Divided We Fall - Privado Jinetes-

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Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Valhalla Sieg el Sáb Mar 17, 2018 1:23 am


“El Señor es Rey eterno, los paganos serán borrados de su tierra.”

Habían sido invocados. Despertó como siempre, con una pulsación en su corazón que le hizo reaccionar sobresaltado sobre la cama, una pulsación de adrenalina que se extendió por todo su cuerpo para que despertara más rápido, para que su reacción más obvia fuese moverse de la cama para poder ponerse en marcha. Escuchó el llamado de su Señor y ya era tiempo de acudir a él, de cumplir su voluntad. Ese día sería cuando bajaran a la tierra a cumplir las profecías de las cuales todos temían, pero que dudaban de que llegara finalmente el día. ¿Por qué negarían las palabras de Dios, cuando era demasiado obvio que el tiempo había llegado? Pero esta vez no lucharía solo, esta vez tendría aliados a su lado que alzarían sus armas en batalla, acompañándole hasta la última instancia, esta vez tendría a sus hermanos acompañándoles en cada paso.

Se alistó rápidamente y destinado a encontrarse con una batalla apenas tocaran la tierra de los humanos. Su armadura, liviana sobre su cuerpo pero poderosa para que ningún arma pudiera atravesarla, se ciñó a su torso y a su cuerpo, dejando ver una flexibilidad que solo un buen material permitiría, y una fuerza deslumbrante, que parecía ser fabricada de oro puro. Tomó sus armas y las ajustó a su cintura y una de sus espadas a su espalda, y descendió de sus aposentos en los monumentos hasta las arenas del Paraíso, en donde estaba preparado su caballo. No se había encontrado con ninguno de sus hermanos todavía, pero ellos ya habían recibido el mismo mandato que él al despertar, ya habían sido invocados y quizás también se estuvieran preparando para la batalla. Montó a su fiel Sieg antes de salir del paraíso, descendiendo hacia la tierra de los humanos, hacia los muros que rodeaban la ciudad donde bullía el pecado en sus calles y bajo ellas, su destino era New London.  

“Los hombres se meterán en las cuevas de las rocas, y en las grietas del suelo, ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad, cuando él se levante para hacer temblar la tierra.”

New London debía estar advertida de su presencia. Hacía siglos que no bajaba a la tierra, y remontarla de nuevo sobre su caballo transformó también el camino por el cual estaba transitando, y su propia apariencia. Las ruinas antiguas en donde se abrió camino temblaron por su presencia, algunas terminaron por destruirse mientras avanzaba a un paso lento, apaciguado, pues quería contemplar en qué se había convertido ese lugar con la ausencia de su vista hacia la tierra. Un lugar árido, desierto, oscuro y siniestro que se alzaba más allá de lo que la vista lograba captar, y un poco más allá, el destello de la ciudad que contenía todo ese pecado, esperando expandirse sobre la tierra. El sonido audible del casco de su caballo chocando contra la tierra era el que marcaba el ritmo también para su respiración y el palpitar de un corazón, de los jadeos que escapaban de su boca cuando se detuvo en las ruinas de lo que parecía un antiguo templo.

En tiempos pasados, sabía que en esos lugares invocaban el nombre de Dios, alababan con cantos su presencia y ansiaban la llegada de la justicia a su tierra devastada por el odio y la corrupción. En esos templos, que ahora eran ruinas, se llamaba justicia a la mano de Dios que castigaba a los impíos, a la mano de Dios que premiaba a los justos y a los verdaderos seguidores de su nombre. Así había sido antes de que todo aquello fuese arrasado de los corazones creyentes, o antes de que todas esas almas perdidas se sumergieran en la corrupción de los pecados que ahora debían enfrentar. ¿Habría almas que recordarían esos días? ¿Habría almas que podrían ser salvadas? Descendió de su caballo dando un suspiro bajo, un suspiro marcado por el vapor en contra del clima frío, guiando a su caballo hasta un lugar donde dejarlo amarrado y finalmente entrar al templo, o mejor dicho a las ruinas que aún se sostenían en grandes pilares de piedra.

“Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso.”  
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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Trémulo Artorias el Lun Mar 19, 2018 5:07 pm

The art of war
El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

”Agnus dei  qui tollis peccata mundi […]”

Observar. Tú papel es arrebatar la tranquilidad, levantar los pilares cual hércules para después dejarlos caer encima de aquellos protestantes que aborrecieron la palabra de Dios, habías mantenido mucho tiempo tu mirada en la lejanía, pasando entre los hombres que se acongojan en la miseria, entre salivas rezan y luego juzgan con hipocresía los actos del mismísimo dios. Oh, el señor debería perdonarte por ser de aquella forma, no podías moverte cual pieza de ajedrez en ese campo al menos que estuvieran todos reunidos, esto no se trataba de un simple ataque de un solo hombre, no se trataba de hacer que la guerra explotará, pero si bien era posible que tu presencia cual Caronte consumiera todo a su paso tendría que estar la Victoria, la Muerte y el Hambre.

La orden del señor era lo que eras, pertenecías a todos los lugares, manejabas todas las piezas, eras simplemente el blanco y el negro, pero al final quien levantaba el arma para estocar el filo en la carne eras tú. Tú nombre es gritado, las voces que se estrellan en el suelo, las lenguas que lamen la tierra, el llanto que es consumido por las manos falsas y al final la rabia, te había tocado ver a ángeles rendirse ante la absolución, sollozar con culpa frente a tu suela, desear saber más sobre lo que esconde tu pensamiento y pedirte beber de esa sangre de oro para escuchar lo que tú mismo soportas, pero ¿Cuál es el pago de aquel que ha dejado su camino?

Imprudentes. Todos los ángeles han sido de esa forma, enamorarse de los humanos, compararse con ellos al punto de desear lo ajeno es lo que diferenciaba la estirpe de un Jinete. Eran las bases, las escrituras, los sellos del apocalipsis.

Has sido llamado, desciendes con tu armadura al rojo vivo.  Te toca respirar el aire pesado que se ha colado en las fosas nasales, el caballo que ha quedado ciego relincha, pero sigue su andar, a lo lejos observas al hombre que al parecer fue el más puntual de todos por lo tanto dejaste el corcel aun lado del hombre que también es tu hermano, es Victoria. Ha pasado un tiempo desde que le observaste, habías conocido a muchos Victoria, tan distintos, tan diferentes y con matices poco …propios, en realidad muchos de los hermanos a tu consideración tenían eso que te faltaba a ti, esa propiedad, esa insistencia, esa … permisividad.

”Protho palustisanet ut actus […]”

– Quien lastima sus manos en un acto de fe es el hombre que rige en los cielos, si hemos despertado hasta ahora y en más de una ocasión ha sido por una razón, Hermano. – Te acercas a él, te mantienes erguido a su lado – Es bueno tener que verte de nuevo, supongo que ahora tendremos que decidir el destino de aquellos, no hay límites para no limpiar estas tierras. – Observas el cielo, se torna cómplice de los actos que están a punto de presenciarse.

Te mantienes calmo. Eres guerra, cuando se abría el segundo sello lo único que se escuchaba en tu pensamiento era << ven >>




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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por A. Persephone Skóuros el Sáb Mar 31, 2018 4:24 pm

❝can you hear heaven
cry tears of an angel
Hay silencio a su alrededor, hay tanto silencio que comienza a parecerle desesperante, pero una voz rompe con aquella sensación, una voz que sosegada parece llamarle, pidiendo que aparezca, que responda al llamado, que monte de nuevo su fiel corcel y traiga aquello para lo que fue concebida. Y mientras mira al cielo, al firmamento que ahora mismo está plagado de estrellas, oscuro y atrayente, vuelve a escuchar aquella voz aterciopelada en lontananza, pidiéndole otra vez que se presente.

En su siempre regio rostro, expresión que taciturna muta prontamente a una sonrisa tranquila, una curva delicada que adorna sus rosados y finos labios en medio de un gesto del más puro agrado, decide ella responder al llamado de su señor, descender como se tenía previsto, y cumplir con la encomienda que se le dio desde un inicio. Y así, Hambre desciende, su fiel caballo le espera ansioso, y resopla con agrado cuando la fría pero suave mano de la doncella se posa sobre su delicada crin y le brindaba caricias que distando de lo cariñoso parecían brindarle al animal una sensación de tranquilidad.

Subió a su caballo, y con un aura oscura rodeándole tan pronto lo hizo, inició una cabalgata rauda, directamente hasta aquellas ruinas que sabía la recibirían contentas. Persephone era tan silenciosa, tan cautelosa, que su presencia sólo se anunciaba con el estruendo causado por su caballo, únicamente el cabello negro ondeando al viento siendo prueba fehaciente de que al fin había arribado.

La cercanía se hizo más notoria a medida que pasaban los segundos, el mundo de los humanos le recibía como una vieja amiga, pero al mismo tiempo parecía temblar con su presencia, aunada además a la de sus hermanos, a quienes alcanzó a divisar desde la lejanía. Pero no habla, no recita una sola palabra, su voz es presagio de muerte, su presencia aquella que los menos afortunados más temen, sólo mira a aquellos hombres con una expresión tranquila, rayando en la indiferencia, mas en su mirada notándose una clara emoción por verles de nuevo. Guerra se vuelve entonces centro de su atención, a quien por inercia dedicó una breve sonrisa, fugaz y efímera, antes de volver a su siempre presente seriedad. Y a Victoria, ah, Victoria, una mirada que denotaba respeto, pero también cariño, ¿quién diría que alguien tan lejana y hermética como Hambre, tan enigmática y silenciosa pudiese tener tales muestras hacia otros? Era tan extraño que inspiraba temor, como cuando sabes que el peligro te acecha, pero no eres capaz de alejarte.

Ha sido mucho tiempo desde el último encuentro —se animó a murmurar, voz aterciopelada y delicada. Peligrosa, letal... pero al mismo tiempo atrayente.

Esperaría entonces lo que viniese, la razón de su llamado, de su despertar en ese mundo tras siglos de no cabalgar la tierra, siglos de tener a su corcel pidiendo su atención, siglos de observar desde la lejanía a aquel mundo en el que no existía más que una lucha interminable por el poder, un poder que les sería arrebatado con la máxima crueldad que se merecían.


❝tears of an angel
Stop every clock, stars are in shock, the river would run to the sea. I won't let you fly, I won't say goodbye, I won't let you slip away from me... Can you hear heaven cry the tears of an angel?
Spoiler:
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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Mortem Ascensorem el Mar Abr 03, 2018 12:40 pm

Divided we fall
Obey the Lord.

Nunca dormia, siempre alerta, siempre dispuesta a escuchar las palabras del Señor. De su amado. Por fin, el gran dia habia llegado, aquel del cual las profecias hablaban, aquel dia en el que estallaria la Guerra, que sembraria Hambre y Muerte, y que le otorgaria la Victoria a los cielos. El llamado del Señor era escuchado por todos los seres bajo su obediencia, más aún por la muchacha que habia perdido todo rastro de vida. Su cuerpo, descubierto y unicamente protegido por las raídas telas que la vieron nacer. Su cabeza adornada por la Corona, que demostraba así su dominio.

Con calma comenzó a entonar el Requiem. Aquella canción con la cual comenzaría el apocalipsis, una melodia funebre mas que no transmitía tristeza alguna. Al contrario, transmitía las maravillas del señor y un fuego apasionado que ardía poderoso en el interior de su pecho. De su apagado corazón. Un caballo, famelico, enfermo y moribundo surgia de entre las rocas. Su fiel corcel, de aspecto destruido, su montura. Subió sobre el antes de golpear al suelo con su dorado objeto. Comenzando así la correría hacia el mundo terrenal. Hacia el mundo humano, donde tantas veces debia trabajar.  

Que nombrar de aquella misión. De aquel designio divino. Hacer que el señor recuperase el contról de aquellas tierras, vengar la muerte de su hija, la antigua Reina y acabar con el nuevo monarca. Xellent, su apellido no era desconocido para la llamada Muerte. No era la primera vez que lidiaba con aquella familia. Pero si pudo acabar con su hermano, tambien lo haría con él. Con el hombre que habia osado desafiar a Dios.

Las razones de la Jinete para obedecer al Señor eran simples. Cumplir su misión, cumplir cada orden dada por el mismo. La razón de su existencia era obedecer a quien conociese su verdadero nombre. La unica forma que tenia de vivir era aquella, la obediencia, la sumisión hacia quien fuese el Rey de los Cielos. Ella no era mas que una herramienta, aquello habia quedado claro en sus reuniones con el divino. Pero era todo lo que necesitaba. Una herramienta, un objeto con el cual alcanzar un fin.

Carecia de rostro humano, mas el fisico espiritual que conllevaba su forma, aquella llama azul que era su cuerpo ardió con aún mas intensidad al ver reunidos a sus hermanos. Victoria, el primero de todos los Victoria habia vuelto bajo las ordenes de Dios. y Muerte no pudo evitar su contento, saludandole con afecto y una leve reverencia.  Guerra, eterno y unico como ella lo habia sido bajo las ordenes de Zadquiel, tambien inclinó su cuerpo ante su presencia. Y por ultimo Hambre. Aunque su aspecto era desconocido no lo era su aura, su hermana, la unica integrante femenina a la par que ella misma, a la cual saludaria con un afecto extraño, mas respetuoso.

— Como siempre, es un placer estar a vuestro lado hermanos mios. Hagamos que la palabra del Señor sea escuchada por todos. Comencemos el Juicio Final —

Su voz sonaba calmada. Cadaverica. Su caballo relinchaba en tonos roncos a la par que se elevaba. Y tornó a entonar el requiem, cambiando su voz a una angelical. Unica. Melodiosa.




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I will make New London burn
And come back from it's ashes
Jinete del Apocalipsis

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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Mikael Sylvaine el Jue Abr 05, 2018 2:58 am



Sus alas se batían elegantemente, dejando que las plumas caídas alzaran el vuelo mientras el viento las acunaba y llevaba lejos de la rubia, quien recibía plácidamente la luz del sol en su rostro y aquellas emplumadas que le permitían desplazarse de un lugar a otro cuando lo requería, su rostro se mantenía impasible más algo dentro suyo le advertía, como un sexto sentido que salía a la luz para decirle que algo se avecinaba, trompetas sonaban en los cielos y las nubes negras se acumulaban para dar paso a una sombría atmosfera acompañada con el fuerte y agresivo relinchar de caballos, los jinetes daban inicio al Réquiem, aquel tan temido por los mortales, el apocalipsis como le llamaban, se alzaba sobre ella y el reino. Desde el balcón alzo el vuelo observar lo que sucedía, cuatro caballos hinchaban con orgullo su fornido pecho y sobre ellos los cuatro jinetes reunidos, la catástrofe se avecinaba, los muros eran su destino.

"Hemos escuchado un grito de espanto; no hay paz, sino terror"

No estaba dispuesta a reunirse con ellos, no todavía. Cautelosa se escabullo entre los muros para mantenerse cerca de ellos y esperar a quienes estaban dispuestos a luchar junto a los jinetes por aquella causa tan estúpida, cegados por las endulzadas palabras del dios falso, aquel que se dejó seducir por el poder y que termino convirtiéndose en un peligro para aquellos que no respetaban sus órdenes e iban contra él. Se mantuvo lo más alejada posible para no hacer notar su presencia y entre ademanes llamo a uno de los sirvientes de la mansión real, un pequeño niño de cabellera rojiza y rostro pecoso se acercó al arcángel cuando esta logro llamar su atención.

¿Desea algo madame?

Pequeño quiero que recuerdes bien mis palabras y sobre todo jura que no le dirás nada a nadie, solo al rey ¿De acuerdo? – El infante rápidamente asintió con una mirada llena de curiosidad.

Como usted ordene, puede cortarme la lengua si rompo mi promesa –Miguel sonrió dulcemente y acaricio la cabellera del menor, negando varias veces.

No pequeño, no hay que ir a la violencia – Suavemente se agacho hasta la altura del cachorro y susurro en su oído.

Escucha… Ve y dile al rey que los cuatro jinetes vienen a tumbar los muros, que alce a sus tropas y llame a sus comandantes si es necesario, hay que evitar que estas paredes caigan y llevar a los ciudadanos a un lugar seguro lo antes posible, ahora corre e infórmale de esto – Con su mano dio un ligero empujón al niño que a toda prisa corría dentro de la mansión real. Mantuvo su vista fija en aquel punto donde el cachorro desapareció antes de invocar su arma principal, un hacha casi de su estatura y que superaba su peso, pero que para ella era más ligera que una de sus propias plumas. Dejo ir un suspiro como si se deshiciera de un gran peso, iba contra su hogar y contra los seres que estimaba, pero su familia era mucho más importante que todo eso.
 


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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Noah Lindhardt el Vie Abr 13, 2018 8:49 pm






Y despertó entre pesadillas, entre gritos de dolor, entre aclamaciones por terminar de una buena vez  con todo ello, entre alaridos para que no hicieran más largo el dolor. Era como ver el futuro, tan irónico, no importaba cuantas veces se imaginara ese escenario en su cabeza, era aún imposible de tolerarlo. “Mi señor, si puedes librar al mundo de ese destino, hazlo” Arrugó la manta entre sus manos con tanta fuerza que las palmas se pusieron blancas. Meditó unos segundos para después levantarse y alistarse para lo inevitable.

Mientras se cambiaba a ropas más cómodas se preguntaba a si mismo ¿Que caso tenia continuar con todo ello? ¿Quién tendría la completa razón? Pero sobretodo ¿No había otra salida además de la destrucción? Cuando salió de las pacificas paredes de su hogar, el viento golpeó su rostro con tanto frio, que fue imposible el no temblar. Uriel no portaba armadura, iba vestido como si fuera cualquier día, marchaba orgulloso con tan solo su espada fiel colgando del lado izquierdo de la cintura. Esta aún conservaba su funda intacta, sellada. Había olvidado cuando fue la última vez que vio la hoja brillar con los rayos del sol y ahora… tendría que sacarla a luz nuevamente. “Prometo que eso será lo último que haga” Pensó.

Se acercó hasta los extremos de su hogar en los cielos y viró el rostro hacia atrás. Ese era su casa, esa era su gente. Para ellos vivía y por ellos protegía, sin embargo, su corazón no estaría tranquilo, nunca lo estaría si observaba el exterminio de los seres terrenales. Uriel era amor y bondad ¿Cómo podía alguien siquiera dudar de sus acciones? Para otros resultaría hasta predecible su decisión. Uriel tenía un solo trabajo y era mantener la paz entre todos, como la familia que eran.

Emprendió vuelo hacia la ciudad del pecado. Observó con nostalgia sus calles, los grandes edificios hechos de una manera curiosa, si, las personas eran en verdad extraordinarias; debía protegerlas. El viento mecía su larga cabellera atada en una coleta alta, mientras que aire frio se veía materializada con cada bocanada de aire que Uriel tomaba, tenía miedo; pero el miedo era normal. Sobrevoló entre algunos edificios cercanos al palacio. Para entonces él ya no llevaba ninguna radiante sonrisa. Se mostró serio, fiero y decidido a llevar las peleas como último recurso… pero ¿Qué tanto de sus palabras llegaría a sus hermanos? Juntó ambas manos para orar y juntar valor. —Escucha a tu corazón, porque eso es real. No temas por nada, porque haces lo correcto. Aun si eso significa ir en contra de los tuyos. — Uriel había visto muchas cosas en su vida. Siempre fue un simple espectador, era el testigo de todo lo bueno y lo malo; tanto en la tierra como en el cielo. Pero ahora ya no se iba a guardar ninguna opinión, ya no sería el arcángel callado y pasivo. Si el momento había llegado iba a hablar y dar testimonio de lo ocurrido hasta ahora, finalmente iba a poder juzgar.



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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Nicolaus Ackerman el Vie Abr 20, 2018 5:06 am

El tiempo al fin había llegado, la espera dio por fin su último suspiro antes de retirarse y con ello dar paso a lo que sería un gran cambio, no sólo para él, sino para los restantes seres que habitaban tanto en el Paraíso como aquellos que fueron destinados a convivir en un mísero sitio como New London.

La orden había sido más que clara y concisa, no habían tonos grises de por medio en la misma y eso era algo que para su persona era un detalle demasiado gratificante. Había esperado calmo en su escondite por mucho tiempo, demasiado se podría decir que siquiera él mismo se tomó el tiempo de contar los años que habían pasado. La última vez que pudo maquinar algo en contra de aquel enorme error que cometió el primer Dios y del cual aún se jacta de ello, fue ese Diluvio que, desde su punto de vista, fue mal planificado; se pudo evidenciar durante la puesta en marcha del mismo, lo sutil y benevolente que resultaba ser el anterior en el mandato y la carencia de liderazgo que este tenía para llevar semejante puesto en el único sitio en el cual su presencia se sentía a gusto. Pero ahora, era el momento de remediar todo ello. Aunque los cambios se dieran de manera gradual, no le importaba, mientras aún aquel deseo de remediar todas esas grietas del pasado siguiera con vida, se mantendría en pie.

Armado tan sólo con su preciada espada, una que relucía perfectamente a la luz por el brillo metálico que poseía y que, a pesar de los años y el poco uso que le daba, la misma se mantenía en unas condiciones impecables; por fin le daría el uso que siempre deseó. No requirió de armadura para su cuerpo y mucho menos de artefactos ajenos a su arma blanca de doble filo ¿Para qué? Dudaba que alguno de los seres terrenales disponga de tiempo para levantar un dedo en contra de su bienestar antes de que su hoja les atravesara totalmente su anatomía.
Con ropajes blancos y puros, denotando así el orgullo que cargaba encima de ser un ángel, más precisamente un arcángel y con los elementos necesarios, decidió bajar hacia el suelo que más despreciaba. Siquiera esperó a sus semejantes y tampoco anheló hacerlo, no los necesitaba y tampoco deseaba tolerar la poca competencia que estos tenían para esta clase de situaciones; el tiempo fue suficiente como para percatarse de este último detalle.


En cuestión de unos pocos minutos, aterrizó a las afueras de la ciudad, más precisamente en un sector que conocía a la perfección; aunque demostraba poco aprecio hacia cualquier sitio ajeno al cielo, las Ruinas había sido un espacio que, en su momento, visitó en silencio y en el cual, en su soledad, recorría cada recoveco que había. Sin embargo, en ese día, lo sentía tan diferente, tan distinto, como si algo le estuviera cambiando el ambiente calmo que siempre tenía o alguien.
Empero, ante esa sensación de cambio en el ambiente, sabía perfectamente de dónde provenía el mismo y quien, o más bien quienes, lo originaba.
No le tomó demasiado tiempo el percibir aquella canción que hacía temblar a cualquiera, aquella que de tan sólo escuchar las primeras entonaciones te erizaban totalmente la piel y te dejaban una sensación de peligro, siendo que la misma no era pronunciada con ese fin; siglos, demasiados siglos pasaron desde la última vez que fue capaz de oírla por vez primera. Era definitivo, el inicio de aquel designio divino estaba a punto de comenzar.

Lento pero siendo lo más prudente y lo más puntual posible, se encaminó hasta el sitio en donde nacía aquella melodía y esa sensación apocalíptica del cambio porque ese era su deber, la orden que el señor le había dirigido y que, con tal de lograr que el Paraíso retomara el total poderío de aquel pecaminoso lugar, cumpliría. Los Jinetes ya hicieron su acto de presencia en la tierra y tanto él como sus colegas faltaban.

Detuvo totalmente su caminar a unos pocos metros en donde se encontraban reunidos a las cuatro figuras que en su momento estuvieron selladas y que ahora estaban ahí con un propósito, el mismo propósito que él también traía bajo una orden.
No dijo nada, tampoco se vio en la necesidad de hacerlo. Jamás mostraba cordialidad ante los demás y mucho menos iniciaba una conversación de no ser necesario; no estaba para hacer amigos o profundizar relaciones con sus semejantes,  el tiempo era valioso y aquello significaba una enorme pérdida del mismo.

Siquiera se sorprendió de no toparse con las dos figuras que conocía y con las cuales estuvo trabajando como guardaespaldas del Rey de los cielos, sin embargo, su avinagrada mirada y su ceño ligeramente fruncido delató esa molestia particular que sintió al no verlos; Miguel y Uriel distaban y demasiado de sus ideales, a tal punto de que siquiera una relación de amistad fingida podía crear para tapar todo aquello, no obstante, él siempre buscaba mantenerse a raya la mayor parte del tiempo y evitarse problemas innecesarios. Pero, a pesar de todo ello, no podía disimular sus miradas o pequeños gestos cuando algo no le gustaba o iba en contra de lo planeado.
Inhaló y exhaló por lo bajo, siendo lo más discreto posible. No debía distraerse, debía estar atento y en la espera de la siguiente orden: dar inicio con la misión que tanto esperó.
● Palito
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Re: Divided We Fall - Privado Jinetes-

Mensaje por Zylar Xellent el Vie Abr 20, 2018 7:50 pm




A L L H A I L ♛ N E W L O N D O N


Cada estandarte se unirá para completar los escalones que la misericordia desea, pronto cada celestial implorara piedad a sus propias coronas y mancharemos las alas de aquellos que se atrevieron a alzar la mirada ante nosotros, la fuerza de la Ira servirá para hacer de su sangre nuestra bandera, Pereza culminara con el cantico atroz de nuestros pasos, Gula se alimentara de esas almas en pena, Avaricia les arrebatara todo ápice de esperanza, Lujuria saboreara los delicioso miedos de los muertos … -Musitaba en un adecuado tono suave, cual parecía brindarse a la piedad del mismo viento, sus labios apenas se abrían, cual infante aterrado por sus más grandes miedos, no… no era temor, era la única manera en que su más bajas emociones podían ser controladas. Todo era confirmado al ver ese rostro cubierto en excitación, inclusive la mansión real era prospera en esa oscuridad, el poder del Rey Lich estaba siendo participe del discurso, dejando que en cada esquina estuviese oscuridad de esos seres sin vida cuales reían entre dientes, o mejor dicho, entre colmillos los colmillos infames hambrientos de sus oponentes-

-Las vestiduras de su majestad se tornaban por si solas gracias a ese humo gélido cual cubrió el cuerpo del azabache, con soltura estas comenzaban a despejarse observándose al masculino con un traje sin armaduras denotando tal confianza hacia su persona, sus pasos eran imponentes cuales hacían retumbar las cuatro paredes de la habitación, su respiración parecía ser sincopada, aquellos vagos recuerdos de su niñez eran lo único que estaba tratándole de limitar, como una especie de mal augurio; diestra y siniestra fueron las encargadas de tomar el parche cual se encontraba sobre el respaldo de la ventana, aquel orbe hueco había sido el regalo de su última batalla contra los celestiales ”Algo está mal” repetía una y otra vez sobre su cabeza quedando la vista sobre el trozo de tela negra, tan solo basto un amplio suspiro para volver a reaccionar llevando la pequeña prenda a cubrir ese amargo regalo.-

-Su mirar se alzaba, se percataba de los acontecimientos a los cuales se le habían adelantado por fuera de los muros, fue su extremidad cual acariciaba el mango de su espada que se posaba a un costado ”¿Tienes miedo?” Nuevamente esa voz abrigaba su mente- En el momento que Dios abandono a sus hijos fue cuando mi nombre salió a flote, si he de ser el demonio que este mundo necesita así lo hare, si así lo quiere él, entonces yo lo hare también, abandonare toda fe miserable en lo que él llama salvación, todo lo terrible se acongojara de mi vida para que yo pueda proteger a esta nación de quien se le ponga enfrente, he de morir por todos mis pecados si eso puede cubrir el mío, así que no... No tengo temor alguno, porque es mi responsabilidad desde un principio, mi vida ya no pertenece desde el momento que mi apellido se manchó por la luz... todo va a pertenecerme y asi saborearemos la victoria de lo injusto... será el momento en el que la soberbia se proclame como el amo de todo y de nada, yo soy soberbia, yo soy Zylar, yo soy el Rey y no dejare que nadie más de estos muros muera...

-El momento había llegado, cuales fieras bestias las puertas de la gran mansión se abrían ante los pies del azabache, aquella corona cual portaba era el estandarte que todo ciudadano había pedido, aquel odio cual antes había sobre el rey comenzaba a cambiar en admiración, cada paso, cada parpadeo era la sintonía de su alabanza mientras los ciudadanos abrían paso a lo que parecía su respuesta ante la amenaza, un aura cuidadosa de no lastimar a sus hijos y aliados en la batalla, un fuerte color oscuro podía notarse a los al rededores del mayor acompañado de lo que parecían sus invocaciones menores, su vista era fija, en ningún momento parecía titubear-

ALL HAIL NEW LONDON!

- Se podía escuchar a una voz, comenzándose a unir hasta volver un grito de guerra, la nación estaba creciendo, las esperanzas estaban brotando, New London no iba a caer sin luchar, era el día, era la hora en que los pecados salieran a dar lo mejor de sí. Las puertas de los muros se inclinaron ante su majestad observando a cada enemigo cual parecían gigantes, ángeles, arcángeles y jinetes. Lentamente una sonrisa se marcaba en sus labios, cual había sido la señlar para que por arriba de los muros hiciera acto de presencia las fuerzas especiales de New London dirigiéndose hasta los ángeles dispuestos a pelear-







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