Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

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Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Syaoran el Dom Abr 01, 2018 6:47 pm

-Una fría mañana para el joven, en la que iba de regreso a las ruinas después de dormir plácidamente en su hogar, sin embargo estaba acostumbrado a levantarse temprano y trabajar duro durante el día. Mientras caminaba pensaba en muchas cosas, demasiadas para ser verdad pero lo que le daba gusto es que no era ese pensamiento constante, en cambio era sobre lo que había descubierto ayer, no solo varias vasijas, dibujos en las paredes y escritos sobre personas que habían traído esas cosas a esa cueva sino que también una clase de círculo que era similar a los que su familia usaba para la magia, claro que el nunca aprendió tales habilidades pero aun así reconocía algunos símbolos.  Estaba entusiasmado, quería saber que significaban que algo como eso estuviera tan lejos de su país, y también quería saber él porque estaba ahí, tal vez una persona que lo había llevado o era una ramificación de sus antepasados. Todas estas dudas venían ya que en los dibujos de la cueva venían algunas explicaciones pero no el porqué del símbolo, era como si ese círculo hubiese sido plasmado después de que esas personas dejaran sus pertenencias e historias en la cueva.  Se estaba haciendo tantas ideas, tantas teorías en su cabeza que no se dio cuenta cuando llego al lugar, solo cuando un rayo de sol iluminó su rostro. Era un amanecer precioso, cubrió su rostro con su brazo, sonriendo con ligereza. Se detuvo por un momento, solo para tomar agua y revisar de nueva cuenta sus pertenencias, no tardó nada en rehidratarse y así volver de nuevo al camino. Se apresuró para llegar hasta el lugar que investigaba, le gustaba llegar temprano para que no descubrieran el lugar secreto y también para no tener que hablar con más personas, ermitaño al fin. –

– Se escabulló por entre las ruinas, miraba con atención para que nadie le siguiera y finalmente llegó hasta la cueva que investigaba. Encendió el farol a medida que descendía y que la luz dejaba de iluminar su camino. Mientras andaba solo se escuchaban los pasos sobre el suelo de piedra junto sonidos de gotas o bien sonidos de algunas rocas pequeñas desprendiéndose y chocando contra el suelo. Al andar sostenía el mapa con la diestra, el cual miraba de vez en vez, mientras la zurda sostenía el farol que le iluminaba. Finalmente llegó hasta el final de la cueva, un espacio enorme no solo de ancho sino también de alto, también poseía varios caminos a los cuales todavía no se atrevía a entrar, quería terminar de investigar ese pedazo para después ver hacia donde desembocaban los demás caminos. Soltó un suspiro y dejó el farol en el suelo para que de este modo iluminara la mayoría de la cueva. El círculo mágico que había encontrado ayer estaba en el suelo, le echó un vistazo y comenzó a tomar notas, también buscaba en sus libros que llevaba en un morral de tela, los libros pertenecían a su familia y se los había llevado antes de partir. – Veamos… – Habló para sí mismo mientras anotaba las similitudes entre ambos y parecía ser que, como el de su familia, era un círculo para invocar algo. Mordió un poco la base del lápiz, soltando un suspiro, le molestaba la idea de no poder utilizarlo, de haberse negado a seguir con las lecciones de magia, tendría que pedir ayuda de alguien y eso significaba tener que contar el secreto sobre la cueva.– Tsk… –chasqueó la lengua,  si el intentaba probablemente se lastimaría, o tal vez el circulo desaparecería, si eran de la misma magia probablemente resultaría en lo mismo si terminaba equivocándose. Suspiró con pesadez y decidió dejar eso para después, cerró el libro y se levantó, tomó el farol y decidió ir a investigar uno de los caminos, para antes de dar el paso escuchó que alguien venía, dejó el farol en el suelo y tomó con la diestra el mango de su espada, en espera de ver quien era.–
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Scio el Dom Abr 01, 2018 8:44 pm

El timbre repicó incesantemente en el asiento del copiloto donde lo había dejado reposar mientras conducía por las lejanías de Londres, después de la junta médica y del descarado tiempo en la cena, había decidido salir sin dejar mayor dilación por conversaciones superfluas que, de hecho, también se daban en el mundo de la medicina.

Extendió su brazo hacia el asiento del copiloto y tanteo tratando de dar con el móvil, pero puesto que estaba muy desconcentrada con las calles, lo pasó a llevar y lo dejó caer a los pies del otro lado.

―Maldita sea―gruñó―, deberían inventar los manos libres.

Miró por la carretera mientras conducía y se decidía entre agacharse a recoger el móvil o ignorar el repiquete incesante de “Wannabe” que citaba directamente a la canción que tenía asignada para su jefe. Finalmente se rindió, y mientras sujetaba con una mano la parte baja del volante se dejó caer hacia su lado tratando de alcanzar el aparato, una bocina estridente le hizo sobresaltarse mientras se enderezaba con el móvil en la mano y arrastraba el pulgar por la pantalla para contestar.

El camión justo al frente le hizo reaccionar y rápidamente movió el volante para girar y evitar estrellarse junto a él, cuando pasó a su lado tocó su propia bocina a la vez que abría la ventanilla del conductor.

―¡Más cuidado, imbécil!

―¡Estabas en el lado incorrecto de la carretera!

―¡No veía, estaba buscando mi móvil! ¡Pero tú sí que veías!

El hombre rojo por la ira dejó de mirarla y aceleró a fondo mientras tocaba el claxon, de un suspiro y sin que Scio lo previera, desapareció por la carretera.

―”¡¿Verum, está bien?!”

Scio miró el móvil que reposaba en su mano con sorpresa antes de llevarlo a su oreja y apoyarlo entre su mejilla y el hombro.

―Sí, sólo un idiota que no sabe conducir.

―”¿Fue al seminario?”

―¿Se comunicó sólo para preguntarme lo evidente?.―Scio frunció el ceño mientras levantaba la mirada a las señaléticas y se orientaba camino hacia las ruinas―. Me hizo dar una charla sobre la ética al dar diagnósticos. A una junta médica. Momias decánicas lograron mover sus huesos y cadáveres para verme. ¡Claro que estuve ahí!

―”¿Tres minutos son para ti un discurso?”

―Jodido Wood, es un bocazas ―musitó mientras volvía a virar, con su boca empuñada en desagrado―. Todos se dormían, fui concisa. Además, di un espectáculo, es seguro que no lo olvidarán.

―”¡Claro que no, contrataste a unos mariachis!” ―escuchó una pausa en sus palabras, como si el hombre buscara recomponerse―. “¿Viene de camino?”

Scio sonrió satisfecha sin dejar de conducir mientras buscaba la forma menos grosera de cortar el diálogo.

―Quizá ―respondió escuetamente―. Disculpe, Doctor Carson, voy a entrar a un túnel. Ya hablamos.

―”Camino a la conferencia no había ningún túnel” ―sonaba confundido.

―¡Tiene razón! Adiós.

Desvió la ruta de su vehículo fuera de lo que parecía ser la avenida principal y después de mucho conducir entre calle y calle, ya en las ruinas, se bajó dando un gran empujón a la puerta. De su maletero se hizo con una linterna, una soga muy larga y delgada, una cuchilla, una caja de fósforos, cigarros y unas cuantas baterías. Todo lo dejó en un cinturón de trabajo alrededor de su cintura. Se cambió de prendas sin preocuparse de que alguien la divisase y cambió las finas prendas por unos pantalones raídos, una blusa cómoda y botas negras de cuero.

Aquel día había escuchado diversos rumores sobre las ruinas fuera de Londres, como la credibilidad que otorgaba al resto de las personas, no existía, quería disipar esas dudas por ella misma. Se introdujo en las ruinas mientras daba vistazos continuos hacia los lados, las masas gigantes de escombros hicieron brillar sus ojos y se preguntó, secretamente, por qué aún con tantos años no había estudiado nada similar, siendo que cierta polimatía residía en ella. No le tomó importancia y siguió con su camino apuntando con su linterna hacia el frente, con la mirada fija en el camino.

No notó al jovencito frente así, y aunque lo hubiese notado, probablemente lo habría ignorado igualmente.

Miró las pareces con curiosidad minuciosa mientras con las manos palpaba cada tramo del camino, se detuvo cuando parte de la pared le pareció marcada y, alejándose, notó el círculo que se encontraba en el lugar. Miró cortamente al chico que se encontraba con el farol en mano y detuvo su observación clínica en el objeto un instante que pareció perpetuo, luego elevó su mentón y volvió a mirar el círculo, en silencio.

―Existe la posibilidad de que dentro del área existan ciertos tipos de gases compuestos, reactivos. Si así fuese, resultaría mala idea llevar ese farol por el lugar.

Dicho esto, llevó una mano a uno de sus bolsillos y concluyó su escena colocando uno de los tantos cigarros en sus labios, sin encenderlo.

Era incapaz de quitar su vista del círculo.
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Syaoran el Lun Abr 02, 2018 10:16 pm

Una sombra se vislumbraba a lo lejos, se inclinó con levedad, sacó un poco la espada de su funda y separó sus piernas un poco con tal de avanzar con rapidez o esquivar si lo atacaban. Estaba atento a cualquier cambio y cualquier movimiento hasta que pudo notar quien era su visitante. Una mujer, alta, cabello negro muy largo y parecía ser que ni siquiera se había dado cuenta de él. Soltó un suspiro regresando la espada a su funda se enderezó y juntó sus piernas tomando una posición más relajada pero sin dejar de mantener su vista en la ajena, manteniéndose con cautela. Su mirada recorría el cuerpo de la mujer, todo para poder predecir sus movimientos si es que llegaba a atacarlo, aunque se dio cuenta que ella no estaba acostumbrada a visitar este tipo de lugares. Le llamó la atención lo que había dicho sobre su farol, a lo que volteo a verlo mientras este permanecía en el suelo.

Si fuera así – dijo para después regresar su vista a la contraria – habría muerto desde hace días – dijo con seguridad ya que llevaba en esas ruinas un par de días.

Además, no estarías tan confiada de hacer lo que veo que planeas hacer – Señaló con un movimiento de cabeza aquel cigarro que llevaba ella en sus labios. Se mantuvo en su posición mientras la tenía a la vista pensaba en varias cosas, la analizaba y se dio cuenta que ella parecía muy atenta a lo que había debajo de sus pies, pero él no pensaba moverse mucho menos si es que ella lo había dibujado ahí aunque debía admitir que el pictograma se veía ya algo gastado, probablemente tendría ya unos cientos de años. Mantuvo su vista abajo mientras pensaba un poco y la regresó hasta la adversa.

¿Qué buscas? – a pesar de ser algo cortante con gente desconocida, no era una persona grosera además con su pregunta lograba indagar un poco más sobre ella y él porque estaba ahí sin más, se había asegurado por completo que nadie le siguiera y se le hacía un tanto asombroso que ella descubriera el pasadizo por si sola pero no parecía ser alguien que acostumbrara ir a las ruinas, se le notaba por su atuendo y también por el tipo de equipo que traía, no es que llevar lámparas fuera incorrecto pero por lo general ese tipo de cosas fallan en estas ruinas por los campos electromagnéticos o bien por no traer más baterías. Miraba a la contraría con algo de altivez, sabía que no debía subertimarla pues aun no estaba del todo seguro si ella era una persona normal o una hechizera o tal vez alguna otra de las tantas razas que rondaban por New London, pero algo dentro de suyo le hacia verla así, muy probablemente el pensar y saber que era el mejor en todo.  En ese momento de silencio una pregunta se formuló en su cabeza y no paraba de rondar sin embargo no sabía si sería algo bueno seguir ese camino, mordió con ligereza su labio y aun si saber si era la mejor pregunta, decidió hacerla. Separó sus labios y un tanto dudoso empezó a hablar – Acaso… ¿Conoce este círculo? – Dijo intentando parecer un poco más amigable y fingir, tal vez algo tardío, que era un simple arqueólogo que no sabía nada sobre este lugar.
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Scio el Lun Abr 02, 2018 11:44 pm

Scio volvió a mirar el faro mientras éste respondía a su corta expresión de unos instantes e hizo una mueca de desagrado, frunciendo los labios y la nariz a la par, mientras tomaba el cigarro entre su índice y su pulgar de su mano derecha y jugaba con él entre sus dedos. No se esperaba esa respuesta, aunque tampoco le sorprendía, él realmente parecía desgastado.

―Mazel Tov.

Esa respuesta fue escueta, pero no por ello menos marcada de significado; volvió su vista hacia los ojos de él mientras que se deshacía de la linterna colgándola en el cinturón y tomaba en cambio la caja de fósforos, la meneó en su mano mientras con su mano derecha volvía a deshacerse del cigarro presionándolo con los labios en la boca. Abrió la caja, se hizo con un palito de fósforos e intentó prenderlo. Falló. Intentó con un segundo y también falló, el tercero y el cuarto. Dejó caer el último y no hizo comentarios, pero la situación era evidente, el oxígeno era insuficiente para que la reacción química de sus fósforos se suscitara. Miró nuevamente el farol del joven y sonrió. Le pareció, más que nada, curioso.

Inspiró hondamente y movió repetidamente la caja de fósforos haciendo ruido mientras pensaba, el fallo, la presión, la incomodidad, estaba acostumbrada a pensar en esos términos, y por eso los prefería. Era más fácil si tenía un sonido incómodo mientras lo observaba detenidamente, cada gesto caía en su mirada clínica y le ayudaba a encontrar falencias o caídas. Scio no dejó de sonreír un instante, deshaciéndose del cigarro que en aquel lugar sin aire y sin fuego, era inútil.

―Oh, no te preocupes, a mí me encanta quemar, o que se queme todo―dijo como si nada, usando un eufemismo para referirse a la marihuana. Era broma, ella jamás la había usado, aunque sí la heroína, la lisérgida, uno que otro suplemento médico…

Volvió su mirada al círculo y recordó cada palabra que había escuchado en la junta médica entre vagas conversaciones austeras y aburridas. ¿Qué tanto de las palabras que habían soltado esos hombres podían ser ciertas? Y si lo eran, ¿cuántas probabilidades de que aquello fuera parte de leyendas oscuras y que precisamente ella, sin ninguna demora ni premonición, llegara al lugar sin estudios ni búsquedas extensas por el área?

“Ninguna, la coincidencia es una palabra vana usada por ignorantes para intentar otorgar explicaciones a situaciones que los alejan de su zona de confort” pensó. “Sólo fue suerte, felicidades”.

―Te buscaba a ti, en realidad―dijo mirándole a los ojos, la voz le temblaba―, llevo una vida buscándote. Un día te vi y me enamoré de tu… tu… tu fascinante personalidad, por supuesto. Eres todo lo que busco.

Scio lo miró un par de segundos más mientras arqueaba las cejas con angustia. Pasados esos segundos, torció el gesto y rodó la mirada, en evidencia de que todo había sido sarcasmo.

―Hay rumores―soltó, esta vez hablando en serio mientras buscaba una roca para acomodarse. Una vez que encontró un escombro que le pareció de su gusto, se sentó sobre él y cruzó una pierna sobre la otra―. La vieja fama en el mundo llama a ciegos, las personas son avaras no sólo con el dinero, necesitan saber para tener poder, poder sobre lo que se debe saber. Saber sobre lo que se debe creer. Y antes conocer ese poder, que librarse de esas costumbres. ―Guardó silencio un minuto, mientras miraba hacia el círculo, el joven no se movía un ápice―. Desconozco el círculo tanto como tú, sólo quiero el saber.

Levantó la mirada hacia el joven sin retarlo con la misma, ella no estaba interesada en un duelo, puesto que era mayor pérdida de tiempo y tino, que de provecho. En vez de eso, tuvo una idea.

―Puede que no tengas el dinero para contratar a alguien que pueda descifrar las runas dentro del círculo y ayudarte con éstas. Yo sí, lo tengo. También tengo contactos, pero preferiría antes el contratar a un ladrón para cuidar mis capitales que ceder mi confianza a uno de éstos.

Se levantó y caminó hacia él, su cabeza siempre altiva y ya sin sonrisa alguna en sus labios. Se detuvo a un par de metros.

―Las empresas que conforman los socios jamás satisfacen a los accionistas por completo, pero tanto tú como yo queremos información de ese círculo y su contenido, y lo más inteligente es ceder un poco para ganar algo más. Dar para recibir.

Extendió su mano, buscando que él la estrechase en acuerdo o que la rechazara, con altivez e ignorancia.

―¿Y bien?
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Syaoran el Mar Abr 03, 2018 9:58 pm

Cruzó sus brazos al escuchar aquella respuesta sobre quemar algo, elevó una ceja sin entender mucho del tema pero para él no era de importancia sino tenía que ver con el círculo. Se mantuvo atento a la contraría y aunque parecía que no iba a decirle nada sobre el círculo al final se atrevió a decir algo. Escuchó con atención a las sandeces que decía, su mueca cambió y en lugar de verse relajado tuvo que darle un poco la espalda, intentando no reír ante esa frase tan rebuscada. Suspiró y regresó su vista a la ajena, negando con su cabeza en un ligero movimiento. Estaba a punto de pedirle que se marchara cuando volvió a escuchar la voz de la mujer, sin embargo esta vez parecía que iba a decir algo interesante. Los rumores casi siempre llevan algo de verdad y si la verdad que buscaba salía de la boca de la mayor ya sería una victoria triunfal, por lo mismo comenzó a prestarle más atención. Observó cómo buscaba un asiento, tal vez cómodo aunque tal vez sería difícil de encontrar en ese lugar. Ya que ella se sentó primero, para él era como una invitación a tomar asiento, acompañarla por lo que se sentó en el suelo frente a frente, con sus piernas cruzadas y sus palmas sobre sus rodillas. Eran en parte ciertas las palabras que decía y por lo mismo es que syaoran tenía tanto cuidado de no ser descubierto, sabía que no sería nada bueno que personas a parte de él conocieran el lugar, sabía que dejaría de ser “su” lugar y comenzaría a ser la investigación de otros y que claro esas investigación desembocarían en solo contratos de dinero en lugar de algo para la humanidad, nada ganaría poniéndose a renegar y tratarla de echar.

Entonces ¿Qué planeas hacer?  – cuestiono, quería saber el trato y le sorprendió un poco la rápida respuesta, probablemente no tendría que haber preguntado pero aun así quería mostrar interés a lo que le estaba contando la fémina.  Las palabras que siguieron a su pregunta le calaron un poco en su orgullo, si bien syaoran se creía uno de los mejores arqueólogos pues había pasado varios años investigando y aprendiendo de otras personas pero lo que también era cierto es que él no podía leer el círculo, eran símbolos que no conocía y que ni aunque se pareciera al círculo mágico de su familia podría descifrar. Le molestaba un poco darle la razón a las personas pero ella parecía tener el mismo sentimiento que el hacia ese círculo por lo que le llamó más la atención la siguiente frase que había salido de la boca contraria.

¿Ayuda eh? –  miro de reojo el círculo, seguido cerró sus ojos para meditar aquella propuesta, para él era difícil pedir ayuda, o aceptarla pues prefería lograr todo por sí mismo y sentir la satisfacción de haberlo logrado solo sin embargo esta vez se encontraba contra la pared, sin siquiera saber a quién recurrir o a que recurrir. Torció sus labios, frunció su seño y ya que había cruzado sus brazos apretó un poco el agarre acompañado de algunos sonidos extraños para “pensar” Finalmente exclamo un poco y separó sus brazos para volver a colocar sus manos sobre sus rodillas, sus ojos se abrieron de nuevo y acercó su diestra a la ajena.

– Acepto – respondió casi a regañadientes pero sabía que lograría lo que quería. Estrecho con un poco de fuerza el agarre, sonriéndole al final.

Entonces… ¿Qué planeas hacer ahora? – Al terminar el agarre se levantó de su lugar y sacudió sus ropas estaba curioso del que sería el primer “gran” paso para descubrir que sería aquel círculo.
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Scio el Jue Abr 05, 2018 12:21 pm

OFF:
Lamento lo breve, no supe muy bien cómo llevar ésta parte, pensé que Syao podría dar con Fye, dejé el espacio abierto para que él de otra idea o algún otra acción. Espero disculpes lo breve, otra vez!

Ruinas / 20:00hrs.
Perii
Mantuvo su mirada austera en el joven mientras éste procedía a tomar su mano y estrechársela con solidez, a pesar de la fuerza que había aplicado, Scio no hizo mueca alguna y mantuvo lo máximo de su inexpresividad mientras podía mantener la situación a favor. Estaba convencida de que el joven tenía cierta impaciencia y con un objetivo claro en mente, no iba a dar su brazo a torcer para nada más. No había cedido su completa confianza y la pálida mujer de rasgos finos lo entendía por completo.

Por lo pronto, ella sólo tenía en mente las runas dentro del círculo y el que podía ser un potente significado, o lo que pudiese contener una marca como aquella, en medio de la nada, a kilómetros de ciudad poblada y en unas escasas ruinas abandonadas desprovistas de seguridad. Ellos dos no podían ser incautos y necesitaban apoyo, pero buscar un apoyo que honrara incondicionalidad en los tratos y en aspectos de confidencialidad que ellos necesitaban iba a resultar difícil, menos si no tenían una idea aproximada de cómo llegar a ese contacto.

Necesitaban luz en la oscuridad.

Sacó el móvil desde su holgado pantalón y se sorprendió al notar que la señal permanecía en él. Mordió su lengua entre sus dientes mientras lo desbloqueaba y trataba de hacer un llamado casual, para comprobar que la señal funcionaba.

―Si lo que quieres es reserva, debes ser cauto. Tenemos que buscar a alguien que nos promueva seguridad. Necesitamos a alguien en quien podamos confiar, y en vista de que nosotros mismos no nos damos confianzas suficientes, debemos buscar en lugares completamente diferentes. No a alguien como nosotros. Entonces dime tú, ¿quiénes son suficientemente buenos para otorgar confianza?

Scio no respondió por él, marcó otra vez el número del primer contacto que aparecía en llamadas frecuentes y el mensaje apareció: “Error de conexión”. Como sea, desde aquel lugar no iban a lograr absolutamente nada, al menos uno de ellos dos necesitaba moverse del lugar y dar con quien necesitaban.

―Dado que no confías en mí lo suficiente, pero yo sé que no podrás dar con la respuesta de aquel círculo por ti mismo, yo buscaré a esa persona, a menos que no estés de acuerdo y tengas una idea mejor.―Scio tomó su móvil y se lo otorgó al joven, llevó su mano al cinturón y sacó la cuchilla, dejándola caer frente al mismo―. Ahora estoy desprovista de armas y estoy cediéndote mi confianza. Siendo que tú sabes mucho más de esto que yo, debes decirme, ¿dónde puedo encontrar un ángel que pueda leer estas runas? ¿Existe ese ser?
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Syaoran el Dom Abr 08, 2018 3:23 pm

Al terminar de estrecharse las manos regresó la suya para poder cruzar sus brazos. Miraba con total atención a la mujer, que parecía estar pensando en varias cosas por lo quieta que se mantuvo en un largo momento, esto hasta que parecía que sacaba algo de su bolsillo. No era nervioso pero si cauteloso por lo que cuando se dio cuenta que era lo que sacaba volvió a estar relajado, después de todo estaba entrenado como un guardia y ese tipo de hábitos no se podían quitar.

Miraba con atención sus movimientos, se le hacía curioso que ella llevara ese aparato sobre todo por el lugar donde estaban, el no solía cargar con el suyo cuando iba a las ruinas, interferían en las esencias de los lugares y a veces no podía sentir por completo el poder que estas tenían. Escuchó atentamente sus palabras, y soltó una pequeña y corta risa. – Tienes razón – aceptó finalmente mientras llevaba su diestra a su nuca, frotándola mientras él miraba hacia otro lado. Mientras ella hacia esos arreglos el comenzó a pensar sobre si conocía a una persona capaz de leer esos símbolos, y por supuesto que se le ocurría alguien, desde el mismo momento en que se encontró en ese problema sabía quién podía ayudarle pero no estaba dispuesto, no quería trabajar con él, y no es que esa persona fuera mala o no cumpliera con su trabajo, sino que era tan melosa y cariñosa con él, y también era tan poderoso a comparación suya, le molestaba el simple hecho de verlo y tener que respetarlo, hablarle con formalidad porque esa persona era mejor que él – tch – chasqueo la lengua, y sus manos fueron hasta su cabello revolviéndolo. Su única esperanza es que ella encontrara a una persona pero dado a que ella volvió a hablar y pareciera que no podían dar con esa persona pronto, él tendría que hacerlo. Iba a hablar pero ella pareciera que estaba mostrándose hacia el con el respeto que sabía que merecía. En su interior no pudo evitar esa sensación de victoria y felicidad, tomó el teléfono y estaba a punto de vanagloriarse ante ella cuando recordó a quien tenía que hablarle. Todo ese ánimo de victoria desapareció y suspiró

Ya sé a quién debo llamar – Dijo mientras marcaba el número de aquel rubio, que para que fuera un ángel le era curioso que tuviera un teléfono, supongo que le gustaba encajar. Espero mientras escuchaba el sonido de espera  y cuando por fin contesto solamente pudo decir algo

Te necesito – habló. Con esas sencillas palabras sabía que aquel mago vendría porque después de todo eran amigos desde hace mucho tiempo y aunque a Syaoran le molestara, Fye era como un hermano para él y viceversa.-

off:
¡Lo siento mucho! se que tarde años en responder es que primero quería ver como ibamos a meter a Fye en esto y estaba hablando con el, entonces pensé primero que tal vez fye debía responder pero luego quedamos en que yo y aquí esta mi mini respuesta ;; lo siento mucho
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Fye D. Flowright el Lun Abr 09, 2018 8:22 pm






Que hermoso día ¿Verdad? ¿Están a gusto? ¿Tienen más sed? —Habló el ángel, quien se encontraba muy contento regando las flores de su pequeño jardín. Después de tanto trabajar decidió darse un día de descanso, muy bien merecidos claro. Los días estaban siendo tan apacibles y tranquilos que resultaba hasta aburrido ¿Era mucho pedir algo de emoción a su tranquila vida? Parece que el señor todopoderoso había escuchado sus suplicas. El móvil, que tenía a un lado de su maceta de rosas, estaba vibrando de forma incesante, con una calma infinita la tomo y vio el nombre. Contestó a los pocos segundos, la vocecita del emisor fue de su completo gusto. —Oh, debe ser algo muy importante. —Intentó deducir la razón, no era muy difícil leer a las personas. — Dame cinco minutos. — Declaró al tiempo en que emprendía camino hacia la azotea. Era una verdadera bendición tener una casa propia y no tener que lidiar con vecinos molestos por la bulla que generalmente hacia el rubio.

El viento corría fuerte allá arriba, se tomó unos segundos para estirar los músculos y apreciar el bonito cielo; todo en el mundo era una bendición, aun si los cielos eran grises y anunciaban una tormenta. — Bueno. . . —Estiró la mano, intentando tocar lo inalcanzable, su expresión antes sonriente ahora fue cambiada por una profunda seriedad.


[…]

Dentro de la cueva las cosas parecían igual que siempre. El plazo de los cinco minutos se acabó y con ellos una grieta hacia su aparición en una de las paredes del lugar. Primero una mano se estiraba con fuerza, queriendo abrirse paso por algo que parecía intentar retenerlo, era como arena movediza. El resto del brazo apareció, luego se notó la mitad del cuerpo de un joven flacucho y de cabellera rubia; trastabilló y por poco cae al suelo de rodillas, sin embargo fue lo suficientemente fuerte como para mantenerse de pie en su lugar. —¡Fuah! Eso fue difícil… ¿Dónde te fuiste a meter, Syaoran? — Se quejó falsamente al tiempo que sacudía su camiseta blanca impregnada con polvo mientras que su pantalón negro parecía en perfecto estado ¡Oh! pero solo hubo un error y es que iba descalzo; un horrible habito suyo. —¿Huh? —Apenas se percató de la presencia de una mujer embozó su más radiante sonrisa. —Veo que vienes acompañado ¡Que inusual! ¡Que inusual! Déjeme presentarme.  —Fye se inclinó hacia adelante y llevó la mano derecha hacia la zona de su propio corazón, una muy típica reverencia del francés, anticuada… pero muy suyo. — Mi nombre es Fye D. Flowright, un humilde mago que se gana la vida vendiendo sus flores en el centro de la ciudad, es un gusto. Dado que mi nombre es muy largo puede llamarme solo Fye. Creo que podremos llevarnos bien.—Hecho ello avanzó hasta e castaño, posó una mano sobre la cabellera ajena y luego le dio un par de palmaditas, un tipo de elogio y agradecimiento. — Entonces… ¿Qué puede hacer este mago por ti? — Todo alrededor de Fye era flores y brillos cursis, su sola presencia era luz ante tanta oscuridad. Antes de escuchar la razón volteó el rostro hacia una parte en especial de la caverna. — Entiendo. — Si, no había necesidad de palabras. Él ya sabía que la razón de su llamado era por un tema de magia y ahora que veía el problema con sus ojos supo de inmediato como remediarlo. — Tal vez quieran hacerse para atrás un momento. — Advirtió de forma calmada.

Alzó ambas manos hacia el frente y exclamó palabras en un idioma distinto al español o inglés. Estaba hablando en latín —Ostende mihi viam— “Muéstrame el camino” La oscuridad de la caverna se vio opacada por luz que nacía en las manos del ángel. Mientras más iba separando sus extremidades a los costados, más grande se podía ver el báculo que, como todo mago, portaba. Una bella obra de arte hecha de metal, que media más o menos lo suyo o incluso un poco más, el centro de su poder estaba en el cristal azul que flotaba en la parte superior. Fye azotó el suelo con la base y la luz empezó a rodearlo provocando que brillara un poco.


“Aperi, Libane, ut novum semita
Dona mihi Fatum meum sequi permission.”


Un hechizo simple que él mismo había inventado y ahora fue pronunciado por la más calmada voz que pudo hacer, sus ojos parecieron perderse en la nada. Al inicio no hubo señal de haber funcionado, pero no por ello el rubio se movió de su sitio. De pronto adoptó una postura defensiva. Cruzó sus brazos y una fuerte ráfaga de viento le obligó a retroceder a él y todo aquel que estuviera tras suyo. Los muros empezaron a colapsar creando pequeños agujeros a los costados de la caverna. En medio de la nada había un punto brillante, flotaba y era demasiado tentador el tocarlo, Fye lo hizo. Se formó una grietas en todas direcciones y de pronto el mismo espacio se rompió como si fuera cristal, lo que reveló fue un pasaje.

Ahí lo tienes~. —Se giró, dos segundos después, con una expresión tan brillante como la tendría un niño que hizo algo bueno y espera por ser elogiado. Una risilla se le escapó, fue inevitable, rompió el momento tan tenso con una tontería suya… típico de él. —Bueno, bueno ¿Qué tenemos aquí? —No pidió permiso al castaño para adentrarse a la nueva caverna, dio un salto a través del hueco dimensional, se paró en medio de la oscuridad pero al dar un paso hacia adelante creyó que caía a la nada. —Woow — Exclamó divertido al tiempo en que desplegaba sus alas, pero con el espacio reducido era obvio que no podía aletear asi que tan solo optó por hacerse hacia atrás, justo donde empezaba la “puerta” — Se ve muy profundo… creo. —Intento mirar a través de toda esa oscuridad pero fue inútil. — Creo que es una especie de bajada… ¿Tal vez escaleras? —Ladeó el rostro genuinamente preocupado. —Bueno… Pensaban ir por ahí ¿No? Yo también iré. — Esta vez fue más precavido e hizo que el cristal de su báculo brillara con intensidad. —Será mejor que apaguen sus linternas, adentro serán inútiles… Si hubo magia para evitar que entraran, habrá magia para evitar que sigan el camino. —Fye encabezó la fila india. Fue tal y como dijo, era una escalera e iba hacia abajo. No parecía haber rastro de que hubiera gente caminando por ahí desde hace años, la humedad se notaba y olía a moho.

¿Qué estamos buscando supuestamente? — Preguntó curioso. El trabajo estaba hecho pero no daba la razón por la cual necesitaban ir por ese lugar.



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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

Mensaje por Syaoran el Mar Abr 17, 2018 5:13 pm

Desde su lado solo pudo asentir y colgar el teléfono, el cual regresó a la mujer – gracias –respondió mientras se daba la vuelta, intentaba averiguar el lugar de donde el rubio iba a salir, seguramente aparecería de forma extraña o tal vez ya había mejorado ese hábito suyo de aparecer extrañamente, y sobre todo de aparecer sin zapatos. Cruzo sus brazos mientras le esperaba, lo cual tardó justo lo que había dicho, y enfrente suyo. Le miro mientras aparecía, por lo menos era un tanto más normal a lo que recordaba sin embargo ese hábito de los zapatos seguía presente. Fanfarreo al verle de tal modo, siempre le gustaba hacerle ver lo distraído que era y hasta señalo con su dedo, mientras su mano estaba sobre su brazo
como siempre –comentó mientras le veía, era su forma de ignorar la pregunta que el mayor le había hecho.

Volteó a ver a la mujer y suspiró – Me encontró aquí – apenas alcanzó a decir cuando el rubio ya comenzaba a molestarle, claro que no había invitado a nadie, ella simplemente se había entrometido en la búsqueda y ahora, le necesitaba, aunque le costara reconocerlo. Dejo que hiciera todo su alboroto mientras él acomodaba sus cosas. Se distrajo por un momento, ignorando la voz del chico hasta que este le acarició su cabeza. Le sorprendió que le tocara de repente y apartó la mano adversa de su cabeza, mostrándose claramente molesto. Se quedó con esa mirada, parecía un pequeño berrinche pero al final desvió su mirada, murmurando un sutil “lo siento” no pensaba repetirlo más por lo que cambio de tema para responder aquella pregunta – Sabes que este círculo es similar a algo de mi familia pero simplemente no puedo deducir él porque está aquí, tan lejos. No puedo leerlo del todo y tampoco sé magia como para poder utilizarlo… así que ¿P-Podrías ayudarme? –Vaya que eso ultimo le costó, ¿Syaoran pidiendo ayuda? Eso era raro pero al ver que por sí mismo no podía hacer más, no le quedaba de otra que simplemente pedir auxilio.  Ante sus palabras y con un poco de desconfianza se colocó detrás del rubio, permaneciendo atento a todo lo que pudiera pasar para poder actuar. Se quedó ahí, observándole, al principio parecía tan solemne y serio, ni siquiera parecía ser el Fye que conocía lo cual le causaba una sensación extraña en él parecía que le estaba admirando un poco más hasta que nada paso. Estaba a punto de quejarse y también de burlarse de que no lo logró cuando de repente sintió aquel poderoso viento que casi lo tumba, tuvo que cruzar sus brazos enfrente suyo y colocarse en una pose para poder mantenerse de pie. De pronto el lugar se rompió, estaba en fracciones y parecía que cada agujero llevaba a algún lugar, sin embargo para su sorpresa el rubio ya había tomado la delantera y había entrado en uno. Se acercó a este, parecía tan oscuro por lo que observo bien el lugar antes de entrar y se dio cuenta que no era un camino recto sino uno hacia abajo, eso fue gracias a que el rubio casi moría al caer. Sonrió y después prendió su farol a pesar de lo que había dicho el rubio sobre eso. Entro antes de la mujer y en cuanto lo hizo el fuego que llevaba consigo desapareció, no solo el del farol sino también el que él podía controlar. Molesto guardo aquel instrumento y continuó con el apoyo de Fye, caminando detrás de él refunfuñando un poco, estaba algo molesto. Ignoró la pregunta del rubio, por un momento pues después la respondió – No sé… el circulo de antes no sé qué es… necesito respuestas de su origen y eso es todo –respondió cortante, sin siquiera mirar la espalda del mayor, miraba a la infinita oscuridad que parecía hacerse densa a su alrededor conforme avanzaban.
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Re: Un arqueologo, la Ángel caído y un Mago [Priv. Scio&Fye]

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