Una copa para Fenrir |Priv|

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Mensaje por Erick & Dietrich el Lun Mar 26, 2018 2:23 am

Una copa para Fenrir


Dietrich Zuwären: —¿En qué momento te volviste una maldita mal educada? ¿a caso te tengo que recordar la manera en como debes saludarme, cada vez que te cruces en mi camino?— Dietrich jamás iba a dejar escapar esa tan grata oportunidad de joder al prójimo, principalmente si se trataba de aquel a quien llamaba “amigo”, en efecto, Erick era el único ser en el mundo que contaba con la plena lealtad del rubio; tal vez por conveniencia personal, quizá porque era lo más favorable para los negocios de ambos. Por esa razón, era que no hace mucho, el alemán se atrevió a hacerle un obsequio nada ordinario a aquel azabache de pésimo carácter. La mano de Zuwären no requería de ningún tipo de aprobación o permiso, según él, estaba en todo su derecho de detener el andar de esa exuberante pelirroja que transitaba por los pasillos de esa lúgubre mansión y así lo manifestó, al sujetarla del brazo con la única intención  de acortar la distancia entre ella y él, fijando su atención en esas peculiares gemas esmeralda que la fémina poseía como iris, —y bien… ¿tu amo no te ha enseñado como debes recibir a los invitados?—.

Astrid Zettelmeyer: —¡Mierda! ¡voy retrasada! Erick se pondrá furioso, aunque eso no debería importarme tanto, después de todo, es sexy cuando está molesto— una desorientada esquizofrénica, ese era el calificativo perfecto para mi acción de hablar conmigo mismo mientras me disponía a cruzar uno de los largos pasillos de mi ahora hogar; esa tétrica y monumental mansión, propiedad de ese recto vampiro que se convirtió en mi amo al ser un obsequio de su mejor amigo. Estaba tan perdida en esa imagen de hombre irracional que Heisenberg mostraba a sus deudores, que la varonil voz de Zuwären emitiendo lo que se podía considerar un reclamo, me atacó por sorpresa, —¿yo una maldita mal educada? sería una bajeza de mi parte hacerte un desplante como ese— respondí al instante que mis pies retomaban el camino, pero esta vez en dirección a esa figura masculina, siendo guiada por su “cordial” mano que sujetaba mi brazo. —Por supuesto que me ha enseñado, él siempre dice que me deshaga de los invitados indeseables, de la forma más inhumana que conozca—.

Dietrich Zuwären: El petulante rostro de Dietrich, mantenía una pretenciosa y amplia sonrisa, escuchando una a una las palabras que Astrid tenía para decirle, fue inevitable que él reprimiera una eufórica carcajada con esa última frase que escapaba de los labios de la dama. Su mano se deslizó por el delicado brazo de la pelirroja, dejándola libre al instante. —El buen Erick, si se dedicara a la comedia, terminaría por morirse de hambre— ¿a qué venía ese comentario fuera de lugar? con ello intentaba manifestaba ante esa “esclava”, que su “gran amigo” no contaba con las agallas para ponerse en su contra. —Y yo que creí que sólo serias una “bonita decoración” para su mansión, en momentos como este me arrepiento de tomar tan a la ligera esa decisión de obsequiarte, debí pensarlo con más detenimiento, pero eso no impide te tomes la libertad de ser “cariñosa” conmigo… —, una vez que reanudo su serenidad, el rubio se inclino levemente, buscando estar a la altura de esa joven mujer y esperando a que esta, le brindara un saludo tal cual lo hacían sus “littles”.

New London | Zona Residencial | Mansiones & Residencias | 11:10 am


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Re: Una copa para Fenrir |Priv|

Mensaje por Astrid Zettelmeyer el Lun Mar 26, 2018 5:37 am


Una copa para Fenrir
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Astrid Zettelmeyer: Desde que tuve la “desdicha” de conocer más a fondo a ese par de alemanes, una inmensa duda se alojado en lo profundo de mi cabeza, ¿cómo dos hombres completamente distintos en personalidad e idiosincrasia, podían ser tan buenos amigos? al menos eso era lo que escucha de boca de Dietrich y Erick nunca lo detenía para tomarse la molestia de desmentirlo, en lo personal, comenzaba a creer que entre ellos, existía una especie de alianza por conveniencia, por fines completamente egoístas de cada uno, de no ser amigos era probable que fueran los adversarios más ruines. En la actualidad, Heisenberg me proporcionaba un techo a cambio de poner todos mis servicios a su disposición, él me había dejado muy en claro que todo en la vida tiene un alto precio a pagar y yo no escapaba de tener una amplia deuda con él. Por otro lado estaba Zuwären, sin duda su carisma y aparentes buenas intenciones eran su mejor arma —tal vez, es porque no eres tan listo como le quieres hacer creer a todos los que te temen— ¿quién se puede resistir a jugar con fuego? dado mi argumento y contemplando la cercanía que él tenía conmigo, me decidí a estampar con mis labios, un beso en su mejilla, —ahora ya puedes darte por bien servido—.

Dietrich Zuwären: De todas las mujeres que se habían aventurado a tratar con el rubio, sin lugar a duda Astrid era la anomalía en su vasto repertorio. Erick aún conservaba esa cualidad para hacer buenos negocios, no se equivocó cuando le manifestó a Dietrich que la mejor de sus opciones en aquella subasta clandestina, era adquirir a esa joven y poco dócil pelirroja sin embargo, el gran error de este, fue obsequiarla a ese detestable vampiro. —¿Así qué eso es lo que piensas? tal vez… sea verdad, si lo hubiera meditado mejor, ahora serías mi linda dama de compañía y la estaríamos pasando de maravilla… quien sabe, incluso pudiste convertirte en mi “favorita”…— antes de poder continuar con toda esa palabrería, el alemán pudo percibir la calidez de los labios de la “esclava” sobre su mejilla, esto generó una maliciosa sonrisa en el rostro de Zuwären después de todo, acababa de conseguir su cometido. —No tan rápido Astrid...— para evitar que ella se alejara de él, de nuevo la sujeto del brazo escabulléndose hasta hacer prisionera la muñeca de esta, —¿a dónde se supone que vas?— cuestionó a la par que acariciaba la mano ajena con la fría punta de su nariz.

Astrid Zettelmeyer: —¿Tu y yo, pasándola de maravilla juntos? tienes un retorcido sentido del humor y un sinuoso concepto de “diversión”, no sé si debería sentirme halagada o temerosa con tu propuesta— un hombre de cuidado, eso era Dietrich, un individuo que no se andaba con rodeos y que cada palabra que expulsaba de su boca, eran un dictamen de lo buena o mala que podría ser tu fortuna, dependiendo de su camaleónico temperamento. Revele una sutil sonrisa al escuchar ese singular calificativo “favorita”, si bien lo sabía Zuwären alimentaba su desmedido ego con los elogios de sus “littles”; esa parvada de cabezas huecas, que podían ser capaces de darlo todo por él, pero ¿por qué?, ¿qué lo volvía tan importante para ellas? extrañamente y a diferencia de Erick, yo siempre había sentido un inexplicable repudio por Dietrich, como si mi naturaleza me dictara repelerlo, ¿era a caso qué…? No, no podía serlo, esos malditos seres celestiales sólo debían habitar en su nauseabundo paraíso. —No sé si pueda convertirme en tu favorita, ¿eso no generaría el enfado y celos de todas tus “niñas”— mi mano recorrió la mejilla del rubio, acariciando cada centímetro de la piel de su rostro mientras me deleitaba con el atractivo color celeste de sus ojos —me disponía a verme con Erick, dijo que tenía algo importante que tratar conmigo, ¿quieres acompañarme? descuida, no te haré nada indebido durante el camino—.

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Re: Una copa para Fenrir |Priv|

Mensaje por Erick & Dietrich el Miér Mar 28, 2018 5:41 am

Una copa para Fenrir


Dietrich Zuwären: —Ellas no tendrían porque enterarse… si tu no se los dices, esto se convertiría en un pequeño secreto entre ambos— esa delicada mano femenina se deslizaba con lentitud sobre el rostro del alemán, cálida y a la vez tan soberbia, seductora pero tan letal, desde que Dietrich contemplo la figura de Astrid deslumbrando el “escenario” de esa subasta clandestina en aquel cabaret, siempre le pareció que ella ocultaba más de lo que cualquier mortal se pudiera imaginar con su incrédula mente, —¿tenía algo importante que tratar contigo? y… ¿me haces una “cordial” invitación a acompañarte?... no tenía idea de que Erick tuviera ese tipo de fetiches— aún con la mirada clavada en ese par de iris verdes, él sujeto la muñeca ajena con la intención de pasar por un caballero cortés y colocar la mano de la pelirroja en su brazo, de esa manera él le dejaba saber, que estaba dispuesto a seguir aquel “juego” donde ella se tomaba el papel de su guía, —Astrid… es un nombre bastante peculiar… hermoso por sí solo, así hubiera llamado a la hija bastarda que jamás tendré…— una breve caminata se volvería más amena si entablaba una nada usual charla con la joven, pero a decir verdad, ¿qué era ordinario en esa mujer?, —¿sabes el significado que arrastras con el?—.

Astrid Zettelmeyer: Hoy había aprendido una valiosa lección de vida, siempre procurar tener cuidado con lo que saldría de mi gran boca, pero ¿es que a caso pensaba ahuyentar a ese hombre con simples advertencias? estaba condenada al fracaso si seguía pensando de esa manera, con cada desacierto me hacía de una idea más clara con respecto a Dietrich, —no lo sé, soy pésima para guardar secretos de magnitud tan delicada— era mejor tenerlo de mi lado y no en mi contra, errar me costaría demasiado caro a estas alturas. —Yo sólo soy su esclava aún me falta mucho por conocerlo, pero tu eres su mejor amigo, imagino que en más de una ocasión tu y él han disfrutado de los encantos de la misma “hembra”, o es que ¿únicamente comparten negocios?— cuestiones y respuestas, daban indicio a una charla “común” en los parámetros de normalidad de Zuwären. Sujetándolo del brazo como una dama lo hace con un caballero, ambos nos encaminábamos a nuestro destino. Sus últimas frases me embargarían en la sorpresa, pero intente a batalla forzada que él no se diera cuenta, de que algo tan insignificante, turbaba mi excesiva serenidad, —belleza y divinidad, nada fuera del otro mundo, es un nombre como el de cualquier otra mujer— fruncí levemente el ceño, ¿ira? No, no era eso, era el recuerdo, la presente imagen de mi padre, él era quien había elegido ese nombre para mí.

Dietrich Zuwären: El rubio mantuvo su mirada y toda su atención en el lenguaje corporal de la exuberante pelirroja que se encontraba a su lado, ¿a caso ese detestable hombre había logrado tocar los “recuerdos” más sensibles de la joven?, por ese comportamiento tan a la defensiva que ella manifestaba, él podía asegurar que así era. —Veo que los elogios, no son un arma que funcione contigo… eso me agrada de ti, “cualquier otra mujer” ya hubiera aceptado todos mis términos y condiciones para convertirse en mi “favorita”… pero tú eres distinta, ¿qué es lo que ocultas en realidad?— era una excelente pregunta que se apoderaba de la mente del alemán desde la noche en que decidió adquirirla. —No suelo equivocarme… pero en definitivo, cometí un terrible error al tomarme tan a la ligera ese arrebato de obsequiarte al mal agradecido de Erick—, con una mueca de enfado en el rostro y un movimiento impulsivo de su parte, que concluyó en acorralar a la joven “esclava” con la espalda a la pared más aledaña y sin alternativa a la escapatoria, si quería hacerlo, tendría que pasar por sobre Zuwären. —Los errores ocurren muy a menudo, tal vez… me decida a reclamar lo que solía ser de mi pertenencia…— adjudicándose todas las libertades que le proporcionaba el hecho de que fue él, quien pago un alto precio por ella; Dietrich deslizo su dedo índice por el rostro de la pelirroja, a través de su cuello para detenerse en el reducido escote de su prenda superior, apartando su mano de ella, se alejó dándole la espalda para retomar el camino, —date prisa, no sabes lo insoportable que puede ser tu “amo” si lo haces perder su tiempo esperando—.

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Re: Una copa para Fenrir |Priv|

Mensaje por Astrid Zettelmeyer el Mar Mayo 01, 2018 6:31 am


Una copa para Fenrir
Ciudad de New London



Astrid Zettelmeyer: Si tuviera que describir el lugar en el que me encontraba, me referiría a ese espacio como un anfiteatro, ¿por qué un cabaret contaba con un inmueble como ese? no cabe duda que las filias de las personas no tienen límites. Siseos que provenían del exterior pasaban a inquietar a mis compañeras esclavas. Temor, zozobra y angustia, eran las muecas que se apoderaban de sus “angelicales rostros”. No tenía alternativa alguna, decidí sentarme en una caja de medera, de las tantas cajas que se encontraban abandonadas en la penumbra, cruzando las piernas mientras espera el inicio del “espectáculo”. —A… Astrid… ¿estas asustada?— de nuevo esa molesta vocecita y esas heladas manos aferrándose a mi cintura, ¿asustada? ¿yo? para nada. Me mantenía alerta a todo momento, imaginando el decadente aspecto de esos futuros compradores, eso me mantenían al filo de mi asiento e impaciente en exceso.

Dietrich Zuwären: —¿Así qué eso es lo que piensas? tal vez… sea verdad, si lo hubiera meditado mejor, ahora serías mi linda dama de compañía y la estaríamos pasando de maravilla… quien sabe, incluso pudiste convertirte en mi “favorita”…— antes de poder continuar con toda esa palabrería, el alemán pudo percibir la calidez de los labios de la “esclava” sobre su mejilla, esto generó una maliciosa sonrisa en el rostro de Zuwären después de todo, acababa de conseguir su cometido. —No tan rápido Astrid...— para evitar que ella se alejara de él, de nuevo la sujeto del brazo escabulléndose hasta hacer prisionera la muñeca de esta, —¿a dónde se supone que vas?— cuestionó a la par que acariciaba la mano ajena con la fría punta de su nariz. De todas las mujeres que se habían aventurado a tratar con el rubio, sin lugar a duda Astrid era la anomalía en su vasto repertorio. Erick aún conservaba esa cualidad para hacer buenos negocios, no se equivocó cuando le manifestó a Dietrich que la mejor de sus opciones en aquella subasta clandestina, era adquirir a esa joven y poco dócil pelirroja sin embargo, el gran error de este, fue obsequiarla a ese detestable vampiro.

Astrid Zettelmeyer: Revele una sutil sonrisa al escuchar ese singular calificativo “favorita”, si bien lo sabía Zuwären alimentaba su desmedido ego con los elogios de sus “littles”; esa parvada de cabezas huecas, que podían ser capaces de darlo todo por él, pero ¿por qué?, ¿qué lo volvía tan importante para ellas? extrañamente y a diferencia de Erick, yo siempre había sentido un inexplicable repudio por Dietrich, como si mi naturaleza me dictara repelerlo, ¿era a caso qué…? No, no podía serlo, esos malditos seres celestiales sólo debían habitar en su nauseabundo paraíso. —No sé si pueda convertirme en tu favorita, ¿eso no generaría el enfado y celos de todas tus “niñas”— mi mano recorrió la mejilla del rubio, acariciando cada centímetro de la piel de su rostro mientras me deleitaba con el atractivo color celeste de sus ojos —me disponía a verme con Erick, dijo que tenía algo importante que tratar conmigo, ¿quieres acompañarme? descuida, no te haré nada indebido durante el camino—. —¿Tu y yo, pasándola de maravilla juntos? tienes un retorcido sentido del humor y un sinuoso concepto de “diversión”, no sé si debería sentirme halagada o temerosa con tu propuesta—[/color] un hombre de cuidado, eso era Dietrich, un individuo que no se andaba con rodeos y que cada palabra que expulsaba de su boca, eran un dictamen de lo buena o mala que podría ser tu fortuna, dependiendo de su camaleónico temperamento.~

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