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Yuuki Baskerville
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el Mar Mar 06, 2018 12:15 pm
Cerca de las 12:00, de madrugada, aquella estudiante que aún vestía con su uniforme bajo la gabardina roja, acompañada de Kyem, su pequeño gato blanco y de ojos azules. Ambos de vuelta a casa, se dejaba sentir esa brisa helada mientras andaban, entonces, Yuuki se detuvo. -¿Escuchaste eso? -susurró a su gato sin esperar respuesta y desvió la mirada hacia grandes árboles y arbustos, su mente juraba haber escuchado el sonido de un reloj cuando marcaba las 12 en punto. Su rostro se vio reflejado en confusión ¿cómo podría haber un reloj en medio de la nada?, estaba por creer que era su imaginación cuando su compañero comenzó a olfatear el suelo y lanzarse a correr a donde ella miró. -¡Kyem! -susurró con estrés y corrió tras el, se suponía que tenían que volver a casa antes de que saliera el sol...todavía estaban lejos.

Notó aquella mancha blanca dar saltos ágiles entre las sombras y ramas, como si tuviese que atravesar un bosque, cuando por fin encontró la luz de regreso, la joven sorprendida de encontrar una antigua estructura, como si hubiese sido una escuela o una iglesia, no estaba segura. Ruinas. Yuuki se giró y notó un enorme cementerio, totalmente despoblado a juzgar por la neblina que salía. Realmente estaba sorprendida, nunca imaginó que un lugar así podría existir...y antes de pensar algo más, se dejó escuchar el campaneo del reloj con más intensidad. Un escalofrío recorrió su cuerpo y volvió a observar que Kyem estaba en la entrada, logrando meterse entre unas torres que habían caído. -¡Kyem ya basta! -susurró y avanzó. Por supuesto que no le divertía nada lo que estaba haciendo, no tenía ganas de jugar en un sitio así pero al mismo tiempo sentía que trataba de decirle algo.

No tardó en escalar un poco aquel montón de escombros y dar un salto para caer del otro lado, donde por fin encontró un pequeño espacio donde antes fue la puerta. La hechicera se agachó y gateó para cruzar y entrar. Sus manos encontraron un frío azulejo intacto, madera y vidrios rotos por todas partes. Manchas de un rojo oscuro y negro en ciertos puntos, el lugar era enorme. Solo por una de las ventanas más altas dejaba entrar un poco de luz de luna, que alumbraba la parte central. Justo ahí Kyem miraba a alguien, estaba segura. Le daba la espalda a ella pero estaba sentado mirando de frente algo más, solo que ella no podía notar aquel lado, que era oscuridad como su posición. Entrecerró los ojos pero no pudo notar nada, dejó pasar unos segundos tomando suficiente valor para mostrarse a la luz, donde el sonido de sus zapatos se hizo presente y en ella, una mirada seria. Kyem seguía mirando pero al sentir a su dueña cerca saltó hasta su hombro y maulló al vacío.


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Drake Ytherazh
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el Mar Mar 06, 2018 10:55 pm
Cuando el alba finalmente cedía y la oscuridad se hacia el manto que cubría la ciudad, era cuando su verdadero trabajo salía flote. ¿Cómo se imaginan a la muerte? Era una pregunta que variaba entre cada civilización, cambiando cada pocas épocas. Siempre estaría presente esa duda, siempre estaría la incertidumbre de cómo se vería aquella hermosa dama eterna cuando estuviera parada enfrente de uno. ¿Cuántos imaginarían que la muerte no era quien llegaba a darles la mano y los animaba a pasar al otro lado? No, la muerte era mucho mayor que eso, mucho más antigua y con deberes mucho más profundos. No era ella quien daría la mano a los muertos esa noche, era él, aquel hombre que con castaños cabellos se deslizaba por el aire, fundiéndose entre las sombras que reinaba sobre las luces de las calles, invisible ante los ojos de todo ser que caminara por los adoquinados suelos de la ciudad del pecado.

Sus ojos dorados eran lo único que podían distinguirse en su avance, el resto de su cuerpo yacía invisible para poder cumplir sus deberes, buscando aquella energía que tenía toda la tarde molestándole, deambulando tal cual polilla hacia una luz que le atraía por su natural instinto. No le tomo demasiado, la visión aérea le dejo en claro cuál era su objetivo, aquel desolado y derruido lugar que solo parecía gritar muerte y abandono, un lugar perfecto donde las almas de los caídos nunca encontraran verdadera paz, solo una solitaria eternidad. Fue por esa idea, esa imagen, que aquel ser que bien pudiera ser llamado parca empezó a deslizarse hacia abajo en el cielo, hasta que sus pies finalmente tocaron la tierra de aquel terreno abandonado, a cada costado de su cuerpo alzándose hileras de tumbas sin nombre, las hierbas ya eran el único follaje que recorría toda el área, mostrando los años que habían pasado sin un mantenimiento adecuado.

-Díganme… Sus nombres… -susurro el hombre, su voz grave y profunda perdiéndose en el vacío espacio que le rodeaba. Los alaridos se hicieron presentes, aunque rápidamente fueron ahogados por el sonido de las campanas de dentro del edifico junto a aquel terreno. Ese sonido fue ignorado por el hombre, quien solo mirara cada tumba, una por una figuras humeantes y humanoides se elevaron de cada porción de tierra húmeda y pútrida, mismas de donde venían esos tenues alaridos de agonía y tristeza- Es un placer… Vengan, cada uno… Denme su mano, ya no tienen que estar aquí… -Y mientras hablaba, en su mano se formo aquel baculo, delgado, oscuro y liso, que se extendió como si fuera parte de la oscuridad de la noche, casi dos metros de largo, formándose desde la punta una aguda hoja de forma triangular curva. Aquella hoja fue lo único que interrumpio la oscuridad del área, brillando por si misma con una luz platinada similar a la luna que se alzaba perezosa en el cielo-Vengan… Ya no deben sufrir…-

No tardó demasiado, aquellas almas ya estaban muy separadas de sus cuerpos, ya estaban muy cansadas de seguir ahí, solo pidiendo en su idioma inentendible un poco de paz, un poco de libertad, no tener que ver la misma tierra pútrida desde el mismo cráneo sin ojos por mas días, mas semanas, mas meses. Pero grande fue la sorpresa cuando se dio cuenta de que aquella no había sido la energía que había sentido. Si, habían sido alrededor de una docena de espíritus los que había acabado de mandar de un solo tirón, y ellos en conjunto tenían una energía considerable; pero no era esa la que había sentido que le llamara, no. Giro el rostro, el dorado de sus orbes brillando ante su objetivo; el edificio que bien pareciera una vieja iglesia ruinosa, abandonada por sus fieles, por sus sacerdotes y por su propio dios- Dime… ¿Recuerdas tu nombre? -

Le costó entrar, un poco mas de lo que le gustaba permitirse. El lugar estaba en ruinas y se veía de al menos media década de abandono. El polvo cubría cada rincón y cada mueble, mientras finalmente caminaba por lo que parecía ser el principal salón del recinto. Bueno, caminar no era lo correcto, al estar sus pies separados por escasos centímetros de aquella posiblemente sagrada estructura, avanzando como si diera un paso a la vez, cuando sus plantillas en realidad nunca tocaban el mármol del piso. –Donde estas… -susurro, aunque sabía que la única que pudiera oírle era la luna que en esos instantes entraba por los ventanales más altos y caía en diagonal hasta cubrir su cuerpo. Ni siquiera se molestó en hacerse invisible de nuevo, no debiera haber nadie ahí, por ello mismo le tomó por sorpresa el sonido de los cristales quebrándose bajo unos pasos nada cautelosos, girando el rostro para ver la imagen de una chica joven, cabellos castaños oscuros sujetos en dos coletas tan largas que pudieran llegar hasta su cintura, una gabardina roja que le recordara a antiguas leyendas de diablesas que salían en las noches por victimas a las cuales consumir.

-No eres quien me llamo… ¿Quién eres tú? –pregunto, dándose cuenta que era un ser vivo tan rápido como podía ver era una chica. Se giró por completo, mostrándose en aquel atuendo que nada tendría que ver con un ángel de la muerte. Aquella camisa negra con el logotipo de Black Sabbath, aquellas pulseras tachonadas en sus muñecas, aquellas perforaciones que decoraban su oreja izquierda y el cinturón de chapas metálicas que colgaba precariamente de su cadera. Una de sus cejas se alzó al ver igual al gato, ¿Aquel mínimo seria quien le hubiera guiado hasta ahí? Por qué no entendería porque una joven iría hasta tal lugar, ¿O acaso seria de aquellas chicas que gustaban por practicar el invocar espíritus para tratar de aprender sobre la nigromancia? Se había topado con unas así en una ocasión, guiadas de libros extraños para adolescentes jóvenes y páginas de internet que indicaban una cantidad de sacrificios que se le antojaban más o menos arcaicos- Perdona… Soy Drake, y no esperaba encontrar a nadie vivo aquí…-
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Yuuki Baskerville
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el Miér Mar 07, 2018 1:29 am
La espera ante lo desconocido no duró la guerra de Vietnam, en realidad a los pocos momentos notó una figura masculina salir. Una cabellera oscura, una vestimenta un tanto darketa, una mirada frío y estremecedora. Yuuki sintió un extraño escalofrío y retrocedió un paso. Su respuesta fue de igual manera inesperada. -Yuuki-contestó la presentación y le notó extraño. ¿Como no sabía que corría un riesgo? ¿Y si el resultaba ser uno de los cazadores que perseguían su gema?

-Supongo que no. Yo...tengo que irme
-dijo con un tono tranquilo y se dio media vuelta, sin embargo Kyem bajó de su hombro y caminó al joven. La estudiante se giró para llamarle con un par de chasquidos con su mano derecha y no hubo respuesta. Su mayor temor era que el extraño lo fuese a atacar, suponía que los gatos presentían seres, entonces debía confiar. Suspiró aunque algo inquieta y notó que Kyem ronroeó y pasó por sus piernas, le olfateó y maulló con confianza, siendo algo que le extrañaba mucho.

Parpadeó desconcertada y mantuvo esa distancia, apenas su cuerpo había girado un poco,le observó de reojo en silencio. ¿Porque Kyem estaba confiando en el? -¿Sabes que era este sitio antes? -preguntó luego de haber dejado ese silencio un momento. -¿Que haces tu aquí? -volvió a cuestionar, tratando de leer su mirada, interpretar su silencio y meterse en sus pensamientos. -Kyem...debemos ir a casa -le dijo en un nuevo intento de que su gato obedeciera pero este continuó con el. -Demonios, le agradas...-susurró con cierta molestia, en realidad, celos y sí, molesta porque si llegan a estar en problemas sería su culpa.


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Drake Ytherazh
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el Vie Mar 23, 2018 1:25 am
-Creo tu pequeño amigo no comparte tal idea… - Menciono el castaño con tranquila expresión. Sus ojos dorados parecían brillar en medio de la oscuridad de la habitación, aunque ya no observando fijamente a Yuuki, si no que en su lugar seguían el movimiento del felino quien poco a poco se le acercara con tanta calma- Es un gusto, Yuuki… ¿Y puedo preguntar el nombre de este pequeño amigo? –una sonrisa escapando de los labios del ángel de la muerte, mientras se ponía en cuclillas para así poder acariciar la cabeza del gatillo, en su muñeca se podía apreciar una pulsera de cuero negra, tachonada con decoraciones metálicas, mismos que reflejaban ligeramente la luz de la luna y seguramente serian atractivos para el pequeño felino.

-No necesitas irte… Pero no recomendaría quedarte… Este lugar es raro, no se quien este aquí, pero… Tiene demasiado tiempo arraigado a estas maderas… -suspiro un poco, enderezándose finalmente y observando a su alrededor. Sus orbes recorrieron la estancia, estudiando cada rincón, cada tablón; paseaba por las paredes y se deslizaba por el techo, mirando las decoraciones y los huecos, como si buscara algo que se ocultara detrás de cada sombra y penumbra. Pero no parecía encontrarlo, no sentía mas esa energía; estaba tranquila u oculta, no estaba seguro, pero no podía encontrarla, al menos no por el momento.

-Una iglesia… Una abandonada hace mucho tiempo por dios… Inclusive cuando aun estaba llena de vida… Y muerte –suspiro un poco, negando, mirando por la ventana como si buscara ver el cementerio fuera del lugar- El menos eso me contaron ellos… Los que murieron entre estos muros… -Susurro el hombre, con su expresión entre resignada y molesta, pero finalmente se cruzó de brazos, ladeando un poco el rostro, dejando ver las múltiples perforaciones en una de sus orejas, al quedar más descubierta por la posición de la cabeza, brillando ligeramente por el reflejo de la luna- ¿Qué haces tú por aquí…? Yo la verdad vine porque sentí algo aquí… Pero ahora no lo identifico… -mirando ceñudo la habitación de nuevo, molesto de no poder localizar la fuente de la energía que había estado rastreando. Pero un mal presentimiento empezaba a rodearle, debido a lo que los espectros que había recién hecho atravesar al otro lado le habían contado.

Eso le preocupaba, que la mayoría hubiera muerto ahí mismo, que muchos ellos de maneras horribles que no habían podido describir. Tanto tiempo atados a ese pútrido suelo había corrompido sus memorias en vida, borrado partes del momento de su muerte; pero las coincidencias entre tantas muertes y las formas era preocupante, un patrón, que indicaba intención detrás de todos los fallecidos. Eso y la energía que habia sentido antes le daba una pésima sensación, indicándole que, posiblemente, fuera mala idea quedarse demasiado por ahí.
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Yuuki Baskerville
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el Vie Mar 30, 2018 10:59 pm
Yuuki no quería molestarse, pero le disgustaba que Kyem no le obedeciera. Suspiró y se cruzó se brazos frente al extraño. Odiaba quedar mal frente a los demás por culpa de su felino. -Se llama Kyem...-susurró seria.

Desconfiaba en primera vista de que ese simple joven estuviese ahí primero que ella. Luego sus palabras la sorprendieron, como si se tratara de un adulto tratando de asustar a un niño con historias de terror. ¿Le dijeron? ella sintió un extraño escalofrío por lo que estaba diciendo, aunque también pudiese resultar que estuviera loco.

-Estaba persiguiendo a Kyem...-contestó y se percató de pronto como si fuera la historia de Alicia en el país de las maravillas, su gato tomaría el lugar del conejo y ahora podría ser que Drake el del sombrerero. ¿Era muy loco pensar algo así? La imaginación era libre, después de todo y quizá la única arma para los tiempos difíciles.

Suspiró con pesadez y se giró a ver su alrededor, aquella iglesia que algún día estaba viva...desaparecía. Cerró sus ojos supirando una vez más, efectivamente se sentía un ambiente frío pero habitado. Ella como hechicera podía sentir algo similar pero no escuchar voces. -¿Que más...te dicen? -susurró pensativa y se giró de vuelta a mirar al pelinegro. -Tal vez quieran ayuda...-le dijo extrañada. Sí. Eso podía ser, las almas que penaban se quedaban, según algún libro que leyó. Yuuki tenía ideas cortas sobre las almas y los fantasmas. Luego miró a Kyem ¿y si el podía verlos? ¿O era que se trataba de algún mito también?


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Drake Ytherazh
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el Lun Abr 09, 2018 7:26 pm
Posiblemente el agrado del gato fuera por lo mismo que las viejas sociedades del antiguo mundo, con sus culturas ya muertas y costumbres olvidadas entre el polvo, asociaran a los felinos con el inframundo, los muertos y su guía. ¿Cuántas estatuas adornarían las viejas ciudades de Egipto de gatos que cuidaban y vigilaban el paso de las antiguas almas hacia su correspondiente inframundo? Y el, como uno de los guardianes que habia llevado y llevaría aun centenas de miles de almas al otro lado, estaba sin duda ligeramente ligado al felino quien ahora estuviera siendo acariciado por sus manos.

-Kyem… Es un lindo nombre; y entonces Yuuki y Kyem, es un placer conocerles… -dijo con cierto desinterés, mas que nada buenos modales mientras se enderezaba, mirando a su alrededor. Era en efecto como suponía, ya no quedaba ningún alma en ese lugar, al menos no de las normales, después de todo seguía notando aquella intensa y oscura presencia rodearles, causando que sus orbes del tono del ámbar se deslizaran por la edificación, en un vano intento de enfocar la fuente de dicha energía, cada momento que pasaba le tenia en desconfianza- Uhm… En serio creo debiéramo salir pronto… -suspirando, no es que tuviera real miedo del espectro, sencillamente que pensaba que la chica frente a suya era una humana cualquiera, con muy mala suerte, que pudiera salir herida de quedarse ahí.

-Oh… Ya no dicen nada, todas ya pasaron a un mejor lugar –respondió pestañeando con suavidad, después de todo el mismo había acabado de enviar a todas las almas en pena al siguiente paso de la existencia- Ya he ayudado a todas, pero eres muy gentil en preocuparte –le sonrió con suavidad, dándose ligeramente la vuelta mientras miraba la habitación, recorriéndola con lentos pasos, tocando algunos de los muebles, paredes y decoraciones. No era como si la ignorara, sus sentidos estaban tan atentos a Yuuki como a la presencia, pero ese mal presentimiento le seguía invadiendo, como si la misteriosa fuerza se acercara

-Yuuki… en serio creo que debe… -No acabo de hablar, cuando el reloj de pie que estaba tocando parecio acelerar como lo haría un auto de carreras. Su rostro solo mostro sorpresa mientras era aplastado por el artilugio de metal y madera, arrastrado por el aparato hasta ser aplastado contra una cercana pared- Agh… -ahogo un gruñido, apartando el reloj de un golpe, haciendo el mismo se estrellara contra el suelo y se rompiera en pedazos. No lo pensó mas, era tarde, ese mal presentimiento se intensifico hasta quedar claro. No podía localizar al fantasma por que su energía estaba en toda la habitación, desde el yeso de las paredes hasta los clavos que sujetaban las tablas del suelo. Alzo su mano derecha, mostrando una expresión enojada en la que normalmente era un imperturbable rostro, haciendo aparecer en su palma un largo báculo que tocaría el suelo con la parte inferior, mientras que de la superior una afilada y larga hoja en forma de media luna se mostraría aguda y amenazante, un leve vapor grisáceo que recordaría al aliento de los fantasmas escaparía del brillo que despedía- ¡Yuuki, cuidado! –vocifero antes de lanzarse hacia ella, blandiendo su arma y destrozando un pedazo de escombro que había pasado volando directamente hacia ella- ¡Ponte detrás de mi!-
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Yuuki Baskerville
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el Mar Abr 10, 2018 11:53 am
Yuuki fue cuidadosa en observar al muchacho extraño, cada mirada que ponía en su rostro al pasar los segundos. ¿Ahora decía que debían salir de ahí? no comprendía, había dicho un momento antes que no había peligro. Dificilmente ella querría irse. -¿Irnos? ¡yo no tengo miedo! -le gruñó con aires de valentía y un poco de grandeza, quizá de más para su edad cuando vio aquel trozo pasar tan cerca suyo y finalmente ser destruido.

Su grito fue más como una orden directa, pero Yuuki sonrió levemente, avanzando poco a poco hasta ponerse delante de Drake. -No lo haré -susurró y finalmente cerró los ojos, quería escuchar y concentrarse de donde vendría el próximo golpe, tal como uno de sus viejos maestros le había enseñado. Pasaron solo 4 segundos cuando volvió a abrirlos y alzó su mano derecha hacia arriba, abriendo la palma de su mano una gran parte de la estructura se vino a bajo, sin embargo de su mano salió una gran luz, formando un campo de energía eléctrica como barrera, era inmenso, lo suficiente para cuidar de los tres. Los pedazos caían y golpeaban la barrera pero no lograban traspasarla. -¡Busca la salida! -gritó Yuuki un momento y dirigió su mirada arriba tratando de esforzarse en su magia.

La estudiante le hizo una mirada a Kyem pronto. -Ve con el, estaré bien-le dijo y alzó la otra mano para dejar libre su derecha, ésta logrando que Kyem sirviera como iluminación en el camino con Drake y de paso le sirviera a ella, que poco a poco retrocedía sin detener la barrera que cuidaba de los tres. Los segundos pasaban y Yuuki se seguía esforzando, temía que al final no pudiese lograrlo, ya que solía pasarle que se desmayaba al usar mucho tiempo su magia.


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Drake Ytherazh
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el Mar Abr 24, 2018 2:58 am
¿Cuánto hacia que no se encontraba con un espíritu malvado? No estaba siquiera seguro, tal vez un par de décadas inclusive, después de todo no eran tan comunes como la gente pudiera o quisiera pensar. Los espíritus no solían ser hostiles, después de todo luego de la muerte las capacidades de los que se quedaban atados en la tierra eran muy mermadas, solo existiendo pocos casos cuando la hechicería estaba de por medio que causaban fueran entidades etéreas más poderosas de lo que debieran ser. Pero eso era solo un ejemplo, ya que habia otros casos, cuando el alma era de un difunto especialmente poderoso, o de uno con intensas emociones que perduraran en vida, donde la fuerza del espíritu se veía incrementada de manera desmedida, y uno de esos casos estaba precisamente ocurriendo a su alrededor.

Aquel efecto postergáis se incrementaba, podía notar el suelo temblar, cada rincón de la cerrada habitación tintineando de manera lenta, como si el cuarto mismo tuviera miedo de la presencia que ahora le poseía y dominaba desde el techo hasta las vigas que de madera debajo del suelo que conformaban sus cimientos.- Maldición… tenías que ser de la clase cabezota… -dijo con el ceño ligeramente fruncido ante la negativa de la chica de salir del lugar, pero bien, luego de apreciar de primera mano el escudo de energía que les rodeaba, debía darle sus méritos a la chica, aquella era una excelente protección, mas podía notar que conllevaba de la misma manera un esfuerzo significativo, después de todo la expresión de la joven detonaba cierto estrés sobre su mente y cuerpo, dándole la idea de que era una hechicera joven, sin tantas reservas de energía dentro suyo que pudiera explotar para hechizos mas duraderos o poderosos.

-No… No hay escape… Mira –señalo al techo, mismo que, a pesar de haberse caído en una buena porción en un intento de aplastarles, volvía a reconstruirse como si de las partículas de polvo en el aire lograra arrancar la materia prima suficiente para dar forma nuevos tablones y clavos que remplazaban los que ahora les rodeaban en el suelo hecho pedazos. - Esta poseyendo toda la iglesia… Su conexión con este lugar es intensa… No solo por vivir aquí, si no por todas las vidas que arrebato entre estos muros… Toda la sangre derramada, todo el odio de los asesinados, todo el resentimiento de sus espíritus… Maldijeron este lugar… -susurro con cierta furia contenida, ya que todo aquel poder acumulado evitaría que pudieran escapar, mientras no capturaran al espíritu, abrir alguna puerta sería imposible, romper alguna ventana solo se repararía en segundos; aunque logran salir, fácilmente pudieran aparecer de nuevo ahí dentro; ¿Y por qué? Porque su espíritu envolvía el lugar, era como estar dentro de su alma, un espacio que, aunque abierto en apariencia, en realidad estaba cerrado.


Las maldiciones del pelinegro se hicieron más presentes, mientras notaba como fuera de la burbuja que había creado la chica la habitación parecía acelerar su retroceso. Las paredes se reconstruían, las ventanas volvían a quedar intactas y brillosas, los bancos de madera se armaban de los escombros, junto con cruces y decoraciones en las paredes; guirnaldas recorrían los muros de la estancia, decoraciones de cristal se formaron en el techo, sujetos por cables de metal delgado, la habitación rejuvenecía, hasta dar la imagen que debía tener hacia bastantes años, la de una iglesia en todo su esplendor, que invitaba a los creyentes a rezar y orar, a buscar tranquilidad y, los mas desafortunados, el regalo de la muerte a manos del sacerdote quien ahora poseyera todo ese lugar. –Esto si es… Muy malo…-
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Yuuki Baskerville
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Ayer a las 1:19 pm
La hechicera estaba asustada, pero lo que vino después la paralizó, era como un extraño sueño, el lugar dejó de ser ruinas y pasó con gran luz a convertirse en lo que hace muchos años fue, lucía intacta, por las ventanas de cristal entraba la luz del día, todo estaba perfectamente ordenado y limpio. -¿Qué...es...? -susurró desconcertada mientras soltaba su poder y se detenía boca abierta a mirar.

Había mucho silencio y el ambiente daba paz, pero era exactamente eso lo que la hacía desconfiar tanto. -¿Que esta pasando? -susurró nuevamente, ya no se atrevía a hablar ni en un tono normal. Se giro completamente sobre sus pies y sintió estar en otra época, incluso escuchó alguna carreta afuera, un par de caballos y ciertas risas...luego campanadas, una y otra. Yuuki miró tras ella donde se encontraba la entrada de la iglesia cerrada, un enorme tapete rojo les recibía...pero hubo algo más escalofriante. Kyem ya no estaba.

-¿Kyem? -susurró Yuuki realmente dolida mientras sentía que sus ojos se inundaban en lágrimas. Suspiró y contuvo la respiración un momento, era una imagen bella, pero sabía que era una ilusión de algo mucho peor. Negó con la cabeza y se colocó al otro lado del sujeto de cabello negro, colocando su espalda con la de él. -Bien...seguro lo que venga, necesita de ambos para salir con vida -exclamó. ¿Estaban esperando a alguien? ¿O algo? ¿Un peligro o una salida? Yuuki no lo sabía, solo sabía que tenía que ser fuerte, más que cualquier otro día, más que siendo una simple humana, ahora las campanadas sonaron más rápido y más fuerte a manera que el propio suelo parecía temblar.


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