Unravel. { Astrid }

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Unravel. { Astrid }

Mensaje por Xevhra el Mar Ene 30, 2018 8:01 pm


— Unravel —


“Another drink, please and thank you.”



.- Tsk… – Musitó el chico, mientras terminaba de amordazarse la venda, aprovechando para apretar aquello con sus colmillos. Odiaba, odiaba con toda su vida todo aquello, y si hubiera podido alzar la mano… Aunque en cierta medida, lo había hecho, ¿No? La botella de Coñac que reposaba a su lado lo demostraba. Si al menos hubiera podido… Pero no, de nuevo, GÉNESIS le obligaba a ser un buen corderito. Al menos hasta que el chico obtuviera un nuevo “comandante”. Comandante… Simplemente odiaba aquella palabra: Cadena, lo definiría él.

Pero… ¿Dónde se encontraba el protagonista del relato? Bueno, ahora mismo se encontraba hecho una pequeña bola, envuelto en su gabardina mientras se aplicaba unos rápidos primeros auxilios. Su cuerpo estaba recubierto de heridas, algunas mas grande o otras más pequeñas, pero de todas ellas manaba una misma sustancia negra, semejante al petróleo, de espesa textura y ningún olor. Tsk… El mismo pensamiento de que aquella sustancia recorriera su cuerpo le daba hasta asco, asco de si mismo, y asco de lo que conllevaba. ¿Su sangre? No, no era sangre… Aunque tuvieras las propiedades de la misma. Al igual que él había sido gestado para ser un arma, todo en su organismo había seguido el mismo procedimiento. Por eso mismo no poseía corazón… Literalmente, bajo la camisa, una gigantesca línea que separaba su pecho en dos lo demostraba. Bajo él únicamente latía una máquina, como lo que estaba destinado a ser en un principio.

.- ¡Argh! – Se encontraba visiblemente frustrado, con el ceño fruncido y no dudó un solo segundo en golpear la pared en la cual se estaba apoyando, sin ninguna clase de temor por abrirse de nuevo las heridas. Como si fuera un breve destello, aquel joven emitió una pequeña nube de humo negro, y el lugar donde había apoyado el puño simplemente… Se deshizo. Desapareció, dejando un pequeño agujero del tamaño mencionado.

De nuevo, todo él había sido gestado para ser un arma.

Cerró los ojos, llevándose las manos a la cabeza, aprovechando para agarrarse fuertemente de los cabellos, y dejó que su instinto animal floreciera. El aullido inundó la noche: Era un aullido lobuno, pero era obvio que no provenía de un lobo. No, la Unidad número 13 estaba a medio camino entre el reino canino y el felino. Las orejas gatunas sobre su cabeza lo demostraban.

Para cuando abrió los ojos, lo único que podía era jadear… Estaba nervioso, mucho, se podía notar en su gesto.

¿Por qué?

Ya lo has hecho antes.

Xevhra alzó la mirada, únicamente para verla a ella… De cabellos blancos y lacios, haciendo juego con su blanquecina piel, lo cual a su vez hacía que su mirada rojiza destacara sobre todas las cosas. Su alucinación flotaba para él, separándose del suelo por unos pequeños palmos.

Hace tiempo que no nos vemos, ¿Eh?

Y estas asqueroso, un mal día, supongo…

Apestaría ser tu.

¿Acaso se estaba volviendo loco?¿O incluso más loco? Desde que al principio la podía ver no le había dirigido una sola palabra, pero ahora, su voz infantil le había inundado… Primero en el casino, y ahora…

>> ¡Cállate, cállate! – El Gatolobo negó varias veces, tomando la botella de coñac para llevársela a los labios. Estaba seguro de que era otra de las imágenes, imágenes que venían de otras épocas, imágenes que venían de otros cuerpos, imágenes que venían de otras vidas, imágenes que compartían un mismo elemento en común… El acrónimo: Xevhra. No dudó en beber de aquella botella, intentando aguantar el quemazón lo máximo posible.

El alcohol te hacía olvidar.

Él quería olvidar.

Imágenes de todas aquellas vidas que no le pertenecían.

Olvida, Xevhra, olvida.

Nada va a cambiar, asi que no te sientes ahí ahogándote en tu culpa.

Aunque supongo que esa es una lección que te costará mucha sangre aprender. Hm, supongo que tenemos tiempo.

El destino no existe en este mundo: Solo son las circunstancias de una persona chocando con las circunstancias de otra persona. El más fuerte gana… Aunque por eso estas aquí, ¿No?
Tenías todo lo que hacía falta para matar a ese hijo de puta, ¿Verdad? Pero lo único que hiciste fue mirar, fallándoles a ellos, y si sigues así… No serán los únicos.

>> … Cierra el maldito pico. – Musitó el supersoldado entre dientes: En cierta medida, si, tenía razón. Él mismo sabía que era un arma, él mismo sabía para lo que había sido creado e incluso él mismo sabía por qué, dentro del mercado negro, aquellos subordinados de MINERVA le golpeaban. Querían sacar al arma que llevaba dentro, y hoy se lo habían demostrado sometiéndole a una prueba demoniaca, obligándole a decidir entre la vida de dos hombres que aparentemente no se conocían de nada.

Fue una situación estresante para el gatolobo, sobretodo al hacerse la promesa de no querer matar para ellos, y aún tras toda la tortura a la que le sometieron, se negó a dar una respuesta, orgulloso: Craso error, no salvó ninguna de las dos vidas. De la intensidad con la que apretó el puño derecho literalmente destrozó la botella de Coñac, clavándose en la mano diversos cristales rotos.

Las acciones tienen consecuencias.

Musitó el fantasma de aquella mujer, antes de desaparecer mecida por el viento. Dejando al Gatolobo hundido en su miseria. Lágrimas de igual color que su negra sangre amenazaron por salir, pero no, él se negaba. Algún día se vengaría… Si, lo prometía. Y nunca hagas una promesa que luego no seas capaz de cumplir. Agitó su mano derecha, intentando sacar así las esquirlas más pequeñas, antes de llevársela a la boca y extraer los rastros mas grandes. Y, emitiendo un pequeño humo negro, aquellas pequeñas heridas comenzaron a cerrarse por si solas.

Su UMN era asombrosa: Dotando al Gatolobocyborg de una regeneración asombrosa, y a pesar de que heridas más graves tardaban el triple de tiempo normal en regenerarse -A menos que estuviera en combate, pero esa es otra historia, y como tal, ha de ser contada en otro momento- heridas pequeñas como aquella apenas tardaban unos pocos segundos en cerrarse. No pudo evitar morderse el labio inferior, ahogando así el dolor. El dolor era pasajero… Desde que había “nacido”, hace menos de un año, lo había descubierto.

No pudo evitar alzar su mirada al cielo nocturno.

Sabía que había captores tras él.

Sabía que probablemente usarían al resto de esclavos contra él.

Simplemente, necesitaba una copa.

Con un gruñido por el esfuerzo se fue levantando lentamente de aquel lugar, aprovechando para mirarse la zurda y ajustarse aquel pequeño trozo de tela roja que siempre portaba atado al dorso de la mano. Aquel que cubría su mayor vergüenza, el 3-013 que tenía marcado a fuego.

Y se echó a caminar.

Nunca supo cuanto tiempo estuvo caminando, y mucho menos sabía por donde iba. Ahora mismo el Mercado Negro estaba rebosante de actividad y aquello podía ser su mejor cobertura. Tanta lujuria, tanta ira, tanta… Avaricia condensada en un solo sitio: Trece miraba a su alrededor y no podía evitar sentirse asqueado. ¿Acaso aquel era su mundo?¿Acaso debía de pertener a él? No, escaparía en cuanto tuviera oportunidad… O en cuanto descubriera una forma de librarse de GÉNESIS, el comando que obligaba a los nanobots de su interior a seguir órdenes de un comandante no establecido actualmente.

Sus pasos le llevaron a un pequeño bar de mala muerte, y el rostro de Xevhra no dudó en leer de reojo el nombre de aquel lugar “Simple Souls”. Hm… Le pareció un título apropiado a la vida que el supersoldado ansiaba más que a nada, y quizá por eso se dignó a entrar. Se envolvió en su gabardina, que, aún ajada, daba el pego a la hora de ocultar su cuerpo magullado… Y durante el camino a la barra aprovechó para levantar la cartera a algún pobre borracho, por el cual brindaría esta noche.

La estancia era cuadricular, con un pequeño fuego de chimenea situado en una esquina, iluminando el interior y haciéndole la competencia a las luces fluorescentes que parpadeaban vagamente, amenazando con apagarse. Para bien o para mal, todas las mesas de aquel lugar estaban llenas: Aunque generalmente de borrachos… Aquel era un antro de mala muerte, un antro que probablemente sería insalubre y nadie querría pisar. Aquello era simplemente perfecto para el Gatolobo.

De una pequeña patada, acercó un taburete a la barra y se dejó caer sobre esta. No tenía ganas de hablar, con lo que se contentó con elevar la mano para llamar la atención del camarero.










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Re: Unravel. { Astrid }

Mensaje por Astrid Zettelmeyer el Mar Feb 13, 2018 5:23 pm


Unravel
Ciudad de New London



—¿No te gustaría ganar un dinero extra de nuevo? te daré un par de libras, si me alquilas a una de tus ilusas esclavas por unos minutos— Y… aquí estábamos, en ese hotel cinco estrellas de New London, al cual todos sus inquilinos llamaban “mercado negro”; no era tan malo, sino dejabas que te picaran los bichos. —¡Joder hombre! ¡otra vez tu! no sé qué demonios haces con ellas, pero siempre que las traes de regreso, no dejan dormir a las demás con sus lloriqueos, si siguen en vela, se pondrán espantosas y nadie querrá comprarlas— me retracto, lo peor de ese “magnifico” lugar, era la poca consideración que tenían todos para dejar dormir. Ese individuo poco agraciado y con dimensiones descomunalmente mórbidas, se aparecía cada tercer noche, o eso note desde mi llegada a ese distrito, volviéndose el terror de mis compañeras esclavas, cada vez que escuchaban su áspera voz y su jadeante respiración, deseando volverse diminutas para ser capaces de ocultarse como cucarachas, en las grietas más estrechas de las paredes de la celda .  

——¡Oh vamos! la sacare a dar un paseo, después me la llevare detrás de un callejón y… no quiero seguir entrando en detalles— la mueca de repulsión en la faz de nuestro vigilante lo decía todo y no estaban de más, las “paradisiacas”, “eróticas” y en extremo nauseabundas historias que esas mujeres relataban traumatizadas y con los ojos enrojecidos por las lágrimas, para imaginar que hacía con ella —está bien, fingiré que no escuche nada de eso, ¿cuál quieres?— mi única duda de todo esto era, ¿qué medios utilizaba ese hombre para desplazar su desproporciona humanidad hasta el mercado negro? tal vez por eso daba la impresión de estar a punto de colapsar cuando negociaba con el centinela. —La pelirroja, siempre me ha llamado la atención,  esa cicatriz la hace un poco fea, pero no seré quisquilloso y le daré una oportunidad a la princesa— mira quién habla de fealdad. Al oír su veredicto, muchas de mis compañeras dejaron escapar un suspiro que retornaba su alma al pecho, —¿la muda? bueno, tu eres quien pagara por ella— era mejor que todos siguieran pensando eso, que era incapaz de “gritar pidiendo auxilio”, no tenía nada alusivo que expresar y tampoco es como si en mi corta estancia, me hubiera topado con alguien interesante con quien dialogar.  

Mi “nombre” estaba en la lista de los condenados, o al menos, yo era la única pelirroja en esa prisión, ¿cómo debía comportarme para estar a la altura de la situación? poner un poco de resistencia, negarme a cumplir con el capricho de ese tan “refinado caballero”, tantas opciones y me decidió por solo simular que no me enteraba de nada de lo que me esperaba. —Es como la mujer ideal, servicial y silenciosa, tal y como me gustan, así no tendré que soportar sus llanto, vamos preciosa, papá te sacara a dar un paseo y después, tendrás que ser agradecida y complaciente— como todo un cefalópodo, ese hombre posiciono su brazo en mi cintura, obligándome a caminar hombro con hombro a su lado, no lo culpo por su grado de impaciencia, debía hacer valer cada fracción de las libras que acababa de perder.  

El tan presumido paseo no estuvo nada mal, gracias a eso pude ubicar nuevos puntos y establecimientos de los cuales no conocía su existencia, quitando sus escurridizas manos a lo largo de la caminata, tuve que poner a prueba mi fuerza de voluntad para no desternillarme cada vez que me pedía que nos detuviéramos, para darse un gran respiro y no perecer antes de exigirme su recompensa por liberarme algunos minutos. —Ha llegado el momento de que agradezcas, dicen que eres muda, pero eso no impedirá que hagas maravillas con esos hermosos labios— que “romántico” al arrastrarme hasta ese oscuro callejón, al te mis compañeras de celda le temían tanto, —anda niña, haz lo tuyo y hazlo bien— ¿quién carajo se creía ese orangután al darme ordenes y al halar de mi cabello con la intención de que me arrodillará ante él? —no me obligues a ser malo contigo— una ladina sonrisa decoro mi rostro con esa frase tan amenazante, mis manos se aferraron con fuerza a sus muñecas, usando una de mis piernas, “deposité un cariñoso y férreo golpe en su entrepierna”. Era de esperarse que el tipo cayera rendido a mis pies, un simple choque de mi bota con su rostro, basto para dejarlo temporalmente fuera del juego; cualquier mujer adoraría unos tacones de diseñador, yo prefería la comodidad y eficacia del calzado militar.

Antes de abandonar a ese despojo de depravado, me hice con sus pertenencias, al menos llevaba más libras de las que había pagado por mí, —ahora veo cual era tu fuente de agallas— y una minúscula botella de coñac, a la cual me di el permiso de degustar, —esto es tan desagradable como pasear contigo por las calles— vertí ese licor barato sobre todo su cuerpo, cualquiera que lo encontrara en ese estado, tendría la conclusión de que el vicio lo hizo perder la razón.

¿Qué seguía en el itinerario nocturno y qué me detenía de no escapar? era táctica, aspiraba a conseguir el standing de “adquirida”, era más fácil deshacerme de mi futuro amo y mantener la libertad ante los ojos de todos en ese mercado. —Debo beber algo, debo quitarme el añejado sabor de su horrible coñac— e imaginar que gracias a una maldita bebida había terminado como prospecto de meretriz y más tarde como esclava. Pero algún día me volvería a reencontrar con mi “querida amiga” —esa pérfida— y le compartiría la experiencia de la suerte que hoy disfrutaba.

Mis pasos me llevaron hasta uno de esos llamativos locales, “Simple Souls” no sabía de su existencia hasta ese paseo con el “príncipe azul” de las esclavas, —lindo nombre— perder el tiempo no estaba en la agenda, era indiscutible sacarle todo provecho a cada segundo fuera de la prisión. Como salido de un cántico celta, rustió, mal trecho, el templo para cualquier guerrero perdido, nada mal si te gustaba una zahúrda. Me detuve para contemplar a que me enfrentaría si accedía. Sin duda, excelsas expectativas del licor que en serbia, de otra manera no me explicaba el hecho de que esos ebrios estuvieran usando las mesas como camas temporales. ¿Por qué esperar? me aproxime con destino a la barra, donde un par de “bellos durmientes” le hacían compañía a un hombre, que le dama misterio a su persona con esa bonita gabardina, a quien quería engañar, me agradaba esa penda. —Que amabilidad y yo que creía extinta la caballerosidad— argumenté como justificación a mi acción de empujar a ese sujeto ahogado en alcohol, que estaba yuxtapuesto al chico de la gabardina, para que descansara con más confort en el piso de esa taberna. Sentada en ese taburete cedido con tanta cordialidad, era el momento de actuar como una visitante y no como una esclava. —Tétrica y aburrida noche ¿no te parece?... ¿vienes a menudo a dejar parte de tu vida en este bar?— mis palabras se dirigían a él mientras le solicitaba al tabernero, el mejor licor de su más “fino retrete”, dos bebidas para compartir —vamos bebe, ¿o te da miedo terminar en el dulce país de los sueños como ellos? dudo que puedas resistir más de una… pero mi amigo aquí presente esta tan feliz de verme que nos invitara un par de rondas, míralo se desmayo de la emoción— comencé a creer que el tipo que estaba a nuestros pies, nos había dejado hace mucho, sería un pecado dejar su billetera desprotegida. ¿Cuáles eran mis intenciones de auspiciarle licor al chico de la gabardina? ninguna que rayara en ser buena samaritana, mi interés estaba en algo de su pertenencia y mi prioridad era despojarlo de eso que me gustaba, después de todo no lo conocía, ¿qué mal le podría hacer? —a tu salud extraño viajero—.  

✄---------
Barrios bajos | Mercado Negro | Hora Desconocida


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Re: Unravel. { Astrid }

Mensaje por Xevhra el Lun Feb 19, 2018 3:04 pm


— Unravel —


“Another drink, please and thank you.”


A fin de cuentas, algunos encuentros están predestinados a darse.

Y Xevhra siempre estaba predestinado a encontrarse con alguien.

Sus orejas gatunas se erizaron en el momento en el que oyó la puerta abrirse tras él. ¿Ya? ¿Tan rápido le habían encontrado? Por un instante cerró los ojos, focalizándose en aquel sonido: Eran pisadas decididas, con lo cual su portador portaba seguridad, pero a la vez… Resonaban con poca fuerza: El peso que aguantaban no era mucho. ¿Aquello significaba que era débil? Si lo era, podría lanzarse a por él/ella en el momento más inesperado. Una cosa estaba clara: Él se había prometido a si mismo que no iba a ser un arma, que no iba a matar por aquellos hombres… Pero mentiría si por un segundo no se le pasó por la cabeza la idea de matar. Podría ser libre, podría abrirse paso rápidamente y su propio cuerpo reaccionó a ello: Su mano izquierda comenzó a emanar un pequeño humo negro, conforme su sangre negra se solidificaba sobre su mano, sobre las uñas… Un pequeño set de garras capaces de devorar cualquier cosa.

Dio un pequeño respingo al notar la presencia a su lado, lo que le hizo abrir los ojos, desviando la mirada de reojo mientras cubría su mano izquierda con la manga de la gabardina. Allí estaba, quitando de su asiento a un pobre desgraciado, lo que le hizo alzar la ceja. ¿Aquello era una forma de demostrar su superioridad? La miró de arriba abajo sin ninguna clase de pudor… ¿Quién se creía? Parecía venir de la mano con el sarcasmo, y aquello no le gustaba… Por lo general, el sarcástico solía ser él: Le habían robado su papel, ¡Se sentía violado! No dudó en chasquear la lengua; A simple vista aquella mujer no parecía ninguna clase de amenaza, pero siempre no parecían ninguna clase de amenaza… Quizá le parecía demasiado bien vestida para el lugar en el cual estaban.

Su mirada se desplazó hasta el vaso del tabernero… ¿Acaso ya venían a por él? ¿& lo hacían de una forma tan… Descarada? Era imposible: Si fueran sus captores deberían de saber que su “sangre” era capaz de aguantar pequeños venenos, tales como los somniferos. De hecho, el organismo de Xevhra estaba diseñado para no necesitar dormir, sus nanobots hacían la función de neuronas muchas veces, lo cual le permitía “reposar” sin tener que estar reposando. Alzó suavemente la mano derecha, deslizando el índice por el cristal del vaso. Meditaba sus palabras, debía de ser cauteloso para lograr captar toda la información que aquella mujer, queriendo o sin querer, emitiera.

-Mira, no te trago. – A tomar por culo la sutileza. Xevhra no se calló lo que pensaba, y lo hizo volviendo a girar el rostro para encararse a aquella mujer. Sus orbes se clavaron en los ajenos mientras estos rotaban sobre si mismo, de una forma demasiado artificialmente orgánica. A su vez, ligeras trazas de carmesí se fueron dibujando en los móviles ojos del supersoldado. – ¿Quién me dice que no vienes a por mi? – Musitó, alzando el vaso para bebérselo de un trago. – Es mucha casualidad que un hombre y una mujer se encuentren asolas en un bar como estos. – Y entonces fue cuando miró a su alrededor, para añadir en tono bajo. – ”Asolas” lo decía metafóricamente, tu me entiendes… – Y entonces volvió a encararse a aquella mujer, tomando el vaso que había dejado a medias antes de la aparición de la susodicha. – Estamos en el mercado negro, tu lo sabes, yo lo sé, con lo cual me deja en tres posibilidades. – Y entonces fue enumerando con los dedos situados sobre su vaso, su tono de voz era acusador. ¿Producto del alcohol? Bueno, ojalá… Xevhra poseía la maldición o la bendición de que los pequeños venenos no le afectaran, entre ellos, el alcohol.

>> Uno: Eres una de las que va tras de mi. – Dijo, dándole un sorbo al trago. – Para lo cual te garantizo que podrías acabar un poco como… – Y no dudó en mirar por encima del hombro de la mujer, señalando con la mirada a aquel hombre que acababa de tirar. – Él. – Finalizó. No, no se lo iba a dejar fácil a los captores. Estaba harto, verdaderamente enfadado… ¿Querían su sangre? Esta bien, sangre es lo que tendrían.

>> Segunda posibilidad: Eres una cazaesclavos, lo cual me haría desear escupirte ahora mismo. ¿Qué clase de persona en su sano juicio se pasea por este lugar a estas horas de la noche? – Y lo decía con sinceridad, antes de agitar la cabeza en una pequeña negación, chasqueando la lengua. – Probablemente no acabarías mucho mejor que uno, pero es bonito saberlo. – Y no dudó en guiñarle un ojo, antes de aclararse la garganta y proseguir con su explicación.

>> Tercera y última posibilidad, que se subdivide… Eres una esclava más, y por favor, no me vengas con la tontería de “Es que no quiero que me llamen así” porque no me lo trago. – Y tras eso, dio un último trago a la bebida, dejándola en la barra con un pequeño golpe. – Puedes estar aquí cumpliendo órdenes, ante lo cual me remito a 1 y 2… O bueno, ¿Es sexista pegaros? ¿Es más sexista no hacerlo? – No dudó en llevarse la diestra a la nuca, rascándosela suavemente antes de proseguir.

>> Tambien puedes haberte escapado, lo cual me lleva a preguntarte, “viajera”. – Y tras aquello se volvió a apoyar sobre la barra, haciéndole un pequeño gesto al camarero para que rellenara ambos vasos. – De entre todos los sitios que hay en Nueva Londres… ¿Qué coño haces aquí? – Finalmente suspiró, rodando los ojos para volver a echarse sobre la mesa.

Él únicamente había venido a beber, no a preocuparse por cualquiera.

>> Sea lo que fuere, decide rápido que quieres ser… Odio cuando me hacen perder el tiempo. – Y entonces la miró de reojo, ya puestos, si quería hacerse la interesante, que se lo hiciera, podría sacar provecho de todo aquello. –Y ya puestos, antes de irte invítame a otra copa, esta corre de mi cuenta.







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Re: Unravel. { Astrid }

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