Butterfly Effect | Priv. Murasaki Ryuko

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Butterfly Effect | Priv. Murasaki Ryuko

Mensaje por Eneida el Vie Oct 27, 2017 8:15 am

Butterfly Effect
Reino Unido era muy diferente a su querida Italia, sin duda las calles, la gente, y sobretodo la cultura la cambiaron por completo. Si bien no fue arduo, tampoco se le hizo fácil dejar la lengua Italiana por la Inglesa a la vez que acostumbrarse a todo. Dejó sus amistades y relaciones atrás por complacer a su Dios y aquí la tienen, en Londres admirando el paisaje depresivo.
Lo hacía muchas veces cuando estaba aburrida, solo por curiosidad y observando con incertidumbre a la gente que pasaba. Lo cierto es que en Londres casi siempre llovía, y si lo hacia era durante días. Lo aprendió el día que salió del aeropuerto sin un paraguas y su equipaje se mojo por completo... Digamos, porque esta vez se lo olvidó devuelta y la lluvia la bañó por completa.

Caminando por las calles se apreciaba la vista hacia el Westminster, más que nada sus ojos se posaban sobre la torre del reloj. El Big Ben.

"Siempre quise volar hasta la torre, únicamente para ver las manecillas cuando las doce de la noche anuncia... Pero eso era ser un suicida, en especial para un ángel" Se repite siempre en su cabeza, cada vez que pasaba por ahí todos los día pensaba en lo mismo. En cuanto la "New London" encuentre la luz, será el día en que lo haga.

El día no era muy diferente a los demás, volvería a su departamento luego de tomar el tren. Pero si tan solo fuera así... Ahora tenia dos hombres a su lado, no le dio importancia y creyó que tan solo era su imaginación paranoica. Con esto, los muchachos no dudaron en tomarla del hombro como si fuera una "amiga" solo para pasar desapercibido por los policías que vigilaban el área. Ahora que lo veía, mientras más se alejaba menos gente había. Hasta llegar a un callejón completamente vació, trató de alejarse pero de poco sirvió ya que ambos hombres no tardaron en empujarla hacia  la pared con brusquedad.

"Haha... Y creían que las zorras más bonitas estaban en los prostíbulos ¡Mira esta puta tan joven!"



"Si es mejor de edad nos darán buenas sumas si la vendemos ¿O le sacamos fotos sin ropa? ¡Espera! Trae la cámara, violaremos a esta asquerosa perra"

Las gotas de lluvia cada vez resonaban más fuerte, gritó con lo que pudo a lo que un simple golpe en su estomago le cerró la boca por completo.

¡Oagh!

Un quejido ahogado no tardó en salir, sus ojos se llenaron de lagrimas que se mezclaron con la lluvia. Quería sacar sus alas, pero la tormenta y el empuje del hombre le impedía realizar la acción. Su mochila fue tirada al suelo junto con sus pertenencias, ¡No, no podía perder su pureza. Todo menos eso! Con lo que le aterra tener relaciones sexuales tenía que afrontar a su mas profundo miedo; violación.

"Dios me dará fe... Esta es una de sus pruebas, yo saldré victoriosa y él lo sabe"



Creía con todo su corazón, parecía una humana normal más que un ángel sacado de los cielos. No dejaría que dicho par cometiera tales actos aberrantes así que con las fuerzas juntadas empujó a los dos para sacar una navaja mariposa de su bolsillo.

¡Retrocedan, no me hagan cometer esto!

Pero a diferencia de lo que esperaba los dos se rieron con fulgor, uno sacó un revoler apuntando a la cabeza de la rubia y amenazando con jalar el gatillo.

"¡Sarnosa! ¡¿Quien te crees para hablarnos así?!"


con Murasaki Ryuko - a las 7:34 PM - En LAS Calles de Londres - Thanks


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Re: Butterfly Effect | Priv. Murasaki Ryuko

Mensaje por Invitado el Vie Dic 01, 2017 1:03 pm

Así pues una sonrisa se formó siniestra entre las sombras de aquel lugar, un brillo violeta, y una risa que no denotaba una pizca de bondad en su ser. Era un lugar solitario, oscuro, pero su visión estaba acostumbrada a las penumbras, acostumbrada a que le rodease la oscuridad donde sólo sus movimientos eran perceptibles por la misma. Una voz dulce, aterciopelada, mas no por ello delicada, ni por asomo relajante. Era la voz de una mujer que no se iba con estupideces cuando se trataba de divertirse un rato.

Y era esa escena la que hacía hervir su sangre por la emoción, era esa voz la que le causaba escalofríos del más puro gusto, imaginar que en cualquier momento habría no sólo gritos en ese lugar, sino sangre y desesperación esperando ser liberadas. Entonces sus dientes, blancos e impolutos como perlas,

No cabe duda que a las ratas les encanta estar en lugares como éste, ¿no es así? —era ese tono burlón el que atraía a los enemigos, el que hacía que las miradas se posaran sobre ella, inquisitivas, asesinas todas ellas, como si quisieran clavar miles de dagas sobre aquel cuerpo femenino. Ryuko reía de nuevo, lo hacía de una forma tan hiponotizante que quienes la miraron sintieron un escalofrío recorrerles la espina dorsal con una violencia tan grande que casi les hizo retroceder.

Ella no era una heroína, no se trataba de una mujer que realmente tuviera intenciones de ayudar a quienes estuvieran en problemas. Para ella no había buenas o malas personas, sino simples marionetas que servirían para sus propios intereses, juguetes que podría utilizar a placer y después lanzarlos al vacío como si se tratasen nada más de basura.

Una chica como esa no les servirá de mucho, ¿por qué no la dejan en paz? —y aún con esos pensamientos, Ryuko se permitía fingir ser una buena persona, se permitía convertirse en una "buena samaritana" para ganarse la confianza de un juguete más y tenerle a sus servicios, un deleite increíble cuando al fin lograba quebrar su espíritu hasta dejarles sin realmente intenciones de seguir viviendo.

"¿Quién te crees para hablarnos de esa forma, imbécil?"

Entonces el brillo en sus ojos cambió, la sonrisa se esfumó, Ryuko tomó una pose pensativa mientras intentaba discernir la mejor manera de actuar en una situación de ese tipo. La mueca volvió, pero ésta vez con un tinte distinto, lúgubre y maniaco, que se trasformó después en pasos lentos pero seguros en dirección a esos, tomando del cuello a uno de éstos con la firmeza propia de una bestia.

Tienes suerte de que no tenga intenciones de hacerte sangrar —lo miró de pies a cabeza, ignorando por completo a la chica que estaba cercana a su posición—. Pero me apetece escucharte gritar un rato —tras ésto, el crujir de huesos al tomar ella el brazo del que sostenía del cuello fue perfectamente perceptible. Un brazo roto, huesos que tardarían en sanar, y ésta vez una potente carcajada escapó de lo más profundo de su garganta acompañando al alarido de dolor que soltó su víctima.

Iba a divertirse, sin duda.
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