Grasa [Priv. Miami Willson]

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Grasa [Priv. Miami Willson]

Mensaje por Vega Scherer el Dom Mar 04, 2018 11:59 am

La inconmensurable noche, como en tantas otras ocasiones, se había hecho presente. El gran astro celestial, que dominaba a hombres y bestias con su luz, ocultando las ambiciones de tantos otros en su posición finalmente había sido derrocada por el poder del tiempo y sus ambiciones de dominación, que le hacían cargar en victoria al otro lado del mundo, librando de sus ataduras a las estrellas y a la gran luna media que protagonizaba la noche, una cicatriz que la partía a la mitad, un escenario poético para las fuerzas del bien y el mal que buscaban reclamar un mundo perdido.

Estrellas, testimonios de astros perdidos en un espacio más allá de la comprensión humana sin acallados, censurados por la incandescente luz de una ciudad que explotaba con vida, aun siendo esta falsa o robada, se convertía en su propia estrella, rechazando a las demás, convirtiendo lo que debería ser un firmamento en el que alzar la mirada debería ser un viaje al cosmos, en un gran espacio vacío, oscuro con una endeble luna ya olvidada.

Luces, ruido, voces, esencia que no solo describía al humano actual, sino que la mayoría de las razas se bañaban en el embriagador ambiente. Todas, iguales, reclamando su individualidad pero a su vez siguiendo el mismo camino, actuando como uno en un reflejo que les llevaba a múltiples direcciones. Entre aquel cardumen había, no un depredador, no un ser especial que podía ver más allá del arcoíris de deseos y pecados que los mantenía seguros dentro de los límites del mundo conocido, sino un ser que aspiraba llegar a ese lugar.

“Nunca quieres salir en la noche ¿Al final vas a intentar agradarle a alguien?” la voz resonó en su mente con un tono de intención hiriente, una voz venenosa que solo buscaba su destrucción, acabar con la poca vida que quedaba en sus ojos, convertirla en un cascarón vacío. La respuesta fue el silencio y pasos hacia adelante mientras se adentraban, para sorpresa de la bestia oscura, en callejones donde la luz no era más que un recuerdo.

Vista compartida, no memorias aquello era incomprensible para alguien como Vega, quien cubría su rostro con la capucha de una chaqueta tan negra como su futuro, con ojos sangrientos que veían a través de la oscuridad hacia un camino que no debería conocer. Las calles angostas comenzaban a ser pobladas por entradas de dudosa reputación. Sabía a donde se dirigían: se acercaban peligrosamente a los barrios bajos

Una emoción pobló su cuerpo ¿Qué era lo que pretendía? Las sombras que proyectaba su decisión, inconexa, falta de lógica y de seguridad era una emocionante tortura, una provocación que no podía hacer otra cosa que causar una sonrisa en los labios de una sombra proyectada sobre los finos labios de una joven extranjera.

Justo en el límite de lo humano y lo inhumano, una frontera imaginaria que separaba el injusto orden de la catastrófica anarquía el cuerpo de la albina se detuvo. Caminó rodeando aquella frontera, sin cruzarla ¿Tenía algún tipo de miedo? Sus músculos estaban relajados y el mayor esfuerzo que hacía era el utilizar la tenue luz de la luna como su guía, que dibujase su recorrido en un escenario negro.

―Hurt…― susurró mientras sus pasos bajaban su velocidad. Un olor fuerte y pesado dominaba el ambiente, conocido pero demasiado horrendo para ser reconocido. Un hedor no de muerte, sino de algo más, artificial, que no hubiera existido en un mundo sin humanos, uno de los múltiples pecados del hombre que crece sin límites o inteligencia. La mano vestida de negro de la joven cubrió su nariz y boca. A media calle ya era inaguantable, el oxígeno escaseaba.

Dentro de sus ojos, asentada dentro de su aquella maldición, aquella sombra poco podía hacer más que mostrarse curiosa. Los pasos continuaron. La saturación en el aire aumentaba, de usarse un artefacto de medición se vería que estaba por sobre el 10%. ¿Qué era lo que intentaba estrangularla? Ella lo sabía, no lo decía. No era sobrenatural, tampoco natural ¿Un mandato divino que la separaba de su destino?

Cual petróleo abandonó su alma deslizándose de entre sus piernas. Invisible pero muy real, la oscuridad que salía de su alma atrapó los pies de la joven Vega, una cadena invisible se paseó insolentemente por todo su cuerpo, apretándolo, hiriéndola en lo posible, mientras la personificación de su perdición se manifestaba a escasos centímetros de su cara, posando su mano en el cuello tierno y blanco de la encapuchada.

El viento azotó los altos tejados orientales de aquella zona de la gran ciudad, alguna vez rica, ahora, en abandono y decadencia. La débil mano de la inmóvil señorita ignoró el pesar sobre su cuerpo, sus ojos escarlata, nuevas estrellas de ese mundo de oscuridad se detuvieron en aquello que estaba a su lado, una puerta, un pedazo de papel cubierto de grasa, casi ilegible. Evidencia de tiempos antiguos previos al nacimiento de cualquiera de los dos seres, muy moderno para permanecer en los ancestrales recuerdos de los inmortales.

―¿Quieres conocer una historia?― pequeña, manipuladora, sabía que su agresora respondería positivamente, sabía que el negarle el conocimiento hasta ese punto haría que no pudiese negarse. Regente de las segundas intenciones, reina de las mentiras, despreciable y engañosa princesa de blancos cabellos. Ambas conocían la respuesta, tan solo una pregunta existió “¿Qué tipo de historia?”

―No es una historia de terror… es… una verdad incómoda…― las cadenas relajaron su agarre, atravesaron su cuerpo, ahora intangibles, inexistentes, volviendo al centro de su alma, volviendo a apresar su corazón y destino para la oscuridad. La diestra de la chica tocó la endeble madera de una puerta que no soportaría el uso de la fuerza, abierta, demostrando la falta de espíritu hacia la presentación de ese lugar. ―Es la verdad de lo que ocurre cuando alguien ha perdido del todo― su mano se posó en la perilla, la saturación del aire aumentaba, era difícil respirar. ―Quiero verlo…―

La vibración de sus cuerdas bucales, el sonido de su voz se detuvo dando lugar a un profundo silencio. No hubo pasos, no se escuchó su dificultosa respiración, un momento donde, mirando a la puerta cerrada, solo existió oscuridad mientras luz y oscuridad, mente y corazón giraban lentamente el picaporte. Detenidos al escuchar algo ¿Pasos? ¿Alguien más vendría a atestiguar cuando Dios y los humanos abandonan unas pobres almas?



―Hablar― {#ffffff}“Pensar Mandy” {#cc0000}“Pensar Hurt” {#6600ff} – Narrar
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Re: Grasa [Priv. Miami Willson]

Mensaje por Miami Willson el Miér Abr 25, 2018 12:09 pm

Oye tú - Inquirió con una voz amenazante pero a la vez seductora que seguramente el joven no sabría diferenciar entre el peligro y la coquetería que llevaba la mujer.

El ruido de la botella rompiéndose contra la mesa fue un ruido estruendoso que se hizo escuchar por  cierta área en el bar, quien causaba ese espantoso sonido no era nadie más ni nadie menos que Miami que con un rostro de burla se atrevía a encararse al pobre barman, ya encogido de hombros por el miedo que producía la fémina con esa cara de zorra que tenía - ¿Qué puta broma es esta? - El silencio se hizo en aquella pequeña habitación apartada de la principal que daba muy cerca de la salida - ¿Me estás diciendo que me tengo que tomar esta puta mierda tan pequeña? Mírala, es peor que la polla de tu viejo - Le devolvió de manera bruta la botella al joven aunque obviamente este se apartó para no cortarse con el filo que había dejado su pequeño “destrozo”.

Rostro de indignación, pose relajada así como desvergonzada encima del taburete donde estaba, con el brazo apoyado en la barra y las piernas abiertas, la imagen que daba la morena no era precisamente la de una mujer fina, no era la reencarnación de la feminidad, no , era una imagen vulgar de una fulana cualquiera con dinero; era la imagen de Miami en todo su esplendor - Ponme un puto barril ¡me cago en dios! - Y con el golpe en la mesa el barman corrió a cumplir su pedido. La gente a su alrededor se quedaba estupefacta, no era una mujer decente, no era mujer delicada que se sentara en el asiento con las piernas cruzada y una sonrisa de buena presencia en el bar, no , esa mujer atraía miradas por su forma tan rudimentaria de ser, alguien que se sentaba con las piernas abiertas, sin miedo a que se le vieran las bragas, algo encorvada, como si estuviera en su casa y encima con el cigarro entre sus labios , solo levantaba comentarios de mala gana la verdad.

Debería ir a fregar los platos o a hacer cosas más femeninas…


Ese comentario se escuchó en en lo silencioso del fondo. Solo una calda hizo falda antes de que Miami se levantará el vestido, como la perra vulgar que era, en un gesto de desagrado- PUEDES COMERME EL COOOOOÑO - Fueron las últimas palabras que pudo decir antes de tomar al hombre que lo había dicho del cuello de la camisa colocándolo contra la puerta de un solo golpe , bruta y tosca. El hombre se estremecía en el agarre ajeno, no era fácil estar a merced de un ser como una súcubo - ¿Qué pasa? ¿Te han comido las pelotas el gato? - Su diestra, la libre, tomó su propio cigarro apagandolo en el ojo ajeno , sin importar el par de chillidos que se le salía y como se retorcia, la parte encendida se frotaba lenta y tortuosamente contra el ojo ajeno, que ya sangraba un por la proximidad del punto lagrimal inferior, y en un instante, de la risa que le dió a la mujer acabó por romper la puerta, solo un trozo, alejado de Vega. El hombre tirando en el suelo y Miami con esa sonrisa triunfadora en los labios fue lo único que a sus sirvientas preocupó pero aún más les preocupó la pobre chica - R: Señorita… - Tosió la azabache mientras señalaba a la niña tras la puerta, Miami no le tomó importancia hasta pasados unos segundos donde dio un saltito girándose hacia la nueva muchacha que aparecía en un escenario con solo chillidos de dolor como banda sonora - ¡Hostia ! Perdona, ¿estás bien, pequeña?  - Se acercó a paso ligero y con una sonrisa confiada colocando entre sus labios un pequeño cigarro a la vez que se tomaba las libertades de acariciar sus cabellos con la izquierda, tan libertina como siempre la negra - Supongo que casi te hago daño, dime , ¿qué hace una cría por aquí? -Era curioso ver a una chica tan menos y más en un lugar como ese, aunque no la culpaba, ella hacía lo mismo hacía tiempo así que no le dedicaba una mirada de extrañez o asco, solo una un tanto amistosa, a Miami le gustaban los niños al fin y al cabo, siempre y cuando no le colmaran la paciencia.

Spoiler:
1) PERDONA LA DEMORA ! 2) La forma de súcubo de Mia es la negra solo que me da palo hacer edit a la ficha de momento, gracias(?)
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Re: Grasa [Priv. Miami Willson]

Mensaje por Vega Scherer el Lun Abr 30, 2018 2:05 pm

Silencio, el mortal e inmisericorde silencio se hizo presente tras el cese de aquellos pasos. La puerta corrediza, antigua, demacrada, desecha hasta su estado más endeble en el que un fuerte viento sin duda la hacía pedazos, se había movido un par de milímetros dejando escapar aire concentrado, repleto de saturación, casi sin oxígeno lo cual hizo que la muchacha retrocediese tosiendo.

“Por supuesto que iba a pasar esto idiota. Ya notabas que te comenzaba a faltar el aire. Si algo así ocurría dentro estarías muy muerta” Segundos pasaron mientras la muchacha recuperaba su respiración, el antiguo restaurante de temática japonesa había sido clausurado por esa razón, la grasa flotaba por el aire haciendo cada vez más difícil respirar, incontrolable, un lento envenenamiento más allá de la comida que había marcado el territorio de una tragedia.

“No se puede estar muy o poco muerta…” Respondió mentalmente a la voz burlona mientras se recuperaba, una defensa impenetrable detuvo a la fuerza imparable de la sombra que intentaba tomar su cuerpo nuevamente en semejante momento de debilidad. Sus ojos pesados miraron nuevamente la puerta entreabierta quien seguía liberando aquel aire pesado, casi visible de la concentración de humedad en el mismo, las fauces del monstruo que casi consumió a su confesora se abrían para ella, invitándola a entrar.

―¡Me cago en Dios!―

Un grito furioso y desenfrenado se hizo eco detrás de sí, las señales neón de un bar de mala muerte, el tipo de lugares en el que cualquier persona consiente se alejaría, un lugar donde solo los problemas podían existir y donde la tasa de mortalidad se alzaba, confinado por una pesada puerta de madera. “Tu modelo de vida” pensó en la batalla constante entre ambas mitades del mismo ser.

Pese a la sanidad, pese a la batalla de ambas y la cautelosa operación de infiltración en aquella historia de terror ni una célula de su cuerpo negó los pasos curiosos que se alejaban del aire cargado que irritaba su garganta y pulmones en dirección al bar ¿Qué era lo interesante de una mujer que gritaba algo así? ¿Quizás la línea de diferenciación entre sí misma y las personas de esa calaña? “No sabía que tuvieses esos gustos. ¿A qué te gustaría conocerla?”

―¡PUEDES COMERME EL COOOOOÑO!―

Cierto fue que ambas se sobresaltaron ante semejante grito, ahora, tan cercano como al otro lado de una fina barrera de madera. “Confirmado” pensaron ambas partes, cada una respecto a su propio insulto previo justo antes de escuchar un fuerte golpe en la puerta y la sombra de dos pares de pies colándose por debajo de la puerta ¿Qué era lo que estaban presenciando? Aquella brutalidad ¿Qué estaría ocurriendo dentro?

Ambas partes, parcialmente congeladas ante los comentarios de la evidente agresora, los gritos y los chillidos retratándose la escena en el interior de su mente conjunta, haciéndose la imagen de una mujer brutal, fornida, capaz de romper la puerta en dos de un cabezazo, siendo que era parcialmente cierto ya que la puerta no tardó en ceder dejando a un hombre demacrado e inconsciente a sus pies y a una mujer que evidentemente se sentía satisfecha y orgullosa con su acción junto con una acompañante que hizo notar la presencia de la albina. “Está loquísima” pensó Hurt “Comienzas a hablar con sentido” respondió Mandy

La mujer, finalmente notando su presencia se acercó y acarició su cabeza dejando un comentario que aunque no pecaba de falso, no era precisamente el mejor a dejar en aquel momento. Entrecerró la mirada dejándole cierta indiferencia a la mirada fría que sus ojos escarlata la propinaba.

Miraba tras de la mujer, su acompañante pasiva y obedientemente esperaba a hacer algo, mirándola fijamente, como si esperase un ataque por su parte, como si la persona más peligrosa que acababa de apalear a un hombre hasta (en su opinión) dejarlo lisiado de alguna manera no fuera la que le acaricia la cabeza. Los demás solo miraban interesados el evento pero por suerte no había teléfonos levantados retratándolo para la posteridad.

―Estoy bien, venía a confirmar una cosa cerca de aquí…― evitó decir que no era una cría para esquivar el estereotipo que inevitablemente caería sobre ella, no obstante, tomó el antebrazo de la contraria y lo movió intentando no ser violenta, pero alejando la mano ajena de su cabeza. “Dile que nos debe una bebida” pensó incoherentemente la sombra “Pues… No es mala idea” ante la respuesta no hubo más de un segundo de silencio “¡¿Qué?!”

―Vengo caminando desde la zona de comercios generales, está algo lejos así que, podríamos arreglar esto si me das algo de beber― de nuevo, la albina en su forma natural mostraba su total incapacidad en habilidades sociales, no obstante, no se mostraba asustada o aturdida tal como debería estarlo, en lugar de eso la naturalidad e indiferencia poblaban su actuar, sorteando al hombre quien, fuera de combate, reposaba, acercándose a la puerta rota.

―¿Le parece bien?―



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Re: Grasa [Priv. Miami Willson]

Mensaje por Miami Willson el Jue Mayo 31, 2018 11:50 am

Ama - Inquirió la maid mayor, con cierta hostilidad, pisando al hombre con algo de fuerza mientras se cruzaba de brazos- ¿Está bien?- Le limpió la sangre con un pañuelo de manera gentil, suspirando suavemente. Por parte Miami le arrancó el pañuelo, limpiándose ella misma - estoy bien estoy bien, tranquila - Le guiñó el ojo de manera juguetona, sorprendiendose por el carácter de la cría- ¡Vaya! Qué carácter tienes, me gusta - Le dedicó una gran sonrisa a la pequeña a la vez que observaba a la “basura” , o a lo que a sus ojos era una maltrecha pieza más, jodida, como muchas- Bien pues una bebida será, pero una, que el dinero no me cae del cielo- Miami precisamente era bastante tacaña a la hora de devolver aquella especie de favores, no le gustaba malgastar el dinero en otras personas , solo las malgastaba en lo que era ella misma y sus valiosas piezas de maquinaria, como de costumbre.

Sus pasos se adentraron nuevamente en el recinto mientras la maid, la primera de todas, se quedaba atrás para poder vigilar la entrada y que nada pasara a ambas damas, ahora tenía una invitada a la que cuidar y su lema era ser lo más eficaz posible. La morena dio unos pasos un tanto divertida mientras los clientes se alejaban de ella, parecía peligrosa, lo era.

-Una copa para mi y para la peque….- La miró de reojo calculando más o menos la edad de la chavala, no quería darle licor a tan temprana edad...o si- A ella metele un zumo o una fanta con vodka, un licor un tanto ligero, pero tampoco te pases - Fue una orden directa que el joven acató sin dificultades. El barman sacó los vasos, las bebidas y se propuso impresionar a ambas damas, aunque a la asiática no se le impresionaba de manera fácil.
-Bien, cuando quieras puedes servirte… a ver …- Buscó en internet : “cómo tratar con niños. Primer paso: preséntate de manera amable, con alegría” - Ahm…- La fémina no pudo evitar sonreír nerviosa, asintiendo mientras leía de reojo - Yo soy Miami, Miami Willson, trabajo como distribuidora de armamento militar, haciendo androides, biotecnología, etc. Todo lo que tenga que ver con la tecnología - Aclaró la mujer, leyendo otra vez de reojo el móvil, esbozando una sonrisa repentina, como si no tuviera ni puta idea de como tratar con gente de su edad - ¿Qué te trae por aquí a ti? Es… Eres…- En su mente se le pasaban un seguido de palabras que ...No le hubieran gustado decir pero que estaba tentada a decir a su vez- Enana, pitufa, renacuajo, medio metro, bicho....Criatura del mal engendrada por alguien - Pensó un momento mientras buscaba la palabra correcta - Menor, no se suelen ver menores en esta área a decir verdad… Bueno sí pero no entran a bares a menos que sean prostitutas o ladrones y no tienes pinta de eso, no - Una vez con la bebida en la barra tomó el vaso para dar un buen trago, todo para dentro de una. Roberta había vuelto hacía unos momentos para informar a su jefa de la situación en cuanto a negocios - Señorita, el señor Chaipon ha venido ya..Sugiero que deje a esta pequeña en mis manos y se dedi — -Calló a la mujer con la mirada, suspirando de una manera pesada, con rabia- Callate, que ella misma decida… Sabes que ese hombre puede esperar así que da igual - Le echó una mirada cómplice a la niña - ¿Quieres ver algo de acción?
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