Un comienzo carmesí [Priv. Frída]

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Un comienzo carmesí [Priv. Frída]

Mensaje por Haley Black el Sáb Oct 21, 2017 11:50 pm

Galerías de arte, lugares concurridos por los nobles y adinerados de la ciudad, lugares para cubrir la vista de los ingenuos y entretener a aquellos que poseen un gran poder adquisitivo, un escape para las almas creativas y atribuladas, no existía otro lugar en esta ciudad que le agradara mas a la joven Haley, cada día que tenía tiempo después de clases aprovechaba de dar una vuelta por aquel lugar, sacarle fotos a la gente que entraba, al paisaje bien cuidado que rodeaba la galería, era un lugar tranquilo en general, no como las calles de la ciudad, especialmente no como los barrios cercanos a su departamento, aquel lugar era un escape a su realidad, si fuese posible, ella estaría ahí siempre. Pero la realidad era distinta, tenía que regresar rápido a su departamento, anochecía y como de costumbre las calles no perdonan, si demoraba más de la cuenta sería una carnada perfecta para la peor escoria de la ciudad, quien sabe que atrocidades serian capases de hacerle a la pobre joven, así que no tardo en guardar su cámara y emprender el viaje a su hogar a través de la zona comercial de la ciudad.

Vestía abrigada, las calles de Londres siempre han sido frías, como la gente que vive en ellas, con bufanda al cuello y boina sobre su rojiza cabeza, lo único que resaltaba en ella eran aquellos bellos y brillantes ojos esmeralda, que se dejaban ver por debajo de su boina, unos ojos profundos, tristes, perdidos... los ojos de un alma en pena. Antes de continuar con su camino debía pasar por el mercado para comprar víveres, vivir en soledad se le hacía bastante pesado, estar siempre pendiente de su conejo, de la limpieza, el cocinar, además de estar pendiente de no fracasar en sus estudios y cumplir con la ajetreada agenda de la galería consumían mucho su energía, mas aun  cuando ella era una chica de salud débil, pero no todo era gris en su vida, trataba de alegrarse por las cosas pequeñas y sencillas de cada día "Que debería comer hoy, no tengo ganas de cocinar... quizás coma ramen embasado y un poco de helado... si sigo comiendo así de mal comenzare a engordar, tsk, a quien le importa, ramen y helado será", la joven divagaba con naturalidad en sus pensamientos, como era de costumbre para ella, lamentablemente no tenía idea de los problemas en los que pronto se vería envuelta.

Al salir de la tienda en la que se encontraba un extraño, pero familiar sentimiento invadió su pecho, sentimiento que solo le traía amargura y un resentimiento enfermizo a eventos de su pasado, "Khu khu khu...", una grave y distorsionada voz hablaba directamente a la mente de la joven, "No... no otra vez... déjame en paz...", le responde la joven en sus pensamientos mientras sus ojos se llenaban de lagrimas y su semblante se reducía a un pánico total, quedando totalmente paralizada en el momento, "Por si no lo has notado, hay tres hombres siguiéndote desde hace 20 minutos, has bajado la guardia nuevamente", aquella voz no estaba mintiendo, tres hombres en sus 30, de mal aspecto, estaban a una distancia prudente de la joven, venían siguiéndola desde que entro en la zona comercial de la ciudad, pero la joven no podía comprobar sus palabras, no quería advertirles que sabía que le estaban persiguiendo, no quería que ellos se tornaran violentos, así que continuo caminando como si nada pasara hasta llegar a un pequeño negocio en la esquina de la calle, en donde compro una cajetilla de cigarrillos, saco uno y procedió a encenderlo, mientras estaba en ello da una mirada casual a su alrededor, notando la presencia de aquellos hombres, "Ho dios.. no... tengo que moverme con cuidado", la voz vuelve a hablar, "Porque te escondes, sabes que no son un problema... ", la joven continua su camino con calma, aunque sus pensamientos y preocupaciones la consumían por dentro.

Sin poder separarse de sus perseguidores, la joven se encontraba a solo un par de cuadras de su hogar, pronto podría resguardarse en las paredes de su departamento y olvidarse de aquellos que la siguen, lamentablemente todas sus esperanzas se desvanecen cuando un cuarto hombre la topa de frente, arrastrándola con fuerza dentro de uno de los callejones cercanos, los otros tres hombres se acercan con velocidad al callejón dejando a uno vigilando el perímetro. La joven fue azotada fuertemente contra la pared, haciendo que cayese sobre sus rodillas - Miren que bella pieza tenemos aquí, que dicen chicos?, creen que se venderá bien en el mercado negro?, aunque preferiría probar de ella antes de dársela a los perros del mercado - el hombre toma el rostro de la niña bruscamente, dándole una buena a sus finos rasgos, la joven en baja voz pide piedad - Por favor... déjenme ir - el segundo hombre golpea el rostro de la joven con el dorso de su mano derecha - Quien dijo que podías hablar zorra?, de ahora en adelante eres una zorra, nuestra zorra, y harás lo que te digamos sin reprochar, de lo contrario habrán castigos peores de lo que puedes imaginar - la joven se queja leve por aquel golpe, ganándose otro igual por el mismo hombre, mas en su mente aquella voz continuaba presente, "Cuanto tiempo estarás en el suelo?, acaso no los odias?, acaso no tienes algo de orgullo?, sabes que puedes con ellos... vamos Haley... sabes que quieres hacerlo... destrózalos, despedázalos, masácralos, mátalos Haley! MATALOS!!".

Tan pronto aquel distorsionado grito se poso sobre la mente de la joven, las sombras a sus espaldas comenzaron a tomar forma, no solo aquellas que estaban en la espalda de la joven, también aquellas que se generaban a las espaldas de los hombre, de hecho todas las sombras de aquel callejón comenzaron a vibrar de una manera extraña - Han cometido un grave error al elegirme como su víctima... a los que van a morir... ustedes se lo buscaron... a quien le espera un destino peor que la muerte... lo siento mucho - las sombras bajo el hombre que le había golpeado se levantaron del suelo como estacas, atravesando el cuerpo del maleante en múltiples sitios, dejando una carcasa irreconocible como cadáver. La joven, cubierta en la sangre de su víctima dirigió su mirada sobre los sobrevivientes, quienes, embobados y aterrados por el repentino giro de los hechos, habían quedado inmóviles, tornándose presas fáciles para la niña - Ni siquiera son dignos de mis juegos... aburrido - dos de ellos se encontraban alineados frente a la joven, quien con lentitud se ponía de pie, solo vasto un movimiento de su brazo para que las sombras los envolviesen, desmembrando sus cuerpos en segundos, el último de ellos trato de correr, mas le fue imposible, una mano salía de las sombras aferrándolo a su posición, este tendría un trato especial, amarrado al suelo por las sombras, el hombre se encontraba inmóvil, con la sangre de sus compañeros muertos, la joven dibujaba un pentagrama en el suelo mientras recitaba un extraño cantico en latín - Es todo tuyo... Abaddon - con esto dicho las sombras tragaron a aquel hombre, sin dejar rastro alguno, "Buena niña... sigue así y recuerda cumplir con tu parte del trato", la joven cubierta de sangre, contemplando los cuerpos cercenados, la sangre, la masacre que había causado, cae al suelo lamentando sus acciones, rompiendo en llanto.


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Re: Un comienzo carmesí [Priv. Frída]

Mensaje por Invitado el Miér Oct 25, 2017 12:29 pm

Un Comienzo Carmesí

Zona Comercial | Haley Black

Esa era una noche más para los londinenses. No importaba realmente si eran hombres o mujeres, jóvenes o mayores, locales o extranjeros... Ni siquiera interesaba realmente si tenían o no la pasta necesaria, cuando se trataba de saciar los más bajos instintos, todos encontraban la manera de conseguírselo. A esas horas ya salían de sus escondites, gente de poca monta o hasta el más honorable individuo, todos se encaminaban a su respectivo destino, para hacer de las suyas, para alimentar esa putrefacta alma de su pecado favorito. Porque para eso estaba hecha la ciudad, ¿no?

Y como cualquier pecador más, Frída seguía su camino aparentemente sin rumbo. Al menos por cómo empezaba, la fémina podía jurar que su noche prometía ser de todo menos emocionante. Y es que aunque trabajo era lo que menos le faltaba, la pelirroja se estaba lamentando en su cabeza haber aceptado el de ese día. «Es un delincuente de poca monta, me ha estafado con varias compras y quiero que te vengues de él por mí, por favor», le comentó en su momento uno de sus clientes más exigentes. De principio creyó que se trataba de una especie de broma de mal gusto, pero el semblante del sujeto sólo le confirmó lo que menos se esperaba (y quería) escuchar: requería sus servicios como mercenaria. ¿Pero Frida una mercenaria? La sola idea le resultaba terrible; ella no era una bruta que blandía un arma y mataba por dinero. Todo lo contrario, la fémina se consideraba como una artista. Acechar, perseguir y cazar... No todo era vísceras y sangre en su trabajo, y eso era lo que más le encantaba. Tal vez le ofendía ser vista como una simple máquina de matar, pero ¿qué iba a hacer? Si su mejor ofertante se lo pedía, la vampiresa sólo tenía que tragarse el orgullo y hacer el trabajo, ni modo.

Una silueta se contoneaba sin mucha gracia entre los oscuros callejones de esa zona de la ciudad, a paso firme y apresurado, pues quería acabar con esa desgracia de una buena vez. El resonar de sus tacones anunciaba la presencia de la fémina de melena carmesí, quien traía un saco de pieles blanco que fácilmente despertaba la atención de quien pasaba a su costado. Algunos sólo la miraban al pasar, mientras que otros parecían despertarles el interés por ella, al punto que traían ya la intención de acercársele y conseguir la cita ideal con semejante mujer. La veían caminar, sola, pero nadie se aventuró a seguirle el camino. El aura que despedía la pelirroja resultaba ser tan lúgubre que al primero que acortaba su distancia de ella, rápidamente era invadido por severos escalofríos que le helaban la espalda. Ese miedo a lo impredecible los detenía, los mantenía a raya y eso a Frida le servía. Después de todo, la vampiresa quería acabar con eso lo más antes posible.

Se sentía como una especie de cánido, pero era innegable decir que el olfato de la mujer era el mejor si deseaba rastrear su objetivo. Seguir el aroma en el aire no era nada difícil, y menos cuando se alejaba del tumulto de individuos en la zona comercial para adentrarse entre los oscuros callejones de ese sitio. De repente el bullicio se sentía a la lejanía mientras la fémina avanzaba con más y más prisa. Las luces de los faroles eran tenues y a esas alturas sólo se escuchaba el taco de sus botas golpear rítmicamente contra el pavimento. Pero su paso se vio detenido casi en el acto cuando unos gritos ahogados se escucharon a la lejanía. No era algo capaz de intimidar a la pelirroja, si esos alaridos de dolor eran los que ella usualmente escuchar provenir de sus propias víctimas. Lo único que fue capaz de inquietarle fue el repentino hedor a sangre, que cual golpe le caló en lo más profundo de ser. Era la misma hediondez que había estado siguiendo desde hacía rato, sólo que ahora se sentía fresco e intenso, acompañado además del aroma de dos sujetos más.

— Dugh, me ganaron — dijo la vampiresa, llevándose la manos hasta su cintura. ¿Ahora qué tocaba hacer si su trabajo estaba había sido ya atendido? ¿Regresar a casa y disfrutar de una botella de hidromiel o buscarse alguna presa suelta por las calles? Dudas de qué hacer, y aunque sonaban bastante tentadoras, ninguna saciaba la curiosidad de qué había ocurrido. Fue ese el único motivo que la llevó a seguir con su camino hasta la fuente del olor, al menos para agradecerle a quien se había ocupado del trabajo sucio.

De pies frente al callejón, lo primero que atrajo su atención fueron los miembros cercenados  que estaban tendidos en el piso en su propio charco de sangre. Con las manos guardadas en los bolsillos de su saco, avanzó unos cuantos pasos hacia los restos humanos para apreciarlos con más detenimiento. Había vísceras entre los restos de carne y piel, y los aparentes rostros lucían irreconocibles por lo destrozados que estaban. La imagen resultaba terrorífica e impactante para quien no estaba acostumbrado a escenas con tan alto nivel de violencia, pero ella ni siquiera parpadeaba ante el desalentador panorama. Avanzó unos pasos más para encontrarse con otra víctima del ataque, un cuerpo perforado que también yacía inerte en el piso. El hedor que perseguía provenía de él, pero sólo para asegurarse que esa era su víctima se inclinó hacia el cadáver y se quitó el guante derecho. Dos de sus dedos los humedeció con la sangre del pobre diablo y los limpió con una fugaz repasada de su lengua. Era de un sabor amargo y pútrido, no cabía duda que se trataba de él.

Cuando iba a examinar el otro cuerpo, el sollozo ahogado de la extraña le indicó que estaba con vida. Inmóvil en su lugar, se colocó nuevamente el guante aunque sin quitar su atención de la jovencilla. — Pero qué desastre — exclamó la pelirroja con cierto aire de indignación en su voz, tan falso como sus buenos ánimos. De espaldas a la mujer, echó a andar a paso lento, bordeándola pero sin quitar su atención de ella. — ¿Y tú de qué lloras? ¿Acaso te mataron al noviecito o qué? — interrogó si un toque de moderación, si lo último que le interesaba a Frida era sonar amable. Sólo pretendía saciar su curiosidad antes de dar un pie fuera de ahí.
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Re: Un comienzo carmesí [Priv. Frída]

Mensaje por Haley Black el Sáb Oct 28, 2017 5:23 pm

La humedad en el aire así como la fuerza y velocidad del viento incrementaban  a pasos agigantados, una tormenta se avecina y no demorara en llegar, mas para la joven pelirroja esta solo era una preocupación menor, prisionera de sus pensamientos, la mente de la joven era un completo caos, memorias furtivas traían angustia a su débil corazón, recuerdos de un doloroso y triste pasado hacían que su sanidad mental se desmoronara a pedazos, y aquella molesta voz que le acompañaba sin darle respiro alguno reía con euforia ante el desesperado llanto de la joven. La seria voz de una mujer interrumpe el perturbador trance en el que se encontraba atrapada la joven, levanta su mirada con lentitud para toparse con la elegante figura de aquella mujer, de estatura media, cabellos color fuego y ojos profundos, serios, que inspiraban una profunda desconfianza en la joven, desconfianza que pronto se aria notar en su actitud, pero no era una desconfianza infundada, la pelirroja tenía una intuición bastante buena y podía ver peligro en ella. Tras la primera pregunta de aquella mujer no hubo respuesta alguna, aun mas la joven comenzó a alejarse lentamente hacia atrás, pero en sus condiciones le era imposible alejarse demasiado de ella, "No es obvio, este desastre... esta masacre es mi culpa...   he asesinado nuevamente, por mucho que ellos lo merecían, eso no quita el hecho de que sea una asesina... soy un monstruo... un ser sin alma ni perdón alguno", muy en el fondo deseaba responder de esa manera, mas de su boca no salió una sola palabra, conocía las consecuencias de sus actos más aun deseaba vivir libremente.

Su respuesta a la segunda pregunta fue clara y directa, sin rodeos ni segundos pensamientos - ¿Acaso importa el por qué lloro?... estos hombres yacen despedazados a tus pies... ¿y tu preguntas por qué lloro?... pues lloro por dolor... angustia... ira... hipocresía... envidia... lloro por mí, no por ellos - la joven vuelve a tomar silencio, controlando levemente sus llantos, aun no había pensado el por qué aquella mujer se encontraba ahí, era entendible que le pareciese una extraña situación, pero ¿cuál era el motivo de su llegada?, ¿por qué no parecía sorprendida?, ¿es que acaso estaba tan acostumbrada a tan grotescas vistas?, si era de ese modo, entonces aquella mujer representaba un peligro inminente, tenía que encontrar una forma de escapar de aquel lugar tan pronto como pudiese, mas no parecía que le iba a ser demasiado fácil.

¿Quién eres? - pregunta la dama con ciertos atisbos de curiosidad, estando atenta a cualquier movimiento de la contraria, tenía la guardia tan alta como su conciencia se lo permitiese, mientras que el ser a tras las sombras se preparaba para recibir órdenes.


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Re: Un comienzo carmesí [Priv. Frída]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 13, 2017 6:04 pm

Un Comienzo Carmesí

Zona Comercial | Haley Black

Las preguntas iban y venían de ambas partes, pero curiosamente Fríða le restaba importancia; no le interesaba realmente recibir una respuesta así como dársela a la chica. Por lo menos de momento, regresó su atención al tripero y sangre que yacía sin reparo a sus pies. Miraba con detenimiento la escena, bordeando los cuerpos y charcos mientras analizaba cada detalle en medio de ese oscuro y lúgubre callejón. Nadie salía a ver si algo había ocurrido, ni siquiera un curioso se paseaba por las calles aledañas. La curiosidad podía ser grande, pero quienes se encondían en sus casas (o incluso en los rincones más oscuros de esas calles) preferían morir un poco de la intriga antes que ver qué había ocasionado el alboroto ahí afuera. No podía culparlos tampoco, New London era una ciudad extremadamente peligrosa y más entre la penumbra. Ella era uno de esos tantos seres peligrosos que, si encontraba mal parado a alguien, podría terminar cazándolo. Matar, cazar, esclavizar... Toparse con alguien como la pelirroja sí que era un peligro.

Pero como su trabajo era tan simple (y prácticamente ya había cumplido su objetivo), regresó su mirada en la jovencita. Sus labios se torcieron en una espeluznante sonrisilla, tal vez traviesa, tal vez sádica. Con algo de tardanza empezó a procesor todo lo que ella le había dicho. ¿Que lloraba por ella? ¿Pero qué clase de ser co sentido común era? ¿De cuánto a aquí alguien lloraba por un grupo de malandros que sólo traían malestar y penurias en quien se cruzaban? Era inverosímil lo que escuchaba, pero parecía intrigada ante ese tipo de pensamiento. Tal vez y había despertado cierta curiosidad en la pelirroja, tal vez. La bordeó sin demora hasta ubicarse de cara a la muchacha, y se inclinó hacia ella para acortar la distancia y hacer más fácil la conversación entre ellas. — Déjame entenderte mejor, querida... — Se cruzó de brazos, con una clara mueca de escepticismo en el rostro. La carcajada no se hizo esperar, si parecía que le estaban contando una broma (pero mal hecha). — Entonces lloras por ti, de dolor por haberte librado de esa escoria. — Era cínica para llamarlos de ese modo, pero bueno, al menos no era ella quien yacía tendida en el piso, ¿no?

— No comprendo cómo puede sentirte como una hipócrita... ¡Estás viva! Te liberaste de esa inmundicia, que para alguien como tú... — Entre la oscuridad, la examinó como pudo de pies a cabeza, parecía que le costaba creer que alguien como ella supo defenderse contra todos ellos. — Más bien deberías estar feliz de ser como eres. — Las facciones de su rostro se ensombrecieron, pues sabía de lo que hablaba. Conocía las dos caras de la moneda, la libertad y la esclavitud, así que estaba muy al tanto de lo que decía. — No todos tienen tu facilidad para quitarse a la escoria tan fácil. Así que en vez de ponerte de lamentarte como una niña de 5 años, ponte derecha y levanta la cabeza, que tanto lloriqueo me enferma.

Se apresuró a cruzarse de brazos, aunque sin quitar su mirada en la muchacha. Parecía tener la guardia baja, pero siempre estaba alerta. Para una cazadora como ella, cualquier movimiento en falso y la otra no viviría para contarlo. Expectante a lo siguiente, abrió un vez más los labios. La tensión estaba en el aire, pero su voz aunque fastidiada aún se escuchaba bastante calmada. — Voy a responder a tu pregunta, pero a cambio te pediré que respondas a la mía, ¿estamos? — Una condición vacía, pues no esperó a la aprobación de la otra parte. Se apresuró a dar un paso hacia ella y acortar la distancia entre ambas. La tormenta se avecinaba y no le quedaba mucho tiempo; después de todo no quería terminar empapada por un simple descuido suyo. — Soy Fríða, una simple aficionada a la caza como cualquier otra criatura... — Susurró la pelirroja, de tal manera que la extraña fuese la única capaz de escucharla. Sus ojos carmesí estaban fijos en ella, atentos, como listos para atacar de presentarse el caso. Guardó silencio por unos segundos, mientras tanteaba la mejor pregunta que podía hacerle. Una vez que la tuvo, volvió a murmurarle. — ¿Qué les hiciste a estos bastardos?
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