió. Estaban bastante entretenidos ahí como para fijarse en algo más, y con sus barrigas llenas, quizá no tardarían en dormir.

Lo recuerdo bien, cariño, Ran Salomea y Aaron Issac —con los papeles en manos, la vampiresa salió de ahí a buscar dónde se hacía el registro. Quizá necesitarían la firma de Jessica, pero podían llevarle los papeles apenas se llenaran. Tenía todos los datos, y de hecho, por dirección, notó que tenía la de su laboratorio. Bueno, escribir que vivían en una casa del árbol en pleno bosque a un lado de la autopista y dentro de una zona protegida para recreación y acampadas no era precisamente una dirección. Le pareció sensato de parte de la californiana. No tardó en encontrar donde hacían los registros y fue a pedir la información. Podrían llevar todo el trámite ahí y, a comentar, que hasta el juez del registro estaba algo confundido por escuchar que los pequeños solo tendrían el apellido de la madre y no la del marido de la castaña... ¡Hasta él estaba enterado del drama! La telenovela tenía a todos ocupados en el hospital. El pobre de Anthony quedó ya con la reputación manchada, pues además de estéril, quedó con la fama de gustarle ver a su mujer acostándose con otro. El juez no hizo muchas preguntas a decir verdad, solo llenaba la información ayudado con los papeles que la paciente envió con su familiar.

Mientras, Anthony terminaba de arreglar lo del pago final con el médico. Éste le dijo que Jessica debería permanecer un par de días más por si acaso. Le explicó todo lo que tuvieron que hacer para hacer que los bebés nacieran y que su herida necesitaba reposo al menos ese par de días antes de llevarla a casa. Mientras, podría estar con sus hijos y le facilitarían todas las comodidades que ella requiriera. Un buen hospital privado, sin duda. Y por lo que estaban pagando por tenerla ahí, era lo mínimo que podrían hacer. El francés abandonó el consultorio del médico y fue al cuarto donde Jessica se encontraba. Notó con algo de sorpresa que Frank salía del cuarto seguido del Tigre y aquello le dio curiosidad. Decidió no intervenir mucho ni espiarlos, tenía algo más importante por hacer en ese momento. Entró al cuarto solo para ver a Jessica recostada en su cama y descansando como bien merecido lo tenía. Los bebés seguramente estaban en la cuna. Tocó la puerta para no tomarla por sorpresa y pasó, acercando la silla al lado de la cama de Jessica.

Mlle Holtzmann, me alegra mucho verla bien —dijo el francés con una sincera sonrisa—. Felicidades, la espera al fin terminó —agregó antes de ir a ver a los pequeños, que en ese momento estaban durmiendo, sonrió. Ya podía verles la cara al fin, fue el último, pero estaba bien con ello—. Son muy parecidos a los dos, son bebés muy hermosos —tomó con su dedo las mejillas de ambos y estos respondieron apenas olfateando a quien les tocaba. El francés les dio su espacio para no hacerlos llorar y se sentó en la silla a su lado—. Ya todo lo del hospital esta cubierto, el médico ha dicho que se quedará en cama un par de días más en lo que la herida de su operación sana, tuvieron que intervenirla de emergencia porque los bebés no podían nacer por vía vaginal y... Bueno, creo que entenderá mejor en las palabras del médico —sacó su móvil y buscó la grabación que había hecho momentos atrás, le extendió el móvil a la castaña justo después de darle "play" a la grabación. El sonido era bueno, normal considerando que era un móvil costoso con buena tecnología. Miraba el móvil pero no a Jessica mientras la grabación corría con la voz del médico explicando que tuvieron que sacar a los bebés por otra vía que no fue precisamente vaginal, si no por un corte. Que solamente podría tener otro embarazo pero de la misma forma en que nacieron los mellizos, y que de ser vía vaginal, no saldría bien parada de esa. Quizá cuando vio una reacción nerviosa en su mano fue cuando el médico dijo que todo fue culpa por esa lesión en su hueso de la pelvis, que había quedado endeble. La grabación finalizó con el médico indicando al francés sobre un futuro tratamiento con calcio para evitar molestias ya más a futuro. A eso último, el francés le extendió la receta a Jessica, que eran solamente tabletas de calcio concentrado que no haría daño a su leche ni a los niños, eran suplementos después de todo, así como una dieta que ayudaría a fortalecer sus huesos. Por suerte, Jessica había llevado una sana dieta desde que conoció al birmano—. Nebiri nos contó un poco de eso, que fue culpa de su jefe. Es tarde para lamentarlo, pero me alegra que ellos nacieran bien y que usted esté a salvo —claro, él no sabía que el haber quedado embarazada, y con concepción múltiple, fue prácticamente un milagro considerando que Jessica tenía óvulos malos, esa información se la guardaron para ellos mismos. Fue un golpe de suerte esa tarde de sexo en el bosque, sacarse la lotería fue que Nebiri diera a los dos óvulos sanos de Jessica en una sola sesión—. Aun tendrá que venir mes a mes a revisiones normales, y sirve que revisan a los niños, para sus vacunas y el control normal de su salud —sonrió—, pero teniendo la sangre del tigre, apuesto a que será raro que se enfermen de algo, desde que conozco a Nebiri nunca lo he visto con un resfrío siquiera —comentó para aligerar el ambiente y luego la miró en espera de cualquiera fuera su reacción.

Mientras, en el exterior del hospital, Nebiri escuchaba las palabras del cheetah. Frunció el ceño desde que el otro felino comenzó a hablar y por instinto el birmano tomó una pose seria con brazos cruzados y totalmente recto, firme. Levantó una ceja pero no le cayó de raro que adivinara que los niños eran sus hijos, después de todo olían a tigre por mucho que el birmano quisiera ocultar el aroma, en parte, al ponerle sus pieles a los niños. Bueno, el cheetah tenía lo suyo. Mantuvo silencio mientras el otro hablaba sobre lo que era bueno para sus hijos y para Jessica, y a cada palabra, su ceño se frunció de nuevo mientras apretaba los dientes. Se enfadaba por la forma tan ligera que tenía de hablar, pero guardó sus gruñidos de momento, lo dejó seguir hasta que finalmente sacó a la luz sus intensiones... Llevarse a Jessica de New London. ¡Eso quería el maldito! ¡Ese pedazo de idiota realmente no comprendía a Jessica, no la conocía y no se había fijado en todos esos detalles que Jessica tenía! ¿Acaso lo estaba chantajeando desde el lado sentimental? Sí, eso estaba haciendo el maldito. De alguna manera recordó a Zhukovski cuando le lanzó aquellas venenosas palabras durante el incidente en ElectriX. ¡Y ahora decía que el birmano era el problema! Ahora sí gruñó pero se quedó quieto o le rompería la cara antes de que terminara su discurso. Apenas el cheetah finalizó, Nebiri bajó los brazos y se acercó dos pasos a encarar al cheetah como mejor sabía hacerlo, sobretodo siendo el otro más alto que el birmano. Apretó los dientes y vio sus ojos de manera fija.

¿Me hablas de egoísmo, en serio? ¿Me hablas cuando eres tú quien quiere llevársela como sea? Claro, como se ha negado ahora vienes y me quieres hacer sentir como la peor basura del mundo para que corra a su lado y le ruegue y le llore, que la obligue a aceptar que se vaya contigo, ¿verdad? ¿Eso quieres? —mostró los colmillos y afiló sus pupilas, mirando al otro felino—. Te acercaste a ella a ofrecerle algo que nunca te pidió, ¿quién es el egoísta, eh? Si la conocieras un poco te darías cuenta de cómo se siente, si te fijarás más en sus palabras y sus gestos sabrías por lo que la harías pasar si la haces irse de aquí sin el padre de sus hijos... ¿O es que quieres que se te abrace y busque consuelo contigo cuando tome a nuestros hijos y deje todo atrás para irse a América? ¡¿Eso buscas, verdad?! —le gruñó de golpe, fuerte, pero sin hacer más. Claro, el otro no se iba a dejar intimidar, pero Nebiri dio a entender que sus palabras no surtieron el efecto que quizá esperaría del birmano—. ¿Sabes lo que hará apenas pise el barco cuando se vaya contigo? ¿Quieres saberlo? Yo te lo diré, se encerrará y solo querrá estar con sus hijos, no querrá verte, no querrá hablar contigo ni con nadie y no le verás la cara hasta bajar del barco. Y cuando lleguen a América simplemente seguirá su camino a California, no te dará las gracias sinceras por algo que ella nunca te pidió, no se habrá ido porque tú se lo hallas pedido, se irá porque yo la habré obligado. No volverás a verla igual, no verás su sonrisa, no volverás a ver a la mujer con la que has platicado tan bien como hasta ahora... Esa mujer se habrá quedado aquí, conmigo —resistió las ganas de soltarle un puñetazo por media cara y se alejó un par de metros que él, miró el cielo nublado, hacía frío. Se llevó las manos a su cinto y soltó un enorme suspiro para calmarse—. ¿Sabes? Se lo diré de todos modos, todo lo que me has dicho, todo se lo contaré y también que tiene dos días para salir de aquí en ese barco. Se lo diré todo —tomó una gran bocanada de aire, su aliento se condensó apenas abandonó su boca—. ¿Sabes? Esa mujer hace lo que quiere cuando quiere, ella no se va a donde la mandan si no a donde cree que deba ir... Y si por alguna razón aborda el barco contigo... Desde ese momento te despides de ella, no será la mujer que te atrajo, si no la mujer que quede luego de la despedida... ¿Sabes? Eres un buen tipo, pero aun así eres un perfecto idiota, desde el principio pude oler tus deseos por acostarte con ella... Aunque quiero pensar que lo último que buscas es que se meta a tu cama como agradecimiento o como consuelo luego de dejar New London —le miró por encima de su hombro—. Si es todo lo que tienes que decir, me largo.. Ah, y gracias por las flores, le gustan mucho las flores.

Sin mirarlo siquiera, el orgulloso macho regresó al interior del hospital. Notó de reojo que Chiara seguía en el registro y que Tony estaba con Jessica en la habitación. Entró sin pena y el demonio parecía llevar una plática tranquila con la californiana. Para ese entonces Tony había guardado de nuevo su móvil y solo escuchaba con el respeto de costumbre a Jessica... Y claro que le tuvo que contar que ahora lo creían estéril y un adicto al "cuckold", el francés en algún momento mencionó algo gracioso, como que "lo suyo no habría funcionado, igual se iban a divorciar". Bromeaban muy a su modo, el francés ya había bajado las manos ante el hecho de que siempre perdería su dignidad ante la inventora. Al ver a Nebiri, el demonio se puso de pie y le palmeó el hombro, felicitándolo por ser padre y dejándolos solos como vio que Nebiri lo deseaba con solo verlo.

El birmano cerró la puerta y se sentó a su lado, se notaba serio, pero con ella era imposible no sonreír.

Quiero patearle los huevos a ese gato pulgoso —dijo un enfadado birmano—, pero no lo haré, te lo prometo —le miró a los ojos y no resistió acariciar su mejilla y mirar sus ojos de manera profunda—. Me dijo que parte en un barco en dos días a América, que tiene dos boletos, uno para él y el otro para ti —dejó que ella reaccionara a ello—. Como te has negado tanto, me llamó y el bastardo intentó hacerme sentir como basura por que no te amo lo suficiente como para dejarte libre —bufó un poco—. Me dijo egoísta y que yo era el problema por retenerte aquí —le miró de reojo, luego miró la cuna donde sus niños ahora dormían—. Y sé que soy egoista, no necesito que me lo diga... No quiero perder a mi familia, pero ahora que los veo ahí y a ti con ellos —suspiró muy hondo—. Sé que ya hablamos de esto, Jessica... Lo sé, quedamos en estar juntos y criar a nuestros hijos, yo quiero que sea así, demonios, quiero estar siempre contigo, mujer —se lamió los labios, solo soltó lo siguiente porque era lo obvio que se debía decir en esa situación—. ¿Qué le dirás a Frank cuando vuelva a preguntarte? —besó sus labios y habló contra estos—. Si le dices que sí, juro que me voy de polizón en el barco, porque respetaría tu decisión si dijeras que sí y tomaras a los niños, al caballo y a Bulleye para ir a América... Pero el solo saber que estarás triste me mata, mujer... El saber que llorarás me partiría el corazón, amor —y se quedó recargado en su hombro de manera ligera... Ese cheetah idiota adoraba ponerlos en situaciones incómodas al parecer.



ကျား

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Oct 23, 2017 9:16 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por supuesto que gracias a las medicinas que le inyectaron a su sistema pronto se sintió extremadamente relajada, con un poco de sueño que le llegaba de apoco, bostezaba mientras cambiaba de posición de estar sentada para pasar a acostarse tranquilamente mientras cerraba los ojos. De repente el por qué Frank quería hablar con Nebiri se le fue de la cabeza, no creía que fuese algo realmente grave… es decir ¿qué podía comentarle al esclavo?, después de todo desde que se conocieron ellos dos solo habrán intercambiado un par de palabras solamente. Por otra parte estaba tranquila, también, porque los bebés estaban concentrados explorando sus propios cuerpos, chupándose los dedos, las manos, alcanzando sus pies, mordiendo los trazos de piel con los que el tigre los rodeó. En un principio pensó en quitárselos pues creyó que podrían ahogarse si eso llegaba a cubrirles el rostro por accidente, pero el comportamiento de ambos diferían por completo a los demás recién nacidos: parecían más atentos, aunque sonara a locura, Jessica se animaba a remarcar que parecían más perspicaces. También un poco más fuertes que un bebé promedio. Ah, de pronto pensó que se estaba adelantando mucho, no quería pensar demasiado en aquel momento. Solo descansar. Por esa razón suspiró hondo, acomodó sus manos en su pecho y cerró sus párpados para entrar en un estado de relajación absoluta. Podía oír a sus hijos, estaba atenta a cada uno de sus sonidos mientras pensaba en la linda boca de Aaron y los hermosos ojos de Ran. Se habrá quedado dormida cerca de cinco minutos, aún en sueños oía lo que sucedía fuera del mismo, quizás un don atribuido a su ahora rol materno de estar atenta siempre, por lo que al escuchar el rechinido de la puerta abrió los ojos suavemente para observar quién había entrado, esperando que sea el birmano a decir verdad. Pero no. El demonio tomó una silla para sentarse a su lado, ella permaneció callada con una expresión sosegada en todo momento —Gracias…— se sentía ligera. Se sentía en paz. El dulce aroma de sus bebés le llenaba la nariz y envolvían su pecho en una agradable calidez. Quizás el francés esté sorprendido de la respuesta tan pacífica de la castaña —Son bonitos gracias a mí.— pero aun así podía embestir un poco —Retira un poco la prenda de la cabeza de niño.— solo esperó para que él lo hiciera, sacando a relucir las pequeñas orejas del castaño —Y son salvajes gracias a él.— al sentir la mano del demonio la niña comenzó a olfatearlo, negándose a abrir los ojos, y cuando éste la retiró ella volvió a su sueño. No quería que Anthony los tocara mucho ni ella quería molestarlos tampoco, sabía que estaban durmiendo por lo que no buscaba abusar de su suerte.
Bastante tenía al no ser bebés escandalosos.

Pasó a sentarse nuevamente cuando él le comentaba la información de los médicos, atento a ello ambos hicieron silencio cuando la grabación comenzó a correr. Comprendía el por qué tuvieron que hacerle una cesárea de emergencia, entendió que su cuerpo era más delicado de lo que pensaban, se tomó con tranquilidad la parte que le informaban al supuesto esposo que solamente podría quedar embarazada una vez más. ¿Qué sucedería… si había una tercera vez?, esa duda que llegó como un relámpago a su cabeza enseguida fue respondida: quedar embarazada tres veces era atentar contra su propia vida. La manera en la que el médico lo explicaba era cruda pero bastante clara, quizás para asegurarse de que la californiana se tomara enserio sus palabras y no cometiera errores que muchas veces se ha manifestado por hacer caso omiso a las advertencias médicas. Le quedó claro que jamás podría dar a luz por vía vaginal ni aunque fuese solo un bebé, no tenía planes a futuro de tener otro pero aun así quería saber por qué estaba imposibilitada para eso porque no era normal. Y… casi al final de la grabación se enteró la razón de ese impedimento. Primero abrió más los ojos al oír 'lesión en la pelvis', luego apretó los puños al recordar aquella escena donde fue brutalmente pateada hasta casi hacerle los huesos cenizas —Ah…— no podía decir nada, solo apretar la quijada y tragarse todo lo malo que estaba a punto de fluir. No tenía tantas fuerzas para renegar. Fue por esa lesión que le dolió tanto llevar a cabo una gestación normal, fue por esa lesión que le costaba sostener aquel peso, fue por esa maldita herida que sangraba más de la cuenta. Ivan rompió su cuerpo, literalmente. Tuvo más consecuencias de las que imaginó cuando despertó luego de aquella operación hace años cuando repararon los daños a su pelvis y cadera, el solo agarrar las pastillas que Anthony le pasó sintió un vacío en su pecho. Se vio atormentada por una ola de tristeza repentina, más las palabras del médico, estaba condenada a tener algún malestar en los huesos cuando contara con una edad mucho más avanzada. Ni siquiera sus huesos estaban sanos. Eso la devastó, siempre le ha comentado al tigre que ella era débil de cuerpo y ahora eso estaba más que demostrado. Detestaba ser así, se detestaba… y más detestaba a Zhukovski por ser el causante de esa jodida condición —Ellos arruinaron mi vida.— ignoró todo y aquello directamente no lo pensó decir verdad, lo confesó porque esas palabras solo querían salir de su cuerpo —Y debo cuidar mis pasos ahora…— su vista se desvió a la cuna que ambos cachorros compartían —Soy la única empleada que tiene hijos tan pequeños.— la única que tiene bebés. Quizás, luego de lo que Nebiri le hizo, Ivan Zhukovski encuentre provechoso que ahora Holtzmann tenga dos debilidades bajo su cuidado.

Frank no esperaba otra cosa más que agresividad en el birmano. Era luchador después de todo. En la salida del hospital ambos ocupaban un lugar cerca de la puerta por lo que gente entraba y salía a cada momento de su conversación, y era obvio que más de uno fijara su atención en el sujeto que le estaba haciendo frente al hombre de aspecto elegante. Sí, prejuzgaban pensando que tal vez aquel castaño estaba intimidando a alguien inocente, que era solo un buscapleitos o un hombre que resolvía los problemas con violencia —Sabía que no comprenderías a la primera, por eso quería hacerte pensar al respecto. Tú mismo estás confesando que no deseas que se vaya ¿cómo quieres que ella no obedezca tus deseos sabiendo el afecto que te tiene?— claro que él pensaba que la inventora era manipulada por los sentimientos de ese híbrido de tigre, que tenía debilidad por ese hombre, y cuidando ahora a dos cachorros creyó que estaría más endeble como para tomar una decisión tan arriesgada. Seguramente se estaba refugiando en el esclavo porque era el hombre que más conocía. Eso pensaba Martin, que el tigre le ponía las palabras en la boca a Jessica. Pero por supuesto, Nebiri seguía sin comprender su punto, y que le gruñera le estaba matando de apoco la paciencia —¿¡Estás seguro que eso piensa ella o solo es lo que tú crees que pensará!? hay una gran brecha entre tú y ella…— … sucedió al fin que sus pensamientos más escondidos salieron a la luz, confesando de manera 'liviana' que el tigre no tenía derecho de merecerse a una mujer como Holtzmann —¿¡Al menos estás escuchando lo que dices!? tú… ahg.— no valía la pena seguir discutiendo con él. Fue un error creer que podría tener una sana conversación con un individuo así. De hecho el gesto de separarse antes de seguir gritándose el uno al otro fue bueno para que tomara aire. Pasó a recostarse en el muro con los brazos cruzados, lo oía atentamente sin mirarlo enfocándose mejor en el suelo, sintió que sus colmillos se asomaron y su mirada se afiló también, pero sabía controlarse perfectamente. Hastiado, lo dejó ir. Necesitaba unos minutos para pensar. Ignoró el cometario de las flores y frunció el ceño antes de que el tigre desapareciera de la puerta —Yo solo tengo buenas intenciones con ella. Tú lo sabes, pero no quieres admitirlo. Y admito que el instinto del apareamiento me llevó a ella en un primer instante, no me vengas con que eso no te ha pasado nunca a ti.— refunfuño mientras se llevaba el cabello hacia atrás, en verdad lo hizo enojar tanto que internamente subió temperatura —Y Nebiri, también pareces un buen tipo. Y a la vez también un perfecto idiota.— no iba a gastarse en insultarlo más, ya habían sido más que claros esos dos felinos.

Holtzmann dejó en pausa su tristeza, decepción e ira que despertaron el enterarse que todos sus dolores fueron culpa de Zhukovski, Anthony se las había ingeniado para entretenerla. Le comentó que, básicamente, se armó fama de depravado en el hospital. Le fue interesante que pensaran que a él le encantaba ver a su mujer con alguien más. Que solo se excitaba con eso, dejar que se lo hagan a su 'media naranja' de forma insegura, sin protección ni otros cuidados. Mientras más prohibido el vínculo con el amante, mejor: ¿Qué voluntario mejor que el esclavo de la supuesta familia?. No le asombró que las personas tuvieran una imaginación tan insana al punto de pecar de fantasiosos. Pero ante el comentario de imaginar una vida de casados que terminaría en divorcio arrugó la nariz en señal de asco y desaprobación, pues le dejó bien en claro que jamás se divorciarían porque nunca se hubieran casado en primer lugar. Jessica era paciente con el demonio, le tenía cierto afecto, pero aún entraba en su lista de trato hostil. En medio de su particular charla entro Nebiri, menos mal… porque esa charla estaba a punto de terminar en pelea. Apenas lo vio buscó signos de enfrentamiento en su ropa y rostro, pero no había nada más que odio reprimiendo que sabía leérselo bastante bien a ese hombre. Quedó en silencio hasta que se sentó a su lado cuando el demonio abandonó el cuarto. Lucía abatido, negó suavemente con la cabeza mirándolo al rostro —¿Pero qué diablos te pasó?— no peleó, no de manera física, pero se notaba agotado tal como si hubiera salido de una de sus luchas. Y claro, oírlo maldecir al cheetah hizo que suspirara cansinamente, ¿cuándo dejaría de reñir con él?, pero las siguientes palabras la tomaron de sorpresa —¿Qué?... él dijo que se iba en dos meses.— pensó automáticamente eso, pero Frank no le había comentado que adelantaron la fecha de su partida. Oír luego que él le comentó al tigre que seguía teniendo la idea de llevarla tocó un punto especial en la inventora, uno de frustración —Agh, le dije que dejara de hablar de ese tema.— no podía creer que le hiciera frente al birmano por esa razón, pero rescató algo en sus palabras que la hizo pensar —¿Él sabe que tú eres el padre, no es así?— ni siquiera hizo falta que se lo afirmara, ya lo sabía. Por eso fue para aquel lado y eso a la castaña no le agradó para nada. El que lo llamara egoísta hizo que sintiera un pinchazo en el pecho, tragó más saliva y miró sus manos que descansaban en su regazo —Nebiri…— el tigre era egoísta, pero tenía sus razones. Holtzmann también era egoísta y no lo negaba tampoco. Dejó que se recargara en su hombro mientras pensaba en qué decir, claro que hablaron de ese tema y no le gustaba sacarlo a flote otra vez, pero Martin abrió de nuevo una herido que creían ya haber suturado —¿Qué esperas que le diga? tu sabes que se debe mover cielo y tierra para que yo cambie de opinión respecto a algo.— entonces lo separó de su cuerpo despacio para hablarle de frente —Tomamos una decisión juntos hace bastante tiempo ¿verdad? tú sabes que yo no rompo las promesas de meñique.— supo dibujar una cálida sonrisa para luego levantar su mano y enredar suavemente su meñique con el de Nebiri —Además solo tú logras que salgan a flote una serie de emociones y sentimientos que no soy capaz de tener con otro individuo… algo así como estar en una nube.— lo estaba analizando en ese preciso momento, y tenía sentido: eso era estar enamorado. Y claro que la inventora lo analizaba desde su particular punto de vista —Yo… sabes que tengo un vínculo fuerte contigo. Y no puedo irme por esa razón. Dejando de lado este sentimiento que tengo por ti, tú me ayudaste a rehabilitarme de una vida insana.— el solo recordar eso la hizo suspirar fuerte. Desvió su mirada al frente y cerró los ojos un momento. Si el tigre quería estar seguro de su mujer entonces Holtzmann le daría esa seguridad —La mayor parte de mis adicciones desaparecieron a medida que salía contigo más seguido. Dejé de sentirme mal todo el día, todos los días… empecé a emocionarme cuando sabía que aquel día tocaba que vinieras a mi laboratorio. Hasta ese momento nunca había esperado algo con tanto fervor… desde hace mucho tiempo. Y… bueno, tú sabes qué es lo que hacías para quitarme los dolores de cabeza…— no quería mencionarlo para guardarse algo de arrogancia, claramente era el sexo a lo que se refería —Y tengo miedo de que, si me voy, vuelva a caer en el pozo depresivo que me llevó casi veinte años salir. ¡Veinte años! yo… pensándolo mejor, no sé cómo demonios seguí viva. Pero me alegra haberlo hecho.— como acto reflejo miró la cuna donde dormían sus cachorros —Para esto. Para que me convirtieras en mujer por completo. Me diste la oportunidad de seguirle los pasos a la persona que más amé: mi madre. Me convertirse en madre tal como Evelyn lo fue. Y créeme birmano, que nadie va a darme algo más significativo ni valioso como estos dos mininos que tú me diste. Estoy segura de que las otras hembras son más 'importantes' y tus otros hijos más 'valiosos' para el lugar donde naciste. Pero también estoy segura de que ninguno de ellos te necesita tanto como Aaron, Ran y yo lo hacemos.— hablaba con seguridad, con gran armonía en su sensible tono.

Tuvo el impulso de tomar la mano del tigre, solo eso, y mirarlo a los ojos —Tú y ellos son mi California ahora.— … jamás volvería a su país, lo daba por hecho. Sin embargo cerró sus satisfactorias, expresivas y afectuosas palabras con eso, dejándole en claro que desde ese momento su hogar eran ellos tres. No le quedaba nada más a Jessica, solo tenía esa familia que recién comenzaba y era demasiado joven aún. Un mirada cómplice fue suficiente para que la castaña se acercara a abrazarlo por completo, envolviéndolo dulcemente con los brazos más una tonta sonrisa —Ahora ya podemos abrazarnos.— sin su abultado vientre por fin. Cerró los ojos para disfrutar de la calidez que sus cuerpos compartían. Así era ella, podía ser sumamente dulce y bella cuando necesitaba serlo, cuando se lo requería, cuando su esposo la necesitaba. Y el campeón tenía la dicha de ser el único individuo que era tratado así por Holtzmann. Esa era la ventaja de enamorar a una mujer fría, nunca nadie espera que esa actitud solo sea un cascarón y que por dentro haya miel, y cuando reluce muestras de afecto estas son completamente sinceras. Jessica se desnudaba en los brazos correctos, así es.

El tiempo caminaba a paso lento cuando se fundieron en ese abrazo. Podía sentir la fuerza que el tigre intentaba controlar para no aplastar su cuerpo, aún estaba aprendiendo a ser delicado en ese aspecto. Jessica lo abrazaba con suavidad pero era porque no tenía tanta fuerza debido a los medicamentos que le dieron, por otro lado, sus músculos jamás podrán compararse con los de aquel birmano. Hubiera acabado de la mejor manera, pero un sonido en la puerta hizo que abriera los ojos y se separara del tigre. Era Frank. Se tomó la molestia de golpear la puerta con los nudillos para no caer de sorpresa, pues la puerta estaba abierta y ya había tenido cierto enfrentamiento con Nebiri como para interrumpir ese momento que a toda costa lucía muy íntimo. No cruzó miradas con el tigre, los ojos de la castaña solo se enfocaron en Martin —… Pasa. Él ya me contó todo.— lo animó a pasar, pero para eso le pidió mediante gestos a su esposo que abandonara la silla. El cheetah se sentó allí pesadamente, lucía cansado, pero en realidad se encontraba asolado. No hablaron fuerte, conversaban mediante susurros y de vez en cuando la mirada de Jessica se desviaba al tigre: aquel hombre no se daba por vencido, aunque estaba convencido de que no lograría llevarse a esa mujer consigo decidió hacer el último intento siendo más directo y cercano. Pero solo había negativas y más negativas y rechazos de parte de la inventora, y esa conducta comenzaba a exasperarlo. De repente ambos comenzaron a subir la voz, discutían más fuerte, parecía que él directamente la estaba obligando a que se fuera con él y le agarró la muñeca, Jessica se quejó intentando soltarse mientras le gritaba que no se iba a ir y que la dejara en paz. De repente los mellizos se despertaron y comenzaron a llorar apenas lo hicieron, y sumado a los rebotes que le daba esa hermosa mujer que al final no podría tener… no controló la salida de sus garras y le arañó la muñeca a Jessica. Ella gritó de dolor, Martin se asustó y se paró de golpe mirándose las manos: tenía las filosas garras fuera, sus colmillos también y su mirada se afiló —¡Lo siento! ¡lo siento, yo no quería…!— pero la carne de la castaña fue desgarrada y sangraba mucho, de hecho la manta que la cubría se estaba tiñendo de rojo rápido —¡Vete Frank, vete!— ordenó entre gritos y quejas de dolor intentando detener la hemorragia apretándose la muñeca con fuerza. No solo lo echaba por haberle hecho daño, sino porque sabía que Nebiri lo iba a atacar y el hospital iba a convertirse en un maldito manicomio.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Mar Oct 24, 2017 5:57 pm



PASADAS LAS 7PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
BE CALM, TIGER, YOUR FAMILY NEEDS YOU
Las dulces palabras de su esposa estaban teniendo el efecto esperado en el alterado birmano. Nebiri lo sabía, pero nadie podía culparlo por pensar que Jessica, aunque fuera de una manera muy, muy remota, podría haber aceptado la invitación a salir de New London. Y eso era una buena señal en realidad, pues el tigre seguía sin dar por sentada a su esposa, seguía enamorándola, protegiéndola, procurándole todo lo que podía y quizá un poco más. Esas cosas sumaban mucho al final y saber que ella posiblemente volvería a caer a su mala vida le dijo que no estuvo tan equivocado en lo que le dijo a Frank, que ella se pondría triste, que ella no querría verlo, que quizá ni las gracias le daría apenas se despidieran. Frank el cheetah debía olvidarse desde ese momento de Jessica Holtzmann. Nebiri lo sabía, pero cada dulce palabra de su esposa, y lo de la promesa del meñique terminaron de devolverle la calma. Jessica le decía, muy a su analítico modo, todo lo que el birmano había hecho por ella, no solía lanzarle tantas flores, no era excesivamente cariñosa ni le daba besos a cada instante y era el pegajoso felino quien buscaba en ella el afecto de la inventora a cada instante, a veces funcionaba, a veces no, pero el punto ahí era que Jessica permitía el acercamiento ajeno, no como con Frank. Además, la californiana le daba ese cariño especial no cuando el tigre quería, sino cuando el animal más lo necesitaba, como justo estaba pasando.

Nebiri soltó un suspiro por igual, si Jessica era madre gracias a él, bueno... Entonces el birmano tenía muchas cosas qué agradecerle igual, y aunque no sería la primer vez que le iba a decir las siguientes palabras, nunca estaban de más. Su dulce mujer necesitaba que se lo recalcaran en cada oportunidad. Jessica tenía muchas razones para temer, la vida ya le ha arrebatado a su madre, se llevó sus más dulces recuerdos y la dejó a cargo de un hombre que por crianza fue incapaz de seguir adelante y dejó a su hija por su cuenta. Jessica perdió su hogar por un error que aprovecharon muy bien los de ElectriX y quedó sola por varios años hasta que su camino se cruzó con el del birmano. Nebiri tenía que reiterarle siempre lo mucho que la amaba, todo lo que la quería, tenía que enamorarla siempre y lo hacía con gusto, pues de ella siempre ha recibido mucho. Y se lo iba a decir hasta el último día de su jodida vida.

Gracias a ti soy un hombre completo, y soy el padre que siempre quise ser, Jessica, todo gracias a ti, mujer —dijo el tigre ya feliz y con un tono demasiado alegre. Dejó de lado el asunto de Frank y el disgusto que le hizo regresar todo furibundo al cuarto con Jessica—. Si nosotros somos tu California, entonces ustedes son mi selva en Birmania. Mi hogar son ustedes ahora, Jessica —y sí, ya podían abrazarse de frente como hace meses no podían. El par de bribones ya estaban fuera de su madre y dormían pacíficamente dentro de la cuna junto a la cama. Eran tranquilos y al tigre no le sorprendía del todo, los cachorros de tigre siempre eran perezosos y al despertar exploraban todo con sus sentidos disponibles. Solo llorarían para pedir de comer y de momento estaban bien. Lo sabía. Estaba tan contento que quería estrecharla fuerte entre sus brazos, pero se contuvo, ella seguía delicada, recién operada y la medicina la tenía con el cuerpo debilitado, la anestesia seguramente. El tigre reía a momentos por lo bajo al sentir que a veces se le pasaba la fuerza y aflojaba el abrazo, y luego de un par de minutos volvía a estrecharla. No la lastimaba, pero la veía tan delicada en ese momento que volvía a causarla gracia el asunto, y a ella también al parecer. No necesitaban palabras, solo el uno al otro y la reforzada promesa de permanecer juntos hasta que la muerte los separara... O que una nueva desgracia cayera sobre la ciudad con tanta fuerza que la enorme muralla se abriera por un instante y los animara a escapar y reunirse afuera, lejos de ese infierno.

Todo iba bien hasta que alguien tocó la puerta. Y por aroma sabía que no era Tony ni Chiara... Era ese jodido cheetah que lo hizo fruncir el ceño en automático. Tuvieron que separarse del abrazo y él tomar la silla mientras el otro híbrido entraba al cuarto con ellos y los bebés. Obedeció la indicación de su ama de ceder el asiento a la visita. El tigre se quedó junto a la cuna de los bebés con los brazos cruzados y mirando con cara de pocos amigos al cheetah. No lo perdía de vista en ningún instante y sus sensibles orejas le permitían escuchar lo que ambos susurraban. Y conforme más escuchaba, más furioso se tornaba el birmano, ¿acaso ese gato pulgoso no se rendía? ¿Porqué rogaba tanto? ¿Porqué insistía hasta literalmente hartar a la mujer? ¿Acaso no era capaz de aceptar un "no" como respuesta? ¿Era ese tipo de hombre que conseguía lo que quería sin importarle nada ni nadie más? Cuando Jessica y Frank comenzaron a discutir al birmano solo le veía a la cabeza tomar a ese idiota por el cuello y lanzarlo del hospital con una patada en el culo. Eso quería y estaba a punto de hacerlo cuando él tomó a Jessica por la muñeca... Los ojos del tigre se quedaron fijos en la sangre que salió de la piel de su esposa. Los bebés lloraron porque claramente percibieron el peligro en el ambiente, el "peligro" que de alguna manera el cheetah representaba...

El birmano quedó en blanco un instante, suficiente para que Jessica corriera a Frank del cuarto, pero aquel no tomó la orden a la primera, parecía igualmente sorprendido por lo que acababa de ocurrir, incluso asustado... Pero eso no le importó al tigre. Apretó los dientes y sus caninos crecieron peligrosamente, sus garras hicieron lo propio y sus orejas y cola hicieron acto de presencia en señal de que Nebiri estaba siendo víctima de un ataque de rabia pura... Rabia por ver que alguien había hecho sangrar a su esposa... Alguien que no era capaz de aceptar un "no" por respuesta. Frank se convirtió de un momento a otro en el tipo de hombre que Nebiri más odiaba: el que trataba a las mujeres como objetos. No rugió, pero sus gruñidos sonaban roncos desde el fondo de su pecho. Comenzó a caminar con pasos pesados hacia Frank. El pobre infeliz apenas si había abierto la puerta del cuarto cuando un puñetazo del tigre en plena cara lo mandó a volar al pasillo. Los lentes del cheetah salieron volando, rompiéndose el cristal del lado izquierdo, el derecho quedó ligeramente cuarteado. Haberse convertido en una amenaza contra su familia fue una mala idea. Pudo haberse despedido y ya, pudo desearle buena suerte, un apretón de manos y todos en paz, cada uno por su lado... Pero no... No... ¡Ese cheetah tuvo que forzar las cosas!

Voy a matarte —bufó el tigre con un tono bajo, ronco y que en su gravedad y aparente serenidad solo daba a entender que la fiera estaba rabiosa—... ¡Voy a matarte! —se abalanzó contra Frank, pero de pronto algo lo retuvo con una enorme fuerza por detrás. Se trataba de Tony—. ¡Suéltame! ¡Ese imbécil la lastimó, la hizo sangrar! —reclamó el tigre a nada de liberarse del agarre de su representante. Vio que Chiara tomaba a Frank por la ropa y lo sacaba de ahí casi a rastras, apenas si le dio tiempo de recuperar sus gafas—. ¡Déjame! ¡Voy a matar a ese maldito! —el escándalo que comenzaba a hacerse llamó la atención tanto de pacientes como del personal del hospital. Era la primera vez que Tony probaba de primera mano la fuerza del tigre y no podría retenerlo por mucho tiempo sin tener que llegar a los golpes.

¡Nuestra paciente está herida, está sangrando, por favor, vayan! —exclamó el demonio mientras hacía uso de su fuerza en una llave que resultó inútil pasados unos segundos más, pues la ira del tigre creció aun más al ver que Frank desaparecía de vista. La voz se corrió rápidamente, que el visitante había herido a Holtzmann. Un médico fue a revisarla y vio que los nenes lloraban a todo pulmón mientras la madre sangraba de su muñeca y ya tenía una importante mancha de sangre en su manta. De pronto Nebiri se liberó y corrió por el pasillo en busca del cheetah. Le llevaba unos segundos de ventaja solamente, y apenas lo alcanzara iba a romperle la cara—. ¡Nebiri, espera! ¡Él es de "ellos"! —con eso le indicaba que Frank era de los que no debía atacar o matar o se metería en líos, pero a saber si el enfurecido birmano lo había escuchado.

Afuera, Chiara hizo que Frank se levantara, bastó un vistazo al cuarto y las garras del cheetah para darse una idea de lo que estaba sucediendo. Ellos estaban afuera platicando, Chiara solo iba a ir a avisarle a Jessica que en un rato más saldría el certificado de nacimiento de los mellizos y que solo sería cuestión de que ella firmara y tomaran las huellas de los niños, pero no pudo, vio que Frank salió volando al pasillo, además de las amenazas del tigre. La rápida visión del demonio y la vampiresa hicieron que comprendieran rápidamente la situación mas no el contexto. Lo que importaba en ese momento era que Nebiri quería matar a Frank por haberla herido.

¡Vete antes de que salga, hazlo o no va a contenerse! —le gritó Chiara que, por cierto, estaba furiosa por igual. Ese encantador hombre, sosegado, tranquilo y educado terminó haciendo algo que no se esperaría de alguien así: dañar a la mujer que pretendía. Quizá accidente, quizá no, era lo de menos, Jessica estaba herida y el tigre con sed de sangre. Apenas si escuchó la respuesta de Frank, entre ellas un "no fue mi intención", pero no fue lo suficientemente rápido. Cualquiera quedaría desorientado luego del golpe del campeón, más tratándose de alguien más intelectual que físico como Frank. Chiara estaba por decir otra cosa, pero escuchó los pesados pasos y los bufidos del birmano—. Ay, no...

¡VOY A MATARTE, IMBÉCIL! —gritó el tigre a punto de correr para embestirlo, pero de pronto se vio obligado a bajar su fuerza, Chiara se atravesó. Gruñó con fuerza pero no por ello le puso una mano encima a la vampiresa, miraba al cheetah detrás de Chiara y buscaba salir de ese efectivo bloqueo. Nebiri nunca había dañado a una mujer y no empezaría en ese momento. Esa era la diferencia entre ambos, el birmano era un tigre enojado en todo momento y Frank no podía controlar a su animal interior.

Nebiri, por favor, calma, deja que se vaya, ¡solo déjalo! —le gritó Chiara a la cara para calmarlo, podía ver la rabia en sus ojos, ¡diablos, estaba a nada de sacar espuma por la boca! Haberle puesto una mano encima a la mujer del birmano fue un grave error—. ¡Déjalo!

Nebiri lanzó un rugido y se dio media vuelta mientras se sujetaba la cabeza, sentía que estaba a punto de explotarle. No se dejó agarrar por Chiara. Parecía mareado, incluso dio un par de vueltas en el mismo sitio antes de sacudir la cabeza. Miró al cheetah y de pronto, con veloz movimiento, corrió hasta encararlo, evitando que Chiara le volviera a bloquear.La vampiresa se quedó quieta cuando el tigre quedó cara a cara con el cheetah. Gruñó y usó cada palmo de su cuerpo para amedrentar al otro felino. Las garras estaban listas para atacar, podía fácilmente morder el cuello de ese bastardo y arrancarle la traquea... Podía hacer tantas cosas y el cheetah y la vampiresa lo sabían. El birmano terminó pegando su frente a la ajena, veía sus ojos con la ira encendida aun.

Eres un perdedor de huevos tibios —gruñó el birmano—... No pudiste respetar su decisión, no pudiste aceptar perder, no pudiste estar sin llevarte a la presa que querías... Dijiste que no tenías malas intenciones con ella y —el birmano respiraba de manera agitada, estaba agitado, incluso temblaba—... Y acabas de herirla... Maldito animal... Toma tu barco y vete a casa, vete y nunca regreses... ¿Dijiste dos días? Bien, sana y lárgate de aquí, ¡lárgate! No vuelvas a acercarte a la madre de mis hijos, no vuelvas a mostrar tu asquerosa cara por aquí, vete y aprende a ser un hombre de verdad, vete y aprende a respetar a las mujeres, imbécil... Vete y quizá algún día alguien acepte despertar contigo todos los días en la misma cama... Aprende que nadie te debe nada, que nadie te pide nada... Aprende que si esperas una recompensa por ser "buena persona" entonces no lo eres en realidad... Largo ¡LARGO! —le pegó un empujón antes de dar media vuelta para volver al hospital—... Chiara... Los bebés estaban llorando, ¿verdad?

Sí, cariño, lloraban, tienes que calmarte e ir a tranquilizarlos mientras atienden a Jessica, ve, Nebiri —le hablaba suave porque bien sabía que se contuvo de hacerle más daño. Toda su ira se quedó dentro de su cuerpo y eso podía hacerle daño, tenían que calmarlo—... Ve, cariño, anda... Ve con los bebés, ellos necesitan a su padre...

Ellos... Ellos me necesitan... Los cachorros —el birmano caminaba como si estuviera ebrio. Tenía la vista algo borrosa, el estrés en su cuerpo estaba en sus más altos niveles. Sus músculos estaban tensos, caminaba pesado y respiraba demasiado profundo. Tenía aun los colmillos de fuera, las garras tuvo que meterlas a la fuerza. Tenía que cargar a los bebés, tenía que calmar a sus bebés. Finalmente entró al hospital, donde el personal que los conocía sabían de lo protector que era el esclavo con la mujer, quisieron ayudarle pero él se negó, solo quería verla. Mientras, afuera, Chiara simplemente despedía a Frank con un "buena suerte". Al menos Anthony y ella habían terminado sus negocios ya con Frank.

Adentro, Tony nada pudo hacer por calmar a los niños, lloraban a todo pulmón y estiraban sus pequeños brazos en busca del calor de su padre o madre, pero Jessica estaba siendo atendida y para esos momentos cosían la herida. Las garras del cheetah hicieron lo suyo dejando profundos cortes en la delicada muñeca de la inventora. Pudieron detener la hemorragia y ya solo era terminar de vendarla y darle líquidos para terminar de reponerse. Haber salido de una cirugía hace cuestión de no más de una hora la tenía en un estado delicado. Un médico y dos enfermeras estaban ahí. Vieron entrar al birmano y se veía bastante mal. No podían ver de mala manera a un hombre que cuidaba tanto de esa mujer.

Lo primero que hizo el birmano fue sacar a los pequeños de la cuna y comenzar a mecerlos. La presencia y aroma de los bebés hicieron un efecto sedante en el birmano que poco a poco comenzó a calmarlo. Y a su vez, el calor y aroma de su padre finalmente calmó el llanto de los infantes. En baja voz, el birmano cantaba una canción de Elvis a sus bebés. Un tranquilo Anthony fue a revisar a Jessica. Chiara no tardó demasiado en unirse al cuarto. Al menos Jessica estaba bien. El birmano no mató a nadie, por suerte...



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Miér Oct 25, 2017 8:19 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Su maldito corazón comenzó a cabalgar tal como si estuviera a punto de colapsar. Le siguió su cuerpo, sintiendo una especie de bajón repentino más una leve vibración que le erizó la piel. La sangre seguía escurriendo de su muñeca por más que aplicara todas sus fuerzas para detener la hemorragia pero no era eso solo lo que la ponía nerviosa, claro que no: sus bebés lloraban sin aparente consuelo. Gritaban, gimoteaban, lagrimeaban como si estuvieran pasando por un intenso dolor que no podían soportar. Holtzmann estaba preparada para muchas cosas, eficiente y aplicada para todos los trabajos y deberes que le han asignado desde que posee memoria… pero no para eso. Nunca tuvo la responsabilidad de hacerse cargo de dos bebés, nunca los oyó llorar tan intensamente cerca suyo como en ese momento, sentía que le aturdía los sentidos y la ansiedad por agarrarlos le golpeaban el pecho —…— estaba asustada por todo lo que su cuerpo percibía, ese instinto materno era devastador y complicado aún para la persona más capacitada mentalmente —¡V-voy a buscar ayuda!— gritó Frank en medio de aquel pequeño caos en el cuarto. Pero no tuvo tiempo de dar un paso hacia afuera cuando de repente sintió un golpe tan fuerte en el rostro que por poco quedaba desfallecido. Su espalda pegó duro contra el muro, casi le quiebra la columna vertebral, es más, escuchó el sonido de algunos huesos torcerse pero no sabía dónde exactamente. Solo que le dolía la cintura. Apenas logró sentarse se tocó el rostro solo para darse cuenta que sus lentes ya no estaban allí y que tenía una lastimadura bajo su cavidad orbital, si el tigre le atinaba centímetros más arriba iba a dejarlo ciego. Logró encontrar sus gafas e intentó levantarse torpemente aferrándose a la pared, su piel se erizó cuando escuchó el grito del esclavo avisando que lo volvería a atacar, pero la mujer rubia alcanzó a tirarlo de su ropa para separarlo de aquella bestia fuera de control. Apenas aquel hombre que conoció hace poco podía retenerlo, por las dudas, se estaba preparando para transformarse si éste llegaba a soltarlo y el tigre quisiera darse zarpazos con el cheetah. Después de todo Martin podía ser más humano que animal, pero su parte salvaje aún lo dominaba y podía escaparse en cualquier momento tal como le sucedió con la castaña. Por supuesto que estaba arrepentido de no haberse podido dominar, y lo que le dolía más que esos golpes es que seguramente no volvería ver a esa mujer jamás. Realmente imaginó que lograría convencerla.

En la habitación entraron varias enfermeras al ver el escándalo y bajo el pedido de ayuda del supuesto esposo de la paciente, encontrándose con la castaña queriendo alcanzar con sus manos ensangrentadas a los mininos que no daban respirar para seguir llorando —¡Mis bebés!, ¡mis bebés!— quería alcanzarlos, quería alzarlos y tenerlos cerca de su cuerpo. Quería tranquilizarlos porque no soportaba verlos llorar y no por el escandaloso ruido que montaban sino que le dolía ver a esas dos partes de sí derramar tantas lágrimas y enrojecer sus rostros. No lo soportaba… diablos, no quería que sus bebés sufrieran. En sí despertó el impulso que empujaba a una madre a actuar por sus bebés, sin reflexionar, a protegerlos siempre e incluso a sacrificarse por ellos. Tras la concepción el vínculo que formó con ellos se volvió inquebrantable y empático, pues todo lo que a ellos les dolía a Jessica también. Por consecuente, todo lo que a ella le doliera entonces Ran y Aaron también lo sentirían. Esos eran el complicado instinto maternal y el vínculo de madre e hijo, y ese ardor que sentía la californiana en su seno apenas era el comienzo —¡NO!, ¡quiero estar con ellos!, ¡¡quiero estar con ellos!!— dos enfermeras lograron agarrarla firmemente mientras un enfermero se hacía cargo de los bebés intentado calmarlos, pero no podía. Sin perder el tiempo entró al cuarto un profesional para limpiarle la herida, inspeccionarla y posteriormente comenzar a suturarla. Jessica se había quedado relativamente quieta, pero no le apartaba la mirada a la cuna de los cachorros. Estaba aturdida pero enojada porque nadie le pasaba a sus hijos.

Cuando por fin salieron del hospital el canadiense no sabía cómo explicarle a la italiana que todo fue un accidente. Que no fue su intención dañarla y fue su jodido instinto lo que lo comprometió, en verdad no quería lastimar a Holtzmann pero su animal interno se enfureció mucho cuando la hembra que pretendía no hacía más que rechazarlo una y otra vez. No importaba cuánto se esforzara. No lo confesó ni lo confesaría ante nadie, pero en su cuerpo vivían dos individuos diferentes siendo él la personalidad dominante. Como híbrido de cheetah, a veces salía a flote ese ángulo para nada agradable de él mismo. El golpe lo dejó mareado pero aun así podía mantenerse en pie, se recuperaba rápido aunque no podía ocultar que no tenía la misma resistencia que el luchador, estaba a punto de pedirle a Chiara que le pidiera disculpas a Jessica de su parte cuando ambos escucharon la fuerte amenaza del tigre que hizo voltear a todos los presentes en aquel estacionamiento —¡Nebiri, contrólate!— pero no lograba hacerlo, por lo que se preparó para sentir su embiste poniendo la mejor voluntad en su cuerpo tanto para resistirlo como para empujarlo también, sin embargo nada de eso sucedió. Chiara se interpuso en ese enfrentamiento dándole la posibilidad a Martin de escaparse. Pero no lo hizo. No iba a escaparse ni a irse sin darle ninguna explicación, quería que el birmano supiera que no tenía intenciones de dañar a su ama por lo que se quedó allí esperando el choque entre ambos cuando la bestia se calmara. Apenas vio que se acercaba, Martin sacó aún más sus garras pero no tenía intenciones de usarlas de no ser necesario, por lo que aguantó los empujes e insultos mientras no pasara más allá de eso, de simple agresión física y verbal —Y-yo no quería hacerlo… lo siento, lo sie-— el castaño no se callaba. Frank no podía terminar de hablar porque contemplaba la manera en la que temblaba, en la que se remarcaban las venas de su cuello y sus ojos se teñían de rojo. Eso no era un híbrido de tigre, pensó, eso era un maldito monstruo. No le daba espacio para hablar, el birmano solo lo embestía y lo hacía sentir cada vez más pequeño, por supuesto que detestaba que lo insultara de esa manera y de haber sido otra la situación ya le hubiera mordido el cuello a ese tigre que tantas molestias le estaba dando. Pero no lo hizo por una sola razón: fue él quien en verdad lastimó a la castaña, y se lamentaba de eso. En un momento bajó la mirada a sus destrozados lentes que sostenía, diablos… iba a salirle una fortuna repararlos. No le quedaba nada más para tratar con aquel hombre salvaje, de palabras brutas y vocabulario simple y vulgar, francamente no podía encontrar algún atributo en él que esa hermosa castaña haya visto, pues por como la defendía y lo echaba estaba más que seguro que su relación no era solamente sexual. Había algo más ahí que jamás iba a poder descubrir. Levantó la cabeza ante el último grito que le exigía desaparecer de allí apenas lo empujó, solo suspiró guardándose los lentes en uno de sus bolsillos —… Lo siento.— … no había espacio para decir otra cosa. Frank sabía que esa era la última vez que vería a la atractiva Jessica Holtzmann. Y se iba pensando que ¡claro! que ese tigre seguía siendo un gran manipulador.

Por su parte, Jessica estaba histérica, ¿por qué no le pasaban a sus bebés? ¿¡por qué no!?, le importaba nada que tuvieran que cambiarla de camilla por la sangre, incluso la ropa, se dejaba suturar apenas mientras se desesperada al ver que Anthony no era capaz de tranquilizar a los mellizos. Holtzmann hacía tanta fuerza que comenzó a dolerle el abdomen, alrededor de la herida de la cesárea le quemaba, estaba tan tensa que apretaba los dientes. Entonces… la puerta se abrió bruscamente llamando la atención de todos allí dentro: era el tigre. Se veía devastado, cansado y a buen ojo de su esposa con la ira intentando tragársela. Ninguno de los dos hizo contacto visual, el birmano solo se acercó a la cuna para levantar a ambos pequeños provocando que instantáneamente se callaran. Esa escena fue sorprendente para los profesionales, ya estaban vendando a Jessica cuando presenciaron eso, ¿cómo era posible que el esclavo lograra tranquilizarlos en vez del padre de esos niños?, estaba más que claro que las enfermeras presentes y ese médico no estaban al tanto de los rumores que recorrían en los pasillos de momento. Ni siquiera notaron que el niño tenía orejas de tigre. Pero por lo pronto debían terminar de vendar a la intranquila paciente… y apenas lo hicieron ella les pegó un fuerte empujón con sus débiles brazos que los dejó sin palabras —¡Váyanse!— ordenó con voz quebrada mientras señalaba la puerta —¡Váyanse todos de aquí! ¡TODOS!— no solo entraban los profesionales médicos en esa categoría, sino que también Anthony, Chiara y… Nebiri. Claro que el tigre fue el último en quedar porque estaba sosteniendo a los mellizos —Dámelos, dámelos… dámelos…— estaba desesperada por sentirlos, tenerlos a salvo entre sus brazos. Y apenas el birmano cumplió ese deseo, ella lo observó con sorpresiva rabia —¿¡En qué rayos estabas pensando!?— ¿cómo se le ocurría a ese hombre enfrentarse con otro un momento así, donde ella solo necesitaba calma? —¡Frank es un estúpido y tú un… un ignorante!— no sabía cómo insultarlo, su cabeza estaba llena con no sabía qué, se sintió un poco mareada entonces —¡Bestia iracunda! ¡eso es lo que eres!— midiendo sus movimientos, lentamente depositó a los niños en la camilla para agarrar las flores y arrojárselas al birmano —¡No quiero a nadie aquí!, ¡déjenme sola!— sin más le arrojó el ramo con fuerza justo en medio del rostro, pero como si eso no fuera suficiente tomó el jarro que le llevaron para las flores y lo arrojó a la pared, explotándolo allí mismo —¡Que te vayas!— estaba tan alterada que apenas sabía lo que estaba haciendo, así que se tranquilizó cuando no vio a nadie más que sus niños en ese cuarto. Apenas la puerta se cerró respiró en paz.

Increíblemente ninguno de los pequeños lloró: solo observan tontamente los movimientos de la castaña claramente sin comprender en lo más mínimo lo que sucedía, el sentir la calidez y cercanía de su madre era suficiente para ambos. Claro, si Holtzmann fuera un animal tendría los vellos de punta, las garras afuera y los colmillos a la vista, estaba tensa y en posición de ataque ¡acababa de sufrir una herida con los cachorros a su lado! y como no reaccionó en su momento lo hizo cuando ese golpe de adrenalina la invadió. Estaba frustrada por no haber reaccionado antes, aquel llanto de Aaron y Ran le nublaron los sentidos pero a la vez le hizo darse cuenta que desde ese momento era la protectora de ambos costara lo que le costara, y no podía permitir que nadie la lastimara de esa manera porque desde ese maldito momento, era 'Dios' para esos pequeños. Era su obligación estar bien para que ellos estuvieran bien, demonios, iba a costarle tanto… por lo pronto solo los arrulló en sus brazos pintando una cálida sonrisa en sus labios. Ese era su momento, ya había ahuyentado a los presentes y al macho también, claro..

Tomó un poco de agua que le dejaron en vaso a su lado, seguido alzó a ambos cachorros y mantuvo contacto directo piel con piel estando ella aún sentada  con los mellizos entre sus piernas —… Bienvenidos a los Holtzmann. Lo lamento, mininos, pero es todo lo que hay y todo lo que soy.— miraba con cariño aquellos brillantes orbes que adornaban los suaves rostros de sus hijos, y estos lucían interesados en los movimiento de su madre… sobre todo en sus labios, pues era sabido a que los pequeños les gustaban los colores vivos y vibrantes ¿cómo no sentirse atraídos por aquel color carmesí que adornaba la boca de su progenitora? —Ah, vengan. Ya pasó mucho tiempo ¿cierto? deben tener hambre.— a medida que volvía a bajar sus prendas para darles de comer se sorprendía de sí misma por haber naturalizado aquello tan… rápido. Pero tal como sucedió la primera vez, aquel acto la relajó bastante: se sintió bien, se sintió en las nubes a decir verdad, sentir y oír la manera en la que succionaban aquellos pequeños hicieron que en el cuerpo de la inventora se liberara la oxitocina que tanto necesitaba. Esa hormona haría su trabajo relajando a la madre que estuvo angustiada.

Habrá pasado cerca de una hora donde solamente entró al cuarto una enfermera un total de dos veces para revisar que Jessica estuviera bien. Al salir, la pelirroja indicaba que la paciente no estaba en condiciones para ver a nadie pues ella no lo deseaba así. A veces, explicó, las madres primerizas necesitaban su espacio para asimilar su actual situación, y sumado al estrés que estuvo expuesta por aquel elegante hombre que desapareció indicó que no se alteraran por su actitud hermética ya que solamente estaba bajando sus nervios. Ser lastimada frente a su dos recién nacidos fue fatal, por lo que era una conducta normal querer estar sola con sus pequeños. Quizás treinta minutos después de eso volvió a entrar la misma mujer, estuvo más tiempo de lo habitual pero al salir indicó a quienes esperaban que la paciente se había quedada dormida. Les daba pase libre, si querían verla o no ya no era su decisión. Debido a la época afuera ya estaba oscura, con pocas estrellas, y un frío que obligaba quedarse dentro de sus hogares de ser posible.

En el cuarto aquel trío se encontraba en el mundo onírico precisamente: Jessica se quedó dormida abrazando a los mellizos, sosteniéndolos con suma precisión en cada hueco de sus brazos mientras yacía acostada hundida en cuatro almohadas. En medio de su estómago se encontraba un oso de peluche, el mismo que había encontrado hace mucho tiempo ante de su desgraciado encuentro con Birdwhistle. Ran, entre sueños, seguía chupándole la oreja a dicho juguete, mientras que Aaron le mordía un pie. Cuando lo encontró estaba casi desecho, y como no tuvo tanto tiempo para arreglar las coceduras o encontrar ojos falsos, más los mínimos intentos de que no se le saliera el relleno eran visibles. Aun así, a su juicio, era bastante decente. Y a los mellizos parecieron gustarle. Esa era la imagen, una esbelta dama dormida junto a dos criaturas hermosas envolviéndolas con sus brazos, Holtzmann nunca sabrá lo hermosa que se veía en ese momento ni la belleza que irradiaba. Diablos, solo estaba durmiendo y lucía fantástica así.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Jue Oct 26, 2017 7:17 pm



ALREDEDOR DE LAS 9:30PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
FEELS LIKE A DREAM, TIGER
La curación de Jessica fue rápida al parecer, o eso percibió el tigre, pues minutos pasaron desde que entró al cuarto y calmó el llanto de los mellizos cuando justo terminaron de curarla. Nebiri se concentraba en los pequeños, que estaban quietos escuchando la ronca voz de su padre. Sus diminutas manos alcanzaban el rostro del macho y lo tocaban, y parecían entretenidos pasando sus dedos por el mentón de su padre y sentir que algo picaba sin lastimar. Podían tener torpes movimientos, pero al ser mestizos, su lado felino los dotó de más movilidad que un infante común. Era normal, desde recién nacidos los cachorros de tigre tenían que arrastrarse como fuera a buscar el alimento en su madre, tenían que aprender a distinguir aromas y a no alejarse mucho. Y sus bebés ahí estaban, con lo mejor de ambos. Las pequeñas orejas de Aaron no se movían mucho, casi nada, pero era normal, con el tiempo éstas se moverían solas y quizá podría aprender a esconderlas. Con Ran no estaba seguro si tendría más rasgos o se transformaría por completo en tigre, pero no importaba en realidad, eran sus pequeños, eran sus cachorros a los que estuvieron esperando por tanto, sonreía mucho mientras ellos le manoseaban el rostro y la barba. Balbuceaban cosas y se llenaban de baba sus pequeñas bocas, no daban la impresión de haber llorado a todo pulmón hacía instantes. La calma que los pequeños le dieron, el aroma a bebé y esas sonrisas fueron remedios efectivos contra la ira que el tigre tuvo que guardarse para no hacer pedazos al cheetah. Y de alguna manera fue bueno que no cargara a sus niños con las manos llenas de sangre. Se disculparía con Tony y con Chiara cuando le fuera posible, de momento estaba ocupado con los cachorros y tenía que ver que Jessica se...

No, la fiera no estaba calmada.

Ni bien terminaron de atenderla y de cambiar la manta manchada, ella comenzó a gritar a todo mundo a correrlos del cuarto. Quería a sus niños, estaba alterada y el tigre rápidamente obedeció la indicación de entregárselos. Diablos, su mujer estaba furiosa. No pudo decir nada a su regaño... ¡La estaba defendiendo, demonios! Pero en ese estado no era buena idea defenderse. La bestia iracunda tenía las orejas abajo y la cola entre las patas, literalmente, mientras resistía los embistes verbales de su mujer. Luego le aventó las flores que lo mojaron todo, incluso las espinas de una de las flores le arañaron un poco la nariz, y el toque final de su fiera esposa fue lanzar el florero que apenas si esquivó, más no un pequeño trozo de rebotó por el impacto y le arañó la mejilla en largo corte. No lo percibió en el momento, salió del cuarto como ella quería, como Jessica lo necesitaba sin duda, y cerró la puerta tras de sí. Tomó un gran respiro y notó que Tony y Chiara le miraban ya con algo más de calma en sus rostros aunque... Claro, también les debía una disculpa por los problemas. Por suerte ni tuvo que golpear a nadie más que a Frank, a Chiara no le puso ni un dedo encima mientras que con Anthony solo forcejeó. Debía decirlo, el demonio sí que tiene fuerza.

Siento lo de hace un momento —dijo el felino con un gesto serio y visiblemente apenado—. Ese idiota me hizo enfadar, comenzó a discutir con Jessica y quiso forzarla cuando tomó su muñeca y luego la lastimó y...

Yo creo que le diste un buen golpe —sonrió la vampiresa, dándole un cariño en la cabeza al grandulón—. Casi lo desarmas con ese puñetazo —rió un poco de recordar la manera en la que el otro felino salió volando al pasillo—. Mira, no tienes que disculparte, hiciste lo que debías hacer como hombre, proteger a tu mujer —le dijo para calmarlo y lo logró, al menos ya no bajaba las orejas—. No creo que vuelva a molestarlos, Nebiri. Así que solo concéntrate en Jessica —el felino asintió con una sonrisa.

Ahora te toca confortarla, campeón —dijo el demonio, que en realidad nada tenía que reprocharle al birmano. Hizo lo que debía hacer y no podía sentir más orgullo de tener como protegido y amigo a alguien tan íntegro—. Tienes un largo trabajo —rió el demonio mientras revisaba algunos mensajes en su móvil.

El tigre refunfuñó graciosamente y se sentó al lado del par a esperar a que mientras pasara el tiempo. Una enfermera entró al cuarto y esa misma enfermera les explicó el porqué del estado de Jessica. Y esa misma enfermera, mientras les explicaba todo con dulces palabras, desinfectó el corte en la cara del felino y le piso una graciosa tira adhesiva de osos bastante infantil, pero era la que tenía a la mano en ese momento. Con el paso del tiempo, esa misma enfermera fue un par de veces más al cuarto y en una oportunidad sacó los trozos rotos del florero y las flores que Frank le llevó...

¡Eso era, flores!

Considerando que Jessica necesitaba algo de tiempo, tenía tiempo para ir por algo al centro de la ciudad. No estaban demasiado lejos después de todo, podría ir corriendo incluso. La enfermera les dijo que ella ahora dormía y que podrían entrar de querer, pero el tigre solamente avisó a sus acompañantes que no tardaría en volver. Salió corriendo del hospital en dirección al centro. Le llevaría lindas flores a Jessica, y su globo de "Recupérate pronto" que ella le reprochó una vez, y una caja de bombones de chocolate. Eso era lo que ella quería, ¿verdad? Bien, el tigre iba a llevárselo. No le reprochaba el regaño ni su furia, era normal, la hembra cuidando a sus cachorros, alterada porque si algo le hacía daño a ella entonces ese algo podría dañar también a sus bebés. Era muy normal, vio ese comportamiento en su propia madre durante su niñez. Ella no permitía que nadie se acercara demasiado, ni otros tigres ni ningún otro ser que pudiera ser peligroso, sobretodo soldados y cazadores, pues ya había perdido a un hijo a manos de estos. Y siendo Jessica como era, sin duda se puso muy mal con todo ese asunto... Estúpido Frank... Al menos ya no se aparecería por ahí y se iría del país en un par de días más. Eso tenía tranquilo al tigre.

Echó a correr a toda velocidad hasta la zona centro de la ciudad donde los negocios, pese al frío, estaban en pleno apogeo. Restaurantes, bares, tiendas y cada negocio tenía clientela. No tardó en ver una florería y ahí rápidamente eligió algo, y no por azar, sino que le atrapó la vista a la primera un hermoso arreglo de aves de paraíso y girasoles, por lo que supo en su momento, a Jessica le gustaban los girasoles. Y esas flores en forma de ave eran listas y tenían buen aroma. ¡Bien! ¡Tenía las flores! ¿Qué seguía? Sí, los globos y los chocolates. Con flores en mano, se dedicó a recorrer a buena velocidad las demás tiendas hasta dar con una de regalos. Adentro estaba lo que necesitaba, dulces, cajas de regalos, bolsas y... ¡Globos! ¡Genial! Consiguió justo el que necesitaba, uno de "Recupérate pronto" y una caja de chocolates rellenos. No compró lo que tenían licor porque, para el asunto del licor, tenía otra idea en manos. De hecho, eso era el regalo de Jessica, pero eso lo haría hasta la casa. Ya armado con los regalos, regresó corriendo al hospital. Estuvo fuera cerca de una hora y cuando regresó al hospital todo seguía en calma y Jessica dormía. Ya estaba oscuro afuera y calculó que quizá la despertarían más o menos a esa hora para que cenara algo. Hacía frío, pero gracias a su doble capa de ropa solo era su aliento el que se condensaba en el aire. Al llegar, sus amigos le indicaron que ella seguía dormida, que podía pasar si quería. Y de hecho la pareja se retiró para dejar que Nebiri tuviera su tiempo con su mujer. El birmano les agradeció por todo y se disculpó una vez más por el incidente pero, a opinión de la vampiresa y del demonio, no había nada qué disculpar.

Chiara y Anthony se fueron y el birmano dio un gran respiro antes de entrar silenciosamente a la habitación donde Jessica descansaba. Todo estaba en una baja luz, un poco de iluminación de afuera se colaba por la cortina y los ojos del tigre brillaron reflejando la poca luz que entraba ahí. Dejó los regalos en el pequeño mueble junto a la cama y miró a su esposa e hijos... Y al hacerlo el corazón casi se le detiene por la impresión... Su hermosa esposa con sus labios rojos en un gesto de total paz, la belleza que la invadía en ese momento era tanta que el tigre simplemente no podía parar de mirarla. Tragó saliva hasta casi atragantarse. Sus pequeños lucían pacíficos mordiendo el juguete que su esposa reparó con mucha prisa. Los tres dormían y se veían tan increíblemente hermosos que se les quedó viendo por un largo rato y sin moverse... Sí, por ellos era por quienes peleaba, a quienes le tocaba proteger con cada gramo de su fuerza, debía ser el macho protector de su familia, de su preciosa familia. Y a cada minuto que les miraba, más se convencía de que debía permanecer fuerte, y si no podía ganar, entonces tenía que ponerse a salvo de cualquiera fuera su oponente. Tenía que estar entero para su familia, necesitaba sus dos brazos para abrazarlos, necesitaba su fuerza para amarlos, jugar con ellos, moverse donde sea con ellos. Quería estar para su esposa y sus cachorros. Sí, lo admitía, fue un idiota por haber ido tras Frank, pudo simplemente mandarlo a volar y quedarse con ella, pero la imagen de la sangre de su esposa lo hizo rabiar. No podía prometer no volver a hacerlo si otro idiota amenazaba a su esposa, pero al menos procuraría controlarse más.

Se sentó al lado de la cama y se recostó sobre sus brazos junto a su esposa, era como si no quisiera romper ese perfecto cuadro que se le quedó grabada en la cabeza. Respiró hondo y cerró los ojos. La calma que ahí se respiraba era enorme, la mezcla del aroma de su esposa en conjunto con el dulce aroma de los cachorros era todo lo que necesitaba. Sonrió ampliamente y no resistió tocar una de las pequeñas y sonrosadas mejillas de Aaron, luego repitió el gesto con Ran.

Te amo, mujer —murmuró el tigre en muy bajo tono y luego se quedó en calma contemplándolos. No supo cuánto pasó, pero sí que ya era algo tarde y habían dejado que la nueva mamá descansara un par de horas más, pero tenía que cenar, así que entraron y prendieron las luces más suaves del cuarto. Nebiri se incorporó de inmediato y le pidieron que la despertara y le diera de comer, que se asegurara de tomar los suplementos alimenticios que le dieron en forma de tabletas. Su comida lucía genial desde lejos. Había un pequeño plato con espagueti, tenía pollo por igual, una ensalada, así como un par de postres, uno de ellos un tazón de fresas y el otro un dorado flan que caramelo que escurría. Un vaso con jugo de frutas, otro con agua fresca y uno más con soda por si quería algo más—. Yo me encargo, gracias —agradeció el felino y justo en ese momento recordó que no había cenado aun, de hecho no había comido y moría de hambre, pero él podía esperar, lo importante era ella. Procedió a despertarla suavemente, moviéndola apenas. Los mellizos despertaron primero y comenzaron a balbucear dulcemente y a mirar a su padre mientras mordían y chupaban animadamente su peluche—. Jessica, amor... Despierta, tienes que cenar —besó su frente—. Despierta, anda, tienes que cenar... Luego puedes volver a dormir...

Solo le quedaba ver que su hembra despertara de mejor humor y no le lanzara el nuevo florero a la cara. Por cierto, que la enfermera que entró sonrió al ver los regalos en la mueble. Eso quería decir que podía comer chocolates, ella no le riñó al tigre por eso.



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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Oct 30, 2017 12:37 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Hubiera preferido tomar un baño de agua caliente una hora antes de acostarse como era su rutina, eso ayudaba a que sus músculos y la tensión que se acumulaba en su hombros desistan, sintiéndose más liviana y relajada antes de dormir. Pero claramente esa noche no podría ejercer su rutina diaria. El lado positivo era que, al menos, sentir el calor de sus hijos cerca de ella funcionaba como una especie de sedante que le daba una mano para tranquilizarse consiguiendo así un sueño liviano y reparador. No le caía la ficha del todo, ¿cómo era posible? no comprendía cómo era posible que sintiera el amor más grande e incondicional por quienes conocía hace horas. Claro que Holtzmann nunca quiso ser madre y nunca se imaginó la magnitud del sentimiento, pero lo estaba viviendo y era una experiencia casi cautivadora. Será un aprendizaje diario, ensayo y error en muchos sentidos... a lo que estaba acostumbrada como inventora. Pero ahora sus inventos eran de carne y hueso por lo que tendría que ser más... dulce. Una enorme y extraordinaria responsabilidad que la acompañará por el resto de su vida. Aún recuerda la razón por la que los quería, por la que solamente quería la cría del birmano: su miedo a que él se vaya de su vida, siendo el único individuo con el que pudo simpatizar, era tan grande que deseó tener a su hijo o hija para que al menos él o ella sea su nuevo soporte. Para que el dolor de que el único individuo que ha amado la haya abandonado sea menos angustioso y no estaría sola... no más, si tenía un bebé. Por supuesto que era un pensamiento egoísta, algo insano o loco, como alguna vez le ha dicho Sveta cuando le comentó ese pensamiento. Y en cierta medida quizás romántico, pues la castaña dejaba en claro que no querría 'mezclarse' con otra persona nunca más y su atención solo se la hubiera dado a su bebé de haberse dado el caso del abandono. Nebiri la hubiera corrompido tanto que la ha hecho no desear nunca más a otro hombre e indirectamente le hubiera dejado aquel trabajo de criar a su cachorro tal como las otras hembras con las que logró procrear en Birmania. Esa hubiera sido la triste vida de la californiana. Pero no. Ella le dejó la puerta abierta tantas veces y él jamás pegó un portazo, y gracias a ello en ese momento se estaba abrazando con los dos pequeños que reposaban sus cabezas bajo sus senos, durmiendo en paz casi como Jessica, aunque en su caso seguían chupando aquel oso de peluche con bastantes ganas. No sabía qué diablos pasaría luego entre ambos, si la presión los devastaría y se divorciarían, si terminarán peleándose más que antes o quizás alguno de los dos haga algo que lastime seriamente al otro dejando una enorme grieta en su relación, pero en ese momento la castaña solo quería una maldita unión… lo necesitaba más que nunca, aunque no se lo daba a saber cuando lo echó del cuarto arrojándole lo primero que tenía en la mano. Pensaba en eso mientras dormía, frunciendo el ceño de vez en cuando mostrando incomodidad con lo que pasaba en su mente: ella no podía cambiar, era un poco violenta cuando la situación la sobrepasaba y le costaba controlarse, ¿se habrá enfadado?, ¿habrá golpeado los muros como hacía usualmente para descargarse?, sintió una repentina presión en su pecho que le dificultaba la respiración… lo último que quería era que su esposo se enfadara con ella. Pero no podía controlarse a veces.

Su despertar no fue para nada pacífico: abrió los ojos de golpe, ver que tenía una enorme cosa encima que le hacía sombra aceleró su corazón. Sentir un beso en su frente la descolocó, no estaba pensando bien, y con el correr de los segundos tomó conocimiento de nuevo de dónde se encontraba, con quiénes y por qué. Los mimos del tigre no fueron excesivos como lo eran habitualmente, bien, no lo agredió por estar pegada a ella en ese momento. Solo atinó a sus suspirar para luego bostezar, sin decir nada comenzó a sentarse de apoco para pegar su espalda contra la pared. Los bebés los sostenía con cada brazo, como siempre, y estos en modo de lenguaje mudo comenzaron a jalarse de la ropa a Jessica, la niña comenzó a chuparle el pezón por arriba de la prenda pero Aaron no estaba contento con eso. En silencio, mientras las enfermeras se retiraban, Jessica volvió a bajarse la prenda aun estando un poco adormilada y despeinada, apenas lo hizo enseguida ambos se prendieron a sus senos para succionar como si fuera la primera vez que los amamantaran —… Van a dejarme seca.— comentó cerrando los ojos levemente, asegurándose que los mellizos estén cómodos —Estuve inspeccionándolos cuando se durmieron: van a desarrollar colmillos antes que sus dientes normales. Son filosos, puedo ver la punta blanca de uno en Ran por lo que considero que me mentiste.— claro que recordaba que Nebiri le dijo que nacerían simples y que no tendrían colmillos tan pronto, por eso lo miró al rostro con un gesto enojado pero liviano, nada de rasgos notorios —Cuando me muerdan les daré el biberón.— y por supuesto que será él quien pague las fórmulas, porque que sus hijos sean híbridos de tigres era 'capricho' del birmano. Solo bastó una mirada rápida para sorprenderse por las cómicas bandas adhesivas que adornaban su nariz y mejilla, eran de osos provenientes de un famoso programa infantil que hasta Jessica conocía, y francamente para su gusto le quedaba ridículo a ese hombre, pero pronto supo la razón del por qué las portaba —Ah, ¿te lastimé?— no se había dado cuenta del daño que le hizo ¡solo lo golpeó con las flores y arrojó el jarro en la pared! nunca supo que el ramo tenía rosas con espinas y los trozos rotos del jarro se desprenderían hasta rayarle el rostro —… Perdón, yo… no imaginé que te sucedería eso. No quería lastimarte.— más de uno se preguntaría cómo era posible que el luchador recibiera diferentes agresiones o embistes de parte de su cónyuge y no se haya alejado de ella —Yo solo quería me que dieran a mis hijos.— no se estaba excusando, solo le explicaba la razón de su mal comportamiento.
Y por el tono de su voz dejaba en claro que estaba arrepentida.

Dándose tiempo volteó para observar el resto del cuarto, todo lucía tan tranquilo, no había ruido ni luces fuertes, por lo que se percibía desde las persianas semi cerradas de la ventana pudo darse cuenta que era tarde. Sin embargo lo que la alborotó fue ver a su lado, en la mesa, un arreglo floral que la asustó en un primer instante, pero luego formó una pequeña sonrisa —Girasoles, no lo olvidaste.— además de aquellas largas y finas flores que pintaban la cabeza de alguna ave exótica, aquella presentación fue atractiva para Jessica. Más sabiendo que él no olvidaba que los girasoles eran sus flores preferidas: éstos se inclinaban para evitar la sombra de los vecinos y a la vez para tomar la luz del sol, ¿qué más inteligente que eso para una planta?, además su abuelo tenía un campo lleno. Quizás de allí venía su afecto hacia esa especie de flor. La caja que estaba al lado de esa presentación floral era mediana, roja, y con un moño aún más rojizo que lo adornaba, se podía ver la marca de agua por lo que dedujo enseguida que era chocolate —Oh, birmano… siempre eres tan detallista conmigo. Me encanta.— confesó sin pena alguna, y claro que su vista se fue hacia el globo que flotaba a su lado casi a su altura, amarrado a la manija del cajón de la misma mesa —¿"Recupérate pronto"?, un raro mensaje para alguien que acaba de dar a luz.— elevó la ceja pensando en que hubiera escogido otro eslogan, pero no por eso lo rechazó —Pero me gusta, Nebiri. Gracias por consentir a mis caprichos.— no era tan sano que consintiera siempre a una soberbia como lo era Holtzmann, pero él lo hacía, por eso lo apreciaba también. Nunca la dejaba con las ganas. En aquel punto los mellizos se desprendieron de sus pezones, le dio al varón para que el tigre hiciera la misma rutina de golpear tiernamente su espalda hasta hacerlo eructar tal como ella lo estaba haciendo con Ran, y apenas lo lograron le pidió que los pusiera en su cuna para que pudiera comer al final. Tenía tanta hambre que ver aquella bandeja con espagueti no parecía suficiente, pero los postres que vio a continuación cambiaron su perspectiva —¿Dónde están Chiara y Anthony?— preguntaban mientras se sentaba mejor para colocar la bandeja en sus piernas y comenzar a comer, muy a gusto a decir verdad, no miraba a Nebiri mientras hablaba solo se enfocaba en su comida pero le prestaba toda su atención —¿Sabes? el personal cree que a Anthony le gusta ver a su esposa acostarse con el esclavo. Una especie de fetichismo.— comentaba casi sin importancia mientras llenaba su estómago —… Que, que le gusta ver cómo a su esposa le hacen el amor con alguien tan vulgar, como el esclavo de la pareja.— entrecortaba la explicación porque no medía cuándo comer y cuándo hablar ¡demonios, no comía nada desde la mañana! por suerte ese plato venía lleno —Que tú eres mi amante y yo la tuya. Pero ya pasamos esa etapa hace bastante tiempo ¿verdad?— quiso dejar de comer para levantar la vista, mirarlo suavemente a los ojos mientras se relamía los labios —Ahora somos novios, no lo olvides.— ¡lo recordaba! sabía que hablaron de eso hace mucho, que hacían todo mal o al revés, y la última vez ella le había pedido ser su novia. En verdad nadie podría comprender el juego de esa pareja.

En un momento, donde la conversación falleció, Jessica pudo oír rugir el estómago del tigre, fue tan fuerte que si él hubiera estado en una habitación llena de personas absolutamente todas hubieran girado para mirarlo. Ella abrió más los ojos por la sorpresa, miró el rostro de Nebiri solo para encontrarse con un hombre babeando de hambre, ¿por qué rayos no comió nada mientras le compraba todas esas cosas? —Ten.— solo le quedaba dos patas de pollo en la bandeja, no dudó en dársela. Mientras tanto ella comió el tazón de frutas por la mitad, la ensalada no iba a tocarla pues no le apetecía, y dejó el flan al final  para poder compartirlo con el híbrido. Solo comían juntos como acostumbraban, compartiendo la comida, teniendo cortas conversaciones sobre distintos temas, la mente de la castaña se concentraba en disfrutar cada bocado a medida que hablaba con él. No iba a negar que la comida se convirtió en una parte importante en su vida, donde ambos podían hablar pacíficamente mientras se miraban al rostro. A Jessica le gustaba mucho compartir la mesa con Nebiri. El flan lo dividieron en dos, Holtzmann estaba terminando su parte recogiendo delicadamente pedazos pequeños con su cuchara, solo el sonido de la puerta abrirse interrumpió ese momento —Oh, lo siento, pero la hora de las visitas terminó. Tu familia puede volver mañana por la mañana… Holtzmann.— el doctor espió los papeles que estaban en su mano para recordar el apellido de la castaña —En cinco minutos él debe irse. Buenas noches.— sin más acotaciones cerró la puerta para dirigirse a la siguiente y avisarle lo mismo a las personas que estaban acompañando a la madre. El pabellón de maternidad se estaba desalojando. La noticia la amargó un poco, suspiró mientras dejaba en la mesa todos los platos y la bandeja —El viernes haces sparring ¿verdad?, no importa si no vienes a verme. Debes practicar para enfrentar a Abgal.— por supuesto que aún lo recordaba, y sabía muy bien que no iba a ser un enfrentamiento sencillo. Tomó un poco de jugo antes de seguir, quería decirle algo muy importante que recién en ese momento su cabeza le hizo recordar—… Tú sabes que nosotros no vamos a interferir en tu trabajo.— por supuesto, Jessica no quería que el tener hijos provoque que el birmano abandone algunas de las cosas que a él le gustaba, ella podía hacerse cargo perfectamente de ambos, creía… —Y antes de que protestes, desde ya te aviso que no cancelarás tu práctica. Vas a ir, practicarás, entrenarás y volverás a la casa estando seguro de que puedes derribar a ese extraterrestre.— ¿era una orden? ¡claro! sonaba como tal —Y en cuyo caso sospeches que no estás preparado, quiero que agarres el teléfono y le digas a Anthony que no vas a pelear. Detesto estar tanto tiempo en un hospital, y lo último que quiero hacer cuando salga es volver a entrar porque a mi esposo le dieron una paliza.— no le importaba si lo hacía enojar o no, eso era lo que ella quería que haga el birmano. Por supuesto que esperaba alguna arremetida por parte de él, y en un momento en medio de esta se pudo percibir que las luces del pasillo se apagaban, lo vio por debajo de la puerta.

Las últimas visitas se estaban yendo.

Jessica miró al tigre unos segundos, sus manos tocaron su cuerpo para guiarlo hacia ella y abrazarlo fuerte No quiero que te vayas. Quédate conmigo. confesaba en voz baja apretando fuerte los ojos Necesito que durmamos juntos. desde que improvisadamente se casaron, nunca han dormido separados. O al menos no tan lejos uno del otro, por supuesto que a veces Jessica se enojaba y se iba al búnker o dormía en el suelo alfombrado de la habitación de los pequeños. Pero siempre cerca de la casa. Y ahora deberían separarse. No lo aceptaba. Lentamente lo guió para que se recostara en la camilla, ésta hacía mucho ruido debido a que el peso del birmano hacía que los resortes temblaran, más cuando la inventora con suavidad lo rodeó con una pierna Necesito que estés conmigo ahora. apoyó su cabeza en el tigre y con su mano le acariciaba el pecho con dulzura A los cachorros no les gustará que papá no esté con mamá. por supuesto que sintió un pequeño escalofríos al decir eso, calificándose como 'madre' y a Nebiri como 'padre' de dos bebés que hasta hace poco meses solo eran un sueño abandonado. Pero allí estaban, durmiendo plácidamente peleando por el peluche aún entre sueños mientras sus progenitores se abrazaban.

Notoriamente, la mujer que ejercía como madre no quería soltar al hombre.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Lun Oct 30, 2017 9:57 pm



PASADAS LAS 10PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
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Jessica había descansado bien al parecer en ese breve rato, pero era de esperarse que despertara algo desorientada por estar en un sitio que no era su casa. Casi de inmediato los bebés pidieron de nuevo de comer y no lloraban siquiera, gimoteaban un poco y jalaban la ropa de su madre. Le habían dicho que los bebés solo podían comunicar sus necesidades con llanto, pero ellos trataban de tomar lo que necesitaban en el momento que querían. Ver cómo halaban de la ropa de Jessica fue gracioso, pero así solían ser los cachorros de tigre, buscaban por sí mismos y no pudo evitar más que sentir orgullo de los pequeños. Claro, sería una fiesta cambiarles los pañales y por lo que calculó no tardarían demasiado en tener que cambiarlos. De eso podría encargarse él, tenía que aprender a cambiar los pañales de ese par de bribones. Entre ambos padres llegaron al acuerdo de usar pañales ecológicos lavables, Jessica no quería anticuados pañales de tela y Nebiri no quería pañales desechables de esos que tanto solía encontrar tirados en la zona de acampada y que tan mal olían con solo estar pocas horas bajo la inclemencia del bosque, ¡a veces los animales se enfermaban por mordisquear esas cosas! Nebiri accedió a los ecológicos y Jessica eligió la marca, una elegante marca costosa desde luego, una de buena tela y materiales para que sus bebés no parecieran "los hijos de un campesino". Cinco pañales talla para recién nacido para cada uno, les irían comprando de talla más grande conforme crecieran. Había un par de esos pañales en el bolso que preparó Jessica por lo que pudo ver mientras buscaba los papeles para el registro.

Ella aun no terminaba de despertar para cuando los bebés se pegaron a ella para comer y comentara lo de los dientes de los bebés. Bueno, el birmano hablaba por los cachorros de híbrido sin mestizar, al menos a él le tardaron en salir, pero al parecer los mellizos iban a su propio ritmo. Para cuando Jessica terminó de despertar, no fue sorpresa que notara las bandas adhesivas en su cara. Sí, la de la nariz fue culpa de las espinas de una de las rosas en el ramo y la de la mejilla fue un corte de vidrio por el jarrón. Por cierto, Tony tuvo que pagar el daño causado, pero el demonio ya se estaba acostumbrando a pagar lo que ese par destruía, era algo bueno para compensar las ganancias tanto monetarias como personales que la pareja le daba al centenario ser. El birmano vio apenada a su mujer y claro que se dispuso a calmarla. No había sido del todo su culpa a parecer del híbrido.

No te disculpes, mujer, estabas tensa, yo también lo estaba —dijo para calmarla—. La sensación de peligro hizo llorar a los bebés así, pudiste percibirlo y por eso te enojaste, no podías consolarlos —miró de reojo su muñeca vendada, deliberadamente evitó hablar del cheetah. Al menos se había dado el gusto de darle el golpe que desde la primera vez que lo vio le tenía reservado. Para esos momentos seguro que el felino estaba dolorido por salir volando a medio pasillo. Gracias a Chiara no lo dañó más y por eso y muchas otras razones más estaba agradecido con el par—. Creo que soy yo quien debería disculparme, salí todo enfurecido cuando debí quedarme a calmarte o a calmar a los bebés —tomó su mano herida y besó en su muñeca—. Tienes razón, soy una bestia iracunda, pero creo que eso no lo voy a poder cambiar —le miró con sus pupilas afiladas y una sonrisa que mostraba su blanca dentadura—... Siempre voy a protegerte de lo que sea, mujer, a ti y a los bebés —la soltó y ella no tardó en ver los regalos. Un sonriente tigre se mostraba satisfecho porque la ofrenda puso contenta a la hembra. Para la próxima compraría otro globo... Para su cumpleaños, sí, eso sonaba genial, comprarle globos para su cumpleaños. Nebiri tomó a Aaron para hacerlo eructar y sentirlo tan pequeño en sus brazos y contra su cuerpo era una sensación que amaba más a cada instante. Ambos emitieron un lindo ruido que a duras penas parecía un eructo, pero lo era. Y ya contentos los dos, los recostó donde Jessica se los indicó y les dejó su peluche. Los cachorros lo tomaron de inmediato y cada uno tomó su extremo para entretenerse hasta quedarse dormido a los pocos minutos. Quizá se estaba adelantando, pero al parecer los mellizos iban a ser criaturas muy calmadas. Y si llegaban a llorar, sería por alguna importante razón.

Jessica se dispuso a cenar a apenas tuvo las manos libres y el tigre le miraba con los ojos bien abiertos mientras ella conversaba entre bocados. La verdad le llevaron bastante de comer, tenía que seguir alimentándose bien porque estaba amamantando. Veía su comida sin querer, estaba hambriento también, el chocolate caliente y cualquier energía que le dio quedó corta luego de todo lo sucedido por la tarde.

Ellos dos volvieron a su casa, dijeron que vendrían temprano —respondió el birmano apenas ella le preguntó por la pareja—. No tiene mucho que se fueron —se fijó en su reloj—. Una hora tal vez —elaboró el castaño. Y de pronto ella le contó de que creían que el demonio tenía un extraño fetiche por ese asunto de la familia falsa que se formó el personal del hospital—... ¿En serio hay tipos que se excitan con eso? —no se lo creía a decir verdad, pero luego recordó que estaba en la ciudad del pecado y sí, era muy posible que cosas así sucedieran. Su gesto pensativo se fue cuando ella dijo de que eran novios, sonrió bastante—. Sí, lo somos, por eso te debo regalar más flores, y luego podemos ir al cine, cuando te sientas mejor y que Chiara se vuelva loca cuidando de los cachorros —rió de solo imaginarlo, pero sin duda la vampiresa estaría encantada de cuidarlos, era la tía de esos pequeños, estaba en derecho y obligación de cuidarlos cuando fuera necesario—. Podemos planearlo después... ¿Sabes? Ya quiero que acostemos a los niños en la cuna y que durmamos en el mismo cuarto con ellos, quiero ver si se quedan viendo las estrellas que pusiste en el techo, y quiero ver qué hará Bulleye cuando los vea, no sé si Oliver se ponga defensivo con ellos como lo hace conmigo —no estaba de más pensar en esos detalles. Podrían ir a casa en un par de días más... Y claro, su barriga no tardó mucho en delatar que estaba hambriento, quedó apenado por ello y bajó las orejas mientras aceptaba la comida que ella le compartía. Hasta se comió la ensalada que ella no quiso, en serio tenía hambre. La comida compartida siempre sabía mejor, ya en casa le daría su sorpresa, era algo comestible, pero tenían que esperar un poco más. Ni bien terminaron de comer, la enfermera que llegó a recoger la charola le indicó al birmano que debía irse, la hora de las visitas se había terminado y eso lo puso visiblemente triste.

La enfermera se retiró y de pronto Jessica comentó lo del sparring. Sí, tenía entrenamiento por la mañana con un boxeador profesional que lo vio practicando con un compañero y lo pidió. Tenía que estar ahí a las once de la mañana y ya hasta le habían pagado por adelantado. Con el nacimiento de los gemelos lo había olvidado por completo... Y si en algún momento cruzó por su mente cancelar, ella se lo impidió. Su esposa siempre tan segura y siempre pensando en él. No pensaba fallarle, menos cuando ella le daba todas las libertades, incluso de rendirse si era necesario. El birmano necesitaba sus dos brazos para abrazar a su familia, necesitaba sus piernas, necesitaba cada parte de sí para protegerlos y estar a su lado, no podía dejarse herir demasiado. Ya no solo se trataba de él, era un hombre de familia ahora.

De acuerdo. Mañana iré al entrenamiento —sonrió el tigre—. Y de paso iré a casa a revisar la casa y los animales. Dejé lo que estaba cocinando en la estufa, seguro no servirá para mañana. Bueno, no podrás irte a casa mañana tampoco. Tendré que prepararte algo cuando volvamos a casa —pensó—. Mañana luego de todo eso vendré a verte de nuevo, estar solo en casa sería muy aburrido —ya a esas alturas no pensaba ni por asomo que Frank intentara volver una vez más—. Puedo traerte lo que necesites de la casa —notó voces fuera del cuarto, gente que se despedía y prometía volver a la mañana siguiente y al momento el tigre bajó las orejas. No quería irse. Y Jessica no quería que se fuera tampoco, lo supo por cómo le cambió el tono de voz, cómo le hablaba y cómo comenzaba a tocarlo. El tigre sintió que las piernas le temblaban. La hermosa mirada de su mujer y ese tonó lo obligó a seguir sus movimientos y subir a la cama con ella, bajo la cálida manta, al lado de sus hijos como debía ser—... Jessica... Me... Me quedaré contigo... Me quedaré —dijo casi con un suspiro, perdido en los celestes ojos de su esposa. Pegó su frente a la de ella, no quería irse, quería recostarse con ella. Con los mellizos ya nacidos podían volver a abrazarse de frente. Lo hizo cuidado de todos modos, había una operación en su vientre que necesitaba reposar un poco más de tiempo. Su esposa solo vestía la bata del hospital y estaba vendada de su vientre para ayudar a la piel a regresar a su lugar poco a poco, así que el birmano, bajo las sábanas, maniobró lo mejor que pudo para quitarse las prendas suficientes y quedar solamente en un cálido bóxer de lana y una camiseta que su esposa le compró... Pensó que no sería adecuado quitarse más ropa con enfermeras entrando y saliendo del cuarto mientras revisaban a Jessica y a los mellizos. Que los pequeños estaban sanos, pero el personal seguía la rutina de protocolo.

El birmano fue el único en no salir del cuarto de la paciente. No quería salir y la paciente no quería que se fuera su acompañante, así que la enfermera solamente se asomó y negó un poco, permitió que se quedara con la condición de cuidar de ella por la noche y ayudarla a ir al sanitario si lo necesitaba. Con la herida fresca, no podía caminar aun y podía llegar a marearse por culpa del medicamento y los sedantes que les estaban dando. No estaba de más tener a su esclavo disponible. Nebiri le dijo a la enfermera que estaría atento y finalmente quedaron a solas con los mellizos. No era su cuarto ni su cama ni era la cuna que hizo para los mellizos, pero al menos estaban juntos. Podían escuchar en el silencio del cuarto la calmada respiración de los bebés. El birmano abrazó a su esposa y miró sus ojos. No resistió besar sus labios y regalarle suaves caricias de cuerpo completo. No buscaba nada más, solo poder estar con ella y sentirla, llenarse de su calor y su aroma.

Te dije que no dormirás ni despertarás sola, mujer... Te lo dije —dijo el birmano en un suave tono ronco, entre besos y ese delicado abrazo más las caricias que incluso llegaban al trasero y las piernas de la californiana. El tigre estaba tan feliz que le daba suaves besos en el rostro, la llenaba de cariños y lamía su nariz en señal de contento—... ¿Quieres que solo durmamos? ¿Quieres que te ayude a darte un baño? —como buen hospital privado, cada cuarto tenía un pequeño baño con regadera, no era amplio pero sí adecuado para los pacientes de casi todas las condiciones que fueran capaces de moverse—... Yo me encargo de todo, amor, tu tigre está aquí para ti y para —no pudo terminar, un aroma que lo hizo arrugar la nariz de graciosa manera y un par de pucheritos lo hicieron reír—... Creo que es hora de que alguien se limpie primero —besó su mejilla y se bajó de la cama, los mellizos estaban inquietos y levantaban sus manitas buscando a sus padres. Al percibir a su padre parecieron emocionados. Nebiri los sacó de la cuna y los dejó en la cama. Tendrían que cambiarlos a la vez. Los pañales, un talco de suave aroma y una crema contra las rozaduras estaba dentro de la bolsa, Jessica en serio preparó todo. Los bebés parecían divertidos por estar en cama y listos para ser cambiados.

Fue toda una experiencia cambiarlos. No apestaban tanto los pañales en realidad, después de todo ellos solo se alimentaban de leche, aunque esos pañales eran los que les pusieron las enfermeras. Los que Jessica les compró tenían un lindo estampado de gatos y eran de distintos colores. Siguió las instrucciones de Jessica, a él le correspondía cambiar a Aaron y a Jessica le tocó Ran. Los cachorros estaban perfectamente quietos, entretenidos viendo a sus padres organizarse. Pudieron cambiar a los mellizos y ni bien se sintieron cómodos, los muy perezosos volvieron a bostezar. Ya de nuevo en la cuna, no tardaron demasiado en quedarse dormidos. Un divertido tigre tiró los pañales sucios a la basura.

El birmano se sentó al lado de su esposa, incluso usaba calcetines de algodón por igual que su esposa le compró. Con todo eso puesto parecía un hombre muy normal, sobretodo ahora que tenía guardados sus apéndices animales.

Con eso estarán cómodos el resto de la noche, espero, si llegan a tener hambre solo los acercaré a ti —sonrió el birmano—, ¿qué quieres hacer, amor? ¿Te ducho o solo nos recostamos...? Aun tengo muchos besos qué darte, mujer, puedo hacerlo mientras te ducho o nos acostamos —y de hecho la tomó dulcemente por las mejillas para volver a besarla en lo que ella se decidía. Al birmano no le importaba esperar por su respuesta—... Te adoro, mujer...



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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Oct 31, 2017 9:25 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por supuesto que había gente que le gustaba 'mirar': ellos no viven en el voyeurismo porque sencillamente lo hacen de frente y no se esconden. Aquellos que les gusta mirar a su pareja con otra persona estaban en un escalón más arriba del morbo y de esa clase New London estaba lleno. Le extrañó que el birmano sea ajeno a ese conocimiento, pero internamente reflexionó que no tenía por qué hacerlo ya que en cierta medida la mente de ese hombre era inocente aún, pese a todo lo que ha pasado, a veces Jessica se sorprendía cuando Nebiri veía una costumbre típica como algo nuevo y se sorprendía tal como si fuese un niño. Su niño explorador, como adoraba clasificarlo. Por otro lado estuvo satisfecha tanto por la comida como por el hecho de que el tigre no abandonaría su práctica, llegaría tarde a verla pero a ella le importaba que vaya… porque no quería ser conocida como la esposa de un hombre que no va a trabajar. Su altivez la obligaba a no pasar vergüenza de ningún tipo, y cuando sucedía tardaba días en recuperarse: del ridículo pocas veces uno se sale. Así de exigente podía llegar a ser la castaña. Y a su vez, tal como le dejó en claro, también quería que vaya a su práctica de sparring porque no deseaba que se sintiera atado por la nueva familia que tenía, y no era por algo puramente suyo sino que ya ha vivido eso con sus propios padres y no quería volverlo a pasar dos veces por lo mismo… aún recuerda los reproches que Edward le dirigía a Evelyn cuando estaba cansado por todos los líos de la casa y no quería ir al trabajo. Eso que apenas tuvo un solo hijo. Una niña. Ella. No queriendo rememorar más eso se concentró mejor en las caricias que el birmano le proporcionaba bajo la ligera manta, una vez que aceptó quedarse, Jessica respiró más tranquila tal como si le hubieran quitado un enorme peso de encima. No entendía por qué los acompañantes debían irse, ¿acaso no estaba recomendada la contención allí? pero no por enfermeras, Holtzmann no quería a ningún personal médico solo quería a su maldita pareja a su lado. Por suerte el híbrido fue persuasivo y convenció a los demás para que se quedara, después de todo aquella mujer fue la única en el día que necesitó una cesárea de urgencia, era madre primeriza, ya bastante nerviosa se había puesto hace horas y realizó un pequeño desastre en el cuarto, además de haber tenido un accidente con un hombre que no lograron identificar nunca. Haciendo una excepción, decidieron que el esclavo se quedara a su lado para al menos hacerle compañía y controlarla. Era él, y no su esposo, quien la tenía entre sus brazos para contenerla con éxito. Por supuesto que por la ventana visualizaron que el birmano se quitó algunas prendas para recostarse mejor con la castaña, de no ser por las empleadas más experimentadas que las espantaron para esparcirlas aquel grupo de jóvenes enfermeras se hubiera quedado allí para ver lo que sucedía después. Además más de una se mostró muy interesada en ese esclavo al verlo físicamente atractivo desde que subió a maternidad.

El cuarto estaba en silencio, apenas una tenue luz blanca alumbraba la camilla donde la pareja se abrazaba y se besaba con vehemencia. Holtzmann hubiera sido más fiera de poder moverse más, pero solamente alcanzaba a mimarlo con sus brazos y mover la pierna que tenía encima de él cuando alcazaba su boca para besarlo con cierta delicadeza y calidez. Claro que se oía los morbosos sonidos de sus besos húmedos, de sus expresiones, de los alaridos casi orgásmicos de la castaña cuando el tigre besaba su cuello y el rechinido de la cama por el gran peso que tenía encima que además de ser pesado se movía suavemente. Por suerte era muy resistente, para eso fue construida. En medio de aquel acto Jessica recibió una propuesta que no rechazó, escogió darse un baño, necesitaba una ducha caliente para dormir toda la noche y quizás roncar. Estaba muy cansada. A punto de abrir la boca para contestar escuchó un gorgoteo a su lado, gimoteos silenciosos y movimientos algo bruscos —… Solo dámelos si no sabes hacerlo.— le advirtió luego de que besara su frente para ponerse de pie. Jessica se consideraba muy lista y preparada para eso, se había informado tanto al respecto que, apenas le tocó cambiar a Ran, quedó comprobado que en verdad sabía qué hacer. Usó una compresa húmeda para limpiar y luego una compresa seca para eliminar toda la humedad. Luego le colocó una crema especial para hidratar su piel, y listo. No tardó nada, y por suerte Ran no se retorcía y se dejaba… cosa que no podía decir de Aaron ya que le estaba dando bastante trabajo a Nebiri —No le sostengas fuerte las piernas, birmano. Sé más natural ¿quieres?— refunfuñó mirando las maniobras ajenas. Ella le iba indicando exactamente qué hacer, y luego de que la madre se entrometiera por fin el niño se quedó quieto y se dejó cambiar con sencillez. No usaban pañales descartables sino de tejido 100% de poliéster, liviano y de fácil secado y lavado, estos mantenían la piel seca dejando pasar la humedad hacia el interior del pañal. Sí, Jessica los cuidaría como nunca antes ha cuidado a nadie alguna vez, no permitiría que nada los moleste y aunque era más trabajoso tener pañales ecológicos a ella ni al híbrido le importaba. Ella ya le había dicho una vez a ese hombre: quizás esos niños sean la única posibilidad de ser madre que tenga, más sabiendo en ese momento lo de su pelvis, por lo que los cuidaría bien. Ambos pudieron descansar nuevamente cuando los mellizos volvían a dormirse de apoco, ya con todas las sobras en la basura por fin relució lo que estaba pensando —Es más fácil de lo que creí. No entiendo por qué mi padre hacía tanto escándalo conmigo.— … quizás habría que darle un golpe para que dejara de meter a su padre, pero le era imposible ya que… por más que lo odiara, ese era el hombre con el que compartió más de la mitad de su vida. Por suerte no estaba viendo a Edward en Nebiri, esperaba que eso jamás sucediese. Miró a la cuna estando sentada y con las manos juntas sobre su regazo —Sostén a mi hijo con dulzura la próxima vez que lo cambies o te rasguño los huevos.— tenía todo el derecho del mundo de amenazar al macho cuando hacía algo mal ¿cierto? —Sí… quizás por el cansancio no los oiga llorar por la noche, acércamelos y ya sabes lo que debes hacer.— si es que no se despertaba, bien, el birmano tendría que retirarle las prendas para que los cachorros lactaran. Escuchó de nuevo las opciones que el tigre le daba y sonrió, pero antes de voltear por su cuenta él mismo lo hizo cuando la agarró de las mejillas para besarla —¡Shh! no hagas ruidos, no es fácil que los bebés se duerman…— en ese momento tuvo un alto, algo ahí no era del todo verdad —Bueno… estos creo que sí. Es decir, están durmiendo cada treinta minutos, ¿es eso normal?— claro que lo era y los médicos podrían asegurárselo, los recién nacidos duermen casi todo el día… un dato que a ella se le escabulló.

Despacio, sin aviso previo, se tumbó lentamente de lado en la cama dejando caer suavemente las piernas al suelo —Llévame hasta la puerta del baño.— se destapó y, con más cautela, una vez que puso las manos en el borde del colchón logró sentarse sin hacer fuerza con el vientre. Aunque las grapas estaban bien puestas y su abdomen bien vendado no debía hacer fuerza con su estómago para nada. Esperó que el tigre se pusiera de su lado para usarlo de soporte —Agh, esto es horrible.— se quejaba una y otra vez a la par que logró ponerse de pie y caminaba a paso lento hacia el baño aferrándose con todas sus fuerzas a su pareja —Solo… déjame aquí. Yo puedo sola.— apenas la dejó en la puerta ella por sí sola entró y la cerró, pero dejó un poco entreabierto por las dudas de que tuviera un patético accidente… diablos, era horrible que el cuerpo no funcionara como debería hacerlo. Allí tenía su cepillo de dientes, pasta e hilo dental, su cepillo especial para su cabello y diferentes cremas para su cabello. Nebiri vería entonces por qué el bolso que trajeron pesaba condenadamente tanto. Primero se preocupó por su aseo del rostro y el bucal, era muy quisquillosa con esas cosas, lo único que no podía hacer era borrarse ese pequeño rastro de ojeras. Mientras se cepillaba mirándose al espejo pensaba en lo difícil que era mantenerse de pie sin ejercer peso a su estómago, no tanto al menos, no quería que uno de sus puntos saltara. Se oía cada ruido que hacía en el baño, y por fin se dignó a hablar mientras se cepillaba el cabello —Nebiri, quítate la ropa. Vamos a darnos una ducha juntos.— mandó sin ganas de aceptar un 'no' o un 'quizás mañana' como respuesta, sabía que el birmano era capaz de cambiar de opinión al ver lo difícil que fue para ella el solo pararse y caminar, pero si él se metía en la ducha con ella al menos tendría en dónde aferrarse y a la vez él la sostendría a ella —Vamos querido no tengo mucho tiempo. Nadie sabe cuándo los cachorros se despertarán con hambre.— la hembra tenía que estar con sus crías todo el tiempo en esa temprana etapa, donde los mininos eran impredecibles y demandantes. Desnudarse para ella fue sencillo, solamente debía bajarse la bata por completo y ésta cayó tal como una pesada toalla —Vamos, prende el agua.— ordenó mientras se sentaba en la tapa del wc. Mientras tanto se quitaba las vendas lentamente, su estómago estaba un poco hinchado pareciendo que tenía veinte semanas de embarazo aún, pero pronto esa hinchazón se le bajaría con el correr de los días. Podía ver las grapas alineadas en forma horizontal… sí, aquellas le dejarán una gran cicatriz de por vida. Claro que pidió ayuda para levantarse al oír el agua correr, apenas sus manos rodearon el cuello del birmano ella guió una mano a su cintura para poder bajarse la braga, lo único que aún la vestía, pero tenía miedo de moverse mal y obviamente no podía agacharse ni un poco —Tks… no te quedes parado ahí, ayúdame.— detestaba no poder hacer esas cosas, y por un tiempo necesitaría la ayuda de otros por lo que resopló de rabia. El tigre debería ser bastante paciente con ella. Y quizás estaba de más decirlo pero el corazón de la castaña se aceleró un poco cuando lentamente le bajaba su prenda íntima, quedar frente a frente luego de eso fue algo incómodo pero no molesto —… Vamos.— guiarla hasta la ducha era lo último. Para ser un hospital el baño era sumamente pulcro, limpio y ordenado. La ducha era un cubículo con mamparas de vidrio más una regadera ancha encima. Al principio fue una sensación extraña depender más de lo habitual de aquel híbrido, pero pronto terminó por acostumbrarse.

Desde que no eran 'nada', hace mucho tiempo, incluso así aseaban juntos en la tina de su laboratorio. Los dos sabían muy bien cómo tratarse.

—¡Agárrame bien, tonto!, ¡vas a hacer que me caiga!— por supuesto que los gritos e insultos no faltaban allí, aunque curiosamente Jessica lo hacía en voz baja para no despertar a los bebés. Le era increíble que ahora deba preocuparse por eso. Pero interesante. Por supuesto que enjabonarse fue más complicado que lavarse el cabello, en algunas ocasiones no coordinaba bien y casi cae sentada… pero, muchas de esas veces ella se rió por lo cómico de la situación. Era mejor que amargarse e insultar. Además le parecía divertido las acciones del tigre para sostenerla sea como sea. Pero lo apreciaba, y se lo demostraba con rápidos besos en las mejillas —Tú no tocarás a los cachorros para darles un baño. Eres muy bruto y descuidado.— por supuesto que esos besos venían con veneno, para no perder la costumbre —Y si ellos son brutos e ignorantes es gracias a ti, campesino.— tuvo un alto en ese instante, solo parar mirar el brillo zafiro en los ojos del birmano. Su propio cabello le llegaba casi hasta la cintura estando completamente lacio por el agua, un manto castaño sin ninguna ondulación o enredo, se llevó los mechones que cubrían su rostro detrás de las orejas. Pasó a relamerse los labios con lentitud para luego morderse delicadamente el inferior —¿Me oíste, treinta y siete?...— y el silencio que actuó como cómplice luego de eso fue suficiente para que se arrimara más a él y lo besara con dulzura primero, chupándole los labios cada tanto, pero después se volvió un poco más insistente así que lo rodeó con los brazos para sellar sus labios con ímpetu  dejándole poco espacio para que hablara o protestara —Mmn… Nebiri… mi-mi… mi tigre de felpa…— ella también hablaba entrecortada cada vez que se separaba tan solo un poco. Hacía mucho tiempo que no lo besaba así por obvias razones, se refregaba contra él y sus manos acariciaban su espalda con su tacto aterciopelado y sincero Mi tigre de felpa… susurraba al bajar a su cuello para besarlo y chuparlo justo allí.

Los pasos de una enfermera de edad mayor se hacía oír en los pasillos, hacía su ronda normal con una linterna porque no quería molestar a las madres que dormían ni mucho menos despertar a ningún bebé. Espiaba las ventanas, cuarto por cuarto, asegurándose de que todo estuviera en orden.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Nov 01, 2017 11:02 pm



ALREDEDOR DE AS 10:30PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU WANT TO LOVER HER THAT NIGHT, TIGER
Mientras que Ran se dejó cambiar el pañal pacíficamente, Aaron le dio algunos problemas. Movía sus piernas, las apretaba cada tanto, le miraba con curiosidad y el muy pillo parecía disfrutar ver a su padre peleando, Nebiri no fue del todo diestro por miedo a dañarlo y por suerte Jessica le ayudó y enseñó cómo hacerlo de manera más eficaz. Lección aprendida, el tigre sabría hacerlo mejor la siguiente vez, después de todo, el birmano ha demostrado tener una capacidad de aprendizaje muy alta, su esposa podía dar fe de ello. Mención aparte, qué mejor incentivo a mejorar que la promesa de que sus bolas se verían comprometidas si no trataba con gentileza a los mellizos... Hasta el momento, Jessica nunca le ha lastimado los genitales salvo aquella vez donde tuvieron sexo en la playa y ella lo apretó un poco más. Fuera de ello, todos eran eficientes amenazas que el tigre no quería llegaran al siguiente escalón. Aun así, el felino confiaba ciegamente en Jessica y sabía que ella nunca lo lastimaría seriamente a propósito, lo del jarrón fue culpa del estrés y ya habían cerrado ese tema desde hacía un rato atrás. Le gruñó ante la amenaza pero la sonrisa casi de inmediato le regresó al rostro cuando ella aceptó tomar una ducha, tenía que ayudarla, desde luego, notó que ella apenas si podía ponerse de pie por sí misma. Estaba recién operada y aunque no era como hace cincuenta o cien años en cuanto a avances médicos, el cuerpo humano aun se tomaba su tiempo para sanar. Era increíble, pese a todo, que Jessica pudiera moverse de esa manera. Corrió a auxiliarla y le ayudó a andar hasta el cuarto de baño que estaba a unos pocos metros de distancia de la cama. Confiaba en que los bebés dormirían un largo rato, eran bebés después de todo y si les daba hambre durante la noche simplemente los acercaría a Jessica como ella quedó de acuerdo.

Yo te sujeto bien, mujer —siendo él bastante fuerte no tenía problema en ayudarla a andar. Jessica pidió entrar al cuarto de baño y el birmano se quedó cerca de ella por si lo necesitaba. Se quejaba, seguramente debía dolerle bastante. Aun no veía su operación, pero no sabía qué tanto podía dolerle, el birmano no sentía el dolor de Jessica, ambos habían pasado por distintos dolores en su vida y uno no se comparaba al otro. Lo único que le quedaba hacer era estar cerca por si lo necesitaba. Su esposa se lavaba los dientes mientras el birmano aprovechó para orinar, no era raro que usaran el baño a la vez, que se acicalaran juntos al menos hasta que Jessica estaba tan malhumorada por su embarazo que tampoco lo quería en el baño. Al parecer volverían a esa rutina una vez más. De pronto, sin esperarlo en realidad ella le pidió entrar a la ducha con ella. Un sonriente tigre ni siquiera lo pensó, se quitó las pocas prendas que tenía encima y dejó todo sobre la tapa de retrete. Sonriente, fue a abrir las llaves del agua y a templar el agua mientras ella se retiraba fácilmente la bata, solo tenía su ropa interior y esa venda en su cuerpo. Justo cuando Jessica retiró la venda pudo ver la marca en su bajo vientre. una linea horizontal no muy grande, las grapas cerrando. Estaba inflamada aun, pero para eso era la venda, para que todo regresara a su sitio con el paso del tiempo. Desconocía cuánto, pero ella estaría bien con descanso, comida y mucho cariño, y hablando de cariño, la sostuvo apenas pudo bajo el agua y era gracioso cómo ella le gritaba y el birmano le respondía—. Ya voy, mujer, no me jodas, comenzaré a lavarte —también era gracioso discutir en baja voz. Con una mano la sujetó y con la otra comenzó a lavarle la espalda y de la cintura hacia abajo, también al frente como era debido y tuvo bastante cuidado con sus pechos, debían seguir sensibles seguramente, quizá no tanto como antes, pero debía tener cuidado con sus pechos, Ran y Aaron se alimentaban ahí. Estaba contento de mojarse también, lo necesitaba, y qué mejor que lavarse al fin frente a frente con su esposa—. No te voy a dejar caer, ya te lo dije —le dijo suave, entre gruñidos mientras lamía sus orejas por mero instinto para limpiarla.

Parecían torpes ambos en ese momento, pero era como una especie de jugueteo, él no la dejaba caer aunque a momentos pareciera perder el equilibrio. Sonreír en todo momento pese a sus regaño y no le sorprendió que ella le prohibiera bañar a los cachorros. Sus manos eran grandes, podría sujetarlos bien, o eso pensaba el tigre. Los niños olían a limpio de momento, las enfermeras los asearon ni bien nacieron. Eso sí, además de sus aromas propios, tenían bien marcado el aroma de Jessica. El tigre seguía pensando en que era capaz de bañar a los niños, y luego de que ella le recordó que era un bruto salvaje, su tono de voz cambió... Conocía ese tono de voz, esa dulce modulación que hacía que cada vello de su cuerpo se erizara. Tragó saliva durante el silencio luego de escuchar que lo llamaba por su número de esclavo. Vio los hermosos ojos de Jessica, su coloración celeste que brillaba bajo la iluminación pálida del baño. Los besos no se hicieron esperar, Nebiri cerró los ojos y se dejó llevar por ese inesperado beso. La sujetó bien por la cintura para asegurarla contra su cuerpo. Aunque habían estado piel a piel por esos largos minutos mientras Jessica era aseada, no fue si no hasta los besos que el instinto del tigre se encendió de intensa manera. La castaña se separaba brevemente para llamarlo "tigre de felpa", uno de los apodos favoritos del tigre y que en serio le prendían el pecho cuando Jessica lo decía con ese tono de voz.

Jessica —jadeó el tigre cuando ella le besó el cuello. Sin querer soltó un profundo gemido y ya su hombría comenzaba a endurecerse contra el cuerpo de su esposa, específicamente contra la intimidad de su esposa y sin tener control de su cuerpo en ese momento, movió la cadera solo para rozarse con ella. Para sentirla un poco más. Sabía que en ese momento no podían llegar muy lejos, la californiana seguía delicada, pero eso no evitaba que ella dejara salir todo lo que por meses incluso no pudo decir o hacer con su esposo. La mecha seguía encendida, siempre ha estado encendida entre ambos, solamente estuvo guardada mientras los niños llegaban al mundo. Ninguno de los dos había perdido la chispa ni el deseo mutuo y esos besos lo estaban demostrando. Nebiri comenzó a acariciar la espalda y caderas de su esposa, un poco su trasero mientras se rozaban en suave meneo. No percibió que la enfermera que hacía la ronda se asomó al cuarto por la ventanilla y no vio a ninguno de los dos, ni a la paciente ni a la esclavo en ese momento. Tocó y abrió la puerta, llamando ahora sí la atención de las sensibles orejas de tigre. La enfermera escuchó el agua correr, la puerta semiabierta del baño pero ellos dos no estaban a la vista.

Holtzmann, ¿se encuentra usted bien? —preguntó la mujer mayor, haciendo que Nebiri respingara.

Ah... Ella están bien, le estoy ayudando a ducharse —respondió el tigre y su esposa en ningún momento dejaba de hacer maldades sobre su piel, así que el tigre la tenía complicada para poder responder adecuadamente a la enfermera.

Por favor, no olvide colocar bien el vendaje de su cintura, usen jabón neutro en su herida, el jabón esta ahí —indicaba la paciente enfermera.

Yo —tuvo que apretar los dientes, Jessica siempre solía aprovechar para meter en líos a su esposo y ponerlo incómodo. El ser casi atrapados desnudos bajo el agua era bastante excitante, peligroso en cierta forma porque podrían correrlo del hospital. La vez que tuvieron sexo en el baño del Res Ribbon no fue precisamente peligrosa porque era un bar donde no vendían moral precisamente, así que no contaba... Al fin lo estaban "haciendo" en el hospital, les había quedado pendiente una vez cuando ambos estaban en cama, Nebiri herido y ella reponiéndose. Al parecer al final casi lo habían logrado—... Entendido, la vendaré bien, si necesito ayuda le llamaré.

De acuerdo, muchacho —la mujer le tenía cariño de vista al leal esclavo y no quería llamarlo "esclavo" y tampoco "37". que era como solían llamarlo los demás—. ¿Seguro que no quieres que te ayude ahí dentro? —y dio unos pasos más al baño. Nebiri escuchó eso y entró en gracioso pánico, a comparación de su malvada esposa.

¡Yo puedo...! —no gritó, pero sí estaba cómicamente apurado—... Yo puedo... No... No se preocupe —su esposa no estaba siendo de ayuda en ese momento, sabía que lo disfrutaba—... Muchas gracias, yo... Yo me encargo de ella... Ah —casi gime, pero aguantó como el macho que era.

De acuerdo, vigila bien su sueño, muchacho —su siguiente despedida fue para la cansada madre—. Holtzmann, descanse bien —y finalmente la enfermera se retiró cerrando la puerta.

Nebiri soltó un suspiro de alivio, pero fue breve, su esposa la estaba pasando bastante bien a costa de su esposo y éste claro que se lo iba a reprochar... Pero después de besarla. Sujetándola bien con un brazo, tomó su mejilla con la mano libre y la besó de manera profunda, emocionada, encendida y posesiva. El tigre estaba encendido y lleno de su esposa como hacía tiempo no lo estaba. Luego del beso le gruñó, le bufó un poco y parecía estar a punto de reprocharle "las bromas" con la enfermera cerca, pero... No lo hizo, desde luego.

... Te amo, mujer... Te amo, maldición —decía contra sus labios—... Casi nos descubre —rió entre suaves jadeos, claro que seguía rozándose con mucha suavidad contra su cuerpo, no presionaba el vientre de Jessica ni tampoco sobre su herida. Sobretodo en esos momento eran increíblemente cuidadoso—. ¿Qué tienes en mente, Jessic Holtzmann? —preguntó con un tono cómplice, volvió a besarla tomando el control de ese breve pero intenso beso. Usó su áspera lengua dentro de la boca de Jessica, acariciaba a su homónima y gemía suave entre el beso, gruñía desde su pecho por culpa de la encendida pasión. La sujetaba bien en todo momento, el jabón ya había abandonado el cuerpo de su mujer y solo el agua los tenía pegados—. ¿Qué quieres que haga tu tigre por ti? ¿Qué quieres que haga para ti, mujer? —le miraba a los ojos a momentos, perdiéndose en ellos—. Me encanta cuando tus ojos brillan así... ¿Sabes? Ya te he dicho que eres hermosa... Siempre lo has sido, demonios... Pero cuando entré al cuarto con tus regalos, te vi con los niños en brazos, entraba un poco de luz de la ventana... Te veías... Diablos... Te veías divina, mujer, te veías más hermosa que nunca, me dejaste sin poder pensar, solo pude verte. Siempre logras verte bien, siempre logras verte mejor, tu imagen sigue en mi cabeza...

Tan ensimismado quedó que ni siquiera se le ocurrió tomar una foto de ella en ese momento, tenía su móvil, pudo haberle tomado una foto, pero no pudo. Y aunque lo hubiera recordado, no habría querido compartir esa imagen, la hubiera querido para sí mismo, solo para sus ojos. Estaba mal acostumbrado a ser el único testigo de los milagros de esa diosa de cabellos de miel, quería ser el único que la viera así. La diosa y sus hijos, sus hermosos hijos.

Tu esclavo ya está a tus órdenes, ¿lo sientes? —claro que hablaba de su hombría despierta y pulsando entre los muslos de su esposa. No podrían concretar el acto según él sabía, pero le daba igual lo que hicieran, solo quería sentirla. Además, no sería la primera vez que hacían el amor sin penetración—. Extrañaba abrazarte de frente, mujer...



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Vie Nov 03, 2017 10:11 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por supuesto que Holtzmann sabía que no podía realizar ningún acto sexual con su pareja, todas requerían de toda la voluntad de la mujer pero ésta misma ni siquiera podía pararse mucho tiempo por su propia cuenta. Se aferraba al tigre porque era más cómodo, no porque las piernas no le respondieran, aun sabiendo que jalarle la cola a ese animal era malo ella lo hizo igual. Su deseo sexual estaba opacado, no era lo que tenía en mente pero algo dentro de sí la empujó a realizar esas pequeñas demostraciones de afecto las cuales sabía que endurecerían al miembro del birmano por más que solo lo atacara a punta de besos. Lo siguió haciendo, ahora ya participando los dos en aquel desliz dentro de aquel simple cubículo. Cerró los ojos cuando él deslizaba su mano desde la espalda hasta su trasero, un casi silencioso gemido salió de sus carnosos labios a la vez que le ponía una mano en el pecho, allí pudo ver algunas cicatrices en el híbrido de las cuales nunca se ha percatado antes  —… ¿Esto es de la pelea de ayer?...— su dedo recorrió un amplio arañazo que iba desde el torso hasta la altura del ombligo —Nunca puedo ver tus heridas. Desde hace mucho tiempo que no lo hago.— hace mucho tiempo que no se duchaban juntos, que no compartían otra actividad en la cama más que dormir, que no veía detalles en el torso desnudo de Nebiri porque su mente divagaba en otras cosas, ¿cómo era eso posible? Jessica lo ha descuidado mucho, sabe perfectamente que no le brindó casi nada de atención, lo ahuyentaba y se peleaba más a menudo, quizás por esa razón buscaba tener un poco de intimidad que le debía al pobre esclavo que tanto la ha soportado. Cerca de cinco minutos estuvieron explorando sus cuerpos, dejaba que él se frotaba contra ella a su gusto mientras que no sintiera ninguna molestia, en algún momento sonrió al sentir un cosquilleo en su estómago que iba a su cabeza, claramente el tigre despertaba esa chispa en la castaña pero estando en eso ambos tuvieron la mala fortuna de percibir una voz detrás de la puerta del baño. ¿Mala fortuna?, era una forma de decirlo. La inventora ahogó su risa cuando bajó la vista a la hombría ajena, pues cuando la enfermera habló percibió y vio que los testículos se fruncieron y el lindo pene de su esposo se asustó. Aunque la mujer le hablaba directamente a ella, tuvo la inocente maldad de no responder para dejar que el birmano se las ingeniera, además tenía su boca ocupada chupando y lamiendo su piel hasta incluso darle rápidos besos en las mejillas y leves mordiscos en el cuello. Por su puesto que la mujer realizaba su trabajo, no se la podía echar de allí hasta asegurarse de que la paciente se encontrara cómoda y que su esclavo sepa los pasos a seguir.

¿Asustada?, ¡disfrutaba ese momento!, verlo enojado y nervioso eran las personalidades favoritas de la castaña, no sabía ni siquiera si le importaría que la mujer abra la puerta, solo disfrutaba de las caricias que le proporcionaba al luchador mientras de apoco aquella hombría volvía a su posición normal una vez que al parecer había cogido confianza. Se lo preguntaría más tarde, pero presentía que al tigre le gustaba esa situación.

Los pasos de la enfermera acercarse alteraron a Nebiri que al parecer buscó alguna respuesta en el soberbio rostro de Jessica, encontrándose con una malvada pero coqueta sonrisa más una sugerente mirada indicando claramente que se las debía arreglar él solo. Quería verlo. Y claro que lo hizo, no esperaba otra cosa más que intentara detenerla hablando atropelladamente haciéndole saber que todo estaba bien —Ahhhh…— no lo pudo contener, segundos después de que él gimiera ella hizo lo mismo tomándola de sorpresa aquella leve descarga de placer, pues la virilidad de Nebiri presionó bastante el botón rosado de Jessica y eso provocó todo. Un punto ganó el tigre al gemir y que la enfermera no se diera cuenta. Pronto aquella empleada se despidió de la paciente pero Holtzmann no respondió, solo se enfocaba en el rostro de su esposo que ya podía respirar en paz. Inclusos sus apéndices animales volvieron a mostrarse en alto. No pudo dedicarle ni una palabra luego de eso porque rápidamente la tomó del rostro para sellarle la boca, presionó su cuerpo pero al menos tuvo delicadeza al hacerlo, nada le estaba doliendo —Hahaha… tu pene se asustó.— sí, iba a dedicarle un par de comentarios molestos porque así era ella, y se había divertido mucho como para dejarlo pasar y ya —Tus pobres testículos parecían pasas de uvas.— eso era lo que tenía en mente, de alguna manera disfrutaba la vergüenza del otro —Mm… y yo que creía que mi tigre no le tenía miedo a nada…— fue suficiente. Relamió sus labios cuando vio venir aquel apasionado beso que poco aire les dejaba en los pulmones, Jessica movió poco las caderas por lo que el birmano se hacía cargo de todo lo demás. La áspera lengua de Nebiri siempre le ha encantado, aprendió a entrelazarla con la suya propia para que cuando se separaran emitiera un húmedo sonido haciendo de eso un acto que le encantaba repetir —Nebiri… Nebiri…— no quería separar su boca de él, por lo que hablaba como podía cuando sus labios encontraban algún espacio libre —Nebiri… tigre…— y cuando por fin la soltó tomó una gran bocanada de aire. Sus labios quedaron más rojos de lo normal, y la zona de la piel alrededor de su boca se adornaba de un fuerte color sonrojado. Efectivamente la había presionado tanto, lamido y chupado tan fuerte que la marcó. Relamía los pocos rastros de saliva ajena que quedaba en su boca mientras lo miraba con los ojos encendidos, bien abiertos y llenos de vida con un singular brillo que aunque no centelleaban como los orbes ajenos al menos su celeste cielo se hacía notar —¿Enserio?...— ¿sus ojos brillaban?, no era un dato que tuviera en cuenta, pero esas confesiones que muchos catalogarían como anticuadas Holtzmann las tomaba de manera tierna, claro que no era una mujer romántica y solo era así en aquel momento porque estaba enamorada de él.

Lo oía prestándole toda su atención, solo a Nebiri, le rodeaba el cuello con los brazos dejando escasos centímetros de separación, y cuando su boca paró de subirle el ego lo besó con fuerza pero a la vez usando toda su dulzura y calidez. Quizás corrieron largos minutos cuando lo soltó y lo dejó respirar.

Embelesada, asintió cuando le preguntó si podía sentir su virilidad palpitar en sus muslos, echaba de menos eso, como también poder abrazarse enteramente. Así lo hizo ella, lo abrazó por completo abarcando todo su cuerpo y hundiendo la cabeza en su hombro —Chit… pa… de…— susurró con un tono casi inaudible, y por eso levantó la cabeza para pegar sus labios al oído ajeno con tal de repetir lo mismo pero con el idioma oficial y más conocido por la californiana —Te amo…—  se sintió bien al decirlo, por esa razón lo repetía varias veces más mientras bajaba le acariciaba la espalda con dulzura —Te amo… te amo… te amo, Nebiri, te amo…— en un momento llegó hasta la base donde su cola animal comenzaba, no dudó en tomarla y recorrer esa peluda extremidad con el mismo cuidado que siempre lo hacía —Vamos, yo sé que tienes miedo de tocarme… no pasará nada…— mientras que estaba ocupada en jugar tiernamente con la verdadera cola del tigre, con su brazo libre le tomó la mano y la pegó a su seno derecho —¿Cómo esperas tener cuidado con los cachorros si no puedes hacerlo ni siquiera con tu propia hembra?— lo animaba a que la masajeara a un ritmo suave pero constante, sus senos habían crecido dos veces más por lo que era como amasar una cálida, blanda y frágil masa, no lo iba a culpar si algunas gotas de la comida de los niños se derramaba, ella tenía el tanque lleno —Mmmm, ah, Nebiri… eres un puerco…— por supuesto que sonrió al decirlo, apenas contenía los gemidos mientras él seguía refregándose contra ella —¿C-ómo puedes… querer hacerlo… aquí? ahhh… tigre, a-acabé de, dar a luz… a tus hijos… e-eres falto de moral…. y modales…— aunque haya sido ella quien lo provocó, la inventora sabía perfectamente que a él no le costaba nada articular un 'no' como respuesta. Pero no lo hizo. Y eso le gustaba de él también, aunque a veces la sacaba de quicio, su lado salvaje le ha atraído desde el primer momento, donde hablaba su instinto y no su maldita mente —Pero siempre fuiste… así ¡ah! ngm… Nebiri… a veces tu vulgaridad es… atractiva.— justo como en ese momento —… Tigre.— lo forzó a detenerse, ella mismo le soltó la cola para mirarlo fijamente a los ojos —Eres una dulzura.— nunca se había referido a él con ese apodo, era nuevo, y dejó que reaccionara como quería. Lentamente caminó hasta quedar frente a una de las mamparas de vidrio, apoyó sus dos manos allí y sin más elevó un poco el trasero para ofrecérselo —Lo necesitas más que yo. Solo… pasa tu brazo por aquí.— se sentía más segura si la sostenía por debajo de sus senos, allí tendría más soporte. Solo bastaría con que se masturbara con sus suaves glúteos simulando el acto de penetración queriendo así satisfacerlo.

Por otro lado la enfermera de mayor edad siguió con su recorrido habitual, pero no sin antes pedirle a una de sus compañeras que le llevara un camisón que ayudaría mejor a la inventora con los bebés, pues tenía un compartimiento que con solo desabrochar un par de botones podía liberar sus senos para amamantar. También vendas nuevas, y una almohada más de plumas que le sería más cómodo para su espalda. La enfermera que le pidió hacer ese mandado rondaba los cuarenta años, tenía el cabello corto y oscuro, usaba lentes, no era muy alta pero tenía aspecto fornido. Al llegar al cuarto de la californiana entró sin pudor, sonrió a los niños que dormían dulcemente chupándose cada uno una mano. Al parecer luego seguirían la pelea por aquel oso de felpa. Sin embargo toda su paz interna se interrumpió cuando oyó un pequeño escándalo proveniente del baño, un ruido que provocaba Jessica al hacer temblar la mampara de vidrio con sus manos. Preocupada especialmente por la paciente fue hasta la puerta para abrirla pausadamente, y lo que vio la sorprendió tanto que la hizo tirar todo lo que tenía entre sus manos —¡Tigre! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡aaaaaahhhh!— la piel erizada de la castaña revelaba lo bien que se sentía, quizás no tanto para tener un orgasmo ¡vamos! estaba recién operada, pero aquella muestra carnal la hacía sentir muy bien. La enfermera se cubrió la boca al ver de manera borrosa la figura de la mujer con alguien dentro de aquel cubículo, se veía las palmas de las manos y los senos apretando el vidrio casi cruelmente y su castaño cabello cubriendo sus hombros —Mmm siempre eres tan sabroso… me encantas… ¡me encantas mucho! ¡MMMM! ¡ahmmm!— por supuesto que los gemidos eran tapados por el conjunto de morbosos sonidos que provocaban el choque de sus cuerpos acompañados por el agua que acentuaban su roce de pieles. De estar sorprendida pasó a enfadarse, miró con mala cara al dúo y se llevó las manos a la cadera para negar suavemente con la cabeza, ¿acaso estaban locos? no podía creer lo que estaba viendo.

Por su lado, la inventora estaba pasando un buen momento y quizás por eso no paraba de sonreír, sus labios formaban una sensual curvatura rojiza y carnosa mientras sentía la dura virilidad de su esposo pulsar entre sus glúteos —Mmm… dulzura… eres mi tigre favorito ¿sabes?, me encantas tanto… vamos, campeón, hazlo más duro.— pedía que aumentara la fricción, adoraba ver que la bestia iracunda perdiera los estribos por momentos aunque no adoraría que la empujara más de la cuenta y la hiciera perder el equilibrio, lo estaba probando, quería ver qué tanto podía controlarse en ese excitante —Nebiri…— solo un momento pidió, volteó apenas para tomar su rostro mientras que la otra mano seguía pegada al vidrio —Bésame.— relamió sus labios antes de acercarse, hacer que él se acercara más a ella y darle un húmedo y tierno beso —Vamos dulzura… ¿puedo llamarte así?, ¿o es demasiado cursi para un macho como tú?— claro que a medida que él respondía, o intentaba hacerlo, Jessica le dejaba un rastro de rápidos besos en cada zona de su rostro que podía alcanzar en esa posición. No podía estirarse tanto. Esa íntima atmosfera que crearon la mantenía en paz, serena y controlado, siempre lograba formar una cápsula con el birmano donde ambos podían pasar horas y horas juntos haciendo que el tiempo volara demasiado rápido, aunque en mente Jessica tenía en cuenta que eso se acabaría pronto pues ahora en su cápsula debían integrar a dos pequeñas personas más y no podían pasar mucho tiempo ausentes de los cachorros, sobre todo ella, por lo que cada momento donde ambos podían estar juntos aunque sea un rato emocionaba mucho a la californiana  aprovecharía todo.

Hubiera deseado que durara más, pero repentinamente alguien abrió la puerta de la ducha para agarrar al pobre tigre con una fuerza sorprendente —¿¡Nebiri!?— por el vapor no pudo visualizar enseguida qué rayos sucedió, eso hasta que oyó la voz de una mujer —¿¡Qué se supone que estabas haciendo, muchacho!?— Holtzmann no la reconoció, pero una vez que el humor se disipó pudo ver justo el momento donde una enfermera le arrojaba en las partes bajas una toalla para que se cubriera —¡Acaba de tener una delicada operación, ten más respeto!— más que enojada se la notaba indignada —Nebiri.— en su intento de acercarse la enfermera la tomó por la cintura y la animó a que le rodeara el cuello para serle de soporte —Es mi esclavo, me estaba ayudando…— por supuesto que la mujer sabía quién era y todo el rollo de involucraba a la disfuncional familia, incluso sabía lo de Anthony y el hecho de que esos niños no eran sus hijos, los rumores entre empleadas corrían demasiado rápido —Sé quién es y sé lo que hacía. Pero tú no puedes hacer ese esfuerzo aún. Vamos, te ayudaré a cambiarte, ¡y tú cámbiate afuera!— le gritó por último al birmano echándolo con un gesto de mano, pero la castaña estuvo en contra de eso —¡No!, ¡quiero que esté conmigo!— estaba encaprichada por lo que hizo un además para alcanzar a Nebiri pero la robusta mujer la tomó de la muñeca —¡Claro que no!, no los volveré a dejar solos en un cuarto aislado como este.— y tenía razón, ni si quiera la castaña sabía qué diablos harían juntos si volvían a estar solos y desnudos como en ese momento —Tú vístete afuera. Tienes suerte de que soy muy considerada y no delataré este hecho, así que podrás quedarte pero con la condición de que no vuelvas a tentar a tu ama con esas cosas mientras esté en estas condiciones.— abandonó a Jessica un momento solo para empujarlo —Treinta y siete solo siguió mis órdenes. Fui yo la que le pidió tener sexo.— fue brusca pero así esperaba menguar la culpa de Nebiri, y claro que nada detuvo a la mujer para cerrar la puerta y encargarse por fin de vestir y vendar a Jessica —Entonces, si es así, usted y yo hablaremos de los cuidados que debe tener de ahora a dos o tres semanas máximo.— y al oír eso la castaña bufó y se cruzó de brazos, le esperaba una lista de regaños.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Sáb Nov 04, 2017 4:50 pm



PASADAS LAS 11PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU CAN LAUGH NOW, TIGER
Claro que el birmano casi se orinaba del susto luego de la irrupción de la enfermera. De hecho, en algún momento entre besos se fijó abajo para ver si sus testículos estaban normal, su esposa lo conocía bien y sabía lo sensible que era el tigre respecto a sus genitales. El solo imaginarse fruncido ahí abajo le causaba poca gracia al birmano a diferencia de su esposa. Aun así, ella era justa, lo dejó seguir, le permitió frotarse contra su cuerpo, le permitió besarla y lo besó de igual manera. Se besaban tanto que sentía los labios hinchados, tan fuerte que el aire se le escapaba de los pulmones y tan profundo que podía saborear la saliva de su esposa... Hacía tanto que no podían besarse así, que ella se sentía tan mal y tan sobrepasada que no quería hacer nada. Nebiri lo resentía pero no por ello la culpaba, comprendía y esperaba pacientemente, después de todo, fue la paciencia la pieza clave para que Nebiri conquistara a la mujer entre sus brazos. La paciencia en general era algo propio de los tigres, y siendo Nebiri un buen espécimen de la raza, sabía esperar horas por su presa, sabía percibir el aroma en el viento, el movimiento en sus bigotes, el sonido en el viento... Y ahora todo eso le ayudó a esperar el momento en su esposa. Esperar por ella, ¡podía hacerlo! ¿Porqué iba a enfadarse si ella cargaba a los cachorros? ¿Porqué presionarla o hacerla sentir mal cuando ella YA se sentía mal por la presión en su cintura y el peso en su espalda? Ella estaba haciendo mucho por el birmano y éste estaba al tanto de todo. Y esperar valió la pena, pues los besos le sabían mucho mejor, su saliva era la miel de su diosa y las caricias en coro con su tono de voz suave repitiendo cuánto lo amaba era sublime. Hermoso. Compensaba todo lo que ella en realidad no debía, pero igual lo aceptaba. Su dulce mujer, su amada esposa.

Te amo, mujer, te amo, te amo —repetía el birmano a la par de ella, entre labios y cuando podía. Su cadera se movía suavemente contra el cuerpo de la inventora, lo hacía suave, lo hacía rozando apenas para calmar a su despierta hombría. Ganas no le faltaban de hacer el amor con ella con todas las letras, pero no era posible aun, cada que miraba abajo podía ver esa marca de la cirugía. Hecha apenas hace pocas horas. Eso dejaría una marca, estaba seguro, pero sería una hermosa marca a parecer el tigre. Siempre lo ha pensado, no importaba qué haga o no haga, qué llevara puesto o si estaba solo con su piel, esa mujer solo sabía verse bien. A pensar del birmano, dar a luz era una batalla para una mujer, y salir de ella era una victoria. Sus bebés esperaban afuera y ellos ahí dentro podían celebrar la vitoria—. Jessica —la inventora tomó la cola del tigre que en ese momento se balanceaba felizmente de un lado a otro y la caricia lo hizo suspirar, escuchó lo que dijo y le miraba con embeleso mientras—... De... De acuerdo, te tocaré, mujer, te... Te tocaré —tragó saliva y sujetándola bien con un brazo, la mano libre la utilizó para tocar sus pechos, presionar suave y notar casi con fascinación cómo un poco de la leche escurría por su pezón. Tragó saliva. Tenía un aroma dulce. Jessica le explicó que la leche materna tenía un sabor dulce. Sus dedos se bañaron del líquido y ella comenzó a insultarlo entre todo el festival de caricias, besos y roces. Sonrió, le encantaba cuando soltaba esos embistes—... Que no soy un jodido animal de corral, mujer —respondía como a ella más le gustaba—. Eres tú quien me... Quien me provoca, mujer, sabes que... Que soy débil cuando me hablas así, carajo —se quejaba, claro, pero no por ello dejaba de atenderla, de acariciar y de mimar. Besó su cuello y se pegó un poco más a ella para buscar todo ese contacto que echó tanto de menos. Le gustaba la sensación de sus cálidos pechos contra el propio.

A cada instante se perdía más en Jessica y todo lo que le podía ofrecer en ese momento, el birmano tomaba más confianza en tomarla cuando ella le retuvo obligándolo a mirarla a los ojos. El birmano estaba agitado, perdido hasta que pudo ver los hermosos ojos de su esposa. Respiraba fuerte aun bajo el agua y escuchaba lo que ella decía. Sonrió. Tomó la posición que Jessica le indicó, la tenía contra la mampara de la ducha, tenía que ser cuidadoso, ese no era un muro firme, era una simple placa opaca que no resistiría si usaba mucha fuerza. Ella le permitiría masturbarse en su cuerpo y él no iba a negarse. La sujetó bien y comenzó a rozarse usando primero sus suaves glúteos, primero comenzó lento, suave y cuidando de no penetrarla por accidente, besaba su espalda para luego morder sus hombros y cuello. Lamía sus orejas incluso y todo mientras se entregaba poco a poco a su esposa. Los dulces gritos de su esposa sonaban como si la estuviera penetrando. A momentos su miembro resbalaba gracias a toda la humedad hacia los muslos de su esposa regalándole una íntima caricia. Aquello lo hacia gruñir, lo ponía eufórico y de a poco lo descontrolaba por culpa del placer. Tenía que volver arriba para no ir más allá de lo permitido, pero a momentos la acariciaba abajo y se quedaba ahí un rato antes de subir.

Solo podía escuchar sus lindos gemidos y acariciar todo lo que podía sin tener que soltarla. Pese a todo estaba consciente de que debía sostenerla bien y que ella estaba delicada aun. ¿Acaso alguna vez el tigre resistiría el llamado de su hembra? Solo había una respuesta: No. Nunca se negaría a ella, nunca le diría que no, siempre se entregaría a esa mujer ante la más mínima señal. ¿Cuánto tiempo estuvo frotándose contra su esposa y ama? No estaba seguro pero se sentía a punto, casi listo para terminar de un momento a otro. Sus palabras sumaban mucho al placer sensorial del birmano y lo hacía gruñir y sonreír a la par.

Puedes llamarme como quieras, mujer —dijo el birmano con sensuales gruñidos—. Bueno, menos que me llames animal del... ¡Ah!... Animal de corral o... O algo así, ¡diablos! —jadeó contra su nuca. Se sentía tan jodidamente bien que quizá no tardaría en terminar. Su miembro palpitaba y sus gruñidos eran mas intensos, estaba seguro de que Jessica podría sentir cómo latía el corazón del birmano contra su espalda. Tenía que tener cuidado, diablos, pero era complicado—. Jessica... Ah... Maldición... Yo... Voy a —apretó los dientes al sentirse casi en la cima y de pronto algo lo sacó del hechizo del golpe. Nunca lo percibió. Una mano no muy grande pero sí muy fuerte lo tomó por los hombros y lo sacó de ahí como si fuera un muñeco. No pudo percibir nada porque sus sentidos estaban concentrados en Jessica. Percató que era una enfermera y se cubrió de inmediato mientras entraba en un gracioso pánico acompañado de un sonrojo total. Tomó la toalla ni bien la enfermera se la lanzó y se cubrió—. Ah... Yo —al pobre birmano hasta el color se le fue. Un olfateo rápido bastó, esa mujer no era humana, era una zoantropo como lo fue Kurt. Se quedó ahí como niño regañado mientras la enfermera iba por Jessica para auxiliarla. Jessica discutía con la enfermera y ésta accedió a dejarlo ahí pero lo mandó a vestir afuera y eso hizo el birmano. Fue por su ropa y se secó y vistió tan pronto pudo. Del susto se le fue la erección y tenía las orejas y cola igualmente caídas. Y claro, cuando la mujer salió con Jessica ya duchada, vendada y con una nueva prenda de ropa que le ayudaría a amamantar a los bebés, el regaño siguió—. Yo... No la estaba lastimando, solo —pero la mujer le interrumpió regañándolo por insensato, el tigre sujetaba su propia cola entre sus manos en el más infantil de los gestos posibles. Nunca lo habían regañado así. A Jessica no le fue mejor, le advirtieron sobre un reposo que tenía que guardar por dos semanas al menos, pues la herida debía cerrar por dentro también y que el acto sexual estaba prohibido por mucho que los niños no nacieran por vía vaginal. Las contracciones musculares provocadas por los orgasmos podrían hacer mella en la herida y provocar que los puntos se abrieran. Regañó al tigre como si hubiera habido penetración pero no lo fue y ninguno de los dos pudo aclarar. La enfermera, como buena profesional, revisó una vez más a Jessica y claro que amenazó con regresar cada tanto a vigilarlos.

Con una última advertencia, la enfermera se retiró a seguir con su trabajo, dejando a la pareja como niños regañados, a Jessica en cama y bien arropada y al birmano en la silla junto a la cama. Ambos bien vestidos. Era la primera vez que los atrapaban y que se metían en líos por estar de perversos en sitios públicos.

Y apenas se fue, el birmano se echó a reír como si hubiera escuchado el mejor chiste de su vida. Trataba de hacerlo bajo para no despertar a los cachorros. Nebiri no resistió tomar por las mejillas a su esposa y darle un dulce beso en la frente para apaciguar todo el asunto. Claro que luego de todo eso su esposa podría culparlo por ser un fácil que no podía controlarse, pero no importaba. El birmano estaba feliz por todo, estaba feliz de confirmar que la chispa seguía encendida y que su esposa seguía deseándolo como el primer día.

Sentí que se me bajaba toda la sangre a los pies cuando nos atrapó —dijo el birmano en baja voz mientras hablaba con la castaña—. Y también sentí como si algo se me revolviera en la barriga. Me sacó un susto enorme —rió un poco más—. Esa mujer es una zoantropo, como Kurt, por eso es tan fuerte. Pude sentir su aroma y ella huele como olía Kurt —explicó con una sonrisa—. ¿Sabes? Fue... Fue emocionante, mujer —un feliz tigre volvió a besarla, pero solo besos. Después de todo la enfermera les prohibió el sexo más no los cariños, pues en algún momento de sus regaños enfatizó a la pareja que Jessica aun necesitaba atención, cuidado y "cariño" para ayudar a su metabolismo a sanar más pronto. Así que besos, abrazos y caricias estaban permitidas—. Qué bueno que no me viste el pene luego de que me sacó, mujer —o eso creía, porque perdió la erección al instante. Ni siquiera le importó no terminar, estaba contento de estar con su mujer y de incluso meterse en líos con ella—. Ya tenemos otro punto como novios, ya nos regañó un adulto por estar de descontrolados —comentó el birmano, después de todo eran novios en ese momento, ¿o no?

Nada le impidió recostarse de nuevo con ella, aunque ésta vez solo se quitó las botas y la túnica de encima, quedando en camisa. Se acomodó junto a ella mientras veía cómo funcionaba esa nueva prenda. No era difícil, solo tenía que desabotonar para mover esa pieza y sus pechos quedaran libres. Más práctico que tener que quitarse la bata o levantarla toda. Reía con ella, dejaba que le echara la culpa de lo sucedido y, como de costumbre, cuando ella le soltaba ataques él le regresaba besos. Así habían sido desde el principio y al parecer no iban a cambiar esa costumbre, después de todo, Jessica así le expresaba amor a su marido. Los bebés no despertaron quizá porque no percibieron peligro en el ambiente. Hubo alboroto pero los cachorros apenas si movieron los párpados. Estaban uno junto al otro sujetando su peluche y bien cubiertos por las pieles de tigre. Todo auguraba a que Aaron y Ran serían pequeños muy tranquilos al menos en ese aspecto, sus padres podían agradecer eso... Aunque, a decir verdad, sus padres ya eran así. Entre ellos la cosa era distinta, pero en general y en comportamiento ambos eran relativamente tranquilos. Cada uno por su cuenta era callado a donde fuera, Nebiri solo rugía en la pelea y Jessica solo agredía si se le buscaba la boca, pero en general eran callados y no se metían con nadie, el escándalo que llegaran a hacer se daba si se les provocaba, si no, llamaban la atención una por su belleza y el otro por su salvaje aspecto pero era todo. Los cachorros sí estaban sacando cosas de sus padres.

Mejor hay que dormir mujer o a la siguiente me sacan con una patada por el culo —rió el birmano y abrazó a su esposa, aunque ésta vez no se metió bajo la manta. Así, si la enfermera pasaba cerca, vería que todo estaba en orden—. Yo estaré al pendiente de los cachorros, si les da hambre yo los acerco, no te despertaré, mujer —dijo con una sonrisa enorme—. Oye, por cierto, ¿en qué momento puedes beber alcohol sin que les haga daño a los bebés? —preguntó, porque era importante para él saberlo en ese momento—. Te puedo decir que tu sorpresa es alcohol, pero no directo, escuché que no es bueno, pero —le regaló una sonrisa más grande—. Tu sorpresa es una malteada con licor. Aprendí a hacer una con licor de café, y otra con brandy y otra con bourbon. Creo que puedo prepararte la que más se te antoje, ya sé cómo hacerlas —y antes de que ella preguntara cómo, el birmano se le adelantó—. Lo vi en la computadora todas esas veces que te quedabas horas dormida, no soy tan holgazán, ¿sabes? —rió.

Y olvidando por completo que les habían reñido por pervertidos, su noche estaba terminando bien. Nebiri la animó a dormir, pero en todo momento le regalaba besos. Al amanecer tendría que salir a la nueve al centro de la ciudad a su sesión de sparring con éste boxeador, pero volvería pronto. De hecho, hasta donde sabía, Chiara aprovecharía para pasar el tiempo con Jessica en esas horas y no dejarla sola. A mencionar que la enfermera cumplió su palabra de no reportar el incidente.

Descansa, amor, hasta mañana —besó su nariz—. Solo será mañana y luego podremos volver a casa con los bebés... Será genial..

Su vida como familia completa recién estaba comenzando.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Lun Nov 06, 2017 8:43 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por supuesto que ambas mujeres discutieron una vez estando solas en el cuarto. La enfermera se sorprendía de lo prepotente que era la castaña, buscando tener la razón aun cuando no la tenía, no dudó de que ella fuera de una de esas pacientes complicadas que querían hacer lo que deseaban pensando que podían y sabían cuidarse. Pero no. Esto mismo le explicó a Holtzmann, nadie estaba preparado para los cambios que su cuerpo afrontó, mucho menos uno está preparado para una pronta curación de una cesárea al ser la primera vez que tenía hijos. Ser regañada por un ajeno siempre fue mal bienvenido pues sus superiores lo hacían todo el maldito tiempo, pero tuvo que bajar los decibeles al evaluarlo mejor y aceptar que la mujer tenía razón, que tal vez fue riesgoso tener una rápida sección de 'caricias' junto al esclavo. No importaba la excusa que pusiera, la única que actuó mal fue ella y aceptarlo fue difícil de masticar. A medida que discutían la enfermera la ayudaba a vestirse y allí se dio cuenta que tenía bastante fuerza y firmeza, era muy fuerte… debía serlo, había visto la manera en la que sacó a Nebiri de la regadera de un solo tirón sin mucho esfuerzo. Annette, como se presentó aquella empleada, se encargó también de vendar la marca de su cesárea luego de asegurarse de que no estuviera roja ni con alguna leve hinchazón, aparentemente ninguna infección la atacó por lo que todo estaba en orden en esa área. De nuevo la ayudó para salir del baño una vez que terminó de atenderla, y al abrir la puerta sintió que su paciente se le fue de las manos y vio la manera en la que Jessica se aferró fuerte al birmano en un cálido abrazo, tal como si lo hubiese extrañado mucho luego de una larga ausencia.

¿Qué podía decirle?, nada, estaba al tanto de que estaba casada con otra persona y que aquel hombre solo era el esclavo, pero esos temas no le concernían. Negó un poco ante esa escena, le era increíble que no pudiera separarlos, y mientras se dirigía a la camilla para estirar las sábanas y acomodar las almohadas se tomó la molestia de seguir regañándolos tal como si fuesen adolescentes sobrepasados por las hormonas —¡Es increíble! ustedes dos tienen mucho para aprender desde ahora. Tú, como esclavo, debes saber que ella necesita re-po-so, no que le estén sacando el aire de los pulmones y haciendo estremecer su cuerpo, ¿acaso buscas que le salten los puntos, eh?, ¿eso quieres?— por un momento Jessica rió pero se tragó su carcajada, por supuesto que Annette se dio cuenta de ello y la miró con mal rostro, no uno con mala actitud, sino uno similar al de una madre cuando su hija no comprendía lo que le decía —… Deberás controlar mejor tus hormonas, muchacho. Ya no estás con una mujer común, ahora estás a cargo de una madre.— apretó la almohada de plumas que tenía entre las manos, la acomodaba para el confort de la espalda de la inventora, pero no le sacaba la mirada al birmano porque lo estaba tratando como adulto pero a la vez como un niño que debía ser regañado —Y si ella te dice algo que tú intuyas que no es correcto, simplemente dile que NO. Solo así la ayudarás, no enfilándote para penetrarla como una bestia.— en su rango visual abarcó a ambos, mirándolos uno por uno buscando alguna señal de que ya la comprendieron.

Luego de jurar que pasaría a menudo para verificar que le prestaron atención a sus indicaciones, se fue para seguir su recorrido no sin antes ver unos segundos por la ventana, entre los orificios de las persianas semi cerradas, que no cometieran alguna estupidez. No fue así. Aunque claro, hubiera preferido que el hombre no se echara a reír. Jessica solo suspiró, aliviada de que esa mujer desapareciera, recibió con calma el beso en la frente y le echó una rápida mirada a los cachorros: seguían sumergidos en un profundo sueño. Negó un poco cuando le comentó del susto que se dio, por alguna razón ella no se asustó pero no le gustó la manera en la que esa mujer le sacó al tigre de encima —¿La sangre se te fue a los pies?, bueno, eso explicaría muchas cosas.— ¡por supuesto que le dio un vistazo rápido al pene de su esposo!, se dio cuenta que tomó reposo enseguida, y la imagen de eso la hizo sonreír mientras le pasaba el dato de que la enfermera era un zoantropo, por ese motivo tenía tanta fuerza… y ¿emocionante?, no sabe si catalogarlo así, fue entretenido y divertido, pero hubiera sido mejor si en medio de eso conseguía el orgasmo ajeno tal como se prometió a sí misma dárselo. Entre besos más eufóricos por parte del birmano se tomó su tiempo para contestar a medida que le soltaba los labios —Mn… yo, sí, sí te lo vi. Tu pene volvió a asustarse… es una pena. Pero no importa. Intentaré compensártelo en un lugar más privado, cuando me sea posible hacerlo.— le llevaría dos o tres semanas recuperarse medianamente, pero para las relaciones carnales la enferma la obligó a que pensara en considerarlas recién al mes. Aunque claro, no daba fe a que esa californiana siguiera esa indicación al pie de la letra. Sonrió respecto a ser descubiertos tal como dos pubertos que tenían una relación, y a decir verdad ambos podían dar la impresión de ser eso, pues como siempre Nebiri hacía sentir a Jessica como si tuviera quince jodidos años —Nos descubrieron porque tú gritas como una niña cuando estás a punto de eyacular.— por supuesto que no era cierto, pero le gustó decirle eso —La próxima vez ahogaré tus gemidos con mi boca, o quizás te coloque una mordaza, ¿te gusta la idea, niño explorador?— selló ese trato sin esperar respuesta dándole un cálido beso que duró largos segundos antes de que sus cuerpos exigieran un poco más de oxígeno.

Un leve bostezo le hizo recordar que había dejado de lado su necesidad de dormir para estar un poco más en compañía junto al birmano, como todo lo que tenían planeado fue interrumpido no dudó en soltarlo para recostarse nuevamente en la camilla que la enfermera se encargó de acomodarla perfectamente. Ni una sola arruga tenía la sábana. Una vez cómodamente tapada, y luego de dar un bostezo más largo, acercó un poco más la cuna de los bebés para acariciarle la mejilla con suma delicadeza a Ran, la niña aún entre sueños se lucía con una dulce sonrisa sonrosada, su mano pasó por arriba de ella para llegar al pequeño brazo de Aaron que estaba chupándose el puño: le miró la cinta que rodeaba su muñeca, en ésta estaba grabada su nombre y una serie de números. Miró su propia muñeca entonces y allí vio que ella tenía los mismos números también, por supuesto, estos servían para identificar a quiénes pertenecían esos cachorros y también se usaban para ingresar los datos en los registros. La mano del varón era tan pequeña que le dio un pasajero escalofríos en la boca del estómago, pues podía pasar el tiempo y aun así le era sorprendente que ella se haya convertido en madre. No le caía la ficha por completo. El calor de su esposo que se acomodó con ella la trajo a la realidad de nuevo, lo sentía pegado a su espalda así que se posicionó derecha para girar un poco la cabeza con tal de verlo un poco al rostro. Lo primero que hizo, en silencio, fue aflojar los botones de la parte donde sus pechos podían salir sin problema. Había visto lo curioso que era el tigre, la prenda era bastante atractiva a decir verdad, y no tuvo pudor en agarrarle la mano para posarla tiernamente en uno de sus senos —¿No te habrás orinado encima, verdad?— del susto todo podía darse, pero claro, era algo que jamás se esperaba de él por lo que simplemente lo estaba molestando —Fue muy tierno ver la manera en la que tu pene le da miedo algo, poco sensual, diría yo.— por supuesto que se sabía de memoria el truco de besarla para hacerla callar, el híbrido lo intentaba en ese momento y claro que a la castaña no le molestaba en lo absoluto. Entre tanto lo ayudaba a que masajee sus senos suavemente, llegaron a un punto donde solamente se dedicaban a devorar sus bocas emitiendo aguados sonidos y sin ninguna intención de hablar o detenerse, el corazón de Holtzmann se aceleraba más fácil últimamente… y como pocas veces sucedía, fue Nebiri quien decidió detener el acto antes de que unas simples caricias terminaran más allá.

Seguramente, pensó, le estaría haciendo caso a la enfermera respecto a no darle lo que su ama quiere si él intuía que no era adecuado. Si no hacía caso a esa advertencia, precisamente como él dijo, esa mujer le daría una patada en el trasero y debería volver a la mañana siguiente… si es que lo dejaban entrar —Ah, de acuerdo Nebiri. Gracias.— le era más cómodo que él le pasara a los niños —Y… creo que no podré tomar casi nada…— por supuesto que refunfuñó al decir eso mientras aplastaba más la cabeza contra la almohada —Ocasionalmente y muy moderado. Esa es la cantidad que puedo beber.— de la frustración se rascó la cabeza clavándose las uñas, debía controlarse aún más y le molestaba mucho ¡hace meses que no puede abrir una botella de nada que no sea agua o gaseosa!. Sin embargo lo que la sacó de su pequeño drama fue oír la sorpresa que le tenía en casa, ¿malteada con licor?, ¿cómo diablos sabía hacer eso?, de su estado de sorpresa pasó a enojarse un poco cuando le contestó en qué medio aprendió eso —¿O sea que tocaste mi laptop?, ¡odio que hagas eso!— y para demostrárselo apretó los puños y cerró los ojos fuertemente —Odio que toquen mis cosas, argh.— aún recuerda que una vez rayó la pantalla de su computadora cuando se le cayó por accidente, accidente o no, lo regañó mucho aquella vez. Pero pronto el disgusto se le pasó, no daba al caso, suspiró hondo y miró a su esposo estando sus rasgos más calmados —Ah… de acuerdo, al menos no rompiste nada. Y aprendiste a hacer algo nuevo. Eso es bueno.— en conjunto de movimientos lentos le acarició dulcemente la mejilla con el dorso de la mano —Gracias querido. Eres azúcar.— sí, se había tomado de costumbre ese apodo para el birmano hace tiempo y no era un término del que abusara.

Animada a la vez por Nebiri, Jessica volvió a abotonarse la prenda estando ya segura de que aquel hombre aprendió dónde y cómo debía tratar su ropa si en algún momento de la noche los bebés tenían hambre y ella no podía despertar. Recibió con gusto el beso en la punta de su nariz, no tardó en pegarse al cuerpo de Nebiri para sentir su calidez tal como le gustaba hacerlo en esa fría época más que nada y rápido se quedó dormida. Estaba tan cansada que no oyó todo lo que el tigre le decía, simplemente se fue. Y aunque pensó que roncaría fuerte la verdad fue que no lo hizo, estaba muy agotada pero su ronquido era el mismo, más bien pareciendo un leve ronroneo. Estando dormida daba algunos manotazos como si quisiera alcanzar algo, y cuando sus manos se encontraban con el cuerpo de Nebiri ella se acurrucaba mejor. No tenía ningún sueño, su mente estaba en paz teñida totalmente de negro, había calma en su ser y por alguna razón sentir que sus bebés estaban cerca de ella la dejaban muy tranquila. Era la primera vez que dormía sin que la patearan. No se encontraba precisamente cómoda, no podía moverse mucho, así que de vez en cuando hacía movimientos bruscos llegando a patear sin querer al tigre aunque no se daba cuenta —Nnnnm, Nebiri, mueve tu trasero…— por supuesto que en sus ratos de conciencia regañaba al tigre para que le diera más espacio —No… acércate más…— ordenaba sin abrir los ojos. No se entendía lo que quería. A decir verdad algunos calificarían como un mal gasto la enorme cama que ambos compartían en la casa del árbol porque al final siempre terminaban pegados sea en el lado que fuese, ellos no dormían del lado o izquierdo o del lado derecho por separado como todos los matrimonios normales, no, ellos dormían casi abrazados en cualquier posición, y por esa razón no se acostumbraba a dormir sin él por más que pasó años y años durmiendo completamente sola y en una cama normal… ciertamente, cuando recuerda eso, se da cuenta de que sentía algo de frío todas esas noches de soledad absoluta —Por favor Nebiri, déjame dormir, tks.— ni si quiera en sus sueños lo dejaba en paz. Tomó la mano del birmano para colocarla encima de ella buscando que le rodeara el vientre, estaban cara a cara y por un momento abrió los ojos. Lo besó en la nariz como impulso, sin explicación, solo quiso hacerlo, y volvió a acomodarse para dormir profundamente como antes.

Cerca de las cuatro de la mañana tuvo la necesidad de ir al baño. Teniendo cautela de no despertar a los bebés se separó de su esposo con cuidado para no hacerlo tampoco con él, bajarse de la camilla fue más sencillo que antes pero aun así le costaba. La luz del baño la dejó ciega unos momentos, se acercó al espejo y vio que sus ojeras de apoco desaparecían. En su reflejo vio también que su prenda, a la altura de sus senos, estaba mojada, creyó rápidamente que Nebiri le acercó a los niños cuando tuvieron hambre en algún momento de la noche… y lejos de sentirse bien la devastó el hecho de no haberlos escuchado. ¿Cómo era posible que ni siquiera se haya dado cuenta que estaban lactando o percatado de sus llantos?, creía… que era fácil. Pero no. Refregó su rostro con agua al abrir violentamente la canilla, debía comenzar a ser más atenta al respecto. No siempre iba a estar el tigre disponible. Fue más cómodo y realizable ir al baño por su cuenta, solo tardo siete minutos, estaba contenta de al menos ver que su recuperación iba bien. Soltó un gran bostezo, en verdad deseaba estar ya en la cama de nuevo, caminó lento refregándose los ojos y… un flash la alertó, un haz de luz que no había forma natural de que se formara alteró a la californiana y se apresuró en abrir la puerta: no había nadie. La imagen era simple, su esposo dormía y los bebés también. Recorrió la habitación con la mirada buscando el posible causante de esa iluminación, y estando a punto de abandonarlo pensando que solo se lo imaginó visualizó que la puerta se encontraba semi abierta cuando antes estaba cerrada por completo. ¿Acaso alguna enfermera entró sin avisar?, quiso averiguarlo. Salió al pasillo que apenas estaba iluminado, el silencio era casi sepulcral, no había nadie allí pero era imposible pues la mujer no pudo haber caminado rápido. Ni siquiera ella sabe por qué comenzó a caminar, hacía bastante frío por lo que se abrazaba a sí misma mientras tanto, no podía evitar sentir que alguien la estaba observando… pero solo se encontraba la máquina de refrescos al final del pasillo. Holtzmann llegó hasta ahí, no iba a avanzar, y de repente tuvo un revuelco en el estómago, sintió escalofríos y sus manos estaban sudando —…— miró sus palmas, estaba congeladas. No sabía lo que pasaba, entonces una voz ronca y gutural hizo que se le erizara la piel de tal forma que le dolía —Hola… no te preocupes. Solo vine a sacarle una bonita fotografía… a tus bonitas creaciones…— por más que giraba a todos los rincones, no podía ver a nadie —¿¡Quién diablos eres!?— levantó la voz, no le importaba los demás —Nadie que tú conozcas, solo me contrataron… para hacer ese simple trabajo… Jessica Holtzmann…— la enfurecida californiana miró al techo creyendo que esa criatura estaba allí, pero no —¿Q-qué?, ¡¡aléjate de mis bebés!!— gritó a todo pulmón llamando la atención de quienes se encontraban en guardia, pero su zona se encontraba lejos por lo que apenas se estaban preparando para ir a donde se encontraba Jessica cuando oyeron el eco de una vil carcajada —No me interesan tus desgraciados hijos, no a mí… pero sí a tu gente… solo quieren conocerlos…— y allí mismo, en sus pies, esa criatura le arrojó una fotografía donde se plasmaba la imagen de sus hijos durmiendo plácidamente como lo estaba haciendo en ese momento en el cuarto. El hecho de que le arrojara eso la enfureció y, también, delató la posición de esa cosa y la castaña ya sabía dónde se ocultaba —¡Aléjense todos de ellos!— se lanzó hacia el costado de la máquina de sodas, allí donde no daba luz, escondido en la oscuridad estaba ese monstruo que ni siquiera lograba verle la forma, solo sabía que lo estaba intentando ahorcar con la poca fuerza que tenía —DÍLES… DÍLES QUE DEJEN EN PAZ A MI FAMILIA, YA ME TIENEN A MÍ Y-Y… Y QUE LOS ASESINARÉ PERSONALMENTE SI TOCAN A ALGUNO DE MIS HIJOS.— la sonrisa que ese ser mostró era amplia y blanca, una perfecta fila de colmillos dejó ver a Jessica antes de darle un gran empujón para apartarla —Yo se los diré, no te preocupes… Jessica Holtzmann.— … perdió el equilibrio.

Estaba en un hospital con profesionales, guardias y gente del sitio que podían socorrerla, pero solamente un nombre se le cruzaba en la cabeza a pesar de todo —¡¡NEBIRIIII!!— quería llamarlo más alto pero tosía intentando amenguar el dolor que sentía en el abdomen —¡Nebiriiii!... Nebiri…—

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Mar Nov 07, 2017 6:47 pm



8AM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU MUST BE STRONG, TIGER, FOR THEM
No le sorprendió que Jessica le riñera por tocar su laptop, pero no podía culparlo, era la única de la casa con acceso a internet y Jessica la tenía bien protegida para que nadie la rastreara. Además solo veía videos de cocina, el birmano nunca ha sentido curiosidad por el mundo virtual así que hasta la fecha no ha necesitado explorar demasiado. Además, nadie le dijo que había revistas de cocina y libros de recetarios en los kioskos y en los centros comerciales, e incluso de saberlo, no habría comprado revistas, Jessica y su memoria podía notar cuando faltaba un libro o había uno de más en los libreros. Y ahora que vivían en la casa del árbol, que era muchísimo más pequeña a comparación del búnker o su laboratorio, ella ya se había aprendido cada rincón de la casa y cada escondite de ella. De hecho, tomaron el compartimento donde antes estaban los antídotos para guardar piedras preciosas y pequeños trozos de oro, ¿para qué? Jessica le explicó que si en algún futuro próximo tenían oportunidad de escapar, entonces podrían NO recibirles libras, o podrían cobrar mucho más de lo que pudieran cargar en ese momento, así que su mejor apuesta era en monedas y piezas de oro y plata, en piedras preciosas que valieran tanto o más que un fajo de billetes pero que fuera muchísimo más fácil de cargar y esconder. Si se daba el caso, entonces el que estuviera en casa debía tomar esa reserva y a los niños y salir. Con esa pequeña fortuna podrían pagar el pasaje en barco camino a la libertad. Su Jessica siempre pensaba en todo. Y el birmano comenzaba a hacerlo, estaba preparando algo si se daba el caso de poder escapar, pero prefería guardarlo para sí mismo.

Luego de las buenas noches Jessica quedó cómodamente recostada y el tigre le contaba en baja voz las mezclas que había aprendido para la malteada prometida. Sabía hacerlas de vainilla, chocolate y fresa y justo le preguntaba si lo quería con brandy, como detalle porque esa había sido la primera bebida que compartieron. No notó que estaba dormida cuando el birmano le preguntó el sabor que quería y ella no respondió con otra cosa que no fuera uno de sus lindos ronquidos. Sonrió. Siempre se veía preciosa durmiendo. Seguía medicada y su cuerpo sin suficiente fuerza, pero al menos ya no estaba cargando veinte kilos en su vientre. Ahora le tocaba recuperar fuerzas y que su herida cicatrizara. Tomaría unas semanas más, pero serían más fáciles y Jessica ya no estaría adolorida. Una Jessica dolorida era una Jessica malhumorada. Bastó unas horas para que recuperara su modo provocador, el birmano tuvo que apretarse los huevos para no ceder una vez a los besos de Jessica. Ya con un regaño tuvo para saber que seguía delicada. No tenía que dejarse llevar por los deseos, no tan pronto. Además, esperó por meses por el momento de ver a sus cachorros, solo serían unas semanas más antes de poder entregarse a su esposa una vez más. Paciencia, solo necesitaba paciencia.

Se quedó despierto por un rato más quizá esperando a que los bebés despertaran en algún momento pidiendo de comer, pero no, solo respiraban profundamente en un tranquilo sueño. Eran pequeños cachorros perezosos. Estaban limpios, no tenían mucho de haber comido y más cómodos no podían estar en esos momentos. Los miraba a momentos estirando el cuerpo y luego volvía a mirar a Jessica. Estaba un poco agotado por todo lo sucedido desde la mañana, pero seguía vigilando que tanto su esposa como los niños durmieran bien. Incluso notó cuando Annette, la enfermera zoantropo, iba a echarle un vistazo a ese problemático par. Nebiri no iba a darle razones a nadie para que lo sacaran del hospital, se quedaría con su mujer. Estuvo despierto hasta cerca de las dos de la mañana, lanzó un largo bostezo y le sorprendió que los niños no despertaran hasta ese momento a pedir de comer. Bueno, no le sorprendía mucho, los pequeños tigres dormían bastante en sus primeros días. Lo que sí notó fue que la bata de su esposa se mojaba por la leche en sus pechos, lo supo primero por el aroma dulzón que despedía la leche materna. Tocó la tela con su dedo y no escurrió demasiado, pero eso Jessica se lo había explicado, estaba llena de leche, sus pechos estaban más grandes y sería normal que incluso desde antes de dar a luz la leche se derramara cada tanto. Levantó un poco la tela de la blusa para que se secara y no la molestara demasiado. Durante ese rato Jessica lo pateó, lo insultó entre sueños, le pidió acercarse e incluso lo regañó... Sí, ya estaban volviendo las cosas a la normalidad.

Se durmió alrededor de las dos y media de la mañana y no percibió cuando Jessica se levantó al baño poco más de una hora después. Estaba cansado. Poder escuchar con su fino oído las respiraciones acompasadas de sus bebés terminaron por arrullarlo. Incluso respiraba casi a la par de ellos. Minutos pasaron y el ruido de una puerta abriéndose hizo que sus orejas animales se movieran un poco, pero en su inconsciencia pensó que sería la enfermera revisando como había prometido, por lo que no se alteró. Escuchó un sonido más discreto que de nuevo hizo mover sus orejas y casi despierta. De nuevo rechinidos de puertas y sintió el aroma de Jessica llegar con una brisa un poco más fría. Eso sí lo hizo incorporarse un poco. Seguía adormilado y mientras se frotaba los ojos para desperezarse notó que Jessica no estaba en la cama. Miró hacia el baño y la luz de ahí estaba apagada.

¿Jessica? —al hablar escuchó que los bebés balbuceaban un poco, se asomó y ambos tenían los ojos bien abiertos y parecían hacer pucheros—. Hey, cachorros, calma, iré por su mamá y podrán comer —dijo, pero los bebés percibían algo que su padre no, al menos no de principio. Y cuando escuchó los gritos de Jessica en los pasillos afuera del cuarto, los pequeños comenzaron a llorar—. Demonios —masculló por lo bajo y más cuando Jessica comenzó a llamarlo a gritos. Justo pasaba frente a la puerta Aneette, la enfermera—. Por favor, vea a los bebés, iré por ella —dijo y de inmediato echó a correr al fondo del pasillo, tampoco estaba tan lejos junto a una máquina de sodas—. ¡Jessica! —la inventora no quería que la tocaran, estaba tirada y no podía ponerse de pie. Un fornido enfermero quería levantarla y ponerla en la camilla, pero su esposa no quería. De inmediato intervino y la tomó en brazos con sumo cuidado para ponerla en la camilla donde los especialistas la necesitaban. Aprovechando aquello, la llevaron rápidamente a su cuarto para revisarla. Nebiri no se despegaba de su lado y corría al lado de la camilla mientras le tomaba una mano—. Calma, por favor, vamos con los niños, ellos piden por ti. Aqui estoy, aquí estoy, no te preocupes —apretaba su mano para calmarla. Apenas llegaron al cuarto, la pasaron a la cama para que pudieran revisarla. Annette estaba ahí tratando de calmar a los cachorros, y aunque pudo calmar su llanto más ruidoso, seguían haciendo pequeños pucheros—. Muchas gracias —agradeció un tenso tigre. Tenía que estar calmado para ella y hacía lo posible. El médico de guardia comenzó a revisarla. Al escuchar que alguien había entrado al cuarto movilizaron a los de seguridad, pero lo único que quedó en el suelo cerca de la máquina fue la foto que el sujeto había tomado de los niños...

Y al ver eso, al saber por el gesto de Jessica lo que eso quería decir, gruñó por dentro y se llenó de enojo. Estuvo a nada de seguir el aroma que había quedado ligeramente impregnado en Jessica. Pudo aislarlo y hasta ese momento pudo percibirlo en el cuarto, ¡demonios! ¡Pasó justo sobre sus cabezas y no lo vio! Estaba enfadado consigo mismo por ese descuido, pero evitó salir corriendo a por ese idiota. Lo necesitaban más ahí, su esposa y sus niños lo necesitaban.

Jessica, calma, mira, ellos están bien, estarás bien, pronto estaremos en casa y nadie podrá molestarte, calma —acariciaba sus mejillas mientras la revisaban. Los puntos no se abrieron, solo estaba debilitada y sedada por el medicamento. Necesitaba descansar bien solamente. Fue una suerte que no le pasara nada malo y el tigre lo agradeció... Su mujer siempre de pasos ligeros. Tomó a los bebés mientras volvían a vendar a Jessica y se los acercó—. Mira, quieren verte y apuesto a que ya tienen hambre, no despertaron desde que les diste de cenar antes de la ducha, apuesto a que ya tienen hambre, ¿verdad, cachorros? —los bebés estiraban sus pequeñas manos hacia su madre. Apenas el médico terminó con Jessica, le permitió tomar a sus bebés para alimentarlos. El personal médico estaría al tanto de que nada más entrara al hospital sin que se identificara, esa pobre mujer estaba en constante peligro y de alguna manera entendían el porqué el esclavo no se iba de su lado, porqué insistió en que se le permitiera estar al lado de la mujer.

Apenas les aseguraron que Jessica no estaba en peligro y que era normal que siguiera debilitada, la pareja y sobretodo el birmano pudo respirar de alivio, pero no por eso estaba completamente calmado. Apenas quedaron solos, el tigre gruñó por lo bajo y apretó por puños, dando un par de vueltas por el cuarto buscando calmarse.

No lo percibí entrar, perdón, Jessica, me quedé dormido, estaba cuidándote, no pensé que alguien fuera a entrar —se sentía culpable—. Tampoco escuché cuando saliste, diablos —mascullaba en baja voz, pero su volumen era suficiente para que Jessica lo escuchara—... Siempre eres de pasos ligeros, mujer —suspiró hondo y se sentó a su lado para a su vez calmarla a ella, estaba más alterada porque ella sí había visto a quien fotografió a los niños. A decir que la foto era buena, podían verse las lindas facciones de sus caras, sus manos sujetando el peluche y las pieles, la hermosa sonrisa de Ran, las lindas orejas de Aaron. Miró la foto, estaba en el mueble junto a la cama y decidió guardarla entre su ropa—. Ven, Jessica, calma... Calma, por favor —se las arregló para abrazarla a ella y a los cachorros por igual. El trabajo en equipo logró que la inventora lograra tranquilizarse luego de unos minutos. El amamantar era bueno para ella, y sentir a su pareja también—... Sabemos quiénes lo mandaron, Jessica, solo quieren asustarte, quizá fue ese idiota de Zhukovski, pero no les pondrá un dedo encima, te lo prometo. Vamos a cuidarlos, nadie les hará nada... Nadie va a alejarlos de nuestro lado...

Estaba en la cama con ellos, abrazaba a su esposa, a sus niños, los besaba y los dulces ruidos de sus cachorros eran preciosos, aun no sabían reír, pero sí dibujaban pequeñas sonrisas cada tanto. Nebiri tuvo que trabajar mucho para que Jessica se calmara y los bebés ayudaron a su modo con esa dulce inocencia. El birmano se sentía un poco fuera de sí, furioso aun, pero eventualmente se calmó y pudo ver las cosas con algo más de claridad.

¿Sabes? Ellos creen que ya tienen lo que quieren... Querían asustarte, amor —le decía al oído—... Déjales saber que no es así... En casa ellos estarán a salvo, sabes que nadie que no sea invitado no puede pasar, ellos estarán bien, los cachorros estarán a salvo en casa, te lo prometo... No dejes que te afecten, no dejes que te asusten... Deja que vean lo lindos que son tus bebés y que no podrán hacerles nada, no se los permitiremos... No se los permitiré —tenía que hacer algo, iba a hacerlo, no permitiría que nadie les pusiera una mano a sus bebés. Dejó que su esposa terminara de desahogarse, dejó que la medicina hiciera lo suyo y pudiera volver a dormir.

Fue Nebiri quien no volvió a dormir ni la soltó a ella ni a los bebés si no hasta salió el sol.

Pudo ver por las orillas de la ventana cómo salía el sol y su luz bañaba la ciudad en esa fría mañana. Quizá volvería a nublarse, quizá llovería, no estaba seguro. Soltó un hondo suspiro y por la hora supo que no tardaría en llegar el doctor de guardia de la mañana a revisar a los pacientes. Besó la frente de Jessica y la soltó poco a poco, aunque era complicado. Logró recostarla, tenía a los bebés en los brazos y estos estaban aferrados a la ropa de su madre con un gesto lleno de paz que hizo sonreír al tigre. Tomó su móvil y en baja voz llamó a sus amigos y les contó lo sucedido. Chiara era la que iría a ver a Jessica y a quedarse con ella mientras Nebiri iba a su trabajo. Ganas no le faltaban al tigre de cancelar, pero prometió trabajar duro y entrenar. Y ya no era por el asunto de pelear con la alien, debía estar preparado para proteger a su familia de esos demonios. Aun tenía una hora antes de ir a su trabajo, hasta entonces, tenía que mimar a su esposa. No quería despertarla, pero tenía que comer y ser revisada una vez más a ver si no había alguna lesión o marca luego del incidente con el intruso. A mencionar que ni las cámaras de seguridad lo percibieron. Se trataba de un profesional.

Jessica, amor, despierta —le llamó suave sin invadirla tanto, solo acariciaba su rostro mientras hablaba en dulce tono—. No tardan en venir a revisarte... Debes desayunar... Y luego puedes volver a dormir, anda, amor, despierta —y los que despertaron primero fueron los cachorros, que comenzaron a lanzar pequeños gimoteos mientras jalaban la ropa de su madre. Tenían hambre también. El birmano soltó un hondo bostezo que se hizo escuchar. Y apenas Jessica despertó, le mandó una enorme sonrisa—. Nannaat kaunggsaw —(Buenos días) saludó antes de darle un dulce beso en los labios—... ¿Cómo te sientes, amor?



ကျား

Spoiler:

"You're my home" tiger dad said us.

Cronología ± Relaciones


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Always with my woman
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I'm a frickin' Tiger!

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Nov 09, 2017 9:47 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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¿Cómo diablos pudo desaparecer en un abrir y cerrar de ojos?, apenas pestañeó aquella cosa desapareció tal como si se hubiera evaporado. No quedaba nada allí. Pero lo hubo. Jessica lo vio. Por supuesto que oyó el griterío detrás suyo, iban a ayudarla aunque en ese momento se encontraba cegada por el enojo —¡¡Maldita pestilencia de pantano!!— gritaba mientras intentaba levantarse, pero apenas logró ponerse de rodillas —¡Te voy a matar!, ¡voy a lastimarte tanto que tendrás que usar una varilla de hierro como columna vertebral, descerebrado incapaz de razonar!— sintió manos a su alrededor entonces, buscaban levantarla pero ella luchaba aún presa del pánico y el odio —¡NO ME TOQUEN!— para ese entonces varias pacientes abrieron ligeramente sus puertas para ver el escándalo que la castaña montaba sin aparente razón, ni siquiera los encargados de vigilancia en los puestos de cámaras vieron algo. Ella quería levantarse sola pero no podía, eso la frustraba, no aceptó ninguna mano ajena a la del birmano cuando por fin lo visualizó. A él si se entregó a sus brazos, y en un solo segundo donde lo miró a los ojos le transmitió aquella vibración indicándole que algo no estaba para nada bien. A duras penas se subió a la camilla y a medida que se acercaba escuchaba el llanto apagado de sus bebés, no pudo evitar taparse la boca con ambas manos al darse cuenta que fue ella quien los alteró y que en realidad lloraban por su madre ¡debía ser eso!, hacía tan solo cinco minutos estaban dormidos profundamente… no dudaba de que tuvieran aquel sexto sentido heredado de su padre. Pero eran muy pequeños, no podían hacer nada más que llorar. Al sentarla a la camilla donde descansaba pidió inmediatamente por sus hijos pero se lo negaron, debían revisarla primero a ella y en esos minutos hubo varias corridas en el hospital luego de que se corriera la voz de que posiblemente alguien había estado dentro del cuarto.

El tigre intentaba darle una mano para tranquilizarla, pero Holtzmann tenía los pelos de punta —¿Calma?, ¿CALMA?, ¡tú cálmate!— aunque la estuviera mimando ella era agresiva, por supuesto, se había dado cuenta de algo que la devastó. Ya estaba siendo costumbre en ella querer abrazar a sus cachorros cuando no se sentía bien, pudo ver también que estos querían que los cargara pues sus manos la apuntaban —¿N-no despertaron?...— por su nerviosismo no pudo evitar tartamudear un poco, se estaba tranquilizando, y el hecho de que le dijera que no habían comido nada desde antes que se duchara fue una luz en su mente: entonces su prenda estaba mojada porque se le escapa leche ¡claro!, estaba tan llena que hasta le dolía ambos senos… podría usar esa sensación para saber cuándo los bebés necesitaban comer pues al parecer le pesaban más justo en el horario que les tocaba. Por otra parte no había sido desatenta, no los escuchó llorar porque no lo hicieron y no porque ella los desatendió. Sintió que el luchador le quitó una gran carga.

Apenas se los dieron se desabotonó la prenda y les dio de amamantar abrazando a ambos de manera posesiva, a medida que tenía ese íntimo momento con sus bebés sentía que la calma la volvía a tocar de manera lenta. Una vez que se quedaron solos suspiró alto, cerró los ojos intentando dejar de temblar por lo que le había sucedido pero le era imposible… y mucho menos con el birmano echándose la culpa —No me importa. Tú no ibas a verlo de todos modos.— estaba convencida de eso porque aquel maldito fue contratado por sus superiores y sabía perfectamente que las habilidades de quienes contrataban estaban un escalón más allá de lo 'perfecto' —Yo no pude verlo, solo era una sombra oscura… tenía, tenía colmillos y ojos color ámbar, creo… ¡no lo sé!, ¿está bien?, ¡éste lugar barato no tiene luces fuertes en esa área!— y en ese momento Aaron soltó un pequeño quejido porque su madre se movía mucho por estar agitada, cosa que Jessica comprendió —Ah… cálmate tú, cálmate tú, maldito niño explorador.— refunfuño entre dientes mientras se dejaba abrazar casi de mala gana, ambos no subían el tono de voz por obvias razones —Ya sé quién fue, Nebiri, ¿no lo comprendes? ¡Zhukovski pasó la voz! es un hijo de perra…— por lo que todo lo que se esforzaron por tapar la relación entre ambos y la identidad del padre de sus hijos fue en vano. Eso la devastada. Seguramente solo lo sabrían sus superiores pues los empleados no importaban en lo absoluto, pues ahora podían manejar a su 'mejor empleada' de una mejor manera debido a que tenía una familia a la cual temía perder. Se había recostado con cuidado mientras los pequeños no se soltaban de sus pezones, seguían lactando de manera eufórica mientras sonreían por lo que percibió la inventora —Me asustaron, Nebiri.— confesó sin pudor al mirar sus ojos —No puedo hacer nada sin que ellos estén sobre mí, no puedo respirar, comer, caminar o beber un vaso de agua sin que ellos lo sepan.— arrugó sus nariz en un fugaz reflejo de llanto, pero supo controlarse al final —Solo quiero que me dejan en paz. Pero claro, yo tengo la culpa… solo tenía diecinueve o veinte años, ya no lo recuerdo… ¡fui tan estúpida! ah…— siempre resentía sobre la decisión que tomó hace una década aproximadamente, sin embargo la castaña no sabía nada sobre ElectriX ni sobre su gente, ¡apenas se hacía una idea de lo que quería ser en la vida! —Pero… bien, solo me queda confiar en tu palabra.— en lo que siempre le ha prometido —Protégeme hasta donde puedas. Ahora tienes otra prioridad mucho más importante que yo.— y esa era la descendencia de ellos dos. Justamente los mellizos quedaron satisfechos pero Jessica no se abotonó la prenda, decidió dormir con el pecho descubierto y apoyó a ambos en medio de Nebiri y ella creando una pequeña fortaleza para que no se cayeran —Tú haces ver que todo es muy fácil… creo que por eso te quise rápido en nuestras primeras citas...— le hubiera confesado más cosas de no ser que se quedaba dormida lentamente, los bebés al parecer resistieron más y jugaron con su padre hasta dormirse.

Por supuesto que durmió, quizás no tan relajada como antes pero al menos tenía la seguridad de que esa cosa no iba a volver por esa noche. Se lo había asegurado, y por alguna razón le creía. Aún más le costó tener un sueño no relacionado con lo que acababa de pasar pero le fue inevitable que su mente le mostrara imágenes de su pasado hasta la parte donde llegó a New London, donde se había condenado finalmente. Lo odiaba tanto… de haber estado consiente de lo que en verdad se trataba ElectriX jamás hubiera tomado ese maldita barco, pero a la vez si no lo hubiera tomado jamás hubiera conocido a Nebiri y dudaba mucho que haya querido tener hijos. Un dilema que la hacía refunfuñar dormida pero no se movía bruscamente como antes pues de alguna manera su inconsciencia recordaba que tenía a dos bebés a su lado. No lo supo, pero Ran era la que estaba pegada a ella y aún entre los brazos de Morfeo se topó con el pezón de su madre y succionó un poco. Por eso las sábanas se mancharon con diminutas gotas que resbalaron de los labios de la pequeña. Aaron miraba más a su padre, le jalaba la ropa balbuceando algo que tal vez él pensaba que el birmano comprendía, pero al ver que era inútil hizo un pequeño berrinche que así como empezó rápido terminó al cansarse. A pesar de todo su cuerpo logró descansar, había abierto los párpados cerca de las siete de la mañana y de reojo notó que Nebiri miraba la ventana con un gesto sosegado, aún era demasiado temprano, se tomó el gusto de volver a acomodarse. Por supuesto, se durmió de nuevo. Una hora después despertó gracias al suave gesto del tigre en su mejilla, pero más al sentir que los pequeños la jalaban y egoístamente solo Ran de nuevo alcanzó su pezón debido a que Jessica se encontraba de costado —Sainsai saineat mihkain ko sain pyawwpyasai bhaaltotmha bhar laee dukhkaroutnay?— (eres demasiado molesto, ¿nunca te lo dijo tu madre?), embistió apenas sus largas pestañas se separaron —Me siento como si alguien que no conozco le haya tomado una fotografía a mis hijos por la noche al entrar aquí sin que nadie se dé cuenta. Tks, mite mell kyaya, bamar mayyhkwannmyarrko lotenaytar rautt ant.— (deja de hacer preguntas estúpidas, birmano.), aun insultándolo le pidió ayuda mediante gestos para que agarrara a los bebés mientras se sentaba con cuidado —Hazme un favor y ve a buscarme un vaso con agua.— mientras tanto sostendría a los bebés para que comieran de ella, tenía demasiada sed y sabía que debía estar siempre muy hidratada durante la lactancia. Pero en medio de su charla aparecieron un enfermero y una médica que entraron pidiendo permiso antes que nada, la mujer pronto se sentó al lado de Jessica preguntándole cómo se encontraba e inspeccionaba a los bebés mientras tanto… sin embargo, el enfermero le tapó el paso al birmano, y la médica dio a saber que ella le dio esa orden —¿Qué sucede?— la mujer rubia suspiró mientras miraba la luz escurrir por la persiana de la ventana, sabía que no iba a ser fácil plantearle su idea de lo que sucedió por la noche —Escúcheme, hemos estado revisando las filmaciones de lo que pasó anoche y…— la pausa intrigó a Holtzmann, pero a la vez la hacía temer por lo que diría, ¿qué rayos sucedía? —Bueno, las cámaras no captaron nada. No… no había nadie. Solo se grabó que usted cayó sentada de manera brusca.— … la inventora sabía para qué lado iban —Los cambios en los niveles hormonales durante y después del embarazo pueden afectar el estado anímico de una mujer. La mayor parte del tiempo ocurre dentro de los primeros tres meses después del parto...— ¡por supuesto! el rostro de Jessica cambió, se veía sombría y sumamente enfadada —Yo no estoy loca.— enfrentó, furiosa, a la médica.

La mujer, humana también, negó un poco teniendo ya experiencia con esa clase de conducta —Nadie afirma que lo está, señorita Holtzmann. Escúcheme, sé que usted es muy inteligente y sé que ya sabe lo que busco decirle, entonces solo me queda informarle por su bien que se recomienda tratar la depresión posparto desde el principio. Si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años.— fue un golpe duro, no podía creer lo que estaba oyendo e hizo fuerza para formar sus manos en puños pero sin lastimar a quienes tenía en brazos y alimentaba —Ustedes piensan que me lo imaginé ¿no es así?, ¡creen que tuve una puta alucinación!— no era la primera vez que la trataban como si tuviera alterada las facultades mentales ¡odiaba incluso el término 'loca'! —Yo sé lo que vi. YO SÉ LO QUE ESTABA AHÍ.  Yo… váyanse, ¡VÁYANSE TODOS DEL CUARTO!, excepto mi esclavo…— por experiencia en su profesión la rubia acató las ordenes de la paciente, debía darse su tiempo y espacio para asimilar todo lo que le había dicho. Apenas en el cuarto quedó solo Nebiri de pie soltó un suspiro antes de mirarlo al rostro con gesto de preocupación —Ellos quieren esto, ¡quieren volverme loca!— en cierta medida lo estaba, pero no en el punto donde la querían poner —Quieren que todos me vean como una mujer loca… ¡Nebiri!, ¡incluso pueden quitarme a mis bebés si ellos siguen jugando a esto! es… es Zhukovski ¡es Zhukovski!— estaba convencida que ese demonio envió a la criatura —Ah… supongo que es una venganza por lo que le hiciste tú… supongo que… ya no tiene caso.— ¿qué más debía soportar?, le quedaba un largo camino por recorrer aún y ya estaba cansada, Nebiri y ahora sus hijos la animaban, pero ya se resignó a una sola cosa —Yo soy de él.— … repugnante, pero al fin y al cabo era la verdad de muchas maneras —Fue Ivan el que me domesticó. Fue Ivan quien me golpeó por primera vez. Fue Ivan quien manejó por mucho tiempo mi vida. Es Ivan, a quien le pertenece Jessica Holtzmann. Él tiene mi correa, no importa lo que haga, ese miserable me insiste incluso cuando gané la batalla. Por desgracia, él siempre gana la guerra.— ¿cómo no deprimirse por eso?, Jessica lo hizo. Recostó su espalda en la pared y abrazó más a sus hijos, quienes bebían alegremente aferrándose a cada seno —Él va a asesinarme, lo sé. Quizás no hoy ni mañana o en diez años. Pero algún día.— observó los ojos de su amado esposo luego de eso —Ah, en fin. Vete. Llegarás tarde al trabajo.— le dolió las comisuras de los labios cuando formó una falsa sonrisa, queriendo fingir que al final todo estaba bien y que podía quedarse sola —Adiós, tigre.—

¿Cómo era posible que las cámaras de seguridad no hayan captado nada? pues aquel ser no era invisible, por supuesto que no, pero su camuflaje negro lo ayudó mucho. Y también el hecho de que la empujó con su elemento, viento, con una fuerza tal que pareció un fornido brazo tal como ella lo sintió.

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Nov 10, 2017 2:53 pm



CERCA DE LAS 9AM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU CANNOT SURRENDER, TIGER, FIGHT!
Jessica no había amanecido del mejor humor posible y no la culpaba, había sufrido bastante hacía solo unas horas por culpa del intruso. Daban por hecho que fue Zhukovski y quizá eso no lo podrían asegurar sino hasta que Jessica volviera al trabajo. La foto aun estaba dentro de la ropa del tigre. Jessica le dejó bien en claro anoche lo afectada que quedó con ese incidente, ¡estaba en pánico! Y de hecho el birmano también, pero alguien debía mantener la jodida calma por ambos o la pareja terminaría irremediablemente loca, los dos en pánico no irían a ningún lado. Al Tigre solo le correspondía cuidar a su esposa, proteger a sus niños, diablos, aun se culpaba por haber dejado pasar a ese idiota, entró luego de que se durmiera, era posible incluso que el sujeto llevara tiempo esperando a que el birmano cayera dormido. Mientras ella siguiera en el hospital debía estar más atento, y lo estaría, quién sabe si alguien más querría darle una inesperada visita a Jessica Holtzmann y a sus recién nacidos. Era una suerte que Alik no supiera dónde se atendía Jessica y ya estaría ahí para ver a los pequeños como buen mono curioso que era. Bastaba con ver a los niños para saber quién era el padre. Y hablando de niños, al menos los bebés amanecieron de muy buen humor y ya estaba listos para desayunar, pero su madre tenía que hacer unas cosas aun, cargó a los pequeños en brazos mientras ella se sentaba y estiraba mejor luego de una madrugada bastante problemática. Al parecer la pareja estaba condenada a varios sustos en los momentos más importantes de su vida, quizá esa era la consecuencia de haberse conocido en New London, la maldita ciudad del pecado.

Le devolvió los bebés a Jessica y estaba por ir a buscarle algo de agua, pero el personal médico llegó al chequeo matutino de la castaña. No pudo salir de ahí, un fornido enfermero se colocó en la puerta y no permitió el paso del híbrido. Era información importante al parecer. La doctora le informó a Jessica que las cámaras no captaron a nadie, solo a ella forcejeando con algo invisible y el que dieran a entender que podría haber sido una alucinación lo hizo enfadar y gruñir, ¡estaban achacando eso a una depresión! ¡Diablos, ni siquiera Nebiri decía apenas algo sobre la depresión de Jessica! Ese era un tema que él nunca ha tocado con ella, nunca dijo nada sobre esa condición de su esposa ni de las pastillas que tomaba para controlar su depresión. Se alegró en su momento de que ella solo tomara lo recetado y no un puñado de pastillas como cuando recién la conoció. Más allá del comentario sobre el aroma que dejaba esas pastillas en el cuerpo de Jessica, Nebiri jamás tocó esa tema. Nunca lo había hecho. Y la doctora insinuaba que su esposa estaba loca... ¡Estaba dando a entender que todo fue una jodida alucinación de una mujer con depresión postparto! Apenas gruñó y estaba por decir algo cuando entendió el porqué de la presencia del jodido enfermero... El sujeto se cruzó de brazos ante el subidón de enojo del tigre y con su presencia daba a entender que el esclavo debía permanecer tranquilo. Considerando que hizo como muñeco de trapo al sujeto que hirió a su ama el día anterior, no estaba de más mantenerlo en raya. Nebiri no pudo decir que tenía la foto como prueba, no pudo porque Jessica comenzó a gritarle a la doctora y corrió al personal médico del cuarto. Se había alterado de nuevo y por suerte la presencia de los bebés y el tenerlos en brazos ayudaba a que su esposa no terminara en agresión.

Jessica...

Ya se había alterado y culpaba en voz alta al culpable de todo. Ese maldito incubo. Gruñó a la par que ella vociferaba, contagiado en parte por el enojo de su esposa, y también enfadado por cómo su esposa caía derrotada ante el nuevo ataque de ese maldito. El birmano no iba a permitir que Jessica Holtzmann quedara de rodillas ante ese maldito hijo de perros sarnosos, no, señor, ¡esa no era Jessica Holtzmann! ¡La mujer presumida, orgullosa y soberbia debía volver! La cereza del pastel fue que Jessica aseguraba que ese demonio tenía su vida en sus manos y que tarde o temprano la iba a matar sin falta alguna... Eso el birmano simplemente no lo iba a permitir. Apretó los dientes y ante el "adiós" de su esposa caminó directo hasta ella, gruñía, tenía las garras y demás apéndices animales de fuera, su cola incluso se notaba en posición para atacar. No iba a gritar, sus bebés podían asustarse, pero no por eso iba a dejar que su mujer se desmoronara y él quedarse ahí de brazos cruzados, claro que no. Subió a la cama y sus rodillas quedaron a los costados del cuerpo de Jessica, puso sus enormes manos por encima de los hombros de su esposa y la encaro con enojo, de hecho pegó su frente a la de ella, sus narices y labios se tocaban, estos últimos sin cerrar contacto del todo. Miró directo a los ojos de su mujer, estaba enojado, estaba furioso por todo en ese momento.

Jessica Holtzmann no es de ese maldito de Zhukovski, él no tiene ninguna puta correa, él no tiene control, él es solo un enorme imbécil que cree tener poder, y no voy a permitir que le des ese poder, mujer —le hablaba con gruñidos, con enojo pero a la vez con una ronca pasión que trataba de contagiar a la mujer con sus afiladas pupilas—... Además, no puedes ser de ese malnacido porque eres mía, mujer —aseguró con una sonrisa—. Tú eres mi maldita mujer, eres mi esposa, eres mi ama, mujer, lo eres... La única que tiene la correa eres tú, la que tienes el control eres tú, tú eres quien manda, maldición —son resistirlo la besó procurando no aplastar con su cuerpo a los pequeños, de hecho era como protegerlos entre ambos y el calor de su cuerpo tenía cómodo a sus niños, que seguían amamantando con mucha tranquilidad. Estaban seguros entre sus padres después de todo—... Además eres mía, no eres de nadie más... Eres mía, Jessica, lo eres... Lo eres —le hablaba entre besos, entre caricias a sus mejillas—... Vamos a salir de ésta ciudad, vas a ver, y siempre voy a protegerlos, mujer, a ti y a los cachorros... Siempre, siempre —luego le miró con reproche—... Me hubieras despertado, me hubieras lanzado algo y juntos hubiéramos atrapado a ese idiota, yo pude haberlo visto en las sombras, ¿qué tal si te daña, mujer? ¿Y si te hubiera golpeado? Dime qué hago si te pasa eso, mujer... Dímelo —la acariciaba y le reprochaba con sus palabras y sus besos, con un cariño que solo era para Jessica y nadie más—... Siempre has tenido los pasos ligeros, mujer, más cuando andas descalza —finalmente le sonrió, esperando que su mensaje llegara a la necia cabeza de su mujer—... Nunca lo olvides, eres mía y la que tiene la correa eres tú.

Y para sellar tan particular discurso, la besó de manera apasionada, cruda, salvaje como era de esperarse de ese animal. Nebiri no pensaba darse por vencido, pelearía, siempre pelearía por su su esposa y ahora por sus hijos. New London no le iba a quitar lo que amaba, ese idiota de Zhukovski no iba a derrotar a su esposa, no lo iba a permitir. Estaba al tanto de que su esposa estuvo bajo control de ese demonio por varios años y que la hirió de tal manera que incluso le afectó al momento de dar a luz a sus hijos, pero no tenía porqué seguir así. El besó duró varios segundos y finalmente se le separó, le quedaron los labios húmedos por la saliva ajena. Se lamió los labios y le miró con fiereza.

Además esa no es manera de mandarme con ánimos a trabajar, maldición... Deberías darme un enorme beso —y le dio ese enorme beso a ella—, un gran abrazo —y luego llenó de besos a sus bebés, que ya no comían pero seguían pegados a su madre, los cachorros parecieron contentos con los besos—... Y tienes que dejarme marcados tus labios en el cuello... Eres mi fortaleza, mujer, no lo olvides... Y yo soy tu maldito hombre y no te dejaré olvidarlo... Te recordaré todos los días a quién te entregaste, te recordaré todos los días a quién le perteneces en realidad... Y cuando te recuperes de la operación —lo siguiente se lo dijo al oído, rozando sus labios con la oreja de su esposa—... Cuando estés mejor te prometo follarte tan fuerte que vas a pedir más... Seguirás viviendo para poder sentirme, y yo seguiré viviendo para amarte, mujer... No le daremos más victorias a ese idiota... Además —sacó la foto de entre su ropa para que Jessica pudiera verla—... ¿De qué le sirve saber cómo son? Vivimos en un jodido árbol, tenemos un búnker, nadie puede entrar a la zona si yo no lo invito. Aunque nos sigan solo verán bosque... Ellos estarán a salvo mujer, siempre estarán a salvo... Lo de ese tipo, que alguien se cuele no volverá a pasar, tienes mi palabra, mujer... Y yo soy un maldito hombre de palabra —sonrió y no la dejó responder siquiera, volvió a besarla hasta que ella tuvo que despegarse para recuperar el aire.

El tigre quedó agitado, excitado, pero ya se desquitaría en el gimnasio, pediría prestado los aparatos luego de la práctica con el boxeador. Nada le prohibía excitarse con su mujer, solamente tenía que aguantar unas semanas más antes de poder estar con ella, si ya había resistido meses, podía con unas semanas más.

Nos tomaremos una foto en familia, una con los cuatro juntos, aunque quiero conservar ésta para cargarla conmigo —sonrió—... No todo tiene que ser tan malo, ¿verdad? —le sonrió a su mujer y guardó la foto. El birmano bajó de la cama cuando su nariz le dijo que el par de pequeños habían ensuciado el pañal. Antes de que lloraran por estar sucios, los hicieron eructar como era debido y luego les cambiaron los pañales. Ésta vez le tocó cambiar a Ran y la muy bribona le dio la misma guerra que su hermano, no se dejaba y la niña parecía divertida moviendo sus piernas y pataleando. Ésta vez le sujetó suave las piernas para que no le hicieran pasar por lo mismo... Y sí, Aaron se portó muy bien con su madre. Esos pequeños ya estaban aprendiendo quién mandaba y no era su padre precisamente.

Apenas los niños estuvieron limpios, llegó Annette con el desayuno de Jessica y su medicamento. Y justo tras ella se asomó Chiara, que estaría ahí mientras Nebiri salía a trabajar y pasaría tiempo con ella. Con todo lo sucedido el día anterior no pudo quedarse mucho tiempo en el hospital más allá de vigilia y espera. La italiana entró al cuarto apenas la castaña hizo contacto visual con ella.

Hola, cariño, me alegra toparte despierta y esos pequeños están despiertos también —puso su gesto de encanto—. Son preciosos —soltó una risa graciosa antes de mirar al birmano—. Ve a trabajar, anda, llegarás a tiempo si sales ahora.

De acuerdo, gracias —el tigre le dio una caricia y un beso a sus niños y tomó la mano de su ama a manera de despedida—. Regreso en un par de horas —se despidió de Chiara por igual y dejó a ambas mujeres platicando. Antes de salir, el birmano fue a buscar a la doctora que fue a hablar con Jessica, en ese momento ella daba instrucciones a un par de enfermeras, apenas la mujer le puso atención, el birmano le extendió la foto a la médico—. Ésta es la foto que el intruso de anoche tomó... Dígame quién más podría haberla tomado desde arriba —inquirió el birmano con la quijada apretada—. Ella no está enloqueciendo, un jodido ser oscuro se coló anoche y les tomó esa foto a los niños —eso era producto de una cámara profesional, era papel fotográfico y se notaba la clara luz del flash alumbrar el cuarto que siempre estuvo a oscuras a esa hora. Incluso podía verse parte de la cama, una pierna de Jessica y parte del brazo del esclavo en un costado de la foto, dando claramente a entender que ninguno de los dos pudo ser el autor de dicha fotografía—. Quiero llevármela a casa lo más pronto posible, no quiero que nada más la altere, aquí no está a salvo —la doctora le dijo que aun era pronto para llevarla a casa, querían estar seguros de que la caída de anoche no tuviera más efectos en su cuerpo. Al birmano le costó aceptar la decisión de la doctora, pero le aseguró que si todo se mantenía en calma, entonces podría llevársela mañana a mediodía y solo seguir con el tratamiento que les mandaran.

Sin más, el birmano volvió a guardar la foto en su ropa y salió del hospital. Comería bien afuera para dejar que su esposa comiera todo lo que le llevaran por la tarde y noche. Claro, también iría a ver a los animales y las plantas y asegurarse de que todo en casa estuviera bien. Y mientras el birmano iba camino a hacer su trabajo, la vampiresa se ponía al tanto de lo sucedido en la madrugada. Harta de que todo el mundo estuviera en contra de su amiga, la vampiresa tomó una mano de Jessica y le miró con seriedad. En un brazo la rubia cargaba a Aaron, por cierto.

Cariño, hay seres allá afuera que aun no conoces... Pero si quieres que Anthony y yo atrapemos a ese ser, solo dilo... Ya me cansé de que no te dejen sonreír más de un día —la vampiresa vio la linda sonrisa de Aaron, la aun más linda risa de Ran y a la madre de estos que claramente estaba harta de esa situación—... No podemos hacer nada con Zhukovski, pero sí podemos atrapar a quien se coló al cuarto. Las sombras dejan rastro, cariño, Anthony maneja sombras y yo me metí a ellas cuando me transformaron. Ésta lucha la pueden pelear más. ¿Lo recuerdas? Me dijiste que me dejarías involucrarme más.

Sí, Chiara estaba sinceramente enamorada de esa mujer, no podía tener más que su estrecha amistad, pero nada le negaba el derecho de hacer más por Jessica. Al menos la rubia estaba dispuesta a cuidarla hasta que el Tigre volviera.



ကျား

Spoiler:

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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Nov 11, 2017 9:29 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por supuesto que no se esperó que el birmano le hiciera frente de esa manera, es más, se echó un poco hacia atrás por puro reflejo aun si la pared se lo impedía. Cuando el tigre estaba iracundo su propio vientre se lo decía porque a ella le agarraba escalofríos, además podía ver su cola animal con los pelos de punta y sus demás rasgos presentes. Al subirse a la cama rasgó las sábanas pues sus garras estaban más afiladas que antes y mucho más largas. Sus rostros estaban tan pegados que sentían el cálido aliento del otro, Jessica clavaba sus pupilas a las afiliadas del híbrido mientras escuchaba el replique a todo lo que había dicho antes —Él tiene poder incluso desde antes que yo naciera, Nebiri.— apenas logró susurrar a la vez que negaba suavemente al mencionar eso, diablos, sabía perfectamente lo que le estaba sucediendo: tenía una recaída. Estaba volviendo a ser la misma Holtzmann que Nebiri conoció por primera vez, atada de pies y cabeza, con el rostro bajo hacia sus superiores y resignándose a la vida que le había tocado. Esa era la Jessica que aquel luchador conoció, deprimida y estresada, siendo violenta por la enorme presión que debía soportar y solo su soberbia la mantenía viva. Aún recuerda las veces que recurrió al alcohol y las pastillas para poder dormir o al menos que le dejara de doler la cabeza tan seguido… a paso lento, en ese pozo era donde la inventora volvía a caminar en el borde. Pero no podía hacerlo ya ¡claro que no! ahora tenía a dos bebés que dependían casi totalmente de ella y no podía dejarse llevar tal como hacía antes, no podía caer en las adicciones otra vez… no podía tener los mismos malos hábitos ni tampoco quería ser el muñeco de sus superiores y mucho menos de Zhukovski. Ah, de alguna manera el birmano lograba levantar el ánimo, y más luego de aquel beso: que le asegurara que ella era de él le daba cierta tranquilidad, quizás falsa o exagerada, pero funcionaba —Nebiri… espera…— no podía objetar, la callaba con sus labios y le robaba el aliento como si no la hubiera visto en mucho tiempo. Claro que notó el temblequeo del birmano, controlaba su ira como mejor podía y como siempre a la californiana le encantaba sentir aquel enorme cuerpo temblar tan cerca suyo, mientras que no sea por dolor, a la vez gustaba de ofrecer su cuello para que la besara allí ya que le provocaba un delicioso escalofríos —Ah… Nebiri…— el corazón le latía rápido, no podía pensar rápido pero escuchaba perfectamente todas las desesperadas promesas ajenas —Lo siento, Nebiri… ni si quiera yo sabía lo que era… en ese momento…— ¿si esa cosa podía hacerle daño?, ¿por qué no lo despertó?, ¡ni siquiera sabía lo que era!, ella solo siguió el flash y luego salió al pasillo creyendo que era una condenada enfermera —Nebiri me estás aplastando.— no contestó respecto a que era de pasos ligeros, por supuesto que lo era aún para alguien que tenía todos sus sentidos agudizados como aquel híbrido de tigre, pero se le estaba pegando demasiado y temía que no le dejara aire a los pequeños que aún bebían de ella —Nebiri.— no, no la escuchaba. Parecía estar embalsamado luego de volver a recordarle que ella tenía el control, y que era irremediablemente suya. Cómplice después de todo se dejó llevar para entregarse a ese hombre que la ponía en sus casillas.

Literalmente estaba devorando su boca, Holtzmann había perdido práctica pues hacía mucho tiempo que sus muestras de afecto eran limitadas y casi frías por lo que no supo cómo reaccionar rápido al ser sorprendida de esa manera —¡Mmmn! ¡mn!— sus labios estaban sellados, sus hijos cómodos entre los pechos de ambos padres que por suerte no llegaban aplastarlos tal como la castaña creyó —Mmmmn… mmmmmmmmm…— entonces lo recordó, lo disfrutó, introdujo su lengua para acariciar la homónima y luego las paredes bucales del birmano. Salivaban, estaban montando una escena morbosa y lasciva totalmente, por demás estaba agregar que a Jessica le encantaba sentir las garras del tigre tan cerca suyo y ver la cola animal ajena moverse de un lado a otro mientras Nebiri se las ingeniaba para someterla. Esa escena siempre fue atractiva para la castaña. Al separarse tomó una gran bocanada de aire de forma suave, sus párpados cerrados indicaban que se encontraba plácida pese a todo —Ah… — abrir los ojos y toparse con la imagen de su esposo mimando a los cachorros fue un placentero pinchazo de sosiego —Oh, tigre…— por supuesto que le encantaba todos los cumplidos que le entregaba sin que tuviera que sacárselos por la fuerza como solía hacer a veces, sobre todo aquel que le susurró al oído con el cual no pudo contener su risa Shhh, quizás me desgarres cuando suceda. Intenta que eso no pase, sueles ser bastante agresivo en la cama. … ellos follaron hasta que se enamoraron, eso piensa Jessica. Ella también le susurró al oído pues era un tema que le correspondía solo a ellos, sus ojos bajaron a la fotografía después de eso —No hace falta que nos sigan para arruinarnos la vida t--…— su idea quedó inconclusa debido a que volvió a atacarla de sorpresa hasta que le dejó los pulmones casi vacíos y el corazón cabalgando, palpitante excitado —Tienes… que dejar de hacer… eso, por ahora…— ¿acaso no comprendía que había perdido práctica? —Eres un bruto… egoísta, ¡grrr!.— gruñir de esa glamorosa manera mientras le mostraba los dientes se convirtió en un gesto de enojo que solo le mostraba al birmano, era bastante atractivo a decir verdad que esos carnosos labios se abrieran para mostrar una fila de dientes perfectos y blancos mientras la castaña ejercía ese sonido desde lo profundo de su garganta. Los mellizos habían terminado de comer y se aferraban a su madre tal como koalas, no hacían nada, solo jugaban con la prenda de Jessica y recorrían el cuarto con sus suaves miradas, observando de vez en cuando a su madre y padre para dedicarles una rápida sonrisa para luego volver a lo suyo —Yo no tengo una foto en familia.— triste pero cierto, o era con su padre o con su madre, hasta la fecha jamás supo por qué nunca encontró una imagen donde el matrimonio estuviera junto abrazando a la única hija de ambos —Supongo que… sería lindo tener algo así.— era otra etapa para la californiana, ahora pasaba de tener fotografías ocasionales con el birmano en diferentes lugares a tener retratos fotográficos de dos bebés que les pertenecían a ellos. No duda de que varias de esas imágenes van a terminar en su álbum que aún escondía del saber del tigre —Tienes razón. No todo es malo, solo debo comenzar a verlo desde otro ángulo ¿no es así?. Supongo que debo exigirme un poco más. Será muy difícil… pero al menos los tengo a ustedes tres.— los cuales eran su motivo para seguir de pie.

El tigre, al tener el olfato más afinado, pudo percibir antes que Jessica que los niños necesitaban otro cambio de pañal. Por supuesto que siguieron todos los pasos para hacerlos eructar, y claro que cuando le tocó cambiar a Aaron éste se quedó quieto mientras se chupaba el puño… de paso, Holtzmann le levantó un poco más el trasero para fijarse si no había alguna pequeña protuberancia que pudiera ser en el futuro una cola animal. Pero no había nada allí, todo era normal tal como Ran. La niña, a diferencia de la manera que se comportó con la madre, en manos de su padre no se quedaba quieta para nada y le complicaba bastante al luchador hacer algo tan simple y rápido, Jessica ya había terminado de cambiar a Aaron y solo negaba al ver que su esposo no sabía controlar a un bebé —Ran.— subió la voz mientras le tocaba la frente con los dedos, la niña elevó sus orbes zafiro a la castaña y tal como si le hubieran aplicado un hechizo se quedó quieta hasta por fin lograr cambiarla. Era para presumir que dos recién nacidos parecían hacerle mayor caso a Jessica que a Nebiri. Se tomaron un descanso de eso de apenas segundos donde solamente se miraban a los ojos con una afable sonrisa, un minuto después entró la enfermera con una bandeja donde se repartían cuidadosamente los alimentos y medicamentos. Al ver que Nebiri se preparaba para irse le puso una mano en el hombro —Hey, no sé si llegaré para verte luchar con Abgal o si podré ir. Solo te deseo suerte ¿sabes? ellos también.— cargó a los dos bebés en brazos plasmando una dulce sonrisa —Y tómate el día de hoy para descansar. Duerme en casa, Nebiri. Quizás Chiara pueda quedarse conmigo esta noche.— un buen consejo por parte de una preocupada esposa que hasta el momento ejercía su rol como tal lo mejor que podía. La italiana se posicionó al lado de Holtzmann y sin más le pasó al niño, pues la californiana notó que veía con mucho cariño al pequeño con orejas de tigre —Chiara, ¿cómo estás?, ¿Anthony tuvo alguna pérdida de dinero para no venir a verme hoy?— no es que deseara verlo pero de alguna manera aquel demonio era un tema de conversación que tocaban bastante gracias a Chiara y su remarcado afecto por el demonio. En cambio Jessica no hablaba mucho de Nebiri y su relación, solo lo necesario se podría decir.

Al irse, ambas mujeres quedaron solas y en silencio por un momento, entonces la vampira tomó una silla para sentarse al lado de la castaña. Por supuesto que el tema de conservación fue lo que sucedió anoche, se lo contaba con calma mientras le prestaba su mano  la rubia. Ran se encontraba tranquila en brazos de Holtzmann, se las ingenió para chupar el dedo índice de su madre mientras miraba el techo —Ah, Chiara, ojalá fuera tan sencillo lo que dices.— negó suavemente para mirarla a los ojos luego —No quiero que tú ni el demonio metan las garras aquí. Sé lo que te dije, pero hoy no se aplicará eso. Aquel ser solamente hizo lo que le pidieron, al fin y al cabo una fotografía no es nada en comparación a lo que suelen usar para asustarme. Pero… me cae bien que estén a mi disposición.— de alguna manera la hacía sentir como si tuviera sirvientes a su lado, soberbia como siempre —Eres una buena amiga, Chiara.— pero la italiana era diferente, a ella la trataba con respeto e igualdad porque se lo ganó según el exigente criterio de Holtzmann —¿Sabes?, disfruta esta imagen, vampira. Es lo más cercano a un matrimonio que tendrás conmigo.— y claro que usaba la adoración de Chiara a su favor, de alguna manera le parecía interesante tener una amiga que se sintiera sentimentalmente atraída hacia ella… bien, lo vivió antes con la extraterrestre antes de que desapareciera de su vida luego  de la catástrofe que azotó New London —¿Acaso quieres ayudarme a darme un baño antes de que llegue mi esposo?— las bromas pícaras entre ellas nunca faltaban, por supuesto, siendo aceptadas y replicadas con coquetas y finas sonrisas.

Quién sabe a lo que hubieran llegado Chiara y Jessica si hubieran sido ellas quienes se conocieron en el bar —Vamos~— hubiera sido muy interesante.

Jessica Holtzmann
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Re: [+18] Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

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