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Aetherys Fólkvangr
PERMALINK
el Lun Nov 13, 2017 8:27 am

ch. ii
— Aetherys


Habían pasado semanas desde la última vez que se adentraron en una de sus salidas en busca de pistas o sujetos con los que entablar relaciones para su beneficio. El conflicto en el casino causó un enorme revuelo en los barrios bajos, teniendo como consecuencia su mudanza de allí a un apartamento en pleno New London y no asomar las narices por un tiempo, ya que si seguían así probablemente descubrirían quiénes eran y no pararían hasta encontrarlos y por lo tanto, matarlos. En esas últimas semanas se distanciaron un tanto, ya que Darius aprovechó para sumirse en sus reliquias y libros mientras la peliblanca optó por entrenar y hacerse más fuerte puesto que lo sucedido la última vez en el casino no le hizo ni pizca de gracia: ella era mucho más fuerte que cuatro matones sin cerebro. También aprovechó aquellos días para empaparse de información sobre el mundo que la rodeaba con los libros de Darius, ya que debido al confinamiento en su celda no había podido conocer todos los avances, tecnologías e historia que había sucedido en aquel tiempo transcurrido. A pesar de que ambos habían estado bastante ocupados, Aetherys no dejaba de pensar cada día en el estado de su relación y qué iba a pasar entre ellos dos. ¿Qué eran exactamente? ¿qué sentía él por ella? ¿y ella por él? ¿había sido algo puntual, era un juego o quizás era algo más serio? la frustración que sentía por tantas preguntas en su cabeza hacía que cada día entrenase más duro y se sobre esforzara en cada cosa que hacía, sin importar si su cuerpo lo soportaba o no. Darius no lo sabía, pero más de una vez había tenido que recurrir a su poder de sanación sobre sí misma por las heridas que se había hecho, y aun así algunas eran tan graves que lo único que había podido hacer era acelerar la sanación de estas. Generalmente, ya que no quería llamar la atención y quería tener espacio, se dirigía a las afueras de New London, ya fuese el bosque o el lago, puesto que allí no le molestaría nadie y su poder de sanación funcionaría mejor, con el añadido de que podría trabajar en su transformación. A decir verdad, Aetherys solo se había transformado en dragona una vez en su vida y sucedió por un impulso, por lo que no sabía muy bien cómo hacerlo a su antojo, otro de los motivos por los que también había estado entrenando en solitario.

La albina se deshizo de su ensimismamiento para volver a la realidad en la que se encontraba: estaba con Darius en otra de sus "misiones" en las ruinas de la ciudad. Al parecer Everäil le había pasado información al joven respecto a la ubicación de un grupo de criminales en las ruinas, los cuales podían tener conexión con los sucesos ocurridos en el pasado de Darius y Aetherys y podrían obtener información. El único problema es que aquellas ruinas estaban infectadas de todo tipo de escoria, peor aún que en los barrios bajos, y que si encontraban al grupo que buscaban, probablemente sería una base con bastantes personas, por lo que deberían estar preparados para lo peor. Era su decisión el salir corriendo con la poca información que consiguiesen o quedarse a luchar y obtener toda la información posible. Lo cierto es que Aetherys no se fiaba de aquella niña no muerta. No sabía que había hecho su maestro para conseguir la ayuda de semejante ser, pero dudaba que fuese algo agradable para la vampiresa, así que probablemente se la tendría jurada.

Por una vez, la peliblanca no iba precisamente con aspecto disimulado: iba armada hasta los dientes y con ropa cómoda y resistente para la pelea. Una katana reposaba al lado derecho de su cadera mientras que en su espalda se encontraba un arco que ella misma se había hecho con la madera del bosque. A pesar de tener poderes, no podía depender siempre de estos, puesto que su energía se agotaba y si no tenía más arma que esa, se quedaría desprotegida como la última vez.
Ropa:

A su lado, Darius se encontraba en forma de lobo puesto que necesitaban sus sentidos desarrollados para encontrar a su objetivo. La joven se giró y se le quedó mirando, ya que a decir verdad le encantaba lo bonito que era aquel ser tan enorme. Distrayéndose un momento de lo que estaban haciendo, Aetherys alzó su mano y acarició el pelaje de la criatura, el cual estaba suave y hacía disfrutar el tacto de la muchacha. Recordando la distancia que habían mantenido en estas últimas semanas, apartó rápidamente la mano del can y se centró de nuevo en lo que habían venido a hacer, puesto que no quedaría mucho para llegar a su destino. Sobre uno de los edificios en ruinas en los que ambos estaban, a lo lejos, se podía ver el lugar donde se encontraba aquel grupo que buscaban. La peliblanca tenía un nudo en el estómago de tan solo pensar que aquellos fueran cómplices de la masacre de su pueblo y sus padres, mas si lo eran, no dudaría en darles la venganza que se merecían. Pasados unos segundos, la joven rompió el silencio que les venía acompañando desde que salieron del apartamento.
—¿Y ahora?—giró el rostro hacia el lobo y le miró fijamente a los ojos para leerle el pensamiento, ya que sabía que no podía hablar bajo aquella forma.

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Darius Skolvik
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el Mar Nov 14, 2017 9:10 am
Darius ojea página a página los documentos que reposan sobre su mesa con total desgana y pesadez. Un informe redactado sobre lo último que Everäil le ha filtrado. Bajo la intensa luz del flexo de su escritorio las palabras "ruinas", "banda" y "traición personal" se ven claramente resaltadas. Las primeras pistas sobre dónde pueden empezar a buscar, y de alguna forma no se ve ni mínimamente excitado por la idea. En su cabeza nublada y repleta de pensamientos diversos no hay lugar para la razón. Desde los acontecimientos del casino la relación que sostenía con Aetherys pareció pasar a segundo plano, y ni siquiera estaba seguro de qué era lo que ocupaba el primero.  
"No nos hemos vuelto a acercar. ¿Se sentirá cómoda conmigo realmente? ¿Será esto un burdo engaño para cubrirse las espaldas? No... No tendría sentido. ¿Me correspondería si me quisiera acercar? No hay indicios de lo contrario pero no se muestra receptiva. O... No lo sé interpretar. Argh."

Darius se frota el cabello bruscamente con ambas manos en un gesto desquiciado. Decide apartarse con un movimiento despreocupado de la mesa, aprovechando las ruedas de su silla. Dedica una mirada a las cristalinas ventanas de su nuevo y sobrio apartamento. La decisión era clara por los antecedentes que con tanta facilidad les pondrían en peligro a los dos. No podía permitirse un error de ese calibre. Con una posición mejor situada en pleno centro de la ciudad lo tendría mucho más fácil en todos los aspectos. Tanto para seguir las guías de su aliada de afilados dientes, como para ejecutar sus planes junto a su acompañante.

Ambos localizaron las ruinas mencionadas en las notas. Tanto Darius como su preciada compañía se dieron cuenta de la afluencia de gente que había en el lugar de modo que se acercaron con prudencia. El joven llevaba en forma de lobo varios minutos, aunque esta vez por motivos de discreción su llamativa forma se había limitado al pelaje azabache y un tamaño habitual para su especie. Sus gigantes ojos aún así relampaguean de todos modos con su azulado y característico color. Su compañera por otra parte lleva un conjunto de combate práctico y cómodo, a parte de llevar un buen número de armas encima. Al parecer no piensa depender únicamente de sus talentos, inteligente idea. De un momento a otro, sumido en sus pensamientos, siente la inusualmente cálida mano de Aetherys y, sorprendido, deja ir un quejido mientras ladea la cabeza hacia ella. Tras dirigirle una mirada durante un segundo, frota su enorme hocico en el muslo de ella correspondiendo el gesto afectuoso. Tras un breve momento recuperan la concentración en las ruinas y se aproximan un poco más. En el apartamento tuvieron la oportunidad de hurdir un plan más o menos concreto, por lo que Darius se ciñe a lo acordado y se concentra un minuto en los alrededores, definiendo mediante su aguzado oído el lugar menos concurrido. Al encontrarlo, roza con la cola a la joven y ambos se dirigen a la localización.

Agazapados entre escombros y arbustos los dos vigilan una cuadrilla de doce hombres provistos de armas de fuego patrullar por una abertura. Es una entrada por la que pasan cada 5 minutos según cuentan ambos. Cuando ven pasar al grupo les siguen con cierta distancia de por medio mientras Darius rememora el plan en silencio: evitar el conflicto hasta adentrarse en la estancia central, donde se hospeda Enis Drahlgar.

El viejo Enis, el usurpador. Postrado en su cómodo sillón, disfrutando de la tenue luminosidad de las almenaras, pasa el dedo sobre la vieja mesa de caoba que tiene a un lado, en busca de su copa favorita.

- Dohlgar amigo mío, hace rato que te noto callado... ¿Qué haces? - dice el viejo, ladeando la cabeza en busca de su segundo al mando. El grueso del respaldo de la silla no le permite más que divisar su silueta, aparentemente quieta, de pie, cerca de las rocas cuadradas y pulidas que conforman el umbral de la puerta de la estancia. El espacio no parece ni mucho menos el escombro de un antiguo cuartel de minería, ese curioso hombre se ha encargado de decorarlo con todo tipo de muebles, cortinas y demás material, para hacerlo significativamente más acogedor. Al ver que su camarada no responde, perezoso, Enis se levanta copa en mano y con un quejido reprime un bostezo.
- ‎ El mercado negro últimamente ha dado poco que hablar, ¿Sabes? De modo que he pensado avivar un poco el tema... - dice mientras se acerca al mueblebar de la pared a reponer su bebida. Con un gesto que pretende ser elegante echa a un lado su chaqueta y se lleva una mano a la cintura, mientras que con la otra se sirve Bourbon. - ¡el coliseo de los condenados!  -dice, acompañando la frase de carcajadas - los esclavos que estén disponibles, TODOS, se verán obligados a luchar una vez cada dos meses para conseguir ciertas comodidades... Como comer. - termina, dedicándole una sonrisa satisfecha a la pared. - ¡Imagina! Los que no tengan ni idea de luchar darán bastante juego y espectáculo y los que no, morirán. ¡Ja! Acabamos con el problema de sobrepoblación y además ganamos dinero en las apuestas. Soy un genio. Un maldito genio, te lo di-- no termina la frase para cuando se gira sobre sí mismo, afectado súbitamente por el susto: una joven de cabellos blancos y armada hasta los dientes sujeta a su compadre del cuello mientras le amenaza con varias armas en varios.. Lugares. Un lobo negro como la noche con unos brillantes colmillos emergiendo de sus poderosas fauces se aproxima con paso firme pero lento hacia él. El viejo, nervioso, se tambalea hacia atrás en busca de apoyo mientras que poseído por los nervios empieza a tartamudear.
Los ojos del lobo se iluminan espontáneamente mientras unas llamas azules resquebrajan su figura para dar paso a la de un hombre alto de cabellos plateados, peinados formalmente hacia atrás. En su mano reposa una majestuosa espada que parece chispear de azul claro.

- Enis Drahlgar, el usurpador. - dice el joven con un atronador y solemne tono de voz. Parece un trueno irrumpiendo en la habitación. - Vas a confesar lo que sepas sobre el relato fúnebre y tu influencia en los artefactos de fuego gélido. - exige, mientras alza el sable en dirección a su rehén. Los ojos de Enis bailan por la sala en busca de algo útil pero no hay elementos a su favor. En las paredes de repente parece brotar un torrente de agua luminosa, del suelo al techo, envuelta en un aura eléctrica que inspira terror. De un momento a otro el delgado y aterrado hombrecillo cambia su semblante por completo para relajarse de golpe y adquirir una siniestra y confiada sonrisa en su rostro. Reprime una carcajada, que precede al vocerío.
- ¿¡CUÁNTOS AÑOS CREES QUE TENGO, PERRO!? SOY ENIS, Y SI QUIERO ALGO, LO OBTENGO. SEA UNA COPA, - dice estrellando la que tenía en su mano contra el suelo - UN DRAGÓN, ¡O UN MALDITO IMPERIO! - grita desquiciado entre carcajadas, mientras clava su mirada en Darius. La última declaración resuena con un eco monstruoso que precede al temblor que embarga la estancia entera y desconcierta a los jóvenes de cabello blanco. Las mugrientas baldosas emiten destellos rojos que acaban volviéndose llamas y lenguas e fuego. El suelo se desmorona por momentos, entre temblores, fuego y estruendos, separando a Darius de su querida.
- ¡AETHERYS!
Su grito queda ahogado entre las carcajadas de Drahlgar y el fuego crepitante.



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Aetherys Fólkvangr
PERMALINK
el Miér Nov 15, 2017 7:45 am

ch. ii
— Aetherys


Siguiendo los pasos y el plan de Darius, ambos se dirigieron con sigilo a su objetivo, el cual no estaba muy lejos de allí. Observaron al grupo de guardia que se encontraba justo en frente del lugar, y a pesar de que Aetherys estaba deseando darles una paliza y dejarles KO, Darius había acordado actuar en silencio hasta que encontrasen a su objetivo: Enis Drahlgar. El corazón de la joven iba a mil por hora con tan solo pensar que por fin podría encontrarse con quien le hizo tanto daño a ella o Darius, independientemente de qué forma o en qué suceso participase, ella iba a disfrutar igual haciendo sufrir a ese desgraciado. Una vez consiguieron esquivar al grupo de guardias que patrullaba por allí, ambos se adentraron en silencio en la estancia del susodicho. Se encontraba hablando con otra persona que ella desconocía, pero si estaba allí, era porque era cómplice de Enis. Observó durante unos segundos con Darius, esperando el momento en el que el viejo se diese la vuelta y siguiese hablando. Aetherys no esperó ni un segundo más y se colocó rápidamente en frente del acompañante, al cual cogió del cuello fuertemente con una mano mientras que con la otra hacía un gesto de que guardase silencio poniendo un dedo en sus labios. Sacó su katana y apuntó a una zona que sabía que como hombre le tendría tanto aprecio, y aguardó a que su compañero eligiese el momento oportuno para aparecer y encargarse de Enis.

El viejo seguía hablando y con cada palabra que salía de sus labios hacía que Aetherys mantuviese menos la calma y apretase aún más los dedos alrededor del cuello de su víctima. Por fin hizo su aparición Darius, y al oír su voz la joven se relajó un tanto. Contemplando la escena y cómo el peliblanco imponía, la joven ya daba por sentado que aquello estaba hecho y que había sido más fácil de lo que pensaba... hasta que el rostro de Enis cambió por completo, siendo no muy buena señal. Inmediatamente la peliblanca mandó a volar a la víctima que agarraba del cuello y rápidamente se dirigió con su compañero, mas el suelo comenzó a cambiar y a salir violentas llamas de fuego, haciendo que suelo temblase y se separase, alejándola de él e impidiendo verle por culpa del enorme incendio provocado. Aetherys comenzó a ponerse nerviosa y temblaba, pero no de miedo como tal... no era aquel miedo que sientes cuando algo o alguien te asusta, o el miedo que se tiene a la muerte, era peor. Era miedo a perder a Darius o que le pasase algo. La peliblanca pudo escuchar como la llamaba por su nombre, parecía que con el mismo miedo que ella tenía, y eso la desgarraba por dentro. Trató de calmarse y meditar sobre la situación: ella no tenía problema con aquello, es más, le favorecía el fuego puesto que le daba fuerzas, mas su compañero no podría transformarse en el majestuoso lobo que era y si lo hacía, acabaría como la última vez que la salvó de las llamas. Debido a todo el estruendo, todos las personas que había en los alrededores de las ruinas comenzaron a acercarse allí, por lo que de un momento a otro estarían rodeados por cientos de personas. Aún podía escuchar las carcajadas de Enis, así que se encontraba allí cerca y no había huido.
—DARIUS—gritó con todas sus fuerzas, rezando para que su compañero la oyese.—ENCÁRGATE DEL RESTO, YO PUEDO CON ÉL, NO TE PREOCUPES—hizo una breve pausa antes de mencionar lo que parecía ser una súplica—Confía en mí, por favor.

No sabía si eso último lo había oído Darius, mas esperó que así fuese y que el peliblanco le hiciese caso. Si él se alejaba de allí, le sería más fácil pelear y no correría el mismo peligro que la última vez, así ella se quedaría más tranquila. Volvió a posar su atención en el enemigo que tenía delante, el cual hacía que siguiese saliendo fuego bajo sus pies. Aetherys se quedó unos segundos allí quieta, haciendo que aquel fuego se canalizase en ella y absorbiese parte de él, para luego dirigir su mirada en Enis.
"¿Y tú quién eres? ¿la nueva putita de Darius?" el viejo Enis se reía de ella a carcajadas en su cara, parecía ser que había enloquecido por completo.
—Mi nombre es Aetherys Fólkvangr—al decir este nombre, Enis cortó su carcajada y pareció empalidecer. La peliblanca comenzó a caminar lentamente hacia él, katana en mano.—Te suena mi apellido, ¿verdad? seguramente formaste parte de la masacre de mi pueblo, y probablemente también es tu culpa lo que le pasó a la familia de Darius. Voy a disfrutar muchísimo partiéndote en trocitos pequeños.—Con el dedo índice y corazón juntos, los posó suavemente sobre el lateral de la hoja de su katana, para luego hacer un rápido movimiento a lo largo de esta, la cual se prendió en llamas.—Y no soy la putita de Darius. SOY de Darius.

Se lanzó hacia su enemigo con la katana por delante, mas justo cuando iba a clavar el arma en la cara del individuo, este desapareció. Una carcajada volvió a resonar por el lugar, descorcentando a Aetherys.
"Sí, conozco tu apellido y lo que eres, ¿crees que me das miedo? ya he dicho que yo obtengo lo que quiero... aunque se trate de un dragón. Y tú no sabes quién soy yo"

Aetherys recorría rápidamente con la mirada todo el lugar, el cual aún seguía en llamas, mas no veía a Enis por ninguna parte. De pronto, todo se había vuelto negro a su alrededor, dándole una sensación de confinamiento y angustia tremendo. Todo se había quedado en silencio, y eso no era buena señal. Cuando la peliblanca estaba al borde de la desesperación, un cuerpo inerte cayó bruscamente sobre sus pies. Al darse cuenta de la identidad de aquel cuerpo, la joven soltó la katana con horror y profirió el grito de dolor más grande que jamás nadie había podido escuchar, resonando por todas las ruinas. Aquel cuerpo era el de Darius, y estaba muerto. Aetherys cayó sobre sus rodillas y su cara se llenó de lágrimas, mientras le costaba respirar.
"Esto es lo que pasa cuando no eres lo suficientemente fuerte y deshonras el apellido de tu familia. Ahora estás sola en este mundo y ni siquiera eres capaz de transformarte en un dragón, ¿verdad? si no, lo habrías hecho en el momento en el que te separaste de tu amado Darius. Parece ser que la puta se ha enamorado de su dueño.

La voz resonaba en la cabeza de Aetherys, pero Enis no estaba por ninguna parte, todo seguía oscuro, silencioso. Pero eso ya no importaba, Darius había muerto por su culpa. Por no ser lo suficientemente fuerte, por ser débil. La joven se quedó allí, de rodillas e inmóvil. El calor de su cuerpo comenzó a bajar rápidamente y sentía frío, eso que no solía sentir. Su katana desapareció lentamente de su lado y ya no le importaba, no podía apartar la mirada del cadáver de su amado. Entre la oscuridad, la katana apareció de la nada y el filo helado pasó por su cara, dejándole un rastro de sangre por todo el rostro y causándole una punzada de dolor.
"Eso te va a dejar cicatriz" se burló Enis, el cual apareció de pronto delante de ella, dándole una patada al cadáver y quitándolo de en medio. En su mano traía una espada que tenía un metal que ella reconocía perfectamente: era el mismo que tanto tiempo la había retenido como esclava, dejándola sin poder. "Gracias a esta espada he podido domar y matar a muchos de tu raza, y podría domar todos los que quisiera, porque realmente, no sois tan fuertes" otra vez la carcajada burlándose de ella. "Y ahora que tu dueño está muerto, seré yo quien decida tu destino"

La espada se alzó sobre ella, dispuesta a atravesarla o herirla en profundidad, mas ella no se movió. Con suerte aquel estúpido la mataría y acabaría con su sufrimiento, por lo que esperó al filo de la espada... mas nunca llegó. Levantó el rostro y la oscuridad se había ido, el sonido había vuelto y ya no estaba delante de ella Enis, sino Darius. Un Darius lleno de heridas, demacrado y lleno de hollín por las llamas. Por unos segundos Aetherys pensaba que ya la habían matado y que estaba en lo que llamaban cielo, puesto que además todo lo veía borroso y se encontraba desorientada. Escuchaba la voz de Darius como si estuviese lejos, muy lejos. La llamaba por su nombre. Le estaba diciendo que todo era una ilusión, que era culpa de Enis, que era un demonio y algo más, pero cada vez lo escuchaba más lejos, a pesar de que le tenía justo en frente. Definitivamente aquella ilusión le había afectado, de hecho, su rostro aún sangraba por la herida. ¿Realmente había sido una ilusión? Volvía a estar donde se encontraban al principio, las llamas aún seguían saliendo del suelo y Darius parecía muy malherido y débil por las llamas que le rodeaban. Seguramente había estado peleando con muchas personas y con Enis mientras la estaba manipulando. Estaba cansado, y a pesar de todo había venido a salvarla. La joven poco a poco comenzó a volver en sí y pudo observar como rodeaban a Darius, el cual no dejaba de luchar por muy débil que estuviese. Enis estaba acercándose por detrás y parecía que quería darle el golpe de gracia, probablemente aún no sabía que ella había salido de la ilusión gracias a su compañero. La joven respiró profundamente y cerró los ojos, concentrándose y volviendo a recuperar el calor corporal, volviendo en sí y acumulando toda la rabia y el dolor que le había hecho sentir aquel desgraciado. Abrió de nuevo los ojos, siendo ahora de color carmesí, y corrió hacia donde estaba el joven, cada vez más rodeado por los enemigos.
—ENIS—vociferó la joven, llamando la atención de todos.—SI QUERÍAS UN DRAGÓN, LO VAS A TENER.

Aquella voz no parecía la de Aetherys, parecía la de una bestia con la voz increíblemente grave y que intimidaba. Sin previo aviso, lo que parecía un rayo de luz cayó sobre donde se encontraba la joven y todo se llenó de humo, para luego dar paso a unas alas escamosas y blancas acompañado de un rugido feroz: una bestia enorme, albina y que escupía fuego apareció en la escena, un dragón blanco. Su tamaño era colosal, una de sus garras era del tamaño de un humano o incluso podía ser más grande. Sus escamas blancas parecían brillar con la poca luz que hubiese y su mirada rojiza se clavaba como si de una estaca se tratase. Todos los presentes se quedaron sin habla y observando petrificados a la bestia... a excepción de Darius, quien le miraba de una forma distinta y no sabía cómo interpretarlo. Tratando de ignorar aquello, volvió a rugir en dirección a donde se encontraban todos los enemigos que rodeaban a Darius, haciendo que algunos saliesen corriendo y otros volando por el aire que salía de sus fauces. Se puso entre Darius y el resto y le dejó bajo una de sus alas en forma de protección.

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Darius Skolvik
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el Miér Nov 15, 2017 12:47 pm
Darius inclina la cabeza protegiéndose la vista con el brazo izquierdo mientras hace lo posible por mantener el equilibrio. El torbellino de llamas que emergía de las losas le zarandea violentamente mientras chamusca gradualmente el calzado del joven, que intenta por todos los medios concentrarse en su alrededor y trazar un plan en cosa de segundos. Aún así su férrea voluntad flaquea brevemente, permitiendo al fuego hipnotizarle por vagos segundos. El trance en el que se sume le desorienta por completo, sumergiéndole en la nada. De un momento a otro Darius cae en el abismo.
Ya no hay losas llameantes, carcajadas diabólicas o escombros. A su alrededor no hay nada. Simplemente se ve precipitándose de cabeza de forma constante. Es capaz de oír la voz de su hermano, suplicando y musitando de forma incomprensible. Alertado empieza a gritar su nombre, aunque una voz algo más lejana capta su atención también, interrumpiéndole. Su madre le llamaba por su nombre, con una nota agónica en su voz. Pronto decenas de voces inundan la nada, sus parientes cazados uno por uno por el odio, la angustia, la amargura y el resentimiento de su pueblo, y la envenenada intención de aquellos que conspiraron contra su familia. Darius cierra los ojos con fuerza, aún cayendo en la desesperación, y sujeta con ferocidad a Yamato mientras con la yema del pulgar desliza el sable fuera de su funda. mientras se centra en un murmullo que se empieza a pronunciar por encima de todo el escándalo.

- D.....S... S....O.... CU....ES....
Darius es incapaz de comprenderlo, pero se siente sobrenaturalmente apelado por el murmullo. Da la impresión de que es un grito que, muy lentamente, cobra volumen.
- DA...S ENC...TE.... STO....UEDO....ÉL....CU..ES..
Skolvik lucha por deshacerse de las distracciones de su psique y, con mayor volumen y claridad oye la voz por fin.
¡DARIUS! ENCÁRGATE DEL RESTO, YO PUEDO CON ÉL, NO TE PREOCUPES
Al momento de los ojos del joven emerge humo azulado, que precede a las salvajes llamas fatuas que casi le envuelven al momento. Todas las voces parecen acallarse para proferir, a la vez, un salvaje gruñido que crece en volumen y ferocidad segundo a segundo, partiendo del momentáneo pero absoluto silencio.
- No pierdas el norte, Skolvik. - oye de fondo, según identifica la voz de su padre.
- No pierdas el norte.... Skolvik. - repite entonces con un tono decidido y orgulloso la voz de su madre, que se ha sumado a la de su padre.
- No pierdas el norte, Skolvik. - repiten los dos, con la voz de su hermano Frajlnir, añadiéndole su característico ánimo. Llegados a este punto el gruñido común es salvaje, prominente y sostenido. Los puños de Skolvik tiemblan por la tensión que almacenan. La funda de Yamato cruje por la fuerza que mana de su amo.
- No pierdas el norte, Skolvik... - repiten una última vez, con la voz que en primer lugar inició su despertar. La de Aetherys. El rugido común se acalla de nuevo de forma abrupta y al momento la nada hacia la que cae Darius se ilumina como si hubera sido deslumbrada por un relámpago cegador. Abre los ojos, que a su vez liberan el resplandor que los caracterizan. El fuego azul se acrecenta y el ensordecedor estruendo de sus ancestros es continuado por un salvaje bramido que surge de lo más hondo de su ser. Vuelve al llameante e incendiado escenario de golpe, liberándose de la ilusión que le había retenido apenas un minuto. Su súbita transformación en el característico lobo blanco de dimensiones admirables apaga las ascuas más próximas que le acechaban, momento que aprovecha para, de un salto, evadir los escombros incinerados y distanciarse del foco del incendio. Las últimas palabras que oye de Aetherys resuenan en su mente aún frescas. "Confía en mí, por favor". Aparta la mirada de allí, redirigiéndola a las tropas que tan pronto han acudido al lugar por todo lo sucedido. Su forma flaquea, relegándole a su ser humano. Sacude la cabeza violentamente mientras contempla a los facinerosos acercarse desenvainando sus armas. Uno en concreto, con una cicatriz visible en plena cara y de cabeza afeitada se acerca con una burlona sonrisa mientras lleva su mano al cinto en el que reposa recogida su Estrella del Alba. Musita una especie de insulto jocoso antes de precipitarse inerte contra el suelo y rodearse de sangre, con una descomunal herida abierta en plena yugular. Darius, ante el cuerpo y con la espada en alto escupe con un gesto de sumo desdén y desprecio mientras brama furibundo.
- ¡YA PODÉIS VENIR! TENGO COSAS QUE HACER, JODER. - anuncia, con una expresión gutural mientras camina hacia la turba rabiosa sin miedo alguno. Los fuegos fatuos se apoderan de su hoja mientras esta se desliza entre cuellos, torsos y atraviesa abdómenes sin mayor dificultad que la que podría presentar el barro ante una bota. La diferencia numérica le presenta dificultades al inicio, pero a medida que recibe golpes y cortes su espada baila con un tempo más acelerado que a su vez le hace acertar con cada vez menos movimientos a sus rivales. Al darles la espalda a sus víctimas y guardar a Yamato en su funda, las llamas del filo se apacigüan, precediendo el estallido de las heridas de todos los esbirros. Apresurado vuelve corriendo a la estancia en llamas, donde encuentra a Aetherys totalmente quieta, con una sangrante herida en su rostro. Ante ella, Enis con una espada notablemente pesada en su mano derecha, a punto de asestar un golpe letal sobre su amada. El joven corre aún más, desquiciado por la imagen y empieza a destellear de azul en plena carrera. De un momento a otro, en el momento justo, un imponente tigre blanco se lleva por delante al viejo escuálido, previniendo su fatal estocada. Darius vuelve en sí tal cual cae al suelo sobre él, producto de la temperatura y las feroces llamas que siguen asolando el panorama. Cuando se levanta no hay rastro de Enis, nuevamente. Su atención vuelve a Aetherys, quien sigue sumida en su trance, justo como a él le había ocurrido. La zarandea desesperado, intentando que su conciencia vuelva a ella. La llama por su nombre varias veces y alarmado repite varias veces que se trata de una ilusión. De un momento a otro, la sujeta con suavidad y firmeza del rostro y la besa en los labios de forma pasional y breve. Al momento se retira para comprobar la reacción y, para su fortuna, sus ojos empiezan a recobrar vida y movimiento. El estruendo de más individuos irrumpiendo en la escena no le permite celebrar el hecho con mucho más que una sonrisa, por lo que no pierde tiempo y se gira para cubrir a su compañera de dichos energúmenos. Parece haber varios más esta vez, al parecer al corriente de lo sumamente fuerte que debe ser el joven. La superioridad numérica puede ser peligrosa pero no tiene tiempo para pensarlo antes de sumirse de nuevo en un exhaustivo combate. La escaramuza le mantiene ocupado y estresado, sumido en el fragor de la batalla y de su enfermizo baile con Yamato no da cuenta de la presencia demoníaca que se acerca por su espalda. De pronto, un gutural grito llama la atención de todos los allí presentes. Darius se gira y sorprende a Enis, que a su vez ladea la cabeza en dirección a Aetherys.

ENIS—vociferó la joven, llamando la atención de todos.—SI QUERÍAS UN DRAGÓN, LO VAS A TENER.

Lo que sucede a continuación aterroriza a muchos, pero desconcierta a todos. Un cegador haz de luz cae sobre Aetherys, que de un segundo a otro asume una forma monstruosamente grande. Alas gigantes y zarpas prominentes se dejan ver en una imponente y poderosa figura que revela finalmente a un dragón blanco de proporciones épicas. Emite un fuerte rugido que espanta a varios esbirros y precipita a muchos otros por la potencia del grito. Darius se queda momentáneamente cautivado por la belleza de aquella mitológica bestia, pero también sufre desconcierto por la situación. Reconoce a Aetherys por sus furiosos y carmesíes ojos, por lo que no se alarma lo más mínimo cuando dicha bestia se aproxima para cubrirla bajo su ala.

Tarda unos segundos en reaccionar, Cuando sale de su asombro da un par de palmadas al ala de Aetherys exclamando. -¡Tengo una idea! - con un gesto veloz monta sobre su lomo ignorando su reacción.
- ¡Necesitamos altura, súbenos! - comenta Darius con un aire de seriedad y serenidad restaurados. Mientras ella coge impulso el joven rebusca bajo su camisa para dar con un colgante de cristal naranja. Lo deja prender por la cadena y, en el momento en que se elevan 15 o 20 metros por encima del nivel del suelo empieza a ondear dicha cadena por encima de su cabeza. De repente el fuego que hasta entonces había conquistado la escena empieza a arremolinarse lentamente, para elevarse también por encima de los escombros. Asombrosamente el torbellino de fuego se aproxima a Darius, confinándose a sí mismo en el colgante. Enis exclama desconcertado y furioso al no saber qué pasa. Al extinguir el fuego por completo, y volver al suelo, Enis llora histérico mientras vocifera confuso al respecto.

-¿¡PERO DE DÓNDE HAS SALIDO TÚ!? ¿¡Y TÚ DESDE CUÁNDO TIENES UN ARTEFACTO DE FUEGO GÉLIDO!? ¿¡QUÉ ES ESTA PATRAÑA POR DIOS MALDITO!? - gesticula claramente nervioso y desquiciado. Darius, sobre el lomo de Aetherys, extiende una vez más la cadena y rodea el cuello de la Dragona con cuidado, dejando pender el cristal, ahora de un color azulado brillante, delante de ella. Pasea una mano con suavidad por el cuello de la bestia, notando el frío que ha sustituido a la llamarada que sostenía.

- No eres el único con recursos aquí, diablo inútil. El fuego gélido es un método horroroso con el que esclavizar dragones. Alterar el fuego que despiden para volverlo aliento congelado. Ruin. La señorita Folkvangr te va a enseñar a tocarle la moral. - comenta Skolvik, completamente indiferente y con una expresión completamente gélida en su rostro. Da un par de palmadas al cuello de la Dragona. - No te pases, con congelarle basta. Nos lo llevaremos para hacerle algunas preguntas. - añade. Enis pone las manos ante él, desesperado e implorando, pero la brisa helada le vuelve un témpano antes de poder formular nada coherente.

El sonido y la vibración de un martillazo súbito, acompañado del estruendo del cristal rompiéndose, despiertan al demonio. Su cabeza se ha liberado de la prisión glacial pero el resto de su cuerpo sigue preso en la misma posición. Ante él, Darius con un martillo de hierro colado le mira con un gesto de odio visible. A su lado, Aetherys con un cubo de agua le observa con los brazos cruzados, con una expresión de puro asco.

- La señorita hará las preguntas primero. - comenta Darius, mientras se dirige a unas cuantas cajas apiladas para apoyarse, de pie. Deja reposar el martillo a un lado y vuelve a cruzar los brazos, arremangado en su camisa blanca llena de hollín y agujeros de quemaduras.



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Aetherys Fólkvangr
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el Jue Nov 16, 2017 7:36 am

ch. ii
— Aetherys


Aún se encontraba en posición defensiva y desafiante cuando escuchó la voz de Darius. Poco después sintió como el joven se subía, encima de su lomo, algo que en un principio hizo que la dragona soltara un rugido de desaprobación y de molestia, puesto que odiaba que la tocaran, más aún que se le subieran encima, pero por tratarse de su compañero y por la situación en la que se encontraban, lo dejó pasar. Tal y como le ordenó el joven, ella cogió impulso y comenzó a volar, disfrutando de aquello. Era reconfortante poder volar a tu antojo después de tanto tiempo, mas no duró mucho tiempo ya que tenía que centrarse en la situación y en escuchar a Darius. Pudo observar, con asombro, los movimientos que hacía moviendo una especie de colgante, el cual poco a poco fue absorbiendo todo el fuego que se encontraba abajo. Podría haberme sido de utilidad a mí pensó la dragona junto con lo que parecía un resoplido, mas no tardó en darse cuenta de lo que el peliblanco estaba haciendo: al parecer aquel colgante convertía el fuego en hielo, y al ponérselo en el cuello su elemento cambió. Increíble las cosas que podía hacer con sus juguetitos. Observó como Enis estaba muerto de pánico y la joven no pudo reprimir una carcajada interna, disfrutando de aquella reacción del viejo. Tenía unas ganas horribles de matarle lentamente y luego mordisquearlo un poco, mas su maestro le dijo que no se pasara.
Ser dragona para esto gruñó la bestia, no sin antes hacer lo que le habían pedido y congelar a aquel desgraciado. Lo siguiente fue fácil: coger con la boca el trozo de hielo que era ahora Enis y llevarlo a un lugar donde no les molestaran: el emporio.

Por suerte Darius llevaba consigo un objeto que les permitía ser invisibles durante un corto periodo de tiempo, ya que el hecho de que un dragón enorme sobrevolase los barrios bajos no iba a ser muy discreto que digamos. Cuando llegaron al emporio, Aetherys soltó el trozo de hielo en el suelo y dejó que su acompañante bajara de su lomo, para luego caer desde el aire en forma humana, ya visible de nuevo. Se puso de rodillas, tapándose con las manos el cuerpo, ya que se encontraba desnuda. Por suerte el cabello le servía para taparla aunque fuese un poco.
—¿A qué esperas? dame algo de ropa.—ordenó la joven con tono molesto y algo avergonzada, mirando a Darius.

Una vez la joven se encontraba vestida y utilizó su poder de curación para sanar la herida de su rostro, ambos llevaron al sótano el trozo de hielo que luego romperían a martillazos, aunque solo la parte de arriba que era donde se encontraba la cabeza de Enis. Aún seguía con ganas de matarle allí mismo, mas tenía que interrogarle y torturarle un poco primero, así que ya se encontraba preparada con cubo de agua en mano.
—Bien, escoria, ahora voy a hacerte varias preguntas que quiero que respondas y más te vale no tardar demasiado, porque ganas no me faltan de torturarte un poquito... aún tengo reciente todo lo que me hiciste pasar y lo que vi en tu jodida ilusión.—la cara de asco de la joven se tornó en una de odio y rabia contenida, mientras le pasó por la cabeza un rápido pensamiento: ¿sabría Darius lo que ella había visto en la ilusión? lo dudaba, pero esperaba no equivocarse.—Primera pregunta, ¿qué sabes de mi apellido y mi familia?

Enis comenzó a reír y comentó de forma burlona:
"¿Qué tal fue la experiencia? ¿te gustó ver cómo tu querido-?" antes de que Enis terminara la frase, Aetherys ya le había asestado un puñetazo con todas sus fuerzas.
—No juegues conmigo, cerdo.—escupió la joven, añadiendo un poco de agua a la cara de su víctima.—Habla.
"¿Por qué debería hablar si me vais a matar de todas formas?" dijo con soberano esfuerzo su víctima, no sin antes haber soltado un grito de dolor.

Aetherys no pudo evitar soltar una carcajada que dejó perplejo al demonio.
—Enis, la gran mayoría sabe lo que vive un demonio y lo que cuesta matarlo. Es mucho más fácil mantenerte con vida y torturarte cada día, te recuerdo que yo precisamente no es que viva poco...—la peliblanca acercó el rostro al de Enis, mirándole de una forma siniestra junto con un susurro.—Y creéme, me lo pasaría genial torturando a un asqueroso demonio cada día de mi vida hasta el de mi muerte, sobretodo teniendo en cuenta lo que me hiciste pasar y lo que harías pasar a mi familia o la de Darius. Hay mil y una herramientas de tortura y por ahora, el agua no se ha acabado en el mundo. La muerte sería lo mejor que podrías tener comparado con lo que yo te haría pasar.

La expresión de Enis cambió por completo, dejando ver otra vez ese ridículo rostro de pánico. Aetherys sonrió con satisfacción e hizo un gesto con la mano, dando a entender al viejo que hablase. Junto con un suspiro resignado, este comenzó a hablar:
"Tu apellido proviene de la familia más antigua en el mundo con el don de convertirse en dragón. Las leyendas cuentan que, en los tiempos en el que los normandos reinaban estas tierras, una familia hizo un pacto con Odín y Iðunn, los cuales les entregaron el don de transformarse en la bestia y poder vivir durante tanto tiempo, de esa forma llevarían a cabo la labor de proteger el mundo y pasar aquel don de generación en generación. El problema vino cuando algunos tenían demasiada ansia de poder y jamás abandonaban su forma de dragón, olvidando su parte humana y quedándose en simples bestias por siempre... fáciles de manipular y domar" Enis dirigió la mirada junto con una sonrisa a Darius, el cual observaba y escuchaba algo más apartado. "Como tu familia, Skolkvik. ¿Sabes cuántos de tus antepasados domaron y trataron como quisieron a los que eran antepasados de la dragoncita? los trataban como simples animales... ¿quién sabe si le harías lo mismo a Aetherys si la hubieses conocido en forma de dragón? total, por algo es tu esclava. Pobrecita."

Aetherys no sabía muy bien cómo reaccionar a aquello que acababa de escuchar. Se giró hacia Darius con una expresión llena de preocupación y la mirada algo triste, como si le estuviese preguntando "¿Es cierto?", mas Enis no se detuvo ahí.
"De hecho, ¿qué te hace pensar que no fue su propia familia quien acabó con la tuya y arrasó con tu pueblo? ¿por qué crees que fuiste la única en sobrevivir? sabían que eras tú la que tenía el don del dragón. Simplemente esperaron a que crecieras, lo descubrieras y luego te buscaron para esclavizarte. ¡Y encima te creíste que estaba enamorado de ti! eres tan patética. Tienes una mente muy débil y fácil de manipular por muy fuerte que seas físicamente, estúpida.

La peliblanca, con la respiración entre cortada y cayendo de rodillas, se llevó los brazos a la cabeza, tapándose las orejas para tratar de no oír lo que decía. Su cabeza era ahora un cúmulo de preguntas y preocupaciones de si realmente aquello era cierto o no. ¿De verdad era Darius así? sabía que era avaricioso y que le encantaban las reliquias, ¿pero realmente ella era una reliquia para él? ¿estaba jugando con ella? siempre fue extraño que la tratase tan bien desde un principio.... y lo peor de todo, ¿había matado su familia o incluso él mismo a la suya? no podía ser cierto...

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Darius Skolvik
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el Vie Nov 17, 2017 2:08 pm
Según Darius se apoya sobre las cajas de madera apiladas contra la pared de su sótano, la joven se aproxima al rehén con aire hostil. Tras intercambiar amenazas y proclamarse claramente ganadora, Aetherys comienza a hacer las preguntas interesantes. El joven aguza el oído, prestando suma atención.

- Tu apellido proviene de la familia más antigua en el mundo con el don de convertirse en dragón. - esputa Enis, moviendo el cuello de forma mecanizada por la prisión de hielo que le rodea e incapacita. Darius reflexiona sobre lo que acaba de oír.
"No sólo he dado con una todopoderosa Dragona en un barrio negro de mala muerte, sino que además pertenece a la familia más reconocida e importante de su raza. A nuestros amados Folkvangr."

El joven no puede evitar mantener los ojos muy abiertos ante lo que oye. Cuando retoma el hilo de la conversa no le gusta lo que oye, y tensa la postura muchísimo como si se pusiera en guardia.

- ... El problema vino cuando algunos tenían demasiada ansia de poder y jamás abandonaban su forma de dragón, olvidando su parte humana y quedándose en simples bestias por siempre... fáciles de manipular y domar. - dice el demonio. Darius entorna los ojos frunciendo los labios en una línea recta. Aprieta las manos en sus codos, al haber cruzado los brazos ante las insinuaciones de Drahlgar. Encaja la previsible acusación.

- Como tu familia, Skolvik. ¿Sabes cuántos de tus antepasados domaron y trataron como quisieron a los que eran antepasados de la dragoncita? los trataban como simples animales... - En empezar a oír la perorata del diablo, Darius se incorpora sobre sus pies y deambula unos momentos por el sótano, para volver a la escena con un artefacto parecido a una vitrina, con un cristal oscurecido que no permite divisar qué contiene, y un asa colgada de un lado como si de un maletín se tratara. Lo deja a un lado mientras el cretino acorralado en hielo termina su monólogo apelando al joven.

- ¿quién sabe si le harías lo mismo a Aetherys si la hubieses conocido en forma de dragón? total, por algo es tu esclava. Pobrecita. - comenta Enis. Al momento Aetherys se gira hacia él, dirigiéndole una mirada cargada de duda, angustia e interrogación. Darius continúa mirando fijamente a los ojos a Drahlgar mientras cierra la mandíbula en un bloque compacto. Llegado este punto Darius camina muy despacio hacia él mientras continúa hablando. La ira ciega a Skolvik y al parecer le ensordece también porque no oye nada de lo que el desquiciado de ojos llameantes exclama como poseso. A su lado, la joven cae de rodillas y se cubre la cabeza con sus brazos mientras se aisla de las palabras hirientes del rehén.

Al llegar ante él, Darius respira muy despacio, con el ceño tan fruncido que parece que tenga los ojos cerrados. Aprieta el puño derecho tan fuerte que sus nudillos crujen, resonando en la estancia, y con un movimiento seco y precipitado propina un puñetazo tan potente a Enis en el lado izquierdo de su mandíbula que él mismo duda si el estruendo lo ha provocado el hielo al resquebrejarse o sus propios huesos. Al recibir el golpe emite un grito lastimero e intenta mascullar algo, pero la consecuente y súbita falta de muelas y las heridas en su lengua le dificulta la tarea de expresarse coherentemente. Alza la mirada con una expresión compungida y repleta de dolor y desconcierto, sólo para recibir otro puñetazo con la misma intensidad en un ángulo más complejo. El directo en la quijada le deja completamente fuera de juego.

Darius respira hondo tras haberse desahogado tan satisfactoriamente y se da la vuelta, contemplando a su amada ante él víctima de sus propios pensamientos y miedos. Se acerca apresurado a la vitrina que previamente había ido a buscar y la acerca ante Aetherys. Se agacha para estar al mismo nivel que ella y, con cuidado abre el contenedor de madera por el cristal tintado. Las bisagras chirrían mínimamente revelando unos escritos en papiro que revelan ilustraciones. El papel está severamente desgastado por el tiempo, y las palabras son difícilmente legibles, incluso bajo el haz azulado que emite el interior del maletín.

- Año 1125. Los celtas antiguos tenían una riña importante con los reinos escandinavos por la lucha por nuestro territorio. Asentaron varias tropas en la sierra gélida aguardando el momento para descender de las colinas. Se sabe que muchos se acercaron demasiado a los montes más altos buscando el punto más conveniente estratégicamente hablando, y fue allí donde al parecer fueron testigos de las costumbres ocultas más esotéricas de los escandinavos - cuenta Darius mientras, con una pinza de puntas de silicona señaliza en el papiro y cambia de página con un gesto delicado. - los Skolvik nunca domamos a ningún Dragón. Thratül y Dyab'l, dos de los ancestros más grandes de los Folkvangr, nos acogieron porque fueron capaces de percibir la sintonía de nuestra fuerza junto a la fauna. - prosigue el joven, enardeciendo su mirada mientras aviva los recuerdos de las historias que su padre les relataba a su hermano y a él siempre que lo pedían. - Volábamos con ellos, aprendimos junto a ellos y definimos nuestros lazos con afinidad. Teniendo en cuenta lo orgullosos que fueron siempre por su linaje, como Dragones que eran, los celtas se maravillaron y decidieron plasmarlo en sus escritos para que su gente conociera "los secretos del norte", y por lo tanto guardaran distancia. No tardaron en retirar todas sus tropas. La razón por la que nunca asumían sus formas humanas es porque amaban volar e imponer su dominio en los cielos. De esta forma prevenían a los extraños de acercarse a sus montañas, donde solían guardar el oro. Precisamente por nuestra cercanía a los Folkvangr nos dolió tanto que Brändelig, Padre de las Ascuas, cayera sobre nosotros con furia y ferocidad. - termina Darius, sin poder evitar un reflejo nervioso en su ojo derecho que le hace parpadear, reprimiendo una lágrima de angustia. Con suma paciencia deja los papeles en el mismo estado inicial y cierra el maletín, apagándose las luces ténues de su interior. Tiende la mano con dulzura ante él en dirección a Aetherys y comenta en voz baja, haciendo íntimo el momento:

- Continuaremos con él en otro momento. Por ahora permanecerá a la merced del hielo, debilitado hasta que queramos. Tomémonos un descanso, ha sido un día horriblemente largo y merecemos unos momentos de sosiego. - Darius mantiene su mirada sobre la de Aetherys, adquiriendo un tono cándido y protector.



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Aetherys Fólkvangr
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el Sáb Nov 18, 2017 12:50 pm

ch. ii
— Aetherys


La joven estaba tan centrada en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de lo que acababa de pasar. Cuando levantó el rostro solo pudo ver a Enis inconsciente y a Darius a su lado con un objeto extraño, el cual al abrirlo contenía lo que parecían escritos muy antiguos que su amado no tardó en explicarle. Le contó gran parte de la historia de su familia y la de él, que al parecer estaba conectada, y Aetherys no podía dejar de escuchar atentamente, maravillada mientras recreaba todo en su imaginación. Una vez acabó de relatar aquello, la peliblanca volvió a la realidad y en su cabeza las preguntas seguían rondando, mas Darius le tendió la mano dulcemente e interrumpió sus pensamientos. La joven le miró a los ojos mientras escuchaba lo que le decía: que tomasen un rato de descanso puesto que el día había sido muy intenso. Con la mirada aún algo triste, respondió al gesto de él y juntó su mano con la suya, sintiendo la calidez de esta y provocándole un cosquilleo en lo más profundo de su ser.

Ambos subieron a la parte de arriba y Darius comenzó a preparar té mientras ella le miraba apoyada en la encimera. De nuevo estaban en ese silencio que tanto odiaba, que tanto les había separado en aquellas semanas, y esta vez no pensaba quedarse callada, tenía muchas preguntas. Justo cuando abrió la boca para hablar, observó la piel de su compañero y se dio cuenta de que hasta ahora no había curado sus heridas.
—Darius, quítate la camisa.—aquello lo dijo sin pensar, centrándose únicamente en que debía tratarle, por lo que al levantar el rostro y toparse con la mirada pícara de él le impactó, hasta que cayó en la cuenta.—Es para tratarte las heridas, imbécil.—aclaró rápidamente la peliblanca con tono molesto, aunque bastante ruborizada.

Justo después se sentaron en un par de butacas junto con una pequeña mesa de café, concretamente donde hablaron por primera vez. Darius obedeció y se quitó la camisa lentamente, dándole la espalda a ella y sentándose justo en frente. Durante unos segundos Aetherys se quedó embobada admirando su espalda, mas se obligó a concentrarse en lo que debía hacer e inspeccionó todas las heridas. Tenía tanto heridas como quemaduras por prácticamente todo el cuerpo, le habían dejado la piel destrozada. La joven tomó aire y puso las manos juntas a pocos centímetros de la piel de él, cerrando los ojos y concentrándose, puesto que tenía que prepararse para el dolor que le venía. En cuanto sus manos se iluminaron en un haz blanco, apretó los dientes con fuerza y sintió todas las punzadas de dolor de cada herida, todo el dolor que había sentido él en el momento de la pelea. Tras unos momentos bastante intensos, el resplandor desapareció y Aetherys quedó agotada. Realmente se preguntaba a menudo si aquello era un don o una maldición.
—La espalda ya está. Si me das unos minutos te trataré el torso también.

Al momento el albino se giró hacia ella y se puso de frente, dedicándole una mirada preocupada. Como sabía que le diría que no era necesario aquello, antes de que abriese la boca Aetherys le puso el dedo índice en los labios.
—No. Voy a hacerlo y además, tengo que hacerte unas cuantas preguntas... como la primera vez que nos vimos.

Su mirada se dirigió de nuevo al cuerpo de su compañero, esta vez hacia el torso desnudo de él. Notó como su respiración desapareció durante unos segundos y luego se aclaró la garganta, apartando la mirada algo sonrojada.
—Bueno... lo que quería preguntarte es...—guardó silencio unos segundos antes de continuar hablando.—¿Estás enfadado conmigo por no haberte contado antes que soy... una dragona?

La verdad es que temía la respuesta de aquella pregunta, aunque realmente todas las que tenía que hacerle le daba pánico lo que pudiese decir.
—Y... ¿qué te hizo ver en la ilusión Enis? ¿lo pasaste muy mal?

Conforme hacía las preguntas notaba cómo le temblaban las manos. Volvió a acercarse a él, esta vez quedando sus cuerpos muy cerca el uno del otro, mas ella se centró de nuevo en concentrarse y tratar las heridas de su amado. Al hacer el mismo ritual de hace unos minutos, notó cómo esta vez el dolor era mucho más intenso que antes, por lo que tuvo que contener un grito de dolor. Al finalizar la sanación de las heridas se apoyó involuntariamente sobre el pecho de Darius, puesto que estaba totalmente agotada tanto por aquello como por todo lo que había ocurrido durante el día en general. Sintió como los cálidos brazos de él la rodeaban para sujetarla, por lo que levantó el rostro hacia arriba para admirar sus ojos celestes.
—Tengo... otra pregunta.—esta vez le temblaba la voz, no sabía muy bien si era por lo que estaba a punto de preguntar o por el cansancio, pero no se detuvo. Clavó sus ojos en los suyos y respiró hondo.—Darius... ¿qué soy para ti? y quiero que me respondas con sinceridad.—tragó saliva y continuó.—Y si no me lo quieres decir, yo misma lo averiguaré leyéndote la mente, pero quiero que salga de tus labios. Necesito saberlo. Necesito oírlo.

Realmente necesitaba oírlo. ¿Era una simple esclava? ¿una compañera? ¿una dragona? ¿amiga? ¿confidente? ¿protegida? ¿amante...? ni siquiera sabía si Darius estaba casado o alguna vez lo había estado. En estas últimas semanas se lo había preguntado casi todos los días, y ahora más que nunca, después de todo lo ocurrido y las declaraciones de Enis, quería oírlo de el propio Darius.

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Darius Skolvik
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el Dom Nov 19, 2017 7:54 pm
Ambos, de la mano, suben por las escaleras hasta llegar a la cálida trastienda, en la que tras acomodarse de nuevo, se acercan a la zona de la cocina. Darius empieza a calentar agua mientras con una mano rebusca entre los cajones hasta dar con un par de bolsas de té rojo. Con la otra se apoya en la encimera, por lo poco estable que se encuentra tras la inmensa cantidad de energía que derrocha por haber soportado las llamas aquel mismo día, las cuantiosas transformaciones, el desgaste mental de la ilusión y sobretodo el uso intensivo de tantas reliquias. Algo que no muchas personas saben es que dichos aparatos se alimentan de la estamina del usuario. Un pequeño precio a pagar por lo útiles, letales y precisos que pueden ser. A su espalda, Aetherys le observa callada hasta que de repente le llama. Su proposición obliga un gesto pícaro en el rostro de Darius, que se gira para interrogarla con una débil sonrisa ladeada y una ceja inclinada. Tras aclarar su propuesta, Darius deja las bolsas de té en la tetera, mientras sigue calentando el agua, y se aproxima a los sillones que rodean la pequeña mesa redonda a la que se sentaron cuando empezaban a conocerse. El joven se quita la camisa despacio, manchándola con sangre de las heridas que no han cerrado bien. Se sienta al revés, mostrándole la espalda a la muchacha mientras arquea los hombros hacia fuera, luciendo sus numerosas cicatrices a las que sumará las quemaduras y los cortes cauterizados. Nota cierta calidez cerca de su espalda, asumiendo que se trata de las manos de su compañera. - No te sobreesfuerces. Ese poder tuyo tiene que consumirte muchísimo. - le pide Darius, ladeando ligeramente la cabeza con los ojos entrecerrados. Desde el sillón, de espaldas a ella, es capaz de percibir su alterada respiración, el temblor de su cuerpo al asumir el hechizo que restañe la piel de su espalda y le libra de la tensión de los moratones. Pasa a duras penas un minuto cuando ese calor ténue recorre toda su columna, reconfortándole. Al terminar Aetherys sugiere continuar en unos minutos con el abdomen y el pecho, a lo que Darius se gira para protestar. AL adivinar sus intenciones, la joven de cabellos claros le interrumpe posando un dedo sobre sus labios, anunciando que tiene algunas preguntas que hacer. Darius frunce el ceño confuso. Al cabo de escasos segundos la contempla callada y dubitativa, hasta que finalmente hace acopio de valor para enunciar dichas dudas.

- ¿Estás enfadado conmigo por no haberte contado antes que soy... una dragona? - pregunta ella. Darius levanta las cejas mientras abre ligeramente la boca, y al segundo relaja la expresión.

- ... No, Aetherys. No estoy enfadado. De hecho estoy sorprendido de que no hubiera caído antes en ello. Al fin y al cabo ya conocía a tu familia, pero al parecer llevo tanto tiempo pensando en venganza, con la guardia en alto y estudiando reliquias que no me había permitido tiempo para pensar en valores familiares y en el pasado en general. - Darius se frota los ojos con un gesto cansado, reconociendo su estúpido error al no haberse dado cuenta antes y haber sumado uno más uno. La joven ausmió una expresión más nerviosa y preocupada y prosiguió con la siguiente pregunta:

- Y... ¿qué te hizo ver en la ilusión Enis? ¿lo pasaste muy mal? - dijo, procurando aguantarle la mirada. La de Darius se ensombreció y perdió brillo según recuperaba los ominosos pensamientos que le embargaron. No tardó en responder, apartando la mirada mientras ladeaba la cabeza.

- Angustia, agobio, frustración. Sobretodo por los caídos. Me hizo rememorar la masacre que sufrieron aquellos más apegados a mí. Aún así... - Darius calla un momento. Retiene el aire un segundo y al momento lo suelta despacio por los labios, para alzar la vista y dirigirla a los ojos de Aetherys - oí tu voz. Recobré la consciencia gradualmente y conseguí salir del trance. - dice esbozando una sonrisa. Al poco se acercan más el uno al otro para continuar tratando las heridas del pecho. Skolvik se centra en la respiración, cada vez más irregular de Aetherys al soportar el proceso de curas. Es innegable que le está suponiendo un dolor inmenso dadas sus reacciones, y justo cuando Darius se decide a detenerla ella deja caer la cabeza contra su pecho. Sin dudarlo ni un segundo decide rodearla con sus brazos y apretarla gentilmente contra su pecho. Al dirigir la mirada hacia abajo, se encuentra de lleno con sus ojos claros como el cielo. Al momento formula otra pregunta, no sin antes concentrarse en su mirada.

- ¿... qué soy para ti?

La pregunta instiga todo tipo de pensamientos en Darius que procura no exteriorizar. La continúa observando con sus ojos, claros y terriblemente azules que empiezan a destilar calidez desde que la conoce. Segundos de silencio después, acerca sus labios a la frente de Aetherys para besarla con dulzura, y un segundo despues, con un gesto precipitado y espontáneo la sujeta con suavidad dando media vuelta según se levanta del sillón, con una mano sobre su cintura y la otra sobre su espalda. Darius la sujeta firmemente mientras la mira fijamente, muy de cerca. Embriagándose con su aliento, con el sedoso tacto de su piel y con aquellos maravillosos ojos que centellean en busca de una respuesta.

- Eres especial. Brillante, elocuente, valiente e interesante. Inspiras pasión y fuerza. - comenta Darius, entornando los ojos mientras la mira con ferocidad. Segundo a segundo se acerca a sus labios, perdiendo la mirada en ellos y en sus ojos alternativamente. - creo.... que mi pasión por ti es lo que me sacó de la hipnosis, Lo que siento por ti debe ser suficientemente fuerte como para sobreponerse al diablo. - termina mostrando una media sonrisa. Tras ello, junta sus labios con los de ella en un beso suave, dulce y pasional, mientras la aprieta contra su cintura y mantiene un ritmo de respiración pausado. Lleva una mano a su cintura y otra a su nuca mientras se deja llevar en su beso durante unos segundos y, tras terminarlo se aleja pocos centímetros de su rostro.

- Tuve mucha suerte de encontrarte, Aetherys. El destino no tenía sentido para mí hasta que te conocí. - dice, mientras se muerde el labio inferior.



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