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Mensaje por Xevhra el Dom Oct 22, 2017 4:11 pm


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Final.



Para ojos humanos, el espectáculo podía resultar grotesco.

¿Para Nathan Wolf? Era simple belleza, la supervivencia del mas fuerte, su propia supervivencia.

Acariciaba el suave cristal con la palma de la mano derecha como si acariciara a la más bella de las mujeres: Su mayor trofeo, una de sus mejores creaciones hasta la fecha. Aquello iba a poner fin a uno de sus fracasos, y era precisamente por eso por lo que no podía quitarle la mirada. Nathan, vestido con uno de sus trajes favoritos de seda, admiraba el milagro de la ciencia que tenía frente a él: Un contenedor.

No un contenedor cualquiera, si no uno especial: De más de dos metros de altura, el contenedor estaba lleno de un líquido que emitía una luz azulada. En su interior, podía distinguirse una pequeña sombra: Una silueta, que se veía asaltada por miles de cables. A su vez, drones arácnidos: Los famosos  Vulture de Wolf recorrían su cuerpo, prestando especial atención a uno más grande de lo normal, situado sobre lo pecho. El Vulture tenía pegada a su espalda una pequeña bolsa de color rojizo, la cual latía lentamente, mientras que su cefalotórax había sido sustituido por una bolsa de color negruzco. Para Nathan Wolf, aquel parásito resultaba hermoso.

.-Ya queda poco… - Susurró a su creación.-Muy poco…

>> Señor. – Nathan ya estaba acostumbrado a la visita de aquella mujer. De hecho, no era ni una mujer, pero aparentaba serlo. Se giró, para atender al holograma.-¿Si, Providencia?- El rostro del holograma apenas varió: Su belleza nívea estaba acostumbrada a aquellas faltas de respeto… Pero desgraciadamente, lo necesitaba. Beta nunca podría llegar a estar completa sin su ayuda; El holograma giró sobre sus talones, indicándole con un gesto al líder de Industrias Wolf que le siguiera. Este, en su solemnidad habitual juntó las manos tras la espalda: Su paso era seguro.

>La misión está completa.- Nathan Wolf no pudo evitar alzar una ceja, conforme las múltiples puertas de seguridad de la Cámara del Despertar se abrían.-Sin embargo…

-¿Sin embargo, Beta?-Oir su propio nombre la hizo estremecerse, e incluso si hubiera tenido un cuerpo físico, hubiera tragado saliva.-La Unidad Doce ha logrado hacerse con el dispositivo Umbrella… – La mirada de Nathan Wolf cambió.- Sin embargo, las lecturas muestran que está inconsciente, al menos, de momento…. He mandado un HADES a recogerlo.- Los ojos rojizos del científico no pudieron evitar mirarla de arriba abajo, antes de entrar en la sala de control.

Miles de pantallas iluminaron el rostro de Nathan, y el arrullo de los múltiples operarios y estrategas que habitaban aquella rectangular sala inundó sus oídos. En el centro de la estancia, un holograma, que mostraba lo que SKT-03, soldado de Wolf, observaba a través de la cámara de su casco. Nada más que el interior de uno de los helicópteros HADES, un pequeño cubículo que se iluminó de luz verde: Mostrando el momento en el que…

.- Imposible…

--------------------

>> Un mensaje, para el Director del subcomité de revisión:

Querido Director, mi nombre es Doce, algunas veces llamado Xevhra, otras veces llamado simplemente Xevh. Usted, por supuesto, ya sabe esto… Porque si está oyendo esto significa que estará ya al tanto y al cargo de la investigación de todos los incidentes acontecidos en el continente británico. ¿Sabe qué? Creo que puedo hacer su trabajo … Considerablemente más fácil. Adjuntos encontrará una serie de documentos y archivos de video que explican detalladamente las actividades ilícitas de su predecesor, Nathan Wolf.

Me he tomado la libertad de titular estos archivos “Nueva Londres”

Puede que quizá quiera prestar especial atención a estos archivos porque contienen todo lo que sé sobre los hombres y mujeres que lucharon valientemente en Nueva Londres y confio su historia a su juicio.

Eran individuos únicos: Luché a su lado, y contra ellos… E incluso luché contra ellos cuando debería de haber estado a su lado. ¿& sabe qué? Sin embargo, puedo afirmar que al final, eran mis amigos… Y los echaré de menos con mucho cariño.

Si este personale le parece algo sentimental, o incluso melodramático, le ruego que me disculpe, puesto que esto es, ante todo…

La historia de como morí.

Xevhra llevó la mano al lateral del casco, entre jadeos, únicamente para que la placa delantera de este se deslizara hacia arriba, revelando su rostro. Frente a él, el holograma de Ómicron se hallaba flotando, boca abajo y intentando acabar con los últimos restos de un holozumo. Sus ojos rojizos se clavaron en la magullada figura del supersoldado. Su armadura ST3 estaba recubierta de un color rojizo, y el soldado se encontraba apoyado en una de los oscuros laterales del camión que había logrado secuestrar.

Había sobrevivido a la descarga de seguridad, y eso no era moco de pavo. La armadura ST3 estaba directamente enlazada a Providencia, y no sería la primera vez que esta había sobrecargado la columna vertebral de algún incauto que había intentado tomarla por la fuerza.

Ómicron suspiró, conforme rotaba sobre si misma, para quedar de boca sobre el suelo, apoyada sobre sus codos para incorporarse ligeramente y mirar al rosto del supersoldado. Estaba demacrado, completamente demacrado: Las venas negras que salían de su ojo cibernético se estaban apoderando de gran parte de la mejilla, lo que significaba que quedaba poco tiempo antes de que llegara al cerebro. Y no quiso pensar en el resto de los implantes del soldado.

Su cuerpo estaba contaminado.

.-¿Sabes nuestras posibilidades, Doce?- Xevhra únicamente se acomodó, echando la cabeza hacia atrás. En sus brazos reposaba un extraño fusil de precisión, cuyo cañón estaba recubierto por pequeñas placas de condensación de energía. En cierta medida, parecía incluso un paraguas.

Los primeros rayos de la tormenta se hicieron de notar: Comenzaba a notarse la época de lluvias.

.-No hace falta que me lo digas.-Masculló Xevhra, esbozando una leve media sonrisa, antes de verse atacado por la tos, de nuevo. Se llevó la mano derecha a su rostro, intentando cubrirse el rostro ya cubierto por las placas residuales de su casco.-Se que no esperas nada de mi…

>> De hecho, sé que nadie esperaba demasiado de mi.
- Xevhra se encogió de hombros, conforme Ómicron alzaba una ceja.-¿Quién va a esperar algo de un clon que nació por error y serviría únicamente de repuestos? No, soy consciente de ello mejor que nadie, de que soy más débil que Felix, que Roxanne, que no tengo ninguna posibilidad… -Y entonces, empezó a reir, suavemente: Una risa rota de alguien moribundo.-Nadie tiene que decirme nada parecido, ¿& sabes qué?

>> Debo intentarlo.
- Fue entonces cuando Xevhra se incorporó, apoyándose en el camión para poder colocarse de pie.-Y sin embargo, pienso hacerlo, a pesar de no tener ninguna oportunidad. No, no pienso hacerlo por ganar o perder, pienso hacerlo por mi, por mi, contra Wolf, aquí y ahora.-Lentamente, Xevhra fue alzando la mirada, y lo que Ómicron se encontró la dejó sin palabras durante un par de segundos. Una mirada, completamente azul, incluso proveniente del ojo cibernético de Xevhra.

-Además, Ómicron, lo estas deseando…-La media sonrisa de Xevhra se ensanchó, desafiante. Ómicron sabía por lo que estaba pasando, y sin embargo, también sabía que eso no lo iba a parar. Esa era la habilidad del soldado: Poder levantarse y mantener el tipo, no importa como de adversas fueran las circunstancias. Ómicron rodó los ojos, conforme volvía a girar sobre si misma.- Por mucho que quisiera, sabes que no podría, mi programación implica mantenernos vivos, osea, mantenerte vivo… - No pudo evitar mirarlo de reojo, juzgándolo con la mirada.-… Comenzaría una discusión, pero apenas te quedan… ¿12 horas?

>> 12 horas, posibilidades nulas… 12 horas que pretendes acortar con el uso del Umbrella.
– Ómicron hizo una pausa, conforme Xevhra abría la puerta del camión, buscando por algo en la cartuchera.- ¿Por qué? Por más que le doy vueltas, no logro encontrarle el sentido lógico. – Xevhra emitió un breve ronroneo.

.-No es lógico.- Respondió simplemente, encogiéndose de hombros, lo que hizo que Ómicron alzara una ceja.- Durante toda mi vida me han usado, como una herramienta… Fui usado para el orden imperial de Wolf, Felix me ha usado, tu me usas, en cierta medida… – Por primera vez, Xevhra decidió sincerarse con su IA, conforme de la cartuchera tomaba el último inyector de neuropocina que tomaría en su vida. Se distrajo brevemente, colocando los patrones de su organismo, antes de seguir hablando.

.- ¿& sabes qué? Por primera vez… Quiero hacer esto. – Se apartó la bufanda, dejando el cuello de la armadura libre, llevando el inyector a esta y clavándoselo con un breve gruñido.- Puede que si, Felix, tu… Me estéis usando, ¿& sabes qué? Únicamente el tiempo que he pasado con vosotros pareció real, son esas memorias las que me hacen, por fin… Humano, y es por eso por lo que… – Un ataque de tos le interrumpió.- Es por eso por lo que pienso morir siendo humano, no siendo un arma… ¡No pienso morir como un monstruo! – La armadura incluso pareció reaccionar ante la personalidad del supersoldado, volviendo a cerrarse, dejando al supersoldado completamente equipado.

Ómicron no pudo evitar parpadear, perpleja: Por dos motivos, el primero la resolución del soldado, y el segundo era el arma que Xevhra poseía en la mano izquierda. Aquel “paraguas”, el dispositivo Umbrella parecía brillar con luz propia.

Y eso le hizo sonreir, como nunca lo había hecho.

.-¿Sabes qué te digo? Vayamos a patear un par de traseros.

Xevhra, Serie 3, Unidad 12.
6 horas previstas para el colapso biológico fatal.
Unidad Ómicron preparada para su extracción.
Sede de la Célula Xevhra, fábrica textil New Hampshire, Nueva Londres.

Era hora de dejarse de sutilezas: El camión estrellado en la puerta del complejo lo demostraba. Los miles de drones que revoloteaban, como avispas en un avispero agitado. La señal de socorro, emitida en toda clase de frecuencias.

El Supersoldado que corría directo hacia la puerta, ignorando el fuego de balas.

Si le hubierais preguntado, Xevhra tenía el corazón latiendo a mil por hora conforme derribó la puerta usando el hombro cibernético. Las balas silbaban a su alrededor, y si no fuera por su camuflaje activo, hubiera perecido hace mucho tiempo. Tras él, miles de drones, reprogramados uno a uno, entraron con el objetivo de hacerse con el lugar. No había lugar para la paciencia, no en su estado, no con su falta de tiempo. En sus manos, dos pistolas Desert Eagle devolvían el fuego que el dispositivo Umbrella, en su espalda era incapaz de disparar, al menos no de momento.

Al menos no con la sincronización Soldado-IA actual. Si bien, rozaban el record con un 70% de tasa de sincronización neuronal, para el dispositivo Umbrella era insuficiente. Si los SECTION querían usar con plenitud sus poderes, debían de sincronizarse al completo con su IA, fue así como la Unidad 11 hundió en el océano la ciudad de Haywood.

Las armas danzaban en las manos del supersoldado, cuando veía que se quedaba sin munición, simplemente tomaba otra de un enemigo caído, una y otra vez fue avanzando así por los intrínsecos pasillos de la fábrica, apoyado por el fuego de Drones; Muchas veces se dedicó a tomar a un enemigo como escudo humano, alzándolo en el aire con la fuerza de su ciberbrazo mientras disparaba a través de su cráneo.

Más, solo un poco más fuerte, un poco mas rápido.

Solo esperaba que recibieran la señal.

Que el camión emitiera una señal de alerta en aquel lugar no era una coincidencia: Era cierto que había desaparecido de la sociedad en su etapa de renegado, únicamente para planear aquella noche. Y también era cierto que si bien tenía ayuda de los Drones, no lograría hacerlo solo… Necesitaba ayuda, refuerzos, y una forma sencilla de llamarlos.

Además, la llamada del botín siempre era difícil de resistir, ¿Verdad?

Probablemente sus refuerzos no serían los únicos que recibirían la llamada… Estaba seguro que las distintas bandas, con los mismos objetivos de Wolf, sentirían la llamada del peligro.

Y lo estaba deseando.





The body may heal, but the mind is not always so resilient



So now... Eins, Zwei, Drei, soon we'll synchronize | So now... Eins, Zwei, Drei, escaping our demise.


Spoiler:





Xevhra
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Expediente: Clasificado.
Expediente: Clasificado.
Expediente: Serie 3.

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Re: NotAllCatsAreNice. | Privado.

Mensaje por Roxanne [R-9] el Sáb Oct 28, 2017 9:21 am

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!


¡Ayuda!




Las alarmas saltaron creando un revuelto enorme en las salas de control. El pitido infernal que se frecuentaba cada dos segundos y medio, esa voz robotizada de mujer que alertaba y avisaba de la necesidad de ayuda… Los soldados y científicos pronto localizaron el punto donde emitían la señal de auxilio.
Fábrica textil New Hampshire, Nueva Londres.
No tardaron en reunirse en una sala aparte con el Jefe de la Corporación Minerva; era confuso, tentador, pero peligroso.
-No es seguro, y no tenemos ningún soldado capacitado para ir solo a explorar.-
-¿Y si enviamos a drones?-
-Creo que lo correcto sería ignorar la alarma, podría ser un trampa contra nosotros.-
-¡No podemos ignorarlo!-
-Debemos ir…-
-Podríamos enviar a unos cuantos de los nuevos, y si mueren en el camino, no importa, solo están de pruebas.-

Las ideas eran lanzadas en el aire, cada una era peor que la anterior, sin embargo, la última en ser lanzada obligó a la mestiza a rugir cual bestia que era. Se había mantenido oculta en las sombras, sentada en la silla de comando del jefe, pero tras oír aquello no quiso quedarse más tiempo callada. Golpeó de mala manera la silla, levantándose y sacudiendo su cola con furia -¡Cómo que no importan, pedazo mierda?- Gritó, entre gruñidos, acercándose a ellos, con pasos fuertes, decididos. El jefe la miró de reojo, mostrando una sonrisa de puro orgullo y satisfacción por las reacciones de R-9; siempre tan agresiva, tan impulsiva, tan… Perfecta.

-Roxanne, relájese. Solo son pequeñas betas. No sería una pérdida importante.-
Las pupilas de la mestiza se contrajeron hasta casi ser invisibles, se erizó y volvió a rugir, haciendo que todos los allí presentes se estremecieran al oírla. Golpeó la mesa donde estaban sentados, cerca del Comandante que decía tales barbaridades -¿Y por qué no te enviamos a ti?... Total, para la mierda que haces…- Gruñó, acercando su rostro al de él, mostrando su amplia y afilada dentadura, y el hombre, aunque con el rostro serio, se vio intimidado e inconscientemente retrocedió. Era un momento donde la tensión se podía notar en la sala, ya nadie decía nada, solo se escuchaban los gruñidos amenazantes de Roxanne, hasta que un suave silbido hizo que alzase sus orejas caninas y ladease su cabeza, llevando su mirada bicolor hasta su procedencia.

Agachó de forma sutil sus orejas y desvió un poco su mirada al ver quien la llamaba, separándose del Comandante. -"R-9, sabes que no puedes hablarle así a tus superiores."- Por primera vez el Jefe de la Corporación Minerva habló, se hizo de notar, con su tono serio. La mestiza asintió con la cabeza y cuando observó como el hombre hacía señas para que se acercase no lo dudó ni un segundo; caminó hacia él con pasos lentos, mirando de reojo aquel Comandante, dedicándole de vez en cuando algún gruñido. Rodeó toda la amplia mesa hasta llegar a él, el cual estaba posicionado en la punta, sentado en una amplia y cómoda silla, muy distinta a todas las demás.

-"Dinos, R-9, ¿tú qué opinas?"-

Y de nuevo se había metido donde no debía… Conocía a ese hombre, y temía a sus preguntas, todas tenían gato encerrado. Llevó su mirada al centro de la mesa, donde había un holograma expuesto con la imagen de un mapa, señalando en grande la zona donde pedían auxilio. ¿Y… Si realmente alguien estaba en peligro? ¿Y si al hacerlo, podían conseguir un buen botín? ¿Y si alguien iba… Y moría?

Era difícil, no sabía cuál era la respuesta correcta, todo y que ella nunca había sido una chica que se dejase guiar por lo lógico; lo suyo era el instinto. -Soy vuestra única rastreadora. Me creasteis con la intención de encontrar, capturar y matar… Dejarme ir a mi.- Su voz fue calmada, y su mirada, fija en el punto donde debía ir. Los cuchicheos se hicieron presentes en la sala, unos de acuerdo, otros no, otros aplaudían la idea del Comandante…

-Es nuestra única rastreadora, ella lo ha dicho, no podemos dejar que vaya.-
-Estas misiones no son su objetivo, no debería malgastar su tiempo en esto.-
-La opción de los beta era mucho mejor.-
-Que vaya… Si se muere podemos crear a otro.- La mirada retadora del Comandante se posó sobre Roxanne, a lo que ésta mostró una sarcástica sonrisa y se sentó tan tranquila en la esquina de la mesa, justo al lado del jefe, sacudiendo su amplia cola -Jamás conseguiréis a alguien mejor que yo… Soy vuestra única salvación.-

Mostró una sonrisa de superioridad e iba abrir la boca una vez más, sin embargo el Jefe carraspeó, obligando a que éste callara, desviando la mirada. Chasqueó la lengua como desaprobación y una vez más empezó una ronda de ideas absurdas.
El Jefe posicionó sus manos a la altura de sus labios, entrelazando sus dedos mientras agachaba un poco su cabeza, mirando el mapa, sin perder detalle de las calles, de la posición donde exactamente pedían ayuda -“Ve. Investiga que pasa. Que no te vean. No intervengas si no te lo ordeno.”-

La misión estaba dada. Nadie podía rechistar, el que mandaba había hablado, y no se podía negar. Roxanne mostró una amplia sonrisa y asintió con la cabeza, dando un pequeño salto para salir de la mesa. Avanzó unos pasos hacia la salida; nadie decía nada, más bien… Nadie se atrevía a decir nada. La mestiza se detuvo antes de salir, sonriendo como si fuera una niña pequeña que había ganado un juego -¿Se me conceden…?- -“Sí.”- No tuvo que terminar su frase que ya le dieron la autorización. Dio un pequeño salto de alegría y abrió la puerta. -No le defraudaré.- -“Eso espero.”-

Fue a una sala a prepararse, donde dos soldados le ayudaron a esconder armas por su cuerpo; en las cintas elásticas de sus piernas pusieron un arsenal de bombas. Los frascos eran más pequeños, pero aseguraban que había la misma cantidad de sustancias y que igual podrían cumplir con su cometido.
Llevó dos cegadoras, no olvidemos que su objetivo era investigar, no matar, así que si tenía que huir eso sería lo mejor. Una bomba lacrimógena y tres “Sweets Dreams”, solo autorizada a utilizarlas en casos extremos.
Esta vez no le pusieron su chaqueta, sino unas cintas de cuero que rodeaban su torso y cintura, bien apegados a ella; eran del mismo material que las correas que rodeaban su pierna. Un material elástico y resistente para no perderlo cuando se transformara. Colocaron pequeñas navajas en los huecos preparados de las cintas, de las más comunes y de las que ella estaba más familiarizada a utilizar. -Por órdenes del Jefe deberás llevar esto…- Uno de los soldados le ofreció una CZ P-07, una pistola de defensa personal perfecta para llevarla oculta por su pequeño tamaño. Se la pusieron en el cinturón de la falda, haciendo que ésta curvase sus labios -Sabemos que no tienes experiencia con armas de fuego, por lo que utilízala solo en caso de ser necesario.- Y dejaron dos cartuchos de balas en el bolsillo que tenía el cinturón.
Era la primera vez que para una misión iba tan “cargada”, ella solía tener pocos recursos, ya que se fiaba de sí misma, pero esta vez iba a una misión a ciegas y  no sabía lo que podría ocurrir. -¿Algo te incomoda?- Le preguntaron, dispuestos hacer algún arreglo antes de irse. La mestiza alzó una de sus piernas, dando una patada al aire; efectivamente el peso de las bombas era más considerable e hizo su movimiento menos preciso y más lento, pero no le dio mucha importancia, después de todo aún no había calentado y era lógico. -Está bien, me acostumbraré.-  “Adaptarse o morir.” Qué buena frase… Mostró una pequeña sonrisa tras recordar aquello y suspirando se acercó a la salida de la sala -Me voy ya.-

No le gustaba lo desconocido, ni enfrentarse a un peligro invisible, por lo que soltó un pequeño gruñido de los nervios mientras se colocaba la máscara de gas, cerrando bien las cuerdas que le rodeaban; recordemos que no podía morir, pero si podría verse afectada por sus propias bombas y debilitarse.
Una vez preparada subió al camión blindado que la esperaba fuera; había un soldado con ella, comentándole los pequeños detalles que habían conseguido; y fue entonces cuando lo dijeron “El Sujeto Tres-Doce…” Ya no escuchó nada más. Xevhra… ¿Estaba ahí? Alzó sus orejas y arrancó de las manos del hombre los papeles, observando una captura que había hecho uno de los drones de la Corporación Minerva. Rozó con la yema de sus dedos la imagen -¿Xevhra…?- Murmuró para sí misma, y antes de poder preguntar por él, el soldado prosiguió –Tienes órdenes de matarlo si tienes la oportunidad. Recuerda que escapó de la Corporación Minerva y podría conservar recuerdos importantes y secretos. Así que tienes otro objetivo más.-

Se quedó paralizada, arrugando apenas los papeles bajo las palmas de sus manos, ¿matarlo?... No… Era Fue un compañero… No podía… ¡No quería!
Alzó su cabeza, dispuesta a reprochar, pero entonces el camión paró en seco y la hicieron bajar a toda prisa. La dejaron dos calles antes de llegar a la zona asignada. Tragó saliva y miró una última vez la foto, observando al moreno; apenas se distinguía, fue una foto tomada antes de las señales de auxilio… ¿Acaso… era él quien necesitaba ayuda? Su corazón se aceleró como nunca y apretó los dientes, rompiendo el papel y tirándolo al suelo. Si lo que necesitaba era ayuda… Es lo que haría, no pensaba asesinarlo… No hasta aclarar muchas cosas.

Corrió por la zona, dejándose guiar por la persona encargada de su supervisión, su intercomunicador era nuevo; no solo más resistente que los anteriores, sino que emitía pequeñas hondas para poder interferir en otros dispositivos y corromperlos, por lo que cuando Roxanne se acercó al camión, éste dejó por fin de enviar señales. No estaban interesados en atraer a demasiada gente; pues estaban seguros que fue apropósito y muchos otros se acercarían, por lo que el tiempo premiaba. La mestiza se acercó a la entrada, apegó su espalda a la pared y asomó un poco su cabeza, alzando bien sus orejas; escuchaba jadeos, gritos, suspiros, disparos y una alarma. -“Busca el origen de la alarma e impediremos que siga sonando.”- Roxanne asintió en silencio con la cabeza y se adentró en zona enemiga por fin. Corrió por los pasillos, no, no seguía el camino de cadáveres, si no se dejaba guiar por el sonido y buscaba la sala de comandos, donde estaban dando la alarma. Su dispositivo era realmente útil, pues incluso interfería en las señales de las cámaras, por lo que cada vez que Roxanne estaba a pocos pasos de una ésta dejaba de funcionar o mandaba imágenes erróneas y confusas.

Tenía que pasar desapercibida, tenía una misión… Pero entonces… Lo notó. Pudo olisquear aduras penas la olor de Xevhra, haciendo que se parase en seco, mirase hacia atrás y con su mirada recorriese los pasillos, desesperada, como si quisiera encontrarlo tan fácil -“Roxanne, cumpla con su misión.”- Dudó por un segundo, pero soltó un gruñido y asintió con la cabeza. Cuando giró a su mano derecha el Comandante que estaba a su supervisión exclamó, haciendo que Roxanne sin dudarlo se echase hacia atrás y volviera a esconder, apegándose a la pared; un disparo iba directo hacia ella, pero logró esquivarlo. -“Vienen más de camino. La sala está apenas unos metros, si te acercas lo suficiente y luego huyes habrás completado.”- Suspiró e intentó relajarse; una pelea cuerpo a cuerpo contra alguien que tenía un arma… Lo difícil sería acercarse. Rozó con la yema de sus dedos sus bombas, pero optó por no coger ninguna, ya que podría necesitarla después. Aprovecharía que ese soldado estaba solo, acabaría con él antes de que los demás llegaran… O ese sería su plan inicial.

Salió de su escondite, manteniéndose un poco agachada, haciendo que el segundo disparo fallara otra vez, pues el hombre había calculado una altura superior. Sonrió satisfecha y mientras éste intentaba apuntarle de nuevo ella ya se encontraba apegada a él, clavando una de sus navajas en su vientre; no fue suficiente, pues el impacto de la tercera bala acercó de pleno en su hombro. Soltó un rugido de dolor y aprovechando que su navaja estaba incrustada dentro del cuerpo ajeno, tiró de ésta con fuerza hacia arriba, abriéndole a su paso, dejando un charco de sangre caer encima de ella. Sus navajas de dientes de sierra eran perfectos no solo para perforar por su punta retorcida, sino que abrían la carne con mucha facilidad.

Una vez el hombre cayó al suelo avanzó un poco más, escuchando a los demás acercarse; no iba  a darle tiempo… Intentó ir más deprisa, y a los segundos, dejó de escuchar la alarma, se había silenciado; un objetivo cumplido. Antes de poderse dar la vuelta dos disparos más acertaron en su cuerpo; uno en el torso y otro en el vientre. La obligaron a retroceder un paso, tambaleándose -“Son muchos, huye.”- Asintió con la cabeza y lazó hacia sus enemigos una bomba cegadora. Una vez ésta estalló aprovechó para salir corriendo; los soldados aun así disparaban a ciegas, pero fue más fácil esquivarlo, pues se dejaba guiar por el sonido y así esquivaba la bala como podía, todo y que algunas le rozaban y creaban heridas.

Consiguió salir de allí, y una vez entre los pasillos pudo notar de nuevo la olor… Y esta vez, sin que nadie se lo pudiera impedir corrió hacia su origen, cruzando así el campo de muertos que había dejado a su paso. Ella estaba por detrás, por lo que al poco rato se encontró con la multitud que seguían a un mismo objetivo; estaban… Distraídos. No se dieron cuenta de su presencia… Tragó saliva. Eran demasiados… Y algunos si iban lo suficientemente equipados como para que no le afectaran ni sus bombas ni sus navajas. Chasqueó la lengua y aun así, agarró una “Sweets Dreams”. Tenía que ayudarle… -“No. Es importante que las reserves.”- -Hay demasiados, no podré contra todos.- Intentaba apegarse a las paredes, camuflándose como podía para pasar desapercibida mientras los perseguía. -“Está bien…”- La mestiza mostró una sonrisa y se acomodó de nuevo la máscara, solo por si acaso. En ese momento, tras hacer un “gesto inocente” aprovechó para apagar el audio del intercomunicador, nadie debía saber… Que ayudaba al enemigo.  -¡¡No respires!!- Gritó con todas sus fuerzas. El sonido de las balas, gritos… Era difícil que la gente normal la pudiera oír, pero él… Él era como ella, y estaba claro que la iba a escuchar.

Tiró de la anilla, como si fuera una granada y la lanzó hacia la multitud de gente que había persiguiendo al Gatolobo. A penas unos segundos después reventó, no solo soltando metralla, sino además, dejando escapar un humo oscuro, provocando que todo aquel que lo inhalara cayera de inmediato al suelo. No derrumbó a todos, pero si una buena parte de ellos; habían muchos más de camino, pero al menos había quitado un peso de encima.

Solo le quedaban 2 “Sweets Dreams”… Eran pocas a comparación de los soldados que no paraban de aparecer.



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