Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

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Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Jue Oct 12, 2017 12:34 am



ALREDEDOR DE MEDIODÍA
CASA DEL ÁRBOL
JESSICA HOLTZMANN
THE WAIT IS OVER, TIGER
Había pasado poco más de un mes desde que retomó su vida como peleador callejero y le había estado yendo bastante bien desde entonces. Aun hacía sparring pero solo con un par de luchadores con los que podía sacar algo más de fuerza y que no eran principitos enclenques y delicados como algunos que se echaban atrás luego de un par de potentes golpes del tigre. Llegó a hacer sparring los lunes y los viernes por la mañana, mientras que los miércoles en la noche eran para proteger y mantener su puesto como campeón de las peleas callejeras de los barrios bajos... Y de hecho una de sus peleas fue literalmente en la calle, en una zona del mercado negro donde cerraron una pequeña calle completa para que pudiera pelear contra un jodido elemental que controlaba la electricidad. Le dio un par de buenos choques eléctricos, pero el haber pisado por accidente los cables de alta tensión en el laboratorio de Jessica lo había preparado física y mentalmente para ese tipo de impactos, así que fue relativamente sencillo dormir a ese tipo de un buen puñetazo en la cara, directo en la nariz. Luego del wendigo, ningún otro oponente le había dado demasiados líos al birmano y mantener su posición como campeón no era demasiado complicado. Lo que sí cambió desde entonces es que había dejado de ser el último en la lista de apuestas y ya las encabezaba, cosa que era igualmente buena para el negocio, pues no faltaban quienes apostaban fuerte por un oponente cuya raza era naturalmente más fuerte que un simple híbrido de animal. Y ahí radicaba el poder del tigre, en su propia simpleza, en saber usar cada parte de su cuerpo y en esa fuerza que solo aquellos con alma humana eran capaces de alcanzar. El entrenamiento, trabajo y meditación constante le estaban ayudando a sacar esa fuerza máxima de su cuerpo a voluntad, y sin que doliera tanto luego de usarla. Aun resentía el sobre esfuerzo de sus músculos, pero era el mismo dolor que alguien que se había excedido de ejercicio sufría, ese dolor que con el tiempo iba desapareciendo, y eso mismo pasaba con el tigre. Y aunque sus garras podían dañar piel y músculo hasta llegar a hueso, y sus fauces como tigre literalmente podía romper huesos, el tigre birmano era un cuidadoso felino alrededor de su ama.

El rumor se esparció rápidamente y, por lo que supo de Alik, el muy ladino corrió la voz en su trabajo de que ese par sí eran ama y esclavo, que Jessica salía con elegantes hombres y el birmano podía salir con quien quisiera porque Jessica era una ama muy consecuente con su esclavo, le daba muchas libertades y éste le era fiel. Cosa aparte era el drama que tenían armado en el hospital. Debido a que ya la oscura pareja no vivía de vecinos con Jessica y Nebiri, ya solo el tigre aparecía con la castaña en el hospital, y ocasionalmente la rubia hermana adoptiva de la castaña. Del demonio no sabían demasiado y eso tenía muy indignado al personal del hospital, y que Jessica inventara dramas y la vampiresa le apoyara bastante no era de mucha ayuda a la imagen del demonio. De hecho, en uno de sus andanzas por la ciudad al lado de Chiara, se encontraron con una enfermera que trataba con excesivo cuidado a Jessica cada que iba al hospital a sus revisiones y terminó por gritarle muchas cosas ofensivas al demonio. Tony aguantó como un campeón y Chiara no falló en contarle todo a Jessica ni bien volvieron a casa y le dio una visita a la pareja. Poco faltó para que abofeteran al demonio.

A mencionar que el birmano notaba que su esposa cada vez dormía menos por las noches, los cachorros daban mucha guerra ahí dentro y decidió ayudar a Jessica a dormir durante el día para que pudiera resistir mejor la noche sin que los desvelos le hicieran tanto daño. Pocos días eran los que podía estar relativamente cómoda, cosa que aprovechaba su esposa para salir y despejarse. Procuraba darle su alimento y medicinas a la hora que era, y por la noche comenzó a despertar con ella para darle masajes, mimarla y dejarse maltratar sin oponer resistencia para que su esposa sacara toda la tensión de su cuerpo. Sus bofetadas últimamente eran más fuertes, pero aguantaba bien, Nebiri estaba al tanto de que era Jessica quien peor la sacaba. Ya no aceptaba tantos besos y caricias, y era normal considerando que estaba en el último tramo de su larga espera. Según su médico de cabecera, estaban a poco tiempo, solo era cuestión de esperar a que los pequeños decidieran salir y a mencionar que más de una vez tuvo que llevar a Jessica al hospital en medio de la madrugada pensando que ya era hora, pero no, era falsa alarma. Tomó por costumbre llegar a casa temprano ni bien terminara la pelea, así que a lo mucho estaba dos horas fuera de casa cada que le tocaba salir a hacer sparring o a pelear en los barrios bajos. Tenía que estar en casa, sobretodo por esas fiebres repentinas que le daban a Jessica. No le gustaba verla así de mal, por lo que se tomó el trabajo y el tiempo de tratar de calmar a ese par con su voz y con caricias en el vientre. Funcionaba como remedio temporal para al menos ayudarla a dormir un poco más. No se podía imaginar cómo fue que la madre de Jessica se las arregló para llevar su embarazo considerando que su marido no es precisamente el hombre más cariñoso del mundo. Peor aun, luego de haber perdido a su primera hija desde antes de nacer uno supondría que su esposo sería más atento con ella, pero Jessica le hizo saber que no fue el caso. Y con su propia madre, la poderosa tigresa de la selva, ella llevó su embarazo en forma animal, lo que era más cómodo tanto para andar como para reposar, además, Nebiri le dejó una parte del territorio donde ella podía fácilmente conseguir alimento, así que en la selva era más sencillo. Nebiri nació como un pequeño tigre, no como humano, así que fue más simple para su propia madre.

Ésta no era el caso, su mujer se cansaba más, se enojaba más, le gritaba más a sus compañeros de trabajo, se dolía y la pasaba mal y el birmano se desvivía para tratar de hacerla pasar más cómoda esos últimos días de espera. Incluso Chiara estaba más atenta e iba a verlos seguido, sobretodo cuando Nebiri tenía que salir a trabajar. Le hacía compañía a Jessica y ya fuera que vieran televisión, jugaran cartas y apostaran o simplemente platicaran hasta que el birmano llegara a casa. Para pasar el tiempo, la italiana le contaba cosas de sus viajes, de otros amantes que tuvo, de los Di Santis que aun vivían y de quienes aun cuidaba y también de cómo podía ser tan larga la eternidad, y eso que sus años se contaban aun en siglos, no en milenios. Anthony cada tanto iba a verla, pero por cuestiones de negocios y en parte para saber si estaba bien. Incluso el demonio se ofreció a darle clases de manejo a Jessica cuando estuviera en condiciones, no estaba seguro de si Nebiri sería capaz de darle clases de manejo a su esposa con ambos gritándose cosas a la mínima oportunidad.

Ese mes pasó tan lento pero tan rápido a la vez, que ya solo miraban el calendario y animaban a los pequeños a salir de una buena vez antes de que terminaran de destrozar el interior de su madre. Ambos eran fuertes, tenían buen tamaño, reaccionaban activamente a las voces de sus padres y era imposible saber lo que querían dar a entender con todos esos bruscos movimientos. Según el médico, los niños ya se estaban acomodando para salir, pero al ser dos, uno buscaba salir antes que el otro, por lo que tenían que estar atentos.

Ya eran finales de año. Oficialmente no era invierno aun, faltaban un par de semanas aun, pero llovía aunque fuera de breve manera todos los días. El agua-nieve hacía que Nebiri temblara hasta los huesos y se apresurara a llegar a casa. Se aseguró de tener a sus animales bien resguardados y de asegurarse de que el establo de Oliver estuviera protegido del frío y la lluvia. De donde el corcel venía no había nieve en invierno y Jessica se lo advirtió bien, así que invirtió tiempo y mucho trabajo y materiales en hacer que su establo estuviera seco y cálido. Solo salía a caminar cada tanto cuando la lluvia amainaba un poco, le gustaba la hierba húmeda con esos trocitos de hielo. El birmano tuvo que conseguirle al corcel una manta invernal para que pudiera sopesar bien el frío, y como Jessica no estaba en condiciones de lidiar con el caballo, tuvo que ser Nebiri quien se lo colocara... Se lo compró a mediados de Otoño y le tomó tres semanas poder abrigarlo. El caballo se alejaba, relinchaba, reparaba y amenazaba con darle con las patas ni bien se acercara demasiado. Tuvo que ir poco a poco y seguir las instrucciones de su mujer al pie de la letra, como estar cada vez más cerca de él con el abrigo en manos sin hacer nada, solo quedarse ahí quieto hasta que Oliver terminara por ignorarle. Tenía que irse luego de ello para hacerle saber al caballo que no era una amenaza y repetir el ejercicio un par de horas después. Lo hizo a diario y luego de mucha, mucha paciencia y constancia, al fin el corcel toleraba que el birmano le tocara la cabeza. Pudo colocarle el abrigo justo a tiempo para las tormentas más fuertes.

El sol salía alrededor de las siete de la mañana y se metía más o menos a las cuatro de la tarde, así que el birmano tenía que terminar todo antes de que oscureciera para poder estar en casa ocupándose de su esposa y de todo en la casa. Bulleye era un buen ayudante, por cierto, estaba atento a Jessica y gracias a él podía incluso dar instrucciones a su equipo desde la comodidad de la cama. Tuvo que dejarle su móvil a Jessica por un tiempo más antes de que ella se consiguiera uno nuevo, pero...

Sí, el birmano se había enfadado más de una vez porque el tal Frank marcó a su número para hablar con ella y quedar en una cita para platicar, beber un té, café y un postre. El birmano tuvo que soportar ir a llevarla a su citas ocasionales con el cheetah. Él mismo salía un poco más con Alik, sobretodo en sus peleas donde al menos podían comer en la misma mesa y pasar un poco de tiempo antes de que Nebiri volviera a casa. Incluso lo invitó a sus sparrings y en un par de ocasiones pudo acompañarlo, luego de ir a comer algo se despedían. Claro, el rubio aun aprovechaba la cercanía que el birmano permitía y se le abrazaba. En una ocasión logró verlo desnudo, sin que Nebiri lo planeara, cuando le permitieron usar las duchas del gimnasio para asearse un poco y el rubio le llevó su móvil porque estaba sonando. La llamada era de Tony, por cierto, pero eso permitió la entrada del mono a las regaderas y lo vio. No pasó nada más, pero la sonrisa del chico era imposible de ignorar. A saber lo que pasó por su mente en ese momento, el birmano no le tomó importancia, solo hacía lo suyo y procuraba tratar bien al chico. Era agradable, jodidamente listo y ya había aprendido a seguir el acelerado ritmo de sus conversaciones, además de esos inadvertidos cambios de tema que las primeras veces lo tomaron por sorpresa. En más de una ocasión lo llevó a sus sitios favoritos para comer y ambos comían además de pedir para llevar. La amistad iba bien según el híbrido, pero procuraba no provocar o permitir algo que pudiera poner triste a Alik a futuro.

Había sido un mes muy ocupado a decir verdad y éste se pasó volando.

Era jueves y amaneció con una ligera lluvia que obligó a los habitantes de la ciudad a ponerse sus mejores abrigos. Nebiri usaba una segunda capa de ropa debajo de su túnica, desde que estaba con Jessica usaba ropa interior cálida que la californiana le consigió con la excusa de que se le podrían "encoger los huevos" si no mantenía el calor... Y como todo lo que tenía que ver con sus genitales lo ponía defensivo, cada prenda que ella le conseguía, el birmano la usaba de todo corazón. Era mediodía cuando su móvil sonó, estaba en la mesa de la cocina, así que dejó de lado el chocolate caliente que estaba preparando para su esposa y tomó la llamada. Gruñó al ver qué número era. Ya lo conocía, era el número de Frank.

Jessica, es el gato pulgoso de nuevo —bufó el birmano procurando tapar el micrófono del móvil y fue a llevarle el teléfono a la cama a su esposa, quien trabajaba en su portátil mientras Bulleye mordía sus juguetes bajo la cama.

El birmano enfadado de manera casi gratuita, su esposa lanzando sus mejores estocadas a su esposo, ambos en su cálida casa. Una mañana normal para la pareja.



ကျား

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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 12, 2017 11:04 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Ha notado que le cuesta respirar debido a que los huéspedes dentro de ella ya han crecido mucho durante el último trimestre; esto es normal según los médicos. Iba a orinar con mayor frecuencia, además en la última semana comenzó a sentir una fuerte presión en el área de la vejiga. Y lo que estaba pensando pudo comprobarlo cuando fue a una cita médica no prevista solamente acompañada por Chiara, allí le confirmaron que ambos niños estaban acomodando las cabeza en el canal de parto… uno luchaba contra el otro para eso. Jessica había soportado demasiado, cada vez se sentía peor, le dolía tanto el cuerpo que en ocasiones se quedaba en cama todo el día, frecuentemente levantaba temperatura, no estaba de ánimos para nada por lo que se volvió lejana a su esposo en el último mes. No solo no quería que nadie la tocara sino también que le hablen cuando tenía jaqueca o un mal estomacal, males los cuales no eran por otra cosa más que esos cachorros que la pateaban tan fuerte hasta provocarle falsas contracciones. ¡Por ellos más de tres veces fueron al hospital pensando que era la hora!, al principio no se tomó como totalmente verídico la advertencia de que el último mes sentiría dolores a un grado más alto que 'intenso', la castaña admite que fue error suyo: eran híbridos de tigre, diablos, por supuesto que era más fuertes, más inquietos y, según comprobaron las ecografías, un poco más grandes que un bebé promedio. Jessica ha contado sobre aquella sensación de quemadura en su vientre que siempre la hacía lagrimear, sentía leves raspaduras internas que la hacían doblarse de dolor, y por supuesto que no fue consuelo saber que eso se debía a que los pequeños desarrollaron pequeñas garras. Preocupados por esto, aunque intentaran disimularlo delante de la inventora, le han sugerido adelantar la fecha del parto para evitar que la siguieran haciendo daño: durante su estancia en el útero materno han provocado demasiado en la madre, le aseguraron que si seguía adelante probablemente la lastimarían de alguna forma grave de lo que estaba soportando en esos momentos. Sí, esos cachorros consumían a Holtzmann. Pero esa recomendación no fue aceptada por ella, pues sabía que si nacían prematuramente no iba a poder verlos ni tocarlos durante su primera semana de vida. Ni ella ni Nebiri. Por lo que decidió seguir adelante por más que ya no dormía bien, comía poco y sin duda si fuera una especie de felino su pelaje permanecería siempre erizado porque se encontraba alerta y molesta por todo. Aquel mes comprendió por qué muchas razas evitaban procrear con otras, no solo porque ser 'híbrido' es visto como sinónimo de debilidad ya que no era de una raza ni de la otra, sino que si alguna de las dos razas involucradas era 'débil' entonces un proceso de gestación podría terminar catastrófico tanto para la madre como el bebé… y en casos extremos, para los dos. La humana y el tigre arriesgaron mucho.

Holtzmann lo experimentaba a flor de piel, diablos, siempre le gritaba a Nebiri que la dejara en paz porque él no sabía cómo rayos se sentía, prefería quedarse en la cama o en el sillón aferrada a su vientre en posición fetal intentando canalizar el dolor. Los hijos de Nebiri, El Tigre, estaban desgastando a Jessica Holtzmann. Cuando su esposo no estaba se hacía cargo de la casa pero cosas básicas, sencillas y sin mucho esfuerzo, podía lavar platos pero no barrer, por ejemplo. Estar mucho tiempo parada fue dejado de lado. Bulleye le pasaba los objetos que no alcanzaba y siempre estaba a disposición de su creadora, más cuando el birmano no se encontraba en la casa. Pero a pesar de lo complicado de su situación, ha salido un par de veces con Frank para encontrarse en algún bar con tal de pasar el rato. Martin se convirtió en poco tiempo en una especie de amistad, no profunda, pero podía hablar de diferentes temas que les interesaban mutuamente, Holtzmann supo que él era conocedor de astrología e incluso llegó a estudiarla. Que su novia de la universidad lo dejó por otro, que sus padres fallecieron en un accidente automovilístico un año después, que vive en un departamento  junto a perro llamado Bernard, y obviamente siempre recalcó aquel deseo de que lo acompañara. Claro que Jessica evitaba el tema, incluso rechazaba todas las ofertas de manera 'amable' hasta que se ponía pesado, allí simplemente agarraba su bolso y se iba. Martin no entendía la verdadera razón del por qué era tan brusca y el por qué se negaba tanto, no podía ser por el tigre… esa relación era platónica, creyó, y sacándolo a él no había otra razón lógica para vivir en New London. El hombre quedaba a la deriva siempre que se despedía de la californiana pues le quedaba poco en ese país.

Algo muy bueno que le sucedió es que desde la empresa le enviaron los formularios necesarios para ponerla a prueba ante su pedido de ser supervisora. Tuvo que llenar bastante papeleo, aunque la mayoría fueron trámites por correo en verdad no le fue para nada sencillo ajustarse a todo lo que le exigían allí. Al parecer sus horarios no eran tan flexibles como creyó que serían, debía presentarse más temprano, usar uniforme y a su vez no tendría los días libres que contaba siendo un trabajador normal. Sí, iba a estar un poco más presionada, pero en comparación a el cómo trabajaba antes era mucho mejor. Al menos no se llevaría tanto trabajo a la casa ni tampoco volvería demasiado tarde. El puesto era casi suyo, solo era cuestión de esperar la respuesta definitiva de la junta. Claro que influía el hecho de que su esclavo noqueó a su jefe, eso le bajó unos puntos a su conducta pero… al final no lo tomaron tanto en cuenta, verificando las cámaras comprobaron que en verdad el idiota se le encimó a la castaña. No es que ElectriX fuera un sitio moralista a decir verdad, todo sus dueños y los de alto mando eran demonios al fin y al cabo, pero Holtzmann era un pilar fundamental al ser la empleada más calificada y, pese a sus arranques de locura, la más eficiente. Siempre lo ha sido. Por esa razón decidieron votar a favor de ella aquella vez. No ha tenido contacto con Zhukovski desde aquella vez, solo lo ha visto ocasionalmente cuando iba al establecimiento a entregar los papeles… y aunque su nombre ya no era sinónimo de miedo para la inventora, aun poseía ese algo que cada vez que cruzaba miradas con él le hacía sentir escalofríos. Es más, la primera vez que lo vio después de tanto tiempo quedó paralizada, sus piernas no respondían, con gran esfuerzo interno se puso en marcha de nuevo mientras bajaba la cabeza buscando así ignorarlo. De haber sido una pequeña e inocente criatura, sin duda alguna se hubiera orinado de miedo. No se animaba a contarle a Nebiri que aún sentía cierto pánico cuando se lo cruzaba, y no por lo que intentó hacer con ella aquella última vez sino por todo lo que le ha hecho toda su vida en ElectriX.

Esa última etapa fue dura para Holtzmann. Pero el mes estaba terminando. Para entonces el frío penetraba hasta los huesos, sabía que su esposo debía cambiar la jodida costumbre de andar como él quería por la casa, lo amenazó para que se abrigara más porque de alguna u otra forma perdería los testículos y se lo tendrían que amputar. Más de una vez bromeó con que se le caería el pene. Últimamente recuperó bastante de la vida que dejó de lado técnicamente cuando se casó con ella, Jessica sentía más su ausencia y de hecho no le molestaba, le gustaba estar sola a veces, y con los días que hacía sparring junto a sus luchas había un gran hueco que se tomaba para hacer lo que quería. Sin embargo no estaba tan a gusto desde que tuvo esas fuertes contracciones que ambos pensaron que iba a dar a luz en el suelo de la casa, claro que no, desde ese momento le exigió volver enseguida ya que no quería estar sola mucho tiempo. Aquella mañana era particularmente fría, tan así que su esposo tuvo que usar dos capas de ropa para  retener calor, sin embargo al encender la chimenea todo el ambiente se tornó más cálido y soportable, sí, incluso Holtzmann usó un simple vestido con un par de calzas negras ya que no hacía falta abrigarse demasiado allí dentro. Había tenido otra mala noche de mal sueño, por supuesto, no quiso despertar al híbrido porque sabía perfectamente que él llegó agotado de su pelea por lo que no buscó molestarlo en toda la noche. Aguantó sola todos sus dolores, lo soportó a la vez buscando también calor en los brazos del tigre bajo la manta. Pese a todo… los bebés dejaron de moverse a las tres de la mañana.

Pudo dormir un poco, no lo deseado pero sí lo suficiente. Luego de dar varias vueltas a la casa volvió a recostarse en la cama, acaparó todas las almohadas para usarlas de respaldo y su enorme vientre resultó una buena mesa para su laptop. Terminaba el informe del último proyecto que su equipo trabajó, estaban retrasados, y aunque legalmente Holtzmann estaba de licencia ella se involucraba de todos modos. Ella misma se ofreció después de todo, no le gustaba estar tan lejos de su profesión. Exactamente en el momento que presionó el teclado para enviarlo escuchó el teléfono del birmano sonar, y no hizo falta que le dijera mucho para saber quién estaba del otro lado del aparato —Ni siquiera hace falta que me lo dijeras. Tu rostro lo dice todo.— sabía que era Martin porque todos los vellos del tigre se erizaban, claramente se tensionaban los músculos de su cuerpo y del rostro, y claro que también se veía que su mirada se afilaba —Pásame con mi amor prohibido.— jugar malas bromas a su pareja es algo que nunca dejó de lado. Extendió el brazo para agarrar el teléfono y enseguida lo pegó a su oreja —Frank. ¿Cómo te fue en la autopsia?— se refería a una presunta víctima de asesinato de la que hablaron hace tres días, una mujer joven. Martin fue escogido para auxiliar a un juez con tal de resolver dudas derivadas en el cuerpo del individuo en el presunto hecho delictivo —Pues, ¿cuál es el tóxico potencialmente letal que puedes conseguir en cualquier farmacia?— Jessica lo pensó en menos de un segundo —Cianuro.— respuesta a la que el cheetah asintió —Le dieron de beber cianuro. Aunque los ematom…-— fue interrumpido por una voz que lo llamaba desde lejos, aquel tono rebotaba por las paredes y además se oía demasiado ruido de fondo por lo que Jessica se tapó el otro oído para concentrarse en la voz de Frank —¿Estás en un tribunal?— tuvo que levantar la voz, pero el eco era demasiado alto —Sí. Debo ir a declarar. Te llamaré en un rato.— usó su poco tiempo para llamarla a ella, considerado… pensó Holtzmann, pero inútil. No sabía por qué diablos aún no le apartó la vista de encima luego de tantas veces que lo rechazó.

Dejó el teléfono en la mesa, justo arriba de su laptop cuando la cerró. Se puso de pie para dirigirse a la cocina donde el tigre tenía listo dos grandes tazas con chocolate caliente, algo que agradeció la castaña porque tenía mucho antojo de eso los últimos días —Gracias.— se sentó en la mesa agarrando la taza con ambas manos, sintiendo así el agradable calor que invadía su cuerpo de apoco. Soltó un suspiro, estaba cansada pero… relajada, miró un rato el chocolate hasta que por fin decidió hablar —… ¿Alguna vez peleaste con una mujer?— ante esa repentina pregunta lo miró a los ojos, su gesto era afable, neutro, no transmitía nada más que serenidad, era mejor que estar nerviosa o malhumorada y con dolores de cabeza por su mala actitud, iba a darle un descanso de sus zarpazos al tigre aquel día —Contra una luchadora me refiero. Sé que no es lo común, pero he estado hablando con Anthony ayer y al parecer hay una mujer que está amenazando con robarte el puesto.— justamente el francés la llamó para hablarle respecto a eso, pues sabía que Nebiri tenía cierto conflicto con enfrentar a las hembras por la forma en la que fue criado, así que prefirió que primero la inventora le hablara al respecto —Pero… no es una mujer normal. Ni tampoco creo que te hayas enfrentado con una alguna vez.— sin desperdiciar un segundo decidió levantarse para buscar entre sus cosas del cajón una fotografía que el demonio le envió para mostrársela —Viene de un planeta que ni siquiera está ubicado en nuestra vía láctea: Acathar.— la fotografía era clara. Se la estampó a Nebiri al lado de su taza —Su nombre es incapaz de pronunciarse con vocablos humanos. Pero la apodaron Abgal.— Anthony le dio todos los detalles sobre ella, pero a la vez averiguó por su cuenta sobre la futura oponente de su esposo —Sí, Nebiri. Es una alienígena. Una guerrera en su planeta pero fue exiliada, así que no vas a enfrentarte con alguien que solo presume ser grande muy fuerte, ella de verdad belicosa y tiene experiencia en combate.— algo que la gran mayoría de los luchadores con los que se enfrentaba el tigre no poseían, tal como él le decía, solo fanfarroneaban para aparentar algo que no son —Solo posee tres dedos en cada mano, pero no son dedos… son garras que pueden cortar metal tal como un cuchillo manteca. Su dentadura es un desfile de filosos colmillos y posee una cola similar a la de un tiburón zorro. Por supuesto, también es filosa.— pero lo realmente importante es que tenía una habilidad que la ha puesto casi en la cima —…Y, escupe veneno. Un ácido que crea laceraciones en la piel según la cantidad que te alcance. A algunos aquel tóxico les ha consumido el brazo consumiéndolo de apoco tal como si tuvieran lepra. Otros terminaron con quemaduras de tercer grado y hospitalizados, y otro pequeño grupo los dejó permanentemente ciegos al escupirles en el maldito rostro.— no le cabía ninguna duda de que era una oponente por demás peligrosa, hasta a Jessica le daba repelús el solo leer lo que le ha hecho a todos sus contrincantes.

Dejó que el birmano asimilara la situación, y cuando le dio los segundos suficientes tomó un poco de chocolate —Entonces… ¿qué dices?, ¿tienes algún problema con eso?— ni siquiera esperó su respuesta para dar su opinión —Porque francamente a mí no me agrada la idea de que pelees con ella. No me confió mucho respecto a esa lucha… la tendrás pronto, quizás el otro miércoles pero no te jugarás el titulo por supuesto, es solo para probarlos a ambos.— le dio un sorbo más cargado a la taza mientras se levantaba para dirigirse al cuarto y abrir el armario —No es desconfianza respecto a que posiblemente no ganes, al contrario, tienes muchas probabilidades de ganarle… pero no tengo confianza de que eso te salga gratis.— sacó un selecto abrigo gris con tres botones grandes —Pero es tu decisión al fin y al cabo. Claro que yo no estaré contenta de visitarte en el hospital luego de eso… ah, pero soy tu esposa, supongo que al casarme contigo acepté esa parte de tu vida. Solo trata de no hacerme viuda tan pronto ¿entendiste?— nunca ocultaba su disgusto cuando Nebiri debía enfrentarse a criaturas físicamente más corpulentas o peligrosas que él, las veces que llegaba tarde ella no podía dormir porque pensaba que algo malo le sucedió. La profesión de su esposo le quitó el sueño varias noches, era casi como estar casada con un policía: nunca sabes si él volverá a casa. Si cada muestro de afecto antes de dirigirse a trabajar sean las últimas que se den, Jessica se preocupara por Nebiri quizás más que nadie en su vida. Y claro que le molestaba ser la esposa que lo esperaba en vela para verificar que no se haya muerto, pero lo hacía de todos modos. Todos los jodidos miércoles tenía miedo de perderlo, y más cuando sabía que uno de sus oponentes era un wendigo. Sabía cuánto le costaba al tigre bloquear y noquear a esos inmensos monstruos. Una vez que se abrochó su abrigo tomó el celular y lo guardó en el bolsillo, volvió para tomar la taza de chocolate y beber un poco más —Estaré en el establo con Oliver. Hoy hace más frío que ayer así que veré si le pusiste bien la manta.— sabía que le había llevado semanas ganarse la confianza del caballo para que pudiera acercarse y colocársela, pero aun así Holtzmann dudaba de que lo haya hecho del todo bien —Piensa en lo que te dije. Tú eres un animal pero Abgal es una bestia. Tienes mucho ego, birmano, que eso no te nuble la posibilidad de diferenciar lo que puedes hacer con lo que crees que puedes hacer.— no iba a decirle lo que podía hacer, solo le advertía, hasta ahí se metía en las cosas de Nebiri.

Decidió bajar finalmente para salir. El suelo estaba algo resbaloso, en la puerta podía verse algo de agua nieve pegada, Holtzmann caminó con cuidado buscando pisar con sus botas la tierra evitando piedras u otros obstáculos que posiblemente la hagan resbalar. Al llegar al establo vio a Oliver sentado mascando heno, al ver a la castaña ni se inmutó, pero dejó que se acercara sin hacer el escándalo que le montaba diariamente al tigre.
Una vez allí, el teléfono volvió a sonar.





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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Oct 13, 2017 7:49 pm



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Nebiri no entendía porqué el cheetah hablaba hasta por la más mínima tontería, pero quizá era porque estaba a punto de volver a su país de origen y estar en contacto luego de eso sería jodidamente complicado. No le agradaba del todo el tipo pero no porque fuera una mala persona, si no porque estaba tras Jessica Holtzmann que casualmente era la esposa del tigre aunque nadie más en la ciudad lo sabía más que Tony, Chiara y el jefe de Jessica. No estaba seguro de si el demonio soltaría la lengua, aunque daba igual en esos momentos porque ya todos sabían que eran ama y esclavo, no una pareja romántica y bien establecida con más de dos años de relación estable, y que además estaban tan enamorados el uno con el otro que era imposible no notarlo cuando se miraban directo a los ojos. Notó que la llamada de Frank duró segundos solamente antes de que Jessica colgara la llamada, incluso la castaña era capaz de sorprenderse por lo inesperado que podía ser el cheetah. Pronto ella le alcanzó en la mesa para beber el chocolate que acababa de servir en dos grandes tazas lindamente decoradas que habían comprado hacía no mucho, en la tienda nueva de variedades y regalos donde acudían de manera regular y ya hasta los tenderos les conocían y les mostraban las cosas nuevas que les llegaban cada tanto, y de hecho fue ahí donde Jessica consiguió casi todos adornos para el cuarto de los niños, desde los peluches hasta las pegatinas de estrellas que colocaron en el techo. A mencionar que cuando Jessica estaba de peor humor dormían ahí y más o menos ayudaba a que pudiera descansar. Nebiri sopló a su chocolate y lo bebía a pequeños tragos. Lo suyo no era lo dulce precisamente, pero tampoco se negaba el gusto a darle azúcar a su cuerpo cada tanto, después de todo era parte animal y parte humano y su organismo podía con lo dulce por igual aunque no los comiera demasiado. De pronto la conversación se fue a otra cosa, preguntó sobre si había peleado con mujeres antes y la razón era por su oponente de la semana entrante.

—Pues no, no me gusta golpear chicas aunque de repente alguna mujer ebria se ha acercado a agredirme por perder su apuesta y —pero ella aclaró rápidamente que en un ámbito más del mundo de las luchas. Al parecer una mujer quería cruzar sus puños con él y escuchó a su esposa sobre la oponente que le tocaba. Sabía que había chicas luchadoras, y muy buenas, pero no solían tocarle a él y tampoco las buscaba porque para él enfrentarse a una mujer era algo muy, muy especial a su modo. Todo eso era por culpa de su crianza, al ser enseñado desde cachorro a respetar a las hembras, con ellas no podía ser fanfarrón, no podía presumir ni ser un completo idiota con ellas, así de simple, era más respetuoso. Eso su esposa lo sabía, pero había una historia que aun no le contaba a su esposa y la había pasado totalmente. No pudo contársela porque Jessica comenzó a platicarle sobre su oponente. Una extraterrestre de más lejos de lo que podía imaginar siquiera. Durante sus sesiones de astronomía con Jessica, ésta comenzó a enseñarle sobre la enormidad del universo, y tan sorprendido quedó de lo enorme que era el espacio que el pobre casi sufre un calambre cerebral cuando Jessica le explicó de maneras simples y a escala de las distancias entre planetas, sistemas solares y galaxias enteras. Siendo el tigre un ser más bien simple y básico, descubrir que su presencia en el universo no se igualaba siquiera a un grano de arena en comparación al tamaño de su propio planeta, lo dejó con una nueva lección de humildad. No solo la lejanía del origen de esa tal Abgal lo sorprendió, si no saber de sus habilidades como guerrera. Su esposa le dio suficiente información y, más la foto, fue capaz de hacerse una imagen completa de ella en su mente. La extraterrestre no era simplemente una chica ruda si no una guerrera de verdad, una como no había conocido en sus oponentes hasta la fecha. Esos idiotas eran simples bravucones, machos huevos tibios con hombrías tan frágiles que hacía falta el rechazo de una mujer para destrozarlos. Nebiri en general sentía asco por muchos hombres que eran así y que se enfrentaron a él desde el inicio de su vida de luchador callejero. Guerreros de verdad le sobraban los dedos de una mano para contar a los que se había enfrentado y que eran guerreros de verdad, no simples buscapleitos.

Ahora tenía mucha curiosidad y quería conocerla, enfrentarla. Entendía la preocupación de Jessica con respecto a las habilidades de esa oponente, pero el tigre no estaban tan preocupado en realidad. En habilidades no difería mucho de otros oponentes, las garras afiladas las tenía al menos la mitad de las razas sobrenaturales que habitan en New London, los peores eran los ghouls con sus garras envenenadas que auguraban una muerte lenta y segura a menos que uno consiguiera el antídoto. Fauces peligrosas las contaba también, ya lo han mordido tritones y antes no le han arrancado trozos enteros de piel y músculo. Lo de la cola tampoco le era nuevo, una vez enfrentó un maldito dragón que al transformarse no era tan grande pero le dio un buen latigazo con la cola que lo mandó al otro lado de la maldita arena. Lo del ácido sonaba peligroso, pero no lo sabría hasta conocerla. Estaba curioso, pero si ella estaba preocupada entonces Nebiri no debería comenzar a jugar al valiente macho y hacerla enfadar. Solo le quedaba hacer una cosa al birmano. No pensaba echarse atrás en esa pelea, y la única manera de faltar a esa pelea era que los niños tuvieran la gran idea de nacer en un día miércoles.

Tendré cuidado, mujer —dijo el birmano mientras ella se colocaba su abrigo para ir a ver a Oliver—. Ya te dije que no pienso morirme tan pronto —bufó—. No vas a deshacerte tan pronto de mi —rió enseguida y se acabó su chocolate. Se colocó as botas para salir también, pero revisaría a las gallinas y luego iría al búnker a sacar algunas frutas y verduras para la cena de esa noche—. Tendré cuidado con ella, te lo prometo —Jessica salió primero, Nebiri salió tras ella con una canasta en manos pero fue directo abajo al túnel que daba al búnker. Habían dejado de usar el búnker para vivir y sacaron solo lo necesario, aun así, iban ahí dentro constantemente ya fuera por trastos, también a lavar la ropa porque ahí estaban la lavadora y la secadora, la biblioteca más grande estaba ahí y a la casa del árbol se llevaban los libros que estaban leyendo solamente. Y también serviría para cuando Jessica se enfadara en serio con él y no quisiera verlo por la noche, podría ir a dormir ahí. Aunque nunca habían tenido una pelea a ese grado como para no dormir juntos, al parecer esas cosas solo pasaban en la tele, ¿verdad? Todo ahí abajo estaba bien, aun tenía los aromas de ambos en el ambiente, aunque estaba más frío porque no estaban encendida la calefacción. Recogió algunos tomates, patatas y mucha fruta para dejarla en la mesa y que Jessica podía tomar y comer cuando quisiera. Tardó unos minutos en volver arriba y fue a ver a su esposa, que de momento llamaba por teléfono, posiblemente era Frank de nuevo, o quizá uno de sus compañeros de trabajo, no solía molestarla demasiado cuando ella estaba en llamadas o trabajaba. Oliver estaba bien y su abrigo en su lugar, claro que se lo había colocado bien.

Luego de acomodar las cosas volvió abajo y esperó a que Jessica terminara su llamada telefónica.

¿Sabes? Nunca te lo conté, pero sí peleé con una mujer una vez hace tiempo —no se metió al establo, solo se recargó en el cerco con una sonrisa. No pensaba quedarse mucho, solo hasta contarle esa pequeña anécdota—. ¿Recuerdas nuestra primer salida a la playa? Cuando te preparé el asado de pescado y esas cervezas que te gustaron —por supuesto que su esposa tenía una gran memoria y lo recordó—. Y que las cervezas eran de una taberna de una familia de vikingos —rió—. Bueno, no te conté que me puse a pelear ahí porque estaba ya algo ebrio y le tiré los dientes a unos tipos, pero entonces ésta chica, que es la dueña, una lycan, de pronto me dio un golpe diciendo que para pelear en su bar tenía que tener aprobación y pelear contra un "padrino", y que ganara o perdiera tenía que pelear... Y resultó que ella fue la "madrina" y peleé con la lycan. Era fuerte, ¿sabes? Cuando peleo con mujeres fuertes lo hago porque respeto su poder. Con ellas no me porto como idiota... Ah, ¿cómo podría explicarlo? Es más... Ah... Respetuoso el asunto, creo... Solo sabrías a qué me refiero si me ves peleando con una. Con las tigresas de mi territorio sí peleé —las madres de sus otros hijos—. Peleé con muchas tigresas en realidad y las primeras me dieron una paliza porque yo era muy joven para compararme en fuerza. No me porto como idiota cuando peleó con ellas ni tampoco insulto. Aunque... No sé si quieras ver la pelea con video como aquella vez con ese aparato que llevó Alik. Podría pedirle que grabe con el teléfono y me veas —sonrió—. Quizá esa pelea te gustaría con todo y que esa chica escupa ácido. Cuando peleo con un guerrero me porto como guerrero —afirmó con orgullo, pero eso ya lo vería en su momento.

Los guerreros eran como una clase aparte según el birmano, pero los de verdad, claro, no los habladores ni los presumidos.

Apenas le contó esa pequeña anécdota y platicaron un poco más, Nebiri la dejó en paz con Oliver mientras iba arriba a terminar de detallar el balcón que había estado construyendo. Tenía que acabar antes de que llegase el invierno o la nieve humedecería tanto la madera que no podría trabajar con ella. Ya solo faltaba asegurar todo, lijar y pintar si era posible, pero con toda la humedad y la lluvia constante no podía salir a barnizar siquiera. Tenía que esperar a que el sol saliera aunque fuera unas horas para poder barnizar la madera. Haría un par de sillas para el balcón pero esas las podría armar durante el invierno, además de una mesa pequeña para que su esposa pudiera poner ahí su libro, su té, su portátil o lo que ella quisiera. Además tendría que hacer las barras del barandal más estrechas por si los niños llegaban a estar por ahí ya gateando o caminando, debía evitar que se fueran entre las barras y cayeran por mucho que los felinos pudieran caer de pie. Tenía trabajo aun, además tenía que poner a ahumar un nuevo trozo de carne y hacer más queso para la semana. En esos días terminó el nuevo cobertizo para dejar sus carnes secando. Estaba haciendo tantas cosas a Jessica que en esas semanas ni siquiera podía pensar en tener intimidad con su esposa. A lo más los besos que ella se dejara dar, por suerte su esposa lo ha puesto a trabajar bastante. Cuando llegaba a necesitar algo de alivio considerando su condición de macho y toda esa testosterona que lo recorría a diario, bastaba masturbarse en el baño para estar a gusto.

No lo sabía, pero el aroma de Jessica y de la leche que escurría de sus pechos y que la enfadaba por mojarle la ropa, habían dejado en relativa calma al animal, atento, defensivo desde luego y protector, más celoso que de costumbre y se notaba sobretodo gracias a Frank, pues solo con él era con quien salía y que era ajeno a su círculo de trabajo y amistades. Salía con Chiara y no tenía lío con ello, salía con esa mujer Torres, la de su trabajo, y nada pasaba ahí; incluso podría platicar con Tony por horas y no le pasaba nada, pero solo se acercaba el otro felino macho y al tigre ganas no le faltaban de revolcarlo en el suelo a punta de zarpazos. Los deseos sexuales del tigre de a poco se convertían en sobreprotección, algo de celos y la energía restante las usaba con sus oponentes de cada miércoles.

A pesar de que le faltaba algo de trabajo, se asomó por el balcón.

¡Jessica, amor! ¿Qué quieres de comer? —le llamó el birmano a su esposa, que seguía en el establo.



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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Vie Oct 13, 2017 11:32 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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¿Sobre qué hablaban Jessica y Frank? sobre cosas triviales. Nada intimo a decir verdad. Claro que a la castaña le costó toda su vida socializar, aún sigue con aquel minúsculo problema, conocer gente nueva nunca ha sido lo suyo. Francamente no le es fácil ser encantadora durante una plática pues poseía una actitud agria que incentivaba a pocas personas seguir con ella. Algo diferente sucedía cuando el sujeto pasaba a ser de interés, pues Martin era alguien inteligente por lo que Holtzmann no podía evitar pasar buenos ratos con él puesto que ambos poseían demasiadas similitudes en aquel aspecto, cosa que no sucedía con el birmano: claramente Nebiri era más básico que Frank, pero si tuviera que escoger entre los dos, por supuesto que una mente sin muchos conocimientos era un desafío que entretendría a cualquiera. Llenar espacios. Jessica escogería al tigre sin lugar a duda, y no solo porque se casó con él… o tal vez eso influye mucho. La cuestión era que Martin era un entretenimiento, quizás no un amigo sino más bien un conocido con el que podía pasar algunas horas si el día se prestaba a eso, y hasta allí llegaba su afecto. Sabía que Nebiri comprendía que no era más allá que eso, sin embargo a veces soportaba de mala gana sus pequeñas rabietas y la posesividad extrema que tenía con ella desde hace semanas, más de una vez en ese tiempo pelearon por aquel tema, le ha gritado muchas veces que a ella no le gustaba Frank cerrándole la boca al tigre. Ella bajaba al búnker para estar sola cuando se enojaba con él. Los celos se hicieron de gran espacio en su relación, y aunque Jessica disfrutaba de esa berrinche últimamente no estaba en posición de aguantar los embistes del híbrido. Claro que no. Se sentía gorda, pesada, adolorida, destruida y cansada como para contestarle con calma. Daba sus mejores zarpazos para que la dejara en paz, ni siquiera permitía que la tocara mucho en la cama, cualquiera diría que esa relación se estaba yendo al tacho. Pero así era el comportamiento normal, la hembra premiada necesitaba descansar y protección, y el macho debía brindarle aquello si esperaba que los cachorros nacieras sanos. Por lo que aquella distancia íntima en la que los dos estaban envueltos solo era algo temporal.

La llamada de Frank solamente fue para darle los detalles de aquel caso, era interesante para la inventora ya que de cierta manera alimentaba su morbo el saber cómo fallecieron las personas y el por qué. Le daba curiosidad, no sabía si estaba bien o mal pero tampoco le importaba. Se sentó en una silla de madera al lado de Oliver, éste recibía las caricias de su dueña mientras seguía masticando, Holtzmann tenía el teléfono pegado entre su oreja y su hombro ya que se había agachado un poco para acomodar el heno en un costado así ordenaría un poco el lugar donde el caballo se recostaba. La presencia del tigre se hizo sentir, Jessica sintió escalofríos en la nuca y giró solo para verlo apoyado en el cerco. No estaba hablando de nada indiscreto, pero se sentía algo incómoda hablando con el cheetah cuando el tigre la acechaba de lejos. Decidió despedirse con una actitud cortante ya que de alguna manera la mirada del birmano la penetraba… ¿acaso la estaba haciendo sentir mal por hablar con otro hombre?, ¿puede ser que esté sugestionada?, negó suavemente para guardar el teléfono en el bolsillo.

Con ayuda del equino, apoyándose en su lomo claramente, se levantó para caminar hasta su esposo y apoyar las mano en la cerca también —¿Acaso me estás vigilando?— increpó enarcando una ceja, pero comprobó que no era así ya que aparentemente solo la buscaba para comentarle sobre una experiencia pasada que ha tenido con una mujer. Una mujer de pelea. Claro que recordaba la primera vez que fueron a la playa, ¿cómo olvidar que al día siguiente le propuso casamiento?, escuchó atentamente cada palabra ajena mientras lo miraba al rostro, sabía que no le era sencillo la decisión de pelear con una mujer. Aún recuerda lo mucho que se asustó cuando él casi le rompió la nariz al estarle enseñándole a pelear… pero claro, ella se le fue encima enseguida terminando en una rápida riña con ambos en el suelo. Lo comprendía, sí, pero al parecer él no la comprendía del todo a ella cuando mencionó las últimas palabras —¿Qué parte no entiendes de que no me gustaría verte cubierto de ácido?— hastiada de que no entendiera su indirecta de 'te amo, no quiero que te pase nada malo', resopló y cargó un poco su peso en la cerca —Escucha, Nebiri. En primer lugar yo no iré a esa pelea. Diatlov estará feliz de hacerlo en mi lugar, lo sé, el habla maravillas de ti. Te hiciste de una pequeña fama en ElectriX.— no lo miraba, desviaba su vista al otro lado observando la espesura del pasto y el como el aguanieve lo cubría ligeramente de un blanco transparente —Y en segundo lugar, quiero que tomes a pecho la pelea y no te hagas al imbécil porque es una mujer guerrera. Insúltala, golpéala fuerte, dislócale una pierna si quieres pero ella va a ir con todo y ante la mínima oportunidad de destrozarte, lo hará.— y eso es lo que le preocupaba a Holtzmann, aquel dato que no le mencionó arriba.

¿Cómo iba a decírselo? —… Nebiri, Abgal es una asesina en potencia. Ha llegado a donde está casi aniquilando a sus enemigos, y los que no asesinó, tienen heridas graves, secuelas de por vida y algunos siguen internados.— no por nada le especificó que era un monstruo. Aquella alienígena no dejó a ningún oponente entero y por eso se estaba haciendo famosa, es más, muchos proponían que se enfrentara con El Tigre antes de que su fama alcanzara gran escala —Yo… no sé cómo vas a terminar. No sé qué te hará, ni siquiera sé si saldrás con todas las partes de tu cuerpo. ¡Tu maldita autoestima me hace explotar!— y para demostrar eso se agarró la cabeza con ambas manos, diablos, sentía un pequeño pinchazo en la sien —Pero está bien… está bien. Solo te advierto que ella no es como nadie que te enfrentaste en la vida. De eso doy fe, birmano.— más calmada al respecto suspiró profundo, se apartó de la ceca y por fin lo miró al rostro —Solo recuerda, diablos, sé más considerado con tu bienestar porque vas a ser padre…— sin embargo un dato le llegó a la mente —Bueno… tú ya eres padre… pero sabes a lo que me refiero.— cansada de dar tantas explicaciones decidió alejarse de él, volver al fondo del establo para estar sola de nueva cuenta. No estaba enojada con Nebiri, tan solo tenía un poco de miedo como de costumbre a que algo muy malo le sucediese, y sobre todo en esa etapa que lo necesitaba entero más que nunca. Ni siquiera volteó para verlo marcharse, era una escena bastante triste a decir verdad ya que parecía que vivían eternamente peleados. Que estaban juntos a la fuerza. Jessica sabe que la arisca es ella y también la que repelía el afecto.

Algo que la entretenía era cepillar a Oliver. Podía concentrarse en otra cosa, dejar vagar su mente como pocas veces lo lograba, decidió abandonar su preocupación por aquella pelea y tomar el cepillo para acariciar de esa forma el pelaje de equino. Le gustaba pasarlo por su cuello ya que Oliver reaccionaba con placer, incluso la animaba con el hocico a que siguiera, estaba en eso cuando de nuevo el teléfono vibró. Lo alcanzó con una mano y respondió de manera tranquila —¿Hola?— y la voz del otro lado era la misma —Soy yo de nuevo, ¿te sucede algo?— por supuesto que todo ese tiempo en el que se veían aquel cheetah dejó de tratarla como 'usted' siendo algo más cómodo para la californiana —Ah, No. Solo estaba pensando.— no hablaban siempre tan seguido, pero Frank tenía algo importante para decirle a Holtzmann y no sabía exactamente cómo abordar el tema, por lo que daba vueltas en diferentes charlas —Entonces… quería decirte algo hace unos días, pero nunca se presentó la oportunidad.— … iba a preguntarle de qué se trataba, pero una molestia en su vientre la hizo respingar de dolor —¿Estás bien?— su pequeño grito lo había escuchado Martin, pero más preocupado lo ponía que la castaña no contestaba —¿Estás ahí?— apenas Jessica podía agarrar el teléfono —Sí… e-es que, yo… ¡AAH!— sintió que se le escapaba líquido y se escurría en sus piernas, grandes chorros que mojaron rápido sus calzas. Tenía contracciones ¡fuertes contracciones! su tripa estaba endurecida, si presionaba su abdomen este estaba tan tenso que ni siquiera podía hundir los dedos —Rompí bolsa… ROMPÍ BOLSA, ROMPÍ BOLSA ¡¡NEBIRI!!— el dolor era tan intenso que no podía gritar demasiado fuerte, y claro que Martin escuchó todo eso antes de que la castaña soltara el teléfono y la llamada se cortara —¡Nebiri!, Nebiri… Nebiri, mi amor…— ¿cómo no llorar?, ¡estaba sumamente asustada!, casi entrando en pánico. Tuvo que sentarse apoyando la espalda en uno de los postes de madera ya que sus piernas dejaron de responderle —¡¡AAAAAAAAAAAAHHHH!!— se aferraba a su vientre, las contracciones se detuvieron pero le dolía mucho, las patadas se hacían sentir duro y Holtzmann no podía hacer más que chillar esperando que su esposo la haya oído al menos. Quería ir al hospital ¡quería ir ya!.

Estaba sentada en el heno mojado con su líquido amniótico, líquido que el caballo comenzó a olfatear luego de que Jessica gritara y, como si ese fuera su disparador, comenzó a relinchar golpeando el suelo con las patas delanteras. ¿Quién más oyó los gritos de Holtzmann? pues Bulleye se alteró desde la casa del árbol al percibir el terror en la vibración del tono de voz de su creadora, más al escuchar al caballo, rápidamente corrió hasta Nebiri y le dio una dura embestida para que lo siguiera. Bajó casi atropellándose a sí mismo las escaleras y salió por la puerta para perro con marco de aluminio.

Por su parte, Jessica tenía el rostro mojado de lágrimas, respiraba con dificultad porque perdía el control de su miedo. Los segundos se le hacían horas, nunca había experimentado un dolor y miedo tan intensos como lo que estaba viviendo en ese instante. No podía gritar o hablar, solo llorar.
Jessica estaba en proceso de parto.





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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Sáb Oct 14, 2017 1:21 am



CERCA DE LAS 2PM
HOSPITAL
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TRY TO RELAX, TIGER, IT'S TIME
Su Jessica estaba preocupada, malhumorada y el birmano no podía hacer más que soportar sus modos, era lo único que podía hacer por su esposa ya que no había manera de que él le ayudase a cargar con el peso en su vientre, no podía quitarle los dolores ni hacer nada más que asistirla cuando ella lo requería, mimarla cuando estaba de humor y soportar sus embistes porque ella no tenía la culpa de sentirse así, eran las hormonas como ella le explicó, eran los dolores y el malhumor por no poder dormir bien, ni agacharse, ni trabajar ensuciándose las manos o cargando cosas sin sentir que la espalda se le partía, le enfadaba cansarse rápido ya sea caminando o de pie y Nebiri sabía que a ella le hacía falta el sexo por igual, pero en esas condiciones no era posible, y tampoco luego de dar a luz por varias semanas, pero era parte del proceso. Ayudaba como podía, hacía lo que podía y trataba de ser el compañero que tanta falta le había hecho por tanto tiempo. Preparaba un estofado simple pero bien condimentado y con las verduras favoritas de su esposa, tampoco podía estarle dando dulce tanto tiempo. Aun tenía en mente su gesto de preocupación, sus palabras al advertirle que tuviera cuidado con esa oponente, que no quería que le pasara nada. Comprendía su preocupación, esa alien era peligrosa, tendría cuidado. Su exceso de confianza siempre la hacía enfadar, pero era algo propio del birmano estar tranquilo antes de las peleas. Tendría cuidado con la alien, iba a llegar entero con su esposa pasara lo que pasara, pero ya vería qué hacer apenas conociera a la chica. La foto decía poco y mucho a la vez. Gesto sereno, esos eran los peores... Mejor dicho, mejores oponentes, porque no perdían el tiempo fanfarroneando, iban a lo suyo. Lo único que le quedaba era alegar a ese espíritu guerrero que Jessica le aseguró que tenía por crianza. Estaba emocionado en cierta manera por enfrentarla y si debía dislocarle algo entonces sería por causa de la pelea y nada más. Lo vería en su momento, lo que debía hacer era terminar el estofado y seguir con sus trabajos pendientes mientras Jessica tenía tiempo de calidad con Oliver, eso siempre la relajaba mucho y regresaba a casa más tranquila.

La espera era tan larga en ese momento que no sabía si iba a suceder otra falsa alarma en cualquier momento. Luego de la última, Jessica le dijo que dejara la bolsa que preparó para el hospital en el automóvil, así no tendrían que estarla buscando en el momento de la verdad. La bolsa estaba en el cofre del coche, bien asegurada, cerrada y lista para la acción. El birmano estaba en lo suyo cuando, de pronto, escuchó los gritos desesperados de Jessica... ¡Acababa de romper la bolsa, estaba soltando líquidos! ¡Claro que sabía lo que eso significaba, Jessica se lo explicó más de una vez desde la primer falsa alarma! Le dijo lo que iba a pasar, sus síntomas y que debía apresurarse apenas sucediera... ¡Y estaba sucediendo!

Rápido como rayo, apagó el fuego de la estufa y corrió a por las llaves del automóvil y luego correr por algo en uno de los cajones que se metió entre la ropa. Bulleye llegó también a darle un buen empellón para apresurar al birmano. Nebiri estaba vestido, por suerte, y sus botas de piel que servían para no resbalar con la humedad tropical de Birmania eran perfectas para no resbalar en el aguanieve de New London. Salió de la casa a toda prisa y a grandes zancadas llegó al establo donde Jessica apenas si se sostenía, Oliver estaba nervioso también y Nebiri vio por un instante el gesto de dolor de Jessica. Pero reaccionó rápido, la tomó en brazos, de paso recogió el móvil y corrió con su mujer en brazos a meterla al auto.

¡Bulleye, cuida la casa, la llevaré al hospital! —exclamó el birmano mientras abría el coche con ayuda de la llave electrónica y metía a Jessica en el asiento trasero para recostarla. Seguía escurriendo algo de ese líquido, tenían minutos para llegar al hospital. Cerró la puertas y mientras corría al asiento del piloto llamó a Tony. Puso el altavoz de hecho. El demonio respondió la llamada al segundo timbre y el birmano ni tiempo le dio de decir algo—. ¡Tony, es Jessica! —dio vuelta al vehículo y a una velocidad alta pero no tan arriesgada como para patinarse en el asfalto, tomó rumbo al hospital por la autopista que servía de división entre la ciudad y el espeso bosque londinense—. ¡Rompió la fuente, vamos al hospital! —claro que Nebiri estaba alterado, pero mantenía la calma como mejor podía—. ¡Voy camino al hospital!

Corta por la zona de parques, si tomas la ruta normal encontrarás tráfico —le advirtió el demonio—. Chiara y yo vamos para allá —dijo el demonio y la llamada se cortó.

Ya vamos a llegar, amor, aguanta, respira como te dijeron, mantén tu respiración como te dijeron, respira conmigo, anda —sabía de esos ejercicios de respiración para hacer las contracciones y dolores más llevaderos, o al menos eso le explicó ella. Trataba de animarla a respirar junto con él, veía el camino y detestaba los semáforos en rojo que no duraban demasiado en realidad porque siempre llegaba cuando estaban por cambiar a verde. Sentía que cada minuto duraba una eternidad y su esposa no la estaba pasando bien, se dolía mucho, lloraba y lo único que el birmano podía hacer era apresurarse al hospital y manejar con cuidado para no estamparse contra un poste o chocar con otro auto—. Amor, aguanta, por favor. Ahora sí es de verdad, ya van a nacer, ya vamos a verlos, respira con calma, por favor, ya vamos a llegar —tenía que calmarla, tenía que calmarse, ¡tenían que conservar la calma los dos! Pero era complicado porque podía ver por el espejo retrovisor que de verdad le dolía, que gruesas lágrimas corrían por su rostro mientras apretaba los dientes y se sostenía el vientre. Él mismo tensaba la quijada y veía el camino y se le hacía jodidamente largo, no fue como en las falsas alarmas, esto era de verdad—. Ya estamos llegando, Jessica, ya estamos llegando, amor...

Les tomó como diez minutos llegar al hospital y cada minuto se hizo demasiado eterno para la pareja. Nebiri aparcó en frente de la zona de emergencias y dejando puertas abiertas y todo, salió corriendo del auto para sacar a su mujer en brazos con demasiado cuidado.

¡Un médico, mi esp---! ¡Mi ama está dando a luz! —ni bien entró a la sala de emergencias, quienes ya conocían a Jessica y a sus acompañantes se apresuraron por una camilla para poder acomodar a la futura madre—. Por favor, cuiden de ella, ah —el birmano no pudo decir más, solo tuvo oportunidad de estrechar las manos de su amada antes de que se la llevaran a revisar. Ni él ni nadie más que el personal médico podía estar ahí mientras revisaban sus signos y qué tanto estaba dilatada ya, además de eso harían un ultrasonido a ver si los mellizos ya estaban acomodados o si necesitarían ayuda para nacer. Ésta era la de verdad, esos niños iban a nacer ese jueves—. Jessica —murmuró el birmano mientras se llevaba las manos a la cabeza y se frotaba el cabello con desesperación. De pronto recordó el auto y salió a acomodarlo bien y a sacar el bolso que Jessica había preparado con tanta antelación. Le tomó minutos regresar a la sala de espera y solo podía ver a otros pacientes así como al personal médico ir y venir haciendo sus labores. El birmano caminaba de un lado a otro por la sala de espera con el enorme bolso en la mano. Sentía un nudo en el estómago y el pecho oprimido. No podía hacer más, no podía entrar, no podía ayudarla, solo los médicos tenían ese poder y no le quedaba más que confiar en ellos y en la fortaleza de su esposa—. Tú puedes, amor, tú puedes —murmuró en baja voz, bufaba y se notaba frustrado por no poder hacer más que esperar. Una enfermera que ya le conocía y se acercó para intentar calmarle, ya conocía al esclavo de la dulce mujer de cabellos castaños y sabía que él se preocupaba mucho por ella, pero Nebiri se movía de manera pesada y no daba oportunidad de tocarlo. Atravesarse en su camino sería peligroso y prometía arrollar a quien se le cruzara por el frente.

Por suerte para la enfermera, quien se acercó a detener al birmano con firme mano fue la vampiresa. Nebiri sintió esa fuerza y levantó la mirada al fin, solo para encontrarse con la mirada de la italiana y recibir un fuerte abrazo que al fin lo hizo reaccionar.

¿Cómo está Jessica? —preguntó la italiana ni bien lo obligó a sentarse. Anthony estaba estacionando el auto, por suerte no estaban demasiado lejos y pudieron llegar unos diez minutos después de ellos.

Rompió bolsa mientras estaba con Oliver, me gritó y la traje de inmediato —explicó el birmano casi tropezándose con sus propias palabras—. Le dolía mucho, no podía ni caminar.

Calma, ¿de acuerdo? Es normal, así es cuando al fin es la hora de parir —la italiana intentaba calmarle, podría jurar que el híbrido incluso estaba pálido. Además, la italiana podría no hablar por experiencia propia, pero sí por muchas ajenas—. Estará bien, los médicos aquí nunca han fallado, se harán cargo de Jessica, ahora calma, ¿sí? Ella no necesita a un tigre nervioso, ¿verdad? —y al comentario, el birmano rió—. Bien, así me gusta, ahora calma. No sabemos si esto tomará mucho tiempo o si serán un par de horas solamente. Jessica tiene a dos bebés consigo.

Nebiri suspiró tan hondo que se hizo escuchar en toda la sala de espera, tenía que calmarse, era Jessica quien estaba en su propia batalla, solo ella con ayuda de los médicos era quien debía finalizar al fin con la espera. Tony no tardó en entrar y, cómo era de esperarse siendo él el "esposo" de la castaña, fue a pedir que le dieran el informe del estado de Jessica. El demonio se mantenía calmo, cualquiera diría que demasiado serio, pero así era él, además podía notarse también la emoción por que la espera había acabado al fin. Tenía mucho aprecio por la pareja y el francés daba ya por hecho que en un futuro tendría que ver también por los hijos de sus amigos, también podría verlos crecer y tendrían que velar por el bienestar de ellos cuando sus padres dejaran el mundo de los vivos. Eso sonaba bien para el demonio. Aquella era una inversión a largo plazo, una que le agradaba mucho... Ver la vida de ese nuevo árbol familiar. Dejando de lado la broma de la familia disfuncional, Tony podía considerarse también como tío de esos pequeños, con todos los derechos y obligaciones que eso le confería.

De momento seguían revisándole y les darían el informe completo en un momento más, mientras todos se movilizaban para revisarla... Y por lo que alcanzaban a escuchar, al parecer sería algo complicado el nacimiento de los pequeños.



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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Sáb Oct 14, 2017 11:26 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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El dolor persistía aunque se moviera o cambiara de posición. Las manos le sudaban frío, tenía la cabeza congelada, el cuerpo temblando y el corazón exaltada hasta hacerse sentir golpeando con fuerza el pecho. Y el calvario era cada vez era más y más insoportable, las punzadas subían de intensidad tan rápido que le era inevitable gritar cada vez más alto. Allí, aún sentada como podía, solo se apartó un poco del caballo para que no la pisara, arrastrándose con las manos en aquel suelo de madera. Sus nervios los pasó al equino, y no ayudaba para nada que gritara. De lejos oyó los ladridos de Bulleye, eso de alguna manera la tranquilizó ya que sabía que detrás de él estaría Nebiri. O al menos eso esperaba. El dolor de cada contracción empezaba en la espalda y se movía hacia delante, para ese entonces sus lágrimas eran gruesas y abundantes —¡Nebiri!— su llanto tuvo un alto momentáneo cuando divisó la figura de su esposo abrir la cerca —¡NEBIRI! Nebiri…— su voz estaba quebrada, sentía seca la garganta y le dolía el pecho. Estaba tremendamente asustada. Lo único que alcanzó a hacer fue elevar los brazos para que el tigre pudiera alzarla. Oliver siguió a ambos hasta que la cerca se cerró, aun visiblemente nervioso, no paraba de rechinar. Jessica estaba en un estado en el que podía oír todo y sentir todo, pero no ver muy bien… los colores se distorsionaban, las imágenes se tornaban borrosas y la voz de su esposo se oía lejana. No, no iba a permitir un desmayo, debía ser fuerte aunque en ese momento sus fuerzas estaban disminuidas —Nebiri… amor…— logró alcanzarle el rostro, acariciarlo suavemente antes de llegar al vehículo. El camino fue muy, muy largo para Holtzmann. El birmano solo podía oírla llorar, ni siquiera quejarse, solo chillar por aquel inmenso dolor. Se retorcía en el asiento trasero, alcanzó a quitarse el abrigo y desnudar su estómago… las contracciones iban cada cuatro minutos, duraban treinta segundos. Anthony oyó perfectamente los gritos lastimeros de la inventora. Los ejercicios que le enseñaron fueron olvidados ¿cómo podía pensar con el pánico en su pecho? pero aun así hizo un gran esfuerzo para respirar con calma en vez de ajetreado —No puedo Nebiri, no puedo ¡NO PUEDO! no puedo… ¡AAAH! ¡NEBIRI!— los dos estaban nerviosos, alterados y exaltados, de eso no había duda, los esfuerzos del híbrido valían muy poco pero al menos eso la animaba a aguantar un poco más. El hablarle le servía para entretenerla, poniendo lo mejor de su voluntad para concentrarse en la voz del birmano en vez del intenso dolor que la azotaba No sabes… lo mucho que duele… murmuró con un fino hilo de voz. Precisamente pequeños bultos se asomaban del vientre de Holtzmann fundamentando sus quejidos, y cada vez se desplazaban más abajo. Si no llegaban rápido al hospital Jessica estaba segura de que su esposo sufriría peor el frío de esa época ya que se la pasaría limpiando el asiento trasero del automóvil porque iba a dar a luz allí.

No tenía consciencia del tiempo, todo era muy lento, llegó un momento que pensó que estaba delirando porque miraba el techo y veía todo negro y algunos orbes borrosos nublar su vista. Llegó a un punto donde simplemente abandonó su escandaloso llanto, las lágrimas escurrían solas de sus mejillas y el dolor ya estaba más allá de lo humanamente soportable, pero al parecer la castaña entró en una especie de nirvana en el que sentía todo pero nada a la vez, parecía estar en un sueño, se sentía liviana y con mucho, mucho sueño. Pero aun así, en aquel estado de desconexión, su mente se rescató a sí misma y encendió las alarmas para indicarle que estaba a punto de desmayarse —… Nebiri…— balbuceó intentando llamar su atención, indicarle que se estaba yendo… por suerte llegaron dos minutos más tarde al hospital, y del apuro el tigre estacionó donde lo hacían las ambulancias por lo que recibió un par de insultos, desconsiderados por parte de supuestos profesionales de la salud viéndolo con una mujer casi inerte en sus brazos y visiblemente en proceso de dar a luz. Jessica apenas le rodeó el cuello para sostenerse, y cuando entraron varios miembros del personal se alteraron al verla un poco pálida y con la mirada perdida. Un enfermero llevó una camilla en la que fue recostada la castaña con mucho cuidado, pero tuvieron un diminuto retraso ya que la futura madre se negaba a soltarle la mano a su esclavo —Ngarsai sainthoet kohkyit kyataal.— (te amo.), y fueron las enfermeras quienes la hicieron soltar los dedos del híbrido de tigre para que pudieran llevarla. Sabía que ahora estaba sola, eso pensó. Miraba las luces del techo pasar, escuchaba el ruido de las ruedas de su camilla rodar con rapidez, la llevaron a una sala completamente blanca y asilada. No lejos de donde estaba Nebiri. Le colocaron una bata blanca y le ataron el cabello, solo pudieron hacerle una cola de caballo improvisada ya que este era demasiado ondulado y extenso, solo ella sabía atárselo bien. En total había dos enfermeras que le daban ánimos, le hablaban lento y dulce, una de ellas al ver el anillo se lo quitó para que estuviera cómoda. La otra le colocó un paño húmedo en la frente. Veían mediante monitorización externa la frecuencia cardiaca fetal y vigilaban la actividad uterina, uno de los médicos señaló algo en el monitor que la castaña no logró ver. Pero por sus gestos de preocupación la alteraron —¿Qué? ¿¡QUÉ!?— ninguno le contestó, solo le palmaron el hombro para tranquilizarla y uno desapareció de la habitación para correr por los pasillos. No sabía qué diablos estaba sucediendo ¡no podía creer que estaba en esa situación! en verdad, en verdad estaba viendo las estrellas sin telescopio. Que nadie le contestara, y el que las molestas enfermeras estuvieran dándole ánimos la irritaba ¡odiaba todo eso!, bufó por ese intolerante trato, pero luego lo hizo tres veces más porque de nuevo la atacó una contracción más fuerte que las primeras. ¿Cuándo se iría el dolor?.

Pasaron cerca de veinte minutos. En la sala de espera no había nadie más que el esposo, el esclavo y la hermana de Holtzmann. El silencio era casi sepulcral, las habitaciones estaban bien cerradas, herméticas, no podía oírse ninguno de los movimientos de adentro más que las corridas de algunas enfermeras por los pasillos. Se vio claramente que una de ellas llamó a un médico que estaba ocupado atendiendo a otra paciente en la habitación continua. Por lo que el sonido de pasos apresurados podían oírse de lejos, la figura era de un hombre alto, esbelto, bien parecido y cualquier diría que era bastante guapo. Era Martin. Él sabía la ubicación del hospital donde ella se atendía ya que Jessica se lo mencionó en alguna de sus charlas —Ah, buenas tardes.— al llegar se tomó su tiempo para dar grandes bocanadas de aire ya que estaba cansado de tanto correr, había estacionado tres cuadras antes por falta de espacio —¿Cómo está ella?— en su mano traía un enorme ramo de diferentes flores silvestres… pero una de estas eran jazmines, la flor que le despertaba alergia a la californiana. Apenas sus dudas fueron contestadas, de la sala donde se encontraba Jessica abrieron la puerta con cierta violencia y trasladaron a la castaña al salón del fondo donde le harían una cirugía. Tenía una mascarilla puesta, y ella estaba dormida. Un médico se separó del grupo para ir hacia la zona de los familiares con la ficha de Holtzmann, miró directamente al demonio por obvias razones —El cuello del útero dejó de dilatarse y los bebés dejaron de descender por el canal del parto. Los intentos de estimular las contracciones y reanudar el proceso no han dado resultado.— hablaba firme, rápido, no había tiempo para perder —La epidural no ejerce efecto, por lo que le colocamos anestesia general. Vamos a realizarle una cesárea.— bajó la vista para revistar rápido los papeles, leyendo párrafos concretos y cambiando de hoja aleatoriamente —Ella ha sufrido un grave accidente en la zona pélvica. Aquí está registrado un fuerte golpe no justificado. La secuela de esta es que su suelo pélvico es débil para que soporte las pujas, pensamos que podríamos llevar de todas maneras un parto normal pero vemos que no es así. Necesitamos que firme aquí, señor, para dar su consentimiento a todo esto y además nos dé permiso para que le apliquemos las medicinas necesarias.— le pasó un bolígrafo a Anthony y le señaló con el dedo dónde firmar. Si Holtzmann estuviera consciente se hubiera preguntado por qué demonios no le advirtieron eso antes, por qué no le comentaron que aquel daño que su jefe le provocó la imposibilitó de dar a luz por vía vaginal. Él la destrozó. Él arruinó esa posibilidad de concebir un hijo como las demás mujeres. Él rompió su cuerpo. Diablos, de cierto modo fue bueno que no lo supiera antes porque se hubiera molestado de manera más fiera y probablemente en su estado de mal humor hubiera sido capaz de volver a enfrentarlo. Pero claro, el efecto de la anestesia hizo que la inventora abandonara el mundo consciente rápido: se quedó dormida en poco tiempo, no soñaba, no sentía nada ni frío, ni calor, ni dolor. Estaba muerta, pero viva. Su mente estaba vacía. Y en la sala ya la estaban preparando para la cesárea. De momento marcaron la zona de su vientre.

Solo restaba esperar. Frank lo sabía. Se sentó pesadamente en uno de los asientos dejando en otro el ramo, eran tan grande que apenas entraba —Oh, señorita, lamento no haberme presentado.— claro que él nunca vio a Chiara —Mi nombre es Franklin Gavin Martin. Soy… un amigo.— no dudó en levantarse para presentarse como le enseñaron delante de una fina dama.





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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Dom Oct 15, 2017 1:46 am



ALREDEDOR DE LAS 4PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
THEY'RE HERE, TIGER, SMILE
El "te amo" de Jessica aun resonaba en la cabeza del birmano, y gracias a la asistencia de Chiara y la llegada de Tony a cumplir su papel en la mascarada que todos ellos permitieron que se armara se sentía más tranquilo. Chiara le daba cariños en el cabello y la espalda como si se tratara de un niño, Jessica se lo había dicho a Chiara un par de ocasiones, que para la californiana, a veces Nebiri era como un niño por culpa de muchas de sus actitudes, sus reacciones, su capacidad de sorprenderse aun y esa inocencia inesperada respecto a muchas cosas lo hacían ver como un niño a ojos de la castaña. Mención aparte que se llevaban unos cuatro años de edad siendo Holtzmann la mayor, pero no era tanta en realidad y menos en un sitio donde un oscuro ser de más de quinientos años podía estar al lado de alguien con un prospecto de vida no más larga que la humana. La diferencia de edades carecía de mucha importancia en New London, pero para Jessica era importante, le caía en gracia cada que ella comentaba que Nebiri apenas estaba naciendo cuando Jessica estaba entrando justo al jardín de niños, si lo ponía en esa perspectiva sí era una diferencia importante, pero ambos ya como adultos y juntos, la diferencia de sus edades hacía menos mella en comparación a sus distintas naturalezas. Tal para cuál a su parecer. Vio de reojo que el demonio recibía una noticia del médico que le hizo poner un gesto demasiado serio incluso para ser él, la francesa notó un gesto con la mano de su pareja que claramente indicaba que Nebiri debía escuchar eso que le explicaban a él. Chiara animó al Tigre a acercarse un poco más a escuchar. Los tres eran completo silencio mientras el médico explicaba en términos que Anthony podía entender pero que el birmano en su pánico no, lo que iba a suceder con Jessica a partir de ese momento. Apenas notó que el tigre estaba atento, el francés tomó la palabra.

¿Me está diciendo que ella no puede dar a luz normalmente por un daño en los huesos de su cadera? —lo repetía a propósito y con palabras que el birmano sí entendía—. ¿Y que deben asistirla en su parto por medio una operación para que ella y los bebés estén fuera de peligro? —el médico asintió aunque le pareció extraño que el demonio hablara así—. Entonces solo debo dar mi aprobación —el demonio miró de reojo al tigre y éste asintió con discreción, Anthony hizo un breve movimiento de cabeza y firmó el permiso—. La dejamos en sus manos, doctor, hagan por ella todo lo que sea posible para que esté a salvo y los niños nazcan bien —palmeó amigablemente el hombro del médico y éste asintió, dirigiéndose a toda prisa a donde tenían a Jessica y ordenando a todo mundo que prepararan a la paciente y la sala de operaciones, que procederían con la cesárea. Sus médicos asistentes y un pequeño pelotón de enfermeras pusieron manos a la obra. Tony volvió con Chiara y con Nebiri, pero solo miró al birmano—. Dijo de un daño en sus huesos, ¿sabes qué pasó ahí, Tigre?

Su jefe, Zhukovski, hace años le pateó en la —hizo memoria rápidamente—... La pelvis y se la rompió, él mismo la llevó al hospital para que no muriera y ahí le arreglaron los huesos —explicó Nebiri, y a cada palabra se enfadaba más, ¿qué tal si por eso los dolores de Jessica eran tan intensos? Ese desgraciado... ¡Ese malparido! ¡Se arrepentía de no haberle arrancado los huevos en ese momento, hubieran quedado casi a mano! ¡Diablos!—. Por eso se complicó, ¿verdad? ¿Qué van a hacerle? —preguntó, mirando a ambos.

No es nada grave, créeme —dijo Chiara con tranquilo tono para que no se asustara más—. Harán un pequeño corte, solo eso, y serán ellos los que saquen a los cachorros de su vientre, Jessica no hará nada, no sentirá nada, la tendrán anestesiada en lo que dura la operación. Tendrá que quedarse en el hospital un par de días, pero podrá estar con sus bebés, y podrás venir a verla. Tardará unas semanas más en recuperarse de eso, pero te prometo que no será mucho tiempo. Ella estará bien.

Y si la italiana lo decía con esa tranquilidad, entonces Nebiri podía respirar con calma. De pronto vieron cómo sacaban a Jessica en una camilla, ya con la anestesia en su sistema y lista para la operación. Por mero instinto, sin que su cuerpo lo pensase un solo momento, Nebiri corrió hasta donde se lo permitieron para verla irse entre los blancos pasillos del hospital. Una de las enfermeras le dio la ropa y el anillo de Jessica a su esclavo, y de paso le aseguró que harían todo por que ella y los niños estuvieran bien. A mencionar que el personal le tenía cierto cariño al pobre y sufrido híbrido de tigre por ser un esclavo tan leal y atento con la castaña, no como ese mal hombre de su esposo, que además era un mal amo por descuidarlo a él también. Nebiri abrazó las prendas de su esposa y el anillo lo puso junto al suyo en la cadena de su cuello. Regresó con la oscura pareja, pero no pasó mucho antes de que Anthony fuera requerido para ver lo del pago del tratamiento, la operación y el subsecuente tiempo de recuperación de la paciente... Era un hospital privado después de todo, aquel donde Chiara les consiguió espacio y la oscura pareja pagaba por ser el contacto, y que se cobraban con conocimiento de Jessica de manera muy discreta de todas las ganancias que consiguió el tigre en esos meses aunque fuera con sparring... Y de hecho podía pagarse todo lo que faltaba muy bien con la ganancia de la pelea pasada.

Mientras Tony arreglaba los asuntos financieros, Nebiri fue a dejar la ropa sucia de su esposa al auto, no la necesitaría en ese momento. En el breve momento que él salió, alguien más entró preguntando por Jessica Holtzmann. En recepción del hospital le indicaron al cheetah que estaba a punto de ser operada pero que sus familiares ya tenían información, por lo que le invitó a esperar en la sala de espera. Chiara notó a un hombre alto sentarse a un par de asientos de distancia y dejar un enorme ramo de flores. Algo sorprendida al principio, se le quedó viendo un poco antes de que éste se presentara con una educación casi exquisita. La sonrisa de Chiara fue automática al momento de escuchar el nombre del híbrido. Era Frank, el sujeto que Jessica conoció en la pelea de regreso de Nebiri y el mismo que ha estado saliendo con ella. Al fin podía conocerlo.

Chiara Di Santis, a su servicio. Es un honor conocerle, Martin —se presentó la italiana con la misma fina educación—. Me han platicado un poco de usted —si él no dijo directamente el nombre de "Jessica" entonces no sería ella quien le revelara el secreto al cheetah—. Gracias por venir a verla, aunque creo que se quedará esperando como todos nosotros. Le harán una cesárea y eso la dejará en cama más tiempo del normal —miró las flores en la silla a su lado—. Por cierto, yo evitaría éstas a menos que quiera que se las lance en la cara —quitó los jazmines del enorme ramo, procurando no desarmar el hermoso arreglo—. Es alérgica a éstas, así que de los jazmines me encargo yo —dijo con una sonrisa amplia y con esa facilidad de palabra tan propia. Al momento Tony llegó y la francesa le señaló al amigo de Jessica—. Mira, un amigo de nuestra querida amiga.

Lo recuerdo, lo vi en el Red Ribbon hace semanas, aunque creo que no nos presentamos —dijo Tony con un gesto agradable, aquel que daba a sus recién conocidos, aunque de Frank ya tenía suficientes detalles, bastó con verlo de lejos y luego investigar un poco por su parte—. Anthony Blair a su servicio —hizo una inclinación y luego el automático movimiento de ofrecerle una de sus tarjetas de trabajo—. Soy socio de Mlle Holtzmann y quien le ayuda a manejar a su esclavo, el Tigre, en las peleas como la que vio aquella vez —claro que esos datos los dijo en baja voz para que el personal médico no le escuchara. Y aun si le escucharan y les fuera develada la verdad sobre la relación de esos cuatro, Tony tenía más derecho que el esclavo de firmar los documentos del hospital por ser asociado de la paciente.

La oscura pareja platicaba en baja voz con el cheetah. Lo encontraron encantador de muchas maneras, y era un tipo listo, pues bastó que Tony diera dos detalles del estado de Holtzmann para que el híbrido rápidamente comprendiera la situación y dijera casi las mismas palabras que el médico que en ese momento llevaba a cabo la operación de Jessica. Justo en ese momento el tigre regresaba, pues se tomó un par de minutos para tomar aire antes de entrar, tenía que sosegarse un poco más, pero toda la calma que había conseguido afuera se fue al caño cuando vio al cheetah ahí con sus amigos. Nebiri comenzó a gruñir de manera profunda y fue a pasos pesados a encarar al tipo, pero no pudo hacer nada, Chiara le retuvo con un gesto demasiado suave como para que el birmano se liberara de éste de golpe. Bufó para calmarse y miró a Frank. Tenía que portarse bien y lo botarían del hospital... Además, estaba preocupado por Jessica, ese era un punto a favor que el birmano no podía ignorar del todo, incluso le llevó flores y sabía que su esposa alabaría las flores de Frank para tocarle un poco los huevos. Eso lo hizo sonreír por lo bajo. Saludó solo con un gesto al cheetah, no muy amigable pero no se le fue encima como cualquiera esperaría, en cambio, tomó la bolsa que su mujer preparó y fue a pararse más allá, cerca de donde salían los médicos pero sin estorbar, estaba atento a cualquier sonido, cualquier aroma, estaba ensimismado y concentrado en sus propios sentidos, pareció quedarse como estatua ahí, sin moverse y mirando el blanco piso. Orejas y cola estaban de fuera, incluso quedó en cuclillas mientras esperaba fielmente como perro a su amo.

No escuchaba la plática de los otros tres, pero sabía que Chiara y Tony podían hablar de muchas cosas con gente lista como el cheetah, como Jessica. No los escuchaba pero hablaban de sus viajes, de anécdotas de hace muchos años, escuchaban a Frank sobre sus viajes de igual manera y al menos ellos cumplían en ser buenos compañeros de espera. De vez en cuando miraban a Nebiri pero éste ni se movía y lo mejor era no forzarlo a estar cerca de Frank.

¿Cuánto tiempo pasó? ¿Una hora? No, un poco más, cerca de dos o al menos eso calculó el tigre, se sentía tan jodidamente larga la espera... Y fue cuando algo le hizo levantarse de golpe. Algo pinchó su pecho y lo hizo sentirse ansioso, pero no de mala manera, más bien expectante. Tragó saliva y de pronto escuchó un llanto infantil, lejano pero lo suficientemente potente como para ser escuchado por el fino oído de su padre y eso lo hizo sonreír en automático, y a ese llanto se sumó un segundo un par de minutos después... Eran sus hijos, eran sus cachorros los que lloraban con esa energía, habían nacido, ¡sus hijos al fin habían nacido! ¡Quería entrar, quería verlos, quería verla a ella y saber que estaba bien! ¡Deseaba verla, besarla, abrazarla y mimarla por haber aguantado tanto! Quería pasar esas condenadas puertas y correr hacia su esposa pero no podía o lo echarían a patadas. Las piernas le flaquearon un poco y quedó en cuclillas nuevamente mientras miraba el suelo con una sonrisa idiota y unas lágrimas escapaban de sus ojos y caían al piso.

Gracias... Gracias, amor... Gracias —murmuró apenas entre labios, incapaz de dejar de llorar en ese momento.

Aun tenían que terminar de limpiar a Jessica, coser su herida, asear y revisar a los bebés para confirmar a su madre que nacieran sanos y sin alguna enfermedad congénita que no hubiera sido detectada por los estudios previos. Eso tomaría un rato más, pero al fin había terminado la espera de la pareja y todos los que habían estado atentos a ese embarazo..

Jessica Holtzmann de California y Nebiri del Tigre de Birmania oficialmente eran padres de dos saludables mellizos.



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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Dom Oct 15, 2017 10:45 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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El embarazo debilitó algunas estructuras que sirven de soporte para la pelvis. El diagnóstico infalible era que fue precisamente por aquella razón que a Jessica se le complicaba más de lo previsto llevar a cabo la gestación. Explicaba incluso por qué los dolores eran más intentos y obviamente por qué sangraba más que una mujer normal. Sin embargo jamás sabrán la verdad, la verdad de que fue Ivan Zhukovski  quien la rompió. Dado a ese accidente provocado que ha tenido hace varios años Jessica quedó imposibilitada para dar a luz como naturalmente lo hacían las mujeres. Los médicos sabían que el parto en sí puede lesionar los nervios, lo que ocasiona debilidad muscular. El riesgo de empeorar aquel trastorno del suelo pélvico puede ser menor en un parto por cesárea que en un parto vaginal, por esa razón no vieron otra salida más que anestesiarla para proceder con la cirugía. No era el tiempo adecuado, pero en algún momento debían platicarle a la castaña sobre su futuro como madre: explicarle que solamente podrá dar a luz por cesárea, terminar de confesarle que dado a la complejidad de ese método solamente podrá quedar embarazada dos veces. Y ya solo contaba con otra posibilidad más. Si quedaba embarazada por tercera vez los profesionales no daban fe a que la madre sobreviviría, pues no podían platicarle cesárea en el mismo sitio tantas veces, ya ficharon que el cuerpo de Holtzmann era uno particularmente especial. Por más fuerza de voluntad que tuviera seguía teniendo un cuerpo delicado en contraste a la fiera mujer que realmente era. La tercera vez tendría que ser por vía vaginal y estaban totalmente seguros de que sería un desastre. Le tendrían que explicar eso a su esposo primero, después de todo aquel demonio se veía muy atento.

A Holtzmann le realizaron un corte transversal. Eso le dejará una marca de por vida en el estómago. La cirugía era larga, cuando era más de un feto siempre se complicaban las cosas. Sobre todo en alguien con un cuerpo tal fino como la castaña. Ella no estaba consiente para nada, el dormirla fue exitoso, ni siquiera movía los ojos bajo los párpados y claro, cada tanto revisaban su pulso para verificar que todo iba en orden. Los médicos, envueltos en sus batas azules, realizaban todo con una envidiable exactitud, lento, sentían tanta tensión que las frentes comenzaron a humedecerse. Jessica estaba bajo una enorme luz con el estómago abierto, con personas extrañas separándole la grasa y músculos abdominales, cortando también la capa que sujeta los músculos abdominales y los intestinos. Era la segunda vez en su vida que estaba bajo un cuchillo, pero nunca la manipularon así

En medio del procedimiento Frank hablaba activamente con Chiara, aquel felino claramente se llevaba mejor con las hembras que con los machos. Por supuesto. Sin embargo Anthony le caía bien, aquel trío podía hablar de cualquier cosa ya que poseían conocimientos de muchas áreas, no importaba que dos de ellos fueran seres centenarios, el cheetah demostró tener bastante sesos y espacio para seguir aprendiendo. No había duda de que era un buen partido para cualquier mujer, un hombre buscado y no solo por el dinero que relucía tener, sino que también poseía una personalidad atractiva para cualquiera. Pero era casi irónico que la única persona que a este hombre le interesaba no le prestara atención, sí, Holtzmann veía toda aquella faceta de galán, pero no le interesaba. Jamás se sabrá si es porque el canadiense llegó tarde a su vida o porque realmente su pareja sentimental estaba destinada que sea el birmano, pero la castaña no le veía el 'glamour' que observaba en el híbrido de tigre. Claro... ella siempre fue fría igualmente.

En algún momento de esa tarde la charla comenzó a morir. Ya había pasado más de una hora, todo estuvo bien hasta que el reloj comenzó a arrastrar apenas las manijas. Se movía muy lento, parecía que hubieran estado sentados por horas. Frank se había levantado tres veces para beber café de las máquinas. Solo dos mujeres que habían roto bolsa llegaron atrás de Jessica e increíblemente sus bebés nacieron rápido. Eso era motivo para poner nerviosos a quienes esperaban a la inventora, ¿por qué tardaba tanto?, ¿algo había salido mal?. Casi dos horas esperando para finalmente escuchar un llanto que hizo eco en todo lo largo del pasillo.



Un niño. El primero que alcanzaron fue al varón. Pero… todos allí conocían a la pareja, por esa razón se quedaron estupefactos un par de segundos al visualizar que, lo que se veía como cuernos en la ecografía en realidad eran orejas. Pequeñas orejas… de tigre. Aquel bebé tenía bastante cabello, castaño al igual que la californiana, no habría los ojos pero lloraba como un bebé humano y en momentos como un cachorro de tigre. ¿Acaso el esclavo de aquella mujer no era un híbrido de tigre? no, ¿acaso aquel pequeño no se parecía físicamente un poco al birmano?, claro, el morbo comenzó a interesar a las enfermeras. Pero aún faltaba un bebé más. No fue complicado sacarlo, de todas maneras ya estaba casi afuera pegada a su hermano.



Una niña. A diferencia de su hermano ella no contaba con ningún apéndice de animal. Tenía el pelo crecido también, era de un rubio dorado que uno no sabría de dónde provenía si no supiese que la madre de Holtzmann era rubia. Tampoco tenía los ojos abiertos, pero al igual que el otro ella lloraba como bebé y como cachorra, también parecía ser un híbrido de tigre. Claro que el personal allí realizó su trabajo, un grupo terminó encargándose de los pequeños y los otros en suturar a Jessica. La herida de la piel la cerraron con grapas. A los niños los limpiaron y claro que allí se percataron que eran más bonitos de lo que lucían, la niña parecía una muñeca, el niño lucía adorable, ya le dirían a la madre que eran los bebés más bonitos del hospital. Pero mientras llevaban eso a cabo, uno de quienes efectuaron la cesárea a la inventora tenía que salir para informar que los cuatro que se encontraban en perfectas condiciones. Aunque no sabía precisamente cómo iba a desarrollarse eso, no le diría el detalle de que al parecer el demonio no era el padre de esos mellizos, solo iba a darles la buena noticia y que desde ahí ambos resolvieran sus problemas. Claro que no faltaba el comentario de una de las mujeres en contra del francés, justificando la infidelidad de Jessica porque aquel no la trataba como lo merecía. El esclavo ha estado siempre con ella, atento y presente cuando la llevaba al hospital, no le era raro que haya tenido una aventura con él al ser el único hombre que parecía interesarse en ella. Sí, justificaba la aparente aventura, tal como una novela.

Mientras en una habitación evaluaban el latido del corazón, respiración, tono muscular, respuesta de reflejos y color del par, en el cuarto continuo comenzaron a trasladar a Jessica para que despertara en una habitación completamente blanca, llena de luz y tranquila. Estimaban que abriría los ojos en veinte minutos. En ese proceso un médico se separó para acercarse con calma hacia los familiares —Todo salió perfecto. Estamos terminando las pruebas pero nacieron en buenas condiciones. Felicidades.— quizás al birmano le caería pesado que estrechara la mano de Anthony en vez de a él, pero seguían pensando que el francés y la californiana estaban casados —En unos minutos les avisarán que pueden entrar en la sala con la madre. Despertará en veinte o quince minutos, cuando lo haga verá al padre sosteniendo a ambos bebés.— le dio un amigable palmada en el hombro al supuesto esposo y siguió su camino para terminar su trabajo en el quirófano.

Frank sabía que los otros estaban emocionados, en parte él estaba feliz por la castaña, pero hubo un extraño en las palabras del médico que lo desequilibró —¿Padre?...— ¿acaso la inventora no le dijo que estaba divorciada?, ¿cómo… aquel hombre que le entregó su tarjeta era su ex esposo?, ¿su socio en las peleas del esclavo? —Ah…— no entendía nada de lo que sucedía, ¿acaso ella lo engañó?, ¿realmente estaba divorciada? —Lo siento… felicidades.— solo pudo acotar eso, no sabía qué decir o qué pensar. Quizás luego pueda interrogar a la mujer que le interesaba, preguntarle en caso de que sea así por qué le había mentido. Era casi increíble la manera en la que eso perturbó a Martin, se sentía un poco traicionada por indiferencia de la castaña.

En menos de diez minutos una enfermera caminó hasta el grupo con los dos brazos ocupados. El niño estaba envuelto en una manta azul. La niña en una manta rosada. Ambos habían abierto los ojos y la joven enfermera tenía agradables noticias para el seno familiar —Son mellizos muy saludables. Hermosos. Todo el hospital dice que son de los bebés más lindos que hemos tenido por aquí. Oh, y sorpresa, la niña tiene un par de bellos ojos zafiro, grandes y dulces como el mismo mineral.— con una sana sonrisa le pasaba al francés a ambos pequeños —Y el niño no se queda atrás. Es igualmente hermoso, sus ojos celestes creo que son herencia de su madre.— pero no iba a decir nada sobre las orejas de tigre. Es más ella misma se las cubrió al varón con la manta queriendo así esquivar el posible problema que se desataría cuando el demonio vea eso en vez de cuernos —Solo el padre puede pasar ahora. No es cosa de protocolo pero es mejor que la mujer vea a su pareja con los niños. Los demás pueden entrar luego. Por aquí.— caminó hasta la habitación donde yacía aun dormida Jessica. No esperó más, hizo su deber y se despidió amablemente para desaparecer adentrándose a otro cuarto. Los pequeños emitían ciertos sonidos, pequeños gritos y ruidos con la garganta que se asemejaban a suaves gruñidos. Es más, por más que sus encías no tuvieran dientes si uno les abría la boca se podrían ver dos diminutos puntos arriba y abajo, claramente desarrollarían colmillos primero. Justamente lo que Nebiri le dijo que no harían, claro que al tigre le esperaba un fuerte regaño. En sus pequeñas muñecas llevaban una cinta de identificación con el apellido "Holtzmann" seguido de un código numérico. El mismo que le colocaron a Jessica para identificar a quiénes les pertenecía.

Increíblemente en un momento la niña intentó girar su cabeza, el niño la siguió, ambos reaccionaron cuando oyeron la voz de Nebiri. Uno hizo una mueca queriendo mover sus brazos, mientras que la otra sonrió y pudo liberar un brazo de la manta para apuntar hacia el tigre con sus pequeños dedos extendidos. Efectivamente reconocieron aquella potente voz ajena.







Aaron



Ran











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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Lun Oct 16, 2017 6:57 pm



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SEE THEIR BRIGHT EYES, TIGER
El tigre se compuso casi de inmediato y se puso de pie luego de que los llantos de sus cachorros se hicieran escuchar con fuerza. Tenían buenos pulmones, de eso podía darse cuenta el birmano. Sus manos jugaban con la correa del bolso mientras sus orejas seguían con atención los sonidos que seguían saliendo tras la puerta. Ya solo era cuestión de que terminaran de prepararlos, o eso pensaba el tigre, Jessica le explicó lo que iba a suceder luego de dar a luz, a ella terminarían de tratarla y de limpiarla por dentro, a los bebés los revisarían y asearían luego de nacer. Los iban a medir, pesar, chequear desde sus pequeños pies hasta la cabeza. El tigre no se lo podía imaginar del todo porque nunca pudo estar cuando sus otros cachorros nacieron, nunca le dieron la oportunidad de estar cerca de ellos o participar en su crianza... De hecho, esos primeros niños no eran sus cachorros del todo, eran de ellas y de la selva, no era la primera vez que lo pensaba, el birmano solo puso su semilla, pero eran más de sus madres que de él. A esas alturas y luego de varios años, seguramente ya lo habrían olvidado en su selva y otro macho ya debía tener control del territorio que antes pertenecía al birmano. Recordó aquella promesa de Jessica, que si tenía oportunidad de escapar a Birmania entonces sus hijos serían espíritus guardianes de la selva al igual que él, serían fuertes, tendrían su trozo de selva para proteger y pelear por todo lo que ahí viviera, serían vistos como guerreros y recibirían ofrendas de la gente agradecida. Los verían como algo más que humanos o animales y eso es algo que el birmano extrañaba en cierta manera cada que daba rondas por su bosque, aunque le bastaba con saber que no había más en su zona que animales locales, un hermoso paisaje, hadas, ninfas, un estanque y muchas más criaturas que iban a pasarla bien como mejor podían. Todo era mejor a comparación de estar en una jaula.

Se preguntó si alguna vez tendría oportunidad de mostrar eso a sus cachorros, pero antes que nada quería verlos, moría por verlos. Chiara y Anthony, seguidos de su nuevo amigo, se acercaron con el tigre en espera de que alguien saliera a darles los pormenores o, mejor, permitirles ir a ver a la californiana y a sus bebés. Uno de los médicos no tardó en salir y claro que le dio las buenas nuevas a Tony, quien con toda tranquilidad recibió las noticias. Claro que estaba contento por sus amigos, pero era un buen actor como para mantener la fachada de marido sin corazón de Holtzmann. De reojo notó que el cheetah parecía algo perturbado por escuchar que era Tony quien recibía todos los reportes y las felicitaciones con respecto al alumbramiento de la inventora. Chiara lo notó por igual y no tenía ni idea de qué tipo de cuento le habría contado Jessica a Frank, pero sin duda el otro felino parecía algo confundido por todo ese asunto. Nebiri estaba tanto o más atento que Tony a todo, claro que quería ser él quien recibiera las palmadas y fuera reconocido como pareja de Jessica y padre de esos niños de manera más formal, pero le bastaba de momento con saber que tanto su mujer como sus cachorros se encontraban bien, sanos y salvos. El médico se retiró rápido y pronto podrían verla, Nebiri no podía dejar de sonreír por lo bajo mientras balanceaba el bolso entre sus piernas a falta de otro gesto que pudiera hacer, bueno, sus oreja y cola estaban inquietas por la emoción y la espera que lo estaba matando. ¡Quería verla ya, demonios!

Las felicitaciones son para ella —dijo el francés con una sonrisa, estaba cruzados de brazos y no pensaba echar a perder su mascarada ante el personal del hospital, esa era la diversión de los cuatro (por mucho que Nebiri se quejara por ser el esclavo) y les daba tardes enteras de risas sobre lo que el personal del hospital se inventaba. Incluso era divertido para el demonio, al menos lo hacía ver más malo—. Se las daremos apenas tengamos permitido verla.

Oh, yo quiero verlos ya, sus llantos se escucharon hasta acá, tienen pulmones fuertes —y todo gracias a su madre, Nebiri en su forma humanapodía hacer que sus rugidos silenciaran el más ruidoso lugar de New London, y no qué mencionar sobre su forma animal—. Y quiero ver si ella está bien —la italiana estaba preocupada por Jessica. Por lo que les dijeron su pelvis no estaba en condiciones de abrirse para poder parir a los niños de manera normal, debieron pasar por mucho los médicos para sacar a ese pequeño par.

Nebiri seguía en silencio y con el paso de los minutos la espera al fin terminó. Una enfermera llegó cargando a dos pequeños envueltos en mantas y, como era de esperarse, a quien se los extendió fue a Anthony, aunque el demonio no pensaba arrebatarle al birmano su derecho de conocer primero a los cachorros. No, señor, Anthony Blair no era así, y aunque terminara con la peor reputación de New London, sería el peor marido del universo y dejaría que Nebiri tomara su derecho como padre. No miró a los bebés pero escuchaba sus pequeños sonidos, eran bebés grandes, al menos más que los bebés promedios y eran algo pesados. Pasaban de tres kilos seguramente. Asentía a la enfermera y dirigió el paso mientras seguían a la enfermera hasta llegar al cuarto donde Jessica descansaba. La enfermera se retiró dejando a la disfuncional familia.

¿Creen que ella siga dormida? —preguntó el tigre con un tono apurado, ya harto de estarse guardando las ganas de correr con su mujer y de cargar a esos pequeños.

Y al notar que los bebés reaccionaron a la voz del birmano, no cabía duda de que esos niños sabían muy bien quién era su padre. Tony sonrió, se giró hacia el Tigre y le dejó a los bebés en brazos. Los pequeños en sus torpes movimientos buscaban tocar a su padre, querían tocarlo y parecían contentos de sentir su calor y su aroma, pues hacían dulces sonidos de balbuceos y lindos gruñidos que delataban su naturaleza. Chiara casi lloraba de la emoción y solo resistió no ver a esos pequeños porque también quería dejarle ese gusto a Nebiri.

Esclavo, te encargo lo demás, tengo que terminar de atender mis asuntos aquí antes de ir a una junta urgente que tengo más tarde —el demonio se dejó oír por el personal médico y Chiara negó suavemente con la cabeza, fingiendo decepción aunque por dentro sonriente. Su dulce Anthony no tenía miedo de mancharse cuando algo realmente le importaba—. Si pasa algo, me avisan. Iré a hablar con el médico —miró a Frank y a él le dedicó un elegante gesto de despedida más un apretón de manos—. Un gusto conocerlo, Frank, si necesita algo, sabe que puede llamarme cuando lo desee —y sin más se alejó a hablar con el médico de cabecera de Jessica a que le dieran el informe del estado de salud de Jessica Holtzmann.

Por su parte, Nebiri temblaba y sin esperar entró directo al cuarto donde su esposa descansaba. Cerró la puerta tras de sí y por un momento su corazón se aceleró como nunca antes. Podía oler a los pequeños, sentía su calor, escuchaba los sonidos que podían sacar y al fin bajó la mirada a lo que tenía en sus brazos... Sus hijos. Sus pequeños hijos estaban ahí. Usando la boca bajó la manta de cada uno, la que les cubría la cabeza, y vio sus hermosos cabellos. Ran tenía el cabello rubio de la madre de Jessica, Aaron tenía el cabello color de miel de Jessica. ¡Aaron tenía orejas! ¡Su Ran era preciosa y ambos olían a tigre! Las piernas las sintió débiles y terminó en el suelo sentado contra la puerta con las piernas cruzadas. No podía dejar de sonreír y de hecho volvió a llorar.

Mis hijos... Mi Ran... Mi Aaron... Mis pequeños niños —murmuró un feliz y lloroso tigre mientras apretaba un poco los ojos. Las torpes manitas de sus bebés le buscaban, sabía que ellos podían olerlo y por ese sentido era que se guiaban. Nebiri los olfateó también y lamió sus pequeñas narices, primero a Ran, luego a Aaron y ambos soltaron lindos gruñidos que hicieron que su propio estómago se hiciera un ovillo de la emoción. Sus niños, al fin podía ver a sus hermosos niños. Eran preciosos como Jessica—. Le dieron mucha guerra a su madre —rió, les hablaba el baja voz y las pequeñas le tocaban las mejillas y le manoteaban incluso. Eran preciosos, solo eso podía pensar Nebiri. Los llenó de besos y miró a la cama un momento. Su esposa seguía dormida, el médico dijo que en unos diez o veinte minutos despertaría, ¿verdad? Bien. Podía esperar a que ella despertarse. Recostó a los bebés en la cama un momento para dejar el bolso de Jessica en una silla al lado de su camilla. No sabía qué tenía dentro, solo sabía que eran cosas que ella había elegido con mucho tiempo de anticipación—. Ahora está descansando, así que no se les ocurra llorar, ¿entendieron? —y por respuesta recibía la ciega atención de sus pequeños. No pudo resistirlo, se quitó las botas y subió a la cama aunque sin mover a Jessica y se quedó cruzado de piernas con ambos acomodados en sus brazos. Eran tan pequeños en comparación con el tamaño de su padre, pero éste sabía que crecerían mucho y serían muy fuertes. Y para que no comenzaran a llorar, comenzó a cantarles canciones que recordaba de las aldeas. Hablaban sobre ríos, montañas y la madre naturaleza, a veces solo eran suaves sonidos sin significado más que el de arrullarlos. Se quedaron pronto dormidos y se quedó ahí, quieto. Seguramente tendrían hambre al despertar, pero darían tiempo a que Jessica despertara—. Jessica, gracias por esto —murmuró el tigre con una enorme sonrisa que no podía quitarse del rostro. Se pondría contenta al verlos así, eso había dicho el doctor, le haría bien ver a sus hijos y al padre de estos.

Y hablando de padres, el supuesto padre de los niños, Anthony, se encontraba en pláticas con el médico. Se corrió rápido la voz que se negó a ver a su "esposa" y que la dejó ahí con su hermana, el esclavo y el amigo que llegó. Comenzaron a hablar mucho de él, desde que era estéril y usó al esclavo para darle hijos a su mujer, hasta el grado de pensar que él tenía un fetiche con ver a su mujer con otro hombre. Chiara se encargaba de recopilar todo para contarlo mientras bebían algo de café. El médico comenzó a darle a Anthony los detalles del alumbramiento de Jessica, así como el hecho de que tendría solo una oportunidad más de tener hijos, una tercera tendría que ser por vía vaginal y ella podría no resistirlo debido al antiguo daño de su pelvis. El médico recomendó tratamientos con calcio para fortalecer sus huesos durante los próximos años y evitar que en su vejez sufriera de problemas de cadera. Tony tuvo la prudencia de grabar toda la explicación con su móvil y sin que el médico lo percatara. Sería más sencillo que Jessica lo comprendiera en esas palabras, además de que no quería olvidar un dato importante.

Y mientras Tony se encargaba de esos asuntos y Nebiri disfrutaba de su derecho como padre el estar con sus hijos y esperar a que su mujer despertara, Chiara miraba al cheetah y su graciosa cara de confusión y un casi enfado imposible de ignorar.

Es una larga historia todo éste asunto, pero si Jessica quiere quizá te lo cuente —dijo una divertida Chiara—. No te tomes a pecho lo de Anthony, él tiene sus motivos —agregó, no quería que el elegante cheetah se llevase una mala impresión del demonio por el teatro que todos montaron con mucha ayuda del personal médico—. Entraremos hasta que ella quiera de todos modos, así que sentémonos un poco más, ya esperamos dos horas, veinte minutos no serán mayor problema. Lo grave ya pasó —y eso tenía tranquila a la vampiresa. Jessica había salido de ese compromiso al fin y podía ver el fruto de su espera: dos sanos bebés que eran la copia al carbón de sus padres. Por lo que la enfermera dijo, la niña tenía los ojos de Nebiri, y el niño los de Jessica. Moría por verlos y cargarlos, pero sabía esperar... Aunque no sabía si Frank también tenía esa paciencia luego de tanto lío que le ha tocado presenciar y sin que nadie le explique nada.



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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Mar Oct 17, 2017 10:18 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Ellos no hacían más que observar con asombro todo lo que los rodeaba. A diferencia de su hermano, Ran dibujaba en su dulce rostro una sonrisa que parecía hacer nacido con ésta. Una mueca permanente. Fue la primera que tocó las mejillas de su verdadero padre cuando el demonio los depositó en los brazos del mismo. Gorgoteaba sacando su pegajosa lengua, baboseaba un poco cada vez que soltaba un gritillo, se le formó una burbuja de baba la cual observaba con curiosidad causándole cierta gracia. No cabía duda alguna que era una niña dichosa, feliz. Aaron, en comparación, parecía más callado: se enfocaba en observar todo luego de ver el rostro de aquel individuo que oía desde que formó consciencia, no sonreía pero tampoco lloraba, de hecho cualquiera aseguraría que estudiaba el mundo que veía. De todas maneras por igual balbuceaba y producía sonidos desarticulados, sus orejas estaban tiesas pues no las reconocía ni tampoco sabría cómo darles movimientos. Era demasiado temprano, apenas llevaban siete minutos de nacidos. Por supuesto, eran híbridos de tigre, ambos olfateaba a la par sorprendiéndose por los aromas que captaban, pero no todos eran agradables a su parecer… ponían diferentes gestos en sus rostros y más de una vez estuvieron a punto de llorar, pero las lamidas del birmano en sus narices los sorprendieron aunque no les disgustó, desde ese instante los dos enfocaron sus narices en el tigre. Era casi cómico, pero adorable, la manera en la que arrugaban sus narices para olfatear de lejos el aroma de quien sus inocentes mentes en proceso de formación ya asimilaron como figura paterna. Obviamente las palabras de ese nombre no las comprendía, no sabían qué quería decir ni tampoco lo que era ni siquiera hablar, aún con esa dificultad de por medio apreciaban las tersas caricias que esas grandes manos les otorgaba, por igual los dos buscaron agarrarlo y fue Aaron quien lo consiguió, sosteniendo unos segundos el pulgar del birmano haciendo notar que sus dedos eran como los de un pequeño muñeco en comparación.

Habrá pasado cerca de diez minutos cuando de apoco Holtzmann recuperaba la consciencia. No se movía, claro, los recuerdos de lo último que vivió despertaron su mente, luego sintió que podía mover los dedos de su mano, y lentamente abría los párpados. Estaba… desorientada, se sentía extraña, ligera, con mucho dolor que estaba siendo calmado a su paso por medicamentos, lo primero que vio fue el techo y se quedó inerte por varios minutos. Solo cuando tuvo conciencia de su cuerpo giró lentamente la cabeza para ver el peso extra que sentía en la camilla, un pesado bulto cerca de sus caderas, y allí vio al birmano, abstraído con lo que tenía entre sus brazos… como acto reflejo llevó una mano a su estómago, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza pronto conectó todo y volvió a la realidad. Un baldazo de agua fría. La etapa del embarazo era muy diferente, había sido un poco más fría, pero ahora lo que tenía dentro estaban a su lado, dos bultos con diferentes mantas catalogando sus sexos, los ojos de la inventora se abrieron como platos por los nervios y la adrenalina, ¿ahora qué haría?, ¿ya podía ser legalmente considerada 'madre'?, ¿cómo seguiría todo eso?... no, quería verlos. Primero quería verlos. Sintió de repente un pinchazo en el pecho que no era nada más que emoción, una montaña de emociones la atacaron y solo pudo suspirar fuerte antes de dar a conocer que estaba despierta. Sabía que todo lo que iba a decir a partir de ese momento iba a cambiar su vida para siempre —… Hola…— no tenía tanta fuerza en su voz, su cuerpo estaba cansado pero no se sentía mal —Me duele todo de la cintura hacia abajo, un poco el estómago…— pero era normal, claro, no por eso era más tolerable. Con cuidado se fue sentando, era un trabajo horrible, pero logró pegar la espalda en la pared y estirar los brazos —Dámelos.— y aunque estuviese agotada y no levantaba la voz, aún tenía ese 'algo' que obligaba a los demás a obedecer sus órdenes. Nunca se podrá anestesiar su actitud dominante. Primero tuvo el confort de recibir a Aaron, pero no tuvo tanto tiempo de mirarlo ya que Ran le siguió rápido. Con los dos sosteniéndolos en cada brazo tuvo la oportunidad de admirar lo que su cuerpo creó: le ha dado 'vida' a tantos trastos en su vida, a chatarra, a piezas metálicas, a instrumentos y objetos animados que uno no es capaz de imaginar… y ahora creó una manera diferente de vida, dos que eran humanos y reales, que poseían órganos, tejidos, huesos y… sangre, su sangre —Ah…— estaban dormidos, pero aun así se admiraba sus largas pestañas, rostros suaves, pequeñas manos, narices perfectas y cabello sedoso.

Por supuesto que quedó sorprendida al ver que la niña era rubia. Evelyn era rubia. Eran demasiado pequeños aún, pero al echarle un vistazo al niño enseguida pensó que se parecía a Nebiri. De hecho, era un calco de él. Se decía que los hijos son los calcos de sus padres, bien, Holtzmann pensó que Aaron iba a parecerse mucho al birmano. Y su soberbia le dictaba que Ran iba a poseer una belleza tal como le atribuían a ella. No sabía que decir, estaba atónita, encantada pero sin palabras… —Nebiri…— abrazo un poco más a los bebés, pegándolos a su pecho —Te presento a tu familia.— eran una familia ¡Jessica tenía una familia! luego de tanto tiempo…  Jessica logró tener lo que jamás en su existencia creyó conseguir. Nunca pensó que sería tan feliz junto a alguien y menos procrear vida, jamás se vio en una situación así, pero pasó. Estaba pasando. Los ojos se le humedecieron, no quería llorar, en aquel aspecto era un poco más dura que el tigre… pero algo la obligaba demostrar su alegría mediante lágrimas —Mi cuerpo es increíble ¿no crees? porque tuvo dos cabezas, cuatro manos, cuatro piernas y dos corazones diferentes latiendo dentro.— arrugó su nariz, sus párpados se enrojecieron un poco, todo eso el birmano sabía lo que significaba —Soy madre. Soy su madre.— nunca antes había sentido ese candor en su pecho. Nunca antes se sintió tan… majestuosa, e increíble, como en aquel instante donde tenía a sus bebés entre sus brazos. Luego de un hondo suspiro miró a Nebiri, casi de manera seria, una diminuta lágrima logró escabullirse de su ojo al fin —… Me quitaste mi vida y me diste una nueva. Jamás le he hablado a alguien así y creo que jamás lo volveré a hacer, así que escúchame: te estoy eternamente agradecida, birmano. — el silencio que había en la sala colaboraba en aquel momento, solo la fina voz de la castaña se percibía y nada más —Me transformaste en otra persona. Me devolviste casi todo lo que he perdido y lo que creí irrecuperable. Jamás amaré a otra persona como te amo a ti, pase lo que pase, estaré en deuda contigo eternamente hasta el final de los tiempos. Velaré siempre por el hombre que me dio motivos para seguir viviendo. Velaré por ti para siempre, Nebiri. Eres el amor de mi vida, así fuiste, eres y serás, hasta que la muerte nos separe.— ese fue el juramento de la diosa hacia aquel híbrido de tigre. Con su dulce y pequeña sonrisa proveniente de aquellos rojizos labios, juró eterna lealtad. Nada más se le podía pedir a una persona como ella, fue clara  y concisa, al confesar sus más puros sentimientos se le erizó la piel por darse cuenta que hablaba con el corazón. Siempre se sentía extraño cuando lo hacía, no se acostumbraba.

Hubo un instante donde simplemente se miraban el uno al otro, absortos con los orbes ajenos, un momento donde nada se decía pero se hacían entender. Entonces un llanto hizo respingar a la californiana, el niño se había despertado y era obvio qué era lo que quería. Por supuesto que segundos después la niña imitó a su hermano al despertarse de repente también, eran un coro insoportable para cualquiera pero increíblemente para Holtzmann no era nada, es más, no gritaban tan fuerte… o eso pensaba, ¿será aquel instinto de madre, el que nada te molesta cuando se trata de tu hijo? quizás… tanto Nebiri como Jessica eran nuevos en el tema. No perdió tiempo, le pasó los niños al tigre para que ella pudiera bajarse la bata hasta liberar sus senos, ahí volvió a pedirlos y un segundo le tomó a cada uno prenderse a sus pezones. No era la primera vez que amamantaba, claro que nunca le contó a su esposo lo que hizo aquella vez en el hospital donde solo Chiara la descubrió, pero hubo una gran diferencia: aquel bebé no bebió leche, solo la castaña le dio el gusto para que se quedara dormido. No estaba lista para dar el pecho así que solo chupó su botón hasta quedarse tranquilo. Pero ahora, con sus hijos… —¡Ah!— dolía. Le dolían los pezones y sentía los senos muy pesados, cosa que con los días se le pasaría y de momento tendría que soportarlo. Nunca se imaginó que ser madre era tan tormentoso, no estaba al tanto de todo los dolores que una sufría, solo algunos —Son como… pequeñas sanguijuelas… es una sensación muy rara.— claro que más de uno no estaría de acuerdo con que una madre llamara a sus hijos 'sanguijuelas' pero ella se refería a la manera en la que se prendían a su seno siendo precisos, casi ningún bebé sabe dónde y cómo agarrar el pezón pero ellos fueron directamente y sin problemas. ¿instinto animal tal vez? sabía que debía pensar por dos razas desde ese momento, algo que no era lógico lo explicaba la raza del padre, y algo que no iba con los tigres podía ser explicado con la raza de la madre, los humanos. Será un dolor de cabeza.
Iba a ser una crianza bastante ajetreada y difícil.

En algún momento de su placer y dolor pudo ver los ojos de cada niño, y solo pudo pensar en una cosa —Tu legado sigue ¿cierto?, Ran tiene tus ojos. Creo que la genética de tu familia es demasiado fuerte.— y eso lo comprobó al darle un vistazo al niño —Oh… al menos con esto comprobarás que tú eres el padre, ¿o deseas hacer un examen de paternidad?— sus ataques no tenían tanto peso ya que su voz estaba debilitada, pero aun así seguía provocándolo. Ese era su deber todos los días. Por supuesto que se dio cuenta que los mellizos tenían ojos grandes y deslumbrantes, eso la hizo sonreír y acordarse de una discusión que tuvieron una vez hace bastante tiempo —Al parecer nacieron con mi belleza. Solo resta esperar para ver si portan tu inteligencia entonces. Tendrán muchos problemas en la escuela.— por más que le doliera el cuerpo se atrevió a carcajear suavemente —Pero no te preocupes. La inteligencia se hereda de las madres, es la madre la que transmite los genes relacionados con el cociente intelectual. La ciencia  lo afirma, Nebiri. Tienes suerte de haberme escogido como compañera entonces, al menos de este lado de tu descendencia alguno de tus hijos será un genio.— lo afirmaba con orgullo, arrojándose flores a sí misma, claro.

La sala de espera pronto se vio invadida por cuatro familias con todos sus miembros, algunos esperando información mientras que otros festejaban a su modo la llegada de otro integrante. El cheetah observaba aquellas escenas a la vez que intentaba comprender qué diablos pasaba, por qué de repente todos actuaron de manera incomprensible para él. Tomaba sus manos y jugaba con estas, y solo la voz de Chiara perturbó sus pensamientos —Ah, no sé si tengo derecho a saber ni siquiera. Busco decir… soy un amigo, pero no cercano. Quizás temporal. De todos modos me encuentro contento de que al menos su estado sea bueno.— aunque sus gestos decían lo contrario, en el fondo Martin era un individuo íntegro y decente. Tal vez de los pocos que no han tenido malas intenciones con Holtzmann, pues enamorarse ni siquiera Jessica lo considera mala intención. Ella mismo lo hizo con Nebiri y ni siquiera lo planeó, lo buscó ni lo quiso. ¡Buscó ahuyentarlo! pero igual sucedió.

Por supuesto que dentro de la habitación los bebés ya se habían llenado con la cantidad que bebieron, mientras la castaña se volvía a poner la bata los dejó en reposo sobre sus espaldas en la camilla —Esto es muy diferente a lo que uno lee en libros ¿verdad?— por supuesto que no era lo mismo saber del tema que practicarlo, eso sucedía en las Ciencias, eso sucedía en la vida real —Tú… nunca pudiste ver a ninguno de tus hijos. Aquí tienes a dos. Entre los cambios físicos y emocionales por los que estás pasando y la nueva responsabilidad, no es de sorprender que te sientas abrumado.— sobre todo por el deseo de hacer todo 'bien' también pone mucha presión —Te lo comento ahora para que sepas más adelante el por qué metes el rabo entre las patas cuando estás con alguno o con los dos. — buscaba darle a entender que posiblemente se vea cabizbajo con el correr de los días, pero que era normal. Sin embargo… ella, diablos, eran sus primeros bebés y tenía 31 años, una mujer muy independiente y siempre sumida en el trabajo. De repente se vería envuelta en una rutina de pañales, amamantar, formula, llanto… sentir que esos pequeños individuos dependen especialmente de ella la va afligir bastante —¿Tienes miedo?— animó a plantear eso mientras levantaba a Aaron y lo acunaba entre sus brazos, ofreciéndole a él hacerle lo mismo a Ran —Ellos… ¿podrán transformarse como tú lo haces?, probablemente no puedan porque son híbridos pero no puros. Quizás debamos esperar…— ...





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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Miér Oct 18, 2017 8:52 pm



ALREDEDOR DE LAS 6PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
YOU'RE THEIR FATHER, TIGER, BE PROUD
Nebiri estaba absorto viendo a los pequeños, cada facción suya, sus aromas ya estaban dentro de la memoria sensorial del birmano. Esos eran sus cachorros, eran sus hijos, unos a los que verdaderamente podía llamar como propios. Eran pequeños en sus brazos, tan frágiles y a la vez tan fuertes a su modo. Ran sin duda era una pequeña muy risueña, pues estaba con una sonrisa en su pequeña boca mientras estaba apenas sujeta de las ropas de su padre, como si quisiera tener el aroma del tigre contra su pequeña nariz. Aaron al parecer sería algo más serio, pero era tan activo como su hermana y no le soltó el pulgar apenas lo atrapó en su pequeña mano derecha. Las orejas del niño eran lindas, sabía que eran sensibles y aunque Ran no tenía orejas de tigre, su audición debía ser igualmente buena. De Jessica escuchó que si los niños oían el latido del corazón de su padre o madre mientras uno los abrazaba entonces se "sintonizaban" y se relajaban, incluso podían respirar al mismo ritmo de sus padres. Esos eran detalles que estaba dispuesto a comprobar, quería aprender cada detalle de sus niños, lo que les iba a gustar y los que no, incluso qué música podría llegar a gustarle. Había tantos planes en su mente que no paró de mirar a sus pequeños por lo que pareció largo rato, sonreía tanto que cualquier podría ver su gesto alegre aun de lejos. Sus pequeños daban tanto calor... De hecho no percató que Jessica ya había despertado y miraba el techo mientras terminaba de recuperarse de su operación. Notó que ella despertó hasta que se tocó el estómago de golpe, levantó la mirada y vio que seguía adolorida. No le sorprendía, acababa de salir de una operación y, por los aromas que ella aun tenía encima, podía oler la sangre y demás medicamentos que usaron en ella para ayudarla a dar a luz a los mellizos. Sonrió mucho al verla pero no pudo hacer mucho por ayudarla a levantarse, tenía los brazos ocupados con un pequeño par.

Hola —saludó el tigre a su cansada mujer. Debía decirlo, se veía agotada pero a la vez tan absurdamente bella, la veía más hermosa aun y no sabía cómo eso era posible. No tenía respuesta por mucho que se lo preguntara repetidas veces, solo le quedaba aceptar que esa mujer no conocía límites y hacía lo que le daba la jodida gana—. Los doctores te pusieron medicina, te sentirás mejor en un rato más. Y parece que te quedarás aquí un par de días, o eso escuché que dijo el doctor —pensó un poco—. Tony debe estar viendo esos detalles ahora, ya sabes —el francés era su esposo ahí y la verdad Nebiri vio que era el demonio quien peor la llevaba en la mascarada, ser "el esclavo" le daba una posición privilegiada ante los ojos del personal médico. Su mujer pidió, ordenó, ver a sus hijos y Nebiri se los depositó en los brazos, primero a Aaron y luego a Ran, se alejó tres pasos para admirar el gesto de su esposa al conocer a sus hijos. Su gesto de encanto era inigualable, se veía sorprendida, emocionada, quizá nerviosa pero lo que más destacaba era una alegría que se sentía más de lo que se dejaba ver por ese dulce rostro. Sonrió al verla así y volvió a sentarse donde había estado momentos antes. Podía verla aun mejor desde ahí. Jessica cargando a los pequeños era una imagen que el tigre nunca podría borrar de su memoria. Aunque fueron minutos solamente, Nebiri disfrutó cada segundo de la visión de su esposa conociendo a los mellizos, a sus hijos. De pronto ella le llamó y sus siguientes palabras hicieron que se le acelerara el corazón y sintiera algo en su estómago, era un cosquilleo no incómodo, pero sí emocionado—... Mi familia...

Su familia. Su mujer y sus hijos. Ver los ojos húmedos de Jessica lo hicieron apretar las mantas bajo sus manos, la emoción parecía querer embargarle, pero haber dejado salir todo lo que sentía por medio de lágrimas hacía ya un rato ayudó a que el tigre se mantuviera sereno en ese instante. Claro, se le notaba la mirada brillante y su semblante totalmente lleno de todo lo que sucedía en ese momento, la magia del nacimiento, el subir a un nuevo escalón como hombre. Jessica no perdió la oportunidad de presumir y eso era tan propio de ella que el tigre no resistió reír un poco. Claro que toda ella era increíble, pero esa mujer no necesitaba ayuda para inflarse el ego, menos en ese momento donde dio a luz a los dos bebés más hermosos de todo ese maldito mundo. Las siguientes palabras de la californiana le obligaron a prestarle toda su atención. Pocas veces Jessica dejaba salir sus sentimientos a flor de piel, contadas veces le ofrecía su corazón con sus más sinceras palabras y todo aquello que solía guardarse dentro de sí. Y así era ella, así era Jessica Holtzmann y el tigre se sentía privilegiado como nadie de ser a quien ella le dedicaba verdaderos discursos de amor en los menos donde ambos lo necesitaban, no cuando el tigre quería, sino cuando ella y él necesitaban afianzar sus votos matrimoniales de todas las maneras posibles. A cada palabra, un golpe certero a su corazón lo hacía encogerse en sí mismo de felicidad. No se lo creía aun, pero el calor que aun le quedaba en los brazos y el aroma y visión de los bebés le decían que no era un sueño. Sonrió mucho y dio un suspiro tan grande que se hizo escuchar.

Hasta que la muerte nos separe, Jessica, tienes mi palabra —era todo lo que podía decir el embelesado birmano en ese momento. Se quedó mirando los ojos de su esposa y no pudo decirlo en ese momento, la emoción lo había embargado, pero ella también le quitó la vida que tenía antes y lo volvió alguien nuevo, Jessica le abrió muchas puertas, le permitió crecer como humano y darle una razón al tigre de ser más fuerte, de desafiar la naturaleza de su ser pero sin perder su esencia. De ser más que un animal, de ser un hombre en su totalidad. Le dio la oportunidad de amar de verdad, de probar lo maravillosa que era la entrega total a una sola persona, de estar con alguien que no lo necesitaba para nada, pero que lo quería a su lado para todo. Ambos podían seguir sin el otro de darse el caso, pero se querían juntos por que así lo dictaba el sentimiento que ambos seguían forjando día a día y con cada vivencia y detalle. Pasaron largos minutos, no lo percató, estaba perdido en sus ojos celestes, sonreía como idiota. No necesitaban tocarse las manos ni besarse en ese momento, Jessica lo dijo con sus palabras y ambos reafirmaban el sentimiento mutuo con esa mirada que se antojaba como un clavado en un profundo lago de agua fresca. Incluso suspiró un par de veces más sin percatarse. El hechizo se rompió cuando los niños despertaron con un fuerte llanto que sonaba dulce a los oídos del tigre. Sin duda sus cachorros tenían fuertes pulmones. La escuchó compararlos con sanguijuelas y se echó a reír antes de ir a sentarse a su lado mientras los niños comían por primera vez de su madre. Tenía el instinto de moverse por sí mismos al pecho de su madre, algo propio de los tigres—. Bueno, ellos no te roban sangre, solo piden leche —rió un poco más y ya ahí pudo darle un beso en la mejilla—. Ran tiene mis ojos y Aaron los tuyos... Y el cabello de ella se parece al de tu madre, se ve como en la foto —sonrió el tigre—. Aunque yo creo que son tan lindos como tú, mujer —dijo con una sonrisa, y ante la dulce embestida sobre la prueba de paternidad, volvió a besar su mejilla—. Y serán listos como tú, y son grandes como yo, apuesto a que serán fuertes —agregó con marcado orgullo—. Apuesto a que estos niños no van a enfermarse —aseguró con mucha confianza. Y al menos la enfermera y los médicos daban fe de ello diciendo que eran pequeños muy saludables. No pasó mucho antes de que los niños se llenaran. Jessica aprovechó para acomodarse la ropa y cada uno cargó a uno de los mellizos. Ambos tendrían las manos ocupadas por los próximos años. Esa era una idea que le gustaba.

Las palabras de Jessica eran más que ciertas, el birmano podría sentirse abrumado en cualquier momento y que ella le asegurara que eso sería completamente normal considerando que ambos eran primerizos en eso de ser padres, le calmó un poco más. Ran quedó en sus brazos y copió el movimiento de Jessica de hacer eructar a los pequeños. Se lo explicó desde antes, era para sacar el aire de sus barriguitas y evitar que sintieran cólicos luego de comer. Ambos estaban adormilados de nuevo luego de comer y parecían bastante cómodos en los brazos de sus padres.

Tengo un poco de miedo, pero... Si hacemos esto juntos podremos hacerlo bien, o al menos a nuestro modo —sonrió—. Siempre hemos hecho las cosas a nuestro modo, criaremos a estos niños como mejor lo creamos... Um... No sé si puedan transformarse. Una vez conocí a un mestizo de tigre, un mocoso mestizado con un demonio que se ha visto como de diecisiete por más de cien años y cuando se transforma parece cachorro... Aunque tú y yo no somos muy distintos. No sé si puedan transformarse, pero les enseñaré a intentarlo, y veremos quién de los dos puede o no. Y no sé si Aaron pueda guardar sus orejas, pero trataré de enseñarles todo lo que yo sé —sonrió—. ¿Puedes ver cómo Aaron te olfatea? —mencionó con una sonrisa, el pequeño estaba aferrado a la bata de su madre mientras su pequeña nariz se movía cada tanto—. Ya veremos qué sorpresas nos dan, pero como son hijos tuyos, entonces serán muy listos y aprenderán rápido, lo sé —el birmano le echaba flores a su esposa, bastantes, aunque no estaba de más mencionar que el instinto animal del birmano era uno que permitía adaptarse y aprender también, Nebiri había demostrado ser así y sus hijos no tenían porqué ser demasiado distintos de eso. Besó los labios de su esposa, estaba cariñoso y al menos ella parecía haberse recuperado de golpe de todo el cansancio que soportó por meses debido al embarazo—. ¿Sabes? Creo que Chiara muere por entrar, Tony vendrá luego, está hablando con el médico, y vino tu amigo el gato pulgoso —aunque al decir eso estaba bastante tranquilo, el aura, aroma y calor de los bebés lo tenían relajado. Y las palabras de Jessica fueron el sello de la paz mental que experimentaba el tigre en ese momento... Aunque sí frunció un poco el ceño, aunque no con enfado, más bien como anticipando un regaño—... Te trajo flores... Yo... Tengo tu sorpresa en casa, te la daré cuando volvamos... Aunque... Tengo un regalo para los niños —le dejó a Ran un momento para sacar de entre su ropa la capucha que era la cabeza de su piel de tigre, aquella que siempre cargó consigo pero que dejó de usar después de niño. Aparte, de la cintura se quitó la otra piel, y al desdoblar completamente la pieza se veía la cola colgando—. Eso me lo dio mi madre, y me toca dárselos a ellos, es su derecho por ser mis hijos... Portar la fuerza del Rey de la Montaña de ésta manera —dijo con su profunda voz, con respeto y visible emoción. Para ayudar a disimular las orejas de Aaron, le quitó la manta azul que lo envolvía y a él le puso la capucha, y ésta era lo suficientemente grande y el tan pequeño en comparación que le quedó de manta con la cabeza cubierta. Se lo devolvió a su madre y luego tomó a Ran, a quien le quitó también la manta del hospital y la envolvió con la piel que él siempre cargaba. Eso dejó al tigre libre de sus pieles para dárselas a ellos, a sus hijos por derecho propio—. Ngar taungpaw mhar lamshout kyarr eatsarr, ngar tawtwin swarrlar suu kyarr eatsarr hpw hcya pareat, ngarsai a htwt eat shinbhurain eat myayhpyitsuu hpyitkyaunggko ngar laraung aoutmhar lamshout tae suu hpyitkyaunggko hpyiteat —(Soy hijo del tigre que anda en la montaña, ngar tawtwin htellmhar kyarr lamshout eatsarr hpw hcya pareat, soy nieto del rey de las alturas y soy quien anda bajo la luz de la luna) recitó mientras cubría a sus pequeños, y lo mejor era que Jessica podía entenderle. Investía a sus hijos no solo con sus pieles, si no con el legado de la selva que vio a Nebiri nacer—. S ngya s nyya nha hcya hku ngar sarrsamee thoetsai hpyitkya pyee suuthoetko ngar aahcwm satti, ngar panyar a taat ko payy, suuthoetko naysell ngarko thangya n htayo ngya saw saittaw aaut s hpyang, suuthoet loaautsaw aararko suuthoetko payypar. Ngarsai sain thoeteat hpahkain, naeenaee kyarr hpyiteat, suu k shu mihkain hpyitpartaal —(Ustedes dos son mis hijos y les doy mi fuerza y mi saber, les doy la selva que aun vive en mi, y les daré lo que necesiten. Soy su padre, pequeños tigres, y ella es su madre) finalizó entregando ambos pequeños cubiertos en pieles a su madre.

Esa fue su ceremonia, su manera de reconocer a esos pequeños como propios y de entregarle el regalo que a él una vez le dieron. Estaba emocionado y de notoria manera. Le sonrió a Jessica y por fin atinó a tomarla de las mejillas y besar sus rojos labios. A pesar de haber pasado por tanto tenía ese color encendido en su boca, ese color y ese calor que siempre invitaba a besar. Fue un beso dulce, suave y suficiente para darle a saber todo lo que no podía decir por culpa de la intensa emoción que se revolvía a sus entrañas. En una oportunidad le devolvió su anillo a Jessica. Pasaron un rato más así antes de que Jessica diera su aprobación de dejar pasar a sus acompañantes. Ya los habían dejado esperando por suficiente tiempo.

La primera que entró disparada como bala fue Chiara, quien corrió a la cama y le dio un suave pero emocionado abrazo a Jessica. Le besó ambas mejillas y por fin pudo ver a los pequeños que antes no pido por mero respeto al birmano. Tras ella entró Frank, desde luego, con aquel inmenso ramo de flores, ya sin jazmines gracias a Chiara.

Oh, cariño, ¡son hermosos! —exclamaba la italiana tan solo de verlos y no resistió pedirlos en sus brazos, aunque por turnos, admiró primero a Ran a quien alabó hasta cansarse, con Aaron fue lo mismo y a su parecer se veían preciosos envueltos en las prendas de Nebiri... Y ayudaba a disimular las pequeñas orejas que alcanzó a ver cuando acarició la frente del niño—. Hola, pequeño Aaron, hola, Ran... Son tan lindos —claro que los despertó, pero los pequeños estaban ocupados estudiando a la italiana con los pocos sentidos que les funcionaban en esos momentos, eso dejó a Frank campo libre para acercarse a Jessica. Nebiri, como leal siervo, mantuvo una posición a los pies de la cama mientras miraba todo. Era momento de ser el esclavo de Jessica Holtzmann.



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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Jessica Holtzmann el Jue Oct 19, 2017 8:51 pm



TWO LITTLE LIGHTS SHINE FOR US


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Por un lado le sería más cómodo que los pequeños no pudieran transformarse como su padre. Francamente no sabría qué hacer si adoptando forma de tigre se treparan en árboles, corrieran lejos de la casa, se perdieran en el bosque o algún animal natural los encuentre como presas. Tal como los osos pardos que abundaban bastante. No sabía qué hacer si un día encuentra la cuna vacía, vé que treparon por las ramas para escabullirse y… —No les enseñes nada.— protestó mientras le golpeaba con exquisita delicadeza la espalda a Aaron, intentando hacer que eructe limpiamente en su hombro —Yo te quiero, Nebiri, pero escojo criar a un ser humano tal como yo en vez de individuos que pueden transformarse en animal en cualquier momento.— y en aquel preciso momento logró que lo buscaba en el niño. Obviamente la acción de eructar del menor fue sumamente dulce, apenas fue sonoro. Más bien se asimilaba a un bostezo invertido. De paso también baboseó un poco la bata de manga corta que vestía a Jessica —Mis hijos no serán salvajes como tú. Ellos van a ser genios.— ¡por supuesto! cada uno tenía una visión diferente de lo que buscaba en los mellizos, una típica discusión que podría llegar a ser costumbre. Se tomó su tiempo para oírlo mientras el pequeño olfateaba su cuello, también pegaba los labios en su piel animándose a chuparla como si intentara degustarla. Realmente no quería que aprendieran a transformarse en tigres, pero si estaba en su naturaleza… bien, su esposo tendría que soportar la ola de regaños si alguno de los miedos de la castaña se hacía realidad. No convencida recibió el beso del birmano con cierto gusto pero estaba encaprichada, sin embargo se dio cuenta que era demasiado temprano para pelearse con él por quienes nacieron apenas hace casi media hora. Además le dolía el cuerpo y se sentía un poco mareada, sencillamente no estaba en condiciones para atacar a su pareja en aquel momento. Acunó de nuevo a Aaron en uno de sus brazos, con la mano libre comenzó a limpiarle la saliva teniendo cuidado en pasar su pulgar alrededor de su boca, concentrada en eso oyó sobre su supuesto amigo y la pareja, el solo pensar en la reacción de Chiara ya sentía que las tripas se le oprimían porque estaba totalmente segura que la abrazaría fuerte —Oh, flores. Siempre ha sido tan detallista.— se animó a bromear cuando finalizó de limpiar a su hijo, entonces pasó a acariciarle el rostro conectándose mutuamente en ese instante al mirarse a los ojos uno al otro —¿Por qué tú no me trajiste flores, ser padre te convierte en tacaño?— su cerebro no pudo evitar hacer rápido sinapsis y que el rostro de su padre le llegara a la mente, provocando que cambiara su rostro a uno serio y con ápices de cómica decepción —Ah, ¿sabes qué? no me contestes.— no buscaba comenzar una conversación incómoda. Era un momento feliz para la californiana como para arruinarlo con su pasado familiar. Ya tenía otra nueva.

En ningún momento dejó de mirar los ojos de Aaron, este parecía querer decirle algo, o eso interpretaba la castaña, pues balbuceaba sonidos incomprensibles mientras le clavaba ese par de orbes celestes haciendo obvio que estaba concentrado a ella. Si hay una cosa que la pseudocientífica, ingeniera, inventora y mente brillante jamás se preguntó en su vida es qué diablos pasaba por la cabeza de un recién nacido. Entonces su instinto le indicó que le sellara los labios, lo hizo con su dedo índice, se relamió agachando un poco la cabeza sin despegar su sosegada mirada de él —… Ma-.— susurró fuerte cada sílaba, y por increíble que parezca el pequeño miraba aquel fuerte color en los labios de su madre, situación que Jessica aprovechó para volver a repetir lo mismo. Y al retirarle el dedo el bebé volvió a balbucear pero en un tono más bajo y emitir gruñidos que parecían provenir dentro de su pecho. Holtzmann… tenía una corazonada con el varón. Pero el encanto lo rompió ella al oír la palabra 'regalo', claro que se sorprendió ya que muy pocas veces el birmano lograba ocultarle cosas o guardar secretos —¿Un regalo para mí?— volcó entonces su atención en Nebiri —Querido, espero que sea un botella de whisky de Bourbon.— ya los bebés no estaban dentro de su cuerpo, ya podría brindar tal como él se lo prometió. No le importaba que estuviera drogada con diferentes tipos de calmantes para sus dolores, de poder pediría un vaso de vino en ese hospital. La abstinencia fue buena para su salud a decir verdad, Jessica lo sabía bien… pero también sabía bien que era alcohólica y simplemente no iba a dejar de beber. Bastante creyó haber hecho al abandonar la nicotina. Aparentemente no esposo tendría que volver a controlarla tal como ha hecho hasta ese momento pues salió de una dificultad, que era el embarazo, y se metió en otra: amamantar. Podía beber un poco solamente pero no ponerse ebria.

Estaba pensando cómo decirle al tigre que le diera una mano con eso sin perder su orgullo, pero se desconcentró al ver que dejó a la niña sobre la camilla para sacarse trazos de pieles que rodeaban su vestimenta. Claro que no sabía qué estaba haciendo hasta que se lo fue explicando de apoco. No se animó a interrumpirlo, solo fue espectadora de ese momento que le pertenecía solo al birmano y a sus descendientes. Le entregó al varón para que lo envolviera, cosa que repitió en la mujer. Aunque no estuviera de acuerdo con muchas cosas en las que Nebiri creía principalmente porque le parecían ridículas o sin sentido, aprendió a respetar lo que verdaderamente a él le importaba porque no quería herirlo o pelear por esa clase de temas. Además lo que estaba haciendo era una especie de ritual bastante sano, atrayente para la castaña, sabía la importancia que tenía eso para su esposo y más al comprender las palabras en su idioma madre. Cuando finalizó sus palabras recibió con los brazos abiertos a los mellizos cubiertos de pieles cálidas y suaves, los acurrucó más en ella quedando los tres bastante pegados y allí admiró un momento a los dos dibujando una fina sonrisa antes de buscar los ojos del campeón —Aainsai ngarko kyaungg kyarr aasarraaray tait hpae ko rahkyinn payyeatbhaaltotmha...— (tú nunca me regalaste un trozo de aquella piel de tigre...), se animó a protestar con pícara sonrisa y una ceja enarcada —S ngya s nyya a kyahanyaupya ko aanaeengaal payy shin sainsai ngarko sainthoet a bhhoet kaunggtae a rar taithkuhkuko lotenine maihpyitsai.— (si me das un poco quizás pueda hacerme algo bonito, para ti.), y ambos cómplices de mirada pronto terminaron esa extraña ceremonia con un húmedo y apasionado beso el cual fue bien dado por la inventora.

Ya no se sentía ahogada, creer que invadía su espacio, no daba zarpazos o esquivaba las muestras de afecto del birmano, lentamente volvía a retomar aquella calidez que solo tenía para ese hombre. Tan solo tres segundos se separaron para que le volviera a poner su anillo, y apenas lo hizo ella se apoyó en el pecho de Nebiri. Era una imagen agradable, los dos… cuatro, estaban fundidos en una pequeña atmósfera de calidez, silencio y contención. Los bebés volvieron a dormirse luego de saciar su hambre de leche, ella sabía que tenderían a ser un poco perezosos sin embargo, eran mininos después de todo —Contrólame.— acotó de la nada pero sin romper el acogedor ambiente —No dejes que beba más de dos copas nunca.— por supuesto, ese era el momento para pedirle que la ayude con ese tema.

Ellos tuvieron su momento, y creyeron que ahora era el momento de dejar pasar a los otros. Apenas Jessica supo qué rostro poner ante el tigre con esos pequeños en brazos, no sabe cómo reaccionaría con la otra pareja. Menos con el cheetah. De cierto modo el golpe de emoción de la italiana la ayudó bastante: la abrazó de golpe casi ahogándola entre sus senos, claro que Holtzmann se quejó y la otra se disculpó rápido para pasar a observar a los bebés —Ya sé que son hermosos. Son míos ¿cierto?— comentó con soberbia como si fuese algo obvio, y luego de pasarle a Ran hizo lo mismo con Aaron, ahora era la rubia quien los tenía en brazos —¿Dónde está Anthony?, quería enrostrarle a los bellos niños que él jamás tendrá.— claro su buen humor volvía cuando estaba Chiara presente, después de todo la vampira siempre ha sido cómplice de Holtzmann para esas cosas. En medio de la charla que ambas compartían Jessica pudo ver a Frank sentado en una silla pegada a la pared, cerca de la puerta. Tenía el ramo de flores en las manos y esperaba pacientemente su turno, de reojo observó a Nebiri que parecía una estatua al estar parado firmemente en los pies de la cama. Oh, claro. El esclavo. Guió la conversación para que sea breve y le indicó al tigre que buscara sus papeles de identidad en el bolso que ella había armado y que se los entregara a Chiara —Hazme un favor. Ve a la recepción y averigua dónde se los debe inscribir.— ya que Chiara se hacía pasar por su hermanastra no había problemas con que fuera ella a escribir los nombres de los mellizos. Seguramente el parte médico del alumbramiento ya estaba listo y solo se necesitaba los papeles de los padres. En ese caso especial, solo la madre.

Chiara comprendió eso, la castaña luego le indicó que dejara con cuidado a los niños en la cuna apta para gemelos/mellizos que estaba a su lado —Ran Salomea y Aaron Issac. Recuérdalos.— la vampira italiana no era tonta, pero igualmente quería asegurarse de que no cometiera ningún error porque no podría ser corregido luego. Claro, ambas sabían que el apellido sería 'Holtzmann'. Aquel pedido no solo fue para agilizar los trámites, sino que también para que Martin pudiera hablar al fin. Esperó que la rubia se fuera para luego llamar al canadiense mediante un cansado y forzado gesto con su brazo —¿Llegaste recién?...— preguntó con una fina sonrisa en sus labios mientras estiraba los brazos para agarrar las flores —No… llegué casi al mismo tiempo que todos.— ese hombre no pensaba en ese momento que esa mujer le había mentido, claro que no, se lo veía sosegado y contento mientras le daba una mirada a los bebés de la castaña —Son muy bellos. Te felicito.— sin embargo había percibido algo desde que entró a la habitación: sintió su aroma, su mirada se afiló y su cuerpo vibró: él era un felino después de todo, ya sea criado en la selva o en la ciudad, ¿cómo no darse cuenta de la presencia de otro?, y no era el esclavo. Martin observaba con detenimiento a los menores quienes estaban más callados que antes mirando el techo, estudiando sus manos y chupándoselas —¿Sabes? siempre te dije que mis sentidos están atrofiados, pero no del todo. Puedo percibir muchas cosas.— añadió mientras Jessica ponía las flores en la mesa a su lado, y ese comentario llamó su atención —¿Y?...— no sabía a qué quería llegar con eso, pero presintió cierta inquietud en Frank cuando la miró a los ojos, y más cuando posó la mirada en el birmano —¿Puedo hablar con tu esclavo unos minutos, por favor?— … la tomó de sorpresa. Holtzmann dudó un segundo, pero su respuesta fue rápido —Sí.— ¿por qué le diría que no?, ¿cuál sería la excusa?. Pero la excusa por la cual quería hablar con Nebiri era la que llamaba enormemente su atención. Frank cruzó el umbral de la puerta esperándolo, Jessica no dijo más nada y solo atinó a despedirlos con la mano.

—Sígueme.— le indicó al birmano aquel cheetah mientras adentraba las manos en sus bolsillos —No sé con exactitud qué es lo que sucede, quizás solo esté interpretando una parte, pero te diré esto: ¿alguna vez oíste el dicho "si la amas déjala ir"?— con eso dejaba en claro el tema de la conversación que quería tener con él. Recorrieron el pasillo para salir del hospital, allí el cheetah pudo sacar un cigarrillo y un encendedor mientras acomodaba la espalda en la pared junto a la puerta —… Nebiri ¿verdad?— preguntó solo para asegurarse, después de todo oyó tantas veces que lo llamaban 'esclavo' que se le fue esfumando el verdadero nombre del tigre con el correr del tiempo —Como te dije, no sé exactamente qué está pasando. Pero sé que esos bebés son tuyos.— por supuesto que le dejó al otro un espacio de minutos para que asimilara la idea de que fueron descubierto, todo mientras le daba algunas largas caladas al pequeño cilindro de nicotina —Eres padre, y llegará un momento donde debes preguntarse seriamente: ¿qué es lo mejor para ellos?. ¿Qué le conviene a tus hijos?, ¿qué le conviene a tu ama?.— chasqueó la lengua mirando hacia el suelo, intentando encontrar las palabras exactas —Yo… sé que ambos tienen una relación un poco… distorsionada, pero esos niños no fueron traídos por obra de magia. Y por lo poco que vi, ella te aprecia mucho y tú a ella. Y como hombre, ¿no quieres que esa mujer y sus hijos sean felices?— … no supo más cómo abordarlo, solo suspiró y lo miró de frente —Tengo dos boletos para una embarcación que zarpará en dos días. Una que anclará en América. Un boleto es mío, y el otro me costó conseguirlo. Creo… que sabes a lo que quiero llegar.— porque ese híbrido no era estúpido, Martin nunca lo juzgó así —Ahora comprendo por qué ella no aceptó en ninguna de las oportunidades para partir. Para irse de este infierno. Ah… el… el problema eres tú.— se arriesgaba a que el campeón le dé un buen golpe, pero era lo que sinceramente pensaba —¿De qué servirá tenerlos aquí encerrados?, ¿de qué sirve tener pájaros en una jaula si ninguno podrá volar nunca?— apagó el cigarro con la suela del zapato al arrojarlo en el suelo, y nuevamente clavó sus orbes en los del tigre con aires de franqueza y sensatez —Piénsalo. Ella será libre, tus niños serán libres, ¿qué vale más que eso?...— de cierta manera aquel hombre jugaba sucio, era de buena labia tal como Anthony cuando quería convencer a alguien —Creo que… en la situación que está ahora el mundo, hay situaciones que uno debe dejar de lado el egoísmo.— se encontraba entre la espada y la pared, el birmano tenía la palabra final.

Mientras tanto Jessica se encontraba acostada, descansando dado a que los mellizos no eran escandalosos como los otros recién nacidos que se oían chillar. Pero no dejaba de pensar para qué Frank quería hablar con Nebiri. Estaba preocupada al respecto.





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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

Mensaje por Nebiri el Vie Oct 20, 2017 1:24 am



ALREDEDOR DE LAS 6:30PM
HOSPITAL
JESSICA HOLTZMANN
THERE'S ONLY A LAST CHANCE, TIGER
Mientras Chiara se comía a besos a los pequeños y Frank esperaba a que Jessica terminara de platicar detalles importantes con la rubia, Nebiri pensaba en lo que su mujer le dijo sobre darle una piel a ella. A Nebiri aun le quedaba una prenda de piel y era la que se ponía en el cuello, pues a Aaron le dio la capucha y a Ran la que usaba en la cintura, tenía una aun. A Jessica ya le había dado una prenda suya, un pañuelo rojo de tela de ramio, lo recordaba bien, se lo regaló durante sus primeras citas, concretamente cuando ella tuvo que ir a su empresa por dos semanas enteras para trabajar en un proyecto. Recordaba bien que ella volvió totalmente ebria a casa cuando él le recibió, y de hecho esa misma noche ella probó de su comida por primera vez. Desde ese entonces ella usó ese pañuelo rojo, si no era como accesorio de su ropa del día, lo llevaba en su bolso siempre que salía o cuando tenía que ir a la empresa a trabajar. Lamentablemente el pañuelo se perdió junto con el laboratorio el día del incendio, ese día el pañuelo se había quedado en el canasto de la ropa sucia y quedó incinerado por el posterior incendio de la zona junto con casi todo el laboratorio de Jessica. Pocas cosas se salvaron además de los robots. Sí, ahora que lo pensaba, tenía que reponer esa prenda con otra que fuera igual de importante. Sí, le daría su última prenda de piel de tigre, ya ella idearía algo, como siempre, para hacer de esa prenda algo memorable. Sonrió para sí mismo por lo bajo mientras pensaba en aquello. Salió de sus pensamientos cuando "su ama" le pidió los documentos del bolso.

Al abrir el misterioso bolso vio que había documentos que Jessica organizó en una elegante carpeta plástica, había ropa y suaves pañales de tela para los niños, también una muda elegante para ella, un par de tacones altos y algunos de sus shampoos, quizá adelantándose a la posibilidad de que tuviera que quedarse más de un día en el hospital y ahí pudiera ducharse. Cuando no usaba sus jabones y marca de shampoo en especial su cabello se volvía un pequeño desastre y las ondulaciones de su cabello no tomaban su mejor forma. Muy listo de su parte, como siempre. No pudo ver más, le extendió la documentación a Chiara a apenas los bebés quedaron en la cuna junto a la cama de Jessica. Era normal que los bebés fueran tranquilos, también tenían la sangre del birmano corriendo en sus pequeñas venas, el instinto felino. Los cachorros de tigre no lloraban, solo eran curiosos y perezosos, ya más grandes podrían ser inquietos pero de la pareja dependería qué tan bien se portaran los cachorros. No estaban dormidos, solo curiosos, se miraban las manos, miraban el pecho y sus deditos sentían la suavidad y la calidez de las pieles que las que su padre los envistió. Estaban bastante entretenidos ahí como para fijarse en algo más, y con sus barrigas llenas, quizá no tardarían en dormir.

Lo recuerdo bien, cariño, Ran Salomea y Aaron Issac —con los papeles en manos, la vampiresa salió de ahí a buscar dónde se hacía el registro. Quizá necesitarían la firma de Jessica, pero podían llevarle los papeles apenas se llenaran. Tenía todos los datos, y de hecho, por dirección, notó que tenía la de su laboratorio. Bueno, escribir que vivían en una casa del árbol en pleno bosque a un lado de la autopista y dentro de una zona protegida para recreación y acampadas no era precisamente una dirección. Le pareció sensato de parte de la californiana. No tardó en encontrar donde hacían los registros y fue a pedir la información. Podrían llevar todo el trámite ahí y, a comentar, que hasta el juez del registro estaba algo confundido por escuchar que los pequeños solo tendrían el apellido de la madre y no la del marido de la castaña... ¡Hasta él estaba enterado del drama! La telenovela tenía a todos ocupados en el hospital. El pobre de Anthony quedó ya con la reputación manchada, pues además de estéril, quedó con la fama de gustarle ver a su mujer acostándose con otro. El juez no hizo muchas preguntas a decir verdad, solo llenaba la información ayudado con los papeles que la paciente envió con su familiar.

Mientras, Anthony terminaba de arreglar lo del pago final con el médico. Éste le dijo que Jessica debería permanecer un par de días más por si acaso. Le explicó todo lo que tuvieron que hacer para hacer que los bebés nacieran y que su herida necesitaba reposo al menos ese par de días antes de llevarla a casa. Mientras, podría estar con sus hijos y le facilitarían todas las comodidades que ella requiriera. Un buen hospital privado, sin duda. Y por lo que estaban pagando por tenerla ahí, era lo mínimo que podrían hacer. El francés abandonó el consultorio del médico y fue al cuarto donde Jessica se encontraba. Notó con algo de sorpresa que Frank salía del cuarto seguido del Tigre y aquello le dio curiosidad. Decidió no intervenir mucho ni espiarlos, tenía algo más importante por hacer en ese momento. Entró al cuarto solo para ver a Jessica recostada en su cama y descansando como bien merecido lo tenía. Los bebés seguramente estaban en la cuna. Tocó la puerta para no tomarla por sorpresa y pasó, acercando la silla al lado de la cama de Jessica.

Mlle Holtzmann, me alegra mucho verla bien —dijo el francés con una sincera sonrisa—. Felicidades, la espera al fin terminó —agregó antes de ir a ver a los pequeños, que en ese momento estaban durmiendo, sonrió. Ya podía verles la cara al fin, fue el último, pero estaba bien con ello—. Son muy parecidos a los dos, son bebés muy hermosos —tomó con su dedo las mejillas de ambos y estos respondieron apenas olfateando a quien les tocaba. El francés les dio su espacio para no hacerlos llorar y se sentó en la silla a su lado—. Ya todo lo del hospital esta cubierto, el médico ha dicho que se quedará en cama un par de días más en lo que la herida de su operación sana, tuvieron que intervenirla de emergencia porque los bebés no podían nacer por vía vaginal y... Bueno, creo que entenderá mejor en las palabras del médico —sacó su móvil y buscó la grabación que había hecho momentos atrás, le extendió el móvil a la castaña justo después de darle "play" a la grabación. El sonido era bueno, normal considerando que era un móvil costoso con buena tecnología. Miraba el móvil pero no a Jessica mientras la grabación corría con la voz del médico explicando que tuvieron que sacar a los bebés por otra vía que no fue precisamente vaginal, si no por un corte. Que solamente podría tener otro embarazo pero de la misma forma en que nacieron los mellizos, y que de ser vía vaginal, no saldría bien parada de esa. Quizá cuando vio una reacción nerviosa en su mano fue cuando el médico dijo que todo fue culpa por esa lesión en su hueso de la pelvis, que había quedado endeble. La grabación finalizó con el médico indicando al francés sobre un futuro tratamiento con calcio para evitar molestias ya más a futuro. A eso último, el francés le extendió la receta a Jessica, que eran solamente tabletas de calcio concentrado que no haría daño a su leche ni a los niños, eran suplementos después de todo, así como una dieta que ayudaría a fortalecer sus huesos. Por suerte, Jessica había llevado una sana dieta desde que conoció al birmano—. Nebiri nos contó un poco de eso, que fue culpa de su jefe. Es tarde para lamentarlo, pero me alegra que ellos nacieran bien y que usted esté a salvo —claro, él no sabía que el haber quedado embarazada, y con concepción múltiple, fue prácticamente un milagro considerando que Jessica tenía óvulos malos, esa información se la guardaron para ellos mismos. Fue un golpe de suerte esa tarde de sexo en el bosque, sacarse la lotería fue que Nebiri diera a los dos óvulos sanos de Jessica en una sola sesión—. Aun tendrá que venir mes a mes a revisiones normales, y sirve que revisan a los niños, para sus vacunas y el control normal de su salud —sonrió—, pero teniendo la sangre del tigre, apuesto a que será raro que se enfermen de algo, desde que conozco a Nebiri nunca lo he visto con un resfrío siquiera —comentó para aligerar el ambiente y luego la miró en espera de cualquiera fuera su reacción.

Mientras, en el exterior del hospital, Nebiri escuchaba las palabras del cheetah. Frunció el ceño desde que el otro felino comenzó a hablar y por instinto el birmano tomó una pose seria con brazos cruzados y totalmente recto, firme. Levantó una ceja pero no le cayó de raro que adivinara que los niños eran sus hijos, después de todo olían a tigre por mucho que el birmano quisiera ocultar el aroma, en parte, al ponerle sus pieles a los niños. Bueno, el cheetah tenía lo suyo. Mantuvo silencio mientras el otro hablaba sobre lo que era bueno para sus hijos y para Jessica, y a cada palabra, su ceño se frunció de nuevo mientras apretaba los dientes. Se enfadaba por la forma tan ligera que tenía de hablar, pero guardó sus gruñidos de momento, lo dejó seguir hasta que finalmente sacó a la luz sus intensiones... Llevarse a Jessica de New London. ¡Eso quería el maldito! ¡Ese pedazo de idiota realmente no comprendía a Jessica, no la conocía y no se había fijado en todos esos detalles que Jessica tenía! ¿Acaso lo estaba chantajeando desde el lado sentimental? Sí, eso estaba haciendo el maldito. De alguna manera recordó a Zhukovski cuando le lanzó aquellas venenosas palabras durante el incidente en ElectriX. ¡Y ahora decía que el birmano era el problema! Ahora sí gruñó pero se quedó quieto o le rompería la cara antes de que terminara su discurso. Apenas el cheetah finalizó, Nebiri bajó los brazos y se acercó dos pasos a encarar al cheetah como mejor sabía hacerlo, sobretodo siendo el otro más alto que el birmano. Apretó los dientes y vio sus ojos de manera fija.

¿Me hablas de egoísmo, en serio? ¿Me hablas cuando eres tú quien quiere llevársela como sea? Claro, como se ha negado ahora vienes y me quieres hacer sentir como la peor basura del mundo para que corra a su lado y le ruegue y le llore, que la obligue a aceptar que se vaya contigo, ¿verdad? ¿Eso quieres? —mostró los colmillos y afiló sus pupilas, mirando al otro felino—. Te acercaste a ella a ofrecerle algo que nunca te pidió, ¿quién es el egoísta, eh? Si la conocieras un poco te darías cuenta de cómo se siente, si te fijarás más en sus palabras y sus gestos sabrías por lo que la harías pasar si la haces irse de aquí sin el padre de sus hijos... ¿O es que quieres que se te abrace y busque consuelo contigo cuando tome a nuestros hijos y deje todo atrás para irse a América? ¡¿Eso buscas, verdad?! —le gruñó de golpe, fuerte, pero sin hacer más. Claro, el otro no se iba a dejar intimidar, pero Nebiri dio a entender que sus palabras no surtieron el efecto que quizá esperaría del birmano—. ¿Sabes lo que hará apenas pise el barco cuando se vaya contigo? ¿Quieres saberlo? Yo te lo diré, se encerrará y solo querrá estar con sus hijos, no querrá verte, no querrá hablar contigo ni con nadie y no le verás la cara hasta bajar del barco. Y cuando lleguen a América simplemente seguirá su camino a California, no te dará las gracias sinceras por algo que ella nunca te pidió, no se habrá ido porque tú se lo hallas pedido, se irá porque yo la habré obligado. No volverás a verla igual, no verás su sonrisa, no volverás a ver a la mujer con la que has platicado tan bien como hasta ahora... Esa mujer se habrá quedado aquí, conmigo —resistió las ganas de soltarle un puñetazo por media cara y se alejó un par de metros que él, miró el cielo nublado, hacía frío. Se llevó las manos a su cinto y soltó un enorme suspiro para calmarse—. ¿Sabes? Se lo diré de todos modos, todo lo que me has dicho, todo se lo contaré y también que tiene dos días para salir de aquí en ese barco. Se lo diré todo —tomó una gran bocanada de aire, su aliento se condensó apenas abandonó su boca—. ¿Sabes? Esa mujer hace lo que quiere cuando quiere, ella no se va a donde la mandan si no a donde cree que deba ir... Y si por alguna razón aborda el barco contigo... Desde ese momento te despides de ella, no será la mujer que te atrajo, si no la mujer que quede luego de la despedida... ¿Sabes? Eres un buen tipo, pero aun así eres un perfecto idiota, desde el principio pude oler tus deseos por acostarte con ella... Aunque quiero pensar que lo último que buscas es que se meta a tu cama como agradecimiento o como consuelo luego de dejar New London —le miró por encima de su hombro—. Si es todo lo que tienes que decir, me largo.. Ah, y gracias por las flores, le gustan mucho las flores.

Sin mirarlo siquiera, el orgulloso macho regresó al interior del hospital. Notó de reojo que Chiara seguía en el registro y que Tony estaba con Jessica en la habitación. Entró sin pena y el demonio parecía llevar una plática tranquila con la californiana. Para ese entonces Tony había guardado de nuevo su móvil y solo escuchaba con el respeto de costumbre a Jessica... Y claro que le tuvo que contar que ahora lo creían estéril y un adicto al "cuckold", el francés en algún momento mencionó algo gracioso, como que "lo suyo no habría funcionado, igual se iban a divorciar". Bromeaban muy a su modo, el francés ya había bajado las manos ante el hecho de que siempre perdería su dignidad ante la inventora. Al ver a Nebiri, el demonio se puso de pie y le palmeó el hombro, felicitándolo por ser padre y dejándolos solos como vio que Nebiri lo deseaba con solo verlo.

El birmano cerró la puerta y se sentó a su lado, se notaba serio, pero con ella era imposible no sonreír.

Quiero patearle los huevos a ese gato pulgoso —dijo un enfadado birmano—, pero no lo haré, te lo prometo —le miró a los ojos y no resistió acariciar su mejilla y mirar sus ojos de manera profunda—. Me dijo que parte en un barco en dos días a América, que tiene dos boletos, uno para él y el otro para ti —dejó que ella reaccionara a ello—. Como te has negado tanto, me llamó y el bastardo intentó hacerme sentir como basura por que no te amo lo suficiente como para dejarte libre —bufó un poco—. Me dijo egoísta y que yo era el problema por retenerte aquí —le miró de reojo, luego miró la cuna donde sus niños ahora dormían—. Y sé que soy egoista, no necesito que me lo diga... No quiero perder a mi familia, pero ahora que los veo ahí y a ti con ellos —suspiró muy hondo—. Sé que ya hablamos de esto, Jessica... Lo sé, quedamos en estar juntos y criar a nuestros hijos, yo quiero que sea así, demonios, quiero estar siempre contigo, mujer —se lamió los labios, solo soltó lo siguiente porque era lo obvio que se debía decir en esa situación—. ¿Qué le dirás a Frank cuando vuelva a preguntarte? —besó sus labios y habló contra estos—. Si le dices que sí, juro que me voy de polizón en el barco, porque respetaría tu decisión si dijeras que sí y tomaras a los niños, al caballo y a Bulleye para ir a América... Pero el solo saber que estarás triste me mata, mujer... El saber que llorarás me partiría el corazón, amor —y se quedó recargado en su hombro de manera ligera... Ese cheetah idiota adoraba ponerlos en situaciones incómodas al parecer.



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Nebiri
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Re: Two Little lights Shine for Us [Priv. Jessica Holtzmann]

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